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El mundo se adentra en la recesión
Los flujos del comercio mundial descienden más que en la crisis financiera de 200812 Los malos augurios comienzan a sumar cifras a su causa. La economía mundial enfila el camino de la recesión. La primera gran tormenta desde la fatídica Gran Recesión. La quiebra de Lehman Brothers parece un... Leer Más
600 muertos después, Suecia mantiene su...
El Gobierno sueco persiste con los planes menos intervencionistas de Europa, basados en recomendaciones y prescindiendo de órdenes de confinamiento El aumento de muertes hace que el Gobierno reclame las competencias que le permitan dar un giro y aprobar medidas excepcionales por decreto Hay un... Leer Más
Después de la pandemia, ¿todo seguirá igual?
A toda velocidad, mostrando con orgullo cuál es el más capaz, como sucede en una carrera de cien metros planos, así están sobre la pista China y Estados Unidos, pero también Australia, Alemania, España, Francia. En todos y cada uno de estos países, sus equipos científicos, con antecedentes... Leer Más
Pandemia, geopolítica y colapso
Vivimos una realidad impensable hace un mes. La pandemia y el despliegue asociado a ella (confinamiento incluido) nos han cogido por sorpresa. La respuesta inicial ha sido aprovechar el confinamiento para reflexionar [1]. Pero pasadas ya casi tres semanas es necesario arriesgarse desde la... Leer Más
“La violencia de género es una pandemia...
12 mujeres han sido asesinadas durante la cuarentena en Colombia. Ana Güezmes, Representante de ONU Mujeres en el país andino, habla sobre los impactos de la pandemia en las mujeres Entre el 20 de marzo y el 4 de abril, 12 mujeres fueron asesinadas en Colombia. La cuarentena obligatoria para... Leer Más
Embajada de Colombia en Australia deja a 270...
El coronavirus fue la chispa que aceleró el colapso del sistema mundo capitalista, evidenciando que las fuertes políticas neoliberales aplicadas durante décadas solo conllevaron a la precariedad presupuestal en diversas instituciones gubernamentales. Dentro de estas instituciones la Cancillería... Leer Más
Confinamiento: efectos colaterales
Nada nos hace pensar que saldremos de ésta fortalecidos y solidarios. Más bien será el aturdimiento el que se imponga, y los impulsos más oscuros del “sálvese quien pueda”. Por supuesto que habrá excepciones: las redes comunitarias se reforzarán como una necesidad vital, la amistad se habrá puesto... Leer Más
El último llamado de la naturaleza
James Lovelock es el científico inglés quien junto con la bióloga Lynn Margulis, postularon y demostraron que el planeta Tierra es un organismo vivo, dotado de mecanismos de autocontrol que son tremendamente delicados y frágiles. A toda su demostración, que es científicamente impecable, se le... Leer Más
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Las muertes sin respuesta del Paro Nacional en Ecuador

Son once historias. Once nombres muy poco pronunciados después del fin del Paro Nacional en Ecuador, que movilizó a miles de personas durante once días en octubre del 2019, y fue el primer paso de un multitudinario camino de protestas en otros países de América Latina, contra las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la desigualdad que ha generado el neoliberalismo en la región.

De los once asesinados y fallecidos, más de la mitad son indígenas, tres son jóvenes y uno es adolescente afro descendiente. Antes de morir en octubre durante el Paro, ellos eran  campesinos, agricultores, ganaderos, albañiles, estudiantes, electricistas, estibadores, mingueros, empleada pública, obreros, cantores. A uno le gustaba el punk contestatario; a otro, cantar música popular en las fiestas comunales. Uno, dos, siete, nueve hijos e hijas; en total veinte y tres huérfanos, la mayoría de padre, y dos de madre. También hay varios que dejaron a sus madres y padres sin su sustento de vida, pero esta pérdida no tiene nombre en castellano; nadie puede nombrar lo que siente Himelda Rivera, Gloria Bone, o María Aurora Chilpe  por haber perdido a uno de sus hijos. Muchos tienen apellidos de ascendencia indígena y afro. Esto en Ecuador, un país con una historia colonial, otorga en la mayoría de los casos características socioeconómicas bajo la línea de la pobreza.

Segundo Inocencio Tucumbi Vega, Marco Humberto Oto Rivera, José Daniel Chaluisa Cusco, Gabriel Antonio Angulo Bone, Edison Eduardo Mosquera Amagua, Abelardo Vega Caisaguano, Edgar Yucailla, Raúl Chilpe, Silvia Marlene Mera, José Rodrigo Chalouisa, Francisco Quiñonez Montaño, fallecieron en el Paro Nacional de octubre en Ecuador,  según la lista que confirma la Defensoría del Pueblo. Las muertes de nueve de ellos se dan en un contexto de control de la protesta, donde participa la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas durante la vigencia de un Estado de Excepción, y en algunos casos, de un Toque de Queda;  sin embargo, la responsabilidad de las muertes se encuentra en investigación judicial. Apenas dos muertes se dan por accidentes de tránsito, sin participación directa de la Fuerza Pública.

¿Quiénes eran las personas que murieron en el Paro de Ecuador? ¿Cómo ocurrió su muerte? ¿Tiene responsabilidad la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas o sus muertes fueron accidentales?.

Ante el silencio y la falta de respuesta de las autoridades, sus familias decidieron contar sus historias. En este especial compartimos un perfil de cada uno de ellos, acompañado de un retrato ilustrado por ocho artistas gráficas. Tener una imagen de sus rostros es un ejercicio clave para la memoria, como los grafitis que se encuentran en las paredes del barrio Comuna Trece en Medellín de los “falsos positivos”, como los rostros delos 43 normalistas de Ayotzinapa, las fotos que lleva en sus manos una abuela o una madre en la Plaza de Mayo, el rostro de los desaparecidos en Chile, y tantas otras imágenes necesarias para la memoria de la lucha de los pueblos en América Latina, que los poderes quieren que se olvide.

Marco Oto

Libre

Amante de la música punk y de los animales. Marco tenía 26 años cuando falleció después de caer del puente de San Roque, en Quito, en una persecución policial a pie y en motos. Marco vivía en Atucucho con su familia y era parte del movimiento juvenil punk de Quito. Leer más

Inocencio Tucumbi

Semilla de liberación

El compañero que siempre acompañó las luchas. Él que alegró las fiestas con su banda musical. Inocencio Tucumbi tenía 50 años, salió con su familia desde su comunidad, en el cantón Pujilí, provincia de Cotopaxi hasta Quito para apoyar el Paro Nacional. Falleció la noche del 9 de octubre durante un ataque de la policía nacional en la zona de la Universidad Salesiana. Leer más

José Daniel Chaluisa

El cargador de luchas

De lunes a viernes se dedicaba a estibar en el Mercado San Roque, en la ciudad de Quito, y cada que podía viajaba hasta su comunidad, en Zumbahua, cantón Pujilí, donde le esperaban su esposa, nueve hijos y un nieto. Al igual que otros cargadores y comerciantes del mercado, José Daniel, de 40 años, salió a protestar. Tras una persecución policial sobre el puente peatonal José Daniel cae y muere varios días después en el Hospital Andrade Marín en Quito. Leer más

Edison Mosquera

“Nos robaron una parte de nuestra vida”

Edison aceptaba toda chaucha posible para mantener a sus hijos gemelos, ayudaba a sus padres, cuidaba a sus abuelos y estudiaba para sacar una tecnología. Edison se unió a la protesta contra las medidas económicas y, en un enfrentamiento con la policía en el sector de Cumandá, recibió un impacto de bala en su cabeza. Edison falleció seis días después en el hospital. Leer más

Edgar Yucailla

Soñar en el páramo de Chimborazo

Edgar soñaba con formar una productora de lácteos que pertenezca a su comunidad Sablog, del cantón Guamote, provincia de Chimborazo. Edgar, de 32 años y padre de una hija, llegó a Quito junto a su comunidad el 10 de octubre para apoyar la protesta. Fue impactado en su cabeza por un proyectil. Falleció después de 17 días en Cuidados Intensivos en el Hospital. Leer más

Gabriel Angulo Bone

«Respira mi negro»

Gabriel tenía 15 años, le apasionaba jugar fútbol con sus amigos del barrio Elsa Bucaram, en el cantón Durán y era hincha del Barcelona. El 7 de octubre, Gabriel con seis amigos y amigas fueron hasta el Puente de la Unidad Nacional para ver la llegada de los indígenas. En el contexto de represión, un policía le dispara una bomba lacrimógena que impacta directamente en su pecho y lo mata. Leer más

Abelardo Vega Caisaguano

Las manos solidarias del Mercado Mayorista

Abelardo migró desde Pujilí a Quito para trabajar. Él tenía un puesto de venta de frutas en el Mercado Mayorista. Durante el Paro se organizó con compañeros comerciantes para llevar comida a las y los manifestantes todos los días hasta la Casa de Cultura y los centros de acopio. El 12 de octubre fue atropellado por un vehículo en medio de un enfrentamiento con militares y policías, en el sector de Turumbaba, en el sur de Quito. Leer más

Raúl Chilpe

El cantor de las mingas

En la pequeña comunidad llamada Luz María, en Molleturo, cantón de Cuenca, Raúl de 37 años era muy conocido, no se perdía una minga, siempre dispuesto a ayudar a sus vecinos, animaba los eventos comunitarios. Él vivía con su madre y era su sustento económico. Raúl muere al ser embestido por un vehículo en la carretera Cuenca-Molleturo. Fue la primera persona registrada como fallecida durante el Paro Nacional. Leer más

Silvia Marlene Mera Navarrete

El recuerdo de tres corazones

Silvia tenía 35 años y residía en Malchinguí, parroquia del cantón Pedro Moncayo de la provincia de Pichincha. Silvia fue la séptima muerte en registrarse durante el Paro Nacional y es la única mujer en el listado de víctimas mortales. Leer más

Su nombre está en la lista de fallecidos confirmados por la Defensoría del Pueblo, pero no pudimos acceder a mayor información, ni tener contacto con sus familiares. Según la Defensoría, José Rodrigo muere después de ser atropellado por Policías en caballos en el sector del parque el Arbolito, la misma noche en que es herido Inocencio Tucumbi.

Su nombre está en la lista de fallecidos confirmados por la Defensoría del Pueblo, pero no pudimos acceder a mayor información, ni tener contacto con sus familiares. Según la Defensoría Francisco muere atropellado por un auto militar.

El Paro Nacional en Ecuador duró once días. Desde el primer día el presidente Lenin Moreno, decretó un Estado de Excepción, permitiendo con esto la participación de las Fuerzas Armadas en el control de las protestas.

Cuatro, de las once personas fueron heridos y muchos fallecieron el lunes 7 de octubre, quinto día del Paro Nacional, cuando la Policía Nacional realizó fuertes operativos de control.

 

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No hay paz para un Caribe colombiano que aún espera al Estado

La desatención del Estado en la Sierra Nevada de Santa Marta ofrece vía libre para que estructuras criminales impongan su ley. A sus habitantes no les queda más alternativa que sostenerlas, mientras dejan un rastro de sangre detrás de sí.

 Si los días 14 no existiesen, los días previos no serían tan duros para Saida García. “Quisiera que se borrara este número de todos los meses del calendario”, dice cuando se cumple un año del asesinato de su marido. Ella, lideresa social de Perico Aguao, pueblo que se encuentra dentro del caribeño Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta, renuncia a ocultar su identidad tal y como había hecho en otras ocasiones: “Wilton [Orrego] y miles de víctimas que quedan en la impunidad en Colombia lo merecen”.


Las personas defensoras de derechos humanos, y por ende sus familias, viven en alerta permanente en Colombia, que se erige como el país latinoamericano que registra más asesinatos a este colectivo. Según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ), desde la firma de los acuerdos entre las FARC y el Gobierno, hasta el 8 de septiembre de 2019, ya serían 666. En La Lengüeta, sector de la Sierra Nevada donde se encuentra Perico Aguao, estos tres años de postacuerdo no han alterado “en nada” las dinámicas de ilegalidad, asegura Luis Trejos, director del Centro de Pensamiento UNCaribe.


La organización guerrillera nunca llegó a ejercer control en la zona, ya que se lo impidieron las autodefensas y los paramilitares de extrema derecha que ahora, bajo nuevas denominaciones (los Pachenca y el Clan del Golfo), vestidos de civil, con armas cortas y con importantes líderes extraditados a Estados Unidos, siguen manteniendo su dominio sobre el territorio. “Ofrecen seguridad, administran justicia y posibilitan la ampliación de la oferta turística a cambio de extorsión”, según Trejos, que asegura que aquellas personas que no pagan son sancionadas “con violencia directa contra ellas o sus bienes”.


Quienes regentan negocios no hablan de estas dinámicas a los cuatro vientos y, de hecho, a primera vista no son fáciles de detectar, pero la prudencia generalizada encuentra sus grietas. “No hay otra, toca aceptarlo y punto”, dicen con resignación algunos ciudadanos. Ante la falta de alternativas, se ha dado una normalización de este día a día, sin que ello implique necesariamente un apoyo explícito. “El Estado ha dejado la zona en el olvido y la gente necesita una seguridad que estos grupos, de cierta forma, les subministra”, apunta un trabajador de la zona.

LA PARTE BUENA Y LA VERDAD


“¿Quieres saber la parte buena del turismo o la verdad?”, se le escapaba al calor de un día festivo de finales de 2018, a un policía de Palomino, localidad vecina de Perico Aguao y destino al cual se dirigían estas pasadas Navidades Natalia Jiménez y Rodrigo Monsalve. La pareja, que estaba celebrando su luna de miel, nunca llegó al pueblo y sus cuerpos sin vida fueron encontrados a escasos tres kilómetros de la tumba de Orrego. Habían sido víctimas de un robo, según la versión de la Fiscalía.


“Llama mucho la atención que un país con altos índices de impunidad resolviera en pocos días este crimen”, asevera Trejos. Si prácticamente la totalidad de actividades turísticas y comerciales pagan extorsiones a cambio de seguridad, ¿por qué una pareja recién casada es hallada muerta? Según la principal asociación de hoteles de la zona, fueron víctimas de un “hecho aislado que no define a este territorio”. En ese caso, ¿el asesinato de Orrego solo fue un hecho aislado más?


Los motivos de estos crímenes se funden entre el cuchicheo y las teorías de la gente del territorio, pero diversos analistas coinciden en que lo más probable es que el asesinato de Jiménez y Monsalve se debiera a su actividad como ambientalistas.


Lo cierto es que no solo la pareja y Orrego, guardabosque de la Sierra Nevada desde 2015, ya no recorren este sector del parque nacional. En noviembre se supo que el director del área protegida, Tito Rodríguez, se había exiliado a Canadá. Ante estos hechos, otro trabajador de la institución, que pide mantener el anonimato, asegura no saber si va a seguir con sus tareas: “Me he sentido bastante abatido todo el año”, afirma. La preocupación y la sensación de amenaza vienen de largo. En su caso, hace ya unos años vio cosas relacionadas con el narcotráfico mientras trabajaba que “no tendría que haber presenciado”.


Hablar de la Sierra Nevada es hablar de una ruta estratégica para el tráfico de cocaína, que tiene el privilegio de conectar con embarcaderos desde donde es distribuida. Pero es que además, el 90% de este espacio natural es reserva de los pueblos indígenas Arhuaco, Kogui, Wiwa y Kankuamo y, como la mayoría de los Parques Nacionales de Colombia, tiene problemas de uso, tenencia y ocupación del territorio. En concreto, en La Lengüeta, donde se encontraron los cuerpos de Jiménez y Monsalve, y donde se produjo el atentado que acabó con la vida de Orrego.


LA LENGÜETA: INCUMPLIMIENTOS QUE MATAN


El hasta hace poco director del Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta, y ahora solicitante de asilo, ya no acepta entrevistas. Le preocupan las consecuencias que sus palabras puedan tener sobre los compañeros que siguen sobre el terreno. En 2018, en su oficina de Santa Marta explicaba que si la situación en La Lengüeta hubiese continuado como cuando él empezó como dirigente en 2013, “indudablemente” se podría estar hablado de “funcionarios muertos”.

El asesinato de Orrego, unas semanas más tarde, cogió por sorpresa y fue un golpe muy duro para el tejido social y, en especial, para la comunidad campesina de este área de la Sierra Nevada a la cual pertenecía el exguardabosque. Su padre, Amilcar Orrego, es una de las cabezas visibles del colectivo, así como García, su esposa, que sigue siendo una de las lideresas del mismo y que afirma sentirse bajo amenaza. Se debe, sobre todo, al hecho de no saber por qué le mataron: “Hasta el momento no ha habido ni un solo pronunciamiento”.


La organización de las familias campesinas en La Lengüeta empezó con la torpe llegada del Estado en 2005 cuando, por primera vez, funcionarios de Parques Nacionales Naturales comunicaron a los habitantes del área que vivían en una zona protegida y que allí no podían ni construir, ni cultivar. “Hasta ese momento, aquí no sabíamos qué era que llegaran proyectos del Estado ni sus instituciones”, explicaba García en su casa unas semanas antes del asesinato de su marido. “Hay familias que llevan más de ochenta años aquí, cuando ni siquiera existía la Troncal del Caribe”, aseguraba refiriéndose a la vía principal de la costa del norte de Colombia.


Pero a lo largo de los cuatro años que precedieron a la muerte de Orrego se llevó a cabo un proceso de diálogo, que Rodríguez aseguraba que había conseguido “resultados muy grandes”. De hecho, el mismo Orrego empezó a trabajar como guardabosque en 2015, dejando atrás su dedicación a la tala de madera. Eso sí, ya en esos días de finales de 2018, el director del parque alertaba de que estaban ante un “momento muy crucial” porque la gente no veía “respuestas efectivas del Estado” y por la presión sobre el territorio de unos intereses “desaforados” del sector turístico. A los pocos días de estas afirmaciones a puerta cerrada, una de las sedes de Parques Nacionales Naturales, ubicada en La Lengüeta, era incendiada.


Hay que tener en cuenta que la comunidad campesina no ha dejado de ver cómo los Gobiernos nacionales se suceden sin que ninguno cumpla con un antiguo compromiso: pagarles sus propiedades para que, así, el área protegida quede libre del actual impacto a la flora y la fauna, y para que los pueblos indígenas puedan gozar de su territorio ancestral. El reiterado incumplimiento deja poco margen de maniobra a unas familias vulnerables que deben seguir viviendo en este entorno con muchas limitaciones.


Fuentes internas de Parques Nacionales Naturales apuntan que está en juego el modelo de desarrollo de la región. Uno de sus trabajadores afirma que “hay muchos intereses asociados a la construcción de hoteles en el área protegida”, e invita a poner más el foco en el poder y la influencia que tienen ciertas familias del Caribe. No solo “la bandita y el criminal” son una amenaza para el territorio, manifiesta.


El 14 de enero de 2019 muchos planes de futuro fueron sepultados en La Lengüeta. García tiene claro su mayor deseo para el año que acaba de empezar: que se haga justicia. En 2019 a la Sierra Nevada le arrebataron a Wilton Orrego, pero los recuerdos no se arrebatan ni pueden imponerse con violencia. Con las palabras de su marido en la cabeza, una lideresa social del Caribe colombiano resurge más empoderada para encarar el 2020: “Él siempre tuvo bien claro como tenía que comportarse en cada lugar”.

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Las extrañas consecuencias del asesinato de Suleimani: un bombardeo coreografiado y 176 muertes "por error"

- La inquietud sigue en Irán no tanto por la muerte de Suleimani, sino por la de los 176 pasajeros del avión ucraniano abatido el pasado 9 de enero por un misil iraní
- En el exterior, la respuesta coreografiada con Washington para limitar los daños y el derribo del avión han puesto en evidencia al régimen de los ayatolás
- El proyecto regional que con tanto esfuerzo construyó Irán ya no parece tan sostenible y en algunas partes está en una posición claramente inestable


El coche destrozado de Qasem Suleimani aún ardía cuando por todo Oriente Medio empezó a hablarse de las posibles consecuencias de su muerte. Se desataría el caos, la furia y la inestabilidad. Tal vez hasta una guerra. Tanto los que criticaban el asesinato como los que lo aplaudían estaban de acuerdo en algo: las cosas nunca volverían a ser iguales.


En una región que todavía está asimilando el impacto, esa máxima sigue vigente una semana después. Sin embargo, el asesinato más trascendental de los tiempos modernos no ha provocado hasta ahora el caos previsto por muchos. Al revés: las principales zonas donde el general iraní ejercía su extraordinaria influencia están, por el momento, extrañamente tranquilas.


Mientras tanto, la inquietud y la inestabilidad siguen en Irán, no tanto por su muerte, sino por la de los 176 pasajeros del avión ucraniano que en los días de pánico posteriores al asesinato de Suleimani murieron al ser alcanzados en el cielo por un misil iraní. Al orgulloso ejército iraní le traicionaron los nervios tras perder a su general más formidable y quedar en evidencia por un contraataque débil y parcialmente coreografiado con Washington. Tan abrumadora era la evidencia de su participación en el derribo del avión que no le ha quedado más remedio que admitirla.


A nivel internacional, el hecho de que la Guardia Revolucionaria iraní haya reconocido finalmente un error de sus artilleros funcionó relativamente bien. Su mea culpa ha contrastado de manera notable con las repetidas negativas de Rusia por el derribo, cinco años antes, del avión de pasajeros malayo MH17. Tras una semana de miedo, odio y catástrofe, el reconocimiento iraní es percibido como una forma de empezar de nuevo.


Pero en el frente doméstico las cosas no están igual. En Irán no ha caído bien el giro de 180 grados de la Guardia Revolucionaria ni el error colosal de derribar el avión. De la efusión de dolor y orgullo que revitalizó al régimen cuando llevaron los restos de Suleimani por todo Irán se ha pasado a la vergüenza. La mayoría de los misiles disparados contra las bases estadounidenses falló y lo más probable es que así estuviera planeado. Uno de los pocos cohetes que alcanzó un objetivo dio en el blanco equivocado. La Guardia Revolucionaria, la institución más poderosa del país, se enfrenta ahora al escarnio.


El cálculo de los líderes iraníes, que ante la contundencia de las pruebas consideraron menos perjudicial admitir el error que negarlo, puede salvarlos a medida que disminuya la ira de sus ciudadanos. Pero exponer a la Guardia Revolucionaria a un ridículo semejante no es algo que caiga bien, especialmente cuando se produce tan poco tiempo después de la muerte de un hombre que en casa se veía como incansable y en el extranjero como intocable.


La repentina desaparición de Suleimani es una conmoción brutal para los que lo han temido y reverenciado durante los 20 años en que se pasó por la región como un señor, imponiendo su voluntad y haciendo avanzar impunemente los intereses de Irán. Toda la ambición regional iraní manifestada en un hombre, una figura mesiánica a la que pocos se atrevían a contradecir. Mucho menos, matar.


Se pensaba que un final violento de Suleimani desencadenaría, probablemente, el caos. Pero ahora que está enterrado y los misiles del ejército, disparados –con la humillación nacional e internacional correspondiente–, el ánimo general en la región es de una extraña tensa calma.
Los poderosos agentes iraníes en el extranjero, como milicias chiíes, donde se pensaba que iba a producirse la reacción, se han quedado mudos. Los enemigos han empezado a relajarse después del alerta máxima en que los puso el ataque de los drones sobre Bagdad en la madrugada del 3 de enero. Y los rivales políticos se están acostumbrando a toda velocidad a vivir sin la formidable presencia de un hombre que, a menudo, se interponía en su camino.


En Turquía, Israel, Rusia y Arabia Saudí, los países que luchan con Irán por influencia y poder en la región, conocían bien a Suleimani. De las conversaciones producidas la semana pasada con los representantes de las cuatro potencias regionales se deduce una combinación de sorpresa por la muerte y alivio por las secuelas. La percepción es que la influencia de Irán en la región ha sido abruptamente debilitada.


Moscú parece tenerlo mucho más fácil ahora en Siria, donde Suleimani peleaba con Vladimir Putin la influencia sobre Bashar al Asad. Hasta que el sustituto de Suleimani desarrolle su propia autoridad, algo que probablemente no ocurrirá de la noche a la mañana, Rusia se ha quedado sin obstáculos aparentes para hacer su voluntad al margen de una visión iraní para la Siria de posguerra que nunca compartió.


En Líbano, la principal zona de proyección exterior iraní, Hezbolá está calibrando la situación tras la pérdida de su patrocinador más importante. Su líder, Hassan Nasrallah, fue considerado durante mucho tiempo tan intocable como Suleimani. Ahora se siente más frágil que nunca por un posible cambio de perspectiva en Israel, donde hasta ahora lo consideraban un objetivo demasiado arriesgado salvo en caso de guerra.


Arabia Saudí, archienemiga de Suleimani, también temía lo que podría desencadenar su muerte. La relativa falta de reacción regional, al menos por ahora, ha tranquilizado a la monarquía absoluta. En Turquía también sienten un mayor margen de maniobra para actuar en el norte de Siria y con los kurdos de la región, cuyas conexiones con Irán había sido difícil manejar en los últimos años.


En Irak, donde tal vez el peso de Suleimani se sentía más que en ningún otro país, se está calibrando cuidadosamente la nueva situación dentro del gigantesco entramado de representantes armado por el general tras la invasión estadounidense. La batuta de los socios de Irán se sentía en muchos de los asuntos iraquíes, pero eso también es menos verdad hoy que hace una semana.


El proyecto regional que con tanto esfuerzo construyó Irán ya no parece tan sostenible y en algunas partes está en una posición claramente inestable. Antes del asesinato, pocas de estas consecuencias podrían haberse dado por hechas. Y algunas podrían dar marcha atrás si el sustituto de Suleimani reafirma pronto su autoridad al frente de la fuerza Quds. Pero eso parece poco probable, teniendo en cuenta la extensión y profundidad del trabajo de Suleimani. La muerte de Suleimani marca un momento decisivo para Oriente Medio, es cierto, pero tal vez por motivos diferentes a los que sus amigos y enemigos habían pensado.


Traducido por Francisco de Zárate

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Sábado, 11 Enero 2020 07:06

La verdad sobre Soleimani

La verdad sobre Soleimani

Hay un momento sombrío en extremo en la versión fílmica de 1967 de A Man for All Seasons, el épico argumento de Robert Bolt sobre la negativa del canciller Tomás Moro a apoyar el divorcio de Enrique VIII: cuando Thomas Cromwell recluta al joven y arrogante maestro de escuela Richard Rich para que sea su espía. Más tarde Rich obtendrá la evidencia espuria que enviará a Moro al cadalso. Pero en esta primera reunión –en un pub londinense–, Cromwell ofrece a Rich un ascenso (y la consiguiente riqueza) a cambio de la mínima brizna de información que pueda usarse contra el nuevo lord canciller del rey Enrique.

Siempre he sospechado que las conjuras de los Tudor tienen algo en común con el mundo oscuro y extremadamente hipócrita de la política en Medio Oriente. Tal vez las obras de ficción de Saddam Hussein y Muammar Kadafi carezcan de la esencia de la Utopía humanista o de la música renacentista de milord Enrique, pero las feroces rivalidades y el temor a una muerte terrible que aflige a muchos líderes y a sus partidarios entre el Mediterráneo e Irán tienen mucho en común con las ambiciones personales que corrían como electricidad en la Inglaterra de Enrique.

Los puritanismos del nacionalismo espurio de Medio Oriente, así como su religión –junto con las superpotencias, felices de sacar ventaja de esas tonterías– se trasladan bastante bien cuando retrocedemos medio milenio. Para los crueles dictadores y prelados islámicos y sus facilitadores –palabra a la que volveré más tarde–, el apoyo de Wa­shington o Moscú es de suma importancia. El verdadero Moro estaba dispuesto a firmar de cuando en cuando la sentencia de algún obispo a la hoguera, en tanto Enrique, que disfrutaba de la espada, envió al patíbulo en la Torre de Londres tanto a Moro como, más tarde, a Cromwell. En vez de Estados Unidos y Rusia, léase el Papa y España.

Pero volvamos a esa escalofriante reunión en el pub de Londres donde Cromwell, representado sin afectación por Leo McKern, explica por qué humildes administradores como él tienen tantas dificultades para ayudar a que su rey consiga un divorcio que le permita un nuevo matrimonio del que pueda nacer un heredero, lo cual es, por casualidad, una constante preocupación de nuestros actuales príncipes y tiranos en Medio Oriente.

Nuestra función como administradores, dice un irritado Cromwell a Rich (el joven John Hurt), es minimizar los inconvenientes que esto va a causar.

La palabra clave, por supuesto, es in­convenientes, como Cromwell deja en claro. “Es nuestra única función, Rich: minimizar los inconvenientes de las cosas. Una ocupación inofensiva, dirías, pero no. A los administradores nadie nos quiere, Rich. No somos populares…”

Siempre sonrío cuando la película llega a este punto. He pasado toda una vida escuchando a funcionarios árabes e iraníes explicar la validez de su causa, los inconvenientes que impone a sus renuentes amos… y las enormes cargas y riesgos que ese trabajo significa para ellos. Un resbalón y el hacha del verdugo se alza en la Torre… o el dron llega en las primeras horas al aeropuerto internacional de Bagdad.

Vale la pena en estos días releer la notable serie de documentos iraníes de inteligencia que el sitio The Intercept y el New York Times publicaron hace menos de dos meses. Su procedencia no está clara todavía, y puedo ver por qué los escépticos afirman que fueron sembrados. Sugieren que Irán tiene mucho mayor poder económico y político sobre líderes árabes de lo que antes se sabía, y luego retratan a Qasem Soleimani no tanto como un monstruoso fabricante de reyes, sino como un facilitador, alguien que hace (o hacía) que las ruedas del poder giraran a favor de Irán.

Los retratos fotográficos extremadamente vanidosos que Soleimani usaba –para incrementar su estatus supuestamente icónico y quizá sus probabilidades de alcanzar la presidencia iraní– recuerdan el hábito renacentista de alcanzar la idolatría intelectual por medio del retrato. A Soleimani no le hubiera gustado la furtiva semejanza de Thomas Cromwell a sus cuarenta y tantos años en el retrato de Holbein el Joven, con la cara mofletuda y los ojos bizcos. En cambio, el retrato del mismo Holbein del embajador francés en Londres, Jean de Dinteville –el tipo a la izquierda en Los embajadores–, habría sido muy del gusto de Soleimani, quien habría admirado la alfombra de Medio Oriente en la que Dinteville se apoya… incluso con lo que se supone que es la figura de un cráneo en la parte inferior de la pintura.

Pero no adornemos el mundo de Soleimani con tal conocimiento. La descripción que el general David Petraeus hizo de él como una figura en verdad maligna, después de la invasión de Irak en 2003, no es lo bastante buena: más cercana es la del comandante canadiense en Afganistán, el general Rick Hillier, quien llamaba montón de escoria a sus enemigos talibanes.

El papel de Soleimani era bastante claro: poner los cimientos de un ­vínculo inquebrantable entre los chiítas de Irak, Siria (los alawitas) y Líbano, que los subordinase a Irán. Se dedicó a ello con determinación, con ingente trabajo y considerable inmisericordia, absorbiendo a ex agentes de la CIA –al parecer junto con sus contactos en Estados Unidos– mientras disfrutaba de la estima de los ministros iraquíes (y por consiguiente de los estadunidenses que los apoyaban) por atacar al Isis en Faluya y Mosul.

Soleimani podía ser obsequioso en extremo. Según uno de los documentos iraníes, que abarcan el periodo 2013-2015, buscó autorización del ministro iraquí de transporte para enviar provisiones humanitarias a Siria a través del espacio aéreo iraquí. Cuando el ministro accedió, relata él mismo, Soleimani se levantó, se acercó y me besó en la frente.

En cambio, otros documentos sugieren que los iraquíes, en especial los sunitas, estaban furiosos con Soleimani, a quien pintaban como un peligroso promotor de sí mismo, publicando retratos suyos en diferentes redes sociales. Tal vez aprendió sus técnicas de autopromoción del presidente de Estados Unidos.

También era demasiado cercano a los agentes de inteligencia en países no árabes, Turquía en particular. Pero su pecado más grave fue permitir sangrientas peleas sectarias entre milicias chiítas patrocinadas por Irán y árabes –tanto chiítas como sunitas– en aquellos países con los que Irán quería hacer causa común.

A los sirios a veces les costaba trabajo digerir la retórica de Soleimani. Recuerdo a un joven oficial del ejército sirio que me dijo, con una mezcla de respeto a Irán y cinismo: nos gusta que nuestros hermanos iraníes vengan a pelear por Siria, pero cuando nos dicen que han venido a morir, me pregunto qué quieren decir. No queremos que mueran: queremos que peleen. Y, desde luego, los iraníes sí peleaban, pero no en los números que afirmaban.

Los sirios se cansaron de los iraníes de Soleimani cuando alardeaban de victorias en las que no habían tenido parte. Cuando Soleimani se ufanó del papel iraní en la recaptura de Alepo –esta información no está en los documentos iraníes–, el ejército sirio enfureció. No hubo fuerzas iraníes en esa batalla. El Hezbolá libanés sin duda contribuyó en gran medida a la causa del régimen sirio, pero el propio comandante y presidente de Hezbolá, Sayed Hassan Nasrallah, declinó permitir que Soleimani tomara el control de los chiítas libaneses… y Soleimani sabía que era mejor no intentarlo.

Su verdadero error fue apoyar –como general del Estado, que es lo que era– a las milicias chiítas en Irak que estaban dispuestas a torturar o matar a sus enemigos (prisioneros sunitas, librepensadores chiítas, lo que fuera) para mantener el poder de Irán sobre el régimen. Esto es lo que en verdad significa minimizar los inconvenientes, porque los aliados de Soleimani en Irak se oponían a las manifestaciones contra la corrupción del Estado y dieron muerte a miles de manifestantes. Hasta el consulado iraní en el sur de Irak fue incendiado.

También Hezbolá en Líbano trató de reprimir las manifestaciones contra la corrupción, que no sólo pretendían poner fin al sectarismo, sino demandaban específicamente terminar con la interferencia extranjera. No es extraño que nadie quisiera a los administradores. Lo suyo no era ocupación inofensiva.

Esto, porque el legado de Soleimani fue un intento de realinear a las milicias chiítas, no del lado de la libertad o contra la corrupción –y ni siquiera del antisionismo–, sino del lado de un Irán cuyo poder era más importante que sus supuestas virtudes morales. En uno de sus últimos mensajes desde Abbottabad, Osama bin Laden se refirió a la necesidad de salvar a los musulmanes chiítas en la guerra de Al Qaeda contra Occidente. Los documentos iraníes registran cómo los servicios de inteligencia de Irán (los que trabajaban para el ministerio del interior) discutían ese mismo tema… en relación con el sufrimiento de los sunitas a manos de las milicias chiítas.

¿Qué más queda por decir? Bueno, recordemos tan sólo que Thomas Cromwell terminó igual que su víctima Tomás Moro: con la cabeza en el tocón.

Todo lo que quedó de Soleimani, en uno de sus dedos, fue un anillo con el que ponía sellos. En cambio, Richard Rich –y esas son las últimas palabras de la película– murió en su cama.

Traducción: Jorge Anaya

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En el lugar donde cayó Dilan Cruz hoy brota solidaridad y esperanza

Un sonido seco se escuchó segundos antes de que el cuerpo inmóvil de Dilan Cruz tocará el asfalto. El pasado sábado 23 de noviembre, sobre la Avenida 19 con Carrera cuarta, en pleno centro histórico de la ciudad de Bogotá, el olor asfixiante de los gases lacrimógenos y el estruendo de las granadas aturdidoras hacían que la multitud que se manifestaba pacíficamente corriera para protegerse del ataque del Escuadrón Móvil Anti Disturbios (Esmad).


Su cuerpo quedó tendido y algunas personas trataron de animarlo para que se levantara y siguiera corriendo. Dilan no respondió. La sangre comenzó a manchar la calle y allí comenzaron los gritos de desespero y rabia. Llegó una ambulancia que lo trasladó al Hospital San Ignacio, donde dos días después el joven de 18 años abandonaría este mundo.

 


La rabia y el dolor generadas por las denuncias y videos que mostraban el asesinato de Dilan, llevaron a que el mismo sábado se realizará una vigilia en el lugar donde cayó el joven. Muchas personas encendieron velas, llevaron flores, dejaron mensajes y lágrimas por esa persona que quizás nunca vieron o conocieron. Otros decidieron quedarse permanentemente en el sitio.


Ha transcurrido más de una semana y el lugar aún se encuentra lleno de flores. Las personas que pasan por allí se detienen a mirar en silencio el homenaje a Dilan, como tratando de enviarle con su pensamiento algún mensaje; otros se agachan para observar las carteleras, algunos simplemente observan fijamente la fotografía del joven convertido hoy en un nuevo mártir de esta patria herida, muerte de la cual comienza a brotar la solidaridad y la esperanza anhelante de construir otro país.

 

 


La Avenida 19 por Carrera 4 se va convirtiendo en un sitio de culto, tanto por el hecho violento que arrebató la vida de Dilan, testimonio de otros muchos actos de violencia que el poder infringe cada día contra los negados en sus barriadas, como por el esfuerzo de unas pocas personas por preservar la memoria del joven, denunciar su homicidio, denuncia silenciosa sobre el poder y sus formas de proceder, claramente violatorias de los derechos humanos.

 

 


Entre las personas comprometidas con este propósito está Iván Pulido, un docente del colegio Las Américas de la localidad de Kennedy, quien desde hace varios días integra el grupo de personas que han pasado las noches en este punto de la ciudad. Con él conversamos, acá este testimonio.


desdeabajo (da). ¿Cuál es la razón para permanecer en este lugar?
Iván Pulido (IP). Estoy acá porque Dilan era un estudiante de colegio distrital, del colegio Ricaurte, entonces eso es un elemento que une totalmente al magisterio alrededor de él. Asimismo, nosotros también estamos aquí, exigiendo el desmonte de ese escuadrón de la muerte.

da. ¿Cómo han vivido los días y las noches en este punto?
IP. Este punto se volvió importante, aquí se han presenciado actividades masivas que han bloqueado por completo la Avenida; se han realizado cacerolazos, vino la Guardia Indígena, todo el tiempo pasa gente a mirar y acompañar así sea un momento.

Las noches se pasan complicado, porque esta es una parte de la ciudad en donde pasan muchas personas que viven en las calles, pasan borrachos a hacer escándalos, algunos vecinos del sector nos han dicho que hay que levantar este espacio porque, según ellos, generamos mucho ruido.
A nivel de movilidad este es un punto estratégico, digamos esta mañana a eso de las 8 empezaron a pasar caravanas de escoltas con carros blindados, al parecer con altos funcionarios del Estado y pues esto les incomoda, este espacio les afecta la movilidad. Ya ha venido la policía y se acerca a hacernos mala cara.

da. ¿Cómo se han organizado para permanecer en el lugar?
IP. Yo llegué el jueves en la noche, cuando los que estaban quedándose estaban cansados y ya estaban pensando en levantar el punto, entonces fue cuando les dije que si era necesario yo me empezaba a quedar y así hemos empezado a hacer relevos.

Las personas disponen de su tiempo para participar. Digamos, a veces me quedo hasta las 10 de la noche, voy a descansar un rato y regreso a eso de las 2 o 3 de la mañana; hay otras personas que se quedan toda la noche y siguen derecho y descansan por las mañanas.

da. ¿Cuál ha sido la actitud de las personas que transitan por esta calle?
IP. Aquí vienen muchas personas que se acercan y dejan cosas, por ejemplo, mire este mensaje que dejó una niña “Hola Dilan, gracias por luchar”, el domingo unos niños pequeñitos vinieron y trajeron unas velitas. Esto es muy bonito, hay dificultades, pero pasan cosas que le entregan muchas fuerzas para seguir en la lucha social.


da. ¿Han tenido algún acercamiento con la familia de Dilan?
IP. No, ninguno. Ahorita a la familia de Dilan la tienen totalmente controlada, el Gobierno no permite hablar con ellos, lo que han hecho es cosas como ofrecerles una casa y así por el estilo. Por ejemplo, el entierro de Dilan fue totalmente secreto, privado, tenemos información que hasta a los docentes del colegio donde estudiaba les han dicho que no pueden hablar nada sobre Dilan.

da. ¿Qué esperan que suceda luego de que pase la coyuntura del Paro?
IP. Esperamos que pase algo con el tema del desmonte del Esmad. El caso de Dilan no puede quedar ni en el olvido ni en la impunidad, como el de Nicolas Neira que ya cumplió 15 años y siempre hay trabas para declarar tal caso como un crimen del Esmad y del Estado. Al parecer con el caso de Dilan quieren hacer lo mismo, y la tarea debe ser denunciar estos sucesos y exigir el desmonte del Esmad.

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Martes, 26 Noviembre 2019 06:09

Dilan, blowing in the wind

Dilan, blowing in the wind

¿Cuánto tiempo ha de pasar?

¿Cuántos muertos más habrá?

¿Cuántas vidas perdidas se necesitarán?

No sé si la respuesta estará en el viento, la ciudadanía es la que tiene ahora la palabra.

¿Hasta cuándo?

¡Basta ya!

Y no es una expresión vacua o el título de un informe más, es el grito que ha de sonar y volar como un silbido hasta hacer salir a este país de un letargo colonialista de dos siglos.

Ya no es tiempo de llorar, han sido océanos de lágrimas. Ya no es tiempo de resiliencia, son demasiadas mejillas abofeteadas.

Es tiempo de decir ¡basta ya!

No más Dilans, no más lideresas asesinadas, no mas voces silenciadas.

No más crímenes de Estado ni falsos positivos, no más Esmad, ni más mentiras políticas.

Por todas las personas caídas a manos del sinsentido de una violencia que es la única que debe morir

Por una Colombia en paz, con justicia social.

Váyanse, politicuchos de mierda (con perdón)

¡Elecciones, ya!

A Dilan y a todos los que dieron su vida por una Colombia en paz

“Si llegáis tarde un día

y encontráis frío mi cuerpo;

de nieve, a mis camaradas

entre sus cadenas muertos…

recoged nuestras banderas,

nuestro dolor, nuestro sueño,

los nombres que en las paredes

con dulce amor grabaremos.

Y en la soledad del muro

hallaréis mi testamento:

al mundo le dejo todo

lo que tengo y lo que siento,

lo que he sido entre los míos,

lo que soy, lo que sostengo:

una bandera sin llanto,

un amor, algunos versos…

y en las piedras lacerantes

de este patio gris, desierto,

mi grito, como una estatua

crucificada y rota, en el centro”

                                Marcos Ana

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Los Bolsonaro en la mira de la justicia por el asesinato de Marielle Franco

Trascendió que la policía trabaja sobre hipótesis de un posible vínculo

 

Un informe de una radio del grupo O Globo consignó que los investigadores apuntan a uno de los hijos del mandatario brasileño. Se trata de Carlos, quien también ocupaba una banca en el Concejo Deliberante de Río de Janeiro cuando la concejala fue asesinada.

El asesinato de Marielle Franco roza, o más que eso, a la familia del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Radio CBN, del grupo Globo, informó en la noche del miércoles que la policía de Rio de Janeiro trabaja sobre la "hipótesis" de que Carlos Bolsonaro, hijo del capitán retirado, puede estar ligado al crimen de la concejal del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) ocurrido el año pasado en el centro carioca. Mientras radio CBN reportaba sobre las "pistas" del atentado, un columnista de la revista Veja publicaba "tic, tac, tic, tac" en su blog, insinuando que una bomba política estaba a punto estallar.

Hoy Jair Bolsonaro explotó diciendo, en Brasilia, que la "izquierda" quiere envolver a su hijo en el atentado. Y el ministro de Justicia Sergio Moro consideró - también este jueves- un "disparate" establecer nexos entre el asesinato y el presidente.

Desde su banca en el Concejo Deliberante Franco había denunciado a las "milicias" paramilitares algo que, al parecer, podría haber al también concejal de extrema derecha Carlos Bolsonaro.

El diario Estado de San Pablo publicó este jueves una noticia que refuerza las sospechas: la policía de Rio "volvió a convocar para declarar a personas vinculadas a la concejal Marielle Franco y al concejal Carlos Bolsonaro(…) los investigadores intentan entender mejor cómo eran las relaciones entre ambos".

El 14 de marzo de 2018 Marielle y su chofer, Anderson Gomes, fueron ejecutados con una subametralladora. El matador sería Ronnie Lessa, quien descendió del auto que conducía Elcio Queiroz. Ambos pertenecen a una "milicia" y están presos por el asesinato.

Ese mismo día Elcio Queiroz fue al country donde viven Jair y Carlos Bolsonaro. El portero del predio declaró a la policía de Rio que el presunto cómplice del crimen pidió comunicarse con "Don Jair". Esta semana el portero – al parecer intimidado – desmintió su anterior declaración.

En ese mismo barrio privado ubicado en Barra da Tijuca, reside el supuesto matador Ronnie Lessa, quien tendría alguna relación con su vecino Jair Bolsonaro, junto a quien aparece abrazado en una foto.

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Domingo, 18 Agosto 2019 05:30

Universidades bajo S.O.S.pecha

Universidades bajo S.O.S.pecha

Fuimos muchos quienes perdimos a nuestros amigos, a ellos, quienes fueron alcanzados por las balas asesinas y cobardes, otros tuvieron que abandonar el país, a sus familias, sometidos a un exilio forzoso frente a las constantes amenazas. Recuerdo que cuando cursaba la Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Distrital, vivimos años sangrientos; uno de los mayores criminales del país, Álvaro Uribe Vélez, era el presidente y había emprendido una guerra siniestra bajo la supuesta “Seguridad Democrática”, en contra de estudiantes, docentes, sindicalistas, campesinos, indígenas, jóvenes y un largo etcétera. Veíamos en los pasillos, en las asambleas o en más de una ocasión los pasos de los infiltrados que se apresuraban cerca de nosotros: “Mejor no se pongan de sapos porque van a amanecer con la boca llena de moscos…”, nos decían.


En las marchas debíamos cubrir nuestros rostros, no salíamos a protestar un viernes porque caer en sus manos significaba un largo fin de semana de golpes y represalias. Nos organizamos en movimientos estudiantiles, marchábamos con la consigna: “Van a volver, las balas que disparaste van a volver, la sangre que derramaste la pagarás, los hombres que asesinaste no morirán, no morirán”, o íbamos a las distintas regiones junto a compas de otras universidades; de La Nacho, de la Pedagógica, del Mayor de Cundinamarca, siempre con el espíritu combativo de que entre todos podríamos cambiar nuestro país en guerra, preñado de terror. Herederos de los estudiantes quienes perdieron la vida en 1929, 1954 o 1973, a quienes recordamos el 8 y 9 de junio con la conmemoración del día del estudiante caído en Colombia.


El cerco en contra del pensamiento crítico ha sido una constante en el país, la imposición de políticas neoliberales que buscan privatizar la educación, la persecución paramilitar con el beneplácito del Estado y la complicidad de los medios masivos de comunicación. Persecución que hundió sus feroces garras en contra de profesores críticos como Miguel Ángel Beltrán, un luchador al servicio del pueblo, que durante varios años vivió en carne propia la perversidad de Álvaro Uribe. Fue injustamente criminalizado, ilegalmente capturado, bajo falsas acusaciones que lo llevaron a purgar varios años de condena en las inhóspitas condiciones de la cárcel. Sin embargo, allí floreció con mayor ahínco su pensamiento crítico.


Hoy en su incansable y comprometida labor nos entrega un libro que habla de esa realidad, recopila el proceder represivo del sistema estatal en: “Universidades bajos s.o.s.pecha: represión estatal a estudiantes, profesorado y sindicalistas en Colombia (2000-2019)”, acciones que se han querido mostrar engañosamente como casos aislados. Un texto más que vigente en la coyuntura de violencia política que se agudiza en el país, en el que nos muestra el panorama de las universidades públicas, la estigmatización de los medios de comunicación en Colombia ante la represión en la academia, las modalidades de la represión contra la comunidad universitaria y en el que se recupera la memoria de estudiantes, profesores y sindicalistas asesinados por la represión estatal.


Mientras existan resistencias y grietas de pensamiento crítico el muro del capitalismo que permea los más recónditos espacios, incluyendo la vida, tendrá que destruirse.

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Viernes, 26 Octubre 2018 05:38

Jamal Khashoggi entendía el poder

Jamal Khashoggi entendía el poder

Supe justamente lo que en realidad significó el asesinato de Jamal Khashoggi en el contexto de Medio Oriente cuando me di cuenta de a quién tendría que llamar para que me explicara. A quién iba a llamar por teléfono para enterarme de qué estaba pasando. Pues desde luego, hubiera tenido que llamar a Jamal Khashoggi y por eso es que su muerte es tan importante; porque era, como él mismo sabía, un solitario e importante periodista árabe que no escuchaba –ya no más– la voz de su amo. Ese fue su problema.

Este repugnante, peligroso, aterrador y sucio asesinato –porque no me van a decir que un hombre de 60 años que muere en una "pelea a puños" con otros 15 hombres no es un asesinato– no sólo muestra al gobierno saudita tal y como es, sino que nos muestra a nosotros tal como somos. ¿Por qué nos seguimos enamorando de los estados árabes –como también lo hace Israel– y después gritamos aterrados cuando resultan ser extremadamente desagradables y muy violentos?

Para responder a esta pregunta ya hay varias pistas. La reacción inicial de Trump al decir que la versión saudita era "creíble" –cuando claramente no lo era– fue el comienzo. Después, el asesinato se convirtió en "el peor en la historia de los encubrimientos". Fue la calidad del asesinato lo que le pareció perturbador, como pueden ver. Estos fulanos no sabían cómo borrar sus rastros. Ya había admitido que no quería renunciar a la venta de armas estadunidenses a Arabia Saudita. Nuestra querida primera ministra (británica) Therea May, además, se refirió a la horrenda muerte de Jamal diciendo que lo habían "matado" y no que fue "asesinado".

Posteriormente –y esto es un indicador puesto que nadie lo contradijo– tuvimos al ministro del Exterior saudita, Adel al Jubeir, quien describió el asesinato como un "enorme y grave error". "Error". Déjenme repetirlo: ¡ERROR¡

Al Jubier, ex embajador saudita en Washington que alguna vez se dijo víctima de un intento de asesinato en Estados Unidos, estaba hace un año dando lecciones a la prensa sobre la guerra contra Yemen y afirmó que Arabia Saudita "respeta las leyes humanitarias internacionales". Pues por lo visto lo que ignoran son las leyes diplomáticas internacionales. Pero esperen un minuto; Al Jubier –a quien conocí muy bien hace muchos años– es un hombre muy elocuente y bien educado. Su inglés es impecable. No se equivocó al usar la palabra "error". Lo que quiso decir –más bien creo que quiso decir– es que Jamal Khashoggi no debió haber muerto.

Jamal no debió haberse enfrascado en la famosa "pelea a puñetazos". Algo salió mal. Quizá los asesinos no entendieron qué debían hacer. Debió haber una rendición, no un asesinato. Quizá una plática amigable se salió de control. No estaban conscientes de sus propias fuerzas, Antes de darse cuenta, Jamal se estrelló contra sus puños, o el puño de uno de ellos. Ellos cometieron "un error" y por esta razón nos podemos olvidar del equipo de 15 golpeadores; eso sin mencionar al doble de Jamal que fue captado saliendo del consulado –aparentemente vestido con la ropa de Jamal, por amor de Dios– quien después tiró esa misma camisa, pantalones y saco en un basurero. Olvídense del científico forense y de la misteriosa camioneta negra. Y las dos semanas de negación de los hechos que cubrieron una descarada y total mentira desde el primer día. ¿Y esto fue un Error?

No debía extrañarnos, claro. Esta semana el "error" fue minimizado y se convirtió en un lamentable "incidente", según el ministro saudita, en una conferencia internacional de empresarios en Riad para la que numerosas compañías occidentales disminuyeron el rango de su representación al enviar a directivos secundarios en vez de principales al encuentro.

Mohamed bin Salmán –¿lo vieron sonriente con sus invitados y bromeando con el rey Abdullah de Jordania?– está totalmente limpio; eso debemos creer. Intocable e inocente. Puro como la nieve recién caída del cielo. Pero después de su guerra vil en Yemen, su arresto de los más importantes príncipes y nabobs (hombres muy adinerados de Oriente. N. de la T.) de Riad, su secuestro del primer ministro libanés y su asalto contra Qatar –con la exigencia de cerrar la cadena Al Jazeera (que ahora debe estar disfrutando mucho el torpe proceder saudita), ¿sería de extrañar que Mohammed bin Salmán se hubiera mezclado en algo que se salió de control aun cuando eso hubiera ocurrido y ahora nos digan que nada pasó? Un error, por ejemplo.

Si la guerra en Yemen puede salirse de control –incluso resultar un error–bueno, ¿qué puede esperarse cuando un grupo de golpeadores son llevados a Estambul a bordo de jets sauditas? Por cierto, me encantó el detalle de que volaron hacia distintos aeropuertos de Estambul, eso realmente confundió a los turcos ¿verdad? Quizá no fue el peor encumbrimiento de la historia.

Ciertamente fue un error.

Y todos debimos de haber notado, ¿no es cierto? la repulsiva e hipócrita cascada de indignación de parte de nuestros valientes y morales líderes occidentales ante el asesinato de Jamal. Han estado titubeando durante dos años sobre la guerra en Yemen, inventándole excusas y evitando la responsabilidad por ella, es muy obvio que les importa mucho, mucho más la muerte de Jamal que los 5 mil civiles que han perecido en el conflicto en Yemen. ¿Cuánto vale la muerte de un niño o de todos los asistentes a una boda comparados con el asesinato de Jamal? Supongo que siempre podremos encontrar excusas para las bajas en Yemen – "daños colaterales", "escudos humanos", "investigación a fondo", pero el asesinato de Jamal fue demasiado obvio, demasiado envuelto en mentiras, demasiado lleno de matones. Nosotros, al igual que el príncipe heredero –alabado sea su nombre– nos quedamos sin excusas. Dios nos libre pero ¿qué haríamos si se descubriese que el famoso cuchillo –siempre suponiendo que hubo un cuchillo y que Jamal fue desmembrado– y que éste fue fabricado en Scheffield?

Naturalmente, todos esperamos que Jamal no haya sido desmembrado. Si Adel al Jubier no lo sabe, y el cónsul saudita no lo sabe –y dado que ahora está a salvo, de vuelta en Riad, nunca lo sabremos– y si Mohammed bin Salmán tampoco lo sabe (porque él no puede saber nada de esta atrocidad) entonces todos esperamos que se le haya dado a Jamal un solemne y digno funeral musulmán; que se hayan dicho todas la plegarias de rigor para su alma y que su cuerpo haya sido sepultado –en secreto, desde luego– amortajado, sobre su lado derecho y con la cabeza en dirección a la Meca; la ciudad santa de la cual es protector el rey, padre de Mohamed bin Salmán.

Esto no habría sido fácil de hacer si, en efecto, Jamal fue partido en pedazos por nuestro científico forense favorito y llevado a la residencia consular o al bosque –como indica la versión oficial turca– para enterrarlo clandestinamente. Los perpetradores pensaron, debido a lo piadoso de su país y a su fe, que debían darle un funeral musulmán. Sin embargo, para entonces, deben haberse dado cuenta de que cometieron "un grave y terrible error". Según la ley islámica, un cuerpo mutilado debe ser cosido con sus partes en su lugar antes de ser amortajado. ¿Habrán cosido a Jamal? ¿Le habrán puesto una mortaja?

Por supuesto, se nos atora en el pescuezo el hecho de que el hombre que ha filtrado cada detalle de la impactante muerte de Jamal sea el mismo sultán Erdogan, quien ha encarcelado a 245 periodistas y tiene entre 50 mil y 60 mil presos políticos. Erdogan debe estar sacando provecho de esta macabra y terrible historia. Bueno, al menos él no los mutila a todos; asegura que fueron excarcelados tan pronto entraron a prisión, para luego admitir que no sabe dónde están sus cuerpos.

Y sí, este asesinato va a afectar a Turquía y a Arabia Saudita, a Egipto y Siria –y a Israel, que suspira con cariño por Mohamed bin Salmán– y desde luego afectará a Trump. Pero volvamos a la pregunta inicial de cómo es que los "buenos" acaban siendo malos. ¿Cómo es que agradables y moderados líderes que garantizan la "estabilidad" de Medio Oriente –y naturalmente incluyo aquí a los sauditas– acaban siendo tan horrendos? No me refiero a sus pueblos sino a sus autócratas y dictadores, reyes, príncipes y tiranos a quienes les sonreímos, a quienes halagamos, admiramos y ante quienes nos arrodillamos.

Ahora todos amamos al "moderado" y "estabilizador" régimen del presidente y mariscal de campo Sisi de Egipto. Pero, ¿quién recuerda ahora al estudiante italiano de la Universidad de Cambridge, Giulio Regeni, torturado con cuchillos y asesinado en El Cairo, quien fue hallado tirado a un lado del camino hace apenas dos años? Los italianos sospechan que los policías de Sisi cometieron el asesinato, incluso hubo en el caso una cámara de vigilancia que no funcionó. Estas cosas siempre pasan en el peor (mejor) momento. Los egipcios saben el nombre del principal policía sospechoso, pero el régimen ordenó olvidar el caso. Por lo tanto Roma y El Cairo han hecho las paces y los turistas italianos siguen llegando a Egipto sin preocuparse por los 40 mil o 50 mil o hasta 60 mil presos políticos que se pudren en las cárceles del país. El cuerpo de Regeni tenía heridas de arma blanca. Qué chistoso es que los instrumentos con filo parecen ser los favoritos de los regímenes árabes.

Quién recuerda lo mucho que queríamos a Muamar Khadafi cuando derrocó al rey Idris, en Libia, y cómo lo odiamos después, cuando ayudó al ERI, y luego volvimos a quererlo cuando renunció a sus instalaciones nucleares y Tony Blair le dio un beso. Después, ayudamos a que los opositores a Khadafi se rindieran para que el dictador libio pudiera torturarlos en sus prisiones de muerte.

Y qué decir de Saddam Hussein, a quien apoyamos en su guerra contra Irán –aunque usara armas químicas– hasta que invadió Kuwait, y después, cuando supuestamente tenía armas de destrucción masiva, fue derrocado por nosotros y ejecutado.

Después está Bashar al Assad, quien recibió honores en París el Día de la Bastilla como el rostro de la Siria moderna, y cuyo padre asesinó a 20 mil personas en 1982, durante la rebelión de Hama, y después fue acusado de la muerte de medio millón de personas durante la guerra civil siria en la que miles fueron ultimados, tanto por el régimen como por islamitas pagados –sí– por Arabia Saudita.

El régimen de Assad fue sinónimo de horcas, el Isis se caracterizó por sus postes de crucifixión y bloques de decapitación. Nuevamente las armas blancas. Por supuesto, los sauditas niegan todo esto. Porque es impensable que los sauditas apoyen a un culto asesino de la misma manera que es impensable que ese mismo gobierno mande a un escuadrón de la muerte a Estambul.

Nunca cometerían semejante acto terrorista –o error– de la misma forma en que no ejecutarían masivamente a sus enemigos en el territorio saudita. Después de todo, la decapitación del líder religioso jeque Nimr al Nimr (y otras 46 personas) ocurrió antes de que Mohamed bin Salmán fuera príncipe heredero.

Lo mismo ocurrió en el caso del escándalo por millones en sobornos que tenían que ver con el contrato por armamento de Al Yamamah, que la policía británica investigó hasta que los interrogatorios policiales terminaron cuando Tony Blair se arrodilló ante la presión saudita y puso fin a tan inconveniente investigación.

Sí. Todo se trata de dinero y riqueza y poder: y porque esta gente se ha mantenido en el poder gracias a las locuras, mentiras, corrupción e hipocresía de nuestros líderes políticos. Permitimos que nuestros sátrapas lleven a cabo actos de corrupción y asesinatos masivos dignos del rey Creso de Lidia ¿pues qué esperábamos? Los creamos, sostuvimos, apoyamos, besamos y amamos. ¿Qué es una invasión o dos entre amigos? ¿Acaso no es Arabia Saudita vital para la seguridad de Gran Bretaña? Se supone que esa es una de las razones por las que abandonamos la investigación del caso Al Yamamah, y volveremos a escuchar este mismo argumento de los lacayos de Arabia Saudita en Gran Bretaña en los próximos días o semanas. ¿Qué pasaría si los británicos dejáramos de recibir toda esta información sobre el terror islamita de los sauditas? Bueno, esperemos que no nos envíen a 15 tipos a Heathrow, incluido un científico forense.

Jamal Khashoggi sabía todo sobre el poder y el peligro. Hace un cuarto de siglo se apareció en mi hotel en Jartum y condujo el vehículo que me llevó por el desierto sudanés para reunirme con Osama bin Laden, a quien él conoció durante la guerra entre Afganistán y la Unión Soviética. "Nunca se ha reunido con un periodista occidental", me dijo mientras pasábamos velozmente por las ruinas de unas pirámides sudanesas. "Esto va a ser muy interesante". Khashoggi se estaba divirtiendo con sicología aplicada, ¿cómo respondería Bin Laden a un infiel?

Pobre de quien interpretara que los anteojos redondos y el sarcástico sentido del humor de Khashoggi eran indicio de laxitud espiritual. Llamaba a Bin Laden "jeque Osama".

Conocí a Khashoggi en 1990 y hablé con él por última vez por teléfono desde Beirut a Washington hace un par de meses. Aun cuando fungió como asesor de la familia real, y trabajó como editor y periodista en Arabia Saudita, hablaba de lo que llamaba "los hechos de la vida". En privado, descartaba cualquier rumor de una revolución dentro del palacio en el reino, pero siempre hablaba del cinismo y la facilidad para el soborno de las potencias occidentales que apuntalaban a los regímenes árabes para después destruirlos si no obedecían; y de cómo los pueblos árabes, en general, no son libres.

Esto es verdad, y quizá me lo hubiera repetido si hubiera yo podido hablar con él antes del "error" ocurrido en Estambul. Pero los muertos no hablan y los sauditas deben estar muy complacidos por ello.

The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

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Jueves, 23 Agosto 2018 15:05

Sobre la guerra y el nacionalismo

Sobre la guerra y el nacionalismo

En medio de la disolución de la antigua Yugoslavia en la década de 1990, la península balcánica europea asistió al auge más tremendo del nacionalismo jamás visto después de la Segunda Guerra Mundial.

 

El horror que el mundo vio en el periodo de expansión de la ideología Nazi y que generó millones de muertes atroces, fue recordado en Sarajevo, capital de Bosnia, cuando las fuerzas militares y paramilitares serbias atacaron durante algunos años territorio bosnio escudándose en la defensa de sus valores nacionales y de su pueblo. El 28 de junio de 1914, la misma ciudad de Sarajevo había sido testiga del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, quien horas después de un atentado con un artefacto explosivo a su paso por una de las calles de la ciudad, del cual resultó ileso, fue abaleado en otra de las calles del mismo lugar, muriendo instantáneamente, al igual que su esposa quien también recibió impactos de bala. Este hecho fue la excusa para desatar uno de los primeros conflictos bélicos del siglo XX, con amplia resonancia e impacto sobre buena parte del mundo durante casi todo el siglo XX.

 

Nuestra intención aquí no es relatar paso a paso los hechos acaecidos durante la Primera Guerra Mundial que en noviembre próximo cumple 100 años desde su finalización. Más bien, aprovechamos este suceso para cuestionar el fenómeno de la guerra y la noción de nacionalismo.

 

La guerra siempre ha sido un fenómeno hostil. Hasta ahora, entre los seres humanos, ha sido fácil traducir el conflicto, que les es inherente a través de la diferencia, en términos de confrontación bélica. La historia de la humanidad ofrece muchos registros de esta actitud y despliegue ofensivo contra el otro de diversas formas: religiosamente, políticamente, racialmente, etcétera. No es gratuito que la preocupación por la guerra haya sido frecuente entre las mentes más brillantes de cada época.

 

Las respuestas ante este fenómeno han estado siempre sobre la mesa, desde los griegos y hasta nuestros días, el fenómeno de la guerra ha tenido un espacio en medio de las discusiones conceptuales más agudas, de los dramas políticos más tensos y hasta en medio de tiempos de relativa tranquilidad, pues a la paz la han definido casi siempre como aquel estado donde ocurre la ausencia de guerra. Como vemos, esta última ha sido uno de los eventos estructurales que ha acompañado el desarrollo de la historia de Occidente. Desde Aristóteles y su preocupación por la Constitución de los atenienses, pasando por Maquiavelo y su idea de la regulación del conflicto a través de instituciones como el Tribuno del pueblo para regular el conflicto entre gobernantes y gobernados, hasta nuestros días y los esfuerzos democráticos por evitar la confrontación armada, paradójicamente, en medio de ella.
Colombia y su contexto de violencia –situación especialmente importante para nosotros– ha tenido tiempos de guerra donde las cifras siempre asustan, más allá de que muchas veces se conviertan, para la mayoría, en un asunto de producción natural de la muerte.

 

Los excesos que acompañan a la guerra se han vuelto tan familiares en nuestro contexto que ya no sorprenden los relatos de las víctimas por más desgarradores que sean, tampoco el testimonio físico de las heridas que deja a su paso toda confrontación con las armas.

 

Además de este proceso de naturalización del horror, la guerra también puede ser invisible, o por lo menos, escudarse en medio de la ausencia formal de ella, pues luego de la finalización oficial del conflicto armado colombiano entre el Gobierno Nacional y las Farc, según el relato gubernamental los sistemáticos asesinatos de líderes sociales no tienen nada que ver con el conflicto estructural de un país que se ha desarrollado históricamente en medio de la injusticia, la desigualdad, la falta de oportunidades y la estigmatización y eliminación de toda forma diferente de emprender, asumir y construir la vida individual y colectivamente. Esta diferencia alimenta el conflicto que parece no puede resolverse sin los disparos y muertes de miles de seres humanos.

 

Pese a esta dinámica histórica, la enseñanza y el reto es que la diferencia debe ser asumida en términos estructurales entre los seres humanos, adjunta a la identidad y el principio de individuación propio de todo ser que se asume como único, no como justificación del rechazo y eliminación de todo aquello que no es igual a una posición hegemónica de ver la vida y entender las relaciones sociales. Entender que la diferencia es algo que puede ser resuelto de manera definitiva nos empuja a una salida que implica el rechazo del otro, y la instauración de modelos únicos y necesarios donde se pretende que quepamos todos bajo una única forma de pensar y actuar. No asumir la diferencia como una forma esencial de los seres humanos es negar a la humanidad misma, es creer que pueden canalizarse todas las pulsiones de hombres y mujeres en función de una identidad absoluta pretendiendo, ingenuamente, solucionar la conflictividad inherente a estos. Esta vía de solución del problema como nos dice Estanislao Zuleta “es tratar de negar los conflictos internos y reducirlos a un conflicto externo, con el enemigo, con el otro absoluto: la otra clase, la otra religión, la otra nación; pero este es el mecanismo más íntimo de la guerra y el más eficaz, pues es el que genera la felicidad de la guerra”**, y esto no hace más que alimentar y fomentar una consciencia de identidad única, forma esta sobre la cual se han desplegado los nacionalismos más virulentos y dañinos de la historia de la humanidad. La felicidad de la guerra, expresión con la que juega Zuleta, nos pone de cara al horror que supone el placer que puede llegar a surgir de aquello que nos daña y nos limita en diversas formas. La identidad con este tipo de actitudes es propia de la consolidación del nacionalismo.

 

El nacionalismo puede definirse como un fenómeno que encuentra su fundamento en un conjunto de creencias y prácticas justificadas, las más de las veces, en mitos como la patria, la tierra, la religión, la raza o la sangre, y que además deben prevalecer sobre cualquier otra noción de conjunto social o comunidad política que no encuentre lugar en este conjunto.

 

El cierre político del siglo XX en Europa, como ya hemos visto, también tuvo lugar en territorio balcánico. Las guerras de secesión yugoslavas son la última manifestación de los excesos del nacionalismo en ese siglo. La feroz confrontación entre las diferentes repúblicas unidas bajo la bandera yugoslava después del fin de la Segunda Guerra Mundial generó una crisis que volvió a poner en tela de juicio el concepto de nacionalismo. Las armas como principal vía de solución de conflictos étnicos y políticos en aquel territorio aún remueven los cimientos de las diversas naciones que tienen su lugar en los Balcanes. Para no alejarnos de nuestro objetivo principal volvemos a nuestro contexto para cerrar esta reflexión.

 

Si bien en Colombia no emerge una idea clara de nación por parte de grupos identificados con ideas acabadas y unilaterales respecto de una única forma de vida y una única forma de relacionamiento con los demás, fenómenos como el paramilitarismo y el auge de formas religiosas tradicionales que buscan por todos los medios imponer una sola idea de cómo construir la vida, nos alertan sobre la posibilidad de un nacionalismo velado al interior del país, pues nociones como la defensa de la patria y de una única forma de familia, propiedad y administración política, dejan especular sobre el peligro de enfrascarnos aún más en el conflicto al cual hoy, históricamente, tememos la posibilidad de responder por vías diferentes a la de la confrontación armada que ha costado tanta sangre y dolor a un pueblo tan vilipendiado como el nuestro.

 

Lo que nos deja entonces la experiencia histórica de la guerra y el nacionalismo es la pregunta sobre la forma cómo debe construirse la vida en medio de las diferencias que nos constituyen. Ya tenemos algunas sugerencias de cómo se construye el infierno sobre la Tierra, no debe insistirse en ello, tampoco aspirar a la construcción de ningún paraíso, pero con toda certeza sabemos que otras formas de asumir nuestra humanidad y la dificultad que va de suyo son posibles.

 

* Centro de Estudios Estanislao Zuleta.
** Zuleta, Estanislao, Colombia: violencia, democracia y Derechos Humanos, Medellín, Hombre Nuevo Editores, 2008, p. 29.

Publicado enEdición Nº249
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