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“El negocio agroalimentario pondría en riesgo...
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Trump rechaza parar la economía y endurece sus...
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Medidas sanitarias, Estado policial y democracia.
A nivel mundial, las iniciativas para afrontar la expansión del covid-19 generan debates sobre las libertades y los derechos ciudadanos toda vez que se imponen severas restricciones y se utilizan las fuerzas armadas para supervisarlas. Algunas voces rechazan la comparación con Estados instalados... Leer Más
Contagiar otro mundo
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El irresistible retorno de los militares
Bolsonaro en la cuerda floja “Bolsonaro no gobierna más y Brasil vive una desobediencia civil”, escribió el columnista Merval Pereira en la edición del 26 de marzo del diario O Globo. No es cualquier periodista ni cualquier medio. Perteneciente a la cadena Globo, O Globo es el diario de mayor... Leer Más
Denunciamos y rechazamos el asesinato de la...
Comunicado al Gobierno Nacional, a las entidades de Naciones Unidas, a la Fiscalía, a la Defensoría del pueblo, a todas las organizaciones de Derechos Humanos en Colombia y a la sociedad colombiana en general sobre el Asesinato de la Lideresa Carlota Isabel Salinas Pérez, perteneciente a la... Leer Más
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Miércoles, 25 Marzo 2020 06:11

A las puertas de un nuevo orden mundial

A las puertas de un nuevo orden mundial

El hecho de que las “democracias” europeas hayan copiado los modos chinos de abordar la epidemia de coronavirus es una muestra de que el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población.

 

La pandemia supone la profundización de la decadencia y crisis del sistema que, en el tiempo corto, habría comenzado en 2008, y en el largo se extiende desde la revolución mundial de 1968. Entramos en un período de caos del sistema-mundo, que es la condición previa para la formación de un nuevo orden global.

En efecto, las principales tendencias en curso —militarización, declive hegemónico de Estados Unidos y ascenso de Asia Pacífico, fin de la globalización neoliberal, reforzamiento de los Estados y auge de las ultraderechas— son procesos de largo aliento que se aceleran en esta coyuntura.

Desde una mirada geopolítica, China ha mostrado capacidad para salir adelante, sobreponerse a las dificultades y continuar su ascenso como potencia global que en pocas décadas será hegemónica. La cohesión de la población y un Gobierno eficiente son dos aspectos centrales que explican en gran medida la resiliencia/resistencia china.

La dura experiencia vivida por su pueblo en los dos últimos siglos —desde las guerras del opio hasta la invasión japonesa— ayuda a explicar su capacidad para sobrellevar tragedias. La revolución socialista de 1949, además de la nacionalista de 1911, y la notable mejora en la calidad de vida del conjunto de la población, explican la cohesión en torno al Partido Comunista y al Estado, más allá de las opiniones que se tengan de esas instituciones.

Por el contrario, la división interna que vive la población estadounidense —evidenciada en las últimas elecciones y en la epidemia de opiáceos que ha disminuido la esperanza de vida— se conjuga con un Gobierno errático, imperial y machista, del que desconfían incluso sus más cercanos aliados.

La Unión Europea está aún peor que Estados Unidos. Desde la crisis de 2008 perdió su brújula estratégica, no supo despegarse de la política de Washington y del Pentágono y evitó tomar decisiones que incluso la benefician, como la finalización del gasoducto Nord Stream 2, paralizado por presiones de Trump. El euro no es una moneda confiable y la nunca concretada salida del Reino Unido de la Unión Europea enseña la debilidad de las instituciones comunes.

La financiarización de la economía, dependiente de la gran banca corrupta e ineficiente, ha convertido la eurozona en una “economía de riesgo”, sin rumbo ni orientación de larga duración. La impresión es que Europa está destinada a acompañar el declive estadounidense, ya que ha sido incapaz de romper el cordón umbilical amarrado desde el Plan Marshall.

Tanto Estados Unidos como la Unión Europea, ni qué decir de los países latinoamericanos, sufrirán los efectos económicos de la pandemia con mucha mayor intensidad que los asiáticos. Estos han mostrado, desde Japón y China hasta Singapur y Corea del Sur, una notable capacidad para superar esta adversidad.

Una reciente encuesta de Foreign Policy entre doce intelectuales destacados concluye que Estados Unidos perdió su capacidad de liderazgo global y el eje del poder mundial se traslada a Asia. La pandemia es la tumba de la globalización neoliberal, en tanto la del futuro será una globalización más “amable”, centrada en China y Asia Pacífico.

Hegemonía tecnológica

En las principales y decisivas tecnologías, China está a la cabeza. Se mantiene al frente en la construcción de redes 5G, en inteligencia artificial, computación cuántica y superordenadores. El economista Óscar Ugarteche, del Observatorio Económico de América Latina (Obela), sostiene que “China es la fuente de cinco ramas de la economía mundial: farmoquímica, automotriz, aeronáutica, electrónica y telecomunicaciones”. 

De modo que el cierre de las fábricas frena la producción de estas cinco ramas en el mundo. China producía ya en 2017 el 30% de la energía solar del mundo, por encima de la UE y el doble que Estados Unidos. La lista Top500 de los mayores superordenadores del mundo revela que China posee 227 de 500 (el 45%), frente a solo 118 de Estados Unidos, su mínimo histórico. Diez años atrás, en 2009, China tenía solo 21 superordenadores frente a 277 de la entonces superpotencia.

El triunfo chino en la carrera tecnológica no quiere decir que su sociedad sea la deseable desde el punto de vista de quienes deseamos una sociedad poscapitalista, democrática y no patriarcal. El control social en China es asfixiante: desde las millones de cámaras que vigilan a las personas hasta el diabólico sistema de “crédito social” que otorga y quita puntos según el comportamiento correcto de sus ciudadanos, así como la estigmatización y discriminación de las personas LGBTI.

En el resto del mundo las cosas no van mejor. El hecho de que las “democracias” europeas hayan copiado los modos chinos de abordar la epidemia de coronavirus es una muestra de que el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población. “El mundo ha aprendido del país asiático”, destaca el periódico empresarial El Economista.

El auge de los fascismos en Europa y en Américas Latina —no solo a nivel de partidos, sino ese fascismo social difuso pero contundente, focalizado contra disidentes y emigrantes porque lucen comportamientos distintos y otro color de piel— va de la mano del vaciamiento de las democracias. Estas van quedando apenas como ejercicios electorales que no garantizan el menor cambio, ni la menor influencia de la población en las políticas estatales.

La experiencia del Gobierno de Syriza en Grecia, así como del Partido de Trabajadores en Brasil, debería ser motivo de reflexión para las izquierdas del mundo sobre las dificultades para mover la aguja de la economía y la política. Aun concediendo que se llevaron adelante con las mejores intenciones, el saldo de sus gestiones no solo es pobre, sino regresivo en los aspectos macroeconómico y respecto al empoderamiento de las sociedades.

El panorama para los movimientos es más que complejo, pero no es uniforme. Los que han hecho de la manifestación y otras acciones públicas su eje central son los más afectados. Sin embargo, los de base territorial tienen una situación potencialmente mejor. A todos nos afecta, empero, la militarización.

Los pueblos originarios y negros de América Latina, con destaque del zapatismo, los nasa-misak de Colombia y los mapuche, están en mejores condiciones. Algo similar puede suceder con los proyectos autogestionados, las huertas o los espacios colectivos con posibilidades de cultivar alimentos.

En todo caso, el militarismo, el fascismo y las tecnologías de control poblacional son enemigos poderosos que, aunados, pueden hacernos un daño inmenso, al punto de revertir los desarrollos que han tejido los movimientos desde la anterior crisis.

25 mar 2020 06

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Martes, 17 Marzo 2020 06:36

El coronavirus y la doctrina del shock

El coronavirus y la doctrina del shock

La periodista Naomi Klein, autora de libros como No Logo y La doctrina del shock, analiza en esta entrevista con Vice las especulaciones en torno a la pandemia, el rol de Estados Unidos y cómo salir de la emergencia diaria para pensar más acá de la vida:

VICE: Empecemos con lo básico. ¿Qué es el capitalismo del desastre? ¿Cuál es su relación con la «doctrina del shock»?

La forma en que defino el «capitalismo de desastre» es muy sencilla: describe la forma en que las industrias privadas surgen para beneficiarse directamente de las crisis a gran escala. La especulación de los desastres y de la guerra no es un concepto nuevo, pero realmente se profundizó bajo la administración Bush después del 11 de septiembre, cuando la administración declaró este tipo de crisis de seguridad interminable, y simultáneamente la privatizó y la externalizó – esto incluyó el estado de seguridad nacional y privatizado, así como la invasión y ocupación [privatizada] de Irak y Afganistán.

La «doctrina del shock» es la estrategia política de utilizar las crisis a gran escala para impulsar políticas que sistemáticamente profundizan la desigualdad, enriquecen a las elites y debilitan a todos los demás. En momentos de crisis, la gente tiende a centrarse en las emergencias diarias de sobrevivir a esa crisis, sea cual sea, y tiende a confiar demasiado en los que están en el poder. Quitamos un poco los ojos de la pelota en momentos de crisis.

VICE: ¿De dónde viene esa estrategia política? ¿Cómo rastrea su historia en la política americana?

La estrategia de la doctrina del shock fue una respuesta al programa del New Deal por parte de Milton Friedman. Este economista neoliberal pensaba que todo había salido mal en USA bajo el New Deal: como respuesta a la Gran Depresión y al Dust Bowl, un gobierno mucho más activo surgió en el país, que hizo su misión resolver directamente la crisis económica de la época creando empleo en el gobierno y ofreciendo ayuda directa.

Si usted es un economista de libre mercado, entiende que cuando los mercados fallan se presta a un cambio progresivo mucho más orgánico que el tipo de políticas desreguladoras que favorecen a las grandes corporaciones. Así que la doctrina del shock fue desarrollada como una forma de prevenir que las crisis den paso a momentos orgánicos en los que las políticas progresistas emergen. Las elites políticas y económicas entienden que los momentos de crisis son su oportunidad para impulsar su lista de deseos de políticas impopulares que polarizan aún más la riqueza en este país y en todo el mundo.

VICE: En este momento tenemos múltiples crisis en curso: una pandemia, la falta de infraestructura para manejarla y el colapso del mercado de valores. ¿Puede esbozar cómo encaja cada uno de estos componentes en el esquema que esboza en La Doctrina del Shock?

El shock es realmente el propio virus. Y ha sido manejado de una manera que maximiza la confusión y minimiza la protección. No creo que eso sea una conspiración, es sólo la forma en que el gobierno de los EE.UU. y Trump han manejado -completamente mal- esta crisis. Trump hasta ahora ha tratado esto no como una crisis de salud pública sino como una crisis de percepción, y un problema potencial para su reelección.

Es el peor de los casos, especialmente combinado con el hecho de que los EE.UU. no tienen un programa nacional de salud y sus protecciones para los trabajadores son muy malas (N.T: por ej. la ley no instituye el pago por enfermedad). Esta combinación de fuerzas ha provocado un shock máximo. Va a ser explotado para rescatar a las industrias que están en el corazón de las crisis más extremas que enfrentamos, como la crisis climática: la industria de las aerolíneas, la industria del gas y el petróleo, la industria de los cruceros, quieren apuntalar todo esto.

VICE: ¿Cómo hemos visto esto antes?

En La Doctrina del Shock hablo de cómo sucedió esto después del huracán Katrina. Grupos de expertos de Washington como la Fundación Heritage se reunieron y crearon una lista de soluciones «pro mercado libre» para el Katrina. Podemos estar seguros de que exactamente el mismo tipo de reuniones ocurrirán ahora, de hecho, la persona que presidió el grupo de Katrina fue Mike Pence (N.T: el que ahora preside el tema del Coronavirus). En 2008, se vio esta jugada en el rescate de los bancos, donde los países les dieron cheques en blanco, que finalmente sumaron muchos billones de dólares. Pero el costo real de eso vino finalmente en la forma de programas extensivos de austeridad económica [más tarde recortes a los servicios sociales]. Así que no se trata sólo de lo que está sucediendo ahora, sino de cómo lo van a pagar en el futuro cuando se venza la factura de todo esto.

VICE: ¿Hay algo que la gente pueda hacer para mitigar el daño del capitalismo de desastre que ya estamos viendo en la respuesta al coronavirus? ¿Estamos en mejor o peor posición que durante el huracán Katrina o la última recesión mundial?

Cuando somos probados por la crisis, o retrocedemos y nos desmoronamos, o crecemos, y encontramos reservas de fuerzas y compasión que no sabíamos que éramos capaces de tener. Esta será una de esas pruebas. La razón por la que tengo cierta esperanza de que podamos elegir evolucionar es que -a diferencia de lo que ocurría en 2008- tenemos una alternativa política tan real que propone un tipo de respuesta diferente a la crisis que llega a las causas fundamentales de nuestra vulnerabilidad, y un movimiento político más amplio que la apoya (N.T: Naomi Klein apoya a Bernie Sanders en las internas americanas).

De esto se ha tratado todo el trabajo en torno al Green New Deal: prepararse para un momento como este. No podemos perder el coraje; tenemos que luchar más que nunca por la atención sanitaria universal, la atención infantil universal, la baja por enfermedad remunerada, todo está íntimamente relacionado.

VICE: Si nuestros gobiernos y la élite mundial van a explotar esta crisis para sus propios fines, ¿qué puede hacer la gente para cuidarse unos a otros?

«Yo me ocuparé de mí y de los míos, podemos conseguir el mejor seguro privado de salud que haya, y si no lo tienes es probablemente tu culpa, no es mi problema»: Esto es lo que este tipo de economía de ganadores pone en nuestros cerebros. Lo que un momento de crisis como este revela es nuestra interrelación entre nosotros. Estamos viendo en tiempo real que estamos mucho más interconectados unos con otros de lo que nuestro brutal sistema económico nos hace creer.

Podríamos pensar que estaremos seguros si tenemos una buena atención médica, pero si la persona que hace nuestra comida, o entrega nuestra comida, o empaca nuestras cajas no tiene atención médica y no puede permitirse el lujo de ser examinada, y mucho menos quedarse en casa porque no tiene licencia por enfermedad pagada, no estaremos seguros. Si no nos cuidamos los unos a los otros, ninguno de nosotros estará seguro. Estamos atrapados.

Diferentes formas de organizar la sociedad promueven o refuerzan diferentes partes de nosotros mismos. Si estás en un sistema que sabes que no cuida de la gente y no distribuye los recursos de forma equitativa, entonces la parte que acapara de ti se reforzará. Así que ten en cuenta eso y piensa en cómo, en lugar de acaparar y pensar en cómo puedes cuidarte a ti mismo y a tu familia, puedes hacer un cambio y pensar en cómo compartir con tus vecinos y ayudar a las personas que son más vulnerables.

17 marzo 2020

(Tomado de Vice)

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La demócrata Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, como si fuera una vulgar trumpiana fustigó que la red 5G de Huawei permitiría a China espiar las comunicaciones de los aliados de Estados Unidos.Foto Ap

Lo peor que pueden hacer los cándidos mandatarios del mundo es tomar partido por demócratas y/o republicanos, que son las dos caras de la misma moneda cuando se trata de la "seguridad nacional" de Estados Unidos y sus intereses, como fue notorio en la Conferencia de Seguridad de Múnich (CSM) en su versión 56, donde demócratas, encabezados por Nancy Pelosi (NP) y Adam Schiff –fallidos defenestradores de Donald Trump–, se fusionaron con sus supuestos "enemigos" de la dupla "evangelista sionista" Pence-Pompeo y el secretario del Pentágono Mark Esper (ME), representantes del trumpismo, para arremeter conjuntamente contra China y la 5G de Huawei (https://bit.ly/2T5fJzw).

La amazona católica NP, desde la inmoralidad del sistema bélico de Estados Unidos, moralizó el pleito con la 5G de Huawei, que redujo a un dilema entre la "autocracia" china y la "democracia" (sic) de la "autopista de la información" (https://bit.ly/2TaC4eQ).

NP no conoce el sistema que dirige en Estados Unidos, que no es una "democracia", sino una "plutocracia prototeocrática", tanto en la fase del ayer demócrata y hoy republicano Trump como de la candidatura híbrida del ayer republicano y hoy demócrata Mike Bloomberg, con una fortuna que ya alcanzó 65 mil millones de dólares (https://bit.ly/2HOJmzP) y quien, al unísono de George Soros, lubricó la candidatura de NP.

Ni Alemania ni Francia ni Gran Bretaña –cuyo primer ministro conservador, Boris Johnson, es el gran aliado de Trump– se han doblegado a las amenazas de Estados Unidos para abandonar la 5G de Huawei.

NP, como si fuera una vulgar trumpiana, fustigó que la red 5G de Huawei permitiría a China espiar las comunicaciones de los aliados de Estados Unidos, a lo que China replicó que este último persiste en monopolizar (¿"democracia"?) el control cibernético global para perpetrar su espionaje. NP amenazó que “quienes opten por Huawei tendrán que pagar un alto precio (¿"democracia"?). Cuando le preguntaron a NP si estaba de acuerdo "con la política china del presidente Trump", respondió sin sonrojarse que "estamos de acuerdo en este punto". Y en otros más que oculta…

El diplomático chino Fu Ying preguntó a NP cuál era su explicación para que las trasnacionales de Estados Unidos que han operado en China durante décadas no hayan podido cambiar el sistema político chino y que ahora resulte que Huawei sola amenace la "democracia" de Occidente (https://bit.ly/2vRVQ6Z). ¡Touché!

Justamente, días antes, The Washing-ton Post –portavoz del establishment y propiedad de Jeff Bezos, mandamás de Amazon–reportó que la CIA espía las comunicaciones encriptadas de los gobiernos de todo (sic) el mundo desde hace cinco décadas (sic), gracias a la instalación secreta de la empresa de "seguridad" CryptoAG, en Suiza (https://wapo.st/2Pw9aVN).

Si Europa rechazara la 5G de Huawei, se quedaría secuestrada eternamente a Estados Unidos y muy rezagada frente a China.

El Secretario de Defensa ME advirtió que el mundo se encuentra ahora en la "era de competencia de las grandes potencias", por lo que “debemos pasar de los conflictos de baja (sic) intensidad y prepararnos de una vez por todas para una guerra de alta (sic) intensidad”, que es la misma perorata del reporte del Pentágono de 2018 (https://bit.ly/39TpKXd).

En forma espectacular participaron también en la CSM Mark Zuckerberg, de Facebook, y el canciller iraní, Javad Zarif, lo que puso nerviosos a tirios y troyanos.

Las diatribas de republicanos y demócratas por igual contra la 5G de Huawei va mucho más allá de una prosaica guerra "comercial" y de la defensa hilarante de "valores democráticos" inexistentes en Estados Unidos. Más bien refleja el acelerado declive de Occidente, en particular, de Estados Unidos, su otrora superpotencia tecnológica que ha sido ya rebasada en varios rubros por la panoplia hipersónica militar de Rusia y por las hazañas científicas de China, hoy puesta doblemente en cuarentena por el extraño coronavirus y por el cerco de Estados Unidos, que empezó con la contención de Barack Obama y prosigue en forma desesperada con Trump, mientras Rusia y China han codificado una "asociación estratégica", cuya envergadura secreta se ignora y ha dejado atrasado a Estados Unidos.

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 El portaaviones nuclear estadounidense Ronald Reagan, fondeado en la bahía de Manila en junio de 2018. TED ALJIBE AFP via Getty Images

Manila anula el acuerdo que permite la presencia de tropas de EE UU en Filipinas y brinda a China la oportunidad de fortalecer su posición en la región

El presidente filipino, Rodrigo Duterte, que desde su llegada al poder en 2016 ha proclamado su intención de acercarse a China y romper décadas de alianza militar con EE UU, ha pasado a la acción. Manila ha decidido anular el Acuerdo de Fuerzas Visitantes (VFA, por sus siglas en inglés), que permite la presencia de tropas de EE UU en Filipinas, lo que menoscaba la capacidad de defensa del archipiélago asiático y brinda a China la oportunidad de fortalecer su posición en la región, escenario de un pulso de poder entre las dos potencias mundiales.

El anuncio, comunicado el martes a la Embajada de EE UU en Manila, no fue una sorpresa. Duterte había advertido que enterraría el VFA si Washington mantenía su decisión de denegar el visado al senador Ronald dela Rosa, exjefe de la Policía Nacional y artífice de su violenta guerra contra las drogas. El presidente filipino no tolera las críticas de EE UU a su controvertida campaña, y lleva tiempo buscando socios que no se inmiscuyan tanto en sus asuntos internos.

China, y en menor medida Rusia, son sus candidatos ideales: en cuatro años, Duterte se ha reunido ocho veces con su par chino, Xi Jinping, y en octubre visitó a su “ídolo” Vladímir Putin por segunda vez. En cambio, alardea de que rechazaría una invitación a la Casa Blanca.

“Su decisión de revocar el VFA se debe en parte a su acercamiento a China, pero también hay que leerla en clave interna: es más política que estratégica”, considera Charmaine Willoughby, profesora de la Universidad de La Salle, en Manila.

Estratégica o no, la resolución de Duterte, que hasta ahora no había pasado de la retórica, ha consternado incluso a miembros de su propio Ejecutivo. La alianza militar con EE UU es la columna vertebral de la seguridad filipina, y para muchos observadores supone un contrapeso clave a la expansión naval de la segunda economía mundial en el mar de China meridional, por el que circula el 30% del comercio global y que se cree que alberga importantes yacimientos de gas y petróleo.

“La retirada del VFA merma la seguridad de Filipinas en un momento en el que China infringe activamente los derechos marítimos de este país”, asegura Malcolm Cook, del Instituto de Estudios del Sureste Asiático (Iseas). Pekín, que reclama la práctica totalidad del mar de China Meridional, lleva años construyendo islas artificiales e instalaciones militares en zonas disputadas con Filipinas, Malasia, Brunéi, Vietnam y Taiwán.

Al contrario que su predecesor, Benigno Aquino, que llevó la disputa por las islas Spratly a La Haya y ganó un fallo contra China, Duterte ha optado por relativizar el conflicto e ignorar el laudo. El presidente cree que puede obtener más acercándose a Pekín, y también a Moscú. China y Filipinas han establecido un comité intergubernamental para dirimir los asuntos del mar de China Meridional, y buscan la exploración conjunta de gas y petróleo en esas aguas. Mientras, Duterte persigue un acuerdo sobre defensa y comercio con Rusia.

Pero el mandatario filipino está jugando con fuego. La ruptura del VFA, firmado en 1998, deja a Filipinas más expuesto en caso de conflicto o crisis. Sin el pacto, cuya suspensión entrará en vigor en 180 días si no hay cambios, queda en entredicho la futura celebración de las maniobras militares conjuntas entre Filipinas y EE UU. Estos ejercicios de entrenamiento son una ocasión esencial para Filipinas de modernizar sus fuerzas armadas, mientras EE UU los aprovecha para sacar músculo militar en la región frente a China, que siempre las ha considerado una provocación.

Gracias al VFA, EE UU ha ayudado rápidamente a Filipinas en momentos de crisis: en 2013, por ejemplo, desplegó casi 8.000 militares para asistir al archipiélago tras la devastación provocada por el tifón Haiyan. Aunque las relaciones militares entre EE UU y su antigua colonia (1898-1946) siguen protegidas por el Tratado de Defensa Mutua de 1951, la ruptura del VFA hace tambalear los cimientos de la alianza militar y despierta las dudas sobre la supervivencia a corto plazo de otro acuerdo. Este pacto, firmado en 2014, permite a EE UU tener desplegados unos 250 efectivos en la isla meridional de Mindanao para combatir a fuerzas islamistas.

“Es Filipinas, no Estados Unidos, el gran perdedor de esta decisión. Y China el principal ganador”, añade Koh.

China lo sabe, y lleva años intentado fortalecer los lazos militares con el que hasta ahora ha sido el principal aliado de Washington en el sureste asiático. Pekín ha planteado la posibilidad de realizar ejercicios militares conjuntos, una oferta hasta ahora ignorada por Manila; ha ofrecido a Filipinas préstamos de bajo interés para comprar equipamiento militar; y ha invertido en la remodelación de la base aérea de Clark, entre otras iniciativas.

Trump resta importancia a la decisión

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, restó importancia a la decisión de Filipinas, en línea con su propósito de repatriar a los efectivos militares desplazados desde hace décadas en el exterior. Una reacción aplaudida por Rodrigo Duterte que deseó la reelección de Trump. “Es un buen mandatario, merece ser reelegido”, dijo su portavoz. Con todo, China no tiene tan fácil aumentar su influencia en Filipinas. Primero, por la diferencia de capacidad militar con EE UU. Luego, porque “aunque Duterte se esté decantando por China, el sentir popular, incluso de parte del Gobierno, es todavía mucho más proestadounidense que chino”, subraya la analista de La Salle.

El presidente filipino aún podría echarse atrás en los próximos meses, pero también podría optar por el escenario más radical: la ruptura total de la alianza militar con Estados Unidos. “Para ser coherente con su postura, todos los tratados deben terminarse”, advirtió su portavoz. Aunque Duterte no es precisamente conocido por su consistencia.

Por Paloma Almoguera

Singapur 17 FEB 2020 - 02:17 COT

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Lunes, 17 Febrero 2020 05:53

Vaticano, FMI y opio para el pueblo

Vaticano, FMI y opio para el pueblo

En el taller “Nuevas formas de solidaridad”, convocado por la Academia de Ciencias Sociales del Vaticano, el papa Francisco sostuvo que la deuda no se debe pagar con “sacrificios insoportables”. “Las personas empobrecidas en países muy endeudados soportan cargas impositivas abrumadoras y recortes de los servicios sociales, mientras sus gobiernos pagan deudas contraídas que son insostenibles”, precisó. Citó a Juan Pablo II, quien afirmaba que no es lícito exigir el pago de las deudas cuando ese pago “vendría a imponer de hecho opciones políticas que llevaran al hambre y la desesperación a poblaciones enteras”. Luego, dirigiéndose “a los líderes financieros y expertos económicos del mundo, que conocen cuáles son las injusticias de nuestra economía”, Francisco les pidió trabajar juntos “para poner fin a las desigualdades globales”.

Asentían, Kristalina Georgieva, titular del FMI; Martín Guzmán, ministro de Economía argentino; Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía; además de varios ministros de Economía, cancilleres, presidentes de organismos internacionales y bancos públicos.

En su intervención Georgieva habló de la creciente desigualdad y polarización de la riqueza que se está operando en el capitalismo. Dijo que desde 1980 el 1% más rico de la población mundial se quedó con el doble de las ganancias del crecimiento que obtuvo el 50% más pobre; que crecen las diferencias de ingresos al interior de los países; que la brecha entre los países más ricos y más pobres está creciendo; y que “la actual estructura económica está dañando nuestro planeta”. Para hacer frente a estos males propuso “la cultura de la solidaridad”; la “globalización de la esperanza”; y el cuidado del planeta. Lo cual vino a reforzar la idea, adelantada por analistas políticos y defensores del gobierno de Fernández, de que “este es otro FMI, preocupado por los pobres, y distinto del que presidía Lagarde y trataba con Macri”. Según estos enfoques, estaríamos ante cambios fundamentales: al frente del Vaticano hay un Papa progresista, crítico del capitalismo; y al frente del FMI una economista “sensible a los problemas sociales”.

El discurso del Vaticano y el desarrollo del capitalismo

Con respecto al supuesto cambio introducido por Francisco en el discurso vaticano sobre el capitalismo, debemos decir que no es novedoso. De hecho, en 1931, en plena depresión económica, Pío XI había criticado este sistema económico en el que “no solo se acumulan riquezas, sino que también se acumula una descomunal y tiránica potencia económica en manos de unos pocos” (citado por B. Pérez Andreo, “¿Iglesia vs Globalización?” Veritas, vol. III,  Nº 18, 2008; también las citas que siguen). Pero más todavía, después del Concilio Vaticano II (en 1959) el señalamiento de algunos de los males del capitalismo pasó a ser parte de la “Doctrina social de la Iglesia” y del discurso más o menos estándar de los papas.

Así, Pablo VI (fue Papa entre 1963-78) decía que “en mala hora se ha estructurado un sistema en que el provecho se considera como el motor esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de los medios de producción sin límites y obligaciones sociales que le correspondieran. Ese liberalismo sin freno conducía a la dictadura, justamente denunciada por Pío XI como generadora del imperialismo internacional del dinero. Nunca se condenarán bastante semejantes abusos, recordando una vez más solemnemente que la economía se halla al servicio del hombre.

Juan Pablo II (1978-2005) sostenía que “si la globalización se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias negativas. Tales son, por ejemplo, la atribución de un valor absoluto a la economía, el desempleo, la disminución y el deterior de ciertos servicios públicos, la destrucción del ambiente y de la naturaleza, el aumento de las diferencias entre ricos y pobres, y la competencia injusta que coloca a las naciones pobres en una situación de inferioridad cada vez más acentuada. La Iglesia, aunque reconoce los valores positivos que la globalización comporta, mira con inquietud los aspectos negativos derivados de ella”. La globalización debía “orientarse al bien de las personas, y no a la explotación de los recursos naturales y de la fuerza laboral”. El ser humano debía ser la meta.

Benedicto XVI (2005-13) incluso sostuvo que la relación entre el capital y el trabajo “se ha convertido en la cuestión decisiva” y que, dado que los medios de producción y el capital “eran el nuevo poder, que estando en manos de pocos comportaba para las masas obreras una privación de derechos contra la cual había que rebelarse”.

Y por supuesto, también Francisco; por ejemplo: “… estamos en un sistema mundial económico que no es bueno. En el centro de todo sistema económico debe estar el hombre y lo demás debe estar a su servicio. Pero nosotros hemos puesto al dinero en el centro. Hemos caído en un pecado de idolatría. La economía se mueve por el afán de tener más y, paradójicamente, se alimenta una cultura del descarte” (Clarín, 14/06/2014). De manera que son ya muchas décadas con la misma cantinela, sin que por ello se hayan alterado las cosas.

FMI, ¿qué cambió tanto?

 Tampoco parece correcto decir que el FMI ha cambiado sustancialmente su orientación. Por ejemplo, el discurso sobre la desigualdad atraviesa gran parte de las intervenciones de Christine Lagarde, por lo menos desde 2013. Así, por caso, en el Foro Económico de Davos, de 2017, la por entonces titular del FMI pidió a los líderes políticos que actuaran para frenar el aumento de la desigualdad; y que las desigualdades excesivas dificultaban conseguir un crecimiento sustentable.

De la misma manera, al menos desde 2012 Lagarde alertaba que el mundo enfrentaba el riesgo de ingresos en baja, daño ambiental y descontento social a menos que los países adoptaran un enfoque para el crecimiento económico más sustentable. Y agregaba que “los ricos deberían restringir sus demandas de mayores ingresos mientras todavía hay 200 millones de personas en el mundo buscando un trabajo y la pobreza está en alza” (The Guardian, 12/06/2012). Aunque este tipo de declaraciones no impidió que el FMI apoyara los programas de ajuste aplicados en Portugal, España, Irlanda o Grecia, cuando la crisis económica.

Discursos y leyes del capitalismo

Pero por encima de los discursos, lo que decide son las leyes naturales –en el sentido de socialmente objetivas- del capitalismo, y los conflictos y luchas de las clases sociales, o de las fracciones de clase. Las actitudes morales, o éticas, no cambian las tendencias de fondo. Así, la brecha creciente en las desigualdades de riqueza e ingresos no se cierra proclamando que el ser humano debe ser la meta del crecimiento económico; o lanzando condenas morales “a los banqueros y los especuladores” (al pasar, discurso preferido también de la mayor parte de la izquierda argentina).

Lo central es que el capitalismo es un modo de producción de plusvalía. La propiedad privada de los medios de producción determina una relación de dominio sobre los que solo poseen su fuerza laboral. Y la concentración de la riqueza es inevitable en la medida en que se genera plusvalía que se reinvierte para explotar más trabajo, que genera más plusvalía (véase la discusión sobre Piketty, aquí y siguientes). Este impulso tenderá a sostenerse en la medida en que las relaciones capitalistas se hagan más puras. Por eso también las frustraciones de los reformismos “a lo Stiglitz”, y diversas expresiones del socialismo burgués. Frente a la concentración del capital, a la lógica mercantil y de la ganancia penetrando todos los poros de la visa, hablar de “globalizar la esperanza” o “la cultura de la solidaridad”, es palabrerío vacío.

Para verlo más en concreto, recordemos que en su intervención Georgieva dijo que en las últimas cuatro décadas el flujo global de capitales se multiplicó por 13, y el comercio global aumentó 11 veces. Esto significa que los países son cada vez más dependientes del mercado mundial, y están más condicionados por la competencia entre los capitales. Pero por esto mismo, la amenaza de huelgas de inversiones, y de crisis provocadas por el retiro rápido y violento de capitales, pone presión sobre gobiernos y políticas económicas. Lo cual explica que, por encima de reclamos morales, termine imponiéndose la lógica de la valorización del capital. Así, cuando en el Vaticano se discurseaba sobre el amor a la humanidad del “nuevo FMI”, los tenedores de bonos emitidos por Buenos Aires exigían el pago completo del capital vencido, bajo amenaza de desatar un proceso de default cruzado. ¿Los discursos del Papa? ¿Los de Giorgeva? Bien gracias, muy bonitos para que “la gilada” siga tragando los sapos del ajuste (y diga, además, que los sapos están buenísimos, faltaba más). Pero en temas de dinero, capital e intereses, las cosas son un poco más “concretas”. En ese mundo “sin corazón”, las razones del corazón cuentan poco y nada.

Por supuesto, no se trata solo de Argentina y los tenedores de sus bonos. Existen muchas experiencias al respecto. Por caso, recordemos lo que ocurrió durante la crisis griega: En 2015 el gobierno de Syriza convocó a un referéndum acerca de las condiciones que imponían el FMI, el BCE y la UE para renovar los créditos y mantenerse en el euro. La mayoría rechazó esas condiciones, y mucha gente, entusiasmada, saludó el “triunfo del pueblo”. Pero a los acreedores –y a los organismos- les importó poco y nada ese resultado, y mantuvieron su exigencia “de la libra de carne”. Sobre el asunto, escribí: “Las relaciones sociales ejercen una coerción objetiva que, en situaciones de crisis capitalistas, solo se vencen con la fuerza. … no hay referéndum griego [tampoco discurso papal] que obligue a un banquero alemán o francés a poner euros en un banco griego, si no está decidido a hacerlo. Y no hay forma de enfrentar una crisis del nivel de la griega con papeletas electorales” (aquí).

En este punto, la diferencia fundamental entre el análisis marxista y el análisis del reformismo burgués o pequeñoburgués pasa por el hecho de que el primero hace eje en las relaciones sociales imperantes, y en los límites que imponen a las buenas intenciones de los amigos de la humanidad y aledaños. El segundo, en cambio, pone el acento en lo subjetivo, en las personas y sus intenciones. Así, por ejemplo, la reciente renuncia de David Lipton, el número dos del FMI, y el funcionario que más apoyó el otorgamiento del crédito al gobierno de Macri por 56.300 millones de dólares, es interpretado como señal de cambios fundamentales en el Fondo. El mensaje que se transmite desde algunas usinas del pensamiento “nacional” es que “ahora sí” se puede acordar y colaborar con el FMI, porque “está en ascenso el ala productivista, en contra de los banqueros de Wall Street” (no falta quien ubica a Trump en esa corriente renovadora). De manera que el “nuevo FMI, productivista y preocupado por los pobres” encajaría a la perfección con un Papa “nacional y popular”. Con relatos de este tipo se busca entretener y confundir a la opinión pública.

Por supuesto, no podemos negar que haya matices y acentos diferentes en las políticas económicas. Sin embargo, los lineamientos fundamentales no cambian, y esto es lo que deberían tener presente militantes y activistas progresistas o de izquierda. En última instancia, lo que estoy planteando es la necesidad de romper con el criterio “frentepopulista”, aplicado ahora al FMI, o al Vaticano (el frentepopulismo no tiene límites). Esto es, la idea de andar siempre distinguiendo entre el ala “progresista”, sea en el Vaticano (Bergoglio es muy distinto, y está a la izquierda de Ratzinger), sea en el FMI (Giorgeva es muy distinta y está a la izquierda de Lagarde). Pero la realidad es que tanto el FMI, como el Vaticano modifican aspectos de superficie, para conservar lo esencial. Incluso en el caso de la renuncia de Lipton, hay que señalar que su sucesor será designado por Trump. Como si Trump hiciera alguna diferencia cualitativa en lo que atañe a las leyes de la generación de plusvalor y de la acumulación de capital, o el bienestar de las masas trabajadoras.

Contención, opio para el pueblo y políticas reaccionarias

En su discurso en el Vaticano la presidenta del FMI también se refirió al creciente descontento de buena parte de la población con el estado de cosas existente. Dijo que en un estudio global reciente más de la mitad de los que respondieron afirmaron que el capitalismo “hace más mal que bien”. Agregó: “Las implicaciones son alarmantes: de la caída de la confianza en las instituciones tradicionales al aumento de la polarización política y de las tensiones sociales” (véase aquí sobre las luchas sociales en el último año).

Este creciente descontento y elevación de las “tensiones sociales” ayudan a explicar el rol ideológico y político del discurso papal que hemos criticado. Se trata de efectos de contención y consuelo. Es que, como afirmaba Marx en “Crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, “la religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo”. El opio sirve para mitigar dolores; en este caso, para soportar los males de la explotación, la opresión, la marginación. Y sirve también para que los pueblos, con humildad ovejuna, acepten las instituciones establecidas. ¿No es acaso el Vicario de Dios en la Tierra quien condena a los capitalistas “sin corazón”, pero elogia el “corazón” de la sensible Georgieva? ¿Por qué no confiar entonces en las intenciones de todos los que peregrinan a Roma para ayudar a los pobres? ¿Quién dijo que en cuestiones de dinero el FMI no pueda tener su “corazón”, y llenar los espíritus de esperanza?

Resumiendo: autoridad papal + FMI + gobiernos capitalistas comprometidos con los sufrimientos “soportables” (al pasar, y sin molestas “cláusulas gatillo” para las discusiones salariales). El camino de la liberación nacional parece despejado. Con un último elemento: el discurso “social” del Papa legitima y potencia su defensa de posturas extremadamente reaccionarias en temas como el aborto, la sexualidad o el matrimonio entre homosexuales. ¿No es el mejor de los mundos?

Rolando Astarita

Profesor de economía de la Universidad de Buenos Aires.

16/02/2020

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EE UU exige a Europa que secunde la guerra tecnológica contra China

 La tensión cobra cuerpo en un caballo de batalla con nombre propio, el del gigante de telecomunicaciones Huawei

Los ecos de la guerra fría tecnológica entre Estados Unidos y China han retumbado este sábado en la conferencia de seguridad de Múnich. La tensión cobra cuerpo en un caballo de batalla con nombre propio: Huawei. Los posibles riesgos de espionaje e injerencia asociados a la participación del gigante tecnológico chino en infraestructuras estratégicas han mutado en ataques directos de los representantes de la Administración estadounidense como advertencia a los europeos, a los que EE UU presiona para que se sumen al boicot a Huawei.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, llegó a decir que la adopción del 5G chino puede comprometer las actuales alianzas. “Si no comprendemos la amenaza que supone y no hacemos algo al respecto, al final la OTAN, la alianza militar más exitosa de la historia, se verá comprometida”, dijo Esper, enviando una clara señal a los europeos en su propio terreno. La seguridad de las comunicaciones, sostienen los estadounidenses, corre peligro en manos de Huawei. El titular de Defensa consideró que el gigante chino de telecomunicaciones forma parte de “una estrategia industrial vil” de Pekín y pidió a la comunidad internacional que “despierte ante el desafío chino y su manipulación de las reglas del orden internacional”.

También en Múnich, el secretario de Estado, Mike Pompeo, acusó a Pekín de utilizar a Huawei como caballo de Troya en la campaña de desinformación. Sostuvo además que el partido comunista chino “representa un enorme riesgo para Occidente”. Poco después, desde el mismo escenario, Wang Yi, ministro de Exteriores chino, acusó a EE UU de lanzar “mentiras y acusaciones que no están refrendadas por hechos” y de crear problemas de forma artificial. “EE UU se niega a aceptar el éxito de un país socialista”, añadió. Wang pidió a los países europeos que adopten sus decisiones de manera independiente y responsable.

Cerca de 40 líderes mundiales se reúnen desde el viernes en Múnich en el encuentro anual de seguridad en la capital bávara, que este año ha sido testigo del enfrentamiento entre Washington y Pekín. En medio, los europeos, cuyas relaciones con el aliado estadounidense atraviesan momentos difíciles y que a la vez mantienen una fuerte dependencia económica con China.

El Gobierno británico decidió el mes pasado permitir la entrada de Huawei en su red 5G, aunque con restricciones, ignorando las advertencias de Washington. Mientras, Londres y Pekín mantienen conversaciones sobre la posible colaboración china en la construcción de la alta velocidad británica. En Alemania, la posible participación de Huawei en las telecomunicaciones ha provocado un encendido debate político, también en el seno del partido conservador de la canciller, Angela Merkel. Berlín se ha negado de momento a vetar ninguna empresa concreta y prefiere exigir garantías de seguridad a quien compita en su mercado.

La ministra de Exteriores española, Arancha González Laya, participante también en Múnich, consideró que el 5G se enmarca “en una discusión más amplia, en cómo la revolución digital influye en las relaciones internacionales, cómo afecta a la democracia y al futuro del empleo”, indicó en un encuentro con la prensa. Anunció Laya que piensan crear un grupo de expertos que ayuden a entender las intersecciones e implicaciones políticas de la tecnología. Puso como ejemplo la concentración productiva y geográfica en manos de un número reducido de empresas, así como la importancia de la fiscalidad sobre la economía digital, la privacidad y también la seguridad. En alusión a Huawei, dijo: “Para nosotros, no se trata tanto de empresa y del nombre de la empresa, sino de que los métodos tecnológicos respeten principios de libertad, derechos humanos y valores que para nosotros los europeos son importantes. Queremos tener esa discusión”.

Considerar la tecnología china como un asunto de seguridad que amenaza a la propia OTAN supone, según Ian Bremmer, presidente del Eurasia Group, una nueva brecha en la alianza transatlántica. Y sostiene que el presidente de EE UU, Donald Trump, “con su unilateralismo está empujando a los europeos en la dirección de China”. El problema, añadió en conversación con este diario, es que EE UU es incapaz de ofrecer una solución tecnológica alternativa.

En esa línea se pronunció el presidente francés, Emmanuel Macron, que defendió impulsar una mayor soberanía tecnológica europea y abogó por acelerar la innovación tecnológica con mayor inversión y cambios en la regulación que permitan un rápido avance. Por eso hay quien en Múnich también vio paradójicamente en el desafío chino una oportunidad para la cooperación transatlántica. El propio secretario de Defensa de EE UU dijo estar dispuesto a trabajar con empresas europeas en busca de alternativas para el 5G. 

Macron muestra su “impaciencia” con Berlín

El presidente francés, Emmanuel Macron, declaró este sábado en Múnich su “impaciencia” ante la falta de impulso alemán en las reformas europeas. El eje franco-alemán se propuso hace dos años refundar la Unión para protegerse de crisis venideras y hacer frente a un escenario global volátil y turbulento. Desde entonces el progreso ha sido limitado, sobre todo en el área financiera, debido en buena medida a las reticencias de Berlín.

“No tengo frustraciones, pero sí impaciencia”, dijo Macron preguntado por la salud de la relación franco-alemana, aquejada de altibajos en los últimos meses. Macron centró su intervención en lo que llamó “la crisis de la clase media europea, que empieza a dudar de la democracia”. El presidente francés consideró que la crisis financiera y también la migratoria afectaron en particular a ese sector de la población, que tuvo que encajar las nuevas realidades. Para dar respuesta a la frustración de muchos europeos, Macron dijo confiar en el nuevo equipo al frente de las instituciones europeas. “Si Francia y Alemania no abordamos juntos nuestros desafíos, estaremos cometiendo un error histórico”, advirtió.

Por Ana Carbajosa

Múnich 15 FEB 2020 - 14:22 COT

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Miércoles, 12 Febrero 2020 06:00

Oro para el analfabeto monetario

Oro para el analfabeto monetario

Desde hace tiempo la fantasía de regresar al patrón oro es discutida en Estados Unidos. En particular, los grupos políticos libertarios de derecha consideran que el retorno al patrón oro es una forma de controlar el gobierno centralizador y sus malos hábitos cuando se trata de monetizar sus deudas. El patrón oro es visto por estos políticos como una salvaguarda frente a los abusos del poder en materia de creación monetaria.

Ron Paul, representante de un distrito en Texas y precandidato a la presidencia por el Partido Libertario, ha promovido esta idea durante las últimas dos décadas. Su éxito electoral demuestra hasta qué punto se encuentra enraizada la idea de que el patrón oro es la mejor forma de controlar los vicios del gobierno para recuperar la confianza en la moneda estadunidense. Son famosas las confrontaciones entre este político tejano y los funcionarios de la Reserva Federal cuando han tenido que comparecer en el Congreso. El tejano propone privatizar la emisión de billetes y la desaparición de la Reserva Federal, porque ha contribuido a depreciar el dólar. Ron Paul era la cabeza política más visible de los que promovían la idea del regreso al patrón oro hasta que llegó Donald Trump.

En junio del año pasado Trump anunció que estaría nominando a su asesora económica Judy Shelton para ser miembro de la Reserva Federal. Las credenciales académicas y de servicio público de la señora Shelton no son impresionantes. En cambio, su ignorancia sí es sorprendente. Sus llamados para regresar al patrón oro y corregir el rumbo de la Reserva Federal son una constante muy llamativa y de seguro han deslumbrado el pequeño y desconectado cerebro de Trump.

Para darle un disfraz de seriedad académica, el Instituto Cato promueve el regreso al patrón oro a través de sus publicaciones e investigaciones. Shelton escribió hace poco en el boletín de este instituto que es necesario convocar a una conferencia internacional similar a la de Bretton Woods, pero esta vez en Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump. El objetivo de esta nueva conferencia sería el regreso al patrón oro, pero no sólo para Estados Unidos, sino para la economía global. La señora Shelton coronó su ensayo con la idea de que para hacer a Estados Unidos grande otra vez es necesario hacer grande a su moneda nuevamente.

La conferencia de Bretton Woods organizó el sistema monetario internacional alrededor del dólar como moneda hegemónica, porque Estados Unidos era el país con la mayor cantidad de oro en sus reservas. El dólar podría ser intercambiado por oro a raíz de 35 dólares la onza, mientras que las demás monedas mantendrían su paridad fija (dentro de límites muy estrechos para ajustes en la balanza de pagos). Todo el sistema estuvo regulado por el Fondo Monetario Internacional y funcionó de manera razonable hasta 1971. Ese año, el 15 de agosto, el entonces presidente Nixon cerró la ventanilla de intercambios dólar-oro y la economía mundial y su sistema de pagos se transformaron para siempre. Bretton Woods mantuvo los residuos del sistema de patrón oro. Pero al terminar el sistema de respaldo metálico de la moneda estadunidense los vestigios del patrón oro desaparecieron para siempre en 1971.

El patrón oro descansó siempre sobre la idea de que un referente valioso y tangible daría siempre una base sólida para resguardar el valor de la moneda. Pero la Gran Depresión mostró que el patrón oro no sirve para evitar la volatilidad y la pérdida de valor de una moneda. Mientras los gobiernos buscaban rescatar el patrón oro en lugar de concentrarse en rescatar a sus economías, el patrón oro se convirtió en la gran cadena de transmisión de los efectos de la crisis. La Gran Depresión se profundizó y extendió precisamente porque los países clave se aferraron al patrón oro.

La ignorancia de Trump, Ron Paul y Judy Shelton en materia de política monetaria no tiene paralelo. Lo primero que deberían saber es que el patrón oro es una forma de maniatar y anular la política monetaria. Lo segundo es que regresar al patrón oro necesita algo más que una fastuosa conferencia en Mar-a-Lago. Tercero, deberían saber además que hoy por hoy el banco central (llámese Reserva Federal o Banco de Inglaterra) no controla la oferta monetaria. Son los bancos comerciales privados los que determinan la oferta de circulante en la economía y si sus operaciones son claramente procíclicas eso no es algo que pueda evitar el banco central. De hecho, el banco central no solamente no tiene control sobre la oferta monetaria. Tampoco sobre las reservas en dinero de alto poder que puede requerir el sistema bancario. Los bancos comerciales privados serán los primeros en rechazar la propuesta de retornar al patrón oro.

Es claro que el papel del sistema bancario en el mundo no es de lo más constructivo que digamos. Pero los problemas no se van a corregir con un sistema arcaico como el patrón oro. Ese sistema, que Keynes describió en 1924 como una reliquia bárbara, es imposible de resucitar.

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Brexit: las consecuencias económicas y financieras

Reino Unido ha abandonado definitivamente la Unión Europea. El referéndum del 23 de junio de 2016 ha llegado a su culminación. Los ciudadanos de Reino Unido ya no son ciudadanos de la Unión Europea (UE). Es un acontecimiento de gran importancia tanto para el proyecto de una Europa democrática como para Reino Unido. Y las repercusiones se harán sentir en el mundo entero.

Por el momento, sin embargo, en la vida cotidiana los ciudadanos de Reino Unido no van a experimentar grandes cambios. Eso se debe a que ahora se ha abierto un periodo de transición de 11 meses para negociar los términos de la relación que mantendrán en el futuro Reino Unido y la UE. Es decir, hasta diciembre de este año Reino Unido permanecerá en el mercado integrado y la unión aduanera de la UE. Mercancías y capitales, así como personas, seguirán circulando libremente dentro de la UE y de Reino Unido, tal como sucedía anteriormente. Transcurrido este plazo el nuevo paisaje dependerá de las negociaciones entre la Comisión de la UE (con sede en Bruselas) y Londres dentro del periodo de transición.

Las posturas de ambas partes para estas negociaciones se darán a conocer esta semana. El tema más urgente es el de las relaciones comerciales, y tanto para Bruselas como para Londres lo que se busca es un acuerdo comercial con cero cuotas y sin aumentos de aranceles a lo largo de toda la nomenclatura arancelaria. Pero aquí es donde comienzan las complicaciones. La Unión Europea no estará dispuesta a regalar a Reino Unido todas las ventajas de un acuerdo comercial reservadas para sus miembros. Además, la Comisión Europea, en Bruselas, buscará hacer las cosas difíciles a Londres para dejar bien claro a cualquier otro miembro de la Unión que la salida es muy costosa. Ese mensaje puede estar particularmente dirigido a países como Grecia.

Bruselas buscará un acuerdo comercial en el que Londres se comprometa a no socavar las normas sociales y ambientales para competir con la UE sobre bases desiguales. El primer ministro, Boris Johnson, ha manifestado que no piensa constreñirse por las reglas de Bruselas, lo que anuncia una confrontación con los halcones de la Comisión Europea. De no llegar a un acuerdo, el comercio entre Reino Unido y la UE tendrá que regirse por las disposiciones de la Organización Mundial de Comercio. Para muchos rubros eso se traducirá en un aumento no despreciable de aranceles.

Otros temas delicados incluyen el acceso de la flota pesquera de la UE a las aguas de la zona económica exclusiva de Reino Unido. Los temas de seguridad, política exterior e intercambios escolares también pueden hacerse muy complicados. Pero, sin duda, el más problemático está en el capítulo de los servicios financieros, porque la integración financiera entre la City y la UE es muy profunda.

Un informe encargado por la City concluyó en 2016 que 23 por ciento de ingresos de la City provenían de actividades relacionadas con la UE. El estudio reveló que la mitad de esos ingresos se podría perder con la salida de la UE (véase Informe Wyman en www.oliverwyman.com). Junto con esos recursos desaparecerían hasta 32 mil empleos. Esas proyecciones no han cambiado mucho en análisis más recientes.

Los efectos del Brexit sobre la City ya se han comenzado a sentir. En las evaluaciones más recientes (septiembre 2019) la City descendió al segundo lugar, detrás de Nueva York, en el volumen de transacciones financieras, y Hong Kong está en tercer sitio. Pero, curiosamente, la incertidumbre que se había pronosticado desde hace tres años para el sector financiero no ha tenido los efectos anunciados.

Todo cambiará, porque la UE ya ha manifestado su oposición a incluir los servicios financieros en un acuerdo comercial con Reino Unido. Y es que la UE busca promover la mudanza de empresas y bancos de la City hacia otras capitales europeas. Eso contribuiría a erosionar las economías de escala que tiene la City y que le han permitido mantener su proyección global, sobre todo en el mercado de divisas. El Brexit va a transformar todo esto y llevar al desmembramiento de una parte de la red de servicios financieros que han hecho de la City un centro financiero global. La pérdida de economías de escala sería un golpe fuerte para los negocios y la rentabilidad de los operadores de la City, porque habría otros competidores que se beneficiarían. Las autoridades negociadoras de la UE esperan obtener algo de este proceso, que podría conducir a mudar parte del complejo de operaciones y servicios prestados por la City a otras capitales europeas. París y Fráncfort se han estado relamiendo los bigotes desde el día del referéndum.

La City, en Londres, tiene su propio estatuto jurídico en Reino Unido y las grandes aventuras imperiales fueron financiadas y aseguradas por esta entidad única en su género. Los nostálgicos de aquellas épocas se verán defraudados al darse cuenta que esos tiempos no volverán con el Brexit.

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Del Código Excalibur a las fuerzas anti alienígenas de Trump

En 1983 Ronald Reagan, un fanático religioso y actor del cine convertido en presidente de EEUU, lanzó su Guerra de las Galaxias con el código Excalibur: iba a enviar al espacio unos 2200 satélites equipados con unas armas portadoras de partículas subatómicas, aun por inventar, y que con una velocidad de la luz iban a destruir las cabezas nucleares soviéticas hipotéticamente disparadas en dirección a EEUU. El proyecto no se llevó a cabo: costaba unos 20.000 millones de dólares, y no servía más que para un video juego infantil.

Hoy, 34 años después, el Congreso de EEUU, de mayoría demócrata, ha aprobado un proyecto de ley de “defensa”, con un presupuesto de 738.000 millones de dólares que incluye la creación de la Fuerza Espacial (FE) propuesta por otro “presidente por accidente” llamado Donald Trump quien afirma que el espacio es el «nuevo dominio de combate».

Esta declaración de guerra al mundo, como de costumbre, va acompañada por una megamentira: que “EEUU ha perdido la supremacía militar en el espacio a Rusia y China” y no podría «sobrevivir a un ataque furtivo de China” o que el país de Mao «puede instalar una base militar en polo sur de la luna” y ¡convertir la Vía Láctea en la Ruta de Seda espacial! Pero ¿no es cierto -como afirma la versión oficial-, que el mayor ataque a EEUU, el 11S, fue realizado por una fuerza “llegada de la Edad de Piedra” que no con una “Espacial”?

Resulta que EEUU sigue liderando la capacidad satelital y la tecnología militar espacial, y posee unos 901 satélites (en comparación con 280 de China y los 150 de Rusia), y planea lanzar 1.300 satélites más.

El presidente Madman de rostro anaranjado de EEUU cree que las armas de destrucción masiva que hay en la Tierra no son suficientes para acabar con todos los seres vivos del cosmos.

La Odisea Espacial de Trump

Aunque desde 1982 ya existe el Comando Espacial en la Fuerza Aérea de EEUU, que emplea a 36.000 individuos, los motivos por los que Trump necesita crear otro, son:

  • Sobornar a la industria armamentísticaen la víspera de las elecciones del 2020. El Congreso, en un atraco sin precedente al dinero público aprobó un anticipo de 40.000 millones de dólares para la puesta en marcha de la FE, que contratará, inicialmente, a 16.000 personas. La dimensión de lo que va a ganar la industria militar sólo es comparable con lo que obtuvo con el 11S. y la farsa de la Guerra contra el Terror: el fin de la Guerra Fría le había cerrado el grifo y tuvieron que inventar un nuevo Coco contra quien luchar. El 12 de septiembre, es EEUU que golpea a sí mismo, otorgando sus rindas a unos pistoleros, que lanzaron operaciones militares ilimitadas, se deshicieron de las armas viejas, probaron las nuevas (como los drones), a costa de la destrucción de naciones enteras y la vida de cientos de millones de personas, entre muertas, heridas, mutiladas, desplazadas y refugiadas. Un dato revelador: Los cazas F-22, fabricados en los ochenta para enfrentarse a los cazas soviéticos semejantes (que ni se habían construido) nunca se utilizaron. ¿Qué más da? Lockheed Martin ahora está construyendo 2443 aviones F-35, por un valor de 323. 000 millones de dólares. El negocio de la “guerra perpetua”, trae ingresos perpetuos para este crimen organizado, y pérdidas perpetuas, no sólo para cientos de millones de personas de otros estados, sino para los propios ciudadanos de EEUU: según Children’s Defense Fund, en el país más rico del planeta, 40 millones de personas viven por debajo del umbral de pobreza -el doble que hace cincuenta años-, de ellos 13 millones son niños. El número de los menores sin hogar, 1.5 millones, es tres veces más que durante la Gran Depresión de la década de 1930.  Al presupuesto del Pentágono, que son 750.000 millones de dólares para 2020 se deben sumar los 70.000 millones destinados a las 16 agencias de inteligencia, otros 70.000 millones que va al Departamento de Seguridad Nacional, más 30.000 millones asignados al Departamento de Energía, los 200.000 millones para la Administración de Veteranos, y lo que se destina a otros departamentos para fines militares, como a de Justicia, que recibe miles de millones de dólares para buscar “terroristas” fantasmas contra quienes luchar: llegó a cambiar la definición del “terrorismo” para poder incluir a un mayor número de personas de todo el mundo. Este departamento está vinculado con la industria carcelera -cuyo negocio sin fronteras se extiende desde el Guantánamo en Cuba hasta el Bagram en Afganistán, pasando por Rumania y Polonia-, encargado de practicar la pedagogía del terror estadounidense. Muchos son los agujeros oscuros que absorben el pan, la salud y el techo de millones de personas de aquel país.
  • Mantener y ampliar la colosal máquina de matardel imperialismo de EEUU, ahora que va dejando de ser la superpotencia económica, comercial y tecnológica.
  • Privatizar el espacio, poniendo una puerta militar al cielo, y decidir qué países, qué corporaciones y en qué condiciones pueden acceder a él.
  • Convertir en un arma de guerra a la propia galaxia, que ya está militarizado, para mantener su dominio militar en la Tierra. De hecho, la FE será un comando geográfico al igual que el Comando Europeo (EUCOM), el Africano (AFRICOM), el Central (CENTCOM), el Pacífico (PACOM), el Norte (NORTHCOM), el Sur (SOUTHCOM) y el Estratégico (STRATCOM).
  • Colocar interceptores de misileso armas satelitales en el espacio, con el fin de bloquear o piratear las señales de los aparatos de otros países, ya no solo con las virguerías electrónicas sino también con armas antisatélite (y aviones de combate equipados con láser, e instalar ojivas nucleares en la órbita), atentando contra las comunicaciones, la navegación aérea, y otros servicios civiles de otras naciones.
  • Militarizar aun más la política exterior de EEUU: el cese de Rex Tillerson puso fin a la diplomacia en el gobierno de Trump.
  • Colar a Trump en alguna página de la historiapor algo tan grande como el tamaño del universo (ahora que no le vendieron Groenlandia) y también a la medida de la estupidez de quienes le aplauden ilusionados por “poner botas (militares) en la Luna” para 2024. ¡Es vital para la psique del estadounidense provinciano saber que está gobernando el mundo!

¿Y por qué los demócratas han apoyado el proyecto? En EEUU la economía basada en la guerra tiene un nexo directo con la dependencia política de EEUU del militarismo. Muchos gobernadores de ambos países no estarían en la Cámara sin el dinero de las compañías de armas de su región invertidos en sus campañas.

Así empezó el Star trek trampiano

La FE no es una ocurrencia de Donito Trumpolini  y su familia: él sólo tienen el encargo de llevar adelante esta nueva fase de la doctrina militar de EEUU. Fue después de la Segunda Guerra cuando Washington acogió a los científicos nazis quienes regalaron a los nuevos patrones su conocimiento técnico, empapado de la ideología supremacista: En Redstone Arsenal situado Huntsville, el corazón del militarismo espacial del mundo, fabricaron un misil balístico para transportar armas atómicas. Y cuando en 1957 la Unión Soviética lanzó Sputnik, exhibiendo su capacidad para explorar el espacio, EEUU aceleró el proyecto del presidente Eisenhower en crear la NASA en 1958, agencia de apariencia civil, que distraería la atención en los proyectos espaciales con fines militares.

En 1967, EEUU, la URSS y China y otros países firmaron el Tratado del Espacio Exterior, que autoriza la exploración y el uso del espacio exterior para todas las naciones y prohíbe que alguno pueda reclamar soberanía sobre él o desplegar armas de destrucción masiva, incluidas las nucleares, aunque se le olvidó impedir actividades militares en el Cielo.

En 2001, China propuso el Tratado de Prevención de una carrera Armamentista en el Espacio ante la ONU, sin conseguir que EEUU lo firme. Seis años después, el régimen de George W. Bush, formado por personas vinculadas con las compañías de armas y de petróleo, bloqueó la resolución de la ONU sobre el control de armas en el espacio, mientras derogó el Tratado sobre Misiles Anti-Balísticos firmado con la URSS en 1972. La Guerra del Golfo Pérsico de 1991 será la «primera guerra espacial»: en ella EEUU utilizará los satélites para atacar a Iraq con armas nuevas guiadas, como los drones.

Ahora, Trump rompe la primera medida del control de armas nucleares firmado en 1987 con la URSS (Tratado INF), y también el acuerdo nuclear con Irán, para tener las manos libres y ¿»Make America Great» con el asalto de la industria aeroespacial a la Casa Blanca y al Congreso?

EEUU no será más seguro: China basa su política exterior en coexistencia pacífica (el  respeto mutuo, no injerencia, negocio con beneficio mutuo) puede verse empujada a una carrera armamentística, como la URSS en los ochenta; lo que no solo perjudica a China y la economía mundial, sino también provocará lo que se llama el “Modelo espiral”: cuando un país aumenta sus fuerzas militares para garantizar su seguridad, provoca una mayor preocupación en otros estados, que por su parte se arman, disminuyendo la  seguridad del primero.

Con un multimillonario charlatán instalado en el Despacho Oval, la amenaza de una guerra espacial es muy seria. Y ¿saben por qué no existe un movimiento antimilitarista a nivel mundial?

Por Nazanín Armanian

31 DICIEMBRE 2019

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Jueves, 12 Diciembre 2019 07:06

China ya construye su séptimo portaviones

China ya construye su séptimo portaviones

China comenzó a construir su séptimo portaviones. Tiene uno operativo (el Liaoning, ex Varyag de la era soviética), dos en pruebas y tres más en los astilleros. El séptimo está en la fase preliminar de construcción.

 

Dos años atrás, la Marina china estimaba que en 30 años tendría seis grupos de portaviones operativos. Parece evidente que los tiempos se acortan.

Aunque ya se había mencionado en la prensa especializada china la construcción de un séptimo portaviones, ahora se confirma que su construcción ha comenzado y que el objetivo consiste en tener una flota de siete nada menos que en 2025

 Se especulaba que el séptimo sería de propulsión nuclear, pero la opción ha sido la de seguir con la propulsión convencional, ya que presenta costos de producción y de mantenimiento más bajos. Según la publicación Military Watch Review, en la medida en que el objetivo estratégico de China consiste en la protección de sus costas y las aguas marítimas disputadas por sus vecinos, los portaviones tipo Clase 002 (convencionales), "son más que suficientes y no parece haber ninguna necesidad de los buques de propulsión nuclear".

El tipo 002 de la Armada china desplaza unas 85.000 toneladas, más del doble que el primer portaviones (el Liaoning del tipo 001) y cuenta con sistema de catapulta electromagnética que es comparable con los más avanzados de los EEUU, ya que permite la operación de cazas más pesados y con mayor cantidad de combustible.

El aspecto que más llama la atención es la velocidad con que China construye su flota de guerra. Es evidente que sus astilleros muestran tanto eficacia y puntualidad como una capacidad de construcción masiva. No hay precedentes en tiempos de paz de esa velocidad en la construcción de portaviones. En 2012 botó al mar el primero. En 2018 el segundo. Para 2025 habrá siete.

En paralelo, los astilleros chinos comenzaron la construcción de tres buques de asalto anfibio de 40.000 toneladas, del mismo tamaño del francés Charles de Gaulle. De forma simultánea, se desarrolla una nueva clase de destructor letal, el Tipo 055, capaz de "conquistar el predominio en el Mar del sur de China, donde existe una fuerte disputa con EEUU", en una región vital para el crecimiento del dragón.

Los destructores tipo 055 poseen misiles guiados y por su avanzada tecnología son comparados por algunos expertos con los más nuevos destructores Zumwalt de EEUU, que además poseen tecnología stealth de baja detectabilidad. La embarcación está equipada con los últimos avances en sistemas de defensa contra aviones, misiles, barcos y submarinos.

El primer destructor de este tipo fue lanzado en junio de 2017 en Shanghai. En 2018 China anunció que ya había comenzado la construcción del sexto destructor, considerado líder mundial y se espera que en pocos años sean ocho que acompañarán a los portaviones.

El ritmo frenético de la industria naval china contrasta con la mediocridad de la estadounidense. El Pentágono tiene diez portaviones de la clase Nimitz, que se comenzaron a construir en 1975, y uno de la más moderna clase Gerald Ford, todos de propulsión nuclear y catapultas electromagnéticas. Sin embargo, ambas clases de buques han tenido problemas ya sea de mantenimiento, por ser viejos o dificultades de funcionamiento como sucede con el más moderno.

"De once portaviones, seis están actualmente en proceso de reparaciones o mantenimiento y no están disponibles para las operaciones de combate".

Lo más grave son los retrasos de los astilleros, lo que sumado al elevado costo de mantenimiento (no menos de un millón de dólares diarios cada portaviones, más el costo de todos los buques que lo acompañan y constituyen un “grupo de ataque”) ha hecho que la flota de portaviones entrara en una situación crítica.

Un reciente debate en una comisión del Senado de EEUU reveló un informe oficial que asegura que en los últimos cinco años los navíos de la Marina pasaron 33.700 días adicionales en reparaciones, o sea días no planificados, lo que equivale a 90 años varados en astilleros. El citado informe constata que en los años 2014 a 2019 la Marina no consiguió finalizar las tareas del mantenimiento programado según los plazos en el 75% de los casos .

De una flota de 290 naves, hay 19 que no están disponibles. "Una de las razones de los retrasos es el envejecimiento y desactualización de la infraestructura de los astilleros navales en todo el país", se dijo en la comisión del Senado. Para ponerse al día, sería necesaria una inversión superior a los 21.000 millones de dólares, cifra que la economía de los EEUU parece no estar en condiciones de aportar.

Entre los senadores surgió la duda y la preocupación acerca de si la Marina estaría en condiciones de mantener una flota de 355 naves (objetivo que se propone alcanzar en 2034), cuando ahora no es capaz de atender una cantidad mucho menor de buques.

Por último, China ha tomado decisiones pragmáticas e inteligentes para defender sus costas y mares, por donde llegaron desde el siglo XIX las más devastadoras invasiones. La primera es, como se comentó arriba, optar por más portaviones aunque menos sofisticados, lo que le permitirá tener siete "grupos de ataque" en la década de 2020. Los portaviones nucleares sólo son necesarios si se pretende operar en lugares lejanos a las bases de las marinas.

La segunda, es tener "grupos de ataque con portaviones mediocres pero excelente acompañamiento" (en referencia a buques como los destructores tipo 055). De ese modo, "tiene mayor oportunidad de prevalecer que un grupo de ataque con un excelente portaviones pero destructores mediocres", ya que las naves de compañía tienen suficientes ventajas para neutralizar tanto a la fuerza aérea enemiga como a otros buques y submarinos.

En todo caso, puede observarse que no son las armas las que vencen en el campo de batalla, sino las industrias pujantes y cada vez más sofisticadas, conducidas por pueblos dispuestos a darlo todo para defenderse de enemigos poderosos. Así fueron siempre las guerras y no parece que las tecnologías más avanzadas puedan modificarlas.

21:10 11.12.2019(actualizada a las 01:46 12.12.2019)URL corto

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