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Pan, ira y rosas
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Trump sacrifica a los kurdos sirios en el altar...
Hace dos años advertí que “el pueblo kurdo puede volver a ser sacrificado en el altar de la geopolítica internacional como sucedió en el Tratado de Sèvres de 1920 (https://bit.ly/32b3k0c)”. Dos años después de la temeraria balcanización del hoy premier atribulado Bibi Netanyahu se ha revertido... Leer Más
Mujeres diácono y curas casados
Se discute la posibilidad de consagrar sacerdotes a indígenas casados o impulsar el diaconado femenino para empoderar a las mujeres. Pese a las críticas que miembros de la iglesia lanzaron contra el documento preparatorio del sínodo sobre el Amazonas, acusándolo incluso de hereje por plantear la... Leer Más
Colombia: los caminos de la vida, los sonidos de...
Dos periodistas de El Salto han formado parte de la misión internacionalista de verificación de derechos humanos que durante nueve días ha recorrido tres focos del conflicto que vive hoy Colombia. Mil días después del plebiscito sobre los acuerdos de paz, la voz de los grupos armados legales e... Leer Más
El sínodo por la Amazonia
Primero parecían “gestos”. Una palabra que se usa mucho. Pero el Papa rara vez hizo “gestos”. Lo suyo son acciones. Por “gestos” se entiende un guiño, algo más perecido a la insinuación, que da a entender una perspectiva política. El propio Francisco se ocupó hace un par de años, en una... Leer Más
Noticias Uno: Ahogan un oasis en el panorama...
“No es posible tener verdaderos buenos medios sin verdadera democracia y no se puede tener una buena democracia sin buenos, fiables e independientes medios”. (parafraseando a Alexis de Tocqueville)   Reconocido como un referente de buen periodismo, Noticias Uno es, pese a ello, o... Leer Más
La naturaleza ya no puede mantener a los humanos
La mitad de la población mundial sufrirá la merma de beneficios naturales como la polinización o la limpieza del agua en treinta años   En 30 años, más de la mitad de la población mundial sufrirá las consecuencias de una naturaleza malherida. Un amplio estudio ha modelado lo que los... Leer Más
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Lunes, 02 Septiembre 2019 06:03

Antineoliberalismo

Antineoliberalismo

 Ante el inaguantable torrente de ataques, asaltos, crímenes, corrupción, impunidad y las medidas descaradamente crueles del régimen estadunidense en estos últimos dos años, no es difícil perder de vista el surgimiento de otras fuerzas que, por ahora, ofrecen rayos de luz vitales con un potencial que preocupa, y mucho, a la cúpula económica y política de este país.

Durante las últimas cuatro décadas, Estados Unidos –al igual que tantos otros países del llamado Tercer Mundo– fue sometido a la receta neoliberal con muchos de los mismos efectos, aunque en diferentes escalas, y con el mismo resultado final: una concentración de la riqueza y la correspondiente desigualdad económica que hoy esta al centro de la disputa por el futuro.

Ante ello, al igual que en otros países, brotó aquí una resistencia antineoliberal que se expresó de diferentes maneras, incluida la lucha contra el TLCAN (definido entonces como "el candado de las reformas neoliberales" en los tres países) y después el movimiento altermundista; pasando por la resistencia de los inmigrantes, al estallido de Ocupa Wall Street.

Tal vez lo más sorprendente es que ahora muchos de los actores antineoliberales se identifican, abiertamente, como "socialistas", y bajo esa amplia y ambigua bandera están definiendo gran parte del debate político nacional, incluyendo en la pugna electoral presidencial a través de figuras como el senador "socialista democrático" Bernie Sanders.

Aunque algunos intentan descartar la importancia de estas expresiones, la cúpula suprema del país está cada vez más preocupada por estas fuerzas antineoliberales.

La Business Roundtable, integrada por 192 ejecutivos en jefe de las empresas más grandes del país, recién emitió una extraordinaria declaración sobre el "propósito" de las empresas, al señalar que el objetivo de generar ganancias para accionistas ya no debe ser la única meta y que ahora debería incluir servir los intereses de sus clientes, sus trabajadores y las de sus comunidades y proteger el medio ambiente, herejía absoluta de la biblia neoliberal de Milton Friedman. Reconocieron que el sueño americano no está funcionando para todos, y resaltaron la desigualdad de ingresos como un problema central, ellos han de saber, son el 1 por ciento. (opportunity.businessroundtable.org/ ourcommitment/). En los últimos meses, otras figuras empresariales han sonado alarmas de que el "sistema" podría estar enfrentando un momento "existencial".

El propio presidente ha repetido que "estamos alarmados por las llamadas por adoptar el socialismo" y reitera en sus mítines: "jamás permitiremos que Estados Unidos se vuelva un país socialista".

Este pánico empresarial y político es, en gran medida, un reconocimiento de que hay una creciente desilusión con el experimento neoliberal, y que el mensaje de políticos como Sanders contra la injusticia económica del sistema actual está resonando cada vez más un amplio apoyo entre el electorado.

Desde hace un par de años, de manera paralela con el fenómeno populista de derecha, las fuerzas autodefinidas socialistas, junto con aliados progresistas, también han captado la atención y cada vez más poder, dentro del Congreso y en puestos locales y regionales. Más aún, buena parte del debate político entre el establishment gira sobre cómo y cuándo floreció el socialismo en este país, y cómo controlarlo. Diversas encuestas registran que la mayoría de los jóvenes menores de 30 años de edad favorecen el socialismo sobre el capitalismo por primera vez; y 43 por ciento de todos los estadunidenses dicen que el socialismo sería positivo para este país.

Muchos de los movimientos progresistas más importantes y poderosos del momento –desde los dreamers inmigrantes, a Black Lives Matter, los estudiantes contra las armas, y ahora las colegas de Greta Thunberg, entre otros– de alguna manera están rechazando si no el modelo mismo, sí las consecuencias violentas del neoliberalismo.

Tal vez todo esto apunta a que el actual régimen es el último grito histérico para defender un modelo bárbaro ante estos movimientos civilizadores.

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El fantasma de una nueva quiebra acecha a Argentina

Alberto Fernández, gran favorito para ganar la presidencia argentina en octubre, rompió la baraja. “Argentina está en una suspensión de pagos virtual y oculta”, declaró en una entrevista. “No hay quien quiera comprar deuda argentina, y no hay quien pueda pagarla”, añadió. El peronista Fernández se desvinculó del plan de emergencia lanzado por el presidente Mauricio Macri, basado en un aplazamiento de pagos en la deuda pública, y opinó que los mercados “saben ya cómo va a acabar esto”. También calificó al FMI de “corresponsable” del desastre. Sin un mínimo consenso político y con una tormenta financiera que no amaina, el fantasma del colapso de 2001 sobrevuela el país.

Las medidas de emergencia de Macri no funcionan, al menos hasta ahora. El aplazamiento en el pago de las deudas públicas, dirigido a calmar el nerviosismo financiero, ha logrado más bien lo contrario. El presidente, fragilizado por su derrota en las primarias, intenta mantener una apariencia de normalidad y se había negado hasta ahora a imponer controles sobre la compraventa de divisas. Pero finalmente ha tenido que ceder. El Banco Central dispuso este viernes que las entidades financieras deberán pedirle autorización antes de enviar a sus casas matrices las ganancias en dólares que generen en el país.

Por ahora se trata de un control limitado a los bancos y no afecta a empresas o particulares que quieran depositar sus dólares fuera del país. Pero la medida es radicalmente contraria al ideario liberal del presidente argentino. Hace poco la criticó el propio Fernández, diciendo que cualquier control impedía que salieran dólares, pero también que entraran.

La realidad es que el peso sigue depreciándose (el viernes rebasó las 61 unidades por dólar), haciendo más difícil el pago de la deuda en dólares y agravando la inflación (estimada en un 65% anual por diversos analistas), y cada vez se alzan más voces que reclaman controles para contener la hemorragia. Argentina es un hervidero de rumores y temores.

En la Casa Rosada se esperaba algún tipo de respaldo por parte de Alberto Fernández para ganar credibilidad ante los inversores internacionales, pero lo que llegó fue una dura descalificación del dirigente peronista. Con sus declaraciones a The Wall Street Journal, Fernández cargó sobre las espaldas de Macri, y sobre el FMI, “que prestó dinero a un gastador compulsivo”, toda la responsabilidad. Afirmó que su política, si como parece resulta vencedor el 27 de octubre, se basaría en “un plan para estimular el consumo” interno y que no pediría permiso al FMI para aplicarlo. Las palabras de Fernández solo pueden, a corto plazo, agravar la crisis.

El actual mandato de Macri se aproxima a su conclusión bajo las circunstancias más sombrías. Todos los indicadores están en rojo. Se extiende la sensación de que los antiguos valedores internacionales de Macri le han abandonado. Su amigo Donald Trump guarda silencio. Y el Fondo Monetario Internacional, que hace un año concedió a Argentina el mayor préstamo en la historia de la institución, por un total de 57.000 millones de dólares, no parece dispuesto a seguir desembolsando la ayuda al menos hasta que las elecciones despejen el panorama político.

El FMI ya no es dirigido por Christine Lagarde, que respaldó rotundamente la gestión de Macri. Lagarde está en tránsito hacia el Banco Central Europeo, y la opinión en la institución de Washington sobre las perspectivas de la economía argentina tiende a lo negativo. El directorio del Fondo se reunió el viernes de forma informal para “evaluar la nueva situación”, sin dar a conocer conclusión alguna. La calificación de “default selectivo” con que la agencia Standard&Poor´s etiquetó el jueves la deuda argentina, aunque fuera provisional, contribuyó a atemorizar a los inversores grandes y pequeños.

El Banco Central tuvo que efectuar el viernes tres nuevas subastas de dólares, por un importe superior a 300 millones, y subir los tipos de interés de las Letras de Liquidez hasta el 85% anual. Pero el peso siguió flaqueando. La deuda argentina en dólares, incluyendo el bono a un siglo que logró un gran éxito cuando se emitió en 2017, se cotiza casi a precio de default. Y muchos analistas subrayan que ocurre un fenómeno nunca visto: un Gobierno, el de Macri, ha incumplido sus compromisos de pago en pesos, y no solo en dólares, por una deuda contraída por ese mismo Gobierno. Ambas cosas son novedad.

Los políticos cercanos a Macri tratan de ser prudentes. El senador radical Julio Cobos, integrado en la alianza macrista, expresó su confianza en que las reservas del Banco Central (56.000 millones de dólares, 10.000 menos que a principios de agosto y en descenso) y el aplazamiento del pago de las deudas fueran suficientes para capear el temporal. Muy duro fue, sin embargo, el empresario Claudio Belocopitt, una de las mayores fortunas de Argentina. Beolocopitt descalificó con dureza la gestión de Macri: “Baten todos los récords de locura extrema, todas las medidas que tomaron son horribles”.

El agravamiento de la crisis tiene como efecto la profundización de la “grieta” que divide al país. Unos culpan del desastre a Fernández y a su compañera de candidatura, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, con el argumento de que el posible retorno del kirchnerismo al poder atemoriza a los inversores. Olvidan que la deuda y la inflación disparada son producto de la gestión de Macri. Otros culpan de todo a Macri. Olvidan que el actual presidente heredó un país sin reservas, con una alta inflación encubierta y un tipo de cambio artificial, y que el temor al kirchnerismo es real entre los inversores.

Por Enric González

Buenos Aires 706

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Sábado, 31 Agosto 2019 06:48

¡Debacle duquista!

¡Debacle duquista!

Este artículo provee la evidencia empírica sobre la crisis silenciosa de la era duquista, cuyo gobierno atiza el conflicto armado, el atraso económico, el sufrimiento social y la ausencia de futuro, conduciendo el país a la desesperanza y la ruina.

 

La verdad es que hoy estamos inmersos en una crisis. La advenediza administración de Iván Duque Márquez (2018-2022) no ha logrado ni intentado atacar  ninguno de los heredados problemas estructurales de la economía nacional, campo en el cual sus políticas son erráticas, sólo apuntan a los asuntos de la microeconomía y desconocen los temas macro; la actividad productiva sigue sin rumbo o dirección alguna. Duque simboliza y concita la debacle, esto es, un desastre que produce mucho desorden y desconcierto, especialmente como final de un proceso.

Hablando desde el deseo, sus palabras reafirman esta realidad. En entrevista concedida al periodista Yamit Amat el pasado 10 de agosto, a propósito de cumplir su primer año como Presidente de la República, el inexperto mandatario afirma: “Nuestro balance es positivo. Propusimos un pacto nacional alrededor de la equidad, del cierre de las brechas sociales entre los colombianos, y ya está en marcha. Le prometimos al país que la economía tenía que reactivarse y crecer, y lo estamos cumpliendo de acuerdo a (sic) las más recientes estadísticas”1.

Una explicación muy exacta de esta desacertada apreciación, con fundamento en la teoría psicoanalítica, se refiere al hecho de que, en lugar de admitir honradamente muchos de sus fracasos, incompetencias e inepcia, el Presidente Duque tiende a ponerse a la defensiva y recurrir a toda clase de mecanismos de escape, como la racionalización, la proyección, la evasión, el olvido, la agresión y la mentira. Duque cree en gran medida lo que desea creer, más bien que la verdad empíricamente apoyada; piensa con el deseo.

De esta manera, viendo solamente lo que desea ver, la dinámica económica no despega y la actividad productiva se encuentra muy por debajo de su capacidad. El desempleo no para de crecer desde hace cuatro  años y la destrucción permanente de puestos de trabajo es catastrófica. El déficit comercial y fiscal permite observar a una sociedad que vive por encima de sus capacidades y que funciona mediante un endeudamiento público crónico y ascendente. Recientemente, la divisa se cotizó en $3.459, su máximo registro en la historia (el precio del dólar es la calificación de un país). El Estado está carcomido por la corrupción y la mala gestión. Las violencias generalizadas, el conflicto armado interno, la pobreza, la injusticia, el terrorismo estatal, las organizaciones criminales, el latifundismo y las actividades económicas extractivas y rentistas compiten entre sí para ver cuál puede causar más estragos entre la población. 

Economía y empleo

La economía colombiana alcanzó un crecimiento del 6,6 por ciento en el año 2011 debido al buen momento que atravesaban por aquel momento  los precios de las commodities en los mercados internacionales (materias primas y birrias de poco valor agregado, que se dividen en cuatro grupos: energía, metales, ganado y productos agrícolas). La alegría duró poco, pues pronto llegó la destorcida de los precios, provocada por la recesión de la economía mundial, la guerra comercial y de divisas y los indicios de una severa crisis financiera internacional, con lo cual el ritmo del crecimiento anual de la actividad productiva nacional descendió a 1,4 por ciento en 2017. Durante 2018-2019 el PIB no ha logrado remontar la norma de crecimiento del 3 por ciento que exige toda economía capitalista para poder funcionar con un mínimo de utilidad, acumulación, sostenibilidad y viabilidad (Gráfico 1).

 

 

Es una caída que no pasa sin consecuencias para las mayorías que habitan esta parte de mundo, el empleo una de ellas, cuya tasa durante el último medio siglo tiende a mantenerse por encima de los dos dígitos. En el año 2000 subió al máximo histórico de 19,7 por ciento. En 2015, debido al buen ritmo del crecimiento económico, tocó piso con una tasa de 8,9 por ciento. Entre 2016-2019 el flagelo de la desocupación es imparable, durante 2019 retornó a la senda crónica del 11 por ciento. De acuerdo con el Dane-Gran encuesta integrada de hogares (Geih), durante el último año (trimestres móviles abril-junio de 2018 y 2019) el número de personas desempleadas creció en 147.000 al pasar de 2.351.000 desocupados a 2.497.000 (Gráfico 1).

 

 

 

 

El desastre social y económico generado por este repunte es más agudo debido a la mayor velocidad con que se destruyen puestos de trabajo en comparación con los nuevos que se crean. Durante el último año, en cifras netas, se perdieron 363.000. Los Acuerdos de Paz dieron un respiro a las actividades ptoductivas rurales; con la intensificación de la guerra a partir de la administración Duque, a lo largo del último año se perdieron 188.108 empleos en el sector agropecuario. Por la recesión económica, la quiebra de empresas, el alza del desempleo, la caída en la demanda de consumo de los hogares, la perdida de productividad unida a los altos costos de la mano de obra y al cambio tecnológico sustitutivo de fuerza de trabajo, se destruyeron, adicionalmente, 107.838 puestos de trabajo en la industria manufacturera; 124.639 en las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler; 82.940 en comercio, hoteles y restaurantes; 59.024 en transporte, almacenamiento y comunicaciones; y, 13.098 en suministro de electricidad, gas y agua. Las únicas ramas de actividad económica que generan unos pocos puestos de trabajo, caracterizados por la precariedad e inestabilidad, son la explotación de minas y canteras, la construcción, la intermediación financiera y los servicios comunales, sociales y personales (Cuadro 1). 

 

 

La tasa de desempleo sería mayor en 2019 si se mantuvieran en el mercado laboral 216.000 personas que lo abandonaron durante el último año, desalentadas al superar el año de búsqueda infructuosa de un puesto de trabajo (las personas que así proceden no son tenidas en cuenta por las encuestas del Dane como desempleadas). Además, el subempleo objetivo (por insuficiencia de horas y empleo inadecuado por competencias o por ingresos) afectó a 307.000 trabajadores adicionales en el último año, alcanzando la cifra de 2.708.000 (la tasa de subempleo objetivo pasó de 9,6 a 11%). 

Además, a mediados de agosto de 2019, el Dane entregó el boletín de Mercado laboral, informalidad y seguridad social correspondiente al trimestre móvil abril-junio, según el cual, para el total de las 23 ciudades y áreas metropolitanas del país, el indicador se ubicó en 47,9 por ciento, mientras que la proporción de ocupados informales en las 13 ciudades y áreas metropolitanas fue de 46,8 por ciento

Pese a toda esta evidencia el inquilino de la Casa de Nariño no deja de proclamar que “vamos para adelante”, sin precisar que al final de tal ruta está el despeñadero.

 

Espejito, espejito…

La economía colombiana se fundamenta en las actividades extractivas, la especulación financiera y la producción de bienes primarios de poco valor agregado y bajo coeficiente de exportación. Todos los bienes y servicios que requieren sofisticados conocimientos, complejidad en el proceso productivo y tecnologías avanzadas se importan. Esta trágica y vergonzosa situación queda al desnudo en la respuesta que dio el Presidente Duque a la pregunta hecha por el periodista Yamid Amat, ¿cómo resumiría el resultado de su visita a China? El advenedizo presidente respondió: “En China logramos más de 400 millones de dólares para el financiamiento de infraestructura, más de 40 millones de dólares por año en comercio de banano, más de 3 millones de dólares potenciales por año de exportaciones de aguacate haas, más de 2 millones de dólares en cooperación técnica y más de 400 millones de dólares en inversiones en el país”. La repuesta de Duque produce pena ajena.

 

Ante esta precariedad de la estructura productiva, desmontada en sus pocos avances a lo largo de las últimas décadas, en 2019 el déficit comercial se proyecta que alcanzará un máximo histórico cercano a los USD $9.000 millones (Gráfico 2); esto es, las importaciones superarán en un 21 por ciento el valor de las exportaciones (el promedio histórico durante las cuatro últimas décadas fue de 6,3 por ciento).

Otra debilidad que muestra la economía colombiana en su relación con el resto del mundo es el déficit en cuenta corriente. Esta mide la diferencia entre los ingresos y egresos de divisas que tiene un país producto de su actividad económica con el exterior. En nuestro caso el déficit de cuenta corriente, según el Banco de la República, se estima en 4 por ciento del PIB al finalizar 2019, un dato muy superior al considerado sostenible del 2,5 por ciento. Esto significa que son más los dólares que salen que los que entran como producto de la actividad económica nacional.

 

 

Estructura productiva y economía débil.Es así como el valor de las exportaciones del país dependen mayormente de la explotación de hidrocarburos y del precio del barril de petróleo en los mercados internacionales. La tasa de cambio está atada al valor del petróleo (Gráfico 3). Debido a la destorcida del precio de los hidrocarburos a partir de 2015, el peso colombiano es la cuarta moneda más devaluada del mundo, superada solamente por el Bolívar de Venezuela, la Lira de Turquía y el Peso de Argentina, países que vienen también en picada por la vulnerabilidad de sus economías. En agosto de 2019 el peso colombiano alcanzó su máxima devaluación frente al dólar en la historia al ubicarse en $3.459, superior a los $3.434 que alcanzó en febrero de 2016. Teniendo en cuenta el abultado déficit de cuenta corriente que registra Colombia en 2019, es inevitable que cuando sube el dólar perdemos mucho más de lo que ganamos. En un sólo día, el 14 de agosto de 2019, la fragilidad de la economía colombiana quedó en evidencia frente a la turbulencia de los mercados mundiales: el índice referencial de la bolsa de valores se deslizó en -2,5 por ciento, el petróleo cayó en más de 4 por ciento y el peso colombiano continuó su devaluación en 1,2 por ciento. Ante esta realidad, la administración Duque intenta disfrazar los hechos. El Dane sigue aumentando su pérdida de credibilidad: ahora infló el crecimiento del PIB correspondiente al primer trimestre que fue de 2,8 por ciento y arbitrariamente lo subió a 3,1. Con este truco, el Gobierno anuncia que durante el primer semestre del 2019 la economía aumentó 3,05 por ciento.

En resumen, el balance del primer año de la administración Duque es pésimo en el mercado laboral; mal en las cuentas externas y en las fiscales; flojo en crecimiento económico, y desastroso en materia de pobreza, distribución del ingreso, seguridad y violencia (Gráfico 4). Esta apreciación es compartida por los principales medios de comunicación europeos que siguen la huella a Colombia (The Economist de Inglaterra, El País de Madrid, la DW de Berlín, Le Monde de Francia y la BBC de Londres, entre otros), todos coinciden en que ha sido un año fallido, un gobierno sin rumbo, sin nada que mostrar distinto a equivocaciones una tras de otra y genuflexo a las exigencias de los gamberros criollos de la extrema derecha y las fanáticas sectas cristianas y evangélicas que lo eligieron como presidente y a los mezquinos intereses imperiales estadounidenses. Un problema de fondo del “subpresidente” (como nombran ahora a Duque gran parte de la prensa internacional) es su falta de liderazgo, ineptitud y dependencia ciega y muda a su sociopata mentor.

En el mismo plano internacional, adicionalmente, 12 congresistas estadounidenses le enviaron una dura carta a Duque por el mal manejo laboral. Con acritud, la comunicación del 27 de junio de 2019, habla de la mala calidad del empleo y de la persecución al sindicalismo, de cara a los compromisos asumidos por el país en 2012, cuando entró en vigencia el tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos: “Es profundamente preocupante que Colombia esté potencialmente retrocediendo en algunos de estos temas, incluso con el Plan Nacional de Desarrollo (PND) recientemente aprobado y con respecto a las cooperativas, todo mientras que la violencia contra activistas laborales, civiles y de derechos humanos, incluso sindicalistas y sus líderes, sigue siendo un problema grave”. Insisten en que el gobierno de Duque no ha tomado acciones para corregir la grave violación de los derechos humanos que registra actualmente el país. 

Volviendo al plano interno, ni siquiera los empresarios lo califican bien en el balance de su primer año de gobierno; no obstante que con la primera reforma tributaria en el gobierno de Duque les “regaló” 21 billones de pesos mediante rebajas fiscales y exenciones de todo tipo2. En efecto, la Ley de Financiamiento aprobada por Duque en diciembre de 2018 le redujo la tasa de tributación a las empresas en diez puntos porcentuales, lo cual es inequitativo y abrió además un gran boquete fiscal. No obstante, según los empresarios, el arranque de este gobierno ha sido lento, complicado y sin agenda clara o concertada. 

Opinión refrendada de manera amplia, según el diario La República, que realiza desde hace nueve años una encuesta entre 650 empresarios de todas las regiones, de grandes, medianas y pequeñas empresas, para conocer la calificación que le dan al Presidente, a sus ministros y a algunos funcionarios clave para el desarrollo de la economía y las empresas. La primera calificación de este Gobierno se hizo a los 100 días y fue también bastante baja, máxime cuando las expectativas de cambio eran las mejores; calificación contaminada por el prematuro debate en el Congreso de una reforma tributaria y por el cuestionamiento ético y de corrupción que le hicieron al ministro de Hacienda Carrasquilla, reconocido por su odio en contra de las clases trabajadoras y populares, todo lo cual debilitó la imagen del Presidente; además, la agenda económica de todo el primer semestre de este año se desplazó por asuntos como la crisis venezolana, las objeciones de la JEP y la desgastante trama judicial del guerrillero ‘Jesús Santrich’. 

Entre tanto, los ministros del gabinete más enfocados en lo económico estaban concentrados en desarrollos micro, que poco o nada impactaban el mensaje de que las cosas mejoraban; con la llegada del estudio del PND al Congreso las cosas se decoloraron porque esa hoja de ruta fue una abigarrada colcha de retazos y un asunto de segundo plano por temas judiciales que enrarecían el ambiente en la opinión pública, situación que se ha extendido hasta terminar julio, incluso sin asimilar el impacto fundamental que tiene un trabajo como el Marco Fiscal de Mediano Plazo que traza un camino hacia una macroeconomía más sana y mejor administrada y cuyos supuestos quedaron rápidamente invalidados por la caída en el precio del petróleo, la significativa devaluación del peso colombiano y el lento crecimiento económico.

El pesimismo de los colombianos, según la más reciente encuesta de Invamer (Investigación de Mercados con Analytics y Social Media), sigue en aumento. A la pregunta: “En general, ¿cree usted que las cosas en Colombia van por buen camino o por mal camino?”, un 68 por ciento respondió que mal y solo el 25,6 por ciento, dijo que bien. Los consultados consideran que el desempleo y la corrupción son los temas más preocupantes, seguidos por la inseguridad, la calidad y el cubrimiento de la salud y los efectos para Colombia de la crisis en Venezuela. Sobre el presidente Duque, en julio de 2019, el nivel de desaprobación llegó al 56,5 por ciento y el de aprobación bajó al 37. En septiembre de 2018, el nivel de aprobación era del 53,8 por ciento y el de desaprobación, del 32,5. Esto quiere decir que, en el primer año de su gestión, el jefe de Estado ha perdido 24 puntos de confianza en su gobierno por parte de la sociedad colombiana.

 

Ante estas circunstancias, con variedad de factores y resultados en contra, para sobrevivir el Gobierno acude al incremento de la deuda pública a niveles suicidas. Tal deuda, del sector público consolidado (SPC) como proporción del PIB (incluyendo Ecopetrol y similares), escaló del 42 por ciento en 2012 al 62 por ciento en 2019. Teniendo en cuenta que gran parte de la misma es en dólares, con la devaluación el país queda más vulnerable pues está expuesto a la salida de flujo de capital y el costo de mantener la deuda aumenta, lo que afecta el bolsillo de los consumidores, quienes finalmente somos quienes la pagamos. La deuda externa suma USD $135.083 millones; a inicio de 2019, con un dólar a $3.239, esta representaba cerca de $437,5 billones; con la última alza histórica en el precio de la divisa, la deuda externa registró un incremento de $31,2 billones en lo corrido del año, quedando en $468,7 billones.

El déficit fiscal también es creciente. En 2019 los gastos del Estado superan en más del 3 por ciento del valor del PIB a los ingresos públicos, situación que no muestra variaciones de acuerdo con el Presupuesto General de la Nación (PGN) del año 2020. En efecto, el Ministerio de Hacienda radicó en el Congreso el PGN para la vigencia 2020 que contaría con recursos por 271,7 billones de pesos, es decir, 4 por ciento más que la cifra de $259 billones de 2019. Casi la totalidad del presupuesto se orienta a la amortización de la deuda pública ($59,2 billones), a los sectores de educación ($43,1 billones) y fuerza militar ($35,7 billones, aumentó 6,8% frente a 2019) y al pago de pensiones que según el proyecto sube a 43 billones de pesos, desde 38,5 billones que se ejecutan este año (ver composición del PGN 2019-2020).

De todos los sectores que hacen parte del PGN hay que señalar que 7 de ellos tienen caídas, la más estrepitosa de las cuales (entre los sectores económicos que pueden mover la economía y generar empleo) es el agro, que se reduce en un 21,6 por ciento al pasar de 2,2 billones en 2019 a 1,8 billones en 2020.

Mirado desde otra perspectiva, la meta de austeridad en el gasto de la cual viene hablando el gobierno nacional es otra quimera: el proyecto de presupuesto suma un monto de 271,7 billones de pesos, 63,3 por ciento del cual estará destinado a gastos de funcionamiento. De los restantes recursos, el segundo mayor rubro está dirigido al pago del servicio de la deuda pública, para lo cual se dispondrá de 59,2 billones de pesos, lo que representa el 21,8 por ciento de la torta presupuestal. Finalmente, para inversión se estableció el 14,9 por ciento restante, equivalente a 40,3 billones de pesos (se reduce en 14,5% frente a la vigencia 2019).

El grueso del recorte fiscal en la inversión del año 2020 va a reducir la formación de capital fijo público (carreteras, acueductos, energía) que del 2,2 por ciento del PIB en 2018 pasará al 1,4 por ciento en 2020, afectando negativamente el crecimiento económico y la generación de empleo.

Con la tasa de desempleo subiendo, la intensificación del conflicto armado interno, la migración venezolana3 y el crecimiento económico por varios años por debajo del potencial, lo natural es que la pobreza, los homicidios y la desigualdad registren aumento. Los índices de sufrimiento de la sociedad colombiana han retornado a niveles angustiantes. En efecto, a partir de 2016, tras un período de descenso, los datos de pobreza, violencia y desigualdad volvieron a incrementarse (Gráfico 4). El nuestro es uno de los pocos países que presenta una tendencia de los homicidios al alza, mientras que, en comparación con 1990, la tasa mundial ha ido en descenso. De acuerdo con las investigaciones realizadas, se identifica que no se trata solo de una lucha de narcotraficantes o de pandillas, sino que hay muchos problemas de territorio en el país, de luchas por concentración de la tierra, la expansión del latifundio ganadero, el control de los recursos naturales y la explotación de recursos minero-energéticos; pero, además, que hay un factor cultural, y es que en el país se entiende el asesinato como una forma de solucionar problemas. Colombia, al igual que en el resto de América Latina, registra un nivel superior de 90 por ciento de impunidad; el crimen no tiene castigo, entonces se termina matando simplemente porque se puede matar y resulta más “eficaz” y “rentable”.

Otro escenario preocupante es que Colombia sigue ocupando uno de los primeros puestos en desigualdad, además exhibe una pornográfica y permanente agudización hacia la concentración del ingreso y la riqueza. Colombia es un país inequitativo en la distribución de tierras, concentración de las cuentas bancarias, oportunidades de trabajo y educativas, propiedad accionaria, reparto del valor agregado y, en general, en todas las actividades económicas. Desde la constitución como república independiente, hace doscientos años, el manejo del país se ha basado en la exclusión, y nunca la desigualdad económica ha hecho parte de una política pública que comprometa al Estado o a las clases dominantes. 

Adicionalmente, entre 2016 y 2018 ingresaron 1,1 millones de personas a la pobreza multidimensional. En el futuro cercano no cabe esperar mayores progresos en estos índices debido a los bajos crecimientos del PIB-real, al aceleramiento de la inflación de alimentos, al aumento en los impuestos que gravan la canasta familiar, a los crónicos déficits comercial y fiscal, al aumento en el endeudamiento externo, a la mayor incidencia de la pobreza, al escalamiento del crimen organizado  y de la violencia política por el incumplimiento del Estado con los Acuerdos de Paz, a la extensión del conflicto armado interno y al acelerado crecimiento de la corrupción y las actividades ilegales.

En estas condiciones, nuestra sociedad necesita hacerse su propia introspección. Esta radiografía debe permitirnos saber dónde estamos, dónde están los problemas y los límites para solucionarlos, hacía que escenarios nos dirigimos y que sujetos sociales pueden orientar y animar el cambio. Sin respeto por la dignidad humana, bienestar, paz, justicia, igualdad, democracia, derechos humanos, armonía sociedad-naturaleza, ciencia, tecnología e innovación, ningún desarrollo es sostenible.

De acuerdo con el libro “La pobreza y la riqueza de las naciones”, del economista David Landes, si bien el clima, los recursos naturales y la geografía son elementos a tener en cuenta a la hora de explicar por qué determinados países son capaces de dar un salto al desarrollo sostenible y por qué otros no, el factor clave es, en realidad, el bagaje cultural del país, en especial el grado en que ha interiorizado el trabajo disciplinado y duro, el ahorro, la honestidad, paciencia y tenacidad, así como su grado de apertura al cambio, a la ciencia y las nuevas tecnologías y a la igualdad entre hombres y mujeres. El estancamiento o el atraso continuado de diversos países no tienen que ver simplemente con el colonialismo experimentado, con la geografía o con el legado histórico, mucho menos con la “mala suerte”, según el decir popular, es la cultura, la corrupción y una clase dirigente lumpen, violenta e inepta las que afectan el rendimiento económico y el bienestar social4. La cultura cuenta y puede cambiar; la cultura política y económica anida en las instituciones y los contextos y no en los genes. 

Ante estas evidencias, en debacle la economía nacional, y restando aún tres años de un gobierno gris, ciego, sordo e inepto, por decir lo menos, la sociedad tiene el reto de reencauzar el desastre que se avizora, a no ser que prefiera, a la estabilidad y la felicidad, las penurias, las angustias y desesperanzas ya sufridas, fruto del derrumbe económico, social y cultural.

 

1El Tiempo.https://www.eltiempo.com/politica/gobierno/ivan-duque-hace-balance-de-su-primer-ano-como-presidente-de-colombia-399468 (consulta 11 de agosto de 2019).

2Garay, Luis Jorge, Espitia Zamora, Jorge Enrique, Dinámica de las desigualdades en Colombia. En tono a la economía política de los ámbitos socio-económico, tributario y territorial, en impresión.

3El número de venezolanos que han migrado a Colombia, a febrero del 2019, sumaba 1,2 millones, cifra que podría crecer en otro millón producto de las medidas de embargo y bloqueo decididas al inicio de agosto del año en curso por los Estados Unidos.

4Thomas, Friedman. (2017, sexta reimpresión). La tierra es plana. Editorial Planeta Colombiana SA.; Bogotá, p. 340.

*Economista político y filósofo humanista. Escritor e investigador independiente. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia, y desdeabajo.

Publicado enColombia
Martes, 27 Agosto 2019 11:48

¡Debacle duquista!

¡Debacle duquista!

Este artículo provee la evidencia empírica sobre la crisis silenciosa de la era duquista, cuyo gobierno atiza el conflicto armado, el atraso económico, el sufrimiento social y la ausencia de futuro, conduciendo el país a la desesperanza y la ruina.

 

La verdad es que hoy estamos inmersos en una crisis. La advenediza administración de Iván Duque Márquez (2018-2022) no ha logrado ni intentado atacar  ninguno de los heredados problemas estructurales de la economía nacional, campo en el cual sus políticas son erráticas, sólo apuntan a los asuntos de la microeconomía y desconocen los temas macro; la actividad productiva sigue sin rumbo o dirección alguna. Duque simboliza y concita la debacle, esto es, un desastre que produce mucho desorden y desconcierto, especialmente como final de un proceso.

Hablando desde el deseo, sus palabras reafirman esta realidad. En entrevista concedida al periodista Yamit Amat el pasado 10 de agosto, a propósito de cumplir su primer año como Presidente de la República, el inexperto mandatario afirma: “Nuestro balance es positivo. Propusimos un pacto nacional alrededor de la equidad, del cierre de las brechas sociales entre los colombianos, y ya está en marcha. Le prometimos al país que la economía tenía que reactivarse y crecer, y lo estamos cumpliendo de acuerdo a (sic) las más recientes estadísticas”1.

Una explicación muy exacta de esta desacertada apreciación, con fundamento en la teoría psicoanalítica, se refiere al hecho de que, en lugar de admitir honradamente muchos de sus fracasos, incompetencias e inepcia, el Presidente Duque tiende a ponerse a la defensiva y recurrir a toda clase de mecanismos de escape, como la racionalización, la proyección, la evasión, el olvido, la agresión y la mentira. Duque cree en gran medida lo que desea creer, más bien que la verdad empíricamente apoyada; piensa con el deseo.

De esta manera, viendo solamente lo que desea ver, la dinámica económica no despega y la actividad productiva se encuentra muy por debajo de su capacidad. El desempleo no para de crecer desde hace cuatro  años y la destrucción permanente de puestos de trabajo es catastrófica. El déficit comercial y fiscal permite observar a una sociedad que vive por encima de sus capacidades y que funciona mediante un endeudamiento público crónico y ascendente. Recientemente, la divisa se cotizó en $3.459, su máximo registro en la historia (el precio del dólar es la calificación de un país). El Estado está carcomido por la corrupción y la mala gestión. Las violencias generalizadas, el conflicto armado interno, la pobreza, la injusticia, el terrorismo estatal, las organizaciones criminales, el latifundismo y las actividades económicas extractivas y rentistas compiten entre sí para ver cuál puede causar más estragos entre la población. 

Economía y empleo

La economía colombiana alcanzó un crecimiento del 6,6 por ciento en el año 2011 debido al buen momento que atravesaban por aquel momento  los precios de las commodities en los mercados internacionales (materias primas y birrias de poco valor agregado, que se dividen en cuatro grupos: energía, metales, ganado y productos agrícolas). La alegría duró poco, pues pronto llegó la destorcida de los precios, provocada por la recesión de la economía mundial, la guerra comercial y de divisas y los indicios de una severa crisis financiera internacional, con lo cual el ritmo del crecimiento anual de la actividad productiva nacional descendió a 1,4 por ciento en 2017. Durante 2018-2019 el PIB no ha logrado remontar la norma de crecimiento del 3 por ciento que exige toda economía capitalista para poder funcionar con un mínimo de utilidad, acumulación, sostenibilidad y viabilidad (Gráfico 1).

 

 

Es una caída que no pasa sin consecuencias para las mayorías que habitan esta parte de mundo, el empleo una de ellas, cuya tasa durante el último medio siglo tiende a mantenerse por encima de los dos dígitos. En el año 2000 subió al máximo histórico de 19,7 por ciento. En 2015, debido al buen ritmo del crecimiento económico, tocó piso con una tasa de 8,9 por ciento. Entre 2016-2019 el flagelo de la desocupación es imparable, durante 2019 retornó a la senda crónica del 11 por ciento. De acuerdo con el Dane-Gran encuesta integrada de hogares (Geih), durante el último año (trimestres móviles abril-junio de 2018 y 2019) el número de personas desempleadas creció en 147.000 al pasar de 2.351.000 desocupados a 2.497.000 (Gráfico 1).

 

 

 

 

El desastre social y económico generado por este repunte es más agudo debido a la mayor velocidad con que se destruyen puestos de trabajo en comparación con los nuevos que se crean. Durante el último año, en cifras netas, se perdieron 363.000. Los Acuerdos de Paz dieron un respiro a las actividades ptoductivas rurales; con la intensificación de la guerra a partir de la administración Duque, a lo largo del último año se perdieron 188.108 empleos en el sector agropecuario. Por la recesión económica, la quiebra de empresas, el alza del desempleo, la caída en la demanda de consumo de los hogares, la perdida de productividad unida a los altos costos de la mano de obra y al cambio tecnológico sustitutivo de fuerza de trabajo, se destruyeron, adicionalmente, 107.838 puestos de trabajo en la industria manufacturera; 124.639 en las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler; 82.940 en comercio, hoteles y restaurantes; 59.024 en transporte, almacenamiento y comunicaciones; y, 13.098 en suministro de electricidad, gas y agua. Las únicas ramas de actividad económica que generan unos pocos puestos de trabajo, caracterizados por la precariedad e inestabilidad, son la explotación de minas y canteras, la construcción, la intermediación financiera y los servicios comunales, sociales y personales (Cuadro 1). 

 

 

La tasa de desempleo sería mayor en 2019 si se mantuvieran en el mercado laboral 216.000 personas que lo abandonaron durante el último año, desalentadas al superar el año de búsqueda infructuosa de un puesto de trabajo (las personas que así proceden no son tenidas en cuenta por las encuestas del Dane como desempleadas). Además, el subempleo objetivo (por insuficiencia de horas y empleo inadecuado por competencias o por ingresos) afectó a 307.000 trabajadores adicionales en el último año, alcanzando la cifra de 2.708.000 (la tasa de subempleo objetivo pasó de 9,6 a 11%). 

Además, a mediados de agosto de 2019, el Dane entregó el boletín de Mercado laboral, informalidad y seguridad social correspondiente al trimestre móvil abril-junio, según el cual, para el total de las 23 ciudades y áreas metropolitanas del país, el indicador se ubicó en 47,9 por ciento, mientras que la proporción de ocupados informales en las 13 ciudades y áreas metropolitanas fue de 46,8 por ciento

Pese a toda esta evidencia el inquilino de la Casa de Nariño no deja de proclamar que “vamos para adelante”, sin precisar que al final de tal ruta está el despeñadero.

 

Espejito, espejito…

La economía colombiana se fundamenta en las actividades extractivas, la especulación financiera y la producción de bienes primarios de poco valor agregado y bajo coeficiente de exportación. Todos los bienes y servicios que requieren sofisticados conocimientos, complejidad en el proceso productivo y tecnologías avanzadas se importan. Esta trágica y vergonzosa situación queda al desnudo en la respuesta que dio el Presidente Duque a la pregunta hecha por el periodista Yamid Amat, ¿cómo resumiría el resultado de su visita a China? El advenedizo presidente respondió: “En China logramos más de 400 millones de dólares para el financiamiento de infraestructura, más de 40 millones de dólares por año en comercio de banano, más de 3 millones de dólares potenciales por año de exportaciones de aguacate haas, más de 2 millones de dólares en cooperación técnica y más de 400 millones de dólares en inversiones en el país”. La repuesta de Duque produce pena ajena.

 

Ante esta precariedad de la estructura productiva, desmontada en sus pocos avances a lo largo de las últimas décadas, en 2019 el déficit comercial se proyecta que alcanzará un máximo histórico cercano a los USD $9.000 millones (Gráfico 2); esto es, las importaciones superarán en un 21 por ciento el valor de las exportaciones (el promedio histórico durante las cuatro últimas décadas fue de 6,3 por ciento).

Otra debilidad que muestra la economía colombiana en su relación con el resto del mundo es el déficit en cuenta corriente. Esta mide la diferencia entre los ingresos y egresos de divisas que tiene un país producto de su actividad económica con el exterior. En nuestro caso el déficit de cuenta corriente, según el Banco de la República, se estima en 4 por ciento del PIB al finalizar 2019, un dato muy superior al considerado sostenible del 2,5 por ciento. Esto significa que son más los dólares que salen que los que entran como producto de la actividad económica nacional.

 

 

Estructura productiva y economía débil.Es así como el valor de las exportaciones del país dependen mayormente de la explotación de hidrocarburos y del precio del barril de petróleo en los mercados internacionales. La tasa de cambio está atada al valor del petróleo (Gráfico 3). Debido a la destorcida del precio de los hidrocarburos a partir de 2015, el peso colombiano es la cuarta moneda más devaluada del mundo, superada solamente por el Bolívar de Venezuela, la Lira de Turquía y el Peso de Argentina, países que vienen también en picada por la vulnerabilidad de sus economías. En agosto de 2019 el peso colombiano alcanzó su máxima devaluación frente al dólar en la historia al ubicarse en $3.459, superior a los $3.434 que alcanzó en febrero de 2016. Teniendo en cuenta el abultado déficit de cuenta corriente que registra Colombia en 2019, es inevitable que cuando sube el dólar perdemos mucho más de lo que ganamos. En un sólo día, el 14 de agosto de 2019, la fragilidad de la economía colombiana quedó en evidencia frente a la turbulencia de los mercados mundiales: el índice referencial de la bolsa de valores se deslizó en -2,5 por ciento, el petróleo cayó en más de 4 por ciento y el peso colombiano continuó su devaluación en 1,2 por ciento. Ante esta realidad, la administración Duque intenta disfrazar los hechos. El Dane sigue aumentando su pérdida de credibilidad: ahora infló el crecimiento del PIB correspondiente al primer trimestre que fue de 2,8 por ciento y arbitrariamente lo subió a 3,1. Con este truco, el Gobierno anuncia que durante el primer semestre del 2019 la economía aumentó 3,05 por ciento.

En resumen, el balance del primer año de la administración Duque es pésimo en el mercado laboral; mal en las cuentas externas y en las fiscales; flojo en crecimiento económico, y desastroso en materia de pobreza, distribución del ingreso, seguridad y violencia (Gráfico 4). Esta apreciación es compartida por los principales medios de comunicación europeos que siguen la huella a Colombia (The Economist de Inglaterra, El País de Madrid, la DW de Berlín, Le Monde de Francia y la BBC de Londres, entre otros), todos coinciden en que ha sido un año fallido, un gobierno sin rumbo, sin nada que mostrar distinto a equivocaciones una tras de otra y genuflexo a las exigencias de los gamberros criollos de la extrema derecha y las fanáticas sectas cristianas y evangélicas que lo eligieron como presidente y a los mezquinos intereses imperiales estadounidenses. Un problema de fondo del “subpresidente” (como nombran ahora a Duque gran parte de la prensa internacional) es su falta de liderazgo, ineptitud y dependencia ciega y muda a su sociopata mentor.

En el mismo plano internacional, adicionalmente, 12 congresistas estadounidenses le enviaron una dura carta a Duque por el mal manejo laboral. Con acritud, la comunicación del 27 de junio de 2019, habla de la mala calidad del empleo y de la persecución al sindicalismo, de cara a los compromisos asumidos por el país en 2012, cuando entró en vigencia el tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos: “Es profundamente preocupante que Colombia esté potencialmente retrocediendo en algunos de estos temas, incluso con el Plan Nacional de Desarrollo (PND) recientemente aprobado y con respecto a las cooperativas, todo mientras que la violencia contra activistas laborales, civiles y de derechos humanos, incluso sindicalistas y sus líderes, sigue siendo un problema grave”. Insisten en que el gobierno de Duque no ha tomado acciones para corregir la grave violación de los derechos humanos que registra actualmente el país. 

Volviendo al plano interno, ni siquiera los empresarios lo califican bien en el balance de su primer año de gobierno; no obstante que con la primera reforma tributaria en el gobierno de Duque les “regaló” 21 billones de pesos mediante rebajas fiscales y exenciones de todo tipo2. En efecto, la Ley de Financiamiento aprobada por Duque en diciembre de 2018 le redujo la tasa de tributación a las empresas en diez puntos porcentuales, lo cual es inequitativo y abrió además un gran boquete fiscal. No obstante, según los empresarios, el arranque de este gobierno ha sido lento, complicado y sin agenda clara o concertada. 

Opinión refrendada de manera amplia, según el diario La República, que realiza desde hace nueve años una encuesta entre 650 empresarios de todas las regiones, de grandes, medianas y pequeñas empresas, para conocer la calificación que le dan al Presidente, a sus ministros y a algunos funcionarios clave para el desarrollo de la economía y las empresas. La primera calificación de este Gobierno se hizo a los 100 días y fue también bastante baja, máxime cuando las expectativas de cambio eran las mejores; calificación contaminada por el prematuro debate en el Congreso de una reforma tributaria y por el cuestionamiento ético y de corrupción que le hicieron al ministro de Hacienda Carrasquilla, reconocido por su odio en contra de las clases trabajadoras y populares, todo lo cual debilitó la imagen del Presidente; además, la agenda económica de todo el primer semestre de este año se desplazó por asuntos como la crisis venezolana, las objeciones de la JEP y la desgastante trama judicial del guerrillero ‘Jesús Santrich’. 

Entre tanto, los ministros del gabinete más enfocados en lo económico estaban concentrados en desarrollos micro, que poco o nada impactaban el mensaje de que las cosas mejoraban; con la llegada del estudio del PND al Congreso las cosas se decoloraron porque esa hoja de ruta fue una abigarrada colcha de retazos y un asunto de segundo plano por temas judiciales que enrarecían el ambiente en la opinión pública, situación que se ha extendido hasta terminar julio, incluso sin asimilar el impacto fundamental que tiene un trabajo como el Marco Fiscal de Mediano Plazo que traza un camino hacia una macroeconomía más sana y mejor administrada y cuyos supuestos quedaron rápidamente invalidados por la caída en el precio del petróleo, la significativa devaluación del peso colombiano y el lento crecimiento económico.

El pesimismo de los colombianos, según la más reciente encuesta de Invamer (Investigación de Mercados con Analytics y Social Media), sigue en aumento. A la pregunta: “En general, ¿cree usted que las cosas en Colombia van por buen camino o por mal camino?”, un 68 por ciento respondió que mal y solo el 25,6 por ciento, dijo que bien. Los consultados consideran que el desempleo y la corrupción son los temas más preocupantes, seguidos por la inseguridad, la calidad y el cubrimiento de la salud y los efectos para Colombia de la crisis en Venezuela. Sobre el presidente Duque, en julio de 2019, el nivel de desaprobación llegó al 56,5 por ciento y el de aprobación bajó al 37. En septiembre de 2018, el nivel de aprobación era del 53,8 por ciento y el de desaprobación, del 32,5. Esto quiere decir que, en el primer año de su gestión, el jefe de Estado ha perdido 24 puntos de confianza en su gobierno por parte de la sociedad colombiana.

 

Ante estas circunstancias, con variedad de factores y resultados en contra, para sobrevivir el Gobierno acude al incremento de la deuda pública a niveles suicidas. Tal deuda, del sector público consolidado (SPC) como proporción del PIB (incluyendo Ecopetrol y similares), escaló del 42 por ciento en 2012 al 62 por ciento en 2019. Teniendo en cuenta que gran parte de la misma es en dólares, con la devaluación el país queda más vulnerable pues está expuesto a la salida de flujo de capital y el costo de mantener la deuda aumenta, lo que afecta el bolsillo de los consumidores, quienes finalmente somos quienes la pagamos. La deuda externa suma USD $135.083 millones; a inicio de 2019, con un dólar a $3.239, esta representaba cerca de $437,5 billones; con la última alza histórica en el precio de la divisa, la deuda externa registró un incremento de $31,2 billones en lo corrido del año, quedando en $468,7 billones.

El déficit fiscal también es creciente. En 2019 los gastos del Estado superan en más del 3 por ciento del valor del PIB a los ingresos públicos, situación que no muestra variaciones de acuerdo con el Presupuesto General de la Nación (PGN) del año 2020. En efecto, el Ministerio de Hacienda radicó en el Congreso el PGN para la vigencia 2020 que contaría con recursos por 271,7 billones de pesos, es decir, 4 por ciento más que la cifra de $259 billones de 2019. Casi la totalidad del presupuesto se orienta a la amortización de la deuda pública ($59,2 billones), a los sectores de educación ($43,1 billones) y fuerza militar ($35,7 billones, aumentó 6,8% frente a 2019) y al pago de pensiones que según el proyecto sube a 43 billones de pesos, desde 38,5 billones que se ejecutan este año (ver composición del PGN 2019-2020).

De todos los sectores que hacen parte del PGN hay que señalar que 7 de ellos tienen caídas, la más estrepitosa de las cuales (entre los sectores económicos que pueden mover la economía y generar empleo) es el agro, que se reduce en un 21,6 por ciento al pasar de 2,2 billones en 2019 a 1,8 billones en 2020.

Mirado desde otra perspectiva, la meta de austeridad en el gasto de la cual viene hablando el gobierno nacional es otra quimera: el proyecto de presupuesto suma un monto de 271,7 billones de pesos, 63,3 por ciento del cual estará destinado a gastos de funcionamiento. De los restantes recursos, el segundo mayor rubro está dirigido al pago del servicio de la deuda pública, para lo cual se dispondrá de 59,2 billones de pesos, lo que representa el 21,8 por ciento de la torta presupuestal. Finalmente, para inversión se estableció el 14,9 por ciento restante, equivalente a 40,3 billones de pesos (se reduce en 14,5% frente a la vigencia 2019).

El grueso del recorte fiscal en la inversión del año 2020 va a reducir la formación de capital fijo público (carreteras, acueductos, energía) que del 2,2 por ciento del PIB en 2018 pasará al 1,4 por ciento en 2020, afectando negativamente el crecimiento económico y la generación de empleo.

Con la tasa de desempleo subiendo, la intensificación del conflicto armado interno, la migración venezolana3 y el crecimiento económico por varios años por debajo del potencial, lo natural es que la pobreza, los homicidios y la desigualdad registren aumento. Los índices de sufrimiento de la sociedad colombiana han retornado a niveles angustiantes. En efecto, a partir de 2016, tras un período de descenso, los datos de pobreza, violencia y desigualdad volvieron a incrementarse (Gráfico 4). El nuestro es uno de los pocos países que presenta una tendencia de los homicidios al alza, mientras que, en comparación con 1990, la tasa mundial ha ido en descenso. De acuerdo con las investigaciones realizadas, se identifica que no se trata solo de una lucha de narcotraficantes o de pandillas, sino que hay muchos problemas de territorio en el país, de luchas por concentración de la tierra, la expansión del latifundio ganadero, el control de los recursos naturales y la explotación de recursos minero-energéticos; pero, además, que hay un factor cultural, y es que en el país se entiende el asesinato como una forma de solucionar problemas. Colombia, al igual que en el resto de América Latina, registra un nivel superior de 90 por ciento de impunidad; el crimen no tiene castigo, entonces se termina matando simplemente porque se puede matar y resulta más “eficaz” y “rentable”.

Otro escenario preocupante es que Colombia sigue ocupando uno de los primeros puestos en desigualdad, además exhibe una pornográfica y permanente agudización hacia la concentración del ingreso y la riqueza. Colombia es un país inequitativo en la distribución de tierras, concentración de las cuentas bancarias, oportunidades de trabajo y educativas, propiedad accionaria, reparto del valor agregado y, en general, en todas las actividades económicas. Desde la constitución como república independiente, hace doscientos años, el manejo del país se ha basado en la exclusión, y nunca la desigualdad económica ha hecho parte de una política pública que comprometa al Estado o a las clases dominantes. 

Adicionalmente, entre 2016 y 2018 ingresaron 1,1 millones de personas a la pobreza multidimensional. En el futuro cercano no cabe esperar mayores progresos en estos índices debido a los bajos crecimientos del PIB-real, al aceleramiento de la inflación de alimentos, al aumento en los impuestos que gravan la canasta familiar, a los crónicos déficits comercial y fiscal, al aumento en el endeudamiento externo, a la mayor incidencia de la pobreza, al escalamiento del crimen organizado  y de la violencia política por el incumplimiento del Estado con los Acuerdos de Paz, a la extensión del conflicto armado interno y al acelerado crecimiento de la corrupción y las actividades ilegales.

En estas condiciones, nuestra sociedad necesita hacerse su propia introspección. Esta radiografía debe permitirnos saber dónde estamos, dónde están los problemas y los límites para solucionarlos, hacía que escenarios nos dirigimos y que sujetos sociales pueden orientar y animar el cambio. Sin respeto por la dignidad humana, bienestar, paz, justicia, igualdad, democracia, derechos humanos, armonía sociedad-naturaleza, ciencia, tecnología e innovación, ningún desarrollo es sostenible.

De acuerdo con el libro “La pobreza y la riqueza de las naciones”, del economista David Landes, si bien el clima, los recursos naturales y la geografía son elementos a tener en cuenta a la hora de explicar por qué determinados países son capaces de dar un salto al desarrollo sostenible y por qué otros no, el factor clave es, en realidad, el bagaje cultural del país, en especial el grado en que ha interiorizado el trabajo disciplinado y duro, el ahorro, la honestidad, paciencia y tenacidad, así como su grado de apertura al cambio, a la ciencia y las nuevas tecnologías y a la igualdad entre hombres y mujeres. El estancamiento o el atraso continuado de diversos países no tienen que ver simplemente con el colonialismo experimentado, con la geografía o con el legado histórico, mucho menos con la “mala suerte”, según el decir popular, es la cultura, la corrupción y una clase dirigente lumpen, violenta e inepta las que afectan el rendimiento económico y el bienestar social4. La cultura cuenta y puede cambiar; la cultura política y económica anida en las instituciones y los contextos y no en los genes. 

Ante estas evidencias, en debacle la economía nacional, y restando aún tres años de un gobierno gris, ciego, sordo e inepto, por decir lo menos, la sociedad tiene el reto de reencauzar el desastre que se avizora, a no ser que prefiera, a la estabilidad y la felicidad, las penurias, las angustias y desesperanzas ya sufridas, fruto del derrumbe económico, social y cultural.

 

1El Tiempo.https://www.eltiempo.com/politica/gobierno/ivan-duque-hace-balance-de-su-primer-ano-como-presidente-de-colombia-399468 (consulta 11 de agosto de 2019).

2Garay, Luis Jorge, Espitia Zamora, Jorge Enrique, Dinámica de las desigualdades en Colombia. En tono a la economía política de los ámbitos socio-económico, tributario y territorial, en impresión.

3El número de venezolanos que han migrado a Colombia, a febrero del 2019, sumaba 1,2 millones, cifra que podría crecer en otro millón producto de las medidas de embargo y bloqueo decididas al inicio de agosto del año en curso por los Estados Unidos.

4Thomas, Friedman. (2017, sexta reimpresión). La tierra es plana. Editorial Planeta Colombiana SA.; Bogotá, p. 340.

*Economista político y filósofo humanista. Escritor e investigador independiente. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia, y desdeabajo.

Publicado enEdición Nº260
Causas profundas y coyunturales de la devaluación del peso: El dólar espanta al peso

La devaluación del peso prosigue a ritmo continuo, y con ello el encarecimiento de muchos producto de la canasta familiar, los mismos que desde hace varias décadas ya no produce el país. ¿Por qué se está devaluando el peso? ¿Cuáles son los factores que aportan a ello? ¿Qué podría suceder en el futuro próximo? Estos y otros interrogantes son abordados en el presente artículo.

 

El precio del dólar se disparó. El 22 de julio por un dólar había que dar $3.178 pesos, y en escasas dos semanas, el 12 de agosto ya había que dar 3.426 pesos, es decir un aumento del 7,8 por ciento. De esta manera, el peso colombiano registra como una de las monedas más depreciadas en la región. 

Subida del dólar (depreciación del peso colombiano: 43% en los últimos 3 años), que tiene consecuencias, entre ellas el aumento de la deuda externa, el encarecimiento de las importaciones y la generación de presiones inflacionarias. Es decir, en relación a la vida diaria de las mayorías colombianas, cubrir sus demandas en alimentos, ropa, etcétera, será cada día más caro. 

El aumento del dólar responde a varios elementos, que en lo fundamental podrían resumirse de dos tipos: estructurales y coyunturales. Los primeros hacen referencia a características productivas de la economía colombiana, así como su vinculación histórica a los mercados internacionales; y los segundos a circunstancias propias del ciclo económico, y en el caso colombiano particularmente al ciclo internacional.

 

Característica de la estructura productiva

 

La principal característica de la estructura productiva colombiana está signada por cuatro fenómenos: 1) la reprimarización productiva, que implica, en lo fundamental, el crecimiento del sector minero energético y la concentración de capitales en tal rama de actividad; 2) la desindustrialización; 3) la destrucción del sector agrario; y 4) la financiarización de la economía, entendida como un proceso de décadas, en el que la acumulación de capital se supedita principalmente a actividades financieras y vinculadas a la especulación. 

Por todo ello, el crecimiento económico de Colombia es dependiente de las exportaciones y de la disponibilidad de liquidez internacional, es decir, la disposición de capital necesario para el financiamiento de la economía en su conjunto. El caballito de Troya para esto ha sido el petróleo, como principal vehículo para traer la Inversión Extranjera Directa (IED), así como la garantía para la inversión de portafolio.

Así pues, en el mercado regulado de divisas, lugar donde se realiza el mayor porcentaje de las transacciones con monedas extranjeras, es evidente esta condición estructural: gran parte de los dólares que allí se cambian son aportados por el sector petrolero o por la Inversión Extranjera Directa (IED) que está destinada a estos rubros. De allí la existencia hasta hace poco de una relación inversa entre el precio internacional del petróleo (el Brent, para el caso colombiano) y la cotización del dólar, pues ante un aumento de dicho precio podía obtenerse un dólar más barato, producto del incremento de los ingresos en dólares por la venta de crudo. Con una precisión: esta relación se mantenía gracias a la abundancia de capital en el escenario internacional. 

Ejemplo de ello fue lo ocurrido hasta 2014: la abundancia de capital disponible para IED en petróleo, así como para la especulación, y los elevados precios del combustible fósil a nivel internacional permitieron que el dólar se mantuviera barato; lo que cambió a partir del tercer trimestre del 2014, cuando la caída de los precios internacionales del petróleo, producto del aumento de la oferta mundial, generó que el dólar superará la barrera de los $3.000 pesos. 

Ese año resaltaron sin sombra alguna las vulnerabilidades profundas de la estructura productiva colombiana y de las finanzas públicas. Tanto el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, como el déficit fiscal, crecieron, a lo que las autoridades económicas respondieron con una política de ajuste que incluyó privatizaciones, recortes al gasto público, impuestos regresivos, flexibilidad y precariedad laboral.

Pero, más allá de las medidas de austeridad, fue la entrada de capitales vía IED y crédito barato, lo que permitió que el impacto de la caída de los precios del petróleo no fuera mayor. Además, la situación internacional continuaba estable, las tasas de crecimiento de China se mantenían, y el comercio mundial no enfrentaba sobresaltos. Unos pocos años después todo era distinto, pues a partir de 2015 la política estadounidense cambió de rumbo: como medida de normalización monetaria la Reserva Federal de Estados Unidos comenzó a subir las tasas de interés, lo que implicó que el financiamiento internacional se empezará a encarecer. 

 

Cambio en el ciclo internacional

 

El aumento paulatino de las tasas de interés en USA no fue sensible para las economías emergentes en un primer momento, pero sí empezó a sentirse su impacto a partir de 2018 cuando, junto con las medidas de la guerra comercial del presidente estadounidense hacia china, se generó un proceso de retorno de capitales hacia las principales economías del mundo, en especial hacia activos seguros. Es así como se rompió la relación convencional precio del petróleo-dólar. De esta manera, contrario a lo sucedido durante todo el siglo XXI, se observó que el precio internacional del barril estaba mejorando, pero a diferencia de lo esperado el dólar se estaba encareciendo.

Para nuestro país, la explicación de la ruptura de tal relación reside, además, en los resultados de su sector externo, pues, con una situación internacional de crédito caro, y con otras economías con mejores resultados, tomó forma un período de aumento de la salida neta de capitales, es decir, salen más dólares de los que le entran a la economía. Mientras se retiran grandes montos –vía utilidades y pago de interés de deuda–, los que entran, por ejemplo, como inversión en portafolio registran los menores niveles de los últimos 3 años.

En la gráfica puede verse como, a diferencia de los años anteriores, en lo corrido del 2019 (enero-julio) lo acumulado en inversión extranjera apenas es de 797 millones de dólares, mientras que en el mismo período del año 2017 y del 2018 la cifra superaba con creces, pues era de 2.447 y 1.219 millones de dólares, respectivamente. 

Este cambio en el ciclo internacional explica el incremento continuo del precio del dólar en Colombia a partir del 2018, realidad conectada con lo que ocurre a partir de la mitad de julio. Pues, sumada a la permanente salida de capitales, se agudizó el escenario de incertidumbre internacional: los anuncios de más medidas proteccionistas por parte del gobierno Trump; la incertidumbre en Medio Oriente frente al abandono de EE.UU. al pacto nuclear con Irán; el proceso de redireccionamiento de China hacia el mercado interno y la producción industrial, así como de servicios de alto valor tecnológico, que ha implicado una desaceleración de su ritmo de crecimiento; la presión por el recorte de las tasas de interés de la FED, todo lo cual generó un incremento de la preocupación entre empresarios e inversores.

Los más afectados con la incertidumbre internacional han sido los países productores de materias primas, pues ante una caída de las expectativas económicas se han desplomado los precios de los principales bienes de exportaciones de estos países, como los latinoamericanos dependientes del petróleo, carbón, gas licuado de petróleo (Gas natural), cobre, zinc, entre otros.

 

Depreciación del peso colombiano

 

Ante esta realidad, la moneda colombiana ha sido de las que más se ha depreciado porque se han conjugado dos elementos: por un lado, como ya fue anotado, cae la entrada de capitales de portafolio y, por el otro, el precio del petróleo ha sido el más afectado en este escenario internacional, mucho más de lo que ha sufrido la cotización del cobre, producto del que dependen las exportaciones de Chile y Perú, o el gas natural del que depende Bolivia. Contrario a lo que le ha ocurrido a la soja –producto de alta importancia en la canasta exportadora tanto de Brasil y Paraguay– que incrementó su precio, lo que en parte les ha permitido amortiguar la caída de los otros productos o las bajas en las entradas de capital. 

Con la economía nacional en crisis, de nuevo, la posibilidad de controlar su ahondamiento y de recuperar indicadores, depende de lo que ocurra en el panorama internacional. La ausencia de soberanía económica es evidente. La tensión internacional permanece y el impacto sobre la economía colombiana puede aun ser más fuerte, dependiendo de lo que ocurra en las rondas de negociación comercial de septiembre entre China y EE.UU. 

Pese a todo, queda un pequeño margen para las decisiones fiscales del gobierno nacional, las que podrían jugar un papel destacado, no obstante la austeridad es una opción poco efectiva en momentos como el actual. 

 

Publicado enEdición Nº260
Culmina cumbre del G-7 entre divisiones y pequeños acuerdos

Biarritz. La cumbre 45 del G-7 finalizó ayer, marcada por los incendios en la Amazonia, la sorpresiva visita del canciller iraní, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la desnuclearización de la península de Corea, así como la situación que se vive en Libia, Ucrania y Hong Kong.

Al final de la reunión, un breve comunicado sobre varios temas reflejó ligeros acuerdos y algunas divisiones entre los líderes del G-7.

El ámbito comercial quizás es el que más destaca en el contexto de una guerra arancelaria entre China y Estados Unidos. El G-7 defendió una reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

"El G-7 quiere reformar en profundidad la OMC para que sea más eficaz en la protección de la propiedad intelectual, resolver disputas más rápido y erradicar prácticas comerciales desleales."

En concreto, plantea alcanzar un acuerdo al respecto sobre esta reforma en 2020 y que ésta incluya simplificar la regulación y modernizar la fiscalidad internacional. "El G-7 está comprometido con el comercio global abierto y justo, y con la estabilidad de la economía", subrayó el texto.

A continuación, el comunicado mencionó a Irán, uno de los temas estelares de la cumbre, tras la sorpresiva visita a Biarritz del canciller iraní, Mohamed Javad Zarif.

"Compartimos completamente dos objetivos: garantizar que Irán nunca obtenga armas nucleares y promover la paz y la estabilidad en la región", apuntó el texto.

Sobre Ucrania, el documento respaldó que Francia y Alemania participen "en las próximas semanas" en una cumbre con el formato de Normandía, junto a Rusia y Ucrania, "para lograr resultados concretos".

Al referirse a Libia, el G-7 apoyó una tregua para lograr un alto el fuego duradero. "Creemos que sólo una solución política garantizará la estabilidad de Libia. Esperamos una conferencia internacional bien preparada que reúna a todas las partes interesadas y a todos los actores regionales involucrados en este conflicto". También apoyó el trabajo de mediación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Africana.

Acerca de las protestas en Hong Kong, se mencionó la "existencia e importancia" de la Declaración Chino-Británica sobre Hong Kong de 1984 por la que Londres accedió a devolver la soberanía de Hong Kong a China el primero de julio de 1997, y que consagra el principio "un país, dos sistemas" e hizo un llamado a "evitar la violencia".

Los líderes del G-7 reiteraron también su apego a la desnuclearización total de la península de Corea, lo que fue anunciado en rueda de prensa por el presidente francés, Emanuelle Macron.

Durante la reunión también se logró un acuerdo para destinar 20 millones de euros en ayuda de emergencia para la Amazonia, asolada por los incendios, y el envío de aviones bombarderos, afirmó Macron, al reconocer que "la pérdida del pulmón del planeta es un problema mundial".

Aparte, Reino Unido prometió 10 millones de libras esterlinas (unos 12 millones de dólares) para restaurar el hábitat de la mayor selva tropical del planeta.

En la elaboración del plan de dos etapas para salvar la Amazonia participó el presidente de Chile, Sebastián Piñera, único mandatario sudamericano invitado a la cumbre.

Esta "iniciativa para la Amazonia" requerirá el acuerdo de Brasil y de los otros ocho estados amazónicos, en relación estrecha con las ONG y las poblaciones locales, apuntaron Macron y Piñera.

Sin embargo, el gobierno brasileño reaccionó horas más tarde y advirtió que no aceptará los 20 millones de euros del G-7.

El gran ausente en las sesiones sobre clima y biodiversidad, que incluyeron estrategias sobre cómo afrontar la crisis en la Amazonia y los recortes de emisiones de dióxido de carbono, fue el presidente estadunidense, Donald Trump, quien envió a una comitiva, informó el diario británico The Guardian.

En el curso de una conferencia de prensa conjunta entre Macron y Trump, el magnate dijo estar dispuesto a reunirse con su homólogo iraní, Hassan Rouhani, si las circunstancias "son apropiadas", luego de que el mandatario francés estimó que se han "creado las condiciones para un encuentro" entre ambos.

Trump también anunció que podría invitar al presidente ruso, Vladimir Putin, a la próxima cita del G-7 que se llevará a cabo en 2020 en Estados Unidos, pese a la exclusión de Rusia desde 2014.

A su vez, Macron afirmó que los países miembros del organismo no lograron un consenso sobre el retorno de Rusia a la plataforma.

Trump afirmó que tiene en mente organizar la próxima cumbre en el Doral Miami, uno de sus campos de golf en Florida, lo que provocó suspicacias de la prensa.

En Biarritz, la policía francesa impidió el acceso al centro a un centenar de opositores al G-7, cuyo propósito era dar a conocer "sus propuestas para lograr un mundo mejor", a los líderes internacionales de una cumbre que consideran "ilegítima".

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 Cosecha masiva de soja en una granja en Campo Verde, Mato Grosso, Brasil. Foto: Alf Ribeiro.

El pulmón verde del planeta está ardiendo por los cuatro costados. El fuego arrasa la Amazonia hasta el punto de que el humo ha oscurecido el cielo de São Paulo mostrando una imagen apocalíptica. Y no es para menos.

Según datos ofrecidos por el Ministerio de Ciencia y Tecnología brasileño, se han registrado 71.497 focos entre el 1 de enero y el 18 de agosto de 2019. Un aumento del 82% con respecto al mismo período del año pasado. Lo que indica que la Amazonia desaparece pasto de las llamas cada año, desde hace ya mucho tiempo.

¿Pero cómo es posible que se produzcan decenas de miles de incendios? Evidentemente 71.497 focos distintos no se generan de manera fortuita.

Quién y por qué los provoca puede sorprendernos e incluso incomodarnos, pero el conocimiento es poder para cambiar las cosas.

En febrero de 2017, la organización MightyEarth publicó un informe desvelando la relación entre la producción de soja y la deforestación masiva en la cuenca del Amazonas. Las imágenes tomadas con drones son realmente escalofriantes y ofrecen una idea contundente de la magnitud del problema.

Su informe señala un dato importante: la producción de soja se utiliza mayoritariamente para alimentar a las vacas que se convertirán en carne para satisfacer la demanda de Europa y Estados Unidos.

Literalmente, estamos devorando el planeta.

Detrás de este macabro negocio, Mighty Earth encontró a dos multinacionales de la alimentación: las estadounidenses Cargill y Bunge, que compran la soja producida en los campos generados tras talar los bosques de Brasil y Bolivia.

No es la primera vez que una organización ecologista señala a estas empresas. Según un informe de Greenpeace de 2006, Cargill es el impulsor de la destrucción de la Selva Amazónica y revela que: «Gran parte de la soja brasileña que alimenta a los pollos, vacas y cerdos en Europa es suministrada por el gigante agrícola Cargill».

Una tercera investigación conjunta realizada por The Guardian, Repórter Brasil y la Oficina de Periodismo de Investigación, constata que cada año se talan hasta 5.800 km2 (una superficie idéntica a la de la provincia de Cantabria entera) de bosques en la Amazonia para convertirlos en pastos utilizados para la cría de ganado que posteriormente es enviado a mataderos que producen carne para los mercados mundiales.

Lo pueden decorar, maquillar y ocultar, pero la realidad es que la creciente demanda mundial de carne se ha convertido en la principal causa de la destrucción de la selva amazónica y del planeta en su conjunto. Las estimaciones no son nada tranquilizadoras: el consumo de carne se duplicará a nivel mundial en los próximos 20 años.

Nos enfrentamos a una seria y profunda crisis alimentaria global. El 80% de la tierra agrícola, incluidas las tierras del tercer mundo, se utiliza para la producción de cereales y grano destinados a alimentar a los animales que se sacrifican en cifras astronómicas para saciar el apetito voraz del primer mundo, donde 2.000 millones de personas tienen sobrepeso u obesidad. Todo ello desoyendo las indicaciones de Naciones Unidas que instan a los gobiernos mundiales a favorecer el consumo directo de proteínas vegetales, garantizando el acceso a comida suficiente a los 10 mil millones de personas que se espera vivan en el planeta para 2050.

Sabemos que el consumo de carne roja y carne procesada está directamente relacionado con el cáncer, desde que nos advirtiera de ello la Organización Mundial de la Salud. 

Sabemos que la industria de la carne genera tantos gases de efecto invernadero como todos los coches, trenes, barcos y aviones juntos.

Sabemos además que la producción de carne consume los recursos hídricos del planeta: para producir un sólo kilo de carne de vaca, se necesitan 15.000 litros de agua, por lo que la industria ganadera contribuye a la sequía, la desertización y como ahora vemos, a la deforestación de nuestros bosques.

Así que podemos rezar por el Amazonas, pero si queremos ser realmente efectivos, tenemos la solución en nuestras manos eligiendo lo que ponemos en nuestros platos. Es urgente tomar en serio de la recomendación de Naciones Unidas y realizar un cambio en nuestra dieta, introduciendo de nuevo en alimentos de origen vegetal: cereales, legumbres, frutas y verduras.

Será bueno para los animales, para nuestra salud y para el futuro del planeta

22 agosto, 2019

Publicado enMedio Ambiente
El temor a un ciclo recesivo derrumba los mercados financieros de Europa y EU

China reporta los peores niveles de crecimiento de la producción industrial en 17 años

 

Los mercados financieros de Europa y Estados Unidos se fueron a pique este miércoles ante temores de que la economía mundial se acerque a un ciclo recesivo.

La contracción de la actividad en Alemania, primera economía de Europa, y el surgimiento de indicios de una recesión en Estados Unidos contribuyeron a alentar una venta masiva de acciones en Wall Street, que tuvo su peor día del año.

En Nueva York el Dow Jones, que representa a las 30 empresas más importantes en Estados Unidos, perdió 800 puntos, 3.05 por ciento, y quedó con 25 mil 497.42 unidades. El índice Standard and Poor’s (S&P) 500, que agrupa las acciones de 500 empresas y considerado el más representativo de la situación del mercado, cayó 2.9 por ciento a 2 mil 840.60 puntos, mientras el índice compuesto Nasdaq, de empresas de tecnología y electrónica, descendió 3 por ciento a 7 mil 773.94 puntos.

Las monedas y los mercados latinoamericanos fueron arrastrados por la tendencia, las más afectadas fueron las bolsas de Brasil, Colombia y Argentina, que cayeron 3, 2.5 y 1.86 por ciento, respectivamente.

La liquidación de acciones se produjo luego de que, por primera vez desde 2007, el rendimiento de los bonos del Tesoro estadunidense a 10 años se ubicó temporalmente por debajo del rendimiento del bono a dos años. Los inversores optaron por recuperar rápidamente su dinero, en lugar de obtener mayores intereses por plazos más largos, una dinámica vista como presagio de una recesión.

A esta inquietud se sumaron resultados económicos de China, donde el crecimiento de la producción industrial en julio fue de 4.8 por ciento, su nivel mínimo en 17 años, en la más reciente señal de que las presiones comerciales de Estados Unidos han golpeado la demanda en la segunda mayor economía del mundo.

En Alemania la actividad económica se contrajo 0.1 por ciento en el segundo trimestre, en momentos en que su industria automotriz, uno de los motores de la economía regional, encara nuevos estándares sobre emisiones de gases y la amenaza de aranceles por parte de Washington. Tras el reporte, las bolsas de valores de esa zona registraron pérdidas de 2 por ciento en promedio.

La intensificación de la guerra comercial de Estados Unidos con China ha sido un factor clave en las preocupaciones sobre la desaceleración de la economía mundial, pero después de la caída en Wall Street el presidente estadunidense Donald Trump, renovó sus ataques contra la Reserva Federal y su presidente, Jerome Powell, a quien él mismo designó.

Los precios del petróleo cayeron más de 3 por ciento: el Brent perdió 1.82 dólares y se cotizó en 59.48 por barril, el estadunidense West Texas Intermediate cedió 1.87 dólares y se vende a 55.23 dólares, mientras la mezcla mexicana de exportación se hundió 2.33 dólares (4.58 por ciento) a 48.53 dólares.

Al tiempo, el yen japonés, el índice dólar y el oro subieron, pues los operadores decidieron buscar activos considerados refugio seguro para las inversiones.

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La paliza a Macri y un futuro sin certezas

Si algo se merecía la soberbia clasista de Mauricio Macri es una derrota contundente, aplastante, a manos de los adversarios que tanto ha fustigado en los últimos años.

Perder por 15 puntos (47 a 32% a escala nacional) y hacerlo por dos puntos adicionales en la provincia de Buenos Aires, donde competía su pupila más aventajada, María Eugenia Vidal, otra soberbia pero con perfil más popular, estaba fuera de los cálculos del poder y también de la oposición.

Como enseñan los resultados por provincia y por distritos, las clases acomodadas de la capital federal y del norte de la provincia siguieron apostando por Macri. Una parte considerable de las clases medias lo abandonó, pero los sectores populares fueron los que le otorgaron el triunfo aplastante a la oposición. En efecto, en algunas secciones del cinturón pobre de las grandes ciudades la diferencia a favor de Alberto Fernández fue de hasta 40 puntos.

Se trató de una decisión masiva y maciza de aquella porción de la población que más sufrió el sinceramiento de las tarifas de los servicios públicos (gas, electricidad, transporte), que tuvieron aumentos superiores al 1.000% en los cuatro años macristas.

En ese sentido, se puede afirmar que fue una derrota del neoliberalismo salvaje, el que no se veía en ese país desde la década en la que gobernó Carlos Menem (1989-1999), con su secuela de privatizaciones y la desarticulación del aparato productivo de un país que décadas atrás había figurado entre las naciones más desarrolladas y, sin duda, el que contaba con la industria más potente de América Latina.

Aquel neoliberalismo no fue solo económico. Encarnó un ataque sin precedentes a los derechos humanos, hasta que llegó la actual ministra de Interior, Patricia Bullrich. Hubo mano blanda con los militares que torturaron y desparecieron en dictadura (1976-1983), represión de la protesta social y ataques mediáticos a los organismos de derechos humanos y a los sindicatos opositores, completaron un panorama de neoliberalismo social que nunca se había practicado, de forma tan extrema, en nombre del peronismo.

Los cuatro años de Macri serán recordados, además, por la brutal escalada del dólar que abrió el 2018 a 18 pesos, trepó hasta los 40 a mediados de ese año y ahora pegó otro salto hasta superior los 60 pesos. Una devaluación que tendrá impactos muy negativos en los precios internos, en la inflación, pero también en la pequeña y mediana empresa, que siguen siendo las que más empleo aportan.

La innecesaria sumisión del Gobierno Macri al FMI y, personalmente, a su todavía directora, Christine Lagarde, hicieron más bochornoso aún el pedido de préstamos que deja a la Argentina en una situación de gran dependencia, con altas probabilidades de impago de su deuda. Un nuevo default dejaría al país en una situación de enorme vulnerabilidad, algo que el mercado global ya está previendo.

La pregunta es si el impago lo declarará Macri (algo que el tándem Alberto y Cristina Fernández debe desear), o será un fruto envenenado que recogerá el próximo Gobierno. Lo cierto es que, cuando el riesgo país supera los 1.500 puntos y la economía está paralizada, las empresas argentinas cayeron hasta un 60% en Wall Street y la Bolsa de Buenos Aires se desplomó un 37%, el descalabro es mera cuestión de tiempo.

Pero aquí no se terminan los problemas. Son apenas el comienzo. La impresión es que en las elecciones presidenciales de octubre ganará el neokircherismo en primera vuelta, ya que la diferencia de votos es irreversible en apenas dos meses.

Encuentro varios problemas que me permiten concluir que el neoliberalismo salvaje derrotado en las urnas dará paso a un neoliberalismo más suave, pero en modo alguno a un postneoliberalismo, como estiman algunos comentaristas.

El primero es que la situación global cambió profundamente en los últimos años, con una guerra comercial implacable que coloca a la economía global al borde de la recesión, incluyendo países tan importantes como Alemania. Cuando Macri ganó las elecciones en 2015, no gobernaba Trump ni había un Brexit duro a la vuelta de la esquina. Esta coyuntura no concede mucho margen de maniobra a ningún gobierno del mundo.

La segunda es que, en consecuencia, el capital financiero (esa realidad que los analistas denominan los mercados) está más nervioso e intransigente que antes. La consultora Bloomberg describe de este modo la coyuntura argentina: "Los inversores no están dispuestos a dar al líder opositor Alberto Fernández —presumiblemente, el próximo presidente de Argentina— el beneficio de la duda".

Esta realidad llevó a Alberto Fernández a asegurar, una y otra vez, la "absoluta voluntad de pago" de un eventual gobierno peronista. Solo atinó a decir que habrá que negociar algunos aspectos del acuerdo firmado por Macri con el FMI.

El tercer asunto es que la sombra de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (2003-2015) sigue planeando sobre la sociedad argentina y, de modo muy particular, sobre las clases medias. En la actual campaña electoral los voceros de la candidatura opositora se empeñaron en asegurar que aprendieron de los errores del pasado, que no van a imponer un nuevo cepo cambiario ni a promover la intervención del Estado en la economía, que provocó fuertes distorsiones en las tarifas de los servicios públicos y alejó a los inversores del país.

El problema es que más allá de las afirmaciones de los candidatos, la duda sigue existiendo para una parte importante de la población, que recuerda además la corrupción que envolvió al Gobierno de Cristina. Eso explica que, a pesar de la desastrosa situación económica, un 32% de los argentinos se hayan pronunciado por el continuismo macrista.

La cuarta y última, es que la población más pobre y vulnerable ha sido duramente castigada por la política económica de Macri y no parece estar dispuesta a aceptar cualquier solución a sus reclamos. En los últimos cuatro años, los sindicatos y los movimientos territoriales de las periferias urbanas estuvieron de forma casi ininterrumpida en la calle, un escenario que no van a abandonar hasta que no vean satisfechas por lo menos algunas de sus demandas.

Este conjunto de factores hace que, sea cual sea el color del próximo gobierno, no habrá mucho margen para el optimismo.

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“Allá arriba declaran que todo va bien, y acá abajo que todo va mal, y que se va a poner peor”: EZLN ante las problemáticas en México

“No sólo para los pueblos originarios llueve sobre mojado: despojos, robos, amenazas, persecución, cárcel, desaparición, violación, golpes, muerte… y, sí, a veces limosnas”, denunció el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en un comunicado en el que criticó las problemáticas por las que atraviesa el país, entre las que destacó los asesinatos de periodistas, pueblos “invadidos” por megaproyectos, violencia de género, desempleo, las agresiones contra los migrantes y la pobreza.

Además, acusó que ahora “ahora todo pensamiento crítico, todo análisis científico, todo arte que revela y rebela, tiene enfrente no la realidad, sino la etiqueta de ‘derecha’, ‘conservador’, ‘reaccionario’, ‘fifí’, o la ocurrencia que llegue a los labios del inquisidor y capataz que, en la finca que padecemos, reparte culpas y condenas”.

“Allá arriba declaran que todo va bien, y acá abajo que todo va mal, y que se va a poner peor”, agregó el Subcomandante Galeano, quien suscribió el documento en el que analiza el papel de las redes sociales como parte de los sistemas del gobierno.

A continuación el comunicado completo:

Obertura:
La realidad como enemiga.

“Si nuestra época piensa así”, parece decirse a veces el mundo, “¿quién es nadie para llevarnos la contraria? ¿Quién los políticos, que han de obedecernos? ¿Quién los jueces, cuyos fallos están obligados a reflejarnos y complacernos? ¿Quién los periodistas y articulistas, cuyas opiniones deben amoldarse a las nuestras? ¿Quién los pensadores (…) que no nos son necesarios? ¿Quién los legisladores, que deben establecer las leyes según nuestros dictados?”

Javier Marías. “Cuando la sociedad es el tirano”.  En “El País Semanal”, mayo 13 del 2018. (*)

(*) No sé si el citar a Javier Marías (cuyas novelas “Corazón Tan Blanco” y “Mañana en la batalla piensa en mí” aliviaron, a su modo, el desvelo del finado SupMarcos en las noches posteriores a la traición de febrero de 1995), me pone en el bando de la “mafia del poder”, de los conservadores y neoliberales.  Digo, porque Javier Marías ha colaborado en el diario español “El País” y en la revista mexicana “Letras Libres”, porque suele cuestionar con agudeza las evidencias que otros digieren sin un gesto siquiera, y porque es inteligente y no puede (ni creo que quiera) ocultarlo.  Además, claro, de que es monárquico porque es rey, Xavier I, del Reino de Redonda, y miembro de la Real Academia Española.  Todas éstas son razones suficientes para etiquetarlo de conservador- neoliberal -enemigo- del- pueblo -y- de -su- vanguardia- que- marcha- imperturbable- a – la – consumación – de – la – historia, por parte de los nuevos comisarios del pensamiento que acá se padecen.

Ya saben ustedes que a mí me importa mucho el “qué dirán” y tengo una reputación que mantener, así que lo pensé, con profundidad y detenimiento, durante una fracción de segundo.  Con velocidad vertiginosa, frente a mis hermosos ojos pasaron hashtags, trending topics, likes y dislikes, dedos medios, whatsapp´s, instagram´s, feisbucazos, conferencias mañaneras, columnas periodísticas, artículos de opinión, fritos y refritos de etiquetas y condenas.

Pensé alegar, en mi defensa, que a los libros de Javier Marías que el finado SupMarcos portaba en esos días aciagos, le hacían compañía los de Manuel Vázquez Montalbán, y el “Perito en Lunas” de Miguel Hernández.  Que Javier Marías le va (o le iba –la afición a un equipo de fútbol es como el amor: es eterna… hasta que se acaba-) al Real Madrid, Manuel Vázquez Montalbán al Barcelona, Benedetti al Nacional de Montevideo, Almudena Grandes al Atlético de Madrid, Juan Villoro al Necaxa y yo, con ese chovinismo provinciano tan de moda, le voy a Los Jaguares de Chiapas.

Ya ve usted: en lugar de usar como referente el beisbol, ahora deporte oficial y oficialista, opto por el fútbol.  Así que sume usted pecados a mi condena.

Imagino que, al cargar la mochila con tales “armas” –se rumora que incluía una edición bilingüe de los Sonetos de Shakespeare, los dos volúmenes de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” y un absurdo diccionario francés-español-francés-, el difunto ha de haber envidiado a Guy Montag por encontrar una librería con textos encuadernados en los cerebros de los proscritos de Fahrenheit 451 (Ray Bradbury, 1953).  Debió ser su sueño húmedo: en lugar de tropa, comandar una biblioteca humana (“¡Atención!, éste es el orden de batalla: Heráclito, Joyce y Becket siembran el desconcierto en las filas enemigas; Saramago, Neruda y Gelman flanquean por el lado izquierdo, Vargas Llosa, Paz y Solzhenitsyn por el derecho, García Lorca, Wilde, Sor Juana y Woolf voltean la posición.  Los demás, a echar montón.  Ya saben: si son muchos, corremos; si son pocos, nos escondemos; y si no hay nadie al frente, ¡adelante, que para morir nacimos!  ¿Dudas, preguntas, angustias, inconformidades, mentadas de menta y de las otras?  No, Dylan, tú a la pandereta.”)

Alguna vez le pregunté al finado si realmente leía todo eso que cargaba.  Me respondió que no, que era para que, si lo mataban, sus verdugos tuvieran algo en qué entretenerse mientras agonizaba.  Sí, lo sé, ese humor tétrico del difunto no era bien visto…, bueno, no sólo ese humor.

En fin, les decía que dudaba yo si citar o no a Javier Marías, en lugar de a Lenin, a los Marx (Karl y Groucho), a Malatesta, a Trotsky, a Mao, o, ya de perdida, al Manual de Materialismo Histórico (el Poliester).  Y sopesaba los pros y los contras de hacerlo.  Como no encontré ningún pro, y sí muchos contras, me decidí por citarlo para abonar así a mi popularidad entre los intelectuales de la IV T.  Debo aclarar que Javier Marías es inocente de este atentado contra lo políticamente correcto, porque no le consulté.  Espero que él, si se entera, sepa encontrar la bondad para, como dicen allá, “pasar de mí” con el mismo gesto con que se aleja un insecto inoportuno –que bien podría ser un escarabajo-.

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  Si la modernidad consiste en que, en lugar de apedrear lo que no se entiende (y, por tanto, es “diferente”), ahora se usan los tuits y los dislikes, el mundo avanza.  De la lapidación a la hoguera, de ahí al cadalso, luego al paredón seguido del exilio y los pogromos, después los campos de concentración, las aldeas estratégicas.  Más acá los muros, los agentes de migración, votre papiers, s´il vous plait.

  Las redes sociales no bastan para “depurar” la nueva raza aria entronizada: la ignorancia.  El sistema sigue necesitando la violencia de las instituciones estatales para “completar” las razzias.  Desconozco si la aversión a lo diferente estaba en el ADN del Big Bang fundacional del universo, pero la ignorancia siempre ha perseguido y atacado al conocimiento y a su posibilidad: la inteligencia.

  Si antes el oscurantismo se arrastraba a la velocidad de carretones y galeones, hoy navega en yottabytes(un yottabyte = un 1 seguido de 24 ceros de bytes), y a la velocidad de la luz.

  Pudiera decirse que las redes tienen los gobiernos que se merecen.  Pero aún ahí hay resistencia y rebeldía.  No falta quien no siga al flautista del trending topic y elija la reflexión, el análisis, la duda, el cuestionamiento.  Una minoría arrinconada y abrumada por influencers y [email protected] cretin@s que descubren que la estupidez también conquista fama y reconocimiento social.  Pero el potencial de las redes sociales es también su límite: la fugacidad lleva de la nariz los focos de atención y detenerse no es posible si se quiere estar al día.  El peor enemigo del escándalo es el escándalo que le sigue casi inmediatamente.

  Los medios tradicionales de comunicación son arrastrados por la borrachera virtual.  Casi la totalidad de la prensa escrita no hace sino reciclar lo que es moda en las redes, pero por más que se esfuerce sigue estando a la zaga.  Sigue pendiente llenar el vacío de una prensa que investigue, provoque la reflexión, alimente la inteligencia y aliente el conocimiento.

  A su modo, y con poderosa tecnología, el sistema combate a la realidad de la mejor forma: creando una alterna y atrayendo a ella la atención y la energía de la gente-gente.  Se mira y califica, positiva o negativamente, a los gobiernos por su popularidad virtual, no por sus decisiones, ni por sus actos, ni por la manera en que afrontan los imprevistos.  Así, malos gobiernos triunfan en las “benditas redes”, aunque la realidad real se empecine en marchar hacia el abismo.  La realidad virtual cubre con pudor al rey desnudo, y el tirano se presenta como demócrata, el reaccionario como transformador, el imbécil como inteligente y el ignorante como sabio.

  Pero no sólo.  El sistema ha redescubierto que la cacería de diferentes tiene seguidores.  Y dichos y sentencias de personajes como Trump, Bolsonaro, Macri, Moreno, López Obrador, Ortega, Piñera, Putin, Macron, Merkel, Tsipras, Johnson y ____ (ponga el nombre de su elección), provocan alaridos de aprobación en las redes sociales.  Así se dictan sentencias y condenas que escandalizarían a alguien con un mínimo de decencia, y que no se quedan en declaraciones.  La migra, los minutemen norteamericanos y la guardia nacional mexicana cumplen la condena dictada contra los migrantes, y los “radicales de izquierda que, para mí, no son más que conservadores” (amlo dixit), son advertidos por los sicarios que balearon a Samir Flores Soberanes.  Y seguirá luego el lavado de manos: Trump condenará la masacre de El Paso, Texas, y López Obrador dirá, mientras departe con empresarios, que se investigará el asesinato de Samir.

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  No, no les vamos a ofender diciendo que se los dijimos (pero… se los dijimos).

  La serpiente, libre ya del cascarón, se despereza y regocija, se celebra y aplaude a sí misma.  Y, poco a mucho, inicia el abrazo constrictor del pensamiento único.  Que nadie se oponga al poderoso.  Que nadie desafíe su omnipotencia en medios, redes, la academia, su desprecio por las artes y las ciencias, su manejo mañoso de los dineros, sus bendiciones y maldiciones desde el púlpito levantado con la argamasa de la mentira, la simulación, las amenazas cumplidas, los ataques virtuales y reales de las camisas marrón-tirando-a-óxido.  Que nadie se atreva a reconocer la realidad como referente, -y no los enfadados y enfadosos sermones y diatribas de quien, solo y sólo en el templete se encuentra-.

  Oh, lo sabemos.  Confusión.  Allá arriba declaran que todo va bien, y acá abajo que todo va mal, y que se va a poner peor.  Aunque ahora todo pensamiento crítico, todo análisis científico, todo arte que revela y rebela, tiene enfrente no la realidad, sino la etiqueta de “derecha”, “conservador”, “reaccionario”, “fifí”, o la ocurrencia que llegue a los labios del inquisidor y capataz que, en la finca que padecemos, reparte culpas y condenas.

  Y tiene usted razón: las cómicas pataletas de un Calderón, un Fox, un PAN rancio, un PRI sobornando al forense para que retrase el acta de defunción, un PRD que de alguna forma tiene que demostrar que existe, y pensadores que les acompañan, más bien parecen ser fraguadas por el partido oficial, porque consiguen dos cosas:

  Una es que le dan material de fácil refutación a alguien que ni siquiera sabe dónde está parado.  La otra es que eso anula cualquier crítica, señalamiento, observación que tengan como sustento un análisis riguroso y documentado.  Además, claro, que toda crítica que venga ya no digamos desde la izquierda, sino de sectores progresistas y demócratas liberales, suene a una nota más en la falsa sinfonía del complot y el “golpe blando” (el cuento engañabobos de moda) detrás de la cual se refugia el supremo.

  Y usted esperaría un poco de serenidad, más análisis y menos consignas de uno y otro lado.  Pero no la hay y no la va a haber.  Las derechas que disputan ahora, y que han dejado como espectadores a la izquierda y al progresismo, están en guerra.  Unos por mantenerse en el Poder (o en lo que creen que es el Poder), y otros por volver al lugar privilegiado, al púlpito desde el que se reina.

  ¿A quién creerle?

  Tiene usted razón: a nadie.

  ¿Tampoco a la realidad?

  Mire usted, escuche, sienta, huela, hable, duela su realidad.

  Porque sí, lo sabemos, llueve en todas partes y sobre todos.  Al menos acá abajo.  Quizás alguno, alguna,algunoa, apenas empieza a sentir las gotas frías aguijoneándole el cuerpo; pero para [email protected], y no sólo para los pueblos originarios, llueve sobre mojado: despojos, robos, amenazas, persecución, cárcel, desaparición, violación, golpes, muerte… y, sí, a veces limosnas.

  ¿Una lista?  Es difícil, pero algo apresurado podría ser:

.- Familiares de [email protected], [email protected], [email protected], en busca de verdad y justicia.  Y la pregunta que siempre estará sin respuesta es ¿por qué?  El gran absurdo del caos repartiendo ausencias porque sí, por estadística, por tómbola.  Si la muerte puede ser terrible, el no saber qué pasó y el por qué, está fuera de toda lógica humana.  Es de una crueldad que sólo podría ser maquinada por la mente humana.

.- Otroas, al fin en igualdad con mujeres de todas las edades, niños, ancianos, hombres, [email protected] y [email protected] –la muerte y el limbo cruel de la desaparición, igualando al fin géneros, razas, colores-.

.- Mujeres, siempre mujeres, golpeadas, violadas, desaparecidas, asesinadas.

.- Pueblos invadidos por megaproyectos a cual más de estúpido, humillados por las limosnas que son las mismas de antes, aunque con otro nombre, y con idénticas demandas: baja la cabeza, obedece, híncate, humíllate, ríndete, desaparece.  Y el arma del sicario “progresista” asesinando a Samir Flores, pensando que así lo mataba y mataba su causa.

.- Periodistas censurados por la amenaza, el cohecho, el acoso virtual y real, la desaparición, la cárcel, el asesinato.

.- [email protected] del campo y de la ciudad, [email protected] con trabajo hasta ayer; y hoy, o cualquier día, sin empleo y con deudas.

.- Médicos y [email protected] pidiéndole al [email protected] que traiga su gasa, su jeringa, su venda, su medicina, “porque no hay y yo sólo puedo decirle de qué va a morir, lo que, en estos tiempos, ya es una ventaja, viera usted.  Pero mire, aquí le doy una copia de las promesas gubernamentales.  Sí, yo le recomendaría que mejor se enferme el año que entra, tal vez entonces”.

.- Organizaciones, grupos, colectivos políticos y sociales de izquierda ante la disyuntiva: rendirse o persecución.

.- Gente, cualquiera, asaltada, extorsionada, secuestrada, desaparecida, asesinada, despojada de lo que ganó con su trabajo, de su libertad, de su vida.

.- Cientí[email protected] sin presupuesto; Artistas y [email protected] sin lugar; Intelectuales pecando al pensar –no exagere mi buen, no es pecado pensar, sino expresarlo-.  Todo es neoliberal y fifí hasta que su afiliación al Poder esté debidamente acreditada.  Mañanera mata columna, análisis, reportaje, investigación, conocimiento, inteligencia.

.- Migrantes buscando sueños americanos y encontrando pesadillas mexicanas que, con el gafete de “Guardia Nacional”, busca la torpe legitimación de que la crueldad contra lo diferente también tiene ciudadanía con el sello del águila devorando una serpiente.

  Si usted no es ningú[email protected] de esta lista, ni tiene familiares, amistades, [email protected], que entrarían en cualquiera de los rubros de esa lista, entonces no entiendo qué hace leyendo esto… ¡Ah! ¿Llegó aquí por Google?  ¡Oh Google y Youtube!, “¡cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Romanos. Capítulo 11, versículo 33, -sí, lo googlée… perdón, no pude evitar la tentación y, además, hoy está de moda citar la Biblia al contentillo-).

(…)

  ¿Aún aquí?  Bueno, va en su cuenta.  Pero le advierto que tendrá que leer.

  Y leer, mi [email protected], es como hacer el amor: hay muchas posiciones y muchos modos, calendarios y geografías, técnicas y tecnologías.  Y, aún así, siempre hará falta un kamasutra de la lectura.

  ¿Está [email protected]? ¿Un café? ¿Una soda? ¿Agua? ¿Tabaco? ¿Alguna sustancia permitida y no?

  Sale pues.

  Pero, antes, un poco de imaginación: un asomo a una realidad posible.  Después de todo, por las ciencias (hoy desplazadas por la frivolidad de las pseudociencias y el esoterismo “culto”, el new age y su cauda holística como memorándum – ¡mi laboratorio por una sala de yoga!-, el “like” como criterio de verdad), sabemos que la ficción no es sino una realidad viable.

  Ahora dígame: ¿Es dura la lluvia que caerá? ¿Ha visto caer la lluvia en un día soleado?

(Continuará…)

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

El SupGaleano.
Practicando su Ohmmmm para pedir una beca en Conacyt.
México, agosto del 2019.

Del cuaderno de apuntes del Gato-Perro:

.- El tirano aborrece la inteligencia.  No sólo porque le cuestiona y desafía, también y sobre todo porque carece de ella y, al serle inalcanzable, la proscribe y persigue.  Temed al Mandón hábil y taimado, pero temed dos veces al que es ignorante, porque la ignorancia deshumaniza por consenso y esclaviza.  Y no son pocas veces en las que la esperanza ingenua no es sino el ropaje amable de la ignorancia.

.- La ignorancia siempre tendrá más seguidores que la inteligencia y el conocimiento.  No sólo porque es más fácil, también porque la ignorancia nunca pasará de moda y siempre será popular y atractiva.

.- La ignorancia es más rentable que la inteligencia y el conocimiento, y más barata.

.- La ignorancia es la madre de la cobardía, de la traición y del olvido.

.- El tirano siembra y cultiva la ignorancia.  El ignorante siempre necesitará un pastor que le guíe.  El tirano, un rebaño que lo siga.

.- La inteligencia es fruto cuando se engrandece con el conocimiento.  Y nunca se sacia, aún cuando abreve en otras.

.- Con el conocimiento, la inteligencia descubre que el tirano no es sólo innecesario, también que es perecedero.  Su fecha de caducidad es la misma que la de la paciencia del esclavo.

.- La inteligencia no muere, no se rinde.  Si acaso se esconde y espera el momento de convertirse en escudo y arma.  En los pueblos zapatistas, en las montañas del sureste mexicano, a la inteligencia transformada en conocimiento le llaman también “dignidad”.

Doy fe.

El Gato-Perro indocumentado.
Guau-miau (¿o era al revés?)
México, agosto del 2019, empieza a llover.

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