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Miércoles, 26 Julio 2017 09:52

Cootrasofasa. Entre Envigado y Duitama

Escrito por Equipo desdeabajo
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Cootrasofasa. Entre Envigado y Duitama

Un proceso con origen y cambios. Al iniciar la década del sesenta las cooperativas colombianas aún no llegaban a la cifra de 500, y su perfil se enmarcaba en lo tradicional: ahorro y crédito, consumo, comercialización y/o producción, como aconteció con las cooperativas surgidas a propósito de la “reforma agraria” de los años 60.

 

La función de las cooperativas era paliativa y complementaria, para suplir las necesidades personales o del grupo familiar.

 

Si bien la presencia del cooperativismo no era masiva, su idea había calado hondo en la masa de obreros de las fábricas surgidas en el país a propósito del impulso estatal a la industrialización nacional; también entre los trabajadores vinculados al sector financiero, entre los empleados oficiales y en algunas organizaciones comunitarias que encontraron en su práctica un punto de apoyo para el desarrollo personal y familiar.

 

Entre esas nuevas industrias nacionales Sofasa–Renault Colombia encontró un lugar de renombre a partir de su nacimiento en diciembre de 1972. Antes de ella, como producto de una licitación abierta para instalar en el país una ensambladora de automotores, ya existía Socofam; la fusión de ellas da cuerpo a la nueva sociedad, con sede en Duitama y Envigado.


El Taller 600

 

La nueva empresa generaba trabajo, pero el entorno social obligaba a blindarse ante las necesidades. El sindicato posibilitaba la organización para la defensa de los derechos colectivos. En los talleres el día a día traía nuevas afugias, el costo de la vida acosaba. Entre conversación y queja, entre anhelar y luchar creció, en el Taller 600, la idea de buscar soluciones al acoso cotidiano. “cooperativa” fue la palabra que más coincidía. “cooperativa”, caló entre las búsquedas. No conocían el germen de la asociación en Roachdale pero vivían premuras similares.

 

Entre los operarios del Taller 600 y los de la sesión de latonería pusieron a rodar la idea; la pregunta va y viene, al que sale del turno, al que llega al turno, en las conversaciones que hacen de sobremesa en los horarios de comida, en los escasos momentos de pausa. ¿Quiere hacer parte de la cooperativa? Este se llama Juan, aquel Alberto, éste dice que no sabe, el otro que tal vez, aquel que sí, que claro, que es necesario, todos dudan, ¿y esto que tiene que ver con el sindicato?, no se confunden las cosas; son paños de agua tibia: la lucha es por todo o por nada. Eso de las cooperativas es puro reformismo, así nos distraen de nuestros verdaderas luchas... Las dudas eran pertinentes, la discusión válida, y ambos sindicatos coincidían en el sentir de crear la cooperativa, incluso en 1971, en el primer pliego de peticiones, se incluyó la solicitud de un aporte de la empresa para conformarla.

 

Es así como el 3 de julio de 1972 nació la Cooperativa. No eran 28 como los Justos Pioneros de Rochdale, fueron 33 trabajadores que firmaron el acta de constitución de la Cooperativa de Trabajadores de Sofasa. El nombre de Manuel Jiménez figura como primer gerente, pertenece al sindicato de industria; para los demás cargos de la Junta le acompañan representantes de ambos sindicatos y algunos empleados no sindicalizados que laboraban en cargos administrativos de Sofasa. Sigifredo Córdoba, Rosendo Saavedra, Fermín Pinillos, Guillermo Ortíz, Ramiro Vargas.

 

Durante los primeros diez años de su existencia, los apoyos y acompañamientos, si bien tendían a los beneficios económicos, préstamos, financiaciones de artículos de hogar, no se contaba con la atención y disponibilidad permanente para prestar un servicio ágil y de cara a los afiliados. Pasado este tiempo, la nueva dirección que asumió su destino le inyectó un rostro que le otorgó familiaridad, cercanía, perfilando el interés humano de la cooperativa por sus asociados. Incluso se fue más a fondo, ganando madurez, lo cual quedó evidenciado en la relación establecida con el sindicato, potenciada por las dolencias de salud de sus afiliados –los mismos para uno y otro: los médicos que atendían las consultas generales dieron cuenta de los constantes cuadros de afectación gastrointestinal, presión laboral, dolencias respiratorias que alarmaron a sindicalistas y asociados de la cooperativa. Como respuesta ambas partes acordaron liderar la formación en Salud ocupacional, para lo cual diseñaron la campaña “Don saludable” cuyo énfasis en la prevención, cuestionó, a su manera, la indolencia de la empresa respecto al bienestar social de los trabajadores.

 

El eco del quehacer cooperativo llegó hasta Duitama. La región empezó a vivir un auge con la presencia de Sofasa. Quienes se vincularon a laborar allí provenían de zonas rurales, campesinos que traían consigo un legado socio-cultural que se remonta a las huellas indígenas y a los impactos del mestizaje que en la meseta cundi-boyacense definieron los acontecimientos históricos durante la Colonia y después en la constitución de la República. Dueños de una identidad local, la personalidad de los boyacenses suele desanclar su hermetismo para abrirse a las innovaciones si median en ellas las prácticas, los acuerdos o los beneficios colectivos. Martín Moncada, era uno de esos personajes que encarna en el perfil descrito. Estaba vinculado a la sede Duitama de Sofasa, allí coincidió con Ángel Gutiérrez, que provenía de Montería, en donde se había especializado en una tecnología en electricidad. En el año de 1979 llegó a la planta en Boyacá, donde sobresalió por la actividad sindical, coincidiendo con Martín Moncada en la idea de la cooperativa.


Como un antecedente de la misma, los dos trabajadores se aventuraron a promover la venta de carpas y vajillas entre sus compañeros en Duitama, era una decisión arriesgada por los antecedentes del Fondo de solidaridad Fedeso, cuyo pésimo manejo había generado un ambiente de desconfianza entre los trabajadores. El éxito inesperado que recogieron los motivó a dar un paso más, ensayaron con electrodomésticos y la acogida los dejó inquietos. La idea de atender requerimientos de los compañeros clamaba por una organización más sólida que garantizara una actividad continua, lo que los llevó a iniciar contactos con la Cooperativa de Trabajadores de Envigado con el propósito de organizar una sucursal en Duitama.

 

Y no le dieron espera al tema. Rodeados por un prado de numerosas flores que ambientaban la entrada del Club Recreativo Las Margaritas en las afueras de la población, 39 trabajadores firmaron el acta de constitución de la Cooperativa el 26 de mayo de 1984. Una máquina de escribir prestada y dos sillas conformaban la dotación de la primera oficina ubicada en el tercer piso del edificio El carey. Allí fueron llegando los afiliados y los que querían afiliarse. La afluencia y la demanda para atender los servicios era cubierta por los socios que se rotaban voluntariamente durante los días iniciales de la Cooperativa, lo que llevó a nombrar un director en propiedad. En agosto de 1984, Humberto Narváez se instaló en los escasos 3 metros de la oficina, en el estrecho espacio, amontonadas, cabían todas las expectativas de los trabajadores que se adhirieron al proyecto cooperativo identificados con una idea que les era muy suya.

 

De la lucha nace la esperanza

 

La puerta abierta entre Envigado y Duitama tiene otros antecedentes, en este caso determinados por la resistencia y la defensa de los derechos colectivos.

 

Miremos por el retrovisor. Los obreros recuerdan el amargo diciembre negro de 1980. En busca de fortalecer la lucha sindical se acordó la conformación de una Dirección Nacional que agrupara todas las sedes de Sofasa ubicadas en Envigado, Duitama y Bogotá. El trámite legal implicó el traslado de sede de la Dirección para Bogotá lo que a su vez derivó en la supresión de la subdirectiva en Antioquia, sus líderes quedaron sin fuero; el talón de Aquiles, así expuesto, lo aprovechó la empresa para golpear el sindicato: todos los directivos de Envigado y algunos de los trabajadores más beligerantes fueron despedidos en diciembre de 1980. Desprotegidos intentaron sortear la notificación de despido haciéndose incapacitar y ganar tiempo mientras lograban cubrirse con una resolución del Ministerio de Trabajo que nunca llegó –al menos a tiempo.

 

Las manos llagadas de los obreros despedidos no cicatrizaron en aquel diciembre; la operación cuchara que idearon los trabajadores para infligirse quemaduras como si fueran accidentes de trabajo no surtieron efecto, los despidos fueron irrevocables. La celebración navideña vino con la solidaridad sindical externa porque los fondos del Sindicato fueron congelados por una resolución del Ministerio de Trabajo que ordenó una “coincidencial” investigación de los fondos.

 

No hubo fiesta, pero se reunieron a ver la película Actas de Marusia que reconstruía la historia de las luchas mineras en la población salitre de Marusia, en Chile. Película que narra como, entre las amenazas, la cárcel y los asesinatos llevados a cabo para impedir la organización del sindicato, los mineros se enfrentaron decididamente a la represión ordenada por la compañía y ejecutada por el ejército. En 1925 los empolvados y áridos paisajes de Marusia se colorearon con la sangre de las personas masacradas, hombres y mujeres. Gregorio, el minero que encabezó la lucha oye la pregunta ¿Quién eres? Y asi mismo se responde “No sé quién soy pero me estoy buscando”. La pregunta quedó en el ambiente de aquella situación inédita entre los obreros de Sofasa, enfrentados a su realidad en ese incierto diciembre. Era de todos modos la consecuencia natural de la lucha, el sindicato seguiría su búsqueda.

 

Los despidos afectaron la organización cooperativa. Un trabajador despedido, era a su vez un afiliado menos. Los retiros se hicieron frecuentes. Y en el tire y afloje de esta coyuntura vino la huelga de 1981. ¿Triunfo o derrota? Las partes dan sus versiones, la consecuencia para la Cooperativa resultó paradójica: casi un centenar de trabajadores liquidados por la empresa, que si bien mermaban el número de afiliados, a la vez aumentaron los ingresos al capital –con el cubrimiento de las deudas de todos los trabajadores que debieron ponerse a paz y salvo al quedar por fuera de Sofasa.

 

Además del deprimente ambiente laboral, se debía enfrentar los embates del rumor, se hablaba de crisis financiera, de excesiva politización, de fachada sindical. Recelos de antiguos directivos despertaban sutilezas que intentaron desprestigiar la orientación dada a la Cooperativa “esa gente la va acabar”. Para contrarrestar ese ambiente y en busca de una dirección comprometida con el bien-estar de los trabajadores se decidió crear la figura de una gerencia que asumiera la administración y encaminara la entidad en su misión cooperativa y solidaria.

 

En febrero de 1982, uno de los trabajadores despedidos en el diciembre nefasto de 1980, Oswaldo León Gómez, asumió el reto, le acompañaron Blanca Estela Zapata y dos de los experimentados empleados responsables de la contabilidad Carlos Silva y Dora Elena Oquendo. La figura de gerencia no requería la pertenencia a la empresa, por eso las puertas que se habían cerrado para León Gómez se abrieron bajo la sombra de la Cooperativa, cuando tras los lentos años de crecimiento llegaron los vientos de renovación necesaria para darle solidez administrativa a la Cooperativa de trabajadores de Sofasa.

 

La Cooperativa había cuidado con recelo su capital financiero, y por lo mismo carecía de una dinámica para ponerlo a circular; las primeras decisiones apuntaron a atender las numerosas solicitudes de crédito que podían perfectamente cubrirse respaldados por los 11 millones de pesos que conformaban el capital producto de los aportes de sus 800 socios que figuraban al iniciar 1982.

 

Dos meses después del inicio de la nueva administración, se realizó la Asamblea General Ordinaria en la que reinaba un ambiente de entusiasmo y aprobación por la dinámica que ahora mostraba la Cooperativa. Con el aval de los afiliados, la nueva administración, acogida en un ambiente de confianza, anunció la reorganización requerida para garantizar el beneficio de los trabajadores y sus familias.

 


 

Cootrasofasa, Cooperativa de Trabajadores Limitada, Confiar Cooperativa Financiara

 

“[…] Se hace camino al andar”

 

Una historia cimentada en la solidaridad y en la búsqueda del bienestar se escribía en las dos sedes de Cootrasofasa, en ellas las páginas de su crecimiento aumentaban las imágenes que construyeron la memoria de los primeros 15 años de existencia, en especial las del lustro que abarca los años 1982-1987. 

 

Al hojear las fotografías que registran aquella época, en sus imágenes se visibiliza una dinámica que evidencia por qué se consolida lo que antes parecía un camino incierto. Espacios de capacitación que muestran el fortalecimiento teórico, el saber cooperativo se convierte en una herramienta permanente; entonces uno puede ver directivos, grupos de afiliados, familias descubriendo los motivos y principios que los unen en torno al ideal cooperativo (solidario); la presencia de Cootrasofasa en marchas, desfiles, el álbum es pleno en actividades recreativas, los paisajes cercanos, regionales, nacionales, son descubiertos a través de los programas que en Boyacá y en Antioquia se organizan, el deporte gana practicantes y la organización de torneos de ciclismo, fútbol y tejo, con la marca de la Cooperativa, llega a barrios y ciudades; las fiestas que a lo largo del calendario convocan a exaltar la familia, al trabajador, a la secretaria, a la amistad y al cooperativista, pululan en las páginas que con cariño guardan en las sucursales donde los custodian. Los cursos que permiten la adquisición de destrezas en una capacitación abierta al afiliado y a su grupo familiar, muestran el germen de una estrategia educativa que con el tiempo se estructura como el instrumento y la vocación esencial de Cootrasofasa. 

 

En sus archivos fotográficos podemos encontrar momentos que, paso a paso, construían la utopía. En una de las tantas imágenes vemos el Club Infantil La Hormiga: niños que son estimulados en la práctica del ahorro y del uso del tiempo; los Festivales de pintura se convierten en una de las tantas actividades creativas, y, luego, en otras fotos tomadas años después, vemos otros pequeños que dan continuidad a ese foco de la infancia. Otra fotografía nos entrega el recordado grupo de gimnasia, cuyas integrantes valoraron el cuidado de sí y debieron luchar por un espacio que tendía a desaparecer porque eran tantas las actividades de toda índole, y tan escasos los espacios, que tocaba turnase. 

 

Esta congestión se registraba cotidianamente, como ocurrió en las sedes iniciales, concebidas para atención personalizada y que se veían atestadas por la presencia de sus afiliados, quienes solían pasar por una cooperativa que les daba la familiaridad y la pertenencia y se convivía, en el reducido espacio, con la reunión espontánea y el servicio que debía prestarse individualmente. Vemos las casas que por gestión de la Cooperativa beneficiaron a familias de asociados en Itaguí y en Duitama. Vemos la atención en salud a las familias y vemos una Cooperativa que crece y crece en su estado financiero; vemos al usuario recibiendo la atención de un crédito y vemos un mosaico de imágenes que deja atrás la inexperiencia del pasado y entregan la imagen de una entidad que acoge su crecimiento, compartiendo con todos sus beneficiarios, los aportes materiales y conocimientos, justo en un momento en el que se sacrificaba la institucionalidad del país.

 

Los momentos, más que anecdóticos, que se acumularon en las oficinas gerenciales de Medellín y Duitama, llevaron a entender la vitalidad que nutría a la Cooperativa. La aprobación en 1987 para la construcción del edificio en la calle Sucre, concreta un paso hacia ese futuro que no desdeñaba las oportunidades creadas por su dinámica y que constituía una lectura de una realidad que, entre la labor del personal y la perseverancia de los asociados, forjaron en el contexto regional de Antioquia y Boyacá.

 

 La celebración de los 15 años coincide con la apertura de la Cooperativa para acoger un vínculo de afiliación abierto a la comunidad, lo que implicó un cambio en su razón social. Tomó así el nombre de Cooperativa de Trabajadores Limitada. Un momento coyuntural que representa el tránsito hacia una valoración de su identidad como Cooperativa; el compromiso de su proyección se había definido al seguir la ruta de los principios y la acción solidaria; su evolución se percibía en el aprendizaje que venció dudas y aportó el ejercicio empresarial responsable de la rentabilidad de la dinámica del ahorro y el crédito, la solidez del patrimonio y de la valoración de los activos, realizaciones logradas sin perder el norte de su razón de ser: el bienestar del asociado y de su familia. 

 

En el balance social recopilado en la publicación de los 15 años de labores, que subtitularon: Expresión y realidad de una gran familia, se registra un balance en cuyas cifras y actividades sociales asoma una radiografía de la trasformación de la Cooperativa, en especial en los últimos 5 años, desde que dio inicio a la organización administrativa y gerencial: 2.016 asociados, 1.502 en Medellín, 524 en Duitama, un capital de 95.983.441, activos por valor de 257.269.332, préstamos por 208.736.077, y en el balance social se registran actividades educativas, deportivas, recreativas, programas de prevención de la salud, que agrupan a todos los públicos: niños, jóvenes, amas de casa, asociados, empleados, actividades que impactan y benefician de manera personalizada a más de 1.000 personas, en las que se visibilizan la educación cooperativa con apoyo de cooperativas cercanas, Uconal, entre ellas. 

 

Fue la ocasión para mirarse en su historia y reconocer el aporte de los fundadores y la labor de los empleados que le dieron cuerpo y sangre a la idea fundacional. Cootrasofasa estaba a las puertas de muchas trasformaciones, el futuro se avizoraba bajo la semilla sembrada, el árbol supo elevarse, la flor a punto, el fruto estaba por verse.

Información adicional

  • Autor:Equipo desdeabajo
  • Edición:Nº237
  • Fecha:Junio 20 - julio 20 de 2017
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