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En 1750 el virrey Pizarro creó la primera línea de correo entre Santafé, Cartagena y Quito. Un hecho que acercó las provincias e hizo fluir las noticias.

La Instalación del Supremo Colegio Electoral de Cundinamarca, el 13 de junio de 1813, fue la culminación aparente del enfrentamiento que dividió a las dos corrientes surgidas inmediatamente después de la caída del régimen colonial el 20 de julio de 1810. Una de ellas, la federalista, proponía una constitución semejante a la que entonces era la República Modelo, los Estados Unidos de Norteamérica. Y otra, la centralista, partidaria de un Estado fuerte y unitario, basado en la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano expedida por la Asamblea Nacional de Francia el 4 de agosto de 1789, y cuya primera traducción al español había sido hecha por Antonio Nariño en 1793.

La corriente federalista, liderada por el doctor Camilo Torres, tomó la iniciativa y formó gobierno el 25 de julio, presidido por don José Miguel Pey; el 29 de julio se convocó a las diversas provincias del Reino para enviar diputados a Santafé, con el fin de formar un congreso constituyente de las Provincias Unidas y crear el nuevo Estado, sin que todavía se hablara de Independencia absoluta, ni de separación de España, acciones ya configuradas de hecho. La Junta Suprema de Santafé, por presión popular irresistible y constante, suprimió las instituciones pilares del régimen antiguo (el Virreinato y la Real Audiencia), y encargó la elaboración de un proyecto de Constitución a una comisión presidida por don Jorge Tadeo Lozano, que lo redactó en su mayor parte. El 22 de diciembre de 1810 se instaló en Santafé el Congreso, con asistencia de diputados de siete de las doce provincias que conformaban el extinguido Virreinato de la Nueva Granada. El Congreso eligió presidente a don Manuel de Bernardo Álvarez, y secretarios al doctor Crisanto Valenzuela y a Antonio Nariño, y aprobó tentativamente el proyecto de Constitución de Jorge Tadeo Lozano, sin mayor discusión, condicionando la aprobación definitiva de la Carta a la discusión previa por parte de los Colegios Electorales, que eran el cuerpo legislativo de cada Provincia, como lo disponía la Constitución aceptada en principio por el Congreso. El Colegio Electoral de Cundinamarca se instaló en febrero de 1811 e inició de inmediato el análisis de la Constitución, el que se prolongó los meses de febrero y marzo, con objeciones que se plantearon al redactor del proyecto y que Jorge Tadeo Lozano explicó satisfactoriamente. En los últimos días de marzo las provincias deliberantes dieron su beneplácito al texto constitucional y procedieron a la elección de sus presidentes respectivos. En Cundinamarca, el Colegio Electoral nombró por unanimidad presidente del Estado a don Jorge Tadeo Lozano, quien, pretextando que padecía enfermedades crónicas, rehusó por tres veces aceptar la presidencia. El Colegio Electoral de Cundinamarca trasladó el asunto al Congreso, que reiteró el nombramiento de Lozano. Al fin el renuente candidato aceptó y tomó posesión del Poder Ejecutivo de Cundinamarca el 1 de abril de 1811, fecha que se conservaría para las asunciones presidenciales hasta 1886, en que la Constitución de ese año estableció la del 7 de agosto, en homenaje a la Batalla de Boyacá de 1819.

Las objeciones más serias a la Constitución de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, habían sido planteadas por el segundo secretario del Congreso, Antonio Nariño, y a ellas no dio Jorge Tadeo Lozano una explicación que convenciera a la minoría centralista de que esa Constitución se adaptaba a las necesidades del nuevo Estado, pues estaba calcada de una Carta hecha para una nación de características e idiosincrasia diferentes por completo a las condiciones geológicas y humanas de la Nueva Granada. Además, se establecía el absurdo de que la soberanía nacional no existía, porque la Constitución de 1811 tampoco declara la independencia absoluta, ni la separación de España, mientras que las Provincias sí eran soberanas, lo que inevitablemente conduciría al caos y a la disolución. Nariño publicó en julio siguiente La Bagatela, primer periódico político en Colombia, y en dos meses creó un movimiento popular de oposición a don Jorge Tadeo Lozano, que lo obligó a su renuncia el 19 de septiembre. Ese mismo día, Nariño fue elegido presidente de Cundinamarca por el Colegio Electoral. Las diferencias inconciliables entre federalistas y centralistas condujeron a un conflicto armado entre el Congreso (que se trasladó a Tunja) y el Gobierno de Cundinamarca. La guerra civil estalló en 1812, el Congreso apoyado por las provincias de Antioquia, Cartagena, El Socorro y Cauca, y el gobierno de Cundinamarca, por las provincias de Neiva, San Gil, Casanare y Mariquita. Sitiada Santafé por las tropas del Congreso, éstas atacaron la capital el 9 de enero de 1813, pero la derrota aparatosa y apabullante que sufrieron a manos del ejército disminuido de Nariño, y de los ciudadanos de Santafé, liquidó a las fuerzas federalistas y causó la rendición del Congreso. A partir de ese momento Nariño se dedicó a la organización administrativa del Estado, la convocatoria del Colegio Electoral para reformar la “Constitución defectuosa” de 1811, declarar la Independencia absoluta de Cundinamarca y dar cuerpo al Ejército Expedicionario que haría la Campaña Libertadora del Sur.

El discurso pronunciado por el presidente de Cundinamarca, Antonio Nariño, para la instalación del Colegio Electoral de 1813, del cual reproducimos los apartes más significativos, es sin duda, como podrá comprobarlo quien haga un estudio comparativo de ambas piezas, uno de los documentos que más influyó en las ideas expresadas por el Presidente Libertador Simón Bolívar al instalar el Congreso de Angostura de 1819, como paso previo a la iniciación de la Campaña Libertadora de la Nueva Granada.

 


 

Discurso del Presidente Antonio Nariño en la instalación del Colegio Electoral de Cundinamarca en 1813

 

 

Por Enrique Santos Molano

 

“No digamos a los pueblos, sed libres:
hagámosles sentir
las ventajas de la libertad y ellos la desearán”.
Hist. Filosófica, t. 3.

 



“El presente Colegio se va a instalar en uno de los momentos más críticos y delicados en que quizá nunca se volverá a ver la Representación Nacional de Cundinamarca. No sólo su suerte, señores, está hoy en vuestras manos, la de la Nueva Granada, y no sé si diga también que la de toda esta parte de la América del Sur puede depender del acierto en vuestras deliberaciones. No se trata sólo de venir a revisar una constitución defectuosa y de nombrar los funcionarios que deben ocupar los empleos de nuestro Gobierno Provincial: se trata también de resolver el gran problema de la Acta Federal, problema que ha parecido tan fácil a esas almas vulgares que sólo obran por imitación, sin calcular las consecuencias, los tiempos y los lugares; pero problema de cuya resolución depende en gran parte la suerte de este Continente”.



[Nariño expone enseguida una parábola acerca del mal uso de los recursos, de la interpretación equivocada y equívoca en la inversión de las riquezas, aplicadas a cosas inútiles, y por lo mismo desperdiciadas, y advierte el peligro mortal de una burocracia desmedida y desbocada, y de cómo los errores de juicio suelen perder a muchos del común en beneficio de unos pocos capitalistas].



 “Me parece, señores, que la aplicación es bien sencilla: vosotros sabéis el sistema que la España siguió con la América desde su descubrimiento hasta nuestros días; contenta con sacar de ella los productos de sus riquísimos suelos, jamás pensó en mejorarlos; a nosotros se nos mantenía en una perfecta ignorancia en materias de gobierno, y no sólo no se nos daba parte en él, no sólo se nos prohibía el estudio del Derecho Público y de Gentes, sino hasta de los libros que nos podían ilustrar en estas materias. Murió la Casa de Borbón con los sucesos de Bayona, y dueños nosotros de estos riquísimos y fértiles países, llenos de los más santos y laudables deseos de mejorarlos, en lugar de comenzar una reforma gradual y meditada, abrazamos el partido desesperado de quererlo todo destruir y edificar en un solo día: recedant vetera, nova sint omnia, [atrás lo viejo, renuévese todo] fue nuestra divisa; y como las ideas que más se habían divulgado entre nosotros por el ejemplo, eran las de Norte América, el grito universal fue por este sistema. Se dividió el Reino en tantos Estados cuantas eran antes las Provincias y Corregimientos. Cada Estado debe tener tantos funcionarios en su gobierno como los que se necesitarían para toda la Nueva Granada; los canales de las rentas públicas deben refluir hacia cada uno de esos Estados; se cegarán los antiguos manantiales, y se abrirán otros nuevos para que su curso sea más natural. Habrá en cada Estado Soberano un Cuerpo Legislativo, compuesto de tantos individuos cuantos diere su población, en razón de uno por tantas mil almas (sepan o no hacer leyes); un Poder Ejecutivo que las practique; Tribunales de Justicia hasta de las últimas instancias para que los pueblos no tengan que ir a mendigarla a otros países; Senados conservadores de la Constitución; fuerza armada (tengan o no armas), y tesoro público para todos estos gastos. Se fundarán escuelas para dar una nueva educación a la juventud; se abrirán caminos; se edificarán parques de artillería; fundiciones de cañones; habrá nitrerías y fábricas de pólvora; Casas de Moneda en todas las Provincias para que una o dos no den la ley a los demás; y, finalmente, por una consecuencia de las soberanías parciales, se fundarán obispados, coros y rentas eclesiásticas.

“¿Qué os parece, señores? ¿No es esta una pintura halagüeña de nuestra felicidad futura? ¿Habrá hombre, por estúpido que sea, que no alabe y bendiga la mano que trazó tan bello plan? Aquí están estampados los más sublimes principios sobre la perfectibilidad de los gobiernos.

“Han corrido, no obstante, tres años, y ninguna Provincia tiene tesoro, fuerza armada, cañones, pólvora, escuelas, caminos, ni casas de moneda: sólo tienen un número considerable de funcionarios que consumen las pocas rentas que han quedado, y que defienden con todas sus fuerzas el nuevo sistema que los favorece”. No importa, dicen, los males presentes, si la esperanza de las grandes ventajas de este sistema, nos deben recompensar con usura. La libertad hace milagros, y si no fuera por el intruso presidente de Cundinamarca, ya el Reino estaría organizado; pero este hijo desnaturalizado, por una ciega ambición de dominarlo todo, quiere reducirnos a la esclavitud de su capital corrompida.

“Entre tanto, los enemigos de la libertad de la América se acercan por diversos puntos, las Provincias, sin medios de defensa, ocurren a la corrompida capital y al intruso Presidente que les han franqueado seis expediciones en año y medio” [La de Ocaña, mandada por Morales; la de San Gil, por Ricaurte; la de Cúcuta, por Baraya; la de Simití, por Rieux;  la de Popayán, por Vlllavicencio; y los últimos auxilios para el Ejército del General Bolívar, al mando del coronel Ribas; sin contar las que están preparadas para Popayán y Pore, la de Palacé, y las que salieron con el presidente del Estado. Nota de la Gazeta Ministerial de Cundinamarca.], “pero como Cundinamarca es la vaca a quien todos ordeñan y dan de palos en lugar de darle de comer, la vaca morirá y las Provincias no tendrán a quien ocurrir dentro de poco. ¿Será preciso, señores, ser un gran profeta para pronosticar la suerte que se nos espera? ¿Deberemos buscar en manejos ocultos la causa de nuestra ruina, o en nuestros propios delirios? ¿Qué se habría dicho de un hombre que a principios del siglo pasado hubiera aconsejado a Pedro el Grande que redujera la Rusia en Provincias Soberanas para hacer la felicidad de aquellos pueblos con el sistema más perfecto que han inventado los hombres? ¿Qué contraste no habrían hecho las Provincias de Siberia y de la Nueva Tartária con las de Moscou o Petersburgo? ¿Cómo habría podido civilizar este grande hombre en tan poco tiempo tan vasto imperio? ¿Cómo habría podido resistir al torrente impetuoso de los ejércitos de Carlos XII, si la Siberia, Kamchatka, y las demás provincias interiores, hubieran tenido que disciplinar y pagar por sí sus tropas y nombrar sus generales?


“Pero ya oigo que se me va a responder que el Congreso salva cuantas dificultades se opongan a este sistema; y yo contesto en solas dos palabras: que establecer un sistema de debilidad para formar un cuerpo robusto, es una contradicción, un absurdo y el último de los delirios del entendimiento humano; debilitar los fragmentos para robustecer el edificio no cabe en mi cabeza. Sin que se me replique con el ejemplo de Norte América, porque repito cien veces que no estamos en caso de comparación con unos pueblos que siempre fueron libres, y que tuvieron los auxilios de la Francia y de la España para defenderse. Y si nosotros nos hemos de perder con nuestras bellas constituciones, ¿por qué no hemos de abrazar otro sistema que, aunque menos liberal, nos pueda a lo menos poner a cubierto de los males que se nos esperan? ¿Por qué no hemos de abrir los ojos con la experiencia y remediar el mal en donde lo conocemos, antes que se haga incurable?



“No está aquí por demás un ejemplo que acabe de aclarar mis ideas en esta parte: el célebre Smith, en su obra inmortal de La Riqueza de las Naciones, hace ver hasta la evidencia que de la división del trabajo nace la perfección de las artes y su bajo precio; que un alfiler que pasa por diez y ocho manos distintas no alcanzaría a mantener a un hombre si lo trabajara sólo. Pero siendo este el fundamento de su sistema, añade: mas si en Escocia, en donde no tienen salida las fábricas, un herrero se dedicara a hacer solo llaves de candados, este Herrero perecería por falta de expendio; aquí debe ser herrero, cerrajero y todo a un mismo tiempo. Es decir, que lo más perfecto no se puede establecer con el mismo éxito en todas partes. Ningún hombre merecería con más justa razón una estatua que el que encontrara un sistema universal de gobierno, que conviniera igualmente en todos tiempos a todos los países del mundo.


“Nada digo, señores, que no esté delante de vuestros ojos. El día funesto se acerca en que si no mudamos de conducta, vamos cargados de nuestras bellas Constituciones a morir en los cadalsos o en las bóvedas de las Antillas, maldiciendo la crueldad de nuestros capitalistas, que no nos concedieron tres años más para acabar de realizar nuestro sistema favorito”.



[Al llegar a este punto, donde ha venido atacando al federalismo hasta volverlo flecos, Nariño da un giro de dialéctica asombroso y desconcertante, y opina que, estando empecinadas las provincias en aplicar el sistema federalista, Cundinamarca debe entrar en este sistema, porque ni el Congreso puede subsistir sin Cundinamarca, “ni Cundinamarca puede sostenerse por sí sola dando auxilio a todas las Provincias; conque es indubitable que no podemos subsistir en el estado en que nos hallamos”. Nariño llega a la conclusión de que “Es mejor, sin duda, un mal sistema, que ninguno. Opino, pues, que entremos en federación, no porque crea éste el mejor sistema para nosotros en las circunstancias actuales, sino porque es el único camino que nos queda para no concluir inmediatamente con nuestra libertad y nuestra existencia”.]



Y con igual fuerza de convicción explica las ventajas que en esas circunstancias pueden obtenerse de un mal sistema, cita numerosos ejemplos prácticos, apela a la sabiduría de filósofos como el abate Raynal, su gran maestro; señala las causas que llevaron a la ruina la República francesa, y asienta: “Pasar por grados de lo conocido a lo desconocido, es lo que nos enseña una buena lógica, en todo conforme con la razón y la experiencia. Todo lo que puede hacer el amor de la libertad es acelerar estos pasos, pero nunca trastornar su curso sin el peligro de hacer esfuerzos infructuosos”. Y dispara con ironía suprema: “Tres ejemplos no más quiero poneros en nuestros más acalorados demócratas: amor a los empleos, a las distinciones y al ocio. Al oírlos parece que el santo amor de la patria y de la Libertad es el único móvil de sus acciones; pero siguiendo el consejo de Cicerón, tentadlos con un trabajo asiduo y constante, y si por fortuna lo lográis, veréis al instante la reclamación de las recompensas debidas a su mérito; llegad al otro, y no digo pedidle la hija para que se case con un honrado labrador, sino sólo que sirva en la milicia con el valiente artesano, y lo veréis desertar creyendo manchado su linaje. ¿De dónde nace esta contradicción? De que aunque quieren, no pueden de repente escribir con su mano izquierda”.
    
La conclusión del discurso es clamorosa, tiene un tono apoteótico que se conserva, e incluso se aumenta, con el transcurso de los años:

“Cuando nuestra suerte dependía de unos amos fieros y altaneros, nos bastaba saber obedecer; pero hoy, que depende de nosotros mismos, es preciso saber pensar, saber sofocar nuestras pasiones, nuestros resentimientos, nuestros vicios, y saber sacrificar generosamente nuestros intereses y nuestras vidas. Advertid que ya estáis en altamar y que no basta arrepentiros de haberos embarcado para llegar al puerto; es preciso no soltar los remos de las manos, si queréis escapar de la tormenta. ¡Que el fuego sagrado de la libertad penetre vuestros corazones, que inflame vuestras almas, que ilumine vuestros entendimientos! Sí, ¡que este fuego puro, este fuego santo, que no es otra cosa que caridad y amor a nuestros semejantes, os haga dignos del alto rango a que hoy os llaman los destinos del Nuevo Mundo! Nada acerca tanto al hombre a la Divinidad como la acción de mejorar a sus semejantes, de romper sus cadenas, de enjugar sus lágrimas y hacer su felicidad. La virtud es la base, el fundamento de la libertad; sin ella no hay más que confusión y desorden. ¡Que un trabajo asiduo y constante, que una reflexión madura y detenida y una integridad a toda prueba contra la intriga, la seducción y el cohecho, sean los distintivos que os caractericen! El cielo bendecirá la obra de vuestras manos, y nosotros con toda nuestra posteridad cantaremos himnos de gozo y de reconocimiento a los restauradores de la paz, a los libertadores de la Patria”.

 


Las clases dominantes en Colombia a partir de la Independencia

 

 

Por Enrique Santos Molano

 

 

El análisis de los acontecimientos que dieron origen y desarrollo a las ideas de la Independencia, y a la lucha por la libertad, nos muestra que la dificultad más obstinada que encontraron los ideólogos y líderes del movimiento independentista fue la escasa conexión entre las ideas libertarias y los intereses de la población. Un levantamiento como el de los Comuneros, en 1781, que movilizó a más de veinte mil personas (vasallos del Rey) tuvo por enchufe que los conectó a todos, un interés económico común: el exceso de impuestos y el ningún beneficio que los vasallos (tanto los de la nobleza criolla como los del común) recibían del pago de tributos destinados, una parte, a la Hacienda Real, y otra al bolsillo de los recaudadores. La corrupción no es un invento de la modernidad. Ya en la Grecia antigua, el más crítico de los clásicos, Eurípides, dedicaba “largas noches a pensar en las causas de la corrupción”. Y en todos los tiempos ha sido ella uno de los azotes que más castigan la economía de los que se ganan el pan honradamente y que son los creadores de riqueza verdadera, como lo recalca Adam Smith en su ensayo prodigioso, La Riqueza de las Naciones, publicado en 1776, fecha en que las colonias inglesas de Norte América declaran su independencia y comienzan su guerra para sacudirse el dominio inglés.

Tan pronto el movimiento de los Comuneros consigue su objetivo de eliminar los diversos impuestos abrumadores, implantados en los últimos tres años, se disolvió con la misma facilidad con que se había formado. Sólo quedó en pie de guerra un grupo no superior a trescientos rebeldes, dirigido por José Antonio Galán, quien decidió proseguir la campaña bélica de acuerdo con un puñado de criollos de la nobleza de Santafé y de El Socorro. Galán, por un tiempo fugaz, puso en jaque a las autoridades españolas, pero no encontró el respaldo popular necesario, fue traicionado por criollos ricos de El Socorro, que se organizaron para perseguirlo y finalmente lo capturaron. La Real Audiencia dictó una sentencia infame, e infamante, contra Galán y tres de sus compañeros, les aplicó las penas más crueles (tortura, ser arrastrados hasta el cadalso, colgados, incinerados, descuartizados), y mandó exhibir sus cabezas, pies y manos en los lugares “donde habían “cometido sus crímenes”, para servir de ejemplo de lo que les aguardaba a los bandidos que tuvieran el atrevimiento de levantarle la voz a Su Majestad.

El fracaso triunfal del movimiento comunero separatista de Galán, cumplió con éxito su misión auténtica de sembrar la semilla de la rebelión, semilla de libertad que fue creciendo y esparciéndose, abonada con sangre y penalidades, hasta producir el fruto buscado, la abolición del régimen colonial español y la creación de estados republicanos y democráticos, como lo había pedido Antonio Nariño en su discurso célebre del Colegio Electoral en 1813: “Sí, ¡que este fuego puro, este fuego santo, que no es otra cosa que caridad y amor a nuestros semejantes, os haga dignos del alto rango a que hoy os llaman los destinos del Nuevo Mundo! Nada acerca tanto al hombre a la Divinidad como la acción de mejorar a sus semejantes, de romper sus cadenas, de enjugar sus lágrimas y hacer su felicidad. La virtud es la base, el fundamento de la libertad; sin ella no hay más que confusión y desorden. ¡Que un trabajo asiduo y constante, que una reflexión madura y detenida y una integridad a toda prueba contra la intriga, la seducción y el cohecho, sean los distintivos que os caractericen! El cielo bendecirá la obra de vuestras manos, y nosotros con toda nuestra posteridad cantaremos himnos de gozo y de reconocimiento a los restauradores de la paz, a los libertadores de la Patria”.

Estos pensamientos, brotados del más puro romanticismo (porque las revoluciones y la libertad sólo se dan en espíritus románticos, como lo fueron Galán, Bolívar y Nariño, por ejemplo), no parten de un deseo del orador, sino de las observaciones que él ha hecho a lo largo de una vida dedicada a la lucha por la libertad en medio de sufrimientos y persecuciones incontables. Cuando Nariño pide “un trabajo asiduo y constante … una reflexión madura y detenida y una integridad a toda prueba contra la intriga, la seducción y el cohecho” no se basa en elucubraciones morales, sino en la comprobación práctica de cómo esas características dominan la actitud de muchos compatriotas que, a punta de intriga, seducción, y cohecho, han perdido la integridad, pero se han asegurado los cargos públicos para beneficio de sus intereses de clase, con lo que la situación de los pueblos que padecieron el yugo colonial, derrocado el cual siguieron sometidos al mismo yugo, ya no a manos de los españoles, sino de los propios criollos, miembros de élite corrupta de terratenientes, herederos del sistema de las encomiendas. Así se fue formando una oligarquía conjunta de terratenientes y comerciantes que acaparó los privilegios del poder, arropada teóricamente en la defensa de las ideas más liberales, que en la práctica generaron una de las sociedades más desiguales, inequitativas e injustas que hoy existe.


Las contradicciones entre el poder oligárquico y el poder popular afloraron desde el principio. El proyecto de Antonio Nariño de distribuir entre los campesinos que las trabajaban (en su mayor parte indígenas) las tierras de las encomiendas, desató la cólera de los criollos hacendados que, agrupados en el Congreso de las Provincias Unidas, declararon a Nariño traidor, enemigo de la libertad y “tirano de Cundinamarca”, y le hicieron la guerra con el pretexto de liberar “de su opresor a los pueblos de Cundinamarca”.

El libertador Simón Bolívar refrendó en el Congreso de Angostura de 1819 los conceptos que Antonio Nariño había esbozado ante el Colegio Electoral de 1813. El llamado del Libertador a los diputados al Congreso que, como los del Colegio Electoral, tenían la misión de redactar una nueva Carta Magna, es: “Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente Popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad, la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad”.

Tristemente, Nariño y Bolívar estaban solos, no habían tenido oportunidad de formar un equipo dirigente capaz de sostener en el tiempo las ideas preconizadas por ellos, ni de formar una opinión popular que ayudara a materializarlas. Mientras que, en la Campaña del Sur de 1813, Nariño era traicionado por el Congreso de las Provincias unidos, y por causa de esa traición vencido en Pasto, hecho prisionero y enterrado en una cárcel de la Península (Cádiz), y Bolívar, después de Boyacá, marchaba a la Campaña del Sur para completar la liberación de cinco naciones, los intrigantes, auspiciados por el gobierno de los Estados Unidos y la doctrina Monroe, se adueñaron del poder. Así, en lugar de que el país surgido de la lucha y del pensamiento de los Libertadores Francisco de Miranda, Antonio Nariño y Simón Bolívar, estuviera orientado por ese pensamiento, quedó en las manos de un círculo de militares, terratenientes y comerciantes que cerraron filas en torno a la figura del general Francisco de Paula Santander. Representaba él entonces, y la representa hoy a la perfección la hipocresía, la intriga, el cohecho de una clase dirigente encantadoramente ruin, inescrupulosa y farsante.


La última victoria que Simón Bolívar y Antonio Nariño obtuvieron juntos, fue la realización, en parte, del proyecto mirandino de crear una gran república latinoamericana, desde México hasta la tierra del Fuego, que pudiera oponer a los Estados Unidos un poder equivalente, capaz de atajar las ambiciones imperialistas de los Estados Unidos de Norteamérica, ya advertidas por Miranda, por Nariño y por Bolívar, en las ocasiones en que les fue posible prevenir a sus conciudadanos del peligro que para ellos representaba el poder asustador que ya dejaba ver nuestro vecino del Norte. En 1821, en plena campaña libertadora del Sur, el presidente Bolívar, que no descuidaba un segundo la importancia de la acción política, logra convocar a un grupo de diputados de la Nueva Granada y Venezuela para reunir el Congreso Constituyente en la Villa del Rosario de Cúcuta, encargado de crear una nueva nación que integre a la Nueva Granada, Venezuela y Quito en un país unitario bajo el nombre de Colombia. La muerte repentina del vicepresidente de la República, Juan Germán Roscio, le crea a Bolívar un problema serio. Él no puede apartarse del terreno de las operaciones militares, que requieren su presencia irremplazable, para desplazarse hasta Cúcuta a instalar el Congreso. Y los hombres en quienes podría pensar para esa misión, están con él en la guerra, son imprescindible para ganarla. ¿Qué hacer? El más indicado para sustituir al difunto Roscio era el general Santander, vicepresidente de Cundinamarca (Nueva Granada), pero Bolívar no confía en Santander, quizá porque aún no lo conocía bien, o quizá porque ya lo conocía demasiado bien. En ese momento crítico recibe el presidente Libertador una carta de Antonio Nariño, que después de coadyuvar a la revolución de Rafael del Riego en la Península, ha sido liberado y le anuncia que está de regreso a su patria. Bolívar recibe el retorno de Nariño como providencial, se reúne con él en Achaguas, lo nombra vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejecutivo, y le encomienda que proceda a la instalación del Congreso Constituyente de Cúcuta y a la creación de la República de Colombia.

Nariño, con su voluntad de acero, hace a un lado las calamidades físicas de su organismo deteriorado por la edad y los padecimientos continuos, y en jornadas incesantes, que para un joven habrían resultado duras, aquel hombre anciano (56 años, edad avanzada para el promedio de la época) llega a Cúcuta, enfrenta las intrigas, zancadillas y obstáculos de todo género con que los diputados partidarios del general Santander intenta impedirle que cumpla con lo mandado por el Libertador, e instala el Congreso Constituyente de Cúcuta el 6 de mayo de1821, del cual nacerá la República de Colombia, que la historia ha denominado la Gran Colombia. Agotado físicamente, Antonio Nariño, cumplido el encargo del Libertador, renunció la vicepresidencia, renuncia que los santanderistas aceptaron con no disimulada alegría. El Congreso eligió como primer presidente de la República de Colombia al Libertador Simón Bolívar, y como vicepresidente, al general Francisco de Paula Santander. La mayoría del senado votó a favor de la elección de Antonio Nariño como senador del Congreso que convocó sus sesiones para 1823 en Bogotá, designada capital de Colombia: pero tres senadores santanderistas objetaron la elección de Nariño, acusándolo de “delitos graves” que lo hacían indigno de ser senador de la República. La mayoría del senado se opuso a la anulación de la curul del expresidente Antonio Nariño, y se decidió trasladar el asunto a un juicio que se realizaría en el senado de 1823 y en el que Nariño tendría oportunidad de defenderse de los cargos que le imputaban sus detractores. El episodio es de sobra conocido. Se sabe que los acusadores de Nariño, al culminar él su defensa, salieron del senado con el rabo entre las piernas, al paso que Nariño salió en hombros de una multitud de ciudadanos populares que lo aclamó larga y emocionadamente. Sin embargo, es importante recalcar como ese episodio retrata con fidelidad la esencia rufianesca de la clase dirigente que asumió los destinos de Colombia y a la que se ha conocido históricamente con el gentilicio de santanderista.

Culminada en 1824 la guerra de Independencia, expulsadas del territorio americano la totalidad de las fuerzas y autoridades españolas, el Libertador abordó la segunda parte del proyecto de Miranda, la integración de las naciones latinoamericanas en una confederación de países con distintos gobiernos, pero con intereses comunes, como en las antiguas ciudades-estado griegas. Comenzó una acción diplomática para invitar a las jóvenes repúblicas latinoamericanas a reunirse en Panamá, en un Congreso Anfictiónico, sin presencia de los Estados Unidos, al que no se invitaría porque, en opinión de Bolívar, los intereses de los Estados Unidos eran diferentes a los intereses de los Estados Latinoamericanos. El Congreso Anfictiónico de Panamá buscaba, además de la unidad latinoamericana, darle un rechazo rotundo a la doctrina Monroe, es decir, a la injerencia de los Estados Unidos, angloparlantes, en los asuntos de los Estados Latinoamericanos, hispanoparlantes. Esa actitud ya la había analizado con suficiente claridad el Libertador en su Carta de Jamaica (1816) y en su discurso de instalación del Congreso de Angostura (1819); pero los Estados Unidos tenían en Colombia el agente encubierto que les ayudaría a frustrar los planes de Bolívar, el vicepresidente Francisco de paula Santander. Santander, desoyendo las instrucciones de Bolívar, invitó a los Estados Unidos (él, siempre tan amable con ellos) a participar en el Congreso anfictiónico que se reunió en Panamá en 1826. Los Estados Unidos enviaron su delegado, con instrucciones presidenciales precisas de defender los intereses de la nación norteamericana, y lo hizo tan bien que el Congreso resultó un fracaso para los propósitos unitarios de Bolívar y un triunfo para la consolidación de la doctrina Monroe.

La diferencia entre Bolívar y Santander, que es la explicación de por qué, al comenzar la República, la democracia perdió el poder, y la oligarquía lo ganó, es que Santander era el hombre cómodo para los intereses de los Estados Unidos, y Bolívar era el hombre incómodo para esos intereses. Simón Bolívar era un estorbo peligroso para el destino manifiesto de la nación que a los ojos del mundo surgía como el modelo paladín de la libertad y la democracia, y se hizo necesario sacarlo del camino, a él y a todos los que en adelante se opusieran al expansionismo democrático (y principalmente territorial) de los Estados Unidos. El 25 de septiembre de 1828 una conspiración santanderista intentó asesinar al libertador, acto criminal que la legación estadounidense justificó como un impulso de amor por la libertad y de odio al tirano. El mismo año, una alianza entre santanderistas y venezolanos adictos al general José Antonio Páez, saboteó la Convención Constituyente de Ocaña, con la bendición norteamericana. En 1919 el presidente del Perú, José Lamar, otro hombre cómodo para los Estados Unidos, invadió territorio colombiano y provocó una guerra. El agresor fue rápida y contundentemente derrotado por el el gran mariscal de Ayacucho. El Libertador renunció la presidencia ante el Congreso (1830), se retiró supuestamente de la vida pública y viajó a Santa Marta en busca de mejores aires para su salud, confiado en que el gran mariscal de Ayacucho sería su sucesor y continuador de los esfuerzos por mantener la unidad de Colombia. Sucre fue asesinado (1830) poco después del viaje de Bolívar, quien sufrió con ese crimen el golpe más duro a sus ideales. El libertador murió en Santa Marta el 30 de diciembre de 1830. Al año siguiente, los Estados Unidos se ganaron su primer premio gordo: la disolución de Colombia.

En adelante la historia del país durante el siglo XIX, en sus distintas etapas nominales, (República de la Nueva Granada, Confederación Granadina, Estados Unidos de la Nueva Granada, Estados Unidos de Colombia y Colombia) enfrentará dos corrientes ideológicas que parten de motivaciones económicas: el librecambismo y el proteccionismo. De ellas nacen el Partido Liberal, el Partido Conservador, el Partido Liberal radical, o radicalismo, el Partido Nacional, y la Regeneración; pero sin considerar la confusión ideológica que originan las constantes disputas entre unos y otros, así como las repetidas alianza temporales y estratégicas que, unos y otros pactan, está claro que la oligarquía de terratenientes y comerciantes que se forma a partir de Las Provincias Unidas de la Nueva Granada, es la misma que en el curso del siglo será la dueña y señora del poder político y económico, y que la doctrina Monroe será el portón ancho por el que los Estados Unidos podrán intervenir, diplomática o militarmente, cada vez que lo consideren necesario para sus intereses, en los asuntos internos de las naciones latinoamericanas y del caribe.

 


Línea de tiempo

 

1821

12 de enero. Los soberanos aliados de Europa –Santa Alianza–, se reúnen en Troppau para organizar una expedición contra la América independiente y la España revolucionaria.  
5 de mayo. En su destierro en la isla de Santa Helena, muere a los 59 años de edad, el Emperador de Francia, Napoleón I Bonaparte.
6 de mayo. Antonio Nariño, vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejecutivo, instala en  Cúcuta el Congreso Constituyente. Se crea la República de Colombia, integrada por la Nueva Granada, Venezuela y Ecuador, con capital en Bogotá.
24 de junio. Simón Bolívar derrota en Carabobo a los españoles y libera a Venezuela. En carta al vicepresidente Antonio Nariño, el Libertador anuncia el nacimiento político de la República de Colombia.
Agosto.  Utilizando el principio de inducción electromagnética, el científico inglés Michel Faraday crea un motor/dínamo eléctrico y da inicio a la “era de la electricidad”.

1822

27 de enero. Grecia proclama su Independencia e inicia la guerra de liberación contra el dominio turco, que será larga y sangrienta y les ganará a los griegos la simpatía y el apoyo de los románticos europeos.
8 de julio. Muere en Viareggio, Gran Ducado de Toscana, Italia, a los 29 años de edad, el gran poeta y ensayista inglés Percy Bysshe Shelley, una de las cumbres literarias del movimiento romántico.
25-26 de julio. Los Libertadores Simón Bolívar y José de San Martín realizan una conferencia secreta en Guayaquil, al término de la cual San Martí deja en manos de Bolívar la continuación de la Campaña Libertadora, renuncia al ejército y viaja a Europa.

1823

18 de marzo. El Emperador de México, Agustín de Itúrbide, es obligado a enunciar por una rebelión popular que exige un gobierno republicano.
10 de septiembre. El Libertador Simón Bolívar es elegido presidente del Perú.
2 de diciembre. James Monroe, presidente de los Estados Unidos, declara que “Los Estados Unidos no permitirán la colonización europea de ninguno de los países de América. Se establece la Doctrina Monroe, sintetizada en el postulado “América para los americanos”, de connotación imperialista.
3 de diciembre. Muere en Villa de Leyva, a los 59 años de edad, Antonio Nariño, precursor Libertador, pensador, periodista, escritor, científico y militar, presidente de Cundinamarca y vicepresidente de Colombia. Traductor de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Fue huésped de las prisiones españolas en distintos períodos que, sumados, dan dieciséis años.

1824

17 de abril. Estados Unidos y Rusia acuerdan delimitar la parte rusa de Alaska.
19 de abril. Lord George Gordon Byron, conocido universalmente como Lord Byron, poeta inglés genial, figura clave del romanticismo literario y político, muere, por unas fiebres malignas, a los 36 años de edad en Misolonghi, Grecia, donde peleaba por la causa de la Independencia griega, contra los turcos.
6 de agosto. Batalla de Ayacucho en el Perú. Las tropas libertadoras, comandadas por Antonio José de Sucre, liquidan los restos del ejército español. El libertador Simón Bolívar proclama terminada la Guerra de Independencia (Guerra Magna) iniciada en 1816, y en el curso de la cual liberó cinco naciones: Nueva Granada (hoy Colombia), Venezuela, Ecuador, Perú y Alto Perú (hoy Bolivia). Bolívar le otorga a Sucre el título de Gran mariscal de Ayacucho.

1825

22 de junio. Una nueva ley limita en Inglaterra el trabajo de los menores a doce horas diarias máximo. El 6 de julio otra ley permite a los trabajadores agruparse en sindicatos, pero les niega el derecho de huelga.
6 de agosto. El Alto Perú se separa del Perú, y forma un estado independiente con el nombre de Bolivia, presidido por el mariscal Antonio José de Sucre.
25 de agosto. Uruguay se separa de Brasil. Guerra entre Argentina y Brasil por el control de Uruguay, que a su vez rechaza cualquier dominio extranjero e inicia la campaña por su independencia.
27 de septiembre. Una revolución en el transporte de pasajeros y de carga se produce con el estreno del primer ferrocarril abierto al público, que consta de 38 vagones arrastrados por la locomotora número uno, de George Stephenson. Conduce seiscientos pasajeros en un recorrido inicial de 48 kilómetros entre Stocton y Darlington, Reino Unido.

1826

6 de abril. Gran Bretaña y Rusia acuerdan que Grecia adopte el estatus de Estado autónomo sometido a la soberanía de Turquía. Los griegos reclaman la independencia absoluta y anuncian que proseguirán la lucha.
4 de julio. Fallece el expresidente estadounidense Thomas Jefferson, uno de los “padres fundadores” de Estados Unidos. Su muerte ocurre justo el día en que se cumple el 50 aniversario de la Independencia. Jefferson batió récord de longevidad para su tiempo. Tenía 83 años.
22 de abril. Se reúne en Panamá el Congreso Anfictiónico de países latinoamericanos, para abordar la integración económica y política. Los Estados Unidos se las arreglan para hacerlo fracasar.

1827

3 de enero. Rebelión del vicepresidente de Venezuela en Caracas, José Antonio Páez. En una carta al Libertador, Páez le explica los motivos de su rebelión. Respuesta del Libertador, muy elogiosa para Páez, ataja la intención separatista.
26 de enero. Perú rehusa hacer parte de Colombia y se proclama Estado soberano. Los enemigos del Libertador Simón Bolívar en Bogotá, festejan la acción peruana y el amotinamiento de la división colombiana en Lima, que apoyó la separación.
3 de febrero. Se inaugura en Bogotá la Facultad de Medicina de la Universidad Central.
21 de agosto. El Congreso de Colombia decreta un privilegio a los señores Leandro Egea y Bernardo Daste para elaborar las minas de hierro ubicadas en el distrito parroquial de Pacho, Cundinamarca.
16 de noviembre. Un terremoto destruye las provincias colombianas de Neiva Y Popayán.

1828

22 de mayo. Motín de Chuquisaca, en Bolivia, promovido por los peruanos. El presidente Sucre es gravemente herido.
20 de julio. Colombia le declara la guerra al Perú. Manifiesto de los fundamentos del gobierno colombiano, que acusa constantes agresiones por parte del presidente peruano, José Lamar.
27 de agosto.  Ante el fracaso de la gran Convención reunida en Ocaña para reformar la Constitución de 1821, el Libertador Presidente Simón Bolívar expide un decreto orgánico constitucional, mientras se reúne el nuevo congreso.
27 de agosto. Argentina y Brasil reconocen la independencia de Uruguay, que ya de hecho es un estado independiente.
25 de septiembre. Un grupo de conspiradores, pattidarios del vicepresidente Santander, intenta asesinar al Libertador Simón Bolívar. Asaltan el palacio presidencial de San Carlos, pero Bolívar, advertido por Manuelita Sáenz, escapa por una ventana. Al día siguiente, tras pasar la noche bajo un puente, Bolívar se pone al frente de los leales y desbarata la conjura.
11 de octubre. Los rusos le declaran la guerra a Turquía y ocupan los dominios turcos de Varna y Bulgaria.
Septiembre. Se publica The American Dictionary of the English Language que origina la solidez filológica del inglés americano. Su autor es el científico y lingüista Noah Webster. Su diccionario define 70.000 palabras con su ortografía y pronunciación americanas.

1829

3 de enero. El presidente del Perú, general José Lamar, invade territorio colombiano. Es batido por el mariscal Antonio José de Sucre, el 27 de febrero, en el Portete de Tarqui. Termina la guerra con la rendición del Perú.
23 de julio. Carta profética del Libertador a a Estanislao Vergara, analiza las razones que perderán a Colombia.

1830

20 de enero: Bolívar instala en Bogotá el llamado “Congreso admirable”.
3 de febrero. Grecia consigue su independencia.
22 de marzo. Manifiesto antibolivariano del general William H. Harrison, Ministro plenipotenciario de los Estados Unidos en Colombia, es aplaudido por los santanderistas.
27 de abril. El presidente Simón Bolívar reitera su decisión de no continuar en la presidencia y anuncia que partirá para el exilio.
3 de mayo. El Congreso Constituyente aprueba la Nueva Constitución de Colombia. Termina la presidencia del Libertador.
30 de mayo. Ecuador aprueba su separación de Colombia, la que se formaliza el 11 de septiembre.
3 de junio. Estallan revueltas en Inglaterra, dirigidas por el “Capitán Swing”, contra la introducción de las máquinas trilladoras que dejarán sin empleo a miles de trabajadores campesinos.
4 de junio. Antonio José de Sucre, en quien Bolívar cifraba sus esperanzas para recuperar la unidad de Colombia, es asesinado en la montaña de Berruecos, donde le tendieron una emboscada.
22 de septiembre. Venezuela se separa de Colombia.
17 de diciembre. El Libertador Simón Bolívar fallece en la Quinta de San Pedro Alejandrino. Júbilo santanderista en Bogotá contrasta con las manifestaciones populares de duelo. La posteridad ha reconocido a Simón Bolívar como uno de los cien personajes más importantes en la historia humana. 

 


Pistas sobre un modelo económico alternativo para Colombia

 


Por Enrique Santos Molano

La Primera Guerra Fría Mundial, que se libró entre dos potencias ideológicas, el supuesto capitalismo occidental y el supuesto comunismo oriental, representados respectivamente por las dos naciones más poderosas que surgieron al final de la Segunda Guerra Mundial Caliente, los Estados Unidos de Norteamérica (EE. UU.) y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), comenzó a gestarse cuando la extrema derecha estadounidense (ambos partidos, demócrata y republicano) ante la imposibilidad de impedir que el demócrata progresista Franklin D. Roosevelt fuera reelegido por cuarta vez presidente de los Estados Unidos, consiguió que Roosevelt modificara su fórmula presidencial sustituyendo la candidatura del vicepresidente Henry Wallace, del ala izquierda del Partido Demócrata, por la del senador Harry S. Truman, del ala de extrema derecha del mismo partido.

Wallace, en los diversos cargos que ocupó antes de ser elegido vicepresidente (1941) había sido el principal ideólogo de Roosevelt en la concepción y aplicación del New Deal para la recuperación económica y social del país, arruinado por el Crack de 1929 y la Gran Depresión que le siguió, así como de una política del buen vecino con los países latinoamericanos, que incluía la no injerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos de esos países, y otra de coexistencia pacífica de posguerra entre las naciones socialistas y las naciones capitalistas. La Política del Buen Vecino posibilitó el surgimiento de gobiernos progresistas en América Latina, por ejemplo, el período de la República Liberal en Colombia, y específicamente, el gobierno de la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo.


En febrero de 1945, ya posesionado de su cuarto período, con Truman de vicepresidente, Roosevelt se reunió en Yalta con los otros dos líderes de las potencias aliadas, Winston Churchill, de Inglaterra, y Josef Stalin, de la Unión Soviética. No es puramente simbólica la fotografía de Roosevelt en la mitad (ya demacrado por su enfermedad) con Churchill a su derecha y Stalin a su izquierda. Roosevelt, entre otras propuestas, llevó a Yalta el plan de Coexistencia Pacífica, elaborado con su exvicepresidente Wallace, una de cuyas bases era la creación, tan pronto concluyera la Guerra, de la Organización de las Naciones Unidas, en sustitución de la Liga de las Naciones, extinguida al comenzar el segundo conflicto bélico mundial (1939).  La creación de la ONU, y el desarme total de Alemania en el futuro, fueron los dos acuerdos más notables de Yalta; pero un artículo del ministro alemán de propaganda, Joseph Goebbels, en el semanario Das Reich (25 de febrero), a los dos días de concluida la Conferencia de Yalta, en el que dice: “Si los alemanes bajan sus armas, los soviéticos, de acuerdo con el arreglo al que han llegado Roosevelt, Churchill y Stalin, ocuparán  el este y el sudeste de Europa, así como gran parte del Reich. Un telón de acero (ein eiserner Vorhang) caerá sobre ese enorme territorio controlado por la Unión Soviética, detrás del cual las naciones serán degolladas. La prensa judía en Londres y Nueva York probablemente continuará aplaudiendo”. Se estima que a partir de la nota de Goebbels comenzó la Guerra Fría, cuyo único freno, el presidente Roosevelt, se desactivó con su muerte, ocurrida en abril de 1945, dos meses después de la Conferencia de Yalta, y reafirmada por Winston Churchill cuando en una conferencia en Estados Unidos (1946) se apropió de la expresión, y de la idea general de Goebbels, para proclamar que: “Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente (Europa) un telón de acero” (o una cortina de hierro). A partir de ese momento las hostilidades frigoríficas calentaron el planeta.

Diez meses antes de concluir la guerra el presidente Roosevelt convocó a una Conferencia Mundial Monetaria, que se reunió en la localidad de Bretton Woods de Washington, con asistencia de setecientos delegados de cuarenta y cuatro países, entre ellos Colombia. El propósito de la conferencia era organizar el sistema monetario mundial que operaría en la posguerra. La Conferencia de Bretton Woods, como se la conoce históricamente, cambió el patrón oro por el patrón Dólar, es decir que, en adelante, la divisa de los Estados Unidos sería el patrón cambiario universal, como antes lo había sido el oro. Y también se crearon, El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), hoy conocido como Banco Mundial.

Se supuso que con los acuerdos de Bretton Woods el mundo viviría en el mejor de los mundos posibles, el FMI se encargaría de vigilar que el manejo de las economías mantuviera un equilibrio que conjurara cualquier brote inflacionario peligroso, o la reaparición del proteccionismo, mientras que el BIRF o BM, irrigaría con préstamos pródigos las economías de los países subdesarrollados (o del Tercer Mundo), cuyo buen uso estaría bajo la supervisión del FMI. Quizá hubiera sido ese el resultado de los acuerdos de Bretton Woods si el sucesor de Roosevelt se hubiera llamado Wallace y no Truman. La ultraderecha lo sabía y por eso el sucesor de Roosevelt se llamó Truman y no Wallace.

Dueña de los instrumentos para dominar la economía mundial, la ultraderecha los convirtió en Economía de Guerra Fría. El mundo mejoró después de Bretton Woods sólo para los más ricos. El coeficiente Gini, que se utiliza para medir la desigualdad, indica que a hoy, el 75 por ciento de la riqueza mundial está en manos del 1 por ciento de la población mundial. Antes de la Segunda Guerra, la relación era de 45 por ciento de la riqueza mundial en manos del 20 por ciento. El neoliberalismo mega-enriqueció a los super ricos (favorecidos con un mínimo de impuestos, desregularización de los mercados laboral y comercial, globalización financiera), empobreció a los acomodados y llevó a los más pobres a la miseria. Según el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, “el crecimiento (hoy) es más bajo de lo que fue en los 25 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y en su mayoría se acumuló en la cima de la escala de ingresos”.


La explicación, acomodada a los intereses del capital global, es que en ese cuarto de siglo, entre 1945 y 1970, los gobiernos, especialmente de los países latinoamericanos, se resistieron a acatar de lleno las disposiciones del FMI en lo atinente a la implantación del libre cambio y a abandonar a su suerte las industrias nacionales. En Colombia existió un control de cambios severo, adoptado en los últimos años del segundo gobierno de Alfonso López Pumarejo y continuado por los gobiernos siguientes, aunque se admitió la inversión extranjera en las industrias colombianas con un límite del 40 por ciento del capital extranjero. El FMI y el BM recomendaban no poner límite.

Las reformas sociales implantadas por la Revolución en Marcha de López Pumarejo, y el semiproteccionismo de los años posteriores a la Segunda Guerra, trajeron prosperidad a los países de América Latina, y en algunos de ellos, como Chile y Argentina,  provocaron crisis inflacionarias por el aumento de la capacidad adquisitiva de los ciudadanos y el crecimiento de la demanda por encima de la oferta, si bien hubo también un crecimiento paralelo de la pobreza y de situaciones sociales  ásperas, que se incrementaron después de la Revolución Cubana (1959) y que convulsionaron la década de los sesenta en el mundo.


Pese a ello, en la década de los setenta se afianzó la corriente neoliberal que toma como cuerpo de doctrina los planteamientos del economista estadounidense Milton Friedman, egresado de la Universidad de Chicago, cuyos ensayos para fundamentar una economía neoliberal tuvieron acogida parcial en Colombia, en el gobierno de Misael Pastrana Borrero (1970-1974) e inspiraron a un grupo de economistas chilenos, conocidos como los “Chicago Boys” que actuaron durante la dictadura sangrienta de Augusto Pinochet (1973-1990) y que utilizaron a Chile como experimento del nuevo orden económico neoliberal. El éxito aparente de las doctrinas de Friedman en Chile (se llegó a hablar del “milagro chileno”) sirvió de inspiración a la candidata conservadora británica Margareth Thatcher. Vencedora en las elecciones de 1979, la señora Thatcher, más conocida como “la dama de hierro”, comenzó el desmonte despiadado del Estado de bienestar y la implantación del neoliberalismo en su modalidad más cerrera, que sus críticos bautizaron como “capitalismo salvaje”. El ascenso al poder del republicano Ronald Reagan, que hizo llave con la señora Thatcher, expandió el neoliberalismo por el mundo no socialista. Por el llamado Consenso de Washington (1989) los países latinoamericanos adquirieron el compromiso de aplicar el neoliberalismo como una política de Estado.

Stiglitz considera en uno de sus últimos artículos (El Espectador, Bogotá, 9/6/2019) que “el  experimento neoliberal ha sido un fracaso espectacular”, que “debe decretarse muerto y enterrado”. El célebre economista piensa que para sustituir el neoliberalismo hay “tres alternativas: el nacionalismo de extrema derecha, el reformismo de centro izquierda, y la izquierda progresista”. Descarta las dos primeras y ve en la izquierda progresista el movimiento político indicado para recuperar el equilibrio social y económico, tanto en el interior de las naciones, como a nivel global. Estima que la izquierda progresista equivale a un capitalismo progresista inspirado en la obra de Adam Smith, cuyas enseñanzas fueron utilizadas mañosamente por los herederos del feudalismo, que se revitalizó y modernizó, pero sin modificar su esencia, después del fracaso de la Revolución Francesa.

Precisamente es un capitalismo progresista, tal como Stiglitz lo plantea, la propuesta difundida y defendida por el excandidato presidencial Gustavo Petro desde hace más de tres años.

Y para ello están dadas las condiciones. Los Estados Unidos ya no son la potencia dominante. Hay otras dos que tercian en el escenario internacional y que ya le disputan su liderazgo en sectores como el económico, tecnológico y militar, China y Rusia. La Nueva Ruta de la Seda, puesta en marcha por China, modificará, está modificando ya, la forma de hacer comercio, bajo la que hemos vivido en los últimos trescientos años, por lo menos. Hipotéticamente, ya no se tratará de competir en los mercados a ver quién ejerce más dominio y gana más dinero, sino de conectarse a los mercados por medio de la cooperación y de la solidaridad, en una nueva forma de intercambio que se basa en la equidad y la igualdad. Por supuesto el camino es largo y la criatura apenas está gateando.

Pero es fundamental también tener en cuenta la cuarta revolución industrial o revolución digital, una revolución semejante a las que tuvieron lugar en la mitad del siglo dieciocho, en la última década del siglo diecinueve y en los mediados del veinte. La revolución en la tecnología de las comunicaciones, la Internet, su secuela las redes sociales, la nanotecnología, la nanociencia, la Inteligencia Artificial, han transformado o están transformando por completo la sociedad, como ocurrió en las tres Revoluciones industriales anteriores, con diferencias sustantivas.

En la Revolución Industrial del siglo XVIII las máquinas sustituyeron buena parte de la mano de obra humana, y llevaron al paro a miles de personas, creando ejércitos de desocupados que les permitieron a los patronos mantener bajos los salarios. Por el contrario, la revolución tecnológica de 1900 exigió una nueva demanda de mano de obra, pues los recientes inventos fomentaron la creación de empresas, la ampliación de otras, y se generó un boom de empleo inédito. Los inventos de 1900 crearon una prosperidad real, mejoraron los salarios de los obreros y la clase trabajadora ascendió en su estatus de vida y se convirtió en factor indispensable del desarrollo industrial y del crecimiento económico. La revolución tecnocientífica digital mezcla características de la revolución industrial de 1750 y de la revolución tecnológica de 1900.

Las nuevas tecnologías posibilitan una sustitución impresionante de mano de obra que en algunos países alcanza al 24 y aún al 30 por ciento de desempleo y del consiguiente deterioro del salario. Sobra describir la situación social negativa que ese fenómeno está ocasionando. El señor presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras de Colombia, Anif, ha anunciado que en los dos años próximos “habrá ajustes fuertes”, un eufemismo para informarnos que el desempleo crecerá en Colombia como nunca antes. Y resulta inevitable. Con la llegada de la Inteligencia Artificial es un hecho que, en miles de empresas alrededor del mundo los robots están sustituyendo empleo humano. Se calcula que de hoy al año 2020, es decir en menos de dos años, se habrán perdido cinco millones de los empleos y que muchas profesiones tradicionales desaparecerán antes del 2025, absorbidas por la Inteligencia Artificial. El presidente del Banco Mundial declara: “Numerosos trabajos desaparecerán con la robotización”, y sugiere que “debemos cambiar rápido”. A su vez el eminente científico inglés, Stephen Hawking predijo poco antes de su muerte: “La Inteligencia Artificial puede ser lo mejor o lo peor que le ocurra a la humanidad”.

Por el momento sabemos que los temores acerca de que los robots lleguen a tener capacidad de sustituir al ser humano en sus trabajos y oficios más rutinarios, y también en su misma naturaleza, es una especulación sin el menor asidero científico. No hay máquina, ni robot, ni Inteligencia Artificial, por perfectos que sean, capaces de ocupar el puesto de la Inteligencia Real, que sólo pertenece al ser humano. Esa inteligencia, propicia tanto para el bien como para el mal, pero única que genera pensamiento y conocimiento, es cualidad que ninguna máquina tendrá jamás. Y aún en el supuesto de que las máquinas pudieran hacerse a la inteligencia humana, dejarían de ser máquinas y se volverían humanas.

El peligro de la robótica, o de la Inteligencia Artificial, no está ahí, sino en la situación social inmediata que la sustitución de la mano de obra humana por la mano de obra artificial, en muchos oficios y empleos donde las máquinas programadas pueden operar con más eficiencia que los humanos, va a producir.  La Inteligencia Artificial será lo mejor para la raza humana si un cambio profundo de mentalidad nos lleva a utilizar esa Inteligencia como el dispositivo más valioso para cualificar las condiciones de vida de los habitadores del Planeta Tierra. Y será también, la Inteligencia Artificial, lo peor para la raza humana si las élites mundiales y locales que hoy gobiernan se empeñan en utilizar ese invento prodigioso de la ciencia para seguir oprimiendo, como hasta ahora lo han hecho, a la mayoría de los habitantes de la Tierra.

En esa encrucijada entra en juego la teoría de Carlos Marx sobre el ocio creador, Aunque parezca una utopía irrealizable, está más cerca de nosotros de lo que pensamos, si efectivamente la Inteligencia Artificial es enderezada a soportar un desarrollo de los pueblos equitativo y sostenible. El ocio creador es la condición social propia para el ejercicio de las ideas estéticas y de la cultura que, desde los griegos y los romanos, hasta hoy, se han utilizado para el disfrute exclusivo de las élites dominantes. La expansión universal de la cultura, impulsada por el ocio creador, dará origen a un nuevo Renacimiento cuyo resplandor iluminará a la humanidad por muchos siglos, incluso por muchos milenios.

Pero, para hacer posible esa utopía, tenemos primero que darle forma a la realidad inmediata. La creación de un capitalismo progresista, o izquierda progresista, que liquide la estructura feudal-neoliberal y haga irreversibles las grandes conquistas sociales que reflejen el bienestar de todos y la plena satisfacción de los derechos esenciales del ser humano.

Mientras tanto, para el caso concreto de Colombia, no podemos esperar a que la “economía naranja” resuelva los problemas sociales que no tiene capacidad de resolver. Como en las revoluciones industriales pasadas han surgido, de las crisis que generan, oportunidades nuevas, en la presente no será distinto. Estar al tanto de esas oportunidades de cambiar las condiciones económicas adversas creadas por el neoliberalismo y la globalización, y corregir el daño que esas doctrinas le han  causado a los trabajadores, será la tarea a que deberemos dedicar nuestros esfuerzos en la próxima década. No hay todavía fórmulas precisas, pero por el camino las iremos encontrando.

Viernes, 03 Agosto 2018 07:12

La simple lógica de la inequidad

La simple lógica de la inequidad

Existe una relación directa, ampliamente estudiada (Derek Epp, Enrico Borghetto, etc.) entre el aumento las desigualdades sociales y la disminución del debate social sobre el aumento las desigualdades sociales.

Esta distracción se logra, principalmente, desviando la atención a temas menos importantes pero mucho más apasionantes, casi ancestrales, razón por la cual, cada vez que aumenta la inequidad social, también aumentan las apasionadas discusiones sobre la inmigración, la invasión de otras razas y otras culturas, el patriotismo, la bandera, el himno nacional (un futbolista es silbado por arrodillarse en protesta, un político pone la mano en el corazón, y todas esas masturbaciones colectivas), la fe contra la razón, el crimen callejero en lugar del crimen legal, la inseguridad y la necesidad de un poder concentrado que ponga orden (que en realidad significa “confirmación del status quo”), como un padre justo pone orden entre sus niños desobedientes, aunque para ello haya que ceder aún más poder, más recursos y más riqueza.


No importa que el incremento de todos esos problemas también tenga su raíz en las mismas desigualdades sociales, astronómicas a esta altura, en la misma cultura que crea (de forma creciente, neurótica e ilimitada) necesidades que son imposibles de satisfacer por la amplia mayoría de cualquier sociedad y del planeta mismo. Desde un punto de vista psicológico, estas diferencias relativas, sin importar los ingresos absolutos de los individuos en una sociedad determinada, disparan los índices de ansiedad, de alcoholismo, de depresión, de adicciones, de suicidio, como también lo muestran diversos estudios referidos a los países ricos.


Esta distracción es una consecuencia de un proceso lógico: quienes aumentan cada día su poder económico, político y social, controlan una parte crítica la narrativa social que se escribe no sólo en los grandes medios de comunicación que les son funcionales, sino por una clase política que es, a un tiempo, causa y consecuencia de esas narrativas.


Por esto, no es casualidad que las micro minorías que concentran una macro proporción de los recursos del mundo no sean consideradas beneficiarias del sistema que los produce y protege, sino benefactoras del resto (son ellos, los ricos inversores, quienes crean trabajo, quienes inventaron el cero, los algoritmos, la penicilina, la computación, los derechos humanos, nuestra modernidad, todo nuestro progreso, y otros absurdos tan comunes en nuestra civilización adicta a la pornografía política y religiosa).


No es casualidad que, al mismo tiempo que aumentan los desequilibrios sociales, aumentan las ideologías que los sustentan, como el fascismo y otras variaciones de la extrema derecha.


Claro que toda esa lógica es insostenible y siempre llega un momento de quiebre que, al final, termina por golpear a todos, los de arriba y los de abajo, los de derecha y los de izquierda, en diferente grado, según el momento histórico.


Claro que el nuestro es un problema aún mayor. No se trata de que la Humanidad esté preparando su próxima gran crisis. Se trata de saber cómo sobreviviremos como especie en las próximas generaciones.
Claro que los ancianos más egoístas del planeta, generalmente aquellos que se encuentran en el poder político de la mayoría de los países más poderosos del mundo, tienen poco que perder y, a juzgar por sus acciones, poco les importa más allá de la breve borrachera de sus millonarias y miserables existencias.

 

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Los estratos en Colombia: eres el lugar en el que vives

El sistema de subsidios para garantizar los servicios a las clases más bajas ha acentuado la segregación y la desigualdad


Las ciudades en Colombia se dividen en estratos. Del uno al seis. En los más bajos, el uno, dos y tres viven los ciudadanos que reciben subsidios en los servicios (agua, gas, luz). En los más altos, el cinco y el seis, quienes pagan esas ayudas con facturas superiores a su consumo. El modelo, único en el mundo, se ideó a mediados de los noventa, en un país que en ese momento tenía tasas de pobreza cercanas al 40%, según datos del Banco de la República. Tres décadas después, el principio solidario que pretendía regir la ley se ha pervertido. La segregación se ha acentuado y los ciudadanos se identifican por el lugar en el que viven. Una suerte de sistema de castas.


Para decidir a qué estrato pertenece un ciudadano, el Estado se limita a evaluar la fachada de su casa, los materiales con los que está construido el techo y las condiciones en las que se encuentra la vía frente a la vivienda. Con estas características ligadas al terreno, se reparten los subsidios. El modelo no tiene en cuenta la renta, el número de personas que componen una familia, la edad, si alguna de esas personas tiene algún tipo de discapacidad o si tienen un empleo.

Es decir: si una persona compró una casa calificada como estrato seis cuando tenía el dinero para pagarla, pero ahora su único ingreso es una pensión baja, no puede recibir ayudas para pagar la factura del agua. Sucede lo mismo al revés. “En el centro de Bogotá hay muchos edificios estrato uno amparados por la ley de patrimonio histórico”, explica Roberto Lippi, coordinador de ONU Hábitat para los países andinos. “Esas casas son hoteles y otro tipo de negocios, o la segunda vivienda de muchos ciudadanos. Todos reciben subsidios cuando no los necesitan”.

“Somos unos ocho millones de habitantes en Bogotá, 2,5 millones de hogares. Y estamos subsidiando a dos millones de esos hogares, casi siete millones de personas”, explica Antonio Avendaño, subsecretario de Información y Estudios Estratégicos de la Secretaría de Planeación de la ciudad. “La pobreza en la ciudad se ha reducido al 12,4% y seguimos subsidiando al 80% de los hogares”.

En 2003, según el último informe publicado por la Alcaldía de Bogotá en el que se cruzaron variables de ingresos y estratos, el 17% de los hogares de estrato uno, el 31% de estrato dos y el 59% de estrato tres correspondían a sectores de la población con mayores ingresos. El sistema se ha llenado de errores de inclusión y exclusión.

ONU Hábitat en colaboración con la Alcaldía de Bogotá ha ideado un proyectoque no pretende eliminar el sistema de subsidios cruzados, sino cambiar la manera en la que se clasifica a los ciudadanos y así focalizar las ayudas. “Se basa en un índice multidimensional”, dice Antonio Avendaño. Un medidor que, por primera vez, tenga en cuenta variables socioeconómicas.
Es la solución a falta de un padrón en Colombia. “La historia de violencia de este país ha impedido que haya empadronamiento. Los ciudadanos no quieren que nadie sepa dónde viven por seguridad, por el miedo que había a los secuestros”, explica Andrés Ortiz, secretario de Planeación de Bogotá. “Sin embargo, las empresas privadas, como las de telefonía e internet o los bancos, tienen todos nuestros datos”, responde Lippi.

El proyecto pretende recurrir a otros indicadores como la matriculación, las pólizas de seguros médicos y el uso de tarjetas de crédito para conocer mejor a los ciudadanos. “Alguien que vive en estrato dos, pero tiene matriculada una camioneta de cientos de millones de pesos, ya nos da una pista de sus ingresos”, apunta el secretario de Planeación.

Un sistema deficitario

El 76% de los predios en Bogotá son de estrato uno, dos y tres. Por mucho que se aumenten las facturas que pagan los ciudadanos de estratos 5 y 6 no son suficientes. La ley contempla un fondo de compensación para salvar esta diferencia. Es decir, recursos públicos para que las empresas no dejen de recibir dinero y puedan garantizar los servicios. “En 2015 el modelo solo cubrió el 69% de los subsidios en Bogotá”, recuerda el secretario de Planeación. “La ciudad tuvo que poner 52.000 millones de pesos (19 millones de dólares) y la Nación 250.000 millones (más de 91 millones de dólares) para agua”. Una cantidad de dinero público que podría destinarse a la construcción de colegios y hospitales o a otro tipo de políticas sociales.

“Las mismas empresas de servicios están en contra de modificar el modelo de estratificación”, asegura Roberto Lippi de ONU Hábitat. “Para una compañía debería ser indiferente de dónde venga el dinero. Pero una cosa es recibir un paquete fijo y seguro del Gobierno y otra, mes a mes de los usuarios. La primera opción tiene más ventajas económicas y financieras de flujo de caja”.


“Tiene zapatos de estrato uno”

Tres décadas de estratificación en Colombia han ido construyendo un imaginario colectivo que desposee al ciudadano de cualquier atributo que no sea el lugar en el que vive. “Los estratos han terminado haciendo parte del lenguaje colombiano. Te clasifican socialmente, incluso ideológicamente: pobre o rico; bueno o malo; izquierda o derecha”, explica Antonio Avendaño de la Secretaría de Planeación de Bogotá. En el argot colombiano se cuelan expresiones del tipo: “Lleva zapatos de estrato uno”.


En una entrevista de acceso a la universidad, para calcular la matrícula de estudios o cuando un ciudadano se postula a un nuevo empleo es habitual que una de las preguntas determinantes sea la calle en la que residen. El mérito académico y la capacidad de progresar en un trabajo tienen menor relevancia que el estrato.


“El estrato es un lastre que impide la movilidad social, provoca frustración y desigualdad”, afirma Ricardo Lippi. “El estudio no permite dar el salto social sobre el mérito, como sucedió en Europa”. “Ha radicalizado la segregación”, acompaña Andrés Ortiz, secretario de Planeación de Bogotá.


En Bogotá se visibilizan las barreras invisibles que podrían aparecer en cualquier capital del mundo. El sur es estrato uno y dos, por tanto, se identifica con la pobreza. En el centro hay una suerte de clase media. En el norte, los que denominan ricos, estratos cinco y seis. El estrato cuatro, el que paga lo que consume, no recibe ayudas ni las aporta, alberga un limbo para los estándares colombianos.


El ciudadano que vive en la zona norte de Bogotá se autosegrega instalando muros altos alrededor de su vivienda que refuerza con concertinas. “En todas las ciudades hay ricos y pobres, pero la separación no está avalada por el Estado como sucede en Colombia”, apostilla Lippi. “Este sistema genera poca cohesión social, aumenta la conflictividad, no permite usar de la manera más oportuna la mezcla que deberían ser las ciudades”.


El modelo tampoco posibilita que se produzca el mismo desarrollo en unas zonas y otras de las ciudades por la falta de urbanismo. Los vecinos de un barrio se niegan a que mejoren sus vías, construyan parques o habiliten nuevos espacios públicos porque conllevaría el aumento del estrato. “Los pobres están desconectados de los beneficios de la urbanización, es decir, de ser más prósperos”, explica Rafael Forero, especialista en Legislación, Gobernanza y Seguridad Urbana de ONU Hábitat.


Consenso político


La propuesta de Bogotá y ONU Hábitat es la número 13 que se presenta en Colombia para intentar cambiar el sistema. No depende de la voluntad de una alcaldía y un organismo internacional, sino del consenso político que se alcance en el Congreso para cambiar una ley nacional.


Mientras la ONU aboga por un sistema impositivo, Bogotá no pretende renunciar a la clasificación por estratos al considerarla “democrática y solidaria”. En lo que sí están de acuerdo es en la necesidad de hacer pedagogía para que los ciudadanos que han nacido y crecido con este modelo entiendan por qué muchos de ellos van a dejar de recibir subsidios y a qué se va a destinar ese dinero.


“Los estratos se asumen eternos. Y son una anomalía, no la Biblia”, dice Lippi. La ONU propone una revisión anual, construir el pacto social sobre la temporalidad. “Así se iría equilibrando el sistema y el Estado tendría más recursos para los que los necesitan. Nuestra propuesta es técnica y normativamente viable, lo que no sabemos es si es políticamente viable”.

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Viernes, 30 Marzo 2018 08:55

Violencia y odio de clase

Violencia y odio de clase

¿Qué relaciones podemos establecer entre el asesinato de la concejal Marielle Franco y el juicio penal contra Lula? ¿Cómo vincular la destitución ilegítima de Dilma Rousseff con la intervención militar en las favelas? ¿Qué lazos existen entre el aumento exponencial de la violencia contra negros y negras y los sucesivos récords que está batiendo la bolsa de Sao Paulo?


Un hilo de sangre que se llama odio de clase. Un odio heredado de la esclavitud y del orden colonial en el que prosperó. Los esclavistas sólo se preocuparon por los esclavos cuando se fugaban y creaban quilombos/palenques, espacios de libertad y de vida que se convirtieron en referencia para todos los que vivían encadenados.


Aún para quien no defiende a Lula, y sospecha que las acusaciones en su contra tengan cierto fundamento, parece evidente que su condena y la caída de Dilma abrieron las compuertas de un odio macizo, colonial y genocida de los de arriba. En ese clima de odio fue asesinada Marielle, negra, feminista, lesbiana, nacida en la Maré, un complejo de favelas linderas con la bahía de Guanabara.


La peculiaridad de Brasil, por lo menos en estos años, es que uno por ciento cuenta con el apoyo de una parte importante de la sociedad, probablemente entre 30 y 50 por ciento de la población: las viejas clases medias, la porción de pobres que ascendieron algunos peldaños en la escala social y todos los que sueñan con emular a los más ricos. Odian a los pobres porque sienten la espada de Damocles de la precariedad sobre sus cabezas.


Sin embargo, no estoy de acuerdo con quienes creen que la amplia y justa reacción popular al asesinato de Marielle configura una nueva coyuntura. Sin duda, empeora las expectativas de la derecha y mejora las de la izquierda, con o sin Lula en el escenario electoral. Pero las cosas son mucho más profundas y, sobre todo, de más larga duración.


Quienes conozcan mínimamente la Maré, el complejo de favelas con más de 150 mil habitantes donde nació Marielle, saben que esto no empezó con la intervención militar de Michel Temer. Más de medio siglo de historia permite asegurar que la presión y la represión sobre los favelados nunca cedió, ni siquiera bajo los gobiernos de Lula y Dilma.


Los más veteranos recuerdan con cierta nostalgia el gobierno de Leonel Brizola en el estado de Río de Janeiro (1983-1987). Junto a su vice Darcy Ribeiro, ambos del Partido Democrático Laborista, defendieron el empoderamiento de los pobres, por lo que fueron acusados de paternalistas. Brizola ordenó a la policía que se abstuviera de realizar invasiones arbitrarias en las favelas y que reprimiera a los escuadrones de exterminio parapoliciales. Más de 200 policías fueron procesados. Su gobierno fue la excepción en la relación con la población pobre y negra.


Ante los llamados a la unidad (electoral) y a la formulación de un programa común (de gobierno) en este año de elecciones presidenciales, conviene enfatizar en la necesidad de una política que se deslinde tanto de la confrontación como de las instituciones. Raras veces los esclavos enfrentaron de modo frontal a los propietarios, porque la asimetría era (y sigue siendo) brutal. Nunca fueron tan ingenuos como para soñar que su libertad vendría de cogestionar las plantaciones con sus amos (símil del proyecto progresista). Toda su energía la ponían en preparar fugas, para fundar espacios de libertad como quilombos y palenques.


¿Cómo sería una política anclada en la fuga del capitalismo, en la creación de espacios de libertad y en la resistencia a los embates de los opresores? Creo que es lo que están haciendo las mujeres que luchan, los pueblos indígenas más decididos y, notablemente, los zapatistas. Necesitamos una política en clave quilombo/palenque o comunidad indígena/campesina y popular. Es urgente, necesaria y posible.


Es urgente porque debemos desmontar la lógica del enfrentamiento frontal con el enemigo. No estoy defendiendo el no resistir, el no combatir, sino en la urgencia de cuidarnos como pueblos y clases, porque el proyecto de arriba es liquidarnos. El asesinato de Marielle fue respondido con la misma indiferencia que la desaparición de los 43 de Ayotzinapa. El poder defiende la represión, mientras las clases medias y los grandes medios culpan a las víctimas. Dicen que Marielle era narcotraficante.


Es necesaria porque debemos mirar el largo plazo y no consumir las pocas energías colectivas que aún tenemos en disputas que no conducen a ningún lado o, peor, disipan las energías colectivas en el altar electoral. Los cuerpos que preparan fugas (del capitalismo, del patriarcado, de la hacienda, del control institucional) deben entrenarse en tiempos y en espacios bien distintos que los de los cuerpos que se preparan para ocupar sillones en las instituciones.


Mientras unos necesitan exponerse permanentemente a los focos mediáticos, los otros preparan en silencio la evasión. Cuando la asimetría de poder es tan grande como la que observamos entre el uno por ciento y la mitad más pobre, se debe actuar con extrema cautela y simulando incluso obediencia, como sostiene James Scott en Los dominados y el arte de la resistencia. Son culturas políticas diametralmente opuestas, entre las cuales el diálogo es harto complejo porque hablan lenguas diferentes.


Es posible porque ya existe una política de este tipo (anclada en los quilombos y las comunidades), como lo muestran en Brasil decenas de organizaciones en las favelas, como las que pude conocer directamente en el Complexo do Alemão y en Timbau (en la Maré), en Brasilia y en Salvador.


El asesinato de Marielle es un mensaje contra la nueva generación de militantes negros que se multiplicaron desde las movilizaciones de junio de 2013. Este nuevo activismo está tejiendo un hilo de rebeldía que lleva desde el quilombo de Palmares (1580-1710) hasta la primera favela de Río de Janeiro (Morro da Providencia en 1897), pasando por el Teatro Experimental Negro en la década de 1940. Están forjando historias otras, abajo y a la izquierda

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Viernes, 17 Marzo 2017 06:34

Tres despachos sobre György Lukács

Tres despachos sobre György Lukács

El acontecimiento. A sus treinta y tantos años, György Lukács (1885-1971) –ya un establecido historiador de literatura– llega al marxismo y comunismo no vía la Segunda Internacional ["la encarnación del positivismo determinista y oportunismo político"], sino mediante el idealismo y sindicalismo, y no tanto mediante la lectura de sus teóricos (apenas conoce El capital), sino por la revolución misma ["una ventana hacia el futuro"] (My road to Marx, 1933). Esto hace toda la diferencia del mundo. Su heterodoxia temprana y la mezcla del entusiasmo por la revolución rusa (1917) y del sabor de la derrota a raíz de la caída de la efímera República Soviética Húngara (marzo-agosto/1919) –en la que es comisario político en el frente y luego comisario popular de la educación– dan a luz una obra singular: Historia y conciencia de clase [HyCC] (1923). Su aparición es “uno de los pocos auténticos ‘acontecimientos’ en la historia del marxismo” (S. Zizek dixit). Igual que Karl Korsch, pero con más erudición, el "joven Lukács" se propone salvar a Marx de la bastardización socialdemócrata que permea hasta las filas bolcheviques: recupera su dialéctica y [re]introduce el concepto de la reificación. Pero su timing es fatal. La revolución está en retirada y en vías de osificación. Atacada desde el Comintern (Zinoviev, Kun, Deborin, Rudas) por su "revisionismo teórico", HyCC acaba en el índex estalinista (y con fama del "texto fundacional" del marxismo occidental, que separa la organización política del análisis social). Si bien se cree que pronto y sin una palabra Lukács se distancia de lo que es su opus magnum y acaba rechazándolo hasta sus últimos días (¡sic!) –véase el prólogo a la ed. francesa (1960) y el epílogo a la ed. de 1967–, "perdiendo más de lo que gana en cambio", a finales de los 90 en Moscú aparece un largo y nunca mencionado por él ensayo Seguidismo y dialéctica [SyD] (¿1925-6?), en el que defiende apasionadamente sus ideas. Este "eslabón perdido" (M. Löwy dixit, goo.gl/MWudFb) precisa algunos puntos en HyCC (J. Rees, en: Tailism and the dialectic, 2000, p. 27-30) salva al texto de las malas lecturas) –estalinismo/marxismo occidental– y resalta su singularidad.

 

De Lenin a Stalin. Uno de los objetivos de HyCC es desarrollar la base filosófica para el partido leninista. Lukács logra incluso lo que no logra Lenin: salir del atolladero teórico y vincular la estrategia revolucionaria y organizativa del partido con el corazón del pensamiento de Marx (la alienación). Este vínculo –por años desapercibido, pero innegable a la luz de SyD– con la lucha política y su perspectiva leninista es la “histórica incomprensión de HyCC desde el marxismo” (F. Jameson dixit). Lukács prolonga este análisis en Lenin: la coherencia de un pensamiento (1924), enfatizando las principales lecciones del revolucionario ruso: su insistencia en "abrazar el momento" (Augenblick) y rechazo a la noción de "fases objetivas" (el tema de subjetividad/objetividad y la inclinación por el primero le resultan cruciales para explicar el fracaso de la revolución húngara, que cae por los golpes de la Entente y la contrarrevolución del almirante Horthy (1920-1944), pero sobre todo por sus propios errores (goo.gl/zZgVSl). Tal vez de haberlo leído Lenin habría rechazado a HyCC por su "ultra-izquierdismo/infantilismo" (aunque según Löwy los ensayos que la componen fueron rescritos justo para borrar sus vestigios, G. L.: from romanticism to bolchevism, 1979, p. 11-25). Esa es la suerte del único texto lukacsiano que sí alcanza a leer, uno sobre el parlamentarismo (Lukács, Tactics and ethics: 1919-1929, 2013, p. 53-63), lo que no quita el hecho que "el joven Lukács" sea el "máximo filosofo del leninismo" (S. Zizek, Tailism..., p. 179). Pero con Lenin muerto (1924) y la ventana de la revolución cerrándose, Lukács entra en su "fase termidoriana". Se abraza con los que pisotean a HyCC e incluso defiende la tesis del "socialismo en un solo país": "igual que la ola alta lo lleva a la revolución de Lenin, el reflujo lo arrastra a la contrarrevolución de Stalin" (J. Rees..., p. 32).

 

La extinción. Después de la caída de la revolución, Lukács se queda en Budapest para reorganizar el partido comunista. Es una tarea fútil (R. L. Tökés, Béla Kun and the Hungarian Soviet Republic, 1967, p. 45). En Hungría reina el "terror blanco": unas 5 mil personas quedan ejecutadas (comunistas y judíos sin importar sus preferencias políticas). Decenas de miles acaban en el exilio. Lukács por poco huye a Viena (allí luego escribe HyCC). Hoy las fuerzas de la reacción están otra vez detrás de él: ordenan el cierre del Archivo Lukács localizado en su vieja casa en las orillas del Danubio, que se ocupa de sus escritos (RS 21, 14/3/16) y la remoción de una sobria estatua de él (1985) de uno de los parques (Look Left, 7/2/17). Fidesz, el derechista partido gobernante, está obsesionado con "Lukács-el comunista". Jobbik, su aliado, el partido neonazi, está obsesionado con "Lukács-el judío", la encarnación de la fantasía del "judeobolchevismo". En principio, los que ya poblaron el país con los monumentos de Horthy, el posterior aliado de Hitler, quieren sustituir la estatua de Lukács por la de B. Hóman (1885-1951), historiador e "intelectual orgánico" del fascismo húngaro [las Flechas Cruzadas] uno de los arquitectos de las leyes antijudías de los años 30/40. Al final se conforman con la de Esteban I (975-1038), el rey y el santo.

 

Coda. Desde luego que en el centenario de la revolución (1917-2017) hay que estar "atentos a sus lecciones", sólo que mirando desde la ventana de Mitteleuropa –donde ésta fue parada y condenada a su degeneración– todo se parece no a 1917, sino a 1919 (o a los 20), con:

 

i) la omnipresente glorificación de las más oscuras fuerzas del periodo de entreguerras (su ultranacionalismo y racismo abierto).

ii) un largo –de casi 100 años– y triunfal abrazo entre el protofascismo (los "Blancos") y el posfascismo (Jobbik, et al.), mientras la izquierda aún no se recupera después de lo de 1989.

iii) Y la hegemonía intelectual del anticomunismo (véase a Kolakowski, que lee HyCC sólo para buscar las "semillas de totalitarismo", Las principales corrientes del marxismo, 1974, t. III, p. 249-299).

Y no es por ser un aguafiestas. Es por captar bien el Zeitgeist.

 

Por Maciek Wisniewski *Periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

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Álvaro García Linera: “Las clases altas no tragan que gobierne un indígena”

El vicepresidente boliviano explica por qué no formará dupla electoral con Evo Morales, cuya repostulación en 2019 quiere aprobar el Congreso del MAS


La principal noticia del Congreso del oficialista Movimiento al Socialismo (MAS), que comienza este jueves, es la decisión que ha tomado Álvaro García Linera, vicepresidente del país y teórico del proceso político liderado por Evo Morales, de no formar parte de la dupla con este, a quien el MAS intentará repostular una vez más en 2019 después de remontar el resultado del referendo constitucional de este año, que no autorizó esta acción.


“(Mi decisión) ayuda a que nuestro presidente tenga un mayor margen de maniobra en el ámbito de los acuerdos internos y externos para cohesionar la estructura política”, asegura García Linera en una entrevista con este periódico. Pero no significa que abandone a Evo, a quien “acompañaré en todas las batallas futuras”. García Linera quiere dejar el Estado para “ir a la primera línea” --donde afirma que le encanta estar—“allí donde se define nuestro destino”. Este lugar es “la batalla cultural, la batalla por las ideas”.

Pregunta. Usted ha dicho que “la revolución boliviana vive un reflujo”. ¿Esto explica los hechos últimos, que el MAS haya tenido su primera derrota electoral en el referendo de febrero de este año y que el Gobierno enfrente con mayor dificultad las crisis que se van produciendo?


Respuesta. Lo que estamos viviendo los últimos tres años es un repliegue de la oleada. Seguimos en el momento de hegemonía (del MAS), porque no hay un proyecto alternativo que pueda poner en duda el tipo de sociedad que está en marcha. Pese a la virulencia de los opositores, la multiplicación de las críticas, no hay un proyecto alternativo al nuestro. El repliegue ocurre en todas las revoluciones, a partir de un hecho claro: la gente no puede movilizarse perpetuamente; pasado un tiempo de heroísmo, se repliega a sus actividades cotidianas. Es un momento normal, ineludible en toda revolución. En cualquier revolución una parte de la sociedad se vuelve “clase universal”, es decir, portadora de proyectos universales, que interesan a todos. Construye unos “comunes” que atraen al resto de la sociedad y en torno a los cuales se da la movilización. Esto se traduce en políticas públicas, como (en Bolivia) la nacionalización, la redistribución de la riqueza. El momento del repliegue es inverso: la sociedad se repliega en lo corporativo, lo individual, lo local; y entonces quien se queda con el monopolio de la universal es el Estado. Complicado para un revolucionario que está pensando en la paulatina disolución del Estado. En cambio, mejor para un funcionario: es un tiempo sin mucho sobresalto estratégico, aunque no falten los sobresaltos tácticos. El Estado queda como un ente hegeliano. Por eso el deber del revolucionario es impulsar nuevamente, desde todas partes, la construcción de “universales”, una tarea que puede durar años.
P. ¿Esta lucha será otra vez contra el Estado?


R. No, porque ahora el Estado es poroso, se da cuenta de lo que está pasando y no pone exclusas a la sociedad. Los anteriores Estados creaban sus murallas. Este es un Estado que está demandando más sociedad.


P. Para ser un Estado hegeliano, se lo ve débil, dados los problemas de gestión que se están presentando (falta de agua en La Paz, problemas en las instituciones).


R. Sin ánimo de encubrir estas falencias evidentes, pienso que hay descuido, incompetencias, errores, pero en el marco de un Estado agigantado, que ha crecido mucho más que los hábitos, las habilidades y capacidades de sus funcionarios.

Pasamos de ser un Estado que administraba 600 millones de dólares con 150.000 funcionarios, a un Estado que administra 8.000 millones de dólares con 300.000 funcionarios. La burocracia se ha duplicado, pero las funciones estatales han aumentado un 1.200%. Este desencuentro explica la situación.


P. Se nota una creciente polarización entre el Gobierno de izquierda y las clases medias, que parecen más conservadoras y contestatarias.


R. Siempre ha habido un pedazo de las clases altas que se ha opuesto belicosamente e incluso de manera armada al “proceso de cambio”. El golpe de 2008 ha sido el epítome de esa insurgencia de las clases, que ha sido derrotada en términos políticos, militares y culturales. Pero esta oposición no ha desparecido, siguen ahí, y ahora toma más cuerpo en la critica. Estos sectores nunca se han tragado que un indígena esté gobernando. Antes no lo decían en tono alto, sino en la intimidad de sus cenas y reuniones. Ahora lo han hecho público. Sus escribanos visibilizan este malestar racial de quienes tenían en los blancos un capital social, de quienes hicieron de su piel, su vestimenta, sus modales, un capital. Le dimos un golpe muy duro al capital étnico. Lo devaluamos. Hubo entonces una reacción. Es normal. Lo sabíamos. Ellos nunca votaron por nosotros y nunca lo harán, la historia inscrita en su piel es más fuerte que las ideas. No me preocupan. Lo que me preocupa en este nuevo humor del tiempo histórico es la despolitización de las clases sociales, que las vuelve más permeables a otros referentes de construcción de opinión publica que ya no sean los sindicatos y las asambleas. Una población más despolitizada es también más permeable al discurso de los bloques racistas, que, entonces, comienzan a tener un mayor eco, una mayor recepción a sus prejuicios.


P. ¿Este fenómeno es parte del llamado “giro a la derecha” que se da en Latinoamérica?


R. Si nosotros entendemos el proceso de repliegue y seguimos en el Gobierno, tenemos posibilidad de remontarlo. A diferencia nuestra, en otros países no supieron detectar la reconfiguración de las ideologías sociales. Además, nos diferencia el modelo económico: si no tuviéramos uno sólido estuviéramos en otro lado. ¿Qué hace la economías? Te da una red de protección; sin eso un error político puede ser tu perdición; claro que no hay que exagerar, porque demasiados errores políticos e ideológicos pueden agotar este marco económico de protección.


A diferencia de lo que pasa en otros países, las críticas contra nuestro proceso no van a la sustancia, sino a ciertas formas de administración. La sociedad está moralmente conforme con el proceso general de transformación que está en marcha. En Brasil y Argentina, en cambio, lo que hay es una restauración neoliberal.


P. ¿Qué papel jugará el Congreso del MAS y Álvaro García Linera en la tarea de remontar este “reflujo”?


R. Álvaro García ha de seguir acompañando al presidente Evo en todas las batallas futuras, de eso no cabe la menor duda. Pero soy más útil en otra trinchera, que considero más difícil: Publicar, escribir, tener un programa de radio o tv, formar cuadros, lo que sea posible en la batalla de las ideas, clave de la continuidad y donde estamos más débiles. Para un revolucionario, es mejor estar por fuera del Gobierno.

 

Por Fernando Molina
La Paz 15 DIC 2016 - 19:26 COT

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Dormir de noche es un privilegio de clase, no hacerlo un dolor de cabeza

Se dividen en dos grupos. Los que en sus días libres no pueden dormirse hasta ver despuntar el alba y los que se van a dormir a las 10 de la noche para despertar aunque sea dos veces a la semana a las 8, con la ilusión de seguir siendo normales. Son las y los estudiantes trabajadores de hoy. De sexo indistinto y de edad fija: entre 18 y 24 años. Obligatoriamente "bonitos", rasgos indígenas deslavados, cuando mucho un poco de ojos rasgados, seguramente no gordos, la gordura desagrada en un mundo de modelos anoréxicas. No tienen derechos laborales, en particular no saben que la jornada de 8 horas fue ganada hace cien años tras intensas luchas sindicales y que hasta la desregulation reaganiana en la década de 1980 nadie (nadie, nadie, nadie) podía siquiera imaginar que sería tan fácilmente revocada en la práctica por las patronales más diversas, desde las burocráticas, públicas y privadas, hasta los emprendedores más pujantes.


Los niños de la noche no son poetas, las niñas no son musas. Son meseras, cajeras, stuarts, hostess, sacaborrachos, cadeneros, gerentes, jefe de gerentes, bar tenders, DJ's, gerentes de música, jefes de cajeros, jefes de barra, lavalozas, chefs, secretarias de chefs, jefes de cocina, cocineros de fríos y cocineros de calientes: castas de jodidos desprovistos de tiempos naturales, trabajadores de bares, restaurantes y salones de baile. No hay más trabajo para los jóvenes.


Su tiempo personal es exageradamente reducido, cuando mucho 4 horas, si no es que viven muy lejos y el transporte les quema los segundos. Doce horas de trabajo, 8 de sueño y el resto para estudiar, amar, dialogar, conocer la vida, ir al cine o al teatro (jajaja, bueno para mí la normalidad incluye el cine y el teatro, se me olvidaba que hoy es normal trabajar de las 6 de la tarde a las 6 de la mañana), cuidar la mascota, llamar a mamá por teléfono, pasar un chequeo médico, regar las plantas, respirar. Como durante el Feudalismo la lucha de clase hoy se perfila como una lucha contra las horas de corvée más que a favor de los incrementos salariales. Y la patronal los llamará herejes del neoliberalismo, así como en la Edad Media llamó herejes a todos los campesinos y campesinas rebeldes. Herejes y brujas.


Los más raros, los tendencialmente revolucionarios son los bar tenders abstemios y las chefs veganas. Un sacaborrachos pacifista también es un tipo de cuidado. Ni hablar de una cajera feminista. Si sus preferencias son evidentes, las y los demás trabajadores de la noche podrían convertirlos en ejemplos. Grandes revueltas de la noche serían factibles de estallar con esos guías. Todas las noches un fuego.


Las y los maestros de sus universidades y escuelas no los entienden. Los regañan desde su atraso con respecto al conocimiento de la realidad laboral juvenil o desde su clasismo no cuestionado: "No puede ser que no hayan leído esos dos capítulos si no tenían nada más que hacer". Muchos desertan la escuela antes que el trabajo. Y como su trabajo no está registrado en ningún lado, el gobierno los llama NiNis.


Qué material maravilloso son para el arte los jóvenes: desvelados como zombies, maquetas del performance del futuro, neocategorías para la sociología facilona de las academias clasistas. Los más son carne para el mercado. Hay meseros de bar que se vengan de su imposibilidad de existir comprándose 11 pares de tenis de colores diversos. No duermen, no viven, pero ganan 350 pesos al día más las propinas. Unos pocos son verdaderos nihilistas: la noche devora su existencia que no sirve para nada más que para ser devorada. Y como las mejores narradoras y unos cuantos escritores de hoy, se cuestionan la función de la ficción en el arte (ponen en entredicho el valor de los géneros literarios como formas capaces de enfrentar la creciente falta de significado del mundo y pretenden con ponderaciones excesivas sobre los más nimios aspectos de su vida acercarse al núcleo vivo de la realidad).


Los estudiantes trabajadores que dejan antes la escuela que el trabajo, que tienen crisis acerca del significado de mañana (¿cuándo empieza el mañana si te acuestas cada día a la 8 de la mañana hora en que la gente más vieja entra a trabajar?), que piensan que un artista es el que llega a beber a su barra y menciona su última exposición, que de la diferencia de clases sólo entienden que hay unos gamberros de su misma edad que se pasan la noche en vela sin tener que hacerlo; esos y esas estudiantes trabajadoras son parte de una noche triste, sin encanto, despojada de alternativas tan simples como el sueño. Sin luna ni estrellas. Sin perros que aúllan.


Se dice que en una sola colonia, la Condesa, alias la Fondesa (pero el chiste ya no hace reír a nadie), hay más de 360 bares. Puede ser que muchos más. ¿O cuál es la diferencia entre un bar y un restaurante que cierra a las 2 pero mantiene dentro de sus muros a una cantidad de gente que sigue consumiendo, sobre todo alcohólicos? Los estudiantes meseros no pueden irse; deben seguir atendiéndolos. La jornada de 8 horas ya no existe. El patrón despide a quien a las 4 de la mañana se harta de sonreírle a borrachos que le tiran migas de pan en el escote.
Se dice que hay otros 800 bares de cocteles, tabledances, salas, locales, antros, pubs y discotecas en la Ciudad de México. Un ejército de muchachitos vela en ellos. Sus relaciones amorosas las construyen en su propio lugar de trabajo porque no tienen tiempo de conocer a nadie fuera de ahí. A las mujeres los gerentes (apenas mayores que ellas, aproximadamente treintañeros) las llaman perritas, las obligan a beber para reírse de sus desfiguros o las denuncian si son demasiado austeras porque ahorran para pagarse escuelas de teatro o de música demasiado caras.

 

"Yo no sufro por no poder hacer cosas fuera de aquí, porque aquí se ha vuelto mi casa", le dice a su compañera de trajín un muchacho de 20 años que ha dejado la UNAM donde entró dos años antes pasando con facilidad un examen que retuvo al 90% de las y los otros postulantes. Perdido para el estudio, perdido para la inteligencia, pero no era tonto. Otro, no mayor que él, se ríe con un cliente sobre la posibilidad de que éste le pague para conseguirle putas. Usa este término: putas. Es decir, muchachitas que como él llegaron al trabajo sexual pensando que le ayudaría a pagarse sus estudios, su vida, su renta, la posibilidad de salir de su clase social.


La noche no es divertida para quien quiere hacer la prepa abierta, pero se duerme sobre los libros porque el sueño de día no descansa. Para quien sufre de migrañas si no descansa y teme que la aspirina le cause un hoyo en la panza. Para quien sabe que el gerente lo tratará mal tan sólo porque pertenece a la categoría de persona que existen para ser tratadas mal. "Cuando entras a trabajar dejas tu vida afuera", le dice a un muchacho que es tratado como objeto por un cliente (y quizá haya perdido a la novia, a la madre, al perro o tenga una muela infectada y ganas de tirarse de espalda en la hierba), el jefe que recibe de un jefe más rico enseñanzas acerca de cómo explotar a los trabajadores porque así ganará más.


"Eres joven, cuando seas más viejo vas a dormir. Ahora tienes energías para todo". Frases vacías. La noche que no se duerme tiene consecuencias. La mayoría de las y los trabajadores de bares y restaurantes tienen trastornos por el ruido constante, las luces y la falta de sueño. Los ciclos menstruales enloquecen, los dolores de cabeza se multiplican, el malhumor se generaliza. Una mesera que se salió de un bar espeta enojada: "No sabía qué hacía ahí. En realidad un bar encarna todo aquello que una no quisiera que exista, todo aquello contra lo cual lucho hoy: el egoísmo, la vanidad".


Vuelvo a casa deprimida por mi noche de ronda. Escuché todo lo que pude, miré el autoritarismo reciclarse en las preferencias de los cadeneros, el racismo de las personas que no quieren ser identificadas con lo jodido que están en un trabajo sin fin ni fines. Vi llorar de agotamiento a una meserita chiquita chiquita. Esperé que la niña bien con chofer que la devolverá a casa sin tener que ser retenida por el alcoholímetro diga la consabida estupidez de "qué groseros, nos encendieron las luces" con voz gangosa y un tanto nasal, cuando a las cinco y media de la mañana los meseros le pidieron que se retirara para poder cerrar las cuentas de la noche. No me quedé al recuento de cuántas botellas, cuántas cajas de cerveza, cuánto de propina. No esperé para saber si las cuentas concuerdan con lo que hay en caja.


No me quedé. Me fui por las calles. Paso frente a un Oxxo. ¿Una cerveza en la acera? A final de cuenta ¡qué si me arrestan por faltarle a la moral una noche!


Entro al resplandor del neón. La noche agoniza entre las ramas de las jacarandas pelonas del camellón. Los chavos son menos bonitos, hay unos hombres y unas mujeres mayores de cincuenta años, de esos que no encuentran trabajo en ningún otro lado por viejos. En su cara reconozco el mismo desvelo sin sentido. Pienso que a éstos ni siquiera le darán propinas al final de la noche.

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Domingo, 04 Mayo 2014 06:00

"El racismo crece en Europa"

"El racismo crece en Europa"

La democracia y el respeto por los derechos humanos atraviesan una crisis en el Viejo Continente que no encuentra antecedentes desde el final de la Guerra Fría. Ese fue el diagnóstico presentado por el Consejo de Europa en su último informe del mes pasado, donde señala además que la anexión rusa de la península de Crimea generó un punto de inestabilidad en la región. Página/12 conversó sobre este y otros temas con Paul Lemmens, juez de la Corte Europea de Derechos Humanos que visitó Buenos Aires esta semana, invitado por el Centro Internacional de Estudios Políticos de la Universidad de San Martín para disertar sobre el rol y los desafíos que ese Tribunal Supremo tiene por delante en una Europa en transformación.


Lemmens se desempeña como magistrado de la Corte hace año y medio. Desde ese tiempo a esta parte, lo que más llamó su atención fueron los casos de violencia extrema en el este europeo; hechos que por lo general, señala, son perpetrados en estaciones de policía y centros de detención. "No estoy diciendo que ocurran todos los días, que estos actos de violencia sean endémicos o habituales –advierte el jurista belga–. Pero lo característico es que son continuados por una acción de encubrimiento para evitar que se establezca qué fue lo que ocurrió", completa.


Consultado sobre esos casos, el juez recuerda el calvario que un grupo de presos vivió por demandar mejores condiciones de encierro. Con la orden del gobierno de sofocar la protesta, las autoridades penitenciarias convocaron a los líderes de la revuelta a un encuentro donde discutirían sus reclamos. Una vez que los referentes se reunieron en una habitación, los encargados de la prisión llamaron al ejército. Después de torturarlos, los militares trasladaron a los prisioneros a otro sitio donde oficiales de seguridad esperaban para continuar con el castigo. Allí fueron obligados a firmar una declaración: el texto establecía que, aunque habían sido golpeados y maltratados, los detenidos merecían ese tratamiento.

Quienes encabezaron la protesta fueron enviados más tarde a distintas prisiones. De esa forma, las autoridades daban por resuelto el problema y se aseguraban de que los presos no volvieran a hablar del asunto. Pero los detenidos, a medida que recuperaron la libertad, se asesoraron con abogados que reconstruyeron los hechos. Luego de ser debatido en la Justicia local sin que ningún funcionario terminara procesado, el caso fue tratado en la Corte Europea de Derechos Humanos. Finalmente, el gobierno negó las torturas. Este diario pregunta el nombre y la ubicación de la prisión. Lemmens ensaya una sonrisa nerviosa. Hace lo posible por no dar referencias de los acontecimientos. Finalmente, cuenta que las torturas sucedieron en una cárcel ucraniana, hace cinco o diez años.


–A propósito, ¿cómo analiza la actual situación en Ucrania?


–El conflicto que atraviesa este país no sólo se vincula con la violación de derechos humanos; se relaciona también con la soberanía de los Estados. Hay un elemento que sí tiene que ver con los derechos humanos y es cómo se trata a las minorías. El secretario general del Consejo de Europa, Thorbjorn Jagland, señaló recientemente que lo que ocurre en Ucrania refleja lo que pasa cuando no se protege a todas las personas, incluyendo las minorías.

–Además de la discriminación de esos sectores y las condiciones de detención en las cárceles, el Consejo europeo mostró su preocupación por los altos niveles de corrupción, el funcionamiento y organización del sistema judicial. ¿Cómo pueden atacarse esos problemas?


–Quizás estas cuestiones requieran una aproximación política. Son 47 los Estados miembro del Consejo de Europa y no todos tienen la misma posición. La Corte Europea no está involucrada en la resolución inmediata de los problemas. Por las características de su jurisdicción, estas cuestiones le llegan años después de que sucedieron los hechos. Antes hay que agotar las instancias internas en cada Estado. En la base del conflicto ucraniano hay una situación de tipo económico y, cuando esto pasa, las personas comienzan a reclamar.


–Entre otras acciones, usted participó del Panel Asesor de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Kosovo. ¿Cómo recuerda esa experiencia?
–En ese panel recibimos quejas contra Naciones Unidas por su intervención en Kosovo. Examinamos situaciones que tuvieron lugar entre 2006 y 2008.


–¿A quién iban dirigidas esas denuncias?


–Fueron presentadas contra la administración civil que desempeñaba Naciones Unidas. Durante esos años se recibieron quejas de personas que habían abandonado el país: las denuncias giraban en torno de la falta de respuesta por la desaparición de sus familiares durante la guerra, y al finalizar el conflicto, porque Naciones Unidas no logró llevar adelante investigaciones eficaces.


–¿Qué respuesta ensayó el Estado kosovar ante esas quejas?

–La semana pasada, el Parlamento de Kosovo adoptó una ley brindando su acuerdo para la creación de un Tribunal Internacional Penal, sobre responsabilidad individual, donde se juzguen estos crímenes. Luego debería ser implementado por la Unión Europea. En las opiniones del panel en el que participé aparecen consignados hechos que van a ser valiosos para este tribunal al momento de estudiar los casos.


–Tiempo atrás estuvo la posibilidad, mientras se discutía el juzgamiento de los crímenes cometidos en la ex Yugoslavia, de gestar un tribunal con esas características. Sin embargo, esa experiencia naufragó.


–Ese intento no fue exitoso porque los testigos que dieron testimonios valiosos fueron asesinados. La idea ahora es crear un tribunal con un buen sistema de protección de testigos para obtener información detallada. Los testigos no van a ser escuchados en Kosovo sino en otra jurisdicción, probablemente en La Haya.


–¿Qué otros desafíos en materia de derechos humanos avizora en Europa?

–La discriminación y el racismo son fenómenos crecientes y preocupantes en toda la región.


–¿Cuál es su análisis sobre el alcance de la Justicia universal en España?

–Bélgica tuvo una legislación que ampliaba la jurisdicción de una forma mayor que la existente en España. Con el tiempo fue abolida porque, a nivel político, daba la sensación de que podían juzgarse todos los crímenes de la humanidad. No puede irse demasiado lejos con la jurisdicción universal, sino que debe haber una vinculación clara entre los países involucrados.


–Los crímenes del franquismo no son investigados en España.


–La pregunta es en qué medida les concierne a otros Estados involucrarse en la investigación de los crímenes que ocurrieron en España. ¿A Bélgica le correspondería implicarse en la resolución de esos delitos?

–¿Usted qué opina?


–Sí hay un rol en la medida en que las víctimas estén involucradas con otro país, no por el mero hecho de que residan en otro país. Las víctimas pueden presentar sus denuncias ante el sistema europeo de derechos humanos en el sentido de que España no haya investigado crímenes, no necesariamente delitos de la época del franquismo, que en realidad preceden la adopción de la Convención Europea de Derechos Humanos.

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Por la soberania, la paz, el trabajo decente y vida digna

Declaración conjunta de la Central Unitaria de Trabajadores CUT, la Confederación General de Trabajadores CGT, la Confederación de Trabajadores de Colombia CTC, la Confederación de Pensionados de Colombia CPC y la Confederación Democrática de Pensionados CDP.
Conmemorando en este 1° de mayo de 2014 a nuestros mártires de Chicago de 1886, los trabajadores y pensionados de Colombia y el mundo, pasamos revista a nuestra situación económica, social y política y, reiteramos nuestra decisión de seguir enarbolando las democráticas banderas de la soberanía, la paz, el trabajo decente y la vida digna.


La crisis mundial del modelo neoliberal que sacude a Europa y Estados Unidos desde 2008, viene siendo descargada en países y pueblos, sometiéndolos a recortes fiscales, disminución de derechos a la población en todos los órdenes y eliminando condiciones laborales y salariales. Para ello vienen imponiendo el modelo de Tratados de Libre Comercio –TLC- que violan la soberanía nacional, como en nuestro caso, arrasando la producción agropecuaria e industrial, precarizando y reduciendo el trabajo nacional, todo ello en favor de las grandes multinacionales, para sosegar las dificultades de los grandes monopolios.

La situación durante el gobierno del presidente Juan Manuel Santos ha profundizado la aplicación de la economía basada en la gran minería y las grandes plantaciones agrarias en manos de las multinacionales, concediendo enormes gabelas que hacen de Colombia un paraíso para la inversión del capital extranjero con todas las garantías para el altísimo rendimiento de sus ganancias por vías de la reducción de impuestos y las exigencias medioambientales, las regalías y recorte de condiciones laborales, aumentando el desempleo y arrojando a la informalidad la fuerza laboral colombiana. A la par de esto, se han recortado los derechos fundamentales de la educación y la salud, mientras que los servicios públicos domiciliarios han sido privatizados para su enriquecimiento, martirizando mes a mes a millones de colombianos.


La informalidad laboral sigue estando alrededor del 70%, lo cual niega los derechos laborales y las libertades sindicales, desconoce las normas laborales y los convenios de la OIT, incluido en entidades estatales. Aún más condenable es la práctica de transformar las CTA en sociedades comerciales denominadas SAS –Sociedades por Acciones Simplificadas- o la de transformar las mismas CTA o las SAS en falsos sindicatos creados por las empresas, firmando falsos contratos sindicales para dar la imagen de libertad sindical, negando de paso la negociación colectiva.


Este año en entidades estatales del orden nacional y territorial, se han presentado más de 100 pliegos de solicitudes y en ninguna negociación se vislumbra acuerdos laborales, lo cual muestra la falta de voluntad política del gobierno para cumplir los convenios 151 y 154 de la OIT. Así mismo, los pensionados van a presentar, ante la Presidencia de la República, su pliego de peticiones.


La impunidad en los asesinatos cerca de 3.000 sindicalistas en los últimos 20 años, sigue siendo superior al 94% en casos de homicidios y del 99% en casos de amenazas. Si bien el índice de asesinatos ha disminuido en los últimos años, las amenazas y acciones en contra de sindicalistas se ha incrementado notoriamente, constituyendo toda una situación de persecución al movimiento sindical que se ve reflejada en no menos del 4% de afiliación sindical y una cobertura de negociación colectiva que no benefició a más de 287 sindicatos en 2013, sumado a las violaciones a los derechos humanos de los sindicalistas expresados en desplazamientos, desapariciones y homicidios, razón por la cual nos manifestamos a favor de una salida política al conflicto armado y la reparación de las víctimas y al movimiento sindical.


El resultado de tales políticas ha conducido a Colombia a ser el tercer país más desigual de América según reciente informe de la ONU. Las políticas económicas han sido un fracaso para la nación y sus millones de pobladores, pero han resultado ser un festín para el pequeño puñado del capital financiero, las multinacionales y los intermediarios colombianos.


Frente a todo ello, la movilización social y política, se ha incrementado de una manera importante: la movilización civilista, que desde el 28 de abril desarrollan campesinos y productores agropecuarios contra los TLC, en búsqueda de medidas de protección del estado, las reclamaciones de los mineros, los camioneros, las huelgas obreras en sectores importantes de la economía, la huelga de las madres comunitarias, la movilización estudiantil por el derecho a la educación superior gratuita y de calidad y la movilización de los trabajadores, usuarios, pensionados y estudiantes de la salud contra el regresivo proyecto de ley de reforma a la salud. El anuncio de un paro nacional de Fecode en el mes de mayo, cuya hora cero la definirá su Junta Nacional del 12 de mayo, por salud y salarios, es una portentosa muestra de la protesta de los distintos sectores, que ganan un enorme acompañamiento y una altísima opinión favorable, la respuesta del gobierno ha sido por lo general la negativa a resolver sus peticiones y la utilización de diversos métodos represivos que generan el repudio generalizado, amparados en la ley que penaliza la protesta social.


Se requiere, entonces, mantener al Comando Nacional Unitario al frente de la búsqueda de la solución política del conflicto armado y como tal respaldar el proceso de paz en La Habana y que se haga extensivo a los otros grupos guerrilleros; luchar por la soberanía y la defensa de los derechos de los trabajadores y pensionados, para lo cual tendrá como eje el funcionamiento del Comando Nacional Unitario de las tres Centrales, las Confederaciones de Pensionados y la más amplia unidad de acción con las demás organizaciones populares, sociales y políticas. En ese contexto continuar con la defensa del trabajo decente y la vida digna, de los derechos humanos y sus políticas públicas, la reparación colectiva del movimiento sindical y el apoyo a los conflictos agrarios, de camioneros, de sectores de la salud, educación y luchas populares por mejores condiciones de trabajo, vida y bienestar para todos los trabajadores y pueblo.


Firman:


LUIS ALEJANDRO PEDRAZA
Presidente CUT
JULIO ROBERTO GOMEZ E.
Presidente CGT
MIGUEL MORANTES A.
Presidente CTC
FABIO ARIAS GIRALDO
Secretario General CUT
MIRYAM LUZ TRIANA A.
Secretaria General CGT
ROSA E. FLEREZ G.
Secretaria General CTC
ORLANDO RESTREPO
Presidente CPC
JHON JAIRO DIAZ
residente CDP
Bogotá, 25 de abril de 2014

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El racismo en América Latina y el pueblo mapuche en Chile

Chile sufre el mal de las sociedades trasplantadas, aquellas nacidas a partir de la conquista de los pueblos originarios. Nunca los conquistadores han reconocido la primigenia posesión de los territorios a los pueblos originarios. Por el contrario, los han despojado de cuanto tenían y emprendido una política de exterminio. Han cometido etnocidio y genocidio. El imperio español no fue el primero. En su expansión de ultramar articuló las nuevas Leyes de Indias para garantizarse la continuidad de la mano de obra y regular las condiciones del trabajo forzado en minas y obrajes para no estancar la producción de oro y plata. No hubo humanidad en ellas, sólo interés. El resto es discusión filosófica.

 

El racismo moderno forma parte del capitalismo colonial del siglo XVI, donde la esclavitud se convierte en el núcleo del proceso de acumulación de capital. Tras la independencia, en América Latina no hubo cambios; los criollos convertidos en los nuevos amos de los países y territorios, tomaron el relevo del peninsular. Tampoco hubo paz ni libertad para los pueblos indios, sólo sangre y exterminio. Eso sí bajo el eufemismo de “guerras civilizatorias”. Así se expandió la frontera agrícola y el poder de las oligarquías terratenientes. La sociedad monoétnica dominante, con su cultura y su mundo, impuso el yugo de la explotación adoptando la fórmula del colonialismo interno, condición sine qua non para seguir esquilmándoles sus riquezas y patrimonio.

 

El mito de la superioridad étnico racial vigente en Chile y América Latina se expresa cotidianamente. Aún no se conocen los límites del capitalismo racial. Mapuches, mayas, cunas, aymaras, tupi-guaraní son considerados enemigos del progreso y la patria. En pleno siglo XXI se ven enfrentados a políticas de exterminio neoliberal. La ampliación de la frontera agrícola, el monocultivo transgénico de la soja, las plantaciones de eucalipto, los megaproyectos mineros, hidráulicos, cuyo destino es la vieja Europa y China, incrementa la violencia y las ansias de las transnacionales por apropiarse de los últimos espacios a los cuales fueron relegados a fines del siglo XIX.

 

Contra los pueblos originarios se ha declarado una guerra a muerte. Los recursos naturales en sus territorios los convierten en presa de los nuevos amos del mundo. El agua, los minerales, la flora y la fauna, equivalen al oro y la plata del siglo XVI. Asistimos a una versión actualizada que nada tiene que envidiar a la practicada por sus homólogos en el siglo XIX. La diferencia la encontramos en el despliegue de fuerzas, la tecnología de guerra y las formas legales que justifican el exterminio. Una comunidad internacional sorda, muda que prefiere mirar hacia otro lado completa el cuadro del etnocidio. Al fin y al cabo, todos obtienen beneficios en el mediano y largo plazos. Especuladores, multinacionales y terratenientes.

 


En el sur de Chile se practican todas y cada una de las directrices para acabar con el pueblo mapuche. El gobierno de Piñera ha incrementado las políticas de hostigamiento con vuelos rasantes, allanamientos, desalojos e incendio de tierras comunales, manteniendo la militarización en las regiones del sur; a la par, profundiza en la desarticulación de organizaciones, criminaliza sus reivindicaciones, consiente la tortura y encarcela a los dirigentes. Para justificar estas tropelías se parapeta en las leyes antiterroristas del régimen pinochetista y en la aplicación de estrategias de contrainsurgencia. Para los dirigentes políticos que han gobernado el país tras la salida de la dictadura, sean demócratacristianos, socialistas o la derecha pinochetista, los mapuche son un estorbo, cuya existencia debe reducirse a unas cuantas páginas de los libros de historia y antropología.

 

La guerra de exterminio que lleva siglos ha presentado al mapuche como piltrafa, un desalmado sin sentido patrio, traicionero, borracho, violento y peligroso. Mejor acabar con ellos de una vez para siempre. Pinochet lo intentó durante 17 años quitándoles sus tierras y ofertándolas a empresas y latifundistas que se frotaban las manos con sus nuevas adquisiciones. La represión sobre Lonkos supuso la desarticulación de décadas de luchas y reivindicaciones sobre sus territorios que el gobierno de Salvador Allende reconoció en sus tres años de mandato.

 

El pueblo mapuche sufre las consecuencias de una sociedad, la chilena en su conjunto, que los desprecia. No hay nada peor que el paternalismo colonial, trato constante al que han sido sometidos. El ex presidente socialista Ricardo Lagos llevó esta situación al paroxismo inaugurando la “política del nuevo trato a los mapuches”. En resumen, debían aceptar las condiciones que ofrece el Estado o sufrir las consecuencias en caso de rechazarlas. No faltó tiempo, poco después se incremento la violencia de Estado contra el pueblo mapuche, la que hoy impera y mantiene.

 

Para los chilenos, la solución es clara: dejar vivos unos cuantos para exponerlos ante los turistas. Exhibir maniquíes con sus vestimentas coloridas, sus ponchos e instrumentos musicales en museos antropológicos y etnográficos, como expresión del pasado salvaje de los habitantes originarios. En algún caso, sería conveniente, para completar el cuadro, traer alguna momia para que los visitantes aprecien la calidad de los embalsamamientos. Los negocios son los negocios. Tampoco deben faltar las visitas guiadas para comprar objetos de plata, tótem y figuritas varias. En definitiva, los indios son seres raros, no se les entiende cuando hablan, viven hacinados, huelen mal y quieren destruir la civilización occidental y los valores católicos, apostólicos y romanos. Los negocios son los negocios y ser racista en Chile no supone un problema ni ético ni menos político. Muerte al mapuche.

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