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Viernes, 08 Enero 2021 07:16

El final anunciado de Juan Guaidó

El final anunciado de Juan Guaidó

La Unión Europea dejó de reconocerlo como presidente "interino" de Venezuela

 

Venezuela transita una modificación del tablero político, tanto nacional como internacional, dimensiones muchas veces inseparable en el actual conflicto. Esa reconfiguración no es nueva y por momentos aparece con evidencia, como en estos días en que la nueva Asamblea Nacional ya se encuentra en funciones y Juan Guaidó parece estar ante sus últimas, o ya agotadas, reservas. Una de las señales de esta situación vino por la decisión de la Unión Europea de no reconocerlo como “presidente interino”. La posición fue expresada con diplomacia y filo: Guaidó fue calificado como “representante de la Asamblea saliente”. La Unión, al afirmar que la Asamblea que presidía Guaidó no sigue vigente, como afirma un sector de la oposición, descarta la continuidad de la “presidencia interina”.

Esta modificación ya había sido anticipada. Posiciones duras contra el gobierno de Nicolás Maduro, como las de Alemania, Holanda o Francia, cambiaron ante el nuevo escenario. Una pregunta viene al caso: ¿se trató de un reacomodo europeo en soledad o de una posición acordada con la nueva administración entrante en Estados Unidos? La modificación del tablero ocurre sobre varios niveles a la vez. EE.UU. seguramente mantendrá el reconocimiento a Guaidó como “presidente interino” en lo que fue un acuerdo bipartidista desde el principio. Pero seguramente, en simultáneo con la ratificación de ese posicionamiento, ocurra la modificación de la táctica, de la forma de abordaje del expediente Venezuela que, a todas luces, no dio los resultados esperados por Washington.

Otros gobiernos mantendrán junto con EE.UU. una línea de reconocimiento de la “presidencia interina”, como aquellos ubicados en el arco más a la derecha en América Latina, como Colombia, Brasil y Chile, y aliados estadounidenses en política exterior, como Canadá, el Reino Unido y Japón. Pero la decisión de cómo continuar para lograr un cambio de gobierno en Venezuela no será una decisión de esos gobiernos sino, como fue desde el inicio, exclusivamente de EE.UU.

Guaidó está fuera del centro político, agotado como para cumplir los objetivos políticos bajo los cuales fue construido. Lo saben todos los actores, independientemente de su narrativa pública. Por eso existen reposicionamientos internacionales y numerosas fracturas sucesivas dentro de la oposición venezolana, donde cada dirigente, partido -o fragmento de partido- busca posicionarse de cara al escenario abierto y en construcción. Se trata del posible final de una estrategia representada en Guaidó, la de una institucionalidad paralela. El gobierno venezolano logró desactivarla en un lapso de dos años, con un costo general para la economía sobre la cual se profundizó un bloqueo, la población, en particular los sectores populares y capas medias, y sobre la política, que se convirtió en posiciones de trincheras.

¿Cómo será la nueva etapa? Por el momento pueden verse algunos contornos. El discurso de la nueva Asamblea, con mayoría chavista, plantea tanto la importancia del diálogo como la reconciliación y la necesidad de que no exista impunidad. Iris Varela, vicepresidenta del poder legislativo, afirmó en la sesión del jueves que  “acordamos como junta directiva crear una comisión especial que va a investigar las acciones perpetradas contra la República desde las directivas y algunos miembros de la Asamblea en el período 2016-2021 (…) en un mes tiene que haber resultados y ya tiene que salir el exhorto para que actúe la justicia de manera contundente”.

El mensaje apuntó directamente a Guaidó, que a partir del 5 de enero perdió la inmunidad parlamentaria. Quien el 23 de enero del 2019, entonces desconocido para el país, se autoproclamó presidente, sabe ahora que su final político es cuestión de tiempo. Quedará en una disolución de capital político hasta reducirse al Twitter, o será detenido por la justicia. ¿De qué dependerá? De tiempos políticos, posibles diálogos y negociaciones internacionales donde el chavismo tiene una posición de fuerza política, pero de debilidad económica.

La apuesta del gobierno para la nueva etapa se centra en el intento de ingreso de capitales privados, nacionales y extranjeros, a diferentes áreas claves de la economía. Es lo que oficialmente comenzó a partir de la ley anti-bloqueo votada en octubre en la Asamblea Nacional Constituyente, que plantea, entre otras cosas, que ese proceso de ingreso de capitales se hará de forma confidencial para evitar las persecuciones del bloqueo por lo que, hasta la fecha, no han existido rendiciones de cuenta al respecto.

Aún no pueden medirse los resultados de esa orientación que comenzó con anterioridad a la ley. Según la efectividad o no, es decir que permitan una mejora de los ingresos en las arcas del Estado, de los servicios públicos, en empresas estratégicas como PDVSA, el gobierno tendrá mayor o menor urgencia para negociar una flexibilización del bloqueo en un posible diálogo/acuerdo con EEUU. La apuesta del gobierno es, además, que, dentro del rompecabezas, esa misma ley y las oportunidades de inversión que ofrece, funcione como elemento que empuje hacia acuerdos.

Por el momento se trata de debates, análisis y puertas cerradas, pero no de impactos en una cotidianeidad que se encuentra desde hace años bajo metamorfosis, con salarios y jubilaciones que van desde dos dólares mensual en el Estado hasta alrededor de 50 o 100 dólares en empresas privadas, con dificultades de abastecimiento de agua, gas, luz, y gasolina, y una moneda nacional que retrocede ante el avance del dólar desde lo pequeño hasta lo macro. Esa cotidianeidad es el principal tiempo de las mayorías en Venezuela.

Por Marco Teruggi

Desde Caracas

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Sorprendió que Donald Trump incrementara en 78 porciento los sufragios por los republicanos en Los Ángeles y 60 por ciento en Houston .Foto Afp

Para las mentes maniqueas parecería "surrealista" el análisis detallado de la votación del New York Times –rotativo anti-Trump y pro-Soros– de cómo los latinos y asiáticos se volcaron por el aún presidente en "por lo menos 65 por ciento (¡mega-sic!)" de las grandes urbes como Los Ángeles, Chicago, Nueva York, Miami y Filadelfia (https://nyti.ms/2WJl2qq) .

Aquí comenté la exquisita diferenciación del voto "mexicano" entre los dos proyectos secesionistas del Calexit y Texit (https://bit.ly/3aJFhwz) –dos estados de mayoría "mexicana", pese a los malabarismos de la discriminativa Oficina del Censo de EU– cuando nuestros connacionales votaron por el boleto Biden/Harris en forma aplastante en California –donde sorprendió el 30 por ciento que favoreció a Trump–, mientras en Texas, especialmente en sus cuatro fronteras de 2 mil 18 kms. con México (Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas), se volcaron en forma masiva por Trump.

California (55 votos) y Texas (38 votos) son los estados con mayor número de sufragios electorales que definen la presidencia, mucho más que los votos dispersos de mexicanos y "latinos-no mexicanos" en el resto del país.

El abordaje del NYT difiere en cuanto maneja el voto "latino" en general con un enfoque en las grandes urbes, sin considerar la especificidad ponderada en el determinante Colegio Electoral.

La sesgada Oficina del Censo de EU, que aplica dos pesas y dos medidas, coloca en forma aberrante a la aplastante mayoría de los mexicanos, 62 por ciento, dentro del 18.3 por ciento muy discutible rubro de "latinos/hispanos" (https://bit.ly/38BywtY).

Mexicanos y "latinos no-mexicanos" ostentan diferentes historias y migraciones con EU: los primeros son eminentemente "guadalupanos" –mezcla idiosincrática de los cultos de Tonantzin, la diosa del Olimpo azteca, y la católica Virgen de Guadalupe–, mientras que los "latinos no-mexicanos" son "protestantes" en su gran mayoría.

NYT reconoce que pese a la desafección que benefició a Trump, el "total de votos de latinos y asiáticos" favorecieron a Biden, pero no en la misma medida del pasado con los candidatos a la presidencia del Partido Demócrata.

Llama la atención el desempeño de los votantes mexicanos –es decir, la aplastante mayoría de los "latinos"– en Los Ángeles y Houston donde, en el primero "Trump incrementó los votos republicanos en 78 por ciento", mientras que en Houston "Trump ganó 60 por ciento de los votos adicionales, comparado al 7 por ciento (sic) de Biden".

NYT comenta que "Trump se vio especialmente popular entre los votantes de origen cubano" en Florida "quienes tienden a ser más conservadores, incluyendo temas de religión y aborto", aunque "Biden ganó el condado de Miami-Dade con sólo 7 por ciento" de ventaja.

El análisis "urbano" del NYT, un rotativo portavoz de los demócratas, exhibe la vulnerabilidad del Partido Demócrata en atraer el voto de los migrantes, en particular de los "latinos y asiáticos".

Es evidente que por su naturaleza, el voto de migrantes, que van en búsqueda de la fortuna del hoy alicaído "sueño estadunidense", sea más reticente a los clamores "socialistas" de la llamada "ala izquierda" de la coalición demócrata –representada por Bernie Sanders y el “Squad (https://bit.ly/3aKVCkk)”– en una sociedad plutocrática cada vez más desigual.

Un defecto de los análisis electoreros ultra-reduccionistas es que homogeniza el sufragio en un país tan extenso, variado y multicultural como EU que comporta en sus entrañas a "11 naciones", según el clásico libro de Colin Woodard (https://bit.ly/34LtoCx).

A cada quien su prisma analítico, y aquí lo que más me llama la atención es la "mexicanización" del sufragio en el sur fronterizo de EU, primordialmente en sus estados con los dos primeros PIB del país: desde California y Texas, donde, por lo visto, el voto de nuestros connacionales se mimetiza con su ecosistema.

En caso de que no suceda una guerra civil (https://bit.ly/34OrcKu) o una secesión, quizá la futura gobernabilidad de EU pase por una alianza inevitable de los WASP ( White Anglo-Saxon Protestant) y los "mexicanos".

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Sábado, 26 Diciembre 2020 08:49

Todo listo

Todo listo

Las prisas con que la Duma aprobó esta semana una decena de leyes de corte represivo para dificultar al máximo que los candidatos de oposición –tan sólo los que logren superar el primer filtro de impedimentos y consigan el registro– puedan acceder a la cámara baja del Parlamento ruso en las legislativas del año siguiente obedece al deseo del Kremlin de tener todo listo para asegurar el triunfo del partido gobernante.

En el mismo propósito se inscribe la condena a la diputada municipal Yulia Galiamina –dos años de libertad condicional por participar en protestas no autorizadas– que le imposibilita postularse, con lo cual los adversarios del Kremlin no podrán tener en la Duma a una de las voces de Moscú más críticas.

El caso de Galiamina es similar al de tantos otros que, formalmente con condenas a cuestas, quedan fuera del instrumento dócil en que los operadores políticos han convertido la cámara baja, con mayoría calificada de tres cuartos de los votos.

Esta vez la renovación completa de la Duma no será tan sencilla por el desencanto de una parte del electorado ante los excesos del grupo en el poder y el deterioro del nivel de vida de muchos, desde luego debido a la pandemia, pero también a la política del Kremlin que, como en cualquier país capitalista, beneficia a una minoría de privilegiados que incrementan sus fortunas, mientras aumenta el número de rusos que sobreviven por debajo del umbral de indigencia.

Antes de iniciar el tradicional periodo de vacaciones invernal de 10 días con los inevitables puentes que tienen todos los rusos entre la llegada del Año Nuevo y la celebración de la Navidad ortodoxa, la Duma aprobó –entre otras medidas– que se puedan bloquear las redes sociales si se estima que éstas discriminan a los medios de comunicación rusos; que se apliquen multas millonarias por negarse a retirar una información de los sitios web; que se declare "agente extranjero" a cualquier político y se le finque responsabilidad penal; que se prohíba recibir desde otros países donativos de forma anónima, de "agentes extranjeros" y menores de edad; que sea delito penal bloquear el tránsito, y que se pueda mandar a la cárcel por calumniar en Internet.

El margen de interpretación es tan ambiguo que se pueden aplicar, sin fundamento, cuando así convenga al Kremlin.

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https://razonpublica.com/elecciones-2018-empezaron-las-coaliciones/

El tiempo pasa y nos marca de diversas maneras con sus acontecimientos, unos más fuertes, otros no tanto. De unos y otros escritos en desdeabajo en su debido momento. Hoy, en época de balances, los retomamos y les invitamos a su relectura.

 

La emergencia de demandas populares reprimidas por la guerra, expresadas en las protestas sociales y en el fenómeno electoral de Gustavo Petro, ha producido una coyuntura similar al establecimiento del Frente Nacional: igual que tras la pacificación de Rojas Pinilla (1953-57), las clases dominantes buscan conjurar la potencial articulación del pueblo como sujeto político y, ante el declive del uribismo, parecen encontrar un nodo articulador en el “centro”.

 

La aparente contradicción entre violencia endémica y continuidad de las instituciones de la democracia liberal, característica de la historia colombiana, tal vez se explica por un tercer elemento que también le es singular: la sistemática exclusión del pueblo del ámbito público-político. Siempre que el sujeto político pueblo se intentó articular para intervenir en esa esfera fue expulsado, muchas veces de forma violenta, por los agentes que se autoperciben como sus naturales y exclusivos ocupantes: las clases dominantes o élites.

La Junta de notables de Santafé se impuso sobre los chisperos de Carbonell en 1810, la coalición de “constitucionales” que vinculó liberales y conservadores derrocó a Melo y desterró sus bases artesanales en 1854. Aquí no hubo grandes reformas como en el México decimonónico, ni revoluciones liberales a principios del siglo XX como las de Alfaro en Ecuador o Pando en Bolivia. El populismo, que amplió sustancialmente las comunidades políticas e incluyó los sectores populares en Brasil con Vargas, México con Cárdenas y Argentina con Perón, no echó raíces en estas tierras: el pueblo articulado por Gaitán fue convertido en una masa informe el 9 de abril de 1948 y, una vez aniquiladas las guerrillas gaitanistas, sobre ella se erigió el régimen excluyente del Frente Nacional.

En su momento, la exclusión de las terceras fuerzas –el MRL, la Anapo, etcétera– y el carácter ultrarepresivo de los gobiernos bipartidistas alimentaron la violencia revolucionaria. Una vez finalizado formalmente el pacto, la exclusión se prolongó en la práctica del genocidio agenciado por el Estado y el paramilitarismo, en particular pero no exclusivamente contra la UP, incluso con posterioridad a la Constitución de 1991. La mano dura de Uribe, auspiciada por las clases dominantes con el fin de apacigüar el país tras el escalamiento de la guerra desde mediados de los noventa, es en cierto sentido análoga a la pacificación operada por Rojas Pinilla a partir de 1953, de manera que hoy nos encontramos en un escenario similar al que enfrentaron las élites en 1957-58, cuando el dictador dejó de ser funcional a sus intereses, su creciente autonomía se conviritó en un problema y hubo que acordar una manera de monopolizar nuevamente el poder político.

Aunque los resultados electorales de 2018 apuntaban a la formación de un bloque hegemónico alrededor de Iván Duque, cuya victoria fue posible por la coalición de las fuerzas políticas tradicionales en contra de la articulación de demandas populares representada por Gustavo Petro, hoy el uribismo aparece como una fuerza en declive –con divisiones internas que se profundizan a medida que Uribe resta popularidad y suma rechazo en las encuestas–, mientras repunta como posible nodo articulador de los intereses de las clases dominantes el denominado “centro”.

Los avatares del centro político

Como acaba de mostrarse, las élites colombianas han sido más liberales que demócratas, pero la mayoría del tiempo la dominación de clase, descontando el filofascismo de un Laureano Gómez, ha adoptado una posición de centro. De hecho, la política en Colombia prácticamente no ha presentado experiencias radicales de izquierda ni de derecha: las reivindicaciones de las guerrillas, vistas por muchos como lo más radical, eran de cuño socialdemócrata. La única razón por la que nunca se formó una identidad política de centro, es porque no fue necesaria. En el contínuo izquierda-derecha, ése fue de facto y sin necesidad de proclamarlo el cómodo lugar de los dos partidos tradicionales, liberal y conservador, hasta su declive. La reivindicación del centro político se produce con ocasión de un fenómeno inédito en la historia reciente: la “polarización” posterior al Acuerdo de paz.

El cierre del prolongado conflicto armado motivó la emergencia de aquellas demandas proscritas del ámbito público-político tanto por la guerra, que exterminó la posibilidad del debate político, como por el predominio del centrismo entre las fuerzas políticas gobernantes. Entre 2012 y 2016, de la mano con el inusitado auge de las protestas y movimientos sociales, en la agenda pública se posicionaron una serie de demandas nunca resueltas que están en la raíz de los recurrentes ciclos de violencia: detener el despojo violento de la tierra y redistribuir su propiedad; resolver la pobreza y la desigualdad social extremas; acabar con la exclusión política vía genocidio; verdad, justicia, reparación y no repetición de los crímenes en el marco de la guerra, entre otras. En últimas, es este conjunto de demandas reprimidas por el conflicto las que se perciben, principalmente por sectores de derecha y de centro, como causantes de la “polarización”.

Para las elecciones presidenciales de 2018, el abanderado de muchas de estas demandas fue el candidato Gustavo Petro, no como una estrategia conciente sino por el hecho de que, ante la coalición del Polo Democrático con Sergio Fajardo y su fórmula, Claudia López, que se reclamaron como el centro, no hubo otra opción que las representara. De hecho, una de las tácticas de campaña del centro consistió en hacer equivalente a Petro con la derecha uribista de Iván Duque: ambos representaban los males de la “polarización”, que no solo impedía avanzar al país sino que amenazaba con destruirlo. Aunque inicialmente Fajardo y López erigieron una frontera discursiva con el uribismo, principalmente mediante la denuncia de la corrupción, con el tiempo se concentraron en combatir a Petro, quizás creyendo que allí estaba el electorado en disputa, afirmando que solo Fajardo podría ganarle al uribismo en segunda vuelta.

Los resultados indirectos o no buscados de esa táctica electoral fueron desastrosos. Tanto la etiqueta de cuño uribista “castrochavismo” como el rechazo de la “polarización” terminaron por estigmatizar y desplazar paulatinamente de la agenda pública las demandas sociales irresueltas y aplazadas por décadas de guerra. Pero, sobre todo, al expulsar de la agenda pública esas demandas, se frustran las expectativas creadas en amplios sectores populares por el Acuerdo, se erosiona su legitimidad y se crea un marco discursivo propicio para que se instale en la agenda una paz minimalista, que ni siquiera satisface lo acordado en la mesa de negociaciones y que mucho menos tocará mediante potenciales reformas los privilegios de las clases dominantes. En fin, el clima ideológico creado, un reencauche de la doctrina contrainsurgente del “enemigo interno” propia de la Guerra Fría, ha legitimado indirectamente el genocidio político, que ya deja más de mil líderes sociales y desmovilizados asesinados.

El resultado electoral tampoco fue el esperado: al erigir a Petro como la mayor amenaza para el país, en lugar de atraerse el potencial electorado de izquierda, el centro terminó por empujar parte de su propio electorado hacia el uribismo: muchos votantes de centro-derecha prefirieron la mano dura conocida del uribismo para conjurar esa gran amenaza a la desconocida del centro, tanto en primera como en segunda vuelta. A corto plazo la construcción de una identidad política de centro aparecía truncada debido a la imposibilidad de darle un contenido positivo, un proyecto, que trascendiera el antagonismo con Petro.

La crisis endémica de la izquierda

Sin embargo, las elecciones regionales y locales en 2019, en particular a la Alcaldía de Bogotá, mostrarían que el centro estaba en mejor posición para “acumular” capital político que la izquierda. El Polo Democrático, dominado internamente por el Moir, persistió en su alianza con el centro y, por tanto, cerró la posibilidad de coalición con otros sectores de izquierda. La plataforma con que Petro participó como candidato presidencial, Colombia Humana (CH), no alcanzó a consolidarse cuando se fragmentó en plena campaña, incluso aunque consiguió un importante número de cargos tanto en la Capital como en algunas otras regiones. Aunque el detonante de tal fragmentación fueron las denuncias por violencia intrafamiliar contra el candidato a la Alcaldía, Hollman Morris, ese es apenas el desenlace de problemas más profundos.

CH no pudo en esa coyuntura, y no ha podido, crearse una identidad como colectivo y organización política, que trascienda el carácter de plataforma electoral de Petro, a pesar de haber trabajado en un completo y alternativo programa de gobierno. En varios momentos se ha planteado en su interior una discusión sobre la forma organizativa, pero el problema no ha sido resuelto más allá del rechazo a formas tradicionales de organización como el partido. En consecuencia, su funcionamiento reproduce el caudillismo y el personalismo que, incluso a pesar de sí mismo, le ha impreso Petro. Si existiera alguna estructura organizativa, estaría basada en las redes de activistas y/o clientelas nucleadas por alguna personalidad individual con reconocimiento, lo que dificulta el seguimiento de procedimientos institucionalizados y el alcance de consensos en torno a decisiones colectivas, como la elección de candidatos o el rendimiento de cuentas.

La fragmentación se empezó a producir precisamente en torno a la elección de una candidatura a la Alcaldía de Bogotá. Debido a la carencia de personería jurídica, CH hizo coaliciones con el movimiento MAIS, entre otros, para las elecciones de 2018. A fines de ese año, Hollman Morris obtuvo el aval de dicho movimiento como candidato a la Alcaldía. Fue una decisión inconsulta en el interior de CH que levantó resquemores en otras personalidades, a lo que se adicionaron las denuncias en su contra por maltrato intrafamiliar en el marco de su divorcio, denuncias que no fueron procesadas internamente porque no existía en ese momento una instancia, como un comité de ética, que lo hiciera. Desde ese momento hasta fines de julio de 2019, cuando finalmente es elegido como candidato de CH, el movimiento se debate internamente por la elección de un candidato.

Durante todo ese tiempo Petro, líder “natural” de la colectividad, osciló indeciso entre dos actitudes: dejar que el propio movimiento escogiera un candidato pero, simultáneamente, establecer contactos con personalidades como el exministro Alejandro Gaviria y la misma Claudia López, candidata del centro. En marzo de ese año, en el marco de la asamblea distrital, Jorge Rojas, quien había obtenido el aval de la UP, no consigue proclamarse como candidato de CH, según afirmó, porque Ángela María Robledo lo impidió*. Para ese entonces había un descontento con el apoyo que una parte del movimiento le brindaba a Morris, sobre todo entre uno de los sectores feministas que lo componen liderado por Robledo. Pero ese sector no apoyó una candidatura de CH porque paralelamente también buscaba un acuerdo con Claudia López

La estructura organizativa de CH ni siquiera permitió una negociación ordenada con López pues, como Jorge Rojas comenta en la entrevista citada, había tres negociaciones al mismo tiempo: una de Petro, otra de Ángela María Robledo, ambas a puerta cerrada, y una más que derivó en un apoyo abierto de Rojas a la coalición de sectores alternativos en torno a la candidatura de López. El acuerdo programático no se consiguió, primero, por diferencias fundamentales en torno al modelo de ciudad, cuya manzana de la discordia fue la persistencia de López en continuar el proyecto de metro elevado del alcalde saliente Enrique Peñalosa, y segundo, porque la misma López lo obstruyó al proclamar, en el acto de inscripción de su campaña, la candidatura presidencial de Sergio Fajardo, que no fue consultada con ninguno de los integrantes de la inicial coalición a la Alcaldía.

La asamblea distrital había facultado a Petro y a Robledo para establecer coaliciones electorales, razón por la cual, incluso tras el portazo en la cara dado por López, la posibilidad de un acuerdo programático no se cerró. A fines de julio, Petro escogió finalmente a Morris como candidato de CH, no tanto porque fuese el candidato de su predilección sino para tener con qué hacer presión a la hora de negociar un acuerdo con López. No obstante, la manera como se lo invistió de candidato, a dedo en lugar de mediante una asamblea, le restó legitimidad. De cualquier forma, el lance fue infructuoso debido a la fragmentación del movimiento, pues en los meses siguientes Robledo consiguió un acuerdo, ya no en nombre de CH sino del sector particular que ella lidera, para apoyar a López. En suma, el funcionamiento basado en personalidades individuales no le permitió a CH hacer frente a la campaña por la Alcaldía y terminó más fragmentada que al comienzo, comprometiendo así la posibilidad de articular una alternativa popular para las elecciones de 2022.

Lo que se cocina en Bogotá

La victoria en Bogotá ha tenido consecuencias insospechadas para la política nacional: el centro, en cabeza de la Alcaldesa Claudia López, se ha proyectado como el potencial nodo articulador de un bloque hegemónico favorable a los intereses de las clases dominantes tras el lento declive del uribismo. En campaña, López no propuso en rigor un proyecto alternativo de ciudad. La retórica de centro, basada en el rechazo a la “polarización” se ofreció como una estrategia “apolítica” de hacer política enfatizando en los aspectos técnicos y de gestión sin tocar el modelo de ciudad neoliberal que se ha impuesto en las últimas décadas.

El triunfo se explica por la confianza que suscitó la personalidad “alternativa” de Claudia López en comparación con los otros dos candidatos opcionados: Carlos Fernando Galán y Miguel Uribe Turbay, ambos de la entraña de la oligarquía y la clase política tradicional. Pero sobre todo por su capacidad para articular, por la vía de la cooptación clientelar como se ha visto a la postre, los más disímiles sectores políticos, desde personalidades en otro tiempo afines al uribismo hasta parte de la izquierda, pasando por políticos reencauchados de la clase política tradicional. En efecto, la posición de centro le permitió a López capitalizar el respaldo de una parte importante de la clase dominante, que no quiso o no pudo articularse en torno a uno de los candidatos tradicionales, pero también de una parte de los sectores “alternativos”, que inicialmente abrazaron su propuesta como “la menos peor”.

La renuencia a revisar el proyecto del metro elevado, aún cuando se encuentra en una fase inferior al metro subterráneo que dejó diseñado la alcaldía de Petro y no ofrece los mismos beneficios pero sí costos superiores, así como la decisión de implementar obras nocivas e impopulares como la troncal de Transmilenio por la Avenida 68, muestran claramente que López ha procurado ganarse la confianza de los agentes políticos y económicos con intereses en ese tipo de grandes proyectos, con un capital político y mediático capaz de incidir en su gobernabilidad, como demostraron boicoteando políticas clave en la administración Petro.

Por su parte, para los sectores de la clase dominante que manejan directa o indirectamente los grandes negocios en la Capital, el liderazgo de López es fundamental porque les permite desarrollar su agenda y salvaguardar sus intereses, lo que haría cualquiera de los candidatos tradicionales, pero además les brinda una mayor gobernabilidad al haber cooptado y dividido parte de la izquierda y a los llamados sectores alternativos, es decir, a sus potenciales críticos. La crítica de la “mermelada”, las gabelas clientelistas que tradicionalmente prodigan los gobiernos a cambio del apoyo electoral, pasó a segundo plano frente a la necesidad de garantizar esa gobernabilidad y los distintos sectores que apoyaron a López han recibido sus compensaciones en cargos y contratos, en lo que constituye la reactivación de una estrategia característica del Frente Nacional para desactivar el descontento y el debate ideológico.

La virtual ausencia de crítica por parte de los sectores cooptados frente a hechos que en otras circunstancias se rechazarían al unísono como la represión policial, de la que la alcaldesa López ha usado y abusado en los meses que lleva su administración, es un ejemplo notorio de este fenómeno, pero no el único. Los dobles raseros a la hora de evaluar las medidas para atender la emergencia provocada por la pandemia, criticando por ejemplo los $3.000 millones que invirtió Duque para publicidad en redes sociales pero, al mismo tiempo, guardando silencio frente a los $6.000 millones que invirtió López en contratos con los grandes medios de comunicación para hacer “pedagogía”, han estado a la orden del día.

La crisis ha sido el escenario para confirmar a Claudia López como la líder del centro, incluso llegando a postularla como eventual candidata presidencial. Frente a un presidente que ha aprovechado la coyuntura para beneficiar hasta el descaro los grandes capitales financieros y privilegiado los intereses de los ricos, se ha erigido en una aparente alternativa. Sin embargo, las políticas de la Alcaldesa en medio de la emergencia no se alejan sustancialmente del enfoque neoliberal que implementa el gobierno nacional, basado en subsidios, créditos y otras políticas focalizadas, y conservando como eje del sistema de salud a las EPS, entre otras cosas. López y Duque no son, por consiguiente, antagonistas respecto a la forma de atender la emergencia. López, empero, está mejor posicionada porque puede descargar la responsabilidad en Duque, quien fija el marco general de las políticas. Más que nada, la articulación con parte de la clase dominante, en particular con gran influencia en los medios masivos de comunicación, la han ubicado en ese lugar de liderazgo.

¿Hacia una nueva hegemonía?

El fenómeno Petro en 2018 parece haber sido un llamado de atención: al menos potencialmente, las demandas reprimidas de los sectores sociales excluídos que están en el origen de la violencia cíclica podrían articularse políticamente. Fue un llamado de atención para las clases dominantes, que no dudaron en rodear al candidato presidencial del uribismo y que ante su declive no dudarán en apoyar cualquier otra alternativa a lo que representó Petro, pero también lo fue para los sectores “alternativos” y para una parte de la izquierda renuente a emprender transformaciones políticas de algún calado, esto es, que necesariamente producirán “polarización”, o recelosas del caudillismo y del personalismo que perciben en Petro.

El triunfo de Claudia López en Bogotá ha empezado a dotar la identidad política de “centro” de un contenido positivo, más allá del “antipetrismo” que definió sus fronteras discursivas en la campaña de 2018. Por su parte, Petro continúa siendo la figura de la izquierda con mayor capital político, pero no con el suficiente para imponerse como alternativa. Así pues, existe una relación de suma cero entre la apuesta del centro y la de los sectores representados por Petro. A menos de que éstos se vuelquen a movilizar la población tradicionalmente apática y abstencionista por distintas razones, se empeñen en construir un sujeto político popular, lo que haría necesaria la consolidción de una apuesta organizativa como CH, tendrá que disputar con el centro una franja de apoyos y bases sociales con miras a los comicios de 2022.

Paradójicamente, los críticos del caudillismo de Petro no han tenido otra alternativa que construir otro liderazgo personalista para hacerle contrapeso: Claudia López se presenta hoy como la líder del centro, incluso relegando personalidades como Sergio Fajardo. El problema radicará en resolver si el capital político acumulado por López es finalmente transferible hacia una identidad colectiva, el centro, o si es personal e intransferible. En éste último caso, no habría que descartar que López opte por un curso de acción igual al de uno de sus mentores, Antanas Mockus, quien renunció en 1997 a la Alcaldía para presentarse a las elecciones presidenciales. Pero sea cual sea la opción del centro, tendría en su favor el interés de las clases dominantes de refrenar la “polarización”: las demandas sociales que emergieron tras el Acuerdo de paz, para alcanzar una paz minimalista que deje intactos sus privilegios, y que tiene en la administración de López en Bogotá una experiencia para replicar a nivel nacional.

 

* Ver: ‘Creo que hay déficit de democracia en Colombia Humana’: Jorge Rojas” https://www.eltiempo.com/politica/partidos-politicos/jorge-rojas-habla-de-la-relacion-de-gustavo-petro-y-claudia-lopez-400310

 

 

 

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Quienes hayan financiado complots contra Ortega no podrán ser candidatos en 2021

HRW: el gobierno busca impedir a opositores participar en los comicios

 

Managua. La Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó ayer una ley para evitar que puedan contender en las elecciones generales del próximo año aquellas personas que se compruebe hayan financiado intentos para derrocar al presidente Daniel Ortega o alentado sanciones contra sus funcionarios.

La Ley de Defensa de los Derechos del Pueblo a la Independencia, la Soberanía y Autodeterminación para la Paz fue aprobada por 70 votos del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional, 15 en contra y cuatro abstenciones.

Los críticos del gobierno ven la norma como un intento de amordazar a la oposición de Ortega, quien en noviembre de 2021 buscará un cuarto mandato. La ley no especifica cómo se determinará la inelegibilidad de los candidatos.

"Ésos que piden sanciones internacionales contra Nicaragua o sus funcionarios, que vayan y sean candidatos en el imperio", sostuvo el presidente del Congreso, Gustavo Porras, uno de los 27 funcionarios nicaragüenses que han sido sancionados por Estados Unidos en los últimos años.

El gobierno de Ortega acusa a la oposición de intentar lanzar un golpe de Estado y de presionar para que se impongan sanciones a los funcionarios después de que estallaron las protestas en su contra en abril de 2018.

De acuerdo con organizaciones de derechos humanos, más de 320 personas murieron en los enfrentamientos subsiguientes, mientras el gobierno y grupos armados leales a Ortega buscaban sofocar los disturbios.

Eliseo Núñez, ex legislador de oposición, aseguró que Ortega busca anular cualquier competencia de cara a las presidenciales de 2021 y sólo cedería si hubiera suficiente presión de la administración entrante de Estados Unidos.

Ortega enfrenta la presión de Estados Unidos, la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos para ofrecer garantías de comicios transparentes en 2021.

La vicepresidenta y esposa de Ortega, Rosario Murillo, celebró la aprobación de la ley, tras calificar a los opositores de "traidores" y "serviles", y acusarlos de ser "esclavos de los imperios, que al silbato del amo se movilizan como manadas, qué vergüenza".

A la misma hora que el Parlamento aprobaba la nueva norma, se conoció que Estados Unidos sancionó a otros tres funcionarios oficialistas. También fueron sancionados los nicaragüenses Marvin Ramiro Aguilar García, Walmaro Antonio Gutiérrez Mercado y Fidel de Jesús Domínguez Álvarez.

El director de Human Rights Watch, José Vivanco, indicó que el gobierno "presentó este proyecto para impedir que la oposición participe en las elecciones presidenciales de 2021", lo que viola el derecho a la participación política y "ayudará a consolidar a la dictadura Ortega-Murillo".

Nacionalizan empresas de electricidad

La Asamblea Nacional del país centroamericano aprobó anoche, en sesión extraordinaria, la nacionalización de dos empresas distribuidoras y comercializadoras de electricidad: Disnorte y Dissur, al sancionarse la ley de aseguramiento soberano y garantía del suministro de energía eléctrica a la población nicaragüense, que fue remitida de urgencia por el presidente Ortega.

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Lunes, 14 Diciembre 2020 05:56

¿El gran perdedor?

¿El gran perdedor?

No hay nada que aguante menos Trump que ser calificado de "perdedor"; es literalmente una condición sicológica, parte de su síndrome narcisista. Un bully que pierde, huye o se esconde, pero un bully que tiene el puesto más poderoso del mundo es sumamente peligroso, y Trump está dispuesto a llevarse a todo el país antes de aceptar que fue derrotado.

Trump, responsable junto con todo su equipo del manejo irresponsable de la pandemia, a tal grado que se le puede atribuir un gran porcentaje de las casi 300 mil muertes y casi 14 millones de contagiados, ha estado abiertamente impulsando un autogolpe de Estado. O sea, él y cientos de políticos republicanos han declarado que para salvar la república y su democracia tienen que destruirlas.

Cientos de miles, millones, apoyan esto aquí. Una mayoría abrumadora de republicanos o los que votaron por Trump creen que hubo fraude, a pesar de una ausencia de pruebas. Más aún, sólo 27 de los 249 republicanos en el Congreso federal han reconocido el triunfo del demócrata Joe Biden.

Aún es difícil creer que más de 74 millones votaron por lo que cualquier ser consciente y racional tiene que concluir que es el peor presidente, el más corrupto y peligroso jamás visto, impulsor de un gran engaño populista que convenció a amplios sectores de trabajadores, devastados por políticas neoliberales y sus efectos, y hartos de los que justifican esas políticas, incluyendo las grandes figuras demócratas y su retórica elegante. Aún más difícil es aceptar que millones –sobre todo sus supuestos representantes políticos– creen, o pretenden creerle al presidente más mentiroso de la historia que ganó la elección. Y ahora algunos están listos para golpear e incluso matar a otros estadunidenses para defender ese engaño.

En las calles de la capital y en otras ciudades, el equivalente de las camisas cafés, las milicias nazis que ayudaron a llevar a Hitler al poder, ahora se llaman Proud Boys y los Bogaloo, y dicen que están listos para dar la vida a su causa.

El distinguido profesor de leyes en Harvard, Laurence Tribe, recientemente advirtió que "al aproximarnos al 20 de enero (día de la transición presidencial), es más probable que el sector armado de la base de Trump se vea inminentemente amenazado con la extinción y responda con violencia. Ésa es la amenaza más inminente que enfrentamos como estadunidenses".

La violencia en este país es parte integral de su historia y no se puede entender casi ningún capítulo de su existencia sin tomar en cuenta la sangre que corre a lo largo de su gran experimento democrático, como a este país le gusta llamarse. Es una historia que nace con el "encuentro" violento y genocida con el mundo indígena, el secuestro brutal de africanos y su esclavitud y el racismo tan presente, la historia de la explotación y discriminacion de trabajadores inmigrantes, largo historial de represión oficial contra los que se atrevieron a luchar contra la violencia sistémica, una historia de guerras que no han cesado.

Esa violencia prevalece debajo en esta coyuntura definida entre la agenda neoliberal imperante durante los últimos 40 años y el ascenso al poder del proyecto neofascista de los últimos cuatro años. Entre las nuevas camisas cafés por un lado y un llamado al "regreso a la normalidad" ofrecido por los viejos neoliberales que ganaron la elección, ninguna puede resolver la crisis que atraviesa Estados Unidos. Por lo tanto la gran interrogante es si este país –o bien sus mayorías– tienen salvación, o si ahora este país –el cual se autoproclama el gran campeón del mundo– está por convertirse en el gran perdedor, junto con su presidente.

Eso dependerá de las corrientes rebeldes defensoras de la dignidad y que actúan en nombre de la solidaridad, que hablan y cantan en cientos de idiomas que han democratizado –o luchado por ello– a este país desde sus orígenes hasta ahora. Eso ya empezó, una vez más.

We gotta get out of this place. The Animals. https://www.youtube.com/watch?v=Q3mgapAc VdU&feature=youtu.be

Rock and a hard place. Rolling Stones. https://www.youtube.com/watch?v=RiTw4hwr7 YI&feature=youtu.be

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Funcionarios de casilla esperan a ciudadanos para que emitan su voto. Foto Afp

Caracas. Casi a las dos de la mañana, hora de Caracas, la autoridad electoral venezolana dio a conocer que la participación electoral fue de apenas 31 por ciento. Como incluso la oposición esperaba, el madurismo se declaró vencedor con 67.6% de los votos, según el reporte que leyó Indira Alfonzo, presidenta del Consejo Nacional electoral.

La oposición “tradicional” alcanzó apenas 17.95% y la disidencia de izquierda no rebasó la barrera del 3 por ciento.

La lectura de estos resultados fue atestiguada por personajes como los ex presidentes Rafael Correa y Evo Morales.

El chavismo se apresuró a festejar los resultados. “No hicieron nada, sino mucho daño al país”, dijo Diosdado Cabello, en una celebración que se debe matizar con los siguientes datos: hace cinco años, la participación fue de 71 por ciento.

Antes de esos resultados de última hora, lo que sigue fue lo que ocurrió en una jornada complicada como toda elección de Venezuela.

No hay dudas sobre la sinceridad del hombre que habla. Ha sido alto funcionario de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. No tiene sino comentarios despectivos para los dirigentes opositores que considera responsables principales de la crisis política y social de Venezuela. Pero también tiene ojos.

Pasamos al lado de una nevería. La fila a reventar. “Mira, aquí hay más gente que en los centros de votación… para tu crónica”.

Con elecciones cada año, los venezolanos parecen acostumbrados a las largas colas para ejercer su derecho. Este domingo no hay esas filas de diez en fondo. En dos recorridos por centros de votación, a diferentes horas, es posible observar que la elección de los nuevos integrantes de la Asamblea Nacional, el congreso unicameral, no entusiasma a las mayorías.

“Con esta elección estamos moviendo una pieza en el tablero. Ahora le toca a la oposición”, dice una fuente del gobierno de Maduro.

Tal pieza ha sido movida con la ayuda del ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, quien hoy pide a la Unión Europea modificar su postura de no reconocer estas elecciones.

Zapatero es, según fuentes del gobierno, el promotor principal de una salida que, vista la polarización, suena disparatada: que el gobierno madurista incorpore opositores en el gabinete para “cogobernar”.

“Sabemos que ya no sirven la imposición ni las sanciones. Sólo sirven el diálogo y los votos, el encuentro y la deliberación democrática”, dice Zapatero, sumando puntos a su papel de demonio a los ojos de la derecha.

No hay que olvidar, en este punto, que la oposición de derecha promovió opciones que incluían la intervención militar extranjera en su propio país. Sálvenos Donald Trump, pues.

El asunto, dicen los eruditos, es multifactorial.

Uno: el bolívar, la moneda, es ya un recuerdo que sólo sirve para dar cambio, como aquellas moneditas de nuestras crisis mexicanas que no compraban ni un caramelo. Solo que aquí son billetes con la cara del Libertador y un número: 50 mil bolívares.

Otro punto en la cantaleta multifactorial: no hay gasolina, o hay tan poca que muchos sacrificados ciudadanos prefieren hacer filas que pueden durar días para dar de beber a sus automóviles

La oposición más significativa decidió no participar, en su lógica de “gobierno paralelo” encabezada por Juan Guaidó, que llevó las expectativas de “salir de Maduro” y luego se fue consumiendo en sus propias torpezas y en cálculos que no se hacían en Caracas sino en Washington.

Guaidó, que tiene “embajadores” en varios países, llamó a la abstención y ha convocado a una consulta, a celebrarse el próximo domingo

El bloqueo estadunidense, sumado a los errores del madurismo, ha llevado a un sector de los venezolanos a situaciones de miseria impensables en un país que apenas hace unos años acogía migrantes y hoy los lanza a Chile, Argentina, México y otras naciones.

A lo largo del día, las narrativas oficialista y opositora se confrontan en las redes sociales. Del lado opositor abstencionista se dice que el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunciará una participación de alrededor de 20 por ciento. Desde el bando madurista creen que menos de 30 por ciento sería una derrota.

En las propias filas del oficialismo hay voces que consideran un error que Maduro haya convertido esta elección en una suerte de referéndum sobre su propia gestión. Hace unos días, el “presidente obrero” reiteró a los medios locales: “Si ganan las elecciones parlamentarias de este 6 de diciembre me retiro, pero si ganamos, vamos para adelante con el pueblo”.

Un alto funcionario del gobierno lo pone de esta manera: “En el tablero esta fue nuestra jugada; ahora vamos a ver qué pieza mueve la oposición”.

Y cuando dice oposición no se refiere a las fuerzas que participaron en esta contienda, sino al llamado G4, es decir, los cuatros partidos opositores con mayor poder de convocatoria, donde se inscribe la opción del “presidente” Guaidó.

Varias estampas de la votación dibujan el momento venezolano.

A dos calles de un centro de votación, en la céntrica parroquia (barrio) San Agustín, truenan las bocinas con una canción que reza: “Con Chávez y Maduro, el pueblo está seguro”.

Tras las cortesías de rigor, que incluyen el clásico “¡mexicano!” cariñoso, Deimy Álvarez, líder del PSUV en la parroquia San Agustín, una mujer de 36 chavista desde adolescente, resume la contienda de aparatos, no exclusiva de su preferencia política:

“La participación es muy buena… tenemos jefe de comunidad, jefe de calle, en esta parroquia (barrio) tenemos instalados 57 puestos de comandos comunales donde se chequean los votos duros del chavismo y se movilizan desde la calle hasta el centro electoral y después se le escanea su carnet de la patria y se anota el código del carnet del PSUV, para nosotros garantizar la movilización de la maquinaria y del voto chavista.

Sigue: “Esta es una parroquia chavista, aquí no perdimos ni la reforma (2007) ni la elección de la asamblea en 2015 y aquí nosotros estamos garantizando la salida de los votos duros, que aquí es de 80 por ciento”.

Hace siete años, Nicolás Maduro se bañó de pueblo en Catia, un barrio chavista que siempre presumían a los visitantes extranjeros.

Pero este domingo no hubo largas filas ni multitudes a la espera del presidente. Hasta pasado el mediodía, los voceros del gobierno guardaban silencio sobre el acto de votación del presidente.

Un militar de bajo rango, a eso de las 9 de la mañana, dijo: “El presidente ya votó, en el Fuerte Tiuna”.

Después del fallido atentado de los drones, la decisión se explica, pero tampoco ayuda a favorecer la popularidad de Maduro que anda, según sus propios seguidores, en el rango de 15 por ciento.

Las prioridades y las líneas de mando parecen claras. Antes de la medianoche, el Consejo Nacional Electoral no había dado los resultados oficiales, pero ya el mando militar, en la voz del poderoso general Padrino López, había adelantado una jornada sin sobresaltos.

Tras anunciar que solo diría unas cuantas palabras, hizo un largo discurso claramente político contra el terrorismo, la subversión y la “anti patria”.

Prioridades de la “unión cívico militar”, vaya.

El bando opositor que endiosa a Trump guarda silencio con excepción de su campaña en redes para desacreditar la elección.

Ya es muy tarde, y tras la arenga del general Padrino, las calles se quedaron vacías, al menos en el pedacito de Caracas que un mexicano puede mirar.

Arturo Cano, enviado .

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Lunes, 30 Noviembre 2020 05:54

El faro

El presidente Donald Trump, luego de la videoconferencia con miembros del ejército desplegados en el extranjero, en el Día de Acción de Gracias, el pasado jueves.Foto Ap

El "faro de la democracia" está parpadeando y en peligro de fundirse.

Noam Chomsky señala que "la elección entera reveló la fragilidad extrema de la democracia estadunidense". Explica en entrevista con Truthout que aun antes de Trump, era evidente que el país se acercaba cada vez más a una oligarquía en la cual los más ricos estaban ya en control de las decisiones fundamentales del gobierno, ya creando una crisis democrática.

La lucha por la democratización del país ha sido constante desde sus orígenes hasta la fecha –esa lucha que el historiador Howard Zinn reveló en su obra, incluyendo su Otra historia de Estados Unidos–, pero el asalto neofascista encabezado por Trump es el ataque más brutal contra las instituciones y procesos democráticos, y más que ello, sobre las fuerzas progresistas dentro y fuera de este país, en tiempos recientes.

Nunca un presidente ha cuestionado la legitimidad de una elección antes, durante y después de los comicios, y menos ha rehusado garantizar el traslado pacífico del poder. Eso es lo que ha generado, por primera vez, el debate sobre si hubo, o aún hay, un intento de golpe de Estado. Trump insiste, sin evidencia alguna, en que hubo un fraude masivo por medio de una conspiración entre demócratas, la FBI, partes del Departamento de Justicia y "comunistas", incluidos los cubanos y los venezolanos. Y tres cuartas partes de los 73 millones que votaron por Trump le creen.

Por lo tanto, se espera que Trump nunca conceda la elección, proclame que su resultado es un gobierno "ilegítimo", y que continúe haciendo todo por desestabilizar al próximo régimen, cueste lo cueste, o sea, el asalto anti-democrático no se acaba con el fin de la presidencia del magnate.

Pero este asalto contra el proceso político-electoral no se explica sin el ataque masivo contra la democracia durante las últimas cuatro décadas, bajo el esquema neoliberal que arrancó con la elección de Ronald Reagan y que ha sido el eje del consenso bipartidista de la cúpula política y económica de este país desde entonces. Con ello, se ha visto el peor nivel de injusticia económica en casi un siglo, expresado en la desigualdad económica cada vez más extrema –y aún más acelerada en los últimos años– junto con el desmantelamiento el estado de bienestar social y la privatización de programas sociales de salud, educación, y hasta de guerras y prisiones, incluyendo centros de detención para inmigrantes y sus niños.

El 0.1 por ciento más rico ha duplicado su fortuna desde el comienzo del neoliberalismo hace cuatro décadas y ahora controla 20 por ciento de la riqueza nacional. Según un informe reciente de la Rand Corporation, unos 47 billones de dólares fueron trasladados de las clases trabajadoras y medias (90 por ciento de la población) a los más ricos de 1975 a 2018 ( https://www.rand.org/pubs/working_ papers/WRA516-1.html).

Robert Reich advierte que lo que ahora promete el presidente Joe Biden es un retorno a la "normalidad", pero “eso será desastroso para Estados Unidos Unidos. Lo normal nos llevó a Trump… normal son cuatro décadas de salarios estancados y creciente desigualdad cuando casi todos los incrementos económicos se destinaron a los de arriba… Normal es también la creciente corrupción de la política por el gran dinero; un sistema económico amañado por y para los ricos”.

Por ello, un mosaico de movimientos y organizaciones sociales que fueron claves en frenar al proyecto neofascista de Trump entienden que la elección sólo fue un paso en una lucha por la democratización de Estados Unidos. Esa democratización de lo que antes se proclamaba el "faro de la democracia" y que llegaba a nuestros países para juzgar y recomendar recetas para ser más como ellos, ahora requiere de la ayuda de aquellos pueblos que han luchado contra el neoliberalismo y la derecha, o sea, un movimiento de solidaridad internacional para brindar apoyo a la lucha por la democratización de Estados Unidos.

El faro requiere una nueva luz.

Cats & Dinosaurs, International Solidarity; Paul Robeson Joe Hill, Flogging Molly Times they are a changing .

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Decenas de personas hacen fila para votar en Río de Janeiro, en unas elecciones marcadas por la abstención a causa del coronavirus Fábio Motta / Efe

Bolsonaro, que no tiene partido, dio su apoyo a 13 aspirantes a la alcaldía de alguna de las 57 grandes ciudades; 11 fueron derrotados

 

El centroderecha ha ganado este domingo las alcaldías de Sao Paulo y Río de Janeiro. En esta última ciudad, el 'bolsonarismo' ha sufrido además un nuevo golpe, tras la derrota en la segunda vuelta de las municipales de Brasil del actual regidor, el obispo evangélico Marcelo Crivella.

Este domingo estaban llamados a las urnas en Brasil 38 millones de personas, el 25% de los votantes del país, para elegir alcalde en 57 grandes ciudades. Entre ellas, Recife, donde el Partido de los Trabajadores (PT) del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva firmó su debacle tras perder la posibilidad de ganar una gran capital.

En Sao Paulo, el mayor colegio electoral del país con nueve millones de votantes, se cumplieron las proyecciones de las encuestas con la reelección del alcalde Bruno Covas, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), de centroderecha. El regidor cuenta con el aval del actual gobernador del estado, Joao Doria, el principal rival político de Bolsonaro entre los conservadores.

Covas ha sido reelegido con un 59,3 % de los votos, lo que supone una amplia ventaja frente al profesor universitario y líder de los sin techo Guilherme Boulos (40,6%), que no pudo ir a votar tras dar positivo por coronavirus en la recta final de la campaña electoral.

Boulos, de 38 años, se ha alzado como la principal voz de la izquierda en Brasil tras llegar a las urnas de la mano del emergente Partido Socialismo y Libertad (PSOL), formación surgida en 2004 tras una purga promovida por el PT, y ha asumido una parte del protagonismo que durante décadas ha tenido Lula dentro del campo progresista.

En Río de Janeiro, la Alcaldía recayó en manos del exalcalde Eduardo Paes, que obtuvo el 64,11% de los votos tras recibir el apoyo crítico de un variopinto grupo de partidos tanto de izquierda como de derecha que tienen en común su animadversión al presidente Jair Bolsonaro.

Crivella (35,89%) contaba con el aval del líder de la ultraderecha brasileña, quien tenía sus cartas puestas en Río de Janeiro tras el varapalo sufrido en la primera vuelta por los candidatos bendecidos por él.

Bolsonaro, que no tiene formación tras abandonar el año pasado el Partido Social Liberal (PSL) por divergencias con sus líderes, transfirió su apoyo público a un total de 13 aspirantes, de los cuales 11 fueron derrotados en las urnas.

Además de Río de Janeiro, el 'bolsonarismo' también cedió este domingo en Fortaleza (nordeste), donde Wagner Sousa Gomes, conocido como el 'capitán Wagner', perdió por un estrecho margen.

El PT de Lula sella su debacle

Pese a que la izquierda consiguió contener la sangría vivida en las municipales de 2016, el tradicional Partido de los Trabajadores terminó de confirmar el descalabro ya vivido en la primera vuelta tras perder las elecciones en Recife y Vitoria (nordeste), las dos capitales que disputaba.

En Recife, Marilia Arraes, ahijada política de Lula, perdió ante su primo Joao Campos, que se convirtió en el alcalde electo más joven en una capital de Brasil, con 27 años.

En Vitoria, un antiguo reducto electoral del PT, el candidato del partido Republicanos, el comisario Lorenzo Pazolini, desbancó al progresista Joao Coser con un 58,50% de los votos.

Esta es la primera vez que el PT, considerado por muchos años como el principal referente del campo progresista de Brasil, no gobernará a ninguna de las capitales brasileñas desde 1985.

El PT, que ya gobernó por dos veces Sao Paulo, la mayor ciudad del país, llegó al récord de nueve capitales en 2004, en el segundo año del mandato presidencial de Lula (2003-2010).

Jornada electoral sin incidentes

Con una abstención récord en Sao Paulo y Río de Janeiro, el proceso se desarrolló casi sin incidentes y bajo estrictas medidas de seguridad por la covid-19, ya que Brasil es el segundo país con más muertes en el mundo por la enfermedad, con más de 172.000 fallecidos, y el tercero con más casos, con cerca de 6,3 millones de contagios.

El escrutinio fue notablemente más rápido que en la primera vuelta, cuando un intento de ataque cibernético retrasó varias horas la divulgación de los resultados.

En Brasil, el voto es obligatorio y se hace mediante urna electrónica, una modalidad considerada fiable según los especialistas, pero que ha sido puesto en duda por el presidente Jair Bolsonaro.

El líder ultraderechista no sólo cuestionó hoy el sistema electrónico de Brasil, sino que aprovechó la cita para denunciar el "fraude" en los comicios estadounidenses, donde el voto es en papel.

"La prensa no lo divulga, pero yo tengo mis informaciones, y no sirve de nada decírselas a ustedes porque no las van a divulgar, de que realmente hubo muchos fraudes (en las elecciones de Estados Unidos)", afirmó el jefe de Estado brasileño, uno de los pocos mandatarios que aún no ha felicitado a Joe Biden por su elección como presidente de Estados Unidos.

30 de noviembre de 2020 07:34h

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Lunes, 23 Noviembre 2020 05:41

Primer mundo

El coach Gary Patterson participó como voluntario en la entrega de alimentos a miles de estadunidenses en Arlington, Texas. La semana pasada había imágenes de interminables filas de autos en Dallas, anteriormente símbolo de riqueza, en espera para recibir asistencia alimenticia para sus familias. Foto Ap

A mí me aseguraron que este era un país de primer mundo. Me engañaron. Recuerdo el viejo chiste de que aquí no había golpes de Estado porque no había una embajada estadunidense. Ahora sólo falta que Luis Almagro llegue con la OEA para anular la elección y rescatar al país de los "comunistas", como alega Trump y su gente.

Aquí en los últimos días hay imágenes y declaraciones que ponen en duda eso de "primer mundo" y más aun, eso de "faro de la democracia". Lo que más asombra es que después de estos cuatro años, y sobre todo después de este proceso electoral, que aún hay en este país aquellos que siguen ofreciendo proclamaciones, juicios y recomendaciones a otros países sobre democracia, elecciones, procesos democráticos, derechos humanos y más. Sería bueno que guardaran un tantito de silencio mientras aplican todo eso a su propio país, para empezar, incluso solicitar unas recomendaciones de otros países que saben de todo esto.

La semana pasada había imágenes de interminables filas de autos en Dallas –anteriormente símbolo de riqueza– en espera para recibir asistencia alimenticia para sus familias. En El Paso, presos fueron reclutados para ayudar a las autoridades a trasladar cuerpos de los hospitales abrumados por casos de Covid. Estas escenas no son exclusivas a Texas, se repiten a lo largo de un país donde hay cada vez más hambre en medio de la devastación económica y social provocada por el manejo político irresponsable y criminal de la peor crisis de salud pública en un siglo.

Millones están al borde de ser lanzados de sus hogares por no poder pagar rentas o hipotecas, millones más se encontraran sin asistencia de desempleo en las próximas semanas –o sea, como regalo de Navidad– si el gobierno no aprueba más fondos y extiende las moratorias de pago de deudas y rentas. Ni hablar de los inmigrantes –entre ellos los llamados "trabajadores esenciales" que están rescatando al país en medio de estas crisis–, quienes no tienen derecho a ninguna asistencia, y más bien sólo derecho a ser explotados y desechados.

La semana pasada, la organización Families Belong Together colocó más de 650 ositos de peluche en una jaula a las afueras del Capitolio para recordar a los legisladores que mas de 650 niños inmigrantes arrancados de los brazos de sus familias por el gobierno de Trump aún no han sido reunificados.

Mientras Trump enviaba saludos a manifestaciones de supremacistas blancos y neonazis que se manifestaban en apoyo del presidente, la FBI reportó que los crímenes de odio en este país han llegado a su nivel más alto en una década (7 mil 314), entre los cuales se registró el número más alto de homicidios motivados por odio desde que la FBI empezó a ofrecer esa cifra. De los 51 homicidios por odio en 2019, 22 fueron cometidos en El Paso por un joven motivado por las palabras de Trump y cuyo objetivo era matar a "mexicanos".

Ni hablar sobre la elección, y lo que parece ser un intento, aunque muy mal hecho hasta ahora, de un autogolpe de Estado por Trump y su equipo. Al declarar la existencia de un magno fraude desde antes de la elección y cumpliendo por ahora su promesa de no reconocer el resultado si no salía ganando, las acusaciones han llegado a niveles espectaculares. En una de las conferencias de prensa más extrañas en la historia del país, Rudy Giuliani y otros abogados encargados de demostrar el fraude, acusaron que Hugo Chávez –quien murió en 2013– era uno de los responsables, junto con George Soros, los cubanos y tal vez los chinos. Más tarde, sugirieron que en el estado de Georgia, el gobernador republicano fue sobornado por venezolanos y la CIA para entregar la elección –con el triunfo del demócrata Joe Biden–- a "comunistas".

Entre golpes de Estado y chavistas tomando por asalto a Georgia, en medio del epicentro mundial de la pandemia, la imagen del fin de semana fue Trump jugando golf, igual que Nerón con su violín.

Y me dicen que estoy en algún lugar del primer mundo.

Cuando los universos chocan, Gogol Bordello https://open.spotify.com/ track/3d090eNCOhcrUde6vZXSiN? si=Hd73vsbCQCS7e788RuKBJw

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