ACTUALIDAD

Trump rechaza parar la economía y endurece sus...
Preocupado por la incidencia electoral de la epidemia, el presidente estadounidense ha decidido no parar la economía pese a los graves riesgos que implica. Al mismo tiempo pone precio a la cabeza de Nicolás Maduro y agudiza el estrangulamiento de Irán, el país más afectado de la región por el... Leer Más
Medidas sanitarias, Estado policial y democracia.
A nivel mundial, las iniciativas para afrontar la expansión del covid-19 generan debates sobre las libertades y los derechos ciudadanos toda vez que se imponen severas restricciones y se utilizan las fuerzas armadas para supervisarlas. Algunas voces rechazan la comparación con Estados instalados... Leer Más
Contagiar otro mundo
Frente a los decretos de excepción expedidos por diversos gobiernos, el “ shock sicótico-viral” extendido por los pueblos del mundo, y el peligro científicamente probado del coronavirus, movimientos sociales crean formas de extender la solidaridad. Primero, para atender a las personas mayores, el... Leer Más
El irresistible retorno de los militares
Bolsonaro en la cuerda floja “Bolsonaro no gobierna más y Brasil vive una desobediencia civil”, escribió el columnista Merval Pereira en la edición del 26 de marzo del diario O Globo. No es cualquier periodista ni cualquier medio. Perteneciente a la cadena Globo, O Globo es el diario de mayor... Leer Más
Denunciamos y rechazamos el asesinato de la...
Comunicado al Gobierno Nacional, a las entidades de Naciones Unidas, a la Fiscalía, a la Defensoría del pueblo, a todas las organizaciones de Derechos Humanos en Colombia y a la sociedad colombiana en general sobre el Asesinato de la Lideresa Carlota Isabel Salinas Pérez, perteneciente a la... Leer Más
El mundo pos pandemia
“El periodo comprendido entre 1990 y 2025/2050 será muy probablemente un periodo de poca paz, poca estabilidad y poca legitimación”, escribía Immanuel Wallerstein en 1994*. En periodos de turbulencia y confusión, conviene consultar brújulas. Él era una de las más notables y, además, era de los... Leer Más
Virólogo: pandemia de COVID-19 concluirá cuando...
La pandemia de la enfermedad respitatoria COVID-19 (causada por el nuevo coronvirus) se terminará cuando todos los habitantes del planeta hayan sido infectados, lo que ocurrirá en poco más de un año, dijo a Sputnik el virólogo colombiano Jaime Castellanos. "¿Cuándo va a terminar la pandemia?... Leer Más
Medidas económicas de emergencia Covid-19.
 Una...
El gobierno nacional mediante el Decreto 417 del 17 de marzo de 2020 declaró el “Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica en todo el territorio Nacional” para hacer frente a las consecuencias económicas y sociales del nuevo coronavirus –Covid-19, así como de las medidas de confinamiento... Leer Más
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Día internacional de los Derechos Humanos, día internacional del cinismo

El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó en París la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un texto que instituciones y gobiernos de todo el mundo conmemoran desde entonces cada año bajo el título de Día Internacional, en lo que quizá sea el mayor ejercicio de cinismo que se puede dar a escala planetaria.

Solo con esa palabra, cinismo, puede definirse, por ejemplo, el acto oficial que ha convocado este martes el presidente de Chile, Sebastián Piñera, en el Palacio de la Moneda. Desde que comenzaron las protestas el pasado mes de octubre por la subida del precio del transporte público, cerca de 20.000 personas han sido detenidas, 23 han muerto como consecuencia de la represión militar y policial y en torno a 2.000 han resultado heridas. Según el Instituto de Derechos Humanos, se han interpuesto un total de 1.383 denuncias, entre ellas, 192 por violencia sexual, 405 por torturas y 787 por uso excesivo de la fuerza.

Lo que está sucediendo en Chile lo hemos visto primero en Ecuador, donde el presidente Lenín Moreno, aplastó las protestas contra su pacto con el Fondo Monetario Internacional; y en Bolivia, donde la extrema derecha golpista derrocó con la ayuda del Ejército y la Policía a Evo Morales y ha emprendido una persecución sin precedentes contra dirigentes y simpatizantes del Movimiento al Socialismo y la población indígena.

Pero también en Colombia, donde los acuerdos de paz de la Habana son pisoteados una y otra vez por el Gobierno de Iván Duque, heredero político de Álvaro Uribe. Cientos de líderes sindicales, campesinos, exguerrilleros y defensores de los derechos humanos han sido asesinados en el último año bajo la mirada impasible de un Ejecutivo que tenía ante sí una oportunidad histórica, pero que ha decidido declararle la guerra a los pobres y, usando las mismas técnicas que sus homólogos, ha recurrido a la represión y a la violencia militar y policial para acallar las protestas por sus políticas económicas.

Al otro lado del mundo, Israel sigue bloqueando, asfixiando y arrasando Palestina con agresiones militares, sometiendo y asesinando a su población, realizando detenciones sistemáticas e incumpliendo cualquier tipo de convención internacional. La situación del Sáhara Occidental no es muy distinta. Marruecos continúa persiguiendo y torturando a los activistas de los derechos humanos y mientras perpetúa la ocupación con la complicidad europea, expolia sus recursos naturales e incumple las resoluciones de Naciones Unidas sobre el legítimo derecho del pueblo saharaui a su independencia.

EUU tiene mucho que ver en todos estos conflictos. Alienta golpes de Estado, desestabiliza economías enteras a golpe de tuit, genera y provoca guerras que duran décadas y organiza y reorganiza el tablero global como mejor se acomode a sus intereses económicos y geoestratégicos.

Pero en Europa, no nos engañemos, no somos mucho mejores que otros países que vulneran los derechos humanos. Nuestras democracias son, quizá, más sofisticadas a la hora de hacerlo y conseguir que no parezca que se están vulnerando. Con la excusa de la crisis económica los Estados iniciaron una época de recortes de derechos sociales, laborales y de libertades que no hace sino ir en aumento. La entrada en juego de la extrema derecha ha afianzado esta tendencia reaccionaria en toda Europa y cuestiones que parecía imposible que estuvieran en discusión, hoy se ven amenazadas.

La Unión Europea no es el paraíso de los derechos humanos, por mucho que las instituciones comunitarias se empeñen en promover de forma propagandística la idea de que como en Europa no se vive en ningún sitio. La desigualdad, la pobreza, la precariedad, la homofobia, la violencia machista, la represión policial o el revisionismo histórico son problemas instalados en nuestras sociedades que vulneran la famosa Declaración de 1948.

Y la mayor parte de las políticas que emanan de Bruselas están encaminadas a salvaguardar el bienestar de unos pocos por encima de la explotación y el sufrimiento de nuestros propios Estados, de terceros países o de continentes enteros. La política migratoria de la Unión Europea es el ejemplo más gráfico de ello. La externalización de fronteras, la militarización del Mediterráneo, las deportaciones exprés, los acuerdos con países como Turquía o Libia y la financiación de centros de detención de las personas migrantes y refugiadas son fruto de esas políticas y conllevan violaciones sistemáticas de los derechos humanos.

Como también lo hacen los acuerdos comerciales como Mercosur, la venta de armas a países como Arabia Saudí, los Acuerdos de Asociación como el que mantenemos con Israel, o la deriva armamentística en la que estamos inmersos y que ha quedado patente en la última cumbre de la OTAN celebrada en Londres la pasada semana.

Hoy viviremos un día de grandes discursos, de declaraciones impecables, de ceremonias de altos vuelos, de loas a la libertad y a los derechos fundamentales. Pero abajo hay un pueblo que sufre y que, cuando se levanta con dignidad, como estamos viendo estos días en América Latina, es reprimido a sangre y fuego con total impunidad.

Este 10 de diciembre debe ser el día de la defensa de los derechos humanos, no el de las alabanzas a los derechos humanos. Y las instituciones que tienen capacidad para garantizarlos deben cumplir con el mandato de unas mayorías sociales conscientes de que los derechos humanos no son patrimonio propagandístico de unos cuantos, sino el último reducto de la dignidad que compartimos, como personas, como trabajadoras y trabajadores, como seres libres, como habitantes de un planeta en riesgo de ser destruido.

Setenta y un años después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la ONU ha llegado la hora de que los discursos se conviertan en hechos. Ha llegado el momento de decir alto y claro que el sistema económico y las políticas neoliberales están provocando una división mundial sin precedentes. Un mundo en el que el uno por ciento de los seres humanos se queda con el 82 por ciento de la renta mundial de todos y todas. Donde el hambre, la destrucción de nuestro planeta, la desaparición de nuestra diversidad cultural, la miseria, la violencia sobre las mujeres, la represión y el crimen son la norma.

Solo la democracia, en su máxima expresión, podrá devolver los derechos humanos a la humanidad, poniendo en el centro de la economía y de la sociedad la vida de las personas y la soberanía de los pueblos.

Por MANU PINEDA

EURODIPUTADO DE IZQUIERDA UNIDA POR UNIDAS PODEMOS

10/12/2019

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Trump despoja de su petróleo a Siria, donde la OPCW falsifica para favorecer a EU/Israel

La retirada de EU en Siria –que permitió la invasión turca para someter a los kurdos sirios vendidos por Washington– fue fake, ya que, de la confesión de Trump, se redesplegó para capturar los campos petroleros, propiedad catastral del gobierno de Damasco.

En la cumbre de la OTAN –que padece muerte cerebral, según Macron–, Trump confesó que ahora EU tiene el control total sobre el petróleo que pretendía el Estado Islámico (EI) en Siria y queremos hacer con él lo que queramos (https://bit.ly/382WNYC). ¡Uf!

El ministerio de Defensa ruso fue muy severo sobre el “ banditismo estatal a escala internacional” de EU en Siria cuando nunca los yacimientos de petróleo pertenecieron a los terroristas del EI (https://bit.ly/369G8kH).

Para su bandidaje Donald Trump esgrime que sirve para cubrir sus gastos en la guerra civil siria, donde, junto a Francia y Gran Bretaña, armaron a los yihadistas del EI.

Amén del petróleo, el redespliegue de EU en Siria y su consolidación en Irak –hoy presa de la destrucción de los Bush y de la revuelta de sus millennials por hambruna posguerra– sirve dos propósitos: 1. Impedir la conectividad del creciente chiíta de estos dos países árabes con Irán; y 2. Bloquear parte de la Ruta de la Seda terrestre de China que va de Asia Central hasta Irán.

Después de la salvación del gobierno de Bashar al Asad por la intervención del ejército ruso, especialmente en la parte funcional de Siria –Léase: su costa en el mar Mediterráneo y su línea vertical urbana/cuatripartita de Alepo/Hama/Homs/Damasco–, quedó expuesta toda la fallida planificación cleptomaníaca de EU desde el binomio Obama/Hillary hasta Trump, para usar cualquier pretexto y plasmar su política deliberadamente nihilista en la región.

A finales de 2013, el binomio Putin/ Medvedev impidió la invasión de Obama a Siria gracias a un acuerdo salvador in extremis sobre la destrucción del arsenal de armas químicas (catalogadas como las armas atómicas de los pobres frente a las armas nucleares de las superpotencias) de Siria que luego ingresó a la hoy mancillada Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW, por sus siglas en inglés) –convención que no firma Israel, lo cual le permiten en forma asimétrica EU/GB/Francia.

Siria se adhirió al tratado después de su desarme químico por arreglo de EU y Rusia, con el fin de que Washington no destruyese a Siria.

El supuesto uso de armas químicas clandestinas por el gobierno sirio, en contra de los rebeldes yihadistas del EI en el barrio Duma de Damasco, le valió el único ataque que ha realizado Trump hasta ahora.

La panoplia de propaganda bien lubricada de EU/GB/Francia/Israel, en ese entonces, se fue a la yugular del gobierno sirio por su infanticidio masivo mediante su uso de las prohibidas armas químicas: ¡Un genuino acto barbárico en contra de la pacifista civilización occidental!

Ahora resulta que la espuria OPCW, con sede en La Haya –galardonada con el Premio Nobel de La Paz (sic) en 2013 por su noble labor de desmantelamiento de las armas químicas–, resultó, en el caso del barrio Duma en las afueras de Damasco, una vulgar falsificadora de reportes cocinados para beneficiar a EU/GB/Francia/Israel, como han demostrado el consagrado investigador Jonathan Steele (https://bit.ly/2OJ4hIP) y Peter Hitchens (https://dailym.ai/2Lh5Yew).

Los británicos Steele y Hitchens exponen la mendacidad flagrante de la OPCW que inventó el supuesto ataque con gases tóxicos por Asad para justificar los ataques misilísticos de EU y GB contra Siria.

Cada vez que los yihadistas eran desalojados aparecía mágicamente un falso reporte salvador con la ayuda de los montajes hollywoodenses de los vilipendiados cascos blancos.

Nada nuevo: los Bush también inventaron armas de destrucción masiva en Irak, que nunca existieron, para aniquilarlo.

El petróleo desde Irak hasta Siria vale bien la pena para las mendacidades de Occidente, donde un país es culpable hasta que NUNCA pueda demostrar su inalcanzable inocencia. Ante el petróleo no hay inocencia que valga.

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La activista sueca Greta Thunberg, antes de su intervención la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. EFE/Justin Lane

 Cuentan que, en la Europa medieval, un chaval de 10 años llamado Nicholas se presentó como enviado de Dios, reclutando a decenas de miles de niños con el fin de conquistar Palestina, la Tierra Santa. Ninguno llegó, obviamente: murieron de hambre, de enfermedades o fueron traficados por los adultos. Los “yihadistas” también reclutan a los niños, no solo como su carne de cañón o para limpiar campos de minas antes de que crucen los adultos, sino para avergonzar a los hombres que se niegan a ir a matar a otros.

Hoy, en la era de la globalización, una tropa universal de menores, dirigida por Greta, la adolescente de cara angelical, con su tono de predicador y con la seguridad que da el estar respaldada por una fuerza sobrenatural que deja mudos a los poderosos mandatarios adultos del mundo, nos transmite el sagrado mensaje del IPCC, el alias de la nueva divinidad llamada Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. El Fin del Mundo ya tiene fecha: será dentro de 11 años (y unos meses) si la humanidad incrédula no sigue sus instrucciones.

En la misión de la nueva superheroína, cuya carrera meteórica la ha convertido en la rival del mismísimo Trump para recibir el Nobel de la Paz (premio que es una inversión en alguien para que juegue un papel en el futuro; Donald ya es pasado), se destacan dos  cuestiones: 1) el fenómeno de la “Generación Z”, y 2) los intereses que ella o Jamie Margolin, su colega estadounidense, representan.

 

La Generación Z

Ser joven, rico y guapo es una virtud en la sociedad capitalista. En la mente de Greta, “los mayores”, que son parte del problema del calentamiento global, no pueden ofrecer soluciones. Pero, ¿cómo unos niños que ni han terminado la escuela y no son investigadores de nada se atreven a dar lecciones al mundo adulto y menospreciar el conocimiento y la sabiduría (que sólo se consigue a golpe de años) de millones de expertos en la lucha de clases, del feminismo, de la sociología de la pobreza, o del complejo funcionamiento del poder? Si ella hubiera oído algo sobre la primera científica que habló del «efecto invernadero», la feminista y mayor Eunice Foote (1819-1888, EEUU), por ejemplo, hubiera elaborado un discurso algo humilde, además de coherente y lógico.

Los “niños digitales” o la “Generación Z” , nombre dado en EEUU a los nacidos entre 1995 y la década de los 2000, y cuya característica es el uso de la tecnología e internet, se han convertido en actores sociales por: a) ser el 40% de los consumidores en las potencias mundiales y el 10% en el resto del mundo, estando en el centro de las políticas de mercado de las empresas; b) ser una generación programada no para pensar sino para consumir y “seguir a” alguien, y c) por la influencia que tienen en el gasto familiar, debido a su conocimiento digital, que además les da un estatus de poder.

Ella se equivoca al afirmar que el cambio climático es el principal problema de la humanidad: ¡se trata solo de una de las consecuencias de un sistema económico-político llamado capitalismo que hoy y ahora ha convertido en un infierno la vida de la mitad de los habitantes de la Tierra, que padece pobreza, que muere en las guerras de rapiña, o en las minas de diamantes y coltán! Mienten las encuestas en EEUU cuando indican que el cambio climático ya es la principal preocupación de los ciudadanos: ¿que un país donde 45 millones de personas viven en el umbral de la pobreza, sufre un profundo racismo contra la población no blanca y una violencia social que es única entre los países occidentales, donde medio millón de sus mujeres son víctimas de agresiones sexuales y rapto, pierde el sueño por el deshielo del Ártico? ¿En serio?

Condenar el consumismo sin situarlo en el lugar y el tiempo es populismo: un estadounidense medio gasta casi 2.000 veces más agua que un residente en Senegal.

Thunberg reprocha a los políticos que la contaminación “le ha robado la infancia”, no sabemos cómo, pero su movimiento elitista no habla de cientos de millones de niños y niñas a quienes les roba la infancia el ser explotados en los talleres oscuros y húmedos, recibiendo a cambio un solo plato de comida al día; por ser víctimas de las guerras de rapiña y sus consecuencias más brutales; ser traficados por la megaindustria de pornografía en un capitalismo que lo convierte todo incluido a los fetos y niños en una mercancía. 

 

Las “soluciones” de la pequeña Greta

Ya tenemos todos los hechos y soluciones –afirma la joven– y todo lo que tenemos que hacer es despertar y cambiar».

Los defensores de Greta pueden desmontar los argumentos de la derecha negacionista, pero no son capaces de responder las preguntas del ecologismo progresista.

Los niños como ella desconocen que el capitalismo depende del crecimiento, y este se consigue reduciendo los gastos, explotando más y más a los seres humanos y a la naturaleza y destruyendo a ambos, aumentando los beneficios. Tampoco saben que la acumulación de capital es el núcleo del sistema que pretenden reformar, y que las compañías privadas para crecer, e incluso para existir, deben apartar y/o devorar a sus competidores gastando cada vez más los recursos públicos. Un sistema que ha feminizado la pobreza o que fuerza a millones de personas huir de sus tierras, porque unas compañías o estados quieren robar sus recursos, genera graves desequilibrios ambientales. Es imposible salvar la Tierra sin reducir la pobreza y luchar contra la desigualdad, sin el empoderamiento de las mujeres, la protección de los derechos de los animales, o sin impedir que el Sur Global se convierta en el basurero tecnológico de los ricos caprichosos, esos jóvenes que cambian de móvil como de camisa, sin preguntarse de dónde viene su batería, y a dónde va el aparato que aún no está obsoleto.

Obviamente, ningún movimiento de esta envergadura llamado “Nuevo Poder” es espontáneo, ni hay nada nuevo en esta otro peligroso movimiento de masas.

 

¿A quiénes beneficia?

  • Al “imperialismo climático”: la «Cuarta revolución industrial» del complejo industrial busca un New Deal Verde. Y lo busca a través del Instituto de Gobernanza de los Recursos Naturales que pretende sacar 100.000 millones de dólares de las arcas públicas de todos los países del mundo para salvar el capitalismo tiñéndolo de verde. Y tiene mucha prisa, de ahí la “emergencia”: presiona para desregular el sectorconseguir la autorización para explotar aún más los recursos naturales, y la financiarización- privatización más grande de la naturaleza jamás realizada, y así poder atraer a los inversores con fines especulativos. Y están apropiándose de más tierras arboladas y el agua de todos los continentes produciendo biomasa para energía, destrozando las selvas y la biodiversidad de aquellos espacios. Ganarían con el endeudamiento de los países pobres, que se verán obligados a comprar la biotecnología verde (coches eléctricos, turbinas eólicas, etc.).
  • A la industria nuclear: Greta desea “alinear Suecia con el Acuerdo de París”,  cuando este acuerdo otorga a la energía nuclear el papel de “mitigar el cambio climático”, y así reducir el “CO2 a gran escala».
  • Al Instituto Global de Captura y Almacenamiento de Carbono(IGCAC), que impulsa biotecnología para lanzar «emisiones negativas», operación para la cual consumirá una ingente cantidad de combustible fósil. Tiene preparado unos 3.800 proyectos que permitirán a la industria petrolífera, por ejemplo, seguir esparciendo carbono por la atmósfera. La energía fósil es tan rentable para sus empresarios que para obtenerla han matado a millones de personas, han destrozado la vida animal, arrasando bosques, contaminando aguas. Según el ambientalista Ernest McKibben «Un barril de petróleo, actualmente de unos 70 dólares, proporciona la energía equivalente a unas 23.000 horas de trabajo humano«. La justicia climática es incompatible con un capitalismo que está basado en el ánimo de lucro y a cualquier precio.
  • A las megafundaciones de apariencia filantrópica, corporaciones que controlaron los negocios de energía, y políticos hipócritas. El Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, un entusiasta de la joven sueca, cuyo gobierno compró con el dinero público el oleoducto Trans Mountain por 45.000 millones de dólares, los gobiernos europeos que siguen vendiendo ilegalmente armas a los países en guerra, Google que sigue invirtiendo en las compañías que niegan el cambio climático, o la industria de los combustibles fósiles, que dedica sólo el 1% de sus inversiones a energía baja en carbono, pero depositan 50.000 millones de dólares en nuevos proyectos de exploración de petróleo y gas. El objetivo de MacArthur Fundation (2010) es, por ejemplo, “acelerar la transición a la economía circular”. Además de donar diez millones de dólares a Climate Nexus, es la que dirigió, junto con otros lobbies del capitalismo verde (Avaaz, 350.org, Extinction Rebellion, etc.) la Marcha Popular del Clima del 21 de septiembre de 2014. Otras empresas como Ikea, el promotor de “compra, tira y vuelve a comprar«, que ha convertido sus tiendas en el lugar del paseo de las familias, o Avaaz, la red dirigida a cambiar mente y corazones en todo el mundo, o Johnson & Johnson -que ha tenido que pagar mil millones de dólares a veintidós mujeres por el cáncer de ovarios que causaron sus productos, ganan dinero y prestigio.
  • A la “Oenegeización” de la militancia política de los jóvenes, neutralizando los movimientos ecologistas auténticos, y sustituyendo la conciencia de clase por un “asunto gris de masas” ajeno a la causa común de la humanidad.
  • Al complejo industrial-militargracias a la omisión de este movimiento que borra el  factor guerra de las Marchas Verdes, ni menciona las cerca de 18.000 bombas nucleares que amenazan la vida en el planeta, ni el hecho de que Donald Trump tras romper los dos históricos acuerdos nucleares con Irán y Rusia no solo ha sugerido al Pentágono aumentar hasta diez veces el arsenal nuclear, sino que ha insinuado el uso de estas bombas contra Irán y Afganistán.

Estas personas pretenden cambiarlo todo, para que todo siga igual: Malala Yousafzai, la muchacha paquistaní, recogió el Nobel de la Paz en 2014, después de haber recibido varios disparos de los Taliban (grupo anticomunista armado por la CIA) cuando tenía catorce años por defender la alfabetización de las niñas en su país Pakistán. Hoy, su país sigue siendo uno de los peores del mundo en esta materia.

 

¿Cómo se salva el planeta, de verdad?

Cuando Marx llamó la «Ruptura metabólica» a la desconexión entre la humanidad y el resto de la naturaleza generada por la producción capitalista, y la “ruptura irreparable en el proceso interdependiente del metabolismo social”, estaba señalando que la destrucción de la naturaleza es inherente al capitalismo.

Sólo un sistema de producción dirigida a satisfacer las necesidades humanas, siempre en su vinculación con los derechos del resto de la naturaleza, que no a las ganancias de unos cuantos, puede impedir el apocalipsis. Y esto se consigue con la propiedad pública sobre la tierra, la industria, los grandes bancos, corporaciones, y servicios y un control democrático sobre el poder, que en vez de promocionar coches eléctricos particulares, por ejemplo, proporcione el transporte público gratuito, el uso de la energía solar y eólica, entre otras medidas.

La justicia climática es anticapitalista o no lo es.

 

3 DICIEMBRE 2019

Publicado enMedio Ambiente
Martes, 03 Diciembre 2019 06:23

La dictadura perfecta

La dictadura perfecta

Vargas Llosa, súbdito de Felipe VI de España, dijo el viernes que ve mal la administración de AMLO. Teme por un México de “regreso a la dictadura perfecta”. El súbdito de un rey que vino a Cuba a hablar de ¡democracia! ha vuelto a proferir una de sus gansadas perfectas y, como era de esperarse, ha sido imitado nuevamente por los replicantes mexicanos: los persistentes defensores del régimen neoliberal en retiro. No es extraño que Vargas Llosa sea un neoliberal: ha sido un alto beneficiario de ese régimen, abrazó tempranamente la ideología de ese sistema de expoliación y ha sido profundamente construido por ella.

Los historiadores probablemente registrarán al discurso neoliberal como uno vuelto sentido común en tiempo récord. No parece haber otro caso en la historia humana: en muy pocos años penetró la mente de mayorías sociales con un discurso con el cual se proclamaba la “libertad individual” como régimen social, mientras se construía en los hechos un sistema de expoliación.

El abuso en el uso del término neoliberal no debiera perder de vista el hecho contundente apuntado. En el marco del capitalismo, lo contrario del régimen neoliberal es el Estado de bienestar. Ambos son creaciones humanas: propuestas de organización del Estado y la sociedad. Pero el discurso neoliberal, sin engañarse a sí mismo, engaña: cree que el suyo es un orden natural, el de la “libertad individual”, y que todo lo que se oponga a ese orden debe ser rechazado y combatido. Para el neoliberalismo la intervención del Estado en la economía –especialmente en la economía– es contra natura por antonomasia; más precisamente expresado, la intervención del Estado en la acción libre de los individuos en el mercado debe ser rechazada categóricamente por todos. Todos tenemos unas cualificaciones que debemos vender en el mercado, nos dicen. Si obtenemos poco es porque pocas son nuestras cualificaciones y talentos: auméntelos para venderse mejor. Y los neoliberales se ufanan: reclamamos para todos esa libertad; de modo natural libres nacimos todos y toda fuerza opuesta a esa libertad es opresión, autocracia, dictadura, autoritarismo, que deben ser resistidos, combatidos, controlados.

Libre mercado = orden natural autónomo = pilar organizativo de la sociedad. Esta es la patraña sobre la que se construye el discurso neoliberal. En mis tiempos de estudiante el libre mercado era sólo un supuesto simplificador para empezar a conocer los sencillos principios de funcionamiento de un mercado de productos en la asignatura de microeconomía neoclásica (una asignatura entre 30 o 40), donde un (inexistente) homo œconomicus (otro supuesto simplificador) se guiaba por la competencia, la información perfecta y el comportamiento racional orientado por la utilidad marginal de un producto cualquiera.

El mercado libre neoliberal es producto de unas ideas, unas prácticas, unas reglas, unas instituciones, unas leyes: un producto humano absolutamente, no un resultado de la naturaleza: ¿hay alguna duda? Este orden social produjo un ínfimo grupo de ganadores y un mar de perdedores, en proporciones nunca vistas en la historia humana. Cuando el neoliberalismo fue instituido en los años 1980, el punto de partida fue un estado de desigualdad escalofriante. El resultado del libre mercado fue a peor: la economía del 1%.

El ideal utópico del libre mercado soñado por los neoliberales se derrumba porque produjo el estado distópico de la realidad efectiva del presente, hoy enfrentada por grandes oleadas de disconformes que protestan en el mundo. La posverdad del neoliberalismo va reduciendo su poder de discurso imbatible. En Chile ha sido puesto en el banquillo con una demanda más clara que en ninguna otra parte: un nuevo pacto social: otra creaciación humana, esta vez humana en el mejor sentido de la palabra.

Desde que Adam Smith imaginó la economía como una esfera autónoma dirigida por una “mano invisible”, existía el riesgo de que el mercado se convirtiera no sólo en una parte de la sociedad, sino en la sociedad misma. Especialmente a partir de los años 1980 la idea Friedrich Hayek –que vivió hipnotizado por el sistema de precios– se hizo realidad: el Estado sólo tendría como función mantener libre al mercado (y mantener a raya a los disidentes). El aterrador mundo de hoy es el resultado de ese éxito. En términos históricos eso se acabó: el dominio ideológico del neoliberalismo está volviéndose añicos. A escala humana veremos a muchos estados cometer, en nombre de la “libertad individual”, horrores sin cuento.

La economía tiene que ser una técnica, como creía Keynes, para alcanzar fines sociales deseables, que son siempre resultado de una deliberación pública, política, democrática, que ha de tener lugar justamente fuera del mercado. Una deliberación que produzca un Estado de bienestar social. La dictadura perfecta del mercado libre anhelada por los neoliberales, sólo produce monstruos o insensibles súbditos del dogma neoliberal, como Vargas Llosa.

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El ex presidente de Francia Nicolas Sarkozy, en imagen de 2007.Foto Ap

Después de la extrema unción de Emmanuel Macron –ex empleado de la esclavista Banca Rothschild– sobre el “fin de la hegemonía de Occidente (bit.ly/2L6xVpb)” y “la muerte cerebral de la OTAN (bit.ly/2OWK4y3)”, toca el turno al alicaído neogaullista Nicolas Sarkozy, quien decretó que “Occidente y Europa no son más los ejes del mundo (bit.ly/2R0OruF)”.

La consubstancial corrupción de Sarkozy no le obnubiló su lucidez. Occidente ( what ever that means) y Europa han sido rebasados por la resurrección de Rusia y la parusía de dos civilizaciones milenarias: China e India.

Sarkozy se equivoca al sentenciar que la crisis de los partidos Conservadores (sic) Liberales refleja la crisis de Occidente. No hay tal: da igual la pertenencia de cualquier partido en el amplio espectro permitido en los sistemas electorales de Occidente cuando los laboristas y/o socialistas, tipo travesti como Tony Blair, perdieron también su alma en el trayecto neoliberal global que fue el que periclitó cuando hoy los partidos, sean de cualquier bandera, cesaron de representar las aspiraciones y las voluntades de los ciudadanos, en particular, de los millennials que se han rebelado y revelado en los cuatro rincones del planeta (bit.ly/2qOFPg8) y que hoy carecen de futuro (bit.ly/34yZ9MF).

En Latinoamérica, la revuelta de los millennials va primordialmente contra el "Índice Gini" de la insoportable desigualdad del neoliberalismo global en su esencia antidemocrático por servir exclusivamente los intereses rapaces de la plutocracia.

Sarkozy no aporta nada nuevo cuando reconoce que Occidente y Europa –hoy diametralmente opuestos en la fase del trumpismo y del Brexit, como muy bien diagnosticó con ma-yor profundidad Macron– "no representan más el eje del mundo", por lo que "existen razones demográficas (sic) para ello": el "eje del mundo pasó de Occidente y hoy giró al Este.De 7 mil millones que habitan el planeta, 4 mil millones viven en Asia".

Hasta cierto punto, ya que Rusia con una demografía declinante –a cuya extinción poblacional apostó Estados Unidos, sin una guerra de por medio– mediante su mística y espíritu –palabras abolidas por el ultramaterialismo neoliberal–, que subsume "La Cuarta Teoría Política ( amzn.to/34AaufJ) " de Alexander Dugin (ideólogo del zar Vlady Putin), resucitaron a Moscú del cementerio geoestratégico donde la arrumbaron Gorbachov y Yeltsin.

Sarkozy aduce correctamente que es difícil que exista "una sola Europa con 27 países" cuando hay "cuatro Europas: la de Schengen, la del Euro, la de la Defensa y la de la Unión", lo cual es cierto a nivel jerárquico/estratégico cuando también existe una distinta visión regionalizada de otras cuatro Europas, a mi juicio: “norte, sur, central y oriental, con diferentes velocidades y dispersas en su múltiples instituciones y en la zona Euro de países de primera y segunda clase (bit.ly/33BgmUy)”.

Sarkozy comenta en forma polémica que "bajo la presión de las redes sociales (sic) lo que está de moda es la horizontalidad. Pero yo sólo creo en la verticalidad: un líder, un equipo, una visión, una ambición. En nuestras sociedades de hoy el liderazgo se ha vuelto ilegítimo (sic), el mundo se mueve a gran velocidad y los líderes, para actuar, tienen que esperar a tener la opinión de hasta la última asociación. La democracia no es eso". La democracia de Sarkozy es anacrónica y no tiene nada que ver con la topografía de la "nueva democracia del siglo XXI", que conjuga horizontalidad con verticalidad, en un esquema holístico envolvente donde participan las redes sociales como nuevas correas de transmisión de la comunicación hightech e incorporan a los millennials y a las poblaciones rurales despreciadas por los rascacielos urbanos/suburbanos.

Los errores epistemológicos y filosóficos de su caquistocracia y la ausencia de sabios y pensadores –sustituidos por analistas bursátiles/econometristas e ignorantes comunicadores de pacotilla a sueldo de sus mendaces multimedia– aniquilaron la pluralidad cerebral de un Occidente que se suicidó.

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 Paulo Guedes, ministro de Economía, este lunes en la embajada brasileña en Washington. OLIVIER DOULIERY AFP

El ministro de Economía evoca un brutal decreto de la dictadura ante "la irresponsabilidad" de Lula de convocar a los brasileños a que respondan en la calle al Gobierno

 

La ola de descontento y protestas callejeras que recorre Sudamérica no ha llegado a Brasil, pero el temor y el nerviosismo ante un posible contagio son evidentes. El ministro de Economía, el ultraliberal Paulo Guedes, admitió el lunes por la noche en EE UU que el miedo a un incendio en las calles es el motivo por el que el Gobierno ha frenado su ambicioso programa de reformas para abrir la economía y encoger el Estado. El ultraliberal Guedes llegó a evocar el decreto de la dictadura que dio inicio a los años de plomo y supuso el cierre del Congreso porque "es irresponsable llamar a la calle para decirles que tienen el poder”, dijo, en referencia al excarcelado expresidente izquierdista Lula da Silva. Guedes advirtió a sus compatriotas: “No se asusten si alguien pide el AI5”. La indignación fue inmediata.

Guedes explicó con franqueza la situación en una larga conferencia de prensa en Washington tras reunirse con miembros de la Administración Trump. Admitió que la inédita ola latinoamericana de protestas es el motivo por el que el Gobierno ha aparcado las reformas tributaria y de la función pública, que iba a presentar al Congreso este noviembre: “Es verdad que se ha desacelerado. Cuando todo el mundo empieza a salir a la calle sin motivo aparente, dices: ‘Mira, para no darles un pretexto vamos a ver, vamos a entender lo que está ocurriendo”, dijo, según el diario Estadão.

El ministro plenipotenciario en asuntos económicos, un antiguo banquero de inversión con escasa experiencia política, y su agenda reformista son el motivo por el que el empresariado dio desde el principio su apoyo al Gobierno de Bolsonaro. Este Gobierno logró sacar adelante la impopular reforma de las pensiones pero no quiere arriesgar. Guedes recalcó que la economía brasileña empieza a recuperarse, que Bolsonaro mantiene su apuesta por la agenda reformista y quitó importancia a que el dólar esté batiendo récords frente al real. El dólar alcanzó los 4,25 reales en la apertura este martes.

Tras la aprobación de las pensiones, el paquete económico de Guedes consta al menos de cinco propuestas legislativas que requieren enmendar la Constitución. Las aparcadas por el temor a que la izquierda movilice a su militancia con grandes manifestaciones en las calles son la tributaria y la de la administración pública, diseñada una para simplificar el sistema tributario y la otra para reducir los salarios y la estabilidad de los nuevos funcionarios.

El fantasma del peor decreto de la dictadura ya fue agitado el mes pasado por el diputado Eduardo Bolsonaro, que recibió una crítica generalizada. Incluso fue desautorizado por su padre, que, sin embargo, nunca ha ocultado su nostalgia por la dictadura.

En Brasil nadie quita ojo al agitado vecindario. Las manifestaciones que persisten en Chile (el modelo de Guedes en sus reformas brasileñas) y Colombia, las ya amainadas en Bolivia, Ecuador y Perú, la victoria de la izquierda peronista en Argentina e incluso el nuevo recuento en el siempre estable Uruguay preocupan al Gobierno de Bolsonaro e inspiran a la oposición. El discurso duro de Lula tras salir de la cárcel solo ha añadido presión al cóctel. Venezuela y su arraigada crisis son capítulo aparte.

Guedes embistió contra el duro discurso de Lula ahora que ha recuperado la libertad, aunque tiene vetado presentarse a unas elecciones. “Es irresponsable llamar a alguien a la calle ahora para generar una ruptura, para decir que tienes que tomar el poder. Si uno cree en la democracia, espera ganar y ser elegido”, dijo el ministro, que se refirió en dos ocasiones al decreto AI5 (de diciembre de 1968, el quinto de los actos institucionales de la dictadura), que además de clausurar todas las Cámaras legislativas suspendió los hábeas corpus, entre otras medidas. Guedes intentó convencer después a la prensa de que la conferencia de prensa era extraoficial y subrayó que “Planalto (la sede de la Presidencia) jamás apoyaría un AI5, eso es inconcebible”.

Brasil tuvo su gran revolución del descontento a partir de 2013. Comenzó como ahora en los países vecinos, de manera inesperada. La subida del precio del autobús fue la chispa que llevó a los brasileños a tomar las calles contra la corrupción y la clase política. Aquello cristalizó en la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, el encarcelamiento de buena parte de los líderes políticos y empresariales e, indirectamente, en la elección de un presidente como Bolsonaro.

Otras tres propuestas económicas fueron enviadas ya al Congreso pero no han sido analizadas por la crisis que Bolsonaro ha abierto con su grupo parlamentario al abandonar su partido para crear una nueva sigla, Alianza por Brasil, y porque la Cámara ha decidido centrar sus esfuerzos en debatir una propuesta que revierta la decisión del Supremo que permitió excarcelar a Lula y a otros 5.000 presos.

Uno de los proyectos ley de Guedes (denominado PEC de emergencia) que el Gobierno quería aprobar este año pretende recuperar fondos para inversión pública mediante la prohibición temporal de la promoción y contratación de funcionarios o la reducción de jornada (y sueldo) de los actuales. El segundo en trámite (PEC de los fondos públicos) persigue extinguir parte de los 281 fondos públicos que tienen unos 200.000 millones de reales (43.000 millones de euros) para pagar parte de la deuda pública. El tercero (pacto federativo) busca alterar el conjunto de normas constitucionales que determinan cómo se distribuyen y gastan los recursos recaudados por la Unión, los Estados y los municipios.

São Paulo / Brasilia 26 NOV 2019 - 13:01 COT

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Lunes, 25 Noviembre 2019 06:36

El péndulo de Thatcher

El péndulo de Thatcher

La herencia política de Margaret Thatcher ha sido larga y relevante. Representa un modo de pensar y de gobernar que caló en la política y la sociedad británicas y se expandió más allá, junto con el proceso de la globalización de las tres últimas décadas.

Fue primera ministra entre 1979 y 1990, periodo en el que se fraguó una forma de concebir a la sociedad que, con distintas gradaciones, prevaleció desde entonces en gobiernos tories y laboristas.

Se manifestó como modelo político e ideológico anglosajón, que del otro lado del Atlántico tuvo como eje la figura de Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos de 1981 a 1989. En ese último año de su administración se aglutinó la visión conservadora dominante en el llamado Consenso de Washington, avalado en su esencia por demócratas y republicanos.

De manera esquemática, el thatcherismo se asocia directamente con la preminencia del libre mercado y la exigencia de un Estado pequeño que interfiera lo menos posible en la vida de la gente, que según ella misma planteó, literalmente, debe elegir qué hacer, asumir sus responsabilidades y no esperar que los problemas sean resueltos por el gobierno.

Las políticas públicas privilegiaron la reducción de impuestos, la privatización de empresas públicas y la restricción de la actividad de los sindicatos.

Hay diversas influencias intelectuales asociadas con esa postura. Referencias usuales son la obra de Friedrich Hayek, Camino de servidumbre, y la teoría monetarista de Milton Friedman. Se señala también el tipo de individualismo propuesto por Ayn Rand, por ejemplo, en la novela El manantial.

Thatcher tenía una concepción particular de lo que es la sociedad, que la llevó incluso a afirmar que no existe tal cosa como la sociedad (conviene leer la idea en el contexto en que fue expuesta https://blogs.spectator.co.uk/2013/04/ margaret-thatcher-in-quotes/ ).

Las repercusiones de las políticas de Thatcher y la coincidencia con el gobierno de Ronald Reagan derivaron en lo que hoy comúnmente llamamos neoliberalismo, cuestionado desde diversos frentes, pero aún vivo y coleando.

En Gran Bretaña el escenario político de los últimos tres años ha estado dominado por el Brexit. El proceso ha llevado ahora a nuevas elecciones parlamentarias y el espectro de Thatcher está presente, aunque sea tras bambalinas.

El regreso del péndulo puede advertirse en la propuesta electoral del Partido Laborista que se denomina Es tiempo para un cambio real y Corbyn, jefe del partido y candidato a primer ministro, lo contempla como un “manifiesto lleno de medidas populares que el establishment político ha bloqueado durante una generación”.

La base del programa es un gran incremento en la inversión pública financiado por medio de mayores impuestos. En ese terreno no hay mucho espacio para otra cosa.

Pero además de las medidas enfocadas a una redistribución del ingreso incluye un aspecto patrimonial asociado con la privatización de diversas actividades económicas, como el servicio postal y el transporte ferroviario.

De Thatcher a las propuestas de Corbyn hay un desplazamiento de regreso.

Ambos aspectos, el redistributivo y el patrimonial, parecen indicar los extremos en los que se mueve el capitalismo y son la referencia de muchas contradicciones que hoy sobresalen en materia económica. Este es un asunto que amerita una discusión seria en todas partes.

En todo caso, la situación plantea la creciente reacción que se extiende por muchas partes ante las precarias condiciones sociales prevalecientes. Estas reacciones se han precipitado de modo muy notorio en semanas recientes en América Latina.

La fachada del régimen político y económico de Chile, aún enmarcado en el legado de Pinochet, se resquebraja en las calles con las manifestaciones airadas y persistentes de miles de jóvenes que demandan un cambio. La izquierda de la Concertación, que gobernó dos décadas seguidas, no consiguió consolidar un nuevo modelo social que ahora, en el segundo gobierno de Piñera, está en una profunda crisis que no sabe cómo agarrar.

En Colombia, la gente está también en las calles. Demanda cambios sociales profundos, en una situación en la que se acumula un fuerte deterioro social. En ambos casos es llamativa la sorpresa que ha provocado en los gobiernos en turno de Piñera y Duque.

El Estado es imprescindible en el capitalismo. Puede serlo para alentar mecanismos que acrecientan la cohesión social y atemperar la inequidad económica.

Puede ser también para crear estructuras más rígidas de poder, como ocurrió con la gestión de la crisis financiera de 2008, que preservó las distorsiones que la provocaron y 10 años después exhibe sus contradicciones.

No hay ninguna panacea en la relación del Estado y los individuos, sino más bien una serie de mediaciones que delimitan la relación que hay entre ambos.

Esto entraña un dilema entre la insoslayable obligación que tenemos como individuos de mantener nuestra autonomía moral frente a la autoridad del Estado, lo que hace de su legitimidad moral una imposibilidad.

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Uruguay: cuarto mandato de la izquierda o giro a la derecha

"No perder lo bueno, hacerlo mejor" dice la pintada en una pared por la avenida 18 de julio camino a la Plaza Cagancha. Y, la respuesta debajo: "nosotros podemos". Así conviven las consignas de la coalición de centro-izquierda Frente Amplio (FA), que gobierna Uruguay desde hace quince años, con la del Partido Nacional (Blanco) en alianza con otras formaciones de derecha y ultraderecha, horas antes del ballottage del domingo 24 de noviembre.

En la Plaza Cagancha, militantes frenteamplistas entregan volantes de la fórmula Daniel Martínez-Graciela Villar sin inmutarse por la presencia a unos pocos metros de un puestito opositor de la fórmula Luis Lacalle Pou-Beatriz Argimón. Del parlante de los blancos se escucha cumbia: primero Gilda, después Lia Crucet. 

 A esta segunda vuelta el ex senador Lacalle Pou, de 46 años, llega con ventaja frente al ex intendente de Montevideo, Martínez, de 62 años. Según los últimos sondeos, el candidato opositor obtiene entre 49 y 51,5 por ciento de intención de voto y su rival socialista cuenta con un apoyo de 43, 44, 5 por ciento. 

La frase de José "Pepe" Mujica "las izquierdas en el mundo se dividen por las ideas y las derechas se juntan por intereses" sirve para entender el dato novedoso de esta contienda: el neoliberal Partido Colorado junto al ultraderechista Cabildo Abierto y dos formaciones minoritarias (Partido Independiente y Partido de la gente) se aliaron con los blancos en un "compromiso por el país" en el que prometen "hacer más con menos", reducir el déficit fiscal ( 4,9 por ciento del PIB) sin subir impuestos ni tarifas y combatir la inseguridad.

Si Lacalle Pou se impone este domingo, pondrá fin a un proyecto de país de los últimos 15 años que mejoró, aunque con algunas limitaciones, los indicadores económicos. Así lo destacó el candidato oficialista Daniel Martínez en diálogo con Página12. " Somos el país más igualitario de Latinoamérica; el salario real creció un 60 por ciento; la pobreza bajó del 34 por ciento al 8 por ciento; la indigencia del 4,5 al 0,1 por ciento, universalizamos el sistema de salud". 

En un banco de Plaza Cagancha, que es como un retiro del movimiento de la calle central, Maicol Pereira dice que "la promesa de cambio de la oposición es un retroceso". Mate en mano, este trabajador en una empresa de limpieza, de 34 años, explica por qué vota al Frente Amplio. "En 15 años el salario creció siempre por encima de la inflación. La derecha quiere vender que estamos en crisis cuando es record la venta de autos 0km. No ves un ´cachilo´ (como llaman a los autos viejos)".

En este período de tres gobiernos del FA a partir del 2005 se crearon 300 mil puestos de trabajo, pero en los últimos años se perdieron 50 mil y hoy la tasa de desocupación es del 9 por ciento. 

María José Vieitez, de 35 años, está desempleada desde hace más de un año. "Estoy enojada con el Frente Amplio pero le voy a dar el voto igual", dice, y agrega. "Lacalle Pou es un cheto, no sabe lo que cuesta un kilo de arroz". 

Pasa haciendo propaganda con una bandera amarilla (de un sector de los blancos) un señor que se define "de centro". Eduardo Rodríguez, economista jubilado, dice que vota por "la unión de la oposición". "Voto por que el Estado no sea magnánimo, que dé libertad, que no obligue a la bancarización. Que no controle lo que comprás", concluye y entrega un volante.

Una mujer pasa y al rechazarle el papel le dice: "no voto en contra de los trabajadores".  

"No queremos que se venga Venezuela", le retruca Miriam Silva, madre y abuela de 6 niestos. "No quiero que mis nietos se vayan del país, dice esta militante del Partido Nacional y terapeuta con medicina natural. 

El "fantasma del populismo" circula entre los que proclaman un cambio. "¿Sabes lo que acordaron Lula, Chávez y Fidel en el Foro de San Pablo?, se indigna Susana que teme decir el apellido. Y agrega esta jubilada, de 75 años. "Quiero vivir en democracia, sin comunismo". 

El peligro Manini Ríos

De camino al hotel, un taxista y ex jugador de Racing de apellido Falero incomoda cuando dice "se va a terminar el recreo", retomando la frase de Guido Manini Ríos de que "hay que terminar el recreo de todo malandraje".

De las derechas aliadas, la que más preocupa es Cabildo Abierto, liderada por el excomandante en jefe del Ejército.  Manini Ríos fue destituido en marzo por Tabaré Vázquez por no haber denunciado la confesión del represor Nino Gavazzo de que arrojó al Río Negro el cuerpo del tupamaro Roberto Gomensoro, en 1973. 

"Ya lo conocemos" dice el titulo del editorial de La Diaria repudiando que el electo senador rompiera la veda pidiendo a los militares que no voten al Frente Amplio. "Llama la atención que Manini Ríos decidiera avalar una idea que intentó refutar durante la campaña: la de que Cabildo Abierto es un partido militar", sostiene el diario sobre el video de Manini Ríos que circuló por estas horas en las redes sociales . 

En esa grabación dijo: "Vemos que aquellos que desde el gobierno han atacado sistemáticamente la institucion armada hoy les piden su voto. Son los mismos que hace tan solo un año aprobaron una ley de retiros que afectó principalmente a las jerarquías más bajas... Son los mismos que despectivamente llegaron a llamarlos ´carne con ojos".... Manini Ríos se refería unas declaraciones por las que Mujica en su momento pidió disculpas. 

Cabildo abierto consiguió once bancas en Diputados  y tres en el Senado: Lacalle Pou necesita de los legisladores de los partidos aliados para contar con mayoría parlamentaria. Guido Manini Ríos pone en cuestión la agenda de derechos que aprobó el Frente Amplio en estos 15 años como las leyes de legalización del aborto, marimonio igualitario y regulación del cannabis, entre otras.

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Viernes, 22 Noviembre 2019 06:31

La globalización del hartazgo 

La globalización del hartazgo 

Recién acabamos de entrar plenamente en el Siglo XXI. Las compuertas se fracturan. Estamos ante la globalización del hartazgo, ante la desconstrucción colectiva de un abuso colosal que funcionó como un espejismo que atrasó el ingreso al nuevo milenio. La introducción se hizo a empujones. La primera fisura social la inauguró Bolivia en 2003 con la revuelta por los hidrocarburos (78 muertos) que desembocó en la renuncia del presidente Sánchez de Lozada y se prolongó hasta la elección del presidente Evo Morales en 2005 (54% de los votos). La primavera árabe que estalló en 2010 en Sidi Bouzid (Túnez) inició el segundo movimiento de emancipación del Siglo XXI. Aunque fue derrotada por una contrarrevolución sangrienta, Egipto le siguió los pasos con el derrocamiento del dictador Hosni Mubarak posterior a la extensa ocupación de la Plaza Tahrir (2011). La consigna “Erhal” (Afuera) fue la respuesta masiva a la pobreza, la corrupción y el nepotismo. Se la llamó “la revolución Facebook” o “Twitter” por el papel que desempeñaron las nuevas tecnologías de la información en aquellos alzamientos sociales. La ilusión resultó pasajera. Las redes sociales no han sido aliadas de la emancipación sino del engaño (Donald Trump, Brexit, Bolsonaro, etc, etc). El anhelo de un cambio se extendió a Occidente entre principios y finales de 2011. La revuelta del Norte venía precedida por las manifestaciones que estallaron en Gracia en 2010 como refutación de la “purga” de austeridad impuesta por los organismos multilaterales de crédito. Las sublevaciones civiles habían sido teorizadas a finales de 2010 por el ensayista francés Stéphane Hessel. Su libro “Indígnense” planteó una insurrección pacífica y así nació en España la plataforma Estado del Malestar que conduciría al movimiento de los indignados y las concentraciones en la Puerta del Sol. Este oleaje se prolongó en grupos como Occupy Wall Street y muchos similares. Luego, todo volvió al cauce sistémico: consenso, tecno consumo y obediencia. Se entendía que aquellos apenas fue un susurro pasajero de rebelión. Algunos años después, la Argentina irrumpió en 2017 en el escenario con varias manifestaciones de oposición frontal a la expiación social desplegada por el macrismo. Al año siguiente, el giro radical lo protagonizó Francia cuando empujó hacia el Siglo XXI con el movimiento de los chalecos amarillos. Esa insurgencia de “los invisibles” de Occidente ubicados en las zonas periféricas reinstaló en el centro la idea de una soberanía popular en contra de la inoperancia y la corruptibilidad de la política. Fue y sigue siendo un fragoso grito, una demanda de recuperación del destino que estaba en manos de las castas políticas, mediáticas, industriales y financieras. No se podía seguir teniendo confianza en esas oligarquías. El destino debía volver al tejido del pueblo. Ahora, Chile acaba de dar la envión final con una masiva revuelta ciudadana y el entierro de una Constitución ilegitima diseñada por un dictador. Los últimos gemidos de los años 70 de América del Sur fueron sepultados por la valiente y admirable revuelta de los chilenos. El coletazo de Bolivia es un tirón hacia atrás ejecutado por una casta que desecha aceptar que su mundo ya no resuena más en este y que se ha respaldado en el separatismo y el soberanismo blanco trumpista para dar un golpe de Estado. Su destino será breve. El Siglo XXI se los llevará por delante.

Ya no será más lo mismo, casi en ningún lado. En un arco temporal coincidente (2018-2019), el montaje tramposo confeccionado por el tecno liberalismo se desarmó bajo la coacción de una sublevación que abarca hoy buena parte de la geografía del planeta. Argentina, Francia, Ecuador, Argelia, Hong Kong, Chile, el Líbano, Irak, Irán, Republica Checa, Colombia y Haití. En las calles o en las urnas, estos países esgrimieron la dignidad de los pueblos para restaurar la legitimidad de un sujeto social renacido y sin miedo. Cuando la primera potencia mundial elige como presidente a un analfabeto, agresor de mujeres, evasor de impuestos, racista y tramposo hasta en la forma en que llegó al poder no caben más ni la confianza ni el miedo. En los cuatro puntos cardinales, en diferentes idiomas, los grafitis y las banderolas retoman ese término que tantas veces se escuchó en la Plaza Tahrir durante la revuelta egipcia: ”Karama”, dignidad, es decir, me apropio colectivamente de mi destino porque ya no creo más en esa alucinación que, entre los años 90 y el nuevo milenio, el liberalismo confeccionó como una de las mentiras más planetarias de la historia humana: la tecnología, las finanzas y las desregulaciones como objeto de progreso y garantía de libertad. En los primeros 20 años del Siglo XXI se llevó a cabo la instalación de esta representación con el concepto de “globalización” como llave maestra. El llamado capitalismo de innovación engendró un monstruo de tres cabezas: el capitalismo de vigilancia, el capitalismo de predicción, el capitalismo de captación. Los tres se volvieron la catedral del consumo, del espionaje y de la explotación digital. Vendieron estas trilogías como un nuevo estado del progreso de la condición humana cuando no fue, en realidad, más que un grosero capítulo de la explotación ampliada por las políticas neoliberales que jamás condujeron a un rápido crecimiento económico, y menos aún al reparto equitativo de la riqueza acumulada. Al engaño le sigue el despertar. El mapa mundial es, en este momento, el territorio de la reinserción de un sujeto social unido no ya por la ideología sino por la insurgencia ante lo absurdo de la desigualdad, la acumulación de riquezas y prerrogativas y la incapacidad de la clase política. De Buenos Aires a Teherán, pasando por Argel, Beirut, Hong Kong, Quito, Santiago de Chile, Puerto Príncipe, Praga, Bagdad o Bogotá, estas revueltas están atravesadas por un factor común: no son los “olvidados de la globalización” sino la acción de grupos humanos socialmente lúcidos y fusionados que rehúsan participar en su propia depredación.

En 1989, la caída del muro de Berlín no fue “el fin de la historia” sino una oportunidad histórica para introducir una democracia renovada. En su lugar se instaló una tiranía soft regulada por los deslumbramientos de las nuevas tecnologías. Comunicación, consumo tecnológico y prosperidad para todos. Las usaron para vendernos basura, para controlar y manipular nuestras conciencias. Los tiranos desaparecen, la tiranía renueva sus perfiles y protocolos. Facebook, entre otros, es el rostro del tirano con sonrisa de sommelier. Pero es un veneno que ha contaminado el comportamiento electoral de grandes países y llevado al poder a los herederos del fascismo blanco. La socialdemocracia liberal estaba tan saturada por su victoria que ni siquiera vio que su otro enemigo mortal, el fascismo, trepaba por su columna vertebral.

En esta serpentina global de sublevaciones la Argentina ha sido quizá el último territorio del chantaje donde se buscó sofocar la independencia colectiva. Se trató de modificar las preferencias electorales de la sociedad mediante la alternativa escatológica: si no nos votan a nosotros Wall Street nos sacará definitivamente del mundo: seremos los paganos del sistema. No funcionó. La Argentina se liberó de su tirano financiero al decidir que su destino sería otro. El perfil de las rebeliones globales difiere, pero dibuja un mismo repudio a lo político: aumentos de los combustibles, Francia e Irán, democracia y soberanía, Argelia y Hong Kong, medidas de austeridad, Ecuador y Colombia, impuesto al uso de WhatsApps y corrupción, Líbano, corrupción, Republica Checa, corrupción y desigualdad, Irak, pobreza, Haití, tarifas de los transportes y desigualdad, Chile. Ha habido cientos de muertos y miles de heridos que llevan en su carne los estigmas de la nueva represión: el sujeto social de hoy es un ser humano mutilado, con los miembros atrofiados por los proyectiles de la policía, que ha perdido ojos, manos, dedos. Podemos retratar cada época con las huellas que deja la represión. La nuestra es la era de la mutilación policial. El teatro global prosigue, pero hemos cambiado de acto. En este, los pueblos retoman su destino y demuestran la sabiduría intrínseca de los combates: no hay pelea ultima ni derrota definitiva, sino que “todas las luchas continúan” (Mario Wainfeld) en una danza de intensidad y adormecimiento. El 14 de julio de 1789, cuando la Revolución francesa estaba en la raíz del reino, el duque de La Rochefoucauld-Liancourt despertó al Rey Luis XVI para avisarle que los insurrectos parisinos habían tomado La Bastilla. El Rey pregunto: “ ¿ Pero es una revuelta ?”. La Rochefoucauld le dijo: ”No Sir, es una revolución”. En este Siglo XXI no le diría lo mismo, sino, tal vez, algo peor: No Sir: es una resurrección globalizada.

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El Partido Laborista lanza el programa electoral más radical de las últimas décadas

Jeremy Corbyn cree firmemente que los votantes británicos están hartos de que el Brexit haya secuestrado el debate político en el Reino Unido en los últimos tres años. Su apuesta electoral es un revulsivo que él mismo definió como el plan laborista más “ambicioso y radical” en décadas y que ha puesto nerviosos a las grandes empresas y al sector financiero. El Partido Laborista ha presentado este jueves su programa para las elecciones generales que se celebrarán el próximo 12 de diciembre. "En las próximas tres semanas escucharéis que todo lo que contiene este programa es imposible. ¿Por qué? Porque el sistema funciona perfectamente para todos los poderosos, aunque no funcione para el resto de la gente. Se trata de un programa lleno de medidas populares que el establishment político ha bloqueado durante toda una generación", ha afirmado Corbyn entre los aplausos de los estudiantes y activistas que han acudido al acto en la Universidad de Birmingham.

Cree el laborismo que los votantes británicos están preparados, después de una década de austeridad, para acoger con agrado medidas que hace 10 años habrían resultado desorbitadas. Por ejemplo, la nacionalización parcial de la empresa British Telecom para ofrecer banda ancha gratuita de Internet a todos los hogares británicos; o la renacionalización de los servicios de ferrocarril y de transporte en autobús; o el aumento hasta el 26% del impuesto de sociedades (actualmente en el 19%); o una subida de las cargas fiscales a aquellos que cobran más de 90.000 euros al año.

Pero la medida estrella tiene que ver con una de las principales banderas de la formación: la lucha contra la emergencia climática. De una sola vez, el laborismo pretende recaudar casi 13.000 millones de euros de las grandes compañías petrolíferas y gasísticas. "Ya no podemos negar la emergencia climática. La podemos ver a nuestro alrededor. La hemos visto en las inundaciones de Yorkshire o de las Midlands. No podemos perder más tiempo. Esta crisis exige una actuación urgente. Pero no es justo que los costes de la respuesta recaigan sobre las enfermeras y enfermeros, sobre los trabajadores de la construcción o sobre los operarios de las compañías energéticas", ha justificado el líder laborista.

La cifra total que la formación ha calculado que puede recaudar gracias a los nuevos impuestos supondría casi 100.000 millones de euros anuales, y promete destinar la mayoría de esos ingresos a nuevas carreteras, mejores escuelas y hospitales. El plan también incluye hasta 150.000 nuevas viviendas de protección social. Así como rescatar de este modo, entre los británicos nostálgicos de pasadas eras brillantes, una idea más solidaria y eficaz de su país. "Todavía recuerdo los Ferrocarriles Británicos. Recuerdo que el Gobierno central no invertía en ellos lo suficiente. Y ahora observo cómo gastamos mucho más en subsidiar a compañías privadas de transporte de lo que gastábamos cuando eran compañías públicas", ha dicho.

Corbyn resucita las viejas batallas del laborismo de las décadas de los setenta y los ochenta, pero es capaz de darles un nuevo tono capaz de resonar en el electorado. "Boris Johnson representa un nuevo tipo de thatcherismo atiborrado de esteroides", dice en sus discursos. "Y pretende vender nuestro preciado Sistema Nacional de Salud (NHS) a los estadounidenses a cambio de un nuevo acuerdo comercial", añade.

"Not for sale, not for sale!" (No está a la venta, no está a la venta), han gritado entusiasmados los asistentes al acto.

Corbyn no deja de repetir la idea de que los conservadores tienen un plan oculto para privatizar el NHS, a pesar de que Johnson se desespere por negarlo en cada oportunidad que se le presenta.

Dos eslóganes decoran los actos electorales del laborismo: "It's time for Real Change" (Es el momento de un cambio de verdad) y "Hope" (Esperanza). Este último, un claro intento de transmitir al electorado británico de izquierdas el entusiasmo que el expresidente estadounidense Barack Obama logró infundir en su primera campaña.

La popularidad de Corbyn, según las encuestas, está por los suelos. Pero no así la de la opción laborista. Si en 2017 el veterano líder de izquierdas logró pisarle los talones a su rival, Theresa May, y conseguir prácticamente un empate técnico, las cifras de la formación comienzan a moverse de nuevo en estas elecciones y se achica la distancia con los conservadores, aunque siga siendo de más de 10 puntos.

"Presentamos el programa más radical que se conoce para transformar nuestro país, para resolver de una vez el Brexit y reescribir las reglas de nuestra economía. Como escribió Pablo Neruda: 'Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera'", ha gritado Corbyn a todos sus seguidores.

Llegado el tiempo de las preguntas de los periodistas —Corbyn ha cortado de raíz los abucheos: "En el Partido Laborista escuchamos con respeto las preguntas de la prensa"—, el líder laborista ha vuelto a hacer equilibrios para intentar explicar su posición respecto al Brexit, y de nuevo ha esquivado establecer qué defendería (salir o permanecer en la UE) si se celebrara el referéndum que promete en su programa electoral. Pero daba igual. Los asistentes al acto estaban más interesados en aplaudir las promesas de cambios radicales que ha anunciado el candidato laborista. "Cuando recorres el país, como yo he hecho, y hablas con la gente, entiendes perfectamente que las respuestas radicales son necesarias", ha defendido. 

LOS SINDICATOS APLAUDEN EL PLAN MIENTRAS LOS CRÍTICOS LO CONSIDERAN POCO REALISTA

Los planes laboristas plantean un incremento del gasto público equivalente a casi medio billón de euros a lo largo de la próxima legislatura. Y solo una cuarta parte de esa inyección, según sus propios cálculos, procederá de la subida de impuestos. “Proponen un incremento descomunal en la carga fiscal de las empresas. Si sus planteamientos alcanzan las cantidades que indican, estaremos aplicando el impuesto de sociedades más alto de todos los países del G7, y prácticamente por encima de todos los miembros de la OCDE [Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos]. Todo esto supondrá un riesgo muy considerable”, advertía el Instituto de Estudios Fiscales, un centro de pensamiento y análisis de sesgo neoliberal pero bastante respetado tanto por conservadores como por laboristas. “Simplemente, no resulta creíble”, dijo este jueves su director, Paul Johnson.

“Si los banqueros, los multimillonarios y todo el establishment pensaran que no son más que las promesas de siempre, y que al final podrán comprarnos y nada va a cambiar realmente, no estarían atacándonos de un modo tan fiero. Saben que vamos en serio y que sacaremos adelante nuestros planes, y por eso quieren evitar a toda costa nuestra victoria”, afirmó este jueves el líder laborista, Jeremy Corbyn. “Se trata de una fantástica oferta del laborismo a su electorado”, aseguró Len McCluskey, el secretario general de UNITE, la principal confederación sindical.

El programa incluye una subida del salario mínimo hasta los 12 euros por hora, sin distinción de edad (a partir de los 16 años). En la actualidad, la cifra está en los 9,50 euros por hora para los mayores de 25 años, pero puede bajar hasta los cinco euros por hora para los menores de 18 años. Propone reducir la jornada laboral semanal a 32 horas (cuatro días) en un plazo de diez años, y reforzar el poder negociador de los sindicatos con una defensa por todo el país de los convenios sectoriales. Eso supondrá homologar unos mínimos legales en cuanto a salarios y jornada laboral, que serán además vigilados por un nuevo Ministerio de Derechos Laborales que hasta hoy no existe.

Corbyn promete, asimismo, acabar con toda la gestión del Servicio Nacional de Salud trasladada a manos privadas.

El laborismo asegura que negociará un nuevo acuerdo del Brexit más beneficioso para los trabajadores. Por eso su programa evita dar detalles sobre la política migratoria y sobre posibles cambios en la libertad de movimiento de las personas garantizado por la UE; todo ello “será objeto de negociaciones futuras

PorRAFA DE MIGUEL

Londres 22 NOV 2019 - 02:44 COT

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