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Domingo, 30 Junio 2019 16:17

La pelotera del crecimiento económico

La pelotera del crecimiento económico

“Eso del estancamiento es paja”. Así respondió, públicamente, Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda, a su colega el gerente del Banco de la República Juan José Echavarría, quien se había atrevido a expresar, en la Convención anual de la Asobancaria, sus preocupaciones sobre la mala situación económica del país.

Semejante respuesta, más que descomedida, francamente grosera, no deja de sorprender pues ambos hacen parte del mismo círculo tecnocrático neoliberal. Sin embargo, es bien sabido que Carrasquilla es algo más: una combinación explosiva entre uribista ilustrado y negociante inescrupuloso. Ya el expresidente venía, desde hace rato, creando un clima de hostilidad hacia Echavarría a quien acusa de “santista”. Y en la misma línea, días atrás, Carrasquilla lo había confrontado a propósito de la tesis de “la polarización” como factor negativo para la economía.

La refutación, de todas maneras, es más bien débil. Echavarría, ni se ha excedido en sus competencias, ni lo que expresa es una simple opinión sin sustento. Mucho menos tiene que ver con una supuesta desconfianza en las cifras del Dane que parece ser la imagen recreada por el gobierno y los medios. Aunque no deja de llamar la atención esta intempestiva “defensa” del Dane en boca del Gobierno. ¡Explicación no pedida, acusación manifiesta! En todo caso, los comentarios del Gerente del Banco de la República sí han estado respaldados por cifras; junto a la tasa anual de crecimiento del PIB del primer trimestre del año –estimada por el Dane en 2.8% y descontando el efecto estacional en 2.3%– coloca otras cifras altamente preocupantes. Anteriormente, en otras oportunidades, ya había hecho serias advertencias sobre el rumbo de la economía colombiana: ”hay algo más; más allá de los fundamentales de la economía”.

Pero la discusión no es académica ni se trata de tomar partido por lo dicho por Echavarría: tiene una profunda implicación política. La prensa nos ha informado, en efecto, que los Ministros “cerraron filas en defensa del estado de la economía”. Evidentemente, detrás del crecimiento estimado, que de ninguna manera puede calificarse de bueno, se esconde una controversia sobre la dinámica subyacente, esto es, si se trata de “estancamiento”, o más bien de “recuperación” como argumentan quienes insisten en que veníamos de una situación peor. Esto es clave para la evaluación del gobierno Duque, no sólo porque ya casi completa su primer año sino porque está en juego la eficacia, en términos de incremento de la inversión y crecimiento económico, de la reducción de impuestos a las empresas aprobada en la reciente “ley de financiamiento” (reforma tributaria). Este es un dogma del fundamentalismo neoliberal que no se ha podido comprobar en ningún país.

Precisamente por eso, y porque lo único que se verá es la reducción de los recaudos en la tributación empresarial, es que Carrasquilla busca un mayor margen de maniobra en el manejo del gasto público, para lo cual obtuvo el pasado marzo una flexibilización de la regla fiscal. Por todo ello habrá que temer no tanto de la manipulación de las cifras del pasado como de la posible manipulación en las cifras que vendrán en lo que resta del año. La tentación es grande.

 

Luces y sombras de las cifras

 

El florero de Llorente parece ser, pues, la reciente divulgación realizada por el Dane de sus cálculos sobre el crecimiento del PIB en el primer trimestre del año. Crecimiento que puede calcularse como variación porcentual respecto a lo registrado en el primer trimestre de 2018, lo cual nos da una idea del ritmo de crecimiento anual de la economía, especialmente al compararlo con las variaciones análogas registradas anteriormente (ver gráfico 1). –Suponiendo, por supuesto, que el PIB es una buena medición del desempeño de la economía–. En esta ocaisón la cosa no pintaría tan mal pues 2.8 por ciento es mayor a lo registrado en los primeros trimestres anteriores desde 2015, aunque tampoco es para grandes celebraciones porque en el 2014 fue de 5.7 por ciento y en el 2012 de 5.9, y sobre todo porque la cifra siempre depende de cada punto de comparación. Si el nivel precedente es alto, hasta 1 por ciento es satisfactorio, pero si era muy bajo (y lo fue precisamente en este periodo de sucesivos malos resultados como se ve en el gráfico), crecer entre 2 y 3 no es gran cosa. A simple vista, claro está, la gráfica nos muestra que en comparación con el peor año que fue 2017 parece anunciarse una recuperación. Ahí es donde se atrinchera el Gobierno. ¡Y los gremios, téngase en cuenta!

 

Gráfico 1
PIB Producto Interno Bruto - 2019pr - 1 trimestre
Tasa de crecimiento anual

 

 

 

El punto de controversia que introduce Echavarría consiste en que si queremos apreciar verdaderamente el ritmo de crecimiento de la economía, o sea su tendencia, es necesario examinar esta serie cronológica pero ya ajustada eliminando la estacionalidad y los efectos indeseados de calendario. Implica un procesamiento estadístico que no podemos ni siquiera describir en este artículo pero sobre cuya utilidad basta constatar que es reconocida por todo el mundo académico. Y, en efecto, el propio Dane ofrece simultáneamente la serie ya corregida, o “desestacionalizada” como se acostumbra decir. La variación anual es entonces de sólo 2.3% lo cual sugiere (y es el argumento de Echavarría) que difícilmente se podría llegar al final del año a un crecimiento anual de 3.6 por ciento que es el pronóstico del gobierno, los gremios y los organismos internacionales. El ritmo no da para tanto. Sobre todo teniendo en cuenta que la comparación del primer trimestre con el cuarto del año pasado (comparación que en esta serie sí es válida) nos arroja un 0 por ciento (en rigor un decrecimiento de 0.01%). Es decir, se trata de un estancamiento.

 

La vulnerabilidad de la Estadística y el imperativo de la interpretación

 

Pero poco importa darle a ganar este round al gerente del Banco de la República. Aunque sí nos debería servir de advertencia acerca de las posibles manipulaciones cuando un gobierno se casa con unas cifras; es enorme la tentación de ajustarlas para que coincidan con lo que se está prometiendo. En el Marco Fiscal de Mediano Plazo que el Gobierno acaba de presentar se mantiene la meta de 3.6 por ciento. Carrasquilla ha dicho una y otra vez que nuestra economía tiene hoy el potencial de crecer al 4 por ciento anual.

Cabe aquí una anotación sobre algo poco mencionado en esta “pelea” cuyos comentaristas en los medios son tan malintencionados como ignorantes. El cálculo del PIB trimestral es tan sólo una estimación que sirve únicamente de orientación en la coyuntura. Las variaciones (que no valores absolutos) se obtienen, mediante un modelo, a partir de una selección de indicadores parciales y sectoriales tanto de la producción como del gasto. Un cambio en los indicadores o una nueva información pueden llevar a rehacer el cálculo de las variaciones. Es ahí donde ciertamente radica la posibilidad de la manipulación. Pero no es realmente significativo el simple hecho de que el Dane ofrezca varias versiones de la misma estadística (este trimestre aparece como provisional) que es lo que también parece haber suscitado el escándalo, ignorando deliberadamente que es lo más corriente, y universalmente aceptado. –De hecho, la información completa, pesada, de las Cuentas Nacionales tiene tres versiones, preliminar, provisional y definitiva, en un plazo de dos años después de terminado el año en consideración–. En realidad, de lo que se trata es de examinar el sentido que van marcando las nuevas versiones, lo cual, para Echavarría, en estas estimaciones trimestrales, es claramente hacia la baja y no hacia el alza.

En fin, lo verdaderamente importante para esta valoración tiene que ver con las fuentes del crecimiento que el Dane dice haber identificado. En sus propias palabras:

- “Comercio al por mayor y al por menor; reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento; alojamiento y servicios de comida crece 4,0%.
- Administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y servicios sociales crece 3,3%.
- Industrias manufactureras crece 2,9%”1.

Que las actividades de la administración pública se incluyan en la generación del valor agregado de la economía puede ser discutible, aunque generalmente aceptado, pero aquí lo que más llama la atención es el hecho de que explique buena parte del modesto crecimiento. Lo otro es comercio y servicios. No resulta muy tranquilizadora esta dependencia del sector terciario, pese a lo mucho que lo han elogiado en los últimos tiempos. Téngase en cuenta, en el mismo sentido, que el sector financiero crece un 5.5 por ciento En cambio, Industrias Manufactureras sólo se incluye por su importante participación en el PIB ya que otros sectores crecen un poco más, pero la serie desestacionalizada nos informa de una reducción de 1 por ciento respecto al cuarto trimestre. El sector agropecuario apenas sobrevive y la Construcción continúa desplomándose, con una disminución de 5.6 por ciento. Lo único que puede rescatarse es la recuperación de Minas y Canteras, evidentemente debida a las mejores condiciones en el mercado mundial del petróleo2.

En este orden de ideas, más allá de la cifra global en disputa, son muchos los interrogantes que se plantean respecto a lo que hemos llamado el ritmo de crecimiento. ¿De qué fuentes provendría ese crecimiento? ¿Qué capacidad multiplicadora tendrían? ¿Se orientan al mercado interno o a la exportación? ¿Qué solidez tendría su dinámica? ¿Es sostenible? ¿Podrían servir de sustento a una elevación del nivel de bienestar de la población? Hasta ahora lo que han dicho en todos los Ministerios y desde la dirección del Dane es que el panorama resulta promisorio porque se observa una buena dinámica en sectores claves como el ya mencionado del petróleo y la construcción de vías y otras obras civiles que, en contraste con la recesión en la edificación de viviendas, presenta una variación anual positiva de 8.8 por ciento. Es más, se supone que éste es un sector que en los próximos años va a servir de motor del conjunto de la economía gracias a la resolución de los problemas que tuvo para los cierres financieros (¡más la corrupción!) los cuales todavía se ven reflejados en las cifras.

En otras palabras, las ilusiones continúan afincadas en el mismo modelo de desarrollo capitalista que se instauró aquí por lo menos desde el comienzo del siglo XXI. Sin que se pueda establecer ninguna diferencia, en este sentido, entre Uribe y Santos. Modelo que sigue incluyendo, vale decirlo, entre los productos de exportación, a la coca. Y ahora, todo ello por encima de la tan elogiada “economía naranja” que, junto con el “sector de las TIC”, no deja de ser un recurso publicitario.

 

¿Y es el crecimiento el principal problema?

 

Al decir ritmo de crecimiento, desde luego, se da por descontado que la economía siempre está en crecimiento y que lo importante de analizar son las “aceleraciones” o las “desaceleraciones”. El decrecimiento o disminución del nivel del PIB generado en un año con respecto al registrado el año anterior se suele descartar –aunque sí ocurre – como un hecho excepcional y espantoso. El crecimiento como “deber ser” es parte de la ideología corriente que acompaña a la teoría económica convencional. De ahí la gran dificultad que experimentan los organismos encargados de la producción de estadísticas a la hora de comprometerse con una cifra negativa. Se comprende entonces, fácilmente, el escándalo que se armó cuando el Gerente de nuestro Banco central se atrevió a hablar de “estancamiento”. Y seguramente nunca encontraremos un cero pero sí puede ser un porcentaje bastante exiguo que sería muy malo visto el desempeño reciente de la economía.

En efecto, si observamos la evolución del PIB, ahora según las Cuentas Nacionales Anuales (es decir la medición exhaustiva), entre el 2005 y 2017, encontramos varias cortas fluctuaciones (Ver Gráfico 2). La explicación es acorde en un todo con el modelo aludido atrás, es decir según los precios internacionales del petróleo, el carbón y el oro. Dos años extremadamente buenos, el 2006 y el 2007, culminación de un periodo de expansión que había arrancado, como en todo el continente, en el 2003, y uno “maravilloso” (crecimiento de 7.4%) en 2011, aunque, siendo justos, es sólo la recuperación de los impactos de la crisis mundial de 2008; recuperación que sólo le alcanzó a la economía colombiana para sobrellevar luego, con algunos años mediocres, el impacto de la brusca caída de los precios del petróleo. A partir de ahí las variaciones anuales son cada vez menores, en una clara desaceleración, hasta el catastrófico año de 2017 en el cual se calcula apenas un 1.4 por ciento. Como es bien sabido, en toda Latinoamérica se alude al “fin de la bonanza de las materias primas” y en consecuencia al “fin del modelo extractivista exportador”. Curiosamente, nuestro país parece ser uno de los pocos en donde las elites dominantes siguen insistiendo en la permanencia del modelo.

 

 

Interesante resulta analizar el comportamiento de las diferentes ramas de la actividad económica y su contribución al pobre resultado de 2017, porque ello nos muestra el tipo de economía que hoy tenemos3. A grandes rasgos: las actividades económicas que más contribuyen a este comportamiento son: administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y de servicios sociales; enseguida, comercio al por mayor y al por menor, reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento. Muy parecido a lo que acabamos de ver en el reporte trimestral. En ese año “agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca” creció 5,5 por ciento, en cambio son actividades económicas que contribuyen de forma negativa: explotación de minas y canteras que decreció 5,7 por ciento; e industrias manufactureras y construcción que decrecen 1,8 y 2,0 por ciento, respectivamente. Obviamente, si traemos otra vez a la memoria los resultados de la estimación de este primer trimestre de 2019, comprobaremos que la variación es menos mala gracias a la mejoría en estas últimas actividades. Pero ¿se sostendrá por más tiempo?
No nos apresuremos a responderlo. Es claro que con un sector de comercio y servicios englobado en la especulación financiera, cuyas principales instituciones siguen mostrando año tras año excelentes y desmesuradas ganancias, y la “ayuda” de una cierta “laxitud” en la elaboración de las estadísticas, bien puede ser posible que las cifras de los próximos años oscilen en torno al nivel que en Colombia se considera aceptable. Todo seguirá igual. Y téngase en cuenta que estas élites desvergonzadas están pensando con un horizonte ubicado en el 2030. Pero ¿nos sirve una simple línea de crecimiento como “deber ser”?

Dos argumentos nos permiten expresar algunas dudas bien fundadas. El primero es de orden empírico. Durante la “bonanza”, aunque muchos insisten en la disminución de la magnitud de la pobreza absoluta y la ampliación de la “clase media” es claro que la desigualdad se acentuó. La tasa de desempleo bajó ciertamente, pero nunca por debajo de 8 por ciento, lo cual es una vergüenza, y sumamente preocupante, dado que se había explotado al máximo la potencialidad económica del país. –La potencialidad en el marco de un cierto modelo capitalista, claro está–. Todo ello sin contar los impactos negativos ambientales, con la depredación y la contaminación, o sea la ruina de los ecosistemas.

De ahí que sea pertinente el segundo argumento, esta vez de orden teórico. Ya muchos han cuestionado estos modelos de crecimiento, incluso bajo la forma de modelos de desarrollo, ya no a partir de los ritmos de crecimiento y las pautas de distribución, sino por razones cualitativas. Algunos hablan, por eso, de “Posdesarrollo” para indicar la necesidad de un cambio completo de paradigma. Otros van aún más lejos en este cambio de paradigma que supondría el abandono del axioma del crecimiento como “deber ser”. La calidad de la estructura y la dinámica de la economía es lo que cuenta para garantizar un bienestar; no es necesario alcanzar cada año un nivel de producto interno bruto siempre superior; el imperativo obsesivo del crecimiento sólo sirve al ánimo de lucro. Crecimiento cero dicen algunos; “decrecimiento” dicen otros.

Aplicada a nuestros lares esta teoría podría indicarnos que si bien es cierto que, en principio, para la población que tiene Colombia sería necesaria una ampliación neta de la base productiva para poder sustentarla, también es cierto que lo importante sería el cambio de la estructura productiva, y sobre todo la edificación de un nuevo tipo de relaciones sociales que permitan no sólo la producción del conjunto de bienes y servicios que se necesitan sino su adecuada y equitativa distribución. No obstante, el problema no se resuelve en el refinamiento teórico sino en la acción política. Si las actuales elites se perpetúan en el poder y, en medio de su tranquilidad, ya tienen pensado hacerlo por lo menos hasta el 2030, la solución sólo puede venir de una fuerza social y política que sea capaz de interrumpir esta sórdida inercia.

1 Dane, Boletín Técnico PIB Trimestral . Ver: www.dane.gov.co
2 Ibídem.
3 Ver Dane, Cuentas Nacionales, grandes agregados. www.dane.gov.co

Publicado enEdición Nº258
Las advertencias del Banco de la República

El gerente del Banco de la República expresó su preocupación por la situación de la economía. Sus argumentos son válidos, y deben ser tenidos en cuenta. Los bancos centrales deben entender la política monetaria desde una perspectiva general, que incluya el empleo, los ingresos y, en general, la calidad de vida de las personas. La estabilidad macro requiere que haya coordinación entre el gobierno y el banco central. Las advertencias del gerente del Banco son un llamado a que la política económica actúe sobre los problemas estructurales de la economía.

El primer punto que preocupa es el lento ritmo de crecimiento del PIB. Durante el primer semestre de este año apenas fue de 2,8 por ciento. El aparato productivo se ha vuelto más frágil y dependiente de las fluctuaciones de los mercados internacionales. Es interesante constatar que el ritmo de crecimiento del PIB fue débil, incluso durante los años de las bonanzas del petróleo y de los minerales. Es clarísima la pérdida de importancia que ha tenido la agricultura y la industria. En la estructura del PIB, a partir del 2005 ganan espacio la minería, el comercio, las comunicaciones, las finanzas y la administración pública. Estas tendencias ponen en evidencia la dependencia de la economía de los productos primarios, del comercio y las finanzas. El crecimiento de la intermediación financiera y de los derivados ha sido significativo. No hay duda que la estructura de la producción se ha debilitado. A los bancos y a los intermediarios financieros les ha ido bien. En gran parte, porque la tasa de interés que cobran sigue muy alta. El costo de la intermediación es demasiado elevado.

Los hechos señalados están llevando a un aumento de la tasa de desempleo, que ha superado el 10 por ciento. En febrero de 2019 tal tasa fue de 11,8 por ciento. Y entre los empleados, casi la mitad es informal. Sin empleo no hay ingresos, y ello se traduce en un cambio en la tendencia de la pobreza, que en los dos últimos años comenzó a subir.

El gerente del banco central también expresa su preocupación por el aumento del déficit del sector externo. El déficit en cuenta corriente es de -4,6 por ciento del PIB, así que las importaciones siguen creciendo más que las exportaciones. La excesiva dependencia de la exportación de bienes primarios (petróleo, minerales, café, banano y flores), y el aumento de las importaciones ha llevado a descuidar el mercado interno, con impactos negativos en los sectores industrial y agropecuario. El daño estructural es evidente. Además, las zonas productoras de petróleo y minerales se han convertido en economías de enclave. Sus habitantes continúan teniendo pésimas condiciones de vida. El déficit externo muestra que la apertura de la economía ha sido “hacia adentro”. En lugar de que las bonanzas hayan servido para mejorar la productividad y la competitividad, Colombia continúa importando mucho más de lo que exporta.


Y la otra preocupación de Echavarría, el banquero central, es el déficit fiscal. El reiterado desequilibrio de las finanzas del gobierno se ha reflejado en un creciente endeudamiento. En el 2018 el saldo de la deuda pública continuó subiendo y llegó a 55,5 por ciento del PIB. El manejo de la política fiscal en Colombia ha tenido dos características. Por un lado, se insiste de manera reiterativa en reducir el gasto. En estos días el ministro Carrasquilla volvió a repetirlo. Este deseo ha sido reiterativo. Y, por otro lado, el énfasis en la reducción del gasto ha llevado a descuidar la tributación. Dada la dificultad de aumentar los impuestos, los gobiernos recurren a una fórmula facilista, que propone cerrar la brecha fiscal con un menor y más eficiente gasto público. Esta alternativa, que suena bien, no se ha cumplido, y la mejor muestra de ello es el aumento del saldo de la deuda pública.

En contra de lo que piensa Carrasquilla, la Comisión del Gasto mostró que el gasto público en Colombia es bajo cuando se compara con el de otros países de América Latina y, mucho más, cuando se compara con los países de la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Mientras que en Colombia el gasto del Gobierno Central Nacional es de 18,9 por ciento del PIB, en el promedio de la Ocde está en 36. El peso que tiene el gasto público en los países de la Ocde es el doble del de Colombia. La Comisión del Gasto concluyó que el gasto no se puede bajar. Por el contrario, es necesario aumentarlo pero con eficiencia. En opinión de la Comisión, la modernización del país implica un mayor y mejor gasto. Es contraproducente pretender reducir el déficit fiscal a través de recortes del gasto, dejando de lado la vía tributaria.

Los problemas señalados no son coyunturales, ya que reflejan daños fundamentales de la economía. No hay espacio para ser optimistas, porque el Plan de Desarrollo recién aprobado, no propone soluciones a estos problemas. A duras penas los menciona.

 

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14 de junio de 2019

Publicado enEdición Nº258
Colombia, estructura tributaria: Desigualdad en creciente

Un destello para la desmemoria. Durante las últimas décadas de historia en Colombia, la sociedad parece víctima del rayo “desneuralizador” que aparecía en la película de ciencia ficción “Hombres de negro”, el cual generaba una amnesia del pasado y obligaba a vivir la realidad del presente como si nada hubiese acontecido.

Vale la pena decir que, aunque este resplandor que borra los recuerdos puede ser visto en todos los aspectos de la vida nacional, para este caso incumbe con la economía nacional, basándonos para ello en el texto “Estructura Tributaria de Colombia en las últimas décadas” de Luis Jorge Garay Salamanca & Jorge Enrique Espitia Zamora.

 

Crónica de una reforma anunciada

 

Como es conocido –y sufrido–, las mayorías sobrellevamos un diario padecer: el dinero no alcanza para garantizarnos vida digna y la angustia de cómo vivir mejor es cotidiana. ¿Cómo lograrlo si cada día los impuestos nos afectan más?

Es una realidad que no es gratuita ni pretende, por parte de quienes diseñan y definen la política económica, el bienestar general, los mismos que son elegidos en cada jornada electoral con las promesas de superar la crisis económica y velar por mejorar las condiciones de vida de las mayorías.

 

 

Lemas como el de Juan Manuel Santos “Paz, equidad y educación” o el de Iván Duque “Menos impuestos y mejores salarios”, terminan siendo en la realidad ilusión para pescar incautos o simplemente mentira, pues quienes están detrás de las riendas del poder pertenecen a los sectores económicos financieros que buscan sus beneficios privados a costa de lo público, prolongando y/o profundizando con sus medidas económicas los indicadores que destacan a nuestro país en el mundo como uno de los más desiguales. Con sus medidas nunca pretenden reformas económicas para que aquellos que tienen más paguen en proporción a sus capitales, no, y contrario a toda lógica de justicia y bienestar colectivo lo que hacen es lo contrario: quienes menos tienen pagan más. Todo un despropósito.

Inconforme y cansada, nuestra sociedad pareciera no hilar ni entender la reforma tributaria que cada nuevo gobierno implementa, por lo general en su primer o segundo año de gobierno –cuando aún su popularidad no toca piso– y siempre queda “sorprendida” por las reformas y alzas económicas que el país padece entorno a los Impuestos Directos (Renta, Cree, Patrimonio y Riqueza) e Indirectos (IVA Interno, Gasolina y Consumo). Dos reformas tributarias –2016 y 2018– dan cuenta de esta desconexión entre reforma y gobierno.


Tributación en Colombia

 

La estructura tributaria vigente en el país, genera el ahondamiento y la profundización de la desigualdad social. Es así como en las últimas décadas puede verse que el funcionamiento tributario vigente entre nosotros brinda beneficios a los empresarios y capitales internacionales –denominados personas jurídicas– y por el contrario incrementa y endurece impuestos a la población entendida como personas naturales.

Desde la década de los 70 la política tributaria busca cerrar la brecha entre el impuesto de Renta y el IVA interno, pues los Ingresos Fiscales que el gobierno nacional recauda se fundan crecientemente en los Impuestos Indirectos, como el Impuesto al Valor Agregado (interno y externo), que en los últimos años aumentó más que el impuesto sobre la Renta. Una consecuencia grave de esto: mientras las mayorías pagan cada vez más impuestos, quienes más riquezas tienen pagan menos.

Veamos. Para el año 2017 la diferencia entre estos impuestos apenas se mantenía en 1.4 veces, representados en $ 31 billones –Impuestos Renta– y $ 22 billones –Impuestos indirectos–. Grave indicador teniendo en cuenta que durante la década del 70 se mantenía una relación superior a 4.3 (Ver gráfico 1). Quiere decir que en Colombia, como ya está dicho, se está llegando al punto que los que más tienen pagan menos impuestos por sus propiedades y recaudos económicos, mientras que los que menos tienen pagan más impuestos en su día a día –IVA, gasolina, consumo–, llegando casi a una igualdad de tributación entre ricos y pobres.

Para entender mejor lo anterior, es necesario tener presente que el Impuesto sobre la Renta representa cerca del 50 por ciento del recaudo fiscal del gobierno nacional, el cual se reúne sobre las personas naturales y las empresas –personas jurídicas–. Lo paradójico del asunto es que las políticas económicas y las últimas dos reformas tributarias implementadas en Colombia en vez de buscar soluciones para las mayorías beneficiaron a los empresarios y multinacionales, pues el discurso dominante insiste en que la reducción de impuestos –Tarifa Impositiva Nominal– a las personas jurídicas fomenta la inversión y la generación de empleo. Es así como las personas naturales deben pagar cada día más impuestos.
En cuestión del IVA también se benefician las empresas, pues cada vez se les reduce este impuesto, mientras que el conjunto de la sociedad debe pagarlo y vivir las consecuencias de las alzas entorno al consumo y otros aspectos (Ver recuadro IVA).

 

Beneficios para la tributación de empresas

 

Con la Ley de financiamiento –reforma tributaria gobierno Duque– aprobada en diciembre de 2018, se hacen cambios al Impuesto sobre la Renta y Complementarios de las Personas Jurídicas –empresas– en aspectos como Deducciones, Rentas Exentas y Tarifa General, estableciendo de esta manera una reducción del 33 al 30 por ciento de la Tarifa General durante el periodo 2019-2022. Así mismo, las “entidades del sector financiero que posean una renta igual o superior a los 120 mil UVT (Unidad Valor Tributario) deberán liquidar el impuesto a las tarifas del 37%, 35% y 34% para los años 2019, 2020 y 2021, respectivamente”1.

De igual manera “se extienden las deducciones a la totalidad de los Impuestos, Tasas y Contribuciones pagadas durante el año gravable. En el caso del Gravamen a los movimientos Financieros será deducible el 50% y en el del Impuesto de Industria y Comercio será deducible el 100% a partir de 2022, comenzando con el 50% en 2019”2.

Adicionalmente, hacen un descuento en la declaración de renta de las personas jurídicas más poderosas del país que llegó a ser de $496 mil millones para el 2017, multiplicando con esto el cúmulo de beneficios con que los favorece el Gobierno.
Tributación personas naturales*

El crecimiento promedio de los colombianos contribuyentes que aportaron al fisco entre los años 2000-2016 fue de un 11,8 por ciento, lo que es igual a casi 2 millones de personas. Este número no quiere decir que el nivel de adquisición económica creció y por eso cada vez aportan más colombiano, todo lo contrario, pues en el año 2000 los contribuyentes eran quienes ganaban alrededor de 5,6 millones de pesos al mes –hablando en pesos del 2018–, y en la actualidad quienes aportan son aquellas personas que ganan apenas 3,9 millones de pesos al mes (Ver Gráfico 2). Es decir, el hecho de que haya incrementado el número de contribuyentes al fisco no quiere decir que hayan aumentado los ingresos de la población, por el contrario, cada vez tienen que tributar personas con menores ingresos.

A esto debe sumarse que la Ley 1607 de 2012 redujo el monto de ingresos requeridos para declarar, pues “entre los años 2012 y 2013 se pasó de $106,1 millones a $37,5 millones”3.

 

Siguen profundizando la desigualdad

 

Esta pequeña parte de la tributación en Colombia deja entrever que lo que se está generando en la actualidad es la profundización de la desigualdad, pues quienes tienen más económicamente siempre salen beneficiados para la tributación de impuestos. ¡Injusticia! Las personas naturales cada vez se acercan más a la tributación de las personas jurídicas, ejemplo de esto es que las tributaciones entorno al Impuesto de Renta y complementarios realizados por las empresas apenas es 2,7 veces más que el correspondiente a las personas naturales. Palabras más, palabras menos, lo que estamos viviendo en este país es la profundización del neoliberalismo más salvaje, ofreciendo favores y beneficios a los ricos y grandes capitales internacionales que invierten –o pretenden invertir– acá.

Pese a todos estos beneficios los propietarios de los grandes capitales no están satisfechos. Es necesario mencionar que pese al favorecimiento que reciben las empresas y quienes más riquezas acumulan en sus bolsillos, la tasa de evasión promedio de impuestos se ubica en cerca del 39 por ciento. Esta realidad es crítica, pues cada vez es más evidente la alta concentración de la riqueza en Colombia. No hay que dejar pasar el dato de la Ocde que sostiene que en nuestro país para que una persona de la clase más baja ascienda a la clase media deben pasar alrededor de 11 generaciones, lo que implica alrededor de 250 años.


Este breve esbozo de las reformas tributarias implementando durante los últimos años en el país, dejan una cosa clara: no están cerrando la brecha de la desigualdad existente y aunque la tributación es progresiva, la distribución de los ingresos –luego de los impuestos– cada vez es peor, pues los recaudos fiscales del gobierno se sostienen desde los impuestos indirectos –como el IVA–, dejándole mayores beneficios a aquellos que realmente si deben tributar más.

Entre tanto las mayorías continúan rebuscándose el diario vivir o en algunos casos rebuscando para mantener lo poco que tienen. Sin duda, hay que “desneuralizar” la mente de las mayorías, para que veamos la realidad tal cual es, con su carga de pasado negativo y su proyección de futuro por construir, en este caso, a la medida de la imaginación y sueño de las mayorías.

 

* Es necesario decir que al analizar el tema de las personas naturales y jurídicas no se está diciendo que las primeras representan a los pobres y las segundas a los ricos, pues en lo denominado personas naturales se habla de personas con altos y bajos ingresos, de igual manera al hablar de personas jurídicas también se está hablando de pequeñas y grandes empresas.
1 Salamanca y Zamora, enero 2019, “Estructura Tributaria de Colombia en las últimas décadas”.
2 Ibídem.
3 Ibídem.

 


 

Recuadro

 

Impuesto al Valor Agregado (IVA)


Este impuesto tiene dos componentes el interno –consumo de productos de cualquier tipo, gasolina, etc– y el externo –que grava las importaciones–. En términos de recaudo este impuesto es el principal Indirecto en el país, pues su crecimiento ha logrado un recaudo en pesos corrientes de más de seis veces entre 1990 y 2017. Para el 2018 este impuesto llegó a ser el 6.3 por ciento del PIB. Actualmente el IVA Interno corresponde al 70 por ciento del recaudo y el Externo al 30 por ciento.

Publicado enEdición Nº258
Domingo, 30 Junio 2019 10:36

Jueces-robots en los tribunales

Jueces-robots en los tribunales
La Inteligencia Artificial (IA) en el mundo judicial dio pie al juez robot en Estonia, donde se maneja un proyecto piloto desde su Ministerio de Asuntos Económicos y la Comunicación para, por lo menos, tratar los pequeños asuntos que le toman mucho tiempo a la justicia.

Bruno Kalouaz (BK), de la agencia AFP, aborda cómo las maquinas de IA servirán para “apuntalar, incluso sustituir, a los magistrados, además de descongestionar los tribunales (bit.ly/2K4BP1V), lo cual ha provocado un intenso debate en Francia.

El estoniano Ott Veisberg se encuentra a cargo del proyecto piloto que debe arrancar a finales de 2019 o a principios de 2020 que provocará trémulos en el mundo ya que la maquina o juez (a)-robot se encargará de resolver asuntos cuyo litigio sea inferior a 7 mil euros (alrededor de 150 mil pesos mexicanos) y que forman parte de la justicia reparadora, como asuntos basados en hechos claros y contables: el exceso de velocidad, indemnizaciones de despidos, pensiones alimentarias, deudas.

En Estonia se prevén salvaguardas cuando alguien esté insatisfecho de la sentencia automática que podrá apelar y solicitar la sentencia de un magistrado humano.

El jurista y magistrado francés Antoine Garapon (AG) –coautor del libro La Justicia Digital ( amzn.to/2W2ZCXw)– favorece integrar la técnica para ayudar a los jueces, pero rechaza que la maquina sustituya a la justicia, por que no prolonga al cerebro humano.

AG advierte de la uniformización de la jurisprudencia que refuerza la posición mayoritaria, así como de sentencias que se apoyan únicamente en juicios añejos, sin tomar en cuenta el aire de los tiempos y las costumbres del momento, ya que el Internet le quita la dimensión de comparecencia que necesitan las personas. No hay que rechazar la IA que todavía se encuentra en su fase de inflación.

Adrien van den Branden, abogado de Bruselas y autor del libro Los robots al asalto de la justicia (amzn.to/2M5md0U), aduce que la IA puede ayudar al juez a ganar tiempo y a desconcentrar los tribunales, pero debe permanecer a cargo de su decisión.

BK cita a la abogada franco-canadiense Christiane Féral-Schuh, especialista de las nuevas tecnologías, quien es escéptica de la justicia predictiva, ya que se corre el riesgo de tratar simplemente con documentos y no con seres humanos cuando la justicia no es un servicio administrativo debido a que los números pueden alejar a los magistrados de la justicia.

La abogada parisina Marie-Aimée Peyron arremete contra los jueces-robots: son un peligro para la justicia, ya que carecen de humanidad; nada sustituirá al humano.

El problema es cuando se topa uno –en países poco desarrollados y carentes de tradición jurídica –con jueces venales que no tienen nada de humano, donde sería preferible el fallo automático de un robot inmune a las lubricaciones extra-judiciales.

Quizá en un inicio habría que experimentar en forma híbrida con los jueces-robots, en cierto tipo de países: dejando la justicia humana con sus venerables magistrados dictando sentencias de acuerdo a su capacidad/experiencia/conciencia, pero contrastando sus veredictos con la de los jueces-robots, aunque carezcan, en un inicio, de validez vinculante. Se hace camino al andar…

Tampoco se puede eliminar la ayuda que podrían aportar los jueces-robots como auxiliares de los magistrados para cotejar las sentencias.

Incluso, las Facultades de Derecho deberían operar con jueces-robots para contrastar, desde el punto de vista académico, las sentencias de los magistrados en el mundo real y calificar el desempeño humano con un ranking correlacionado.

Suena anómalo que las Facultades de Derecho se consagren únicamente a la teoría, que no pocas veces colisiona con la aplicación de la justicia en el mundo real, y que, lamentablemente en un país como México, es vulnerable a la repugnante y primitiva corrupción jurídica.

 

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Domingo, 30 Junio 2019 10:11

La pelotera del crecimiento económico

La pelotera del crecimiento económico

“Eso del estancamiento es paja”. Así respondió, públicamente, Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda, a su colega el gerente del Banco de la República Juan José Echavarría, quien se había atrevido a expresar, en la Convención anual de la Asobancaria, sus preocupaciones sobre la mala situación económica del país.

Semejante respuesta, más que descomedida, francamente grosera, no deja de sorprender pues ambos hacen parte del mismo círculo tecnocrático neoliberal. Sin embargo, es bien sabido que Carrasquilla es algo más: una combinación explosiva entre uribista ilustrado y negociante inescrupuloso. Ya el expresidente venía, desde hace rato, creando un clima de hostilidad hacia Echavarría a quien acusa de “santista”. Y en la misma línea, días atrás, Carrasquilla lo había confrontado a propósito de la tesis de “la polarización” como factor negativo para la economía.

La refutación, de todas maneras, es más bien débil. Echavarría, ni se ha excedido en sus competencias, ni lo que expresa es una simple opinión sin sustento. Mucho menos tiene que ver con una supuesta desconfianza en las cifras del Dane que parece ser la imagen recreada por el gobierno y los medios. Aunque no deja de llamar la atención esta intempestiva “defensa” del Dane en boca del Gobierno. ¡Explicación no pedida, acusación manifiesta! En todo caso, los comentarios del Gerente del Banco de la República sí han estado respaldados por cifras; junto a la tasa anual de crecimiento del PIB del primer trimestre del año –estimada por el Dane en 2.8% y descontando el efecto estacional en 2.3%– coloca otras cifras altamente preocupantes. Anteriormente, en otras oportunidades, ya había hecho serias advertencias sobre el rumbo de la economía colombiana: ”hay algo más; más allá de los fundamentales de la economía”.

Pero la discusión no es académica ni se trata de tomar partido por lo dicho por Echavarría: tiene una profunda implicación política. La prensa nos ha informado, en efecto, que los Ministros “cerraron filas en defensa del estado de la economía”. Evidentemente, detrás del crecimiento estimado, que de ninguna manera puede calificarse de bueno, se esconde una controversia sobre la dinámica subyacente, esto es, si se trata de “estancamiento”, o más bien de “recuperación” como argumentan quienes insisten en que veníamos de una situación peor. Esto es clave para la evaluación del gobierno Duque, no sólo porque ya casi completa su primer año sino porque está en juego la eficacia, en términos de incremento de la inversión y crecimiento económico, de la reducción de impuestos a las empresas aprobada en la reciente “ley de financiamiento” (reforma tributaria). Este es un dogma del fundamentalismo neoliberal que no se ha podido comprobar en ningún país.

Precisamente por eso, y porque lo único que se verá es la reducción de los recaudos en la tributación empresarial, es que Carrasquilla busca un mayor margen de maniobra en el manejo del gasto público, para lo cual obtuvo el pasado marzo una flexibilización de la regla fiscal. Por todo ello habrá que temer no tanto de la manipulación de las cifras del pasado como de la posible manipulación en las cifras que vendrán en lo que resta del año. La tentación es grande.

 

Luces y sombras de las cifras

 

El florero de Llorente parece ser, pues, la reciente divulgación realizada por el Dane de sus cálculos sobre el crecimiento del PIB en el primer trimestre del año. Crecimiento que puede calcularse como variación porcentual respecto a lo registrado en el primer trimestre de 2018, lo cual nos da una idea del ritmo de crecimiento anual de la economía, especialmente al compararlo con las variaciones análogas registradas anteriormente (ver gráfico 1). –Suponiendo, por supuesto, que el PIB es una buena medición del desempeño de la economía–. En esta ocaisón la cosa no pintaría tan mal pues 2.8 por ciento es mayor a lo registrado en los primeros trimestres anteriores desde 2015, aunque tampoco es para grandes celebraciones porque en el 2014 fue de 5.7 por ciento y en el 2012 de 5.9, y sobre todo porque la cifra siempre depende de cada punto de comparación. Si el nivel precedente es alto, hasta 1 por ciento es satisfactorio, pero si era muy bajo (y lo fue precisamente en este periodo de sucesivos malos resultados como se ve en el gráfico), crecer entre 2 y 3 no es gran cosa. A simple vista, claro está, la gráfica nos muestra que en comparación con el peor año que fue 2017 parece anunciarse una recuperación. Ahí es donde se atrinchera el Gobierno. ¡Y los gremios, téngase en cuenta!

 

Gráfico 1
PIB Producto Interno Bruto - 2019pr - 1 trimestre
Tasa de crecimiento anual

 

 

 

El punto de controversia que introduce Echavarría consiste en que si queremos apreciar verdaderamente el ritmo de crecimiento de la economía, o sea su tendencia, es necesario examinar esta serie cronológica pero ya ajustada eliminando la estacionalidad y los efectos indeseados de calendario. Implica un procesamiento estadístico que no podemos ni siquiera describir en este artículo pero sobre cuya utilidad basta constatar que es reconocida por todo el mundo académico. Y, en efecto, el propio Dane ofrece simultáneamente la serie ya corregida, o “desestacionalizada” como se acostumbra decir. La variación anual es entonces de sólo 2.3% lo cual sugiere (y es el argumento de Echavarría) que difícilmente se podría llegar al final del año a un crecimiento anual de 3.6 por ciento que es el pronóstico del gobierno, los gremios y los organismos internacionales. El ritmo no da para tanto. Sobre todo teniendo en cuenta que la comparación del primer trimestre con el cuarto del año pasado (comparación que en esta serie sí es válida) nos arroja un 0 por ciento (en rigor un decrecimiento de 0.01%). Es decir, se trata de un estancamiento.

 

La vulnerabilidad de la Estadística y el imperativo de la interpretación

 

Pero poco importa darle a ganar este round al gerente del Banco de la República. Aunque sí nos debería servir de advertencia acerca de las posibles manipulaciones cuando un gobierno se casa con unas cifras; es enorme la tentación de ajustarlas para que coincidan con lo que se está prometiendo. En el Marco Fiscal de Mediano Plazo que el Gobierno acaba de presentar se mantiene la meta de 3.6 por ciento. Carrasquilla ha dicho una y otra vez que nuestra economía tiene hoy el potencial de crecer al 4 por ciento anual.

Cabe aquí una anotación sobre algo poco mencionado en esta “pelea” cuyos comentaristas en los medios son tan malintencionados como ignorantes. El cálculo del PIB trimestral es tan sólo una estimación que sirve únicamente de orientación en la coyuntura. Las variaciones (que no valores absolutos) se obtienen, mediante un modelo, a partir de una selección de indicadores parciales y sectoriales tanto de la producción como del gasto. Un cambio en los indicadores o una nueva información pueden llevar a rehacer el cálculo de las variaciones. Es ahí donde ciertamente radica la posibilidad de la manipulación. Pero no es realmente significativo el simple hecho de que el Dane ofrezca varias versiones de la misma estadística (este trimestre aparece como provisional) que es lo que también parece haber suscitado el escándalo, ignorando deliberadamente que es lo más corriente, y universalmente aceptado. –De hecho, la información completa, pesada, de las Cuentas Nacionales tiene tres versiones, preliminar, provisional y definitiva, en un plazo de dos años después de terminado el año en consideración–. En realidad, de lo que se trata es de examinar el sentido que van marcando las nuevas versiones, lo cual, para Echavarría, en estas estimaciones trimestrales, es claramente hacia la baja y no hacia el alza.

En fin, lo verdaderamente importante para esta valoración tiene que ver con las fuentes del crecimiento que el Dane dice haber identificado. En sus propias palabras:

- “Comercio al por mayor y al por menor; reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento; alojamiento y servicios de comida crece 4,0%.
- Administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y servicios sociales crece 3,3%.
- Industrias manufactureras crece 2,9%”1.

Que las actividades de la administración pública se incluyan en la generación del valor agregado de la economía puede ser discutible, aunque generalmente aceptado, pero aquí lo que más llama la atención es el hecho de que explique buena parte del modesto crecimiento. Lo otro es comercio y servicios. No resulta muy tranquilizadora esta dependencia del sector terciario, pese a lo mucho que lo han elogiado en los últimos tiempos. Téngase en cuenta, en el mismo sentido, que el sector financiero crece un 5.5 por ciento En cambio, Industrias Manufactureras sólo se incluye por su importante participación en el PIB ya que otros sectores crecen un poco más, pero la serie desestacionalizada nos informa de una reducción de 1 por ciento respecto al cuarto trimestre. El sector agropecuario apenas sobrevive y la Construcción continúa desplomándose, con una disminución de 5.6 por ciento. Lo único que puede rescatarse es la recuperación de Minas y Canteras, evidentemente debida a las mejores condiciones en el mercado mundial del petróleo2.

En este orden de ideas, más allá de la cifra global en disputa, son muchos los interrogantes que se plantean respecto a lo que hemos llamado el ritmo de crecimiento. ¿De qué fuentes provendría ese crecimiento? ¿Qué capacidad multiplicadora tendrían? ¿Se orientan al mercado interno o a la exportación? ¿Qué solidez tendría su dinámica? ¿Es sostenible? ¿Podrían servir de sustento a una elevación del nivel de bienestar de la población? Hasta ahora lo que han dicho en todos los Ministerios y desde la dirección del Dane es que el panorama resulta promisorio porque se observa una buena dinámica en sectores claves como el ya mencionado del petróleo y la construcción de vías y otras obras civiles que, en contraste con la recesión en la edificación de viviendas, presenta una variación anual positiva de 8.8 por ciento. Es más, se supone que éste es un sector que en los próximos años va a servir de motor del conjunto de la economía gracias a la resolución de los problemas que tuvo para los cierres financieros (¡más la corrupción!) los cuales todavía se ven reflejados en las cifras.

En otras palabras, las ilusiones continúan afincadas en el mismo modelo de desarrollo capitalista que se instauró aquí por lo menos desde el comienzo del siglo XXI. Sin que se pueda establecer ninguna diferencia, en este sentido, entre Uribe y Santos. Modelo que sigue incluyendo, vale decirlo, entre los productos de exportación, a la coca. Y ahora, todo ello por encima de la tan elogiada “economía naranja” que, junto con el “sector de las TIC”, no deja de ser un recurso publicitario.

 

¿Y es el crecimiento el principal problema?

 

Al decir ritmo de crecimiento, desde luego, se da por descontado que la economía siempre está en crecimiento y que lo importante de analizar son las “aceleraciones” o las “desaceleraciones”. El decrecimiento o disminución del nivel del PIB generado en un año con respecto al registrado el año anterior se suele descartar –aunque sí ocurre – como un hecho excepcional y espantoso. El crecimiento como “deber ser” es parte de la ideología corriente que acompaña a la teoría económica convencional. De ahí la gran dificultad que experimentan los organismos encargados de la producción de estadísticas a la hora de comprometerse con una cifra negativa. Se comprende entonces, fácilmente, el escándalo que se armó cuando el Gerente de nuestro Banco central se atrevió a hablar de “estancamiento”. Y seguramente nunca encontraremos un cero pero sí puede ser un porcentaje bastante exiguo que sería muy malo visto el desempeño reciente de la economía.

En efecto, si observamos la evolución del PIB, ahora según las Cuentas Nacionales Anuales (es decir la medición exhaustiva), entre el 2005 y 2017, encontramos varias cortas fluctuaciones (Ver Gráfico 2). La explicación es acorde en un todo con el modelo aludido atrás, es decir según los precios internacionales del petróleo, el carbón y el oro. Dos años extremadamente buenos, el 2006 y el 2007, culminación de un periodo de expansión que había arrancado, como en todo el continente, en el 2003, y uno “maravilloso” (crecimiento de 7.4%) en 2011, aunque, siendo justos, es sólo la recuperación de los impactos de la crisis mundial de 2008; recuperación que sólo le alcanzó a la economía colombiana para sobrellevar luego, con algunos años mediocres, el impacto de la brusca caída de los precios del petróleo. A partir de ahí las variaciones anuales son cada vez menores, en una clara desaceleración, hasta el catastrófico año de 2017 en el cual se calcula apenas un 1.4 por ciento. Como es bien sabido, en toda Latinoamérica se alude al “fin de la bonanza de las materias primas” y en consecuencia al “fin del modelo extractivista exportador”. Curiosamente, nuestro país parece ser uno de los pocos en donde las elites dominantes siguen insistiendo en la permanencia del modelo.

 

 

Interesante resulta analizar el comportamiento de las diferentes ramas de la actividad económica y su contribución al pobre resultado de 2017, porque ello nos muestra el tipo de economía que hoy tenemos3. A grandes rasgos: las actividades económicas que más contribuyen a este comportamiento son: administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria; educación; actividades de atención de la salud humana y de servicios sociales; enseguida, comercio al por mayor y al por menor, reparación de vehículos automotores y motocicletas; transporte y almacenamiento. Muy parecido a lo que acabamos de ver en el reporte trimestral. En ese año “agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca” creció 5,5 por ciento, en cambio son actividades económicas que contribuyen de forma negativa: explotación de minas y canteras que decreció 5,7 por ciento; e industrias manufactureras y construcción que decrecen 1,8 y 2,0 por ciento, respectivamente. Obviamente, si traemos otra vez a la memoria los resultados de la estimación de este primer trimestre de 2019, comprobaremos que la variación es menos mala gracias a la mejoría en estas últimas actividades. Pero ¿se sostendrá por más tiempo?
No nos apresuremos a responderlo. Es claro que con un sector de comercio y servicios englobado en la especulación financiera, cuyas principales instituciones siguen mostrando año tras año excelentes y desmesuradas ganancias, y la “ayuda” de una cierta “laxitud” en la elaboración de las estadísticas, bien puede ser posible que las cifras de los próximos años oscilen en torno al nivel que en Colombia se considera aceptable. Todo seguirá igual. Y téngase en cuenta que estas élites desvergonzadas están pensando con un horizonte ubicado en el 2030. Pero ¿nos sirve una simple línea de crecimiento como “deber ser”?

Dos argumentos nos permiten expresar algunas dudas bien fundadas. El primero es de orden empírico. Durante la “bonanza”, aunque muchos insisten en la disminución de la magnitud de la pobreza absoluta y la ampliación de la “clase media” es claro que la desigualdad se acentuó. La tasa de desempleo bajó ciertamente, pero nunca por debajo de 8 por ciento, lo cual es una vergüenza, y sumamente preocupante, dado que se había explotado al máximo la potencialidad económica del país. –La potencialidad en el marco de un cierto modelo capitalista, claro está–. Todo ello sin contar los impactos negativos ambientales, con la depredación y la contaminación, o sea la ruina de los ecosistemas.

De ahí que sea pertinente el segundo argumento, esta vez de orden teórico. Ya muchos han cuestionado estos modelos de crecimiento, incluso bajo la forma de modelos de desarrollo, ya no a partir de los ritmos de crecimiento y las pautas de distribución, sino por razones cualitativas. Algunos hablan, por eso, de “Posdesarrollo” para indicar la necesidad de un cambio completo de paradigma. Otros van aún más lejos en este cambio de paradigma que supondría el abandono del axioma del crecimiento como “deber ser”. La calidad de la estructura y la dinámica de la economía es lo que cuenta para garantizar un bienestar; no es necesario alcanzar cada año un nivel de producto interno bruto siempre superior; el imperativo obsesivo del crecimiento sólo sirve al ánimo de lucro. Crecimiento cero dicen algunos; “decrecimiento” dicen otros.

Aplicada a nuestros lares esta teoría podría indicarnos que si bien es cierto que, en principio, para la población que tiene Colombia sería necesaria una ampliación neta de la base productiva para poder sustentarla, también es cierto que lo importante sería el cambio de la estructura productiva, y sobre todo la edificación de un nuevo tipo de relaciones sociales que permitan no sólo la producción del conjunto de bienes y servicios que se necesitan sino su adecuada y equitativa distribución. No obstante, el problema no se resuelve en el refinamiento teórico sino en la acción política. Si las actuales elites se perpetúan en el poder y, en medio de su tranquilidad, ya tienen pensado hacerlo por lo menos hasta el 2030, la solución sólo puede venir de una fuerza social y política que sea capaz de interrumpir esta sórdida inercia.

1 Dane, Boletín Técnico PIB Trimestral . Ver: www.dane.gov.co
2 Ibídem.
3 Ver Dane, Cuentas Nacionales, grandes agregados. www.dane.gov.co

Publicado enColombia
Cómo Israel planea concretar su anexión de Cisjordania

En la mayor parte de la Cisjordania ocupada ya hay una situación de anexión de facto. Casi dos tercios del territorio palestino, incluyendo la mayoría de sus tierras más fértiles y ricas en recursos, están bajo completo control de Israel. Cerca de 400 mil colonos judíos que viven allí disfrutan la totalidad de los derechos y privilegios de los ciudadanos israelíes.

 

Al menos 60 dispositivos legales ya fueron preparadas por miembros de derecha del parlamento de Israel durante la última legislatura para pasar de un estado de anexión de facto a uno de jure, de acuerdo a la base de datos de Yesh Din, un grupo israelí de derechos humanos. Yesh Din apunta que el solo hecho de que algunos de estos borradores hayan sido presentados como leyes constituye una forma de anexión: “el parlamento de Israel se considera (ahora) a sí mismo como la autoridad legislativa y el soberano de Cisjordania”.

Paradójicamente, el primer ministro, Biniamin Netaniahu, se opuso a muchos de esos proyectos de ley, aunque fueron redactados por su propia coalición de gobierno. Netaniahu argumentó que sería equivocado adelantarse al proceso de paz del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo que de por sí implica que la anexión es una prioridad en la agenda. Detalles filtrados sugieren que Washington se prepara a dar luz verde a la anexión formal de al menos un trozo de ese territorio como parte de su acuerdo, aunque las dificultades políticas de Netaniahu y su decisión de convocar otra elección en setiembre podrían poner otra vez algunos detalles en el freezer.

EL ANTECEDENTE DEL GOLÁN.

Tres acontecimientos recientes también han puesto sobre la mesa la anexión de parte o de toda Cisjordania por Israel. En marzo, el presidente de Estados Unidos reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, capturados a Siria durante la guerra de 1967 y anexados a Israel en 1981 violando el derecho internacional. Esa decisión de Estados Unidos sugiere un precedente de cómo podría aprobarse la anexión de Cisjordania.

En abril, en la previa a las elecciones generales israelíes, Netaniahu dijo que usaría la próxima legislatura para “extender la soberanía” a todos los asentamientos judíos en Cisjordania. “Extender la soberanía” es una expresión que los políticos israelíes prefieren a la palabra “anexión”. Cerca de 400 mil colonos viven en ese territorio en 150 asentamientos oficiales y en otros 120 puestos de avanzada “no autorizados” que han sido patrocinados de manera encubierta por el Estado israelí desde la década del 90. Estos asentamientos tienen jurisdicción sobre un 42 por ciento del territorio de Cisjordania.

A comienzos de junio el embajador estadounidense en Israel, David Friedman, un partidario incondicional de los asentamientos y uno de los arquitectos del supuesto “acuerdo del siglo” de Trump, dijo a The New York Times que para él Israel estaba “del lado de Dios”, y agregó: “Bajo ciertas circunstancias, pienso que Israel tiene el derecho de retener parte –aunque es poco probable que la totalidad– de Cisjordania”.

CRECE EL APOYO EN ISRAEL.

En Israel el apoyo a la anexión está creciendo. En una encuesta reciente se detectó un 42 por ciento a favor de distintas opciones de esta, en oposición al 34 por ciento que respalda una solución de dos estados. Sólo un 28 por ciento de los israelíes rechaza la anexión explícitamente.

Tras bambalinas, los debates sobre anexar formalmente los territorios palestinos abundan en Israel desde que este país ocupó Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza en 1967. Los sucesivos gobiernos israelíes, sin embargo, han puesto objeciones a una decisión de ese tipo, en vista de que habría fuertes objeciones internacionales (la mayoría de los miembros de la Onu se opondría a la anexión de un territorio que el derecho internacional reconoce como ocupado de forma ilegal), y que Israel se vería presionado a darles la ciudadanía a los palestinos de las áreas anexadas, incluyendo el derecho a votar, lo que minaría su mayoría judía.

Veteranos de la alta política israelí, como Moshe Dayan e Yigal Allon, estuvieron entre los primeros en proponer la anexión de partes de Cisjordania. Proyectaron mapas para un programa de asentamiento permanente que permitiría a Israel quedarse con porciones de Cisjordania, en especial con las tierras más fértiles y los acuíferos. Desde fines de los setenta y durante los ochenta una funcionaria del Ministerio de Justicia, Plia Albeck, declaró “tierra estatal” extensas áreas de Cisjordania, lo que permitió que el gobierno las trate como partes de Israel y que se construyan asentamientos allí.

MULTAS DE TRÁNSITO Y COMISARÍAS.

Israel no sólo ha aplicado sus leyes sobre los colonos, sino que docenas de delegaciones policiales ubicadas en Cisjordania operan como si el territorio ya hubiera sido anexado, cobrando multas de tránsito y controlando otras infracciones de los palestinos. En materia legal, el último recurso para los palestinos es la Suprema Corte de Israel. En 2011 esa corte decidió que Israel tenía permitido explotar más de una docena de canteras, uno de los recursos clave de los palestinos, en el entendido de que la ocupación se había convertido en “prolongada”. Evidentemente fue una sentencia que trató a Cisjordania como si hubiera sido anexada de facto.

Desde los acuerdos de Oslo los líderes israelíes tienden a comprometerse de la boca para afuera con la creación de un Estado palestino, que surgiría en algún futuro lejano. Pero en la práctica han alentado la rápida expansión de los asentamientos. Esta política es a veces denominada “anexión progresiva”. La derecha israelí ha propuesto un número de variantes, desde la anexión de todos los territorios palestinos, incluida Gaza, hasta una anexión limitada a ciertas áreas de Cisjordania.

CÓMO OSLO DIO EL CONTROL A ISRAEL.

El principal marco para el debate israelí sobre la anexión es el proceso de paz de Oslo, que dividió temporalmente la Cisjordania ocupada en las áreas A, B y C, como preludio –se consideró– a una eventual transferencia de soberanía a la Autoridad Palestina. El área C, 62 por ciento de Cisjordania, está bajo completo control israelí y es donde están ubicados los asentamientos. Es también donde se encuentra la mayoría de los recursos hídricos, agrícolas y minerales. El área B, un 20 por ciento, está bajo control de la seguridad israelí, mientras las autoridades civiles son palestinas. Y el área A (más que nada espacios palestinos edificados en el 18 por ciento de Cisjordania) está, nominalmente, bajo completo control palestino.

La opción preferida por la mayoría del Likud de Netaniahu es la anexión de las áreas pobladas con colonos, alrededor de un 40 por ciento de Cisjordania, en su mayoría territorios localizados en el área C. Esta opción mantendría a los palestinos de Cisjordania fuera de las áreas anexadas y haría más fácil evitar tener que darles cualquier derecho de residencia o ciudadanía. La Autoridad Palestina tendría “autonomía limitada” –una suerte de rol municipal glorificado– sobre los restantes fragmentos de Cisjordania.

A la derecha del Likud las opiniones varían desde anexar toda el área C hasta incluir toda Cisjordania y la Franja de Gaza, hasta la creación de bantustanes palestinos a la manera del sistema de apartheid de Sudáfrica. Algunos proponen un método según el cual Israel iría incorporando gradualmente “rebanadas” de Cisjordania.

La centroizquierda israelí teme que la anexión formal no sólo violará el derecho internacional, sino que además dañará la imagen de Israel en el exterior, al alentar comparaciones con la Sudáfrica del apartheid. En ausencia de un Estado palestino, una minoría judía podría pronto gobernar sobre una mayoría de palestinos. Este sector del espectro político israelí también está preocupado por los costos de la anexión. Comandantes por la Seguridad de Israel, un grupo de oficiales de seguridad retirados, argumenta que la anexión conducirá al inevitable colapso de la Autoridad Palestina. Como resultado, cree que Israel incurriría en costos anuales de entre 2.300 y 14.500 millones de dólares, dependiendo de la extensión del área anexada. También habría una pérdida de 2.500 millones de dólares en inversiones extranjeras. Los levantamientos palestinos podrían costarle hasta 21.000 millones de dólares a la economía de Israel.

Economistas de derecha, como Amatzia Samkai, del Caucus por Eretz Israel, dicen, sin embargo, que su país se beneficiará económicamente. Si se anexa el área C, sólo un pequeño número de palestinos tendrá derecho a políticas sociales israelíes, afirma Samkai. Las pérdidas, agrega, pueden ser más que compensadas por una fuerza laboral ampliada y una caída en los costos inmobiliarios luego de que Cisjordania quede disponible para la industria de la construcción israelí.

por Jonathan Cook. Periodista independiente británico, residente en Nazaret y autor de varios libros sobre el conflicto israelí-palestino. Publicado por Middle East Eye el 18-VI-19. Brecha publica fragmentos (titulación también de Brecha).

27 junio, 2019

 

 

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¿Ganará Trump otra vez? Lo que dicen las encuestas y la experiencia

El modo más exitoso de predecir el resultado en EEUU se ha basado en dos variables: si el candidato era ya el presidente y el estado de la economía del país

La última vez que un presidente fue reelegido con una aprobación por debajo del 48% fue en 1952, pero los datos económicos son muy buenos

La mayoría de los votantes no pulsa "refrescar" cada cinco minutos en The New York Times para leer indignados la última barbaridad que ha dicho el presidente, pero sí su cuenta corriente

 

 

 Donald Trump arrancó anoche su campaña para la reelección con un mitin multitudinario en un estadio de la NBA. No había mucho suspense sobre su decisión de presentarse porque siempre había dicho que quería quedarse ocho años, pero la gran incógnita sigue abierta: ¿le darán los votantes la oportunidad de repetir? Vamos a por los datos.

Trump tiene el viento a favor

Hay una dura realidad: un presidente que se presenta a la reelección casi siempre gana, eso es estadísticamente cierto. Hace ya 30 años desde la última vez que un presidente perdió sus segundas elecciones y, en el último siglo, solamente cuatro personas han perdido unas elecciones viviendo en la Casa Blanca. Así que Trump, solo por eso, ya tiene ventaja. Durante las últimas décadas, el modo más exitoso de predecir el resultado en EEUU se ha basado en dos variables: si el candidato era ya el presidente y el estado de la economía del país. Y en lo de la economía, también a Trump le va bien.

Hay que asumir que la gran mayoría de los votantes estadounidenses no están pulsando "refrescar" cada cinco minutos en The New York Times para leer indignados la última barbaridad que ha dicho el presidente. De hecho, la gente que decide las elecciones no suele leer The New York Times, pero sí que lee muy habitualmente el extracto de su cuenta corriente. Y la economía estadounidense de la era Trump va como un tiro: el paro está en el 3,6%, el más bajo de los últimos 50 años. Wall Street, donde medio país tiene invertido el dinero de su futura jubilación, ha subido un 33% desde el día en que tomó posesión. Y para encontrar un momento de mayor crecimiento económico, hay que viajar dos décadas al pasado. Por supuesto, se puede argumentar que todo esto no es obra suya o que hay nubarrones en el futuro por su guerra comercial contra China, pero de nuevo debemos recordar que la mayoría de los votantes no profundiza tanto. ¿Con Trump vivimos bien? Con Trump vivimos bien.

¿Qué dicen las encuestas?

Las encuestas dicen muchas cosas y todas hay que mirarlas con cautela. Empecemos por la popularidad de Trump, por su nivel de aprobación: en el último año, las cifras se han mantenido bastante estables y podemos decir que algo más de la mitad de la gente le da un suspenso, mientras que entorno al 40% le aprueban ¿Qué significa esto? Pues pinta un mal panorama para Trump, porque la última vez que un presidente fue reelegido con una aprobación por debajo del 48% fue en... 1952. Además si miramos a los 'match-ups', es decir, las encuestas que miden cómo lo haría Trump en una elección frente a cada uno de los candidatos demócratas a sucederle, vemos que pierde con casi todos ¿Eso quiere decir que ya está muerto y enterrado? No, nada de eso.

Para empezar, es todavía muy pronto. Queda casi año y medio para las elecciones y, a estas alturas de la película, en su día Obama era un perfecto desconocido y Trump poco más que un chiste. La inmensa mayoría de los votantes no ha empezado a prestar atención y en las encuestas brillan los nombres más conocidos. Además, y esto es enormemente importante, Trump todavía no tiene un rival. Es prácticamente seguro que él será el candidato republicano, pero los demócratas aún tienen que elegir en primarias entre una veintena de aspirantes que quieren enfrentarse al presidente en noviembre de 2020. Si en algo es bueno Trump, es en definir a sus adversarios: les pone motes, les provoca, explota sus puntos débiles... Aún no ha lanzado todo su arsenal contra uno de ellos porque no sabe todavía con quién se las verá, pero es seguro que el elegido sufrirá más en las encuestas cuando lleve encima el peso de la candidatura demócrata.

Una oposición dividida y una base sólida

Los republicanos llevan una década a la greña: una batalla cruenta de radicales contra moderados en la que, una y otra vez, los radicales de ayer acaban por convertirse en los moderados de hoy. El punto de mayor violencia se produjo en las elecciones de 2016 que ganó Trump, cuando buena parte del establishment del partido rechazaba abierta o soterradamente a su candidato. Sin embargo, eso se acabó. La victoria de Trump es total, el partido es suyo.

En torno al 90% de los republicanos aprueban la gestión del presidente y un 96% de los estadounidenses que le votaron no se arrepienten de haberlo hecho. Eso es una base sólida de cara a las próximas elecciones y, lo que es más importante, bien repartida geográficamente. Recordemos que las elecciones en EEUU no las gana el que saca más votos, sino el que logra la mayoría en un complicado sistema que beneficia a los estados con menos población. Hillary Clinton logró unos tres millones más de votos pero, si los demócratas no logran arrebatar a Trump la victoria en al menos tres estados medianos, podrían estar otros cuatro años llorando amargamente por el sistema electoral.

Los demócratas, al contrario que los republicanos, llegan a estas elecciones mucho más divididos que de costumbre. En lugar de tener dos o tres candidatos fuertes en primarias como ha sucedido en las últimas décadas, esta vez tienen que elegir entre 23 personas. Y aunque el partido está unido en su rechazo a Trump, surgen diferencias entorno a cómo lograrlo (impeachment sí, impeachment no) y también sobre si electoralmente es mejor el giro al centro o proponer medidas más izquierdistas.

En resumen: ¿ganará Trump otra vez?

Es imposible saberlo, pero tiene más posibilidades de las que uno diría a primera vista cuando le ve ir de escándalo en escándalo. A pesar de todos sus defectos, Trump fue un gran candidato y tiene una conexión profunda con muchos de sus votantes. Si a esto le sumamos la buena marcha de la economía y el simple hecho de que EEUU suele reelegir a sus presidentes, hay que andarse con cuidado de aquí al 3 de noviembre de 2020.

 

Por Carlos Hernández-Echevarría

19/06/2019 - 09:26h

 

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Experimento en Japón: la fatiga del capitalismo

Hace dos días concluyó la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del Grupo de los 20 (G20). La reunión se llevó a cabo en Fukuoka, Japón, excelente localidad para ese tipo de reuniones. Después de todo, Japón podría ser catalogado como el mejor laboratorio para economías capitalistas avanzadas. Y si el experimento japonés, que ya dura unos 30 años, nos dice algo, es que la fatiga del capitalismo conduce al estancamiento.


Hace 30 años colapsó el mercado de bienes raíces en Japón. Los precios de casas, locales y terrenos habían estado aumentando de manera acelerada, pero a finales de la década de 1980 la burbuja reventó y la economía japonesa entró en crisis deflacionaria. A lo largo de los años 1990 se comenzó a hablar de la década perdida de ese país, pero la situación de estancamiento se ha mantenido durante tres décadas. Para tratar de revertir la situación, las autoridades japonesas han intentado todo, desde estímulos fiscales hasta política monetaria no convencional. De hecho, Japón fue el primer país en introducir la flexibilización cuantitativa en la política monetaria. A pesar que el primer ministro, Shinzo Abe, ha tratado de combinar políticas macroeconómicas de corte keynesiano con medidas típicas del neoliberalismo, el resultado ha sido el mismo y la economía japonesa se ha mantenido en estado letárgico.


Ya es casi un lugar común señalar que algo parecido ha comenzado a ocurrir en las economías capitalistas desarrolladas. El comunicado final de la reunión de ministros de finanzas en Fukuoka señala que los indicadores sugieren que hacia finales del año el crecimiento de la economía mundial podría estar estabilizándose. Los mercaderes de ilusiones que escriben estos comunicados son unos magos cuando se trata de recurrir a eufemismos. Estabilizar es una bonita palabra. Cuando se está saliendo de una crisis, estabilizarse puede ser una buena noticia. Pero esa palabra puede decir muchas otras cosas. Por ejemplo, en este contexto sería más apropiado interpretarla en sentido negativo: la expansión está frenándose y los nubarrones amenazan con desatar una recesión.


Las principales economías del G20 muestran claros síntomas de perder impulso. Por ejemplo, China ya tiene la tasa de crecimiento más baja (6.2 por ciento) de los últimos 10 años. La tendencia declinante del comercio internacional no es una buena señal para la economía del gigante asiático.


Alemania experimenta ya una caída en sus exportaciones, y en 2018 su tasa de crecimiento (1.5 por ciento) fue la más baja desde 2013. Para 2019 se pronostica una tasa de expansión de 0.6 por ciento. Definitivamente, el estancamiento económico se ha instalado en la economía más fuerte de la eurozona.


La economía de Estados Unidos mantiene una expansión positiva récord, que arrancó desde que se inició la recuperación en 2009. Pero los ciclos no duran para siempre y hoy se multiplican los síntomas de que ese periodo de expansión está a punto de concluir. Por cierto, si alguien menciona que la tasa de desempleo es baja (3.8 por ciento) hay que recordarle que ese indicador siempre ha mantenido un nivel muy bajo justo antes de que comience una recesión. La Reserva Federal ya dio marcha atrás en su programa de normalización de las tasas de interés para combatir la ralentización.


Las perspectivas de endurecimiento de la guerra comercial con China no ayudan a mejorar el panorama. La rivalidad por la hegemonía no se va a detener. La guerra de los aranceles con China no busca corregir un desequilibrio comercial. Washington (y no sólo Trump) quiere doblegar a su adversario y obligarlo a abandonar su estrategia de desarrollo industrial, científico y tecnológico. Eso no lo va a poder hacer, así que la guerra comercial promete recrudecerse. Eso va a perturbar gravemente la economía mundial.


Por cierto, uno de los rasgos característicos de las economías capitalistas desarrolladas es el envejecimiento de su población. Además de presentar un problema macroeconómico por el lado del financiamiento de la seguridad social, eso conlleva un lento crecimiento. Es difícil para una economía crecer rápidamente cuando su fuerza de trabajo se expande muy lentamente. En los años 1970 la fuerza de trabajo en Estados Unidos crecía a 2.6 por ciento, y hoy apenas alcanza 0.2 por ciento. Los flujos de migrantes son clave para mantener la tasa de crecimiento de las economías capitalistas avanzadas. En la medida en que hoy se arremete contra los flujos de migración, se está garantizando la ralentización de la economía mañana.


Después del frenesí de la globalización neoliberal, la economía capitalista mundial podría estar adentrándose en una trayectoria similar a la de Japón en los últimos tres decenios. Las consecuencias serán muy graves, pues significa que la promesa de que el capitalismo puede seguir mejorando el nivel de vida de las grandes masas no se va a materializar. El desencanto político de grandes segmentos de la población va a incrementarse.


Twitter: @anadaloficial

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La tecnología 5G, herramienta estratégica para los países

La preponderancia económica para este siglo parte del desarrollo de las telecomunicaciones, en particular de la 5G –quinta generación de tecnología móvil. La amplitud de esta herramienta va de la automatización de procesos en las manufacturas, el campo, la explotación petrolera y los procedimientos médicos, a algunos servicios.

"Es un conjunto de tecnología que va a ser una herramienta estratégica para los países. Será la base para la cuarta transformación industrial, la conectividad hipermasiva, omnipresente. La visión de consenso en la producción", sostuvo en entrevista Alejando Adamowicz, director de tecnología de la Asociación GSM.

Su cualidad es que no sólo implica "un salto de velocidad" en los desarrollos que hay a la fecha, sino también tiene baja latencia –lo que tarda la señal en ir de un punto a otro– y alta confiabilidad. Respuestas de red en un milisegundo, que implicarían una ‘comunicación’ entre las máquinas equiparable con la velocidad de intervención del pensamiento humano.

"Eso (la latencia) es irrelevante si lo que quieres es enviar un mensaje de texto. Si llega un segundo tarde es irrelevante, dos segundos tarde no pasa nada. Pero si quieres hacer una aplicación para controlar un proceso industrial o un vínculo conectado tiene que tener una capacidad de respuesta compatible con el cerebro humano", explicó.

Los esbozos hasta ahora más avanzados son los vehículos autónomos. La capacidad de las máquinas para frenar en seco si una persona atraviesa, si lo hace otro auto o hay un obstáculo. En el campo, cuando se quiere hacer control de cultivos para saber cuándo sembrar y cuándo cosechar. Eventualmente en la industria petrolera, cuando se está controlando una máquina perforadora que está a 500 kilómetros.

Todo ello es "la toma de decisiones en tiempo real. Para eso necesitas una red que sea ultraconfiable" y que responda en milisegundos, explica el investigador.

Pero también una de las características más importantes de la tecnología 5G es su masividad, qué tantos dispositivos (cámaras inteligentes, teléfonos, sensores de movimiento) pueden estar conectados al mismo tiempo. Lo que se conoce como el Internet de las cosas (OiT, por sus siglas en inglés), la capacidad de transferir datos entre máquinas sin requerir la intervención humana.

"Es cierto que hay Internet de las cosas desde la segunda generación (de tecnología móvil). No es algo nuevo, pero lo que trae la 5G es masividad. Podrán conectarse hasta un millón de dispositivos por kilómetro cuadrado. Eso aún no es posible", expresa.

El tecnólogo explicó que por ahora es un desarrollo en ciernes. Para 2025 se estima que 15 por ciento de la conectividad a escala mundial se realizará por medio de ella, y en América Latina dicho cálculo llega apenas a 8 por ciento. Además, 5G no implicará una erosión de las tecnologías anteriores. Primero, porque es costoso. Segundo, porque hasta ahora, para las personas en actividades cotidianas, 4G es suficiente y en la región aún existen brechas de cobertura en este último.

"Desde la ecuación económica, los operadores, que son quienes intervienen en esto, deben identificar si hay negocio o no". Así que no se estima que su despliegue o se llegue a las narrativas futuristas para este primer tramo del siglo. "Sí vamos a ver lanzamientos, pero no masivamente en los próximos cinco años", declaró.

Desempleo tecnológico

Adamowicz admitió que como todo cambio relevante en los medios de producción, la incursión masiva de la tecnología implicará el desempleo tecnológico en sectores menos capacitados.

"La inteligencia artificial no va a desplazar a las personas. Por supuesto, en ciertos trabajos repetitivos sí. Eso ocurrió también cuando la máquina de vapor remplazó los carruajes. Lo que vamos a ver es un cambio en la demanda del empleo", advirtió.

Con rezago en la región, que también arrastra desempleados de otros cambios en los procesos productivos, admitió que la capacitación todavía se ve lejana.

“Vamos un poco más tarde que los países centrales, como siempre, pero hay una ventaja ahí (…) El estar en la segunda ola te permite aprender y quedarte con las mejores prácticas”, expresó.

Si bien ahora estamos atrás, la condición demográfica de la región, con una población joven y un bono demográfico que aún es más relevante que en otros lugares, garantiza un bloque de "nativos ultradigitales y si hay buenas políticas públicas es muy probable que Latinoamérica tenga una buena oportunidad hacia 2030", apuntó.

Adicionalmente, el tema de la educación formal perderá peso si se toma en cuenta que una vez que se garantice la conectividad ello implicará el aprendizaje autodidacta. “Obviamente tendrá que haber otras cosas, como que haya acceso, y por eso tenemos que insistir mucho en la inclusión digital. Es muy importante. Porque si hay, eso baja las barreras de la educación. Una persona en un lugar remoto tiene las mismas oportunidades de acceder a una educación de calidad que quien está en la Ciudad de México.

"Por eso no es cuestión económica. La cobertura de tecnología digital iguala oportunidades. Por ello es fundamental nivelarlas", concluyó.

 

Viernes, 07 Junio 2019 06:02

Se abre el telón en El Salvador

Se abre el telón en El Salvador

El pasado sábado 1º de junio fue la toma de posesión del nuevo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien se estrenó con un discurso cortito, lleno de guiños personales, pero frágil, ingrávido, y que no deja de causar un poco de miedo. Sí, miedo, porque los problemas que este país tiene son horribles y una gestión política, que arranca con la mesa limpia, debe agarrar el toro por las astas.

Que el discurso haya sido escueto no es el problema, de hecho ahí está el maravilloso cuento "El dinosaurio" de Tito Monterroso para disipar dudas, puesto que todo sigue allí. Lo preocupante es que estos asuntos públicos urgentes –en el país del poeta Roque Dalton inmolado en 1975– exigen exposiciones de motivos inobjetables, porque de otra manera, como de algún modo lo insinuó el mismo Bukele en su comparecencia, quizás un desencanto más ya no lo aguante la paciente ciudadanía salvadoreña.


Moverse en el filo de la navaja, tal y como lo viene haciendo El Salvador desde hace muchos años –y no hay exageración en esto porque es casi literal– ha causado graves estragos para la convivencia ciudadana.


La Policía Nacional Civil, uno de los resultados más notables y esperanzadores de la negociación estratégica que puso fin a la guerra civil en 1992, es ahora un estropajo ensangrentado. Ha sido corroída por la corrupción, infiltrada por el crimen organizado y de ribete ha sido lanzada al combate frontal contra las pandillas, casi como el último recurso para contener este fenómeno social de cobertura nacional, guadaña macabra que todos los días descuaja vidas de compatriotas.


Dirigentes políticos tradicionales, diputados, personeros de organismos internacionales y funcionarios de los gobiernos anteriores al parecer no han logrado comprender que no se trata de un problema de inseguridad, categoría que da poca cuenta de la compleja realidad de este país. El problema es de convivencia social. Por asumir la premisa de la inseguridad el país se ha inundado del negocio de las agencias de seguridad privada (para proteger bienes estatales, empresas privadas y hasta desarrollos urbanísticos), y del negocio de la video vigilancia que se promociona como panacea.


El giro estratégico habría que hacerlo a partir de la noción de reconstitución del tejido social. Empero, esto será apenas propósito vano si se cree que la intervención en los territorios, ahora bajo control, asedio y presión de las redes pandilleriles, será efectiva si el aparato gubernamental se vuelca allí. Es un paso importante, pero un diseño de ese tipo deja por fuera a otros actores clave, tal vez con menos recursos, pero de mayor impronta en el imaginario colectivo. Hay que pasar de reparar cositas a reconstituir escenarios económicos, sociales, culturales y hasta político-organizativos.


En este punto, el flamante gobierno encabezado por Nayib Bukele se juega su destino. Se ha ensayado ya bastante, y mal, porque se ha creído que hay un buen camino y un mal camino, y que el éxito está en atraer al buen camino a los jóvenes extraviados en el mal camino. Si las cosas del mundo fueran así, las soluciones estarían a la vuelta de la esquina.


A la par de esto, el nuevo gobierno deberá ingeniárselas para desatar, fomentar y facilitar dinámicas de actividad económica que impacten sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto. Otra perspectiva será de poca ayuda. Sin embargo, esas nuevas dinámicas gestoras de otro rumbo económico chocan desde el arranque mismo con los seculares desequilibrios estructurales salvadoreños, que, de no atenderse al menos los que tienen que ver con el modelo productivo (no el modo de producción, que son palabras mayores), el déficit de la balanza comercial seguirá delatando con nitidez: 5904.5 millones de dólares (exportaciones) frente a 11.725.8 millones de dólares (importaciones). Si en esto no hay cambios apreciables, equivaldrá a seguir hablando de nada y el futuro de El Salvador seguirá sombrío.


Los dos grandes asuntos anteriores –convivencia y economía– deberán despegar con cierto éxito o al menos con algún ímpetu que permita atisbar algo distinto, para que temas como el de la prioridad nacional de la primera infancia, que traería la paz social a El Salvador, puedan realizarse.
Y paremos de contar. Por ahora.

Jaime Barba, de REGION Centro de Investigaciones de El Salvador.

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