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Este artículo profundiza sobre equívocos, estadísticas, riesgos y dinámica de la pandemia por el covid-19 en Colombia.

 

En medio de los aciagos avances de la pandemia son cada vez más evidentes los daños sobre el bienestar de la sociedad. Las cuarentenas impuestas por los gobernantes y sus decretos erráticos, improvisados, torpes e inconsultos lo único que han generado es el cierre de empresas, una explosión sin precedentes del desempleo, el peor desplome de la economía en los últimos 90 años y, si acaso, ralentizar un poco la velocidad de transmisión de la infección con el fin de ganar tiempo para adecuar la desvencijada e insuficiente infraestructura de salubridad pública.

Una democracia es un colectivo de personas maduras, responsables y autónomas; no un rebaño de ovejas guiado por una pequeña camarilla de políticos, burócratas y técnicos. La discusión argumentativa e inclusiva como fundamento de las iniciativas ciudadanas es la mejor y única escuela que tienen por ahora los ciudadanos libres y demócratas.

Los más informados creen que los países ricos verán el fin de la pandemia a finales de 2021 y los países pobres deberán esperar un año más. Los indicadores centinelas de la pandemia tienen como fundamento el registro y reporte contable a cargo de las instituciones de salud con base, de una parte, en las pruebas que realizan en los focos perceptibles de expansión y, de otra, en los casos positivos, activos, recuperados y muertos a causa de la infección. Las inferencias para orientar acciones futuras y las analogías con el pasado se realizan a partir de esta contabilidad. La realidad es más exuberante, dispersa, compleja e inédita al analizar la evidencia empírica disponible en los sistemas de estadísticas vitales. ¡Qué lejos se hallan las creencias y deseos de esta realidad que vivimos!

 

 

Inconsistencias y ocultamientos

El número de personas con contagios confirmados de covid-19 en todo el mundo es de 21,9 millones y el de muertos es de 775 mil, acumulados al corte del 18 de agosto. Por contagios, Colombia registra el 8º puesto en el planeta: el número de infectados reportados es de 476.660 y el de fallecidos 15.372. La velocidad de la propagación de la pandemia del covid-19 (factor R) tiende a acelerarse (debido a la tendencias creciente, los rebrotes o aparición de segundas olas más contundentes): el valor es de 1,5 en el mundo y de 2,5 en Colombia, estimado con base en los reportes de casos confirmados de infectados durante el último mes.


Nadie sabe con certeza absoluta cuál será el alcance de la pandemia ni la magnitud de los daños. Lo cierto es que está cambiando de manera fundamental la forma de vivir, trabajar, estudiar, relacionarnos unos con otros y de habitar con la naturaleza. Las autoridades públicas inicialmente generaron terror y temor en la población para dar credibilidad a la declaración de cuarentenas, recorte de libertades e imposición de dictaduras civiles; después, ante la destrucción del aparato económico y los estragos generados por improvisadas y torpes medidas, se apresuran a publicitar periódicamente, sin evidencia científica, que la pandemia puede considerarse contenida, controlada y próxima a su desaparición.


Su efecto fue inmediato. La gente baja la guardia y relaja las medidas de previsión. La pandemia del covid-19 afecta principalmente a los viejos (82% de los muertos son mayores de 55 años), los pobres (una persona de estrato 1 tiene 10 veces más probabilidad de ser hospitalizado o fallecer por el virus, comparado con otra de estrato 6), las personas que registran alguna morbilidad asociada como hipertensión, diabetes, obesidad o enfermedades coronarias. Del total de casos confirmados, mueren 32 de cada 1.000 portadores del virus en su cuerpo. La virulencia del covid-19 se concentra en las ciudades y regiones de mayor densidad y desarrollo económico (Bogotá, Antioquia, Atlántico y Valle concentran el 71% de los casos), pero también en las zonas de frontera. La pandemia agudiza su letalidad debido a la precaria infraestructura de salubridad pública, la miseria y a la negligencia médica por parte de las entidades promotoras de salud –EPS.


Los indicadores centinela de la expansión y dinámica del covid-19, oficiales, subestiman los alcances de la pandemia. Como no se cuenta con un censo de la población infectada ni con una muestra estadística probabilística que estime el número real y objetivo de inficionados, lo que existe es un registro contable de los casos reportados por las instituciones de salud. Desde que se iniciaron las pruebas, en Colombia se han realizado, hasta el 15 de agosto, alrededor de dos millones de exámenes a la población en alto riesgo y el número de resultados positivos es de 22,8%. En consecuencia, teniendo en cuenta que la población actual del país suma 50,4 millones, potencialmente podrían estar inficionados 11,5 millones de connacionales. De cada 100 casos confirmados, 90 registran síntomas benignos, no tan graves o son asintomáticos y por tanto pueden ser atendidos en sus hogares al no requerir hospitalización; 9 requieren hospitalización en salas generales y 1 requiere de cuidados intensivos en las UCI.


Actualmente no se realiza seguimiento a los infectados con síntomas benignos o que son asintomáticos. En consecuencia, no se sabe por cuánto tiempo pueden desarrollar inmunidad al curarse de la enfermedad; tampoco les realizan segundas pruebas o verifican si en verdad se mantienen confinados en sus casas. El grupo menor de 19 años de edad es el menos afectado por la pandemia, representa el 0,7 por ciento de los muertos; pero no se conoce si en un rebrote del virus o en una segunda ola del covid-19, por la reactivación económica y vuelta a la “normalidad” de la sociedad, las estadísticas de la incidencia y la letalidad se agudicen gravemente. Esta población asintomática es el principal factor de contagio letal para los mayores de 55 años.


La información sobre la pandemia del covid-19 se origina en los registros contables de las instituciones de salud, que presentan una significativa subestimación respecto a las estadísticas vitales. Éstas recogen información continua sobre nacimientos, defunciones fetales y no fetales, que permiten contar con evidencia empírica que revela los cambios ocurridos en los niveles y patrones de mortalidad y fecundidad, proporcionando una visión dinámica de la población. En Perú, por ejemplo, se develó ante el Congreso que el número de muertos por la pandemia es 143,2% superior al reportado por el Ministerio de salud. En Brasil, el Consejo Nacional de Secretarios de la Salud (Conass), que congrega a los secretarios regionales de esa área, acusó al gobierno de “invisibilizar” las muertes por covid-19. En Estados Unidos, el presidente Trump oculta las cifras y afirma falsamente que el país está haciendo «cosas asombrosas» en comparación con otros países mientras combate el virus; de hecho, el país va muy por detrás de otras naciones altamente industrializadas en la supresión de las curvas de infección y lidera el mundo en infecciones y muertes.Peor aún, una investigación de la Universidad de Texas (Estados Unidos) publicada en la revista EClinicalMedicine concluye que, aunque se reportaran unos 400 casos en Wuhan, el epicentro de la pandemia en China y el mundo, en realidad había unas 12.000 personas que habían contraído el virus.

En Colombia, las cifras oficiales sobre las defunciones causadas por el covid-19 (confirmados y sospechosos) registradas por el Dane, entre el 2 de marzo y el 19 de julio, son un 60 por ciento más elevadas respecto a los datos reportados por el INS-Minsalud durante el mismo período. Únicamente con un censo o muestra estadística confiable podríamos tener cifras más certeras de la población infectada, por eso se requieren más y más pruebas. La dinámica que registre la pandemia en los próximos meses dejará ver su impacto real, cuya detención, control y reparación integral demandará varios años, esfuerzos y recursos.


Por ahora todo es incertidumbre, hipótesis y especulaciones en el mundo. El covid-19 es un virus inédito y resulta estéril hacer inferencias y analogías mecánicas a partir de las pandemias ocurridas en el pasado. Entre tanto, la economía mundial flexibiliza las cuarentenas y vuelve a utilizar el 52 por ciento de su capacidad instalada; sin embargo, sigue mostrando una caída interanual de 6 por ciento (en Colombia, el resultado del segundo trimestre fue de -15,7%). La especulación y el espíritu de casino que caracteriza al sistema mundo capitalista toman más fuerza, lo que se refleja en las tendencias erráticas, azarosas, inestables y caóticas en las bolsas de valores, los precios de la energía, los mercados de trabajo, las utilidades, quiebras y resultados económicos.


Por su parte, la población niega la realidad e impulsada por sus creencias y deseos fantásticos retorna ciegamente a una supuesta “normalidad”, convirtiéndose en presa fácil del virus y víctima indefensa de los rebrotes y segundas olas de la pandemia. Las autoridades, confundidas, toman medidas contradictorias, erráticas e impopulares, unas veces a favor y otras en contra, buscando tanto la salvación de vidas humanas como la reactivación de la economía, pero es más lo que agravan la situación al sembrar incertidumbre, desasosiego e inmovilización. Nadie sabe hacia dónde se dirige la humanidad, en medio de otras amenazas no menos mortales y acuciantes, como el cambio climático, la depresión económica y las tensiones e inestabilidad de la geopolítica mundial que pronostican terroríficas guerras nucleares que pueden ser llevadas a cabo mediante el empleo de armas de destrucción masiva.

Incertidumbre y creencias

En estos tiempos resulta quimérico predecir y planificar el futuro. En medio de los avances del covid-19 y sus cada vez más evidentes daños sobre el bienestar de millones de hogares, la economía y el mercado de trabajo, crece, por un lado, la confusión, la incredulidad y los ilusos cantos de victorias tempranas; y, por otro, el conformismo, la desesperanza y las cosmovisiones apocalípticas. Vivimos en un mundo altamente probabilístico, donde nada es absolutamente cierto.


Las personas reaccionan principalmente a su propio sistema de creencias y no a los acontecimientos que les ocurren. Creemos diversas cosas, y mientras las creemos pensamos que las conocemos y que son ciertas. Si lo cree…lo crea. Nuestros criterios, dicho de otro modo, son absolutos, no relativos. Es necesario someter las creencias a la racionalidad, esto es, a la comprobación científica, y no simplemente al hecho que armonicen con otras creencias. Es importante distinguir entre creencias verdaderas y falsas.


Creer en algo es uno de los aspectos centrales y más importantes de la “naturaleza humana”. De acuerdo con el creador de la Terapia racional emotiva conductual (Trec), Albert Ellis (1913-2007), las personas tienen un sistema básico de creencias en el que ya sea de manera consciente o inconsciente confían fuertemente. Estas creencias en parte son innatas y en parte son aprendidas desde el hogar y a través de la cultura y la propia historia personal. El sistema de creencias se activa instantáneamente cada vez que nos vemos envueltos en un acontecimiento inédito, temido o de riesgo.


Tendemos a creer que nuestro sistema de creencias es razonable. La frecuente repetición de alguna sucesión o coexistencia uniforme es la causa de que esperemos la misma sucesión o coexistencia en la siguiente ocasión. El simple hecho de que algo haya sucedido cierto número de veces da lugar a que humanos y animales esperen que vuelva a suceder de nuevo. El problema que hemos de discutir, argumenta el matemático y lógico británico Bertrand Russell (1872-1970), es si existe alguna razón para creer en lo que se llama “la uniformidad de la naturaleza”, creencia por la cual consideramos que todo cuanto ha sucedido o sucederá es un ejemplo de alguna ley general que no tiene excepciones.


Todo el edificio de la ciencia, así como del mundo del sentido común, exige el uso de la inducción y de la analogía, si debemos creer en ellos. Pero de hecho, explica Russell, la inducción vulgar depende del interés emocional de los casos, no de su número. En efecto, el número juega un papel secundario en comparación con la carga emocional. Esta es una de las razones por las que el pensamiento racional es algo tan difícil. El mundo real es más desconocido de lo que nos agrada pensar; desde el primer día de nuestra existencia ponemos en práctica precarias inducciones, y confundimos nuestros hábitos mentales con las leyes de la naturaleza exterior.


John Maynard Keynes (1883-1946) postuló el principio de “limitación de la variedad”. El economista británico afirmó que el método inductivo puede quedar justificado si suponemos que los objetos del campo sobre el que se extienden nuestras generalizaciones no gozan de un número infinito de cualidades independientes; que, en otras palabras, sus características, aunque numerosas, se aúnan conjuntamente en grupos de conexión invariable, que son finitos en número. Keynes opinó también que este principio se requiere para establecer leyes de orden estadístico.


Retomando a Russell, la inducción y la analogía solo nos dan una probabilidad, no una certeza. Toda inferencia es inductiva; por tanto, todo conocimiento inferido es, en el mejor de los casos, probable. Cuando hablamos de la probabilidad de una proposición, queremos significar su probabilidad respecto de todo nuestro conocimiento relacionable con ella. Para los legos la probabilidad es una noción vaga, relacionada con la incertidumbre, la propensión, la posibilidad y la sorpresa. En resumen, el principio de limitación de la variedad es necesario para dar una base de validez a las inferencias que hacemos mediante inducción y analogía; inferencias sobre las que la ciencia y la vida diaria se basan.


El brote de enfermedad por covid-19 no escapa a esta lógica. Los coronavirus son una familia de virus que pueden causar enfermedades como el resfriado común, el síndrome respiratorio agudo grave (Sars), y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (Mers). En 2019 se identificó en China un nuevo coronavirus como la causa de un brote de enfermedades. Este virus ahora se conoce como el síndrome respiratorio agudo grave coronavirus 2 (Sars-CoV-2). La enfermedad que causa se llama enfermedad del coronavirus 2019 (covid-19). En marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que este brote de covid-19 es una pandemia.


Estamos atrapados en las limitaciones de nuestra actual visión del mundo y formas de vida genéricas. Los investigadores y epidemiólogos se han declarado incapaces de detectar la menor propensión evolutiva global hacia un grado creciente de complejidad, cambio, novedad y disrupción. Expertos y bisoños creen que el covid-19 tendrá un comportamiento a “imagen y semejanza” de su parentela viral conocida en época pretérita. Nada será diferente –se espera, desea y cree– a lo experimentado históricamente durante las múltiples pandemias soportadas por la especie humana. Al final, se considera, la inmunidad de rebaño nos salvará una vez más. La inmunidad de rebaño, también conocida como inmunidad colectiva o de grupo, se da cuando un número suficiente de individuos están protegidos frente a una determinada infección y actúan como cortafuegos impidiendo que el agente alcance a los que no están protegidos. Dicho técnicamente, la inmunidad de grupo describe un fenómeno estadístico en el que se observa una forma indirecta de protección contra una enfermedad que se produce cuando una parte de la población ha sido vacunada o existen personas que son inmunes por contagio previo e interrumpen la cadena epidemiológica. En conclusión, todo el mundo tiene la esperanza que las comodidades de la vida retornen en algún momento. La enfermedad, se cree, se irá por el mismo camino por donde vino.


¿Quién no ha escuchado hablar de la tasa de reproducción de los virus? esto es, el cada vez más popular factor de reproducción R, o sea el potencial de propagación que tiene un virus. Si el número de reproducción es mayor que 1, cada persona infectada transmite la enfermedad a, al menos, una persona más. Así, el virus se propaga. Si el número de reproducción es menor que 1, se infectan cada vez menos personas y el número de infectados disminuye. Para contener la propagación de un virus, su número de reproducción debe ser inferior a 1; matemáticamente: R<1.


El profesor de la escuela de Londres de Higiene y medicina tropical, Adam Kucharski, definió las reglas del contagio, o sea, por qué se propagan los virus y por qué se detienen. Según el especialista en epidemiología, cuatro parámetros describen el potencial de contagio de una enfermedad: i) Duración (D) de la infección, ii) Oportunidad (O): ¿Con cuántas personas tiene contacto un individuo infectado para que el virus pueda pasar al siguiente? iii) Probabilidad de transmisión (T): ¿Qué probabilidad hay de que el virus se transmita realmente de una persona a otra cuando dos personas se encuentran? iv) Susceptibilidad (S): ¿qué probabilidades hay de que una persona adquiera el virus y se enferme? Al hacer la multiplicación con los parámetros D, O, T y S se obtiene el número de reproducción. Los cuatro parámetros son los pilares para detener la propagación del virus. Normalmente, las vacunas son efectivas para este fin; pero como las que se encuentran en desarrollo no están aceptadas científicamente hasta este momento, solo se puede trabajar con D, O y T: aislando a los enfermos, reduciendo los contactos físicos, tosiendo en el brazo, usando mascarillas y lavándose las manos. En resumen, lo que se requiere es de pedagogía ciudadana, responsabilidad personal y autocuidado, aunque el ideal es una o varias vacunas salvadoras, inscritas en una disputa geopolítica en curso. El presidente de Rusia, Vladímir Putin, anunció recientemente que su país logró registrar, adelantándose a los demás países, una vacuna contra el nuevo coronavirus; el alboroto y el debate político y científico que desencadenó este hecho no da tregua.


La gente no quiere saber de matemática ni estadística. Lo que quieren escuchar es historias con sentido, en concordia con su sistema de creencias, que le eliminen la sensación de miedo, les alivie el trastorno de ansiedad y les satisfaga sus deseos. Nassim Taleb, autor de “El cisne negro”, acuñó la noción de “falacia narrativa” para describir cómo historias dudosas del pasado conforman nuestras creencias sobre el mundo y lo que esperamos del futuro. Los humanos constantemente nos engañamos construyendo explicaciones endebles del pasado que creemos verdaderas.


El psicoanálisis descubrió también como los deseos (ordinariamente inconscientes) inspiran las creencias, especialmente en los sueños y en las ilusiones alocadas, pero también en todos los momentos menos racionales de nuestra vida normal. El deseo es la consecuencia final de la emoción inducida en origen por la variación del contexto existencial; la cadena causa-efecto que le corresponde es: emoción sentimiento deseo. Los seres humanos creemos que el virus finalmente se acomodará a nuestros deseos y necesidades, no que, al contrario, somos nosotros los que debemos adaptarnos y adecuarnos a esta nueva condición humana que está cambiando de manera fundamental la forma de vivir, trabajar, producir, relacionarnos unos con otros y habitar la naturaleza.

 


Actualmente, el deseo colectivo más vehemente es que llegue el aplanamiento de la curva del covid-19. Gramaticalmente sería más correcto decir que pronto esperamos ver una curva de las estadísticas del covid-19 que alcanza la cúspide. Nada más oportuno que la literatura universal para describir la narrativa que todos anhelan escuchar:


“Y realmente los fuegos de la peste ardían con una alegría cada vez más grande en el horno crematorio. Llegó un día en el que el número de muertos aumentó más; parecía que la peste se hubiera instalado cómodamente en su paroxismo y que diese a sus crímenes cotidianos la precisión y la regularidad de un buen funcionario. En principio, y según la opinión de las personas competentes, éste era un buen síntoma. Al doctor Richard, por ejemplo, el gráfico de los progresos de la peste con su subida incesante y después de la larga meseta que le sucedía, le parecía enteramente reconfortante: «es un buen gráfico, es un excelente gráfico», decía. Opinaba que la enfermedad había alcanzado lo que él llamaba un rellano. Ahora, seguramente, empezaría a decrecer”. (Camus, Albert. La peste. Editorial Seix Barral, S.A., 1983, pp. 171-172).


Es un error culpar a cualquier persona de fracasar en sus predicciones en un mundo impredecible. Sin embargo, sería justo culpar a los políticos, gobernantes, científicos y técnicos por creer que pueden tener éxito en una tarea imposible. Hay que recordar la regla establecida por los psicólogos Kahneman y Tversky en sus trabajos concernientes al juicio humano y la toma de decisiones en entornos de incertidumbre: “No puede confiarse en la intuición en ausencia de regularidades estables en el entorno”. La contingencia absoluta es un principio fractal que gobierna con mano de hierro a todas las escalas.

 

Falacias

En lógica, una falacia es un argumento que parece válido, pero no lo es. Algunas falacias se cometen intencionalmente para persuadir o manipular a los demás; por ello es forzoso combatirlas.


En Colombia, la pandemia ha servido al gobierno nacional y las autoridades regionales y locales para tender cortinas de humo sobre la crisis social, laboral, económica y de corrupción y violencia, de carácter crónico y estructural, así como para ocultar su incapacidad de orientar al país por caminos certeros, transparentes, democráticos, sin intereses egoístas y confiables. Los debates públicos sobre la corrupción y el terrorismo de Estado quedaron aplazados sin término debido a la avalancha de medidas para sortear los impactos de la pandemia. El presidente Duque pasa de agache frente a la evidencia de la masiva compra de votos que le dieron el triunfo en las elecciones de 2018, dinero que tuvo como fuente de financiación los narcos y los paramilitares y se “invirtieron” en la región Caribe. No obstante, el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunció el pasado martes 11 de agosto que abrirá una indagación preliminar al entonces candidato y hoy presidente, al gerente de la campaña, Luis Guillermo Echeverri, y al Centro Democrático sobre la financiación que obtuvieron en las elecciones presidenciales de 2018.


Es urgente colocarle freno a la comodidad de gobernar por decreto. La crisis social, económica y de salud le permitió a los partidos y grupos de derecha bloquear la movilización social que afloró durante el segundo semestre de 2019 y principios de 2020, e imponer una dictadura civil constitucional. Una dictadura, cualquiera sea la forma que ella adopte es siempre el peor de los males y debe ser combatida por todos los medios políticos, legales y pacíficos.


El ejercicio despótico del poder utiliza la ficción para hacer creer al pueblo que la “derrota” de la pandemia depende exclusivamente de las decisiones y cuidados de los mandatarios. Cunden los rimbombantes nombres con que denominan las directivas gubernamentales anti covid-19: “Medellín te cuida”, “Bogotá cuidadora”, “salvemos juntos a Cartagena”, etcétera, que ocultan el desconocimiento elemental de principios democráticos, el asalto a la intimidad mediante exhaustivas bases de datos con información detallada de las personas, el deprecio por la autonomía personal responsable y el atropello de las libertades y derechos básicos. Ahora les debemos a estos autócratas hasta la vida, pues, según ellos, sus medidas autoritarias nos han “salvado la vida”. Lo cierto es que hasta ahora no existe tratamiento ni cura validada científicamente para tratar a los inficionados, por tanto es una falacia afirmar que el “aplanamiento y descenso de la curva de las estadísticas del covid-19” depende del buen juicio y de las acciones tomadas por la burocracia autoritaria y arbitraria, además que la pandemia ya se “domesticó”, ya está controlada y se dirige hacia su fin. Afirman que esta tenebrosa saga llegará a su crepúsculo en septiembre, cuando la cifra de casos confirmados llegue al millón de infectados y los muertos por covid-19 a 32 mil.


Entre tanto, la pandemia colocó en evidencia las nefastas consecuencias del neoliberalismo al privatizar, desmantelar, corromper y precarizar la salud pública. El modelo oligárquico-neoliberal hizo de la enfermedad un rentable negocio privado y financiero, con desprecio de la salud como derecho humano universal. Las alertas rojas muestran una infraestructura de salud pública limitada, pobre e insuficiente. Las personas que requieren de cuidados intensivos son el uno (1) por ciento de los infectados; con menos de dos mil casos graves el país entró en crisis por insuficiencia de Ucis. Las cuarentenas sólo tienen un objetivo: frenar la tasa de reproducción del virus para tratar de adecuar la infraestructura hospitalaria. Lo más trágico es que todo tiene que ser importado, pruebas, respiradores, todo… hasta el virus fue importado. Entre tanto, las EPS están complacidas de que mueran los enfermos crónicos y de alto costo. También así piensan las entidades administradoras de pensiones, pues quienes más mueren por el covid-19 (82%) son mayores de 55 años de edad; este grupo etario representa el 17,8% del total de habitantes del país: 9 millones de personas.


Cunden las noticias falsas. En Antio-quia se anunció que el departamento estaba blindado contra la epidemia gracias a la tecnología implementada, afirmando que sus instituciones eran ejemplo mundial en el control de contagios y tasa de letalidad por el covid-19; pero en un abrir y cerrar de ojos el departamento fue declarado en alerta roja y gobernador y alcalde estaban inficionados y confinados. La alcaldesa de Bogotá anunció que estaba dedicada en “cuidar a sus 8 millones de bogotanitos” y confiada en sus tácticas del miedo, el autoritarismo y la arbitrariedad, implementó medidas contraproducentes que no han logrado reducir la expansión del virus; al final recomendó a la ciudadanía encomendarse a la divina providencia mediante la iniciativa: “Encendamos una vela por la esperanza este 6 de agosto en el cumpleaños de Bogotá”. Curiosamente en las regiones que viven del turismo y que se encuentran amenazadas de colapsar económicamente, anuncian apresuradamente y sin ningún tipo de recato que ya derrotaron la pandemia y que sus municipios siguen con una tendencia imparable en la disminución en índices de contagio y letalidad por covid-19; agregan, adicionalmente, el éxito registrado en la fase de reapertura económica. Los incautos veraneantes que acuden a las playas se encuentran con la desagradable sorpresa de los inesperados rebrotes de la pandemia, tal como ha sucedido en el resto del mundo donde se apresuraron a abrir sus playas al turismo y retornar a la “normalidad”. Pero no solo el riesgo está en los rebrotes, también se esperan segundas y otras sucesivas olas de expansión del covid-19, posiblemente más agresivas y letales. Además, la OMS advierte que el Sars-CoV-2 no es un virus estacional; este microorganismo no depende de las estaciones y se contagia igual en todos los climas. La OMS ya advirtió que el coronavirus llegó para quedarse.


En lo nacional, después de decretar medidas tardías, torpes y erráticas que facilitaron el ingreso y expansión del virus en Colombia, el rol del presidente queda reducido a un programa diario de propaganda en televisión que busca apaciguar con falacias pueriles los espíritus inquietos, medrosos y airados de los connacionales, a tratar de elevar su índice postrado de popularidad, a mejorar el ambiente de los negocios y a decretar medidas estúpidas como el “día sin IVA” que borró en un instante los sacrificios y avances hechos por el conjunto nacional durante meses. Ahora Duque le arrojó la pelota de la responsabilidad a los mandatarios regionales y locales para enfrentar la pandemia, en tanto él, lavándose las manos, se dedica a consagrar al país a la protección de la Virgen de Chiquinquirá “patrona de Colombia” para protegernos de los futuros males del covid-19. La situación la ven tan difícil que bajaron al “Señor caído” de la Basílica de Monserrate a la Catedral Primada de Colombia, como refuerzo en la lucha contra el virus. Los decretos que arbitrariamente impone, cuando no son tumbados por inconstitucionales, los va publicitando a cuenta gota: para alimentar su personalidad histriónica, declara una cuarentena sin fin, prolongada mes a mes, escalando geométricamente la incertidumbre, la confusión, el sufrimiento humano y la ruina económica del país. Efectivamente, es más rápido y fácil destruir que construir.

Estadística

En el mundo científico se acostumbra considerar ciertos hechos como “datos” de los que se «infieren» leyes. Pero una colección de datos no es suficiente para hacer ciencia. Según el epistemólogo Gastón Bachelard (1884-1962) “es tan agradable para la pereza intelectual encerrarse en el empirismo, llamar hecho a un hecho e impedir la búsqueda de una ley”. De acuerdo con David Hume (1711-1776) las teorías y las leyes no pueden derivarse directamente de los hechos.


Es el momento de pasar de las creencias y las falacias a la estadística y a la ciencia. En su origen, la estadística era histórica; hoy en día, además de ser descriptiva es analítica. La estadística descriptiva-analítica se define como un conjunto sistemático de procedimientos para observar y describir numéricamente el fenómeno, y descubrir las leyes que regulan la aparición, transformación y desaparición del mismo. La estadística no solo permite describir el hecho o fenómeno, sino deducir, inferir y evaluar conclusiones acerca de una población, utilizando resultados proporcionados por un muestreo probabilístico.


Las leyes que busca la ciencia son en la mayor parte causales, en cierto sentido. Las leyes causales deben ser o invariables, o tales que afirmen solamente tendencias. Afirma Russell que, en la física moderna, las leyes se han hecho estadísticas: no dicen lo que ocurrirá en un caso determinado, sino solamente diferentes cosas, cada una de las cuales ocurrirá posiblemente en un determinado número de casos. Russell no acepta la teoría-coherencia de la verdad, pero afirma que si hay una teoría-coherencia de la probabilidad que es importante y válida.


Las estadísticas del comportamiento del fenómeno de la pandemia que afecta al país son elementales y contradictorias. Básicamente registran una contabilidad de casos. En consecuencia, las inferencias que se hacen a partir de las series de datos, como la llegada del pico de la curva estadística relacionada con la pandemia, son espurias. El término Gigo es famoso como abreviatura por el dicho inglés ‘Garbage In Garbage Out’ (Entra basura, sale basura). Un ejemplo típico es la afirmación de Martha Ospina, cabeza del Instituto Nacional de Salud –INS–, quien durante la primera cuarentena vaticinó, a finales de marzo, que tempranamente se presentarían en el país 4 millones de contagios y un pico de decesos probable de 3.000 casos; los hechos observados están, hasta el momento, bien distantes de esas estimaciones.


El seguimiento de la pandemia en Colombia se fundamenta en la contabilidad de los datos oficiales dado que, en esencia, esta emergencia de salud pública global requiere un manejo unificado a cargo de los gobiernos. Las dos fuentes principales de información son el Ministerio de Salud-INS y el Dane. Los datos de la pandemia son principalmente registros contables de pruebas realizadas, casos confirmados, muertes, infectados que probablemente se han recuperado, casos activos, unidades de cuidados intensivos y ocupación de camas Uci. Con base en estos datos es posible calcular diversos indicadores relacionados con números índices, proporciones, porcentajes, razones y tasas como, por ejemplo, la de letalidad (cantidad de muertos por covid-19 en relación con el número de casos confirmados). Estos indicadores tienen en común la relación de dos valores, el uno como numerador y el otro como denominador, siendo el cociente de dividir una cantidad por otra.


No es fácil pensar estadísticamente. De acuerdo con los psicólogos Kahneman y Tversky, pensamos asociativamente, metafóricamente y causalmente con facilidad, pero hacerlo estadísticamente requiere pensar en muchas cosas a la vez, algo para lo que el sistema 1 de pensar no está diseñado. Los dos modos de pensar son el sistema 1, caracterizado por ser rápido, instintivo y emocional, y el sistema 2, lento, más deliberativo y más lógico. En la idiosincrasia colombiana predomina el 1 sobre el 2. Este hecho configura una desconcertante limitación de nuestro cerebro: nuestra excesiva confianza en un ente metafísico o en lo que creemos saber y nuestra aparente incapacidad para reconocer las dimensiones de nuestra ignorancia y la incertidumbre del mundo que vivimos. Somos propensos a sobreestimar lo que entendemos del mundo y a subestimar el papel del azar en los acontecimientos. El exceso de confianza es alimentado por la certeza ilusoria de las retrospecciones. Además, nuestros juicios subjetivos son sesgados, no estamos dispuestos a investigar hallazgos basados en una evidencia inadecuada y somos propensos a reunir muy pocas observaciones en las investigaciones. Aún los expertos exageran mucho la probabilidad de que el resultado original de un experimento pueda ser replicado con éxito incluso con una pequeña muestra.


Todos, políticos, burócratas y expertos epidemiólogos, se apresuran a presagiar el rápido aplanamiento de la curva de las estadísticas del covid-19 y a declarar su contención. Son ilusos al pensar que el comportamiento del covid-19 es análogo al de una distribución de frecuencia normal o en curva de campana; la idealización los lleva a concluir que todas las medidas de tendencia central (media, mediana y moda) coinciden, esto es, que la distribución de frecuencias es simétrica. Por tanto, sentencian que debe registrarse “naturalmente” una fase de crecimiento rápido de las personas infectadas, un pico y un acelerado descenso. Pero la gran mayoría de las poblaciones reales no son tan simples o nítidas; las distribuciones reales son a menudo asimétricas, o sesgadas. Si en algo llegan a diferir los gobernantes y expertos en sus creencias, es únicamente en el grado de agudeza en la cima de la curva que representa las distribuciones; esta agudeza, que por lo general se observa en la moda, puede ser más alta (apuntada o leptocúrtica) o más baja (achatada o platicúrtica) que la alcanzada en una distribución normal (mesocúrtica). En síntesis, debemos aceptar que las distribuciones antiguas no ofrecen predicciones para situaciones inéditas y desconocidas.


El abuso del sesgo de los juicios subjetivos se asimila al lenguaje “cantinflesco”. En los reportes diarios que hacen reconocidos medios de comunicación, afirman: “nos encontramos en una situación de meseta, no obstante que el factor de reproducción R se encuentra en fase de aceleración”. El problema es que el covid-19 no está hecho a la medida de los deseos de los seres humanos ni se comporta según sus creencias y pronósticos con base en hechos pasados.


La evidencia del comportamiento en el tiempo de la pandemia a nivel del mundo y de Colombia no da muestras de que estas esperanzas sean ciertas. La curva de las estadísticas sube de prisa y sin pausa. Los gráficos adjuntos muestran el avance de los casos confirmados, las muertes y los recuperados a corte del 18 de agosto de 2020. Las curvas de las estadísticas del covid-19 suben como una flecha, bien se trate de los casos confirmados, las muertes, los recuperados o los infectados activos. Los indicadores centinelas de la pandemia se encuentran correlacionados. Una correlación positiva perfecta indica que dos o más medidas se rigen por un único modo de crecimiento, a una influencia común en el curso del desarrollo. Esa influencia común expresa la naturaleza, estructura y dinámica del covid-19.


De otra parte, las cifras oficiales sobre defunciones mostradas por autoridades sanitarias (Minsalud-INS) difieren de las reveladas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (Dane). En efecto, el informe que presentó el Dane sobre defunciones por covid-19 ocurridas entre el 2 de marzo y el 19 de julio registra que los fallecimientos por esta causa fueron 9.124, una cifra superior a las 7.956 que registró el INS durante ese período.


De acuerdo con el informe del Dane publicado el pasado viernes 7 de agosto, los datos entre el 2 de marzo y el 19 de julio de 2020 arrojan que en Colombia hubo 9.124 decesos confirmados por la enfermedad que causa el Sars-CoV-2 y 3.506 sospechosos, en una relación de uno a tres. En ese periodo se registraron en el país un total de 97.353 muertes por todas las causas, lo que indica que solo las confirmadas por covid-19 representaron 1 de cada 10. Los hombres son las principales víctimas tanto en los fallecimientos confirmados (62,8%) como en los sospechosos (59,2%); esto es, se observa una diferencia de 25,7% en la frecuencia con la que fallecen los hombres frente a las mujeres. Por grupos de edad, el 81,7 por ciento de los fallecidos por covid-19 confirmados se encuentran en los adultos de 55 años y más.


Según el Dane, durante los últimos cinco años, las muertes promedio en una semana en Colombia eran 4.500, pero al finalizar el mes de julio pasado ya rondaban las 6.000. Esa diferencia puede ser atribuible a la letalidad del covid-19, pero también a otras causas. Sin embargo, lo cierto es que el promedio diario de muertes por causas externas viene en descenso en los últimos cinco años debido a la disminución en accidentes, homicidios y suicidios.


Por causa de las diferencias de los datos que reportan las dos entidades oficiales (Dane y Ministerio de Salud) se ha generado la sospecha que las cifras están falseando u ocultando la realidad. El ministro de Salud, Fernando Ruiz, explicó que los rezagos en la información producen esas diferencias que, en todo caso, son comunes en cualquier país y en cualquier evento de salud pública. El análisis del impacto de una enfermedad no solo se demora por los rezagos de los sistemas de información, sino por razones biológicas y epidemiológicas.


Según el ministro de salud, las dos instituciones tienen dos formas de registro diferentes, pero complementarias. De una parte, el Ministerio entrega todos los días un conteo de muertes confirmadas por covid-19 en tiempo real, basado en los casos diagnosticados como positivos de acuerdo con la técnica de laboratorio de PCR, que es la de mejor desempeño. La reacción en cadena de la polimerasa (PCR) es una técnica de laboratorio que permite amplificar pequeños fragmentos de ADN para identificar gérmenes microscópicos que causan enfermedades, como el coronavirus. De otra parte, las estadísticas vitales son recogidas y clasificadas por el Dane a partir del certificado de defunción, que se basa en la información de la causa de muerte por diagnóstico clínico, la cual puede incluir resultado positivo de PCR o no. En el registro de mortalidad la variabilidad es mayor porque el criterio de cada médico para clasificar la causa de muerte puede diferir y tiene mayor rezago porque su análisis es más extenso.


En síntesis, el ministro Ruiz es categórico al afirmar: “Los datos tienen rezagos, no falseamientos. Quienes confunden unos con otros o desconocen los sistemas de registro epidemiológico o hacen juicios sin fundamento técnico. Los dos sistemas de registro deberán confluir hacia el final de la epidemia para generar la cifra oficial de muertes”.


La realidad del país es que en la lucha contra el covid-19 se vienen cantando por parte de las autoridades victorias muy prematuras sin que aún haya exactitud en las cifras empíricas y totales dejadas por el virus, menos aún, tampoco han empezado a cuantificar los daños. El manejo de los números y la administración de la estadística es algo básico para gestionar cualquier crisis profunda como la que nos aqueja, pero también para actuar y brindar insumos a quienes deben gerenciar la solución del problema. Pasados cerca de seis meses, el gobierno nacional no ha liderado un estudio para que se conozca el número real de inficionados y el impacto económico de muertes y contagios; tampoco se han estimado los estragos de las cuarentenas que lo vive en carne propia cada colombiano, cada empresa o negocio y cada una de las unidades territoriales de primer nivel en Colombia.


Es importante, entonces, aclarar de qué se está hablando, para evitar las tergiversaciones diarias, bien sea por expertos, funcionarios públicos, políticos, medios de comunicación o gente del común. El número de pruebas, casos de contagio, recuperación, activos y muertes son los registrados contable y diariamente en el mundo por las instituciones competentes; por esta razón, los datos no reportan los casos reales porque no están basados en un censo de la población total o de un muestreo aleatorio. Una muestra estadísticamente representativa requiere, de una parte que todos los elementos que forman el universo –y que por lo tanto están incluidos en el marco muestral– tengan idéntica probabilidad de ser elegidos para la muestra; de otra parte, todas las muestras del mismo tamaño deben ser igualmente probables. En consecuencia, los registros institucionales diarios de casos de contagio por el covid-19 presentan las siguientes limitaciones, tanto para el caso colombiano como el mundial:

 

  • • Las personas inficionadas corresponden a los resultados positivos de las pruebas realizadas. En consecuencia hay más personas infectadas, a las que no se les ha realizado pruebas, que las registradas por las instituciones de salud. Además, el número de pruebas está condicionado por la capacidad de procesarlas en cada país. Colombia cuenta con 110 laboratorios para diagnóstico de covid-19 (43 son públicos y 67 privados), con una capacidad diaria de procesar 43.529 pruebas. Marta Ospina, directora del INS, afirmó que en el país se han realizado hasta el momento cerca de 2 millones de pruebas moleculares. La tasa de casos positivos por cada 100 pruebas es de 22,8% en Colombia. En el total de pruebas realizadas por millón de habitantes en América Latina, Colombia es tercera con 39.704, Panamá es segundo con 54.960 y Chile es primero con 96.000.
  • • La población a la que se realiza las pruebas presenta un sesgo desde el punto de vista estadístico. Las personas seleccionadas pertenecen a los conglomerados o núcleos con capacidad de expandir el virus de manera significativa (por ejemplo cárceles, guarniciones militares, hospitales, localidades urbanas, barrios, veredas, plazas de mercado, zonas de frontera, territorialidades étnicas, etc.). El número actual de conglomerados es de 1.150, distribuidos por todo el territorio nacional. Por tanto, las pruebas no corresponden a un muestreo aleatorio y, en consecuencia, no puede inferirse nada respecto a los 50,4 millones de connacionales. La relación entre casos confirmados y número de pruebas no es, por tanto representativo de la incidencia de la enfermedad en la población total. Además, el aumento o disminución del número de pruebas diarias tiene una incidencia directa en el número de casos confirmados y la rapidez con que se expande el virus. El aumento en el factor de reproducción R puede confundirse con el aumento en la capacidad para procesar pruebas diarias y reportarlas.
  • • Teniendo en cuenta que el 90 por ciento de los casos de contagio corresponden a enfermedades benignas, leves o asintomáticas, a muchos de los inficionados activos no les realizan pruebas. Esta situación genera un subregistro de los casos positivos reales. También, al no hacerse un seguimiento efectivo de los asintomáticos o con síntomas leves con nuevas pruebas empíricas, no es confiable el dato de recuperados. No hay tampoco certeza de que los posibles recuperados hayan generado inmunidad ni por cuanto tiempo y que tanto son conscientes y responsables de no poner en riesgo a los congéneres.
  • • Aunque poco a poco se va conociendo más información, en el mundo son muchas las dudas que giran en torno al nuevo coronavirus. Si bien hay varios estudios clínicos en curso, por el momento no se ha obtenido una vacuna ni tratamiento farmacológico específico contra el virus SARS-CoV-2 que causa la enfermedad covid-19. Ningún virus se puede tratar con antibióticos, que sólo se utilizan para tratar las infecciones causadas por bacterias; las enfermedades provocadas por virus y por bacterias se tratan de maneras muy diferentes porque no actúan del mismo modo en el organismo al que afectan.
  • • Hay una significativa variabilidad de los grupos etarios en su afectación por el covid-19. Generalmente los niños y adolescentes registran una alta inmunidad; en caso de ser inficionados tienden a ser asintomáticos (salvo que carguen con alguna morbilidad asociada). Como este grupo poblacional tiende a no cumplir con los protocolos de autocuidado y confinamiento, constituyen uno de los principales factores de contagio y muerte de los mayores de 55 años en sus hogares, así estos últimos se mantengan confinados. En el periodo consolidado por el Dane, marzo-julio, se presentaron 36 muertes confirmadas por covid-19 en menores de 5 años, mientras que entre los 5 y los 14 años se registraron 10 confirmados, pero 25 sospechosos, siendo el grupo menor de 19 años el menos afectado, representando el 0,7 por ciento del total nacional.
  • • Los registros diarios de “nuevos” casos o muertes no corresponden a la ocurrencia efectiva en el día de su publicidad. Los registros tienen rezagos hasta de dos meses por represamiento de las pruebas, lentitud en los trámites administrativos de los certificados de defunción o en la elaboración, registro y publicación de los reportes de los indicadores centinelas de la pandemia.
  • • Las medidas de tendencia central (media, mediana y moda) a nivel nacional ocultan la existencia de las grandes variaciones, sesgos y asimetrías en el seno de todo el sistema social y territorial. La realidad natural, social, económica y cultural está compuesta por individuos y grupos variados en el seno de poblaciones y regiones. Un número significativo de las muertes por la pandemia son debidas a la pobreza de la infraestructura de la salud pública, a la exclusión y a la negligencia en la atención de las EPS o Entidades Promotoras de Salud, parte fundamental del Sistema de Salud en Colombia. Estas entidades no dan la atención médica domiciliaria oportuna e integral, limitan las consultas o demoran las pruebas para detectar la infección. De cada 100 casos confirmados de contagio, 90 están en cuidados del hogar por enfermedad benigna, 9 son hospitalizados en las salas generales por enfermedad moderada y solo 1 está ocupando cama en las unidades de cuidados intensivos por registrar un cuadro crítico. Es de resaltar que en cualquiera de estos lugares el tratamiento es paliativo, pues no hay tratamiento con protocolos científicos garantizados ni vacuna aceptada y validada científicamente para curar y generar inmunidad.
  • • No existen estudios que profundicen el verdadero impacto de la pandemia. Así como se conoce los impactos por grupos etarios y sexo, es necesario profundizar en otros factores como estratificación socio-económica, ocupaciones laborales, regiones, etnias y hábitats urbano-rurales. Por lo menos, se conoce tres situaciones de alto riesgo: i) los ecosistemas modificados por el ser humano tienen más huéspedes de enfermedades de transmisión de animales a personas, si se compara con los hábitats inalterados; ii) los pobres son los más afectados por la pandemia, debido al hacinamiento en que viven, la carencia de servicios domiciliarios, la desnutrición, la inaccesibilidad a los sistemas de salud y a la precariedad en el empleo debido a la informalidad, la inestabilidad y los bajos ingresos; iii) la extrapolación constituyen una técnica peligrosa, por lo general, poco válida y a menudo falaz.
  • • Las desigualdades en el grado de incidencia de la pandemia a nivel territorial es reflejo de los niveles de desarrollo desigual de las entidades administrativas. Bogotá, Antioquia, Atlántico y Valle concentran el 71% de todos los casos confirmados. Municipios con ausencia o bajos casos de contagio puede deberse a la falta de pruebas y no necesariamente a la ausencia de la pandemia por covid-19.

 

Pese a las anteriores limitaciones que pueden conducir a diagnósticos equivocados, es posible hacer un análisis comparativo de la evolución de los casos en Colombia y en el mundo, incluido el cálculo de los indicadores centinela, tal como se registra en el cuadro adjunto. La población del mundo actualmente suma 7.774 millones y la de Colombia 50,4 millones, esto es, el 0,65% del total. Por país, el primer caso detectado de infección por covid-19 en el planeta fue a finales de enero de 2020, en Colombia mes y medio después, el 6 de marzo. El número de personas con contagios confirmados de covid-19 en todo el mundo alcanzó el 18 de agosto los 21.940.380, según el recuento independiente de la Universidad Johns Hopkins (EE.UU.), que también reporta 775.236 fallecidos por el virus hasta la fecha. El país con más contagios es Estados Unidos: 5.469.604 (24,9% del total). Le siguen Brasil: 3.359.570 (15,3%), India: 2.702.742 (12,3%), Rusia: 930.276 (4,2%), Sudáfrica: 589.886 (2,7%), Perú 541.493 (2,5%), México 525.733 (2,4%) y Colombia, en el octavo puesto, con 476.660 (2,2%).


En el mundo hay 2.822 personas infectadas de covid-19 por cada millón de habitantes; en Colombia 9.463, esto es, 3,4 veces más. Las personas activas, esto es, que portan el virus en su cuerpo son 7.241.003 en el mundo, lo que representan 33% de los casos detectados; en Colombia suman 159.763, el 33,5% de los inficionados confirmados. Los recuperados, después de pasar la infección, en el mundo representan el 63,5% y en el país el 63,3%. El número de muertes por covid-19 en el planeta es de 775.236 y en Colombia 15.372 (2% del total); la tasa de letalidad del covid-19 es de 3,5 en el mundo y de 3,2 en Colombia. La velocidad de contagio (R) durante el último mes registra un valor de 1,5 en el mundo y de 2,5 en Colombia. La tasa de mortalidad cruda por cada 1.000 habitantes es de 5,6 en el país y de 7,5 en el planeta. La tasa de homicidios por cada 1.000 personas es de 0,24 en Colombia y de 0,06 en el planeta (la violencia letal es 3,9 mayor en el país respecto al resto del mundo). Tanto en Colombia como en el mundo, la tasa de muertos debido al covid-19 supera ya la tasa de homicidios: 0,31 y 0,10, respectivamente, por cada 1.000 habitantes.

Colofón

De acuerdo con los estudios del paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould (1941-2002) la vida siempre ha estado bajo el dominio de la modalidad bacterial y la parentela asociada de microorganismos procariotas unicelulares que se encuentran en todas las partes de la Tierra. Las bacterias habitan prácticamente cualquier lugar propicio para la existencia de la vida. Los virus y las bacterias tienen un tamaño microscópico, están en casi todas las superficies y son la causa de muchas enfermedades; pero no son lo mismo. Los virus son más pequeños que las bacterias. Los virus no son células completas: sólo son material genético empaquetado dentro de una cubierta proteica; necesitan otras estructuras celulares para reproducirse, lo que significa que no pueden sobrevivir por sí solos salvo que vivan dentro de otros organismos vivos como humanos, plantas o animales.


La vida humana es compartida con otras criaturas en nuestra condición de simples elementos contingentes de una saga muchísimo más vasta. En la historia de la diversidad orgánica sobre nuestro planeta, más del 99 por ciento de las especies que han existido alguna vez son hoy mero recuerdo. La historia de la vida se ha visto interrumpida por varios episodios de extinción masiva.


La catástrofe provocada por el covid-19, nos recuerda que cuanto más importante sea el tema y más próximo se encuentre del número de nuestros anhelos y necesidades, más probable es que erremos en la construcción de un marco de análisis correcto. Somos seres contadores de relatos, frutos nosotros mismos de la historia. Pero nuestro intenso afán por identificar tendencias nos lleva a menudo a percibir direccionalidad allí donde no la hay o a deducir causas insostenibles. Entre las más obvias y frecuentes de las falacias, y dado que la gente parece tan refractaria a pensar en términos de probabilidades y tan propensa a descubrir una pauta en cualquier serie de sucesos, destaca la creencia y la falacia de percibir una tendencia clara y especular sobre sus causas cuando no observamos más que una cadena fortuita de acontecimientos.


El epistemólogo francés Gastón Bachelard, enseñaba que el racionalismo sólo considera al universo como tema de progreso humano, en términos de progreso del conocimiento. A este aforismo, el novelista argelino Albert Camus (1913-1960) agrega: “Todo lo que el ser humano puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo”.


La esencia del budismo encierra una sencilla afirmación: sufrimos y hacemos sufrir a otros porque no somos capaces de ver el mundo tal y como es.


No obstante lo que creen los budistas, lo real se comprende en función de lo teórico, en lugar de considerarlo como algo dado. Según el epistemólogo Feyerabend (1924-1994), hay solo una tarea que podemos legítimamente pedir a la ciencia y es que nos de una descripción correcta y real del mundo, es decir, de la totalidad de los hechos vistos a través de sus propios conceptos y leyes.

 

* Economista y filósofo. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia, y desdeabajo.

La situación socio-económica colombiana, de por sí frágil en sus fundamentos y estructura, se resquebraja de manera sustancial con los sucesos que este año conmocionan al mundo. En esa perspectiva, este artículo tiene como propósito estimar, para el caso nacional, los impactos causados por la tenaza “crac-pandemia”. La valoración, con desempleo, violencia y aumento de la desigualdad y la pobreza a la vista, deja abiertos inmensos retos para los colectivos sociales alternativos.

 

 

 

Presentación

Depresión económica y crisis financiera son inevitables

 

El mundo empieza a hablar con propiedad del crac del año 2020, comparable a los de 1866 (primera crisis económica internacional del capitalismo industrial) y 1929 (la Gran Depresión que se prolongó durante la década de 1930), similar al de 1987 y probablemente peor que el provocado por la crisis financiera e inmobiliaria global 2008-9.


Los síntomas de la recesión del capitalismo global en curso así lo hacen temer; acumulados durante los últimos años, y acelerados y acrecentados debido al impacto que continúa provocando la emergencia sanitaria mundial por el Covid-19.
En 2020 confluyen dos fenómenos: la pandemia provocada por el Covid-19 y el crac económico-financiero en maduración desde años atrás. El primero obligó a los gobiernos a tomar medidas extremas que confinaron a las poblaciones en sus casas, quebraron las cadenas de valor a nivel global y frenaron abruptamente las actividades económicas, contagiando los procesos de generación de plusvalía y acumulación de capital. Las quiebras financieras y económicas provocadas por el crac son, de hecho, un fenómeno social donde se combinan eventos económicos con comportamientos masivos, políticos, culturales y psicológicos, en un bucle sistémico de realimentación positiva.


Estamos ante unos síntomas, sintiendo la transmisión de potentes fuerzas provocadas por engranajes dobles helicoidales que tendrán implicaciones económicas, financieras, culturales, políticas, ambientales y sociales más fuertes y prolongadas que la crisis financiera de 2008-9. Sobresale la crisis del endeudamiento público que excede la capacidad de pago de los países, el desplome de los precios internacionales del petróleo, la devaluación de las monedas fiat (dinero por decreto), el freno de los negocios y las principales bolsas en rojo, la guerra comercial, los conflictos bélicos que volvieron a disparar la carrera armamentista nuclear y el triunfo de los sectores políticos nacionalistas, derechistas y antiglobalización. Se vislumbra un colapso a corto plazo superior al de cualquier recesión en los últimos 160 años.

 

 

Economía de guerra

El 30 de marzo, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, en el programa “Pregunta Yamid”, ordenó –en un tono entre castrense y de profesora de escuela– que debíamos “prepararnos para una economía como en la Segunda Guerra Mundial, y apagar nuestra economía tres meses”. La economía de guerra se aplica en momentos históricos de fuertes convulsiones violentas con el fin de mantener el funcionamiento de las actividades productivas básicas, coercer autoritariamente a la sociedad civil y controlar la economía nacional desde el Estado central.


El 22 de marzo de 2020, el gobierno nacional expidió el Decreto 457, mediante el cual el presidente Duque impartió las obligaciones para el cumplimiento del Aislamiento Preventivo Obligatorio en todo el territorio colombiano.


En consecuencia, hasta tanto no se resuelva la crisis de salud, la situación económica decaerá día a día. Si bien en la post-pandemia puede haber una recuperación de los negocios, los daños macroeconómicos, la quiebra de empresas y la destrucción de puestos de trabajo dejarán secuelas difíciles de enmendar. De hecho, los créditos orientados a las pequeñas y medianas empresas a través del sistema financiero tradicional y los apoyos asistencialistas a la demanda (hogares vulnerables) puede contribuir a aplanar la curva de contagio al ayudar a las personas a permanecer encerradas, pero hay un límite en cuanto a lo que puede ayudar a la economía, a las empresas y a los desempleados. Según cálculos del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, “Cada día de encerramiento forzoso nos cuesta más de 2 billones de pesos a los colombianos”.


La peor caída económica desde la Gran Depresión de 1929

La especie humana está viviendo momentos de gran incertidumbre y angustia ante una doble crisis sanitaria y económica-financiera global sin precedentes. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha informado que en 2020 se producirá la peor crisis financiera de la historia a nivel mundial debido a los efectos del coronavirus Covid-19.


Según afirmó su directora, Kristalina Georgieva, está claro que hemos entrado en una recesión que será peor que en 2009 después de la crisis financiera mundial. La caída del PIB planetario podría alcanzar el -4 por ciento. El comercio mundial se derrumbará hasta un 32 por ciento, señaló la Organización Mundial del Comercio (OMC). La OIT advierte que los efectos serán de gran alcance, llevando a millones de personas al desempleo, al subempleo y a la pobreza laboral. Los cierres de países o ciudades, la suspensión, quiebra o clausura de negocios, fábricas y de las instituciones educativas, las restricciones de viajes y otras medidas para contener la expansión de la enfermedad han tenido un repentino y drástico impacto en trabajadores y empresas; este tipo de medidas afectan actualmente a 2.700 millones de trabajadores, que representan el 81 por ciento de la fuerza de trabajo mundial.


Según los cálculos de la OIT, el Covid-19 hará desaparecer globalmente, solo entre abril y junio de 2020, el 6,7 por ciento de las horas de empleos, lo que equivale a la pérdida 195 millones de puestos de trabajo a tiempo completo. Un informe de Oxfam, la confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales que realizan labores humanitarias en 90 países, basado en un análisis realizado por investigadores del King’s College de Londres y la Universidad Nacional Australiana, predice que una contracción del 20 por ciento en los ingresos de los hogares provocaría que el número de personas que viven en la pobreza aumente entre 434 millones y 611 millones.


En paralelo, la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, vislumbra una recesión global solo comparable con la depresión de 1929. Un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sostiene que el Producto Interno Bruto de América Latina y el Caribe sufrirá reducciones significativas en 2020, entre 1,8 por ciento en un escenario moderado y 5,5 por ciento en el más extremo, debido al impacto de la pandemia; Luis Alberto Moreno, presidente del BID, afirmó que el daño económico se mantendrá durante los próximos dos años.


En el caso de Colombia, debido a los dos eventos adversos que afectan la economía del país –el coronavirus y la caída en el precio del petróleo– las calificadoras crediticias rebajaron la nota a una perspectiva negativa. De acuerdo con el analista principal de Calificaciones Soberanas para Colombia de Fitch Ratings, Richard Francis: “Hay la posibilidad de que la economía de Colombia pueda caer más de 0,5%, hasta 2% o 3%, dependiendo del tiempo que dure la estabilización”. La calificadora también señala que el país ha incurrido en “un aumento en la carga de la deuda en los últimos años y una caída esperada en los ingresos fiscales, lo que ha dejado al Gobierno con menos espacio fiscal para contrarrestar los choques económicos” (Gráfico 1).

 

 


El informe de Perspectivas Económicas Mundiales del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicitado el martes 14 de abril, proyecta que la actividad económica en América Latina y el Caribe se reducirá un 5,2 por ciento en 2020 por el impacto de la pandemia del coronavirus en sus cadenas de suministro y la demanda interna y externa, entre otros factores. En cuanto a Colombia, el FMI prevé que la economía caiga 2,4 por ciento este año.

Considerable sufrimiento social para la clase trabajadora, la clase media y los sectores populares.

Consecuencia de la compleja situación que enfrenta el país y de las tardías y erráticas políticas adoptadas por el gobierno nacional y las administraciones territoriales, en 2020 Colombia perderá el terreno ganado en materia de desarrollo socio-económico durante las dos décadas transcurridas del siglo XXI y en algunas dimensiones específicas –iniquidad, pobreza, desempleo, violencia y desplome de los ingresos– el panorama es desgarrador (Gráfico 2).

 


De acuerdo con lo señalado por la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, de la misma forma que la emergencia de salud golpea a las personas vulnerables con más fuerza, se espera que la crisis afecte en mayor medida a los países más pobres. Estos tienen menos recursos, con sistemas de salud más débiles y carentes de instituciones y políticas de salubridad pública, son altamente corruptos, violentos, desiguales y excluyentes, fundamentados en economías extractivas, notablemente endeudados y además están peligrosamente expuestos a perturbaciones de la demanda y de la oferta, con un drástico endurecimiento de las condiciones financieras y devaluación de sus monedas.


En efecto, la amenaza de quiebra de empresas y destrucción de puestos de trabajo tiene como principal presa, de una parte, a las micro, pequeñas y medianas empresas, y de otra, a los empleos vulnerables, informales y cuenta propia. Una proyección con fácil acierto en nuestro país, con una economía y matriz productiva fragil y relaciones asimétricas, así: existe un total de 1,9 millones de empresas; el 0,5 por ciento son grandes, otro 6,8 integran las pequeñas y medianas, y la gran mayoría, el 92,7 por ciento, son microempresas. Del total de empresas, el 17,6 por ciento corresponden a las actividades del comercio; 9,4 por ciento hacen parte de las actividades económicas de profesionales y técnicos; 8,4 son industrias manufactureras; y el 5,8 de la construcción. Las pymes y microempresas, que representan el 99,5 por ciento de su aparato productivo, generan más del 80 por ciento de los empleos y aportan el 35 por ciento del PIB.


Según Rosmery Quintero, presidenta de Acopi (Asociación Colombiana de Micro, Pequeñas y Medianas empresas), las mipymes generan 17’828.824 puestos de trabajo; de estos, 7’233.726 son empleos de alto grado de vulnerabilidad y los restantes 10’596.062 tienen un menor grado de peligro.


Al considerar el total de la fuerza laboral ocupada en Colombia, de los 22,1 millones de trabajadores registrados en la Gran encuesta de hogares del Dane en febrero de 2020, más de 9,5 millones se encuentran en los sectores de vulnerabilidad extrema. A nivel nacional, dos terceras partes de los ocupados son trabajadores informales, esto es, laboran en pequeñas empresas o trabajos precarios, inestables y sin cobertura de seguridad social. En el trimestre móvil diciembre 2019 – febrero de 2020, la proporción de ocupados informales en el total de las 23 ciudades y áreas metropolitanas fue 47,9 por ciento; en las zonas rurales y pequeños poblados la informalidad tiende a ser del 100 por ciento, esto es, la dimensión de desigualdad territorial en el interior del país es abismal.


El problema de la destrucción de puestos de trabajo no se reduce a los efectos de la pandemia ni está circunscrito a las Pymes. Según las encuestas de hogares del Dane, durante los trimestres diciembre-febrero de 2019-2020 (antes del impacto del Covid-19) se perdieron en el país 121.000 empleos y la tasa de desempleo aumentó de 11,8 a 12,2 por ciento. En paralelo, las grandes empresas vienen reduciendo su planta de personal; así, por ejemplo, debido a la volatilidad del sector petrolero, las compañías minero-energéticas despidieron a 8.823 trabajadores de los 167 mil que ocupaban un año atrás (-5,7 en términos porcentuales); además, según denuncias de la USO, el número de despidos durante las dos primeras semanas de iniciada la pandemia es de 7 mil, estos son trabajadores tercerizados que están ubicados en las refinerías y en los campos petroleros del Magdalena Medio. Además, con el objetivo de reducir los contagios y aumentar las precauciones de operación, Ecopetrol dio a conocer éste 10 de abril que la refinería de Barrancabermeja disminuyó en 80 por ciento el personal que labora en sus instalaciones (entre directos y aliados).


En medio de la pandemia y el crac económico-financiero, los ricos se hacen más ricos. Los grandes empresarios y el sistema financiero son los ganadores en esta doble crisis debido a los procesos de centralización y concentración de capital, adquisición de empresas quebradas, monopolización del mercado, el comercio electrónico, el pago de menores salarios y flexibilización laboral, especulación y ampliación de los márgenes de intermediación financiera; por tanto, el índice de concentración del ingreso volverá a una situación similar a la que registraba a principios del siglo cuando su valor era de 0,595 (una desigualdad superior al 0,4 significa un carburante poderoso para aumentar los conflictos a nivel nacional).


En Colombia, el confinamiento obligatorio de la población para enfrentar la pandemia del coronavirus tendrá no solo efectos en el crecimiento del PIB de los diferentes sectores, algunos más golpeados que otros, sino que también se verá en las cifras de desempleo, en el aumento de la inflación y la pobreza, todo unido a la agudización del conflicto social. De acuerdo con los datos proporcionados por las encuestas de calidad de vida (Dane), al 37,3 por ciento de los hogares colombianos el ingreso no les alcanza para cubrir los gastos mínimos (hogares en condición de pobreza), otro 52,3 por ciento apenas logran cubrir sus necesidades básicas (hogares con algún grado de vulnerabilidad) y apenas un 10,4 por ciento logran cubrir más que el valor de la canasta básica familiar (hogares con capacidad de ahorro). En consecuencia, la quiebra de pequeños y medianos empresarios, unido a la destrucción de puestos de trabajo y a la pérdida de poder adquisitivo de los hogares, implicará que a finales de 2020 por lo menos cuatro de cada diez (10) connacionales se encontrarán apenas sobreviviendo en condición de pobreza (20 millones de personas).


Finalmente, pero no menos importante, la violencia homicida no cesa pese al armisticio del gobierno con las guerrillas y al confinamiento de las personas debido a la pandemia de Covid-19. El promedio de homicidios diarios durante 2019 fue de 33 personas y en el tiempo corrido de enero a abril de 2020 el promedio es de 30; por tanto la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes oscila entre el 22,5 y el 26,5 desde 2014 hasta nuestros días.


En su más reciente informe sobre la implementación del Acuerdo de Paz, que fue presentado este martes 14 de abril ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la Misión de Verificación de ese organismo multilateral volvió a alertar sobre la grave situación de violencia en Colombia: “La violencia en contra de líderes sociales, defensores y defensoras de los derechos humanos y excombatientes se ha mantenido a pesar de la cuarentena nacional”. Entre el 27 de diciembre de 2019 y el 27 de marzo de 2020 (período que monitoreó el informe) “la Misión verificó 16 asesinatos de exmiembros de las FARC-EP (incluida una mujer), con lo que la cifra total desde la firma del Acuerdo de Paz asciende a 190 (incluidas tres mujeres)”, se lee en el documento; y, en el caso de líderes sociales y defensores de derechos humanos, el informe sostiene que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh), entre el 1 de enero y el 24 de marzo de 2020, recibió denuncias de 56 casos de asesinato.

El PIB y la recesión según enfoques

Para ese comienzo de la crisis, el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, aún señalaba que el país contaba con “bastante capacidad de asimilar las perturbaciones externas”. En la segunda quincena de marzo, las perspectivas halagüeñas que había para el 2020 se derrumbaron por completo. De acuerdo con un estudio elaborado por Fedesarrollo en el que se evalúa los costos para el país asociados a la pandemia por el coronavirus, se concluye que la cuarentena generalizada durante un mes está en el rango de 48 a 65 billones de pesos, que equivalen de 4,5 a 6,1 por ciento del PIB.


Un impacto en el PIB colombiano de la crisis sanitaria y económica que puede medirse desde tres enfoques o flujos: oferta, gasto e ingresos (ver diagrama adjunto).

 

 


Un choque de demanda unido a un choque de oferta masivo. Impacto en las ramas de actividad económica y el empleo



La teoría divide el mundo económico en tres sectores: extracción, manufactura y servicios. El PIB anual de Colombia bajo el enfoque oferta por sectores muestra un acelerado y desproporcionado crecimiento del sector terciario, o de servicios, que engloba las actividades relacionadas con los servicios no productores o transformadores de bienes materiales; incluye subsectores como comercio, comunicaciones, finanzas, turismo, hotelería, restaurantes, cultura, la administración pública, fuerzas armadas y policía, y los denominados servicios públicos (salud, educación, programas sociales), entre otros. Durante lo corrido del siglo XXI el sector terciario o de servicios aumentó su participación relativa en la economía nacional de 55,9 a 64 por ciento.


El sector primario comprende las actividades productivas de la extracción minero-energética, la obtención de materias primas y los alimentos no procesados; su evolución en la estructura productiva es decreciente: de 14,8 por ciento en 2001 a 12,4 por ciento en 2019.


El sector secundario integra la manufactura, la industria, la construcción y la obtención de energía; este registra una rápida pérdida de importancia relativa en la generación del PIB: 29,3 por ciento en 2001 y 23,7 por ciento en 2019.


De acuerdo con la matriz de empleo nacional, el 63,3 por ciento de los puestos de trabajo corresponden al sector terciario; 19,9 por ciento de la población ocupada hace parte del sector secundario y el sector primario provee 16,9 por ciento de las ocupaciones. Los 121.000 puestos de trabajo que se perdieron durante los trimestres diciembre-febrero de 2019 a 2020 se concentraron principalmente en las actividades agropecuarias (-211.698), comercio (-117.820) y Administración pública y defensa, educación y atención de la salud (-54.748). Únicamente cuatro ramas de actividad económica generaron nuevos puestos de trabajo: suministro de servicios públicos domiciliarios (77.271), construcción (78.562), Alojamiento y servicios de comida (163.378) y Actividades profesionales, científicas, técnicas y servicios administrativos (51.363), sectores que enfrentarán con mayor rigor los embates de la tenaza “crac-pandemia”.


Entre las consecuencias más cercanas de la doble crisis, sanitaria y económica, se destacan mayor desempleo, menores salarios e ingresos. Recientemente el centro de estudios económicos de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) afirmó que el alto impacto desfavorable de las medidas de aislamiento se verá principalmente en las ramas de actividad económica del comercio, en el sector minero-energético, en la industria, en las actividades de recreación, esparcimiento y entretenimiento, cultura, en restaurantes, hotelería y turismo, en la construcción y en el transporte aéreo y terrestre.


El sector de las confecciones ilustra esta apremiante situación: el gremio que las agrupa urgió medidas en materia de impuestos y subsidios significativos para poder cumplir con los pagos de nóminas, buscando minimizar la pérdida masiva de empleos de una industria que reúne a 70.000 empresas, de las cuales el 75 por ciento corresponde a trabajadores informales. Según Camilo Rodríguez, presidente de la Cámara Colombiana de la Confección y Afines, el sistema bancario no ha sido condescendiente con los empresarios que se han acercado a solicitar préstamos, ya que les han cerrado las puertas y no están cumpliendo su tarea con la sociedad y con el empresariado colombiano. “Por el contrario, están otorgando créditos con tasas excesivamente altas, lo que podría terminar de quebrar las empresas que intentan subsistir en medio de esta crisis”, indicó.


Incluso, según Anif, hasta los prestadores de servicios de salud, cuando deberían ser los más protegidos, también están enfrentando problemas económicos, debido a que se están quedando sin liquidez porque muchos procedimientos misionales se han suspendido. El sistema de salud padece un déficit crónico desde que las medidas neoliberales impulsadas con la Ley 100 de 1993 destrozaron la institucionalidad pública, privatizaron y mercantilizaron en un marco de financiarización la oferta de este esencial servicio. La crisis está poniendo en evidencia también la mala calidad del sistema de salud basado en el aseguramiento privado. Además, el sistema de Salud tiene un faltante financiero creciente; cada año los gastos por servicios superan el dinero disponible, hay un déficit de 3 por ciento del PIB y una deuda del 10 por ciento del PIB”, según cálculos del Ministerio de Hacienda.


Para Anif, disminuir indefinidamente el ingreso disponible de los hogares es pasar de un escenario muy malo, como el coronavirus y la recesión, a otro peor, que es el aumento del hambre y la pobreza. “Cuidar la economía es mantener el ingreso de la gente pobre que no tiene cómo comer y que pierde su empleo y de las empresas que no pueden operar su negocio, que pierden sus ingresos y les toca prescindir de sus empleados (empresas de todo tipo: micro, pequeñas, medianas y grandes)”, agregó el centro de estudios económicos.

La crisis de precios reducirían las inversiones petroleras, afectando negativamente la producción colombiana de hidrocarburos y los ingresos del Estado, además de devaluar la moneda colombiana

Los precios del barril de petróleo se derrumbaron desde US$68,9 de la referencia Brent –6 de enero de este año– hasta US$22 en marzo, su menor nivel desde noviembre de 2002. Aunque el precio repuntó hasta US$30 el barril a principios de abril de 2020 por los posibles acuerdos de los países productores para reducir políticamente la oferta, este rebote es efímero e insostenible habida cuenta que la demanda se ha reducido en 25 millones de barriles y los inventarios están al tope de la capacidad de almacenamiento. A mediados de abril había vuelto a caer a US$25; la tendencia es que el barril de hidrocarburos caiga al terreno de los US$20 o menos.


De acuerdo con la Cámara Colombiana de Bienes y Servicios Petroleros (Campetrol), con un Brent a US$25 por barril de petróleo la producción colombiana se reduciría hasta en 100.000 barriles diarios, a tal punto de llegar a los 786.000. A la vez, la tasa de cambio puede llegar, debido a la drástica reducción en la oferta de divisas, con un precio de barril de petróleo en el terreno de los US$20, hasta un nivel de 4.450 pesos colombianos por dólar estadounidense (Gráfico 3).

 

 


El desplome del precio del petróleo Brent, que tiene al barril en mínimos no vistos desde hace 18 años, alrededor de 25 dólares, cada vez le está dejando menos margen de maniobra al gobierno colombiano, pues a pesar de que el país no es un gran productor de crudo, sus finanzas y tasa de cambio sí dependen mucho de esta materia prima. Cálculos del Gobierno indican que por cada dólar que baja el precio del petróleo, los ingresos fiscales del país se reducen en 400.000 millones de pesos anuales, por lo que un movimiento a la baja de 10 dólares generaría una pérdida de 4 billones de pesos (0,4 por ciento del PIB).


Si bien Colombia no es un país petrolero (las actividades del sector de petróleo y gas correspondieron al 3,9 por ciento del PIB en 2019), sus cuentas fiscales (con ingresos provenientes del petróleo en un 1,7 por ciento del PIB de 2019), sus exportaciones (del 40 por ciento) e inversión extranjera directa (del 19 por ciento) aún lo hacen altamente dependiente de este recurso.


La economía colombiana va a tener que soportar durante 2020 un choque externo como consecuencia de la severa caída de los precios del petróleo, después de cerrar en 2019 con los déficits gemelos a nivel preocupante: 4,3 por ciento en la cuenta corriente de la Balanza de pagos y uno fiscal aparente de 2,5 por ciento. De mantenerse los precios del crudo alrededor de los US$25 el barril por el resto del año, el déficit de cuenta corriente puede alcanzar el 6 por ciento del PIB y el déficit fiscal un 5 por ciento. En 2021 la situación se complica más dado que será entonces cuando se sentirá con todo su rigor el costo fiscal por cuenta de los beneficios tributarios que el presidente Duque otorgó a las grandes empresas (Ley de Crecimiento aprobada al finalizar 2019), que se calcula en unos $10 billones y también la caída de los ingresos al fisco por concepto de impuesto de rentas, dividendos y regalías que paga la industria petrolera.


Entre tanto, Ecopetrol informó que se le desembolsó la línea contingente de financiamiento por US$665 millones con el objetivo de preservar una sólida posición de caja en la coyuntura actual. El desembolso de la totalidad de los recursos asociados a la línea crédito contingente de financiamiento fue contratado con Scotiabank, con US$430 millones y Mizuho Bank, con US$235 millones. La empresa además suscribió un contrato de financiamiento de corto plazo por US$410 millones. Es importante explicar que esta nueva deuda de Ecopetrol es respaldada por el Estado colombiano, por tanto suma, como entidad descentralizada, a la deuda pública externa nacional.

La distribución del ingreso nacional es la fase necesaria del proceso económico en cuanto relaciona la producción con el consumo

Para el año 2019, en Colombia la estructura relativa de distribución de los ingresos primarios entre las diferentes posiciones ocupacionales es la siguiente: i) los dueños del capital, esto es, patrones o empleadores, suman 835.000 personas y representan 3,7 por ciento de la población ocupada según posición ocupacional; por ingresos, su participación en la distribución del Producto Interno Bruto (PIB), a través del excedente de explotación bruto es de 35,3 por ciento; ii) los asalariados (obreros, empleados y jornaleros) representan el 50 por ciento de la fuerza de trabajo ocupada, esto es, 11,3 millones de trabajadores; en conjunto reciben el 34 por ciento del PIB; iii) el Estado, resultado de los impuestos netos a la producción, se queda con el 10,7 por ciento; iv) el ingreso mixto equivale al 20 por ciento del PIB, producto de la adición de las retribuciones a una heterogénea agrupación de trabajadores por cuenta propia y pequeñas empresas familiares donde laboran los propietarios y su núcleo inmediato, sin percibir un salario; estos variopintos trabajadores independientes, informales y microempresarios, que suman 10,5 millones de personas, tienen una participación relativa de 46,3 por ciento en la estructura de la población ocupada, según posición ocupacional.


La quiebra de por lo menos el 20 por ciento de las microempresas y la destrucción de 3,5 millones de puestos de trabajo disminuirá sensiblemente la participación de los ingresos de los asalariados, los cuenta propia y los pequeños propietarios. Los ingresos salariales y el ingreso mixto percibían durante la última década el 54 por ciento del PIB anualmente; por los impactos de la crisis reducirán su participación en más del 6 por ciento del PIB, afectando su capacidad adquisitiva y obligándolos a reducir su nivel de gasto en la satisfacción de las necesidades básicas. La demanda interna desciende en la misma proporción que caen los ingresos y el consumo de la clase trabajadora.

El PIB desde el punto de vista de la demanda final o utilizaciones

Este es igual a la suma de los gastos de consumo personal de los hogares capitalistas (Ck), el consumo de los hogares de los asalariados (Cw), inversión privada interna bruta (I), compras gubernamentales (G) y exportaciones netas (Xn=exportaciones-importaciones). Durante el período 2000-2019, la estructura promedio de la demanda es igual al gasto de consumo final hogares capitalistas y de ingreso mixto (34,3%), gasto de consumo final hogares de los trabajadores asalariados (33,4%), gasto de consumo final del gobierno general (14,7%), formación bruta de capital (21,1%) y exportaciones netas (-3,5%). En 2019, se destacó el crecimiento de la demanda interna que tuvo resultado de 4,5 por ciento lo que implica 1,1 por ciento más que en 2018 y explicó el crecimiento de la economía global colombiana en 3,3 por ciento.


En relación con el año 2019, para 2020 el PIB colombiano se reducirá en una cifra cercana al 6 por ciento debido a los impactos ocasionados por la tenaza “crac-pandemia’. La caída neta del PIB es de 2,5 por ciento, pudiendo alcanzar un -4 por ciento dependiendo de la duración de la crisis y el daño ocasionado al aparato productivo y el empleo. El país no contará con la demanda de consumo de un alto número de trabajadores asalariados e informales, menos aún con las remesas de los connacionales que laboran en países extranjeros. La Covid-19 le asestará un duro golpe a las familias cuyos ingresos dependen en buena medida del dinero que reciben del exterior vía remesas; cálculos preliminares de la Asociación Bancaria (Asobancaria) apuntan a que por cuenta de la pandemia dichos giros caerán entre 30 y 45 por ciento. Así las cosas, las remesas, que el año pasado alcanzaron una cifra récord cercana a los 6.744 millones de dólares, según el Banco de la República, tendrán una caída de entre 2.023 y 3.034 millones de dólares este año, respectivamente. En su mayoría esos recursos provienen de Estados Unidos y España, países que afrontan una severa destrucción de puestos de trabajo. Según información publicada por The Wall Street Journal, “los empleadores eliminaron 701.000 empleos en marzo, el comienzo de un colapso del mercado laboral que podría llevar a la tasa de desempleo de Estados Unidos a niveles récord“. En cuanto a España, el FMI prevé un histórico desplome este año de la economía del 8 por ciento y un desempleo del 20,8 por ciento por el coronavirus. Se estima que el 50 por ciento de los 5 millones de connacionales residentes en el exterior viven en esos dos países.


De otra parte, la inversión nacional y extranjera se desplomará, el faltante de la hacienda pública limitará el gasto del Gobierno (compensado con mayor endeudamiento) y el déficit comercial continuará sus resultados crónicos en más de 8.000 millones de dólares anuales (Gráfico 4).

 

 

Deuda externa y desvalorización de la moneda colombiana

Entre las mayores economías de la región, los países más afectados por la depreciación de su moneda desde que comenzó la propagación del Covid-19 son Brasil, Chile, México, Argentina, Perú y Colombia. Las caídas se aceleran ante la fuga de capitales a destinos más seguros por la incertidumbre financiera que genera la enfermedad. Como el dólar es el principal refugio de la economía mundial, las monedas latinoamericanas han perdido valor en la medida que empeoran las perspectivas económicas. Dado que la región es exportadora principalmente de hidrocarburos y materias primas, al bajar la demanda del petróleo y commodities de bajo valor agregado, aumenta la incertidumbre sobre su futuro económico. Es por eso que grandes inversores prefieren refugiar sus capitales en el dólar, particularmente en los bonos del Tesoro de Estados Unidos, ante los negativos pronósticos de crecimiento económico a nivel mundial y regional.


Consecuencia de los choques internacionales y a dinámicas interiores, el peso colombiano ha sido la moneda que más ha perdido valor en el mundo desde finales de 2012, con una depreciación de 40 por ciento. La devaluación intensa del peso refleja las características de inserción dependiente y subordinada de Colombia en el sistema monetario internacional, en un contexto de globalización financiera.


Una de las causas de la elevada volatilidad cambiaria se explica por el excesivo endeudamiento en dólares por parte del Estado, las corporaciones financieras y las grandes empresas del sector privado en los mercados de bonos. Del 42,7 por ciento del PIB que el Banco de la República registró en diciembre del 2019, la deuda externa de Colombia subió ahora, en el reporte de enero, a 49,8 por ciento del PIB. Con esta cifra el país se acerca (a solo un 0,2 %) a una obligación del 50 por ciento del PIB, barrera que empieza a ser preocupante en un país emergente, en el que el crecimiento de la economía no es viable. En términos generales, existe un límite del 90 por ciento del PIB que los economistas consideran una amenaza al crecimiento económico sostenible. Los gobiernos tienden a endeudarse estimando que su crecimiento económico será superior al pago de los intereses de la deuda; pero si el dólar se dispara, es posible que un determinado país ni siquiera pueda cubrir el pago de los intereses, entonces el nivel de deuda se vuelve impagable.


En dinero contante y sonante, la deuda externa llegó en enero de 2020 a 140.060 millones de dólares. Entre deuda de corto y largo plazo, el sector público tiene el 26,8 por ciento del PIB, es decir, 75.363 millones de dólares; mientras que sobre el sector privado recae el 23 por ciento del PIB: 64.697 millones de dólares (Gráfico 5). Este es el nivel más alto de endeudamiento como porcentaje del PIB desde 1995 si se revisan por porcentajes anualizados; en ese año el monto fue de US$26.341 millones, es decir, 24,2 por ciento del PIB.

 

 


Si lo trasladamos a la moneda nacional, con un valor de la divisa estadounidense de 4.000 pesos, la suma sobrepasa los 560 billones de pesos, es decir, es más de la mitad de todo lo que cuesta el actual plan de desarrollo del cuatrienio del presidente Iván Duque ($1.100 billones de pesos). Por todo lo anterior, el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, afirmó que ante la doble crisis que asfixia la economía nacional “No hay más remedio que elevar la deuda”.


Es necesario tener en cuenta que una cosa es la deuda externa contraída por el Estado (Central y territorial), las corporaciones financieras y las grandes empresas del sector privado y otra bien diferente es el total de deuda pública del sector público colombiano (a la deuda pública externa se suma la deuda pública interna contraída con las entidades financieras nacionales). El total de la deuda pública del sector público colombiano (externa e interna) suma 577,1 billones de pesos, equivalente al 59 por ciento del PIB. El Gobierno Central adeuda 469 billones de pesos (47,9% del PIB); las entidades descentralizadas 59,1 billones de pesos (6% del PIB) y el nivel territorial 49 billones (5,1% del PIB).


Hipotecando el futuro de los colombianos. La administración Duque es consciente que debe ampliar irremediablemente la deuda pública, considerando que el crecimiento económico, el empleo y los ingresos por la vía de los impuestos ya no serán ni parecidos a lo estimado hasta antes de la cuarentena. Las medidas de aislamiento social para contener la propagación del Covid-19 y los bajos precios del petróleo, están deteriorando las cuentas fiscales de Colombia, al reducir los ingresos tributarios y aumentar las necesidades de gasto público. De ese modo, estiman que el déficit para 2020 aumentará desde 2,2% del PIB a un rango entre 4,2 y 6 por ciento del PIB, el cual incluiría un gasto contracíclico de entre $15 y $20 billones. La situación de la economía colombiana obligó al Gobierno a hablar de una nueva reforma tributaria y un mayor endeudamiento externo que le permitan al país conservar el amenazado grado de inversión y poder honrar las ayudas al sector privado y a varios segmentos vulnerables de la población afectados por la apremiante situación causada por la tenaza “crac-pandemia”.

Crisis y asistencialismo social

El Ministro de Hacienda Carrasquilla señaló que “Estamos revisando los números y falta mucho para poder tener una cifra precisa. Lo cierto es que, con la caída de la actividad económica, vamos a recaudar menos impuestos, al tiempo que nuestro país requiere –y el Gobierno está implementando– medidas que elevan el gasto público. Por ejemplo, se requieren unos $ 7 billones para enfrentar los desafíos en salud pública, otros $ 2 billones para ayudar a la población más vulnerable. En total, estamos comprometiendo más de $ 15 billones. Debido a que la actividad económica está muy resentida, el recaudo será inferior a los $158 billones que teníamos estimado en el plan financiero”, indicó Carrasquilla en entrevista reciente con el diario El Tiempo; el estimativo en la disminución del recaudo, hasta ahora, es de 10 billones de pesos, pero la situación es cambiante y depende de la duración y cómo transcurran los hechos de la pandemia.


Ante esta compleja situación, actualmente, la administración Duque coordina las acciones requeridas para acceder a nuevos empréstitos internacionales. El Gobierno central y el Banco emisor buscan oxigenar el sistema financiero y compensar la reducción de ingresos. Los nuevos créditos solicitados suman 14.000 millones de dólares: al FMI se le pidió un crédito por 11.000 millones de dólares (lo tramita el Banco de la República, que es el único que puede) y otro por 3.000 millones de dólares que lo solicitó el Gobierno a las bancas multilaterales (Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y el CAF –Banco de Desarrollo de América Latina). De acuerdo con el Ministerio de Hacienda, los 3.000 millones de dólares atenderán necesidades presupuestales y de la emergencia. Y los 11.000 millones de dólares son para que el emisor pueda dotar de liquidez a todo el sistema financiero en general y tener recursos líquidos si se llegan a requerir.

Gris panorama y reto de cambio

En resumen, la economía colombiana enfrentará un periodo desafiante, con un empeoramiento del déficit de cuenta corriente, un aumento del déficit fiscal, una desaceleración de la actividad económica, un mayor desempleo, incremento de los índices de pobreza y desigualdad, amplificación de los conflictos sociales y, finalmente, un deterioro de la calificación crediticia del país y, tal vez, la pérdida de su grado de inversión. En este escenario, es inevitable un ajuste estructural en la matriz de crecimiento y en el modelo de desarrollo, junto con un paquete de reformas de ajuste económico y social (reforma tributaria, privatizaciones, reforma pensional, reforma laboral) enfocadas en controlar el gasto del Gobierno y redistribuir las cargas sociales y tributarias.


En el ambiente ronda de manera muy fuerte la posibilidad de una reforma tributaria estructural para hacerle frente a la pandemia. Frente a la pregunta planteada al presidente Duque por un periodista de la Emisora Atlántico, Barranquilla, el 15 de abril ¿Qué piensa usted con respecto a eso?» el Mandatario respondió: “Este no es momento para adentrarse en reformas tributarias, porque justamente en estas circunstancias, cuando se le afectan los ingresos a las familias, cuando se le afecta los ingresos a las Mipyme, en este momento pensar en cómo nosotros aumentamos los ingresos por vía tributaria no solamente es inconveniente, sino que es inviable”. El gobernante agregó: “Es, sin lugar a dudas, esta, una crisis que va a golpear a muchas economías. Muchos países hemos tenido también que aumentar nuestra deuda”. Pero esta afirmación no despeja las inquietudes sobre las reformas antipopulares que se ven venir; Duque ha mostrado ser un mandatario mendaz en cuanto a lo que promete.


Esta es una situación crítica para el país nacional, para evitar lo cual requiere de un cambio profundo en su economía política. No obstante, las causas y los impactos de la tenaza ‘crac-pandemia’ ponen en evidencia que la crisis económica y el azote del virus trascienden a los viejos Estado-Nación. La transformación social debe hacer consciencia que el cambio radical, el surgimiento de nuevas relaciones sociales, solo es posible como resultado de la existencia de un movimiento social global que utilice su capital social y experiencias de lucha acumulados y las plataformas tecnologías que provee la cuarta revolución industrial y las Tics de quinta generación para impulsar un proyecto político en defensa de la especie humana, la dignidad propia de su naturaleza social y universal, en un contexto institucional de democracia radical.

 


Recuadro


Decretos para hacer frente a la tenaza “crac-pandemia”


El Gobierno ha anunciando, a través de un torrente de decretos sin tregua (ver diagrama: decretos para hacer frente al Covid-19), las primeras medidas económicas y sociales para enfrentar los impactos de la etapa de contención de la epidemia, para lo cual dispuso de cerca de 15 billones de pesos, recursos que salen del ahorro del público (Fondo de Ahorro y Estabilización y del Fondo de pensiones territoriales, Fonpet, así como de ahorros petroleros sin reconocer intereses). Este acopió de recursos para enfrentar la tenaza “crac-pandemia” equivale a 1,4 por ciento del PIB.


Comparativamente no es un esfuerzo significativo, lo que deja al desnudo la mezquindad que caracteriza a la clase dirigente colombiana: el gobierno de Estados Unidos gastará 10 por ciento del PIB para combatir el coronavirus, mientras que Alemania destinará 20 por ciento de su producto para contenerlo y reactivar su economía, incluso Perú está destinando el 12 por ciento de su PIB para combatir la crisis.


De acuerdo con una encuesta realizada en abril de 2020 por Acopi entre sus afiliados, por lo menos el 20 por ciento de las empresas se verán obligadas a cerrar debido a situaciones de insolvencia o quiebra. En resumen, en un escenario moderado 3,5 millones de puestos de trabajo se encuentran en alto riesgo; de llegar a destruirse dispararían la tasa de desempleo nacional al 26,3 por ciento (6,5 millones de personas) respecto a la población económica activa (25,1 millones de personas). Ante esta posible catástrofe social, el Gobierno ha implementado una política de emergencia; las decisiones adoptadas son: i) retención de 10% para salarios de empleados públicos que devenguen entre $10 y $15 millones, durante cuatro meses (en promedio, la burocracia y las fuerzas armadas devengan ingresos superiores a los 5 SML); ii) financiamiento de las nóminas de las pymes para trabajadores con sueldos equivalente hasta 5 salarios mínimos, durante tres meses; el único requisito financiero que exigirán las entidades bancarias para obtener estos beneficios es que las ventas anuales de las empresas no superen los $52.000 millones; iii) congelamiento por tres meses de los aportes a pensiones tanto para empresas como a empleados.


Estas medidas son calificadas de insuficientes y anodinas. Comenta críticamente Rosmery Quintero, presidenta de Acopi, que el “plan fiscal de retención del empleo” está basado en créditos y no en subsidios; estos préstamos posteriormente tendrán que devolverse, lo que hará que muchas pequeñas empresas, que no son tan solventes, no puedan ser beneficiadas, quedando así sin poder continuar con su actividad económica. De acuerdo con las Cámaras de Comercio, 58 por ciento de las empresas solo pueden sostener la nómina actual hasta un máximo de 4 semanas por faltante de efectivo.


De otra parte, las políticas sociales del gobierno Duque, recién implementadas para enfrentar la crisis, se fundamentan en un enfoque asistencialista. A través del programa “ingreso solidario” se busca entregar un auxilio de $160.000 mensuales a tres millones de familias en situación de extrema vulnerabilidad por causa de la emergencia provocada por el coronavirus. Esta ayuda solo cubrirá un 40 por ciento de los hogares que requieren de ayuda, esto es, los que se encuentran en pobreza crónica o recién han ingresado por causa de la doble crisis que afronta el país durante 2020.


Además de los decretos incluidos en el cuadro, en momentos previos a finalizar el diseño de la presente edición, fueron promulgados o están en debate y elaboración otros tres decretos:


Decreto 538, 13/04/2020. Gobierno obliga a trabajadores de salud a estar disponibles para la emergencia de Covid-19. Los médicos se oponen al mandato; hacen falta equipos de bioseguridad y una remuneración justa, reclaman. Ante el llamado de los trabajadores de la salud y de congresistas, el gobierno nacional cedió y modificará la norma.


El Gobierno anunció la expedición del Decreto 579, 15/04/2020 que, a la luz de la emergencia económica por la pandemia del coronavirus, congelará los precios de los arriendos para los contratos que durante la contingencia tenían previsto un incremento, con la salvedad de que los pagos se deberán continuar haciendo de forma normal. El decreto tiene complejas implicaciones económicas para las partes y el dilema que ello representa. Mientras que en el país hay 5,6 millones de hogares que viven en arriendo, equivalente a 15 millones de personas, en el otro lado de la ecuación están los miles de propietarios cuyo único sustento es la renta que reciben de sus inmuebles. La vaguedad del Decreto 579 ha generado malestar y conflicto social teniendo en cuenta el antagonismo de intereses en juego.


Así mismo, el presidente Iván Duque anunció el miércoles 8 de abril en su programa de la noche que el gobierno apoyaría decididamente a los micro, pequeños y medianos empresarios del país afectados por las medidas de aislamiento social para que mantengan el empleo y puedan pagar sus nóminas. Dio a entender que subsidiaría durante tres meses el pago de las nóminas, pero al siguiente día reculó en su opinión o dictamen. La medida se encogió drásticamente; ahora el presidente Duque se limitó a decir que el gobierno aumentará al 90% por ciento el aval para respaldar los préstamos que tramiten las micro, pequeñas y medianas empresas del país para pagar sus nóminas. El problema es que muchas no tienen cómo endeudarse más. En resumen, el gobierno no subsidiará estas nóminas; simplemente avalara los créditos de los micro, pequeños y medianos empresarios que logren obtenerlos a través del sistema financiero.


El Gobierno Nacional reveló durante la noche del martes 14 de abril el decreto 546 del 2020, por medio del cual se permitirá, desde ahora, “la prisión domiciliaria y la detención domiciliaria transitorias en el lugar de residencia a personas que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad frente al COVID-19”. De acuerdo al documento, la medida se toma “para combatir el hacinamiento carcelario y prevenir y mitigar el riesgo de propagación, en el marco del Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica” por el que actualmente atraviesa el país. La medida, según los cálculos iniciales del Ministerio de Justicia, permitiría la salida a sus casas de alrededor de cinco mil personas. Los beneficiarios de la excarcelación serán los mayores de 60 años, madres gestantes y lactantes o con hijo menor (3) años de edad, dentro de los establecimientos penitenciarios, personas que padezcan enfermedades graves o en condición discapacidad, personas condenadas o que se encontraren con medida de aseguramiento de detención preventiva en establecimiento penitenciario y carcelario por delitos culposos; así como quienes hayan sido condenados a penas menores de cinco años y que hayan cumplido el 40 por ciento de la pena. Una medida que no va al núcleo de la problemática carcelaria que vive el país, donde padecen encierro sin haber sido vencidos en juicio más 36.000 sindicados. En resumen, el hacinamiento continuará y el riesgo creciente de un contagio colectivo no será desactivado.


El 15 de abril a la media noche concluyeron las facultades extraordinarias del presidente Iván Duque que le otorgaban el poder de expedir decretos con fuerza de ley durante 30 días (prorrogables). En este último día emitió 30 decretos adicionales, de los cuales resaltamos dos: (1) El Decreto 558 que traslada pensiones de fondos privados a Colpensiones, con el fin de ayudar al sector finaciero que administra los fondos de pensiones (AFP) quitándole los aportantes pobres que no alcanzan a cotizar un salario mínimo para cargarlos al sector público; y el Decreto 568 que fija un impuesto durante tres meses del 10 por ciento a las megapensiones, esto es por encima de los 10 millones mensuales.


En resumen, esta lluvia de decretos da una idea de la concentración de poder real facilitada por la crisis y de la felicidad que tienen de gobernar a través de medidas directas emanadas del Ejecutivo. A la par, es una cortina de humo para esconder los graves problemas del país y evadir la responsabilidad como gobernantes. Los decretos favorecen a la clase política en sus intereses políticos de mediano y largo plazo, así como a los grandes empresarios y banqueros. Las medidas asistencialistas toman en cuenta a una proporción mínima de los excluidos, sin que sean favorecidos a plenitud, y deja por fuera a por lo menos 1.5 millones de familias.


Con todo ello el gobierno nacional y las autoridades territoriales dejan ver durante esta crisis su talante autoritario y sus primeros pinos de ejercicio absolutista y tiránico del poder. Es fácil ser fuerte con los débiles y atacar lo que los medios atacan; pero es sumamente difícil, incluso heroico, enfrentarse a las ideas dominantes y criticar todo aquello que vaya contra la verdad, la justicia y la dignidad humana, señaló recientemente el actual papa de la Iglesia católica. Esta avalancha de decretos son dictados, tras bambalinas, a los gobernantes títeres por quienes realmente ostentan el poder político y económico en Colombia. La postcrisis se presenta como una oportunidad de dinamizar cambios y legitimar otros pensamientos más acordes con la solidaridad y armonía en las relaciones sociales, humanas y con la naturaleza.

 

Periódico suplemento Educación y economía Nº10, pdf interactivo

 

 

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En las sociedades capitalistas, la explotación ha de ser entendida en función de un sistema de producción-distribución-circulación-consumo y de las relaciones con este sistema por parte de la clase trabajadora y de la clase capitalista en su conjunto. Con base en un análisis sistémico, a través de los tres enfoques del PIB –producción, ingresos y demanda– este artículo describe la lógica interna que determina el funcionamiento, dinámica y reproducción clasista del sistema económico colombiano. El presente se examina como consecuencia de acontecimientos anteriores que a su vez condicionan el futuro, es decir, la economía está presente en el devenir histórico. Lo que cuenta para la lucha y estrategia política es el sistema en su conjunto más que lo individual. En consecuencia, es la lógica interna del sistema económico en su complejidad el que ha de ser atacado y superado, más que las injusticias aisladas.

 

 

En 2019, de los 20 países que integran a América Latina 18 presentaron una desaceleración en la tasa de crecimiento de la actividad económica. Esta debilidad generalizada se originó en el menor dinamismo de la demanda interna, acompañado por una baja demanda agregada externa, caída en el precio de las materias primas y mercados financieros internacionales más frágiles. El promedio regional de crecimiento del PIB fue de 0,1 por ciento y la variación del producto interno bruto por habitante fue negativo en 0,9 por ciento.


El panorama macroeconómico reciente muestra una desaceleración tendencial de la actividad económica en los últimos seis años (de 2014 a 2019); caídas del PIB per cápita, la inversión, el consumo per cápita y las exportaciones, y un sostenido deterioro de la calidad del empleo. A este escenario se suman las crecientes demandas sociales y presiones por reducir la desigualdad y aumentar la inclusión social que han detonado con una intensidad inusual en la región (1).


En contraste, la tasa anual de variación del PIB de Colombia para el año 2019 registró un valor positivo de 3,3 por ciento y del ingreso por habitante de 2,4 por ciento (2). La economía mundial como un todo se expandió en 2,9 por ciento. Para el año 2020, las expectativas de crecimiento económico son de 3,3 por ciento a nivel global; 1,3 promedio en América Latina y 3,5 para Colombia.


Un “milagro” es un suceso extraordinario que no puede explicarse por las leyes regulares de la naturaleza o la sociedad; el evento es atribuido a la intervención “Divina”. El “milagro” colombiano se enturbia al observar que la economía crece pero con un elevado costo social: alto desempleo abierto (América Latina: 8,2%; Colombia: 10,5%), concentración del ingreso (medida por el índice de desigualdad Gini, AL: 0,465; Col: 0,497), pobreza (AL: 30,8%; Col: 29,9%), violencia (homicidios por cada 100.000 habitantes, Mundo: 6,1; AL: 21,5; Col: 25), inflación (aumento del índice de precios al consumidor – IPC, AL: 2,4%; Col: 3,8%), deuda pública (% en relación al PIB, AL: 47,4%; Col: 58%), déficit fiscal (% del PIB, AL: -2,8; Col: -2,7), desbalance comercial (relación exportaciones-importaciones en proporción del PIB, AL: -1,4%; Col: -4,3%) y devaluación de la moneda (en 2019 las monedas latinoamericanas se devaluaron un 9,8% y el peso colombiano lo hizo en 11%). La economía colombiana se asemeja a un “gigante con pies de barro”.


Sorprenden las cifras y la pregunta no da espera, ¿cuál es el secreto del éxito económico colombiano? El modelo propuesto por Keynes en 1936, establece que el empleo y el ingreso dependen de la demanda global (DG), esto es, DG= consumo de los hogares de los capitalistas + consumo de los hogares de los trabajadores + la inversión de las empresas + el gasto público + la diferencia entre exportaciones e importaciones. En 2019, se destaca el crecimiento de la demanda interna que tuvo resultado de 4,5% lo que implica 1,1% más que en 2018.


La cultura colombiana, guiada por el principio del “todo vale”, es altamente consumista, individual y clasista. Los hogares de los capitalistas (3,7 por ciento del total de la población ocupada según posición ocupacional) registran una alta propensión al consumo, principalmente de bienes importados, por tanto orientan al gasto una alta proporción del 35,3 por ciento del PIB que concentran anualmente a través del excedente de explotación bruto; los asalariados (obreros y empleados), 11,3 millones, esto es, la mitad del total de la fuerza laboral nacional que suma 22,7 millones de personas, se gastan todo lo que ganan (34% del PIB); los trabajadores por cuenta propia, los empleadores y trabajadores de las pequeñas empresas familiares, los informales y toda clase de rebuscadores representan el 46,3 por ciento de los ocupados y apropian el 20 por ciento de la distribución del PIB (ingreso mixto) y una proporción igual en el consumo familiar. El Estado, resultado de los impuestos netos a la producción, se queda con el 10,7 por ciento del PIB.


Adicionalmente, en el país siempre ha operado una economía subterránea (informal + mafiosa), funcionalmente integrada a la acumulación, el empleo, a los “negocios” en general, al consumo y a las transacciones de dinero en efectivo.


El tamaño de la economía subterránea es equivalente al 40 por ciento del PIB (la integran todas las actividades informales, el contrabando, la corrupción, las actividades especulativas, el lavado de activos, la venta de divisas en los mercados negros, la prostitución, el crimen y la delincuencia organizados, las mafias políticas, tráfico de armamento y el narcotráfico). Así, por ejemplo, desde Colombia se exportan 500 toneladas métricas de cocaína, negocio que le inyecta 3.000 millones de dólares anuales a la demanda interna del país. Es fácil detectar esta economía “paralela u oculta” por los movimientos de activos líquidos. En 2019, la base monetaria, constituída por todo el dinero legal en circulación, aumentó 10,5 por ciento, esto es, 3,2 veces más que el crecimiento en valor del PIB que fue de 3,3.


De otra parte, el aumento de la entrada de remesas al país constituye otro importante factor explicativo del buen desempeño del consumo de los hogares; en 2019 este rubro ascendió a US $6.773 millones de dólares, una cifra histórica que representa una variación anual de 7,1 por ciento más que en 2018, prolongando con ello la expansión que inició en 2015 y que se espera mantener durante 2020. La cifra de emigrantes colombianos (exportación del desempleo y la pobreza) es de 3 millones de personas, esto es, 6 por ciento de la población total. Por cada 10 colombianos que viven en el exterior, siete hacen giros, especialmente para apoyar a sus familiares en la adquisición de los bienes y servicios esenciales de la canasta familiar y en la compra de bienes raíces –su mecanismo de ahorro.


Es una dinámica económica y social que dibuja al país en su real dimensión y características. La estructura social, económica y política contiene las fuerzas que determinan el grado de crecimiento, el nivel de empleo, la distribución de la riqueza, el ingreso y el grado desigual de bienestar. Al contrario de lo señalado por Keynes, los “economistas clásicos (incluído Marx)” demostraron que en el modo capitalista de producción, son los capitalistas, dueños de los medios de producción y del capital financiero, que además controlan la política y las instituciones, quienes determinan las condiciones de producción (qué se produce, cómo y para quién), reproducen constantemente las relaciones de producción (clase dominante y clase trabajadora) y, por lo tanto, las relaciones de distribución del ingreso correspondientes (ganancias, salarios, rentas, impuestos) y las estructuras y dinámicas del consumo y la inversión. En síntesis, los capitalistas o clase dominante tienen el dominio y control sobre la oferta agregada, la distribución del ingreso, la circulación y la demanda agregada. Las injusticias, la violencia, las creencias y las agresiones contribuyen a defender el statu quo y reproducir el sistema económico. Por ello, los fenómenos económicos influyen en los políticos y viceversa; por tanto, la ciencia económica se vincula con la política, la sociología, la psicología, la filosofía, la historia y los ecosistemas.

 

Población y bienestar económico

 

Comenzando el siglo XX, la población colombiana cruzó el umbral de los 40 millones. Pasaron dos décadas y en febrero de 2020, con base en proyecciones del nuevo censo de 2018, el país alcanzó la emblemática cifra de 50 millones de habitantes. El crecimiento demográfico es sostenido desde 1580, cuando la población del Nuevo Reino de Granada estaba integrada apenas por 800.000 indígenas tributarios, 15.000 esclavos negros y 10.000 blancos peninsulares.


El suministro de bienes y servicios para ser distribuido entre las familias del país crece a un ritmo superior al de la población. En precios corrientes, en los últimos 26 años el valor de la producción aumentó 15,8 veces y la población 1,4. El nombre técnico para este flujo de producción es el producto interno bruto (PIB). La relación entre el PIB y la población se conoce como PIB por persona. El PIB per cápita se interpreta como una medida de bienestar económico, asociado a la satisfacción de las necesidades sociales y humanas.

 

El PIB y sus enfoques

 

El PIB es la suma del valor agregado bruto de todas las unidades de producción residentes, más los impuestos, menos las subvenciones sobre los productos no incluida en la valoración de la producción. Se mide desde tres enfoques o flujos: oferta, gasto e ingresos (ver diagrama 1).

 

 

 

PIB, producción y empleo

 

El patrón de división mundial del trabajo en el sistema mundo capitalista se mantiene a pesar de los procesos de independencia y descolonización. No obstante el crecimiento de la producción industrial en muchas áreas de la periferia, el rol principal de estos países en la economía capitalista mundial sigue siendo el de oferentes de productos primarios con poco valor agregado. Las relaciones socio-económicas de dependencia con los estados, mercados, finanzas y las clases dominantes de los países capitalistas centrales son más fuertes que los cambios políticos locales. La descolonización no acabó con la hegemonía, imperialismo o dominio de los más poderosos Estados ni impidió la organización del desarrollo geográfico desigual de forma que beneficiara a los centros de acumulación de capital preexistente.


El sistema económico colombiano depende de los ciclos de la producción, demanda, finanzas y comercio internacional de los principales países capitalistas y, en particular, del precio de las “commodities (Gráfico 1) (3). La economía colombiana depende de la extracción de los recursos minero-energéticos. Las ventas de combustibles y productos de las industrias extractivas participaron con el 55,8 por ciento del total exportado por Colombia al resto del mundo durante 2019. Como consecuencia del escalonamiento de los precios del carbón y el petróleo en los mercados internacionales durante los últimos sesenta años, la economía nacional registra un crecimiento ligeramente superior, de 0,6 por ciento promedio anual en comparación con el desempeño de la economía global: 4,1 por ciento Colombia y 3,5 total mundo. A partir de la crisis global del capitalismo en 2008, el crecimiento económico mundial anual cae a un promedio de 2,4 por ciento y a 3,5 en Colombia.

 

 


Durante los últimos años, el crecimiento económico global disminuye drásticamente. Una característica común del debilitamiento del ímpetu de crecimiento ha sido un notable enfriamiento geográficamente generalizado de la producción industrial. Como resultado de la ralentización de la producción industrial, el crecimiento del comercio internacional prácticamente es nulo. Las desaceleraciones del comercio internacional están vinculadas a la caída del gasto de inversión. Desde el punto de vista de la demanda, teniendo en cuenta el debilitamiento de los fundamentos económicos mundiales, se prevé que los precios de las materias primas prosigan una senda descendente.


Una proyección con antecedentes variables, ya que el precio del petróleo, referencial Brent, alcanzó un máximo de 139 dólares por barril en junio de 2008; a inicios de 2016 se transaba a 36; dos años más tarde, en 2018, volvió a escalar hasta 82,7 y en febrero de 2020 se llegó a comercializar a 53 dólares el barril de hidrocarburo. La producción física nacional también es volátil: en 2015 el país superó la barrera de producción del millón de barriles de petróleo promedio día; en 2017 cayó a un promedio de 854 mil y en 2019 se recuperó la producción a 886 mil; para 2020, según el Ministerio de Minas y Energía, el país podría registrar una producción de 900.000 barriles de crudo por día (bpd), debido al crecimiento de la operación de hidrocarburos, las inversiones de Ecopetrol y las transnacionales petroleras y a la explotación de yacimientos no convencionales (fracking). El propósito del Gobierno es extraer y comercializar hasta la última gota de petróleo proveniente de los yacimientos colombianos, al costo que sea.


Una oscilación que afecta la economía y las finanzas públicas del país, la que para el 2020 proyecta un crecimiento de 3,3 por ciento para el mundo y de 3,5 para el país. Una tasa de crecimiento compuesto del 3 por ciento anual es el mínimo aceptable para las expectativas de ganancias de los empresarios y el funcionamiento de cualquier economía capitalista, una cifra inferior equivale a recesión.


Valga resaltar que los objetivos prioritarios de todo sistema económico son el pleno empleo, la estabilidad de precios, la eficiencia y la eficacia productiva, la distribución equitativa del ingreso, la eliminación de la pobreza y el crecimiento sostenible. De manera reducida, la lógica de los sistemas capitalistas tiene como prioridad generar la máxima ganancia para los empresarios y dueños del capital, mantener la acumulación sostenida, aumentar la producción, la estabilidad de precios y concentrar la riqueza y el ingreso en las clases dominantes. El sistema funciona eficientemente y mantiene un equilibrio dinámico (la oferta agregada es igual a la demanda agregada), sin que importe a los sectores privilegiados la presencia en sus países de un alto nivel de desempleo involuntario, los bajos ingresos de la clase trabajadora, las crónicas y recurrentes crisis humanitarias, los explosivos antagonismos de la lucha de clases producto de la desigualdad socio-económica, la indigencia colectiva y la destrucción ambiental.


En esta dinámica del sistema capitalista, el desempleo resalta como uno de los crecientes problemas de la sociedad colombiana. Durante los años 1950-1965 su tasa promedio anual fue de 3,9 por ciento (relación entre el número de desempleados y la población económicamente activa). Durante 1966 a 1995 el promedio de trabajadores excluidos del mercado laboral aumentó a 10,5 por ciento. Entre 1996-2020 los desempleados representan en promedio el 12,2 por ciento de la fuerza laboral.


El desempleo consolidado de 2019 fue de 10,5 por ciento, en el mismo periodo de 2018 fue de 9,5. La cifra de la población ocupada en 2019 alcanzó 22,2 millones de personas; en el acumulado del último año se registró una destrucción de 170.000 puestos de trabajo. La población desempleada sumó 2,6 millones, creció en 209.000 personas respecto a 2018, y la inactiva 14,4 millones de personas, subió en más de 455.000 (Gráfico 2). Una realidad que afecta a las mayorías pero que de manera contradictoria beneficia a los propietarios de los medios de producción, toda vez que el desempleo les permite pagar salarios bajos y aumentar la tasa de ganancia. Además, disciplina la fuerza de trabajo y desalienta la organización y lucha de la clase trabajadora. Es una realidad que favorece la acumulación de capital, resultado del afán de ganancia, la misma que es el factor fundamental que impulsa la actividad productiva mediante la explotación del trabajo. La competencia siempre es desigual y su manifestación en la actividad productiva tiende a favorecer la concentración y centralización del capital, de la riqueza y del ingreso. Si bien la economía del país ha crecido, el ingreso y la riqueza sigue concentrados en el reducido pero poderoso sector dominante de la sociedad; este es un rasgo que históricamente ha sido común en Colombia (Gráfico 2).


El gobierno trata de paliar el desempleo con medidas monetarias (tasas de interés bajas y oferta de crédito subsidiado), fiscales (aumento del gasto público y reducción de impuestos a los capitalistas) y cambiarias (devaluar para estimular las exportaciones). Pero las causas del desempleo son más profundas y estructurales: i) una economía primaria dependiente de actividades extractivas no genera encadenamientos productivos, ni valor agregado, ni puestos de trabajo suficientes para absorber el crecimiento de la mano de obra; ii) las revoluciones industriales que conducen al cambio tecnológico, a la automatización de los procesos productivos y a elevar la productividad del trabajo desplaza a los trabajadores a un ritmo mayor al que pueden ser ocupados por la expansión económica; iii) el país no produce bienes de capital de alta tecnología, estos deben ser importados; por tanto, el cambio tecnológico no genera clúster productivos ni aumenta suficientemente el empleo tecnificado; iv) el tránsito hacia economías fundamentadas en el sector terciario destruye las ocupaciones no especializadas en los sectores primario y secundario; iv) los incrementos salariales por encima del aumento de la productividad se traducen en inercias inflacionistas, sustitución tecnológica de mano de obra y reducción laboral en las pequeñas y medianas empresas. Además, el sistema económico colombiano se halla atrapado en una contradicción estructural entre las incontenibles fuerzas de producción y las menores capacidades de consumo de la clase trabajadora que los bajos salarios, el desempleo, la pobreza y desigual distribución del ingreso hace inevitable.


Sin embargo, el sistema económico colombiano genera una rápida expansión de la producción, muy por encima del crecimiento demográfico. En el período 1994-2019 el tamaño de la población crece 1,4 veces, el PIB aumenta 15,8 veces y el ingreso por persona (precios corrientes) 11,6 veces (Gráfico 3). Debido a este crecimiento, en adición al ingreso reciente al club de países ricos, la Ocde, Colombia fue excluída recientemente, en febrero de 2020, del grupo considerado de “economías en desarrollo” con lo cual pierde las preferencias especiales que la Organización Mundial del Comercio –OMC– otorga a esta categoría de sociedades: ayudas para reducir la pobreza, generar empleo e integrarse al sistema de comercio mundial. Según el Dane, en pesos corrientes el tamaño del PIB de Colombia en 2019 sobrepasó el umbral de los 1.000 billones de pesos, con lo cual, el PIB per cápita subió de 20,4 millones en 2018 a 21,3 millones de pesos en 2019.

 

 


La pequeña proporción de trabajadores formales y organizados (menos del 5 por ciento de los ocupados están sindicalizados) tienen la capacidad de negociar corporativamente para que sus salarios no pierdan poder adquisitivo. Los aumentos anuales en el SML van correlacionados con el incremento en el índice de precios (Gráfico 4).

 

 


Además, la política macroeconómica privilegia la estabilidad de precios sobre cualquier otra prioridad, conducta esperable en toda economía financiarizada que protege el valor adquisitivo del dinero y potencia el poder rentístico del capital financiero. En Colombia las tasas de inflación han caído en los últimos 35 años de cifras superiores al 20 por ciento a niveles que giran actualmente entre el 3 y el 4 por ciento anual.


En este contexto, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad de Vida (Dane) del año 2018, el 37,3 por ciento de los hogares expresa que los ingresos familiares no les alcanza para cubrir el gasto requerido para satisfacer sus necesidades primarias; otro 52,3 por ciento cubre escasamente los gastos básicos del hogar y únicamente el 10,4 de los hogares ricos tiene la capacidad de solventar con opulencia sus deseos de consumo y, además, ahorrar e invertir.


El 85,7 por ciento de la población ocupada obtiene ingresos por debajo de dos salarios mínimos legales (SML); el 5,7 por ciento de los trabajadores (1,3 millones de personas) devenga un SML y el 47 obtiene ingresos inferiores a un SML. El precio de la canasta básica familiar equivale a 4,3 SML. El 34,8 por ciento de los hogares colombianos considera que vive bajo condiciones de pobreza debido a los bajos e insuficientes ingresos.


El PIB bajo el enfoque de oferta, empleo y productividad

 

El PIB representa el resultado final de la actividad productiva de las unidades de producción residentes. La teoría económica tiende a dividir el mundo en tres sectores económicos: extracción, manufactura y servicios. El PIB anual de Colombia bajo el enfoque oferta por sectores muestra un acelerado y desproporcionado crecimiento del sector terciario, o de servicios, que engloba las actividades relacionadas con los servicios no productores o transformadores de bienes materiales. Incluye subsectores como comercio, comunicaciones, finanzas, turismo, hotelería, restaurantes, cultura, la administración pública, fuerzas armadas y policía, y los denominados servicios públicos (salud, educación, programas sociales), entre otros.


La sociedad colombiana cambia cada día más la producción real, agricultura e industria, por los “negocios” de todo tipo, en abstracto y en general; todo lo que contribuya a acumular dinero, poder y fama es lo único que cuenta. En una sociedad donde todo se vende y se compra, y las personas son considerado un simple medio para ganar dinero, los derechos humanos son un discurso vacuo y huero.


Durante lo corrido del siglo XXI el sector terciario aumentó su participación relativa en la economía nacional de 55,9 a 64 por ciento (gráficos 5 y 6). El sector primario se limita a obtener de manera directa los “recursos de la naturaleza”, comprende las actividades productivas de la extracción minero-energética, la obtención de materias primas y los alimentos no procesados; su evolución en la estructura productiva es decreciente: de 14,8 por ciento en 2001 a 12,4 por ciento en 2019. El sector secundario corresponde al que transforma la materia prima en productos de consumo elaborados o en medios de producción, y el mismo comprende la manufactura, la industria, la construcción y la obtención de energía; en Colombia, este sector registra una rápida pérdida de importancia relativa en la generación del PIB: 29,3 por ciento en 2001 y 23,7 por ciento en 2019.

 


En el país ocho de cada diez empleos se generan en los sectores primario y terciario de la economía (gráficos 7 y 8). De acuerdo con la matriz de empleo nacional, el 63,3 por ciento de los puestos de trabajo corresponden al sector terciario; 19,9 por ciento de la población ocupada hace parte del sector secundario y el sector primario provee 16,9 por ciento de las ocupaciones.


La relación entre el valor de la producción y número de empleos por sector permite estimar la evolución de la productividad, la cual está relacionada con la organización empresarial, el equipo, la técnica, la infraestructura pública, el nivel educativo y el grado de formación y destreza de la fuerza de trabajo. La productividad de la economía nacional aumenta 2,4 veces durante el período 2001-2019 (Gráfico 9). Durante las dos últimas décadas, la misma crece 2,7 veces en el sector primario (a causa de los elevados precios obtenidos por la producción y comercialización minero-energética); el sector secundario es el de menor crecimiento en la productividad: 1,7 veces (la desindustrialización combina la pérdida de competitividad nacional con las importaciones de mejor calidad y menor precio que desplazan a la producción local, destruye empresas, elimina puestos de trabajo y, a la vez, promueve el comercio, el contrabando y el transporte); por su parte el incremento de la productividad en el sector terciario es de 2,6 veces.


En particular, el sistema económico colombiano se encuentra en proceso de financiarización a partir de los años 1970; el liderazgo del capital financiero se expresa en un rápido cambio tecnológico (Fintech), acumulación de activos, ganancias extraordinarias, concentración del ingreso, mayor incidencia y poder político e internacionalización. Según la Superintendencia Financiera, a noviembre de 2019, los activos del sistema financiero colombiano ascendieron a $2.013 billones, con un crecimiento anual de 13,6 por ciento; las utilidades del sector fueron de $84,5 billones para igual año.


Según los resultados del Dane, desde el punto de vista de la oferta, el crecimiento del PIB de 3,3 por ciento en 2019 se explica principalmente por el aumento del sector terciario de 3,9 por ciento. En particular, las actividades financieras crecieron en 5,7 por ciento en términos reales; el comercio aumentó 4,9 por ciento; y la administración pública y defensa, seguridad social y servicios sociales crecieron 4,9 por ciento. En contraste, el sector primario creció apenas el 2 por ciento y el secundario 1 por ciento (la construcción cayó 1,3 por ciento).

 

El PIB bajo el enfoque de flujos de ingresos

 

La distribución del ingreso nacional es la fase necesaria del proceso económico en cuanto relaciona la producción con el consumo. El capitalismo determina el carácter y la forma de la distribución. En el proceso de distribución del ingreso nacional, los capitalistas se apropian de la mayor parte como consecuencia del poder que les confiere la propiedad privada sobre los medios de producción, de las políticas macroeconómicas que el Estado implementa a su favor y de la débil fuerza negociadora de la clase trabajadora.


La distribución del ingreso y la riqueza en sociedades complejas es sin duda una de las fuentes más frecuentes de conflicto de intereses y de tensiones derivadas de la estratificación social y de las instituciones organizadas según criterios clasistas.


Desde el punto de vista de los ingresos el PIB es igual a la suma de los ingresos primarios distribuidos por las unidades de producción residentes; esto es:

PIB = Remuneración de los asalariados + impuestos menos subvenciones a la producción y las importaciones + Excedente bruto de explotación + Ingreso mixto.

Para el año 2019, la estructura relativa de distribución de los ingresos primarios entre las diferentes posiciones ocupacionales es la siguiente: i) los dueños del capital, esto es, patrones o empleadores, suman 835.000 personas y representan 3,7 por ciento de la población ocupada según posición ocupacional; por ingresos, su participación en la distribución del Producto Interno Bruto (PIB), a través del excedente de explotación bruto, es de 35,3 por ciento; ii) los asalariados (obreros, empleados y jornaleros) representan el 50 por ciento de la fuerza de trabajo ocupada, esto es, 11,3 millones de trabajadores; en conjunto reciben el 34 por ciento del PIB; iii) el Estado, resultado de los impuestos netos a la producción, se queda con el 10,7 por ciento; iv) el ingreso mixto equivale al 20 por ciento del PIB, producto de la adición de las retribuciones a una heterogénea agrupación de trabajadores por cuenta propia y pequeñas empresas familiares donde laboran los propietarios y sus familias, sin percibir un salario (por ello el saldo incluye una parte de remuneración al factor trabajo); estos variopintos trabajadores independientes, informales y microempresarios, que suman 10,5 millones de personas, tienen una participación relativa de 46,3 por ciento en la estructura de la población ocupada, según posición ocupacional.


Al analizar el PIB por el lado de los ingresos, durante el periodo 1994-2019, en promedio (gráficos 10 y 11), la principal participación la tuvo el Excedente de explotación bruto (4) e ingreso mixto bruto con 55,3 por ciento, seguida por la Remuneración a los asalariados (34,0%) (5) y los impuestos menos subvenciones sobre la producción y las importaciones (10,7%).

 


Durante los 26 años analizados, los empresarios, patrones y empleadores tienden a mantener constante su participación en el PIB (55,2%), si bien en los años 2000 a 2004 alcanzaron un máximo de 57 por ciento. Al contrario, los asalariados perdieron 1,7 puntos porcentuales al pasar de 35 por ciento del PIB en 1994 a 33,3 por ciento en 2019. El Estado ganó participación en el PIB de 1,8 puntos porcentuales al apropiar 11,5 por ciento del mismo en 2019 frente al 9,7 en 1994. Tanto el financiamiento de los gastos colectivos como la descarga del peso de las crisis sobre las espaldas de los trabajadores en beneficio del gran capital y la clase política dominante es algo que está en la agenda de los partidos de derecha y de la clase capitalista desde hace tiempo.

 

PIB enfoque de flujos de gasto

 

El consumo es la utilización del producto social para satisfacer tanto las necesidades de la producción como las necesidades personales de los individuos pertenecientes a las diferentes clases sociales. El nexo entre la producción y el consumo se halla condicionado por la acción de las leyes económicas del modo de producción capitalista. Los eslabones de enlace entre la producción y el consumo son la distribución del ingreso y la circulación. Según la teoría general del empleo keynesiana, en equilibrio, el volumen de empleo de los factores productivos depende, de una parte, de la función de oferta global y, de otra, de la propensión marginal al consumo (mide cuánto se incrementa el consumo de una persona cuando se incrementa su ingreso disponible) y del volumen de inversión.


El PIB desde el punto de vista de la demanda final o utilizaciones es igual a la suma de las utilizaciones finales de bienes y servicios medidas a precio comprador, menos las importaciones de bienes y servicios. En consecuencia, el PIB es la suma de los gastos de consumo personal de los hogares capitalistas (Ck), el consumo de los hogares de los asalariados (Cw), inversión privada interna bruta (I), compras gubernamentales (G) y exportaciones netas (Xn=exportaciones-importaciones):

PIB= Ck + Cw + I + G + Xn

En la economía existe una interacción dinámica entre estos cinco flujos de producción final (gráficos 12 y 13).

 


Durante el período 2000-2019, la estructura promedio de la demanda es igual al gasto de consumo final hogares capitalistas y de ingreso mixto (34,3%), gasto de consumo final hogares de los trabajadores asalariados (33,4%), gasto de consumo final del gobierno general (14,7%), formación bruta de capital (21,1%) y exportaciones netas (-3,5%).


El gasto de consumo final de los hogares, capitalistas y trabajadores, es el que más contribuye al crecimiento agregado; en promedio aporta el 67,7 por ciento. Si bien los hogares ricos representan sólo el 10 por ciento del total de hogares, en conjunto tienen una capacidad de consumo agregado equivalente al ingreso disponible de toda la fuerza laboral asalariada de Colombia.


El análisis de las dos últimas décadas muestra cambios estructurales del PIB desde el enfoque de flujos de gasto: i) la formación bruta de capital gana 9,3 puntos porcentuales al aumentar de 14,9 por ciento en el año 2000 a 24,2 por ciento en 2019; ii) el consumo final de los hogares pierde participación relativa: los capitalistas -0,6 y los asalariados -0,9; iii) el gasto de consumo final del gobierno general cae en 2,1 puntos porcentuales; iv) las exportaciones netas caen en 5,8 puntos porcentuales (gráfico 14).

En el último año, el consumo privado ha registrado una extraordinaria dinámica, exhibiendo una tasa de expansión cercana a 4,5 por ciento real, superior a 3,6 por ciento observado en 2018, y al crecimiento del PIB de 3,3 en 2019. Seis son los factores que explican la aceleración del gasto de consumo final de los hogares:

 

I) La mayor demanda de la población migrante (el flujo de migrantes venezolanos es continuo y creciente, para fines de 2019 se estimaba una población de 2,5 millones de venezolanos viviendo en Colombia);
II) El aumento de la entrada de remesas al país constituye otro importante factor explicativo del buen desempeño del consumo de los hogares; en 2019 este rubro ascendió a US$6.773 millones de dólares, una cifra histórica que representa una variación anual de 7,1 por ciento más que en 2018, prolongando con ello la expansión que inició en 2015 y que se espera mantener durante 2020. La cifra de colombianos viviendo y trabajando en el extranjero es de 3 millones de personas, esto es, 6 por ciento de la población total; según una investigación de la Universidad Nacional, por cada 10 colombianos que viven en el exterior, siete hacen giros, especialmente para apoyar a sus familiares en la adquisición de bienes y servicios básicos de la canasta familiar y en la compra de bienes raíces. Según estudios de la Cepal, las remesas permiten disminuir la pobreza en la población global colombiana en 0,2 puntos porcentuales, pero focalizada en los hogares receptores de remesas reduce la pobreza en 10,1 puntos porcentuales;
III) La estabilidad de precios y las expectativas de inflación ancladas al rango meta del Banco de la República han permitido mantener, y en algunos casos incrementar, el poder adquisitivo de los hogares colombianos;
IV) El incremento real del salario mínimo, pactado en los últimos años por encima del IPC y de los criterios técnicos de productividad ha permitido aumentar el consumo de los trabajadores asalariados;
V) La concentración del ingreso y la riqueza genera una alta propensión al consumo por parte de los hogares adinerados, a la vez que promueve una intensa demanda efectiva en las actividades del turismo, restaurantes, hoteles, viajes, inversiones especulativas en el negocio inmobiliario, vestuario, autos de alta gama, etc.; además, la concentración del ingreso en los hogares capitalistas transforma la estructura del consumo final, así, por ejemplo, en lo corrido del siglo XXI las cuentas de los subsectores “Recreación, cultura, restaurantes, hoteles, bienes y servicios diversos” incrementan su participación relativa de 25 a 29 por ciento (Gráfico 16). El consumo final de los hogares no es sólo función del ingreso, sino también de la riqueza (y en particular de la riqueza más liquida) y de las expectativas futuras de rentas.

VI) En el país siempre ha operado una economía subterránea (informal + mafiosa), funcionalmente integrada a la acumulación, el empleo, a los “negocios”, a la oferta, al consumo y a las demandas de efectivo. Esta economía subterránea hace alusión a la naturaleza en principio oculta de las actividades económicas que eluden los controles institucionales, fiscales y legales; en otras palabras, es aquella porción de la economía que se instala en la sociedad al margen del mercado formal y de los marcos institucionales, pero que interactúa sinérgicamente, complementaria y competitiva, con la economía formal, esto es, visible, registrada y legal. El tamaño de La economía subterránea es equivalente al 40 por ciento del PIB (la integran todas las actividades informales, el contrabando, la corrupción, las actividades especulativas, el lavado de activos, la compraventa de divisas en el mercado negro, la prostitución, las mafias políticas, el crimen y la delincuencia organizados y el narcotráfico). Es relativamente fácil detectar y estimar el valor de esta economía “paralela u oculta” por los movimientos de activos líquidos y transacciones en efectivo ¡el dinero siempre deja huellas!

Según los resultados de Dane, desde el enfoque del gasto, el crecimiento del PIB de 3,3 por ciento en el año 2019 se explica por Gasto en consumo final que crece 4,6%; Formación bruta de capital: 4,3%; y en Comercio exterior: las exportaciones crecen 3,1% y las importaciones 9,2%.
De otra parte, las ventas al exterior se mantienen bajas, mientras que el ritmo de importaciones continúa reflejando tasas aceleradas de crecimiento relativo desde el año 2018. Para el 2019 las exportaciones sumaron 39.502 millones de dólares FOB y las importaciones registraron un valor total de 50.604 millones de dólares. Desbalance negativo en la disponibilidad de divisas que se cubre con empréstitos extranjeros e inversión, reducción de reservas internacionales y lavado de dólares provenientes del narcotráfico y demás actividades ocultas e ilícitas.


De acuerdo con las cifras del Dane, sí bien las ventas externas cerraron en 39.502 millones de dólares en 2019 estas representan un 5,7 por ciento menos que los resultados de 2018, lastradas por una caída de 11 por ciento del sector minero-energético; además, la exportación de los productos agropecuarios, alimentos y bebidas subieron 0,8 y las manufacturas bajaron 0,4. El país sigue dependiendo de la demanda internacional de materias primas como carbón y petróleo, productos minero energéticos locales que pierden espacio en el concierto internacional por la declarada abolición del uso de carbón y el avance de las energías renovables. La conclusión es que el sector productivo colombiano no está enfocado al comercio internacional.


En efecto, a partir del año 2014 la balanza comercial del país se mantiene deficitaria. Sus exportaciones se estancaron en US$38.000 millones desde 2015; el déficit de 2019 es el más alto registrado. Colombia presenta un fracaso en las exportaciones no tradicionales, muy a pesar de que el Estado ha firmado más de una docena de tratados de libre comercio y de la acelerada devaluación del peso, dos aliados indiscutibles para dinamizarlas. Las exportaciones colombianas dependen de la explotación minero energético en 55,8 por ciento, las exportaciones agrícolas solo tienen una participación de 7,5 por ciento y la industria 36,7.


Por el lado de las importaciones, el país adquiere toda clase de alimentos y bebidas, bienes de consumo durable y semidurable para los hogares y maquinaria y equipo de alto contenido tecnológico. El lema de la clase dirigente es “Que inventen otros”. El sistema económico colombiano tiende hacia un crecimiento macrocefálico del sector terciario sostenido precariamente en los debilitados sectores reales, el primario (excepto las actividades extractivas minero-energéticas) y el secundario. El déficit comercial promedio anual del país con el resto del mundo es cercano a los US$12.500 millones, 4,3 por ciento del PIB; este tiene un impacto significativo y negativo en cuanto las importaciones compiten contra la producción de la industria como de la agricultura nacional conduciéndolas a su gradual extinción.


Del lado de la inversión, si bien la clase dirigente colombiana tiene un carácter rentista y de alto consumo suntuario importado, la situación se compensa con el significativo volumen de inversiones extranjeras. De acuerdo con el Banco de la República, la Inversión Extranjera Directa (IED) en el país totalizó 10.366 millones de dólares durante el 2019, lo cual significó un crecimiento de 19,2 por ciento frente a los 8.693,4 registrados por el mismo concepto en 2018, en el reporte por balanza cambiaria. Nuevamente, el petróleo fue el sector que movió esta balanza, pues las inversiones en este ascendieron a 6.858 millones, por encima de los 6.536 millones de 2018. Entre tanto, otros sectores atrajeron 3.508,3 millones al país, mientras que la Inversión Extranjera de Portafolio (especulación financiera) alcanzó los 1.887,9 millones.


Al comparar la participación neta del Estado en el PIB a través de los impuestos netos (10,7% en promedio) respecto al “Gasto de consumo final del gobierno general” (14,7% en promedio) se deduce que las finanzas del Estado registran un déficit estructural y crónico. Este desequilibrio se financia con una carga impositiva más alta a la clase trabajadora, recortes al gasto social y con un endeudamiento público creciente; según el “Plan Financiero del 2020” presentado por el Ministerio de Hacienda, la deuda alcanzará este año alrededor del 51 por ciento del PIB. La deuda pública de todo el sector público no financiero equivale a 58 por ciento del PIB. Durante la última década la deuda pública se triplicó. La devaluación del peso también encarece y aumenta la deuda externa. El país atraviesa, entonces, una nueva época de “prosperidad al debe”, semejante a la experimentada cien años atrás.


Adicionalmente, en 2019 por primera vez el Gobierno incorporó a los ingresos del fisco las utilidades extraordinarias que tuvieron el Banco de la República y Ecopetrol, con lo cual se rompe la tradición de dejarlos aparte. De una parte, la hacienda pública obtuvo $ 3 billones de ingresos que estaban en una cuenta del balance de Ecopetrol, afectando la capacidad de acumulación interna de la empresa petrolera; de otra, el Banco de la República logró las ganancias más altas de su historia, las cuales superaron los siete billones de pesos que fueron trasladados a la billetera del gobierno. Pese a lo anterior, el MHCP reveló que el déficit del Gobierno Central (GC) fue de 2,5 por ciento del PIB en el 2019. Por el lado del gasto, la inversión pública en capital fijo continúa postrada en 1,2 por ciento del PIB, mientras el gasto operativo y de transferencia crece a ritmos anuales del 4 por ciento reales y con mayores cargas burocráticas en ministerios y organismos de control. Las exenciones tributarias a las grandes empresas y la reducción de impuestos al capital, otorgadas en la última reforma tributaria impulsada por el gobierno Duque, abrieron aún más el hueco fiscal de la hacienda pública haciendo necesaria una nueva reforma tributaria en el inmediato futuro.


En una mirada global del comportamiento del gasto de consumo final de los hogares, los gráficos 15 a 17 muestran que el peso relativo de los servicios es creciente; así, por ejemplo, el consumo de alimentos y bebidas pierde participación de 24,1 a 21 por ciento, entre 2005-2017; en correspondencia, los gastos en salud aumentan de 6,7 a 8,1 por ciento, en igual período. Además, en paralelo que aumenta el gasto en servicios, se reduce el consumo de bienes durables, semidurables y no durables generando mayor inestabilidad a los negocios y acortando los tiempos del ciclo de la economía.

 

Lógica clasista del sistema económico

 

La apropiación privada de los medios de producción en las sociedades capitalistas crea desde el principio una brecha insuperable y creciente entre quienes tienen y quienes, al no tener nada, deben vender su fuerza de trabajo para subsistir. El sistema económico funciona eficientemente bajo una lógica al servicio y beneficio del capital. En el mundo contemporáneo existen dos clases sociales, los explotados y los explotadores, así como seres humanos oprimidos y opresores. Los capitalistas ganan todo lo que gastan, mientras quienes viven del trabajo gastan todo lo que ganan. Los primeros pueden ahorrar, invertir, acumular y beneficiarse privadamente de los aumentos en productividad como consecuencia de los desarrollos científico-tecnológicos (reproducción ampliada); los segundos, logran sobrevivir, tener hijos y sostener precariamente la fuerza de trabajo que los remplazará en el futuro (reproducción simple).


La lógica clasista se encuentra en el núcleo del funcionamiento del sistema económico capitalista. En Colombia, el sistema funciona eficientemente para el beneficio del 10 por ciento de la población privilegiada; estos no conocen ni nunca experimentan en carne propia las crisis, simplemente las observan como parte del paisaje social. Las clases trabajadoras, el 90 por ciento sostiene sobre sus hombros este sistema de explotación-opresión y sobreviven crónicamente al filo de la crisis.


El sistema económico también vive, se reproduce, innova y se fortalece en medio de las crisis, las cuales pueden ser de sobreproducción, de tendencia decreciente la tasa de ganancia, o de insuficiente proporcionalidad entre ramas y sectores productivos. En época de crisis, los capitales más débiles suelen ser absorbidos por los más fuertes o bien son eliminados en y por la competencia. Las crisis son inherentes al sistema capitalista, es el secreto de su continua renovación, innovación, evolución, expansión y crecimiento. La competencia capitalista siempre es desigual y su manifestación en la actividad productiva tiende a favorecer la concentración y centralización del capital, de la riqueza, del ingreso y el consumo.


De otra parte, ingenua e ilusoriamente se cree que para poder gobernar una nación, el Estado debe representar los intereses de toda la población, sin embargo, al existir una clase dominante y otra dominada-explotada, el Estado suele velar principalmente por los intereses de quienes ejercen la dominación-explotación. Por lo anterior, es frecuente que el Estado colombiano privatice las ganancias y distribuya socialmente las pérdidas, cuando éstas se presentan. Además, la economía colombiana es un sistema subordinado y funcional a los intereses de los países hegemónicos del sistema mundo capitalista.


En cuanto al poder en nuestro país, la oligarquía criolla domina todas las ramas del poder político: legislativo, ejecutivo, judicial y de control. Análogamente controla para su beneficio propio todos los flujos fundamentales de la economía: la producción, los ingresos y la demanda agregada. Es fantasioso e ingenuo pensar que esta clase privilegiada comparta su poder o distribuya su riqueza. La democracia, en su definición clásica de “gobierno del pueblo y para el pueblo” no existe en este sistema de explotación, opresión y alienación. Lo que cuenta para la lucha y estrategia política es el sistema en su conjunto más que lo individual. Es la lógica interna del sistema económico en su complejidad el que ha de ser atacado y superado, más que las injusticias aisladas. La toma del poder sigue siendo el objetivo fundamental de toda lucha política. La evolución, por sí sola, tampoco resolverá nada en el futuro. Hay que encontrar una alternativa por fuera de este sistema para poder reencausar la economía, colocándola al servicio de las mayorías, al tiempo que se desconcentra el poder político para, por esa vía, propiciar y motivar la real participación del conjunto social, tanto para diseñar sus sistemas de vida digna como para orientar y controlar el ejercicio democrático del gobierno.


Son cambios fundamentales, los cuales son posibles siempre y cuando las clases trabajadoras se tornen en protagonistas autónomos y autogestionarios de su historia. De lograrse esta ruptura estructural nuestra sociedad estará sentando las bases para una democracia más allá de la formal (electoral); una democracia directa, participativa, radical, plural, plebiscitaria. La revolución está al orden del día. Un cambio, que para ser efectivo debe ser global, estructural y transformador de la lógica interna que determina el funcionamiento del sistema. El surgimiento de un movimiento revolucionario, democrático y plural, de tal dimensión y animado por la vida digna, es una necesidad histórica.

 

1 Cepal; (2019). Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe. Naciones Unidas, Chile, p. 11.
2 Además de Colombia, Guatemala fue el otro país que en 2019 registró crecimiento económico en América Latina; este fue de 3,3 por ciento.
3 Se les llama “commodities” a los bienes básicos, aquellos productos que se destinan para uso comercial, y que tienen como característica más relevante, que no cuentan con ningún valor agregado, se encuentran sin procesar o no poseen ninguna característica diferenciadora con respecto a los demás productos que encontramos en el mercado, por esto se utilizan como materias primas para elaborar otros bienes.
4 El excedente de explotación e ingreso mixto son dos denominaciones alternativas del mismo saldo contable de la cuenta de generación del ingreso, que se utiliza para diferentes tipos de empresas: se denomina excedente de explotación en el caso de las sociedades e ingreso mixto cuando se trata de empresas no constituidas en sociedad propiedad de los hogares en razón a que en estas empresas trabajan los propietarios o sus familias, sin percibir un salario, por ello el saldo incluye una parte de Remuneración al factor trabajo.
5 Las remuneraciones a los asalariados comprende toda la remuneración en efectivo y en especie a pagar por los empleadores a sus asalariados como contrapartida del trabajo realizado por estos durante el periodo contable (se desglosa en sueldos y salarios y cotizaciones sociales a cargo del empleador).

Mucho antes de la invasión/conquista y la Colonia, cuando los pueblos originarios dominaban el territorio que hoy es Colombia, éste ya se había configurado como una nación de regiones geográficas con características y particularidades en clima, vegetación, cuencas y microcuencas hidrográficas, factores fundamentales que a su vez marcan las costumbres de sus habitantes e incluso su idioma. Si bien la conformación política ha variado o evolucionado de acuerdo con las circunstancias no naturales, la conformación geográfica regional se mantiene invariable hasta nuestros días. La denominación de Colombia, “país de regiones”, es un concepto moderno lingüístico, y por lo tanto científico, que resume la configuración geográfica ancestral, en un intento de acomodarla con la configuración político administrativa, pero sin encontrar la solución a las contradicciones políticas criollas que afloraron tempranas en el movimiento de los Comuneros de 1781, se manifestaron belicosas en la revuelta del 20 de julio de 1810, que propulsó un proceso de lucha para ponerle fin al régimen colonial, y se agudizaron y se exacerbaron a partir del establecimiento de la República en 1821, y han perdurado hasta nuestros días.

Como la define el arquitecto, escritor y geógrafo Alberto Mendoza Morales en su obra trascendental Colombia, Estado Regional (Bogotá, 2000) “Región es una porción de territorio, de tamaño variable, definida por límites arcifinios [naturales], individualizada por algún elemento unificador que la distingue, le imprime carácter único y la hace singular frente a otras regiones”.


Dentro de esta definición se desarrolló la vida de las naciones o regiones que conforman el territorio invadido por los conquistadores españoles a partir de 1500. Aquí habitaban la nación Calamarí (Caribe), la nación Mwiska, la nación Pijao, la nación Patía, y otras, formadas alrededor de doce grandes cuencas fluviales, que tienen como ejes los ríos Magdalena y Cauca (pues influyen ellos dos en la totalidad del territorio) y las otras diez grandes cuencas: Amazonia, Orinoquia, Catatumbo, Sierra Nevada, Sinú, Atrato, Baudó, San Juan, otros ríos, Patía y Mataje. El Himat ha identificado en Colombia 714.300 minicuencas hidrográficas (fluviales y lacustres) menores de 10 kilómetros.

Los españoles reorganizaron la división político administrativa del que bautizaron Nuevo Reino de Granada, subdividiéndolo, con base en la delimitación geográfica, en gobernaciones. La Gobernación de Santa Marta, la Gobernación de Cartagena, la Gobernación del Río de La Hacha (Guajira), las gobernaciones de Venezuela y Quito, la Gobernación de Popayán, los territorios de las Misiones (Llanos Orientales, Casanare, Arauca, Meta), y la Audiencia de Santafé, erigida en capital del Nuevo Reino de Granada. Esa división administrativa se mantuvo hasta el final de la Colonia, con las variantes de que la Gobernación de Venezuela fue convertida en capitanía, y la de Quito en presidencia, con una Real Audiencia auxiliar de la de Santafé. Tales regiones o gobernaciones estuvieron determinadas en su funcionamiento económico por una institución común: la Encomienda. Por orden del rey Carlos V la Encomienda estaba destinada a garantizar la propiedad de los indígenas sobre sus tierras y a darles la protección que necesitaran, para lo cual se nombraba un encomendero que tendría a su cuidado determinada porción de tierras (por lo general latifundios) y el cuidado de los indígenas que las habitaban y que eran sus dueños legítimos, en cuyo servicio obraba el encomendero, remunerado por los mismos indígenas. A los pocos años los encomenderos pasaron a ser los dueños de las tierras y los indígenas sus sirvientes.

De ahí se formaron enormes latifundios y los encomenderos pasaron a ser la clase de los terratenientes, de modo que a finales del siglo dieciocho la totalidad de las tierras productivas del Nuevo Reino de Granada era propiedad de no más del tres por ciento de la población. Los encomenderos terratenientes utilizaban para trabajarlas la mano de obra de los indígenas (que no eran esclavos, pero recibían un trato peor que si lo fueran) y de los esclavos.
Tras el movimiento del 20 de julio de 1810, que, si no estableció formalmente la independencia, sí le torció el pescuezo al régimen colonial español, se organizó un primer ensayo de Estado Regional, de tipo federal, en imitación al adoptado por los Estados Unidos de Norteamérica, y se le dio el nombre de Provincias Unidas de la Nueva Granada, con gobiernos y administraciones autónomas, y sujetas políticamente a la autoridad del Congreso. Esas Provincias Unidas surgieron de la conformación Geográfica natural del país. Venezuela y Quito no entraron a formar parte de la nueva organización post colonial y adoptaron su propio régimen político- administrativo.

Un observador tan agudo como Antonio Nariño, que llevaba casi treinta años de lucha por la libertad de su pueblo, y sufrido varias prisiones por esa causa, al salir de su celda en las mazmorras de Bocachica, en Cartagena, donde lo tenía encerrado el régimen español a raíz de la conspiración en 1809, analizó la forma como la organización de las Provincias Unidas no iba a derivar en un Estado nacional libre y soberano, integrado por regiones con verdadera autonomía económica, política y social, según las características regionales, sino en una supuesta nación hecha a semejanza de los Estados Unidos, pero con regiones que constituiría el feudo de los terratenientes herederos de las encomiendas y del dominio de la tierra en esas provincias. Tendríamos entonces un Estado feudal y no un Estado regional.

A su regreso a Santafé, Nariño asumió dos posturas inaceptables para los nuevos dominios. La primera, propuso un gobierno central, que facilitara la organización de las provincias para la defensa del país ante la inminencia de un intento de reconquista por parte de la antigua metrópoli, que lo emprendería tan pronto terminara su guerra contra Napoleón. Y la segunda, acabar con la encomienda y redistribuir las tierras entre los campesinos e indígenas que las trabajaban y que eran sus dueños legítimos. No podíamos pensar en fundar una democracia si pensábamos continuar bajo el mismo sistema feudal de la Colonia. La propuesta audaz de Nariño les produjo náuseas a los nuevos encomenderos, nada dispuestos a repartir sus fundos entre los trabajadores, así como así.

De ahí surgieron los dos primeros partidos políticos en Colombia con posiciones antagónicas. El centralista, encabezado por Antonio Nariño, y el federalista, por el doctor Camilo Torres. De ahí también surgió la primera de las nueve guerras civiles generales del Siglo diecinueve en Colombia, motivadas en apariencia por la misma razón: centralismo versus federalismo; pero no se trataba de dos posiciones políticas ni ideológica opuestas. A los federalistas les interesaba ese sistema porque se adaptaba mejor al dominio feudal de las tierras productivas de la República, mientras que los centralistas aspiraban a un gobierno que pudiera efectuar hacia la periferia una distribución equitativa no solo de la propiedad de la tierra sino de las riquezas que pudiera generar el trabajo nacional. Entró en juego también el libre cambio, del que se hicieron campeones los federalistas (o liberales radicales) y al que combatieron, apoyados en el centralismo, los artesanos que pretendían crear una industria nacional y pedían para ello la protección incondicional del gobierno. La lucha auténtica no fue entre centralistas y federalistas, sino entre librecambistas y artesanos, entre el libre comercio y el proteccionismo industrial.


En su discurso de Instalación del Congreso de Angostura, el Libertador Simón Bolívar encareció a los diputados adoptar una constitución de tipo centralista, que se adaptaba a las características de los pueblos (Nueva Granada, Venezuela y Quito) que habrían de integrar la futura República de Colombia. El Congreso de Angostura elaboró una Constitución de tipo centralista con carácter provisional, mientras se decidía la suerte de la Guerra de Independencia. La victoria de Boyacá en 1819 y la liberación de la Nueva Granada, le permitieron al Libertador convocar el Congreso Constituyente de Cúcuta, instalado por Antonio Nariño. Allí se adoptó una constitución de tipo centralista y proteccionista, que impulsara el desarrollo de la industria artesanal nacional, y de la agricultura, como efectivamente las impulsó; pero las ambiciones de poder y de riqueza de la clase dirigente criolla, los intereses de los terratenientes, que ejercían el poder verdadero, y las intrigas de los ministros plenipotenciarios de Estados Unidos y de Inglaterra, que encontraban en el proteccionismo constitucional un obstáculo fastidioso para sus intereses comerciales, instaron a la separación de Venezuela y de Ecuador, y a la disolución de Colombia tras la muerte del Libertador en 1830. La República de la Nueva Granada, y las que le siguieron en el curso tormentoso del Siglo XIX colombiano, tampoco pudieron organizar Estados Regionales, en parte porque los terratenientes y los comerciantes se opusieron, y en parte porque los tratados de libre comercio y amistad con Estados Unidos (1835 y 1848) hicieron imposible que las regiones pudieran librarse de su vasallaje feudal.

Con las constituciones semilibrecambistas y semifederalistas de 1853 y 1857 el librecambio avanzó hacia el dominio total de la vida granadina, lo que se dio con la Constitución de 1863, que instauró nueve estados soberanos aupados bajo el denominador común de República de los Estados Unidos de Colombia. Sin embargo, las contradicciones se agudizaron. La soberanía pomposa de los nueve estados de 1863, como la autonomía de las doce provincias Unidas de 1811, era la misma máscara con que se encubrían los soberanos incuestionables: los terratenientes. El régimen feudal seguía imperando bajo la Constitución más liberal que pudiera imaginarse. Esa misma Constitución liberal que favorecía los intereses del libre comercio, pero no el nuestro sino el de las potencias que nos vendían sus productos, sumieron en la ruina a los artesanos colombianos, y se originó una confrontación que tuvo muchas refriegas en las plazas públicas entre gólgotas (librecambistas) y draconianos (artesanos). O como decían entonces. “entre los de casaca y los de ruana”.

En esas condiciones, se produjo una escisión política profunda e irreconciliable. La Iglesia y los conservadores, por un lado, que decían combatir el ateísmo de los radicales y la abusiva expropiación de los bienes sagrados (tierras, conventos, iglesias) por el decreto de bienes de manos muerta que expidió el presidente Tomás Cipriano de Mosquera, con destino a la recaudación de fondos para financiar el Estado, pero cuyo producido, en su mayor parte, terminó en los bolsillos de los radicales (liberales librecambistas). Y por otro lado los liberales independientes (no librecambistas) y los artesanos que pugnaban por un gobierno proteccionista. El líder de los independientes fue el pensador liberal Rafael Núñez, que comenzó a publicar una serie de artículos (enviados desde Europa, donde ejercía el consulado de Colombia en Liverpool) a favor de una política de protección a la industria artesanal, la creación de empleo y de riqueza productiva, y de restricción al libre cambio, pensamiento en contravía de los postulados de la Constitución de Rionegro, que abolió por completo el proteccionismo.


Una lucha de varios años en la cual, el movimiento artesanal organizado llevó a Núñez a la presidencia en 1880. Dos años antes, al dar posesión de la presidencia al liberal independiente Julián Trujillo, Núñez había resumido su doctrina en dos postulados: Regeneración administrativa fundamental o catástrofe y Paz científica. Los radicales hicieron burlas, chanzas y sátiras sobre esos programas de Núñez, que les demostró que tan serio era su programa cuando, al iniciar su período, estableció el Banco Nacional, con carácter de Banco Emisor, y les quitó a los bancos de los estados, y a los privados, la facultad de emitir sus propios billetes. Como el período presidencial era apenas de dos años, Núñez no tuvo tiempo de avanzar en la regeneración administrativa fundamental, ni en la Paz Científica, hasta su segunda elección, en 1884.

¿En qué consistían la Regeneración administrativa fundamental y la Paz científica? Ambas nociones las había tomado Núñez del discurso del Libertador en Angostura. La Regeneración administrativa fundamental era gobernar con honradez, con pulcritud y con eficiencia para hacer de los recursos públicos un instrumento de prosperidad del común de los ciudadanos, y no del beneficio de unos pocos. En consecuencia, había que castigar con severidad el mal uso de esos recursos, y para ello se requería un gobierno central con autoridad (no autoritarismo) capaz de proteger y estimular el trabajo de los colombianos y darles vigor a las regiones. La Paz científica era la proveniente de la satisfacción de las necesidades básicas de los ciudadanos, y de la tranquilidad que la solución de esas necesidades podía darles equitativamente a todos y a cada uno de los habitantes del país.

Los artesanos entendieron a Núñez. Lo llevaron a la presidencia en 1880 y 1884. Lo apoyaron en la guerra civil que declararon los radicales en 1885 “contra el régimen regenerador” al que tildaban de dictatorial, y después de la guerra, ganada por Núñez, respaldaron la reforma constitucional, que entre otros cambios fundamentales extendió el período presidencial a seis años. Por una gran mayoría, Núñez fue elegido para inaugurar el primer período de la Nueva Era (1886-1892).

Paradójicamente, aquel mandatario liberal y escéptico, cuasi ateo, atacado con ferocidad por los librecambistas variopintos, tuvo que aliarse con un segmento del conservatismo y hacerle a la Iglesia concesiones lamentables, pero necesarias para poder gobernar.

La Constitución de 1886 no alcanzó los objetivos anunciados por Núñez de Regeneración administrativa fundamental y Paz científica. Las concesiones a la Iglesia consiguieron que se mantuviera el mismo orden feudal que venía ininterrumpido desde la Colonia. Reformas como el papel moneda de curso forzoso, la prohibición de negociar en moneda extranjera (prohibición de estipular), y amplias medidas de protección a la industria artesanal, dinamizaron la economía, permitieron la creación de empleo, generaron un importante crecimiento industrial, mas no modificaron la propiedad feudal de la tierra, ni lograron crear el estado regional.

Varias décadas después, las reformas de la Revolución en Marcha impulsadas por el primer gobierno de López Pumarejo –en 1936– que pretendía, con la ley de tierras ponerle fin a nuestro feudalismo agrario, tropezaron igual con el poder de los terratenientes, que lejos de disminuir en 116 años de vida republicana se había acentuado y fortalecido.

La Carta de 1886, a la que hoy se cataloga de regresiva y conservadora, fue necesaria en su momento, como lo reconoció López Pumarejo, para implantar la unidad nacional y modernizar el país. Tan es así que se mantuvo vigente por ciento cinco años, hasta que, obedeciendo una ley natural de obsolescencia, fue sustituida por la Carta de 1991, que ha cumplido veintiocho años, y ha sido reformada, alterada en su esencia, incumplida y violada por las autoridades otras tantas veces. La Carta del 91 tiene una contradicción original. Al tiempo que ordena la organización de Colombia como un Estado Social de Derecho, tiene numerosos artículos de carácter neoliberal, que es lo opuesto al Estado Social de Derecho, sobre el que han prevalecido al socaire de sucesivos gobiernos neoliberales.

Aunque la Carta del 91 contiene herramientas jurídicas para organizar un estado regional, o un país de regiones, tampoco ha conseguido ese propósito. Como lo anota Alberto Mendoza Morales en su obra citada: “La riqueza de Colombia está en la heterogeneidad. Un Estado [como el colombiano] de tan fuertes características regionales está llamado a la descentralización, a aceptar y acoger de frente esas diferencias, a integrarlas, a fomentar la población de cada espacio, de modo que se maneje por sí misma, crezca por esfuerzo propio y elabore su propio plan de vida y desarrollo” (pero) “Los constituyentes de 1991 desecharon la definición geográfica de la región natural y adoptaron una definición político administrativa. En efecto, dispusieron: ‘Dos o más departamentos podrán constituirse en regiones administrativas y de planificación con personería jurídica y patrimonio propio (Art. 306 C. N.). La respectiva Ley Orgánica establecerá las condiciones para solicitar la conversión de la región en entidad territorial (Art. 307 C. N.)’”.

Estima Mendoza Morales que “Los constituyentes, con su definición, confundieron regiones, que son entidades geográficas, con asociaciones de departamentos, que son entidades político administrativas”.

En esa confusión, no hubo ignorancia de los legisladores. Fue hecha a propósito para amparar los intereses de los terratenientes y de las asociaciones privadas que tienen negocios en las regiones, a las que de ningún modo conviene que esas regiones puedan tener administraciones soberanas y vida propia. El ordenamiento jurídico está enderezado a proteger el interés privado de unos pocos, bien sea a las buenas, cuando la ley les es propicia, o con la violencia, cuando no encuentran la complicidad de la ley. Así, las consultas populares y los cabildos abiertos, dispuestos por la Constitución como mecanismos democráticos, de hecho han resultado írritos, y los planes de ordenamiento territorial, en los que la participación de la comunidad es cero, sirven para favorecer negocios inmobiliarios o propiciar el despojo de tierras, con disfraz de legalidad. Como en 1811, hoy sigue imperando en Colombia un régimen feudal férreo. El anhelo de un país de regiones, no parece estar todavía a nuestro alcance.

Mi dictamen
sobre el gobierno
que conviene
al Reino
de la Nueva
Granada

 

En 1811, a un año del movimiento que puso fin en Santafé de Bogotá al Régimen colonial, la Junta Provisional de Gobierno integrada por criollos ilustres, aún no se ponía de acuerdo sobre qué clase de gobierno debería establecerse. La mayoría de los miembros de la Junta eran partidarios de esperar los acontecimientos de la Península y las noticias sobre la suerte del monarca, Fernando VII, que estaba prisionero de los franceses. También se discutía acerca de cuál gobierno podría ser más conveniente en las nuevas circunstancia. ¿Centralista? ¿Federalista?

El periodista Antonio Nariño, que no formaba parte del gobierno, comenzó a publicar desde el 13 de julio del año citado el semanario La Bagatela, de tono acentuadamente crítico sobre cómo los dirigentes criollos estaban manejando las cosas. Respecto al gobierno que le convenía al entonces todavía llamado Reino de la Nueva Granada, escribió una sería de artículos con un profundo sentido político y un conocimiento perspicaz de la idiosincrasia neogranadina.


****


I

 

Es cosa graciosa oír a un periodista de bagatelas anunciar con magisterio su dictamen, nada menos que sobre un punto en que se han quebrado la cabeza nuestros Doctores, sin haber hasta ahora adelantado nada. …Seamos justos: ¿no se han dicho veinte mil bagatelas en todo el Reino sobre esta materia? Pues déjeseme decir a mí una para todo el Reino, y cuando más concluiremos que se han dicho veinte mil y una bagatela, hasta el 28 de julio. –Entremos en materia.

Yo me figuro, para decretar a mi gusto, que soy un soberano con los plenos poderes de todo el Reino; y que tengo mi trono, como el gran Lama, en la punta de un cerro. Como mi idea no es la de gobernar a mi gusto, sino la de que se gobiernen al suyo mis amados Granadinos, doy orden para que vengan Diputados de todas las Provincias y me expongan su voluntad en un Congreso que yo presidiré.

Llegan los Diputados a las faldas de mi trono: se señala el día y la hora del cónclave (porque por ahora hacemos poco caso de los términos); y tomando la voz el más sabio, o el más atrevido, me expone a nombre de todo el Colegio: “Que la voluntad general quiere, que todas las Provincias, por sus límites viejos, se erijan en Estados soberanos independientes, no sólo de la España y demás potencias Europeas, sino hasta de su antigua Capital; que se unan por medio de un Congreso Federativo, que solo conozca de paz y guerra y que a los pueblos que querían seguir su ejemplo (esta es la fábula de los Congresos) se les obligue por la fuerza a vivir sujetos y dependientes de sus antiguas matrices.

Oída la expresión de la voluntad general, y en virtud de la Soberanía que me he supuesto, y de los plenos poderes que con igual título tengo de todo el Reino, mando: que todas las Provincias sean de hoy en adelante Estados Soberanos independientes; que no solo se reconozcan tales unos entre otros, porque así les tiene cuenta, sino que los reconozcan también en todas las potencias de Europa, el Emperador de China y el gran Kan de los Tártaros; que se unan por un Congreso Federativo que conozca solo de paz y guerra; y que al pueblo que quiera seguir su ejemplo, se le castigue por querer un disparate.

Con este mi soberano decreto se retiraron los Diputados de todas las Provincias muy contentos y yo, creyendo haber vaciado en él toda la sabiduría humana, determiné entregarme al sueño de Epiménides, y no despertar, como este sabio, hasta pasados 57 años, para ver ya floreciendo mis Provincias. Pero no sé cuántos años, meses o días había dormido, cuando me vinieron a despertar, avisándome que ahí estaban otra vez los Diputados de las Provincias que pedían audiencia.


II

 

Llegó el domingo señalado para el segundo Congreso, y después de las ceremonias de estilo en casos de semejante importancia, tomó la voz uno de los Diputados:

–Muy alto, muy elevado, y por vuestra voluntad, muy poderoso señor: Yo, a nombre de toda esta ilustre Asamblea vengo a haceros presente que de nada nos sirvió tu soberano decreto, pues, aunque de derecho quedamos todos erigidos en Soberanos Estados, en el hecho nos hemos hallado tan embarazados que no ha sido posible atar ni desatar. ¡Cuántas veces, Señor, hemos suspirado por tu Soberano poder! Si como nos hiciste la gracia de hacernos soberanos con un solo decreto, nos hubieras con otro dado rentas, creado tribunales y organizado una milicia, levantado Escuelas, Colegios y Universidades, para formar los hombres de que carecemos, creed, Señor, que nuestro agradecimiento y nuestra Soberanía habrían sido completos. Mas habiéndonos encontrado, como muchos Doctores, con el título y sin la ciencia, no nos queda otro recurso que el de venir a echarnos a tus pies, e implorar con lágrimas en los ojos ese poder creador, para que con un nuevo Decreto suplas nuestras faltas. ¿No podrá, elevado Señor, crear Jueces, Magistrados, Legisladores, Militares, Filósofos, el que ha podido convertir unas pobres Provincias en Estados Soberanos?

–Esperamos, pues, muy Alto, muy Elevado y muy Poderoso Señor, que con la misma facilidad que nos otorgaste la gracia mayor, nos otorgues esta menor que humildemente te pedimos.

Calló el vehemente Orador, que según el fuego con que hablaba, lo creí íntimamente persuadido de que esto de hacer Soberanía, Magistrados, Legisladores, Militares y filósofos era soplar y hacer botellas: y yo por la primera vez de mi vida me hallé embarazado con mi soberanía. Pero tomando un poco de resuello, con aquel aire que dan los altos puestos:
–Señores –les dije– mi corazón está dispuesto a serviros en cuanto me pidáis: deseo daros gusto y si fuera tan fácil hacer vuestra felicidad, como lo es complaceros, desde hoy seríais felices. Yo voy a daros el nuevo decreto que me pedís; voy a mandar que de hoy en adelante no solo haya en vuestras Provincias, convertidas ya en Estados Soberanos, Jueces, Magistrados, Legisladores, Militares y Filósofos, sino que las de temperamento frío produzcan plátanos y cañas de azúcar, y las de tierras calientes trigo, papas y también alcachofas, para que nada os falte…

–Pero, señor –dijo otro de los Diputados interrumpiéndome– ¿y la tierra produciría estos frutos con tu decreto?

–Lo mismo produciría la tierra esos frutos, que el que vosotros de la noche a la mañana os encontréis con hombres y recursos para sostener la Soberanía de unas Provincias que carecen de todo menos de voluntad de ser Soberanas; pero como mi deseo es daros gusto ¿qué importa que en el hecho ni nazca el trigo, ni los plátanos, ni tengáis Legisladores, ni rentas, si lleváis los títulos para tenerlo todo, aunque sea de aquí a cincuenta años?

–¿Y si, entretanto, un enemigo nos ataca?

–¿Cómo os ha de atacar, poseyend vuestra Soberanía con unos títulos auténticos y reconocidos por tales hasta del Preste Juan de las Indias? Pero supongamos que sin reparar en nuestros derechos, y en esos títulos auténticos, de hecho nos ataquen. En este caso …no hay duda…os vencerán; pero os vencerán con injusticia, y con la misma os pondrán a trabajar las minas para los vencedores.

Aquí se quedó todo en silencio, y mis Diputados no hacían más que mirarse los unos a los otros. Ya creía yo caer en mi sueño anticipadamente cuando el mismo preguntón se paró, y mirando antes a sus compañeros, como para captar su beneplácito:

–Soberano señor –me dijo–, supuesto que nosotros, con toda la bambolla de nuestros títulos y derechos podemos ser oprimidos por el primero que se le antoje atacarnos, y que este antojo es muy probable que pronto se verifique, nos reducimos a renunciar a nuestros legítimos y vanos derechos, y a que se forme un gobierno en la Capital, único y soberano, con tal que no haga leyes con efecto retroactivo, y nos vaya a pedir cuentas de lo pasado; sino que todo deba comenzar de nuevo, que con esto quedaremos gustosos.

–Ya os he dicho –les contesté– que mis únicos deseos son el complaceros, y así supuesta esta firme resolución, ordeno y mando: que se admita la renuncia de los legítimos y vanos derechos que querían ejercer las Provincias de la Nueva Granada, sin tener todavía fuerzas para ello; que todas las cosas vuelvan y se pongan in statu quo (este terminillo latino diplomático tiene su busilis) que no se hagan leyes con efecto retroactivo, ni se pidan cuentas de lo pasado; sino que todo comience de nuevo como si hoy fuera el día de la creación del mundo.

Satisfechos además y contentos se fueron mis Diputados y yo volví a mi sueño de 57 años.

 

III

 

¡Quién lo creyera! No me parece que habría dormido medio lustro, cuando se vuelve a interrumpir mi sueño con la llegada de nuevos diputados.

–¿Qué es lo que quieren esos señores Diputados? –dije montado en cólera a mis criados– ¡Qué es lo que quieren otra vez! …¿No les he concedido últimamente el gobierno a que están acostumbrados y el más propio para mantenerlos con su amada servidumbre? ¿No les he decretado a su gusto cuanto me pidieron? …
Pero sosegándome luego, y reflexionando como buen soberano, que más hacían ellos en venir a pedirme dictamen, que yo en dárselo, mandé que entrasen.

–Perdonad, elevado señor –me dijo un anciano Diputado– perdonad el que tan frecuentemente te estemos interrumpiendo el sueño con nuestras demandas; esta es la suerte de los que se hallan en la altura que vos os halláis por vuestra voluntad, y pues vos mismo os habéis impuesto esta carga llevadla con paciencia. Nuestras desgracias, nuestras aflicciones y temores se aumentan todos los días; el sol ya no se levanta para animar nuestras esperanzas, como lo hacía en aquellos días desgraciados de nuestra antigua opresión, en que a lo menos teníamos este lenitivo que aplicar a nuestros males; hoy sólo viene a aclarar nuestros temores. Sí, temores tanto más fundados, cuanto las dificultades de organizarnos crecen en razón directa de nuestros vanos deseos de engrandecernos. Apenas amaneció la aurora de nuestra libertad, cuando se oyó por todo el Reino la voz de Federación; voz vaga, aunque general, porque no se le asignó el verdadero significado que conforme a nuestra situación le convenía. Todas las provincias, mayores y menores, quisieron ser Estados Soberanos independientes, llevadas del entusiasmo que justamente tenían por el gobierno de la América Inglesa; pero sin advertir, ni reflexionar si estábamos en el mismo caso y circunstancias. Ocurrieron a vos, Poderoso Señor, para ponerlo en ejecución; y aunque les concedisteis por vuestra bondad aún más de lo que os pedían, la experiencia les hizo ver que no era lo mismo decretarse la soberanía que ejercerla y llenar con acierto todos los importantes puestos que pide la formación de un nuevo gobierno; que formar una sabia y adecuada Constitución, con hombres capaces de llenar todos los ramos de la administración, no era obra del momento; ni podría verificarse todavía en unas Provincias que por el régimen del antiguo sistema de opresión y de ignorancia, carecían no sólo de Escuelas y Colegios para la instrucción, sino hasta de los libros aparentes por haber quemado la Santa Inquisición cuantos llegaban a nuestras costas. Así fue que, desengañados por una parte de poder abrazar el sistema de los Anglo Americanos, y temerosos, por otra, de verse envueltos en una guerra civil, o de caer en manos de algunos extranjeros, vinieron a vos, y renunciando a sus incontestables aunque infructuosos derechos, os pidieron que el gobierno se centralizase, erigiendo una soberanía en la Capital, a que todas las Provincias quedarían sujetas. Vos les admitisteis la renuncia y decretasteis que las cosas volviesen in statu quo, con sólo ciertas pequeñas condiciones. Esto fue pasar de un extremo a otro; nada hemos adelantado, hemos mudado de Amos, pero no de condición. Las mismas leyes, el mismo gobierno, con algunas apariencias de libertad, pero en realidad con los mismos vicios*, los mismos obstáculos y arbitrariedades en la administración de Justicia, las mismas trabas en el Comercio, las mismas dificultades en los recursos, los mismos títulos, dignidades, preeminencias y quijotismo en los que mandan; y en una palabra, conquistamos nuestra libertad para volver a lo que antes éramos. En medio de esta alternativa, se nos propone que dividamos el Reino en cuatro grandes Departamentos, como el único medio de salvarnos, y podernos organizar con firmeza. Pero viendo que este pensamiento participa de los inconvenientes de los dos anteriores, sin ninguna de sus ventajas, no hemos querido hacer la prueba; ella sería muy dilatada y costosa, y ya estamos más que convencidos de que nos urge demasiado el tiempo para exponernos a perderlo con esta nueva tentativa. Venimos, pues, a echarnos a vuestros brazos por la última vez, y a suplicaros que, conciliando los deseos de las Provincias, sus justos derechos a gozar de toda la libertad posible, y la urgencia de las circunstancias que nos demandan un pronto remedio, nos dictéis vos mismo el modo con que nos debemos organizar, para no perder hasta la libertad de podernos dar una forma de gobierno que es la única que hasta ahora tenemos. Ofreciéndoos a nuestro nombre, y de todas nuestras Provincias, que no nos apartaremos un punto de lo que vuestra elevada y santa Soberanía nos dictare.

Calló el respetable anciano, y muy lejos de embarazar este lenguaje a mi Soberanía, como me sucedió en la segunda Asamblea, me alentó y comencé a sentir en mi corazón la dulce esperanza de que la libertad se sentaría entre nosotros. Y como mi soberanía no me la he apropiado para mi interés personal, sino para proporcionar la utilidad de todos, a pesar de mis altisonantes títulos, creí que ya era llegado el caso de manifestar mi dictamen, tratando con unos hombre que, penetrados del verdadero interés de la Patria, sólo desean lo que más nos convenga a todos, sin pararse en vanas preeminencias que, por legítimas que sean, ellas no pueden salvarnos del peligro verdadero en que estamos de volver a caer en las cadenas, que sólo hemos roto, pero no destruido. Así, lleno de la confianza que inspira la pureza de unas intenciones benéficas:

–Señores –les dije– supuesto que el tiempo y la experiencia os han conducido al término de conocer y confesar el disparate que es querernos aplicar servilmente las formas de gobierno de otras naciones que se han hallado en muy diversa situación que nosotros; supuesto que de buena fe y con tanta sabiduría venís hoy a que conferenciemos, no sobre los títulos y derechos que cada provincia tiene para figurar, sino sobre los medios de poder asegurar nuestra independencia y libertad, del modo que las circunstancias nos lo permitan; y supuesto finalmente que queréis oír mi dictamen y deferir a él, yo os lo pondré con la misma ingenuidad, con la misma buena fe y con los mismos deseos que os animan a vosotros de ponernos a cubierto, tanto de una guerra civil, como de un ataque exterior. Pero hoy no quiero hacer uso de mi alta Soberanía, ni exigir vuestras ofertas de deferir enteramente a mi dictamen; quiero que lo conferenciemos y que la razón, y no la autoridad, sea lo que decida.

A mí me parece que vuestra propuesta es asequible y que se puede conciliar muy bien la voluntad general, con una forma de gobierno enérgica y capaz de salvarnos de los peligros que por todas partes nos amenazan. El deseo que se ha manifestado generalmente por la federación de las Provincias, no sólo es un entusiasmo por el gobierno adoptado en la América Inglesa, sino que es un grito de la naturaleza: los grandes Estados no pueden ser libres sino bajo de este sistema, y mucho menos donde la pobreza, la ignorancia y una corta población diseminada en un inmenso terreno disponen a la servidumbre. Pero el sistema de convertir nuestras Provincias en Estados Soberanos para hacer la Federación es una locura hija de la precipitación de nuestros juicios y de una ambición mal entendida. Vosotros lo habéis visto, señores, y lo habéis palpado en el dilatado tiempo de un año que llevamos bregando con esta quimera; yo apelo a vuestro mismo testimonio. ¿Qué Constituciones tienen las provincias? ¿Qué legislaturas tienen, ni pueden todavía tener? ¡Querer establecer una forma libre de gobierno con las leyes del despotismo es querer formar un Centauro político! Y querer formar otros tantos códigos como tenemos de Provincias, sin tener hombres para formarlos es querer coger las estrellas con las manos. No es la extensión del territorio, no es la población, no son las riquezas ni las luces las que forman la fuerza de un imperio por sí solas; la suma total de todas estas cosas forma su fuerza, y si nosotros, en lugar de acumular nuestras luces, nuestras riquezas y nuestras fuerzas, las dividimos en otras tantas partes como tenemos de provincias, ¿cuál será el resultado? Que, si con la suma total de nuestros medios apenas nos podremos salvar, dividiéndonos, nuestra pérdida será tanto más probable cuanto mayor sea el número de partes en que nos dividamos.

Me parece, señores, que si las Provincias nombraran Representantes por un número dado de sus poblaciones; que estos Representantes escogidos entre los más ilustrados de cada Provincia viniesen a la Capital, no a formar un Congreso, sino un Cuerpo Legislativo, el Supremo poder Ejecutivo y el alto Poder Judicial; y que las Provincias se reservaran el nombramiento de los empleados para la ejecución de estas mismas leyes en su distrito, la recaudación de sus rentas y la organización de su milicia, todo con arreglo a ellas, se llenarían todas las indicaciones que habéis manifestado. Las Provincias nada perderían de sus incontestables derechos, porque el alto gobierno se compondría indistintamente de sus Representantes; las leyes serían hechas por ellos con conocimiento de todas las localidades, y su ejecución particular quedaba reservada a cada Provincia. Veis aquí cuál sería mi decreto, si en esta ocasión pudiera mandar, pero habiendo decidido que la razón y no la autoridad debía decidir, sólo os suplico lo meditéis muy despacio, y que me objetéis cuanto os parezca contrario a la causa común, para lo que os doy quince días de plazo.

Los diputados se retiraron en silencio y entre tanto, con el cuidado, solo pude dormitarme; entre sueños vi que en una nube resplandeciente venía hacía mí una hermosísima Matrona.

–Tus votos –me dijo al llegar– han sido oídos. Vengo a pagaros tus ardientes deseos por la felicidad de tu Patria; no sólo todo se verificará según ellos, sino que se verificará al momento.

Atónito y sin saber lo que me pasaba, lleno de respeto guardé un silencio que aunque quisiera no podría interrumpir; pero al instante vi que los Diputados para el Congreso se reunían con la mejor armonía en una Convención; que pedían a las Provincias mandasen nuevos Diputados a razón de uno por cada diez mil almas, con poderes para ratificar la Constitución que quedaban formando. Los Diputados vienen de todas partes, con unos moderados salarios para sólo su mantención frugal; se juntan, ratifican una Constitución Republicana Aristocrática Electiva, y de entre ellos mismos, por un método nuevo de elecciones, se nombran los sujetos que deben ocupar los puntos del Cuerpo Legislativo, del Poder Ejecutivo y de la alta corte de Justicia. El Congreso se disuelve: la Gran Legislatura, comenzando sus funciones, se divide en tantas secciones cuantos son los ramos más urgentes de su despacho, sus deliberaciones son públicas, y sus primeras leyes hablan de una milicia bien organizada, del arreglo del tesoro y de las costumbres públicas y privadas. El espíritu público se anima, crujen las imprentas, sociedades de distintos ramos se levantan por todas partes, y la administración de Justicia, simplificada por el método de los Jurados, asegura a los ciudadanos contra la arbitrariedad de los Jueces.

Vuelvo los ojos a las Provincias y las veo ocupadas en nombrar sus magistrados para la ejecución de las leyes comunes; en crear Escuelas de primeras letras, de Dibujo, de Agricultura, y los que pueden, sus Colegios y Universidades; las veo pedir imprentas, formar también sociedades patrióticas, tratar de la apertura y composición de caminos, y organizar una milicia por Compañías para no distraer al labrador y al artesano de sus útiles tareas.

Tiendo finalmente la vista por todo el Reino, y veo la concordia, la abundancia, la libertad y la alegría dándose el ósculo de Paz. Todas las virtudes sociales y domésticas las veo brotar como las hojas de los árboles después de un crudo invierno. Cada ciudadano es un Monarca; “Soy libre”, dice, “tengo asegurada mi subsistencia en mi trabajo; mis hijos crecen a la sombra de un gobierno justo; sus sabias leyes los ponen a cubierto de la corrupción de las costumbres, y muero contento”.

 

IV

 

Pasaron los quince días y al despertar vi que todo había sido un sueño. Mis Diputados parecieron, y tan lejos estaban de haber abrazado mi dictamen, que comenzaron por poner nuevos obstáculos, y por manifestar que todo lo que no era mantener una Soberanía, era para ellos una bagatela, aunque persuada lo contrario la razón, la necesidad y el peligro de volverla a perder antes de mucho tiempo. Conocí que había muchos a quienes hacía fuerza la necesidad en que nos hallábamos de abrazar este partido; pero que el medio por donde se les presentaba, y el encaprichamiento en que los había puesto el sistema de los Anglo-Americanos, sus propios intereses (aunque mal entendidos) y esta quisicosilla de no ceder a la opinión de un fulano, por más razón que tenga, les hacía mirarlo con desprecio. Por las objeciones que me hicieron se verá cómo se va a sacrificar el Reino y nuestra libertad a la obstinación de querer mantener una multitud de Soberanías parciales, sin tener fuerzas, luces, ni recursos suficientes para sostenerse.

Convinieron, porque no se puede cerrar los ojos a la razón, en que las Provincias no tienen, ni pueden tener por ahora, Legislaturas; que apenas hay dos gobiernos organizados; que casi todos se hallan sin rentas fijas y arregladas; sin armas; sin una milicia ejercitada: y lo que es más que todo, sin hombres suficientes y capaces de poder llenar todos estos arduos y necesarios objetos; pero para sostener su sistema de Soberanías parciales me contestaron que todos estos obstáculos quedarían vencidos uniéndose unas provincias a otras. Les pregunté ¿si esto lo creían fácil como lo veían? Y si en caso de convenirse a la unión, no entraríamos luego en la disputa de ¿cuál había de ser cabeza o capital de estas Provincias compuestas de otras? Que si, por ejemplo, se unían Cartagena y Antioquia, ¿no querrían Cartagena y Antioquia ser capitales? Y últimamente que ¿si este no era en substancia el sistema Departamental a que tan abiertamente se han opuesto las Provincias?

–Pero hay más –les dije–. Sabemos que, aun cuando todos estos obstáculos se vencieran con la misma facilidad que se proponen la mayor parte de las Provincias, ni aun uniéndose con otra u otras dos de sus limítrofes, pueden sostener la representación de Estados Soberanos para federarse bajo este aspecto. Supongamos que los Llanos se unan a Tunja, Pamplona al Socorro, Neiva y Mariquita a Santafé, Antioquia a Cartagena, el Chocó a Popayán, y Santa Marta con el Valle de Upar y Río de La Hacha hicieran la otra Provincia; pregunto ¿Podrá cada una de estas seis Provincias mantener su representación?

Me dijeron que sí; y que en la federación del Norte América había también una desigualdad semejante, que se equilibraba con la fuerza de la Federación, que corría siempre a sostener a las más débiles contra las más fuertes, y que lo mismo sucedería aquí. Confieso con ingenuidad que no dejó de hacerme fuerza esta reflexión, y que si creyera de buena fe que las Provincias habían de entrar en él sin disputas, ni demoras, suscribiría, porque mi ánimo no es sostener a toda costa mi opinión, sino propender a que se salve el Reino del peligro que inevitablemente corre de volver a ser subyugado, si no nos convenimos en un modo de concentrar nuestras fuerzas, sea cual fuere, como sea pronto; pero yo me temo que este plan no se verifique, como tengo dicho, por la oposición que se ha manifestado al sistema Departamental, que es muy semejante en cuanto a las divisiones, aunque sea mayor la demarcación y distinto su gobierno económico. El que yo he propuesto, es preciso convenir en que es más sencillo, más fácil de poner su ejecución, más seguro para reunirnos y darnos un gobierno uniforme, y por consiguiente preferible para ponernos en seguridad.

Por la distancia de los recursos, me dijeron también los Diputados, ¿no nos viene a dejar como en el antiguo gobierno?

–No, señores, no; este es un error nacido de no pensar bien las cosas, Todos los extremos son viciosos; tan mala es para la administración de Justicia una suma distancia, como la mucha proximidad. Bien sabido es la preponderancia de algunos ricachos en casi todos los pueblos del Reino; si se reconcentra en ellos la administración de Justicia, ¿qué recurso le queda al pobre, al desvalido, para no ser oprimido por el poderoso? La bondad de la ley, se me responderá. No, la ley sola no es bastante, si no se facilitan también los remedios de su ejecución contra los asaltos del oro y del valimiento. No es lo mismo corromper a unos jueces sobre los que se tiene algún ascendiente por las relaciones de parentesco, de amistad, o de los beneficios que la proximidad ofrece a los pudientes, que ir a corromper a una distancia en que no hay ninguna de esas relaciones, ni motivos de corrupción; y aquí es donde el pobre oprimido encuentra toda la fuerza de la ley para reclamar la injusticia que se le irrogó en su suelo patrio. Por otra parte, como en este sistema no debe la ley obligar a recurrir a la Capital, sino que debe quedar al arbitrio y voluntad de las partes, estas quedan como si estuvieran sus provincias en una rigurosa federación: y con ese recurso más, para los casos en que se sientan agraviados. Allí tendrán todos los recursos hasta la definitiva como si fueran enteramente independientes, y una puerta más abierta a la Justicia por si la hubieren menester. Esto quita también la objeción de que los pobres no pueden ocurrir a mucha distancia, porque tampoco ocurren, si no se les deja, como se quiere, a dónde ocurrir, y los que pueden, ocurrirán; lo que siempre es una ganancia para la mayor parte.

La gran dificultad para uno y otro plan está en desencaprichar a las Provincias de su funesto Quijotismo de creerse capaces de sostener su Soberana representación, porque hasta ahora no ha habido un peligro que de bulto les haga conocer que se engañan. Si en algunas es laudable la resistencia que han opuesto a la unión, por temor a perder la libertad que se les ha venido a las manos, en la mayor parte no es más que un delirio entretenido por los que mantienen el mando, que no conocen que mejor les estaría menos autoridad con seguridad, que toda la que se han apropiado con la cuasi certeza de perderla el día que menos lo piensen. Yo amo con todo mi corazón la ciudad en que respiro, pero amo más la libertad, y si para asegurarla creyera que Santafé se debía someter al menor de los pueblos del Reino, sería el primero en suscribir. Antes quiero ser libre en un pueblo, que esclavo en la Capital.

Los respetables Diputados de las Provincias son los que aceleran este momento tan deseado de los hombres de bien, de los verdaderos amantes del País, de la América y de la Libertad. Ellos serán responsables a Dios y a los hombres de la suerte que corra el Reino; en sus manos está nuestro destino, y el de las generaciones venideras. ¡Que pesen, que mediten la importancia y gravedad del asunto que se les ha confiado! Ellos pueden con su influjo, con sus luces, con su representación desimpresionar a las Provincias y obligarlas en cierto modo a abrazar el partido de la razón. ¡Que el cielo derrame sobre todos y cada uno sus bendiciones, para que acierten y les podamos llamar con justicia los salvadores de la Patria!

 

Publicado en La Bagatela, Santafé de Bogotá, 28 de julio, 1811, No. 3; 4 de agosto, 1811, No. 4; 11 de agosto, 1811, No. 5; 25 de agosto, 1811, No. 7.

* Advertencia del P. Cobos, para que nos vuelvan a moder la parte maciza: La Bagatela no habla sólo con Santafé, sólo para Santafé, ni sólo de Santafé.

 


 Línea de tiempo

 

1820

El año de 1820 es el que concluye la transición entre el siglo 18 y el siglo 19, y como tal fue un año de grandes e intensos acontecimientos en todos los órdenes. En 1819 había terminado la Campaña Libertadora de la Nueva Granada, a continuación de la cual el Congreso de Angostura tomó el nombre de Congreso de Colombia y se proclamó la Ley Fundamental de la República de Colombia, en carácter de provisional, integrada por los Departamentos de Cundinamarca (antes Nueva Granada) Venezuela y Quito, que deberían escoger sus diputados al Congreso General convocado para reunirse en Cúcuta en mayo de 1821. En Europa la revolución liberal española comandaba por el general Rafael del Riego, que obligó a Fernando VII a convocar las Cortes decretadas en Cadiz en 1821, convulsionó a Europa.

 

1 de enero: Revolución en España. Rafael del Riego se rebela en las Cabezas de San Juan. Implanta la monarquía constitucional y liberal.
22 de enero: El Congreso de Colombia declara abolida la esclavitud, de derecho, mas no de hecho.
23 de enero: Terrible conmoción en París por el asesinato del duque de Berry, hermano del rey de Francia, y heredero al trono.
24 de enero: En ataque por sorpresa los españoles recuperan Popayán.
10 de febrero: Jorge IV es proclamado Rey de Inglaterra.
7 de marzo: Fernando VII jura la Constitución liberal de Cadiz de 1812.
11 de marzo: Simón Bolívar decreta la creación de la Provincia del Cauca, con Cali como capital.
23 de marzo: Antonio Nariño, preso en la cárcel pública de Cádiz, queda en Libertad.
15 de marzo: Con el relevo en las generaciones llega el relevo inevitable en la moda. Los jóvenes estrenan los pantalones largos, y los antiguos bombachos quedan como el símbolo de la generación que se va.
30 de marzo: Se reimplanta en Francia la censura de prensa.
11 de mayo: La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprueba el reconocimiento de la Independencia de América Latina, por 80 votos contra 75.
20 de mayo: El presidente Libertador, Simón Bolívar, ordena la devolución de los resguardos a los indígenas.
5 de junio: Bolívar crea juntas de comercio y agricultura en todas las capitales de provincia.
20 de junio: El Libertador Simón Bolívar nacionaliza la educación
20 de junio: El Pacificador Pablo Morillo envía comisionados ante el Presidente Libertador, Simón, Bolívar, para negociar la paz.
23 de junio: El coronel Mariano Montilla derrota a los españoles en Laguna Salada y queda liberada la Guajira.
9 de julio: Se instalan en Madrid las Cortes.
12 de julio: El Almirante Luis Brion libera Barranquilla.
13 de julio: El Congreso de Colombia rechaza las propuestas de Morillo de unirse a la monarquía constitucional española.
21 de julio: El Libertador responde positivamente a las propuestas de armisticio del pacificador Pablo Morillo.
22 de julio: Amenaza de guerra civil en España. Se organiza una junta contra revolucionaria y absolutista, denominada Apostólica.
1 de agosto: Agitación en varias capitales de Europa por la revolución liberal en España.
1 de agosto: Francisco Antonio Zea celebra un convenio con Hening, Graham y Powles, representantes de los acreedores de Colombia. La deuda, que era de $2. 500. 000, se crece a $4. 578. 700
7 de agosto: Multitudinaria y apoteósica celebración del primer aniversario de la Batalla de Boyacá
22 de agosto: Desde Gibraltar Antonio Nariño le escribe al Presidente Libertador Simón Bolívar, para comunicarle su libertad y nombramiento como diputado a Cortes, al tiempo que le dictan orden de captura.
8 de septiembre: Arenga del general Rafael del Riego a las Cortes españolas. Las incita a defender las nuevas instituciones liberales e incluso, si es necesario para liquidar todo vestigio del despotismo, a establecer la República.
11 de septiembre: En Londres, Francisco Antonio Zea propone una Confederación Hispanoamericana.
20 de septiembre: Mensaje del Libertador de las Provincias del Río de La Plata, José de San Martín, a los soldados del ejército libertador de Colombia.
21 de septiembre: Zea le anuncia a Bolívar que Nariño partirá dentro de pocos días.
23 de septiembre: Deplorable situación interna en España por la guerra civil entre absolutistas y constitucionalistas.
1 de octubre: Tropas patriotas liberan en Venezuela la ciudad de Mérida
6 de octubre: El vicepresidente de Cundinamarca, Francisco de Paula Santander, decreta la creación de escuelas públicas en todo el Departamento.
8 de octubre: Quedan liberadas en el Departamento de Venezuela las provincias de Mérida y Trujillo.
9 de octubre: Guayaquil proclama su independencia.
19 de octubre: Queda liberada la provincia de Barcelona.
20 de octubre: Nuevos contactos de Bolívar y Morillo para celebrar el armisticio.
31de octubre: Conferencia de los soberanos aliados, en Troppau, Austria para acordar la intervención entre España contra la revolución liberal.
6 de noviembre: Avanza la revolución educativa en Colombia después de la victoria en Boyacá. Se anuncia la apertura de un nuevo curso de geometría teórica y práctica en el Colegio de San Bartolomé.
7 de noviembre: Toma cuerpo la revolución antiabsolutista en Portugal.
8 de noviembre: Queda libre el puerto de Guayaquil, en el Departamento de Quito.
9 de noviembre: El general mariano Montilla libera a Fundación.
11 de noviembre: Eligen Diputados de la Provincia de Pamplona al próximo Congreso General.
12 de noviembre: Se enarbola en Cariaco, Venezuela, el pabellón de la República de Colombia.
16 de noviembre: Principio de no intervención y respeto a la autodeterminación de los pueblos. Los Suizos reiteran que reconocen el derecho de los demás pueblos a formar sus gobiernos y condenan el intervencionismo de la Santa Alianza para restablecer en América los gobiernos monárquicos.
18 de noviembre: Bolívar y Morillo convienen un cese al fuego parcial.
19 de noviembre: Santa Marta queda liberada por las tropas del general Mariano Montilla.
20 de noviembre: James Monroe es reelegido presidente de los Estados Unidos de Norte América.
25-26 de noviembre: Bolívar y Morillo se entrevistan en Santa Ana. Firman un armisticio general por seis meses. Morillo reconoce que la guerra está perdida y anuncia su regreso a España, donde escribirá sus memorias para vindicarse de los cargos por crueldad y crímenes de guerra que le formuló Antonio Nariño en sus Cartas de Enrique Somoyar, pubicadas a principios de año en la Gaceta de Cádiz.
1 de diciembre: Se inician los viajes regulares de vapores por los ríos Ohio y Mississipi, en los Estados Unidos.
3 de diciembre: Las provincias de Cundinamarca eligen sus representantes para el próximo congreso general de Colombia.
3 de diciembre: El Pacificador Pablo Morillo se despide de sus tropas. Confía en que las Cortes y el rey pasarán del armisticio a la paz con las antiguas colonias, cuya soberanía reconocerán.
8 de diciembre: La provincia de Cuenca, en el Departamento de Quito, proclama su independencia y nombra junta de gobierno.
20 de diciembre: James Hancock, inventor e industrial londinense, crea una máquina procesadora de caucho natural o látex, que hará del caucho un elemento indispensable para la fabricación de numerosos productos-
25 de diciembre: Pablo Morillo se embarca para España y deja al mando al mariscal de campo Miguel de la Torre.
31 de diciembre: Al terminar el año solo quedan por liberar en el Departamento de Cundinamarca, la ciudad de Cartagena y el Istmo de Panamá.

La Instalación del Supremo Colegio Electoral de Cundinamarca, el 13 de junio de 1813, fue la culminación aparente del enfrentamiento que dividió a las dos corrientes surgidas inmediatamente después de la caída del régimen colonial el 20 de julio de 1810. Una de ellas, la federalista, proponía una constitución semejante a la que entonces era la República Modelo, los Estados Unidos de Norteamérica. Y otra, la centralista, partidaria de un Estado fuerte y unitario, basado en la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano expedida por la Asamblea Nacional de Francia el 4 de agosto de 1789, y cuya primera traducción al español había sido hecha por Antonio Nariño en 1793.

La corriente federalista, liderada por el doctor Camilo Torres, tomó la iniciativa y formó gobierno el 25 de julio, presidido por don José Miguel Pey; el 29 de julio se convocó a las diversas provincias del Reino para enviar diputados a Santafé, con el fin de formar un congreso constituyente de las Provincias Unidas y crear el nuevo Estado, sin que todavía se hablara de Independencia absoluta, ni de separación de España, acciones ya configuradas de hecho. La Junta Suprema de Santafé, por presión popular irresistible y constante, suprimió las instituciones pilares del régimen antiguo (el Virreinato y la Real Audiencia), y encargó la elaboración de un proyecto de Constitución a una comisión presidida por don Jorge Tadeo Lozano, que lo redactó en su mayor parte. El 22 de diciembre de 1810 se instaló en Santafé el Congreso, con asistencia de diputados de siete de las doce provincias que conformaban el extinguido Virreinato de la Nueva Granada. El Congreso eligió presidente a don Manuel de Bernardo Álvarez, y secretarios al doctor Crisanto Valenzuela y a Antonio Nariño, y aprobó tentativamente el proyecto de Constitución de Jorge Tadeo Lozano, sin mayor discusión, condicionando la aprobación definitiva de la Carta a la discusión previa por parte de los Colegios Electorales, que eran el cuerpo legislativo de cada Provincia, como lo disponía la Constitución aceptada en principio por el Congreso. El Colegio Electoral de Cundinamarca se instaló en febrero de 1811 e inició de inmediato el análisis de la Constitución, el que se prolongó los meses de febrero y marzo, con objeciones que se plantearon al redactor del proyecto y que Jorge Tadeo Lozano explicó satisfactoriamente. En los últimos días de marzo las provincias deliberantes dieron su beneplácito al texto constitucional y procedieron a la elección de sus presidentes respectivos. En Cundinamarca, el Colegio Electoral nombró por unanimidad presidente del Estado a don Jorge Tadeo Lozano, quien, pretextando que padecía enfermedades crónicas, rehusó por tres veces aceptar la presidencia. El Colegio Electoral de Cundinamarca trasladó el asunto al Congreso, que reiteró el nombramiento de Lozano. Al fin el renuente candidato aceptó y tomó posesión del Poder Ejecutivo de Cundinamarca el 1 de abril de 1811, fecha que se conservaría para las asunciones presidenciales hasta 1886, en que la Constitución de ese año estableció la del 7 de agosto, en homenaje a la Batalla de Boyacá de 1819.

Las objeciones más serias a la Constitución de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, habían sido planteadas por el segundo secretario del Congreso, Antonio Nariño, y a ellas no dio Jorge Tadeo Lozano una explicación que convenciera a la minoría centralista de que esa Constitución se adaptaba a las necesidades del nuevo Estado, pues estaba calcada de una Carta hecha para una nación de características e idiosincrasia diferentes por completo a las condiciones geológicas y humanas de la Nueva Granada. Además, se establecía el absurdo de que la soberanía nacional no existía, porque la Constitución de 1811 tampoco declara la independencia absoluta, ni la separación de España, mientras que las Provincias sí eran soberanas, lo que inevitablemente conduciría al caos y a la disolución. Nariño publicó en julio siguiente La Bagatela, primer periódico político en Colombia, y en dos meses creó un movimiento popular de oposición a don Jorge Tadeo Lozano, que lo obligó a su renuncia el 19 de septiembre. Ese mismo día, Nariño fue elegido presidente de Cundinamarca por el Colegio Electoral. Las diferencias inconciliables entre federalistas y centralistas condujeron a un conflicto armado entre el Congreso (que se trasladó a Tunja) y el Gobierno de Cundinamarca. La guerra civil estalló en 1812, el Congreso apoyado por las provincias de Antioquia, Cartagena, El Socorro y Cauca, y el gobierno de Cundinamarca, por las provincias de Neiva, San Gil, Casanare y Mariquita. Sitiada Santafé por las tropas del Congreso, éstas atacaron la capital el 9 de enero de 1813, pero la derrota aparatosa y apabullante que sufrieron a manos del ejército disminuido de Nariño, y de los ciudadanos de Santafé, liquidó a las fuerzas federalistas y causó la rendición del Congreso. A partir de ese momento Nariño se dedicó a la organización administrativa del Estado, la convocatoria del Colegio Electoral para reformar la “Constitución defectuosa” de 1811, declarar la Independencia absoluta de Cundinamarca y dar cuerpo al Ejército Expedicionario que haría la Campaña Libertadora del Sur.

El discurso pronunciado por el presidente de Cundinamarca, Antonio Nariño, para la instalación del Colegio Electoral de 1813, del cual reproducimos los apartes más significativos, es sin duda, como podrá comprobarlo quien haga un estudio comparativo de ambas piezas, uno de los documentos que más influyó en las ideas expresadas por el Presidente Libertador Simón Bolívar al instalar el Congreso de Angostura de 1819, como paso previo a la iniciación de la Campaña Libertadora de la Nueva Granada.

 


 

Discurso del Presidente Antonio Nariño en la instalación del Colegio Electoral de Cundinamarca en 1813

 

 

Por Enrique Santos Molano

 

“No digamos a los pueblos, sed libres:
hagámosles sentir
las ventajas de la libertad y ellos la desearán”.
Hist. Filosófica, t. 3.

 



“El presente Colegio se va a instalar en uno de los momentos más críticos y delicados en que quizá nunca se volverá a ver la Representación Nacional de Cundinamarca. No sólo su suerte, señores, está hoy en vuestras manos, la de la Nueva Granada, y no sé si diga también que la de toda esta parte de la América del Sur puede depender del acierto en vuestras deliberaciones. No se trata sólo de venir a revisar una constitución defectuosa y de nombrar los funcionarios que deben ocupar los empleos de nuestro Gobierno Provincial: se trata también de resolver el gran problema de la Acta Federal, problema que ha parecido tan fácil a esas almas vulgares que sólo obran por imitación, sin calcular las consecuencias, los tiempos y los lugares; pero problema de cuya resolución depende en gran parte la suerte de este Continente”.



[Nariño expone enseguida una parábola acerca del mal uso de los recursos, de la interpretación equivocada y equívoca en la inversión de las riquezas, aplicadas a cosas inútiles, y por lo mismo desperdiciadas, y advierte el peligro mortal de una burocracia desmedida y desbocada, y de cómo los errores de juicio suelen perder a muchos del común en beneficio de unos pocos capitalistas].



 “Me parece, señores, que la aplicación es bien sencilla: vosotros sabéis el sistema que la España siguió con la América desde su descubrimiento hasta nuestros días; contenta con sacar de ella los productos de sus riquísimos suelos, jamás pensó en mejorarlos; a nosotros se nos mantenía en una perfecta ignorancia en materias de gobierno, y no sólo no se nos daba parte en él, no sólo se nos prohibía el estudio del Derecho Público y de Gentes, sino hasta de los libros que nos podían ilustrar en estas materias. Murió la Casa de Borbón con los sucesos de Bayona, y dueños nosotros de estos riquísimos y fértiles países, llenos de los más santos y laudables deseos de mejorarlos, en lugar de comenzar una reforma gradual y meditada, abrazamos el partido desesperado de quererlo todo destruir y edificar en un solo día: recedant vetera, nova sint omnia, [atrás lo viejo, renuévese todo] fue nuestra divisa; y como las ideas que más se habían divulgado entre nosotros por el ejemplo, eran las de Norte América, el grito universal fue por este sistema. Se dividió el Reino en tantos Estados cuantas eran antes las Provincias y Corregimientos. Cada Estado debe tener tantos funcionarios en su gobierno como los que se necesitarían para toda la Nueva Granada; los canales de las rentas públicas deben refluir hacia cada uno de esos Estados; se cegarán los antiguos manantiales, y se abrirán otros nuevos para que su curso sea más natural. Habrá en cada Estado Soberano un Cuerpo Legislativo, compuesto de tantos individuos cuantos diere su población, en razón de uno por tantas mil almas (sepan o no hacer leyes); un Poder Ejecutivo que las practique; Tribunales de Justicia hasta de las últimas instancias para que los pueblos no tengan que ir a mendigarla a otros países; Senados conservadores de la Constitución; fuerza armada (tengan o no armas), y tesoro público para todos estos gastos. Se fundarán escuelas para dar una nueva educación a la juventud; se abrirán caminos; se edificarán parques de artillería; fundiciones de cañones; habrá nitrerías y fábricas de pólvora; Casas de Moneda en todas las Provincias para que una o dos no den la ley a los demás; y, finalmente, por una consecuencia de las soberanías parciales, se fundarán obispados, coros y rentas eclesiásticas.

“¿Qué os parece, señores? ¿No es esta una pintura halagüeña de nuestra felicidad futura? ¿Habrá hombre, por estúpido que sea, que no alabe y bendiga la mano que trazó tan bello plan? Aquí están estampados los más sublimes principios sobre la perfectibilidad de los gobiernos.

“Han corrido, no obstante, tres años, y ninguna Provincia tiene tesoro, fuerza armada, cañones, pólvora, escuelas, caminos, ni casas de moneda: sólo tienen un número considerable de funcionarios que consumen las pocas rentas que han quedado, y que defienden con todas sus fuerzas el nuevo sistema que los favorece”. No importa, dicen, los males presentes, si la esperanza de las grandes ventajas de este sistema, nos deben recompensar con usura. La libertad hace milagros, y si no fuera por el intruso presidente de Cundinamarca, ya el Reino estaría organizado; pero este hijo desnaturalizado, por una ciega ambición de dominarlo todo, quiere reducirnos a la esclavitud de su capital corrompida.

“Entre tanto, los enemigos de la libertad de la América se acercan por diversos puntos, las Provincias, sin medios de defensa, ocurren a la corrompida capital y al intruso Presidente que les han franqueado seis expediciones en año y medio” [La de Ocaña, mandada por Morales; la de San Gil, por Ricaurte; la de Cúcuta, por Baraya; la de Simití, por Rieux;  la de Popayán, por Vlllavicencio; y los últimos auxilios para el Ejército del General Bolívar, al mando del coronel Ribas; sin contar las que están preparadas para Popayán y Pore, la de Palacé, y las que salieron con el presidente del Estado. Nota de la Gazeta Ministerial de Cundinamarca.], “pero como Cundinamarca es la vaca a quien todos ordeñan y dan de palos en lugar de darle de comer, la vaca morirá y las Provincias no tendrán a quien ocurrir dentro de poco. ¿Será preciso, señores, ser un gran profeta para pronosticar la suerte que se nos espera? ¿Deberemos buscar en manejos ocultos la causa de nuestra ruina, o en nuestros propios delirios? ¿Qué se habría dicho de un hombre que a principios del siglo pasado hubiera aconsejado a Pedro el Grande que redujera la Rusia en Provincias Soberanas para hacer la felicidad de aquellos pueblos con el sistema más perfecto que han inventado los hombres? ¿Qué contraste no habrían hecho las Provincias de Siberia y de la Nueva Tartária con las de Moscou o Petersburgo? ¿Cómo habría podido civilizar este grande hombre en tan poco tiempo tan vasto imperio? ¿Cómo habría podido resistir al torrente impetuoso de los ejércitos de Carlos XII, si la Siberia, Kamchatka, y las demás provincias interiores, hubieran tenido que disciplinar y pagar por sí sus tropas y nombrar sus generales?


“Pero ya oigo que se me va a responder que el Congreso salva cuantas dificultades se opongan a este sistema; y yo contesto en solas dos palabras: que establecer un sistema de debilidad para formar un cuerpo robusto, es una contradicción, un absurdo y el último de los delirios del entendimiento humano; debilitar los fragmentos para robustecer el edificio no cabe en mi cabeza. Sin que se me replique con el ejemplo de Norte América, porque repito cien veces que no estamos en caso de comparación con unos pueblos que siempre fueron libres, y que tuvieron los auxilios de la Francia y de la España para defenderse. Y si nosotros nos hemos de perder con nuestras bellas constituciones, ¿por qué no hemos de abrazar otro sistema que, aunque menos liberal, nos pueda a lo menos poner a cubierto de los males que se nos esperan? ¿Por qué no hemos de abrir los ojos con la experiencia y remediar el mal en donde lo conocemos, antes que se haga incurable?



“No está aquí por demás un ejemplo que acabe de aclarar mis ideas en esta parte: el célebre Smith, en su obra inmortal de La Riqueza de las Naciones, hace ver hasta la evidencia que de la división del trabajo nace la perfección de las artes y su bajo precio; que un alfiler que pasa por diez y ocho manos distintas no alcanzaría a mantener a un hombre si lo trabajara sólo. Pero siendo este el fundamento de su sistema, añade: mas si en Escocia, en donde no tienen salida las fábricas, un herrero se dedicara a hacer solo llaves de candados, este Herrero perecería por falta de expendio; aquí debe ser herrero, cerrajero y todo a un mismo tiempo. Es decir, que lo más perfecto no se puede establecer con el mismo éxito en todas partes. Ningún hombre merecería con más justa razón una estatua que el que encontrara un sistema universal de gobierno, que conviniera igualmente en todos tiempos a todos los países del mundo.


“Nada digo, señores, que no esté delante de vuestros ojos. El día funesto se acerca en que si no mudamos de conducta, vamos cargados de nuestras bellas Constituciones a morir en los cadalsos o en las bóvedas de las Antillas, maldiciendo la crueldad de nuestros capitalistas, que no nos concedieron tres años más para acabar de realizar nuestro sistema favorito”.



[Al llegar a este punto, donde ha venido atacando al federalismo hasta volverlo flecos, Nariño da un giro de dialéctica asombroso y desconcertante, y opina que, estando empecinadas las provincias en aplicar el sistema federalista, Cundinamarca debe entrar en este sistema, porque ni el Congreso puede subsistir sin Cundinamarca, “ni Cundinamarca puede sostenerse por sí sola dando auxilio a todas las Provincias; conque es indubitable que no podemos subsistir en el estado en que nos hallamos”. Nariño llega a la conclusión de que “Es mejor, sin duda, un mal sistema, que ninguno. Opino, pues, que entremos en federación, no porque crea éste el mejor sistema para nosotros en las circunstancias actuales, sino porque es el único camino que nos queda para no concluir inmediatamente con nuestra libertad y nuestra existencia”.]



Y con igual fuerza de convicción explica las ventajas que en esas circunstancias pueden obtenerse de un mal sistema, cita numerosos ejemplos prácticos, apela a la sabiduría de filósofos como el abate Raynal, su gran maestro; señala las causas que llevaron a la ruina la República francesa, y asienta: “Pasar por grados de lo conocido a lo desconocido, es lo que nos enseña una buena lógica, en todo conforme con la razón y la experiencia. Todo lo que puede hacer el amor de la libertad es acelerar estos pasos, pero nunca trastornar su curso sin el peligro de hacer esfuerzos infructuosos”. Y dispara con ironía suprema: “Tres ejemplos no más quiero poneros en nuestros más acalorados demócratas: amor a los empleos, a las distinciones y al ocio. Al oírlos parece que el santo amor de la patria y de la Libertad es el único móvil de sus acciones; pero siguiendo el consejo de Cicerón, tentadlos con un trabajo asiduo y constante, y si por fortuna lo lográis, veréis al instante la reclamación de las recompensas debidas a su mérito; llegad al otro, y no digo pedidle la hija para que se case con un honrado labrador, sino sólo que sirva en la milicia con el valiente artesano, y lo veréis desertar creyendo manchado su linaje. ¿De dónde nace esta contradicción? De que aunque quieren, no pueden de repente escribir con su mano izquierda”.
    
La conclusión del discurso es clamorosa, tiene un tono apoteótico que se conserva, e incluso se aumenta, con el transcurso de los años:

“Cuando nuestra suerte dependía de unos amos fieros y altaneros, nos bastaba saber obedecer; pero hoy, que depende de nosotros mismos, es preciso saber pensar, saber sofocar nuestras pasiones, nuestros resentimientos, nuestros vicios, y saber sacrificar generosamente nuestros intereses y nuestras vidas. Advertid que ya estáis en altamar y que no basta arrepentiros de haberos embarcado para llegar al puerto; es preciso no soltar los remos de las manos, si queréis escapar de la tormenta. ¡Que el fuego sagrado de la libertad penetre vuestros corazones, que inflame vuestras almas, que ilumine vuestros entendimientos! Sí, ¡que este fuego puro, este fuego santo, que no es otra cosa que caridad y amor a nuestros semejantes, os haga dignos del alto rango a que hoy os llaman los destinos del Nuevo Mundo! Nada acerca tanto al hombre a la Divinidad como la acción de mejorar a sus semejantes, de romper sus cadenas, de enjugar sus lágrimas y hacer su felicidad. La virtud es la base, el fundamento de la libertad; sin ella no hay más que confusión y desorden. ¡Que un trabajo asiduo y constante, que una reflexión madura y detenida y una integridad a toda prueba contra la intriga, la seducción y el cohecho, sean los distintivos que os caractericen! El cielo bendecirá la obra de vuestras manos, y nosotros con toda nuestra posteridad cantaremos himnos de gozo y de reconocimiento a los restauradores de la paz, a los libertadores de la Patria”.

 


Las clases dominantes en Colombia a partir de la Independencia

 

 

Por Enrique Santos Molano

 

 

El análisis de los acontecimientos que dieron origen y desarrollo a las ideas de la Independencia, y a la lucha por la libertad, nos muestra que la dificultad más obstinada que encontraron los ideólogos y líderes del movimiento independentista fue la escasa conexión entre las ideas libertarias y los intereses de la población. Un levantamiento como el de los Comuneros, en 1781, que movilizó a más de veinte mil personas (vasallos del Rey) tuvo por enchufe que los conectó a todos, un interés económico común: el exceso de impuestos y el ningún beneficio que los vasallos (tanto los de la nobleza criolla como los del común) recibían del pago de tributos destinados, una parte, a la Hacienda Real, y otra al bolsillo de los recaudadores. La corrupción no es un invento de la modernidad. Ya en la Grecia antigua, el más crítico de los clásicos, Eurípides, dedicaba “largas noches a pensar en las causas de la corrupción”. Y en todos los tiempos ha sido ella uno de los azotes que más castigan la economía de los que se ganan el pan honradamente y que son los creadores de riqueza verdadera, como lo recalca Adam Smith en su ensayo prodigioso, La Riqueza de las Naciones, publicado en 1776, fecha en que las colonias inglesas de Norte América declaran su independencia y comienzan su guerra para sacudirse el dominio inglés.

Tan pronto el movimiento de los Comuneros consigue su objetivo de eliminar los diversos impuestos abrumadores, implantados en los últimos tres años, se disolvió con la misma facilidad con que se había formado. Sólo quedó en pie de guerra un grupo no superior a trescientos rebeldes, dirigido por José Antonio Galán, quien decidió proseguir la campaña bélica de acuerdo con un puñado de criollos de la nobleza de Santafé y de El Socorro. Galán, por un tiempo fugaz, puso en jaque a las autoridades españolas, pero no encontró el respaldo popular necesario, fue traicionado por criollos ricos de El Socorro, que se organizaron para perseguirlo y finalmente lo capturaron. La Real Audiencia dictó una sentencia infame, e infamante, contra Galán y tres de sus compañeros, les aplicó las penas más crueles (tortura, ser arrastrados hasta el cadalso, colgados, incinerados, descuartizados), y mandó exhibir sus cabezas, pies y manos en los lugares “donde habían “cometido sus crímenes”, para servir de ejemplo de lo que les aguardaba a los bandidos que tuvieran el atrevimiento de levantarle la voz a Su Majestad.

El fracaso triunfal del movimiento comunero separatista de Galán, cumplió con éxito su misión auténtica de sembrar la semilla de la rebelión, semilla de libertad que fue creciendo y esparciéndose, abonada con sangre y penalidades, hasta producir el fruto buscado, la abolición del régimen colonial español y la creación de estados republicanos y democráticos, como lo había pedido Antonio Nariño en su discurso célebre del Colegio Electoral en 1813: “Sí, ¡que este fuego puro, este fuego santo, que no es otra cosa que caridad y amor a nuestros semejantes, os haga dignos del alto rango a que hoy os llaman los destinos del Nuevo Mundo! Nada acerca tanto al hombre a la Divinidad como la acción de mejorar a sus semejantes, de romper sus cadenas, de enjugar sus lágrimas y hacer su felicidad. La virtud es la base, el fundamento de la libertad; sin ella no hay más que confusión y desorden. ¡Que un trabajo asiduo y constante, que una reflexión madura y detenida y una integridad a toda prueba contra la intriga, la seducción y el cohecho, sean los distintivos que os caractericen! El cielo bendecirá la obra de vuestras manos, y nosotros con toda nuestra posteridad cantaremos himnos de gozo y de reconocimiento a los restauradores de la paz, a los libertadores de la Patria”.

Estos pensamientos, brotados del más puro romanticismo (porque las revoluciones y la libertad sólo se dan en espíritus románticos, como lo fueron Galán, Bolívar y Nariño, por ejemplo), no parten de un deseo del orador, sino de las observaciones que él ha hecho a lo largo de una vida dedicada a la lucha por la libertad en medio de sufrimientos y persecuciones incontables. Cuando Nariño pide “un trabajo asiduo y constante … una reflexión madura y detenida y una integridad a toda prueba contra la intriga, la seducción y el cohecho” no se basa en elucubraciones morales, sino en la comprobación práctica de cómo esas características dominan la actitud de muchos compatriotas que, a punta de intriga, seducción, y cohecho, han perdido la integridad, pero se han asegurado los cargos públicos para beneficio de sus intereses de clase, con lo que la situación de los pueblos que padecieron el yugo colonial, derrocado el cual siguieron sometidos al mismo yugo, ya no a manos de los españoles, sino de los propios criollos, miembros de élite corrupta de terratenientes, herederos del sistema de las encomiendas. Así se fue formando una oligarquía conjunta de terratenientes y comerciantes que acaparó los privilegios del poder, arropada teóricamente en la defensa de las ideas más liberales, que en la práctica generaron una de las sociedades más desiguales, inequitativas e injustas que hoy existe.


Las contradicciones entre el poder oligárquico y el poder popular afloraron desde el principio. El proyecto de Antonio Nariño de distribuir entre los campesinos que las trabajaban (en su mayor parte indígenas) las tierras de las encomiendas, desató la cólera de los criollos hacendados que, agrupados en el Congreso de las Provincias Unidas, declararon a Nariño traidor, enemigo de la libertad y “tirano de Cundinamarca”, y le hicieron la guerra con el pretexto de liberar “de su opresor a los pueblos de Cundinamarca”.

El libertador Simón Bolívar refrendó en el Congreso de Angostura de 1819 los conceptos que Antonio Nariño había esbozado ante el Colegio Electoral de 1813. El llamado del Libertador a los diputados al Congreso que, como los del Colegio Electoral, tenían la misión de redactar una nueva Carta Magna, es: “Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente Popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad, la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad”.

Tristemente, Nariño y Bolívar estaban solos, no habían tenido oportunidad de formar un equipo dirigente capaz de sostener en el tiempo las ideas preconizadas por ellos, ni de formar una opinión popular que ayudara a materializarlas. Mientras que, en la Campaña del Sur de 1813, Nariño era traicionado por el Congreso de las Provincias unidos, y por causa de esa traición vencido en Pasto, hecho prisionero y enterrado en una cárcel de la Península (Cádiz), y Bolívar, después de Boyacá, marchaba a la Campaña del Sur para completar la liberación de cinco naciones, los intrigantes, auspiciados por el gobierno de los Estados Unidos y la doctrina Monroe, se adueñaron del poder. Así, en lugar de que el país surgido de la lucha y del pensamiento de los Libertadores Francisco de Miranda, Antonio Nariño y Simón Bolívar, estuviera orientado por ese pensamiento, quedó en las manos de un círculo de militares, terratenientes y comerciantes que cerraron filas en torno a la figura del general Francisco de Paula Santander. Representaba él entonces, y la representa hoy a la perfección la hipocresía, la intriga, el cohecho de una clase dirigente encantadoramente ruin, inescrupulosa y farsante.


La última victoria que Simón Bolívar y Antonio Nariño obtuvieron juntos, fue la realización, en parte, del proyecto mirandino de crear una gran república latinoamericana, desde México hasta la tierra del Fuego, que pudiera oponer a los Estados Unidos un poder equivalente, capaz de atajar las ambiciones imperialistas de los Estados Unidos de Norteamérica, ya advertidas por Miranda, por Nariño y por Bolívar, en las ocasiones en que les fue posible prevenir a sus conciudadanos del peligro que para ellos representaba el poder asustador que ya dejaba ver nuestro vecino del Norte. En 1821, en plena campaña libertadora del Sur, el presidente Bolívar, que no descuidaba un segundo la importancia de la acción política, logra convocar a un grupo de diputados de la Nueva Granada y Venezuela para reunir el Congreso Constituyente en la Villa del Rosario de Cúcuta, encargado de crear una nueva nación que integre a la Nueva Granada, Venezuela y Quito en un país unitario bajo el nombre de Colombia. La muerte repentina del vicepresidente de la República, Juan Germán Roscio, le crea a Bolívar un problema serio. Él no puede apartarse del terreno de las operaciones militares, que requieren su presencia irremplazable, para desplazarse hasta Cúcuta a instalar el Congreso. Y los hombres en quienes podría pensar para esa misión, están con él en la guerra, son imprescindible para ganarla. ¿Qué hacer? El más indicado para sustituir al difunto Roscio era el general Santander, vicepresidente de Cundinamarca (Nueva Granada), pero Bolívar no confía en Santander, quizá porque aún no lo conocía bien, o quizá porque ya lo conocía demasiado bien. En ese momento crítico recibe el presidente Libertador una carta de Antonio Nariño, que después de coadyuvar a la revolución de Rafael del Riego en la Península, ha sido liberado y le anuncia que está de regreso a su patria. Bolívar recibe el retorno de Nariño como providencial, se reúne con él en Achaguas, lo nombra vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejecutivo, y le encomienda que proceda a la instalación del Congreso Constituyente de Cúcuta y a la creación de la República de Colombia.

Nariño, con su voluntad de acero, hace a un lado las calamidades físicas de su organismo deteriorado por la edad y los padecimientos continuos, y en jornadas incesantes, que para un joven habrían resultado duras, aquel hombre anciano (56 años, edad avanzada para el promedio de la época) llega a Cúcuta, enfrenta las intrigas, zancadillas y obstáculos de todo género con que los diputados partidarios del general Santander intenta impedirle que cumpla con lo mandado por el Libertador, e instala el Congreso Constituyente de Cúcuta el 6 de mayo de1821, del cual nacerá la República de Colombia, que la historia ha denominado la Gran Colombia. Agotado físicamente, Antonio Nariño, cumplido el encargo del Libertador, renunció la vicepresidencia, renuncia que los santanderistas aceptaron con no disimulada alegría. El Congreso eligió como primer presidente de la República de Colombia al Libertador Simón Bolívar, y como vicepresidente, al general Francisco de Paula Santander. La mayoría del senado votó a favor de la elección de Antonio Nariño como senador del Congreso que convocó sus sesiones para 1823 en Bogotá, designada capital de Colombia: pero tres senadores santanderistas objetaron la elección de Nariño, acusándolo de “delitos graves” que lo hacían indigno de ser senador de la República. La mayoría del senado se opuso a la anulación de la curul del expresidente Antonio Nariño, y se decidió trasladar el asunto a un juicio que se realizaría en el senado de 1823 y en el que Nariño tendría oportunidad de defenderse de los cargos que le imputaban sus detractores. El episodio es de sobra conocido. Se sabe que los acusadores de Nariño, al culminar él su defensa, salieron del senado con el rabo entre las piernas, al paso que Nariño salió en hombros de una multitud de ciudadanos populares que lo aclamó larga y emocionadamente. Sin embargo, es importante recalcar como ese episodio retrata con fidelidad la esencia rufianesca de la clase dirigente que asumió los destinos de Colombia y a la que se ha conocido históricamente con el gentilicio de santanderista.

Culminada en 1824 la guerra de Independencia, expulsadas del territorio americano la totalidad de las fuerzas y autoridades españolas, el Libertador abordó la segunda parte del proyecto de Miranda, la integración de las naciones latinoamericanas en una confederación de países con distintos gobiernos, pero con intereses comunes, como en las antiguas ciudades-estado griegas. Comenzó una acción diplomática para invitar a las jóvenes repúblicas latinoamericanas a reunirse en Panamá, en un Congreso Anfictiónico, sin presencia de los Estados Unidos, al que no se invitaría porque, en opinión de Bolívar, los intereses de los Estados Unidos eran diferentes a los intereses de los Estados Latinoamericanos. El Congreso Anfictiónico de Panamá buscaba, además de la unidad latinoamericana, darle un rechazo rotundo a la doctrina Monroe, es decir, a la injerencia de los Estados Unidos, angloparlantes, en los asuntos de los Estados Latinoamericanos, hispanoparlantes. Esa actitud ya la había analizado con suficiente claridad el Libertador en su Carta de Jamaica (1816) y en su discurso de instalación del Congreso de Angostura (1819); pero los Estados Unidos tenían en Colombia el agente encubierto que les ayudaría a frustrar los planes de Bolívar, el vicepresidente Francisco de paula Santander. Santander, desoyendo las instrucciones de Bolívar, invitó a los Estados Unidos (él, siempre tan amable con ellos) a participar en el Congreso anfictiónico que se reunió en Panamá en 1826. Los Estados Unidos enviaron su delegado, con instrucciones presidenciales precisas de defender los intereses de la nación norteamericana, y lo hizo tan bien que el Congreso resultó un fracaso para los propósitos unitarios de Bolívar y un triunfo para la consolidación de la doctrina Monroe.

La diferencia entre Bolívar y Santander, que es la explicación de por qué, al comenzar la República, la democracia perdió el poder, y la oligarquía lo ganó, es que Santander era el hombre cómodo para los intereses de los Estados Unidos, y Bolívar era el hombre incómodo para esos intereses. Simón Bolívar era un estorbo peligroso para el destino manifiesto de la nación que a los ojos del mundo surgía como el modelo paladín de la libertad y la democracia, y se hizo necesario sacarlo del camino, a él y a todos los que en adelante se opusieran al expansionismo democrático (y principalmente territorial) de los Estados Unidos. El 25 de septiembre de 1828 una conspiración santanderista intentó asesinar al libertador, acto criminal que la legación estadounidense justificó como un impulso de amor por la libertad y de odio al tirano. El mismo año, una alianza entre santanderistas y venezolanos adictos al general José Antonio Páez, saboteó la Convención Constituyente de Ocaña, con la bendición norteamericana. En 1919 el presidente del Perú, José Lamar, otro hombre cómodo para los Estados Unidos, invadió territorio colombiano y provocó una guerra. El agresor fue rápida y contundentemente derrotado por el el gran mariscal de Ayacucho. El Libertador renunció la presidencia ante el Congreso (1830), se retiró supuestamente de la vida pública y viajó a Santa Marta en busca de mejores aires para su salud, confiado en que el gran mariscal de Ayacucho sería su sucesor y continuador de los esfuerzos por mantener la unidad de Colombia. Sucre fue asesinado (1830) poco después del viaje de Bolívar, quien sufrió con ese crimen el golpe más duro a sus ideales. El libertador murió en Santa Marta el 30 de diciembre de 1830. Al año siguiente, los Estados Unidos se ganaron su primer premio gordo: la disolución de Colombia.

En adelante la historia del país durante el siglo XIX, en sus distintas etapas nominales, (República de la Nueva Granada, Confederación Granadina, Estados Unidos de la Nueva Granada, Estados Unidos de Colombia y Colombia) enfrentará dos corrientes ideológicas que parten de motivaciones económicas: el librecambismo y el proteccionismo. De ellas nacen el Partido Liberal, el Partido Conservador, el Partido Liberal radical, o radicalismo, el Partido Nacional, y la Regeneración; pero sin considerar la confusión ideológica que originan las constantes disputas entre unos y otros, así como las repetidas alianza temporales y estratégicas que, unos y otros pactan, está claro que la oligarquía de terratenientes y comerciantes que se forma a partir de Las Provincias Unidas de la Nueva Granada, es la misma que en el curso del siglo será la dueña y señora del poder político y económico, y que la doctrina Monroe será el portón ancho por el que los Estados Unidos podrán intervenir, diplomática o militarmente, cada vez que lo consideren necesario para sus intereses, en los asuntos internos de las naciones latinoamericanas y del caribe.

 


Línea de tiempo

 

1821

12 de enero. Los soberanos aliados de Europa –Santa Alianza–, se reúnen en Troppau para organizar una expedición contra la América independiente y la España revolucionaria.  
5 de mayo. En su destierro en la isla de Santa Helena, muere a los 59 años de edad, el Emperador de Francia, Napoleón I Bonaparte.
6 de mayo. Antonio Nariño, vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejecutivo, instala en  Cúcuta el Congreso Constituyente. Se crea la República de Colombia, integrada por la Nueva Granada, Venezuela y Ecuador, con capital en Bogotá.
24 de junio. Simón Bolívar derrota en Carabobo a los españoles y libera a Venezuela. En carta al vicepresidente Antonio Nariño, el Libertador anuncia el nacimiento político de la República de Colombia.
Agosto.  Utilizando el principio de inducción electromagnética, el científico inglés Michel Faraday crea un motor/dínamo eléctrico y da inicio a la “era de la electricidad”.

1822

27 de enero. Grecia proclama su Independencia e inicia la guerra de liberación contra el dominio turco, que será larga y sangrienta y les ganará a los griegos la simpatía y el apoyo de los románticos europeos.
8 de julio. Muere en Viareggio, Gran Ducado de Toscana, Italia, a los 29 años de edad, el gran poeta y ensayista inglés Percy Bysshe Shelley, una de las cumbres literarias del movimiento romántico.
25-26 de julio. Los Libertadores Simón Bolívar y José de San Martín realizan una conferencia secreta en Guayaquil, al término de la cual San Martí deja en manos de Bolívar la continuación de la Campaña Libertadora, renuncia al ejército y viaja a Europa.

1823

18 de marzo. El Emperador de México, Agustín de Itúrbide, es obligado a enunciar por una rebelión popular que exige un gobierno republicano.
10 de septiembre. El Libertador Simón Bolívar es elegido presidente del Perú.
2 de diciembre. James Monroe, presidente de los Estados Unidos, declara que “Los Estados Unidos no permitirán la colonización europea de ninguno de los países de América. Se establece la Doctrina Monroe, sintetizada en el postulado “América para los americanos”, de connotación imperialista.
3 de diciembre. Muere en Villa de Leyva, a los 59 años de edad, Antonio Nariño, precursor Libertador, pensador, periodista, escritor, científico y militar, presidente de Cundinamarca y vicepresidente de Colombia. Traductor de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Fue huésped de las prisiones españolas en distintos períodos que, sumados, dan dieciséis años.

1824

17 de abril. Estados Unidos y Rusia acuerdan delimitar la parte rusa de Alaska.
19 de abril. Lord George Gordon Byron, conocido universalmente como Lord Byron, poeta inglés genial, figura clave del romanticismo literario y político, muere, por unas fiebres malignas, a los 36 años de edad en Misolonghi, Grecia, donde peleaba por la causa de la Independencia griega, contra los turcos.
6 de agosto. Batalla de Ayacucho en el Perú. Las tropas libertadoras, comandadas por Antonio José de Sucre, liquidan los restos del ejército español. El libertador Simón Bolívar proclama terminada la Guerra de Independencia (Guerra Magna) iniciada en 1816, y en el curso de la cual liberó cinco naciones: Nueva Granada (hoy Colombia), Venezuela, Ecuador, Perú y Alto Perú (hoy Bolivia). Bolívar le otorga a Sucre el título de Gran mariscal de Ayacucho.

1825

22 de junio. Una nueva ley limita en Inglaterra el trabajo de los menores a doce horas diarias máximo. El 6 de julio otra ley permite a los trabajadores agruparse en sindicatos, pero les niega el derecho de huelga.
6 de agosto. El Alto Perú se separa del Perú, y forma un estado independiente con el nombre de Bolivia, presidido por el mariscal Antonio José de Sucre.
25 de agosto. Uruguay se separa de Brasil. Guerra entre Argentina y Brasil por el control de Uruguay, que a su vez rechaza cualquier dominio extranjero e inicia la campaña por su independencia.
27 de septiembre. Una revolución en el transporte de pasajeros y de carga se produce con el estreno del primer ferrocarril abierto al público, que consta de 38 vagones arrastrados por la locomotora número uno, de George Stephenson. Conduce seiscientos pasajeros en un recorrido inicial de 48 kilómetros entre Stocton y Darlington, Reino Unido.

1826

6 de abril. Gran Bretaña y Rusia acuerdan que Grecia adopte el estatus de Estado autónomo sometido a la soberanía de Turquía. Los griegos reclaman la independencia absoluta y anuncian que proseguirán la lucha.
4 de julio. Fallece el expresidente estadounidense Thomas Jefferson, uno de los “padres fundadores” de Estados Unidos. Su muerte ocurre justo el día en que se cumple el 50 aniversario de la Independencia. Jefferson batió récord de longevidad para su tiempo. Tenía 83 años.
22 de abril. Se reúne en Panamá el Congreso Anfictiónico de países latinoamericanos, para abordar la integración económica y política. Los Estados Unidos se las arreglan para hacerlo fracasar.

1827

3 de enero. Rebelión del vicepresidente de Venezuela en Caracas, José Antonio Páez. En una carta al Libertador, Páez le explica los motivos de su rebelión. Respuesta del Libertador, muy elogiosa para Páez, ataja la intención separatista.
26 de enero. Perú rehusa hacer parte de Colombia y se proclama Estado soberano. Los enemigos del Libertador Simón Bolívar en Bogotá, festejan la acción peruana y el amotinamiento de la división colombiana en Lima, que apoyó la separación.
3 de febrero. Se inaugura en Bogotá la Facultad de Medicina de la Universidad Central.
21 de agosto. El Congreso de Colombia decreta un privilegio a los señores Leandro Egea y Bernardo Daste para elaborar las minas de hierro ubicadas en el distrito parroquial de Pacho, Cundinamarca.
16 de noviembre. Un terremoto destruye las provincias colombianas de Neiva Y Popayán.

1828

22 de mayo. Motín de Chuquisaca, en Bolivia, promovido por los peruanos. El presidente Sucre es gravemente herido.
20 de julio. Colombia le declara la guerra al Perú. Manifiesto de los fundamentos del gobierno colombiano, que acusa constantes agresiones por parte del presidente peruano, José Lamar.
27 de agosto.  Ante el fracaso de la gran Convención reunida en Ocaña para reformar la Constitución de 1821, el Libertador Presidente Simón Bolívar expide un decreto orgánico constitucional, mientras se reúne el nuevo congreso.
27 de agosto. Argentina y Brasil reconocen la independencia de Uruguay, que ya de hecho es un estado independiente.
25 de septiembre. Un grupo de conspiradores, pattidarios del vicepresidente Santander, intenta asesinar al Libertador Simón Bolívar. Asaltan el palacio presidencial de San Carlos, pero Bolívar, advertido por Manuelita Sáenz, escapa por una ventana. Al día siguiente, tras pasar la noche bajo un puente, Bolívar se pone al frente de los leales y desbarata la conjura.
11 de octubre. Los rusos le declaran la guerra a Turquía y ocupan los dominios turcos de Varna y Bulgaria.
Septiembre. Se publica The American Dictionary of the English Language que origina la solidez filológica del inglés americano. Su autor es el científico y lingüista Noah Webster. Su diccionario define 70.000 palabras con su ortografía y pronunciación americanas.

1829

3 de enero. El presidente del Perú, general José Lamar, invade territorio colombiano. Es batido por el mariscal Antonio José de Sucre, el 27 de febrero, en el Portete de Tarqui. Termina la guerra con la rendición del Perú.
23 de julio. Carta profética del Libertador a a Estanislao Vergara, analiza las razones que perderán a Colombia.

1830

20 de enero: Bolívar instala en Bogotá el llamado “Congreso admirable”.
3 de febrero. Grecia consigue su independencia.
22 de marzo. Manifiesto antibolivariano del general William H. Harrison, Ministro plenipotenciario de los Estados Unidos en Colombia, es aplaudido por los santanderistas.
27 de abril. El presidente Simón Bolívar reitera su decisión de no continuar en la presidencia y anuncia que partirá para el exilio.
3 de mayo. El Congreso Constituyente aprueba la Nueva Constitución de Colombia. Termina la presidencia del Libertador.
30 de mayo. Ecuador aprueba su separación de Colombia, la que se formaliza el 11 de septiembre.
3 de junio. Estallan revueltas en Inglaterra, dirigidas por el “Capitán Swing”, contra la introducción de las máquinas trilladoras que dejarán sin empleo a miles de trabajadores campesinos.
4 de junio. Antonio José de Sucre, en quien Bolívar cifraba sus esperanzas para recuperar la unidad de Colombia, es asesinado en la montaña de Berruecos, donde le tendieron una emboscada.
22 de septiembre. Venezuela se separa de Colombia.
17 de diciembre. El Libertador Simón Bolívar fallece en la Quinta de San Pedro Alejandrino. Júbilo santanderista en Bogotá contrasta con las manifestaciones populares de duelo. La posteridad ha reconocido a Simón Bolívar como uno de los cien personajes más importantes en la historia humana. 

 


Pistas sobre un modelo económico alternativo para Colombia

 


Por Enrique Santos Molano

La Primera Guerra Fría Mundial, que se libró entre dos potencias ideológicas, el supuesto capitalismo occidental y el supuesto comunismo oriental, representados respectivamente por las dos naciones más poderosas que surgieron al final de la Segunda Guerra Mundial Caliente, los Estados Unidos de Norteamérica (EE. UU.) y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), comenzó a gestarse cuando la extrema derecha estadounidense (ambos partidos, demócrata y republicano) ante la imposibilidad de impedir que el demócrata progresista Franklin D. Roosevelt fuera reelegido por cuarta vez presidente de los Estados Unidos, consiguió que Roosevelt modificara su fórmula presidencial sustituyendo la candidatura del vicepresidente Henry Wallace, del ala izquierda del Partido Demócrata, por la del senador Harry S. Truman, del ala de extrema derecha del mismo partido.

Wallace, en los diversos cargos que ocupó antes de ser elegido vicepresidente (1941) había sido el principal ideólogo de Roosevelt en la concepción y aplicación del New Deal para la recuperación económica y social del país, arruinado por el Crack de 1929 y la Gran Depresión que le siguió, así como de una política del buen vecino con los países latinoamericanos, que incluía la no injerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos de esos países, y otra de coexistencia pacífica de posguerra entre las naciones socialistas y las naciones capitalistas. La Política del Buen Vecino posibilitó el surgimiento de gobiernos progresistas en América Latina, por ejemplo, el período de la República Liberal en Colombia, y específicamente, el gobierno de la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo.


En febrero de 1945, ya posesionado de su cuarto período, con Truman de vicepresidente, Roosevelt se reunió en Yalta con los otros dos líderes de las potencias aliadas, Winston Churchill, de Inglaterra, y Josef Stalin, de la Unión Soviética. No es puramente simbólica la fotografía de Roosevelt en la mitad (ya demacrado por su enfermedad) con Churchill a su derecha y Stalin a su izquierda. Roosevelt, entre otras propuestas, llevó a Yalta el plan de Coexistencia Pacífica, elaborado con su exvicepresidente Wallace, una de cuyas bases era la creación, tan pronto concluyera la Guerra, de la Organización de las Naciones Unidas, en sustitución de la Liga de las Naciones, extinguida al comenzar el segundo conflicto bélico mundial (1939).  La creación de la ONU, y el desarme total de Alemania en el futuro, fueron los dos acuerdos más notables de Yalta; pero un artículo del ministro alemán de propaganda, Joseph Goebbels, en el semanario Das Reich (25 de febrero), a los dos días de concluida la Conferencia de Yalta, en el que dice: “Si los alemanes bajan sus armas, los soviéticos, de acuerdo con el arreglo al que han llegado Roosevelt, Churchill y Stalin, ocuparán  el este y el sudeste de Europa, así como gran parte del Reich. Un telón de acero (ein eiserner Vorhang) caerá sobre ese enorme territorio controlado por la Unión Soviética, detrás del cual las naciones serán degolladas. La prensa judía en Londres y Nueva York probablemente continuará aplaudiendo”. Se estima que a partir de la nota de Goebbels comenzó la Guerra Fría, cuyo único freno, el presidente Roosevelt, se desactivó con su muerte, ocurrida en abril de 1945, dos meses después de la Conferencia de Yalta, y reafirmada por Winston Churchill cuando en una conferencia en Estados Unidos (1946) se apropió de la expresión, y de la idea general de Goebbels, para proclamar que: “Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente (Europa) un telón de acero” (o una cortina de hierro). A partir de ese momento las hostilidades frigoríficas calentaron el planeta.

Diez meses antes de concluir la guerra el presidente Roosevelt convocó a una Conferencia Mundial Monetaria, que se reunió en la localidad de Bretton Woods de Washington, con asistencia de setecientos delegados de cuarenta y cuatro países, entre ellos Colombia. El propósito de la conferencia era organizar el sistema monetario mundial que operaría en la posguerra. La Conferencia de Bretton Woods, como se la conoce históricamente, cambió el patrón oro por el patrón Dólar, es decir que, en adelante, la divisa de los Estados Unidos sería el patrón cambiario universal, como antes lo había sido el oro. Y también se crearon, El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), hoy conocido como Banco Mundial.

Se supuso que con los acuerdos de Bretton Woods el mundo viviría en el mejor de los mundos posibles, el FMI se encargaría de vigilar que el manejo de las economías mantuviera un equilibrio que conjurara cualquier brote inflacionario peligroso, o la reaparición del proteccionismo, mientras que el BIRF o BM, irrigaría con préstamos pródigos las economías de los países subdesarrollados (o del Tercer Mundo), cuyo buen uso estaría bajo la supervisión del FMI. Quizá hubiera sido ese el resultado de los acuerdos de Bretton Woods si el sucesor de Roosevelt se hubiera llamado Wallace y no Truman. La ultraderecha lo sabía y por eso el sucesor de Roosevelt se llamó Truman y no Wallace.

Dueña de los instrumentos para dominar la economía mundial, la ultraderecha los convirtió en Economía de Guerra Fría. El mundo mejoró después de Bretton Woods sólo para los más ricos. El coeficiente Gini, que se utiliza para medir la desigualdad, indica que a hoy, el 75 por ciento de la riqueza mundial está en manos del 1 por ciento de la población mundial. Antes de la Segunda Guerra, la relación era de 45 por ciento de la riqueza mundial en manos del 20 por ciento. El neoliberalismo mega-enriqueció a los super ricos (favorecidos con un mínimo de impuestos, desregularización de los mercados laboral y comercial, globalización financiera), empobreció a los acomodados y llevó a los más pobres a la miseria. Según el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, “el crecimiento (hoy) es más bajo de lo que fue en los 25 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y en su mayoría se acumuló en la cima de la escala de ingresos”.


La explicación, acomodada a los intereses del capital global, es que en ese cuarto de siglo, entre 1945 y 1970, los gobiernos, especialmente de los países latinoamericanos, se resistieron a acatar de lleno las disposiciones del FMI en lo atinente a la implantación del libre cambio y a abandonar a su suerte las industrias nacionales. En Colombia existió un control de cambios severo, adoptado en los últimos años del segundo gobierno de Alfonso López Pumarejo y continuado por los gobiernos siguientes, aunque se admitió la inversión extranjera en las industrias colombianas con un límite del 40 por ciento del capital extranjero. El FMI y el BM recomendaban no poner límite.

Las reformas sociales implantadas por la Revolución en Marcha de López Pumarejo, y el semiproteccionismo de los años posteriores a la Segunda Guerra, trajeron prosperidad a los países de América Latina, y en algunos de ellos, como Chile y Argentina,  provocaron crisis inflacionarias por el aumento de la capacidad adquisitiva de los ciudadanos y el crecimiento de la demanda por encima de la oferta, si bien hubo también un crecimiento paralelo de la pobreza y de situaciones sociales  ásperas, que se incrementaron después de la Revolución Cubana (1959) y que convulsionaron la década de los sesenta en el mundo.


Pese a ello, en la década de los setenta se afianzó la corriente neoliberal que toma como cuerpo de doctrina los planteamientos del economista estadounidense Milton Friedman, egresado de la Universidad de Chicago, cuyos ensayos para fundamentar una economía neoliberal tuvieron acogida parcial en Colombia, en el gobierno de Misael Pastrana Borrero (1970-1974) e inspiraron a un grupo de economistas chilenos, conocidos como los “Chicago Boys” que actuaron durante la dictadura sangrienta de Augusto Pinochet (1973-1990) y que utilizaron a Chile como experimento del nuevo orden económico neoliberal. El éxito aparente de las doctrinas de Friedman en Chile (se llegó a hablar del “milagro chileno”) sirvió de inspiración a la candidata conservadora británica Margareth Thatcher. Vencedora en las elecciones de 1979, la señora Thatcher, más conocida como “la dama de hierro”, comenzó el desmonte despiadado del Estado de bienestar y la implantación del neoliberalismo en su modalidad más cerrera, que sus críticos bautizaron como “capitalismo salvaje”. El ascenso al poder del republicano Ronald Reagan, que hizo llave con la señora Thatcher, expandió el neoliberalismo por el mundo no socialista. Por el llamado Consenso de Washington (1989) los países latinoamericanos adquirieron el compromiso de aplicar el neoliberalismo como una política de Estado.

Stiglitz considera en uno de sus últimos artículos (El Espectador, Bogotá, 9/6/2019) que “el  experimento neoliberal ha sido un fracaso espectacular”, que “debe decretarse muerto y enterrado”. El célebre economista piensa que para sustituir el neoliberalismo hay “tres alternativas: el nacionalismo de extrema derecha, el reformismo de centro izquierda, y la izquierda progresista”. Descarta las dos primeras y ve en la izquierda progresista el movimiento político indicado para recuperar el equilibrio social y económico, tanto en el interior de las naciones, como a nivel global. Estima que la izquierda progresista equivale a un capitalismo progresista inspirado en la obra de Adam Smith, cuyas enseñanzas fueron utilizadas mañosamente por los herederos del feudalismo, que se revitalizó y modernizó, pero sin modificar su esencia, después del fracaso de la Revolución Francesa.

Precisamente es un capitalismo progresista, tal como Stiglitz lo plantea, la propuesta difundida y defendida por el excandidato presidencial Gustavo Petro desde hace más de tres años.

Y para ello están dadas las condiciones. Los Estados Unidos ya no son la potencia dominante. Hay otras dos que tercian en el escenario internacional y que ya le disputan su liderazgo en sectores como el económico, tecnológico y militar, China y Rusia. La Nueva Ruta de la Seda, puesta en marcha por China, modificará, está modificando ya, la forma de hacer comercio, bajo la que hemos vivido en los últimos trescientos años, por lo menos. Hipotéticamente, ya no se tratará de competir en los mercados a ver quién ejerce más dominio y gana más dinero, sino de conectarse a los mercados por medio de la cooperación y de la solidaridad, en una nueva forma de intercambio que se basa en la equidad y la igualdad. Por supuesto el camino es largo y la criatura apenas está gateando.

Pero es fundamental también tener en cuenta la cuarta revolución industrial o revolución digital, una revolución semejante a las que tuvieron lugar en la mitad del siglo dieciocho, en la última década del siglo diecinueve y en los mediados del veinte. La revolución en la tecnología de las comunicaciones, la Internet, su secuela las redes sociales, la nanotecnología, la nanociencia, la Inteligencia Artificial, han transformado o están transformando por completo la sociedad, como ocurrió en las tres Revoluciones industriales anteriores, con diferencias sustantivas.

En la Revolución Industrial del siglo XVIII las máquinas sustituyeron buena parte de la mano de obra humana, y llevaron al paro a miles de personas, creando ejércitos de desocupados que les permitieron a los patronos mantener bajos los salarios. Por el contrario, la revolución tecnológica de 1900 exigió una nueva demanda de mano de obra, pues los recientes inventos fomentaron la creación de empresas, la ampliación de otras, y se generó un boom de empleo inédito. Los inventos de 1900 crearon una prosperidad real, mejoraron los salarios de los obreros y la clase trabajadora ascendió en su estatus de vida y se convirtió en factor indispensable del desarrollo industrial y del crecimiento económico. La revolución tecnocientífica digital mezcla características de la revolución industrial de 1750 y de la revolución tecnológica de 1900.

Las nuevas tecnologías posibilitan una sustitución impresionante de mano de obra que en algunos países alcanza al 24 y aún al 30 por ciento de desempleo y del consiguiente deterioro del salario. Sobra describir la situación social negativa que ese fenómeno está ocasionando. El señor presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras de Colombia, Anif, ha anunciado que en los dos años próximos “habrá ajustes fuertes”, un eufemismo para informarnos que el desempleo crecerá en Colombia como nunca antes. Y resulta inevitable. Con la llegada de la Inteligencia Artificial es un hecho que, en miles de empresas alrededor del mundo los robots están sustituyendo empleo humano. Se calcula que de hoy al año 2020, es decir en menos de dos años, se habrán perdido cinco millones de los empleos y que muchas profesiones tradicionales desaparecerán antes del 2025, absorbidas por la Inteligencia Artificial. El presidente del Banco Mundial declara: “Numerosos trabajos desaparecerán con la robotización”, y sugiere que “debemos cambiar rápido”. A su vez el eminente científico inglés, Stephen Hawking predijo poco antes de su muerte: “La Inteligencia Artificial puede ser lo mejor o lo peor que le ocurra a la humanidad”.

Por el momento sabemos que los temores acerca de que los robots lleguen a tener capacidad de sustituir al ser humano en sus trabajos y oficios más rutinarios, y también en su misma naturaleza, es una especulación sin el menor asidero científico. No hay máquina, ni robot, ni Inteligencia Artificial, por perfectos que sean, capaces de ocupar el puesto de la Inteligencia Real, que sólo pertenece al ser humano. Esa inteligencia, propicia tanto para el bien como para el mal, pero única que genera pensamiento y conocimiento, es cualidad que ninguna máquina tendrá jamás. Y aún en el supuesto de que las máquinas pudieran hacerse a la inteligencia humana, dejarían de ser máquinas y se volverían humanas.

El peligro de la robótica, o de la Inteligencia Artificial, no está ahí, sino en la situación social inmediata que la sustitución de la mano de obra humana por la mano de obra artificial, en muchos oficios y empleos donde las máquinas programadas pueden operar con más eficiencia que los humanos, va a producir.  La Inteligencia Artificial será lo mejor para la raza humana si un cambio profundo de mentalidad nos lleva a utilizar esa Inteligencia como el dispositivo más valioso para cualificar las condiciones de vida de los habitadores del Planeta Tierra. Y será también, la Inteligencia Artificial, lo peor para la raza humana si las élites mundiales y locales que hoy gobiernan se empeñan en utilizar ese invento prodigioso de la ciencia para seguir oprimiendo, como hasta ahora lo han hecho, a la mayoría de los habitantes de la Tierra.

En esa encrucijada entra en juego la teoría de Carlos Marx sobre el ocio creador, Aunque parezca una utopía irrealizable, está más cerca de nosotros de lo que pensamos, si efectivamente la Inteligencia Artificial es enderezada a soportar un desarrollo de los pueblos equitativo y sostenible. El ocio creador es la condición social propia para el ejercicio de las ideas estéticas y de la cultura que, desde los griegos y los romanos, hasta hoy, se han utilizado para el disfrute exclusivo de las élites dominantes. La expansión universal de la cultura, impulsada por el ocio creador, dará origen a un nuevo Renacimiento cuyo resplandor iluminará a la humanidad por muchos siglos, incluso por muchos milenios.

Pero, para hacer posible esa utopía, tenemos primero que darle forma a la realidad inmediata. La creación de un capitalismo progresista, o izquierda progresista, que liquide la estructura feudal-neoliberal y haga irreversibles las grandes conquistas sociales que reflejen el bienestar de todos y la plena satisfacción de los derechos esenciales del ser humano.

Mientras tanto, para el caso concreto de Colombia, no podemos esperar a que la “economía naranja” resuelva los problemas sociales que no tiene capacidad de resolver. Como en las revoluciones industriales pasadas han surgido, de las crisis que generan, oportunidades nuevas, en la presente no será distinto. Estar al tanto de esas oportunidades de cambiar las condiciones económicas adversas creadas por el neoliberalismo y la globalización, y corregir el daño que esas doctrinas le han  causado a los trabajadores, será la tarea a que deberemos dedicar nuestros esfuerzos en la próxima década. No hay todavía fórmulas precisas, pero por el camino las iremos encontrando.

Después del juicio que se le siguieron por el delito de traducción e impresión del folleto titulado “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, por el cual fue condenado a diez años de prisión en África, y a destierro perpetuo del Nuevo Reino de Granada, Antonio Nariño se evadió en Cádiz, se reunió en Londres con Francisco de Miranda, y entre ambos acordaron el regreso de Nariño al Nuevo reino, por la capitanía de Venezuela, donde entraría en contacto con los venezolanos Manuel Gual y Pedro España, que estaban preparando un golpe revolucionario contra las autoridades de Caracas. La misión de Nariño era producir un levantamiento en el territorio de la Nueva Granada, pero el santafereño no encontró apoyo entre los habitantes de las provincias de Tunja y Pamplona (hoy Cundinamarca, Boyacá, Santander y Santander del Norte). Regresó en secreto a Santafé, pero lo reconocieron dos vasallos criollos del Rey y lo denunciaron. Las penalidades del trayecto y la frustración, le reavivaron su enfermedad pulmonar congénita, y tuvo que entregarse, con la mediación del arzobispo de Santafé. Lo encerraron en una celda del Batallón Auxiliar, pero gracias a la influencia del doctor José Celestino Mutis, no lo privaron de recibir las visitas de su esposa, Magdalena Ortega, y de algunos amigos. En ese momento, tanto en la metrópoli como en las colonias, se vivía una dura crisis económica. La Corte reclamaba mayores recursos a sus colonias, pero esos recursos parecían agotados. Por sugerencia del doctor Mutis, el Virrey Mendinueta autorizó al prisionero Antonio Nariño la redacción de un escrito con sugerencias para mejorar la economía de la colonia, específicamente la del Nuevo Reino de Granada. Nariño plasmó sus reflexiones en el Ensayo que reproducimos en este suplemento. Se suprimieron unos pocos párrafos que no afectan el texto principal, ni modifican en modo alguno el contexto, y se agregaron intertítulos para facilitar la lectura.

 

Sin entrar en el pormenor de la generalidad del reino, de sus producciones preciosas y ricas minas; sin detenerme en la pintura de su estado actual, y de las ventajas que ofrecen en general, sólo diré: que por rico que sea un país en minas y otras producciones, si sus habitantes son pobres, el Estado no puede sacar grandes ventajas; el que nada tiene no puede contribuir, y el único modo de que contribuya es proporcionarle medios de que adquiera. Qué medios son los que se pueden adaptar en este reino para que sus habitadores adquieran y puedan cómodamente contribuir, son los que voy a hacer el ensayo de proponer.

 

Entre abundancia y pobreza

 

La población de este reino, a pesar de lo que aparecen en los defectuosos padrones que hasta ahora se han hecho, monta a 1.880.000 almas, sobre poco más o menos, en una extensión de terreno descubierto de más de 100.000 leguas cuadradas. Su fertilidad es prodigiosa en todo género de producciones de ambas Américas y de las Indias Orientales en los países que se hallan bajo las mismas latitudes. Posee también renglones exclusivos al resto del universo, o a lo menos desconocidos hasta ahora en todo lo descubierto. Los caudalosos ríos que desaguan al este, al norte y al sur en ambos mares, proporcionan la salida de sus frutos; y la variedad de temperamentos, el cultivo de todo género de producción extranjera.

Aunque el reino ofrece, por su situación en tanta variedad de temperamentos bajo la zona tórrida, un comercio ventajosísimo a la monarquía y a sus habitadores, no obstante vemos todo lo contrario. El comercio es lánguido; el erario no corresponde ni a su población ni a sus riquezas territoriales; y sus habitantes son los más pobres de la América. Nada es más común que el espectáculo de una familia andrajosa, sin un real en el bolsillo, habitando una choza miserable rodeada de algodones, de canelos, de cacaos y de otras riquezas, sin exceptuar el oro y las piedras preciosas.

La riqueza sigue en todas partes a la población, aquí es su sentido inverso: a proporción que se multiplican los hombres, se aumenta su pobreza y la decadencia se anuncia por todas partes. Tunja, Mariquita, Vélez, Muzo, La Grita, Tocaima y un sin número de otras ciudades, que se hallan en el día casi desiertas, prueban bien la necesidad en que se han visto sus poblaciones de retirarse a una choza, para ocultar su miseria en medio de los bosques. [...].
De estancos y compañías

Hay un género de contribuciones que son más gravosas por los obstáculos que oponen al adelantamiento de los vasallos, que por la cantidad que de ellos se exige, o por lo que el erario reporte. Tales son en este reino las alcabalas interiores y los estancos de aguardiente y tabaco.

Los estancos y alcabalas en este reino parece que han sido la piedra fundamental sobre que se ha querido estribar la prosperidad del erario. Pero si es indubitable que todo vasallo está obligado a contribuir a las cargas del Estado, no es menos que todo género de contribución no es igual aparentemente en todas partes. El producto que aquí dejan al erario los estancos y alcabalas interiores no corresponde al atraso que causan y al riesgo en que ponen continuamente al reino; pudiendo sustituirse en su lugar otro género de contribuciones que, sin deteriorar la real hacienda, no traigan estos inconvenientes.

El tabaco es aquí un ramo de primera necesidad, si ramo de primera necesidad puede llamarse a aquél sin el cual las gentes no se pueden pasar. La administración está muy mal servida: atropellan y maltratan con la autoridad de que se ven revestidos; y así no es extraño que el público se queje. El estanco limita las siembras al consumo interior, y no sólo esta limitación trae grandes escaseces los años que se pierde la cosecha de una provincia, sino que prohibiéndose la cultura en un ramo que prospera por todas partes, se hace más sensible a su privación. Permitiéndose la siembra y extracción de tabaco, se hará un ramo fortísimo del comercio, que contribuyendo a la salida del reino con un tanto por ciento, estoy cierto que en pocos años balanceará una parte muy considerable del producto que ahora deja ilíquido al erario. El tabaco no paga hoy diezmo y debería continuar del mismo modo, pero pagándolo a su majestad en el mismo fruto; que aumentándose, como es de creer su cultura, no será este renglón de poca consecuencia, si hacemos atención que sólo Marilandia y Virginia pagaban el año 723 al tesoro real de Inglaterra en este ramo 300.000 a 400.000 libras esterlinas, y que se cosechaban de 60 a 70 mil barracas, de a cuatro quintales.

Del producto de este diezmo real en materia, se puede establecer una fábrica de rapé, cedida a una compañía que reciba el tabaco en hoja al precio corriente, y que pague un corto derecho por la exportación o el expendio. Yo estoy pronto a comunicar las luces que poseo en la materia, si se adapta el pensamiento; sin que sirva de obstáculo la tentativa que se hizo años pasados, porque si no se sintieron sus buenos efectos, fue por la impericia del director encargado de su laboreo y composición. [...].

La supresión del estanco del aguardiente parece que no debe traer ninguna ventaja al público; pero no es así: va a influir poderosamente sobre otro ramo de mucha importancia como son los azúcares. Uno de los mayores obstáculos para la prosperidad de este ramo es el no poder los dueños de los ingenios o trapiches emplear la miel que llaman purga, y que así en La Habana como en las islas francesas se convierte en aguardiente de caña de tanto consumo en el día. Suprimido su estanco, se sacarán tres ventajas: el fomento de los azúcares que abundan en el reino y que nunca merecen tanta atención como en el día, por la destrucción o atraso de las islas francesas; el producto que deben dejar al erario los derechos, que así el azúcar como el aguardiente deberán pagar a la salida; y el remedio del reino de que se trata.


Se me objetará, quizá, que la sal es de más necesidad y que no obstante nada digo contra su estanco, mientras me limito a los que sólo son de los que se llaman vicios. Estoy muy lejos de hablar contra los estancos, sólo porque son estancos; y sólo creo éstos perjudiciales con atención a las circunstancias locales. El de la sal no sólo no lo creo gravoso, sino útil al público; y aquí se notará la diferencia que hay en saber elegir los ramos que convienen igualmente al público y al erario. Las salinas, que aquí se trabajan de cuenta de su majestad, están limitadas a ciertos terrenos que producen el mineral; el público está bien servido; se le provee de toda la que necesita, de buena calidad y a precio cómodo; y después de comprada a su majestad puede traficarse libremente con ella, lo que no sucede con el tabaco y el aguardiente. Si su majestad abandonara el trabajo de las salinas, se haría un daño manifiesto al público; porque éste no es un ramo que puede hacer florecer la industria y el trabajo, sino que está limitado a ciertos terrenos particulares, que cayendo en poder de algunos individuos alzarían el precio a su antojo, sacarían más o menos sal, según sus fuerzas y actividad y el público estaría expuesto a sufrir sus caprichos y alteraciones; mientras que ahora la tienen a precio fijo, cómodo y en abundancia. [...].

El establecimiento de estancos y compañías sobre renglones que produce el suelo de una colonia y que permanecen dormidos por falta de conocimiento y de industria en sus naturales poseedores, es el medio de darles movimientos y sacarlos de la inacción, sin quebranto público, que no los disfruta y con notoria utilidad. Veamos un ejemplo que aclare este pensamiento. La quina de Santafé no se conocía en esta parte del reino ahora 20 años, hasta que los desvelos del sabio Mutis, de este hombre cuya memoria pasará con gusto y admiración a nuestra posteridad, la sacó del caos donde estaba; y habiéndose establecido un estanco de un ramo en que el público no tenía conocimiento, se hizo universal la idea de sus ventajas; por el precio a que su majestad la tomaba a los particulares, todo el mundo se animó y la quina de Santafé entró a ser un nuevo ramo de riqueza. Supongamos que hubiera continuado prosperando su estanco: que su majestad no sólo hubiera reembolsado los costos de su establecimiento, sino que hubiera continuado algunos años de utilidad, hasta dejar bien entablado su despacho y consumo, y que entonces lo hubiera abandonado al público con un derecho de salida. Pregunto ahora ¿si este estanco temporal y en un ramo desconocido, no habría sido útil a esta colonia, al erario, a la nación y al mundo entero? Pero ya veo que se me dirá, que en este mismo ejemplo manifiesto los inconvenientes de mi pensamiento; porque el ramo no prosperó y su majestad sufrió quebrantos de su real erario. No está el daño en el estanco, ni en el ramo; está en una enfermedad que padece la nación. Yo la comparo con un hombre opulento que goza grandes rentas y que esta abundancia le hace despreciar la economía y la constancia, que sólo forman la riqueza de otros hombres que no gozan tan ricas posesiones. Los holandeses no se habrían desmayado por el mal suceso que tuvo la quina en un principio; hubieran examinado la cosa en su origen; hubieran hecho nuevas tentativas, y al fin hubieran logrado un ramo más ventajoso, sin disputa, que el de la canela. Pero nosotros, que por todas partes se nos presentan ricas posesiones no queremos tener esa paciencia y economía que habrían salvado esos inconvenientes. La quina que se remitió al principio a Cádiz había experimentado los inconvenientes que tienen todas las cosas en su origen. Se mezclaron cortezas extrañas, que el amargo y las señales exteriores hacen parecer a la quina; se empaquetó en cajones húmedos, que con el calor de los distintos temperamentos por donde tuvo que pasar, alteraron su naturaleza; el señor Mutis no podía formar en un día hombres inteligentes. Estos inconvenientes se hubieran remediado; pero apenas se vio que las primeras remesas no correspondían a las esperanzas, se suprimió el acopio de cuenta de su majestad, y este ramo sufrió la suerte de otros muchos, de morir en su nacimiento por falta de paciencia. Yo, que conocía todas sus ventajas, emprendí el restablecimiento por mi cuenta; y si mi desgracia no me hubiera cortado el camino en la mitad de la carrera, ya se habrían conocido las utilidades con mi constancia. [...].

Parecerá una paradoja el que se diga que para la prosperidad de las alcabalas conviene suprimirlas en lo interior del reino; pero si se examina maduramente este punto, se verá que no lo es. Las alcabalas producen en razón del consumo y de la extracción fueren más o menos abundantes. Las alcabalas interiores son un obstáculo invencible para la prosperidad del reino, que limitan la extracción y el consumo, y, por consiguiente, la prosperidad del mismo ramo.


No entro a demostrar por menor este punto, incontestable a mi ver, porque así éste, como los dos anteriores, los miro más como remedio del público, que como aumento del erario, no obstante las ventajas que ofrecen en su reforma; y así concluyo, que aun cuando el erario pierda, se deberían suprimir; así para quitar de raíz las quejas que ocasiona su administración, como porque, sustituyéndose otro ramo que los repare y no sea gravoso, parece que quedan llenas las miras del gobierno enteramente.

Como la supresión de unos ramos ya establecidos que producen una renta cierta, y la creación de otros nuevos en su lugar, podría hacer temer que las esperanzas, o no correspondiesen a la práctica, o que en caso de corresponder dejarían un vacío en el erario, ínterin se establecen y toman incremento, es necesario, para quitar todo temor y remediar este último inconveniente, sustituir un ramo, que independiente de las esperanzas que dan los otros, los llene desde su origen sin ningún género de duda. Este debía ser una capitación. Ya sé que este pensamiento ha sido propuesto en distintos tiempos, y en varias naciones; y que se ha despreciado, o imposibilitado su ejecución en unas; y que otras lo han adoptado en todo o en parte como la Rusia (tachado). Más sea lo que fuere del fundamento que en otras pares se ha tenido para adoptarlo, o despreciarlo, lo cierto es que aquí es fácil su ejecución; es útil, no es gravosa; y de ningún peligro su establecimiento, siempre que se adopten los pensamientos anteriores.

Haciéndose el establecimiento de este ramo al mismo tiempo que se supriman los otros; para que su imposición se reciba, no como una nueva carga, sino como un alivio; y para que comience a llenar el vacío que al principio dejaría la supresión de los otros ramos, creo que no habrá persona sensata que conociendo este reino, no convenga en que su imposición de este modo, será recibida con los brazos abiertos y que esparcirá por todas partes el contento y la alegría, que deben asegurar la tranquilidad.


De curas y obispos

 

Antes de entrar en materia sobre el modo de recaudar este ramo, es necesario decir una palabra sobre las cuartas que pagan los curas y los obispos; que aunque parece este punto ajeno al asunto, no obstante tiene una íntima ligazón con él. En el reino no hay padrones exactos, sino los que los curas forman en sus distritos para la percepción de sus derechos; pero como el ramo de las cuartas, que los curas creen que no deben pagar, les hace formar otros padrones diminutos para presentar a los obispos y visitadores y librarse por este medio de una parte de los derechos, de ahí viene que la población parezca menos de lo que en la realidad es; cuyo inconveniente no será fácil de remediar mientras subsistan aquéllas. Si la opinión de los curas es fundada, supuesto las crecidísimas rentas que gozan en el reino los obispos y arzobispos, sería conveniente suprimir esta contribución que tantos murmullos ocasionan a los curas. De este modo no sólo tendríamos padrones exactos, como yo he visto que los tienen los curas, sino que debiendo ellos concurrir a este nuevo ramo, a su establecimiento y recaudación, lo harán con más gusto y actividad, si se les impone esta pequeña carga al mismo tiempo que se les dispensa de las cuartas.

Como la recaudación de la capitación podría traer los mismos inconvenientes que se quieren remediar, y que quizá sería más gravosa que la misma contribución, yo voy a hacer ver el modo. Los curas, como dejo dicho, tienen padrones exactos con distinción de sexos, edades y condiciones, divididos por cuadrillas, y en cada una un hombre que ellos conocen bien por su probidad, al que encargan la recaudación de sus derechos, sin más sueldo que la excepción personal de la contribución. De este modo están bien servidos y sus vecinos no sufren los inconvenientes que en la administración de los ramos reales se experimentan.

La sencillez en todas las cosas aclara y facilita la ejecución. Este principio con el ejemplo de los curas me parece que es el que se debe seguir en la recaudación de la capitación. No creo que a pesar de las cuantiosas sumas que debe producir este nuevo ramo sea necesario ahora comenzar por la creación de nuevos tribunales, cuya complicación suele muchas veces detener los progresos de un ramo y no deja conocer comúnmente en quiénes consiste su malversación. Me parece que con sólo la creación de corregidores de partido, haciendo unas divisiones arregladas con los gobernadores y corregidores de provincia, con los oficiales reales, con la intervención o auxilio de los curas, y el nombramiento de cuadrilleros cobradores, estará este ramo perfectamente servido. [...]

Los gobernadores o corregidores de cada provincia con dos oficiales reales, podrían formar el tribunal de que deberían depender inmediatamente los corregidores de partido y a cuyo centro deberían hacer sus remesas, para que de allí pasasen a los oficiales reales de la capital.

Los curas libres de las cuartas no tendrán embarazo en entregar a los corregidores de partido los padrones verdaderos, ni en remitir al gobernador de la provincia una copia firmada. Deberían también pasar noticia circunstanciada de los que nacen o mueren, para que sirviese de arreglo y claridad en la recaudación y formación de las cuentas.

Los cuadrilleros cobradores, en los mismos términos que los tienen ahora los curas, se les debería aumentar un pequeño tanto por ciento sobre lo que cobrasen. Los corregidores de partido y los gobernadores de provincia, de que se hablará en adelante, también deberían tener sus sueldos sobre este ramo, pero no fijo, sino sobre un tanto por ciento de lo que cada uno recaudara proporcionalmente. El sueldo de tanto por ciento trae la ventaja, en este caso, del interés que resulta al recaudador de no dejar partidas atrasadas y no trae inconveniente para el público, porque siendo fijos la cantidad de la contribución y el tiempo, no da lugar a extorsiones y otras violencias que el interés personal haría cometer a los recaudadores.

Vista la facilidad que hay para la recaudación de este ramo, los ningunos inconvenientes en su imposición y las ventajas que deben resultar al público por la supresión de los otros ramos, sólo nos resta hacer ver la utilidad que traerá al real erario.

Aunque esta demostración pedía tener padrones exactos a la vista, yo me contentaré con dar un cálculo, sobre poco más o menos, para hacer sensibles las utilidades que promete al erario.
Las mujeres en unas partes del reino exceden al número de hombres y en otras, como en Guayaquil, por ejemplo, exceden los hombres al de las mujeres; y así, haciendo una compensación, daremos número igual. Si de 1.880.000 almas rebajamos 18.000 esclavos de ambos sexos que tiene el reino, quedarán 1.862.000. Partamos el número de hombres y de mujeres y nos dará 931.000 hombres. Rebájese una tercia parte de párvulos varones, y una quinta de ancianos, religiosos y mendigos y quedará un total de hombres útiles, desde la edad de 15 hasta 60 años, de 434.467. de esta cantidad se deben rebajar un 2% para los cuadrilleros cobradores, y resultará un líquido en estado de pagar la capitación, sin incluir las tropas, de 425.768 hombres; que a razón de ocho pesos al año, producirán $3.406.224

Para que se vea que no hay arbitrariedad en este cálculo, he aquí mi cuenta. Los consumos interiores, se cree que son el termómetro o la base de la aritmética política, sobre que se deben reglar los impuestos: 1.880.000 almas me dan 376.000 familias, que consumiendo una con otra a $73, componen una renta de $27.448.000. Reglo que aquí los consumos interiores deben contribuir con una octava parte, y me dan 3.431.000, cuya cantidad se uniforma bastante con la de la capitación.

También pongo indistintamente una cantidad determinada de ocho pesos sobre cada hombre útil desde 15 hasta 60 años. Es un error creer que una misma cantidad repartida sobre todos los contribuyentes igualmente, es una desigualdad perjudicial a los pobres y a favor de los ricos que tienen más comodidad de contribuir. El pobre vive a expensas del rico y no le trabaja sino cuanto le contribuye con lo necesario para su subsistencia. En el día se regula que un hombre necesita para su subsistencia de $73 y que por esto se da en arrendamiento al rico en esta cantidad; pero al instante que se le grave con ocho pesos su subsistencia se regulará valer $81, y él no se dará por menos en arrendamiento al rico; De donde resulta que esta desigualdad es aparente y que la necesidad equilibra la contribución, haciéndola recaer sobre el que tiene; viniendo de este modo a pagarla las rentas en lugar de las personas, que es cuanto se puede desear en la materia.

Se podrá quizá objetar que este aumento de salario será un perjuicio para la agricultura que pretende animar. Pero no es así: porque el propietario ve recompensado de este aumento de gasto, con la excepción de los derechos interiores y con la salida de sus frutos. A más de esto, el derecho de capitación anima el trabajo; mientras que los derechos interiores sobre los frutos, lo desalientan. El hombre que por una parte se ve obligado a pagar las indispensables cargas del Estado y que por otra parte no se le ponen límites ni embarazos en su trabajo, sino que se le anima y se le presenta un vasto campo en qué ejercitarlo, es imposible que no trabaje. En lugar de que el derecho sobre los frutos detiene el cultivo y atrasa al erario; porque absorbiéndose lo que debía quedar al propietario, oponiéndole también obstáculos a su adelantamiento, lo desanima y abandona un trabajo de que no reporta utilidad, con cuyo abandono queda libre de contribuir; lo que no sucede con la capitación que le obliga a trabajar para poder contribuir, porque la ociosidad no lo exime de la contribución, como sucede en el día.

Este impuesto se puede aumentar hasta cierto grado, a proporción que el reino vaya tomando incremento; y el aumento de esta contribución, que no ataca al manantial, aumentará la industria y el trabajo de los que pagan. “En donde el terreno es fértil y el pueblo no es numeroso –dice el caballero Temple–, las cosas necesarias a la vida se hallan tan baratas, que un hombre puede ganar en dos días de trabajo con qué alimentarse toda la semana. Considero esto –añade– como el origen de la pereza atribuida a los habitantes, porque es natural al hombre preferir el descanso al trabajo, darse a la ociosidad y vivir sin afán. Al contrario sucede cuando la necesidad ha hecho contraer el habito del trabajo; el hombre hecho laborioso por precisión, no puede vivir sin trabajar”.

Que se compare la cantidad que debe producir la capitación con lo que ahora producen a la real hacienda los ramos del tabaco, aguardiente y alcabalas interiores, y se conocerá la utilidad que ofrece, sin contar las esperanzas que estos mismos ramos prometen en lo sucesivo.
Es preciso que en esta comparación se rebaje el producto actual de los tributos, o número de indios que lo paguen, si se quiere excluir de la capitación, supuesto que el tributo excede comparativamente. Pero sería de desear que esta raza miserable de hombres saliera del estado en que se halla en el día. A pesar de los privilegios y especial protección que les acuerdan nuestras leyes, los que los estamos viendo, palpamos su miseria. Yo creo que reduciendo los indios a la clase de los demás vasallos, el Estado ganaría y haría una acción muy conforme a las piadosas máximas de nuestro gobierno y sus intereses.

No rebajo del número de contribuyentes a los empleados ni a los eclesiásticos, porque pagándolos el Estado por su trabajo, no halla razón para excluir a unos ni a otros de las cargas a que todo vasallo está obligado, cuando ellos disfrutan como los demás de la protección de las leyes*.
La moneda

Otra de las cosas que necesita remedio en el reino, es la moneda macuquina. El gobierno se ve precisado todos los días a expedir órdenes para obligar al público a que reciba toda la que no estuviese cortada; pero está ya tan diminuta y tan usada, que casi son infructuosos los desvelos del gobierno. Se ha pensado varias veces en recogerla; pero muchos quebrantos que debe ocasionar su refundición ha hecho suspender esta providencia con bastante fundamento, pues no baja de un 25% la diferencia de esta moneda en su peso respecto a la de cordoncillo. En una palabra, el gobierno como los particulares convienen en la necesidad de su refundición; mas en el modo de efectuarla sin un grave quebranto del público o del erario, es en lo que no convienen. Yo voy a hacer el ensayo de proponer uno que salve estos inconvenientes y que procure otras comodidades al público o del erario y al comercio nacional. Tal es en mi concepto la creación de vales reales, la amonedación del cobre y la introducción del papel moneda.

Para aclarar este pensamiento, [...] asentemos primero sin contestación que es de necesidad suma el recoger la moneda macuquina: así porque su poco peso da lugar a la mucha moneda falsa que corre en el día, como porque siendo de figura irregular, se corta con facilidad, sin riesgo evidente de que se note. Bajo este principio, la sola refundición de la moneda va a ocasionar una pérdida a los particulares de un 25% en su caudal numérico; va a disminuir una cuarta parte de la masa de la circulación de esta moneda y va a abrirse su salida, reduciéndola a moneda corriente fuera del reino.

Todo el numerario que entra en el día en la circulación de este reino por el trabajo de sus minas y el poco comercio con las demás partes de la América, vuelve a salir para España y de contrabando, y no queda más moneda para los cambios interiores que la moneda macuquina, que reducida, como acabo de decir, a moneda de cordoncillo corriente fuera del reino, saldrá también como el oro de las minas y los duros que nos vienen de México y se quedará el reino sin signos con qué representar sus cambios interiores. Se dirá que se acuñe moneda provincial de menos peso. Esto es hacer un círculo para volver a los mismos inconvenientes. A más de esto, en el día está ya sumamente escaso el numerario; no es proporcionado a la circulación interior de cambios; y aun cuando no saliera la moneda reducida a cordoncillo; cuando no se disminuyera en un cuarto la masa de su circulación actual, siempre hay necesidad de un aumento de signos para sólo el cambio interior y de unos signos que no tengan valor fuera del reino, esto es, que no tengan valor intrínseco como el papel.

Introducido el papel en una justa proporción, el aumento de los signos facilitará los cambios. Los primeros años el aumento de la salida del numerario, que facilitará la refundición de la moneda macuquina, aumentará la introducción y el consumo de los géneros de Europa; y como el aumento de esta moneda es momentáneo, su disminución en los años siguientes obligará a los negociantes a cambiar una parte de sus mercaderías por papel, que no teniendo valor fuera del reino, se han de ver precisados a cambiarlo por frutos para poder exportar su valor; y he aquí el papel que a primera vista parece que va a destruir el reino, es el que va a forzar, digámoslo así, su prosperidad.


Por lo que hace a las ventajas que esta sola parte ofrece a la metrópoli, la cuenta es bien sencilla: las cantidades que ahora entran de esta colonia continuarán lo mismo y los primeros años se aumentarán con la refundición de la moneda macuquina. Pero esto no es nada: un millón de pesos, por ejemplo, sólo aumentan su riqueza en una riqueza pasajera de un millón de pesos; en lugar de que, recibiendo también materias primeras, un millón de pesos en algodón, aumentan su riqueza en una riqueza permanente de cuatro o cinco millones después de manufacturado: con el empleo de muchos brazos nacionales y de la marina.

El cobre, como el papel moneda, debe entrar en parte para saldar las pérdidas que la refundición de la macuquina debía ocasionar y para facilitar las compras en el menudeo, quebrados y gasto diario. Pero no circunscribamos su utilidad a tan estrechas miras: veámosla en grande.

Es cierto que el mayor volumen de la moneda de cobre hace que su tráfico en grande no pueda ser tan usual como el oro y la plata; pero también es cierto que en la Europa circula hoy un número inmenso de esta moneda. Acúñese al principio sólo la necesaria a nuestro intento del finísimo cobre de Moniquirá, con un tanto más de su peso respectivo a las monedas de Europa, y permítase su salida, no sólo para España, sino para los países extranjeros; désele un valor en España correspondiente a su peso respectivo a la que corre en el día: y las inagotables minas de Moniquirá van a ser un nuevo Potosí.

La Suecia paga una parte de las mercaderías del mediodía con su cobre. Las minas de este metal en Hungría se calculan como un manantial de riquezas, que harían circular muchos millones si su cobre fuera más manejable. ¿Por qué no lo serán las nuestras, que son más ricas, y su metal dulce, más manejable y cargado de plata, lo que sube naturalmente su ley?

El cobre bajo la forma de moneda no deja de ser fuera del reino una mercadería que compra, no sólo el que tiene necesidad de este metal, sino el que tiene necesidad de signos. En una palabra, el cobre bruto lo compra el comerciante que quiere traficar con él; y el cobre moneda lo compra el comerciante, el artesano, el labrador y todo el mundo.

Ya se conoce que no es aquí el lugar donde yo debo entrar a detallar el método de recoger la moneda macuquina, y de hacer el cambio del papel y del cobre.

 

Del empleo de los fondos; del pago de los réditos de los vales y de la caja de descuentos para su extinción

 

Los fondos deberían emplearse en la compra de negros para darlos en arrendamiento a los particulares. Aunque este pensamiento parezca a primera vista no muy acertado, no obstante es, en mi concepto, de muchísima importancia; con él se van a asegurar los réditos de los vales y la caja de extinción. El erario va a formarse un nuevo fondo; la agricultura y las minas van a tomar un nuevo incremento y el Estado va a criar una milicia sin costo, que en caso urgente puede ser de mucha utilidad, empleándola, cuando no todos en las armas, a lo menos en el transporte de municiones y bagajes y en el trabajo de fortificaciones, etc. Veamos si será fácil su despacho.

Los hombres que se reciben en arrendamiento, computando los salarios que varían algo en el reino, cuestan al año, sin incluir los días festivos, 73,2 reales; y no en todas partes es fácil conseguirlos, lo que retarda y atrasa el cultivo. Los negros, por los gastos de transporte, etc., los pondremos, unos con otros, a $300, que comparándose con el fondo de los vales, que deben correr a un 3%, cuesta al año cada negro nueve pesos. Póngaseles el precio de arrendamiento, unos con otros, a $21 al año; agréguense siete pesos que cuesta su mantenimiento y tres del vestuario, y le costarán al arrendatario $31. Quiere que la tercera parte de los que recibe le sean inútiles y que se cargue a los útiles; le vendrán a costar $46,4 reales, que rebajados de $73, 2 reales, que le cuesta el hombre libre, quedarán a su favor $26,6 reales y la incomparable ventaja de tener todo el año trabajadores prontos.

Se dirá que, supuestas las ventajas de los esclavos sobre los hombres libres, tendrá más cuenta a los particulares el comprarlos por sí, que el recibirlos en arrendamiento. Es verdad que se les tendría más en cuenta; pero no todo el que tiene $2.100 para recibir en arrendamiento 100 negros tiene $30.000 que le costarían comprarlos. A lo que se agrega que los $2.100 los desembolsa después de un año de servirse de los negros, en lugar que los $30.000 tendría que desembolsarlos de contado y antes de haber sacado algún provecho de sus brazos.

El erario recibe, como queda dicho, $21 al año por cada negro, que multiplicados por 2.000 negros, que es el número que regulo que se pueden comprar, hacen la cantidad de $420.000. Rebájense nueve pesos por cada negro, para el pago de los réditos de los vales, a razón de un 3%, y quedarán líquidos $240.000 cada año para la caja de extinción, que asegurarán a su majestad un fondo de seis millones de pesos, que dentro de 30 años redituarán $420.000; con las notorias ventajas que seguirán a este reino y al comercio nacional.

Quizás esta especie de préstamo es único en su clase y el solo en que se encuentren todas las utilidades, sin ninguna desventaja ni inconvenientes. La necesidad de recoger la moneda macuquina es su origen o la causa de la introducción del papel. Los réditos se ven asegurados con el mismo fondo que los ocasiona; la hipoteca es el mismo fondo, y el mismo fondo el que extingue el papel dentro de un número fijo de años, vivificando la agricultura, las minas, el comercio, la población; y asegurando al Estado una milicia y un fondo independiente del papel; pero producido de su creación. Semejante establecimiento sólo tendría que temer los excesos. La misma humedad que fecundiza la tierra, si es excesiva pudre las raíces de las plantas y las destruye.

Aunque he apuntado, hablando de las alcabalas, que los frutos deben pagar a la salida, recompensarán las pérdidas que la supresión de los derechos inferiores debían causar, pero no creo que deba entrar a tratar tarifas. Este importante punto pide un plan bien meditado, y formado sobre buenos principios; esto es, sobre el conocimiento práctico de los frutos del reino y de las distancias de los puertos en que se cultivan con mejor suceso; su estimación respectiva en los mercados de Europa; en su mayor o menor competencia; y finalmente, los que merecen fomentarse con preferencia, distinguiendo los que entran en nuestro consumo y manufacturas, de los que sólo entran en el comercio con las otras naciones. Sin estos conocimientos particulares en cada ramo; sin esta atención en equilibrar la utilidad del erario, con las ventajas del comercio y de la nación en general, siempre se encontrarán en las tarifas una porción de inconvenientes que se entrechocarán para destruirse mutuamente. El cacao, por ejemplo, paga hoy derechos crecidos y el añil no los paga, sin otra razón que un principio demasiado general, de que es un ramo nuevo, y que libre de derechos se animará su cultivo. ¿Pero se ha examinado si conviene el cultivo de añil en este reino? ¿Se han pesado los inconvenientes que puede traer en lo sucesivo este fomento? El añil, de menos volumen que el cacao y sin derechos, va destruyendo su cultivo, que para restablecerlo se necesita de siete a 10 años. El añil es destructor de la población; es un ramo ya muy común en los mercados de Europa; la química va sustituyendo otros colores en su lugar y la competencia del añil no puede durar largo tiempo sin decaer mucho de su valor. En lugar que el cacao se hace cada día de un uso más universal; su cultivo no ataca a la población, ni hace temer la competencia; es una de las producciones que más convienen a este suelo; ésta es su patria, y su consumo en algunas partes de España y en toda la América se puede mirar como de primera necesidad. Así el añil debería pagar derechos en este reino, que quizá no convendría que pagase en Guatemala; y el cacao debería pagar menos de lo que paga en el día.

Por lo que queda dicho hasta aquí, se ve que mi idea ha sido sólo presentar mis pensamientos a un golpe de vista, sujetándome a lo que he creído sumamente preciso para que se conozca su utilidad, sin entrar en detalles ni reflexiones que ofuscan muchas veces el fondo del asunto principal; pero si se creyese que merecen toda la atención que yo pienso, estoy pronto a levantar las dificultades que ocurran, y a dar un plan detallado de cada punto en particular y de todos en general, con los auxilios necesarios. Sólo me tomo la libertad de suplicar que no se decida, a primera vista, de su utilidad e inconvenientes, sino que antes bien se examinen con un sabio pirronismo; porque no es extraño el encontrar oposición cuando se trata de reformar abusos inveterados, por más esfuerzos que se hagan para correr el velo que los cubre. Newton, el primer calculador del universo, tuvo que ceder en un asunto de cálculo al imperio de la preocupación, cuando se trataba de reformar la moneda de plata en Inglaterra; así, yo repito lo que decía el caballero Bernard tratando del mismo asunto: “Convido –decía– a todos los que conocen el daño presente a que en lugar de desaprobar mi proposición hagan otra mejor; servirán a la patria, y yo se lo agradeceré de todo corazón”. [...]

La administración de justicia
Una de las enfermedades más destructoras de este reino es la manía de los pleitos, que junto a la lentitud y el embarazo de los procesos y al pillaje de los escribanos, etc., causa un retraso increíble en la fortuna de los particulares. Nada es más común que ver a un propietario abandonar sus posesiones, hacer un viaje de 20 y 30 días de camino, permanecer años enteros en la puerta de los tribunales y consumir finalmente la parte de hacienda que tiene cultivada en litigar otro terreno inculto, que ni él ni sus hijos podrán cultivar. ¿Quién creería, si no lo estuviéramos palpando, que en donde nada está más de sobra que las tierras, la mayor parte de los pleitos sean por un pedazo de tierra? Pero no se limita a este punto su manía y el desorden de los procesos. Todos los días vemos comenzar un pleito por los linderos de unas tierras y acabar por la honra y la hacienda de los litigantes. Homero habría encontrado aquí en qué emplear su fecunda imaginación, si hubiera querido limitarse a cantar las guerras de los particulares que han comenzado por un capricho y acabado por la ruina de ambas partes. Podemos asegurar sin exageración, que los pleitos en este reino son un azote más destructor que los huracanes y los terremotos en las Antillas. Yo conozco una población entera en la provincia de Mérida, que años atrás estaba floreciente y que en el día no reconoce más riqueza que los legajos de los pleitos que la han destruido. ¿No se podrá oponer un dique a este torrente impetuoso que arrastra tras sí la desolación del reino? [...].

Todo el celo y actividad de los ministros de la real audiencia no puede dar a abasto a la multitud de pleitos y causas criminales que ocurren diariamente, y así sería conveniente crear un tribunal criminal enteramente separado de la audiencia, o una sala de alcaldes del crimen como la tiene México, para que de este modo se facilitara el despacho; pues si los litigantes sufren en sus haciendas, no sufren menos en sus personas los infelices a quienes su desgracia conduce a una prisión.

El adoptar aquí el establecimiento de los jueces de paz, me parece que sería otro remedio para cortar de algún modo la manía de los pleitos. Si por una parte se obliga a los litigantes a que no puedan ocurrir a los tribunales sin haberse presentado a los jueces de paz, y oído verbalmente las proposiciones de acomodo; y por otra se les asigna a los jueces de paz una cierta cantidad sobre los litigantes, en el caso que terminen sus querellas, para animarlos con el interés que les resultará en el acomodo de las partes, creo que bien presto se harían sentir los buenos efectos de su establecimiento.

El pie sobre que están montados algunos de los gobiernos, corregimientos y tenencias en este reino, es el menos a propósito para mantener la tranquilidad, la justicia y el buen orden; el tráfico con sus súbditos es permitido a unos, ordenado en otros y tolerado por casi todos. Este punto me arrastraría demasiado lejos si quisiera pintar las extorsiones, las injusticias y desórdenes que ocasiona esta tolerancia o abuso; bástame con un poema:
...el vil interés,


Árbitro de suerte,
Vende siempre al más débil
Al crimen del más fuerte

 

He oído decir muchas veces que estos desórdenes son inevitables en América; pero lo cierto es que si hay desórdenes inevitables en todo el mundo, éstos no lo son absolutamente en América. ¿Por qué ha de ser inevitable que, como lo vemos todos los días, parta un gobernador o teniente sin camisa y vuelva al cabo de tres o cuatro años cargado de los despojos de los pueblos que se le confiaron para que les administrase justicia y promoviese su adelantamiento? Me parece que esto necesita remedio y que lo tiene; escoger personas de luces y de probidad para estos empleos; el asignarles rentas proporcionadas y prohibirles el comercio; el promoverlos al fin de sus gobiernos, si han llenado las intenciones del soberano y el castigarlos irremisiblemente si han abusado del poder que se les confirió, son, en mi concepto, verdaderos remedios para un mal tan contagioso en América y que puede al fin ocasionar muy malas consecuencias, por la ignorancia y arbitrariedad de los que llenan comúnmente estos empleos.

No sé si será fuera de propósito el apuntar aquí, que sería conveniente la formación de un pequeño código criminal americano. ¿Por qué los distintos climas que producen la palma y el moscatel no producirán variedad en los delitos y exigirán un método distinto de castigarlos y precaverlos? Además de esto, su formación simplificaría las fórmulas y abreviaría los procesos, haría sensible el terror que trae una pronta ejecución del criminal y aliviaría al inocente de una larga prisión mil veces peor que la muerte. Me parece que ésta no es una obra de muchos años. Los modelos que en esta clase ofrece hoy la Europa y el conocimiento del hombre y sus costumbres de estos países, para poder hacer justas aplicaciones, creo que son todos los materiales que necesitan para facilitar su propia formación.
Estos son, en mi concepto, los remedios que la necesidad, la justicia y el interés de la monarquía exigen por ahora en estas provincias. Estos son los medios de hacer florecer el erario, el reino y el comercio nacional; estos son, finalmente los muros de bronce que deben asegurar una perpetua paz, a pesar de cuanto han dicho respetables políticos que conocían la América por anteojo de larga vista. Yo no propongo el que se establezcan fábricas o manufacturas, que harían decaer el comercio nacional y que perjudicarían en una colonia naciente, abundante en frutos y escasa en brazos; no me olvido de que las riquezas de una colonia deben ser diferentes de las de la metrópoli, y que esta diferencia es la que debe entretener el comercio recíproco. No propongo la impunidad de los delitos, sino el que se castiguen sin demora y que se reformen los abusos en la administración de justicia. No presento pensamientos metafísicos e impracticables, sino fáciles y accesibles. No me olvido del interés de los pueblos cuando trato del fomento del erario, ni de éste cuando hablo de los medios de fomentar el reino; y finalmente, en el conjunto de todas estas cosas, más bien que en la fuerza de las armas, creo que consiste la seguridad y la paz de estos dominios. [...].

 

* Es decir, que los fueros son gravosísimos a los pueblos porque constituyen una multitud de derechos que pesan como doble carga sobre los no exceptuados, para poder formar equilibrio. Claro está que si las contribuciones valen como 500, los contribuyentes son 1000, pero entre éstos hay 300 empleados y eclesiásticos, los 700 individuos restantes pagarán como 1.000 (Nota de Nariño).

 


 

Línea de tiempo

 

1800
- Se crea el Banco de Francia, del cual es accionista el propio Napoleón.
- Los franceses arrebatan Luisiana a los españoles.
- Napoleón derrota a los austriacos en Marengo (14 de junio).
- Napoleón Bonaparte, primer cónsul de Francia, se salva de un atentado terrorista en París (24 de diciembre).
- La población de Estados Unidos se calcula en 5.300.000 habitantes (31 de diciembre).

1801
- Se dicta en Inglaterra la “ley de los deslindes” que da a los hacendados mano libre para robar impunemente a los campesinos. Se verifica la revolución agraria que crea enormes reservas de obreros asalariados.
- Francisco de Miranda es expulsado de París como conspirador contra Napoleón Bonaparte (22 de marzo).
- Llega Santafé de Bogotá el barón Alexander von Humboldt, con el propósito exclusivo de conocer al sabio José Celestino Mutis (19 de abril).
- Guerra hispano inglesa. La armada española sufre duras derrotas por la marina inglesa (6 de mayo).

1802
- Fabrican en Alemania la primera hiladora de seda.
- Entra en vigor en Inglaterra la primera legislación laboral.
- En Francia, Napoleón se proclama cónsul vitalicio.
- Paz de Amiens entre España y Gran Bretaña. Por ese tratado España recuperó la Isla de Menorca (22 de marzo).
- Se inicia en Santafé de Bogotá la construcción del observatorio astronómico (24 de mayo).

1803
- El alemán Didingsley diseña una taladradora vertical.
- Los Estados Unidos compran a Francia el territorio de Luisiana 12 de abril).
- Los haitianos vencen a los franceses en Ventien.
- Se implanta en Francia el carnet laboral (1 de diciembre).

1804
- Se redacta el Código Civil de Napoleón.
- Richard Trevithick logra por primera vez que una locomotora a vapor avance sobre rieles (21 de febrero).
- Napoleón Bonaparte se proclama emperador de Francia (26 de mayo).
- Combate del Cabo de Santa María entre ingleses y españoles. España acusa a Inglaterra de agresión y estalla la guerra (23 de octubre).

1805
- Aparece la máquina de Jacquard para confeccionar vestidos de seda con cenefa.
- El sindicato de obreros del calzado de Filadelfia es acusado de “atentar contra la libertad del país”.
- Gran terremoto arruina la villa de Honda (26 de junio).
- A la edad de 23 años Simón Bolívar jura en el Monte sacro que será el Libertador de América (15 de agosto).
- Aparece el Diario de México, primera publicación periódica de la capital mexicana (1 de octubre).
- Las escuadras española y francesa son vencidas por Nelson en Trafalgar (21 de octubre).
- Victoria de Napoleón en Austerlitz sobre los rusos y los austriacos (2 de diciembre).

1806
- El bergantín Leandro o Leander se hace a la mar con Francisco de Miranda y su expedición libertadora a bordo, rumbo a Santo Domingo. De esto da informes un espía que el propio cónsul de España instaló en la casa de Miranda. Fracaso de la expedición en Ocumare. Nueva expedición y fracaso en Coro (12 de febrero-13 de agosto).
- Deplorable condición de las mujeres en los Estados Unidos. El machismo rampante de la ley.
- Una expedición inglesa al mando de Beregard toma a Buenos Aires. El pueblo de Buenos Aires recupera la ciudad y expulsa a los ingleses (27 de junio-12 de agosto).
- Napoleón firma en Berlín el bloqueo continental contra Inglaterra (27 de noviembre).

1807
- Simón Bolívar llega Charleston. Se embarca para regresar a Caracas, donde hará reuniones secretas en su casa (1 de enero).
- El alemán Breithampt diseña una taladradora horizontal.
- Gran rebelión de los negros en Kingston, Jamaica, duramente reprimida (13 de enero).
- Se expide la constitución republicana de Haití, que declara abolida la esclavitud para siempre (5 de mayo).
- Se ajusta la Paz entre Napoleón y los rusos, en Tilsit (8 de julio).
- Robert Fulton construye el primer buque impulsado por vapor, el Clermont, botado en el río Hudson. Realiza en 37 horas la travesía entre N. York y Albany (7 de agosto).
- Terrible huracán en el Golfo de México. Naufragan 50 barcos (1 de septiembre).
- Napoleón Bonaparte y el gobierno de España llegan a un acuerdo para la división de Portugal (27 de octubre).
1808
- Con el pretexto de cruzar sus tropas hacia España, Napoleón inicia la invasión de España. Depone a los borbones y el pueblo español comienza la Guerra de Independencia. (28 de febrero-2 de mayo).
- Napoleón decreta en Viena la anexión de los estados papales al Imperio francés (17 de mayo)
- Victoria española sobre los franceses en Bailén (19 de julio).
- Fallece en Santafé de Bogotá el doctor José Celestino Mutis (11 de septiembre).
- Los habitantes de Montevideo, reunidos en cabildo abierto, crean la llamada Junta del Año VIII, en señal de sublevación contra España (21 de septiembre).
- Madrid capitula ante las tropas de Napoleón (13 de diciembre).
- Pío Montúfar, marqués de Selva Alegre, crea en Quito una Junta de Conspiradores (25 de diciembre).

1809
- Inventan en Estados Unidos la máquina de hacer papel.
- Inglaterra y España se unen contra Napoleón. (14 de enero).
- La Junta Central de España en Sevilla declara que las posesiones americanas forman parte de la soberanía española (22 de enero).
- Primer grito de Independencia de Alto Perú (Bolivia), en Charcas. Junta de Chuquisaca (25 de mayo).
- Son descubiertos y apresados por Ruiz de Castilla los patriotas de Quito (10 de marzo).
- Antonio de Narváez, Mariscal de Campo, es designado representante de la Nueva Granada a la Suprema Junta Central de Sevilla (20 de septiembre).
- El patriota boliviano Pedro Domingo Murillo asalta los cuarteles de La Paz y domina la ciudad (16 de julio).
- Grito de Independencia en Quito (10 de agosto).
- A instancias de su esposa, Francisca Villanova, el Virrey Amar denuncia como conspiradores a Antonio Nariño y otros.
- Comienza en Santafé un fenómeno solar. Por espacio de seis meses estuvo el sol sin irradiación sensible. Con el cielo limpio se veía el sol de media día sin ofender la vista, como se ve la luna (11 de diciembre).
1810
- Se instala en Alemania la primera hiladora de lino.
- Por el Tratado de Constantinopla Turquía acepta que Rusia se anexe la Crimea (6 de enero).
- La revolución en Caracas. Deponen a las autoridades españolas y una Junta de patriotas, entre los que está Simón Bolívar, asume el gobierno. (19 de abril).
- Salen en misión especial ante el gobierno de Inglaterra los jóvenes caraqueños Simón Bolívar, Andrés Bello y Luis López Méndez, con el encargo de proponerle a Francisco de Miranda que venga a asumir la presidencia de la Junta de Gobierno (6 de junio).
- En el virreinato de la Nueva granada, el pueblo de El Socorro proclama la Independencia (10 de julio).
- El pueblo de Santafé de Bogotá depone al Virrey Amar y Borbón y pone fin al régimen colonial (20 de julio).
- La ciudad de Mompox proclama la Independencia absoluta (6 de agosto).
- Miguel Hidalgo en México inicia la Independencia con el grito de Dolores y decreta la libertad de los esclavos (16 de septiembre-6 de diciembre).
- Simón Bolívar desembarca en La Guaira, al tiempo que Antonio Nariño regresa a Santafé después de un año de prisión en Cartagena (8 de diciembre).
- Miranda llega a La Guaira. Se posesiona como jefe de la Junta Revolucionaria (11-12 de Diciembre).

1811
- Grito de Ascencio, que inicia el movimiento uruguayo por la independencia (28 de febrero).
- El patriota uruguayo José Miguel de Artigas vence a los españoles en Las Piedras (18 de mayo).
- Tratado de alianza entre Cundinamarca y Venezuela. Suscribe por Venezuela el Canónigo José Cortés de Madariaga, quien sustituye en Antonio Nariño su carácter de comisionado del Estado de Venezuela cerca de Santafé (28 de mayo).
- El Congreso de Santiago de Chile decreta la primera ley antiesclavista (4 de julio).
- El gobierno de Venezuela proclama la Independencia absoluta (5 de julio).
- Antonio Nariño publica en Santafé de Bogotá La Bagatela (14 de julio).
- En el pueblo de Chihuahua –México– es fusilado por los españoles el generalísimo Miguel Hidalgo (27 de julio)
- Fuerte presencia popular en las calles para apoyar la elección de Antonio Nariño como presidente de Cundinamarca (19 de septiembre).

1812
- La producción de la economía agrícola francesa se evalúa en unos 300 millones de marcos.
- Las Cortes de Cádiz juran la Constitución llamada de La pepa (19 de marzo).
- Un terremoto espantoso devasta las ciudades de Caracas y Mérida en Venezuela (25 de marzo).
- Miranda firma la rendición de los patriotas venezolanos. Prisión del general Miranda (25-31 de julio)
1813
- Queda abolido el monopolio del comercio con la India, que detentaba la Cia. de las Indias orientales.
- Batalla de San Victorino en Santafé. Antonio Nariño y el pueblo de la capital derrotan a las tropas del Congreso y capturan a todos sus oficiales. Termina la guerra civil entre Cundinamarca y el Congreso (9 de enero).
- En Venezuela, Domingo Monteverde ordena pasar a cuchillo a todos los que hagan resistencia a las tropas españolas (11 de enero).
- El coronel Simón Bolívar comunica al Congreso de Nueva Granada la liberación de Cúcuta hecha por sus tropas (28 de febrero).
- Simón Bolívar declara la Guerra a Muerte (15 de junio).
- A instancias del presidente Antonio Nariño, Cundinamarca declara su independencia absoluta (16 de julio)
- Simón Bolívar entra con sus tropas en Caracas. Es proclamado Libertador (6 de agosto).
- Parten de Santafé las tropas de Nariño a la campaña del Sur (23 de septiembre).
- Victoria de los patriotas al mando de Bolívar en el Bárbula (30 de septiembre. Muerte de Atanasio Girardot (30 de septiembre).
- Napoleón es derrotado en Leipzig. Invasión de Francia (Octubre 16-19).

1814
- Los inventores alemanes Koening y Wamer crean una instalación rápida de imprenta que tendrá profunda influencia en las artes gráficas.
- Después de cinco victorias consecutivas sobre los españoles y los patianos, Nariño se dispone a tomar a Pasto. Tras feroz combate en los ejidos, es abandonado por la retaguardia de su ejército, y capturado por los pastusos (12-14 de mayo).
- Los patriotas chilenos son derrotados en Rancagua (1 de octubre).
- El novelista francés. Marqués de Sade, autor de obras de aguda crítica social y de costumbres, muere en el asilo de locos de Charenton (2 de diciembre).

1815
- Como órgano de la dictadura clasista de los terratenientes, el Parlamento inglés aprueba la “Ley del Trigo”.
- Los estadounidenses derrotan a los ingleses en Nueva Orleans y termina la guerra (8 de enero).
- Bolívar sale de Bogotá con un ejército de 2.000 hombres para reforzar a Cartagena (25 de enero).
- El pacificador Pablo Morillo entra en Caracas (11 de mayo).
- Derrota de Napoleón en Waterloo. Es desterrado a la Isla de Santa Helena (junio 18-octubre 16).
- Sitio de Cartagena por las fuerzas de Morillo (15 de agosto-6 de diciembre).
- Simón Bolívar escribe la Carta de Jamaica (6 de septiembre).
- El patriota mexicano José María Morelos es fusilado en San Cristóbal Zacatepec (22 de diciembre-20 de marzo).
1816
- Simón Bolívar es elegido comandante en jefe de la expedición libertadora de Venezuela. Parte de los cayos de Haití al frente de la expedición (7 de enero).
- La heroína boliviana Juana Azurduy, al frente de un grupo de patriotas, derrota a las fuerzas españolas (23 de marzo).
- Simón Bolívar decreta libertad de los esclavos que luchen en la Independencia (16 de junio).
- Se inicia la publicación por las autoridades pacificadoras del semanario Gazeta de Santafé. Trae una manchete de página a página que dice: ¡Viva Fernando VII, Rey de España y de las Indias! (13 de junio).
- El Congreso de Tucumán declara la Independencia absoluta de las provincias Unidas del Río de La Plata (8 de julio).
- Muere Francisco de Miranda en la cárcel de La Carraca, de Cádiz (14 de julio).

1817
- Las tropas al mando de José de San Martín efectuaron el heroico cruce de Los Andes, durante la Campaña Libertadora, y obtienen su primera victoria sobre los españoles en la batalla de Achupallas (4 de febrero).
- Luis López Méndez contrata los servicios de los ingleses para colaborar económica y militarmente en la Guerra de Independencia y se inicia la deuda externa de Colombia.
- Carta de Simón Bolívar a Juan Martín Pueyrredón, desde Angostura. le ofrece entablar el Pacto Americano (12 de junio).
- Un segundo informe de la Real Audiencia de Santafé al Rey, asegura que la situación del gobierno colonial es angustiosa (29 de octubre).
- Policarpa Salabarrieta y otros cuatro patriotas son fusilados en Bogotá (14 de noviembre).

1818
- Victoria de San Martín en Maipú (15 de abril).
- Pablo Morillo remite a España los varios y preciosos objetos que pertenecieron a la Expedición Botánica que dirigió el sabio naturalista José Celestino Mutis (11 de mayo).
- Se abre nueva cátedra de Medicina en el Colegio Real Mayor de Nuestra Señora del Rosario en Santafé. Catedrático, doctor Benito Osorio (8 de junio).
- Por iniciativa del Libertador Simón Bolívar se publica en Angostura El Correo del Orinoco (27 de junio).
- España firma un tratado con Gran Bretaña para poner fin al tráfico de esclavos (23 de septiembre).

1819
- El Virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela y Sánchez, 1er Marqués de Viluma, considera que no hay esperanzas de ganar la guerra a los patriotas (25 de enero).
- Campaña Libertadora de la nueva Granada. Avance del ejército de Simón Bolívar por los llanos de Apure hacia Tunja. Travesía por la cordillera andina y los picos nevados del Cocuy (1 de Marzo 1-15 de junio); Batalla del Pantano de Vargas (25 de julio); fusilamiento de la jefe guerrillera Antonia Santos en El Socorro (28 de julio); Batalla de Pienta entre la guerrilla de Charalá y los pobladores de la villa contra las fuerzas españolas del Socorro que se dirigían a apoyar al general Barreiro, y que son contenidas por los patriotas charaleños (4-6 de agosto); Batalla del puente de Boyacá. Los patriotas liquidan al ejército del general Barreira y culmina la Campaña Libertadora de la Nueva Granada (7 de agosto); el Libertador Simón Bolívar entra en Bogotá, que abandonaron precipitadamente las autoridades españolas de ocupación al conocerse en la capital la derrota de Barreiro. l

Los primeros brotes de inconformidad de los vasallos del Nuevo Reino de Granada, como la rebelión de las Alcabalas en Vélez (1740) y de los Comuneros de Cali (1765), tuvieron un carácter económico limitado a la queja contra el cobro desmedido de impuestos. Reprimidas ambas, y sancionados con prisión sus cabecillas, consiguieron no obstante su objetivo. Por un tiempo se suavizó la política tributaria en las colonias de Indias; pero, a finales de los años setenta, la corrupción de los funcionarios de la corte, y de las mismas colonias, y los gastos que exigía la guerra contra Inglaterra, llevaron a un endurecimiento progresivo tanto en la exacción como en el aumento del valor y la cantidad de los tributos que las colonias deberían pagar a la hacienda española. Para hacer más efectivo el cobro, la corona envió visitadores con la misión de “desocupar el bolsillo de los vasallos” a fin de recoger las cuotas que les correspondieran en los distintos ramos de tributación (alcabalas, estancos, guías y tornaguías, armada de Barlovento, gracioso donativo, etc.).

La tributación exagerada no les hizo gracia a los vasallos de América, indígenas, mestizos, mulatos y criollos (los esclavos de origen africano solo tenían valor como mercancía, y en ese sentido, valían mucho). Estallaron grandes revueltas contra los impuestos en el Alto Perú (Bolivia), Perú y El Nuevo Reino de Granada. Además del motivo económico contra el pago de impuestos, esos levantamientos incluyeron un ingrediente político: la lucha por la independencia. Mientras que en el Perú la revuelta indígena encabezada por Túpac Amaru (José Gabriel Condorcanqui) fue sangrienta y terminó con la derrota de los rebeldes, la de los criollos del Nuevo Reino de Granada , conocida como Rebelión de Los Comuneros, que movilizó a más de veinte mil hombres en la provincia de Tunja (hoy Cundinamarca, Boyacá y Santander), fue neutralizada por la intermediación ladina del arzobispo de Santafé. Al ofrecer unas Capitulaciones que concedían a los rebeldes cuanto pedían, el arzobispo Caballero y Góngora dividió el movimiento comunero. La mayoría de los alzados, satisfechos con las Capitulaciones, guardaron o entregaron las armas precarias que habían puesto a temblar a las autoridades de Santafé, no tanto por las armas (machetes, azadones, palos y unos pocos fusiles y pistolas) como por el volumen asustador de los amotinados.

Los criollos de Santafé, y varios de los del movimiento comunero de la región de Guanentá y de El Socorro, quisieron continuar la rebelión. El charaleño José Antonio Galán, que actuaba en acuerdo con los criollos ilustrados de Santafé, desconoció las Capitulaciones, pregonó la lucha de los oprimidos contra los opresores, y se lanzó a una campaña militar brillante en el alto Magdalena que lo llevó a dominar el territorio ribereño hasta Neiva, pero fue derrotado en el intento de tomar el puerto de Honda, que estaba defendido con artillería.

El fracaso del movimiento comunero de 1781 no marcó el fin, sino el principio de la lucha por la Independencia. En los años siguientes el motivo económico varía esencialmente. Los jóvenes criollos, como Antonio Nariño, Pedro Fermín de Vargas y Francisco Antonio Zea han estudiado las nuevas doctrinas económicas expuestas por el español Bernardo Ward en su Proyecto Económico (Madrid, 1762/1782, tercera impresión) y por el escocés Adam Smith en Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones (Londres, 1776). Esos libros, que sustentan la necesidad de poner fin al colonialismo y de levantar las trabas proteccionistas al comercio, y que le ponen al análisis económico una base científica, influyeron de modo decisivo en el pensamiento y en la orientación económica de la generación granadina educada de la mano y bajo el talento del sabio José Celestino Mutis, así como encontró en la Ilustración y en los enciclopedistas franceses su pensamiento político revolucionario. Antonio Nariño es quizá el primer americano que expone con claridad científica y filosófica las aspiraciones económicas de los criollos, en su artículo Los Frutos del Árbol Noble, que firma como Un Observador Amigo del País, en el Papel Periódico de Santafé (1791) cuya síntesis la encontramos en el párrafo siguiente:

“Nosotros no conocemos lo que en el mundo se llama Comercio activo, el cual consiste en la exportación de nuestros frutos, de las obras de nuestras manos, y de las de nuestras industrias: por consecuencia ignoramos sus utilidades,, sus resortes y sus relaciones: nos contentamos con el bastardo y servil Comercio a quien se da el nombre de pasivo, y que solo estriba en el indolente abandono de sufrir el escarnio y ridiculez de todas las Naciones industriosas, permitiéndoles insensatos que nos estén continuamente extrayendo el escaso jugo de nuestro dinero y dejándonos sin esta miserable sustancia, tanto más apreciable, cuanto nos cuesta más dificultad que a nadie el adquirirla”.

Después del levantamiento de Los Comuneros (1781), y hasta la revolución francesa (1789) la lucha de los criollos se concentra en lograr la libertad de comerciar sus productos sin las restricciones (comercio activo) a que han estado sujetos (comercio pasivo) desde el principio de la Colonia (1538) y que ha generado, como es natural, un constante y cuantioso contrabando hacia el exterior, especialmente en los ramos del tabaco y las harinas. En 1793, Antonio Nariño traduce, publica y divulga clandestinamente, con el apoyo de los masones, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Convención Nacional en París el 4 de agosto de 1889. Ese documento transforma las aspiraciones por una libertad de comercio en el deseo de independencia y libertad total de pensamiento y de expresión, y demás derechos incluidos en la Declaración de 1789.

Más adelante, ya en prisión (1797) Antonio Nariño su clásico y formidable Ensayo sobre un nuevo plan de Administración en el Nuevo Reino de Granada, ampliará las ideas liberales que plantea en Los Frutos del Árbol Noble. (En este Suplemento reproducimos los fragmentos cardinales de dicho Ensayo).


Aunque, en apariencia, la Corte no dio importancia al Ensayo de Nariño, remitido por el Virrey de Santafé en diciembre de 1797, no es coincidencia que, con el nuevo siglo se relajen las medidas restrictivas de todo orden que regían en las colonias, se fomente el comercio activo y se permita la circulación de nuevos periódicos como El Correo Curioso, Erudito y Mercantil de Santafé (1801-1802) o El Redactor Americano (1806-1809) con su Alternativo, en los que, por las ideas que exponen, no parece que el gobierno virreinal haya ejercido sobre ellos mayor censura. Aun así, la idea de la independencia ya está anclada en la conciencia criolla, y en consecuencia sus promotores conspiran, fomentan el desarrollo de las tertulias literarias y económicas, siguen con atención los acontecimientos en la Península, y saben que, tras la derrota de la flota aliada hispano francesa en Trafalgar por los ingleses, el poder de la metrópoli se ha debilitado. La posterior invasión de España por Napoleón, el derrocamiento de de los reyes y la instauración de un monarca francés (José I, hermano de Napoleón), apuntan que ha sonado la hora en el reloj de la Independencia. Antonio Nariño (en libertad condicional desde 1803) prepara con otros criollos, entre ellos el canónigo Andrés Rosillo, el golpe para deponer al Virrey Amar, liquidar la Real Audiencia e instaurar un gobierno criollo soberano; pero los conspiradores son delatados por un espía (1809), Nariño es preso de nuevo, junto con el canónigo Rosillo, y enviado a las mazmorras de Cartagena. Rosillo es desterrado y confinado en El Socorro.

La conspiración no se detiene. Finalmente, el 20 de julio de 1810 los criollos deponen el gobierno colonial y asumen el mando, sin declarar la Independencia, limitándose a suscribir su fidelidad al rey Fernando VII (en el exilio) siempre y cuando el monarca venga a gobernar en Santafé, propuesta que los criollos astutos asimilan a imposible. El hecho de procrastinar la declaración de independencia genera la primera división política entre los criollos. La corriente partidaria de Antonio Nariño, que no está en la élite criolla, sino entre los artesanos y la gente del pueblo, y de la que es líder el “chispero” José María Carbonell, así llamado por ser el que encendió la chispa popular del 20 de julio, se amotina, pide la prisión de los virreyes y la declaración de independencia absoluta. El presidente de la Junta criolla de gobierno, Camilo Torres, responde al clamor popular ordenando la prisión de Carbonell. Ante tamaña arbitrariedad la protesta popular, e incluso de los propios amigos del doctor Torres Tenorio, fue tan grande que lo obligó a poner en libertad al “chispero” Carbonell. La misma presión popular hizo que la Junta de Gobierno, reacia a ello, enviara a Cartagena los fondos necesarios para el viaje de regreso a Santafé de Antonio Nariño, liberado pocos días después del 20 de julio.

La vuelta de Nariño a Santafé acentuó la división política y sacó a flote las diferencias económicas. El grupo de Camilo Torres, compuesto por miembros de la alta clase criolla aristocrática y feudal terrateniente, no estaba interesado en modificar las estructuras económicas coloniales, sino en conservarlas, pero gozando ellos de los privilegios del poder. Nariño proponía en cambio la abolición completa del régimen colonial, la redistribución de la propiedad de la tierra, que debería transferirse a los campesinos que la trabajaban; la aplicación de los Derechos Humanos; y la libertad de comercio para facilitar a los campesinos productores, y a los artesanos industriales, la distribución y venta de sus productos en el interior y en el exterior de la República. Camilo Torres y sus seguidores se opusieron furiosamente a las ideas y al gobierno de Nariño, quien había sido proclamado presidente de Cundinamarca después de una inteligente campaña periodística que dio en tierra con el gobierno de Jorge Tadeo Lozano, ficha de Camilo Torres.

Para enmascarar su verdadero rostro de terratenientes feudales, los torristas proclamaron la Constitución de un gobierno federal, a semejanza de la república modelo del Norte de América, y le pusieron un nombre similar: Provincias Unidas de la Nueva Granada, desconocieron el gobierno de Nariño y trasladaron a Tunja la capital de las Provincias Unidas. Nariño, con argumentos históricos, filosóficos y económicos, sostuvo la inconveniencia, para ese momento, de un gobierno federalista. Dadas las posibilidades nada remotas de un intento de reconquista por parte de la monarquía española, que acababa de ganar la guerra de liberación contra Napoleón y repuesto en el trono a los borbones, en cabeza de Fernando VII, Nariño había previsto que la única forma de enfrentar victoriosamente a España era con un gobierno central fuerte, que aglutinara y organizara las energías de la Nación para la defensa frente a la reconquista inminente. Los federalistas no quisieron escuchar razones y declararon la guerra al gobierno de Cundinamarca, presidido por Nariño. El 9 de enero de 1813 las tropas del Congreso pusieron sitio a Santafé y atacaron la capital con un contingente de cinco mil hombres a los que el gobierno de Tunja había prometido tres días de saqueo. Ese 9 de enero los federalistas fueron derrotados aparatosamente gracias al valor de los habitantes de Santafé y a la habilidad estratégica del presidente Nariño. Tunja tuvo que rendirse y pactar la paz con Cundinamarca. El presidente Nariño aceptó de buena gana firmar la paz sin poner condiciones a los vencidos. Ahora se precisaba la unidad. Se estaba organizado en la península la expedición Pacificadora, y reductos importantes de fuerzas realistas mantenían en su poder a Pasto, Quito, Lima y La Paz, e intentaban sitiar a Caracas, donde el Libertador Simón Bolívar resistía con recursos escasos.

Nariño organizó un ejército de tres mil hombres para marchar al sur, liberar a Pasto y Quito y quitar la presión que los realistas mantenía sobre Caracas. La traición del Congreso de las Provincias Unidas provocó la derrota de Nariño cuando se disponía a tomar a Pasto, y el consiguiente fracaso de la campaña del Sur, así como la caída de Caracas en poder de los hispanos. Simón Bolívar fue acogido por el Congreso de Tunja, que le encomendó la toma de Santafé y lo nombró comandante del ejército destinado a reforzar la defensa de Cartagena, hacia donde se encaminaba la flota pacificadora al mando del generalísimo Pablo Morillo. Bolívar fue rechazado en Cartagena por el comandante de la Plaza, Manuel del castillo y Rada. Castillo le advirtió al Libertador que lo atacaría si intentaba entrar en Cartagena. El Libertador, por evitar una guerra civil, abandonó el mando de su tropa y marchó al exilio en Jamaica, y después en Haití, donde, con ayuda del presidente Petion comenzó a organizar en 1816 el ejército Libertador, que inició el mismo año la guerra de Independencia y la culminó, en su primera etapa, entre derrotas y triunfos, los días 25 de julio, y 4 y 7 de agosto de 1819 en las batallas del Pantano de Vargas, Pienta (Charalá) y Boyacá.

La guerra de Independencia había dejado en suspensos el conflicto civil y económico entre los partidos Federalista y Centralista, iniciado en 1811-1813. Al terminar la Guerra Magna, en lo concerniente a Nueva granada (aún quedaban por liberar Venezuela, Ecuador, Perú y el Alto Perú, que ocuparían la atención del Libertador en los cinco años siguientes), la discordia se reanudó en el mismo Congreso Constituyente de la República de Colombia, realizado en Cúcuta en 1821, instalado por Antonio Nariño, como vicepresidente de la República encargado del Poder Ejecutivo. En esta ocasión, las posiciones cambiaron paradójicamente. Los antiguos federalistas, seguidores de Camilo Torres (fusilado por Morillo en 1816) tenían por nuevo caudillo al general Francisco de Paula Santander, que respaldó una constitución centralista, más apropiada para sus intereses, entretanto que el antiguo centralista, Antonio Nariño, propuso una constitución de carácter federalista, por estimarla más útil para gobernar una nación del tamaño de la que posiblemente conformarían la Nueva Granada, ya libre, y Venezuela, Ecuador, Perú y el Alto Perú cuando concluyera la campaña del Sur emprendida por el Libertador Simón Bolívar. También los intereses económicos que dieron nacimiento a los partidos federalista y centralista, habían cambiado sus posiciones en 1821. Los artesanos y los campesinos trabajadores que antes necesitaban del libre comercio para negociar con sus productos, se vieron enfrentados a la realidad de la producción creada por la Revolución Industrial de mediados del siglo XVIII. Esa realidad era que no habiéndose incorporado la producción del país, puramente artesanal, a los adelantes fabriles que impuso la Revolución Industrial, el libre comercio se había tornado en un factor que favorecía a las naciones industrialmente desarrolladas y desfavorecía a las que se mantuvieron en la forma artesanal de producción. En otras palabras, los artesanos criollos no estaban en capacidad de competir, ni en cantidad ni en calidad, con los productos de las potencias industriales. Si el gobierno de Colombia no aplicaba una política arancelaria proteccionista, llevaría a la ruina sin remedio del sector artesanal.

Esa dicotomía entre libre comercio y proteccionismo se prolongó a lo largo del siglo XIX, generó los partidos liberal (librecambista) y conservador (librecambista disfrazado de proteccionista) y dio origen a nueve guerras civiles. Los artesanos, que eran la fuerza electoral más poderosa, engañados reiteradamente por gobiernos liberales radicales, como los de López y Obando, o conservadores como el de Ospina Rodríguez, se sintieron interpretados por la exposición económica de Rafael Núñez, con la proyección de un programa proteccionista que no se limitara a los aranceles, sino que diera las facilidades necesarias a los artesanos para comercializar sus productos, y a los campesinos para adquirir la propiedad de la tierra, tal como lo habían propuesto al principio de la revolución, y en los comienzos de la república, los libertadores Simón Bolívar y Antonio Nariño.

Núñez instauró una política proteccionista científicamente estructurada y puesta en práctica, que modernizó al país en su desarrollo industrial, pero fracasó en la parte agraria por la incapacidad de doblegar a los terratenientes. La política proteccionista implantada por Núñez se mantuvo, con las necesarias variantes circunstanciales, hasta la década de los años 70 del siglo XX, cuando se empezaron a introducirse reformas neoliberales que se mantienen hasta hoy y que han conseguido liquidar la producción nacional en aras de una globalización desastrosa.

Colombia: ¿Qué somos? ¿Quiénes somos? ¿Cómo se formó nuestra nación? ¿Por qué, una vez rotas las cadenas de la Colonia, no tuvieron capacidad –o interés– quienes dirigieron el país a la largo del siglo XIX para romper las estructuras coloniales, con todo lo que ellas implicaban, y nos mantuvieron/mantuvimos en la República señorial? ¿Aún conserva el país parte de esa República señorial? ¿De dónde provienen nuestros conflictos sociales más protuberantes? ¿Cómo se han reproducido estas contradicciones en el tiempo? ¿Por qué hemos vivido transados en disputas armadas de carácter interno? ¿Por qué la exclusión, la opresión y la violencia como políticas de dominio y control de la minoría contra la mayoría? ¿Por qué?

Estos y muchos otros interrogantes están presentes cada vez que pretendemos comprender nuestro ser nacional. Son preguntas vigentes ayer y hoy, y mucho más cuando abocamos los temas de la Colonia y el esfuerzo de los patriotas de aquella época por enfrentar al Imperio español y alcanzar un estado de soberanía para su patria, para darle cuerpo a una República según las enseñanzas desprendidas de las revoluciones Inglesa (1649), Norteamericana (1783) y Francesa (1789), las tres principales gestas de la época, de donde emergieron las reflexiones políticas, filosóficas, jurídicas y de otros tipos para conseguir que la soberanía dejara de estar depositada en manos de reyes y pasara a las de la ciudadanía en general. Tales enseñanzas, pese a su vitalidad y su potencialidad, quedaron ocultas, arrinconadas, por la fuerza del poder tradicional, de la clase de poder sembrado en esta parte del mundo por los invasores: especuladores, y vividores de la tierra y de las manos de quienes la labran, como de rezanderos y especuladores de las esperanzas desprendidas del rezo a un solo Dios, “Señor de Señores”, que garantiza a todo aquel que viva con resignación, en silencio, en trabajo vital al servicio del patrón, una vida de plenitud luego de muerto.

Bicentenario. Estamos en un tiempo de reflexión para comprender nuestro pasado, que proyecta sus contradicciones y conflictos sociales, económicos, políticos y militares no resueltos sobre nuestro presente, permitiéndonos procesar que nuestras sinrazones como nación provienen de una oligarquía que no dejó de amasar la tierra y, para ello, de despojar a medianos y pequeños propietarios de la misma, obligándolos recurrentemente a penetrar selva adentro en procura de un poco de la misma para sustentar la vida propia y la de los suyos. La concentración de tierras que se advierte también es producto del poder político y militar, y con ello de la exclusión y la opresión de las mayorías por las minorías.

La memoria y la reflexión que de aquí surge nos permite hacer un recorrido de doscientos años y en ellos, en todos estos años o en cada periodo de gobierno que los integran, conocer y comprender los intereses de variada índole allí representados y la manera como fueron concretados, de tal modo que la tradición colonial –ya sin el dominio directo del rey y sus funcionarios– seguía determinando las formas de gobierno y de poder entre nosotros. Todo materializado en la existencia de terratenientes y siervos –ya no esclavos, al menos luego de los años 60 del siglo XIX–, comerciantes (importadores de todo tipo de mercancías y exportadores de especies y materias primas) y consumidores; mineros propietarios y barequeros; autoridades religiosas y creyentes; políticos y plebe; burocracia estatal y masa pagadora de impuestos. Se trata de un poder prolongado en medio de la tensión entre opresores y oprimidos –como en los tiempos de José Antonio Galán–, que, pese al paso del tiempo y de reivindicar ideas liberales y similares, seguía negando la democracia que decía profesar.

Con esas características cuajó una República con vida antidemocrática por excelencia, contraria al sueño de quienes imaginaron y batallaron por la libertad y la justicia; una República que exige darle paso a una segunda de su tipo, donde, en este caso, se logre invertir todas las formas de gobernar padecidas por las mayorías de nuestro país a lo largo de dos siglos, al tiempo que la economía, el poder militar y las otras partes fundamentales de toda sociedad se enruten por una vía diametralmente opuesta a la conocida hasta ahora, para lograr así una República soberana a plenitud, y fundada en democracia plena, radical, directa, participativa y refrendataria, todo lo cual presenta plena vigencia en este siglo que será, aunque no lo parezca, el siglo de los pueblos.

Debemos proyectar nuestra mirada por el retrovisor de la Historia para, sobre sus enseñanzas, desechar aquello que ya no debe seguir siendo y aferrarnos a lo que sí debemos ser, lo cual no puede ser dibujado sino por una multitud de manos y voces que escuchan y dicen, que debaten y argumentan, que viven y experimentan; para, como un solo cuerpo, a pesar de sus diferencias, trazar con lápiz común la República de sus sueños, cimentada en las enseñanzas de Biohó, Galán –el Comunero–, Bolívar, Nariño, Miranda, Manuelita, Simón Rodríguez, Quintín Lame, Gaitán y otros muchos que con su convicción y su ejemplo trazaron el camino de la lucha por justicia, igualdad, libertad, integración regional, soberanía.

Tales realidades están sembradas en la memoria nacional, brindan enseñanzas y proyectan el futuro por construir entre todos y todas, en el cual negros, indígenas, mestizos, blancos –que entre nosotros no son puros ni contienen esa sangre que les daba otro status en época pretérita–, hombre y mujeres de todas las edades, reunamos capacidades y fuerza para erradicar de nuestros territorios la herencia de un pasado colonial que no debe tener continuidad alguna entre nosotros.

Son, todas estas, razones de más para la entrega de este segundo número conmemorativo del Bicentenario de nuestra primera independencia (en esta ocasión, más allá de la Campaña Libertadora, enfocados en el tema de la República), con el cual seguimos acercándonos a la comprensión de nuestro ser social, para darle piso a una proyección del futuro que anhelamos para nuestra sociedad. l

De la Primera y hacia la Segunda República

 

Dos siglos de un discurso memorable, que más que frases es el delineamiento de un proyecto de estructura política y administrativa para una sociedad dividida en dos, Venezuela y la Nueva Granada. Eso fue lo que presentó Bolívar en el momento de instalar el Congreso de Angostura, visión de futuro recogida luego por los congresistas allí reunidos, en un proyecto de Constitución que finalmente vería la luz en el Congreso de Cúcuta (30 de agosto de 1821) y con el cual toma forma la Primera República, la misma que llega hasta nuestros días.

Simón Bolívar, como quedó registrado en la historia, correspondió a su época. Fue consciente y consecuente con el significado, las demandas y los retos implicados en la necesidad de lograr la independencia de España para estos territorios. En aras de ello, el Libertador estuvo al tanto de las teorías más avanzadas de su época, así como de los sucesos revolucionarios de la misma (la independencia de Estados Unidos y su Constitución, la Revolución Francesa y el pensamiento iluminista, las campañas napoleónicas y las guerras europeas, la Revolución de Haití, la descolonización y la libertad de los esclavos por obra de sus propias manos, la Revolución Inglesa y las teorías jurídicas desprendidas de la misma, etcétera). La capacidad militar de Bolívar, forjada sobre el terreno, estuvo potenciada por su agilidad mental, la iniciativa operativa, la astucia y el manejo de la sorpresa como factor determinante en la contienda.


Consecuente con ello, y fiel al pensamiento liberal que sustentó buena parte de estos sucesos, en contra del absolutismo, Bolívar delineó una república sustentada en la división de poderes que aún hoy conocemos. Limitado por ese pensamiento, no fue más allá, por ejemplo en asuntos de la democracia real como la libertad de los esclavos y garantías plenas a los pueblos indígenas, de suerte que no estuvieran sometidos en la servidumbre o sufrieran el robo de sus tierras. Aunque anticolonialista, tampoco logró zafar al país del dominio que en la época impuso el imperio Inglés, como contraprestación por sus servicios militares, en oficiales y soldados, así como armamento para enfrentar y derrotar al ejército español. Empréstitos posteriores afinaron el dominio del Imperio sobre la naciente República.

Dominado por el pragmatismo que impone la realidad en la guerra, entre vencer o ser vencido, y limitado por las circunstancias humanas, técnicas, financieras, etcétera, a que estuvo sometido, pactó con los ingleses su reforzamiento de los ejércitos libertadores. Tal pragmatismo fue para los americanos de esta parte del continente una especie de herencia, con innegables consecuencias para nuestro desarrollo como nación independiente y región libre que debía integrarse como un solo territorio, en perspectiva de un futuro luminoso, como quedó marcado en el fracaso del Congreso Anfictiónico (Congreso de Panamá, junio 22 de 1826), la ausencia en el mismo de Haití, así como la propia disputa interna entre los criollos –extendida a lo largo del siglo XIX– los terratenientes surgidos de la Colonia española, sin visión adecuada del presente que les correspondió vivir ni del futuro requerido para las generaciones venideras.

Aquel colonialismo, primero inglés y ahora con nuevas formas, se prolonga hasta nuestros días en el dominio estadounidense, con todas las consecuencias que ello depara: ausencia de proyecto propio como territorio (Venezuela, Ecuador, Panamá. Colombia, Perú, Bolivia), integrado en una federación, proyectado al mundo como un solo cuerpo humano que requiere libertad, justicia, solidaridad, para todos, sin distinción de geográfica, color de piel, potencialidades humanas y naturales, género, etcétera. El mundo, una sola especie, un solo reto, un sueño común.

Hoy –cuando miramos aquella quimera sustentada una y otra vez por un visionario que terminó batido en sus ideas por sus enemigos como por la época que le correspondió vivir– debemos preguntarnos por la vigencia de aquellas ideas, las que sustentan la Primera República, así como sobre la necesidad de encarar el presente y el futuro que nos corresponde vivir y visionar. La respuesta sería que, en el año 2019 y las próximas décadas, quienes aquí habitamos debemos encarar el reto de darle forma a una nueva forma de gobierno, de convivencia regulada y de retribución de los bienes brindados por esta tierra generosa que nos correspondió por casa, y también al fruto del trabajo de todos. Una nueva forma de gobierno que resalta al frente de sus propósitos y designios la vida como un todo, dejando a un lado el antropocentrismo y todas sus ideas conexas.

Los millones congregados acá, desde La Guajira hasta el Amazonas, cruzando por la región andina, el Pacífico, el Orinoco, los Santanderes, con sus particularidades que los hacen sentirse región, de ellos y de todos aquellos asentados en cualquier rincón de esta puerta que une al Sur con Centro América, debemos avanzar hacia una Segunda República donde la democracia no se restrinja a elegir y ser elegido sino que sea plena, es decir, que garantice todos los derechos efectivos: económicos, sociales, ambientales, culturales, en fin, a todos sin excepción alguna; un país donde la justicia sea norma y por tanto nadie padezca la imposibilidad de acceder a lo indispensable para vivir sin el afán del hambre, del frío por falta de techo, de enfermedad por no poder ingresar y ser atendido en un centro de salud, de ingresos dignos para cubrir sus necesidades básicas, como mínimo; una “casa común” donde nadie sea perseguido por sus ideas políticas y donde el encierro (bien la cárcel, bien el centro hospitalario) sea el recurso último al que la sociedad acuda para protegerse de quienes, luego de haber transitado por distintas opciones de convivencia e integración, se nieguen a la vida en común.

Se trata entonces de construir una Segunda República que, mirando a los tiempos que corren, abordada la presidencia de la nación como un ejercicio colectivo, asuma un conglomerado humano que termine elegido y delegado para ello por las mayorías sociales –que en justa electoral los seleccionará para concretar un programa de gobierno, el mismo que sustenten en debates públicos diversos y al cual quedan limitados. El Ejecutivo que de allí resulte tendrá una vocería, la misma que deje de ser, como hoy, representante y promotora de los intereses de los gremios económicos y de los más ricos del país, para centrarse en la administración de la cosa pública que le garantice vida digna al conjunto humano acá reunido, entregando informes públicos de su gestión cada tres meses, con poder de revocatoria en todo momento por mayoría destituyente.

Será aquel un órgano administrativo para el cual los elegidos no podrán ser reelectos de manera inmediata pero sí pasados dos períodos, para evitar la concentración de poder. Tal poder cohabitará con un cuerpo congregacional que se conforme con las dos cámaras que hasta ahora ha tenido, pero el que les dará más participación a las regiones y las localidades, sesionando por lo menos durante dos fases por semestre de manera abierta y por espacio mínimo de una semana plena, con lugar para toda aquella persona o comunidad que se inscriba a tiempo y de acuerdo a las normas por definir, para participar en el debate de los proyectos más urgidos por toda la sociedad. Los representantes, de igual manera, podrán ser revocados cuando las mayorías que los eligieron así lo convengan, y sus funciones no podrán superar dos períodos consecutivos, con una remuneración máxima de tres salarios mínimos. No habrá privilegios extras, como corresponde a unos trabajadores más.

El cuerpo judicial, por las particularidades de nuestra nación, deberá ser examinado y rediseñado a plenitud, a fin de garantizar su máxima imparcialidad, de manera que la justicia sea una realidad de la que nadie dude.

En cuanto poder, moral, las procuradurías y la Defensoría del Pueblo, tendrán como misión prioritaria la garantía del cumplimiento pleno de los Derechos Humanos, para lo cual se soportarán en los miles de órganos de poder popular que deberá haber por toda la geografía nacional, los mismos que se darán como razón de ser la convivencia social en igualdad y justicia.

Al mismo tiempo, las Fuerzas Armadas dejarán de ser un cuerpo de ocupación del territorio nacional, como en la práctica lo son, y estarán sometidos al poder civil, dedicados en lo fundamental a prevenir y no a reprimir, así como a la investigación en biología, agronomía, ciencias del mar, astronomía, lo más desarrollado de la química; navegación en aire, mar y río; y otras áreas del saber que potencien al país hacia un futuro en el cual todas nuestras bondades naturales sean recuperadas para beneficio propio y de la humanidad. Para evitar así su actual misión represiva, la integración de estos cuerpos armados a la comunidad será el mecanismo idóneo para su control y su desmilitarización.

De esta manera, la base de la Segunda República deberá ser la participación plena y permanente de todo el pueblo en el diseño y la aprobación de todas y cada una de las normas que rijan su convivencia. Los elegidos serán temporales, y la deliberación permanente será la norma por excelencia en veredas, corregimientos, municipios, barrios, comunas, localidades, fábricas, empresas, centros de estudio y de salud, etcétera. La política, de esta manera, dejará de ser una profesión para ser un compromiso cotidiano de todo aquel que aquí habite, bien de manera permanente bien de manera transitoria.

Reconocer el país de regiones que somos, valorando en su justa proporción las cualidades y las potencialidades de cada una de ellas, será propósito central en la República por construir, de manera que el centro burocrático y lleno de privilegios deje de serlo, irrigando por el país los recursos que corresponden a todos, y facilitando con ello la superación de la exclusión y de las negaciones, fortaleciendo cada una de las regiones con sus potencialidades en todo los campos, de cara al mundo. Seremos felices cuando la humanidad viva en justicia y libertad, sin opresiones, soportada en la solidaridad más desinteresada que podamos imaginar.

Parodiando al Libertador, y con la vista puesta en las décadas por recorrer de este siglo XXI, nos corresponde pedirle al pueblo de Colombia que, respondiendo al reto que tiene ante sí, de una República del tamaño de las demandas de los tiempos que vivimos y de los que están por venir, se conceda la gracia de diseñar y poner en marcha un país blindado por una democracia radical, participativa, directa y plebiscitaria, que garantice la desaparición de la desigualdad social, en la que nada de lo que competa al interés común pueda ser decidido a espaldas de las mayorías, en un país en que los privilegios por clase, color de piel y similares sean un mal recuerdo de épocas de opresión de las mayorías por las minorías, donde por fin la preocupación por la convivencia en paz sea un afán del conjunto social.

La imaginación y la audacia serán norma para que, como pueblo, estemos a la altura de los tiempos que nos correspondió vivir.

La Segunda República deberá ser un formidable reto por encarar por todos, por todas.

 


Simón Bolívar


Discurso de Angostura

(Palabras pronunciadas por el Libertador ante el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819, día de su instalación)

Señor. ¡dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando ha convocado la Soberanía Nacional para que ejerza su voluntad absoluta! Yo, pues, me cuento entre los seres más favorecidos de la Divina Providencia, ya que he tenido el honor de reunir a los representantes del pueblo de Venezuela en este augusto Congreso, fuente de la autoridad legítima, depósito de la voluntad soberana y árbitro del destino de la Nación.

Al transmitir a los representantes del pueblo el Poder Supremo que se me había confiado, colmo los votos de mi corazón, los de mis conciudadanos y los de nuestras futuras generaciones, que todo lo esperan de vuestra sabiduría, rectitud y prudencia. Cuando cumplo con este dulce deber, me liberto de la inmensa autoridad que me agobia, como de la responsabilidad ilimitada que pesaba sobre mis débiles fuerzas. Solamente una necesidad forzosa, unida a la voluntad imperiosa del pueblo, me habría sometido al terrible y peligroso cargo de Dictador Jefe Supremo de la República. ¡Pero ya respiro devolviéndoos esta autoridad, que con tanto riesgo, dificultad y pena he logrado mantener en medio de las tribulaciones más horrorosas que pueden afligir a un cuerpo social! No ha sido la época de la República, que he presidido, una nueva tempestad política, ni una guerra sangrienta, ni una anarquía popular, ha sido, sí, el desarrollo de todos los elementos desorganizadores: ha sido la inundación de un torrente infernal que ha sumergido la tierra de Venezuela. Un hombre ¡y un hombre como yo! ¿qué diques podría oponer al ímpetu de estas devastaciones? En medio de este piélago de angustias no he sido más que un vil juguete del huracán revolucionario que me arrebataba como una débil paja. Yo no he podido hacer ni bien ni mal; fuerzas irresistibles han dirigido la marcha de nuestros sucesos; atribuirmelos no sería justo, y sería darme una importancia que no merezco. ¿Queréis conocer los autores de los acontecimientos pasados y del orden actual?Consultad los anales de España, de América, de Venezuela; examinad las leyes de Indias, el régimen de los antiguos mandatarios, la influencia de la religión y del dominio extranjero; observad los primeros actos del gobierno republicano la ferocidad de nuestros enemigos y el carácter nacional. No me preguntéis sobre los efectos de estos trastornos para siempre lamentables; apenas se me puede suponer simple instrumento de los grandes móviles que han obrado sobre Venezuela; sin embargo, mi vida, mi conducta, todas mis acciones públicas y privadas están sujetas a la censura del pueblo. ¡Representantes! vosotros debéis juzgarlas. Yo someto la historia de mi mando a vuestra imparcial decisión; nada añadiré para excusarla; ya he dicho cuanto puede hacer mi apología. Si merezco vuestra aprobación, habré alcanzado el sublime título de buen ciudadano, preferible para mí al de Libertador que me dio Venezuela, al de Pacíficador que me dio Cundinamarca, y a los que el mundo entero puede dar.

¡Legisladores! Yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de la República: en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria; ellas sellarán los decretos que fijen nuestra Libertad. En este momento el Jefe Supremo de la República no es más que un simple ciudadano; y tal quiere quedar hasta la muerte. Serviré sin embargo en la carrera de las armas mientras haya enemigos en Venezuela. Multitud de beneméritos hijos tiene la patria, capaces de dirigirla, talentos, virtudes, experiencia y cuanto se requiere para mandar a hombres libres, son el patrimonio de muchos de los que aquí representan el pueblo; y fuera de este soberano cuerpo se encuentran ciudadanos que en todas épocas han demostrado valor para arrostrar los peligros, prudencia para evitarlos y el arte, en fin, de gobernarse y de gobernar a otros. Estos ilustres varones merecerán sin duda los sufragios del Congreso y a ellos se encargará del gobierno, que tan cordial y sinceramente acabo de renunciar para siempre.

La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente.

Ya, pues, que por este acto de mi adhesión a la libertad de Venezuela puedo aspirar a la gloria de ser contado entre sus más fieles amantes; permitidme, Señor, que exponga con la franqueza de un verdadero republicano mi respetuoso dictamen en este Proyecto de Constitución que me tomo la libertad de ofreceros en testimonio de la sinceridad y del candor de mis sentimientos. Como se trata de la salud de todos, me atrevo a creer que tengo derecho para ser oído por los representantes del pueblo. Yo sé muy bien que vuestra sabiduría no ha menester de consejos, y sé también que mi Proyecto, acaso, os parecerá erróneo, impracticable. Pero Señor, aceptad con benignidad este trabajo, que más bien es el tributo de mi sincera sumisión al Congreso que el efecto de una levedad presuntuosa. Por otra parte, siendo vuestras funciones la creación de un cuerpo político y aun se podría decir la creación de una sociedad entera, rodeada de todos los inconvenientes que presenta una situación, la más singular y difícil, quizá el grito de un ciudadano pueda advertir la presencia de un peligro encubierto de desconocido.

Echando una ojeada sobre lo pasado, veremos cuál es la base de la República de Venezuela.

Al desprenderse la América de la Monarquía Española, se ha encontrado semejante al Imperio Romano, cuando aquella enorme masa cayó dispersa en medio del antiguo mundo. Cada desmembración formó entonces una nación independiente conforme a su situación o a sus intereses; pero con la diferencia de que aquellos miembros volvían a restablecer sus primeras asociaciones. Nosotros ni aún conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo; no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y complicado. Todavía hay más; nuestra suerte ha sido siempre puramente pasiva, nuestra existencia política ha sido siempre nula y nos hallamos en tanta más dificultad para alcanzar la Libertad, cuanto que estábamos colocados en un grado inferior al de la servidumbre; porque no solamente se nos había robado la Libertad, sino también la tiranía activa y doméstica. Permítaseme explicar esta paradoja. En el régimen absoluto, el poder autorizado no admite límites. La voluntad del déspota es la Ley Suprema, ejecutada arbitrariamente por los subalternos que participan de la opresión organizada en razón de la autoridad de que gozan. Ellos están encargados de las funciones civiles, políticas, militares y religiosas; pero al fin son persas los sátrapas de Persia, son turcos los bajaes del gran señor, son tártaros los sultanes de la Tartaria. La China no envía a buscar mandarines a la cuna de Gengis Kan, que la conquistó. Por el contrario, la América todo lo recibía de España que realmente la había privado del goce y ejercicio de la tiranía activa, no permitiéndose sus funciones en nuestros asuntos domésticos y administración interior. Esta abnegación nos había puesto en la imposibilidad de conocer el curso de los negocios públicos; tampoco gozábamos de la consideración personal que inspira el brillo del poder a los ojos de la multitud, y que es de tanta importancia en las grandes revoluciones. Lo diré de una vez, estábamos abstraídos, ausentes del universo en cuanto era relativo a la ciencia del Gobierno.

Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros, las lecciones que hemos recibido y los ejemplos que hemos estudiado, son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia. Semejante a un robusto ciego que, instigado por el sentimiento de su fuerza, marcha con la seguridad del hombre más perspicaz, y dando en todos los escollos no puede rectificar sus pasos. Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe someterse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. Así, legisladores, vuestra empresa es tanto más ímproba cuanto que tenéis que constituir a hombres pervertidos por las ilusiones del error y por incentivos nocivos. La libertad, dice Rousseau, es un alimento suculento pero de difícil digestión. Nuestros débiles conciudadanos tendrán que enrobustecer su espíritu mucho antes que logren digerir el saludable nutritivo de la libertad. Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada su vista en las sombras de las mazmorras, y aniquilados por las pestilencias serviles, ¿serán capaces de marchar con pasos firmes hacia el augusto Templo de la Libertad? ¿Serán capaces de admirar de cerca sus espléndidos rayos y respirar sin opresión el éter puro que allí reina?

 

 

Meditad bien vuestra elección, legisladores. No olvidéis que vais a echar los fundamentos a un pueblo naciente que podrá elevarse a la grandeza que la naturaleza le ha señalado, si vosotros proporcionáis su base al eminente rango que le espera. Si vuestra elección no está presidida por el genio tutelar de Venezuela, que debe inspiraros el acierto al escoger la naturaleza y la forma de gobierno que vais a adoptar para la felicidad del pueblo; si no acertáis, repito, la esclavitud será el término de nuestra transformación.

Los anales de los tiempos pasados os presentarán millares de gobiernos. Traed a la imaginación las naciones que han brillado sobre la tierra, y contemplaréis afligidos que casi toda la tierra ha sido, y aún es, víctima de sus gobiernos. Observaréis muchos sistemas de manejar hombres, mas todos para oprimirlos; y si la costumbre de mirar al género humano conducido por pastores de pueblos, no disminuyese el horror de tan chocante espectáculo, nos pasmaríamos al ver nuestra dócil especie pacer sobre la superficie del globo como viles rebaños destinados a alimentar a sus crueles conductores. La naturaleza a la verdad nos dota, al nacer, del incentivo de la libertad; mas sea pereza, sea propensión inherente a la humanidad, lo cierto es que ella reposa tranquila aunque ligada con las trabas que le imponen. Al contemplarla en este estado de prostitución, parece que tenemos razón para persuadimos que los más de los hombres tienen por verdadera aquella humillante máxima, que más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía. ¡Ojalá que esta máxima contraria a la moral de la naturaleza fuese falsa! ¡Ojalá que esta máxima no estuviese sancionada por la indolencia de los hombres con respecto a sus derechos más sagrados!

Muchas naciones antiguas y modernas han sacudido la opresión; pero son rarísimas las que han sabido gozar algunos preciosos momentos de libertad; muy luego han recaído en sus antiguos vicios políticos; porque son los pueblos más bien que los gobiernos los que arrastran tras sí la tiranía. El hábito de la dominación los hace insensibles a los encantos del honor y de la prosperidad nacional; y miran con indolencia la gloria de vivir en el movimiento de la libertad, bajo la tutela de leyes dictadas por su propia voluntad. Los fastos del universo proclaman esta espantosa verdad.

Sólo la democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta libertad; pero, ¿cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo, poder, prosperidad, y permanencia? ¿Y no se ha visto por el contrario la aristocracia, la monarquía cimentar grandes y poderosos imperios por siglos y siglos? ¿Qué gobierno más antiguo que el de China? ¿Qué república ha excedido en duración a la de Esparta, a la de Venecia? ¿E1 Imperio Romano no conquistó la tierra? ¿No tiene la Francia catorce siglos de monarquía? ¿Quién es más grande que la Inglaterra? Estas naciones, sin embargo, han sido o son aristocracias y monarquías.

A pesar de tan crueles reflexiones, yo me siento arrebatado de gozo por los grandes pasos que ha dado nuestra República al entrar en su noble carrera. Amando lo más útil, animada de lo más justo, y aspirando a lo más perfecto al separarse Venezuela de la nación española, ha recobrado su independencia, su libertad, su igualdad, su soberanía nacional. Constituyéndose en una República Democrática, proscribió la monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios: declaró los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir. Estos actos eminentemente liberales jamás serán demasiado admirados por la pureza que los ha dictado. E1 primer Congreso de Venezuela ha estampado en los anales de nuestra legislación, con caracteres indelebles, la majestad del pueblo dignamente expresada, al sellar el acto social más capaz de formar la dicha de una nación. Necesito de recoger todas mis fuerzas para sentir con toda la vehemencia de que soy susceptible, el supremo bien que encierra en sí este Código inmortal de nuestros derechos y de nuestras leyes. ¡Pero cómo osaré decirlo! ¿Me atreveré yo a profanar con mi censura las tablas sagradas de nuestras leyes. . .? Hay sentimientos que no se pueden contener en el pecho de un amante de la patria; ellos rebosan agitados por su propia violencia, y a pesar del mismo que los abriga, una fuerza imperiosa los comunica. Estoy penetrado de la idea de que el Gobierno de Venezuela debe reformarse; y que aunque muchos ilustres ciudadanos piensen como yo, no todos tienen el arrojo necesario para profesar públicamente la adopción de nuevos principios. Esta consideración me insta a tomar la iniciativa en un asunto de la mayor gravedad, y en que hay sobrada audacia en dar avisos a los consejeros del pueblo.

Cuanto más admiro la excelencia de la Constitución Federal de Venezuela, tanto más me persuado de la imposibilidad de su aplicación a nuestro estado. Y según mi modo de ver, es un prodigio que su modelo en el Norte de América subsista tan prósperamente y no se trastorne al aspecto del primer embarazo o peligro. A pesar de que aquel pueblo es un modelo singular de virtudes políticas y de ilustración moral; no obstante que la libertad ha sido su cuna, se ha criado en la libertad y se alimenta de pura libertad; lo diré todo, aunque bajo de muchos respectos, este pueblo es único en la historia del género humano, es un prodigio, repito, que un sistema tan débil y complicado como el federal haya podido regirlo en circunstancias tan difíciles y delicadas como las pasadas. Pero sea lo que fuere de este Gobierno con respecto a la Nación Americanas, debo decir que ni remotamente ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de los estados tan distintos como el Inglés Americano y el Americano Español. ¿No sería muy difícil aplicar a España el código de libertad política, civil y religiosa de la Inglaterra? Pues aún es más difícil adaptar en Venezuela las leyes del Norte de América. ¿No dice El Espíritu de las Leyes que éstas deben ser propias para el pueblo que se hacen? ¿que es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra? ¿que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos; referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres, a sus modales? ¡He aquí el Código que debíamos consultar, y no el de Washington!

La Constitución Venezolana sin embargo de haber tomado sus bases de la más perfecta, si se atiende a la corrección de los principios y a los efectos benéficos de su administración, difirió esencialmente de la Americana en un punto cardinal, y sin duda el más importante. El Congreso de Venezuela como el Americano participa de algunas de las atribuciones del Poder Ejecutivo. Nosotros, además, subdividimos este Poder habiéndolo cometido a un cuerpo colectivo sujeto por consiguiente a los inconvenientes de hacer periódica la existencia del Gobierno, de suspenderla y disolverla siempre que se separan sus miembros. Nuestro triunvirato carece, por decirlo así, de unidad, de continuación y de responsabilidad individual; está privado de acción momentánea, de vida continua, de uniformidad real, de responsabilidad inmediata, y un gobierno que no posee cuanto constituye su moralidad, debe llamarse nulo.

 

 

Aunque las facultades del Presidente de los Estados Unidos están limitadas con restricciones excesivas, ejerce por sí solo todas las funciones gubernativas que la Constitución le atribuye, y es indubitable que su administración debe ser más uniforme, constante y verdaderamente propia que la de un poder diseminado entre varios individuos cuyo compuesto no puede ser menos que monstruoso.

El Poder Judiciario en Venezuela es semejante al Americano, indefinido en duración, temporal y no vitalicio; goza de toda la independencia que le corresponde.

El primer Congreso en su Constitución Federal más consultó el espíritu de las provincias, que la idea sólida de formar una República indivisible y central. Aquí cedieron nuestros legisladores al empeño inconsiderado de aquellos provinciales seducidos por el deslumbrante brillo de la felicidad del Pueblo Americano, pensando que las bendiciones de que goza son debidas exclusivamente a la forma de gobierno y no al carácter y costumbres de los ciudadanos. Y en efecto, el ejemplo de los Estados Unidos por su peregrina prosperidad era demasiado lisonjero para que no fuese seguido. ¿Quién puede resistir al amor que inspira un gobierno inteligente que liga a un mismo tiempo los derechos particulares a los derechos generales; que forma de la voluntad común la Ley Suprema de la voluntad individual? ¿Quién puede resistir al imperio de un gobierno bienhechor que con una mano hábil, activa y poderosa dirige siempre, y en todas partes, todos sus resortes hacia la perfección social, que es el fin único de las instituciones humanas?

Mas por halagüeño que parezca y sea en efecto este magnifico sistema federativo, no era dado a los venezolanos gozarlo repentinamente a salir de las cadenas. No estábamos preparados para tanto bien; el bien, como el mal, da la muerte cuando es súbito y excesivo. Nuestra Constitución Moral no tenía todavía la consistencia necesaria para recibir el beneficio de un gobierno completamente representativo, y tan sublime cuanto que podía ser adaptado a una República de Santos.

¡Representantes del Pueblo! Vosotros estáis llamados para consagrar o suprimir cuanto os parezca digno de ser conservado, reformado o desechado en nuestro pacto social. A vosotros pertenece el corregir la obra de nuestros primeros Legisladores; yo querría decir que a vosotros toca cubrir una parte de la belleza que contiene nuestro Código Político; porque no todos los corazones están formados para amar a todas las beldades; ni todos los ojos son capaces de soportar la luz celestial de la perfección. E1 libro de los Apóstoles, la moral de Jesús, la obra divina que nos ha enviado la Providencia para mejorar a los hombres, tan sublime, tan santa, es un diluvio de fuego en Constantinopla, y el Asia entera ardería en vivas llamas, si este libro de paz se le impusiese repentinamente por Código de religión, de leyes y de costumbres.

Séame permitido llamar la atención del Congreso sobre una materia que puede ser de una importancia vital. Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del Norte, que más bien es un compuesto de Africa y de América, que una emanación de la Europa; pues que hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y éste se ha mezclado con el indio y con el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia.

Los ciudadanos de Venezuela gozan todos por la Constitución, intérprete de la naturaleza, de una perfecta igualdad política. Cuando esta igualdad no hubiese sido un dogma en Atenas, en Francia y en América, deberíamos nosotros consagrarlo para corregir la diferencia que aparentemente existe. Mi opinión es, legisladores, que el principio fundamental de nuestro sistema depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada en Venezuela. Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud y no todos lo practican; todos deben ser valerosos y todos no lo son; todos deben poseer talentos y todos no los poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se observa entre los individuos de la sociedad más liberalmente establecida. Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es menos el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres desiguales, en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social. Es una inspiración eminentemente benéfica la reunión de todas las clases en un estado, en que la diversidad se multiplicaba en razón de la propagación de la especie. Por este solo paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia. ¡Cuántos celos, rivalidades y odios se han evitado!

Habiendo ya cumplido con la justicia, con la humanidad, cumplamos ahora con la política, con la sociedad, allanando las dificultades que opone un sistema tan sencillo y natural, mas tan débil que el menor tropiezo lo trastorna, lo arruina. La diversidad de origen requiere un pulso infinitamente firme, un tacto infinitamente delicado para manejar esta sociedad heterogénea cuyo complicado artificio se disloca, se divide, se disuelve con la más ligera alteración.

E1 sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política. Por las leyes que dictó el primer Congreso tenemos derecho de esperar que la dicha sea el dote de Venezuela; y por las vuestras, debemos lisonjearnos que la seguridad y la estabilidad eternizarán esta dicha. A vosotros toca resolver el problema. ¿Cómo, después de haber roto todas las trabas de nuestra antigua opresión, podemos hacer la obra maravillosa de evitar que los restos de nuestros duros hierros no se cambien en armas liberticidas? Las reliquias de la dominación española permanecerán largo tiempo antes que lleguemos a anonadarlas; el contagio de despotismo ha impregnado nuestra atmósfera, y ni el fuego de la guerra, ni el especifico de nuestras saludables Leyes han purificado el aire que respiramos. Nuestras manos ya están libres, y todavía nuestros corazones padecen de las dolencias de la servidumbre. El hombre, al perder la libertad, decía Homero, pierde la mitad de su espíritu.

Un gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo: la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios. Necesitamos de la igualdad para refundir, digámoslo así, en un todo, la especie de los hombres, las opiniones políticas y las costumbres públicas. Luego extendiendo la vista sobre el vasto campo que nos falta por recorrer, fijamos la atención sobre los privilegios que debemos evitar. Que la historia nos sirva de guía en esta carrera. Atenas la primera nos da el ejemplo más brillante de una democracia absoluta, y al instante, la misma Atenas nos ofrece el ejemplo más melancólico de la extrema debilidad de esta especie de gobierno. E1 más sabio legislador de Grecia no vio conservar su República diez años, y sufrió la humillación de reconocer la insuficiencia de la democracia absoluta, para regir ninguna especie de sociedad, ni aun la más culta, morígera y limitada, porque sólo brilla con relámpagos de libertad. Reconozcamos, pues, que Solón ha desengañado al mundo y le ha enseñado cuán difícil es dirigir por simples leyes a los hombres.

La República de Esparta que parecía una invención quimérica, produjo más efectos reales que la obra ingeniosa de Solón. Gloria, virtud, moral, y por consiguiente la felicidad nacional, fue el resultado de la Legislación de Licurgo. Aunque dos reyes en un Estado son dos monstruos para devorarlo, Esparta poco tuvo que sentir en su doble trono; en tanto que Atenas se prometia la suerte más espléndida, con una soberanía absoluta, libre elección de magistrados, frecuentemente renovados, Leyes suaves, sabias y políticas. Pisistrato, usurpador y tirano, fue más saludable a Atenas que sus leyes; y Pericles, aunque también usurpador, fue el más útil ciudadano. La República de Tebas no tuvo más vida que la de Pelópidas y Epaminondas, porque a veces son los hombres, no los principios, los que forman los gobiernos. Los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: ¡hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las repúblicas!

 

 

La Constitución Romana es la que mayor poder y fortuna ha producido a ningún pueblo del mundo; allí no había una exacta distribución de los poderes. Los cónsules, el senado, el pueblo, ya eran legisladores, ya magistrados, ya jueces; todos participaban de todos los poderes. El Ejecutivo, compuesto de dos cónsules, padecía del mismo inconveniente que el de Esparta. A pesar de su deformidad no sufrió la República la desastrosa discordancia que toda previsión habría supuesto inseparable, de una magistratura compuesta de dos individuos, igualmente autorizados con las facultades de un monarca. Un gobierno cuya única inclinación era la conquista, no parecía destinado a cimentar la felicidad de su nación. Un gobierno monstruoso y puramente guerrero elevó a Roma al más alto esplendor de virtud y de gloria; y formó de la tierra un dominio romano para mostrar a los hombres de cuanto son capaces las virtudes políticas y cuán indiferentes suelen ser las instituciones.


Y pasando de los tiempos antiguos a los modernos encontraremos la Inglaterra y la Francia, llamando la atención de todas las naciones y dándoles lecciones elocuentes de todas especies en materias de gobierno. La Revolución de estos dos grandes pueblos, como un radiante meteoro, ha inundado al mundo con tal profusión de luces políticas, que ya todos los seres que piensan han aprendido cuáles son los derechos del hombre y cuáles sus deberes; en qué consiste la excelencia de los gobiernos y en qué consisten sus vicios. Todos saben apreciar el valor intrínseco de las teorías especulativas de los filósofos y legisladores modernos. En fin, este astro, en su luminosa carrera, aun ha encendido los pechos de los apáticos españoles, que también se han lanzado en el torbellino político; han hecho sus efímeras pruebas de libertad, han reconocido su incapacidad para vivir bajo el dulce dominio de las leyes y han vuelto a sepultarse en sus prisiones y hogueras inmemoriales.

Aquí es el lugar de repetiros, legisladores, lo que os dice el elocuente Volney en la Dedicatoria de sus Ruinas de palmira: “A los pueblos nacientes de las Indias Castellanas, a los Jefes generosos que lo guían a la libertad: que los errores e infortunios del mundo antiguo enseñen la sabiduría y la felicidad al mundo nuevo”. Que no se pierdan, pues, las lecciones de la experiencia; y que las escuelas de Grecia, de Roma, de Francia, de Inglaterra y de América nos instruyan en la difícil ciencia de crear y conservar las naciones con leyes propias, justas, legítimas y sobre todo útiles. No olvidando jamás que la excelencia de un gobierno no consiste en su teoría, en su forma, ni en su mecanismo, sino en ser apropiado a la naturaleza y al carácter de la nación para quien se instituye.

Roma y la Gran Bretaña son las naciones que más han sobresalido entre las antiguas y modernas; ambas nacieron para mandar y ser libres; pero ambas se constituyeron no con brillantes formas de libertad, sino con establecimientos sólidos. Así, pues, os recomiendo, Representantes, el estudio de la constitución Británica que es la que parece destinada a operar el mayor bien posible a los pueblos que la adoptan; pero por perfecta que sea, estoy muy lejos de proponeros su imitación servil. Cuando hablo de Gobierno Británico sólo me refiero a lo que tiene de republicanismo, y a la verdad ¿puede llamarse pura monarquía un sistema en el cual se reconoce la soberanía popular, la división y el equilibrio de los poderes, la libertad civil, de conciencia, de imprenta, y cuanto es sublime en la política? ¿Puede haber más libertad en ninguna especie de república? ¿Y puede pretenderse a más en el orden social? Yo os recomiendo esta Constitución como la más digna de servir de modelo a cuantos aspiran al goce de los derechos del hombre y a toda la felicidad política que es compatible con nuestra frágil naturaleza.

En nada alteraríamos nuestras leyes fundamentales, si adoptásemos un Poder Legislativo semejante al Parlamento Británico. Hemos dividido como los americanos la Representación Nacional en dos Cámaras: la de Representantes y el Senado. La primera está compuesta muy sabiamente, goza de todas las atribuciones que le corresponden y no es susceptible de una reforma esencial, porque la Constitución le ha dado el origen, la forma y las facultades que requiere la voluntad del pueblo para ser legitima y competentemente representada. Si el Senado en lugar de ser efectivo fuese hereditario, sería en mi concepto la base, el lazo, el alma de nuestra República. Este Cuerpo en las tempestades políticas pararía los rayos del gobierno y rechazaría las olas populares. Adicto al gobierno por el justo interés de su propia conservación, se opondría siempre a las invasiones que el pueblo intenta contra la jurisdicción y la autoridad de sus magistrados. Debemos confesarlo: los más de los hombres desconocen sus verdaderos intereses, y constantemente procuran asaltarlos en las manos de sus depositarios: el individuo pugna contra la masa, y la masa contra la autoridad. Por tanto, es preciso que en todos los gobiernos exista un cuerpo neutro que se ponga siempre de parte del ofendido y desarme al ofensor. Este cuerpo neutro, para que pueda ser tal, no ha de deber su origen a la elección del gobierno, ni a la del pueblo; de modo que goce de una plenitud de independencia que ni tema, ni espere nada de estas dos fuentes de autoridad. El Senado hereditario como parte del pueblo, participa de sus intereses, de sus sentimientos y de su espíritu. Por esa causa no debe presumir que un Senado hereditario se desprenda de los intereses populares, ni olvide sus deberes legislativos. Los Senadores en Roma, y los Lores en Londres han sido las columnas más firmes sobre las que se ha fundado el edificio de la libertad política y civil.


Estos Senadores serán elegidos la primera vez por el Congreso. Los sucesores al Senado llaman la primera atención del gobierno, que debería educarlos en un Colegio especialmente destinado para instruir aquellos tutores, legisladores futuros de la patria. Aprenderían las artes, las ciencias y las letras que adornan el espíritu de un hombre público; desde su infancia ellos sabrían a qué carrera la providencia los destinaba, y desde muy tiernos elevarían su alma a la dignidad que los espera.

De ningún modo sería una violación de la igualdad política la creación de un Senado hereditario; no es una nobleza la que pretendo establecer porque, como ha dicho un célebre republicano, sería destruir a la vez la igualdad y la libertad. Es un oficio para el cual se deben preparar los candidatos, y es un oficio que exige mucho saber, y los medios proporcionados para adquirir su instrucción. Todo no se debe dejar al acaso y a la ventura de las elecciones: el pueblo se engaña más fácilmente que la naturaleza perfeccionada por el arte; y aunque es verdad que estos senadores no saldrían del seno de las virtudes, también es verdad que saldrían del seno de una educación ilustrada. Por otra parte, los libertadores de Venezuela son acreedores a ocupar siempre un alto rango en la República que les debe su existencia. Creo que la posteridad vería con sentimiento anonadado los nombres ilustres de sus primeros bienhechores: digo más, es del interés público, es de la gratitud de Venezuela, es del honor nacional, conservar con gloria, hasta la última posteridad, una raza de hombres virtuosos, prudentes y esforzados que superando todos los obstáculos, han fundado la República a costa de los más heróicos sacrificios. Y si el pueblo de Venezuela no aplaude la elevación de sus bienhechores, es indigno de ser libre y no lo será jamás.

Un Senado hereditario, repito, será la base fundamental del Poder Legislativo, y por consiguiente será la base de todo gobierno. Igualmente servirá de contrapeso para el gobierno y para el pueblo: será una potestad intermedia que embote los tiros que recíprocamente se lanzan estos eternos rivales. En todas las luchas la calma de un tercero viene a ser el órgano de la reconciliación, así el Senado de Venezuela será la traba de este edificio delicado y harto susceptible de impresiones violentas; será el iris que calmará las tempestades y mantendrá la armonía entre los miembros y la cabeza de este cuerpo político.

Ningún estimulo podrá adulterar un Cuerpo Legislativo investido de los primeros honores, dependiente de sí mismo sin temer nada del pueblo, ni esperar nada del Gobierno; que no tiene otro objeto que el de reprimir todo principio de mal, y propagar todo principio de bien; y que está altamente interesado en la existencia de una sociedad en la cual participa de sus efectos funestos o favorables. Se ha dicho con demasiada razón que la Cámara alta de Inglaterra es preciosa para la nación porque ofrece un baluarte a la libertad; y yo añado que el Senado de Venezuela, no sólo sería un baluarte de libertad, sino un apoyo para eternizar la República.


El Poder Ejecutivo Británico está revestido de toda la autoridad soberana que le pertenece; pero también está circunvalado de una triple línea de diques, barreras y estacadas. Es Jefe del Gobierno, pero sus Ministros y subalternos dependen más de las leyes que de su autoridad, porque son personalmente responsables, y ni aun las mismas órdenes de la autoridad Real los eximen de esa responsabilidad. Es Generalísimo del Ejército y de la Marina; hace la paz y declara la guerra; pero el Parlamento es el que decreta anualmente las sumas con que deben pagarse estas fuerzas militares. Si los tribunales y jueces dependen de él, las leyes emanan del Parlamento que las ha consagrado. Con el objeto de neutralizar su poder, es inviolable y sagrada la persona del Rey; y al mismo tiempo que le dejan libre la cabeza le ligan las manos con que debe obrar. El Soberano de la Inglaterra tiene tres formidables rivales, su Gabinete que debe responder al pueblo y al Parlamento; el Senado que defiende los intereses del pueblo como representante de la nobleza de que se compone; y la Cámara de los Comunes que sirve de órgano y de tribuna al pueblo británico. Además, como los jueces son responsables del cumplimiento de las leyes, no se separan de ellas, y los Administradores del Erario, siendo perseguidos no solamente por sus propias infracciones, sino aun por las que hace el mismo Gobierno, se guardan bien de malversar los fondos públicos. Por más que se examine la naturaleza del Poder Ejecutivo en Inglaterra, no se puede hallar nada que no incline a juzgar que es el más perfecto modelo, sea para un reino, sea para una aristocracia, sea para una democracia. Aplíquese a Venezuela este Poder Ejecutivo en la persona de un Presidente, nombrado por el pueblo o por sus representantes, y habremos dado un gran paso hacia la felicidad nacional.

Cualquiera que sea el ciudadano que llene estas funciones, se encontrará auxiliado por la Constitución: autorizado para hacer bien, no podrá hacer mal, porque siempre que se someta a las leyes, sus Ministros cooperarán con él; si por el contrario pretende infringirlas, sus propios Ministros lo dejarán aislado en medio de la República, y aún lo acusarán delante del Senado. Siendo los Ministros los responsables de las transgresiones que se cometan, ellos son los que gobiernan, porque ellos son los que las pagan. No es la menor ventaja de este sistema la obligación en que pone a los funcionarios inmediatos al Poder Ejecutivo de tomar la parte más interesada y activa en las deliberaciones del gobierno, y a mirar como propio este Departamento. Puede suceder que no sea el Presidente un hombre de grandes talentos, ni de grandes virtudes, y no obstante la carencia de estas cualidades esenciales, el Presidente desempeñará sus deberes de un modo satisfactorio, pues en tales casos el Ministro, haciendo todo por sí mismo, lleva la carga del Estado.

Por exorbitante que parezca la autoridad del Poder Ejecutivo de Inglaterra, quizás no es excesiva en la República de Venezuela. Aquí el Congreso ha ligado las manos y hasta la cabeza a los Magistrados. Este cuerpo deliberadamente ha asumido una parte de las funciones ejecutivas contra la máxima de Montesquieu que dice que un Cuerpo Representante no debe tomar ninguna resolución activa; debe hacer leyes, y ver si se ejecutan las que hace. Nada es tan contrario a la armonía entre los poderes, como su mezcla. Nada es tan peligroso con respecto al pueblo como la debilidad del Ejecutivo, y si en un reino se ha juzgado necesario concederle tantas facultades, en una república son éstas infinitamente más indispensables.

Fijemos nuestra atención sobre esa diferencia y hallaremos que el equilibrio de los poderes debe distribuirse de dos modos. En las repúblicas el Ejecutivo debe ser el más fuerte, porque todo conspira contra él; en tanto que en las monarquías el más fuerte debe ser el Legislativo, porque todo conspira en favor del monarca. La veneración que profesan los pueblos a la Magistratura Real es un prestigio, que influye poderosamente a aumentar el respeto supersticioso que se tributa a esta autoridad.

E1 esplendor del Trono, de la Corona, de la Púrpura; el apoyo formidable que le presta la nobleza; las inmensas riquezas que generaciones enteras acumulan en una misma dinastía; la protección fraternal que recíprocamente reciben todos los reyes, son ventajas muy considerables que militan en favor de la Autoridad Real y la hacen casi ilimitada. Estas mismas ventajas son, por consiguiente, las que deben confirmar la necesidad de atribuir a un Magistrado Republicano, una suma mayor de autoridad que la que posee un Príncipe Constitucional.

 

 

Un Magistrado Republicano es un individuo aislado en medio de una sociedad; encargado de contener el ímpetu del pueblo hacia la licencia, la propensión de los jueces y administradores hacia el abuso de las leyes. Está sujeto inmediatamente al Cuerpo Legislativo, al Senado, al pueblo: es un hombre solo resistiendo el ataque combinado de las opiniones, de los intereses y de las pasiones del Estado social, que como dice Carnot, no hace más que luchar continuamente entre el deseo de dominar y el deseo de substraerse a la dominación. Es en fin un atleta lanzado contra otra multitud de atletas.

Sólo puede servir de correctivo a esta debilidad, el vigor bien cimentado y más bien proporcionado a la resistencia que necesariamente le oponen al Poder Ejecutivo el Legislativo, el Judiciario y el pueblo de una República. Si no se ponen al alcance del Ejecutivo todos los medios que una justa atribución le señala, cae inevitablemente en la nulidad o en su propio abuso; quiero decir, en la muerte del gobierno, cuyos herederos son la anarquía, la usurpación y la tiranía. Se quiere contener la autoridad ejecutiva con restricciones y trabas; nada es más justo; pero que se advierta que los lazos que se pretenden conservar se fortifican, sí, mas no se estrechan.

Que se fortifique, pues, todo el sistema del gobierno, y que el equilibrio se establezca de modo que no se pierda, y de modo que no sea su propia delicadeza una causa de decadencia. Por lo mismo que ninguna forma de gobierno es tan débil como la democrática, su estructura debe ser de la mayor solidez; y sus instituciones consultarse para la estabilidad. Si no es así, contemos con que se establece un ensayo de gobierno, y no un sistema permanente; contemos con una sociedad díscola, tumultuaria y anárquica y no con un establecimiento social, donde tengan su imperio la felicidad, la paz y la justicia.

No seamos presuntuosos, Legisladores; seamos moderados en nuestras pretensiones. No es probable conseguir lo que no ha logrado el género humano; lo que no han alcanzado las más grandes y sabias naciones. La libertad indefinida, la democracia absoluta, son los escollos a donde han ido a estrellarse todas las esperanzas republicanas. Echad una mirada sobre las repúblicas antiguas, sobre las repúblicas modernas, sobre las repúblicas nacientes; casi todas han pretendido establecerse absolutamente democráticas y a casi todas se les han frustrado sus justas aspiraciones. Son laudables ciertamente hombres que anhelan por instituciones legitimas y por una perfección social; pero ¿quién ha dicho a los hombres que ya poseen toda la sabiduría, que ya practican toda la virtud, que exigen imperiosamente la liga del poder con la justicia? ¡Angeles, no hombres pueden únicamente existir libres, tranquilos y dichosos, ejerciendo todos la Potestad Soberana!

Ya disfruta el pueblo de Venezuela de los derechos que legítima y fácilmente puede gozar; moderemos ahora el ímpetu de las pretensiones excesivas que quizás le suscitaría la forma de un gobierno incompetente para él. Abandonemos las formas federales que no nos convienen; abandonemos el triunvirato del Poder Ejecutivo; y concentrándolo en un Presidente, confiémosle la autoridad suficiente para que logre mantenerse luchando contra los inconvenientes anexos a nuestra reciente situación, al estado de guerra que sufrimos, y a la especie de los enemigos externos y domésticos, contra quienes tendremos largo tiempo que combatir. Que el Poder Legislativo se desprenda de las atribuciones que corresponden al Ejecutivo; y adquiera no obstante nueva consistencia, nueva influencia en el equilibrio de las autoridades. Que los tribunales sean reforzados por la estabilidad y la independencia de los jueces; por el establecimiento de Jurados; de Códigos civiles y criminales que no sean dictados por la antigüedad ni por reyes conquistadores, sino por la voz de la naturaleza, por el grito de la justicia, y por el genio de la sabiduría.

Mi deseo es que todas las partes del gobierno y administración adquieran el grado de vigor que únicamente puede mantener el equilibrio, no sólo entre los miembros que componen el Gobierno, sino entre las diferentes fracciones de que se compone nuestra sociedad. Nada importaría que los resortes de un sistema político se relajasen por su debilidad, si esta relajación no arrastrase consigo la disolución del cuerpo social y la ruina de los asociados. Los gritos del género humano en los campos de batalla, o en los campos tumultuarios claman al cielo contra los inconsiderados y ciegos legisladores, que han pensado que se pueden hacer impunemente ensayos de quiméricas instituciones. Todos los pueblos del mundo han pretendido la libertad; los unos por las armas, los otros por las leyes, pasando alternativamente de la anarquía al despotismo o del despotismo a la anarquía; muy pocos son los que se han contentado con pretensiones moderadas, constituyéndose de un modo conforme a sus medios, a su espíritu y a sus circunstancias.

No aspiremos a lo imposible, no sea que por elevarnos sobre la región de la libertad, descendamos a la región de la tiranía. De la libertad absoluta se desciende siempre al poder absoluto, y el medio entre estos dos términos es la suprema libertad social. Teorías abstractas son las que producen la perniciosa idea de una libertad ilimitada. Hagamos que la fuerza pública se contenga en los límites que la razón y el interés prescriben; que la voluntad nacional se contenga en los limites que un justo poder le señala: que una legislación civil y criminal, análoga a nuestra actual Constitución domine imperiosamente sobre el Poder Judiciario, y entonces habrá un equilibrio, y no habrá el choque que embaraza la marcha del Estado, y no habrá esa complicación que traba, en vez de ligar, la sociedad.

Para formar un gobierno estable se requiere la base de un espíritu nacional, que tenga por objeto una inclinación uniforme hacia dos puntos capitales: moderar la voluntad general y limitar la autoridad pública. Los términos que fijan teóricamente estos dos puntos son de una difícil asignación; pero se puede concebir que la regla que debe dirigirlos es la restricción, y la concentración reciproca a fin de que haya la menos frotación posible entre la voluntad y el poder legítimo. Esta ciencia se adquiere insensiblemente por la práctica y por el estudio. E1 progreso de la luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces.

El amor a la patria, el amor a las leyes, el amor a los magistrados, son las nobles pasiones que deben absorber exclusivamente el alma de un republicano. Los venezolanos aman la patria, pero no aman sus leyes; porque éstas han sido nocivas y eran la fuente del mal.

Tampoco han podido amar a sus magistrados, porque eran inicuos, y los nuevos apenas son conocidos en la carrera en que han entrado. Si no hay un respeto sagrado por la patria, por las leyes y por las autoridades, la sociedad es una confusión, un abismo; es un conflicto singular de hombre a hombre, de cuerpo a cuerpo.

Para sacar de este caos nuestra naciente República, todas nuestras facultades morales no serán bastantes si no fundimos la masa del pueblo en un todo; la composición del gobierno en un todo; la legislación en un todo, y el espíritu nacional en un todo. Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa. La sangre de nuestros ciudadanos es diferente, mezclémosla para unirla; nuestra Constitución ha dividido los poderes, enlacémoslos para unirlos; nuestras leyes son funestas reliquias de todos los despotismos antiguos y modernos, que este edificio monstruoso se derribe, caiga y apartando hasta sus ruinas, elevemos un templo a la justicia; y bajo los auspicios de su santa inspiración, dictemos un Código de Leyes Venezolanas. Si queremos consultar monumentos y modelos de Legislación, la Gran Bretaña, la Francia, la América Septentrional los ofrecen admirables.

La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades. Tomemos de Atenas su Areópago, y los guardianes de las costumbres y de las leyes; tomemos de Roma sus censores y sus tribunales domésticos; y haciendo una santa alianza de estas instituciones morales, renovemos en el mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso. Tomemos de Esparta sus austeros establecimientos, y formando de estos tres manantiales una fuente de virtud, demos a nuestra República una cuarta potestad cuyo dominio sea la infancia y el corazón de los hombres, el espíritu público, las buenas costumbres y la moral republicana. Constituyamos este Areópago para que vele sobre la educación de los niños, sobre la instrucción nacional; para que purifique lo que se haya corrompido en la República; que acuse la ingratitud, el egoísmo, la frialdad del amor a la patria, el ocio, la negligencia de los ciudadanos; que juzgue de los principios de corrupción, de los ejemplos perniciosos; debiendo corregir las costumbres con penas morales, como las leyes castigan los delitos con penas aflictivas, y no solamente lo que choca contra ellas, sino lo que las burla; no solamente lo que las ataca, sino lo que las debilita; no solamente lo que viola la constitución, sino lo que viola el respeto público. La jurisdicción de este tribunal verdaderamente santo, deberá ser efectiva con respecto a la educación y a la instrucción, y de opinión solamente en las penas y castigos. Pero sus anales, o registros donde se consignen sus actas y deliberaciones, los principios morales y las acciones de los ciudadanos, serán los libros de la virtud y del vicio. Libros que consultará el pueblo para sus elecciones, los magistrados para sus resoluciones y los jueces para sus juicios. Una institución semejante, por más que parezca quimérica, es infinitamente más realizable que otras que algunos legisladores antiguos y modernos han establecido con menos utilidad del género humano.

¡Legisladores! Por el proyecto de Constitución que reverentemente someto a vuestra sabiduría, observaréis el espíritu que lo ha dictado. Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria: el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres: hacerlos honrados y felices. Poniendo restricciones justas y prudentes en las asambleas primarias y electorales, ponemos el primer dique a la licencia popular, evitando la concurrencia tumultuaria y ciega que en todos tiempos ha imprimido el desacierto en las elecciones y ha ligado por consiguiente, el desacierto a los Magistrados y a la marcha del Gobierno; pues este acto primordial es el acto generativo de la libertad o de la esclavitud de un pueblo.

Aumentando en la balanza de los poderes el peso del Congreso por el número de los legisladores y por la naturaleza del Senado, he procurado darle una base fija a este primer cuerpo de la nación, y revestirlo de una consideración importantísima para el éxito de sus funciones soberanas.

Separando con limites bien señalados la Jurisdicción Ejecutiva de la Jurisdicción Legislativa, no me he propuesto dividir sino enlazar con los vínculos de la armonía que nace de la independencia estas potestades supremas, cuyo choque prolongado jamás ha dejado de aterrar a uno de los contendientes. Cuando deseo atribuir al Ejecutivo una suma de facultades superior a la que antes gozaba, no he deseado autorizar un déspota para que tiranice la República, sino impedir que el despotismo deliberante no sea la causa inmediata de un circulo de vicisitudes despóticas en que alternativamente la anarquía sea reemplazada por la oligarquía y por la monocracia. Al pedir la estabilidad de los jueces, la creación de jurados y un nuevo Código, he podido al Congreso la garantía de la libertad civil, la más preciosa, la más justa, la más necesaria; en una palabra, la única libertad, pues que sin ella las demás son nulas. He pedido la corrección de los más lamentables abusos que sufre nuestra Judicatura, por su origen vicioso de ese piélago de legislación española que semejante al tiempo recoge de todas las edades y de todos los hombres, así las obras de la demencia como las del talento, así las producciones sensatas como las extravagantes, así los monumentos del ingenio como los del capricho. Esta Enciclopedia Judiciaria, monstruo de diez mil cabezas, que hasta ahora ha sido el azote de los pueblos españoles, es el suplicio más refinado que la cólera del cielo ha permitido descargar sobre este desdichado Imperio.

Meditando sobre el modo efectivo de regenerar el carácter y las costumbres que la tiranía y la guerra nos han dado, he sentido la audacia de inventar un Poder Moral, sacado del fondo de la oscura antigüedad, y de aquellas olvidadas leyes que mantuvieron, algún tiempo, la virtud entre los griegos y romanos. Bien puede ser tenido por un cándido delirio, mas no es imposible, y yo me lisonjeo que no desdeñaréis enteramente un pensamiento que mejorado por la experiencia y las luces, puede llegar a ser muy eficaz.

Horrorizado de la divergencia que ha reinado y debe reinar entre nosotros por el espíritu sutil que caracteriza al Gobierno Federativo, he sido arrastrado a rogaros para que adoptéis el centralismo y la reunión de todos los Estados de Venezuela en una República sola e indivisible. Esta medida, en mi opinión, urgente, vital, redentora, es de tal naturaleza que sin ella el fruto de nuestra regeneración será la muerte.

Mi deber es, legisladores, presentaros un cuadro prolijo y fiel de mi administración política, civil y militar, mas sería cansar demasiado vuestra importante atención, y privaros en este momento de un tiempo tan precioso como urgente. En consecuencia, los Secretarios de Estado darán cuenta al Congreso de sus diferentes departamentos exhibiendo al mismo tiempo los documentos y archivos que servirán de ilustración para tomar un exacto conocimiento del estado real y positivo de la República.

Yo no os hablaría de los actos más notables de mi mando, si éstos no incumbiesen a la mayoría de los Venezolanos. Se trata, Señor, de las resoluciones más importantes de este último periodo.
La atroz e impía esclavitud cubría con su negro manto la tierra de Venezuela, y nuestro cielo se hallaba recargado de tempestuosas nubes, que amenazaban un diluvio de fuego. Yo imploré la protección del Dios de la humanidad, y luego la redención disipó las tempestades. La esclavitud rompió sus grillos, y Venezuela se ha visto rodeada de nuevos hijos, de hijos agradecidos que han convertido los instrumentos de su cautiverio en armas de libertad. Si, los que antes eran esclavos ya son libres; los que antes eran enemigos de una madrastra, ya son defensores de una patria. Encareceros la justicia, la necesidad y la beneficencia de esta medida es superfluo cuando vosotros sabéis la historia de los Helotas, de Espartaco y de Haiti; cuando vosotros sabéis que no se puede ser libre y esclavo a la vez, sino violando a la vez las leyes naturales, las leyes políticas y las leyes civiles. Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma o la revocación de todos mis Estatutos y Decretos; pero yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República.
Representaros la historia militar de Venezuela sería recordaros la historia del heroísmo republicano entre los antiguos; sería deciros que Venezuela ha entrado en el gran cuadro de los sacrificios hechos sobre el altar de la libertad. Nada ha podido llenar los nobles pechos de nuestros generosos guerreros, sino los honores sublimes que se tributan a los bienhechores del género humano. No combatiendo por el poder, ni por la fortuna, ni aun por la gloria, sino tan sólo por la libertad, títulos de Libertadores de la República, son sus dignos galardones. Yo, pues, fundando una sociedad sagrada con estos ínclitos varones, he instituido el orden de los Libertadores de Venezuela. ¡Legisladores! a vosotros pertenecen las facultades de conceder honores y condecoraciones, vuestro es el deber de ejercer este acto augusto de gratitud nacional.

Hombres que se han desprendido de todos los goces, de todos los bienes que antes poseían, como el producto de su virtud y talentos, hombres que han experimentado cuanto es cruel en una guerra horrorosa, padeciendo las privaciones más dolorosas y los tormentos más acerbos; hombres tan beneméritos de la patria, han debido llamar la atención del Gobierno. En consecuencia he mandado recompensarlos con los bienes de la nación. Si he contraído para con el pueblo alguna especie de mérito, pido a sus representantes oigan mi súplica como el premio de mis débiles servicios. Que el Congreso ordene la distribución de los bienes nacionales, conforme a la Ley que a nombre de la República he decretado a beneficio de los militares venezolanos.

Ya que por infinitos triunfos hemos logrado anonadar las huestes españolas, desesperada la Corte de Madrid ha pretendido sorprender vanamete la conciencia de los magnánimos soberanos que acaban de extirpar la usurpación y la tiranía en Europa, y deben ser los protectores de la legitimidad y de la justicia de la causa americana. Incapaz de alcanzar con sus armas nuestra sumisión, recurre la España a su política insidiosa: no pudiendo vencernos, ha querido emplear sus artes suspicaces. Fernando se ha humillado hasta confesar que ha menester de la protección extranjera para retornarnos a su ignominioso yugo ¡a un yugo que todo poder es nulo para imponerlo! Convencida Venezuela de poseer las fuerzas suficientes para repeler a sus opresores, ha pronunciado por el órgano del Gobierno, su última voluntad de combatir hasta expirar, por defender su vida política, no sólo contra la España, sino contra todos los hombres, si todos los hombres se hubiesen degradado tanto que abrazasen la defensa de un gobierno devorador, cuyos únicos móviles son una espada exterminadora y las llamas de la Inquisición. Un gobierno que ya no quiere dominios, sino desiertos; ciudades, sino ruinas; vasallos, sino tumbas. La declaración de la República de Venezuela es el Acta más gloriosa, más heroica, más digna de un pueblo libre; es la que con mayor satisfacción tengo el honor de ofrecer al Congreso ya sancionada por la expresión unánime del pueblo de Venezuela.

Desde la segunda época de la República nuestro Ejército carecía de elementos militares: siempre ha estado desarmado; siempre le han faltado municiones; siempre ha estado mal equipado. Ahora lo soldados defensores de la Independencia no solamente están armados de la justicia, sino también de la fuerza. Nuestras tropas pueden medirse con las más selectas de Europa, ya que no hay desigualdad en los medios destructores. Tan grandes ventajas las debemos a la liberalidad sin limites de algunos generosos extranjeros que han visto gemir la humanidad y sucumbir la causa de la razón, y no la han visto tranquilos espectadores, sino que han volado con sus protectores auxilios y han prestado a la República cuanto ella necesitaba para hacer triunfar sus principios filantrópicos. Estos amigos de la humanidad son los genios custodios de la América, y a ellos somos deudores de un eterno reconocimiento, como igualmente de un cumplimiento religioso a las sagradas obligaciones que con ellos hemos contraído. La deuda nacional, Legisladores, es el depósito de la fe, del honor y de la gratitud de Venezuela. Respetadla como la Arca Santa, que encierra no tanto los derechos de nuestros bienhechores, cuanto la gloria de nuestra fidelidad. Perezcamos primero que quebrantar un empeño que ha salvado la patria y la vida de sus hijos.

La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un grande Estado ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas. La suerte de la guerra ha verificado este enlace tan anhelado por todos los Colombianos; de hecho estamos incorporados. Estos pueblos hermanos ya os han confiado sus intereses, sus derechos, sus destinos. Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado, y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales. Ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana; ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro; ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres dolientes del antiguo universo; ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el cetro de la justicia, coronada por la gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.

Dignaos, Legisladores, acoger con indulgencia la profesión de mi conciencia política, los últimos votos de mi corazón y los ruegos fervorosos que a nombre del pueblo me atrevo a dirigiros. Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad. Señor, empezad vuestras funciones: yo he terminado las mías.

 

*Biblioteca Virtual Universal.


Pensamiento de Bolívar en el discurso de Angostura

Enrique Santos Molano

El objetivo del discurso pronunciado por el Libertador al instalar, el 15 de febrero de 1819 en Angostura el Congreso de la República de Venezuela, convocado por él, era presentar y sustentar ante los Representantes del Pueblo de Venezuela un proyecto de Constitución y explicar al Congreso y a los patriotas que luchaban por la libertad y la independencia, las razones geográficas, jurídicas, históricas, políticas, sociales, económicas, ambientales, humanísticas, etnográficas y filosóficas que sustentan su propuesta. El punto axial del discurso es el de la escogencia del sistema político administrativo con el que deberá organizarse la república de acuerdo a lo que finalmente se apruebe en su Carta Constitutiva.

Bolívar plantea que sólo hay tres sistemas posibles: el Monárquico, el Federalista y el Centralista. En cuanto al monárquico lo descarta por indeseable para los pueblos democráticos y republicanos de América, aunque no omite elogios para la forma constitucional, democrática y republicana como la monarquía inglesa y el pueblo inglés han organizado su gobierno. Antes de entrar en el análisis de los dos sistemas restantes, el Federalista y el Centralista, por los que puede optar una República, el Libertador hace una reflexión drástica y profunda sobre la situación que han vivido los pueblos americanos bajo el yugo colonial y cuál es su estado presente: “No somos Europeos, no somos Indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento, y Europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y complicado”. A eso se agrega que “nuestra suerte ha sido siempre puramente pasiva, nuestra existencia política ha sido siempre nula, y nos hallamos tanta más dificultad para alcanzar la libertad, cuanto que estábamos colocados en un grado inferior al de la servidumbre; porque no solamente se nos había robado la Libertad, sino también la tiranía activa y doméstica”. Bolívar relieva con esa paradoja el hecho de que, además de no ser libres durante el régimen colonial, tampoco habíamos tenido la posibilidad o el beneficio de aprender la práctica del gobierno doméstico, participando en él activamente, así fuera tiránico. “Estábamos abstraídos, ausentes del universo en cuanto era relativo a la ciencia del gobierno”. La fuerza de la argumentación y del razonamiento bolivariano se vuelca en los párrafos siguientes:

“Uncido el Pueblo Americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros, las lecciones que hemos recibido y los ejemplos que hemos estudiado, son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas, un Pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga abusan de la incredulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la Libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la Justicia”. […] “Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla”. […] La libertad, dice Rousseau, es un alimento suculento, pero de difícil digestión. Nuestros débiles conciudadanos tendrán que robustecer su espíritu mucho antes que logren digerir el saludable nutritivo de la Libertad. Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada su vista por las sombras de las mazmorras y aniquilados por las pestilencias Serviles, ¿serán capaces de marchar con pasos firmes hacia el augusto templo de la Libertad? ¿serán capaces de admirar de cerca sus espléndidos rayos y respirar sin opresión el éter puro que allí reina?”. Acota el Libertador cómo “la indolencia de los hombres respecto a sus derechos más sagrados” ha sido desde la antigüedad más remota el sostén de los gobiernos tiránicos que los oprimen. Estas consideraciones lo llevan a evocar la Constitución Federal de la primera república de Venezuela (1810-1812), que estima admirable por la pureza de sus intenciones, pero inadecuada a las necesidades reales del pueblo venezolano. Elogia la Constitución de los Estados Unidos, que ha sido el modelo de la que instituyó la primera república venezolana, y describe como un prodigio el hecho de que con un mecanismo tan complejo y difícil como el sistema Federal haya podido organizarse sin perturbaciones el gobierno de la América del Norte en los tiempos difíciles que pasaron, “y subsista tan prósperamente”, lo que atribuye a que “aquel pueblo es un modelo singular de virtudes políticas y de ilustración moral […], que la libertad ha sido su cuna, se ha criado en la Libertad y se alimenta de pura Libertad”, lo cual no es el caso de Venezuela. Ni de ninguna de las naciones que padecieron el yugo colonial y que ahora empuñan las armas para la batalla final por su independencia y su soberanía. No obstante, hace un examen basado en la lógica de las diferencias, para demostrar que, como le ocurrió a la primera república venezolana, las instituciones federales no son aplicables a nuestro medio, a nuestra idiosincrasia, ni a nuestra geografía. Las instituciones y las leyes que rijan a una nación deben estar determinadas por las necesidades específicas de sus habitantes, las peculiaridades de su territorio y de su clima, las características de sus pobladores, la abundancia o la escasez de sus recursos naturales. Sería, piensa Bolívar, imponer a un país la constitución de otro de completa desemejanza, algo tan inepto como vestir a un niño con el traje de un mayor.

En estas circunstancias, Bolívar le recomienda al Congreso rechazar una constitución que contemple el federalismo como su sistema de gobierno. Encarece la adopción del Centralismo como el que más se ajusta a las condiciones presentes de los pueblos latinoamericanos, manteniendo siempre una puerta abierta a los cambios que se hagan necesarios con el cambio de los tiempos, pero conservando intacto el espíritu libertario, republicano y democrático que debe inspirarla, y el espíritu de diversidad que debe reinar entre individuos que disfrutan de “una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social”, pero física y moralmente son diferentes por naturaleza. “Es una inspiración eminentemente benéfica, la reunión de todas las clases en un estado, en que la diversidad sea multiplicada en razón de la propagación de especie. Por este solo paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia. ¡Cuantos celos, rivalidades y odios se han evitado!”.

Con la última frase, meditada largamente, el Libertador les recuerda a los legisladores de 1819 los motivos esenciales que originaron la caída de la primera república, y también anticipa los mismos motivos que van a estar en el origen de las desgracias políticas, sociales y económicas de las futuras repúblicas latinoamericanas. Unos pueblos que han descubierto la luz después de doscientos años de vivir en la oscuridad y en el oscurantismo, no están preparados para abrir de repente sus ojos a esa luz de la libertad, sin correr el riesgo de quedarse ciegos políticamente. Para pueblos que carecen de total experiencia en el ejercicio de las libertades públicas, de la democracia y de la vida republicana, la Libertad y la Democracia no puede implantarse de un modo absoluto, los ciudadanos de las repúblicas jóvenes, o recién nacidas, necesitan ser educados en la práctica de la Libertad, para no confundirla con el libertinaje, y de la Democracia, para no confundirla con el desorden. Sin esa educación, cualquier sistema que se ponga en práctica para organizar la república degenerará en tiranía y caos. La educación, teórica (desde los primeros años escolares hasta los últimos), y práctica (con la aplicación de leyes justas e inexorables), fortalecerá la conciencia de los ciudadanos, los hará dueños de su nación y de sus destinos, y los preparará para resistir las tentaciones de pueblos o países más poderosos que inevitablemente encontrarán en la riqueza de recursos naturales y territoriales de nuestros pueblos una presa codiciable. El Libertador recomienda a los legisladores adoptar el sistema centralista como el más apropiado para conservar la unidad dentro de la diversidad en pueblos que además tienen la ventaja de hablar un idioma común y de intereses más o menos comunes. Por eso concluye con una visión que, si no es utópica, sí exigirá de líderes y de ciudadanos un esfuerzo tanto o más grande en el campo civil, que el que están haciendo los ejércitos libertadores en el campo de batalla para ponerle un final definitivo a la dominación colonial.

“La reunión de la Nueva Granada y Venezuela –concluye el Libertador– en un grande Estado, ha sido el voto uniforme de los Pueblos y Gobiernos de estas repúblicas. La suerte de la Guerra ha verificado este enlace tan anhelado por todos los Colombianos; de hecho estamos incorporados. Estos pueblos hermanos os han confiado sus intereses, sus derechos, sus destinos. Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales; ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio de la familia humana; ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro; ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres dolientes del antiguo universo; ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuan superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas, que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el Trono de la Libertad, empuñando el cetro de la Justicia, coronada por la Gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno”.

Cierra el Libertador su discurso con una impetración obligante a los Legisladores; “Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad, la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la Igualdad y la Libertad”.
Mientras que los pueblos latino-indo-americanos nacientes, cegados por la luz desconocida de la Libertad, y ensordecidos por el ruido estruendoso de la Democracia, que les impedían ver el iris multicolor de la verdadera Libertad, y escuchar los acordes musicales de la verdadera Democracia, no vieron lo que veía Bolívar, ni escucharon sus palabras, los gobiernos (libres y democráticos) de los Estados Unidos de Norteamérica, si tomaron nota atenta del discurso de Bolívar en Angostura, comprendieron admirablemente que “aquél hombre”, Simón Bolívar, constituía el gran peligro para los propósitos del Destino Manifiesto según el cual estaban destinados por la Providencia para imponer su modo de vida a la América entera, e incluso al mundo.

Prepararon, pues, la estrategia paciente con la que destruirían a Bolívar o a lo que él alcanzara a realizar de sus proyectos. En 1823 el presidente James Monroe estableció su doctrina “América para los americanos”, conocida como Doctrina Monroe, que cimentó el piso para la expansión ideológica y territorial de los Estados Unidos hacia el Centro y el Sur de América, bajo el pretexto de brindarles protección y ayuda, caso de que las potencias europeas o asiáticas tuvieran intenciones de agredirlas o que efectivamente las agredieran; pero en el curso del siglo XIX hubo varias agresiones de esas potencias a países de América Latina, sin que la doctrina Monroe asomara la cabeza. En 1826 los agentes diplomáticos del gobierno de los Estados Unidos sabotearon el Congreso Anfictiónico de Panamá convocado por el Libertador para echarle la primera puntada a la costura unitaría de los pueblos de América Latina. En 1828 se intentó el asesinato del Libertador, con la complicidad mancomunada de Estados Unidos e Inglaterra, incómoda ésta por las medidas proteccionistas del gobierno colombiano presidido por Simón Bolívar. En 1830, tras el asesinato del mariscal Sucre y la muerte de Bolívar, las potencias no tuvieron dificultad en precipitar la disolución de Colombia y completar la destrucción de la obra con la que habían soñado Francisco de Miranda, Antonio Nariño y Simón Bolívar. En 1848 los Estados Unidos de Norteamérica se apoderaron por la fuerza de casi la mitad (California, Texas y La Florida) del inmenso territorio de la República de México. “América para los americanos”. México se había constituido en República Federal, pero (como Bolívar lo previno) el federalismo no le sirvió para proteger su territorio. Por el contrario, facilitó la derrota de los mexicanos anarquizados e indefensos, empobrecidos por gobiernos corruptos. Lo demás que advino, hasta hoy, es la misma historia repetida varias veces. Todo está sintetizado en el Discurso de Bolívar al inaugurar el Congreso de Angostura.