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La Minga: aprender  el significado de dar

“No se puede tener algo como respuesta,
si no hubiera
una pregunta antes.
Por eso tantas cosas claras permanecen
sin ser vistas,
como si no existiesen”.

Ernst Bloch

 

Antes del amanecer, desayunamos con papaya y banano de la región. Un pediatra nos enseñó un día las virtudes de la fruta como primer alimento para sanar las gastritis. Subo al espacio de labor con la palabra y reúno los libros, los apuntes, las pelis, las fotocopias de textos e imágenes recogidas desde hace años y que contienen las ideas, las intuiciones, algunas de las claves para las fugas colectivas de un sistema económico de alcances planetarios que represó hasta umbrales impensados la energía creadora de la humanidad.

Los textos revelan que este sistema económico fundado en el egoísmo miope y ciego engendró una vida cotidiana repleta de miedos, angustias, engaños, neurosis y ferocidad. La codicia condujo, por ejemplo, a promover el despilfarro de la energía del petróleo que tomó millones de años en formarse. En apenas 150 años el petróleo está a punto de agotarse debido a una movilidad demencial centrada en el uso indiscriminado del automóvil particular. El mundo fue inundado de autos con las cabezas de publicidad asociando el auto al poder, al status social y a la conquista de la mujer o a su liberación. Y las petroleras recurrieron a todas las vías: operaciones encubiertas, magnicidios, golpes de estado, sobornos, guerras, para tomar el control de las regiones petrolíferas. El despilfarro de la energía del petróleo detonó el calentamiento global.


Contrario a esto, en varios de los emprendimientos de la red de permacultura del Tequendama caminamos, usamos el transporte público, algunos usan bicicleta, o auto compartido para los viajes a Bogotá.

La ley de la ganancia individual y la acumulación sin medida por cualquier medio condujo a la conversión de los seres humanos en zombies adiestrados para producir dinero, máquinas para competir y vencer en la economía del más fuerte, y robots para consumir al ritmo de la publicidad.

En esta nueva jornada, la minga será donde David, en la parte alta de la montaña que reúne las veredas de San Cayetano y de Laguna Verde. Me alegra que sea allí pues está cerca y el sendero que conduce al terreno por él habitado es de belleza excepcional. La caminata es a través del bosque húmedo tropical, y buena parte del trecho se realiza en compañía de un arroyuelo de aguas de pureza originaria que desciende con su rumor balsámico hacia los cauces que terminan por llegar al Yuma (1).

No es difícil darse cuenta de los efectos enloquecedores de la atmósfera de las mega urbes. En Bogotá el absurdo cotidiano y el ruido destrozan los nervios; los trancones o atascos agotan la paciencia; el aspecto desolador del reino del concreto y el asfalto, y las imágenes tremendas de la miseria y la degradación humana, arrojan al piso los ánimos y aniquilan la esperanza. El aire fue convertido en una nube tóxica que envuelve la ciudad día y noche. Desde las montañas se contempla la densa nube gris.

Al subir por los senderos de estas montañas que unen a Cachipay con Zipacón, y contemplar esta vegetación exuberante se agradece la vida. El cuerpo lo sabe antes que la mente: por el aire vivificante que respira, por el sudor que saca fuera los venenos que la ciudad acumula, por la polifonía matinal alegre de los cantos de diversas aves y de los gallos que saludan el amanecer. Por la belleza de la silueta de los árboles que se perfilan mejor a cada instante con la inundación de la luz que trae el nuevo día, y por el buen ánimo y el tipo de pensamientos que llegan a tu conciencia.

El trabajo en casa de David será exigente. Hay que preparar una mezcla de tierra, paja y estiércol para levantar una de las paredes de la casa que edifica. David vive bajo un techo sin paredes en compañía de cuatro perros que ama. Pienso en él cuando arrecian los tremendos aguaceros de este prolongado invierno. La otra tarea que nos asigna es bajar muchas guaduas de varios metros de largo, pesadas, desde la carretera hasta su casa, cavar una zanja al lado oriental de la carretera para evitar que el agua se empoce y afloje la tierra, amenazando con venirse encima del refugio que, poco a poco, levanta en la parte de abajo de la falda de esta área de la montaña.

Ilustración: Manuela Yaya.

 

Hoy ha venido a la minga Guillermo, un joven de la Argentina que ha vivido una larga temporada en la Sierra Nevada de Santa Marta aprendiendo y colaborando con los Kogis, los Arhuacos, los Kankuamos y los Wiwas. Su acento es muy singular y causa gracia porque fusiona en su habla y expresiones el mundo de la pampa del sur con el acento de la costa caribe. Con su muy buen humor y su talento musical, Guillermo adereza con la risa la labor conjunta.

También ha llegado Juan Carlos, hombre mayor de ascendencia vasca. Muchos años en el mundo de la televisión con el oficio de la escenografía, hasta que decidió venirse con su compañera de ese tiempo a un bello paraje cerca de El Ocaso. Juan Carlos comparte con David la extraordinaria habilidad para construir y reparar máquinas normales e insólitas. David tiene un jeep con el que colabora sin cobrar con todos sus vecinos pues en esta zona el transporte público es escaso y costoso. No hay tuerca, alambre o arandela que desechen porque todo puede ser útil en algún momento. Además, Juan Carlos tiene el talento de la fotografía, ha reunido un extraordinario registro de la vida sutil que albergan estas montañas y ha aportado a la minga bellas imágenes, en blanco y negro, de su discurrir.


Arnulfo, el hacedor del bello jardín de El Ocaso, también ha llegado con sus lechugas sin par para la ensalada del medio día, y su buen ánimo dispuesto. Es un minguero formidable. Un tremendo trabajador. También han llegado Leo, el maestro de música, y Manuela, que elabora los dibujos y pinturas de la minga, y me alegra continuar con ella las charlas que iniciamos sobre el modelo patriarcal en la vida cotidiana.

Todos los integrantes de la red compartimos, en mayor o menor medida, la imposibilidad, hasta ahora, de la auto sostenibilidad de los territorios. Con las condiciones imperantes, lo que se produce en los diversos espacios no alcanza para los requerimientos de construcción de viviendas o el cubrimiento de los gastos de cada espacio. El tema de la economía rural sostenible es crucial por muchas razones. No es casual que fuese el primer tema de los puntos de la paz acordada hace muy poco tiempo. Desde la Colonia el campo ha sido escenario de violenta extracción de la riqueza y abandono de sus habitantes. Y en la economía rural sostenible habita la posibilidad de un rumbo de vida alterno al curso devastador imperante en la tierra.

Sin embargo, ahora prevalece el absurdo en muchas regiones: varios productores llevan productos regionales a Corabastos, lo que les significa tiempo y dinero para su desplazamiento, además de arriesgar que sus productos se estropeen. Los comerciantes de la plaza de mercado del pueblo compran lo que venden sus pares de la plaza de Corabastos en Bogotá, y cargan con ellos de nuevo para el municipio, con un sobrecosto que no tiene sentido. Como se ve, todo podría ser más sencillo, más barato, de mejor calidad, con menor impacto ambiental, de ponerse en marcha sistemas más amables de intercambio y mercadeo, sistemas construidos desde parámetros de bienestar común e individual, y no como el actual, desde la lógica excluyente del beneficio individual. Y así muchos enfrentan la angustia de lo que no se vende, la venta para que no se pudra, el poder del mayorista.

Claro, nada de esto ha surgido por azar. Con la revolución industrial se impuso en el mundo una idea de desarrollo y crecimiento destructiva. Una idea que ignora los delicados equilibrios de la biosfera y los límites físicos del crecimiento cuantitativo de la producción. El éxito fue enseñado como la capacidad de acumular la mayor cantidad de dinero posible. Entre más dinero acumulado en menor tiempo, más éxito. Con esa norma de valor, no es difícil imaginar la calidad de mundo engendrado.

Pero el modelo global tropieza cada vez más con múltiples experiencias que aportan para su desarticulación: pequeñas, medianas, o grandes. La red de permacultura del Tequendama, experiencia germinal, labora en la creación de un mercado en el que lo producido se asume de modo diferente a la valoración establecida por el sistema económico dominante. En los territorios de la red se aprecia como algo que no tiene precio la producción orgánica cada vez más demandada por quienes cuidan su salud o precisan restablecerla.También se estima como algo que no tiene precio la producción sin explotar el trabajo de los otros. El trueque y la moneda alternativa: los ibis, sirven para facilitar los intercambios en los que Carolina, Leslie, Melissa, Anna, Zarabanda, Carlos Andrés, Girasol, Adrián, Juan, Astrid, Manu, entre otros, logran que no falte el café, la quinua, las cremas de cálendula, máscaras en papel para niños, aceite del árbol de tree, aguacates, naranjas, mandarinas, plántulas, mandarinas, libros y videos, mermeladas, jabones, shampoos, y cremas dentales artesanales.

Es una experiencia de creación cotidiana que brota del anhelo de vivir mejor y abandonar poco a poco las lógicas destructivas de un modelo social, económico y político, que encuentra su fuerza en aislarnos unos de otros, y en la ceguera que nos impide ver lo mucho que puede hacerse con poco cuando de verdad queremos cooperar, cuidar y sanar la tierra. Se trata de aprender a ver que uno más uno es mucho más que dos, que con poco, aún entre pocos, también podemos hacer mucho. Y que en cada proceso y experiencia todas y cada una de las personas que llegan tienen un lugar, y aunque aún no lo sepan, traen algo, un saber, una experiencia de vida, con la cual pueden aportar a resolver las dificultades y urgencias que trae cada minga.

Esto lo comprobamos, una vez más, en nuestra última minga, a la cual también llegaron Dario y Laura, quienes leyeron en desdeabajo el artículo sobre esta experiencia (2) y quisieron conocerla. Darío está cercano a los cuarenta años, nació en Bogotá en una familia de altos ingresos económicos, y Laura nació en Cajicá y acaba de cumplir treinta años; una mujer de excepcional belleza con sus rasgos mestizos y ancestros muiscas.

Mientras iniciamos la labor de acarrear las guaduas, Guillermo baja por el sendero con varias de ellas atadas a un lazo. Desciende con la agilidad temeraria de una cabra entre los montes. En medio de la atmósfera fraterna y la confianza que germina, Darío se anima a compartirnos una parte bestial de la historia de su vida. Siendo un niño de diez años conoció, por un compañerito de barrio las substancias que llamamos “drogas duras”. Se hundió por una larga temporada en los infiernos de la adicción. Otro tanto le ocurrió a Laura, por su hermana mayor que escondía el polvo blanco y Laura lo tomaba creyendo que eran kipitos –una golosina–. Después de vivir varios años en los laberintos de la adicción temprana, el amor de Laura se convirtió en el sortilegio para sacar a Darío de la espiral destructiva. Fueron pareja, pero ya no lo son. El sigue amándola en lo más profundo de su ser, pero respeta aún más en lo profundo la libertad de ella. Antes de conocerse con Dario, Laura había encontrado su propia ruta de escape del infierno adictivo en su pasión invencible por el teatro. En un portal de su vida encontró un maestro que le echó una mano en abrir la conciencia hacia su talento actoral y de allí se agarró como se agarra alguien a una liana en medio del abismo. El goce creador es un deleite más potente que cualquier droga. Y si se da en un entorno natural y colectivo armónico, o al menos respetuoso, se reconstituye la conexión interior con la vida y su cuidado.

Su relato permite que intervenga otro participante de la minga que recién ha llegado y al que algunos llaman “profe”. Guillermo intenta que no intervenga temiendo la extensión de su palabra, pero no tiene suerte y el “profe” nos invita a todos a pensar en el descomunal daño que hemos experimentado como nación con la imposición de la falsa “guerra contra las drogas” que nos convirtió en una narco-economía.

Una economía al servicio de la banca internacional por los volúmenes colosales de lavado de activos, y funcional a los aparatos de seguridad del poder planetario, que con la falsa “guerra contra las drogas” tienen una excusa perfecta para intervenir en países como el nuestro, con el pretexto de defender a sus jóvenes de los monstruos del narco, pero en realidad para asegurar el dominio de las zonas petroleras, financiando los escuadrones paramilitares encargados de contener los procesos de democratización con el narcotráfico que dejan funcionar. Y de paso, lucrando a sus corporaciones militares privadas y fabricando mercenarios con costos bajos para sus otros teatros de guerra.

Fuimos transmutados así –dice el profe– en una parcela de espanto en el mercado mundial. Todavía, a pesar del horror sufrido, las formaciones políticas ligadas a los beneficios de la falsa “guerra contra las drogas” aterrorizan a la población con la farsa de que con la no penalización de la dosis mínima sus hijos serán víctimas de las “drogas”. Proponen entonces lo que ha fracasado de modo absoluto: penalizar la dosis mínima y tratar a los usuarios o a los adictos como delincuentes.

Como no les interesa que la gente comprenda lo que sucede en el universo de lo que llaman “drogas”, toda la comunicación masiva la reducen a la dimensión espectacular de la captura de un cargamento, o a la adicción de una estrella famosa a la cocaína, pero no aclaran la conciencia de las personas con las diferencias entre las substancias, con los orígenes de la embriaguez que los seres humanos han procurado de diversas maneras durante miles de años, con la diferencia entre el uso y el abuso, y entre el uso y la adicción. No esclarecen la forma cómo la persecución selectiva de algunos tráficos sirve para ocultar lo que ocurre: que hay tráficos autorizados porque pagan coimas de valor creciente –según el nivel de mando de la autoridad cómplice–.

El “profe” continua: Con la falsa “guerra contra las drogas” terminamos siendo conducidos a proveer cocaína al mundo, y bazuco a amplias franjas de nuestra población. Las condiciones de ilegalidad engendran la necesidad de organizaciones criminales, de la puesta en marcha de procesos de corrupción para comprar autoridades y para elegir gente que represente los intereses de los beneficiarios de la narco-economía: no sólo los traficantes, sino los lavadores de activos con productos importados, los banqueros complacientes, los constructores, financieros y comerciantes que tienen, por tanto, clientela con capacidad de comprar sus bienes y servicios.

Y de paso, con esta narco-economía también fuimos convertidos en proveedores de jóvenes de ambos sexos y niñez para los mercados del sexo y de las patologías del deseo, y en proveedores de mercenarios: jóvenes entrenados para matar y hacerse matar en la economía vandálica instaurada en Colombia o en las distantes guerras –que como en Irak– precisan de sus servicios. Como su costo de producción, como entes letales y dispuestos a entregar la vida por una buena paga, es muchísimo más bajo que el de los jóvenes de otros lugares del mundo, han tenido buena aceptación en el mercado de la guerra aliado con los bancos y las petroleras. También las fábricas de prótesis se han lucrado con los miles de mutilados arrojados por la despiadada confrontación entre los hijos de la misma tierra.

Una vez ha tomado un poco de aire, el profe enfatiza en su idea, ahora apoyado en Felix Guattari, en uno de sus últimos y más esclarecedores escritos3, donde dice que “El progreso social y moral es inseparable de las prácticas colectivas e individuales que aseguran su promoción”. Las condiciones sociales instauradas con el dominio corporativo del mundo, engendran todo lo contrario al progreso social y moral. Generan la angustia, la desesperación, las heridas brutales, físicas y emocionales tempranas, y con ellas la ferocidad, el engaño, la dureza despiadada, el salir adelante a los otros, sin reparar en medios. El malestar con la vida y la pulsión por escapar de ella.

En ese momento Guillermo, el joven argentino, interviene y dice: las mingas son espacios en los que es posible fraternizar, escucharse, comprender, emprender de manera conjunta. Pero si nos descuidamos usted no nos deja hablar. Así que profe, por favor, siéntese usted bien juicioso en ese rincón y vamos a almorzar. Y la próxima minga que será donde Arnulfo, Leo y yo les hablaremos un poco de las plantas de conocimiento.

 

1 Nombre dado por los pueblos nativos a este sector del río Magdalena.

2 Ver periódico desdeabajo Nº 246, Caleidoscopio Nº21, https://www.desdeabajo.info/sumplementos/itemlist/category/329-caleidoscopio-n-21.html

3 ¿Qué es la ecosofía?, Felix Guattari, Buenos Aires, Cactus, 2015. p. 381.

La minga: aprender sin escuela, sin esperar aprender

Los saberes son bienes comunes que no desaparecen al compartirse. El que los transmite no se despoja de ellos al compartirlos. En este caso son saberes para vivir mejor. […] Estos espacios no se organizan con la lógica del capital. Se organizan desde abajo, con cooperación horizontal. Sin jefes, ni controladores. No circulan con las reglas del capital: tanto tiempo, tantos títulos, a tanto la hora, cada uno paga tanto. Y generan otros sentimientos: fraternizan, dan sentido a la existencia, el otro aparece como alguien que hace más grata la vida. No como un competidor que debes acabar antes que te acabe.

 

Llega el día miércoles y como todos los miércoles en el área rural de Cachipay y de Zipacón (Cundinamarca), nos alistamos para participar en la minga que comienza a las nueve a.m. Se trata de un colectivo diverso que se reúne cada semana en torno a la labor conjunta, bajo el signo de la fraternidad y la alegría en diferentes espacios. La minga es un bien común y cada minga es diferente. Por temporadas pueden concurrir unos y no otros, dependiendo de la vida de cada participante y sus exigencias; en ocasiones vienen seres que viajan, personas interesadas en conocer la experiencia, echar una mano y quizás compartir un saber.

 

Esta vez la minga es en Trinitaria, en la vereda Laguna Verde, en casa de Zarabanda Opalina, quien tiene un niño de seis años y una niña de casi tres. Después de tres años de labor están cerca de terminar su hogar en bioconstrucción con materiales de la región. Una forma de respetar la naturaleza, de disminuir de manera notoria los costos en dinero de la obra y de incursionar en una estética armónica con un entorno de belleza asombrosa por la diversidad de expresiones de la vida.

 

El clima primaveral y la abundancia de aves y de cantos, de especies frutales y de flores, han ejercido desde hace muchos años una fuerte atracción por esta geografía de naturaleza exuberante ubicada en la ladera occidental de la Cordillera Oriental. En apenas unos centenares de metros es posible elegir entre las tierras más cálidas o las zonas frescas de la partes altas de las montañas. En Trinitaria la atmósfera es fresca y húmeda en la temporada de lluvias. Pero en un día invernal no es improbable que el sol irrumpa entre la niebla con todo el esplendor de la Cordillera Andina.

 

El primero en llegar es Arnulfo, quien con su vitalidad, alegría y la lozanía de su piel, no revela en absoluto los sesenta y cinco años que ha cumplido. Atribuye su formidable salud a las caminatas que realiza por la región cada fin de semana, acompañado de personas que vienen desde la ciudad, visitantes que aprecian su extraordinario conocimiento de las plantas y el privilegio de visitar su jardín, el que alberga una asombrosa variedad de orquídeas, bromelias y plantas medicinales. Hace casi diez años renunció a la ciudad y a los negocios y se vino a las montañas. Minutos después llega Jorge, un joven nativo de la región que sabe de plantas y de cocina, ha apoyado diversos procesos; su vida no la guía por el dinero. Entre sus saberes cuenta, además, con el arte de hacer pequeñas esculturas con rocas superpuestas, que hace poco aprendió.

 

La tercera en llegar a Trinitaria es Manuela, llega acompaña con su padre Víctor que vino a visitarla, y con un grupo de tres artistas que también ha invitado. Manuela ha fungido como el espíritu de la minga. Su carácter dulce y su disposición permanente a echar una mano allí donde se precisa han generado una dinámica fraterna en el colectivo. Muy pocos podrían adivinar que detrás de su apariencia de joven rebelde, con su corte de cabello alejado de la estética normalizada, con su sonrisa blanca y transparente, su piel bronceada por el sol de Peña Negra, y con su overol de trabajo en escultura y dibujo, habitó hasta hace poco tiempo una abogada muy capaz y responsable que vestía de sastre y acudía puntual a su horario de trabajo en una entidad oficial. Manuela dejó trabajo y ciudad y se vino a la vereda hace cinco años.

 

Un tesoro del proceso de la minga radica en la comunicación, que permite conocernos y descubrir diferentes dimensiones que el ritmo trepidante de la vida cotidiana en la ciudad no facilita. Nos vamos conociendo en la labor y compartiendo los alimentos que cada uno prepara y trae. De este modo el espacio fraterniza y gesta complicidades en almas afines, o con proyectos o trayectos que reúnen.

 

Manuela, con la confianza labrada entre todos, me pide que me ocupe de los invitados que ha traído porque vienen a conocer y no se quedaran a trabajar en la minga, mientras ella acude a la casa de Trinitaria para unirse a la labor que ya han iniciado Zarabanda, Arnulfo y Jorge: limpiar el barro que recubre las guaduas de la estructura de la vivienda y su suelo de tablas.

 

Invito al pequeño grupo que llegó con Manuela a un café en Riohaché Payko, un espacio colindante con Trinitaria al cual pertenezco y cuyo acento está en investigar y promover prácticas de educación alternativa y, también, de alternativas a la educación. Primero les escucho: Víctor trabaja en Bogotá en la Fundación Pepazo y desde hace años apoyan procesos de emprendimientos comunitarios dirigidos a mejorar, entre todos, la vida de todos. Felipe es psicólogo egresado de la U. Nacional, además de fotógrafo, y forma parte de un colectivo ubicado en Anolaima: Accionart. César es historiador no académico y durante años ha adelantado una minuciosa investigación sobre la historia regional de esta geografía. Fausto es italiano y vive en el país Vasco donde tiene una tienda de pastas y salsas. A él le pregunto si viene como parte de un proyecto de una Ong, de una ecoaldea. y me responde: tengo sesenta y cinco años, mi salud está quebrantada, y mi único proyecto es vivir cada día que puedo de la mejor manera. Su franqueza ruda me agrada y les propongo narrarles de modo breve el trabajo de cuatro años en la zona, mientras caminamos por la zona de huertas, de restauración de bosque y biblioteca veredal, para concluir el recorrido en Trinitaria. Me han dicho que deben regresar en media hora a Anolaima.

 

Mientras caminamos entre las arracachas, el maizal, los frijoles y arvejas, los yacones, albacas, tomates, lechugas, rosales y anturios, ocobos y cauchos, les comento que hace una semana estuvimos en la minga con Manuela, Anna, Arnulfo y Leo en la escuelita veredal de Cartagena, ubicada a quince minutos de Trinitaria. Todos ellos, como la gran mayoría de integrantes de la Red de Permacultura del Tequendama, comparten el carácter de seres fugados de la urbe y del sistema imperante. Leo es, entre otras muchas cosas, un extraordinario maestro de música, con un muy valioso camino de evolución espiritual. Renunció a su trabajo en una universidad pública por diversas razones, una de ellas: no verse inmerso en las miasmas de la politiquería que ha capturado buena parte de las academias y afecta al delicado trabajo de enseñanza que no sólo tendría que estar libre de los juegos de poder, sino que tendría que contar con todo el reconocimiento, el cuidado y acompañamiento a su alquímica forja de seres libres y creadores. Con sus ahorros consiguió un pequeño terreno en Peña Negra y ahora inicia la construcción de su casa, al tiempo que enseña música a un grupo de cinco niños de la Red de Permacultura en el hogar fraterno que le ha acogido mientras termina su vivienda: Gaiacpa, Jardin del Alma, liderado por un ser decisivo para el tejido comunitario de la red y sus emprendimientos: Girasol.

 

A muchos puede no asombrar, pero a otros sí: los talleres de inmersión en la música funcionan los martes, y los miércoles Mimby, Aluna, Manu, Mauli, Tzie, Ainoa, están preguntando: ¿cuándo es que vuelve a haber taller de música?


El reconocimiento a la labor de Leo por parte de los entornos familiares de los niños se hace, una parte en dinero y otra en trueque o en Ibis: la moneda local que está funcionando para potenciar las diversas labores y posibilidades de los integrantes de la red. Los trueques y los ibis ayudan a no depender tanto del dinero. Así Leo recibe por su invaluable labor: quinua, cremas dentales artesanales, tortas con frutos orgánicos, mambe, cremas de caléndula, etcétera.

 

Anna, pedagoga de la Universidad de Barcelona, llegó hace un par de años interesada por conocer experiencias de educación alternativa. En Medellín, Daniela Cardona, una chica vinculada a la Centro de Estudios Estanislao Zuleta y vinculada a Confiar, le habló de la región. Anna vino por un par de días, sucumbió a la magia del bosque andino tropical y con sus últimos ahorros adquirió un predio en uno de los proyectos que existen en la zona: Samay. Ahora construye allí su casa en bioconstrucción, junto a su amiga, hermana, maestra y cómplice: Melissa.

 

Creo –le confieso al pequeño grupo al que narro el proceso de Riohaché–, que comulgamos a diario con ruedas de molino. Habitamos en el peor sistema para todos, como si fuera lo más normal del mundo. Pero muchas mujeres y hombres están desertando. Prefieren renunciar a los ingresos fijos y tener tiempo para sí. Prefieren reducir al máximo la necesidad de dinero y encontrar el alimento, el abrigo y la salud con formas de cooperación fraterna. Cada vez más gente comprende que habitamos un sistema que ha elevado el absurdo hasta umbrales delirantes, y no esperan ya que ningún poder estatal ayude a resolver sus necesidades. Prefieren buscar un mínimo de cordura en el trabajo con la tierra, en erosionar el poder en la vida cotidiana en casa, en el conocimiento de sí, en la creación de espacios de comunicación, cooperación y coordinación de iniciativas que sirven a la tierra, a la vida y su dignidad. En participar, en la revolución relacional que está teniendo lugar con base en la liberación del ser femenino. Hay una (re)evolución cultural antes que política, vinculada al volver a habitar la tierra de modo sostenible.

 

Hace ocho días llegamos a la escuela veredal y saludamos a Luz Marina y Francy, las profesoras de planta. Ellas nos indicaron las labores que estaban precisando: cortar las guaduas que amenazan con tumbar los cables de alta tensión de la energía, arreglar la huerta, limpiar el área aledaña a la quebrada que baja junto a la escuela.

 

Estas dos profesoras son una invaluable excepción a lo que sucede con buena parte del cuerpo profesoral en las áreas rurales de Cundinamarca: las dos viven cerca de la escuela en la que laboran. Muchas profesoras y profesores vienen desde muy lejos: desde Facatativa, Mosquera, Funza e incluso Bogotá. Las distancias afectan no solo sus economías, sino su energía para ejercer las artes exigentes y decisivas del maestro. Esta es una situación no resuelta por los encargados gubernamentales de la educación, realidad que incide en alto grado en la calidad del proceso formativo. Si no se habita en los lugares en los que viven niños y jóvenes, es muy difícil desarrollar dinámicas educativas que permitan a los estudiantes conocer sus entornos, cuidarlos, defenderlos, y aprender los oficios que les permitan habitar en ellos.

 

La profesora Luz Marina se ganó a pulso el reconocimiento profundo de sus estudiantes y sus familias. El año pasado se empeñó en demostrar que los viajes son una experiencia de aprendizaje de extraordinaria potencia formativa y decidió, alentada por el sueño entusiasta de de sus chicos, a realizar una tarea imposible: viajar con las niñas y niños a conocer el mar. Ni siquiera buena parte de las madres y padres de las niñas y niños lo conocen. Era una responsabilidad tremenda. Luz Marina desplegó una energía huracanada, no se arredró ante las negativas y las indiferencias, y obtuvo apoyos decisivos e inesperados de gente que no la conocía, como una fundación de mujeres en San Andrés que les facilitó el hospedaje en la isla y logró que no tuviesen que pagar el impuesto de entrada. Llevaron en sus equipajes, para preparar con sus propias manos, los mercados que allegaron las familias. Y por encima de la incredulidad de casi todos pudieron viajar, llorar de júbilo ante el espectáculo sobrecogedor del mar Caribe, y regresar sanos y salvos de la más audaz y hermosa aventura acometida en sus breves vidas.

 

Pedro, el rector de la Institución Educativa Cartagena, ha logrado abrir canales de comunicación y cooperación con diversos actores locales en beneficio de su estudiantado. Los niños y los jóvenes han podido viajar y conocer el modo de vida urbano en sectores socioeconómicos diferentes a los de sus veredas, y jóvenes de la capital han venido por temporadas a vivir en Laguna Verde. Para los dos grupos la experiencia ha sido transformadora. Dos mundos que se ignoran: el urbano y el rural, y dos universos distanciados por la economía, pudieron saludarse y conocerse. También la Universidad del Rosario se vinculó a la experimentación y los jóvenes de la vereda tuvieron la oportunidad de tomar un curso intensivo de emprendimiento, junto a jóvenes de primeros semestres de diversas universidades de Bogotá. Algunas de las jóvenes que viajaron desde la vereda regresaron con una determinación invencible: estudiar, estudiar, estudiar, como forma de traspasar los encierros que limitan de modo inexorable los porvenires posibles. No es un cambio de actitud banal, más cuando acontece en un medio en el que el conocimiento es contemplado como algo no práctico, ni útil, además de aburrido.

 

Hace dos meses Manuela, con Diana y Alejandro, padres de la niña Ainoa, e integrantes del proyecto Ecocirco, ubicado en la vereda Cayunda, realizaron un taller de pintura con los niños de la escuela y elaboraron un bello mural en la pared frontal de la escuela.

 

Las profesoras Luz Marina y Francy vienen periódicamente con sus estudiantes a Riohaché Payko, llevan libros de la biblioteca, realizan para ello una caminata que les permite, además, recuperar el bellísimo entorno natural como senda de aprendizajes no formales.

 

La Minga nos enseña a todas y a todos que cuando brota la cooperación es posible hacer mucho con poco. Cuando aprendemos a brindar sin esperar nada a cambio. Para decirlo con Martí: el deber ha de cumplirse sencilla y naturalmente. Está germinando, como ya está dicho, una (re)evolución cultural antes que política, se está dando desde abajo, como movimiento social antes que político. Es mejor conversar con el azadón en la mano que participar en las interminables discusiones urbanas en las que rivalizan los egos y las doctrinas y cada uno vuelve a casa sin llevar consigo, por lo menos, el goce de ayudar donde se precisa, sin el placer de producir de modo conjunto, sin al menos haber sembrado una lechuga o un arbolito.


Mientras comenzamos la labor con el corte de las guaduas, Manuela y Anna convocan, junto a las profes y los niños, al arreglo de la huerta. Acuden entusiastas, incluida la pequeña y brillante Ruth, hija de la profesora Luz Marina. Arnulfo y Leo se vinculan a la labor con los niños en la huerta.

 

Hay una evolución espiritual que es más decisiva en los escenarios formativos que todos los doctorados del mundo. Para nuestro infortunio, una parte no despreciable de la academia se precipitó en el juego de apariencias de los estudios y escritos para ascender en los escalafones y las tablas de ingresos. No se estudia porque se ama el oficio sino para ubicarse mejor en el escenario de los puntajes que miden los rangos salariales y la posibilidad de adquirir mejores autos. No se escribe sobre lo que se comprende y lo que se aporta al vivir mejor sino para sumar puntos, o incrementar ingresos en el marco de la feroz competencia en la que no se repara en medios, con tal de obtener fines. La lógica del capital ha permeado la vida académica y las consecuencias son pavorosas.

 

Junto a la huerta de la escuela hay una estructura de tanques y tubos que sirve para purificar el agua que baja de la montaña y toman los niños. Fue instalada en tiempos de la anterior gobernación. Cuando la instalaron, se fueron y nunca explicaron cómo funcionaba. Al mes volvieron a tomarse una foto junto a la planta de tratamiento, y volvieron a irse sin capacitar a los funcionarios del colegio en su manejo. Aún no ha sido posible poner en funcionamiento la planta y los niños toman el agua sin tratar.

 

Este tipo de actuaciones no son excepcionales en los asuntos públicos. Falta el amor. Están ausentes las moléculas de amor indispensables para desatar dinámica de perfeccionamiento en las comunidades. Contratan para girar presupuestos a las personas o entidades aliadas que antes o después remuneran a quien les contrató. Lo importante es figurar, lo importante es la foto que demuestra que se montó la estructura y que permite cobrar. No importa si quedó funcionando o no.

 

Nuestra caminata por Riohache conversando nos condujo hasta Trinitaria, y los visitantes se asombran ante la sencilla y hermosa estructura de guadua en la que ahora laboran los mingueros. Les proponemos compartir algo del alimento que cada uno de los participantes de la minga ha traído y expresan su malestar por no haber contemplado traer algo para compartir.

 

En ese momento Facundo nos dice que si le facilitamos unos huevos, un poco de sal y de harina él puede enseñar a hacer la pasta, los tallarines. El pequeño Tzie y Arnulfo se entusiasman con la propuesta y acomodamos una mesa para realizar el taller inesperado. Entre Fausto y Arnulfo se genera una empatía por la edad, el humor y el saber que comparten sobre especies vegetales alimenticias. Al taller se vincula como observadora la pequeña Jadeina. La prisa del regreso desaparece y el grupo se reúne en torno al aprendizaje. El ánimo de Fausto varía, le alegra la compañía y el reconocimiento que genera su enseñanza. Con la ayuda de Arnulfo deciden ir hasta la preparación de la pasta, revelando los secretos para que los tallarines queden al dente, finalizando su cocción con una salsa maravillosa elaborada con los frutos de la huerta que Arnulfo cosecha en unos instantes. Fausto ignoraba que actúa muy bien como maestro. Hoy la minga ha devenido en espacio de aprendizaje intergeneracional. Los saberes son bienes comunes que no desaparecen al compartirse. El que los transmite no se despoja de ellos al compartirlos. En este caso son saberes para vivir mejor. El Buen Vivir lo llaman en el sur los Aymaras. Los bienes comunes circulan recreando, sirviendo a otros saberes. Estos espacios no se organizan con la lógica del capital. Se organizan desde abajo, con cooperación horizontal. Sin jefes, ni controladores. No circulan con las reglas del capital: tanto tiempo, tantos títulos, a tanto la hora, cada uno paga tanto. Y generan otros sentimientos: fraternizan, dan sentido a la existencia, el otro aparece como alguien que hace más grata la vida. No como un competidor que debes acabar antes que te acabe.

 

Recuerdo, al terminar de escribir estas notas, las mingas en las que algunas de las mujeres nos han enseñado –a algunos de los hombres– la dureza que tiene y lo normalizado que permanece el patriarcalismo; o los niños y las niñas han enseñado a los adultos un poco de la sensibilidad, el juego creador, la ternura y el aprender a valorar lo que vale, y no valorar lo que no vale, que tanta falta nos hace. Recuerdo los aprendizajes, de la mano de Casilda Rodrigañez, que nos ha revelado el engaño de hacernos creer que el egoísmo y la competencia son parte de la esencia humana; que ha desnudado los efectos tremendos de la represión temprana de los deseos de amar y ser amados. El mismo patriarcalismo que ha condenado la libertad sexual de la mujer y que denunció y enfrentó, en la escritura y en su vida, Alexandra Kollontay. La confusión entre amar y poseer, entre amar y dominar, que tanto sufrimiento y violencia engendra. Son parte de una cultura y de una economía que se derrumba sin remedio por su incapacidad manifiesta de acompañar y preservar la vida, por su incapacidad absoluta de abrir cauce al caudal creador de la humanidad, que ya no cabe en los rígidos y estrechos marcos y represas establecidas por la lógica del capital, y su escasez artificial instaurada. 

 

La geografía política de la Minga agraria y de la resistencia

“El método consiste en saber situarse en el lugar de los pobres y desde allí efectuar un diagnóstico de la patología del Estado”.
(H. Cohen).


La Minga agraria de la resistencia indígena y campesina en curso ha cobrado grandes proporciones a pesar de la manipulación gubernamental con los medios de comunicación para invisibilizarla.


Se trata de un gigantesco movimiento social y popular con raíz rural y apalancada por las tremendas condiciones de pobreza en que se encuentran casi 14 millones de campesinos e indígenas, habitantes del campo nacional.


Lo que llama la atención de este paro es que el mismo es la respuesta a los incumplimientos reiterados del gobierno de turno de los diversos pactos firmados al término de otras huelgas, como la del 2013.


El estado y su gobierno son una pesada carga que entraba las soluciones pertinentes a las problemáticas sociales. El Estado actual es un lastre espantoso.


La explicación no es otra que la captura de las entidades públicas por grupos oligárquicos minoritarios, en este caso concreto, por las camarillas de latifundistas, terratenientes y ganaderos, con sus correspondientes operadores políticos en los escenarios electorales y legislativos.


Es, correctamente, lo que representa y agencia el actual Ministro de agricultura, Iragorri, vástago de una poderosa y antigua familia de potentes hacendados, con amplio poder político y electoral en el departamento del Cauca y a nivel nacional. Son herederos de viejos gamonales de la tierra y la politiquería.


Iragorri no es más que la ficha de la ultraderecha reaccionaria que por años, décadas, ha manipulado a su antojo el Ministerio de Agricultura y la institucionalidad correspondiente.


El hombre simula amabilidad, pero sabe exactamente a quien le sirve.


Él es el directo culpable de la actual conflictividad que se ha generalizado por toda la geografía nacional.


Es por tal razón que debería largarse de ese cargo. Dejar esa teta y permitir que nuevos aires renueven dicho sector estatal.


Justamente es lo que se ha pactado en los diálogos de La Habana. Un ajuste institucional para permitir que los acuerdos agrarios se implementen y verifiquen. La paz esta urgida de una gran reforma democrática del Ministerio de Agricultura y de una gestión comprometida, por que los funcionarios encargados sean recíprocos con las demandas campesinas y populares.


Necesitamos un Ministro no terrateniente ganadero de la Sabana y del Cauca.


Necesitamos un líder o lideresa que atienda las demandas de los trabajadores del campo colombiano. Si Santos no entiende esto, La Minga agraria seguirá y alcanzara nuevos niveles de contundencia.


Ya hay una geografía política configurada de la Minga agraria que comprende los siguientes escenarios territoriales: Choco: con las comunidades indígenas, que han bloqueado las vías Tardó-Pereira y Quibdó-Medellín. Risaralda: donde el pueblo indígena Embera Katio bloqueo el sector Remolinos.


Antioquia: con la concentración en el resguardo Las Palmas (Apartadó, Urabá,) donde se registran bloqueo y protestas. Nariño: bloqueo de indígenas en el sector de Tangua, vía Pasto- Ipiales.


El sector de la construcción ha paralizado en un porcentaje importante su actividad porque los insumos no han llegado desde el interior del país generando pérdidas cercanas a los $8.000 millones.


Las Avícolas están sin alimentos y por ende su producción casi paralizada.


Los gremios de la región creen que la situación es insostenible y es urgente una solución para evitar escasez de alimentos. Se teme que el paro camionero agrave aún más la situación de Nariño tras una semana del paro agrario.


Huila: bloque en Hobo y en otras vías que comunican con los departamentos del Putumayo y Caquetá.


Valle del Cauca: bloqueo en la vía Buenaventura – Buga, en el sector de La Delfina.


Arauca: bloqueos de vías en ese departamento.


Antioquia: En Apartadó bloqueo de la vía al mar en el sector Las Palmas. La Guajira: bloqueo de la vía férrea del Cerrejón.


Norte de Santander: 120 personas detenidas en Silos, por el Batallón de Infantería No. 13. Caldas: bloqueo de la vía Manizales – Medellín.


Cesar: bloqueos en el sector de La Lizama y en el sur del Cesar.

Cauca y Nariño: bloqueo de la Vía Panamericana.


Es la geografía de los movimientos sociales que fractura y confronta las hegemonías de los capataces y mandamases de la elite dominante en la sociedad y el Estado.

Publicado enColombia
Domingo, 05 Junio 2016 09:04

Cauca indígena, heroico resiste.

Cauca indígena, heroico resiste.

Santos, que se vaya, pronto, Iragorri, el hacendado ganadero Ministro de agricultura, directo responsable de la masacre de los indígenas, en la Minga de la resistencia en curso.

No más engaños. No más mentiras. Que llegue la paz a Colombia.

No más terratenientes festinándose la paz.

 

 

Crece la Minga de la resistencia indígena y campesina. Vivimos épocas de transformación profunda del campo político propiciado por los vientos de paz y terminación del atroz y complejo conflicto armado nacional cuyos principales focos genéticos se ubican en el problema agrario, la exclusión política y el atropello a millones de víctimas.

 

Pero mientras en los diálogos de La Habana los delegados del señor Santos se rasgan las vestiduras pidiendo hipócritamente a la resistencia guerrillera que se haga política sin armas, en el departamento del Cauca, en Valdivia, en el Valle y en otros territorios, sus instrumentos de violencia represiva, tipo Esmad y grupos paramilitares/Gao que los subsidian, hacen política neoliberal asesinando y aplastando indígenas y campesinos integrantes de una protesta legitima y ética, por la justeza de sus demandas.

 

Mientras el señor De La Calle y compañía nos hacen maravillas dialécticas en diversos foros universitarios, sobre las excelsitudes de la democracia liberal vigente, en la Minga en curso las masas ponen en evidencia la farsa de esa democracia al comprobar el desconocimiento de los derechos políticos mínimos y el crónico incumplimiento de los compromisos adquiridos, que un burócrata, ficha de la reaccionaria hacienda ganadera sabanera y caucana, como lo es Iragorri, el Ministro de los terratenientes, se ha encargadao de llevar hasta los extremos, provocando el airado levantamiento en curso, que ya se cobra varias vidas indígenas en los municipios caucanos como Jambalo, Mondomo y Piendamo; y en Buenaventura.

 

Mal mensaje para el Tratado final de paz, que vera su incumplimiento y defraudación sistemática. De nada servirán blindajes y aseguramientos jurídicos. Les importara un bledo eso, como lo confirman los acontecimientos en curso.

 

Además de pedir perdón por su aberrante incumplimiento a los indígenas, el Señor Santos debería darle un viraje radical a esa desueta institucionalidad agraria que gerencia Iragorri y su familia encabezada por su progenitor, uno de los más oscuros gamonales liberales, con tentáculos en todas las marcas electorales del establecimiento oligárquico. Hasta doña Paloma Valencia, la dama de hierro del innombrable, es comensal en este festín de momios.

 

Para ser creíble, Santos debe despachar a su hombre de confianza en el Ministerio de Agricultura, al señor Iragorri, quien es sostenido en esa entidad por los sectores más recalcitrantes de la ultraderecha del agro colombiano, quienes lo rodearon en la reciente crisis ministerial por ser uno de los suyos para que continuara allí enchufado.

 

Es un enemigo enmascarado de la paz, Santos. No se haga el de la vista gorda, hasta Germán Vargas Lleras lo confiesa en privado.

 

Es el saboteador maquillado que con su cinismo ha provocado las recientes muertes de líderes y militantes de la resistencia indígena y agraria.

 

La directa responsabilidad de la heroica sangre indígena que corres es de este flamante hacendado sabanero.

 

Ya son varios los aborígenes masacrados por el Esmad y más de 200 han recibido atropellos violentos de la horda policial que hace política con las armas, de manera ilegitima porque es contra el pueblo indefenso y para blindar una estructura social elitista.

 

Willington Quibarecama Naquirucama de 26 años, falleció en hechos violentos en el sector La Delfina de la vía a Buenaventura.

 

Gersaín Cerón del Resguardo Sat Tama Kiwe del municipio de Caldono, y Roger Díaz, del Resguardo La Aguada del mismo municipio, fueron identificados los indígenas que murieron por las balas escondidas del Esmad en el Rosal.

 

La Minga sigue en 40 sitios de Colombia y la delegación de Ministros, politiqueros de oficio, maniobran en la María/Piendamo, con jugadas de manzanillos, para no atender las peticiones de las organizaciones que reclaman la declaratoria de una Emergencia Económica, Social y Cultural. Y garantías efectivas para la protesta y huelga

 

Viene una próxima semana de niveles superiores de resistencia y es necesario que los colombianos respaldemos con nuestra movilización y protesta a los indígenas originarios de estos territorios.

 

Son nuestros hermanos y tenemos que agarrarnos de las manos con ellos para marchar por la paz con justicia social y por la libertad.

 

 

Publicado enColombia
Miércoles, 01 Junio 2016 10:23

Artículos e informaciones

Artículos e informaciones

 

 

Logros –parciales– de quince días de Minga

por Daniel Vargas
Martes 14 de junio de 2016

El paro avanza se hace fuerte. Viva la Minga

por Daniel Vargas
Viernes 10 de junio de 2016

 

 La geografía política de la Minga Agraria y de la resistencia

por Horacio Duque
Miércoles 8 de junio de 2016

 

Minga agraria repertorio de la protesta y bloqueo de la panamericana en el Cauca
por Horacio Duque / María Fernanda Q. Alzate
Martes 7 de junio de 2016

 

El Manifiesto agrario
por desdeabajo
Martes 7 de junio de 2016

 

Minga agraria repertorio de la protesta y bloqueo de la panamericana en el Cauca
por Horacio Duque / María Fernanda Q. Alzate
Martes 7 de junio de 2016

 

Algunas lecciones de 6 días de minga
por desdeabajo
Lunes 6 de junio de 2016

 

Cauca indígena heroíco resiste
por Horacio Duque
Domingo 5 de junio de 2016

 

En pie de lucha comunidades, étnicas y populares
por Allan Bolívar Lobato
Jueves 2 de junio de 2016 

 

Pliego Cumbre Agraria. Campesina, étnica y popular
por Cumbre Agraria Campesina Étnica y Popular
Jueves 2 de junio de 2016 

 

Rostros y repertorio de la resistencia agraria
por Horacio Duque
Jueves 2 de junio de 2016

 

Minga Nacional Agraria exige trato político y no militar y represivo
por Cumbre Agraria Campesina Étnica y Popular
Miércoles 1 de junio de 2016

Minga de resistencia indígena, campesina y popular*
por Horacio Duque
Martes 31 de mayo de 2016

Campesinos realizan hoy paro agrario en Colombia
por Telesur
Lunes 30 de mayo de 2016

Mayo 30: La Minga Nacional llama ¡a la calle!
por Andrea Álvarez Ome
Jueves 26 de mayo de 2016

Periódico desdeabajo Nº224, Mayo 20 - junio 20 de 2016

Hacia una minga nacional, agraria, campesina, étnica, popular y urbana
por Héctor-León Moncayo S.
Martes 17 de mayo de 2016

Minga de resistencia indígena, campesina y popular.*

Estalla, nuevamente, la movilización popular y la protesta social con la Minga indígena, campesina, afrodescendiente y popular.

 

Nuevas batallas contra el neoliberalismo, el agronegocio, los tratados de Libre Comercio y la represión gubernamental con la máquina de terror que es el Esmad.

La paz no puede ser el silencio de los sepulcros y la negación de la resistencia y la rebelión popular.

!Viva la Minga de los indígenas y los campesinos!

Está en curso, desde el 30 de mayo en importantes espacios del territorio nacional, una amplia movilización social que incorpora indígenas, campesinos, afro descendientes y sectores populares para exigir el cumplimiento de pliegos pactados desde hace varios años, incumplidos e ignorados por el gobierno del señor Santos.

La acción colectiva tiene como cabeza de liderazgo a la Cumbre agraria, campesina, étnica y popular, que está planteando un conjunto de demandas políticas, identificadas con los derechos a la libertad de expresión, de movilización y protesta; sociales, asociadas con las inversiones
estipuladas en anteriores acuerdos para atender necesidades apremiantes de las poblaciones más pobres y excluidas. Además, con la derogatoria de la Ley de Zonas de Interés de Desarrollo Rural Económico y Social (Zidres) o Ley 1776 de 2016. Lo que se hizo con esa ley fue intensificar el modelo de agroindustria que hoy impera en el campo, el cual no favorece a las comunidades campesinas, sino a los grandes empresarios o a las multinacionales del agro.

Una petición central del movimiento social en curso es el desmonte del Esmad, un dispositivo policial violento que es utilizado para aplastar el derecho a la protesta y la movilización popular.

Prueba de la naturaleza violenta y autoritaria de esa infernal maquinaria de atropellos es lo que ocurre en el transcurso del día con las acciones en curso.

En efecto, la Organización Nacional Indígena de Colombia – ONIC, está denunciando que en el marco de la Minga Nacional Agraria Étnica y Popular, siendo las 11:15 de la noche del 29 de mayo, fue asesinado el compañero indígena Embera, WILLINGTON QUIBARECAMA NEQUIRUCAMA, de 26 años, perteneciente al resguardo indígena Dachini, del municipio de Trujillo, Valle del Cauca; quien falleció por traumas cráneo encefálicos, al ser atropellado por una tanqueta del Esmad, quien cayó a más de 20 metros de altura en el viaducto la víbora.

En el mismo hecho, resultó herido de gravedad el indígena MANUEL JOVEL DAGUA, en el brazo izquierdo a la altura de la muñeca, y otros con problemas de salud por intoxicación de gases. En la madrugada de hoy estaban extraviadas cinco personas de las cuales dos han aparecido. El compañero asesinado dejó cuatro hijos huérfanos. En horas de la mañana, la Fiscalía se encuentra realizando el levantamiento del cadáver.

Este accionar es parte de la Minga, liderada en este punto por la Organización Indígena del Valle del Cauca–Orivac y Asociación de Cabildos Indígenas del Valle del Cauca-Aciva R.P., cuando sus comunidades se trasladaban a los puntos de concentración, fueron atacados por el Esmad, a la altura de la carretera Cabal Pombo (viaducto la víbora) que comunica a Cali y Buga con Buenaventura, del Resguardo Trujillo del corregimiento La Delfina.

La ONIC solicita la presencia de los organismos institucionales encargados de velar por los respetos de los derechos humanos y exige investigar administrativa, disciplinaria y penalmente las responsabilidades de los autores de estos hechos hasta lograr la individualización y judicializar a los responsables.

La Onic demanda de manera inmediata por parte del presidente Juan Manuel Santos, ordene el cese inmediato de las acciones bélicas, represivas y agresivas por parte del ESMAD, quienes vienen haciendo uso excesivo de la fuerza.

A las autoridades civiles del departamento de Valle del Cauca y al Gobierno Nacional les exigen las garantías necesarias para el ejercicio de los derechos a la libre movilización, a la protesta social, a la asociación y libertad de expresión, se solicita protección y acompañamiento, en los municipios donde haya presencia de comunidades indígenas, en su atención, para ofrecer garantías de seguridad y derecho a la protesta.

En el sur del Huila hay concentraciones indígenas y campesinas.

Por su parte, el Comité de Integración Social del Catatumbo/Cisca, ha organizado la acción popular y está denunciando al conservador gobernador de Norte de Santander Villamizar por sus peligrosos señalamientos de la protesta como un paro armado y terrorista para justificar la arremetida violenta de los militares y los paramilitares del GAO.

El Pliego levantado por el Cisca recoge las más importantes demandas de los campesinos del Catatumbo, engañados por las falsas promesas del gobierno y la demagogia de los politiqueros del clientelismo y la mermelada que pretenden sobornar con limosnas a los líderes agrarios independientes y combativos.

Apoyamos y somos solidarios con las justas movilizaciones campesinas e indígenas. Respaldamos sus pliegos y derechos.

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Campesinos realizan hoy paro agrario en Colombia
Los labriegos protestan por el incumplimiento de los compromisos del Gobierno en pactos anteriores. Se espera que 27 departamentos se movilicen.
 

 

Campesinos, indígenas y trabajadores del campo colombiano realizarán este lunes un paro cívico y una movilización pacífica denominada Minga Nacional Agraria, Campesina, Étnica y Popular, con la cual pretenden enviar un mensaje al gobierno que indique el rechazo del modelo económico, de libre comercio y repudio a los paramilitares que aún operan en su territorio.

 

"Luego de los incumplimientos del gobierno colombiano a los distintos acuerdos firmados con el sector campesino, La Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, hace el llamado a la Minga nacional agraria, una serie de movilizaciones, marchas y diversas acciones de protesta que se desarrollaran a partir del 30 de mayo a lo largo y ancho del país", reza un comunicado emitido por la Cumbre Agraria Étnica y Popular.

 

Omar Fernández de la Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia (Comosoc) declaró a teleSUR que “a dos años de haber iniciado esta negociación con el gobierno nacional, en ninguno de los ocho puntos del pliego se ha logrado avanzar de una manera clara y ostensible”.


Esta movilización y concentración campesina nacional es convocada por la Cumbre Agraria Étnica y Popular y el Congreso de los Pueblos, apoyados por movimientos ambientales y el movimiento agrario nacional. Se espera que la movilización se realice en 27 departamentos del país.


El paro agrario cuenta con el apoyo de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), de la Marcha Patriótica, de movimientos campesinos, estudiantiles, sindicales y populares, así como de transportadores y organizaciones agrícolas.
Durante las movilizaciones de calle, los trabajadores exigirán que se reconozcan las zonas de reserva campesina, los territorios indígenas y ancestrales, las zonas agroalimentarias y los territorios afrocolombianos.


Indígenas han denunciado que los territorios se han visto afectados por la implementación de un modelo agroindustrial y mineroenergético que está generando despojo de territorios. En ese sentido, exigen que se derogue la ley Zidres que ha promovido inversión por parte de multinacionales y daño a pequeños productores campesinos de Colombia.


Por su parte, el gobierno de Juan Manuel Santos considera que no ha incumplido los acuerdos de 2013, sino que ha destinado recursos para satisfacer las demandas y que el propio Santos, los ministros y otros altos funcionarios han sostenido múltiples reuniones con voceros de los movimientos agrarios con una clara disposición al diálogo.

 

 

¿Qué exigen?

 

Jimmy Moreno, dirigente del Congreso de los Pueblos y vocero de la Minga, plantea que la exigencia principal de las comunidades campesinas y étnicas es que el Gobierno cumpla sus promesas, "porque en medio de sus discursos sobre la paz que se avecina hay aspectos puntuales, que de no solucionarse de manera prioritaria, se van a convertir en serios obstáculos en un ambiente de posconflicto".


El principal rechazo de la comunidad recae sobre la Ley de Zonas de Interés de Desarrollo Rural Económico y Social (Zidres), una ley que enfoca el desarrollo agropecuario en zonas donde se requiere alta inversión, y que lo que propicia es la intensificación del modelo de agroindustria, el cual ya impera en el campo y no favorece al pueblo, sino a los grandes empresarios y multinacionales del agro, según Moreno.


El campesinado también se queja sobre el otorgamiento de licencias para la explotación minera en ecosistemas estratégicos sin la previa consulta de la gente afectada en esas regiones. El modelo minero no respeta la autonomía territorial y pasa por encima de la defensa de los territorios, la preservación de las fuentes hídricas y la economía campesina.

 

Ver también: Hacia una Minga Nacional, Agraria, Campesina, Étnica, Popular y Urbana.

 

 

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