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"Money, money, money"..
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¡Extravío de 35 millones de millones de dólares...
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Si bien la sentencia C-355 de 2006de la Corte Constitucional ha tenido como objetivo garantizar el acceso al derecho a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE);las realidades estructurales, sociales y particulares a las que nos enfrentamos las mujeres en el territorio colombiano, agudizadas... Leer Más
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 El portaaviones nuclear estadounidense Ronald Reagan, fondeado en la bahía de Manila en junio de 2018. TED ALJIBE AFP via Getty Images

Manila anula el acuerdo que permite la presencia de tropas de EE UU en Filipinas y brinda a China la oportunidad de fortalecer su posición en la región

El presidente filipino, Rodrigo Duterte, que desde su llegada al poder en 2016 ha proclamado su intención de acercarse a China y romper décadas de alianza militar con EE UU, ha pasado a la acción. Manila ha decidido anular el Acuerdo de Fuerzas Visitantes (VFA, por sus siglas en inglés), que permite la presencia de tropas de EE UU en Filipinas, lo que menoscaba la capacidad de defensa del archipiélago asiático y brinda a China la oportunidad de fortalecer su posición en la región, escenario de un pulso de poder entre las dos potencias mundiales.

El anuncio, comunicado el martes a la Embajada de EE UU en Manila, no fue una sorpresa. Duterte había advertido que enterraría el VFA si Washington mantenía su decisión de denegar el visado al senador Ronald dela Rosa, exjefe de la Policía Nacional y artífice de su violenta guerra contra las drogas. El presidente filipino no tolera las críticas de EE UU a su controvertida campaña, y lleva tiempo buscando socios que no se inmiscuyan tanto en sus asuntos internos.

China, y en menor medida Rusia, son sus candidatos ideales: en cuatro años, Duterte se ha reunido ocho veces con su par chino, Xi Jinping, y en octubre visitó a su “ídolo” Vladímir Putin por segunda vez. En cambio, alardea de que rechazaría una invitación a la Casa Blanca.

“Su decisión de revocar el VFA se debe en parte a su acercamiento a China, pero también hay que leerla en clave interna: es más política que estratégica”, considera Charmaine Willoughby, profesora de la Universidad de La Salle, en Manila.

Estratégica o no, la resolución de Duterte, que hasta ahora no había pasado de la retórica, ha consternado incluso a miembros de su propio Ejecutivo. La alianza militar con EE UU es la columna vertebral de la seguridad filipina, y para muchos observadores supone un contrapeso clave a la expansión naval de la segunda economía mundial en el mar de China meridional, por el que circula el 30% del comercio global y que se cree que alberga importantes yacimientos de gas y petróleo.

“La retirada del VFA merma la seguridad de Filipinas en un momento en el que China infringe activamente los derechos marítimos de este país”, asegura Malcolm Cook, del Instituto de Estudios del Sureste Asiático (Iseas). Pekín, que reclama la práctica totalidad del mar de China Meridional, lleva años construyendo islas artificiales e instalaciones militares en zonas disputadas con Filipinas, Malasia, Brunéi, Vietnam y Taiwán.

Al contrario que su predecesor, Benigno Aquino, que llevó la disputa por las islas Spratly a La Haya y ganó un fallo contra China, Duterte ha optado por relativizar el conflicto e ignorar el laudo. El presidente cree que puede obtener más acercándose a Pekín, y también a Moscú. China y Filipinas han establecido un comité intergubernamental para dirimir los asuntos del mar de China Meridional, y buscan la exploración conjunta de gas y petróleo en esas aguas. Mientras, Duterte persigue un acuerdo sobre defensa y comercio con Rusia.

Pero el mandatario filipino está jugando con fuego. La ruptura del VFA, firmado en 1998, deja a Filipinas más expuesto en caso de conflicto o crisis. Sin el pacto, cuya suspensión entrará en vigor en 180 días si no hay cambios, queda en entredicho la futura celebración de las maniobras militares conjuntas entre Filipinas y EE UU. Estos ejercicios de entrenamiento son una ocasión esencial para Filipinas de modernizar sus fuerzas armadas, mientras EE UU los aprovecha para sacar músculo militar en la región frente a China, que siempre las ha considerado una provocación.

Gracias al VFA, EE UU ha ayudado rápidamente a Filipinas en momentos de crisis: en 2013, por ejemplo, desplegó casi 8.000 militares para asistir al archipiélago tras la devastación provocada por el tifón Haiyan. Aunque las relaciones militares entre EE UU y su antigua colonia (1898-1946) siguen protegidas por el Tratado de Defensa Mutua de 1951, la ruptura del VFA hace tambalear los cimientos de la alianza militar y despierta las dudas sobre la supervivencia a corto plazo de otro acuerdo. Este pacto, firmado en 2014, permite a EE UU tener desplegados unos 250 efectivos en la isla meridional de Mindanao para combatir a fuerzas islamistas.

“Es Filipinas, no Estados Unidos, el gran perdedor de esta decisión. Y China el principal ganador”, añade Koh.

China lo sabe, y lleva años intentado fortalecer los lazos militares con el que hasta ahora ha sido el principal aliado de Washington en el sureste asiático. Pekín ha planteado la posibilidad de realizar ejercicios militares conjuntos, una oferta hasta ahora ignorada por Manila; ha ofrecido a Filipinas préstamos de bajo interés para comprar equipamiento militar; y ha invertido en la remodelación de la base aérea de Clark, entre otras iniciativas.

Trump resta importancia a la decisión

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, restó importancia a la decisión de Filipinas, en línea con su propósito de repatriar a los efectivos militares desplazados desde hace décadas en el exterior. Una reacción aplaudida por Rodrigo Duterte que deseó la reelección de Trump. “Es un buen mandatario, merece ser reelegido”, dijo su portavoz. Con todo, China no tiene tan fácil aumentar su influencia en Filipinas. Primero, por la diferencia de capacidad militar con EE UU. Luego, porque “aunque Duterte se esté decantando por China, el sentir popular, incluso de parte del Gobierno, es todavía mucho más proestadounidense que chino”, subraya la analista de La Salle.

El presidente filipino aún podría echarse atrás en los próximos meses, pero también podría optar por el escenario más radical: la ruptura total de la alianza militar con Estados Unidos. “Para ser coherente con su postura, todos los tratados deben terminarse”, advirtió su portavoz. Aunque Duterte no es precisamente conocido por su consistencia.

Por Paloma Almoguera

Singapur 17 FEB 2020 - 02:17 COT

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Lunes, 17 Febrero 2020 05:53

Vaticano, FMI y opio para el pueblo

Vaticano, FMI y opio para el pueblo

En el taller “Nuevas formas de solidaridad”, convocado por la Academia de Ciencias Sociales del Vaticano, el papa Francisco sostuvo que la deuda no se debe pagar con “sacrificios insoportables”. “Las personas empobrecidas en países muy endeudados soportan cargas impositivas abrumadoras y recortes de los servicios sociales, mientras sus gobiernos pagan deudas contraídas que son insostenibles”, precisó. Citó a Juan Pablo II, quien afirmaba que no es lícito exigir el pago de las deudas cuando ese pago “vendría a imponer de hecho opciones políticas que llevaran al hambre y la desesperación a poblaciones enteras”. Luego, dirigiéndose “a los líderes financieros y expertos económicos del mundo, que conocen cuáles son las injusticias de nuestra economía”, Francisco les pidió trabajar juntos “para poner fin a las desigualdades globales”.

Asentían, Kristalina Georgieva, titular del FMI; Martín Guzmán, ministro de Economía argentino; Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía; además de varios ministros de Economía, cancilleres, presidentes de organismos internacionales y bancos públicos.

En su intervención Georgieva habló de la creciente desigualdad y polarización de la riqueza que se está operando en el capitalismo. Dijo que desde 1980 el 1% más rico de la población mundial se quedó con el doble de las ganancias del crecimiento que obtuvo el 50% más pobre; que crecen las diferencias de ingresos al interior de los países; que la brecha entre los países más ricos y más pobres está creciendo; y que “la actual estructura económica está dañando nuestro planeta”. Para hacer frente a estos males propuso “la cultura de la solidaridad”; la “globalización de la esperanza”; y el cuidado del planeta. Lo cual vino a reforzar la idea, adelantada por analistas políticos y defensores del gobierno de Fernández, de que “este es otro FMI, preocupado por los pobres, y distinto del que presidía Lagarde y trataba con Macri”. Según estos enfoques, estaríamos ante cambios fundamentales: al frente del Vaticano hay un Papa progresista, crítico del capitalismo; y al frente del FMI una economista “sensible a los problemas sociales”.

El discurso del Vaticano y el desarrollo del capitalismo

Con respecto al supuesto cambio introducido por Francisco en el discurso vaticano sobre el capitalismo, debemos decir que no es novedoso. De hecho, en 1931, en plena depresión económica, Pío XI había criticado este sistema económico en el que “no solo se acumulan riquezas, sino que también se acumula una descomunal y tiránica potencia económica en manos de unos pocos” (citado por B. Pérez Andreo, “¿Iglesia vs Globalización?” Veritas, vol. III,  Nº 18, 2008; también las citas que siguen). Pero más todavía, después del Concilio Vaticano II (en 1959) el señalamiento de algunos de los males del capitalismo pasó a ser parte de la “Doctrina social de la Iglesia” y del discurso más o menos estándar de los papas.

Así, Pablo VI (fue Papa entre 1963-78) decía que “en mala hora se ha estructurado un sistema en que el provecho se considera como el motor esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de los medios de producción sin límites y obligaciones sociales que le correspondieran. Ese liberalismo sin freno conducía a la dictadura, justamente denunciada por Pío XI como generadora del imperialismo internacional del dinero. Nunca se condenarán bastante semejantes abusos, recordando una vez más solemnemente que la economía se halla al servicio del hombre.

Juan Pablo II (1978-2005) sostenía que “si la globalización se rige por las meras leyes del mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos, lleva a consecuencias negativas. Tales son, por ejemplo, la atribución de un valor absoluto a la economía, el desempleo, la disminución y el deterior de ciertos servicios públicos, la destrucción del ambiente y de la naturaleza, el aumento de las diferencias entre ricos y pobres, y la competencia injusta que coloca a las naciones pobres en una situación de inferioridad cada vez más acentuada. La Iglesia, aunque reconoce los valores positivos que la globalización comporta, mira con inquietud los aspectos negativos derivados de ella”. La globalización debía “orientarse al bien de las personas, y no a la explotación de los recursos naturales y de la fuerza laboral”. El ser humano debía ser la meta.

Benedicto XVI (2005-13) incluso sostuvo que la relación entre el capital y el trabajo “se ha convertido en la cuestión decisiva” y que, dado que los medios de producción y el capital “eran el nuevo poder, que estando en manos de pocos comportaba para las masas obreras una privación de derechos contra la cual había que rebelarse”.

Y por supuesto, también Francisco; por ejemplo: “… estamos en un sistema mundial económico que no es bueno. En el centro de todo sistema económico debe estar el hombre y lo demás debe estar a su servicio. Pero nosotros hemos puesto al dinero en el centro. Hemos caído en un pecado de idolatría. La economía se mueve por el afán de tener más y, paradójicamente, se alimenta una cultura del descarte” (Clarín, 14/06/2014). De manera que son ya muchas décadas con la misma cantinela, sin que por ello se hayan alterado las cosas.

FMI, ¿qué cambió tanto?

 Tampoco parece correcto decir que el FMI ha cambiado sustancialmente su orientación. Por ejemplo, el discurso sobre la desigualdad atraviesa gran parte de las intervenciones de Christine Lagarde, por lo menos desde 2013. Así, por caso, en el Foro Económico de Davos, de 2017, la por entonces titular del FMI pidió a los líderes políticos que actuaran para frenar el aumento de la desigualdad; y que las desigualdades excesivas dificultaban conseguir un crecimiento sustentable.

De la misma manera, al menos desde 2012 Lagarde alertaba que el mundo enfrentaba el riesgo de ingresos en baja, daño ambiental y descontento social a menos que los países adoptaran un enfoque para el crecimiento económico más sustentable. Y agregaba que “los ricos deberían restringir sus demandas de mayores ingresos mientras todavía hay 200 millones de personas en el mundo buscando un trabajo y la pobreza está en alza” (The Guardian, 12/06/2012). Aunque este tipo de declaraciones no impidió que el FMI apoyara los programas de ajuste aplicados en Portugal, España, Irlanda o Grecia, cuando la crisis económica.

Discursos y leyes del capitalismo

Pero por encima de los discursos, lo que decide son las leyes naturales –en el sentido de socialmente objetivas- del capitalismo, y los conflictos y luchas de las clases sociales, o de las fracciones de clase. Las actitudes morales, o éticas, no cambian las tendencias de fondo. Así, la brecha creciente en las desigualdades de riqueza e ingresos no se cierra proclamando que el ser humano debe ser la meta del crecimiento económico; o lanzando condenas morales “a los banqueros y los especuladores” (al pasar, discurso preferido también de la mayor parte de la izquierda argentina).

Lo central es que el capitalismo es un modo de producción de plusvalía. La propiedad privada de los medios de producción determina una relación de dominio sobre los que solo poseen su fuerza laboral. Y la concentración de la riqueza es inevitable en la medida en que se genera plusvalía que se reinvierte para explotar más trabajo, que genera más plusvalía (véase la discusión sobre Piketty, aquí y siguientes). Este impulso tenderá a sostenerse en la medida en que las relaciones capitalistas se hagan más puras. Por eso también las frustraciones de los reformismos “a lo Stiglitz”, y diversas expresiones del socialismo burgués. Frente a la concentración del capital, a la lógica mercantil y de la ganancia penetrando todos los poros de la visa, hablar de “globalizar la esperanza” o “la cultura de la solidaridad”, es palabrerío vacío.

Para verlo más en concreto, recordemos que en su intervención Georgieva dijo que en las últimas cuatro décadas el flujo global de capitales se multiplicó por 13, y el comercio global aumentó 11 veces. Esto significa que los países son cada vez más dependientes del mercado mundial, y están más condicionados por la competencia entre los capitales. Pero por esto mismo, la amenaza de huelgas de inversiones, y de crisis provocadas por el retiro rápido y violento de capitales, pone presión sobre gobiernos y políticas económicas. Lo cual explica que, por encima de reclamos morales, termine imponiéndose la lógica de la valorización del capital. Así, cuando en el Vaticano se discurseaba sobre el amor a la humanidad del “nuevo FMI”, los tenedores de bonos emitidos por Buenos Aires exigían el pago completo del capital vencido, bajo amenaza de desatar un proceso de default cruzado. ¿Los discursos del Papa? ¿Los de Giorgeva? Bien gracias, muy bonitos para que “la gilada” siga tragando los sapos del ajuste (y diga, además, que los sapos están buenísimos, faltaba más). Pero en temas de dinero, capital e intereses, las cosas son un poco más “concretas”. En ese mundo “sin corazón”, las razones del corazón cuentan poco y nada.

Por supuesto, no se trata solo de Argentina y los tenedores de sus bonos. Existen muchas experiencias al respecto. Por caso, recordemos lo que ocurrió durante la crisis griega: En 2015 el gobierno de Syriza convocó a un referéndum acerca de las condiciones que imponían el FMI, el BCE y la UE para renovar los créditos y mantenerse en el euro. La mayoría rechazó esas condiciones, y mucha gente, entusiasmada, saludó el “triunfo del pueblo”. Pero a los acreedores –y a los organismos- les importó poco y nada ese resultado, y mantuvieron su exigencia “de la libra de carne”. Sobre el asunto, escribí: “Las relaciones sociales ejercen una coerción objetiva que, en situaciones de crisis capitalistas, solo se vencen con la fuerza. … no hay referéndum griego [tampoco discurso papal] que obligue a un banquero alemán o francés a poner euros en un banco griego, si no está decidido a hacerlo. Y no hay forma de enfrentar una crisis del nivel de la griega con papeletas electorales” (aquí).

En este punto, la diferencia fundamental entre el análisis marxista y el análisis del reformismo burgués o pequeñoburgués pasa por el hecho de que el primero hace eje en las relaciones sociales imperantes, y en los límites que imponen a las buenas intenciones de los amigos de la humanidad y aledaños. El segundo, en cambio, pone el acento en lo subjetivo, en las personas y sus intenciones. Así, por ejemplo, la reciente renuncia de David Lipton, el número dos del FMI, y el funcionario que más apoyó el otorgamiento del crédito al gobierno de Macri por 56.300 millones de dólares, es interpretado como señal de cambios fundamentales en el Fondo. El mensaje que se transmite desde algunas usinas del pensamiento “nacional” es que “ahora sí” se puede acordar y colaborar con el FMI, porque “está en ascenso el ala productivista, en contra de los banqueros de Wall Street” (no falta quien ubica a Trump en esa corriente renovadora). De manera que el “nuevo FMI, productivista y preocupado por los pobres” encajaría a la perfección con un Papa “nacional y popular”. Con relatos de este tipo se busca entretener y confundir a la opinión pública.

Por supuesto, no podemos negar que haya matices y acentos diferentes en las políticas económicas. Sin embargo, los lineamientos fundamentales no cambian, y esto es lo que deberían tener presente militantes y activistas progresistas o de izquierda. En última instancia, lo que estoy planteando es la necesidad de romper con el criterio “frentepopulista”, aplicado ahora al FMI, o al Vaticano (el frentepopulismo no tiene límites). Esto es, la idea de andar siempre distinguiendo entre el ala “progresista”, sea en el Vaticano (Bergoglio es muy distinto, y está a la izquierda de Ratzinger), sea en el FMI (Giorgeva es muy distinta y está a la izquierda de Lagarde). Pero la realidad es que tanto el FMI, como el Vaticano modifican aspectos de superficie, para conservar lo esencial. Incluso en el caso de la renuncia de Lipton, hay que señalar que su sucesor será designado por Trump. Como si Trump hiciera alguna diferencia cualitativa en lo que atañe a las leyes de la generación de plusvalor y de la acumulación de capital, o el bienestar de las masas trabajadoras.

Contención, opio para el pueblo y políticas reaccionarias

En su discurso en el Vaticano la presidenta del FMI también se refirió al creciente descontento de buena parte de la población con el estado de cosas existente. Dijo que en un estudio global reciente más de la mitad de los que respondieron afirmaron que el capitalismo “hace más mal que bien”. Agregó: “Las implicaciones son alarmantes: de la caída de la confianza en las instituciones tradicionales al aumento de la polarización política y de las tensiones sociales” (véase aquí sobre las luchas sociales en el último año).

Este creciente descontento y elevación de las “tensiones sociales” ayudan a explicar el rol ideológico y político del discurso papal que hemos criticado. Se trata de efectos de contención y consuelo. Es que, como afirmaba Marx en “Crítica de la filosofía del derecho de Hegel”, “la religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo”. El opio sirve para mitigar dolores; en este caso, para soportar los males de la explotación, la opresión, la marginación. Y sirve también para que los pueblos, con humildad ovejuna, acepten las instituciones establecidas. ¿No es acaso el Vicario de Dios en la Tierra quien condena a los capitalistas “sin corazón”, pero elogia el “corazón” de la sensible Georgieva? ¿Por qué no confiar entonces en las intenciones de todos los que peregrinan a Roma para ayudar a los pobres? ¿Quién dijo que en cuestiones de dinero el FMI no pueda tener su “corazón”, y llenar los espíritus de esperanza?

Resumiendo: autoridad papal + FMI + gobiernos capitalistas comprometidos con los sufrimientos “soportables” (al pasar, y sin molestas “cláusulas gatillo” para las discusiones salariales). El camino de la liberación nacional parece despejado. Con un último elemento: el discurso “social” del Papa legitima y potencia su defensa de posturas extremadamente reaccionarias en temas como el aborto, la sexualidad o el matrimonio entre homosexuales. ¿No es el mejor de los mundos?

Rolando Astarita

Profesor de economía de la Universidad de Buenos Aires.

16/02/2020

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EE UU exige a Europa que secunde la guerra tecnológica contra China

 La tensión cobra cuerpo en un caballo de batalla con nombre propio, el del gigante de telecomunicaciones Huawei

Los ecos de la guerra fría tecnológica entre Estados Unidos y China han retumbado este sábado en la conferencia de seguridad de Múnich. La tensión cobra cuerpo en un caballo de batalla con nombre propio: Huawei. Los posibles riesgos de espionaje e injerencia asociados a la participación del gigante tecnológico chino en infraestructuras estratégicas han mutado en ataques directos de los representantes de la Administración estadounidense como advertencia a los europeos, a los que EE UU presiona para que se sumen al boicot a Huawei.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, llegó a decir que la adopción del 5G chino puede comprometer las actuales alianzas. “Si no comprendemos la amenaza que supone y no hacemos algo al respecto, al final la OTAN, la alianza militar más exitosa de la historia, se verá comprometida”, dijo Esper, enviando una clara señal a los europeos en su propio terreno. La seguridad de las comunicaciones, sostienen los estadounidenses, corre peligro en manos de Huawei. El titular de Defensa consideró que el gigante chino de telecomunicaciones forma parte de “una estrategia industrial vil” de Pekín y pidió a la comunidad internacional que “despierte ante el desafío chino y su manipulación de las reglas del orden internacional”.

También en Múnich, el secretario de Estado, Mike Pompeo, acusó a Pekín de utilizar a Huawei como caballo de Troya en la campaña de desinformación. Sostuvo además que el partido comunista chino “representa un enorme riesgo para Occidente”. Poco después, desde el mismo escenario, Wang Yi, ministro de Exteriores chino, acusó a EE UU de lanzar “mentiras y acusaciones que no están refrendadas por hechos” y de crear problemas de forma artificial. “EE UU se niega a aceptar el éxito de un país socialista”, añadió. Wang pidió a los países europeos que adopten sus decisiones de manera independiente y responsable.

Cerca de 40 líderes mundiales se reúnen desde el viernes en Múnich en el encuentro anual de seguridad en la capital bávara, que este año ha sido testigo del enfrentamiento entre Washington y Pekín. En medio, los europeos, cuyas relaciones con el aliado estadounidense atraviesan momentos difíciles y que a la vez mantienen una fuerte dependencia económica con China.

El Gobierno británico decidió el mes pasado permitir la entrada de Huawei en su red 5G, aunque con restricciones, ignorando las advertencias de Washington. Mientras, Londres y Pekín mantienen conversaciones sobre la posible colaboración china en la construcción de la alta velocidad británica. En Alemania, la posible participación de Huawei en las telecomunicaciones ha provocado un encendido debate político, también en el seno del partido conservador de la canciller, Angela Merkel. Berlín se ha negado de momento a vetar ninguna empresa concreta y prefiere exigir garantías de seguridad a quien compita en su mercado.

La ministra de Exteriores española, Arancha González Laya, participante también en Múnich, consideró que el 5G se enmarca “en una discusión más amplia, en cómo la revolución digital influye en las relaciones internacionales, cómo afecta a la democracia y al futuro del empleo”, indicó en un encuentro con la prensa. Anunció Laya que piensan crear un grupo de expertos que ayuden a entender las intersecciones e implicaciones políticas de la tecnología. Puso como ejemplo la concentración productiva y geográfica en manos de un número reducido de empresas, así como la importancia de la fiscalidad sobre la economía digital, la privacidad y también la seguridad. En alusión a Huawei, dijo: “Para nosotros, no se trata tanto de empresa y del nombre de la empresa, sino de que los métodos tecnológicos respeten principios de libertad, derechos humanos y valores que para nosotros los europeos son importantes. Queremos tener esa discusión”.

Considerar la tecnología china como un asunto de seguridad que amenaza a la propia OTAN supone, según Ian Bremmer, presidente del Eurasia Group, una nueva brecha en la alianza transatlántica. Y sostiene que el presidente de EE UU, Donald Trump, “con su unilateralismo está empujando a los europeos en la dirección de China”. El problema, añadió en conversación con este diario, es que EE UU es incapaz de ofrecer una solución tecnológica alternativa.

En esa línea se pronunció el presidente francés, Emmanuel Macron, que defendió impulsar una mayor soberanía tecnológica europea y abogó por acelerar la innovación tecnológica con mayor inversión y cambios en la regulación que permitan un rápido avance. Por eso hay quien en Múnich también vio paradójicamente en el desafío chino una oportunidad para la cooperación transatlántica. El propio secretario de Defensa de EE UU dijo estar dispuesto a trabajar con empresas europeas en busca de alternativas para el 5G. 

Macron muestra su “impaciencia” con Berlín

El presidente francés, Emmanuel Macron, declaró este sábado en Múnich su “impaciencia” ante la falta de impulso alemán en las reformas europeas. El eje franco-alemán se propuso hace dos años refundar la Unión para protegerse de crisis venideras y hacer frente a un escenario global volátil y turbulento. Desde entonces el progreso ha sido limitado, sobre todo en el área financiera, debido en buena medida a las reticencias de Berlín.

“No tengo frustraciones, pero sí impaciencia”, dijo Macron preguntado por la salud de la relación franco-alemana, aquejada de altibajos en los últimos meses. Macron centró su intervención en lo que llamó “la crisis de la clase media europea, que empieza a dudar de la democracia”. El presidente francés consideró que la crisis financiera y también la migratoria afectaron en particular a ese sector de la población, que tuvo que encajar las nuevas realidades. Para dar respuesta a la frustración de muchos europeos, Macron dijo confiar en el nuevo equipo al frente de las instituciones europeas. “Si Francia y Alemania no abordamos juntos nuestros desafíos, estaremos cometiendo un error histórico”, advirtió.

Por Ana Carbajosa

Múnich 15 FEB 2020 - 14:22 COT

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Miércoles, 12 Febrero 2020 06:00

Oro para el analfabeto monetario

Oro para el analfabeto monetario

Desde hace tiempo la fantasía de regresar al patrón oro es discutida en Estados Unidos. En particular, los grupos políticos libertarios de derecha consideran que el retorno al patrón oro es una forma de controlar el gobierno centralizador y sus malos hábitos cuando se trata de monetizar sus deudas. El patrón oro es visto por estos políticos como una salvaguarda frente a los abusos del poder en materia de creación monetaria.

Ron Paul, representante de un distrito en Texas y precandidato a la presidencia por el Partido Libertario, ha promovido esta idea durante las últimas dos décadas. Su éxito electoral demuestra hasta qué punto se encuentra enraizada la idea de que el patrón oro es la mejor forma de controlar los vicios del gobierno para recuperar la confianza en la moneda estadunidense. Son famosas las confrontaciones entre este político tejano y los funcionarios de la Reserva Federal cuando han tenido que comparecer en el Congreso. El tejano propone privatizar la emisión de billetes y la desaparición de la Reserva Federal, porque ha contribuido a depreciar el dólar. Ron Paul era la cabeza política más visible de los que promovían la idea del regreso al patrón oro hasta que llegó Donald Trump.

En junio del año pasado Trump anunció que estaría nominando a su asesora económica Judy Shelton para ser miembro de la Reserva Federal. Las credenciales académicas y de servicio público de la señora Shelton no son impresionantes. En cambio, su ignorancia sí es sorprendente. Sus llamados para regresar al patrón oro y corregir el rumbo de la Reserva Federal son una constante muy llamativa y de seguro han deslumbrado el pequeño y desconectado cerebro de Trump.

Para darle un disfraz de seriedad académica, el Instituto Cato promueve el regreso al patrón oro a través de sus publicaciones e investigaciones. Shelton escribió hace poco en el boletín de este instituto que es necesario convocar a una conferencia internacional similar a la de Bretton Woods, pero esta vez en Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump. El objetivo de esta nueva conferencia sería el regreso al patrón oro, pero no sólo para Estados Unidos, sino para la economía global. La señora Shelton coronó su ensayo con la idea de que para hacer a Estados Unidos grande otra vez es necesario hacer grande a su moneda nuevamente.

La conferencia de Bretton Woods organizó el sistema monetario internacional alrededor del dólar como moneda hegemónica, porque Estados Unidos era el país con la mayor cantidad de oro en sus reservas. El dólar podría ser intercambiado por oro a raíz de 35 dólares la onza, mientras que las demás monedas mantendrían su paridad fija (dentro de límites muy estrechos para ajustes en la balanza de pagos). Todo el sistema estuvo regulado por el Fondo Monetario Internacional y funcionó de manera razonable hasta 1971. Ese año, el 15 de agosto, el entonces presidente Nixon cerró la ventanilla de intercambios dólar-oro y la economía mundial y su sistema de pagos se transformaron para siempre. Bretton Woods mantuvo los residuos del sistema de patrón oro. Pero al terminar el sistema de respaldo metálico de la moneda estadunidense los vestigios del patrón oro desaparecieron para siempre en 1971.

El patrón oro descansó siempre sobre la idea de que un referente valioso y tangible daría siempre una base sólida para resguardar el valor de la moneda. Pero la Gran Depresión mostró que el patrón oro no sirve para evitar la volatilidad y la pérdida de valor de una moneda. Mientras los gobiernos buscaban rescatar el patrón oro en lugar de concentrarse en rescatar a sus economías, el patrón oro se convirtió en la gran cadena de transmisión de los efectos de la crisis. La Gran Depresión se profundizó y extendió precisamente porque los países clave se aferraron al patrón oro.

La ignorancia de Trump, Ron Paul y Judy Shelton en materia de política monetaria no tiene paralelo. Lo primero que deberían saber es que el patrón oro es una forma de maniatar y anular la política monetaria. Lo segundo es que regresar al patrón oro necesita algo más que una fastuosa conferencia en Mar-a-Lago. Tercero, deberían saber además que hoy por hoy el banco central (llámese Reserva Federal o Banco de Inglaterra) no controla la oferta monetaria. Son los bancos comerciales privados los que determinan la oferta de circulante en la economía y si sus operaciones son claramente procíclicas eso no es algo que pueda evitar el banco central. De hecho, el banco central no solamente no tiene control sobre la oferta monetaria. Tampoco sobre las reservas en dinero de alto poder que puede requerir el sistema bancario. Los bancos comerciales privados serán los primeros en rechazar la propuesta de retornar al patrón oro.

Es claro que el papel del sistema bancario en el mundo no es de lo más constructivo que digamos. Pero los problemas no se van a corregir con un sistema arcaico como el patrón oro. Ese sistema, que Keynes describió en 1924 como una reliquia bárbara, es imposible de resucitar.

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Brexit: las consecuencias económicas y financieras

Reino Unido ha abandonado definitivamente la Unión Europea. El referéndum del 23 de junio de 2016 ha llegado a su culminación. Los ciudadanos de Reino Unido ya no son ciudadanos de la Unión Europea (UE). Es un acontecimiento de gran importancia tanto para el proyecto de una Europa democrática como para Reino Unido. Y las repercusiones se harán sentir en el mundo entero.

Por el momento, sin embargo, en la vida cotidiana los ciudadanos de Reino Unido no van a experimentar grandes cambios. Eso se debe a que ahora se ha abierto un periodo de transición de 11 meses para negociar los términos de la relación que mantendrán en el futuro Reino Unido y la UE. Es decir, hasta diciembre de este año Reino Unido permanecerá en el mercado integrado y la unión aduanera de la UE. Mercancías y capitales, así como personas, seguirán circulando libremente dentro de la UE y de Reino Unido, tal como sucedía anteriormente. Transcurrido este plazo el nuevo paisaje dependerá de las negociaciones entre la Comisión de la UE (con sede en Bruselas) y Londres dentro del periodo de transición.

Las posturas de ambas partes para estas negociaciones se darán a conocer esta semana. El tema más urgente es el de las relaciones comerciales, y tanto para Bruselas como para Londres lo que se busca es un acuerdo comercial con cero cuotas y sin aumentos de aranceles a lo largo de toda la nomenclatura arancelaria. Pero aquí es donde comienzan las complicaciones. La Unión Europea no estará dispuesta a regalar a Reino Unido todas las ventajas de un acuerdo comercial reservadas para sus miembros. Además, la Comisión Europea, en Bruselas, buscará hacer las cosas difíciles a Londres para dejar bien claro a cualquier otro miembro de la Unión que la salida es muy costosa. Ese mensaje puede estar particularmente dirigido a países como Grecia.

Bruselas buscará un acuerdo comercial en el que Londres se comprometa a no socavar las normas sociales y ambientales para competir con la UE sobre bases desiguales. El primer ministro, Boris Johnson, ha manifestado que no piensa constreñirse por las reglas de Bruselas, lo que anuncia una confrontación con los halcones de la Comisión Europea. De no llegar a un acuerdo, el comercio entre Reino Unido y la UE tendrá que regirse por las disposiciones de la Organización Mundial de Comercio. Para muchos rubros eso se traducirá en un aumento no despreciable de aranceles.

Otros temas delicados incluyen el acceso de la flota pesquera de la UE a las aguas de la zona económica exclusiva de Reino Unido. Los temas de seguridad, política exterior e intercambios escolares también pueden hacerse muy complicados. Pero, sin duda, el más problemático está en el capítulo de los servicios financieros, porque la integración financiera entre la City y la UE es muy profunda.

Un informe encargado por la City concluyó en 2016 que 23 por ciento de ingresos de la City provenían de actividades relacionadas con la UE. El estudio reveló que la mitad de esos ingresos se podría perder con la salida de la UE (véase Informe Wyman en www.oliverwyman.com). Junto con esos recursos desaparecerían hasta 32 mil empleos. Esas proyecciones no han cambiado mucho en análisis más recientes.

Los efectos del Brexit sobre la City ya se han comenzado a sentir. En las evaluaciones más recientes (septiembre 2019) la City descendió al segundo lugar, detrás de Nueva York, en el volumen de transacciones financieras, y Hong Kong está en tercer sitio. Pero, curiosamente, la incertidumbre que se había pronosticado desde hace tres años para el sector financiero no ha tenido los efectos anunciados.

Todo cambiará, porque la UE ya ha manifestado su oposición a incluir los servicios financieros en un acuerdo comercial con Reino Unido. Y es que la UE busca promover la mudanza de empresas y bancos de la City hacia otras capitales europeas. Eso contribuiría a erosionar las economías de escala que tiene la City y que le han permitido mantener su proyección global, sobre todo en el mercado de divisas. El Brexit va a transformar todo esto y llevar al desmembramiento de una parte de la red de servicios financieros que han hecho de la City un centro financiero global. La pérdida de economías de escala sería un golpe fuerte para los negocios y la rentabilidad de los operadores de la City, porque habría otros competidores que se beneficiarían. Las autoridades negociadoras de la UE esperan obtener algo de este proceso, que podría conducir a mudar parte del complejo de operaciones y servicios prestados por la City a otras capitales europeas. París y Fráncfort se han estado relamiendo los bigotes desde el día del referéndum.

La City, en Londres, tiene su propio estatuto jurídico en Reino Unido y las grandes aventuras imperiales fueron financiadas y aseguradas por esta entidad única en su género. Los nostálgicos de aquellas épocas se verán defraudados al darse cuenta que esos tiempos no volverán con el Brexit.

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Del Código Excalibur a las fuerzas anti alienígenas de Trump

En 1983 Ronald Reagan, un fanático religioso y actor del cine convertido en presidente de EEUU, lanzó su Guerra de las Galaxias con el código Excalibur: iba a enviar al espacio unos 2200 satélites equipados con unas armas portadoras de partículas subatómicas, aun por inventar, y que con una velocidad de la luz iban a destruir las cabezas nucleares soviéticas hipotéticamente disparadas en dirección a EEUU. El proyecto no se llevó a cabo: costaba unos 20.000 millones de dólares, y no servía más que para un video juego infantil.

Hoy, 34 años después, el Congreso de EEUU, de mayoría demócrata, ha aprobado un proyecto de ley de “defensa”, con un presupuesto de 738.000 millones de dólares que incluye la creación de la Fuerza Espacial (FE) propuesta por otro “presidente por accidente” llamado Donald Trump quien afirma que el espacio es el «nuevo dominio de combate».

Esta declaración de guerra al mundo, como de costumbre, va acompañada por una megamentira: que “EEUU ha perdido la supremacía militar en el espacio a Rusia y China” y no podría «sobrevivir a un ataque furtivo de China” o que el país de Mao «puede instalar una base militar en polo sur de la luna” y ¡convertir la Vía Láctea en la Ruta de Seda espacial! Pero ¿no es cierto -como afirma la versión oficial-, que el mayor ataque a EEUU, el 11S, fue realizado por una fuerza “llegada de la Edad de Piedra” que no con una “Espacial”?

Resulta que EEUU sigue liderando la capacidad satelital y la tecnología militar espacial, y posee unos 901 satélites (en comparación con 280 de China y los 150 de Rusia), y planea lanzar 1.300 satélites más.

El presidente Madman de rostro anaranjado de EEUU cree que las armas de destrucción masiva que hay en la Tierra no son suficientes para acabar con todos los seres vivos del cosmos.

La Odisea Espacial de Trump

Aunque desde 1982 ya existe el Comando Espacial en la Fuerza Aérea de EEUU, que emplea a 36.000 individuos, los motivos por los que Trump necesita crear otro, son:

  • Sobornar a la industria armamentísticaen la víspera de las elecciones del 2020. El Congreso, en un atraco sin precedente al dinero público aprobó un anticipo de 40.000 millones de dólares para la puesta en marcha de la FE, que contratará, inicialmente, a 16.000 personas. La dimensión de lo que va a ganar la industria militar sólo es comparable con lo que obtuvo con el 11S. y la farsa de la Guerra contra el Terror: el fin de la Guerra Fría le había cerrado el grifo y tuvieron que inventar un nuevo Coco contra quien luchar. El 12 de septiembre, es EEUU que golpea a sí mismo, otorgando sus rindas a unos pistoleros, que lanzaron operaciones militares ilimitadas, se deshicieron de las armas viejas, probaron las nuevas (como los drones), a costa de la destrucción de naciones enteras y la vida de cientos de millones de personas, entre muertas, heridas, mutiladas, desplazadas y refugiadas. Un dato revelador: Los cazas F-22, fabricados en los ochenta para enfrentarse a los cazas soviéticos semejantes (que ni se habían construido) nunca se utilizaron. ¿Qué más da? Lockheed Martin ahora está construyendo 2443 aviones F-35, por un valor de 323. 000 millones de dólares. El negocio de la “guerra perpetua”, trae ingresos perpetuos para este crimen organizado, y pérdidas perpetuas, no sólo para cientos de millones de personas de otros estados, sino para los propios ciudadanos de EEUU: según Children’s Defense Fund, en el país más rico del planeta, 40 millones de personas viven por debajo del umbral de pobreza -el doble que hace cincuenta años-, de ellos 13 millones son niños. El número de los menores sin hogar, 1.5 millones, es tres veces más que durante la Gran Depresión de la década de 1930.  Al presupuesto del Pentágono, que son 750.000 millones de dólares para 2020 se deben sumar los 70.000 millones destinados a las 16 agencias de inteligencia, otros 70.000 millones que va al Departamento de Seguridad Nacional, más 30.000 millones asignados al Departamento de Energía, los 200.000 millones para la Administración de Veteranos, y lo que se destina a otros departamentos para fines militares, como a de Justicia, que recibe miles de millones de dólares para buscar “terroristas” fantasmas contra quienes luchar: llegó a cambiar la definición del “terrorismo” para poder incluir a un mayor número de personas de todo el mundo. Este departamento está vinculado con la industria carcelera -cuyo negocio sin fronteras se extiende desde el Guantánamo en Cuba hasta el Bagram en Afganistán, pasando por Rumania y Polonia-, encargado de practicar la pedagogía del terror estadounidense. Muchos son los agujeros oscuros que absorben el pan, la salud y el techo de millones de personas de aquel país.
  • Mantener y ampliar la colosal máquina de matardel imperialismo de EEUU, ahora que va dejando de ser la superpotencia económica, comercial y tecnológica.
  • Privatizar el espacio, poniendo una puerta militar al cielo, y decidir qué países, qué corporaciones y en qué condiciones pueden acceder a él.
  • Convertir en un arma de guerra a la propia galaxia, que ya está militarizado, para mantener su dominio militar en la Tierra. De hecho, la FE será un comando geográfico al igual que el Comando Europeo (EUCOM), el Africano (AFRICOM), el Central (CENTCOM), el Pacífico (PACOM), el Norte (NORTHCOM), el Sur (SOUTHCOM) y el Estratégico (STRATCOM).
  • Colocar interceptores de misileso armas satelitales en el espacio, con el fin de bloquear o piratear las señales de los aparatos de otros países, ya no solo con las virguerías electrónicas sino también con armas antisatélite (y aviones de combate equipados con láser, e instalar ojivas nucleares en la órbita), atentando contra las comunicaciones, la navegación aérea, y otros servicios civiles de otras naciones.
  • Militarizar aun más la política exterior de EEUU: el cese de Rex Tillerson puso fin a la diplomacia en el gobierno de Trump.
  • Colar a Trump en alguna página de la historiapor algo tan grande como el tamaño del universo (ahora que no le vendieron Groenlandia) y también a la medida de la estupidez de quienes le aplauden ilusionados por “poner botas (militares) en la Luna” para 2024. ¡Es vital para la psique del estadounidense provinciano saber que está gobernando el mundo!

¿Y por qué los demócratas han apoyado el proyecto? En EEUU la economía basada en la guerra tiene un nexo directo con la dependencia política de EEUU del militarismo. Muchos gobernadores de ambos países no estarían en la Cámara sin el dinero de las compañías de armas de su región invertidos en sus campañas.

Así empezó el Star trek trampiano

La FE no es una ocurrencia de Donito Trumpolini  y su familia: él sólo tienen el encargo de llevar adelante esta nueva fase de la doctrina militar de EEUU. Fue después de la Segunda Guerra cuando Washington acogió a los científicos nazis quienes regalaron a los nuevos patrones su conocimiento técnico, empapado de la ideología supremacista: En Redstone Arsenal situado Huntsville, el corazón del militarismo espacial del mundo, fabricaron un misil balístico para transportar armas atómicas. Y cuando en 1957 la Unión Soviética lanzó Sputnik, exhibiendo su capacidad para explorar el espacio, EEUU aceleró el proyecto del presidente Eisenhower en crear la NASA en 1958, agencia de apariencia civil, que distraería la atención en los proyectos espaciales con fines militares.

En 1967, EEUU, la URSS y China y otros países firmaron el Tratado del Espacio Exterior, que autoriza la exploración y el uso del espacio exterior para todas las naciones y prohíbe que alguno pueda reclamar soberanía sobre él o desplegar armas de destrucción masiva, incluidas las nucleares, aunque se le olvidó impedir actividades militares en el Cielo.

En 2001, China propuso el Tratado de Prevención de una carrera Armamentista en el Espacio ante la ONU, sin conseguir que EEUU lo firme. Seis años después, el régimen de George W. Bush, formado por personas vinculadas con las compañías de armas y de petróleo, bloqueó la resolución de la ONU sobre el control de armas en el espacio, mientras derogó el Tratado sobre Misiles Anti-Balísticos firmado con la URSS en 1972. La Guerra del Golfo Pérsico de 1991 será la «primera guerra espacial»: en ella EEUU utilizará los satélites para atacar a Iraq con armas nuevas guiadas, como los drones.

Ahora, Trump rompe la primera medida del control de armas nucleares firmado en 1987 con la URSS (Tratado INF), y también el acuerdo nuclear con Irán, para tener las manos libres y ¿»Make America Great» con el asalto de la industria aeroespacial a la Casa Blanca y al Congreso?

EEUU no será más seguro: China basa su política exterior en coexistencia pacífica (el  respeto mutuo, no injerencia, negocio con beneficio mutuo) puede verse empujada a una carrera armamentística, como la URSS en los ochenta; lo que no solo perjudica a China y la economía mundial, sino también provocará lo que se llama el “Modelo espiral”: cuando un país aumenta sus fuerzas militares para garantizar su seguridad, provoca una mayor preocupación en otros estados, que por su parte se arman, disminuyendo la  seguridad del primero.

Con un multimillonario charlatán instalado en el Despacho Oval, la amenaza de una guerra espacial es muy seria. Y ¿saben por qué no existe un movimiento antimilitarista a nivel mundial?

Por Nazanín Armanian

31 DICIEMBRE 2019

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Jueves, 12 Diciembre 2019 07:06

China ya construye su séptimo portaviones

China ya construye su séptimo portaviones

China comenzó a construir su séptimo portaviones. Tiene uno operativo (el Liaoning, ex Varyag de la era soviética), dos en pruebas y tres más en los astilleros. El séptimo está en la fase preliminar de construcción.

 

Dos años atrás, la Marina china estimaba que en 30 años tendría seis grupos de portaviones operativos. Parece evidente que los tiempos se acortan.

Aunque ya se había mencionado en la prensa especializada china la construcción de un séptimo portaviones, ahora se confirma que su construcción ha comenzado y que el objetivo consiste en tener una flota de siete nada menos que en 2025

 Se especulaba que el séptimo sería de propulsión nuclear, pero la opción ha sido la de seguir con la propulsión convencional, ya que presenta costos de producción y de mantenimiento más bajos. Según la publicación Military Watch Review, en la medida en que el objetivo estratégico de China consiste en la protección de sus costas y las aguas marítimas disputadas por sus vecinos, los portaviones tipo Clase 002 (convencionales), "son más que suficientes y no parece haber ninguna necesidad de los buques de propulsión nuclear".

El tipo 002 de la Armada china desplaza unas 85.000 toneladas, más del doble que el primer portaviones (el Liaoning del tipo 001) y cuenta con sistema de catapulta electromagnética que es comparable con los más avanzados de los EEUU, ya que permite la operación de cazas más pesados y con mayor cantidad de combustible.

El aspecto que más llama la atención es la velocidad con que China construye su flota de guerra. Es evidente que sus astilleros muestran tanto eficacia y puntualidad como una capacidad de construcción masiva. No hay precedentes en tiempos de paz de esa velocidad en la construcción de portaviones. En 2012 botó al mar el primero. En 2018 el segundo. Para 2025 habrá siete.

En paralelo, los astilleros chinos comenzaron la construcción de tres buques de asalto anfibio de 40.000 toneladas, del mismo tamaño del francés Charles de Gaulle. De forma simultánea, se desarrolla una nueva clase de destructor letal, el Tipo 055, capaz de "conquistar el predominio en el Mar del sur de China, donde existe una fuerte disputa con EEUU", en una región vital para el crecimiento del dragón.

Los destructores tipo 055 poseen misiles guiados y por su avanzada tecnología son comparados por algunos expertos con los más nuevos destructores Zumwalt de EEUU, que además poseen tecnología stealth de baja detectabilidad. La embarcación está equipada con los últimos avances en sistemas de defensa contra aviones, misiles, barcos y submarinos.

El primer destructor de este tipo fue lanzado en junio de 2017 en Shanghai. En 2018 China anunció que ya había comenzado la construcción del sexto destructor, considerado líder mundial y se espera que en pocos años sean ocho que acompañarán a los portaviones.

El ritmo frenético de la industria naval china contrasta con la mediocridad de la estadounidense. El Pentágono tiene diez portaviones de la clase Nimitz, que se comenzaron a construir en 1975, y uno de la más moderna clase Gerald Ford, todos de propulsión nuclear y catapultas electromagnéticas. Sin embargo, ambas clases de buques han tenido problemas ya sea de mantenimiento, por ser viejos o dificultades de funcionamiento como sucede con el más moderno.

"De once portaviones, seis están actualmente en proceso de reparaciones o mantenimiento y no están disponibles para las operaciones de combate".

Lo más grave son los retrasos de los astilleros, lo que sumado al elevado costo de mantenimiento (no menos de un millón de dólares diarios cada portaviones, más el costo de todos los buques que lo acompañan y constituyen un “grupo de ataque”) ha hecho que la flota de portaviones entrara en una situación crítica.

Un reciente debate en una comisión del Senado de EEUU reveló un informe oficial que asegura que en los últimos cinco años los navíos de la Marina pasaron 33.700 días adicionales en reparaciones, o sea días no planificados, lo que equivale a 90 años varados en astilleros. El citado informe constata que en los años 2014 a 2019 la Marina no consiguió finalizar las tareas del mantenimiento programado según los plazos en el 75% de los casos .

De una flota de 290 naves, hay 19 que no están disponibles. "Una de las razones de los retrasos es el envejecimiento y desactualización de la infraestructura de los astilleros navales en todo el país", se dijo en la comisión del Senado. Para ponerse al día, sería necesaria una inversión superior a los 21.000 millones de dólares, cifra que la economía de los EEUU parece no estar en condiciones de aportar.

Entre los senadores surgió la duda y la preocupación acerca de si la Marina estaría en condiciones de mantener una flota de 355 naves (objetivo que se propone alcanzar en 2034), cuando ahora no es capaz de atender una cantidad mucho menor de buques.

Por último, China ha tomado decisiones pragmáticas e inteligentes para defender sus costas y mares, por donde llegaron desde el siglo XIX las más devastadoras invasiones. La primera es, como se comentó arriba, optar por más portaviones aunque menos sofisticados, lo que le permitirá tener siete "grupos de ataque" en la década de 2020. Los portaviones nucleares sólo son necesarios si se pretende operar en lugares lejanos a las bases de las marinas.

La segunda, es tener "grupos de ataque con portaviones mediocres pero excelente acompañamiento" (en referencia a buques como los destructores tipo 055). De ese modo, "tiene mayor oportunidad de prevalecer que un grupo de ataque con un excelente portaviones pero destructores mediocres", ya que las naves de compañía tienen suficientes ventajas para neutralizar tanto a la fuerza aérea enemiga como a otros buques y submarinos.

En todo caso, puede observarse que no son las armas las que vencen en el campo de batalla, sino las industrias pujantes y cada vez más sofisticadas, conducidas por pueblos dispuestos a darlo todo para defenderse de enemigos poderosos. Así fueron siempre las guerras y no parece que las tecnologías más avanzadas puedan modificarlas.

21:10 11.12.2019(actualizada a las 01:46 12.12.2019)URL corto

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Lunes, 11 Noviembre 2019 06:57

Plutocracia a la americana

El magnate Michael Bloomberg –en imagen de archivo– se está preparando para ingresar a la concurrida carrera para convertirse en el candidato demócrata rumbo a las elecciones presidenciales de 2020, informaron los medios estadunidenses.Foto Afp

En los últimos días uno de los hombres más ricos del mundo anunció que está contemplando ingresar a la contienda presidencial para retar a otro multimillonario que ahora encabeza el régimen estadunidense, dejando abierta la posibilidad de que la pugna por la Casa Blanca sea entre un multimillonario contra otro multimillonario, ambos afirmando que representan los mejores intereses del "pueblo".

La pregunta ya no es si Estados Unidos es una democracia, sino más bien si es una plutocracia o una oligarquía.

Michael Bloomberg, con una fortuna personal de unos 53 mil millones de dólares, está tomando pasos preliminares para postularse como precandidato demócrata, aparentemente porque cree que el elenco actual de aspirantes no logrará derrotar a Donald Trump, con una fortuna de 3 mil millones de dólares (aunque insiste que tiene más de 10 mil millones, pero rechaza comprobarlo).

Antes, casi todos los ricos estaban felices en influir, y en muchos casos controlar, el proceso electoral desde las tinieblas, a través de sus donaciones a candidatos de su preferencia. Todos saben que para ser un aspirante presidencial viable se requiere de cientos de millones de dólares; que el monto recaudado por un candidato determina en gran medida si ganará o no; que hay millones de dólares que son canalizados sin tener que revelar cuánto ni quién está detrás, a políticos quienes por supuesto saben quién los está apoyando y a quién le deben su chamba. La cúpula económica tiene hoy día tal vez más influencia sobre la cúpula política que en cualquier momento en el último siglo.

De hecho, las personalidades más ricas del país, como Jeff Bezos, de Amazon; Mark Zuckerberg, de Facebook; Bill Gates, de Microsoft; los Walton, de Walmart (su fortuna personal se incrementa por 4 millones cada hora); los hermanos Koch, de Koch Industries, y el propio Bloomberg, entre otros, han ejercido enorme influencia en el juego político y electoral del país. Su lana, dándoles mucho más poder que los votos y opiniones de millones de ciudadanos.

Hace unos 4 años el ex presidente Jimmy Carter comentó que Estados Unidos ya no es una democracia, sino "sólo una oligarquía, con soborno político ilimitado". Hay múltiples investigaciones serias que comprueban esta afirmación.

Pero mientras la oligarquía juega con volverse plutocracia (definición: gobierno por los ricos), todo esto sucede justo cuando el gran tema político es la desigualdad económica con la mayor concentración de riqueza desde justo antes de la Gran Depresión, y donde el tema que impulsó el movimiento Ocupa Wall Street, el uno por ciento más rico frente al 99 por ciento de los demás, ahora ocupa el centro del debate politico. Hoy día, el uno por ciento controla casi 40 por ciento de la riqueza; uno por ciento tiene más riqueza que el total de 99 por ciento de la población.

La clase multimillonaria ya no goza de admiración, sino de desprecio y sospecha. Crearon con su economía de mafia, un gobierno mafioso, como indicaba el historiador económico Karl Polanyi, y la ilusión que impulsaron (de libres mercados/libre comercio= "libertad"), deja de funcionar, sobre todo entre jóvenes.

De hecho, el candidato que está interrumpiendo la fiesta de los oligarcas, primero en 2016, y otra vez hoy día, es Bernie Sanders (y en menor grado, Elizabeth Warren), quien ha demostrado que no sólo puede competir (por ahora es el que más fondos ha recaudado entre los precandidatos demócratas), sino ganar sin el apoyo de ningún multimillonario, incluso definiendo su campaña como una lucha "contra la clase multimillonaria".

Una integrante socialista del concilio de Seattle, Kshama Sawant, acaba de triunfar en su relección, a pesar de que el dueño de Amazon, Bezos –el hombre más rico del planeta– invirtió más de un millón y medio para derrotarla. De repente, el gran dinero se enfrenta a fuerzas democráticas, algo que asusta, y no poco, a los oligarcas.

Por ahora, esta sigue siendo la mejor democracia que el dinero puede comprar. Pero hay indicios de una rebelión que enfrenta a los oligarcas y sus sueños plutocráticos y recuperar la democracia que tanto se ha prometido aquí.

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Así está desmontando Trump la regulación ambiental y climática de EEUU

Trump ha promovido también 115 intentos de desmontaje y desregulación sobre todo en áreas como la salud, especialmente el Obamacare, y la migración. 

 

Tres descosidos cada mes. Desde que el 20 de enero de 2017, el multimillonario de Nueva York y estrella televisiva Donald John Trump tomara posesión del sillón presidencial y se convirtiera oficialmente en el 45 presidente de Estados Unidos, ése es el promedio de acciones que ha realizado contra el marco normativo o la estructura administrativa norteamericanos con el objetivo de ir desmontando todo lo que suene a protección ambiental o sostenibilidad climática o energética.

Las acciones de Trump no dejan títere con cabeza y se dirigen desde al marco legal del país hasta la arquitectura institucional pasando por el vaciado de fondos de partidas o departamentos dedicados a menesteres ambientales. La última, la comunicación oficial el pasado lunes del Acuerdo del Clima de París.

En total, Trump ha firmado, ordenado o promovido con éxito desde la Presidencia del país 80 acciones en las 146 semanas que lleva en la Casa Blanca para desmantelar la herencia recibida, según el balance realizado por Público tras consultar las bases de datos de diversas organizaciones y universidades, como la Institución Brookings, National Geographic, el Programa de Legislación Ambiental y Energética de la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard o el Centro Sabin para Legislación de Cambio Climática de la Universidad de Columbia de Nueva York.

En total, de esos 80 ataques emprendidos por la administración Trump —en forma de órdenes presidenciales, iniciativas en el Congreso o el Senado, decisiones presupuestarias, memorándums o planes de acción y demás artillería política— 24 de ellos ya son efectivos, 26 están aprobados pero aún en desarrollo legal, cuatro están parcialmente efectivos, otros cuatro están aprobados pero su entrada en vigor ha sido pospuesta y cinco de ellos están paralizados por el momento. Apenas 17 han sido rechazados definitivamente en algún momento de su tramitación, lo que implica que los opositores a estas medidas sólo han podido frenar una de cada cinco.

Por supuesto, el recuento de retrocesos y ataques de la administración Trump no sólo se centra en el medio ambiente. Los citados registros señalan otros 115 intentos de desmontaje y desregulación sobre todo en áreas como la salud (especialmente el Obamacare) y la migración, otras de las dos obsesiones de Trump.

Tampoco se salvan otras materias como la vivienda, la privacidad ciudadana, los derechos del consumidor, la educación y la gestión empresarial. Los ataques a los asuntos medioambientales, eso sí, se llevan la palma.

El último y de mayor calado internacional, la comunicación oficial y por escrito de la salida del Acuerdo del Clima de París, que se hará efectiva el 4 de noviembre de 2020. Esta decisión, como el resto de acciones contra el clima llevadas a cabo por la administración Trump, se basa en una ecuación tan simple como falaz: proteger el clima es despilfarrar dinero y cuesta puestos de trabajo.

Cuando Trump anunció esta medida por primera vez el año pasado la defendió, de hecho, con el argumento de que el cumplimiento de los objetivos del acuerdo perjudicaría a Estados Unidos, cuyos trabajadores y contribuyentes "absorberán el coste en términos de pérdida de puestos de trabajo, salarios más bajos, fábricas cerradas y una producción económica muy reducida". Además, se trata de desmontar uno de los grandes logros de la era Obama, y eso es otro aliciente para el magnate norteamericano.

Pero la salida de París es la punta del iceberg de lo que está sucediendo en Estados Unidos. Entre dichos ataques, los más graves y de mayor calado se encuentran éstos:

Octubre de 2019: El Gobierno de Estados Unidos ordena cortar los fondos destinados a dos comisiones nacionales: el Comisión Federal Asesor sobre Áreas Protegidas Marinas —dirigido por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica— y la Comisión Asesora de Especies Invasoras del Departamento de Interior. La primera fue creada en 2003 y la segunda, en 1999. Asimismo, ese mismo mes la administración Trump retira los fondos al Consejo Asesor Presidencial sobre la Resistencia Bacteriana Antibiótica.

Septiembre de 2019: Rechazo de la regulación de aguas del Gobierno de Obama. Trump ordena a la Agencia de Protección Ambiental (APA) norteamericana que fije unas nuevas reglas que reemplacen a las establecidas en 2015. La nueva normativa dispone de unas coberturas y garantiza unas protecciones menores que la legislación anterior.

En la orden ejecutiva firmada por Trump, éste defiende que su interés pasa por una nación libre de aguas contaminadas, pero también, aclara, por la promoción del crecimiento económico y la erradicación de las normas que causen inseguridad jurídica. Los lobbies relacionados con esta ley ya habían demandado a la administración Obama por implementarla.

Agosto de 2019: El Gobierno norteamericano anuncia que facilitará los requerimientos y reducirá las exigencias a las empresas de petróleo y gas en cuanto a las emisiones de metano, uno de los gases más nocivos para el cambio climático, por encima del dióxido de carbono.

Junio de 2019: Trump firma una orden presidencia en la que ordena reducir un tercio de las comisiones asesoras federales en materias como la energía, el clima y la salud.

Abril de 2019: La APA elabora modifica la Ley de Aire Limpio norteamericana para relajar las exigencias sobre la emisión e incineración de residuos sólidos industriales o comerciales, entre ellos, residuos municipales, hospitalarios o aquellos procedentes de las fábricas. Los criterios modificados habían sido aprobados en el año 2000 —con algunas modificaciones posteriores—.

Diciembre de 2018: El departamento de Interior anuncia sus planes para permitir prospecciones petroleras en millones de hectáreas protegidas hasta el momento de la actividad industrial. La APA añadió además que anularía las normas que limiten las emisiones de carbón en las nuevas plantas de producción de energía.

Julio de 2017: El Servicio de Pesca y Fauna Silvestre y el Servicio Nacional de Pesca Marina promulgan una serie reglas para debilitar la Ley de Especies Protegidas norteamericana. Los cambios introducidos establecen criterios y procesos menos exigentes y más lasos para incluir o eliminar especies animales o vegetales de la Lista de Especies Amenazadas así como para la consideración de hábitats críticos. Después de un proceso legislativo tortuoso, finalmente la nueva norma entra en vigor el pasado mes de septiembre.

Marzo de 2017: Apenas dos meses después de tomar posesión, Donald Trump firma una orden presidencial en la que ordena eliminar muchas de las acciones a nivel federal dirigidas a combatir los efectos del cambio climático. Entre otras cosas, la orden presidencial ordena a la APA revisar y, en su caso, rescindir, regulaciones nacionales sobre la emisión de CO2 en plantas de producción energética existentes, los nuevos estándares de CO2 para las plantas de nueva construcción, los niveles de metano permitidos para la industria del petróleo y del gas. Asimismo, la orden revoca una estrategia para calcular el coste social de las emisiones de gases de efecto invernadero.

En la orden, asegura que la misma "evita las cargas regulatorias que innecesariamente obstruyen la producción de energía, constriñen el crecimiento económico e impiden la creación de empleo. Además, el prudente desarrollo de esos recursos naturales es esencial para garantizar la seguridad geopolítica de la Nación".

Washington

11/11/2019 08:52 Actualizado: 11/11/2019 08:52

Manuel Ruiz Rico

@ManuelRuizRico

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Qué supone la salida de EEUU del Acuerdo de París

 El Gobierno de Trump ha comunicado de manera oficial a la ONU que abandona el tratado internacional contra el cambio climático. Su salida puede suponer un aumento de las emisiones y vuelve a activar las alertas por un posible efecto contagio en otros gobiernos negacionistas del planeta.

 

Trump ha dado el paso. Lo que ya anunció hace dos años se hace oficial y Estados Unidos inicia los trámites para abandonar el Acuerdo de París, el acuerdo internacional contra la crisis climática que fue firmado por 195 estados en 2015 en el que se establecía una hoja de ruta para tratar de evitar que la temperatura del planeta aumente más de dos grados a finales del siglo XXI.

"Hoy comenzamos el proceso formal de retirada del Acuerdo de París. Estados Unidos está orgulloso de su tradicional liderazgo mundial en la reducción de todas las emisiones, impulso de la adaptación, crecimiento de nuestra economía y garantía de energía para todos nuestros ciudadanos", anunciaba este lunes Mike Pompeo, secretario de Estado del país norteamericano.

Nada más llegar al poder, el político republicano, en un alarde de sus planteamientos negacionistas, anunció que abandonaría los acuerdos de París de 2017 tan pronto como la legislación se lo permitiera. Y así ha sido, en tanto que este tratado expone que cualquiera de las partes puede retirarse a partir del 4 de noviembre de 2020, siempre y cuando envíe una notificación formal a la ONU un año antes. Trump no ha fallado en los tiempos y ha anunciado a las Naciones Unidas que abandona los compromisos climáticos que se acordaron en 2015 en la capital francesa. Pero, ¿qué supone la salida de EEUU?

Sin frenos a las emisiones

Estados Unidos es, a nivel mundial, el segundo país más contaminante del mundo, sólo por detrás de China. Tanto, que se calcula que el país norteamericano es el responsable de cerca del 15% de las emisiones globales. Ante esto, el Acuerdo de París se presenta como uno de los escasos mecanismos internacionales que establece mecanismos para la reducción de las emisiones. Tanto, que Obama –el presidente que firmó el tratado– fijó compromisos para una reducción de las emisiones de CO2 de algo más del 25% para 2030. Sin embargo, la retirada de EEUU hace que ese escenario se vuelva aún más lejano.

“En parte el negacionismo de Trump tiene que ver con los vínculos de su administración con la industria de los combustibles fósiles”, opina Héctor de Prado, responsable de Justicia Climática de la organización Amigos de la Tierra, que señala a las repercusiones que puede tener su salida en cuanto a los compromisos financieros del tratado parisino que establecía, a grandes rasgos, que los países más contaminantes deberían destinar un porcentaje de sus fondos a financiar la adaptación y la resiliencia al cambio climático de los estados del cono sur.

“Es importante porque Estados Unidos aporta cerca del 21% del replenishment de los fondos del Global Environment Facility (Fondo para el Medio Ambiente Mundial) que empezó en París. Su retirada puede tener consecuencias nefastas para muchos países”, expone el ecologista. "La moraleja aquí es que uno de los mayores 'donantes' se retira, y lo que es peor, antes de haber completado íntegramente su promesa, con las evidentes implicaciones que eso conlleva tanto a países como a inversores", añade.

"Trump tiene vocación de genocida y usa la salida del Acuerdo de París para desviar de los problemas político que enfrenta con el impeachment.  Su decisión va a afectar a la vida de millones de personas en todo el mundo, perjudicando gravemente los derechos humanos, como el derecho al agua, a la alimentación, a la salud, entre otros", valora Tom Kucharz, miembro de Ecologistas en Acción.

La salida no es irrevocable

No todo es negro. En esta noticia que reafirma la línea discursiva de Trump en materia climática hay algunas aristas a las que la sociedad norteamericana –y el resto del mundo– puede agarrarse. Tanto es así que, el abandono del acuerdo no es irrevocable. Es decir, la llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca, sea de manera anticipada o no, podría suponer que los EEUU volvieran a ratificar los compromisos de París.

En cualquier caso, la decisión de abandonar el multilateralismo medioambiental podría contrarrestarse dentro de los propios poderes estatales de EEUU, ya que los gobiernos de los diferentes estados tienen capacidad de impulsar sus propias medidas anticontaminación, como el reciente caso de la ciudad de Nueva York, que ha prohibido la circulación de coches en una de las avenidas principales de Manhattan. “Vemos que hay estados con políticas ejemplares en cambio climático y otros que son todo lo contrario. Quizá, esa capacidad interna sea más relevante a veces que estar en el acuerdo de París”, opina Javier Andaluz, portavoz de Ecologistas en Acción.

"Hay decisiones del gobierno de Estados Unidos que agravarán igual o mas el calentamiento global que la salida del Acuerdo de París, como por ejemplo la reactivación de proyectos como los oleoductos Keystone XL y Dakota Access Pipeline en tierras sioux o el Plan Energético América Primero, una apuesta decidida por la extracción y el uso sin límites de los combustibles fósiles. La administración Trump ha eliminado o está intentando eliminar restricciones a las tecnologías de perforación del fracking y reduciendo el gasto en las agencias públicas de regulación y control de temas medioambientales", añade Kucharz.

Efecto contagio

La posibilidad de que el discurso de Trump pueda calar en otros gobiernos conservadores como el de Bolsonaro en Brasil vuelve a saltar a la palestra. Pero no solo eso, sino que algunos estados euroescépticos pueden sumarse a la situación de bloqueo. Sobre todo, si se tiene en cuenta que EEUU no saldrá del acuerdo hasta el próximo año, por lo que Trump mantendrá su asiento en la próxima Cumbre del Clima de Madrid (COP 25) desde el que podrá incendiar los debates y frenar la ambición de los acuerdos que se puedan alcanzar. “El hecho de que desde dentro propague la idea de que la lucha contra el cambio climático es una patraña es muy peligroso”, argumenta De Prado.

En cualquier caso la salida de Trump, que hasta ahora era un gran escollo en este tipo de cumbres, puede tener aspectos positivos de cara a las futuras negociaciones. “No es necesariamente una mala noticia para el cambio climática. Él fortalece claramente los intereses negacionistas y, en ese sentido, que se vaya puede suponer que se desatasquen algunas de las negociaciones por el clima”, opina Andaluz, centrándose en cómo podrían transcurrir las futuras cumbres sin la presencia de representantes estadounidenses.

No obstante, el abandono de EEUU y de cualquier otro estado que decida seguir sus pasos debería llevar a la ONU, según los colectivos ecologistas, a activar mecanismos sancionadores para aquellos ejecutivos que no cumplan en materia climática. 

madrid

05/11/2019 17:53 Actualizado: 05/11/2019 18:42

alejandro tena

Publicado enMedio Ambiente
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