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Contagiar otro mundo
Frente a los decretos de excepción expedidos por diversos gobiernos, el “ shock sicótico-viral” extendido por los pueblos del mundo, y el peligro científicamente probado del coronavirus, movimientos sociales crean formas de extender la solidaridad. Primero, para atender a las personas mayores, el... Leer Más
El irresistible retorno de los militares
Bolsonaro en la cuerda floja “Bolsonaro no gobierna más y Brasil vive una desobediencia civil”, escribió el columnista Merval Pereira en la edición del 26 de marzo del diario O Globo. No es cualquier periodista ni cualquier medio. Perteneciente a la cadena Globo, O Globo es el diario de mayor... Leer Más
Denunciamos y rechazamos el asesinato de la...
Comunicado al Gobierno Nacional, a las entidades de Naciones Unidas, a la Fiscalía, a la Defensoría del pueblo, a todas las organizaciones de Derechos Humanos en Colombia y a la sociedad colombiana en general sobre el Asesinato de la Lideresa Carlota Isabel Salinas Pérez, perteneciente a la... Leer Más
El mundo pos pandemia
“El periodo comprendido entre 1990 y 2025/2050 será muy probablemente un periodo de poca paz, poca estabilidad y poca legitimación”, escribía Immanuel Wallerstein en 1994*. En periodos de turbulencia y confusión, conviene consultar brújulas. Él era una de las más notables y, además, era de los... Leer Más
Virólogo: pandemia de COVID-19 concluirá cuando...
La pandemia de la enfermedad respitatoria COVID-19 (causada por el nuevo coronvirus) se terminará cuando todos los habitantes del planeta hayan sido infectados, lo que ocurrirá en poco más de un año, dijo a Sputnik el virólogo colombiano Jaime Castellanos. "¿Cuándo va a terminar la pandemia?... Leer Más
Keynesianismo contra el virus: seis billones...
La mayor inyección de dinero público de la historia, activada para estimular el sector privado y evitar el colapso de los sistemas productivos y comerciales del planeta, multiplica por seis los recursos destinados a paliar el 'crash' de 2008 y triplica la magnitud de la recesión que ahora... Leer Más
Medidas económicas de emergencia Covid-19.
 Una...
El gobierno nacional mediante el Decreto 417 del 17 de marzo de 2020 declaró el “Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica en todo el territorio Nacional” para hacer frente a las consecuencias económicas y sociales del nuevo coronavirus –Covid-19, así como de las medidas de confinamiento... Leer Más
¿A quién vamos a matar?
Las formas de producción, distribución y consumo propias del capitalismo son las que están generando la crisis climática, no el mero aumento de la población. Sin embargo, la desinformación o el desconcierto ante el covid19 ha dado relevancia a discursos teñidos de la peligrosa ideología del... Leer Más
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Mina de tierras raras en California (EE UU).JOE BUGLEWICZ / BLOOMBERG

El control de estos metales, esenciales en el mundo tecnológico, se ha convertido en objeto de disputa entre las dos grandes potencias del mundo

Hay que bucear un poco en la tabla periódica para encontrarlas. Gadonio, lantano, samario, europio, terbio… Son 17, se las conoce como tierras raras y son famosas por ser buenas conductoras de electricidad. La vida moderna no sería lo mismo sin ellas. Están en los móviles, tabletas y ordenadores. Pero también en las cámaras fotográficas, aerogeneradores, bombillas de bajo consumo y en algunas aplicaciones militares como en las gafas de visión nocturna o en las armas de precisión (guiadas por láser o satélite). Por esa razón se han convertido en la joya de la corona de las dos grandes potencias del planeta. China —el líder en producción desde hace más de tres décadas y con las mayores reservas del mundo— lucha por mantener su posición en el mercado, mientras que Estados Unidos —que acaba de volver a la palestra— busca la autosuficiencia, pues el 80% del consumo de estos elementos procede del gigante asiático.

EE UU ha pisado el acelerador. Impulsa a marchas forzadas el desarrollo de una industria, al mismo tiempo que diversifica sus fuentes. Su hambre por estos metales lo ha llevado a desplegar en su territorio drones y otras tecnologías que ayuden a localizar posibles reservas, según reveló la agencia Bloomberg. De igual forma, Washington ha acordado con Canadá y Australia el despliegue de proyectos en conjunto que están enfocados en el refinado de estos materiales. Además, busca fondos federales para reforzar el sector. “Ha retomado la actividad…, pero le tomará tiempo competir con China”, afirma David Merriman, experto en metales en la consultora Roskill. El primer paso ya lo dio el año pasado: la producción de tierras raras en EE UU aumentó un 44% y el país pasó de la cuarta a la segunda posición en la tabla mundial con un 12% del mercado, una cuota muy lejana a la china, que llega al 63%, de acuerdo con las cifras del Servicio Geológico de EE UU. El salto no es casual. Su principal y única mina de tierras raras, ubicada en California, ha resurgido de sus cenizas.

Tras años de cierres y aperturas intermitentes, la Mountain Pass —que hasta finales de los ochenta era el mayor suministrador mundial de metales raros— retomó operaciones en 2017 gracias a un acuerdo de inversores en el que ha participado la china Shenghe Resources, una de las principales compañías del sector. “EE UU no se siente cómodo con el dominio que tiene China”, dice Chris Berry, fundador de House Mountain Partners, una consultora de materias primas con sede en Nueva York. Su malestar se ha evidenciado cuando el gigante asiático, en medio de una guerra comercial, amenazó con paralizar las exportaciones de tierras raras. “Estos elementos se han convertido en una herramienta geopolítica”, dice un análisis de Roskill. Para EE UU son de suma importancia a tal grado que han sido catalogadas como “imprescindibles para la seguridad nacional y económica”.

Por ese motivo, estos metales fueron una baza en la primera fase del acuerdo comercial, en la que China se ha comprometido a comprar a EE UU dos tipos de tierras raras: escandio e itrio, usadas en aplicaciones de defensa, en la aeronáutica y en la fabricación de televisores. El movimiento es estratégico y dará frutos a la incipiente industria estadounidense, pero no de forma inmediata. “EE UU piensa en el futuro, porque ahora la producción de estos dos metales es minúscula”, afirma Juan Diego Rodríguez-Blanco, profesor de nanomineralogía en el Trinity College de Dublín. Para algunos analistas, la autosuficiencia podría estar a la vuelta de la esquina. “[Quizás] en siete o diez años pueda conseguirlo”, estima Eugene Gholz, profesor de ciencias políticas y experto en seguridad nacional en la Universidad de Notre Dame (Indiana).

Gigante asiático

China comenzó a extraer cantidades importantes de tierras raras en los años ochenta del siglo pasado. Durante la década siguiente ya controlaba el 28% de la producción, por detrás de EE UU, que copaba el 38%. Después, el gigante asiático fortaleció su posición al vender los metales por debajo del precio de otras empresas. La Mountain Pass y muchas otras minas en todo el mundo no pudieron competir y echaron el cierre. Entre 2008 y 2010, Pekín llegó a controlar alrededor del 95% del mercado, según las cifras del Servicio Geológico de EE UU. Sin embargo, su hegemonía extractiva se ha visto menguada en los últimos años a pesar de que su producción ha crecido de manera constante desde 2012. Ello se debe a la aparición de diversos jugadores (EE UU, Australia, Myanmar, entre otros) que quieren un trozo del pastel.

El poderío de la potencia emergente es difícil de abatir, pues controla el proceso de refinación. “Una gran cantidad de la propiedad intelectual en torno al procesamiento de tierras raras está en manos chinas. Este tipo de conocimiento es inevaluable”, explica Berry. China ha mantenido su posición porque, además de ser el mayor productor mundial de tierras raras (con solo seis compañías), también es el primer consumidor, por delante de Japón y EE UU.

Ese estatus se ha mantenido a pesar de que la extracción se ha visto afectada por la introducción de una legislación medioambiental que ha puesto freno a la actividad en las provincias del sur. “China creció tanto en sofisticación que se convirtió en una superpotencia”, asegura Ei Sun Oh, experto del Instituto de Asuntos Internacionales de Singapur. Hoy, el mayor riesgo es el brote de coronavirus que ha paralizado la actividad industrial. El Global Times — el periódico insignia del Partido Comunista Chino— afirma que las empresas del sector ubicadas en la localidad de Ganzhou (donde se procesan cerca del 70% de los metales raros que se usan en el mundo) estaban trabajando a principios de febrero a un 20% de su capacidad a causa del brote, lo cual afectaría las exportaciones hacia EE UU, Japón y Europa


.Groenlandia

The Wall Street Journal publicó el pasado agosto lo que pudo haber sido una tomadura de pelo: “El presidente Trump contempla una nueva compra de bienes raíces: Groenlandia”. Pero no fue así. Su intención resultó real y, a pesar de las críticas, no es cualquier ocurrencia. La isla (región autónoma de Dinamarca) es una rica fuente de materias primas, sobre todo de tierras raras. Allí se desarrolla el proyecto Kvanefjeld —liderado por la australiana Greenland Minerals, donde la china Shenghe Resources tiene participación—, que en el futuro pretende suministrar entre un 20% y 30% de la demanda global de esos metales. El sueño de Trump tiene un raro trasfondo.

Por Óscar Granados

Madrid - 07 Mar 2020 - 18:30COT

Publicado enEconomía
Sábado, 07 Marzo 2020 06:06

Coronavirus: el capitalismo contagiado

Coronavirus: el capitalismo contagiado

La epidemia del coronavirus, denominado Covid-19, ha dejado al descubierto aspectos oscuros de las sociedades contemporáneas que en circunstancias normales permanecen latentes u ocultos: desde la xenofobia y la absoluta falta de empatía con quienes atraviesan circunstancias difíciles –exhibidas por amplios sectores de la población– hasta la propensión, de no menos ciudadanos, a dejarse llevar por el pánico, los rumores y la desinformación. Pero la propagación del patógeno –que comenzó en diciembre pasado en la ciudad china de Wuhan y que ya se hizo presente en casi 80 naciones– ha contribuido a exhibir, ante todo, la preocupante vulnerabilidad del capitalismo ante el miedo de inversionistas y gestores de grandes capitales, sin importar que los temores de estos agentes financieros estén justificados o no.

En efecto, el mero temor de los dueños de los grandes capitales a que la epidemia se prolongue y se extienda más allá de lo previsto, ha llevado a los mercados bursátiles a registrar pérdidas no vistas desde la crisis mundial de 2008, y se estima que el brote costará más de 280 mil millones de dólares sólo en los tres primeros meses del año. Además, ha golpeado con fuerza a sectores especialmente sensibles como el aeronáutico y el turístico: mientras el primero espera pérdidas del orden de 113 mil millones de dólares, el segundo considera que la retracción alcanzará 70 mil millones.

Las consecuencias económicas de la nueva enfermedad, que habrían sido graves en cualquier contexto, empeoraron debido a la imprudencia de algunos líderes y medios de comunicación occidentales que no dudaron en magnificar la gravedad de la emergencia como herramienta de golpeteo político contra el régimen de la nación asiática. Lo anterior tuvo el doble efecto negativo de incrementar el pánico entre los ciudadanos (e inversionistas) de los países occidentales, y de orillar a las autoridades chinas a la adopción de medidas drásticas que tuvieron éxito notorio en la contención geográfica de la enfermedad, pero a un enorme costo para su economía y el bienestar sicológico de sus habitantes. Para colmo, ese entusiasmo en dirigir las baterías declarativas contra China pasó por alto la importancia crucial de esta nación para el funcionamiento de los mercados globales, por lo que el aislamiento chino pronto tuvo implicaciones allende las fronteras; por citar sólo un ejemplo, una caída de apenas 2 por ciento en las exportaciones chinas de piezas y componentes ya costó 50 mil millones de dólares a otros países y sus industrias.

A la vulnerabilidad del capitalismo que ha quedado al descubierto, debe sumarse la igualmente expuesta voracidad de los capitalistas. Una vez que líderes empresariales, banqueros, administradores de fondos de inversión y otros integrantes de la élite económica han debido afrontar en sus propios estados de cuenta los saldos de la doble epidemia vírica y pánica, han exigido a los gobiernos que echen mano de los recursos públicos con la finalidad de paliar las pérdidas económicas, actitud cínica en tanto parecen olvidar que durante décadas ellos mismos empujaron (en formas a veces cuestionables) toda suerte de reformas legales para despojar a los Estados de las herramientas que les permitirían intervenir de manera efectiva en tiempos de crisis.

La lección debe buscarse en la necesidad de diseñar un sistema económico menos vulnerable a los impulsos irracionales de quienes detentan las posiciones de poder, así como en el reforzamiento de la educación para reducir la susceptibilidad de las sociedades a los rumores y la siembra del miedo.

Publicado enEconomía
El coronavirus como tapadera de la crisis sistémica

Que una gripe fuerte sea capaz de hundir la economía mundial, no habla de la gravedad del virus sino de la fragilidad del modelo financiero neoliberal.

Antes de que se dispararan las alarmas por la epidemia de coronavirus, existían evidencias sobre la desaceleración de las principales economías, que ahora parecen confirmarse al punto que la inflexión de la Reserva Federal de Estados Unidos al bajar las tasas de interés encendió todas las alarmas.

El Baltic Dry Index es considerado como un termómetro de la salud de la economía global, porque indica los rumbos en el corto plazo. Se trata de un índice de los fletes marítimos de carga a granel seca, que se calcula diariamente. Su importancia radica en que refleja la cantidad de contratos para el envío de mercancías en las rutas marítimas más importantes.

Este termómetro marcó a principios de setiembre de 1919 los 2.580 puntos, el más elevado de los últimos 10 años, sólo superado en 2010. Desde octubre el índice no para de caer, alcanzando niveles más bajos aún que durante la crisis de 2008. A principios de diciembre estaba en 1.500 puntos, mil menos que tres meses atrás.

Lo más significativo es que siguió cayendo de forma exponencial hasta los 400 puntos, en febrero de 2020. Cuando la epidemia de coronavirus aún no ocupaba los titulares de los medios, en los primeros días de enero, y aún no existía la preocupación de las semanas siguientes, derrapó hasta los 750 puntos el 8 de enero.

Si el Baltic Dry Index estaba en caída libre, de 2.580 a 750, esto no puede atribuirse al coronavirus sino a una crisis económica inminente, brutal y depredadora. Una crisis cuyas manifestaciones ya eran evidentes antes de la epidemia.

El FMI publicó sus previsiones en la 50 reunión anual del Foro Económico de Davos, revisando su pronóstico de crecimiento para 2020 a la baja. Sus principales conclusiones fueron que la economía mundial se encuentra en una situación "peligrosamente vulnerable".

El clima que se respiraba antes de la difusión de la epidemia comparaba la coyuntura con la crisis de 2008, mientras la OCDE confiaba aún en un "aterrizaje suave" de la economía estadounidense. Las principales agencias temían que la combinación de "las tensiones geopolíticas, el malestar social, las tensiones comerciales y el desarrollo de turbulencias financieras de las economías", crearan una situación insostenible.

Lo que pretendo enfatizar es que la conjunción de guerra comercial, Brexit, deuda pública y privada y desigualdad crecientes, ya estaban causando estragos cuando apareció el coronavirus. Por lo tanto, la epidemia no es la causa de la crisis económica sino su catalizador.

La ONU, por ejemplo, venía advirtiendo de la "profundización de la polarización política y un creciente escepticismo sobre el multilateralismo como riesgos significativos a la baja".

En su informe sobre las perspectivas de la economía mundial para 2020, el analista Oscar Ugarteche enfatizaba, a fines de diciembre pasado, que "2019 ha sido uno de los más complicados en mucho tiempo para una serie de países visto desde varias aristas: crecimiento económico, cohesión social, integración internacional y crisis política".

El economista agrega, a la lista de infortunios, "las protestas sociales de diversa índole en al menos dieciséis países alrededor del mundo", que repercuten en una caída de "la inversión privada tanto en el corto como en el mediano plazo". La desaceleración de Alemania y el estancamiento de la Unión Europea, se traducen en una disminución de los precios de las materias primas, según Ugarteche.

El punto central, empero, es otro: "Se anticipa para 2020 una mayor desaceleración, tal como esperábamos a inicios del 2019. La Reserva Federal en su última decisión de política monetaria del año ha optado por mantener la tasa de referencia de los bonos federales en el rango de 1.5 – 1.75% aunque el pronóstico es que cuando se intensifique la desaceleración económica, se harán recortes adicionales, llevando a una ronda de recortes en todo el mundo, el próximo año", escribía a fines de 2019.

Esto explica que la bajada en las tasas de interés no fue en absoluto "sorpresiva", como aseguró buena parte de la prensa económica. La Fed simplemente aprovechó el momento para tomar una decisión que resultaba inevitable, por el estado de cosas con que finalizó 2019. "Para las economías avanzadas el pronóstico es gris", concluye el economista.

Los descalabros de las bolsas a comienzos de marzo y, de modo particular, la brusca oscilación hacia arriba y hacia abajo que se observa cada día, son consecuencia de que hemos entrado en un período de hondas incertidumbres, a las que ahora se suman los países asiáticos, con China a la cabeza, que este año puede tener la tasa de crecimiento más baja en décadas.

La conclusión es que la economía global estaba ya ingresando en un momento de caída con fuerte tendencia a la recesión. Es importante destacar que no se trata de una crisis económica sino sistémica. Cuando Ugarteche menciona, por ejemplo, la importancia de las protestas sociales en muchos países de forma simultánea, está poniendo sobre el tablero una situación que excede con mucho el concepto de crisis económica.

Quizá por eso, el segundo dato a retener de esta crisis, es el experimento de ingeniería social a gran escala, colocando en cuarentena a millones de personas sanas, algo inédito en la historia de la humanidad.

El epidemiólogo brasileño Pedro Vasconcelos, que trabajó treinta años en el Instituto Evandro Chagas y hoy preside la Sociedad Brasileña de Medicina Tropical, señala: "La humanidad usó la cuarentena para controlar la peste negra en la Edad Media, la fiebre amarilla cuando no se conocían sus causas y la gripe española a inicios del siglo XX. Y nada más".

Esa práctica había caído en desuso y ahora se utiliza no para aislar a los infectados sino para millones de personas sanas, inicialmente en China pero con tendencia a multiplicarlo a escala global. Estamos ante una tema fundamental, ya que en un período de crisis sistémica, las elites parecen empeñarse en mantener el control a toda costa, como se deduce de su actitud ante la epidemia de coronavirus.

Publicado enInternacional
Miércoles, 04 Marzo 2020 08:35

“El milagro” económico colombiano

“El milagro” económico colombiano

En las sociedades capitalistas, la explotación ha de ser entendida en función de un sistema de producción-distribución-circulación-consumo y de las relaciones con este sistema por parte de la clase trabajadora y de la clase capitalista en su conjunto. Con base en un análisis sistémico, a través de los tres enfoques del PIB –producción, ingresos y demanda– este artículo describe la lógica interna que determina el funcionamiento, dinámica y reproducción clasista del sistema económico colombiano. El presente se examina como consecuencia de acontecimientos anteriores que a su vez condicionan el futuro, es decir, la economía está presente en el devenir histórico. Lo que cuenta para la lucha y estrategia política es el sistema en su conjunto más que lo individual. En consecuencia, es la lógica interna del sistema económico en su complejidad el que ha de ser atacado y superado, más que las injusticias aisladas.

 

 

En 2019, de los 20 países que integran a América Latina 18 presentaron una desaceleración en la tasa de crecimiento de la actividad económica. Esta debilidad generalizada se originó en el menor dinamismo de la demanda interna, acompañado por una baja demanda agregada externa, caída en el precio de las materias primas y mercados financieros internacionales más frágiles. El promedio regional de crecimiento del PIB fue de 0,1 por ciento y la variación del producto interno bruto por habitante fue negativo en 0,9 por ciento.


El panorama macroeconómico reciente muestra una desaceleración tendencial de la actividad económica en los últimos seis años (de 2014 a 2019); caídas del PIB per cápita, la inversión, el consumo per cápita y las exportaciones, y un sostenido deterioro de la calidad del empleo. A este escenario se suman las crecientes demandas sociales y presiones por reducir la desigualdad y aumentar la inclusión social que han detonado con una intensidad inusual en la región (1).


En contraste, la tasa anual de variación del PIB de Colombia para el año 2019 registró un valor positivo de 3,3 por ciento y del ingreso por habitante de 2,4 por ciento (2). La economía mundial como un todo se expandió en 2,9 por ciento. Para el año 2020, las expectativas de crecimiento económico son de 3,3 por ciento a nivel global; 1,3 promedio en América Latina y 3,5 para Colombia.


Un “milagro” es un suceso extraordinario que no puede explicarse por las leyes regulares de la naturaleza o la sociedad; el evento es atribuido a la intervención “Divina”. El “milagro” colombiano se enturbia al observar que la economía crece pero con un elevado costo social: alto desempleo abierto (América Latina: 8,2%; Colombia: 10,5%), concentración del ingreso (medida por el índice de desigualdad Gini, AL: 0,465; Col: 0,497), pobreza (AL: 30,8%; Col: 29,9%), violencia (homicidios por cada 100.000 habitantes, Mundo: 6,1; AL: 21,5; Col: 25), inflación (aumento del índice de precios al consumidor – IPC, AL: 2,4%; Col: 3,8%), deuda pública (% en relación al PIB, AL: 47,4%; Col: 58%), déficit fiscal (% del PIB, AL: -2,8; Col: -2,7), desbalance comercial (relación exportaciones-importaciones en proporción del PIB, AL: -1,4%; Col: -4,3%) y devaluación de la moneda (en 2019 las monedas latinoamericanas se devaluaron un 9,8% y el peso colombiano lo hizo en 11%). La economía colombiana se asemeja a un “gigante con pies de barro”.


Sorprenden las cifras y la pregunta no da espera, ¿cuál es el secreto del éxito económico colombiano? El modelo propuesto por Keynes en 1936, establece que el empleo y el ingreso dependen de la demanda global (DG), esto es, DG= consumo de los hogares de los capitalistas + consumo de los hogares de los trabajadores + la inversión de las empresas + el gasto público + la diferencia entre exportaciones e importaciones. En 2019, se destaca el crecimiento de la demanda interna que tuvo resultado de 4,5% lo que implica 1,1% más que en 2018.


La cultura colombiana, guiada por el principio del “todo vale”, es altamente consumista, individual y clasista. Los hogares de los capitalistas (3,7 por ciento del total de la población ocupada según posición ocupacional) registran una alta propensión al consumo, principalmente de bienes importados, por tanto orientan al gasto una alta proporción del 35,3 por ciento del PIB que concentran anualmente a través del excedente de explotación bruto; los asalariados (obreros y empleados), 11,3 millones, esto es, la mitad del total de la fuerza laboral nacional que suma 22,7 millones de personas, se gastan todo lo que ganan (34% del PIB); los trabajadores por cuenta propia, los empleadores y trabajadores de las pequeñas empresas familiares, los informales y toda clase de rebuscadores representan el 46,3 por ciento de los ocupados y apropian el 20 por ciento de la distribución del PIB (ingreso mixto) y una proporción igual en el consumo familiar. El Estado, resultado de los impuestos netos a la producción, se queda con el 10,7 por ciento del PIB.


Adicionalmente, en el país siempre ha operado una economía subterránea (informal + mafiosa), funcionalmente integrada a la acumulación, el empleo, a los “negocios” en general, al consumo y a las transacciones de dinero en efectivo.


El tamaño de la economía subterránea es equivalente al 40 por ciento del PIB (la integran todas las actividades informales, el contrabando, la corrupción, las actividades especulativas, el lavado de activos, la venta de divisas en los mercados negros, la prostitución, el crimen y la delincuencia organizados, las mafias políticas, tráfico de armamento y el narcotráfico). Así, por ejemplo, desde Colombia se exportan 500 toneladas métricas de cocaína, negocio que le inyecta 3.000 millones de dólares anuales a la demanda interna del país. Es fácil detectar esta economía “paralela u oculta” por los movimientos de activos líquidos. En 2019, la base monetaria, constituída por todo el dinero legal en circulación, aumentó 10,5 por ciento, esto es, 3,2 veces más que el crecimiento en valor del PIB que fue de 3,3.


De otra parte, el aumento de la entrada de remesas al país constituye otro importante factor explicativo del buen desempeño del consumo de los hogares; en 2019 este rubro ascendió a US $6.773 millones de dólares, una cifra histórica que representa una variación anual de 7,1 por ciento más que en 2018, prolongando con ello la expansión que inició en 2015 y que se espera mantener durante 2020. La cifra de emigrantes colombianos (exportación del desempleo y la pobreza) es de 3 millones de personas, esto es, 6 por ciento de la población total. Por cada 10 colombianos que viven en el exterior, siete hacen giros, especialmente para apoyar a sus familiares en la adquisición de los bienes y servicios esenciales de la canasta familiar y en la compra de bienes raíces –su mecanismo de ahorro.


Es una dinámica económica y social que dibuja al país en su real dimensión y características. La estructura social, económica y política contiene las fuerzas que determinan el grado de crecimiento, el nivel de empleo, la distribución de la riqueza, el ingreso y el grado desigual de bienestar. Al contrario de lo señalado por Keynes, los “economistas clásicos (incluído Marx)” demostraron que en el modo capitalista de producción, son los capitalistas, dueños de los medios de producción y del capital financiero, que además controlan la política y las instituciones, quienes determinan las condiciones de producción (qué se produce, cómo y para quién), reproducen constantemente las relaciones de producción (clase dominante y clase trabajadora) y, por lo tanto, las relaciones de distribución del ingreso correspondientes (ganancias, salarios, rentas, impuestos) y las estructuras y dinámicas del consumo y la inversión. En síntesis, los capitalistas o clase dominante tienen el dominio y control sobre la oferta agregada, la distribución del ingreso, la circulación y la demanda agregada. Las injusticias, la violencia, las creencias y las agresiones contribuyen a defender el statu quo y reproducir el sistema económico. Por ello, los fenómenos económicos influyen en los políticos y viceversa; por tanto, la ciencia económica se vincula con la política, la sociología, la psicología, la filosofía, la historia y los ecosistemas.

 

Población y bienestar económico

 

Comenzando el siglo XX, la población colombiana cruzó el umbral de los 40 millones. Pasaron dos décadas y en febrero de 2020, con base en proyecciones del nuevo censo de 2018, el país alcanzó la emblemática cifra de 50 millones de habitantes. El crecimiento demográfico es sostenido desde 1580, cuando la población del Nuevo Reino de Granada estaba integrada apenas por 800.000 indígenas tributarios, 15.000 esclavos negros y 10.000 blancos peninsulares.


El suministro de bienes y servicios para ser distribuido entre las familias del país crece a un ritmo superior al de la población. En precios corrientes, en los últimos 26 años el valor de la producción aumentó 15,8 veces y la población 1,4. El nombre técnico para este flujo de producción es el producto interno bruto (PIB). La relación entre el PIB y la población se conoce como PIB por persona. El PIB per cápita se interpreta como una medida de bienestar económico, asociado a la satisfacción de las necesidades sociales y humanas.

 

El PIB y sus enfoques

 

El PIB es la suma del valor agregado bruto de todas las unidades de producción residentes, más los impuestos, menos las subvenciones sobre los productos no incluida en la valoración de la producción. Se mide desde tres enfoques o flujos: oferta, gasto e ingresos (ver diagrama 1).

 

 

 

PIB, producción y empleo

 

El patrón de división mundial del trabajo en el sistema mundo capitalista se mantiene a pesar de los procesos de independencia y descolonización. No obstante el crecimiento de la producción industrial en muchas áreas de la periferia, el rol principal de estos países en la economía capitalista mundial sigue siendo el de oferentes de productos primarios con poco valor agregado. Las relaciones socio-económicas de dependencia con los estados, mercados, finanzas y las clases dominantes de los países capitalistas centrales son más fuertes que los cambios políticos locales. La descolonización no acabó con la hegemonía, imperialismo o dominio de los más poderosos Estados ni impidió la organización del desarrollo geográfico desigual de forma que beneficiara a los centros de acumulación de capital preexistente.


El sistema económico colombiano depende de los ciclos de la producción, demanda, finanzas y comercio internacional de los principales países capitalistas y, en particular, del precio de las “commodities (Gráfico 1) (3). La economía colombiana depende de la extracción de los recursos minero-energéticos. Las ventas de combustibles y productos de las industrias extractivas participaron con el 55,8 por ciento del total exportado por Colombia al resto del mundo durante 2019. Como consecuencia del escalonamiento de los precios del carbón y el petróleo en los mercados internacionales durante los últimos sesenta años, la economía nacional registra un crecimiento ligeramente superior, de 0,6 por ciento promedio anual en comparación con el desempeño de la economía global: 4,1 por ciento Colombia y 3,5 total mundo. A partir de la crisis global del capitalismo en 2008, el crecimiento económico mundial anual cae a un promedio de 2,4 por ciento y a 3,5 en Colombia.

 

 


Durante los últimos años, el crecimiento económico global disminuye drásticamente. Una característica común del debilitamiento del ímpetu de crecimiento ha sido un notable enfriamiento geográficamente generalizado de la producción industrial. Como resultado de la ralentización de la producción industrial, el crecimiento del comercio internacional prácticamente es nulo. Las desaceleraciones del comercio internacional están vinculadas a la caída del gasto de inversión. Desde el punto de vista de la demanda, teniendo en cuenta el debilitamiento de los fundamentos económicos mundiales, se prevé que los precios de las materias primas prosigan una senda descendente.


Una proyección con antecedentes variables, ya que el precio del petróleo, referencial Brent, alcanzó un máximo de 139 dólares por barril en junio de 2008; a inicios de 2016 se transaba a 36; dos años más tarde, en 2018, volvió a escalar hasta 82,7 y en febrero de 2020 se llegó a comercializar a 53 dólares el barril de hidrocarburo. La producción física nacional también es volátil: en 2015 el país superó la barrera de producción del millón de barriles de petróleo promedio día; en 2017 cayó a un promedio de 854 mil y en 2019 se recuperó la producción a 886 mil; para 2020, según el Ministerio de Minas y Energía, el país podría registrar una producción de 900.000 barriles de crudo por día (bpd), debido al crecimiento de la operación de hidrocarburos, las inversiones de Ecopetrol y las transnacionales petroleras y a la explotación de yacimientos no convencionales (fracking). El propósito del Gobierno es extraer y comercializar hasta la última gota de petróleo proveniente de los yacimientos colombianos, al costo que sea.


Una oscilación que afecta la economía y las finanzas públicas del país, la que para el 2020 proyecta un crecimiento de 3,3 por ciento para el mundo y de 3,5 para el país. Una tasa de crecimiento compuesto del 3 por ciento anual es el mínimo aceptable para las expectativas de ganancias de los empresarios y el funcionamiento de cualquier economía capitalista, una cifra inferior equivale a recesión.


Valga resaltar que los objetivos prioritarios de todo sistema económico son el pleno empleo, la estabilidad de precios, la eficiencia y la eficacia productiva, la distribución equitativa del ingreso, la eliminación de la pobreza y el crecimiento sostenible. De manera reducida, la lógica de los sistemas capitalistas tiene como prioridad generar la máxima ganancia para los empresarios y dueños del capital, mantener la acumulación sostenida, aumentar la producción, la estabilidad de precios y concentrar la riqueza y el ingreso en las clases dominantes. El sistema funciona eficientemente y mantiene un equilibrio dinámico (la oferta agregada es igual a la demanda agregada), sin que importe a los sectores privilegiados la presencia en sus países de un alto nivel de desempleo involuntario, los bajos ingresos de la clase trabajadora, las crónicas y recurrentes crisis humanitarias, los explosivos antagonismos de la lucha de clases producto de la desigualdad socio-económica, la indigencia colectiva y la destrucción ambiental.


En esta dinámica del sistema capitalista, el desempleo resalta como uno de los crecientes problemas de la sociedad colombiana. Durante los años 1950-1965 su tasa promedio anual fue de 3,9 por ciento (relación entre el número de desempleados y la población económicamente activa). Durante 1966 a 1995 el promedio de trabajadores excluidos del mercado laboral aumentó a 10,5 por ciento. Entre 1996-2020 los desempleados representan en promedio el 12,2 por ciento de la fuerza laboral.


El desempleo consolidado de 2019 fue de 10,5 por ciento, en el mismo periodo de 2018 fue de 9,5. La cifra de la población ocupada en 2019 alcanzó 22,2 millones de personas; en el acumulado del último año se registró una destrucción de 170.000 puestos de trabajo. La población desempleada sumó 2,6 millones, creció en 209.000 personas respecto a 2018, y la inactiva 14,4 millones de personas, subió en más de 455.000 (Gráfico 2). Una realidad que afecta a las mayorías pero que de manera contradictoria beneficia a los propietarios de los medios de producción, toda vez que el desempleo les permite pagar salarios bajos y aumentar la tasa de ganancia. Además, disciplina la fuerza de trabajo y desalienta la organización y lucha de la clase trabajadora. Es una realidad que favorece la acumulación de capital, resultado del afán de ganancia, la misma que es el factor fundamental que impulsa la actividad productiva mediante la explotación del trabajo. La competencia siempre es desigual y su manifestación en la actividad productiva tiende a favorecer la concentración y centralización del capital, de la riqueza y del ingreso. Si bien la economía del país ha crecido, el ingreso y la riqueza sigue concentrados en el reducido pero poderoso sector dominante de la sociedad; este es un rasgo que históricamente ha sido común en Colombia (Gráfico 2).


El gobierno trata de paliar el desempleo con medidas monetarias (tasas de interés bajas y oferta de crédito subsidiado), fiscales (aumento del gasto público y reducción de impuestos a los capitalistas) y cambiarias (devaluar para estimular las exportaciones). Pero las causas del desempleo son más profundas y estructurales: i) una economía primaria dependiente de actividades extractivas no genera encadenamientos productivos, ni valor agregado, ni puestos de trabajo suficientes para absorber el crecimiento de la mano de obra; ii) las revoluciones industriales que conducen al cambio tecnológico, a la automatización de los procesos productivos y a elevar la productividad del trabajo desplaza a los trabajadores a un ritmo mayor al que pueden ser ocupados por la expansión económica; iii) el país no produce bienes de capital de alta tecnología, estos deben ser importados; por tanto, el cambio tecnológico no genera clúster productivos ni aumenta suficientemente el empleo tecnificado; iv) el tránsito hacia economías fundamentadas en el sector terciario destruye las ocupaciones no especializadas en los sectores primario y secundario; iv) los incrementos salariales por encima del aumento de la productividad se traducen en inercias inflacionistas, sustitución tecnológica de mano de obra y reducción laboral en las pequeñas y medianas empresas. Además, el sistema económico colombiano se halla atrapado en una contradicción estructural entre las incontenibles fuerzas de producción y las menores capacidades de consumo de la clase trabajadora que los bajos salarios, el desempleo, la pobreza y desigual distribución del ingreso hace inevitable.


Sin embargo, el sistema económico colombiano genera una rápida expansión de la producción, muy por encima del crecimiento demográfico. En el período 1994-2019 el tamaño de la población crece 1,4 veces, el PIB aumenta 15,8 veces y el ingreso por persona (precios corrientes) 11,6 veces (Gráfico 3). Debido a este crecimiento, en adición al ingreso reciente al club de países ricos, la Ocde, Colombia fue excluída recientemente, en febrero de 2020, del grupo considerado de “economías en desarrollo” con lo cual pierde las preferencias especiales que la Organización Mundial del Comercio –OMC– otorga a esta categoría de sociedades: ayudas para reducir la pobreza, generar empleo e integrarse al sistema de comercio mundial. Según el Dane, en pesos corrientes el tamaño del PIB de Colombia en 2019 sobrepasó el umbral de los 1.000 billones de pesos, con lo cual, el PIB per cápita subió de 20,4 millones en 2018 a 21,3 millones de pesos en 2019.

 

 


La pequeña proporción de trabajadores formales y organizados (menos del 5 por ciento de los ocupados están sindicalizados) tienen la capacidad de negociar corporativamente para que sus salarios no pierdan poder adquisitivo. Los aumentos anuales en el SML van correlacionados con el incremento en el índice de precios (Gráfico 4).

 

 


Además, la política macroeconómica privilegia la estabilidad de precios sobre cualquier otra prioridad, conducta esperable en toda economía financiarizada que protege el valor adquisitivo del dinero y potencia el poder rentístico del capital financiero. En Colombia las tasas de inflación han caído en los últimos 35 años de cifras superiores al 20 por ciento a niveles que giran actualmente entre el 3 y el 4 por ciento anual.


En este contexto, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad de Vida (Dane) del año 2018, el 37,3 por ciento de los hogares expresa que los ingresos familiares no les alcanza para cubrir el gasto requerido para satisfacer sus necesidades primarias; otro 52,3 por ciento cubre escasamente los gastos básicos del hogar y únicamente el 10,4 de los hogares ricos tiene la capacidad de solventar con opulencia sus deseos de consumo y, además, ahorrar e invertir.


El 85,7 por ciento de la población ocupada obtiene ingresos por debajo de dos salarios mínimos legales (SML); el 5,7 por ciento de los trabajadores (1,3 millones de personas) devenga un SML y el 47 obtiene ingresos inferiores a un SML. El precio de la canasta básica familiar equivale a 4,3 SML. El 34,8 por ciento de los hogares colombianos considera que vive bajo condiciones de pobreza debido a los bajos e insuficientes ingresos.


El PIB bajo el enfoque de oferta, empleo y productividad

 

El PIB representa el resultado final de la actividad productiva de las unidades de producción residentes. La teoría económica tiende a dividir el mundo en tres sectores económicos: extracción, manufactura y servicios. El PIB anual de Colombia bajo el enfoque oferta por sectores muestra un acelerado y desproporcionado crecimiento del sector terciario, o de servicios, que engloba las actividades relacionadas con los servicios no productores o transformadores de bienes materiales. Incluye subsectores como comercio, comunicaciones, finanzas, turismo, hotelería, restaurantes, cultura, la administración pública, fuerzas armadas y policía, y los denominados servicios públicos (salud, educación, programas sociales), entre otros.


La sociedad colombiana cambia cada día más la producción real, agricultura e industria, por los “negocios” de todo tipo, en abstracto y en general; todo lo que contribuya a acumular dinero, poder y fama es lo único que cuenta. En una sociedad donde todo se vende y se compra, y las personas son considerado un simple medio para ganar dinero, los derechos humanos son un discurso vacuo y huero.


Durante lo corrido del siglo XXI el sector terciario aumentó su participación relativa en la economía nacional de 55,9 a 64 por ciento (gráficos 5 y 6). El sector primario se limita a obtener de manera directa los “recursos de la naturaleza”, comprende las actividades productivas de la extracción minero-energética, la obtención de materias primas y los alimentos no procesados; su evolución en la estructura productiva es decreciente: de 14,8 por ciento en 2001 a 12,4 por ciento en 2019. El sector secundario corresponde al que transforma la materia prima en productos de consumo elaborados o en medios de producción, y el mismo comprende la manufactura, la industria, la construcción y la obtención de energía; en Colombia, este sector registra una rápida pérdida de importancia relativa en la generación del PIB: 29,3 por ciento en 2001 y 23,7 por ciento en 2019.

 


En el país ocho de cada diez empleos se generan en los sectores primario y terciario de la economía (gráficos 7 y 8). De acuerdo con la matriz de empleo nacional, el 63,3 por ciento de los puestos de trabajo corresponden al sector terciario; 19,9 por ciento de la población ocupada hace parte del sector secundario y el sector primario provee 16,9 por ciento de las ocupaciones.


La relación entre el valor de la producción y número de empleos por sector permite estimar la evolución de la productividad, la cual está relacionada con la organización empresarial, el equipo, la técnica, la infraestructura pública, el nivel educativo y el grado de formación y destreza de la fuerza de trabajo. La productividad de la economía nacional aumenta 2,4 veces durante el período 2001-2019 (Gráfico 9). Durante las dos últimas décadas, la misma crece 2,7 veces en el sector primario (a causa de los elevados precios obtenidos por la producción y comercialización minero-energética); el sector secundario es el de menor crecimiento en la productividad: 1,7 veces (la desindustrialización combina la pérdida de competitividad nacional con las importaciones de mejor calidad y menor precio que desplazan a la producción local, destruye empresas, elimina puestos de trabajo y, a la vez, promueve el comercio, el contrabando y el transporte); por su parte el incremento de la productividad en el sector terciario es de 2,6 veces.


En particular, el sistema económico colombiano se encuentra en proceso de financiarización a partir de los años 1970; el liderazgo del capital financiero se expresa en un rápido cambio tecnológico (Fintech), acumulación de activos, ganancias extraordinarias, concentración del ingreso, mayor incidencia y poder político e internacionalización. Según la Superintendencia Financiera, a noviembre de 2019, los activos del sistema financiero colombiano ascendieron a $2.013 billones, con un crecimiento anual de 13,6 por ciento; las utilidades del sector fueron de $84,5 billones para igual año.


Según los resultados del Dane, desde el punto de vista de la oferta, el crecimiento del PIB de 3,3 por ciento en 2019 se explica principalmente por el aumento del sector terciario de 3,9 por ciento. En particular, las actividades financieras crecieron en 5,7 por ciento en términos reales; el comercio aumentó 4,9 por ciento; y la administración pública y defensa, seguridad social y servicios sociales crecieron 4,9 por ciento. En contraste, el sector primario creció apenas el 2 por ciento y el secundario 1 por ciento (la construcción cayó 1,3 por ciento).

 

El PIB bajo el enfoque de flujos de ingresos

 

La distribución del ingreso nacional es la fase necesaria del proceso económico en cuanto relaciona la producción con el consumo. El capitalismo determina el carácter y la forma de la distribución. En el proceso de distribución del ingreso nacional, los capitalistas se apropian de la mayor parte como consecuencia del poder que les confiere la propiedad privada sobre los medios de producción, de las políticas macroeconómicas que el Estado implementa a su favor y de la débil fuerza negociadora de la clase trabajadora.


La distribución del ingreso y la riqueza en sociedades complejas es sin duda una de las fuentes más frecuentes de conflicto de intereses y de tensiones derivadas de la estratificación social y de las instituciones organizadas según criterios clasistas.


Desde el punto de vista de los ingresos el PIB es igual a la suma de los ingresos primarios distribuidos por las unidades de producción residentes; esto es:

PIB = Remuneración de los asalariados + impuestos menos subvenciones a la producción y las importaciones + Excedente bruto de explotación + Ingreso mixto.

Para el año 2019, la estructura relativa de distribución de los ingresos primarios entre las diferentes posiciones ocupacionales es la siguiente: i) los dueños del capital, esto es, patrones o empleadores, suman 835.000 personas y representan 3,7 por ciento de la población ocupada según posición ocupacional; por ingresos, su participación en la distribución del Producto Interno Bruto (PIB), a través del excedente de explotación bruto, es de 35,3 por ciento; ii) los asalariados (obreros, empleados y jornaleros) representan el 50 por ciento de la fuerza de trabajo ocupada, esto es, 11,3 millones de trabajadores; en conjunto reciben el 34 por ciento del PIB; iii) el Estado, resultado de los impuestos netos a la producción, se queda con el 10,7 por ciento; iv) el ingreso mixto equivale al 20 por ciento del PIB, producto de la adición de las retribuciones a una heterogénea agrupación de trabajadores por cuenta propia y pequeñas empresas familiares donde laboran los propietarios y sus familias, sin percibir un salario (por ello el saldo incluye una parte de remuneración al factor trabajo); estos variopintos trabajadores independientes, informales y microempresarios, que suman 10,5 millones de personas, tienen una participación relativa de 46,3 por ciento en la estructura de la población ocupada, según posición ocupacional.


Al analizar el PIB por el lado de los ingresos, durante el periodo 1994-2019, en promedio (gráficos 10 y 11), la principal participación la tuvo el Excedente de explotación bruto (4) e ingreso mixto bruto con 55,3 por ciento, seguida por la Remuneración a los asalariados (34,0%) (5) y los impuestos menos subvenciones sobre la producción y las importaciones (10,7%).

 


Durante los 26 años analizados, los empresarios, patrones y empleadores tienden a mantener constante su participación en el PIB (55,2%), si bien en los años 2000 a 2004 alcanzaron un máximo de 57 por ciento. Al contrario, los asalariados perdieron 1,7 puntos porcentuales al pasar de 35 por ciento del PIB en 1994 a 33,3 por ciento en 2019. El Estado ganó participación en el PIB de 1,8 puntos porcentuales al apropiar 11,5 por ciento del mismo en 2019 frente al 9,7 en 1994. Tanto el financiamiento de los gastos colectivos como la descarga del peso de las crisis sobre las espaldas de los trabajadores en beneficio del gran capital y la clase política dominante es algo que está en la agenda de los partidos de derecha y de la clase capitalista desde hace tiempo.

 

PIB enfoque de flujos de gasto

 

El consumo es la utilización del producto social para satisfacer tanto las necesidades de la producción como las necesidades personales de los individuos pertenecientes a las diferentes clases sociales. El nexo entre la producción y el consumo se halla condicionado por la acción de las leyes económicas del modo de producción capitalista. Los eslabones de enlace entre la producción y el consumo son la distribución del ingreso y la circulación. Según la teoría general del empleo keynesiana, en equilibrio, el volumen de empleo de los factores productivos depende, de una parte, de la función de oferta global y, de otra, de la propensión marginal al consumo (mide cuánto se incrementa el consumo de una persona cuando se incrementa su ingreso disponible) y del volumen de inversión.


El PIB desde el punto de vista de la demanda final o utilizaciones es igual a la suma de las utilizaciones finales de bienes y servicios medidas a precio comprador, menos las importaciones de bienes y servicios. En consecuencia, el PIB es la suma de los gastos de consumo personal de los hogares capitalistas (Ck), el consumo de los hogares de los asalariados (Cw), inversión privada interna bruta (I), compras gubernamentales (G) y exportaciones netas (Xn=exportaciones-importaciones):

PIB= Ck + Cw + I + G + Xn

En la economía existe una interacción dinámica entre estos cinco flujos de producción final (gráficos 12 y 13).

 


Durante el período 2000-2019, la estructura promedio de la demanda es igual al gasto de consumo final hogares capitalistas y de ingreso mixto (34,3%), gasto de consumo final hogares de los trabajadores asalariados (33,4%), gasto de consumo final del gobierno general (14,7%), formación bruta de capital (21,1%) y exportaciones netas (-3,5%).


El gasto de consumo final de los hogares, capitalistas y trabajadores, es el que más contribuye al crecimiento agregado; en promedio aporta el 67,7 por ciento. Si bien los hogares ricos representan sólo el 10 por ciento del total de hogares, en conjunto tienen una capacidad de consumo agregado equivalente al ingreso disponible de toda la fuerza laboral asalariada de Colombia.


El análisis de las dos últimas décadas muestra cambios estructurales del PIB desde el enfoque de flujos de gasto: i) la formación bruta de capital gana 9,3 puntos porcentuales al aumentar de 14,9 por ciento en el año 2000 a 24,2 por ciento en 2019; ii) el consumo final de los hogares pierde participación relativa: los capitalistas -0,6 y los asalariados -0,9; iii) el gasto de consumo final del gobierno general cae en 2,1 puntos porcentuales; iv) las exportaciones netas caen en 5,8 puntos porcentuales (gráfico 14).

En el último año, el consumo privado ha registrado una extraordinaria dinámica, exhibiendo una tasa de expansión cercana a 4,5 por ciento real, superior a 3,6 por ciento observado en 2018, y al crecimiento del PIB de 3,3 en 2019. Seis son los factores que explican la aceleración del gasto de consumo final de los hogares:

 

I) La mayor demanda de la población migrante (el flujo de migrantes venezolanos es continuo y creciente, para fines de 2019 se estimaba una población de 2,5 millones de venezolanos viviendo en Colombia);
II) El aumento de la entrada de remesas al país constituye otro importante factor explicativo del buen desempeño del consumo de los hogares; en 2019 este rubro ascendió a US$6.773 millones de dólares, una cifra histórica que representa una variación anual de 7,1 por ciento más que en 2018, prolongando con ello la expansión que inició en 2015 y que se espera mantener durante 2020. La cifra de colombianos viviendo y trabajando en el extranjero es de 3 millones de personas, esto es, 6 por ciento de la población total; según una investigación de la Universidad Nacional, por cada 10 colombianos que viven en el exterior, siete hacen giros, especialmente para apoyar a sus familiares en la adquisición de bienes y servicios básicos de la canasta familiar y en la compra de bienes raíces. Según estudios de la Cepal, las remesas permiten disminuir la pobreza en la población global colombiana en 0,2 puntos porcentuales, pero focalizada en los hogares receptores de remesas reduce la pobreza en 10,1 puntos porcentuales;
III) La estabilidad de precios y las expectativas de inflación ancladas al rango meta del Banco de la República han permitido mantener, y en algunos casos incrementar, el poder adquisitivo de los hogares colombianos;
IV) El incremento real del salario mínimo, pactado en los últimos años por encima del IPC y de los criterios técnicos de productividad ha permitido aumentar el consumo de los trabajadores asalariados;
V) La concentración del ingreso y la riqueza genera una alta propensión al consumo por parte de los hogares adinerados, a la vez que promueve una intensa demanda efectiva en las actividades del turismo, restaurantes, hoteles, viajes, inversiones especulativas en el negocio inmobiliario, vestuario, autos de alta gama, etc.; además, la concentración del ingreso en los hogares capitalistas transforma la estructura del consumo final, así, por ejemplo, en lo corrido del siglo XXI las cuentas de los subsectores “Recreación, cultura, restaurantes, hoteles, bienes y servicios diversos” incrementan su participación relativa de 25 a 29 por ciento (Gráfico 16). El consumo final de los hogares no es sólo función del ingreso, sino también de la riqueza (y en particular de la riqueza más liquida) y de las expectativas futuras de rentas.

VI) En el país siempre ha operado una economía subterránea (informal + mafiosa), funcionalmente integrada a la acumulación, el empleo, a los “negocios”, a la oferta, al consumo y a las demandas de efectivo. Esta economía subterránea hace alusión a la naturaleza en principio oculta de las actividades económicas que eluden los controles institucionales, fiscales y legales; en otras palabras, es aquella porción de la economía que se instala en la sociedad al margen del mercado formal y de los marcos institucionales, pero que interactúa sinérgicamente, complementaria y competitiva, con la economía formal, esto es, visible, registrada y legal. El tamaño de La economía subterránea es equivalente al 40 por ciento del PIB (la integran todas las actividades informales, el contrabando, la corrupción, las actividades especulativas, el lavado de activos, la compraventa de divisas en el mercado negro, la prostitución, las mafias políticas, el crimen y la delincuencia organizados y el narcotráfico). Es relativamente fácil detectar y estimar el valor de esta economía “paralela u oculta” por los movimientos de activos líquidos y transacciones en efectivo ¡el dinero siempre deja huellas!

Según los resultados de Dane, desde el enfoque del gasto, el crecimiento del PIB de 3,3 por ciento en el año 2019 se explica por Gasto en consumo final que crece 4,6%; Formación bruta de capital: 4,3%; y en Comercio exterior: las exportaciones crecen 3,1% y las importaciones 9,2%.
De otra parte, las ventas al exterior se mantienen bajas, mientras que el ritmo de importaciones continúa reflejando tasas aceleradas de crecimiento relativo desde el año 2018. Para el 2019 las exportaciones sumaron 39.502 millones de dólares FOB y las importaciones registraron un valor total de 50.604 millones de dólares. Desbalance negativo en la disponibilidad de divisas que se cubre con empréstitos extranjeros e inversión, reducción de reservas internacionales y lavado de dólares provenientes del narcotráfico y demás actividades ocultas e ilícitas.


De acuerdo con las cifras del Dane, sí bien las ventas externas cerraron en 39.502 millones de dólares en 2019 estas representan un 5,7 por ciento menos que los resultados de 2018, lastradas por una caída de 11 por ciento del sector minero-energético; además, la exportación de los productos agropecuarios, alimentos y bebidas subieron 0,8 y las manufacturas bajaron 0,4. El país sigue dependiendo de la demanda internacional de materias primas como carbón y petróleo, productos minero energéticos locales que pierden espacio en el concierto internacional por la declarada abolición del uso de carbón y el avance de las energías renovables. La conclusión es que el sector productivo colombiano no está enfocado al comercio internacional.


En efecto, a partir del año 2014 la balanza comercial del país se mantiene deficitaria. Sus exportaciones se estancaron en US$38.000 millones desde 2015; el déficit de 2019 es el más alto registrado. Colombia presenta un fracaso en las exportaciones no tradicionales, muy a pesar de que el Estado ha firmado más de una docena de tratados de libre comercio y de la acelerada devaluación del peso, dos aliados indiscutibles para dinamizarlas. Las exportaciones colombianas dependen de la explotación minero energético en 55,8 por ciento, las exportaciones agrícolas solo tienen una participación de 7,5 por ciento y la industria 36,7.


Por el lado de las importaciones, el país adquiere toda clase de alimentos y bebidas, bienes de consumo durable y semidurable para los hogares y maquinaria y equipo de alto contenido tecnológico. El lema de la clase dirigente es “Que inventen otros”. El sistema económico colombiano tiende hacia un crecimiento macrocefálico del sector terciario sostenido precariamente en los debilitados sectores reales, el primario (excepto las actividades extractivas minero-energéticas) y el secundario. El déficit comercial promedio anual del país con el resto del mundo es cercano a los US$12.500 millones, 4,3 por ciento del PIB; este tiene un impacto significativo y negativo en cuanto las importaciones compiten contra la producción de la industria como de la agricultura nacional conduciéndolas a su gradual extinción.


Del lado de la inversión, si bien la clase dirigente colombiana tiene un carácter rentista y de alto consumo suntuario importado, la situación se compensa con el significativo volumen de inversiones extranjeras. De acuerdo con el Banco de la República, la Inversión Extranjera Directa (IED) en el país totalizó 10.366 millones de dólares durante el 2019, lo cual significó un crecimiento de 19,2 por ciento frente a los 8.693,4 registrados por el mismo concepto en 2018, en el reporte por balanza cambiaria. Nuevamente, el petróleo fue el sector que movió esta balanza, pues las inversiones en este ascendieron a 6.858 millones, por encima de los 6.536 millones de 2018. Entre tanto, otros sectores atrajeron 3.508,3 millones al país, mientras que la Inversión Extranjera de Portafolio (especulación financiera) alcanzó los 1.887,9 millones.


Al comparar la participación neta del Estado en el PIB a través de los impuestos netos (10,7% en promedio) respecto al “Gasto de consumo final del gobierno general” (14,7% en promedio) se deduce que las finanzas del Estado registran un déficit estructural y crónico. Este desequilibrio se financia con una carga impositiva más alta a la clase trabajadora, recortes al gasto social y con un endeudamiento público creciente; según el “Plan Financiero del 2020” presentado por el Ministerio de Hacienda, la deuda alcanzará este año alrededor del 51 por ciento del PIB. La deuda pública de todo el sector público no financiero equivale a 58 por ciento del PIB. Durante la última década la deuda pública se triplicó. La devaluación del peso también encarece y aumenta la deuda externa. El país atraviesa, entonces, una nueva época de “prosperidad al debe”, semejante a la experimentada cien años atrás.


Adicionalmente, en 2019 por primera vez el Gobierno incorporó a los ingresos del fisco las utilidades extraordinarias que tuvieron el Banco de la República y Ecopetrol, con lo cual se rompe la tradición de dejarlos aparte. De una parte, la hacienda pública obtuvo $ 3 billones de ingresos que estaban en una cuenta del balance de Ecopetrol, afectando la capacidad de acumulación interna de la empresa petrolera; de otra, el Banco de la República logró las ganancias más altas de su historia, las cuales superaron los siete billones de pesos que fueron trasladados a la billetera del gobierno. Pese a lo anterior, el MHCP reveló que el déficit del Gobierno Central (GC) fue de 2,5 por ciento del PIB en el 2019. Por el lado del gasto, la inversión pública en capital fijo continúa postrada en 1,2 por ciento del PIB, mientras el gasto operativo y de transferencia crece a ritmos anuales del 4 por ciento reales y con mayores cargas burocráticas en ministerios y organismos de control. Las exenciones tributarias a las grandes empresas y la reducción de impuestos al capital, otorgadas en la última reforma tributaria impulsada por el gobierno Duque, abrieron aún más el hueco fiscal de la hacienda pública haciendo necesaria una nueva reforma tributaria en el inmediato futuro.


En una mirada global del comportamiento del gasto de consumo final de los hogares, los gráficos 15 a 17 muestran que el peso relativo de los servicios es creciente; así, por ejemplo, el consumo de alimentos y bebidas pierde participación de 24,1 a 21 por ciento, entre 2005-2017; en correspondencia, los gastos en salud aumentan de 6,7 a 8,1 por ciento, en igual período. Además, en paralelo que aumenta el gasto en servicios, se reduce el consumo de bienes durables, semidurables y no durables generando mayor inestabilidad a los negocios y acortando los tiempos del ciclo de la economía.

 

Lógica clasista del sistema económico

 

La apropiación privada de los medios de producción en las sociedades capitalistas crea desde el principio una brecha insuperable y creciente entre quienes tienen y quienes, al no tener nada, deben vender su fuerza de trabajo para subsistir. El sistema económico funciona eficientemente bajo una lógica al servicio y beneficio del capital. En el mundo contemporáneo existen dos clases sociales, los explotados y los explotadores, así como seres humanos oprimidos y opresores. Los capitalistas ganan todo lo que gastan, mientras quienes viven del trabajo gastan todo lo que ganan. Los primeros pueden ahorrar, invertir, acumular y beneficiarse privadamente de los aumentos en productividad como consecuencia de los desarrollos científico-tecnológicos (reproducción ampliada); los segundos, logran sobrevivir, tener hijos y sostener precariamente la fuerza de trabajo que los remplazará en el futuro (reproducción simple).


La lógica clasista se encuentra en el núcleo del funcionamiento del sistema económico capitalista. En Colombia, el sistema funciona eficientemente para el beneficio del 10 por ciento de la población privilegiada; estos no conocen ni nunca experimentan en carne propia las crisis, simplemente las observan como parte del paisaje social. Las clases trabajadoras, el 90 por ciento sostiene sobre sus hombros este sistema de explotación-opresión y sobreviven crónicamente al filo de la crisis.


El sistema económico también vive, se reproduce, innova y se fortalece en medio de las crisis, las cuales pueden ser de sobreproducción, de tendencia decreciente la tasa de ganancia, o de insuficiente proporcionalidad entre ramas y sectores productivos. En época de crisis, los capitales más débiles suelen ser absorbidos por los más fuertes o bien son eliminados en y por la competencia. Las crisis son inherentes al sistema capitalista, es el secreto de su continua renovación, innovación, evolución, expansión y crecimiento. La competencia capitalista siempre es desigual y su manifestación en la actividad productiva tiende a favorecer la concentración y centralización del capital, de la riqueza, del ingreso y el consumo.


De otra parte, ingenua e ilusoriamente se cree que para poder gobernar una nación, el Estado debe representar los intereses de toda la población, sin embargo, al existir una clase dominante y otra dominada-explotada, el Estado suele velar principalmente por los intereses de quienes ejercen la dominación-explotación. Por lo anterior, es frecuente que el Estado colombiano privatice las ganancias y distribuya socialmente las pérdidas, cuando éstas se presentan. Además, la economía colombiana es un sistema subordinado y funcional a los intereses de los países hegemónicos del sistema mundo capitalista.


En cuanto al poder en nuestro país, la oligarquía criolla domina todas las ramas del poder político: legislativo, ejecutivo, judicial y de control. Análogamente controla para su beneficio propio todos los flujos fundamentales de la economía: la producción, los ingresos y la demanda agregada. Es fantasioso e ingenuo pensar que esta clase privilegiada comparta su poder o distribuya su riqueza. La democracia, en su definición clásica de “gobierno del pueblo y para el pueblo” no existe en este sistema de explotación, opresión y alienación. Lo que cuenta para la lucha y estrategia política es el sistema en su conjunto más que lo individual. Es la lógica interna del sistema económico en su complejidad el que ha de ser atacado y superado, más que las injusticias aisladas. La toma del poder sigue siendo el objetivo fundamental de toda lucha política. La evolución, por sí sola, tampoco resolverá nada en el futuro. Hay que encontrar una alternativa por fuera de este sistema para poder reencausar la economía, colocándola al servicio de las mayorías, al tiempo que se desconcentra el poder político para, por esa vía, propiciar y motivar la real participación del conjunto social, tanto para diseñar sus sistemas de vida digna como para orientar y controlar el ejercicio democrático del gobierno.


Son cambios fundamentales, los cuales son posibles siempre y cuando las clases trabajadoras se tornen en protagonistas autónomos y autogestionarios de su historia. De lograrse esta ruptura estructural nuestra sociedad estará sentando las bases para una democracia más allá de la formal (electoral); una democracia directa, participativa, radical, plural, plebiscitaria. La revolución está al orden del día. Un cambio, que para ser efectivo debe ser global, estructural y transformador de la lógica interna que determina el funcionamiento del sistema. El surgimiento de un movimiento revolucionario, democrático y plural, de tal dimensión y animado por la vida digna, es una necesidad histórica.

 

1 Cepal; (2019). Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe. Naciones Unidas, Chile, p. 11.
2 Además de Colombia, Guatemala fue el otro país que en 2019 registró crecimiento económico en América Latina; este fue de 3,3 por ciento.
3 Se les llama “commodities” a los bienes básicos, aquellos productos que se destinan para uso comercial, y que tienen como característica más relevante, que no cuentan con ningún valor agregado, se encuentran sin procesar o no poseen ninguna característica diferenciadora con respecto a los demás productos que encontramos en el mercado, por esto se utilizan como materias primas para elaborar otros bienes.
4 El excedente de explotación e ingreso mixto son dos denominaciones alternativas del mismo saldo contable de la cuenta de generación del ingreso, que se utiliza para diferentes tipos de empresas: se denomina excedente de explotación en el caso de las sociedades e ingreso mixto cuando se trata de empresas no constituidas en sociedad propiedad de los hogares en razón a que en estas empresas trabajan los propietarios o sus familias, sin percibir un salario, por ello el saldo incluye una parte de Remuneración al factor trabajo.
5 Las remuneraciones a los asalariados comprende toda la remuneración en efectivo y en especie a pagar por los empleadores a sus asalariados como contrapartida del trabajo realizado por estos durante el periodo contable (se desglosa en sueldos y salarios y cotizaciones sociales a cargo del empleador).

Coronavirus, la coartada perfecta para esconder una enfermedad terminal

La FED baja los tipos de interés, el BCE anuncia que está preparado para tomar medidas, pero esta enfermedad parece no tener cura. La economía ya estaba enferma, el coronavirus solo es una prueba más de que solo se mantiene a base de un dopaje contínuo. 

as bolsas caían en picado y necesitaban las palabras mágicas que tranquilizaran a los mercados. Aquel “haré todo lo posible para salvar al euro” de Draghi en el 2012, se ha convertido en un “usaremos nuestras herramientas y actuaremos para apoyar a la economía”. Esas fueron las palabras de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de EE UU, este pasado viernes. Surtieron efecto, las bolsas rebotaron, pero no era suficiente. Parece que nada es suficiente y ahí, posiblemente, reside el problema.

Mientras escribía estas líneas, Powell ha dado el paso: “El coronavirus plantea riesgos en la evolución de la actividad económica. Frente a estos riesgos, la FED ha decidido reducir las tasas de intereses”. Un virus que ha nacido en el otro lado del planeta, en casa de su oponente en la batalla por la hegemonía mundial, ha conseguido que la FED haga lo que Trump, el tejido industrial estadounidense, los lamentos de los países emergentes u otros bancos centrales habían exigido a Powell.

Ese canto tuvo sus coros unísonos en todo el planeta. El Banco de Japón, el Banco de Inglaterra y, en última instancia, el Banco Central Europeo (BCE), también han declarado que harán lo que sea necesario para mantener a flote la economía y paliar los efectos del virus, pero ¿es en realidad un problema provocado por la pandemia? ¿Es proporcional la reacción de los mercados? ¿No será que, como pasa con otros virus, este ataca y mata antes a quien ya está enfermo?

Los rumores, las alertas sanitarias, los estallidos de burbujas o quiebras de pequeños países o conflictos políticos graves siempre habían afectado a los mercados de una manera u otra. Pero que un virus que, de momento, ha matado menos que otras gripes comunes haga tambalear la economía mundial nos indica que quien está enferma es esa economía y el sistema que la sustenta.

No me voy a extender mucho en explicar algo sobre lo que ya se ha escrito mucho en este medio: el capital ya no encuentra mercados que le ofrezcan grandes rentabilidades. Las empresas zombies, aquellas que posiblemente quiebren si los tipos de interés suben, representan cerca del 10% a nivel mundial, según cálculos (optimistas desde mi punto de vista) de la OCDE. Las medidas para revitalizar la economía tras la crisis financiera de hace una década lo único que han conseguido ha sido asistir a la economía como un enfermo al que mantienen en coma a la espera de que alguien encuentre la cura a su enfermedad.

Al igual que algunas gripes, los enfermos, bajos de defensas y atiborrados de antibióticos, son los que tienen un mayor riesgo de ver como su salud colapsa. Así se encuentra ahora mismo la economía mundial: enferma. Ni todas las recetas del FMI o el Banco Mundial, ni las transfusiones de dinero de Draghi y Lagarde, ni las medicinas alternativas de China son capaces de sanar una economía que ya no encuentra dónde expandirse, dónde extraer nuevas rentas, dónde ganar algo de tiempo. El sistema económico global es un enfermo al que cualquier virus lo puede matar.

De Guindos ya ha dicho que el BCE está “listo para actuar contra el coronavirus”. Listo debe significar que están dispuestos a doblar esfuerzos con la maquinita del dinero, porque los tipos de interés los pueden bajar, pero no es mucho el margen que les queda. Qué raro que la Unión Europea y el BCE no hayan tenido la misma determinación para darle a la maquinita de los billetes con la finalidad de paliar la grave crisis de refugiados, que han dejado (y dejan) muchas más víctimas que el coronavirus en esa gran fosa común en la que se ha convertido el Mediterráneo y que cuando se hace sea para aumentar el presupuesto de ese ejército europeo de fronteras llamado Frontex o para pagar acuerdos vergonzosos con líderes totalitaristas de la talla de Erdogan.

También es alucinante que las subidas de los tipos de interés del dólar hicieran temblar la economía mundial, al golpear de lleno a países emergentes como Turquía, Brasil o Argentina. Estos países tienen gran parte de su deuda externa referenciada en dólares. Una subida de esos tipos, parte también de la guerra comercial de Estados Unidos, desequilibra por completo la economía de esos países y, por contagio, la de todo el planeta. Poco le importó a la Reserva hacer temblar la economía mundial y condenar a la pobreza (o a no salir de ella) a millones de personas en esos países. El virus lo ha conseguido. No deja de ser paradójico.

Al final, el capitalismo encuentra su chivo expiatorio para maquillar sus culpas. El coronavirus se ha convertido en la nueva excusa. Luego solo hace falta aplicar un poco de la doctrina del shock, que diría Naomi Klein, inundando los noticieros, dando un lugar privilegiado a la psicosis, mostrando la imagen de ese asqueroso virus y, entre vuelos cancelados y farmacias colapsadas, ya tienen carta blanca para redoblar las cantidad de medicamento que se le va a aplicar a una economía que no acaba de morir, porque su muerte significará que todos los esfuerzos (que hemos hecho mayoritariamente los de abajo), todo su discurso y política liberal, todos los recursos utilizados para “refundar el capitalismo” en vez de para rescatar a la gente, no habrán servido de nada. Las decisiones tomadas estos días son una nueva patada adelante a un sistema capitalista en crisis, a una muerte anunciada, al fin de una era en la que la financiarización de nuestra vidas ha dado como resultado un sistema en coma profundo. Si no es este virus, será el siguiente.

Por Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado

3 mar 2020 18:01

Publicado enEconomía
Martes, 03 Marzo 2020 11:29

El futuro de la economía colombiana

https://psicologiajuridicaforense.wordpress.com/tag/tratamiento-psicologico-para-violadores/

Entre los economistas es usual hacer predicciones sobre el futuro. Y es frecuente que los ministros de Hacienda anuncien la tasa de crecimiento que tendrá el PIB, la inflación del año siguiente, el precio del petróleo en los próximos años, etcétera. Estas proyecciones se formalizan en el Marco Fiscal de Mediano Plazo1. Allí se presenta la dinámica que tendrían las principales variables de la economía hasta el 2030. Dos meses después de publicado el documento, ya eran evidentes los errores de las proyecciones. Por ejemplo, el dólar llegaría a 3.450 pesos en el 2026. Ahora, en febrero de 2020 el dólar está a 3.456. El error de las proyecciones es evidente. Y, no obstante, el Ministerio de Hacienda insiste en que logrará conseguir las metas que se propuso el año pasado cuando publicó el Marco Fiscal. El Gobierno, a su vez, sigue afirmando que cumplirá con las proyecciones fiscales a pesar de que todos sus cálculos comenzaron a fallar 2 meses después del ejercicio de futurología realizado por el ministro de Hacienda.

La terquedad del Gobierno no le permite aceptar que cualquier reflexión sobre el futuro es incierta. Siempre es posible, como dice Taleb2, que aparezcan cisnes negros, que son los fenómenos absolutamente inesperados, y que tienen gran impacto en la sociedad. Estos hechos pueden tener una incidencia considerable en la actividad económica.

El cisne negro más reciente es el coronavirus. Un acontecimiento sorpresivo. El virus continúa expandiéndose, y comienza a tener repercusiones en la bolsa de Shangai, en el precio del petróleo, en el valor del dólar, en el turismo, en el intercambio comercial entre China y el resto del mundo, y en numerosas esferas de la sociedad. A raíz de su rápida expansión, se han puesto en tela de juicio los mecanismos (internacionales y nacionales) de prevención, la institucionalidad de la salud, la coordinación entre los gobiernos, etc.

Puesto que siempre habrá cisnes negros, las observaciones sobre el futuro apenas son relatos que pueden ayudar a mejorar las convenciones y los acuerdos institucionales, con el fin de amortiguar los golpes causados por los cisnes negros. Los imaginarios futuros que construimos los seres humanos apenas son puntos de referencia, pero nada garantiza que en el futuro se vayan a cumplir.

El coronavirus afecta de manera directa la economía colombiana. Sus efectos se expresan en un menor precio del petróleo, en una mayor tasa de cambio (pesos por dólar), en la agudización del déficit en cuenta comercial (más importaciones que exportaciones). Es imposible predecir el comportamiento de la economía, porque no hay manera de conocer con anterioridad a los cisnes negros y, mucho menos, saber cuáles serán sus consecuencias. No obstante, es importante construir un relato, que independientemente de su poder predictivo, sí puede servir para corregir algunos problemas. El 2020 comienza con una economía frágil en varios sentidos.

 

La lucha estratégica contra el desempleo y la pobreza

 

La dinámica de la la economía ha sido débil. Durante el 2019 el PIB apenas creció 3,4 por ciento. El Gobierno ha considerado que esta tasa de crecimiento es muy buena, porque está por encima del promedio de América Latina. Se trata de una satisfacción mediocre porque no examina las características estructurales del aparato productivo nacional. El desempleo se ha agudizado, y se estancó la tendencia descendente que traía la reducción de la pobreza. Los dos fenómenos están estrechamente relacionados, ya que el menor empleo se refleja en una caída de los salarios, y en una disminución de la capacidad de compra de los hogares.

Hay varios problemas básicos. El primero es el crecimiento de sectores que no generan empleo. En la estructura del PIB se destacan las dinámicas del petróleo, la minería y las finanzas. Estos sectores contribuyen al aumento del PIB, pero como no son intensivos en mano de obra, su crecimiento puede estar acompañado de un mayor desempleo.

Cada vez es más claro que no basta con que el PIB crezca. Su dinámica es engañosa. El mayor PIB no significa que haya mejoras en el empleo y en el bien-estar. El PIB puede crecer por muchas razones: aumento del precio de los hidrocarburos y los minerales, mayores utilidades de los bancos, etc. El empleo en estos sectores no aumenta al mismo ritmo que el PIB. Las condiciones de vida de las personas se pueden deteriorar, aún cuando el PIB esté creciendo. El éxito financiero de los bancos, por ejemplo, no se refleja en mejores condiciones de vida de los hogares. Por el contrario, a los bancos les va bien porque el crédito es caro, así que el excedente de los intermediarios financieros puede ir en contra del bien-estar de los consumidores.

Se podrían sacar dos conclusiones. La primera es el débil crecimiento del PIB, ya que apenas fue del 3,3 por ciento. Y la segunda es la poca incidencia que tienen las actividades extractivas y mineras en la calidad de vida de las personas. La protesta de las comunidades contra las explotaciones mineras son la expresión de la insatisfacción causada por la incapacidad que ha tenido el Estado colombiano de sembrar las bonanzas, y de dirigir los excedentes hacia las comunidades y hogares más pobres.

En lugar de continuar afirmando que la economía va bien, el Gobierno debería hacer un mínimo esfuerzo por descomponer la estructura del PIB, y examinar los problemas intrínsecos. El análisis debe comenzar con el reconocimiento de los daños que ha causado la economía extractiva. Para cambiar esta situación es necesario superar la dependencia del petróleo y de los minerales. Se debe avanzar hacia una matriz energética que sea sostenible. Sin esta transformación estructural no es posible generar empleo de largo plazo. Es fundamental que el país consolide una estructura productiva diferente, en la que predomine la economía verde.

El cambio de la matriz energética implica mayores intervenciones del Estado. Los privados difícilmente tomarán la iniciativa. En el corto plazo estas inversiones no son rentables, y las firmas privadas no están dispuestas a arriesgar su capital.

No se están diseñando políticas estratégicas que permitan reducir la dependencia de los hidrocarburos y de la minería. Al contrario, el Gobierno busca estimular el fracking, sin tener en cuenta sus efectos, que son dañinos, según diversos informes de países donde ya han experimentado esta técnica de extracción de petróleo. Todavía no se han diseñado con claridad las medidas que palien sus efectos sobre los territorios y la población local. Además, no se han diseñado mecanismos financieros para que una parte de los excedentes sirva para apalancar proyectos amigables con el ambiente (conservación y recuperación de cuencas, paneles solares, energía eólica, transporte eléctrico, etcétera). Todavía no hay lineamientos claros que permitan consolidar una reforma agraria, que contribuyan a mejorar los niveles de productividad de las pequeñas y medianas fincas. Y que, además, contribuya a reducir la importaciones de alimentos básicos. Se debe buscar la recuperación del campo como despensa alimentaria del país, dejando atrás la importación de todo aquello que puedan producir los pequeños y medianos agricultores. Este proceso se debe realizar de tal manera que estimule la producción limpia, sin agrotóxicos y sin semillas transgénicas, entre otros).

El cambio en la matriz energética tiene impactos significativos en la vida de las ciudades. La renovación urbana debe ir acompañada de alternativas ambientalmente sostenibles. Por ejemplo, todas las nuevas construcciones deberían tener paneles solares. Es necesario castigar al transporte que contamina. Se deben incorporar tranvías, trenes con recorridos en corredores conurbanizados y similares. Las redes fluviales deberían incrementarse. Los impuestos al carbono deben aumentar, de tal manera que se sancione de manera efectiva a las empresas contaminantes.

Los impuestos al carbono y los bonos de carbono son recursos con enormes potencialidades, pero por ahora no son tan relevantes. Con la reforma tributaria de finales de 2016 el gobierno nacional puso en marcha el impuesto al carbono. En el primer año, el recaudo fue de $476 mil millones. La tarifa es de US$5 por cada tonelada de carbono, equivalente en el 2018 a $15.764. Para Stiglitz y Stern3 este valor es muy bajo, y no es suficiente para modificar la matriz energética. En su opinión, en el 2020 debería ser de US$40-US$80 por tonelada de CO2, y en el 2030 tendría que subir al rango de US$50-US$100 por tonelada.

La economía verde es la condición para que el proceso sea incluyente en términos de empleo. Y, además, para que sea sostenible.

 

La economía seguirá abierta hacia adentro

 

El déficit con el sector externo no se cierra. El país continúa importando más bienes de los que exporta. Los acuerdos de libre comercio que se firmaron con varios países, se han traducido en déficit de las cuentas comercial y corriente de la balanza de pagos. Esta apertura se podría decir que es “hacia adentro”.

Actualmente el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos es de 4,3 por ciento del PIB. Este nivel es alto, y muestra el sesgo anti-exportador. Desde el gobierno de Gaviria (1990-1994) se está diciendo que la apertura mejoraría la productividad y la competitividad, y que el país terminarían exportando más de lo que importa. No ha sucedido así.

En lugar de haber consolidado las exportaciones, y la producción nacional, la apertura y las bonanzas posteriores –sobre todo la de hidrocarburos y minería– no se han aprovechado. Las bonanzas no se sembraron. Puesto que no se desarrollaron instrumentos para fortalecer la industria y la agricultura domésticas, los excedentes terminaron financiando importaciones, y resquebrajando la producción interna.

 

Y la equidad no llega…

 

Todos los gobiernos insisten en la equidad. Y la priorizan en los discursos de los planes de desarrollo. En lugar de una sociedad más igualitaria, la riqueza cada vez está en manos de un menor número de personas. La concentración es alarmante, tal y como se desprende del texto de Garay y Espitia4. La reforma tributaria de 2019 es regresiva y agudiza aún más la concentración.

A pesar de la contundencia de la desigualdad, los últimos gobiernos no han hecho casi nada para disminuirla. La riqueza y la tierra se siguen concentrando. De acuerdo con los datos del Censo Nacional Agropecuario, realizado en el 2014, el Gini de concentración de la tierra es de 0,9. Al mismo tiempo, se ha presentado una leve mejora en la distribución de los ingresos laborales. Sobre todo, porque la tributación se ha cargado hacia los grupos de ingresos medios.

Después de leer el estudio de Garay y Espitia se le debería exigir a la Dian, que cada año, a partir de las declaraciones de renta, publique el coeficiente de concentración (Gini) de la riqueza. Y similar petición se le debería hacer a la Bolsa de Colombia, para que informe sobre la distribución de la propiedad accionaria. Y al Instituto Geográfico Agustín Codazzi (Igac) sobre las desigualdades de la propiedad de la tierra. Desgraciadamente, por ahora nada indica que la equidad vaya a mejorar. De todas maneras, los ciudadanos tenemos el derecho de estar bien informados sobre los aspectos distributivos.

 

1 Ministerio de Hacienda y Crédito Público, 2019. Marco Fiscal de Mediano Plazo 2019, Ministerio de Hacienda, Bogotá.
2 El cisne negro fue un fenómeno inesperado. Se conoció en Australia y dejó sin piso la afirmación “todos los cisnes son blancos”. El libro de Taleb es un homenaje a Popper, quien advierte sobre la inconveniencia de hacer afirmaciones con carácter universal. Ver, TALEB Nassim, 2007. The Black Swan. The Impact of the Highly Improbable, Ramdon House, New York.
3 Stiglitz Joseph., Stern Nicholas., 2017, coord. Report of the High-Level Commission on Carbon Prices, Carbon Pricing Leadership Coalition, World Bank, Agence de l’Environnement et de la Maîtrise de l’Energie, Ministère de la Transition Ecologique et Solidaire, Paris.
4 Garay Luis., Espitia Jorge., 2019. Dinámica de las Desigualdades en Colombia. En Torno a la Economía Política en los Ambitos Socio-Económico, Tributario y Territorial, Desde Abajo, Bogotá.

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12 de febrero de 2020

Publicado enEdición Nº265
El fantasma del colapso recorre el mundo

Las noticias que se acumulan estos días, traspasando la sobreexposición del coronavirus, son estremecedoras y nos llevan a imaginar que el colapso del sistema está comenzando.

El presidente de Turquía Reccep Tayyip Erdogan, abrió la frontera luego que un bombardeo sirio se cobró la vida de 50 soldados que están atacando la provincia de Idlib, que ese país quiere apropiarse. De ese modo, utiliza la desesperación de los civiles que huyen de la guerra como “arma geopolítica” (https://bit.ly/2TdPJTW).

En tanto, la policía griega dispara gases a los niños en la frontera para disuadir a toda la familia de ingresar a la Unión Europea (https://bit.ly/2TusNyr). Unos 15 mil refugiados, hasta el 2 de marzo porque las cifras crecen en horas, tiritan de frío en una zona de nadie entre Turquía y Grecia, mientras otros intentan ganar la orilla griega en pequeños botes, arriesgando la vida. En se marco, Grecia decidió suspender temporalmente el derecho de asilo (https://bit.ly/2TrVZpQ).

Esta vez no voy a hablar de los feminicidios en México, que según autoridades internacionales conforman una “crisis humanitaria” de la que culpan al Estado, porque “no hace prácticamente nada por paliar la situación”, como señaló la integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Rita Canto.

Desde Grecia, las compañeras nos informan que el Estado decidió prohibir los carnavales con la excusa del coronavirus. En respuesta, la población salió a la calle en masa para celebrar la festividad, ante el inevitable acoso policial, como puede observarse en estas imágenes (https://bit.ly/32Jrq3l). En el decreto se prevé dos años de cárcel para quienes no obedezcan.

La militarización del agua en Brasil merece un párrafo aparte. Un informe del diario Estado de Sao Paulo, destaca que los canales que desvían el agua del río San Francisco hacia las grandes haciendas de la fruticultura en el Nordeste, están siendo vigilados por guardias armados y drones, mientras se levantan muros para proteger el agua, convertida en negocio para exportar frutas al mundo.

“En Petrolina, Pernambuco, guardias armados al estilo Robocop, apoyados por drones se mueven en motocicletas vigilando el canal para que la población no tenga acceso al agua. Los habitantes de la zona necesitan arriesgarse, furtivos, para paliar la sed. Agricultores que están a menos de cien metros del canal, no tienen acceso” (https://bit.ly/38cnb1j).

Brasil posee el 12% de toda el agua dulce del mundo. El acceso al agua, abundante y limpia, fue libre durante siglos. Hasta los años 90 del siglo pasado casi no había conflictos por el agua. Pero en los últimos cinco años, fueron registrado 63.000 confrontaciones con intervención de la policía, mientras surgieron 223 “zonas de tensión” por el agua.

Aunque los casos son muy diversos, hay un patrón común: “El poder económico, el agronegocio, la administración de las hidroeléctricas, industrias y taladores ilegales, que quieren apropiarse de tierras fiscales, intentan de muchas maneras restringir el acceso a ríos y represas”. El mismo informe establece que el Estado los apoya y siempre salen perjudicados los pueblos originarios y negros, agricultores familiares y comunidades tradicionales.

A lo anterior habría que sumar los millones de personas aisladas en cuarentena en el mundo, particularmente en China, pero cada vez más en Europa. ¿De qué normalidad podemos hablar cuando los migrantes centroamericanos son golpeados, encarcelados o expulsados cuando cruzan la frontera hacia México?

No tengo claro si las personas que leen estas líneas tienen clara la gravedad de la situación. No es cualquier momento el que estamos viviendo, sino el más grave desde, pongamos, el año 1347. Sí, desde hace casi siete siglos. Ese año comenzó la Peste Negra, que en apenas cinco años se llevó a dos tercios de la población europea y creó las condiciones para el ascenso del capitalismo, ante la neutralización de las trabas sociales que le impedían independizarse y alzar vuelo.

Al final de su exhaustivo libro, Ole Benedictow escribe: “La peste negra aceleró la evolución y transformación de la sociedad y la civilización europeas medievales hacia su forma histórica moderna”. Y concluye: “También aceleró el hundimiento de las estructuras y mentalidades económicas feudales y la aparición de una dinámica economía de mercado predominantemente capitalista y de las actitudes y mentalidades innovadoras que la acompañaron” (La Peste Negra, p. 521).

En esas estamos. “Ellos” conocen la historia y saben que estamos en un momento de viraje que cambiará el mundo. Mientras, nos toca a “nosotras” decidir qué haremos.

2 marzo 2020

Publicado enSociedad
Lunes, 02 Marzo 2020 06:31

Aristas del virus

Aristas del virus

Seguramente Philip K. Dick haría una sugestiva narración sobre el asunto que hoy acapara buena parte de la atención en el mundo: el brote del nuevo coronavirus, sus condiciones y posibles consecuencias.

La Organización Mundial de la Salud ha emprendido una fuerte campaña de alarma sobre el brote del nuevo virus; propone una serie de acciones preventivas, esencialmente de higiene y cuidado, y contempla la posibilidad de que ocurra una pandemia.

Se cree que el nuevo virus probablemente provenga de los murciélagos, pero no se sabe si pasó a otro animal antes de transmitirse a los humanos. Hay quienes dicen que el origen del brote puede ser un laboratorio en Wuhan, lo que niegan las autoridades chinas. Así que, al respecto, todavía prevalece la incertidumbre.

Se discute, en otro nivel, el efecto de las formas de producción prevalecientes en la agricultura y ganadería en el surgimiento de nuevas cepas de virus, además de las prácticas de las farmacéuticas y el consumo de medicamentos entre la población.

Algunos reportes establecen la manera en que el nuevo virus se propaga y los efectos sobre la salud de quienes lo contraen. Una nota de la revista Nature (11/II/20) afirma que el nuevo coronavirus (2019-nCoV) es distinto de los previos brotes de SARS y H1N1, y que la enfermedad, así como la información y la desinformación, ahora viajan más de prisa.

Un aspecto relevante del proceso de infección y propagación del nuevo coronavirus tiene que ver que quien lo contrae puede tener síntomas leves durante días y en ese lapso transmitirlo, lo que dificulta la contención.

Aparte de las condiciones estrictamente médicas asociadas con una enfermedad de este tipo, las medidas para controlar su propagación y encontrar un remedio, afloran distintas manifestaciones de índole social y política alrededor de la emergencia.

La desinformación y la ignorancia juegan en la forma en que la gente enfrenta una situación como la actual. Es posible oír a quien dice que no cree en esas cosas. Mientras los efectos más graves del brote se mantengan alejados, esa postura podrá sostenerse. Si se dan de manera más visible y extendida en las comunidades, la percepción cambiará. Ese es un riesgo político que los gobiernos deben considerar. Aquí, la postura oficial ha sido que el brote del virus no es algo terrible o fatal, y no equivale siquiera a la influenza. Además, que el sistema de salud está preparado para enfrentarlo.

Siempre hay quien recurre a alguna forma de teoría conspirativa frente a una situación como ésta y así obtener ventaja. Es el caso de Donald Trump, quien criticó la narrativa de la prensa de su país y de sus opositores del Partido Demócrata respecto del nuevo virus. Afirma que de tal manera pretenden usar el asunto para destruir su presidencia y hundir los mercados financieros.

Esa postura la mantuvo hasta que ocurrió la primera muerte provocada por el nuevo virus en territorio estadunidense, el fin de semana. A partir de ese hecho ha dejado de referirse al mercado financiero. Seguramente adoptará alguna otra fórmula en el mismo sentido. La megalomanía y el poder concentrado son tipos de infección social.

No se conocen con certeza las formas en que se propaga el nuevo coronavirus. Algunos de los casos de contagio podrían ir disminuyendo en la medida en que la gente desarrolle cierta inmunidad, ya sea por la propia infección o mediante alguna vacuna. Pero, por ahora, aún se está lejos de eso.

Las condiciones sociales y políticas seguirán desarrollándose en torno al nuevo virus por un tiempo que hoy es indefinible. Las posibilidades representarían un amplio abanico y tendrán mucho que ver con la inclinación política de los gobiernos en distintas partes del mundo y con las modalidades de reacción de las poblaciones. En todo caso, no es un proceso políticamente inocuo.

En el entorno de preminencia financiera que prevalece en el mundo, la reacción ante la posible extensión del efecto del nuevo virus ha ocupado un amplio lugar en el escenario.

El miércoles 26 de febrero Trump sostuvo una rueda de prensa centrada en el nuevo virus. Fue muy controvertida. Ofreció una visión que no corresponde con lo que está ocurriendo en ese país e intentó mostrar de modo muy elemental que su administración tenía las cosas bajo control. Esto iba a contrapelo de la postura de los científicos y los médicos, y precipitó la caída de los mercados y generó dudas acerca de la preparación efectiva que hay para enfrentar una epidemia.

Hay ya un impacto negativo de la extensión del nuevo virus en la actividad económica y en el valor de las empresas. El viernes pasado el índice Dow Jones del mercado accionario había caído 3.5 por ciento, lo cual significa que se ha destruido valor por un monto de alrededor de 2 trillones de dólares (según se mide allá); el índice S&P 500 caía 3.2 y el Nasdaq 2.4.

Estas cifras son cercanas a las que se registraron en octubre de 2008, en plena crisis financiera. La economía se está resintiendo por el efecto adverso del virus en las cadenas de abastecimiento de la industria, especialmente la automotriz, turismo, comercio y transporte. El estado de la economía es crucial en la intención de Trump para relegirse en la presidencia.

Ciertamente, el comportamiento del mercado accionario no responde sólo al efecto del nuevo coronavirus, lo que exhibe en la inestabilidad que persiste debido a las condiciones generales asociadas con las bajas tasas de interés prevalecientes y que repercuten en una mayor especulación en otras inversiones, sean las acciones de empresas, inmuebles, oro o cualquier otro tipo de activo.

Las condiciones del brote del nuevo coronavirus, las formas de su propagación, la posibilidad de una epidemia de largo alcance y, por un lado, el efecto concreto sobre la gente, y, por otro, los intereses políticos y económicos, y las capacidades reales de atención y gestión de los gobiernos, se irá definiendo de a poco. Puede ocurrir también que el asunto no sea de la virulencia que hoy parecería tener.

Publicado enSociedad
Sábado, 29 Febrero 2020 10:15

El futuro de la economía colombiana

https://psicologiajuridicaforense.wordpress.com/tag/tratamiento-psicologico-para-violadores/

Entre los economistas es usual hacer predicciones sobre el futuro. Y es frecuente que los ministros de Hacienda anuncien la tasa de crecimiento que tendrá el PIB, la inflación del año siguiente, el precio del petróleo en los próximos años, etcétera. Estas proyecciones se formalizan en el Marco Fiscal de Mediano Plazo1. Allí se presenta la dinámica que tendrían las principales variables de la economía hasta el 2030. Dos meses después de publicado el documento, ya eran evidentes los errores de las proyecciones. Por ejemplo, el dólar llegaría a 3.450 pesos en el 2026. Ahora, en febrero de 2020 el dólar está a 3.456. El error de las proyecciones es evidente. Y, no obstante, el Ministerio de Hacienda insiste en que logrará conseguir las metas que se propuso el año pasado cuando publicó el Marco Fiscal. El Gobierno, a su vez, sigue afirmando que cumplirá con las proyecciones fiscales a pesar de que todos sus cálculos comenzaron a fallar 2 meses después del ejercicio de futurología realizado por el ministro de Hacienda.

La terquedad del Gobierno no le permite aceptar que cualquier reflexión sobre el futuro es incierta. Siempre es posible, como dice Taleb2, que aparezcan cisnes negros, que son los fenómenos absolutamente inesperados, y que tienen gran impacto en la sociedad. Estos hechos pueden tener una incidencia considerable en la actividad económica.

El cisne negro más reciente es el coronavirus. Un acontecimiento sorpresivo. El virus continúa expandiéndose, y comienza a tener repercusiones en la bolsa de Shangai, en el precio del petróleo, en el valor del dólar, en el turismo, en el intercambio comercial entre China y el resto del mundo, y en numerosas esferas de la sociedad. A raíz de su rápida expansión, se han puesto en tela de juicio los mecanismos (internacionales y nacionales) de prevención, la institucionalidad de la salud, la coordinación entre los gobiernos, etc.

Puesto que siempre habrá cisnes negros, las observaciones sobre el futuro apenas son relatos que pueden ayudar a mejorar las convenciones y los acuerdos institucionales, con el fin de amortiguar los golpes causados por los cisnes negros. Los imaginarios futuros que construimos los seres humanos apenas son puntos de referencia, pero nada garantiza que en el futuro se vayan a cumplir.

El coronavirus afecta de manera directa la economía colombiana. Sus efectos se expresan en un menor precio del petróleo, en una mayor tasa de cambio (pesos por dólar), en la agudización del déficit en cuenta comercial (más importaciones que exportaciones). Es imposible predecir el comportamiento de la economía, porque no hay manera de conocer con anterioridad a los cisnes negros y, mucho menos, saber cuáles serán sus consecuencias. No obstante, es importante construir un relato, que independientemente de su poder predictivo, sí puede servir para corregir algunos problemas. El 2020 comienza con una economía frágil en varios sentidos.

 

La lucha estratégica contra el desempleo y la pobreza

 

La dinámica de la la economía ha sido débil. Durante el 2019 el PIB apenas creció 3,4 por ciento. El Gobierno ha considerado que esta tasa de crecimiento es muy buena, porque está por encima del promedio de América Latina. Se trata de una satisfacción mediocre porque no examina las características estructurales del aparato productivo nacional. El desempleo se ha agudizado, y se estancó la tendencia descendente que traía la reducción de la pobreza. Los dos fenómenos están estrechamente relacionados, ya que el menor empleo se refleja en una caída de los salarios, y en una disminución de la capacidad de compra de los hogares.

Hay varios problemas básicos. El primero es el crecimiento de sectores que no generan empleo. En la estructura del PIB se destacan las dinámicas del petróleo, la minería y las finanzas. Estos sectores contribuyen al aumento del PIB, pero como no son intensivos en mano de obra, su crecimiento puede estar acompañado de un mayor desempleo.

Cada vez es más claro que no basta con que el PIB crezca. Su dinámica es engañosa. El mayor PIB no significa que haya mejoras en el empleo y en el bien-estar. El PIB puede crecer por muchas razones: aumento del precio de los hidrocarburos y los minerales, mayores utilidades de los bancos, etc. El empleo en estos sectores no aumenta al mismo ritmo que el PIB. Las condiciones de vida de las personas se pueden deteriorar, aún cuando el PIB esté creciendo. El éxito financiero de los bancos, por ejemplo, no se refleja en mejores condiciones de vida de los hogares. Por el contrario, a los bancos les va bien porque el crédito es caro, así que el excedente de los intermediarios financieros puede ir en contra del bien-estar de los consumidores.

Se podrían sacar dos conclusiones. La primera es el débil crecimiento del PIB, ya que apenas fue del 3,3 por ciento. Y la segunda es la poca incidencia que tienen las actividades extractivas y mineras en la calidad de vida de las personas. La protesta de las comunidades contra las explotaciones mineras son la expresión de la insatisfacción causada por la incapacidad que ha tenido el Estado colombiano de sembrar las bonanzas, y de dirigir los excedentes hacia las comunidades y hogares más pobres.

En lugar de continuar afirmando que la economía va bien, el Gobierno debería hacer un mínimo esfuerzo por descomponer la estructura del PIB, y examinar los problemas intrínsecos. El análisis debe comenzar con el reconocimiento de los daños que ha causado la economía extractiva. Para cambiar esta situación es necesario superar la dependencia del petróleo y de los minerales. Se debe avanzar hacia una matriz energética que sea sostenible. Sin esta transformación estructural no es posible generar empleo de largo plazo. Es fundamental que el país consolide una estructura productiva diferente, en la que predomine la economía verde.

El cambio de la matriz energética implica mayores intervenciones del Estado. Los privados difícilmente tomarán la iniciativa. En el corto plazo estas inversiones no son rentables, y las firmas privadas no están dispuestas a arriesgar su capital.

No se están diseñando políticas estratégicas que permitan reducir la dependencia de los hidrocarburos y de la minería. Al contrario, el Gobierno busca estimular el fracking, sin tener en cuenta sus efectos, que son dañinos, según diversos informes de países donde ya han experimentado esta técnica de extracción de petróleo. Todavía no se han diseñado con claridad las medidas que palien sus efectos sobre los territorios y la población local. Además, no se han diseñado mecanismos financieros para que una parte de los excedentes sirva para apalancar proyectos amigables con el ambiente (conservación y recuperación de cuencas, paneles solares, energía eólica, transporte eléctrico, etcétera). Todavía no hay lineamientos claros que permitan consolidar una reforma agraria, que contribuyan a mejorar los niveles de productividad de las pequeñas y medianas fincas. Y que, además, contribuya a reducir la importaciones de alimentos básicos. Se debe buscar la recuperación del campo como despensa alimentaria del país, dejando atrás la importación de todo aquello que puedan producir los pequeños y medianos agricultores. Este proceso se debe realizar de tal manera que estimule la producción limpia, sin agrotóxicos y sin semillas transgénicas, entre otros).

El cambio en la matriz energética tiene impactos significativos en la vida de las ciudades. La renovación urbana debe ir acompañada de alternativas ambientalmente sostenibles. Por ejemplo, todas las nuevas construcciones deberían tener paneles solares. Es necesario castigar al transporte que contamina. Se deben incorporar tranvías, trenes con recorridos en corredores conurbanizados y similares. Las redes fluviales deberían incrementarse. Los impuestos al carbono deben aumentar, de tal manera que se sancione de manera efectiva a las empresas contaminantes.

Los impuestos al carbono y los bonos de carbono son recursos con enormes potencialidades, pero por ahora no son tan relevantes. Con la reforma tributaria de finales de 2016 el gobierno nacional puso en marcha el impuesto al carbono. En el primer año, el recaudo fue de $476 mil millones. La tarifa es de US$5 por cada tonelada de carbono, equivalente en el 2018 a $15.764. Para Stiglitz y Stern3 este valor es muy bajo, y no es suficiente para modificar la matriz energética. En su opinión, en el 2020 debería ser de US$40-US$80 por tonelada de CO2, y en el 2030 tendría que subir al rango de US$50-US$100 por tonelada.

La economía verde es la condición para que el proceso sea incluyente en términos de empleo. Y, además, para que sea sostenible.

 

La economía seguirá abierta hacia adentro

 

El déficit con el sector externo no se cierra. El país continúa importando más bienes de los que exporta. Los acuerdos de libre comercio que se firmaron con varios países, se han traducido en déficit de las cuentas comercial y corriente de la balanza de pagos. Esta apertura se podría decir que es “hacia adentro”.

Actualmente el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos es de 4,3 por ciento del PIB. Este nivel es alto, y muestra el sesgo anti-exportador. Desde el gobierno de Gaviria (1990-1994) se está diciendo que la apertura mejoraría la productividad y la competitividad, y que el país terminarían exportando más de lo que importa. No ha sucedido así.

En lugar de haber consolidado las exportaciones, y la producción nacional, la apertura y las bonanzas posteriores –sobre todo la de hidrocarburos y minería– no se han aprovechado. Las bonanzas no se sembraron. Puesto que no se desarrollaron instrumentos para fortalecer la industria y la agricultura domésticas, los excedentes terminaron financiando importaciones, y resquebrajando la producción interna.

 

Y la equidad no llega…

 

Todos los gobiernos insisten en la equidad. Y la priorizan en los discursos de los planes de desarrollo. En lugar de una sociedad más igualitaria, la riqueza cada vez está en manos de un menor número de personas. La concentración es alarmante, tal y como se desprende del texto de Garay y Espitia4. La reforma tributaria de 2019 es regresiva y agudiza aún más la concentración.

A pesar de la contundencia de la desigualdad, los últimos gobiernos no han hecho casi nada para disminuirla. La riqueza y la tierra se siguen concentrando. De acuerdo con los datos del Censo Nacional Agropecuario, realizado en el 2014, el Gini de concentración de la tierra es de 0,9. Al mismo tiempo, se ha presentado una leve mejora en la distribución de los ingresos laborales. Sobre todo, porque la tributación se ha cargado hacia los grupos de ingresos medios.

Después de leer el estudio de Garay y Espitia se le debería exigir a la Dian, que cada año, a partir de las declaraciones de renta, publique el coeficiente de concentración (Gini) de la riqueza. Y similar petición se le debería hacer a la Bolsa de Colombia, para que informe sobre la distribución de la propiedad accionaria. Y al Instituto Geográfico Agustín Codazzi (Igac) sobre las desigualdades de la propiedad de la tierra. Desgraciadamente, por ahora nada indica que la equidad vaya a mejorar. De todas maneras, los ciudadanos tenemos el derecho de estar bien informados sobre los aspectos distributivos.

 

1 Ministerio de Hacienda y Crédito Público, 2019. Marco Fiscal de Mediano Plazo 2019, Ministerio de Hacienda, Bogotá.
2 El cisne negro fue un fenómeno inesperado. Se conoció en Australia y dejó sin piso la afirmación “todos los cisnes son blancos”. El libro de Taleb es un homenaje a Popper, quien advierte sobre la inconveniencia de hacer afirmaciones con carácter universal. Ver, TALEB Nassim, 2007. The Black Swan. The Impact of the Highly Improbable, Ramdon House, New York.
3 Stiglitz Joseph., Stern Nicholas., 2017, coord. Report of the High-Level Commission on Carbon Prices, Carbon Pricing Leadership Coalition, World Bank, Agence de l’Environnement et de la Maîtrise de l’Energie, Ministère de la Transition Ecologique et Solidaire, Paris.
4 Garay Luis., Espitia Jorge., 2019. Dinámica de las Desigualdades en Colombia. En Torno a la Economía Política en los Ambitos Socio-Económico, Tributario y Territorial, Desde Abajo, Bogotá.

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12 de febrero de 2020

Publicado enColombia
Miércoles, 26 Febrero 2020 05:51

El coronavirus limpia la atmósfera china

Imagen aérea de la ciudad de Shangái la semana pasada durante la cuarentena por coronavirus

Un informe de Carbon Brief destaca que las emisiones de CO2 de China, el país que más contamina del mundo, se han reducido un 25% en las últimas dos semanas

Desde el aire, Shanghái siempre impresiona. Esta megalópolis de 24 millones de habitantes, capital económica de China, es una gigantesca jungla de asfalto. No obstante, desde hace un mes, lo que más llama la atención no son sus rascacielos y sus autopistas elevadas hasta en cinco alturas, sino el hecho de que estén casi vacías.

Según herramientas 'online' como Gaode Map, el tráfico rodado en la ciudad ha caído en torno a un 40% en comparación con el del 25 de enero. La razón es clara: la epidemia del coronavirus que se originó en la ciudad de Wuhan ha provocado un parón sin precedentes en la actividad de la segunda potencia mundial.

Hay otras estadísticas que dan cuenta de la magnitud de este batacazo que amenaza la economía del gigante asiático. Por ejemplo, según la Asociación China de Fabricantes de Automóviles, la venta de coches entre el 1 y el 16 de este mes ha caído un 92% hasta los 4.909.

"La mayor parte de los concesionarios ha permanecido cerrada y los que han abierto apenas han recibido clientes", ha explicado la Asociación en un comunicado que augura tiempos difíciles para la industria de automoción. En general, con casi 60 millones de personas en cuarentena y varios millones más afectadas por restricciones en el movimiento, el consumo se ha desplomado.

Por su parte, el sector manufacturero también está teniendo problemas para retomar la actividad. La falta de mano de obra, incapaz de moverse por el país, y los problemas de transporte provocan escasez de materias primas y de componentes. La cadena de suministro global se ha roto en varios puntos, y las fábricas que logran levantar la persiana lo hacen de momento lejos de su máxima capacidad. "Nosotros estamos trabajando al 40% y todavía tenemos bloqueados a 98 de nuestros 350 empleados", comenta Antxon San Miguel, director de Operaciones de Tucai, fabricante de tuberías, en la ciudad de Ningbo.

A falta de datos macroeconómicos que sirvan para cuantificar el impacto económico de la epidemia, y que seguramente se publicarán en abril con las cifras del primer trimestre, Carbon Brief resalta en un informe uno de los pocos aspectos positivos de la infección: las emisiones de CO2 de China, el país que más contamina del mundo, se han reducido en un 25% en las últimas dos semanas.

En gran medida, eso se debe a la reducción de la demanda eléctrica, que ha dejado el uso de carbón en centrales térmicas en mínimos de los últimos cuatro años. Tanto las refinerías de petróleo como los fabricantes de acero han reducido su actividad hasta mínimos nunca vistos en el último lustro, y el número de vuelos domésticos ha caído un 70%.

Carbon Brief estima que el coronavirus ha reducido las emisiones globales de CO2 en 100 millones de toneladas, un 6% del total en ese período, y que la coyuntura actual también ha propiciado que se hayan desplomado los niveles de otros contaminantes atmosféricos: la concentración de dióxido de nitrógeno, por ejemplo, ha caído hasta un 36%. Por su parte, la OPEC estima que la crisis sanitaria podría reducir la demanda de petróleo un 0,5% entre enero y septiembre, y eso sin tener en cuenta que la epidemia podría extenderse, como está sucediendo, a otros países fuera de China.

No obstante, Carbon Brief subraya que este es un alivio temporal, ya que, obviamente, el impacto medioambiental volverá a crecer cuando China retome la actividad al 100%. Es incluso posible que empeore debido a la necesidad de forzar la producción a máximos nunca antes vistos para satisfacer una demanda que rebotará con fuerza para compensar las pérdidas anteriores. No en vano, organizaciones internacionales como el FMI o instituciones como Goldman Sachs recuerdan que a la recesión económica provocada por las epidemias le suele suceder un fuerte rebote, tanto en la actividad industrial como en el consumo.

Y otros efectos negativos del coronavirus ya se pueden apreciar en las estanterías de los comercios de alimentación: productos que antes se vendían sin embalar, como fruta o piezas de bollería, ahora están recubiertos de plástico para evitar que el Covid-19 pueda esconderse en ellos. "Hemos incrementado mucho el uso del plástico para dar confianza a los consumidores. No sé si será una medida temporal o si la mantendremos, pero no nos podemos permitir que el miedo dé al traste con nuestro negocio", explica la joven responsable de una panadería de Shanghái, que se identifica solo como Linda Li.

En cualquier caso, otra de las consecuencias positivas que algunos esperan de esta epidemia es que se regule el consumo de animales salvajes en China. Y hay razones para el optimismo. Después de que se haya demostrado que el gigante asiático no aprendió la lección del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS, por sus siglas en inglés), y que eso ha provocado que el coronavirus haya vuelto a saltar de animales salvajes –no se sabe aún de cuál– a seres humanos, el principal órgano legislativo de China anunció su intención de aprobar una normativa más estricta para el comercio y el sacrificio de estas especies.

Si lo hace, podría ser una gran noticia no solo para quienes temen este tipo de epidemias, sino también para especies en peligro de extinción como el pangolín. Porque una cosa es que estén protegidas sobre el papel y otra muy diferente que se destinen los medios materiales necesarios para hacer valer las leyes. El Covid-19 es un buen ejemplo de que no hacerlo puede resultar muy peligroso.

Finalmente, entre los efectos secundarios del coronavirus podría estar otro que beneficiaría enormemente a la población china. Porque son muchos los que, a raíz de la muerte del médico Li Wenliang –amonestado por advertir de la epidemia en su fase inicial–, exigen que se respeten libertades individuales como la de expresión. Y ya no es solo un discurso propio de los activistas políticos. Ha calado hondo en la población e incluso la agencia oficial Xinhua, dependiente del Gobierno, ha publicado un artículo con el titular 'dejemos que la gente diga la verdad, el cielo no se va a caer'.

Aunque esa frase está sacada de un discurso que pronunció Mao Zedong en 1962, el texto advierte sobre los riesgos de una regresión en materia de libertades como la que parece que se está viviendo desde que Xi Jinping accedió a la presidencia en 2013.

"Creí que China mejoraría su sistema político como ha hecho con el económico. Me siento decepcionado por la respuesta que nuestros dirigentes dieron en un inicio al coronavirus. Ahora quieren hacernos ver que han logrado contener la epidemia gracias a sus esfuerzos, pero nunca mencionan que, si hemos llegado a esta situación, es por culpa de su negligencia: antes que poner remedio pusieron mordazas", critica un ingeniero de Shanghái que reconoce ser miembro del Partido Comunista. "Este golpe debería hacernos reflexionar y mejorar", sentencia.

Por Zigor Aldama- Shangái

25/02/2020 - 20:56h

Publicado enInternacional