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Jueves, 11 Junio 2020 08:43

La democracia, que sí es posible

Nicolás de la Hoz, sin título (Cortesía del autor)

…en la sombra del otro
buscamos nuestra sombra…
La moneda de hierro, Jorge Luis Borges

 

Como la sombra del caminante, prolongada por el sol matutino, que unas veces realza y otras difumina la silueta, así son algunos de los contornos que va dejando sobre el cuerpo social la crisis que hoy conmueve al conjunto de la humanidad.


Con su brillo de las primeras horas del día, en ángulo obtuso sobre el cuerpo del caminante, con sombra prolongada aparece con mayor realce la fisonomía de quien lo recibe en su humanidad, bien de frente, bien por la espalda. Vemos una proyección similar del cuerpo estatal, que por acción neoliberal y con efecto perpendicular, había visto achatada su proyección durante las últimas décadas. Ahora recupera cuerpo.


Es un renovado vigor que en nada o en muy poco promete ser favorable a las necesidades de quienes padecieron su debilitamiento, cocinado en tres o más décadas en las que fue concretada una variedad de políticas económicas, sociales y culturales, entre ellas: reformas privatizadoras de todo lo considerado público y con potencial rentista; políticas de atomización social para descomponer esperanzas frente a otro modelo social posible y sobre la vitalidad de lo común; multiplicación de beneficios económicos y tributarios, de manera sorprendente, para quienes más tienen, e incremento de la carga tributaria para quienes viven de su trabajo; desestímulo a la producción nacional y, con ello, para el caso de Colombia, desmonte de la escasa producción industrial construida a lo largo de varias décadas, así como igualmente desestímulo a la capacidad agraria, labrada por cientos de miles de campesinos en sus pequeños terruños, al tiempo con articulación sometida al mercado mundial a través de decenas de tratados de ‘libre comercio’; renuncia a políticas de soberanía monetaria y financiera; limitación del gasto social, siempre de acuerdo a los compromisos internacionales de pago oportuno de la deuda pública; estímulo y fortalecimiento de una industria cultural que distrae y adormece sin propiciar reencuentros sociales ni redes de producción propia, con sentido de memoria, por un lado, así como, por el otro, de sueños de presente y de futuro; estímulo al consumo superfluo y al desecho sin miramientos sobre el medio ambiente, ni responsabilidad individual y colectiva con la recuperación de partes e insumos posibles de reutilizar o procesar.


Es claramente un desmonte de su rostro social y del compromiso con la redistribución de lo recogido por el ente central, producto del continuado ejercicio económico de millones de personas –que, para el caso colombiano, nunca fue pronunciado–, a la par del fortalecimiento de su rostro autoritario y violento como producto de lo cual los Derechos Humanos quedaron signados por un gran interrogante, y enmarcada la posibilidad de paz con justicia social como consigna para adornar salones de clase.


Desde el “monopolio legítimo de las armas”, una cara poco amable copó extensas zonas rurales para darle paso a diversidad de proyectos extractivistas, así como a la protección de privilegios de todo tipo, entre ellos la prolongación del latifundio o el ingreso de multinacionales mineras a territorios donde la comunidad no los desea, o la misma aspersión de miles y miles de litros de glifosato sobre extensas áreas boscosas del país, persistencia de una condicionada, manipulada y fracasada “guerra contra las drogas” que no repara en los daños ocasionados sobre la salud humana y de otros animales que las habitan, condenándolas a un extendido envenenamiento de las cuencas de que son parte integral, toxicidad que por décadas guardará residuos en el subsuelo.


Estamos ante el regreso del Estado a la escena central de cada país que, para el caso nacional e internacional, resalta su prioridad por inyectar miles de millones para recuperar o impedir la quiebra de variedad de empresas y, asimismo, el ahondamiento del control y el disciplinamiento social. Un regreso, por tanto, sobre dos rieles: socialización de la crisis –económica– y autoritarismo.


En esta socialización de la crisis, para el caso de Europa resalta el rescate del grupo Air France-KLM, que recibirá un “apoyo histórico de 7.000 millones de euros de parte del Estado francés” (1). De igual manera, la administración de Angela Merkel, en Alemania, concertó con la compañía aérea Lufthansa “[…] un plan de salvación por 9.000 millones de euros que convertirá al Estado en el principal accionista del grupo, con el 20% del capital” (2). Estados Unidos no se quedó atrás y le dio vía libre a un plan de refinanciación para pequeñas empresas (hasta 500 trabajadores), al cual se pegaron grandes empresas, haciéndole malabares a la norma. “El plan de ayudas [fue financiado] con un presupuesto de 349.000 millones de dólares [...]. El grifo se abrió el 3 de abril y en tan solo dos semanas quedó agotado [...]. La Casa Blanca, los republicanos y los demócratas ultiman ahora un acuerdo para refinanciar esta línea de ayudas con otros 310.000 millones” (3). Paralelo a ello “Unos 500.000 millones de dólares en así llamados préstamos han sido entregados directamente a las mayores empresas de EE UU sin una supervisión ni rendición de cuentas significativa” (4). La experiencia vivida en 2008 con el salvataje de bancos permite desde ahora intuir que estas ayudas, presentadas en una primera instancia como créditos blandos y similares, terminarán condonados. Es así como la crisis, una vez más, termina asumida por el conjunto social. En las épocas de bonanza económica, los ricos se miran en el espejo.


La inyección prioritaria de dinero para los propietarios de fábricas y empresas de diverso tipo toma relieve en Colombia con préstamos ofertados a menor costo, por ejemplo, desde Bancoldex, para lo cual dispuso de 600 mil millones de pesos (5), ofertados con meses a cero intereses y al menos dos años para cancelarlos: pero también con el congelamiento del pago de obligaciones tributarias y salud, a la par de donar a los dueños del capital el 50 por ciento de las primas que debe cancelar en este mes de junio, para salarios que oscilen entre el mínimo y el millón de pesos.


Es este un apoyo directo que, como en el caso de otros países, también gozará de alargues y hasta condonación de lo prestado, tras garantías como no despedir trabajadores, ajustar los procesos productivos a menores cuotas contaminantes y variables similares. Es claramente un favorecimiento al empresariado que afectará las garantías en el ámbito del trabajo al ahondar la flexibilidad laboral tras el teletrabajo, ya existente y extendido en el sector bancario y del comercio, pero que ahora se verá ampliado, debilitando aún la asociación de quienes venden su fuerza de trabajo y entorpeciendo la posibilidad de resistir al afán de mayores tasas de ganancia, siempre pretendidas por la patronal.


Te vigilo y te controlo, sé quién eres y qué piensas

Ahora los rayos desgarran la sombra espesa
Posesión, Vicente Aleixandre


El avance autoritario de los Estados, por su parte, es lo más resaltado por los analistas de distintas corrientes. Destacan con preocupación la implementación de técnicas variadas de vigilancia y control social, bajo el prurito del seguimiento de la pandemia; técnicas y políticas de disciplinamiento social previamente existentes, con especial desarrollo en Estados Unidos (bajo control de la NSA y su ojo universal) y en China, pero ahora realzadas por los supuestos beneficios la viabilidad que encarnan para el conjunto de las sociedades en su lucha por la salud pública (Ver Philip Potdevin pp. 10-11 y Damian Pachón pág. 13).


Se trata del aprovechamiento de esta circunstancia, ahora por parte de multitud de Estados liberales que reducen así el espacio de las libertades públicas y meten sus narices en la vida privada de sus poblaciones, un suceso de total gravedad que lo será aún más si, como está sucediendo por estos días, las poblaciones mismas terminan aceptando e incluso pidiendo estos controles y la injerencia del gran hermano por temor al regreso de la pandemia o, hacia el futuro, por el comienzo de crisis similares que pueden desprenderse tanto de la prolongación de la crisis climática global, por la persistencia del capital con un modelo de ‘desarrollo’ a todas luces antinatural y que devasta el planeta, como de posteriores y cada vez más posibles confrontaciones armadas entre potencias o, incluso, de alzamientos sociales, en este caso en procura de justicia e igualdad.


Este es un aspecto del giro antidemocrático, pero el otro recae en la concentración de poderes que ahora ostentan infinidad de gobernantes a partir de su llamado a declarar estados de emergencia para enfrentar el virus. Regímenes presidencialistas es el resultado final de ello. ¿Hasta dónde irán los mismos? Solo el tiempo lo dirá, pero lo evidente es que, validos de las circunstancias en curso, le han sacado provecho para aplazar elecciones (Bolivia, Chile), para aprobar reformas contenidas por la inconformidad social (Ecuador), o para contener y dilatar la protesta social en curso –con demanda de cambios en lo económico, político y social, (Chile, Ecuador, Colombia, Francia). Todo ello evidencia que la crisis de salud pública se está utilizando por parte de amplios sectores del poder tradicional para gobernar a raja tabla y sin oposición. ¿Qué más desearía un gobernante adepto de la continuidad? ¿Qué más querría el capital para administrar la fuerza de trabajo, su disposición y su rentabilidad, que el silencio perenne?


Estamos ante una respuesta/utilización de la crisis desde los factores de poder dominantes, que desdicen de la inmensa posibilidad de cambio abierta por la misma. Como es evidente, por estos días emergieron con toda visibilidad los marcados contrastes de la sociedad colombiana, signada por la concentración de la riqueza en los bolsillos de unas poquísimas familias y la extendida pobreza que cubre a millones. Tras pocos días de encierro. la ausencia de ingresos y el hambre dibujaron sin tapujo alguno la sociedad que somos, poniéndole grandes interrogantes a la estrategia diseñada para contener la multiplicación del covid-19, clara y absurdamente pensada para sectores con ingresos fijos, que no son precisamente los de la mayoría de quienes integran nuestra sociedad.


De esta manera, con un presidencialismo tan del gusto de la oligarquía criolla, con mecanismos de control social y disciplinamiento autoritario cada vez más notables –de viejo y de nuevo cuño–, sin una economía al servicio del conjunto social, la democracia formal, que siempre ha sido la nota dominante en Colombia, hoy toma mayor cuerpo.


Por tanto, así va siendo desaprovechada por el establecimiento esta coyuntura para enrutar el régimen económico y político hacia el cambio que requiere toda sociedad que se proyecte con vocación humanista a lo largo de las ocho décadas aún por recorrer de la centuria número 21. ¡Algo que no puede sucederle al resto de la sociedad! Si tenemos ante nosotros la sombra de lo que somos, ¿cómo no optar por su comprensión y su transformación? ¿Cómo seguir desconociendo por otros cien años la sombra, la realidad de nuestro ser, confundiéndola con imágenes que la desdibujan y la niegan?
Entendámoslo: este es un reto mayor. De las manos de los excluidos de siempre debe tomar forma la democracia en su mejor y más radical expresión, abriéndole espacio a la participación directa y decisiva de la sociedad toda, con sus matices regionales, que en el caso de la sociedad colombiana le brindan particularidades de pasado y presente, con sus realces territoriales y sus matices culturales que explican por qué somos disimiles en nuestra formas expresivas, en la manera de encarar la vida, en las disposiciones para enfrentar las luchas del ser social.


Tales realces geográficos y culturales, pese a su notoriedad, mantienen en común la demanda por una indispensable redistribución de la tierra para afincar, con el acceso a la misma, el definitivo desmoronamiento del poder señorial que cargamos como lastre desde la Colonia, con la Hacienda, soporte desde hace siglos de poder económico, político y cultural de minorías que someten a las mayorías, hoy reforzadas con el poder mafioso que se extiende sobre cientos de miles de hectáreas. La tierra, como soporte del poder directo y simbólico de unos pocos sobre millones de personas, ya redistribuida deberá darle paso a un dinámico proyecto de soberanía alimentaria, agenciado por cientos de miles de brazos decididos a un sembrado variado sobre tierra propia, potenciado desde la siembra de cultivos nativos y otros recuperados desde diversas experiencias de vida –unos y otros, contrarios a los monocultivos y los organismos genéticamente modificados–, unos y otros de las más variadas especies, para complementar por esa vía un modelo de vida digna, con sustentabilidad alimentaria como aporte para la salud del cuerpo y el fortalecimiento de las energías espirituales.


De modo que una nueva o real democracia, con soporte en el campo y la economía agraria, según nuestras particularidades regionales, deberá propiciar el cimiento de una economía de nuevo tipo, y en ella la conjunción de saberes milenarios con los alcanzados por las nuevas ciencias y lo desprendido por las revoluciones industriales, la tercera y la cuarta, para hacer realidad una industria farmacéutica que esté abierta a la humanidad, para su beneficio y su bienestar.


Con la luz del día sobre el cuerpo de los pueblos se extenderá a su alrededor la figura del bienestar, y con ella la ebullición de los condenados de la tierra. No es posible la democracia directa, participativa, radical, la más exigente que soñamos, si no parte de la movilización y el compromiso de los millones que somos. La democracia no se decreta y se irradia sobre la sociedad por mandatos u ordenanzas. La democracia es mucho más que una fecha y un registro. Como conjunción que es entre economía, cultura, política y territorio, la democracia se enraíza en lo más profundo del ser humano a partir de sembrar en sus más hondos sentires la disposición por la justicia, la igualdad, la libertad, la solidaridad, el hermanamiento entre diferentes, sabiendo siempre que en el centro de su divisa está el ser humano como persona (6), que no puede quedar relegada a sobrevivir arañando los desechos que le arrojan desde el poder o desde las mesas de los ricos, sino que debe sentir y saber que sin vida digna no hay existencia que merezca ese nombre.


Un devenir así, participativo, directo y decisivo, también debe afrontar la revalorización de la ciudad, despoblando parte de la misma, reubicando a millones de quienes la pueblan y la sufren por sus altas tasas de contaminación, por el encerramiento en cuatro paredes que han dejado de ser vivienda para constituirse en la jaula que impide convivir y disfrutar de la vida diaria y el descanso, donde el complemento de cuerpos ya no cuenta con la privacidad ni la tranquilidad que el goce demanda. No es humano un territorio devorador de recursos naturales de todo tipo, así como de años de vida en el rodar diario de llantas que transportan mano de obra de un rincón a otro de la urbe. La ciudad, en su actual estado, es un germen de múltiples pandemias, sin superar las cuales millones de seres seguirán muriendo cada año por motivos que en el mundo actual son prevenibles.


Se impone construir ciudades vivibles, posibles de administrar entre todos y todas, donde el suelo pase a ser de propiedad pública, liberando así a millones de un esfuerzo interminable y extenuante para pagar el ‘derecho’ a la vivienda, constituida desde hace décadas en botín de especuladores urbanos, antes casatenientes, ahora dominado por el sistema bancario, verdadero amasador de infinidad de metros cuadrados construidos en las urbes.


Es urgente la recuperación, por la vía de replantear el tema urbano, de cuencas y microcuencas otrora fuente de vida y alimento para la fertilidad de la tierra. Y para ello, es indispensable reforestar todos sus alrededores e interiores, para un reencuentro virtuoso con la naturaleza que nos permita bajarle el efecto pernicioso a la contaminación propiciada por el imparable transitar de motores que expulsan sin tregua gases tóxicos, fuente de las más variadas e insufribles enfermedades modernas. Se requieren nuevas ciudades inteligentemente diseñadas, por tanto, con derecho propio para quienes deberán transitarlas a pie, gozando de sus entornos estéticamente construidos, sin el temor al asalto inesperado, ya que la convivencia estará signada sobre bases de igualdad y justicia.


Acciones de cambio, de justicia y vida digna, que deben ir de la mano de otras que permitan el acceso público y general a la internet, al Wi-fi, con diseño e implementación de redes y sistemas computacionales propios que permitan soberanía comunicativa, eviten el espionaje propiciado desde las potencias y sus grandes multinacionales, y protejan a toda nuestra población en el derecho a su privacidad. Un proceder que demanda el fortalecimiento en ciencia y tecnología, auspiciando con presupuestos reforzados investigaciones de punta lideradas desde las universidades públicas, las que deben llegar a ser verdaderos centros de saber ligados de manera dinámica a redes globales del conocimiento donde la propiedad privada deje de ser el afán que ahora domina toda investigación y cualquier escritura, por sencilla que sea.


Son estas y otras muchas las quimeras que revitalizan la democracia que sí es posible, la que vemos tras las sombras del cuerpo social ahora devastado por un sistema que simula ser lo que no es, destruyendo a diario vidas y esperanzas de vida, ofreciendo lo que no habrá de cumplir, pues especula con la vida de millones que son sometidos como piñones de una inmensa máquina devoradora de seres humanos.


Hoy, en medio de una pandemia que resume la crisis de una civilización, por paradójico que parezca, tenemos una lección de vida, un reto para potenciarla. No lo perdamos tras temores ahondados por el control y el disciplinamiento autoritario, ahora ahondado por el poder de siempre, con nuevas y viejas técnicas, sutiles unas y otras no tanto.


Que nuestros cuerpos proyecten en sus sombras un largo y extendido movimiento, que le den forma a la figura del cambio, al abrazo que fortalece, al apoyo que brinda confianza e impulsa a no desistir. Toda crisis trae una oportunidad. No la desaprovechemos. Soltemos por ciudad y campo las amarras democratizadoras.

 

1. https://www.france24.com/es/20200424-air-france-klm-estado-frances-historico-paquete-ayuda-7000-millones-euros.
2. “El gobierno alemán salva a Lufthansa y se queda con un 20 por ciento de la empresa”, https://www.pagina12.com.ar/268271-el-gobierno-aleman-salva-a-lufthansa-y-se-queda-con-un-20-po.
3. “Shake Shack o cómo el rescate económico en Estados Unidos acaba beneficiando a los ricos”, https://elpais.com/economia/2020-04-20/shake-shack-o-como-el-rescate-economico-en-estados-unidos-acaba-beneficiando-a-los-ricos.html.
4. “Estados Unidos: coronacapitalismo y su inminente colapso”, https://www.elsaltodiario.com/crisis-economica/estados-unidos-coronacapitalismo-y-su-inminente-colapso-
5. https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2020/600000-millones-suma-Bancoldex-en-fondos-para-financiar-empresas-afectadas-por-el-COVID-19-a-traves-de-la-linea-200402.aspx
6. Zambrano, María, persona y democracia, Alianza Editorial, España, 2019, pág. 183.

Miércoles, 10 Junio 2020 08:40

La democracia, que sí es posible

Nicolás de la Hoz, sin título (Cortesía del autor)

…en la sombra del otro
buscamos nuestra sombra…
La moneda de hierro, Jorge Luis Borges

 

Como la sombra del caminante, prolongada por el sol matutino, que unas veces realza y otras difumina la silueta, así son algunos de los contornos que va dejando sobre el cuerpo social la crisis que hoy conmueve al conjunto de la humanidad.


Con su brillo de las primeras horas del día, en ángulo obtuso sobre el cuerpo del caminante, con sombra prolongada aparece con mayor realce la fisonomía de quien lo recibe en su humanidad, bien de frente, bien por la espalda. Vemos una proyección similar del cuerpo estatal, que por acción neoliberal y con efecto perpendicular, había visto achatada su proyección durante las últimas décadas. Ahora recupera cuerpo.


Es un renovado vigor que en nada o en muy poco promete ser favorable a las necesidades de quienes padecieron su debilitamiento, cocinado en tres o más décadas en las que fue concretada una variedad de políticas económicas, sociales y culturales, entre ellas: reformas privatizadoras de todo lo considerado público y con potencial rentista; políticas de atomización social para descomponer esperanzas frente a otro modelo social posible y sobre la vitalidad de lo común; multiplicación de beneficios económicos y tributarios, de manera sorprendente, para quienes más tienen, e incremento de la carga tributaria para quienes viven de su trabajo; desestímulo a la producción nacional y, con ello, para el caso de Colombia, desmonte de la escasa producción industrial construida a lo largo de varias décadas, así como igualmente desestímulo a la capacidad agraria, labrada por cientos de miles de campesinos en sus pequeños terruños, al tiempo con articulación sometida al mercado mundial a través de decenas de tratados de ‘libre comercio’; renuncia a políticas de soberanía monetaria y financiera; limitación del gasto social, siempre de acuerdo a los compromisos internacionales de pago oportuno de la deuda pública; estímulo y fortalecimiento de una industria cultural que distrae y adormece sin propiciar reencuentros sociales ni redes de producción propia, con sentido de memoria, por un lado, así como, por el otro, de sueños de presente y de futuro; estímulo al consumo superfluo y al desecho sin miramientos sobre el medio ambiente, ni responsabilidad individual y colectiva con la recuperación de partes e insumos posibles de reutilizar o procesar.


Es claramente un desmonte de su rostro social y del compromiso con la redistribución de lo recogido por el ente central, producto del continuado ejercicio económico de millones de personas –que, para el caso colombiano, nunca fue pronunciado–, a la par del fortalecimiento de su rostro autoritario y violento como producto de lo cual los Derechos Humanos quedaron signados por un gran interrogante, y enmarcada la posibilidad de paz con justicia social como consigna para adornar salones de clase.


Desde el “monopolio legítimo de las armas”, una cara poco amable copó extensas zonas rurales para darle paso a diversidad de proyectos extractivistas, así como a la protección de privilegios de todo tipo, entre ellos la prolongación del latifundio o el ingreso de multinacionales mineras a territorios donde la comunidad no los desea, o la misma aspersión de miles y miles de litros de glifosato sobre extensas áreas boscosas del país, persistencia de una condicionada, manipulada y fracasada “guerra contra las drogas” que no repara en los daños ocasionados sobre la salud humana y de otros animales que las habitan, condenándolas a un extendido envenenamiento de las cuencas de que son parte integral, toxicidad que por décadas guardará residuos en el subsuelo.


Estamos ante el regreso del Estado a la escena central de cada país que, para el caso nacional e internacional, resalta su prioridad por inyectar miles de millones para recuperar o impedir la quiebra de variedad de empresas y, asimismo, el ahondamiento del control y el disciplinamiento social. Un regreso, por tanto, sobre dos rieles: socialización de la crisis –económica– y autoritarismo.


En esta socialización de la crisis, para el caso de Europa resalta el rescate del grupo Air France-KLM, que recibirá un “apoyo histórico de 7.000 millones de euros de parte del Estado francés” (1). De igual manera, la administración de Angela Merkel, en Alemania, concertó con la compañía aérea Lufthansa “[…] un plan de salvación por 9.000 millones de euros que convertirá al Estado en el principal accionista del grupo, con el 20% del capital” (2). Estados Unidos no se quedó atrás y le dio vía libre a un plan de refinanciación para pequeñas empresas (hasta 500 trabajadores), al cual se pegaron grandes empresas, haciéndole malabares a la norma. “El plan de ayudas [fue financiado] con un presupuesto de 349.000 millones de dólares [...]. El grifo se abrió el 3 de abril y en tan solo dos semanas quedó agotado [...]. La Casa Blanca, los republicanos y los demócratas ultiman ahora un acuerdo para refinanciar esta línea de ayudas con otros 310.000 millones” (3). Paralelo a ello “Unos 500.000 millones de dólares en así llamados préstamos han sido entregados directamente a las mayores empresas de EE UU sin una supervisión ni rendición de cuentas significativa” (4). La experiencia vivida en 2008 con el salvataje de bancos permite desde ahora intuir que estas ayudas, presentadas en una primera instancia como créditos blandos y similares, terminarán condonados. Es así como la crisis, una vez más, termina asumida por el conjunto social. En las épocas de bonanza económica, los ricos se miran en el espejo.


La inyección prioritaria de dinero para los propietarios de fábricas y empresas de diverso tipo toma relieve en Colombia con préstamos ofertados a menor costo, por ejemplo, desde Bancoldex, para lo cual dispuso de 600 mil millones de pesos (5), ofertados con meses a cero intereses y al menos dos años para cancelarlos: pero también con el congelamiento del pago de obligaciones tributarias y salud, a la par de donar a los dueños del capital el 50 por ciento de las primas que debe cancelar en este mes de junio, para salarios que oscilen entre el mínimo y el millón de pesos.


Es este un apoyo directo que, como en el caso de otros países, también gozará de alargues y hasta condonación de lo prestado, tras garantías como no despedir trabajadores, ajustar los procesos productivos a menores cuotas contaminantes y variables similares. Es claramente un favorecimiento al empresariado que afectará las garantías en el ámbito del trabajo al ahondar la flexibilidad laboral tras el teletrabajo, ya existente y extendido en el sector bancario y del comercio, pero que ahora se verá ampliado, debilitando aún la asociación de quienes venden su fuerza de trabajo y entorpeciendo la posibilidad de resistir al afán de mayores tasas de ganancia, siempre pretendidas por la patronal.


Te vigilo y te controlo, sé quién eres y qué piensas

Ahora los rayos desgarran la sombra espesa
Posesión, Vicente Aleixandre


El avance autoritario de los Estados, por su parte, es lo más resaltado por los analistas de distintas corrientes. Destacan con preocupación la implementación de técnicas variadas de vigilancia y control social, bajo el prurito del seguimiento de la pandemia; técnicas y políticas de disciplinamiento social previamente existentes, con especial desarrollo en Estados Unidos (bajo control de la NSA y su ojo universal) y en China, pero ahora realzadas por los supuestos beneficios la viabilidad que encarnan para el conjunto de las sociedades en su lucha por la salud pública (Ver Philip Potdevin pp. 10-11 y Damian Pachón pág. 13).


Se trata del aprovechamiento de esta circunstancia, ahora por parte de multitud de Estados liberales que reducen así el espacio de las libertades públicas y meten sus narices en la vida privada de sus poblaciones, un suceso de total gravedad que lo será aún más si, como está sucediendo por estos días, las poblaciones mismas terminan aceptando e incluso pidiendo estos controles y la injerencia del gran hermano por temor al regreso de la pandemia o, hacia el futuro, por el comienzo de crisis similares que pueden desprenderse tanto de la prolongación de la crisis climática global, por la persistencia del capital con un modelo de ‘desarrollo’ a todas luces antinatural y que devasta el planeta, como de posteriores y cada vez más posibles confrontaciones armadas entre potencias o, incluso, de alzamientos sociales, en este caso en procura de justicia e igualdad.


Este es un aspecto del giro antidemocrático, pero el otro recae en la concentración de poderes que ahora ostentan infinidad de gobernantes a partir de su llamado a declarar estados de emergencia para enfrentar el virus. Regímenes presidencialistas es el resultado final de ello. ¿Hasta dónde irán los mismos? Solo el tiempo lo dirá, pero lo evidente es que, validos de las circunstancias en curso, le han sacado provecho para aplazar elecciones (Bolivia, Chile), para aprobar reformas contenidas por la inconformidad social (Ecuador), o para contener y dilatar la protesta social en curso –con demanda de cambios en lo económico, político y social, (Chile, Ecuador, Colombia, Francia). Todo ello evidencia que la crisis de salud pública se está utilizando por parte de amplios sectores del poder tradicional para gobernar a raja tabla y sin oposición. ¿Qué más desearía un gobernante adepto de la continuidad? ¿Qué más querría el capital para administrar la fuerza de trabajo, su disposición y su rentabilidad, que el silencio perenne?


Estamos ante una respuesta/utilización de la crisis desde los factores de poder dominantes, que desdicen de la inmensa posibilidad de cambio abierta por la misma. Como es evidente, por estos días emergieron con toda visibilidad los marcados contrastes de la sociedad colombiana, signada por la concentración de la riqueza en los bolsillos de unas poquísimas familias y la extendida pobreza que cubre a millones. Tras pocos días de encierro. la ausencia de ingresos y el hambre dibujaron sin tapujo alguno la sociedad que somos, poniéndole grandes interrogantes a la estrategia diseñada para contener la multiplicación del covid-19, clara y absurdamente pensada para sectores con ingresos fijos, que no son precisamente los de la mayoría de quienes integran nuestra sociedad.


De esta manera, con un presidencialismo tan del gusto de la oligarquía criolla, con mecanismos de control social y disciplinamiento autoritario cada vez más notables –de viejo y de nuevo cuño–, sin una economía al servicio del conjunto social, la democracia formal, que siempre ha sido la nota dominante en Colombia, hoy toma mayor cuerpo.


Por tanto, así va siendo desaprovechada por el establecimiento esta coyuntura para enrutar el régimen económico y político hacia el cambio que requiere toda sociedad que se proyecte con vocación humanista a lo largo de las ocho décadas aún por recorrer de la centuria número 21. ¡Algo que no puede sucederle al resto de la sociedad! Si tenemos ante nosotros la sombra de lo que somos, ¿cómo no optar por su comprensión y su transformación? ¿Cómo seguir desconociendo por otros cien años la sombra, la realidad de nuestro ser, confundiéndola con imágenes que la desdibujan y la niegan?
Entendámoslo: este es un reto mayor. De las manos de los excluidos de siempre debe tomar forma la democracia en su mejor y más radical expresión, abriéndole espacio a la participación directa y decisiva de la sociedad toda, con sus matices regionales, que en el caso de la sociedad colombiana le brindan particularidades de pasado y presente, con sus realces territoriales y sus matices culturales que explican por qué somos disimiles en nuestra formas expresivas, en la manera de encarar la vida, en las disposiciones para enfrentar las luchas del ser social.


Tales realces geográficos y culturales, pese a su notoriedad, mantienen en común la demanda por una indispensable redistribución de la tierra para afincar, con el acceso a la misma, el definitivo desmoronamiento del poder señorial que cargamos como lastre desde la Colonia, con la Hacienda, soporte desde hace siglos de poder económico, político y cultural de minorías que someten a las mayorías, hoy reforzadas con el poder mafioso que se extiende sobre cientos de miles de hectáreas. La tierra, como soporte del poder directo y simbólico de unos pocos sobre millones de personas, ya redistribuida deberá darle paso a un dinámico proyecto de soberanía alimentaria, agenciado por cientos de miles de brazos decididos a un sembrado variado sobre tierra propia, potenciado desde la siembra de cultivos nativos y otros recuperados desde diversas experiencias de vida –unos y otros, contrarios a los monocultivos y los organismos genéticamente modificados–, unos y otros de las más variadas especies, para complementar por esa vía un modelo de vida digna, con sustentabilidad alimentaria como aporte para la salud del cuerpo y el fortalecimiento de las energías espirituales.


De modo que una nueva o real democracia, con soporte en el campo y la economía agraria, según nuestras particularidades regionales, deberá propiciar el cimiento de una economía de nuevo tipo, y en ella la conjunción de saberes milenarios con los alcanzados por las nuevas ciencias y lo desprendido por las revoluciones industriales, la tercera y la cuarta, para hacer realidad una industria farmacéutica que esté abierta a la humanidad, para su beneficio y su bienestar.


Con la luz del día sobre el cuerpo de los pueblos se extenderá a su alrededor la figura del bienestar, y con ella la ebullición de los condenados de la tierra. No es posible la democracia directa, participativa, radical, la más exigente que soñamos, si no parte de la movilización y el compromiso de los millones que somos. La democracia no se decreta y se irradia sobre la sociedad por mandatos u ordenanzas. La democracia es mucho más que una fecha y un registro. Como conjunción que es entre economía, cultura, política y territorio, la democracia se enraíza en lo más profundo del ser humano a partir de sembrar en sus más hondos sentires la disposición por la justicia, la igualdad, la libertad, la solidaridad, el hermanamiento entre diferentes, sabiendo siempre que en el centro de su divisa está el ser humano como persona (6), que no puede quedar relegada a sobrevivir arañando los desechos que le arrojan desde el poder o desde las mesas de los ricos, sino que debe sentir y saber que sin vida digna no hay existencia que merezca ese nombre.


Un devenir así, participativo, directo y decisivo, también debe afrontar la revalorización de la ciudad, despoblando parte de la misma, reubicando a millones de quienes la pueblan y la sufren por sus altas tasas de contaminación, por el encerramiento en cuatro paredes que han dejado de ser vivienda para constituirse en la jaula que impide convivir y disfrutar de la vida diaria y el descanso, donde el complemento de cuerpos ya no cuenta con la privacidad ni la tranquilidad que el goce demanda. No es humano un territorio devorador de recursos naturales de todo tipo, así como de años de vida en el rodar diario de llantas que transportan mano de obra de un rincón a otro de la urbe. La ciudad, en su actual estado, es un germen de múltiples pandemias, sin superar las cuales millones de seres seguirán muriendo cada año por motivos que en el mundo actual son prevenibles.


Se impone construir ciudades vivibles, posibles de administrar entre todos y todas, donde el suelo pase a ser de propiedad pública, liberando así a millones de un esfuerzo interminable y extenuante para pagar el ‘derecho’ a la vivienda, constituida desde hace décadas en botín de especuladores urbanos, antes casatenientes, ahora dominado por el sistema bancario, verdadero amasador de infinidad de metros cuadrados construidos en las urbes.


Es urgente la recuperación, por la vía de replantear el tema urbano, de cuencas y microcuencas otrora fuente de vida y alimento para la fertilidad de la tierra. Y para ello, es indispensable reforestar todos sus alrededores e interiores, para un reencuentro virtuoso con la naturaleza que nos permita bajarle el efecto pernicioso a la contaminación propiciada por el imparable transitar de motores que expulsan sin tregua gases tóxicos, fuente de las más variadas e insufribles enfermedades modernas. Se requieren nuevas ciudades inteligentemente diseñadas, por tanto, con derecho propio para quienes deberán transitarlas a pie, gozando de sus entornos estéticamente construidos, sin el temor al asalto inesperado, ya que la convivencia estará signada sobre bases de igualdad y justicia.


Acciones de cambio, de justicia y vida digna, que deben ir de la mano de otras que permitan el acceso público y general a la internet, al Wi-fi, con diseño e implementación de redes y sistemas computacionales propios que permitan soberanía comunicativa, eviten el espionaje propiciado desde las potencias y sus grandes multinacionales, y protejan a toda nuestra población en el derecho a su privacidad. Un proceder que demanda el fortalecimiento en ciencia y tecnología, auspiciando con presupuestos reforzados investigaciones de punta lideradas desde las universidades públicas, las que deben llegar a ser verdaderos centros de saber ligados de manera dinámica a redes globales del conocimiento donde la propiedad privada deje de ser el afán que ahora domina toda investigación y cualquier escritura, por sencilla que sea.


Son estas y otras muchas las quimeras que revitalizan la democracia que sí es posible, la que vemos tras las sombras del cuerpo social ahora devastado por un sistema que simula ser lo que no es, destruyendo a diario vidas y esperanzas de vida, ofreciendo lo que no habrá de cumplir, pues especula con la vida de millones que son sometidos como piñones de una inmensa máquina devoradora de seres humanos.


Hoy, en medio de una pandemia que resume la crisis de una civilización, por paradójico que parezca, tenemos una lección de vida, un reto para potenciarla. No lo perdamos tras temores ahondados por el control y el disciplinamiento autoritario, ahora ahondado por el poder de siempre, con nuevas y viejas técnicas, sutiles unas y otras no tanto.


Que nuestros cuerpos proyecten en sus sombras un largo y extendido movimiento, que le den forma a la figura del cambio, al abrazo que fortalece, al apoyo que brinda confianza e impulsa a no desistir. Toda crisis trae una oportunidad. No la desaprovechemos. Soltemos por ciudad y campo las amarras democratizadoras.

 

1. https://www.france24.com/es/20200424-air-france-klm-estado-frances-historico-paquete-ayuda-7000-millones-euros.
2. “El gobierno alemán salva a Lufthansa y se queda con un 20 por ciento de la empresa”, https://www.pagina12.com.ar/268271-el-gobierno-aleman-salva-a-lufthansa-y-se-queda-con-un-20-po.
3. “Shake Shack o cómo el rescate económico en Estados Unidos acaba beneficiando a los ricos”, https://elpais.com/economia/2020-04-20/shake-shack-o-como-el-rescate-economico-en-estados-unidos-acaba-beneficiando-a-los-ricos.html.
4. “Estados Unidos: coronacapitalismo y su inminente colapso”, https://www.elsaltodiario.com/crisis-economica/estados-unidos-coronacapitalismo-y-su-inminente-colapso-
5. https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2020/600000-millones-suma-Bancoldex-en-fondos-para-financiar-empresas-afectadas-por-el-COVID-19-a-traves-de-la-linea-200402.aspx
6. Zambrano, María, persona y democracia, Alianza Editorial, España, 2019, pág. 183.

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Lunes, 11 Mayo 2020 06:59

La pandemia y la dictadura

La pandemia y la dictadura

“La actual emergencia sanitaria –sostiene el filósofo italiano Giorgio Agamben– es el laboratorio en que se preparan los nuevos arreglos políticos y sociales que esperan a la humanidad.” Sí, podríamos salir de la actual situación, piensa Franco Berardi, "bajo las condiciones de un Estado tecnototalitario perfecto". Ambas citas aparecen en el notable estudio de Gustavo Esteva publicado en la revista Ibero (abril de 2020).

Todavía dice Gustavo Esteva: “Los medios electrónicos que se pusieron a prueba con la pandemia y otros recursos experimentados se creará la posibilidad técnica de someter a control pensamientos y comportamientos de individuos que han sido homogeneizados a través de esos mismos medios. Se implementarán experimentos que los gobiernos no se habían atrevido a poner a prueba: cerrar universidades y escuelas para que sólo haya enseñanza en línea, por ejemplo, y que ‘las máquinas sustituyan todo contacto –todo contagio– entre los seres humanos’. Ni siquiera Orwell fue capaz de imaginar distopía semejante. [...] O como advierte Boaventura de Sousa Santos, ‘se está desmantelando democráticamente la democracia’”.

Sin embargo, nos dice también Gustavo Esteva, “la repentina conciencia de las incapacidades y distorsiones del régimen dominante, ha llegado a las élites. Un editorial del diario Financial Times exige reformas radicales ‘que inviertan la dirección política predominante en las últimas décadas’, porque se trata de ‘forjar una sociedad que funcione para todos’. El texto plantea que ‘los gobiernos tendrán que aceptar un papel más activo en la economía’, pero con otro sentido, porque los apoyos gubernamentales que han recibido empeoran la situación. ‘La redistribución tendrá que volver a la agenda y salir de ella el privilegio de los ricos.’ Uno de sus más sólidos defensores [ Financial Times] entierra así, con elegancia, el evangelio neoliberal”.

Kolas Yotaka, representante del gobierno taiwanés, explicó, de acuerdo con France 24: “La seguridad social de Taiwán hace que nadie tenga miedo de ir al hospital. Si sospechas tener coronavirus, ve sin preocupaciones porque obtendrás una prueba gratis. Y si debes quedarte en cuarentena durante 14 días, te pagamos la comida, vivienda y gastos médicos.

“Análisis de big data, para el estudio dirigido por el doctor Jason Wang, fueron las claves de la respuesta del gobierno taiwanés a la pandemia, que además empezó a vigilar a viajeros que habían estado en Wuhan, el epicentro del brote, el mismo día en que las autoridades chinas avisaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la detección de la enfermedad.”

Las conclusiones de Wang concuerdan con las advertencias que emitió el director general de la OMS el 18 de marzo: "Para suprimir y controlar la epidemia los países deben aislar, examinar y rastrear".

La cantidad de exámenes de Covid-19 se ha convertido en aquellos países en una clave de la contención. Eso mismo hizo Corea del Sur, uno de los casos de éxito más relevantes y que llegó a ser el segundo país con más contagios en el mundo después de China. Actualmente registra 8 mil 565 personas infectadas pero sólo 91 muertos, menos que en Reino Unido, donde los contagios ni siquiera llegan a 3 mil.

La cantidad de exámenes para detectar los casos de coronavirus son el motivo de que la tasa de mortalidad sea tan baja, es decir, que haya tan pocos muertos por tantos contagiados. Corea del Sur llegó a identificar mucho más deprisa no sólo los casos graves, sino también aquellos casos leves que potencialmente seguían propagando la enfermedad.

Sin embargo, además de los desafíos políticos que implica, nos enfrentamos a otros que han quedado relegados por la emergencia sanitaria. Pero cuestiones como el cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad siguen presentes en la situación que vivimos.

Ya se vio en China. Y ahora también en la Europa de la industria y del transporte por carretera, que representan una buena noticia para la consecución de los objetivos de mitigación de gases de efecto invernadero.

De forma similar, la contaminación atmosférica en las ciudades se ha reducido y se espera que este hecho redunde en la salud de las personas que habitan estos núcleos, comparándolos con cerca de las 10 mil muertes prematuras que se producen al año por la polución del aire en España. Un descenso que podemos sumar a los fallecimientos por Covid-19 evitados gracias al confinamiento.

¿Y la democracia qué?

No podrían perderse los avances indiscutibles habidos en este terreno.

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Bolsonaro sigue quemando etapas para provocar el autogolpe en Brasil

El presidente brasileño cesa al máximo jefe de la policía en un intento de tener el control del cuerpo. Con este gesto genera una crisis probablemente irreversible con Sérgio Moro, el popular ministro de Justicia y uno de sus pilares de gobierno. La actitud de Bolsonaro  afirma la línea que avanza un autogolpe militar provocado por el círculo de confianza del presidente.

Hace apenas una semana el presidente brasileño defenestró a su ministro de Salud, Luíz Henrique Mandetta, político que había cobrado prestigio social desde que adoptara las normativas prescritas por la Organización Mundia de la Salud en el combate al coronavirus. El sanitarista mantenía notorias discrepancias con el ex capitán al frente del gobierno, que en el tema coronavirus es un consumado negacionista.

Su destitución fue una decisión en solitario del gobernante que ─según los medios brasileños─ no habría contado con el apoyo del círculo de militares que acompañan su gestión y ni siquiera con el de sus colaboradores cercanos, entre ellos los ministros de Economía y de Justicia, Paulo Guedes y Sérgio Moro, que ha dimitido pasadas las 16h de la tarde hora española. Todos se manifestaron a favor de las directrices de Mandetta ante la pandemia, eso sí, teniendo la precaución de no desmentir en público las tesis radicalmente contrarias de Bolsonaro. Hay que tener en cuenta que Guedes y Moro constituyen dos soportes de sustentación del gobierno del ex militar.

Hoy, 24 de abril, Bolsonaro ha decidido dar otro golpe en la mesa relevando al jefe de la Policía Federal, Mauricio Valeixo. Lo hace tal vez reforzado por la manifestación de sus leales frente al Cuartel General del Ejército en Brasilia, el pasado domingo 19. Se convocaron en su apoyo y en explícita demanda de una asonada militar, una de las líneas en desarrollo en el complejo escenario político brasileño.

Las consignas coreadas no dejaron lugar a dudas: exigían la supresión de las instituciones del Estado ─explícitamente del Supremo Tribunal Federal (STF) y del congreso nacional─ y la instauración de una dictadura, a cuyo frente solicitaban al propio Bolsonaro, en el formato de la inaugurada en el país en 1964. Entre otras consignas, cabe destacar una en favor del Acta Institucional 5 (AI-5), que ─en aquella época─ dio poderes extraordinarios al presidente, suspendió las garantías individuales y, solapándose a la Constitución, suprimió, de hecho, su vigencia.

El mandatario salió al encuentro de sus seguidores y, desde la caja de una camioneta policial respondió en su tono habitual, con un breve discurso cuya síntesis extractamos: “Estoy aquí porque creo en vosotros y en Brasil. Nosotros no queremos negociar nada, queremos una acción en favor del país y un nuevo Brasil. Hay que ser patriota y poner a Brasil en el lugar que se merece. Se acabó el tiempo de la indignidad, ahora es el pueblo quien está en el poder”.

El episodio desencadenó una reacción unánime en contra del Supremo Tribunal Federal, de las asociaciones de abogados y jueces, los políticos brasileños y las entidades defensoras de las libertades y los derechos humanos. Como muestra, el tweet de Gilmar Mendes, uno de los jueces del STF: “La crisis del coronavirus solo será superada con responsabilidad política, con la unión de todos y la solidaridad. Invocar el AI-5 y el retorno de la dictadura es romper el compromiso con la Constitución y con el orden democrático. Dictadura Nunca Más”.

UNA HISTORIA EN CAPÍTULOS

En este marco se produce el relevo del jefe de la policía federal. Pero sucede que este alto mando es hombre de extrema confianza de Sérgio Moro, quien lo nombró en el cargo. Hay que recordar que el ex juez federal y actual titular de Justicia fue el articulador de la Operación Lava Jato, iniciativa judicial rodeada de un aura de cruzada moralizante. La gesta ha acarreado al ahora ministro Sérgio Moro un amplio apoyo y prestigio social, superior al que detenta el presidente.

La historia que acaba con la destitución del jefe policial tiene recorrido. Se inicia en agosto de 2019, cuando Bolsonaro anuncia que “por problemas de productividad” cambiaría a Ricardo Saadi, Jefe de la Policía Federal en Río de Janeiro (ámbito de actuación por excelencia de la mafia bolsonarista) y a renglón seguido intentó colocar en su lugar a Alexandre Silva Saraiva, jefe de la PF en Amazonas. Pero este movimiento suscitó la reacción negativa de la corporación policial y del ministro de Justicia Sérgio Moro, quienes estaban a favor de la designación de Henrique Oliveira Sousa, procedente de la PF de Pernambuco.

La disputa con Bolsonaro duró cerca de tres meses y hasta provocó uno de los proverbiales exabruptos del ex militar, “Si Moro quiere ese cambio va a tener que hablar conmigo. Quien manda aquí soy yo y lo quiero dejar bien claro”. Sin embargo, finalmente el presidente dio marcha atrás y quien tomó posesión fue el candidato de Moro y del cuerpo policial.

Bolsonaro y su clan ─integrado por sus hijos y un grupo cerrado son conscientes de su vulnerabilidad. Su implicación en el asesinato de Marielle Franco y su chófer Ánderson Gomes es algo sobre lo que pocos dudan, así como que son los articuladores y legitimadores políticos de Las Milicias, una vasta red delictiva, parapolicial y paramilitar que opera en el Estado de Río de Janeiro. También es casi de dominio público la vinculación de los Bolsonaro con la llamada Oficina del Crimen, cuyo responsable más visible –el ex capitán Adriano Magalhães da Nôbrega- fuera asesinado hace poco tiempo en una truculenta operación policial, en evidente clave de “quema de archivo”.

EN PELIGRO LA CARRERA DEL PRESIDENTE Y DE SU PROPIO ENTORNO

Según diversos analistas brasileños, si alguien de la cúpula institucional –judicial y/o policial- pusiera alguna voluntad de esclarecimiento podría demostrar sin mayores dificultades la responsabilidad directa de Bolsonaro y los suyos en este extenso magma criminal y delictivo. Equivale a decir que el juez Moro y el Jefe de la Policía Federal que acaba de ser destituido, tienen al presidente y a su clan en un puño y eso es intolerable para Bolsonaro.

Para colmo, en los últimos días un elemento emergente agravó este cuadro de amenaza sobre el ex militar y su círculo áulico: la policía federal investigó una fuente de fake news a cuyo frente estarían los hijos del presidente, destinada a atacar a los adversarios políticos del bolsonarismo. Y las pesquisas habrían llegado a pruebas concluyentes de que este “gabinete del odio” estaría promovido directamente desde la casa de gobierno, en Brasília.

Esta habría sido la gota que rebalsó el vaso y llevó a Bolsonaro a fulminar al máximo jefe policial, parece evidente que sintió que estaba en juego la supervivencia de su clan y de él mismo. El ex capitán, que pocos días atrás no vaciló en quitarse de encima al “estorbo Mandetta” para seguir sin impedimentos con su política negacionista del coronavirus ─por imperativos quizá aún más acuciantes─ ahora se mueve para reemplazar al jefe policial por un mando de su confianza, cuyo nombre aún no es público.

A esta situación, se suma un agravante que amplifica el sino de Espada de Damocles sobre la cabeza del presidente: las conocidas pretensiones de Sérgio Moro de presentarse a las elecciones de 2022, en las que disputaría a Bolsonaro la presidencia del país. Fácil es deducir que poco costaría a Moro destrabar las investigaciones policiales sobre los delitos de la cofradía y así ─por la vía judicial─ quitar de en medio al desequilibrado mandatario. Después de todo, el ex juez ya probó con Lula su habilidad para sacar de la carrera a un candidato que podría haber disputado la presidencia a Bolsonaro, con buenas posibilidades de éxito.

EN LAS ÚLTIMAS HORAS CIRCULAN RUMORES ENCONTRADOS

La situación aún es confusa. Las versiones más consolidadas afirman que Moro ha presentado al presidente su renuncia irrevocable. Esto constituye un problema para Bolsonaro y la cúpula militar que le circunda. Que renuncie el ministro de mayor prestigio da mala imagen y debilita al gobierno, por ello tanto Bolsonaro como los generales Walter Souza Braga Netto y Luiz Eduardo Ramos ─muy próximos al ejecutivo─- estarían intentando hacer desistir de su decisión al ministro Moro. Y aquí los medios brasileños se dividen: algunos sostienen que el ministro estaría decidido a dimitir y otros, que el ministro aceptaría quedarse a condición de nombrar al sustituto del alto jefe policial. Afirman que su candidato sería el director de la Depen, Fabiano Bordignon. Por otra parte, Bolsonaro no desistiría de ser él quien imponga al nuevo mando y sería favorable a la designación de Alexandre Ramagen director general de la Abin (Agencia Brasileña de Inteligencia) o, en su defecto, del secretario de Seguridad Pública de Brasília, Anderson Torres. Y, yendo más lejos, otros medios afirman que Bolsonaro estaría dispuesto incluso a prescindir del ministro Moro y ya tendría el nombre de su sustituto ─sería Jorge Oliveira, de la secretaria general de la presidencia─ en caso de que el ex juez se mostrase irreductible a negociar el nombramiento del próximo jefe de la policía militar.

En las próximas horas se dirimirá el episodio, pero de lo que no cabe duda es que esta jugada implica una conmoción en el interior del gobierno. La biografía de Jair Bolsonaro lo retrata como un hombre de audacia, al límite de la cordura. Jugar con fuego le pone y el paso que acaba de dar podría interpretarse como un nuevo avance en favor del (auto)golpe que sus más fieles le instigan a dar. Para más inri, habría un segundo frente de conflicto en la cúpula gubernamental y sería con el ministro de Hacienda Paulo Guedes, el otro pilar del gobierno Bolsonaro. Algunos de sus proyectos estratégicos estarían siendo congelados en los cajones del escritorio presidencial y se rumorea que el presidente ya no está tan convencido de la eficacia de las recetas hÍper neoliberales del ministro para dar una salida consistente a la mayor recesión en la historia del país.

La analista del periódico O Globo, Miriam Leitão, en su columna de hoy, compara la crisis del gobierno Bolsonaro con la caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Sin augurar cualquier desenlace final, afirma que el presidente habría decidido atacar a los dos pilares de sustentación del actual gobierno: los ministros Sérgio Moro y Paulo Guedes.

ACTUALIZADO TRAS LA RUEDA DE PRENSA DE MORO

El ministro de Justicia renunció sí, pero cayó tirando y dejó el camino expedito para un impeachment al presidente Jair Bolsonaro. En la rueda de prensa que acaba de dar en la tarde del 24 de abril ante los periodistas en que anunció su decisión, acusó al presidente de haber cometido crimen de responsabilidad al destituir al director de la Policía federal, para reemplazarlo por alguien en quien confiase, que le pase información confidencial sobre las investigaciones de crímenes protagonizados por su familia. Más claro, agua.

Y, hasta confidenció que Bolsonaro se lo habría dicho sin tapujos: “el presidente me comentó que pretendía nombrar al nuevo cargo, para poder tener informaciones personales. Y eso no es función de la Policía Federal”, denunció. “Tampoco es función del presidente, tener comunicaciones permanentes para obtener informaciones personales. Ese es un valor fundamental que debemos preservar dentro de un estado democrático de derecho”, agregó.

De pasada, hizo un elogio explícito a la gestión en ese ámbito de la depuesta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, reconociéndole haber dado autonomía e independencia a la Policía Federal durante el período de la Operación Lava Jato, que comandara el propio Moro. Como para no dejar dudas respecto a la intención de sus declaraciones, acrecentó: “Tenemos que garantizar la autonomía de la Policía Federal contra las interferencias políticas”. A renglón seguido, se refirió directamente a Bolsonaro: “Me había garantizado autonomía”. Y aseguró que él no se habría opuesto a la sustitución del director de la Policía Federal, si hubiera habido causas consistentes para ello, “pero no puedo concordar con esto, voy a empaquetar mis cosas y a presentar mi carta de renuncia”, concluyó, recibiendo un fuerte aplauso de los periodistas presentes.

Por ALBERTO AZCÁRATE

24 ABR 2020 14:34

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Bolsonaro alienta una intervención militar para cerrar el Congreso

Protesta en Sao Paulo contra cuarentena

Sao Paulo. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, arengó ayer a manifestantes que, rompiendo la cuarentena por la pandemia del nuevo coronavirus, se concentraron frente a un cuartel general del ejército para exigir una intervención militar y el cierre del Congreso, horas después de que miles participaron en una protesta virtual con cubrebocas en los cuales se leía: "fuera Boslonaro" .

"No queremos negociar nada", gritó el presidente desde el toldo de una camioneta al dirigirse a los manifestantes que se agolparon en el lugar con pancartas llamando a una "intervención militar, ya" y a defender el AI-5 (Acta Institucional 5), que en 1968 cerró el Congreso y suprimió garantías constitucionales.

"Estoy aquí porque creo en ustedes y ustedes están aquí porque creen en Brasil", gritó el neofascista Bolsonaro ante los manifestantes, de quienes se mantuvo algunos metros distante. Niños y ancianos, algunas personas con máscaras, estaban en la primera línea de la movilización que reunió a unas 600 personas.

Bolsonaro critica constantemente a los líderes del Congreso, a los gobernadores y alcaldes que defienden las medidas de cuarentena y distanciamiento social para contener la propagación del Covid-19 que en Brasil ya lleva 2 mil 462 muertos y 38 mil 654 infectados.

El mandatario demerita la letalidad del nuevo coronavirus, al cual califica de "gripecita", promueve aglomeraciones y se pronuncia rei-teradamente a favor de la apertura del comercio y las escuelas.

"Ustedes tienen la obligación de luchar por su país. Cuenten con su presidente para hacer todo lo que sea necesario con el fin de mantener la democracia y garantizar nuestra libertad", expresó Bolsonaro, quien en intervenciones previas ha condenado las restricciones de circulación y de actividad comercial implementadas en el país por la crisis de salud.

En breve discurso, el presidente no cuestionó el pedido de intervención militar ni las consignas a favor del cierre del Congreso.

"Todos en Brasil tienen que entender que están sometidos a la voluntad del pueblo brasileño", sostuvo.

"Un día juramos dar la vida por la patria y vamos a hacer lo posible para cambiar el destino de Brasil", consignó Bolsonaro, interrumpiendo su discurso por una crisis de tos.

El gesto del mandatario fue condenado por políticos y portavoces de los poderes públicos brasileños. "Asusta ver manifestaciones por el regreso del régimen militar, después de 30 años de democracia", manifestó Luís Roberto Barrozo, juez del Supremo Tribunal Federal.

"Es lamentable que el presidente se adhiera a manifestaciones antidemocráticas. Es hora de la unión alrededor de la Constitución contra toda amenaza a la democracia", tuiteó el ex presidente Fernando Henrique Cardoso.

El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), publicó en Twitter: "La misma Constitución que permite que un presidente sea electo democráticamente tiene mecanismos para impedir que conduzca al país a la destrucción de la democracia y a un genocidio de la población".

Horas antes, durante un acto convocado por el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra, Lula reiteró sus críticas a la gestión de Bolsonaro. "La única posibilidad de que parte de la sociedad permanezca aislada es que reciba dinero. No es secundario y es responsabilidad del Estado".

Gleisi Hoffmann, presidenta del PT, consideró que la convocatoria es una "receta perfecta para la tragedia".

El presidente del Congreso, Rodrigo Maia, escribió en Twitter: "no hay camino fuera de la democracia. No tenemos tiempo qué perder con retóricas golpistas".

Veinte gobernadores suscribieron una carta en apoyo al Congreso nacional.

En Sao Paulo, donde comenzaron a utilizarse excavadoras para abrir fosas en el mayor cementerio del estado, también hubo movilizaciones contra la cuarentena.

La entidad, que reporta mil 15 muertos y 14 mil 267 casos, es el epicentro de la enfermedad en Brasil. El gobernador Joao Doria, visto como un rival político por Bolsonaro, expresó su repudio a la acción del presidente.

Personalidades como el cantautor Caetano Veloso, Patricia Pillar, Leticia Sabatella y Nanda Costa protestaron desde su casa y usaron un filtro de mascarilla con la frase "Fuera Bolsonaro".

La movilización popular contra el neofascista y su gobierno se afianzó en redes sociales tras la destitución de Luiz Henrique Mandetta, el ahora ex ministro de Salud, quien defendió medidas de distanciamiento social, y ocupó el cargo el oncólogo Nelson Teich, quien defiende la reactivación de la economía.

El Consejo Nacional de Salud calificó de "irresponsable" el cese de Mandetta, en una nota que emitió junto con la organización humanitaria Oxfam Brasil, en la cual afirmó que con esto "se pone en riesgo la vida de millones de personas".

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Lunes, 30 Marzo 2020 06:28

La crudeza de las opciones

La crudeza de las opciones

Hoy es ya claramente manifiesta la disyuntiva que representa la infección por el virus en la conducción política de muchas sociedades. El equilibrio es muy precario entre las exigencias sanitarias para contener el muy rápido avance del contagio y las necesidades de una extensa población con poca o ninguna capacidad de guardarse en casa.

La pandemia muestra la naturaleza misma de poder, así como la expresión particular del modo de hacer política (remito al artículo de D. Runciman, en The Guardian, 27/03/20).

Una de las cuestiones más relevantes en una democracia es cómo se ejerce el poder conferido a un gobierno por medio de las elecciones. La contraparte de esto, claro está, es cómo respondemos los ciudadanos.

En materia política siempre existe el hecho de que ciertas personas indican u ordenan a los demás qué es lo que tienen que hacer. Esta es la alternativa que existe entre la libertad personal y las opciones colectivas.

En el caso que nos ocupa ha habido llamados para cumplir primero con las indicaciones de distanciamiento social, hasta llegar ya al llamado enfático a la reclusión. Cuando esto no es suficiente se imponen medidas compulsivas aplicadas por las autoridades mediante la fuerza pública. Es este rasgo el que finalmente expone dónde se sitúa el límite que, al rebasarse, significa el quiebre del orden político.

Le damos a otros el poder extremo de decidir acerca de la vida o muerte de la gente, y eso se sustenta en que el costo se incurre con miras en la seguridad colectiva.

El caso es que en el campo en que se lucha contra el virus, los niveles de la responsabilidad se van delineando de diversas maneras. Desde las medidas aplicadas por el gobierno al más alto nivel, siguiendo las de índole subordinada y otras a escala local. No es fácil, en ese escenario, mantener la coherencia en la gestión de una crisis como ésta.

Así se llega incluso hasta las decisiones que ya están tomando los trabajadores sanitarios en algunos países respecto a quienes atender en los hospitales en la medida en que éstos se saturan.

Los ciudadanos no tenemos ningún control sobre todos estos ámbitos que se expresan en decisiones que afectan la salud y las condiciones económicas de la población. Es un caso extremo de opciones sociales y la situación se dificulta aún más en una sociedad en la que la legalidad está desgastada y existe una desigualdad social tan grande.

Al asunto eminentemente relacionado con la salud personal y colectiva se suma por necesidad la repercusión económica de la instrucción de quedarse en casa. Si se interrumpen el trabajo y el funcionamiento de las empresas, la parálisis se generaliza. La cuestión tiene un severo impacto en el corto plazo y se asocia con una recesión de la actividad productiva.

La recesión es ya un hecho en todas partes. Si se extienden las condiciones de paro en el tiempo, los escenarios podrán llevar a un periodo de depresión económica como no se ha visto desde hace más ocho décadas.

En Europa se habla de la hibernación de la economía, con lo que se da a entender que el periodo de práctica inactividad que ya prevalece debe, de alguna manera, salvaguardar la capacidad productiva existente para poder remprender el trabajo cuando la pandemia ceda, lo que es, por ahora, impredecible.

Tal hibernación es un proceso sumamente complicado, no sólo en términos físicos asociados con los trabajadores y las plantas productivas, sino con las posibilidades de remprender el financiamiento de la producción, del consumo y la inversión en un entorno de riesgo exacerbado del sistema financiero.

La cuestión es que, primordialmente, las personas tienen que sobrevivir, pero también las empresas, la estructura productiva; ahí se produce, se generan empleos e ingresos.

La política pública ha de enfocarse, pues, a apoyar a las familias que más lo necesitan, aplicar medidas que evitan los despidos masivos y las quiebras; luego habrá que recrear el crédito y reponer la liquidez en el mercado.

Decir todo esto podría ser obvio, pero será endiabladamente difícil conseguirlo sin un amplio pacto social que requiere de una enorme legitimidad de los gobiernos y de la política como instrumento para conseguir una renovada forma de la cohesión social. El complejo proceso de la reproducción social tendrá que ser forzosamente replanteado.

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Coronavirus: Bolsonaro dice que Brasil puede "salir de la normalidad democrática"

Sostuvo que "el caos aparece en el horizonte"

El presidente brasileño repitió que hay que salir a trabajar porque el Covid-19 es una enfermedad de gravedad menor, una "gripecita".  Se multiplicaron los cacerolazos en su contra y los pedidos de impeachment.

 Desde Brasilia. Jair Bolsonaro afirmó (más bien amenazó) que la democracia corre el riesgo de "acabarse" si la crisis causada por el coronavirus desemboca en una "caos". "Lo que pasó en Chile va a ser una ´fichita´ ( nimiedad) al lado de lo que puede acontecer en Brasil, todos vamos a pagar un precio que llevará años para ser pagado, si no es que Brasil sale de la normalidad democrática".

Está en vilo "esa normalidad que ustedes tanto defienden, nadie sabe lo que puede pasar en Brasil", repitió dirigiéndose con desprecio este miércoles por la mañana a un grupo de periodistas apostados frente al Palacio de Alvorada .

Lo dijo durante una conferencia de prensa en la que hubo una serie de consultas sobre el avance del coronavirus , que en poco más de una semana pasó de cuatro a cincuentaysiete víctimas fatales , lista que incluye el primer fallecimiento en la región amazónica, un cuadro sanitario alarmante frente al cual algunos gobernadores decretaron la cuarentena para contener los contagios.

Bolsonaro habló de la dolencia pero demostró que su intención era poner el acento en la zozobra democrática que podría avecinarse. "Brasileños despierten ante la realidad (..) si no nos despertamos ante la realidad en pocos días , dejo claro, en pocos días, puede ser demasiado tarde (...) el caos aparece en el horizonte".

El desprecio por las instituciones es intrínseco al capitán retirado del ejército, quien con frecuencia evoca las dictaduras brasileña y chilena, y a lo largo de sus primeros quince meses en el gobierno se ha dedicado a erosionar lo que aún resta de democracia. Paradójicamente esta crisis de salud pública, que está en condiciones de devorar a su gobierno, al mismo tiempo puede ofrecerle a Bolsonaro una oportunidad para atizar el caos del cual sabe sacar provecho.

El especialista en derecho penal José Carlos Portella, miembro de Abogadas y Abogados por la Democracia, definió al mandatario como un "animal agonizante en el poder intentando salvar su último suspiro de vida tal vez arrastrando consigo a mucha gente hacia la tumba".

El ocupante del Palacio del Planalto ya ha cometido varios delitos que justifican un impeachment, entre ellos varias de sus medidas respecto al Covid-19 , apuntó Portella al sitio Brasil Actual, ligado a la Central Única de los Trabajadores (CUT).

El periodista Bernardo Mello Franco escribió en el diario conservador O Globo que "Bolsonaro usa el coronavirus para hacer una amenaza explícita a la democracia".

El caso es que el mandatario de ultraderecha comienza a ser visto como una rareza mundial: se opone a la cuarentena con el mismo autismo con que rechaza implementar medidas económicas de salvataje para los desocupados y los trabajadores que perderán sus empleos, iniciativas a las que están apelando hasta los gobiernos conservadores y centristas de los países de economías más desarrolladas. Incluso el própio Donald Trump , de quien Bolsonaro es devoto, acepta liberar fondos para campear la crisis.

En su carrera desestabilizadora ( en la que confía sacar partido) el presidente carga contra trabajadores y partidos populares y democáticos, pero al mismo tiempo lo hace contra dirigentes derechistas que hasta poco tiempo atrás fueron sus aliados como el gobernador de San Pablo, Joao Doria, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) y Wilson Witzel, jefe del gobierno de Rio de Janeiro, del Partido Social Liberal (PSL).

A Doria y Witzerl los calificó como "demagogos" por haber determinado la suspensión de las actividades económicas y cierre de escuelas, para evitar que la población circule por San Pablo y Rio de Janeiro.

Alegó que el aislamiento en masa derivará en un parate de la economía, desocupación y descontento. Durante una videoconferencia con gobernadores finalizada el miércolese al mediodía el mandatario no se privó de ataques casi ofensivos que lo aislan cada vez más, generando un vacío político considerable.

En ese sentido hoy repitió parte lo dicho en cadena de radio y televisión el martes por la noche: hay que salir a trabajar porque el virus es una enfermedad de gravedad menor, una "gripecita".

El mensaje en cadena por reprobado por sonoros cacerolazos en San Pablo, Rio de Janeiro, Brasilia, Porto Alegre y prácticamente todas las capitales del país. Desde los balcones de barrios de clase media y media alta se gritó , con bastante enojo, "Fuera Bolsonaro" e "Impeachment".

La protesta ocurrida ayer en Brasilia tuvo una magnitud inédita abarcando varias regiones de la capital que hasta ahora se habían mantenido indiferentes.

Todavía no se tiene una dimensión de la repulsa en barrios pobres, pero hay noticias iniciales de desconento en algunas barriadas de Rio de Janeiro, donde hubo una serie de reuniones de la Central Unica de Favelas. En Rio y San Pablo viven unos 2,7 a 3 millones de favelados a quienes el virus golpeará más duro por la fa falta de saneamiento y hacinamiento de las viviendas.

Este martes fue el octavo día seguido de protestas con tachos y cacerolas, de miles de indigados (quizas cientos de miles ) que se manifestaron desde casa ante la imposibilidad de ocupar las calles debido a la cuarentena.

Mientras tanto el Partido de los Trabajadores, la CUT y los campesinos sin tierra comenzaron a organizar un cacerolazo que promete ser ensordecedor para el 31 de marzo, aniversario del golpe militar de 1964. 

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Liderazgo social alternativo para enfrentar la pandemia, y más allá de ella

El Covid-19 nos colocó como sociedad global ante el espejo, y su reflejó es el capitalismo, destructor, atomizador de relaciones humanas, destructor de la naturaleza, aniquilador de vida y de la esperanza.

Esa es una realidad. Pero también nos colocó cara a cara entre procesos sociales y políticos, con su característica atomización y pretensión de hacer cada uno por cuenta propia, con la fragilidad de no proyectar el mediano ni el largo plazo, así como de no retomar las capacidades y debilidades de cada uno para entre todos y todas, sacando lo mejor de sus particularidades, extender ante el país una alternativa que propenda por el liderazgo común, de los millones que somos, para así, con la fuerza totalizante de sueños y disposiciones poder avanzar tras la construcción de la gran vivienda que aspiramos sea nuestro país. Una vivienda donde cada quien encuentre su lugar, así como posibilidad de realización, personal y colectiva.

Tenemos ante nosotros, por tanto, una posibilidad –a pesar de todo lo negativo que esconde la coyuntura, manipulada por el poder global y local–. Actuemos de acuerdo al reto.

Como ya es coincidencia social, la cuarentena decretada no puede implicar multiplicación de hambre y penurias para quienes están al margen del sistema; de ahí que necesitemos un plan humano, inmediato, para los de abajo. Pero tampoco puede significar, una vez superada la coyuntura, continuidad de lo que ya traía el país, de una economía organizada a favor de unos pocos, y una participación de forma pero no decisoria; pero tampoco puede significar, producto de la crisis/recesión económica a la que se adentra el sistema mundo capitalista, ahondamiento de desempleo, pobreza y segregación social. La primera lección de la crisis es que necesitamos un país para los 50 millones que somos.

Es por ello que el país está de cara a toma, ya, sin más dilación, medidas como:

Medidas inmediatas

- Entrega de alimentos y otras ayudas para cada familia. Para ello, disponer las sedes de las Juntas de Acción Comunal, así como iglesias, centros educativos, para concentrar alimentos, y logística en general, que demanda la atención de la crisis, para distribuirlos en cada uno de los barrios.

- Para facilitar la entrega de estos recursos. Constitución de grupos juveniles para la selección de todo lo recibido y su entrega, casa a casa. Recordar que quienes están en edad juvenil son las personas menos propensas a un golpe duro por parte del Covid-19

- Realización urgente de censo, barrio a barrio y con duración no mayor a un día, de personas en necesidad de apoyo alimentario, reconexión de servicios públicos, atención médica –terapias y otros tratamientos–, y entrega de la información a las alcaldía locales –para el caso de Bogotá– y a los despachos de los alcaldes en cada una de las otras ciudades. Se supondría que el Dane, o departamentos sociales y comunitarios de cada alcaldía debiera contar con esta información, pero todo indica que no es así, o que no tienen una información totalmente actualizada, producto de que los programas sociales diseñados por años están enfocados no para todos los sectores excluidos sino para algunos de estos.

- Atención directa a personas con alguna discapacidad, así como acompañamiento psicosocial y de todo tipo para personas que lo requieran.

- Protección a mujeres y niños/as sometidos a violencia intrafamiliar.

- Acompañamiento a estudiantes que no cuenten con computador y/o red de internet en sus casas.

- Entrega de salario mínimo generalizado, hasta que dure la crisis, para desempleados e informales.

- En tanto las guarderías también fueron cerradas, despliegue de asistencia social para acompañar madres cabeza de familia, realización de terapias de estímulo a niños y niñas con capacidades especiales, implementación de recreación dirigida en los barrios populares, así como garantía de entrega de apoyos alimentarios para cada uno de estos infantes.

- Diseñar programas urgentes en procura de una conexión con los productores directos en el campo, algunos de ellos organizados en redes de producción y distribución –como lo evidencia la realización de ferias campesinas periódicas en distintas partes del país, algunas de ellas con asiento en plazas principales de ciudades–, rompiendo así la intermediación comercial, estabilizando de esta manera precios y brindando a los campesinos, por esta vía, ingresos seguros.

En pocos meses

La crisis humanitaria pasará, no así la económica, y en ese momento, para que el país vaya avanzando hacia una política cada vez más humana y digna, debemos implementar un conjunto de medidas de manera autónoma, sin esperar para ello la reacción del Estado y de los grupos que lo detentan; política lideradas por los movimientos sociales, dándole vitalidad a:

Soberanía alimentaria. Coordinación de redes de producción y de mercadeo agrario. Así debemos proceder. La coyuntura ha demostrado que el acceso a un abastecimiento suficiente y eficiente a todos los niveles es una de las primeras preocupaciones de las familias. El miedo al desabastecimiento, la especulación con los precios de los alimentos más esenciales para la mesa cotidiana, es un factor de desequilibrio y control social.

Construcción de tiendas comunitarias en todos los barrios populares, a través de las cuales se mercadee lo producido por las redes agrarias, garantizando calidad y control de precios.

Edificar la sociedad a la altura de nuestros sueños, sin depender del Estado. Redes comunitarias en salud, educación, comunicación, deporte, recreación, y demás particulares que facilitan que la vida sea más amena y satisfactoria. Más participación con capacidad decisoria, menos delegación.

Participación. Ampliación de los mecanismos de participación directa de las comunidades, con capacidad decisoria: implementación de asambleas comunitarias, como mínimo mensuales, donde se aborde y decida sobre la vida comunitaria en todos los niveles, donde se decida sobre la administración de lo público, y donde la democracia directa gane concreciones medibles.

Implementación de programas de agricultura urbana, realmente comunitaria, no individual. Para ello, disposición de espacios comunales –lotes– en los barrios. Estos lotes pueden ubicarse tras un censo de todos aquellos espacios que pertenecen a las alcaldías y que están sin uso o en comodatos.

Puesta en marcha de programas ambientales de las más diversas características e impactos: recuperación de cuencas y microcuencas, reforestación, reciclaje en la fuente, control de vehículos y emisión de gases, modernización de procesos productivos en todas las fábricas que por algún motivo generen altos niveles contaminantes, etcétera.

Instalación de industrias para la fabricación de ropa y útiles de aseo de todo uso, abriendo así políticas de empleo comunitario, al tiempo que programas de vida sana y vida digna.

Para ir cerrando las causas del eterno conflicto armado colombiano, amplia movilización por la demanda de restitución de la tierra a todos los usurpados y desplazados, concretando con ello lo definido en el Acuerdo de Paz firmado en reciente fecha. A su par, izar la bandera de reforma agraria integral, con lo cual se daría un paso fundamental para concretar el programa de soberanía alimentaria, así como los complementarios a la misma.

La crisis abre una oportunidad para los de abajo. Otra democracia, directa, radical, plebiscitaria, es posible. Actuemos en consecuencia.

 

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Domingo, 22 Marzo 2020 17:38

Democracia en la periferia

https://www.flickr.com/photos/pablortega23/

En la segunda década del Siglo XXI suele entenderse por democracia un conjunto de procedimientos electorales e instituciones representativas que legitiman el poder político. Ante esto la izquierda echa de menos la participación de los votantes, mientras la derecha celebra la apatía. Luego de la Segunda Guerra Mundial la democracia logró superar los escollos planteados por el fascismo, el nazismo o las democracias populares, en el caso de los países del este europeo que sucumbieron hacia 1991. Mas la democracia ha sido el caballito de batalla y la punta de lanza contra el socialismo y/o el comunismo. De otra parte, la democracia ha estado acompañada de la dictadura. En el caso de América Latina puede decirse que la democracia lleva a la normalidad frente a los regímenes militares en los últimos cincuenta años del Siglo XX.

La oscilación entre democracia, dictadura se ha hecho habitual, si se entiende que existen países que determinan la evolución económica y política del mundo y países periféricos, cuyas relaciones económicas y políticas están influenciadas por los países industriales. La democracia moderna se ha erigido sobre otras bases. Benjamin Constant esboza la diferencia entre estas dos clases de democracia:

“Nosotros no podemos gozar de la libertad de los antiguos, la cual proponía la participación constante del poder colectivo. Nuestra libertad debe componerse del goce pacífico y de la independencia privada. La parte que en la antigüedad tomaba cada uno en la soberanía nacional no era, como entre nosotros, una suposición abstracta: la voluntad de cada uno tenía una influencia real; y el ejercicio de esta misma voluntad era un placer vivo y repetido; por consecuencia, los antiguos estaban dispuestos a hacer muchos sacrificios por la conservación de los derechos políticos, y de la parte que tenían en la administración del Estado, pues conociendo cada uno con orgullo cuánto valía su sufragio, encontraba en ese mismo conocimiento de su importancia personal un amplísimo reconocimiento. Pero este resarcimiento no existe hoy para nosotros: perdido en la multitud el individuo, casi no advierte su influencia que ejerce; jamás se conoce el influjo que tiene su voluntad sobre el todo, y nada hace que acredite a sus propios ojos su cooperación. El ejercicio de los derechos políticos no nos ofrece, pues, sino una parte de los goces que los antiguos encontraban: y al mismo tiempo los progresos de la civilización, la tendencia comercial de la época, la comunicación de los pueblos entre sí ha multiplicado y variado al infinito los medios de la felicidad particular. De aquí se sigue que nosotros debemos ser más adictos que los antiguos a nuestra independencia individual; porque las naciones, cuando sacrifican ésta a los derechos políticos, daban menor por obtener más, mientras que nosotros, haciendo el mismo sacrificio, nos desprenderíamos de más por lograr menos”[1].

Ahora bien, en la sociedad burguesa, caracterizada por el egoísmo y la utilidad, se genera una realidad social por las leyes, instituciones y costumbres universales, en las que tiene gravedad la propiedad privada sin límites, como común denominador. En la sociedad burguesa existe la representación bajo el nombre de la participación y, un conjunto de procedimientos electorales e instituciones representativas que legitiman el poder político.

En la sociedad burguesa el Estado, definido en el Siglo XVIII, como pacto (Contrato social de Rousseau), ya sea contrato por los hombres para evitar el aniquilamiento producido por la guerra (Hobbes), o bien como comunidad de hombres libres (Spinoza), o el Estado que conduce por los caminos de la razón por una vía diferente al oscurantismo (Ilustración); una versión diferente corresponde a una organización de pacto y contrato, que garantiza la libertad (Kant).

Más la democracia se encuentra en la sociedad burguesa enmarcada por dos hechos que inauguran el mundo moderno. Por una parte, la Revolución Francesa y de otra la revolución industrial. Ese es el horizonte de la democracia, con la apariencia política del ideal: igualitarismo, participación y sufragio, debajo de lo cual subyace la estructura política profunda en la cual se halla la propiedad privada, la representación y la ideología que crean los media. Desde este punto de vista algunos afirman que la democracia es un conjunto de afirmaciones vacuas porque bajo el igualitarismo se esconde la propiedad privada creciente en pocas manos –oligarquía. El pueblo se expresa, pero lo que cuenta es la gran propiedad agrícola, la gran industria y el sector financiero que se extiende a lo largo y ancho del globo. Además, se pregona la participación, a pesar de ello, lo real es la supuesta representación, dado que la voluntad de cada uno termina sin influencia real. El individuo, perdido en la multitud, no puede ejercer influencia. Se pregona la representación, pero no hay nada que acredite la influencia que tiene la voluntad individual en el todo. En cuanto al sufragio universal se manipula y es objeto del mercado. No es casual el escándalo por la compra del voto. Así se forma un electorado despolitizado y fácil de dirigir, sin que se dé una propaganda explicita, pues los media llevan a la conquista del electorado. Paradójicamente el sufragio universal se utiliza con fines claramente antidemocráticos.

Es curioso que cuando el pueblo logra expresarse y, esta voz no coincide con los intereses de las clases poderosas la democracia está en crisis y, entonces sale de la sombra la dictadura. Bien puede decirse que la democracia tiene oculto el régimen oligárquico, engalanado por la maquinaria electoral, es decir, mediante el sufragio que, los regímenes europeos adoptaron como técnica de dominio. Cuando la democracia peligra, porque se sale de los cauces, es decir que va en contra de los grandes intereses, entonces se recurre a la dictadura, verbi gratia, el film Z, dibuja lo que sucede con el régimen democrático cuando en él se presentan grietas.

En el film Z. (1969), dirigida por Gosta Gavras, constituye una metáfora de la democracia, pues la “plaga ilusa de los libertarios” olvida que la libertad es una cuestión para los países avanzados, no para la periferia. El candidato de la oposición es asesinado ante la presencia impasible de la policía y el ejército. “En un accidente muere atropellado el candidato. Las autoridades investigan exhaustivamente”, es la noticia en la primera página de los diarios, radio y la TV. La investigación no llega a ninguna conclusión, pero el juez de instrucción y un periodista descubren, que la muerte del candidato no fue un hecho accidental sino un crimen del gobierno y de la ultraderecha. Entonces, se impone la dictadura y la censura.

Bien puede verse en el film lo que es la democracia en la periferia, como el silogismo: “todas las ovejas son blancas, pero algunas ovejas son negras, por lo tanto, todas las ovejas son blancas”. En otras palabras, la exclusión, pues no hay democracia, más bien lo que se hace evidente es que tras la careta de una democracia lo que hay es un régimen oligárquico militar, que mantiene sometido a un pueblo. En el caso de Colombia se puede mirar el candidato asesinado, el sacerdote indígena que predica la liberación, la líder de acción comunal, el ministro baleado por el sicario, el director de un periódico, el activista de los derechos humanos, el candidato que es asesinado en un avión, el hombre de pie izquierdo que es baleado cuando viajaba de un pueblo a la capital, el encargado de relaciones políticas de un movimiento político nuevo, el candidato presidencial que se encuentra en gira y es asesinado en una manifestación, la periodista que realizaba un documental para la BBC  y es asesinada, el candidato que dijo: “Abrázame…me mataron esos hijueputas”, el humorista cuando se dirigía a una emisora, el periodista de provincia asesinado a tiros.
Ahora bien, en el mundo moderno, luego de la Revolución Francesa y el crecimiento de la revolución industrial frente al “poder divino” que decían encarnar los monarcas, o la predestinación que invocaban algunos en favor de los “minorías selectas” la democracia propugna la “soberanía popular”. En otras palabras, el derecho de gobernarse el pueblo a sí mismo, con finalidades que representan el poder de todo el pueblo. Sin embargo, la democracia en un estado de cosas como el descrito no es otra cosa que el conjunto de procedimientos electorales e instituciones representativas de la oligarquía militarista que se encuentra en el poder. De esta forma, la democracia es el gobierno de los ricos, elegidos por los pobres, y sostenido por los militares.

La historia de un país que se autocalifica como democrático, como Colombia, está marcada por los magnicidios que en la mayoría de los casos quedan sin castigo, ni esclarecimiento. Sin llegar al extremo de un golpe militar que lleve a una dictadura. Además, la política de eliminación de la oposición es una estrategia de ablandamiento. Los crímenes no son cometidos por miembros del Estado, y cuando algún miembro del aparato estatal aparece involucrado, suele decirse que “se encontraba fuera del servicio”, “actuó individualmente”, “pertenece a las fuerzas oscuras”. Miles de expedientes se encuentran en los juzgados. Uno de ellos el de Jorge Eliécer Gaitán, y siete décadas después no se sabe quién fue el autor intelectual del crimen, por mucho se asegura que el “homicida fue linchado por la multitud”.

Después de las elecciones los elegidos consultan con los organismos: el Fondo Monetario Internacional, que nació para impulsar la cooperación económica y evitar otra gran depresión como la de los años 30 y que, dictando políticas para despolitizar, ha hecho de las depresiones hoyos profundos.  En segundo lugar, el Banco Mundial, cuyo eslogan reza: trabajamos por un mundo sin pobreza, y tan mal lo hace que la pobreza se extiende por el mundo entero. Y, por último, la Organización Mundial de Comercio para hacer un comercio más abierto.

En Guatemala, verbi gratia, la democracia se aguó en el gobierno de Arbenz (1953) (Vargas Llosa ha publicado Tiempos recios, el cual esboza lo que ocurre cuando se pretende un gobierno democrático.) cuando se propusieron reformas que, según los EEUU consideraron comunistas y las atribuyeron a la influencia soviética. Entonces impulsaron el temor que Guatemala  cayese en manos de los comunistas, ante la propuesta del presidente Arbenz de una reforma agraria que afectaba  a la United Fruit Company,  y a la  oligarquía guatemalteca. O bien, Jorge Rafael Videla, militar argentino y, el guatemalteco Efraín Ríos Montt, retrotraen a una de las etapas más tenebrosas de la historia de América Latina: la guerra contra la subversión. Para llevarla a cabo se fortaleció la alianza cívico-militar entre las clases dominantes y las fuerzas armadas, convirtiendo a la institución castrense en el partido político de la oligarquía. Ya no se trataba simplemente de reponer a las viejas oligarquías en el sillón presidencial. Se buscaba asegurar el proceso de acumulación de capital dentro de una nueva versión del capitalismo trasnacional, cuya esencia suponía desarticular los partidos políticos de izquierda, los sindicatos de clase, los movimientos sociales y también a las burguesías de corte nacionalistas. Quienes pensaron en esta perspectiva tenían claro que se trataba de inducir una revolución para refundar el orden político. Era obligado soltar lastre, deshacerse del sobrepeso contenido en el discurso seudodemocrático de las burguesías desarrollistas de corte keynesiano y, sobre todo, quebrar la ciudadanía, fomentando la despolitización y persiguiendo a militantes, sindicatos de clase e intelectuales de la izquierda política y social. En esta guerra se declararon ilegales las formaciones políticas de ideario marxista y socialista. De esta forma se profundizó el combate hasta el exterminio, si era posible, o en su defecto hasta conseguir una derrota total de todo cuanto oliese a socialismo. La doctrina de la Seguridad Nacional sirvió de anclaje y la geopolítica del fascismo dependiente le facilitó el encuadre teórico.

La guerra contra la subversión fue definida como una guerra global y permanente. El general brasileño Golbery do Couto Silva, ideólogo de la geopolítica latinoamericana, fue claro al señalar que la guerra se ha convertido en una guerra total, una guerra económica, financiera, política, sicológica y científica... En el caso de Chile, en el golpe contra el gobierno de la Unidad Popular en 1973, se implementó la estructura económica del neoliberalismo, luego, después de dos décadas, se volvió a la democracia electoral, pero no se desmontó la estructura económica impuesta por los Chicago’s Boys, ni tampoco la Constitución, inspirada por Pinochet.

No es posible entender la democracia en la periferia cuando se desboca entonces se recurre al freno de emergencia. Videla sabía lo que hacía. No se ruborizó al señalar que el asesinato de miles de ciudadanos argentinos, a manos de los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas, fue confeccionado por empresarios, ejecutivos, profesores universitarios, jueces, dirigentes sindicales y funcionarios adscritos a la derecha peronista y las organizaciones anticomunistas. Durante la transición, los civiles tomaron distancia y se alejaron de los militares. Videla captó su alejamiento al señalar cómo “los empresarios se lavaron las manos. Nos dijeron: ‘hagan lo que tengan que hacer’, y luego nos dieron con todo. Cuantas veces me dijeron: ‘se quedaron cortos, tenían que haber matado a mil, a 10 mil más”. Más la sucesión entre dictadura y democracia parece ser la transformación cuasi natural de una forma de gobierno en otra, un ciclo ordenado y recurrente que cuando se gestan transformaciones de fondo se recurre al cambio político con la violencia que resulta de éste, pero, en estas transiciones no se da el nacimiento de una realidad enteramente nueva.

En tiempos del neoliberalismo (economía de mercado y democracia del voto) es evidente que en la periferia la democracia del voto se convierte en el mercado del voto. Y mucho más cuando hay gobiernos que tienden hacia la democracia, el gobernante es destituido, caso de Dilma Rousseff, juicio a Lula Da Silva, golpe militar a Evo Morales…

 


 

 

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Publicado enEdición Nº266
Julio Roberto Vargas Malagón, alcalde Cajamarca.

La comunidad y organizaciones sociales de Cajamarca impulsaron la consulta popular en marzo de 2017, con cuyo triunfo obligaron a la multinacional Anglo Gold Ashanti a salir del territorio, cerrando el proyecto La Colosa. Después de la consulta se abrió un debate político y jurídico de carácter nacional que problematiza el modelo de desarrollo del país. El alcalde en ejercicio para el periodo 2019–2022 representa al movimiento que se opuso a la minería, ¿cuáles son los principales retos que enfrenta esta administración?

 

Cajamarca es un pueblo de campesinos ubicado en la Cordillera Central andina; por su potencial natural y ambiental es considerado como el municipio la despensa agrícola de Colombia. Entre el año 2005-2006, con el auge extractivista internacional experimentado en Sur América, el municipio vivió la llegada de la multinacional Anglo Gold Ashanti, la cual impulsó el proyecto “La Colosa”, uno de los megaproyectos mineros de oro más grandes del mundo.

Opuestos a tal pretensión, por las nocivas consecuencias que el desarrollo de un proyecto tal conlleva para un territorio y quienes lo habitan, un grupo de ciudadanos y organizaciones sociales del municipio tolimense comenzaron a plantear el debate sobre el modelo de desarrollo del municipio y las consecuencias y efectos naturales y culturales de la minería a cielo abierto.

Sus esfuerzos de todo orden para obligar a la multinacional a salir de su municipio les abrieron dilemas, de ahí que en el 2010 tomaran la decisión de participar electoralmente, sin resultados notables; en el 2015 llevaron a 3 integrantes del movimiento al concejo. Para Julio Roberto Vargas, actual alcalde de Cajamarca, fue gracias a estos concejales que en el año 2016 se aprobó la realización de la consulta popular sobre el tema minero.

La consulta fue una de las primeras en el país en decirle no a la minería: 6.165 cajamarcunos frenaron los intereses extractivistas. Posterior a esta victoria, en las elecciones del 2019 la ciudadanía llevó a un integrante del movimiento ambiental a dirigir como alcalde los destinos del municipio a lo largo de los siguientes 4 años, triunfo obtenido con 5.130 votos, igual al 50.11 por ciento del total de los sufragios contabilizados, doblando al candidato de la política tradicional apoyado por la multinacional.

Hoy los habitantes de Cajamarca tienen la esperanza de que la región cambiará, y que el quehacer del nuevo gobierno girará alrededor de la defensa del territorio, el agua y la vida.

desdeabajo tuvo la oportunidad de conversar con Julio Roberto Vargas, quien nos comentó algunos de los retos fundamentales de su gobierno, como también su visión de lo que implica, en este momento del país, ser elegido y decidir sobre el presente y el futuro del municipio en materia de uso y vocación del suelo.

desdeabajo (da). ¿Cuáles son las organizaciones en las que ha participado y qué papel espera que estas cumplan en su gobierno?
Julio Roberto Vargas (JRV). Vengo del movimiento ambiental y campesino. Acá en Cajamarca se encuentra el Comité ambiental y campesino de Cajamarca y Anaime, el cual es un espacio donde confluyen diferentes organizaciones socioambientales, con una agenda en común que también se articula al comité ambiental del departamento del Tolima y el movimiento ambiental a nivel nacional.
En esta alcaldía buscamos que el movimiento ambiental organizado ayude a construir las políticas públicas en materia ambiental y de desarrollo social del municipio, que tengan voz y voto, que tengan capacidad de articular procesos, jalonar recursos y construir una línea de desarrollo económico armonizadas con la naturaleza y las comunidades.

da. ¿Qué ha pasado con respecto al intento de limitar las consultas populares en el país y todo este debate abierto alrededor del uso y vocación de suelo?
JRV. Cuando se realizó la consulta popular, desde el gobierno nacional y todos los sectores minero energéticos del país, empezaron a decir que los municipios no tenían autonomía para decidir el uso y vocación del suelo en temas mineros, sin embargo esto lo dice el gobierno nacional pensando en los intereses de los grandes conglomerados mineros. Como comunidad y municipio Nosotros nos aferramos a la Constitución y a la ley, que nos dice que los municipios sí tenemos la autonomía territorial para tomar decisiones sobre el uso y vocación del suelo, y nosotros, los cajamarcunos, los campesinos, los amantes de la vida, decidimos que Cajamarca siga siendo la despensa de Colombia, siga siendo la estrella hídrica del departamento del Tolima.

El debate continúa. El sector minero a nivel nacional busca tumbar las consultas populares, busca deslegitimar las decisiones del pueblo, y como alcalde y representante de la comunidad tengo el deber de defender los derechos colectivos y ambientales de la población cajamarcuna, defender el derecho constitucional que tiene la comunidad a tomar decisiones sobre su territorio, promoviendo en todo momento la democracia participativa e incluyente.

da. ¿Qué papel juega en la región y el país su elección como alcalde de Cajamarca?
JRV. En este momento somos la única alcaldía en el departamento del Tolima con un alcalde alternativo y que hace parte de los movimientos sociales. Esto implica políticamente que una alcaldía y una comunidad están dando un debate al país y al gobierno nacional sobre el desarrollo del país. La experiencia de Cajamarca es la mezcla entre movimientos sociales y la administración pública, que tiene una política alternativa, independiente y busca transformar las comunidades con la participación directa de las mismas.

da. ¿Qué tienen proyectado realizar para generar una propuesta alternativa de desarrollo para el municipio que no implique la minería?
JRV. Vamos a profundizar en mejorar todos los sistemas de comercialización de los productos agropecuarios del municipio. Vamos a abrir una línea de exportación de productos agropecuarios hacia Europa y Estados Unidos, así mismo vamos a hacer una apuesta bastante grande en el tema del turismo comunitario en el municipio; hoy tenemos en el territorio los bosques naturales de palma de cera, somos vecinos del volcán cerro Machín –que es el segundo volcán más activo del mundo–, tenemos el páramo del Chiní por todo el cañón de Anaime, tenemos tres ríos que nacen en el municipio (Anaime, Bermellón y Toche), entonces vamos a impulsar el turismo como alternativa de desarrollo municipal.

Otros temas fundamentales, en torno a la cultura, son la creación de la casa de la cultura del municipio, el impulso del festival nacional de música campesina y el museo de antropología; pero también hay temas importantes como la agricultura limpia, mejoramiento de vías terciarias, salud, educación, entre otros.

da. ¿Cómo piensan construir una alcaldía realmente alternativa para el municipio y cómo se puede proyectar esto a nivel nacional?
JRV. Estamos apostando a una transformación estructural en la comunidad cajamarcuna, en la forma de hacer política y generar el desarrollo. Estamos apostando a empoderar a las comunidades. Las JAL, organizaciones sociales, cooperativismo, asociatividad y unidad de la comunidad tienen un protagonismo importantísimo. Lo que queremos es hacer un buen gobierno, y esto implica que los recursos públicos van a ser bien invertidos en obras sociales, proyectos productivos, culturales y educativos.

Invitamos a que todos los movimientos sociales y ambientales de Colombia sigamos construyendo una agenda en común. La unidad de todos los sectores alternativos y sociales del país es la que va a permitir transformar esas condiciones de desigualdad y desequilibrio en la que se encuentra nuestra sociedad. Necesitamos cambios profundos, necesitamos que los movimientos sociales se enraícen en las comunidades, que las empoderen y que se empoderen de los procesos políticos, que la política no la vean como los tradicionales sino como una oportunidad para servir y transformar con las comunidades las condiciones de vida.

 

 

 

Publicado enEdición Nº265
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