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Crisis ecológica, pandemias y tratados de...
A estas alturas de siglo, no hay duda alguna de que afrontamos una crisis ecológica sin precedentes. Otra cosa es que se quiera reconocer a pesar de las múltiples evidencias existentes, bien estudiadas por el mundo científico y suficientemente documentadas y difundidas por organismos... Leer Más
Vasant Dhar, de la Universidad de NY, recomienda...
La peor censura de la historia fue propinada el 6/1, mediante un golpe cibernético de los nuevos hijos de Torquemada, en imitación al 11/9 (https://bit.ly/3bJoeuP). Provocó conmoción la censura selectivamente politizada por las redes sociales de la cibercracia (https://bit.ly/3sw8cud). Desde su... Leer Más
Miénteme y di que no hay 5G malo
Las locas conspiraciones en torno a la nueva generación de redes digitales son música para los oídos de las multinacionales encargadas de implantarlas, porque ridiculizan los fundamentados discursos sobre la agonía ambiental a golpe de clic.   La ignorancia es atrevida. De ello saca ventaja... Leer Más
Capitalismo de vigilancia
La era del capitalismo de la vigilancia, de Shoshana Zuboff, se transformó rápidamente, pese a su extensión, en un libro de referencia, y su título sintetizó un momento del capitalismo. ¿De qué forma se mercantilizan los datos personales y qué efectos tiene eso sobre las personas? ¿Qué tan... Leer Más
Un poder en la sombra
Pfizer, Moderna, Johnson&Johnson, Novartis, Roche, Merck, GSK…   “Procurar el bien de una persona es algo deseable, pero es más hermoso y divino conseguirlo para un pueblo y para las ciudades”. Aristóteles, Ética a Nicómaco   El mayor éxito del 2020 fue sin duda el... Leer Más
Planeta en 'overbooking': el avión ecológico no...
Es oficial: la aviación comercial supone al menos un 5,9% de la contribución humana a la crisis climática y no un 2% como defendía la industria. Los constructores aeronáuticos contraatacan enarbolando la bandera de la innovación tecnológica y el avión verde, pero este está muy lejos de ser una... Leer Más
Con Biden habrá más revoluciones de color en AL
Las formas cambian, pero el fondo sigue siendo el mismo. En vez del muro, las restricciones a los inmigrantes y el discurso ultra de Donald Trump, vendrán las declaraciones "correctas" sobre la democracia, las mujeres y los afrodescendientes de Joe Biden. En vez del militarismo descarnado, las... Leer Más
Los oscuros orígenes del virus / I
Con más de 92 millones de personas contagiadas y 2 millones de muertes por Covid en el mundo, aún no se sabe a ciencia cierta el origen del virus que está causando esta debacle global. Hay consenso científico en que el SARS-CoV2 es derivado de un virus de murciélago, pero a más de un año de... Leer Más
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El juez Leonard Stark autorizó la venta para pagar a la minera canadiense Crystallex la expropiación de sus activos en Venezuela hace más de 10 años.

Las autoridades de Venezuela tacharon de "reparto de botín a última hora" la decisión de un juez estadounidense de autorizar la venta de las acciones de la empresa Citgo Petroleum Corporation, filial de la estatal petrolera venezolana (PDVSA) en EE.UU.

"La República Bolivariana de Venezuela denuncia y rechaza rotundamente las acciones del gobierno de Donald Trump, en complicidad con un reducto de extremistas venezolanos, quienes, actuando en contubernio, han cometido delitos trasnacionales con el fin de apropiarse de activos de Venezuela y sus entidades en todo el mundo", reza un comunicado oficial.

Desde Caracas declararon que esta sentencia "en las horas agónicas del saliente gobierno de Donald Trump confirma que las relaciones internacionales de esta administración las impulsa el odio, el saqueo, la venganza y el abuso de poder como ejercicio criminal del poder público". "Es el reparto del botín a última hora de ese gobierno con la complicidad de su fracasado títere local, para acentuar el revanchismo contra una empresa que pertenece a todos los venezolanos", opinaron.

Declararon que "la apropiación ilegítima e ilícita de Citgo" se realizó bajo instrucciones del líder opositor Juan Guaidó y por José Ignacio Hernández "para apropiarse de los activos de la República en el exterior, facilitar la entrega del patrimonio del pueblo venezolano a potencias extranjeras mediante un gigantesco fraude procesal y atentar contra el orden constitucional venezolano".

En ese contexto, las autoridades alertaron "a la comunidad internacional del peligro que representa para las inversiones y empresas extranjeras en Estados Unidos de América, y el gravísimo riesgo al que están sujetos sus intereses frente a maniobras de esta naturaleza, dirigidas a confiscar activos privados extranjeros mediante gigantescos fraudes procesales y acciones unilaterales violatorias del Derecho Internacional".

Mientras, el canciller venezolano, Jorge Arreaza, afirmó a través de su cuenta en Twitter que esta decisión es "infame" y "una nueva agresión del agonizante gobierno de Donald Trump contra el noble pueblo venezolano".

Venta de las acciones a la minera Crystallex 

El juez estadounidense Leonard Stark autorizó este viernes el proceso de venta judicial de las acciones de Citgo Petroleum Corporation para pagar a la minera canadiense Crystallex la expropiación de sus activos en Venezuela hace más de 10 años.

Previamente, el pasado 21 de mayo, este juez ordenó iniciar la venta de Citgo para que Caracas cancele una indemnización de 1.400 millones de dólares a Crystalles. La administración del presidente Nicolás Maduro, por su parte, ha mantenido la posición de que ni PDVSA, ni Citgo, ni PDV Holding, son "deudores" de Crystallex, ni han sido "sujetos" de estos procedimientos legales.

Publicado: 16 ene 2021 22:20 GMT 

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Svetlana Tijanóvskaya, líder de la oposición en Bielorrusia

Entrevista — Líder de la oposición en Bielorrusia

"Desde el punto de vista europeo, la declaración de los dirigentes tiene que ser más fuerte y tienen que tomarse la situación más en serio", sostiene la líder de la oposición en Bielorrusia

 

En tan solo unos días Svetlana Tijanóvskaya pasó de ser un rostro desconocido a convertirse en el símbolo de la oposición a Aleksandr Lukashenko, apodado a menudo como el último dictador de Europa y presidente de Bielorrusia desde hace más de 26 años. Nunca fue su intención entrar en política, dice.

No era una política profesional ni una activista. Era profesora de inglés que se había dedicado en los últimos años plenamente a cuidar de su familia. Tampoco destaca por su carisma ni deja al descubierto fácilmente su afinidad ideológica. Quizá ha sido todo eso lo que llevó a la oposición a unirse tras la figura de Tijanóvskaya cuando esta decidió relevar a su marido, Serguéi Tijanovski, en su candidatura presidencial tras su encarcelamiento pocos meses antes de las elecciones. Parece una mujer normal que, indignada por la dictadura, decidió dar un paso adelante.

Tras las elecciones de agosto, que según datos oficiales ganó Lukashenko con un 80% frente al 10% de Tijanóvskaya, estallaron protestas multitudinarias en todo el país ante el aparente fraude electoral. Cinco meses después, los manifestantes continúan recorriendo las calles, la represión no cesa y Tijanóvskaya sigue exiliada en Lituania. Lukashenko ha prometido reformas.

Han pasado cinco meses desde las elecciones y el inicio de las protestas ¿Teme que el tiempo beneficie a Lukashenko? 

No, el tiempo juega en su contra. Los bielorrusos ven a dónde está llevando al país. No hay dinero, está subiendo impuestos y la gente ve que el movimiento de protesta continúa. Cada vez hay más personas dispuestas a unirse a las manifestaciones ante la situación actual. También estoy segura de que Rusia empieza a ver la situación de manera diferente porque entiende que Lukashenko es tóxico para los países europeos y para EEUU, que han impuesto algunas sanciones. Así que no, el tiempo no le beneficia.

¿Está perdiendo impulso la oposición?

En este momento no vemos grandes manifestaciones en las calles porque la gente está cansada tras estos meses de protestas. Además, muchos están en la cárcel y ha sido Año Nuevo. Pero ahora vemos que la gente comienza de nuevo a despertar y a salir en manifestaciones de barrio, no en grandes marchas. Estos meses de invierno van a servir para fortalecer la estructuras dentro de la oposición. No creo que haya grandes manifestaciones durante el invierno, pero este movimiento desde las bases volverá a crecer de nuevo en primavera.

Por mi parte tengo un trabajo internacional, y vamos a visitar más países para reunirnos con más líderes. El objetivo es explicar la situación y renovar las relaciones con muchos países que se perdieron durante el gobierno de Lukashenko. Pronto Joe Biden va a empezar su trabajo y pensamos que jugará un gran papel no dentro del país, sino en el escenario internacional. Juntos, los países europeos y EEUU podrán influir de alguna manera en la situación.

Está claro que Lukashenko no renunciará voluntariamente, ¿cuáles deben ser los próximos pasos?

Desde el punto de vista europeo, la declaración de los dirigentes tiene que ser más fuerte y tienen que tomarse la situación más en serio. Esa es nuestra misión ahora: ir a diferentes países, reunirnos con los dirigentes y explicarles por qué tienen que prestar más atención a Bielorrusia. Desde el principio desempeñaron un papel importante en la situación al no reconocer las elecciones. Además, los tres paquetes de sanciones y el informe del Mecanismo de Moscú [de la OSCE] sobre violaciones de derechos humanos fue una gran ayuda, pero Lukashenko está intensificando su violencia, mintiendo y riéndose de la población hablando sobre la reforma constitucional, unión nacional… pero nada de esto es real. Los bielorrusos no le aceptan y lo único que tiene es el poder basado en la violencia. Así que insistiremos en que Europa tiene que tener una voz más fuerte.

Pase lo que pase en el futuro, ¿cree que ha cambiado este movimiento popular el papel de la mujer en Bielorrusia?

Por supuesto. Las bielorrusas han entendido que pueden hacer más de lo que aceptaron de sí mismas. Las decisiones más destacadas las tomaron mujeres, por ejemplo mi caso; el de Maria Kolesnikova, que rompió su pasaporte para no ser deportada; o el de Nina Baginskaya, que es una de las más mayores de las protestas. Los hombres también han tenido un gran papel, pero el comportamiento de las mujeres ha sido fundamental y los bielorrusos no esperaban esa respuesta. Siempre hemos estado en segunda línea y ahora las mujeres han sentido su poder y estoy segura de que en el futuro tendremos un papel igual al del hombre

Usted sustituyó a su marido, que estaba considerado de alguna forma como un candidato prorruso o que, al menos, no amenazaba el statu quo geopolítico. ¿Cuál es su visión de la posición geopolítica de Bielorrusia en relación a Rusia, la UE y la OTAN?

No puedo responder a esta pregunta ahora porque el problema en Bielorrusia no está en tomar este u otro lado. El problema está en la dictadura. No importa lo que diga ahora porque si no tenemos derecho a votar, nuestras palabras no significan nada. Así que estamos luchando ahora para ganar estos derechos. Después, el propio pueblo bielorruso decidirá si quiere estar más cerca de Rusia, Ucrania o Europa. Tiene que ser su decisión. Por supuesto que queremos un desarrollo democrático y creo que los países europeos y EEUU son un mejor ejemplo de democracia. Yo opino que… bueno, no quiero decir lo que opino porque no quiero influir en la forma de pensar de algunos bielorrusos.

¿Cómo describiría el papel de Rusia durante la actual crisis política en Bielorrusia?

En primer lugar, después de las elecciones, Rusia apoyó con fuerza a Lukashenko, incluso dándole dinero. Moscú no esperaba que nuestra revolución durase tanto tiempo porque ya tuvimos una especie de levantamiento en 2010 y 2012, pero esta vez es diferente y el Kremlin no se lo esperaba. 

Estoy segura de que no ha sido agradable para el Kremlin tratar con Lukashenko en esta situación porque han visto que Lukashenko ha perdido todo su apoyo en Bielorrusia, Europa, Estados Unidos... Se está volviendo tóxico para todo el mundo y tratar con esta persona no tiene recorrido a largo plazo. Estoy segura de que están buscando la manera de terminar con esta situación, pero hacerlo de una forma que evite la humillación de Lukashenko. Como si dimitiera voluntariamente y no por la oposición. Por eso él ha empezado a hablar de reforma de la Constitución, reconciliación nacional…. Pero la gente no está de acuerdo y sabe que se trata de un juego político. Lukashenko está en la quiebra política. Es cuestión de tiempo.

Hemos visto sanciones, declaraciones, premios de derechos humanos… ¿Qué pide ahora a los Estados de la UE? ¿Qué pueden hacer?

Lo primero es ignorar totalmente a Lukashenko y a su gente. No aceptarlos como figuras políticas y aumentar la presión para inciar, al menos, un diálogo. Otra parte importante es el apoyo a la sociedad civil. Es una pena, pero para sobrevivir en esta batalla desigual, la gente necesita ayuda financiera. Los estudiantes necesitan apoyo porque son expulsados de las universidades, los trabajadores son expulsados de las fábricas... Nuestro deber es apoyar a esas personas. El tercer punto al que Europa tiene que prestar atención es la justicia. No hay ley en Bielorrusia, absolutamente ninguna ley. Estamos buscando esta justicia en el extranjero. El primer caso de investigación sobre la base de la jurisdicción universal por una persona herida se ha abierto en Lituania. Ahora estamos tratando de iniciar los mismos procesos en otros países. Los países europeos no deberían permitir la impunidad en Bielorrusia. No pueden cerrar los ojos ante lo que está pasando. 

¿Aceptaría un diálogo y negociación con Lukashenko?

Desde el principio declaramos que esta crisis política debe resolverse sólo a través del diálogo. No queremos ningún tipo de violencia o guerra. Queremos sentarnos y hablar sobre el futuro. Hemos intentado iniciar este diálogo de muchas maneras. Hemos pedido ayuda a líderes políticos independientes, hemos intentado iniciar el diálogo a través de la OSCE... pero no ha habido respuesta. Para Lukashenko es más fácil fingir que todo va bien, que no pasa nada. Sin embargo, seguimos insistiendo en este diálogo porque somos gente civilizada. No es necesario tener toda esta violencia. Por supuesto, no nos importa que el propio Lukashenko esté en la mesa, pero estamos seguros de que no estará porque, en primer lugar, para él sería una humillación sentarse con la oposición. Por eso pensamos que serán otros representantes del poder, no él.

¿Volverá a Bielorrusia?

Por supuesto que volveré, pero cuando me sienta segura. Si tenemos este diálogo, estoy lista para volver a Bielorrusia, pero con el apoyo de observadores internacionales. Ahora hay dos casos penales abiertos contra mí en Bielorrusia y ya no me creo a estas autoridades. Si tuviese apoyo internacional, volvería.

¿Teme por la seguridad de su familia?

Ahora tengo miedo sobre todo por mi marido que está en la cárcel y es como un rehén en esta situación. Me siento bastante segura en Lituania y en las visitas internacionales, aunque no sé hasta dónde llegan los brazos del Gobierno. Ha habido tanta atención sobre Bielorrusia que no creo que me eliminen físicamente. La gente en Bielorrusia está en mucho más peligro que yo.

¿Habla con su marido?

No. Solo hablé con él una vez por teléfono después de que Lukashenko visitara la cárcel, pero nos comunicamos a través del abogado que lo visita dos veces por semana. Y por supuesto también nos escribimos cartas.

Y por último, ¿podría contarme la historia detrás de ese extraño vídeo publicado en agosto en el que aceptaba los resultados electorales y en el que pedía a la gente que parase de manifestarse antes de su exilio a Lituania?

Fui a la Comisión Electoral Central para llevar documentos que demuestran que estamos seguros de que las elecciones fueron amañadas. Allí había altos cargos y tuvimos una larga conversación en la que me forzaron a salir del país. Me dijeron que me daban la oportunidad de salir si leía ese papel o me meterían en la cárcel durante mucho tiempo.

¿La amenazaron?

Sí, y fue una gran presión psicológica. No estaba preparada para eso. Estaba muy asustada y tomé la decisión de huir, pero no paré. Si hubiese investigado sus métodos, hubiese visto que obligar a huir a la gente era su forma de trabajar. Entonces quizá hubiese actuado de forma diferente. No lo sé. En ese momento estaba muy asustada, pero gracias a la gente que me apoyó en ese momento, no me rendí y continué de alguna forma la presión desde el extranjero. El gran error de Lukashenko fue tratar así a la gente después de las elecciones: golpearles, dispararles… No perdonarán todas esas atrocidades.

Por avier Biosca Azcoiti

16 de enero de 2021 22:18h

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Con Biden habrá más revoluciones de color en AL

Las formas cambian, pero el fondo sigue siendo el mismo. En vez del muro, las restricciones a los inmigrantes y el discurso ultra de Donald Trump, vendrán las declaraciones "correctas" sobre la democracia, las mujeres y los afrodescendientes de Joe Biden. En vez del militarismo descarnado, las revoluciones de color ideadas por la Open Society de Soros para promover cambios de régimen que favorezcan sus intereses.

La pista la dio Thomas Shannon el primero de enero en una carta abierta en medios brasileños. Shannon fue embajador de Estados Unidos en Brasil en el gobierno de Obama y había sido subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental con George W. Bush.

La carta de Shannon titulada "La delicada verdad sobre una vieja alianza" fue publicada en la revista Crusoé (https://bit.ly/2LLldiB), que funge como "periodismo independiente", antibolsonarista ahora, pero cuyos fundadores jugaron un papel destacado en el proceso contra Lula que desembocó en su reclusión y en la destitución de Dilma Rousseff, operando entonces desde el influyente sitio El Antagonista (oantagonista.com).

Shannon comienza su carta asegurando que "la relación entre Brasil y Estados Unidos es una de las piezas fundamentales de la diplomacia en el siglo XXI". Repasa luego las similitudes entre sus sociedades, para rematar que "el presidente electo (Biden) conoce bien Brasil y América Latina", asegurando que "ningún presidente estadunidense comenzó su mandato con tal conocimiento y experiencia en la región".

En la segunda parte de su misiva, Shannon emprende un feroz ataque al gobierno de Jair Bolsonaro, porque "ha hecho casi todo lo posible para complicar la transición en la relación bilateral", al expresar su preferencia por Trump en las recientes elecciones y por haber criticado a Biden, quien pidió en un debate una acción más enérgica de Brasilia contra la deforestación.

Para Shannon es inadmisible que Bolsonaro haya "repetido las infundadas acusaciones de fraude del presidente Trump en los comicios estadunidenses", ya que lo interpreta como un ataque a la democracia de Estados Unidos y al futuro gobierno de Biden.

Pero lo más grave empieza después. Shannon le dice al gobierno lo que debe hacer en tres aspectos (la pandemia, el cambio climático y la posición ante China respecto a las redes 5G) y luego amenaza. "Es algo que no se perdonará fácilmente ni se olvidará", remata el diplomático.

Algunos podrán alegrarse, incluso en la izquierda, de que el nuevo gobierno de Estados Unidos le baje el pulgar a Bolsonaro. Por mi parte, tanto el silencio del Partido de los Trabajadores de Brasil como del propio Lula, muestran las dificultades de la izquierda frente al viraje en curso en la Casa Blanca.

No se trata de Jair Bolsonaro, sino de nuestros países, de la soberanía de las naciones. El presidente de Brasil debe ser condenado y apartado por su propio pueblo. Ha hecho todos los méritos para que la sociedad se movilice para destituirlo. Pero que desde el imperio amenacen con nuevas revoluciones de color, es una pésima noticia. Podrán atacar ahora gobiernos de ultraderecha, pero seguirán con todo lo que se les ponga en su camino, sea conservador o progresista.

La operación de derribar a Bolsonaro cuenta ya con un considerable apoyo mediático e institucional. La Orden de Abogados de Brasil, que jugó sucio contra Lula y pidió la destitución de Dilma (https://bbc.in/3soJjAA), está promoviendo ahora la destitución de Bolsonaro. Su presidente, Felipe Santa Cruz, declaró que "el ritmo del proceso será dictado por presión de las calles", llamando, de hecho, a la movilización popular (https://bit.ly/3q5ntQS).

Para la derecha "democrática", ésa que apuesta a la defensa del medio ambiente con medidas cosméticas, que engalana el gabinete de Biden con mujeres y afrodescendientes, pero sigue sosteniendo la violencia policial/patriarcal, llegó el momento de ponerle freno a la ultraderecha. Los bolsonaristas hicieron el trabajo sucio contra la izquierda, pero ya no le son útiles. Igual que Trump.

Para comprender este viraje basta con recordar las guerras centroamericanas, donde el Pentágono apoyó primero los genocidios militares para luego promover opciones "centristas", como las democracias cristianas, para recomponer el escenario ante el fuerte desgaste de los golpistas de Guatemala y El Salvador.

Si el mandato de Trump fue abominable, el de Biden no lo será menos. Recordemos la guerra en Siria, la liquidación de la primavera árabe y la invasión de Libia, promovidas y gestionadas por el equipo que ahora retorna a la Casa Blanca.

En América Latina, las destituciones ilegítimas ("golpes" dicen otros) de Manuel Zelaya (2009), de Fernando Lugo (2012) y de Dilma Rousseff (2016), se produjeron bajo el gobierno "progre" de Barack Obama (2009-2017). No olvidemos a Trump. Pero tampoco que, de la mano de Biden, retornan personajes nefastos como Victoria Nuland, organizadora del golpe y la posterior guerra en Ucrania.

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El retorno de la derecha globalista en EEUU

El agonizante mandato de Donald Trump se propone dejar a su sucesor, en el escenario internacional, un conjunto de problemas cuya solución o desenredo no serán sencillos.

 

La agudización de la tensión con Irán, el cierre de filas con Arabia Saudí en el conflicto en Yemen y la reciente definición de Cuba como un país "patrocinador del terrorismo", se suman a la decisión de "terminar con las restricciones para el contacto oficial con Taiwán", algo que irrita profundamente a China, como forma de "complicar el mandato de Joe Biden".

Sin embargo, el nuevo inquilino de la Casa Blanca está dando varios pasos que permiten intuir que los viejos tiempos de las "revoluciones de color" para promover cambios de régimen, están a punto de regresar.

Veinticinco organizaciones sociales de Estados Unidos difundieron una carta en contra del nombramiento de Nuland, advirtiendo que debería ser rechazada por el Senado. "Nuland jugó un papel clave en la facilitación de un golpe en Ucrania que creó una guerra civil que costó 10.000 vidas y desplazó a más de un millón de personas", dice la misiva.

A comienzos de 2014 Nuland y el Gobierno de Obama apoyaron el Euromaidán, una serie de manifestaciones violentas apoyadas por neonazis y francotiradores que dispararon contra la Policía para conseguir "el derrocamiento de un presidente elegido democráticamente que se había negado a unirse a la OTAN", recuerdan las organizaciones.

La carta ha sido firmada por Veterans for Peace y diversas organizaciones y coaliciones pacifistas de Estados Unidos. Recuerdan que el año pasado Nuland declaró: "El desafío para los Estados Unidos en 2021 será liderar las democracias del mundo en la elaboración de un enfoque más eficaz hacia Rusia, uno que se base en sus fortalezas y ponga énfasis en Putin donde es vulnerable, incluyendo entre sus propios ciudadanos".

También defiende:

  • mantener presupuestos de defensa sólidos,
  • continuar modernizando los sistemas de armas nucleares de EEUU y sus aliados,
  • desplegar nuevos misiles convencionales y defensas de misiles,
  • establecer bases permanentes a lo largo de la frontera oriental de la OTAN y aumentar el ritmo y la visibilidad de los ejercicios conjuntos de entrenamiento.

En suma, algo similar a una declaración de guerra a Rusia.

Los pacifistas también recuerdan que EEUU comenzó a colocar misiles en Rumania y Polonia, expandir la OTAN a la frontera de Rusia, armar a Ucrania y a "realizar ejercicios de ensayo de guerra masivos en Europa del Este".

Sin embargo, uno de los aspectos más interesantes de la carta es que la demonización de Rusia se relaciona con la presión para obtener más presupuesto para las Fuerzas Armadas.

En un artículo de 2016, el analista de inteligencia y asuntos militares Mark Perry, sostuvo que algunos oficiales sobredimensionan el potencial militar ruso para presionar por mayor presupuesto. Para ellos lo mejor es "pintar a los rusos como capaces de aterrizar en nuestra retaguardia y en ambos flancos al mismo tiempo", lo que el especialista considera una tontería.

Según Perry, graduado de la Academia Militar de Northwestern, autor de nueve libros sobre asuntos militares y comentarista habitual en CNN y Al-Jazeera, existe "una disputa cada vez más profunda en la comunidad militar sobre cómo responder a la reducción de las cifras presupuestarias. Lo que está en juego es el futuro estratégico: ¿modernizar su arsenal de armas o aplazar la modernización en favor de un mayor número de soldados?"

Basta con mirar las cifras, sostiene Perry, para concluir que la tan manida "amenaza rusa" es ridícula. "EEUU gasta siete veces la cantidad de dinero en defensa que Rusia (598.000 millones de dólares frente a 84.000 millones), poco menos de seis veces más helicópteros (aproximadamente 6.000 frente a 1.200), tres veces el número de cazas (2.300 frente a 751) y cuatro veces el número total de aviones".

Estos análisis dejan sin embargo algunos puntos en la penumbra, como las razones por las cuales las elites eligen a Rusia y no a China como enemigo principal.

El primero es que la tensión de cara a los presupuestos militares refleja tanto las enormes dificultades de la economía estadounidense para apoyar el exagerado despliegue del Pentágono en el planeta, por la creciente debilidad de su economía. "En los escalones superiores del Ejército, hay signos de grietas", asegura Perry.

La presión por la modernización que ausculta Perry puede haberlas creado. Sin embargo, ¿podrían las Fuerzas Armadas de un país seriamente agrietado no presentar ellas mismas fisuras en su interior?

El segundo punto se relaciona con la experiencia histórica. En su momento, EEUU utilizó a China contra la Unión Soviética y su heredera, Rusia, explotando las diferencias entre las dos naciones, porque no hubiera podido vencer a las dos juntas, como lo mostró el ejemplo de la guerra de Vietnam. Sin embargo, la alianza sino-rusa parece sólida por el momento y nada apunta a una eventual ruptura.

Lo que debemos comprender son las razones por las cuales los estrategas detrás del Gobierno de Biden eligen confrontar con Rusia y no con China, como hizo Trump.

La respuesta pasa por dos ejes: Rusia siempre fue un enemigo estratégico para las elites estadounidenses. Mucho más allá de su período socialista, es una nación poderosa que nunca mostró signos de someterse a Occidente.

Pero hay otra razón a la vez pragmática y geopolítica: el ascenso de China pasa por el despliegue de la Ruta de la Seda, algunos de cuyos trazados más importantes pasan por tierras rusas o por naciones aledañas. Aislar a Rusia, desatar conflictos en su periferia (como sucedió con Ucrania y puede suceder con Polonia), es un tiro indirecto con la estrategia china de soldar su alianza comercial, tecnológica y económica con la Unión Europea.

16:03 GMT 14.01.2021URL corto

Por Raúl Zibechi

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 Mensaje en que la red social Twitter notifica que la cuenta @realDonaldTrump, perteneciente al presidente estadunidense –que contaba con 88.7 millones de seguidores–, fue suspendida permanentemente debido "al riesgo de mayor incitación a la violencia".Foto Ap

Debido a la inquisitorial censura del GAFAM/Twitter, una plétora de libertarios optó por Signal, alentado por Elon Musk, y Telegram que rebasó ya 500 millones usuarios.

Así como Trump censuró a los chinos de Tik Tok y a Huawei, apuesto a que el equipo de Biden prohibirá Telegram en EU y en su periferia satelital, bajo el pretexto exorcista de ser ruso.

Biden y Trump son las dos caras de la misma moneda del cibertotalitarismo neoliberal (sic) cuando cunde la Guerra de la ciberseguridad (https://bit.ly/3boiuqhx) –planeada hace nueve años y ejecutada ahora como "nuevo 11/9 cibernético"– que ya pusieron en jaque las libertades básicas en EU y en los países donde opera el GAFAM/Twitter en forma supraconstitucional. Se decanta así un G-2: Biden contra Rusia y Trump contra China.

Es el Pentágono –y sus tentáculos del deep State (CIA, FBI, etcétera), al unísono de la bancocracia plutocrática– que controla a los gigantes tecnológicos de Silicon Valley, al GAFAM y al minúsculo Twitter (pero con enorme poder letal): mediante el oculto big brother orwelliano del Consejo de Innovación de Defensa.

El año 2021 es ya el 1984, de Orwell, y el Mundo feliz (¿con vacunas del GAVI (https://bit.ly/35C1DfV)?), de Huxley: premonitorias obras inglesas.

La canciller alemana, Angela Merkel, quien se caracterizó por su colisión con Trump, arremetió contra la censura del GAFAM/Twitter y comentó que la “libertad de opinión es un derecho fundamental ( Daily Mail, 11/1/21)”. Su preocupación radica en que tal censura es "problemática" porque otorga "demasiado poder a los jerarcas de las redes sociales": este "derecho fundamental puede ser interferido a través de las leyes y del marco definido por la legislatura y no de acuerdo con la decisión de la gestión de las plataformas de las redes sociales". ¿Golpe de Estado cibernético privado contra los estados?

Global Times, de China, anti-Trump, critica el "silenciamiento de Trump" que rompe el principio de la libertad de expresión y que juzga mucho más relevante que la “intrusión al Capitolio (https://bit.ly/2MY9iii)”. ¡Mega-uf!

En Rusia, donde se exiló Edward Snowden, feroz crítico de Mark Zuckerberg (https://bit.ly/39v1rAt), causó estupor el pisoteo politizado de la libertad de expresión.

En México, el presidente López Obrador alertó sobre el advenimiento de un "gobierno mundial (sic)" bajo la égida del GAFAM/Twitter (https://bit.ly/35z3zWE).

El israelí progresista Thierry Meyssan hace honor al apotegma laico y tolerante de Voltaire: "Desapruebo lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo" y expone en el portal francés Réseau Voltaire que “la arbitrariedad y la censura han regresado a Occidente (https://bit.ly/2LLiZQk)”. Advierte que se necesitarán siglos (sic) para "restablecer la libertad de expresión".

La tragedia novelesca de EU, que semeja más a las parodias de Netflix (controlado por Obama), pretende competir con las tragedias griegas cuando Ivanka vendió a su padre, bajo el "factor Jared Kushner", para asistir a la toma de posesión de Biden (https://bit.ly/3sdUNah), lo cual se veía venir cuando sus dos grandes aliados en el gabinete –el israelí-estadunidense Steve Mnuchin, secretario del Tesoro, y el "cristiano sionista" Mike Pompeo, ex director de la CIA y saliente secretario de Estado– traicionaron a Trump a quien deseaban aplicar la Enmienda 25 por disfuncionalidad mental.

No fue nada casual el encuentro antier a la vista pública de Pompeo con el director del Mossad en el Café Milano, según reporta la connotada periodista Meredith McGraw (https://bit.ly/38DagZK).

La cibercra-"CIA" aplica ya la ominosa "técnica Hasbara" del Mossad/Israel cuando en su Santa Inquisición afloran los mismos términos y la misma metodología (https://bit.ly/3qcUKcT).

La técnica Hasbara es el manual lingüístico desinformativo del sionismo cuando lo negro lo hacen blanco y viceversa: poderosa propaganda negra gracias a su control de los multimedia globales y ahora con su manejo liberticida de la cibercra-"CIA".

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El cinismo de Twitter y Facebook al bloquear las cuentas de Trump 

La elite tecnológica se arroga el debate público

La Unión Europea lleva bastante tiempo elaborando un marco legal para las cuestiones de la libertad digital. El principio es que aquello que es ilegal en el mundo físico también los es en la esfera virtual.

 

Las redes sociales como Twitter y Facebook lanzaron la gran limpieza de muchas de sus cuentas, empezando por la del mismo y actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, más otras 7.000 cuentas suplementarias afiliadas a la galaxia conspiracionista de extrema derecha pro Trump, entre ellas, la del grupo Qanon. Luego de haber abierto las puertas a lo más ruin y bajo de la política, las redes alegan ahora que se trata de impedir un nuevo episodio violento como el de la invasión del Capitolio alentada por Trump, y ello ante la fecha inminente de la investidura de Joe Biden. Según Twitter, existían planes para un nuevo ataque del Capitolio previsto para el próximo 17 de enero. Algunos aprobaron esta medida, otros, en cambio, la consideraron un acto de censura. En Europa, la canciller alemana Angela Merkel calificó de “problemática” esta decisión. En Francia, el ministro de Economía, Bruno Le Maire, puso en tela de juicio el hecho de que la base de la suspensión de las cuentas no sea un marco legal de regulación, sino que “lo impactante es que sea Twitter quien decidió cerrar”. En suma, que sea la elite tecnológica la que haga y deshaga a su antojo y cuando le conviene, fuera de toda referencia a una norma nacional o internacional elaborada por los Estados y sus representantes electos.

La práctica de “Yo el Supremo” por parte de las empresas globales de Estados Unidos ni es nueva ni cambiará con este atentado a la esencia democrática. Jean-Luc Mélenchon, líder de Francia Insumisa (izquierda), recordó que “el comportamiento de Trump no puede servir como pretexto para que los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon) se arroguen el poder de controlar el debate público”. Es exactamente lo que ha ocurrido con el Pinocho-Presidente y Twitter. Por otra parte, Washington aplica desde hace mucho una suerte de extraterritorialidad. La ley estadounidense se utiliza por encima de la nacional, sea cual fuere el país donde se resida. Las condiciones de utilización de Google, Facebook Apple e, incluso, la de las franquicias de las empresas de Estados Unidos, remiten a la ley de la empresa o a la legislación de la sede central. A su vez, la industria digital se benefició, hasta ahora, con la inmunidad jurídica que le ofrecía el artículo 230 del Communications Decency Act. Por más que Trump sea un Pinocho siniestro y, gracias a su ejército digital, haya protagonizado el primer golpe de Estado de la era moderna en una democracia Occidental, hay algo de cínico en estas reacciones. Poco o nada dicen las regulaciones europeas cuando se trata de proteger a los usuarios de internet del espionaje masivo del que son objeto a cada milisegundo de sus vidas. La fortuna de esas empresas proviene, esencialmente, de la conversión de los datos robados en capital. No obstante, el debate tiene cabida, es una necesidad y plantea otros interrogantes: ¿por qué sería “problemático” el cierre de la cuenta de Twitter de un presidente que preparó en tres fases un golpe de Estado (denunciar el fraude antes de la elección, afirmar luego que le robaron la elección y, al final, aceitar una insurrección cívica) y no la de una cuenta islamista, de extrema derecha o de extrema izquierda ?. En Francia, las leyes dieron lugar a que personalidades de la extrema derecha como Hervé Ryssen o Alain Soral vieran sus cuentas de YouTube y Facebook suspendidas.

La Unión Europea defiende su metodología porque lleva bastante tiempo elaborando un marco legal para estas cuestiones de la libertad digital. Existe, de hecho, una legislación europea que está en curso de aprobación. Se trata del DSA, Digital Services Act, impulsada por Thierry Breton, el Comisario Europeo del Mercado Interno. El campo de aplicación del DSA atañe únicamente a los países de la Unión Europea. Por consiguiente, cuando Trump convocó a sus partidarios a invadir el Capitolio lo hizo dirigiéndose a su pueblo y no a Europa. En este caso, el DSA no habría servido para nada. Hubiese sido muy distinto cuando Trump invitó a los franceses a sublevarse contra su presidente. Thierry Breton ha sido el que mejor planteó la encrucijada. En un artículo publicado por el portal Politico, el Comisario europeo escribió que la toma del “Capitolio es el 11 de septiembre de las redes sociales”. Breton agrega la paradoja que late en toda esta situación porque, hasta ahora, las redes sociales miraban hacia otra parte, como si el Brexit, Trump y otras barbaries digitales no las concernieran. A este respeto, Breton anota que, al cerrar la cuenta de Trump: ”las plataformas admiten su responsabilidad. Ya no pueden seguir ocultando su responsabilidad ante la sociedad con el argumento según al cual sólo ofrecen un servicio de hosting”. El Digital Services Act europeo se basa en un principio y una serie de reglas: el principio es que aquello que es ilegal en el mundo físico también lo es en la esfera digital. Las reglas fijadas por los 27 países de la UE consisten en forzar a las plataformas a que apliquen las leyes nacionales, así como también las directivas europeas. Deberán, por consiguiente, retirar los contenidos terroristas, las incitaciones a la violencia y todo contenido ilegal (pedopornografia, armas, etc.).

Entre enero de 2017 y enero de 2021, el mandatario estadounidense se despachó con 23.234 tweets. La plataforma le permitió insultar, agredir, rebajar a sus adversarios, burlarse de otros presidentes, proferir insultos raciales, respaldar a las ultraderechas violentas que lo veneran, anticipar los comunicados oficiales, gobernar por Internet, difundir un montaje en el que Trump golpeaba a un periodista que llevaba una máscara de la cadena CNN y hasta llamar al levantamiento contra Emmanuel Macron. Salvo para los apóstoles digitales, no hacían faltas pruebas para demostrar que la libertad de expresión no la manipulan los “medios del sistema” o los otros sino las plataformas sociales. Allí sale y entra toda la porquería que el mercado admite. Las redes autorizaron a Trump a diseñar un golpe y, como fue muy lejos y corrió sangre en el Capitolio, se convirtieron repentinamente en guardianes de la galaxia. Las sociedades son vergonzosamente vulnerables ante las tentaciones y barbaries de los espacios digitales. Trump no ha sido la excepción presidencial sino la confirmación de las capacidades de ese monstruo con millones de cabezas que se expande sin que, hasta ahora, nadie haya sido capaz de encontrar un antídoto.

Resulta contradictorio, pero, así como nadie se ocupó del derecho a difundir o a evitar la propagación de basura tampoco se le garantizaron los derechos a Trump sobre su cuenta. Ellos son los amos del mundo, sin la más lejana sombra de una supervisión democrática. El botón de la libertad está en las sedes de Google, Facebook, Twitter, Instagram y otros imperios digitales, no en la calle o las Asambleas. El sábado pasado, Twitter suprimió un mensaje del guía supremo de Irán, Ali Khamenei, donde afirmaba que no era prudente tener confianza en las vacunas norteamericanas o británicas contra la covid-19. El disparatado y horroroso episodio de Trump nos demuestra que, ante lo peor, la libertad está en manos privadas. Depende de tres palabras y una sigla, que son las obligaciones a las que los tentáculos digitales someten a los usuarios: CGU,” Condiciones Generales de Utilización”.}

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Opnión

Ahora las plataformas digitales dictan justicia 

Por Osvaldo Nemirovsci

Hoy censuran a un líder violento y antidemocrático lo cual construye cierto aval social y una propensión a simpatizar con la medida. Pero mañana pueden hacerlo con líderes democráticos y pacíficos. La acción a medir es la de censurar.

La libertad de expresión es la posibilidad de decir, escribir, leer y publicar todo lo que quieras. Toda clase de ideas, opiniones y puntos de vista deben ser posibles de expresarse en público. La libertad de expresión es uno de los puntos básicos de los derechos humanos.

Se pueden tener las más calificadas aprensiones sobre Donald Trump. Y muy probablemente las peores consideraciones sobre su gobierno y su personalidad sean correctas. Es más, no estaría mal como enseñanza histórica para el futuro, que le inicien Juicio Político en virtud de la Enmienda 25 de su Constitución Nacional y lo remuevan del cargo. Algunos destacados miembros de la vida política, militar y social de Estados Unidos creen, aunque solo falten 11 días para que deje su cargo, que es muy peligroso que todavía posea el poder sobre el uso del arsenal nuclear estadounidense y que todavía pueda causar mucho daño a las instituciones formales del país.

Allá ellos, los dirigentes de ese país y su forma de resolver los conflictos derivados de la pugna política. En este caso fuertemente encuadrados en actitudes violentas, antidemocráticas, cuasi golpistas y mesiánicas de su propio presidente.

Todo esto lo colocamos en un lugar del análisis, pero en otro observamos con cierto escozor y consideramos también como peligroso que empresas privadas, como las grandes plataformas digitales Twitter y Facebook, se autoadjudiquen calidades judiciales y bloqueen las cuentas de Trump, impidiendo el acceso del presidente a sus redes, y por ende privando a millones de norteamericanos de conocer, mediante esos importantes y masivos instrumentos, lo que piensa su principal referente.

No es cierto, como algunos afirman, que a Trump lo dejaron sin voz. Esto aplica a las redes, pero Trump puede hablar, escribir y grabar audios para miles de periódicos, canales de TV, radios, revistas, blogs e incluso otros formatos audiovisuales (en caso que no lo censuren) como You Tube y Whatsapp. Pero lo cierto es que, en los espacios de distribución de información más importantes del mundo, y donde el mismo Trump construyó su vinculación directa con el electorado de su país, ha sido censurado.

Es lógico preguntarse ante esto si lo que están haciendo Face y Guasap los coloca ante su definitivo rol de medios de comunicación de nuevo tipo y los aleja del pretendido sentido neutro de meros intermediarios de contenidos. Acá, en este caso, parecen opinar sobre lo que postea Trump, es claro que se meten con los contenidos y es visible que eligen censurar. O sea que consideran a una opinión (tal vez crispante, bestial, violenta) pero opinión al fin, como un delito. Pero no son jueces para hacerlo y sientan un  precedente extraordinariamente amenazador  en el campo de las libertades públicas y los derechos humanos.

Si lo que Trump dice es opinión, es inviolable su derecho a expresarlo y si lo que dice es un delito, será la justicia, y no una empresa privada, la que debe decidir. Así de simple.

Se puede argumentar que la censura a Trump en las redes no viola la libertad de expresión sino que castiga el acto de impulsar acciones violentas o el aliento a generar violencia concreta y eso ya no está protegido por el derecho a la libertad de expresión. Agregamos esto como para entender otra mirada sobre el tema.

La Corte Suprema norteamericana hace una sutil pero necesaria distinción en lo que llama “fighting words” (palabras de pelea) y sostiene el criterio que la libertad de expresión puede limitarse ante la incitación al odio y no en la mera manifestación de ideas u opiniones odiosas.

Pero la mayoría de los especialistas acuerda que la libertad de expresión no tiene límites: “Toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión,” dice el artículo 19 de la Declaración universal de Derechos Humanos.

Existe cierta jurisprudencia constituciona en EE.UU., que es tomada por cortes europeas e incluso ha sido fijada por el Tribunal Europeo de DD.HH. que se dio en llamar “el libre mercado de las ideas” siendo este espacio la garantía "imprescindible” para que pueda haber un debate amplio y completo.

En un fallo del Tribunal europeo conocido como Sentencia 235/2007 “Caso Librería Europa” la corte falló que “nuestro ordenamiento constitucional no permite tipificar como delito la mera transmisión de ideas, ni siquiera en los casos en que se trate de ideas execrables por resultar contrarias a la dignidad humana”

Puede haber interpretaciones diversas sobre lo que significa la libertad de expresión, pero nadie pone en duda que es uno de los derechos humanos más preciados. Por eso es preocupante que tamaña dimensión legal sea manejada por empresas privadas ya que eso es riesgoso para los pactos democráticos de las sociedades. Más allá de Trump.

Osvaldo Nemirovsci es Diputado Nacional mc – Rio Negro. Presidente Comisión de Comunicaciones e Informática 2003/2007. Coordinador Gral. del Sistema Argentino de Televisión Digital 2009/2015

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Lunes, 11 Enero 2021 07:02

Trump, ¿perdedor?

Trump, ¿perdedor?

La invasión del Capitolio el pasado 6 de enero ha sido sin duda un nuevo éxito para el ya ex-presidente, y supone la antesala de lo que puede venir bajo un gobierno que nace siendo señalado por un porcentaje alto de la población como un gobierno ilegítimo que pone en peligro la libertad del país y que ha robado la democracia. Ante eso, muchos estarán dispuestos a luchar.

 

Con la resaca del 2020 aun en sus primeros compases quedan muchas cosas por cerrar. Siguiendo el nivel de lo acontecido en el pasado año, el 2021 no podía empezar de otra forma que con una invasión de manifestantes armados al Capitolio en Washington en el momento en el que el vicepresidente de Estados Unidos ratificaría la victoria de Joe Biden en las pasadas elecciones.

Muchas personas se han mostrado sorprendidas de que se haya llegado a esto, otras, por el contrario, señalan que haciendo un seguimiento de los acontecimientos los últimos cuatro años, pero sobre todo de los últimos meses, lo sucedido no debería sorprenderle a nadie. Al final, esta es la consecuencia de la retórica que empezó Trump hace meses cuestionando los resultados de las elecciones antes de que tuvieran lugar y negando su derrota una vez que se terminó el largo conteo de votos pese a todos los rechazos judiciales de sus denuncias y los recuentos de votos de determinados estados.

El 2020 vimos crecer como nunca de forma mediática a los grupos de extrema derecha y supremacistas, milicias armadas muchos de ellos, con el amparo y apoyo explicito del aun presidente. Este crecimiento no era nuevo, se llevaba dando los últimos años de forma paralela al incremento de atentados y ataques supremacistas por todo el país. Hace cuatro años uno de los líderes del KKK felicitaba a Trump su victoria, y desde entonces, se convirtió en referente y refuerzo del supremacismo y la ultraderecha. Ahora podían votar sin problemas a alguien que les representaba, que los escuchó, que les alagó en ocasiones y sobre todo que les defendió y no condenó cuando desde distintas estancias se le reclamaba posicionamientos contundentes contra estos grupos y su violencia. El terrorismo supremacista de ultra derecha es el que más muertes ha dejado en el país desde los atentados del 11 de septiembre.

Y esta sinergia la vimos el jueves una vez más, cuando dos horas antes de lo ocurrido Trump en un discurso pedía a la gente que fueran al Capitolio para impedir la ratificación de la victoria de Biden bajo el mantra repetido hasta la saciedad del robo de las elecciones. De esta forma se alentaba a la acción y cuando esta tuvo lugar la respuesta de Trump no dejaba dudas de su posicionamiento: “Sé de vuestro dolor. Ganamos unas elecciones y nos las han robado” y mientras les invitaba tibiamente a irse a casa, pasando por alto el hecho de que estas personas tuvieran que ser detenidas por entrar de forma violenta y armados al Capitolio, se mostraba parte de ellos utilizando la palabra “somos” —gente de ley y orden— y mostrando su tierno cariño con un: “os queremos”.

Es importante destacar que fue la administración Trump la que decidió que sería la policía civil la que se encargaría de la seguridad durante la jornada pese al anuncio de las manifestaciones en torno al Capitolio, generando imágenes muy dispares a las de la militarización con miles de soldados cuando se organizaron las marchas por parte de Black Lives Matter como han señalado muchas de las activistas de este movimiento que participaron en las protestas. Paréntesis. Cabe destacar que el 18 de septiembre el FBI manifestó que los incidentes en los disturbios del pasado año habían sido causados por supremacistas blancos y que los llamados Antifa no eran un grupo concreto sino una ideología. Pero sigamos, Trump tardó y titubeó en enviar a la Guardia Nacional, tal es así que antes tuvieron que llegar las fuerzas del Estado colindante de Virginia. La CNN señaló que ni siquiera fue Trump sino que tras la espera terminó por ser el vicepresidente Mike Pence el que coordinó con el Pentágono el envío de la Guardia Nacional. Trump no titubó en mandar a las fuerzas nacionales a Portland ni a grupos paramilitares frente a las protestas del Black Lives Matter.

Se plantea que hubo un error a la hora de predecir lo que podía pasar. La CIA se pronunciaba el año pasado asegurando que la mayor amenaza para el país venía de grupos supremacistas de extrema derecha y hacía diez días que muchas organizaciones de supremacistas como los Proud Boys o “Los vigilantes de Wolverine” habían convocado manifestaciones masivas de personas fuertemente armadas para el momento de la votación. Pero de alguna forma no se podía “predecir”, o no se había planteado como posibilidad, que se descontrolara la situación.

Esos “errores” se basan en las lecturas públicas y políticas que se llevan a cabo en función de los actores o colectivos a los que se referencia. De esta forma, las percepciones y las construcciones de los “otros” vienen determinadas nuevamente por su racialidad. En ese momento entran en juego las categorizaciones históricas racistas que definen lo negro como lo violento, lo peligroso y en general al “otro” no blanco como lo amenazante. Ante esa construcción la blanquitud está (irónica pero políticamente) definida por lo opuesto: la seguridad, la bondad, la educación y el buen hacer. Los negros son cuerpos para vigilar mientras que los blancos son cuerpos a proteger. Ello se ha visto durante el año pasado con la desproporción de los dispositivos de seguridad, muchas veces especialmente violentos, contra las manifestaciones del Black Lives Matter frente a las contramanifestaciones llevadas a cabo por grupos de ultraderecha. Aun recordamos las imágenes de milicianos blancos armados en el Capitolio de Michigan el pasado abril sin detenciones.

Pero esta situación también nos ha permitido darnos cuenta de algo. O, mejor dicho, confirmar lo que se viene repitiendo. La diferencia en el uso de la fuerza y la violencia por parte de las fuerzas de seguridad sobre los cuerpos blancos y el resto es uno de los elementos esenciales del racismo, así como la impunidad con la que se lleva a cabo. De esta forma vimos cómo la policía llevó a cabo un proceso de desescalada de la situación que se tornaba violenta frente a personas armadas. Es decir, existen protocolos y están entrenados para este tipo de situaciones. De tal forma que la decisión de buscar desescalar situaciones tensas se da por un lado desde las ordenes de arriba y segundo desde las posturas individuales de los agentes de seguridad cuando estos se encuentran solos o en poco número de efectivos. La policía supo no sobrepasarse pese a la situación. Así, se constata, que estas decisiones, como su capacidad de contención, están marcadas por la racialidad de los cuerpos que tienen en frente.

Llevamos años banalizando a la extrema derecha incluso cuando ya están en el poder en tantos países del mundo. Espera. Matizo. Las personas blancas llevamos años banalizándolo y, sobre todo, no escuchando a los movimientos antirracistas que vienen sintiendo la presión cada vez más fuerte sobre sus cuellos. Por eso no entendimos lo que significaban los 8 minutos de la rodilla en el cuello de George Floyd. Aunque creemos que sí. Por eso, si hubiera sido por el voto blanco en Estados Unidos (tanto de hombres como de mujeres) no estaríamos asistiendo a estas imágenes porque Trump hubiera ganado las elecciones. Trump perdió las elecciones por el voto de las personas no blancas, sobre todo por las personas negras que salieron a votar tras unas campañas como nunca habían existido animando a las poblaciones afroestadounidenses a acurdir  las urnas. Y es precisamente ese mismo voto el que, el mismo día que el supremacismo ocupaba el Capitolio, propiciaba que por primera vez en siglos de democracia estadounidense fuera elegida una persona negra como senador en el estado de Georgia, con un 32% de población negra.

Las personas que han entrado con armas en el Capitolio de los Estados Unidos lo hacen para defender la blanquitud. Y pueden hacerlo como lo han hecho precisamente desde esa blanquitud. No son personas simplemente de extrema derecha, son personas profundamente racistas, y cuyo vinculo ideológico principal se basa en la defensa del supremacismo blanco. Sin tener esto en cuenta, sin pensarlo como un elemento central en los análisis que se hagan, no se estará entendiendo ni la historia de este país ni su construcción sociológica y el contexto actual que vemos.

Por lo tanto, una vez más no podemos desprendernos de la raza (como constructo social) como categoría de análisis. Trump no hubiera ganado sin el voto blanco. O mejor dicho, ganó por él. El dispositivo de seguridad no hubiera sido el mismo de haber sido convocadas las manifestaciones por personas no blancas y la proporcionalidad de la respuesta policial para contener y evitar el asedio. Lo que nos permite afirmar categóricamente que de haber sido personas negras, árabes o inmigrantes racializados nunca hubieran podido entrar en el Capitolio. Y como sugiere el historiador Antumi Toasije, muchos hubieran terminado muertos.

En este caso, y ninguna muerte debe ser celebrada, fueron cinco personas las que murieron. Que se sepa por el momento una de ellas fue a causa de un disparo de un policía, otra tras caer al escalar un muro, dos más de las que se ha dicho por emergencias médicas y la quinta persona fue un policía atacado por asaltantes. De todas las personas que entraron en el Capitolio, estando este luego rodeado de policía, fueron detenidas únicamente 26 pudiendo salir libre y tranquilamente el resto. Otros 26 fueron detenidos en otros puntos de la ciudad por violar el toque de queda que se impuso. La policía confiscó armamento, cocteles molotov y desactivaron dos bombas caseras cerca de las sedes de los comités nacionales de los partidos demócratas y republicanos. En el conjunto de manifestaciones de BLM el año pasado se dieron unas 14 mil detenciones.

Por ir terminando, considero que se debe tener cuidado con las lecturas que buscan situar a Trump como perdedor. Esto ha sido sin duda un nuevo éxito y es la antesala de lo que puede venir bajo un gobierno que nace siendo señalado (falsa pero conscientemente) —como el actual de España— por un porcentaje alto de la población como un gobierno ilegítimo que pone en peligro la libertad del país y que ha robado la democracia. Ante eso, muchos estarán dispuestos a luchar.

No pasemos por alto que, según una encuesta de YouGov, entre los votantes republicanos el 45% han aprobado el asalto al Capitolio; el 30% piensan que las personas que lo llevaron a cabo eran patriotas y un 10% pro-demócratas; y el 85% piensa que Trump debe terminar su mandato y no debe ser destituido mostrando su apoyo al presidente saliente. Y sobre todo, recordar que a Trump le votaron 76 millones de personas que sabían muy bien lo que votaban. Y por supuesto, no olvidemos que, de una forma u otra, Trump ha conseguido que la bandera confederada recorriera los pasillos del Capitolio.

Por Pablo Muñoz Rojo

10 ene 2021 10:35

Foto: Blink O'fanaye

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Los contrastes económicos en las grandes urbes del mundo se intensifican con la actual crisis y pronostican que se mantendrán por varios años. En la imagen una panorámica de Santa Fe, en la Ciudad de México.Foto José Carlo González

La crisis causada por la pandemia se mantendrá hasta 2030: BM

 

Los hombres y mujeres más acaudalados del mundo aumentaron su riqueza 18 mil dólares durante el año pasado por cada "nuevo pobre" que, según estimados del Banco Mundial (BM), ha dejado la crisis por el Covid-19. El organismo financiero estima que 100 millones de personas se sumaron a la pobreza el año pasado. Es la primera vez que esta tendencia crece desde 1998 y, como secuela, la desigualdad aumentará en 78 de las 91 economías de las que se disponen datos.

"La búsqueda para acabar con la pobreza ha sufrido su peor revés" y “con toda seguridad, los efectos de la actual crisis se mantendrán en la mayoría de los países hasta 2030; (…) a largo plazo, es probable que la crisis aumente la desigualdad dentro de los países por primera vez en una generación”, proyecta el Banco Mundial.

Mientras la economía tuvo su mayor caída en 90 años y millones de personas perdieron sus empleos, las 500 personas más ricas del mundo –que equivalen a 0.001 por ciento de la población mundial– vieron el mayor crecimiento de sus fortunas en ocho años, muestra el Índice de Multimillonarios que realiza Bloomberg. Ganaron un billón 800 mil millones de dólares el año pasado, 31 por ciento más que al cierre de 2019.

Como resultado, cinco personas –cuatro de ellos estadunidenses y dueños de los principales negocios de tecnología cuya regulación tributaria sigue en vilo a nivel mundial– ahora poseen una riqueza que supera 100 mil millones de dólares. Son Elon R. Musk (Tesla), Jeff Bezos (Amazon), Bill Gates (Microsoft), Bernard Arnault (Louis Vuitton-Moët Hennessy) y Mark Zuckerberg (Facebook).

También seis mexicanos se encuentran en el listado: Carlos Slim con una fortuna de 57 mil 600 millones de dólares, al sábado pasado; la familia Larrea, Sara Mota y Germán, con una riqueza conjunta de 26 mil 140 millones de dólares; Ricardo Salinas, con 13 mil 200 millones; Alberto Bailleres, con 10 mil 600 y Juan Beckmann, con 8 mil 470 millones de dólares.

Mientras los multimillonarios de la tecnología abultaron su riqueza en medio de la crisis, el Banco Mundial expuso que, aun sin la pandemia, reducir la pobreza extrema a menos de 3 por ciento para 2030 –que nadie sobreviva con menos 1.90 dólares al día (alrededor de 38 pesos)– ya daba visos de ser una meta irrealizable. Ahora, dada la crisis, es "más difícil de alcanzar que nunca", reconoció.

En el informe Un cambio de suerte, explicó que antes del Covid-19, millones de personas habían conseguido eludir la pobreza extrema por escaso margen, pero la recesión de 2020 se recargó en los más pobres y vulnerables; y abrió el perfil de la pobreza.

Además de los que el Banco Mundial llama "pobres crónicos" –población rural dedicada al agricultura y la ganadería–, la pandemia evidenció "nuevos pobres" en las ciudades, entre personas con mayores grados educativos, dedicada a los servicios, la construcción y la manufactura, y sobre todo entre la población más joven (hasta hace dos años la mitad de los pobres en el mundo eran niños menores de 15 años).

El Banco Mundial estima que con una contracción de hasta 8 por ciento en el producto interno bruto (PIB) per cápita el año pasado, la pobreza extrema habría aumentado hasta 1.5 puntos porcentuales en 2020 y 1.9 puntos porcentuales en 2021. Eso significa una tasa de pobreza extrema de 9.4 por ciento para ambos años, similar a los niveles que se tenían en 2017.

En adelante, aún con escenarios optimistas "los efectos empobrecedores de la pandemia serán colosales", advirtió. Para 2030, las proyecciones más positivas muestran que 6.7 por ciento de la población mundial vivirá con menos de 1.9 dólares al día, prácticamente el doble de la meta del organismo. Pero esta podría llegar hasta 8.6 por ciento si siguen avanzando los indicadores de desigualdad.

El Banco Mundial subrayó que la pandemia, los conflictos armados y el cambio climático son los tres factores cuya confluencia está impulsando la crisis actual y extenderá su impacto hacia el futuro. Así que "sin intervenciones enérgicas, la crisis puede desencadenar ciclos de mayor desigualdad de ingresos, menor movilidad social entre los grupos vulnerables y menor resiliencia frente a futuras conmociones", manifestó.

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Miembros de la Policia Nacional Bolivariana patrullan en un barrio de Caracas, Venezuela.Rodrigo Abd / AP

La letal intervención de las fuerzas de seguridad en un barrio controlado por bandas criminales se produce en medio del escrutinio internacional por las ejecuciones extrajudiciales

 

Al menos 23 personas murieron durante el fin de semana en un enfrentamiento entre la policía y las pandillas criminales en Caracas, la capital de Venezuela, después de que comandos de la Fuerza de Acciones Especiales de la Policía Nacional Bolivariana entraran el viernes al barrio La Vega, en el oeste de la ciudad. La refriega es una más de las protagonizadas por este grupo policial acusado de perpetrar ejecuciones extrajudiciales. La alta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, la expresidenta chilena Michelle Bachelet, reclamó la disolución de esta fuerza en 2019 por las graves violaciones de las que es acusada. Las FAES son un grupo de fuerzas especiales creado en 2016 por Nicolás Maduro.

Con mano dura, han asumido el control del combate a la la delincuencia, pero también operan junto con las fuerzas de choque del chavismo en la represión de manifestaciones y la persecución de opositores.

Los policías desplegados en el barrio de La Vega han matado a miembros de una poderosa banda dedicada a los secuestros que supuestamente intentaba extender su radio de acción a otros barrios de Caracas. En la operación policial también murieron vecinos a causa de las balas perdidas, entre ellos Nelson Villalta, un profesor de música de 50 años, que estaba en la puerta de su casa mientras los delincuentes se estaban enfrentando a los agentes policiales.

Los vídeos de los disparos de armas de distinto calibre han corrido por las redes sociales desde el viernes, cuando el barrio entró en una especie de toque de queda que obligó al cierre de comercios. Los vecinos han vivido horas de miedo y horror por las balaceras. El comandante de las FAES, Miguel Domínguez, dijo en su cuenta de Twitter que el cuerpo policial se encontraba desplegado en la zona “brindando seguridad y protección a la parroquia”. Dominguez están sancionado desde 2019 por Washington.

La violencia en Venezuela —que en los últimos años ha liderado la tasa de homicidios de la región junto con Honduras y El Salvador— ha dejado de estar en manos de los delincuentes. El último informe del Observatorio Venezolano de Violencia reportó en 2020 una tasa de 45,6 muertes violentas por cada 100.000 habitantes, muy por encima de cualquiera de los otros países considerados violentos en América Latina. El año cerró con al menos 11.891 muertos, incluidos 4.231 fallecimientos catalogados por las autoridades como resistencia a la autoridad y que se sospecha que fueron homicidios cometidos por los cuerpos de seguridad del Estado, por un uso excesivo de la fuerza o mediante ejecuciones extrajudiciales. El año pasado los delincuentes perpetraron 4.153 homicidios, otras 3.507 muertes están bajo investigación.

“La letalidad policial se ha extendido por todo el país, parece ser la única política de seguridad que se ha estado implementando. En 12 estados la policía mató más que los delincuentes. Es decir, en la mitad de entidades federales la letalidad policial fue superior a la letalidad delincuencial”, explica el informe divulgado la última semana de diciembre.

Las acusaciones contra las FAES y otros cuerpos policiales han sido documentadas por organizaciones no gubernamentales y sustentan el caso contra Venezuela en la Corte Penal Internacional, que ya ha señalado que se han cometido crímenes de lesa humanidad, al menos desde 2017. La misión de investigación de la ONU también recogió en su informe, presentado el pasado septiembre, ejecuciones extrajudiciales a manos de las fuerzas de seguridad del Estado.

Por Florantonia Singer

Caracas - 10 ene 2021 - 22:32 UTC

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Estados Unidos: ¿esto no es «lo que somos»?

Parte del establishment republicano trata de desmarcarse de Donald Trump; algunos liberales centristas consideran lo ocurrido el 6 de enero como propio de una «república bananera». Hay quienes denuncian un intento de golpe mientras el núcleo duro trumpista sigue con las denuncias de fraude. Nuevas y viejas grietas vuelven a agitar la política estadounidense y ponen en crisis el supuesto excepcionalismo nacional, mientras el nuevo gobierno demócrata se apresta para tomar el timón del Estado.

 

Hay un viejo chiste que pregunta «¿Por qué nunca ha habido un golpe de estado en Washington DC?» y responde: «Porque allí no hay embajada de Estados Unidos». El miércoles pareció que los estadounidenses tendríamos que dejar de repetirlo. En medio de las sesiones del Congreso para certificar los resultados de las elecciones de noviembre, en las que Joe Biden obtuvo una clara victoria sobre Donald Trump, estallaron los disturbios y la violencia. Trump apareció en un mitin diciendo, como lo ha hecho en repetidas ocasiones, que le habían robado mediante el fraude su aplastante victoria, y afirmando que si su vicepresidente Mike Pence «hace lo correcto», entonces «ganamos las elecciones» (El vicepresidente desempeña, en realidad, un papel ceremonial en la certificación del Senado, que recibe los votos de los colegios electorales de los estados, y no tiene poder para alterar los resultados). «No se recuperará nuestro país con debilidad», arengó Trump al público. 

El presidente regresó a la Casa Blanca, pero algunos de quienes asistieron al mitin marcharon luego hacia el edificio del Capitolio. En el interior, varios republicanos habían anunciado planes para oponerse a la certificación de los resultados en los estados clave que definieron la elección por pocos votos. Los congresistas insistían en que simplemente estaban pidiendo que se investigara. Pero, en realidad, no había nada que investigar: los tribunales rechazaron una y otra vez las numerosas demandas elevadas por la campaña de Trump por considerarlas frívolas y carentes de fundamento. 

Desde la elección, Trump ha insistido en que él fue el verdadero ganador (Incluso en 2016, cuando le ganó a Hillary Clinton gracias al sistema de colegio electoral pero habiendo pedido en el voto popular, declaró que eso ocurrió debido a «millones de votos ilegales»). El Partido Republicano no ha dudado en apelar al mito del fraude en los últimos años para promulgar leyes que dificultan la participación electoral. Trump ha atacado incluso a los funcionarios republicanos en el estado de Georgia por haber certificado los resultados que le dieron a Biden una estrecha victoria. Varios de ellos llegaron a sufrir amenazas de muerte y acusaciones de traición. Hace poco se dio a conocer el audio de una llamada en la que Trump le pide al secretario de Estado de Georgia, el republicano Brian Raffensperger, que «encuentre 11.780» votos, la cantidad necesaria para ganar en ese estado sureño. Desde la perspectiva de los seguidores más radicales de Trump, incluso su propio partido los traicionó. Claro, si bien hubo algunos casos aislados de irregularidades electorales (como el hombre que usó la boleta de su madre fallecida para emitir un voto... por Trump), no hay evidencia de fraude sistemático, y afirmar que podría haber existido ha hecho necesario recurrir a teorías conspirativas cada vez más oscuras, que involucran a las máquinas de votación y a la familia de Hugo Chávez. Pero no importa: el senador Josh Hawley, que, según especulan algunos, podría ser el heredero político de Trump, saludó a los manifestantes que estaban frente al Capitolio con un puño en alto, y luego, en el interior, objetó los resultados del colegio electoral. Se esperaba que otros republicanos hicieran lo mismo.

Pero no les fue posible. Poco tiempo después, el edificio del Capitolio era tomado por asalto. Algunos de los asistentes al mitin de Trump se habían trasladado a las escalinatas exteriores del edificio, donde se enfrentaron con las barreras policiales. Hubo algunos enfrentamientos, pero la presencia de uniformados fue mínima en comparación con la que hubo en las protestas de Black Lives Matter el año pasado, y en algunos casos la policía pareció tratar a los manifestantes con mayor deferencia.

Los trumpistas se abrieron paso más allá de las líneas policiales y algunos videos mostraban a la policía simplemente consintiendo el asalto al edificio. En otros, se ve a la policía resistiendo la toma y un un agente fue golpeado hasta la muerte. El Congreso suspendió la sesión. La multitud rompió las ventanas y se abrió paso hacia el interior el edificio. Un hombre se dirigió a la cámara de senadores ya vacía, se paró en el estrado y gritó: «¡Trump ganó las elecciones!». Otros irrumpieron en la oficina de la líder demócrata Nancy Pelosi. Se lanzaron gases lacrimógenos en la rotonda del edificio y el servicio secreto que protegía la Cámara de Representantes mató a tiros a una mujer. Llevó horas despejar el Capitolio. Y finalmente, ya bien entrada la noche, el Congreso reanudó el trabajo y certificó la victoria de Biden.

Difícilmente pueda describirse lo ocurrido con un término que no sea conato de golpe, aunque haya sido un golpe sin posibilidades reales de éxito. Fue un acto, instigado por Trump, que buscó cambiar los resultados del proceso electoral por medio de la violencia y la intimidación. En un momento, los insurrectos corearon repetidamente «colguemos Mike Pence», al considerar que el vicepresidente los había traicionado. Entre quienes tomaron el Capitolio, varios han sido identificados como miembros de las fuerzas armadas, y asimilados a paramilitares que se proponían tomar rehenes.  

Sin embargo, el esfuerzo careció de muchos de los ingredientes que habría necesitado para representar una amenaza real al orden constitucional. A pesar del éxito de Trump al colocar a tres nuevos jueces en la Corte Suprema, el presidente no cuenta con el apoyo del poder judicial para impulsar este tipo de cuña en el sistema. Aunque hay miembros de las fuerzas armadas que están personalmente muy comprometidos con el jefe de Estado y/o con la causa de la supremacía blanca, Trump no mantiene buenas relaciones con la institución y no cuenta con apoyo para un golpe militar. A comienzos de enero, los diez secretarios de defensa vivos, tanto republicanos como demócratas, emitieron un documento en el que advierten que quienes revistan en el ejército prestan juramento a la Constitución y no a un presidente, y están obligados a no socavar los resultados de las elecciones. Hasta donde sabemos, no hubo coordinación entre el motín insurreccional y ninguna institución gubernamental o militar.

Trump tampoco cuenta con el apoyo de los medios para imponer una narrativa hegemónica tras un golpe. Por supuesto, existen canales que le han ayudado a difundir sus mentiras. Fox News ha proporcionado, durante años, una dieta constante de propaganda tóxica diseñada para mantener a su base de adultos mayores blancos temerosos y alineados. Conserva a algunos periodistas por fuera de su línea editorial para cubrirse, y cuando estos, para desagrado de Trump, informaron de manera objetiva sobre los resultados electorales, muchos espectadores se apresuraron a mirar canales que antes eran poco importantes, como Newsmax y One America News Network, que han ayudado a difundir teorías conspirativas relacionadas con las elecciones. También se difunden fakes news a través de programas radiales con participación de oyentes, sitios web, Facebook y otras plataformas de redes sociales. Pero si bien la capacidad de difundir una realidad alternativa hizo posible que sucedieran cosas como los acontecimientos del miércoles 6 de enero, la mayoría de los medios estadounidenses se vio atacada por las mentiras hostiles y constantes de Trump, y tomó una posición crítica hacia su gobierno. Trump carece del apoyo institucional para convertir sus impulsos autoritarios en una dictadura personal. Incluso aquellos que tomaron por asalto el edificio del Capitolio parecían no tener plan para tomar las riendas del poder una vez adentro. 

Sin embargo, esto no significa que esas acciones fueran tan absurdas como a veces parecieron. Por cierto, el hombre sin camisa, con piel de animal y casco con cuernos, no parece ser el autor de un moderno ¿Qué hacer? trumpista (de hecho, cree que «Hollywood está lleno de vampiros interdimensionales») Pero más allá de la posibilidad de violencia, el episodio refleja la degradación profunda del Partido Republicano, para la cual no hay ningún remedio a mano. Muchos republicanos electos se pasaron toda la jornada del 6 de enero tuiteando que «esto no es lo que somos», lo cual refleja una negación deliberada tanto de la historia del país como del estado de su propio partido. Quizás el acto de violencia más conocido jamás cometido en el Capitolio haya sido la golpiza casi mortal recibida por el senador antiesclavista Charles Sumner en 1856, propinada por un colega. Pero, en términos más generales, la expansión de derechos siempre se ha topado con la reafirmación de la dominación y la jerarquía. Tras la Guerra Civil, los ataques a legisladores por parte de los vigilantes supremacistas blancos en el Sur del país quedaron impunes, lo que dio vía libre para la imposición de la supremacía blanca. Aunque algunos ahora han sido arrestados, la impunidad experimentados por miembros de la turba el 6 de enero fue notable, especialmente en contraste con el comportamiento adoptado por muchos cuerpos policiales durante las manifestaciones por la justicia racial durante el verano boreal.

Si los legisladores republicanos buscan separar a los extremistas de aquellos que consideran republicanos responsables con su «esto no es lo que somos», estamos también ante una forma de negación. Denunciar a los demócratas, no importa lo moderados que sean, como socialistas antiestadounidenses ha sido una estrategia de los republicanos por lo menos desde el New Deal. Calificar a los demócratas de corruptos e ilegítimos ha sido una estrategia generalizada por lo menos desde la década de 1990. El partido ha azuzado el prejuicio y la ira populares como una forma de impulsar la participación en las elecciones y continúa haciéndolo. Con la única excepción del senador Mitt Romney, no hubo apoyo republicano para destituir a Trump cuando se inició el proceso de impeachment en 2019, si bien era abundante la evidencia de comportamiento delictivo e inapropiado. 

Los medios conservadores han evolucionado, desde los programas de radio de Rush Limbaugh hasta Fox News y las posiciones conspiranoicas desquiciadas de Glenn Beck, Trump y QAnon. Pero muchas de las narrativas siguen siendo las mismas. Trump no puede distinguir la realidad de la fantasía, y tampoco pueden hacerlo muchos de sus partidarios. Entre quienes irrumpieron en el Capitolio se encontraban miembros de grupos neonazis y negacionistas del Holocausto que han estado presentes en mítines a favor de Trump. Pero muchos agitaban banderas o usaban vestimenta con mensajes de QAnon, una teoría conspirativa que ha florecido en la era Trump. La visión de QAnon consiste esencialmente en que los demócratas prominentes están involucrados en una red satánica de tráfico sexual infantil contra la cual Trump está luchando en secreto. La «Q» anónima deja pistas para las personas en los foros de mensajes de Internet, lo que hace que la interpretación de QAnon como «gotas» o «migas de pan» sea una forma participativa de conspiracionismo, tendiente a ir descubriendo a la elite que domina el Estado profundo. La actividad explotó bajo los confinamientos por el covid-19; los letreros #SaveOurChildren (#SalvemosANuestrosHijos) inspirados en QAnon se pueden ver en todo el país y en las redes sociales. Los académicos que han estudiado el fenómeno lo han comparado con una religión, ya que proporciona una explicación no falsable del mal, y la participación en él como obra de teodicea, una vindicación de la bondad divina.

Trump ha impulsado la teoría y a sus seguidores, lo que halaga su ego ilimitado al colocarlo en el papel de dios. Ahora hay congresistas republicanos electos que creen en QAnon, y ha habido otras incitaciones a la violencia. El 7 de diciembre, el Partido Republicano de Arizona retuiteó a un teórico de la conspiración diciendo «Estoy dispuesto a dar mi vida por esta lucha» y agregó: «Él lo está. ¿Y tú?». Por eso, afirmar que «esto no es lo que somos» es reducir el problema a un puñado de extremistas, cuando la cuestión radica en los mensajes que dan Trump, dirigentes republicanos y medios afines. Y hay hechos de que pasaron bastante desapercibidos: a pesar de que prominentes personajes de la extrema derecha publicaban sus mensajes conspirativos en las redes sociales desde el interior del Capitolio, el miércoles por la noche, la ex candidata a la vicepresidencia Sarah Palin estaba sugiriendo en Fox News que la violencia había sido llevada a cabo por agitadores izquierdistas que intentan hacer quedar mal a los republicanos. 

Otra figura frecuente que ha sido invocada en respuesta a la insurrección del miércoles es la de «república bananera», la mayoría de las veces por liberales de izquierda y republicanos descontentos y horrorizados por Trump. Por un lado, es un impulso comprensible: Trump se comporta más como un caudillo megalómano que como cualquier presidente de los Estados Unidos que se recuerde, incluidos los que promovieron agendas destructivas. Pero esto también parece inapropiado. Describir a Trump como un tipo de líder más adecuado para una «república bananera» implica que hay algo excepcional en las instituciones políticas estadounidenses, lo cual dificulta ver que esta crisis es también producto de esas instituciones tan veneradas. Sería más esclarecedor si quienes hablan de «repúblicas bananeras» reconocieran que tanto Trump como las «repúblicas bananeras» de América Central son productos del poder y el militarismo de Estados Unidos. Eso podría hacerse sin negar la inusual amenaza que Trump ha representado para la forma democrática de gobierno.

Lo que resta es ver si esta es la crisis que terminará con la fiebre que sufre el Partido Republicano desde hace décadas. Altos líderes demócratas impulsan la destitución de Trump mediante un juicio político y, según informes, su propio gabinete discutió declararlo no apto para ejercer sus funciones a la luz de la 25º Enmienda a la Constitución. De manera menos formal, se ha hablado de expulsar a miembros del Congreso. Puede haber otro tipo de precio a pagar. El mismo día del asalto al Capitolio, los dos candidatos demócratas al Senado ganaron las elecciones de segunda vuelta por sendas bancas en representación del estado de Georgia, lo cual dará el control de ambas cámaras del Congreso al Partido Demócrata a partir del 20 de enero. Luego de perder el estado en la contienda presidencial, Trump había descrito el proceso como fraudulento. La abstención de algunos de sus seguidores, por considerar inútil votar, puede haber cambiado el resultado, dando una mínima ventaja a los demócratas. Y si este fenómeno se repite, puede afectar el balance político del país.

Durante años, los republicanos han intentado retener el poder con una minoría de votos apoyándose en las características contramayoritarias del sistema político estadounidense. Si esa estrategia comienza a fallar, probablemente aumente el peligro de que haya violencia y terrorismo. Si no es fascista (aunque muy a menudo lo parece), el núcleo duro del trumpismo es, como mínimo, el de la «democracia del Herrenvolk»: la idea de que solo el grupo étnico mayoritario puede ostentar legítimamente el poder político. Ese punto de vista tiene una larga tradición en Estados Unidos y no se abandonará fácilmente. A pesar de que los republicanos contrarios a Trump hablan de formar un tercer partido, no hay camino hacia la victoria para un candidato conservador a escala nacional que no atraiga los votantes trumpistas. No será fácil que el Partido Republicano cambie de manera tal que pueda mantener su viabilidad política. Como sea que se resuelva la crisis en las próximas dos semanas, ese problema no desaparecerá. Esto es, también, «lo que somos».

Enero 2021

Traducción: Carlos Díaz Rocca. 

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