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Geopolítica del siglo XXI: volatilidad por todos lados

Puede argüirse que el ámbito más fluido en el sistema-mundo moderno, que está en crisis estructural, es el geopolítico. Ningún país está cercano a dominar este ámbito. La última potencia hegemónica, Estados Unidos, ya lleva tiempo actuando como un gigante incapaz. Tiene poder para destruir pero no para controlar la situación. Sigue proclamando reglas que espera que otros sigan, pero puede ser, y es, ignorado.

Hay ahora una larga lista de países que se consideran listos para desempeñarse de maneras específicas pese a las presiones de otros países. Una mirada por todo el globo confirmará puntualmente la incapacidad de Estados Unidos para imponer sus modos.

Los dos países que además de Estados Unidos tienen el poderío militar más fuerte son Rusia y China. Alguna vez se movían con cuidado para evitar la reprimenda de Estados Unidos. La retórica de la guerra fría hablaba de dos campos geopolíticos en competencia. La realidad era otra cosa. La retórica simplemente enmascaraba la efectividad relativa de la hegemonía estadunidense.

Ahora, virtualmente es lo contrario. Estados Unidos tiene que moverse con cuidado vis-à-vis Rusia y China para evitar perder la capacidad de obtener su cooperación en las prioridades geopolíticas de Estados Unidos.

Miremos a los así llamados aliados más fuertes de Estados Unidos. Podemos enredarnos discutiendo quién es el aliado más cercano, o ha sido ya por largo tiempo. Escojan entre Gran Bretaña e Israel o aun, ¬algunos dirían, Arabia Saudita. O hagamos una lista de los que alguna vez han sido socios confiables de Estados Unidos, como Japón y Corea del Sur, Canadá, Brasil y Alemania. Llamémosles los números dos.

Ahora revisemos el proceder de todos estos países en los 20 años pasados. Digo veinte porque la nueva realidad precede al régimen de Donald Trump, pese a que sin duda él ha sido quien ha empeorado la habilidad de Estados Unidos para imponer sus modos.

Miremos la situación en la península de Corea. Estados Unidos quiere que Corea del Norte renuncie a su armamento nuclear. Este es un objetivo que Estados Unidos ha repetido con regularidad. Fue cierto cuando Bush y Obama fueron presidentes. Ha continuado siendo cierto con Trump. La diferencia es el modo de conseguir este objetivo. Previamente, las acciones estadunidenses utilizaban cierto grado de diplomacia además de las sanciones. Esto reflejaba el entendimiento de que demasiadas amenazas públicas de Estados Unidos terminaban siendo contraproducentes. Trump cree lo opuesto. Considera las amenazas públicas como el arma básica de su arsenal.

No obstante, Trump tiene días diferentes. En el día uno amenaza a Norcorea con devastación. Pero el día dos hace que su objetivo primordial sean Japón y Corea del Sur. Trump dice que le proporcionan insuficiente respaldo financiero para los costos derivados de una continua presencia estadunidense armada ahí. Así que entre el ir y venir de las dos posturas estadunidenses, ni Japón ni Corea del Sur terminan estando seguros de estar protegidos.

Japón y Corea del Sur han lidiado con sus temores e incertidumbres en modos opuestos. El actual régimen japonés busca asegurar las garantías estadunidenses ofreciendo un respaldo público total a las (cambiantes) tácticas estadunidenses. Confía, por tanto, en complacer a Estados Unidos lo suficiente como para recibir las garantías que quiere obtener.

El actual régimen sudcoreano utiliza una táctica bastante diferente. Emprende de modo muy abierto relaciones más cercanas con Norcorea, lo cual en gran medida va contra los deseos de Estados Unidos. Con esto confía complacer al régimen norcoreano lo suficiente como para que Pyongyang responda accediendo a no escalar el conflicto.

Que cualquiera de estas aproximaciones tácticas estabilicen la posición estadunidense es totalmente incierto. Lo seguro es que Washington no está en posición de mando. Tanto Japón como Corea del Sur están buscando obtener calladamente armas nucleares para fortalecer su posición dado que no pueden saber qué traerá el siguiente día en el frente estadunidense. La volatilidad de la postura estadunidense debilita aún más su poderío de¬bido a las reacciones que genera.

O tomemos la más enredosa situación del llamado mundo islámico del Magreb a Indonesia, y en particular en Siria. Cada una de las potencias importantes de la región (o que lidian con la región) tiene un diferente enemigo primordial (o enemigos). Para Arabia Saudita e Israel, por el momento es Irán. Para Irán es Estados Unidos. Para Egipto es la Hermandad Musulmana. Para Turquía son los kurdos. Para el régimen iraquí, son los sunníes. Para Italia es Al Qaeda, que está haciendo imposible controlar el flujo de migrantes. Y así seguimos.

¿Y para Estados Unidos? Quién sabe. Ése es el miedo protuberante para todo el resto. Al momento Estados Unidos parece tener dos prioridades bastante diferentes. El día uno, es la aquiescencia norcoreana hacia los imperativos estadunidenses. El día dos es finiquitar su involucramiento en la región del este asiático, o por lo menos reducir sus desembolsos financieros. El resultado es más y más oscuro.

Podemos trazar retratos semejantes para otras regiones o subregiones del mundo. La lección clave es que a la decadencia de Estados Unidos no le ha seguido el advenimiento de otro hegemón. La situación se pliega en un zigzaguear general y caótico, la volatilidad o inestabilidad de la que hablamos.

Este, por supuesto, es el mayor peligro. Los accidentes nucleares, o los errores, o la locura, se vuelven de repente lo que priva en la mente de todos, especialmente entre las fuerzas armadas del mundo. Cómo lidiar con este peligro es el debate geopolítico más significativo a corto plazo.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

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¿Cómo convertir el crimen del “descubrimiento de América” en una inolvidable epopeya?

Sostienen los más ilustres historiadores que los reyes Católicos, Isabel y Fernando, son los fundadores de la nación española. Algo que se consumó en el preciso instante en el que las tropas cristianas toman Granada el 2 de enero de 1492 culminando de este modo la llamada “reconquista”. En el preciso momento en que el emir Boabdil entregó las llaves de la ciudad al conde de Tendilla, Iñigo López de Mendoza se inicia uno de los periodos más tétricos que jamás haya vivido la humanidad. Meses después en el campamento de Santa Fe el día 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones entre los Reyes Católicos y el aventurero Cristóbal Colón en las que se estipulaba cuáles iban a ser las normas por las que se tenía que regir este “contrato mercantil”. Colón se llevaría el 10% del botín además de ser nombrado Virrey, Almirante de la mar océana y gobernador general de las denominadas posteriormente como las “Indias”. Además sus descendientes heredarían sus bienes, sus títulos y tierras descubiertas.
Ambiciones desmedidas y delirios de grandeza más propias de un lunático o de un iluminado.


Podríamos decir que el descubrimiento del Nuevo Mundo fue un artero acto de piratería muy bien planificado al que incluso el Papa de Roma Alejandro VI con su bula Inter Caetera le brindó su bendición urbi et orbi. La autoridad de Dios omnipotente y omnipresente otorgó el dominio exclusivo y perpetuo de los territorios donde se clavó el pendón castellano con la condición que los evangelizaran. De este modo se justificó la rapiña, el expolio y las masacres cometidas contra los “gentiles” en un afán por imponer la autoridad de los nuevos amos y señores. Este decreto papal puede considerarse el detonante de la crueldad que caracterizó a todos los imperios coloniales que surgieron posteriormente. Es el génesis de la globalización que en el siglo XXI se manifiesta como la máxima expresión del imperialismo político y económico.


En ese entonces y tras finiquitar la guerra contra los musulmanes España iniciaba la aventura Imperial que la llevaría a expandirse por los cinco continentes. Las ansias de conquista material y espiritual marcarán los siguientes siglos plagados de gestas épicas y epopeyas en el nombre de Dios y su majestad el rey. Era necesario engrandecer la gloria de España para hacer frente a sus directos competidores Inglaterra, Francia y Portugal que pretendían hacerle sombra. Una desquiciada carrera por conquistar tierras, naciones, riquezas, súbditos, siervos y esclavos. Como bien queda descrito en el tratado de Tordesillas donde España y Portugal -representados por Isabel y Fernando y el rey Juan II- se repartieron las zonas de navegación y conquista del océano Atlántico y el Nuevo Mundo. Se despojó sin ningún remordimiento de sus tierras a los nativos que fueron considerados por derecho real como menores de edad y, por lo tanto, sujetos a la tutela de los españoles en las mitas, resguardos o encomiendas.


Pero no se nos puede olvidar que uno de los motivos prioritarios de esta magna empresa del descubrimiento fue la evangelización de los herejes blasfemos. Es decir, la redención de las razas inferiores, indígenas sin alma, salvajes antropófagos que había que domar y domesticar por la gracia de Dios. ¿Civilización o barbarie? Este es el dilema que se planteaba y con la espada y la cruz supieron dar una respuesta contundente a tamaño desafío. Dios le brindó este inmenso privilegio a la estirpe española porque Dios se consideraba español.


Para sublimar la identidad hispana se precisaba imperiosamente construir una narrativa en la que intervinieran los más preclaros exponentes de las letras, las artes, la pintura, la escultura o la música. Inventar mitos y leyendas, forjar los superhéroes de una raza invicta y por siempre victoriosa. Al fin y al cabo ellos fueron los que llevaron la luz al Nuevo Mundo apartando las tinieblas del averno. Todo es válido con tal de santificar a villanos y bellacos para transformarlos en insignes paladines.


Las Indias era el mejor reclamo para despertar las ambiciones de los buscadores de fortuna, de los aventureros que ansiaban someter reinos ignotos, adueñarse de incalculables riquezas del Dorado, Cipango y Catay, ciudades de oro y ríos de esmeralda, obsesionados por obtener títulos nobiliarios, fama, poseer tierras, saquear, esclavizar indígenas o africanos, mano de obra obligada a levantar los delirios imperiales para gloria del padre eterno y nuestro señor Jesucristo.


El imperio Español con arrogancia se creía el ombligo del mundo y el centro del universo. La lengua española y la religión católica se impusieron a la fuerza como vehículo vertebrador de los territorios conquistados en los que regía el pensamiento único e indivisible. Por riguroso mandato del monarca cualquier disidencia o rebelión se reprimía sanguinariamente y sin contemplaciones. Al verdugo no le temblaba la mano a la hora de cortar cabezas en el cadalso. En los casos más extremos se aplicó el exterminio para que reinara la paz y el orden.


Tal es el culto que se le rinde al supuesto descubridor de América Cristóbal Colón que son cientos y cientos los monumentos que existen en su honor a lo largo y ancho del mundo. Entre los altares y santuarios más soberbios hay que destacar el erigido en Barcelona con motivo del IV centenario del descubrimiento de América en 1892.


Se trata de un conjunto escultórico de proporciones ciclópeas cuyo autor es el arquitecto catalán Gaieta Buigas y Monrava. Una muestra irrefutable de que el egocentrismo y la megalomanía españolista no tienen límites. Al Almirante de la mar océana Cristóbal Colón, señor de los holocaustos, príncipe de los genocidios, se le ubica en lo alto de una columna o falo al estilo corintio de 57 metros de altura que reposa sobre un pedestal poligonal que lo custodian 8 leones de hierro en actitud vigilante. En las paredes de la base existen 8 bajorrelieves con los escudos de los reinos de España y otros 8 bajorrelieves en los que se narra la vida del almirante Cristóbal Colón - leyendas sacrosantas que están escritas a golpe de martillo y de cincel en el inconsciente colectivo hispano. En esta vil escenografía los protagonistas son los distintos personajes que intervinieron en la gesta del descubrimiento de América a los que cuatro ángeles ciñen sobre sus sienes con coronas de laurel. En un segundo plano se representan a los indígenas como si se trataran de unos animales asustadizos y timoratos; ¿seres irracionales? desnudos o semidesnudos que se acogen sumisos al manto protector de su majestad el rey y de Dios nuestro señor. ¿Se puede tolerar mayor ignominia y mayor humillación? De rodillas un indígena emplumado besa la cruz salvadora que le ofrece un fraile doctrinero como símbolo de la conversión. En otra escena un conquistador posa su mano en la cabeza de un indígena en señal de sometimiento o de obediencia eterna a sus amos. Han sido redimidos por la gracia benefactora del imperio español y es necesario que la humanidad entera reconozca tan inigualable privilegio.


Este esplendoroso monumento de bronce, hierro y piedra caliza -con un peso de 205 toneladas- fue inaugurado el 1 de junio de 1888 por la reina regente María Cristina. Un monumento al odio, al racismo extremo, a la esclavitud y la tortura que veneran e idolatran sus más connotados devotos. Hace 525 años Isabel la Católica y Cristóbal Colón en su lecho nupcial incubaron el maligno virus del imperialismo que desde entonces ha sembrado la muerte y la destrucción sobre la faz de la tierra.
Ver vídeo: ¿Cómo convertir el crimen del "descubrimiento de América" en una inolvidable epopeya?

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Crece el descontento, incluso en Estados Unidos

Estados Unidos, especialmente a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, ha tenido un dominio muy amplio sobre buena parte del mundo, incluyendo el resto de América, las costas del Océano Pacífico, Europa Occidental y buena parte de Asia.

Su dominio se ha venido reduciendo, especialmente en Asia y, en diversos grados, en algunos países de América Latina. Es evidente el caso de Cuba, y en diversos grados en Venezuela (a donde el imperio maneja a la oposición), Bolivia y otros.

La caída del dominio estadunidense es especialmente en Asia oriental, donde vive la mitad de la población mundial. Además de casos evidentes como el de China, a la que nunca pudo dominar, sufrió una derrota militar tremenda en Vietnam, y su influencia ha caído en niveles generales en forma tremenda.

Países en los que se tenía un verdadero dominio, como Irán, Turquía, Filipinas y otros, se fueron alejando del imperio, y acercándose a China. India ha construido una independencia, y ha logrado un desarrollo tecnológico que en varios casos, son formas superiores a los de las antiguas potencias.

Hemos citado a estudios que condicen a prever que la economía China, con un crecimiento mayor, rebasará a Estados Unidos en cuando mucho 10 años, Y que esto no sólo se va a mantener y aumentar, sino que llegará a una situación en la que el país estadunidense llega a tercer lugar mundial, con China en primer lugar e India en segundo.

En Beijing, en octubre de 2016, en presencia de la dirigencia china, el presidente Rodrigo Duterte de Filipinas, declaró que Estados Unidos ahora ha perdido, que se encontrará frente a la unidad de China, Rusia y Filipinas.

La realidad ha ido más allá de eso. Está en proceso la formación, que culminaría en una asociación de comercio internacional en noviembre próximo, incluyendo a 16 países. Están entre ellos China, India. Japón, Indonesia, Filipinas, Vietnam, Irán y otros países, que suman más de tres mil millones de habitantes. Por el otro lado, el de la llamada intermedia musulmana, Qatar tiene un acercamiento con Irán y con China, y es castigado por Arabia Saudita y sus seguidores. Este es el principal país árabe que ha seguido ahora al gobierno de Washington.

Recientemente se agregaron a estos países Chile y otros países latinoamericanos, de los que hemos hablado también.

Con fecha 1º.de junio, la conocida revista estadunidense The Nation publicó un muy amplio artículo sobre el futuro de Asia, tomando en cuenta, y criticando, la política económica reciente de su país. Su posición es muy crítica frente a ésta, y reconoció el crecimiento de China al respecto.

Algunos de los subtítulos de este artículo dan una idea de su contenido: "La declinación de Estados Unidos" y "El nuevo nacionalismo en Asia". Ya se había expresado una creciente oposición dentro del país vecino del norte, ésta se suma a ellas.

Hay descontento expresado en Corea del Sur y en Japón, que demandan el retiro de las bases militares de Estados Unidos. Los dos países están en el grupo de "los 16" de asociados para un comercio internacional libre.

El secretario de Estado de EU que iba a venir a la reunión de la OEA en Cancún, siempre no viene, dizque por ir al Medio Oriente, y es difícil que ese país imponga castigos a Veneuela. Otros países condenan ese intento de castigos, cuando por ejemplo en México ha habido tantos asesinatos y "desapariciones" impunes.

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Publicado enSociedad
Viernes, 26 Mayo 2017 18:05

Hambre de poder

Hambre de poder

Este drama cuenta la verdadera historia de cómo Ray Kroc conoció en 1950 a los hermanos Mac y Dick McDonald, cuando cocinaban hamburguesas en el sur de California. Kroc quedó impresionado por la velocidad para hacer la comida, viendo en ello el potencial para crear una franquicia. Es así como pasó de vender máquinas de batidos a convertir la marca en un imperio tras comprársela a los hermanos en 1961. De esta forma convirtió McDonalds en el imperio mundial de comida rápida que es hoy, amasando millones de dólares.

 

El título ‘The Founder’ es de alguna manera un término singular y ciertamente desconcertante para una película biográfica sobre Ray Crock, el hombre que gracias a una visión amplia y ambiciosa convirtió un simple restaurante de hamburguesas en una de las marcas más exitosas del mundo, en un gigante del capitalismo.

 

Y es que el fundador de McDonald’s no es precisamente el señor Crock; él llegó cuando ya el negocio estaba en marcha, detectando un gran potencial en lo que apenas era una empresa familiar de comida rápida; decidiendo así darle forma a un negocio en el que vio éxito.

 

Así que la traducción del título al español resulta más coherente con lo que veremos en la cinta: ‘Hambre de poder’. Varias lecciones de marketing y una perseverancia absoluta de Ray Krock, personaje interpretado por Michael Keaton, quien deja ver nuevamente que es tan versátil como cada historia lo pida; su gran actuación salva la película en aquellos momentos en que tiende a volverse floja y plana.

 

Kroc, todo un comerciante típico de los Estados Unidos de la época: vende batidoras de varios ejes desde la cajuela de su carro, acompañando cada venta con un discurso propio de publicista, dejando pensar a los posibles compradores que esas máquinas podrían ser todo lo que necesitan para obtener éxito en sus negocios.

 

Recorre así Estados Unidos en busca de alguna oportunidad que lo aparte del fracaso económico en que se encuentra; en San Bernardino (California) se encuentra con la hamburguesería McDonald’s, y los hermanos Mac y Dick McDonald, quienes han desarrollado un “método rápido” de vender comida, la innovación de la hamburguesa: “de la parrilla al cliente”.

 

Es aquí cuando nuestro personaje ‘Ray Kroc’, identifica una muy buena idea de negocio, desaprovechada; decidiéndose por convertirse en socio de los hermanos y crear tantas franquicias como sea posible. En este proceso, la ambición de Krock desconoce límites éticos, sacando a flote todo el potencial visionario y de negociante que siempre cargó, pero que hasta ahora no había encontrado la oportunidad de potenciar con toda fuerza y ambición,marcando así la caída de los McDonald’s, dejándolos en un papel secundario. Llegamos así a la conocida realidad del capitalismo, donde el éxito de uno es la explotación del otro.

 

John Lee Hancock; director de la cinta, tiene facilidad para adaptar historias reales y hacer de los personajes de sus diferentes filmes, seres humanos ordinarios y regulares, dejando ver así esa notoria idiosincrasia y cultura norteamericana, alejándolos de lo que puede ser satírico o caricaturesco; de ello da testimonio otra película: ‘The Blind Sade’, en la que cuenta la historia de ‘Michael Ofer’ y su camino de superación desde la pobreza hasta llegar a la NFL. Ahora, también lo hizo con ‘The Founder’, dejando ver a un Ray Krock como un hombre insistente y perseverante y no como un dios del capitalismo, pero tampoco como el americano heroico; de este modo, la película es flexible en no juzgar o encasillar al personaje; es un tema que queda a juicio de los espectadores. Ray Krock, el visionario o el antihéroe...

 

“Hambre de poder” estará en cartelera en las siguientes salas de cine desde el 25 de mayo, en las principales ciudades del país

 

Cine Colombia
http://www.cinecolombia.com/bogota
Cinemas Procinal
http://www.procinal.com.co/proximos-estrenos
Cinemark
http://www.cinemark.com.co/newface/estrenos.aspx?current=estrenos
Royal Films
https://www.royal-films.com/bienvenido

Publicado enEdición Nº235
Domingo, 02 Abril 2017 07:32

¿Patada de ahogado?

¿Patada de ahogado?

Donald Trump, cabeza de un gobierno polémico. Sus medidas, retrógradas, no dan para menos. Medidas ¿justas?, ¿injustas?, ¿nuevas? ¿prolongación de otras tomadas por sus predecesores? Cada uno podrá responder a estos interrogantes, pero lo fundamental por desentrañar, cuando colocamos nuestra mira en el futuro de la geopolítica global, es a qué se deben las medidas políticas impulsadas por los sectores del poder por él representados. Aquí un primer acercamiento sobre este particular

 

Desde hace varias décadas, estudiosos de los Estados Unidos, de su poder, devenir y futuro, han resaltado las diversas muestras de su decadencia, a la par que llaman la atención sobre los avances logrados por países como Rusia, India y China, en especial este último, ubicado en el tablero mundial como único país con capacidad –¿y pretensiones?– para disputarle su liderazgo global.

 

Algunos de estos estudiosos se atreven a proyectar para la cuarta década del siglo que vivimos la total caída del imperio que dominó el Sistema Mundo Capitalista durante todo el largo siglo XX. Otros de éstos indican que ahora mismo el unilateralismo vigente desde el momento en que cayó la Cortina de Hierro ha pasado a ser un dominio compartido con Rusia + China; papel facilitado, en el caso de la cabeza de la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (Urss), por su potencial militar que lo erige en un contendor de peso mayor en caso de una confrontación nuclear.

 

Decadencia y pérdida de la hegemonía mundial por parte de los Estados Unidos, con riesgo de caer totalmente en la sombra. Suceso que no tomará forma de manera impune. Como es conocido, todo aquel que va hacia el fondo, en caída libre, patalea, se resiste, se agarra de lo que encuentre en el camino, y en este particular no será distinto; lo que diferencia este caso de aquello que acontece con las personas como particulares es que el pataleo del imperio será con sangre, con mucha sangre, colocando incluso en riesgo la misma sobrevivencia de la especie humana. Si no es así, entonces ¿para qué el inmenso arsenal nuclear que guarda en sus entrañas, además de tenerlo regado por diversas bases militares ubicadas en países aliados?

 

En la lectura de esta realidad reside la explicación o trasfondo del ascenso de Donald Trump al gobierno del coloso, ahora sí con pies de barro. El nuevo inquilino de la Casa Blanca en verdad es el representante del ala más extremista de los millonarios gringos que colonizaron y por décadas han oprimido a millones de seres humanos a lo largo y ancho de nuestro mundo. Él es su vocero y, tal vez, “la cara más simpática” de unos guerreristas que amasaron inmensas fortunas expoliando a toda la humanidad, todos ellos, banqueros, comerciantes, industriales, especuladores, guerreros, acostumbrados a ganar. Pero también acostumbrados al reino de sus valores y modelo de vida (insostenible), el cual ahora es cuestionado y disputado. Pierden terreno, pero no quieren seguir viendo como su poder se deshace ante sus ojos.

 

El pedazo de pastel

 

Si bien el ascenso del imperio gringo fue inocultable desde finales del siglo XIX, cuando desplazó al imperio inglés, es durante el siglo XX que consolida su potencial como resultado de la que es conocida como Primera Guerra Mundial y con ella del fin del imperio Otomano; realidad que consolida de manera irrebatible como resultado lógico del segundo capítulo de esta misma guerra, de la cual surge como el patrón y árbitro mundial.

 

Luego de 1945, y por primera vez en la historia de la humanidad, un imperio es de verdad global, abarcando al conjunto del planeta, sometiendo por todos los continentes y por distintas vías diversidad de países e imponiendo sobre el conjunto global sus designios, el primero y más importante de ellos, su moneda.

 

Dueño del mercado y comercio mundial, entra a regir sin contraparte alguna –al menos digna de tal nombre– la economía global. Queda al margen de esta realidad el bloque conocido como la Urss, el cual le compite en el plano militar.

 

Poderío que empieza a dar muestras de flaqueza con la derrota sufrida ante Vietnam en la década de los años 70 del siglo XX, y la descolonización acelerada del resto de países asiáticos y africanos. Y que en el plano económico-financiero global es contestada con la eliminación del oro como patrón de las divisas, otorgándose la libertad de emisión para el dólar, única moneda con aceptación global para ese entonces.

 

Su hegemonía tiene sus costos, pues ser policía global demanda inmensas inversiones y, como es obvio, las guerras agotan, como también el ensanchamiento constante del control territorial. La máquina militar exige más y más gastos, también su inmensa burocracia global: además de sus inversiones en tierra, y de sus variadas investigaciones para perfeccionar su armamento y mecanismos de control social, nace y se prolonga el proyecto de colonizar el espacio, buscando (entre otros propósitos) un lugar seguro donde migrar en caso de un bombardeo nuclear. Los gastos que demanda esta investigación son cada vez más colosales.

 

Otros tiempos fueron mejores –los 30 años gloriosos–, pierden vitalidad y la máquina se oxida; a la par otros países alcanzan logros de todo orden, inocultables. El control total da paso a la disputa, bien en el comercio, en tecnología, en valores, modelo de vida, y otros aspectos. Naciones Unidas es claro reflejo de ello, también el manejo de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y similares. Ya su voz no es la única, otros hacen sentir la suya.

 

Antes fue el tiempo de la ganancia total, ahora resaltan las pérdidas, los desequilibrios, las deudas, todo ello soportado porque su desbocada emisión de moneda así lo permite. Pérdidas que rompen la caja y dejan ver el cobre de lo que antes fue oro. Esta es la razón por la cual Trump llega al gobierno con un proyecto profundamente nacionalista, cimentado en la promesa de hacer de los Estados Unidos lo que antes fue, así lo reafirmó al momento de su posesión: “A partir de este día, una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este día, va a ser sólo “Estados Unidos lo primero” – Estados Unidos lo primero”.

 

La preocupación suya, y de todos aquellos millonarios a los que representa, no es casual. Veamos: durante el año 2015 Estados Unidos vendió al mundo bienes y servicios por valor de 1 billón 510 mil millones de dólares, y en el mismo año importó mercancías por 2 billones 762 mil millones. Es decir, en 2015 su déficit fue de -763 mil millones de dólares, del cual China acumuló el 48.1% a su favor (17,5% vía exportaciones y el restante en préstamos1.

 

El déficit es claro. El problema es que esta realidad no es de ahora, no es casual, sino que es una constante presente desde hace más de dos décadas (ver cuadro, balanza comercial), déficit resumido en la escandalosa deuda pública que en 2016 ascendió a 19.433 billones de dólares (el 105% de su PIB), gran parte de ella en poder de acreedores extranjeros2.

 

Crisis evidente, insostenible en el largo plazo, a pesar de que aún le queda un espacio donde domina, los servicios. “[...] en 2015 EU fue superavitario en 262 mil millones de dólares en el intercambio de servicios con todo el mundo. De este total, con China fue el 12.6 por ciento, Canadá 10.3, Japón 5.7. Su superávit con la Unión Europea fue de 20.6 por ciento, con América Latina y del Sur 19.1 y con el resto del mundo 27.9 por ciento” (ver gráfico G-5).

 

Para salir de este atolladero, en parte o total, los grupos de poder en los Estados Unidos ensayaron durante las últimas décadas la concreción de Tratados de Libre Comercio con países en particular o con grupos de éstos. Bien, los resultados logrados no fueron los esperados, y contrario a todo lo proyectado tales Tratados propiciaron el desmantelamiento de una importante parte de su industria, tanto la automotriz, como la informática y similares. El desempleo y la precariedad laboral, multiplicando pobres a lo largo de su territorio, es lo cosechado.

 

No es casual, por tanto, lo enfatizado por Trump a la hora de posicionarse como Presidente: “Los políticos prosperaron, pero los trabajos se fueron y las fábricas cerraron. [...]. Recuperaremos nuestros empleos. Recuperaremos nuestras fronteras. Retornaremos nuestra riqueza. Y traeremos de vuelta nuestros sueños. [...]. Construiremos nuevas carreteras, autopistas, puentes, aeropuertos, túneles y ferrocarriles en toda nuestra maravillosa nación”.

 

Como tampoco es casual que ahora procuren recuperar la parte del pastel que tenían en el comercio global, para lo cual el nuevo gobierno promete subir aranceles a todas sus multinacionales que producen por fuera del territorio gringo atraídos por los bajos salarios allende de sus fronteras, importando luego lo producido, a la par que diseña estímulos para que las relocalicen. Al mismo tiempo, aplicar un plan de choque para reactivar la infraestructura nacional, deteriorada a todo nivel. Estatismo, puro sin mencionarlo.

 

Inversión pública para crear empleo, pero también para irrigar la economía nacional de circulante, elevando la capacidad de compra de su ciudadanía, favoreciendo con todo ello a la industria local la cual verá decrecer sus inventarios e incrementar su potencial productivo. El sector financiero no queda en el olvido, así lo reflejan los permanentes y crecientes indicadores de la Bolsa de Nueva York, pero también el levantamiento de las restricciones impuestas al sector desde la crisis de 2008, pudiendo ahora especular de nuevo sin cortapisas, medida aprobada hace poco por el gobernante de turno.

 

Esta es una vía. Y por la otra la potenciación de su arsenal militar, para intimidar, pero también para inyectarle capital a la industria que lo produce. Es decir, los industriales ganan por cabeza y cola. Poder repotenciado con el cual intimidarán mucho más a todos aquellos países que ahora tratan de competirle y arañarle el dominio de sus áreas de influencia y control, potencial militar con el cual queda claro que el imperio pierde en ciertos sectores pero aún conserva en todo el mundo –¿hasta cuándo?– la última palabra. ¿Patada de ahogado?

 


 

1 Los datos económicos aquí relacionados fueron tomados de, http://www.jornada.unam.mx/2017/02/27/opinion/024o1eco
2 Valga aquí anotar que mientras Estados Unidos le exige a todos los países equilibro en su gasto –que sigan al pie de la letra lo que aquí conocemos como la Regla Fiscal– ellos no se atienen a nada de esto. ¿Por qué funciona esto así? Porque necesitan asegurarse que todos aquellos que le deben le paguen, y como el neoliberalismo cerró la máquina de hacer billetes por parte de los bancos centrales de cada país, pues requiere que estos recojan a como de lugar el dinero –de verdad– para cancelarles.

Publicado enColombia
Sábado, 25 Marzo 2017 11:23

¿Patada de ahogado?

¿Patada de ahogado?

Donald Trump, cabeza de un gobierno polémico. Sus medidas, retrógradas, no dan para menos. Medidas ¿justas?, ¿injustas?, ¿nuevas? ¿prolongación de otras tomadas por sus predecesores? Cada uno podrá responder a estos interrogantes, pero lo fundamental por desentrañar, cuando colocamos nuestra mira en el futuro de la geopolítica global, es a qué se deben las medidas políticas impulsadas por los sectores del poder por él representados. Aquí un primer acercamiento sobre este particular

 

Desde hace varias décadas, estudiosos de los Estados Unidos, de su poder, devenir y futuro, han resaltado las diversas muestras de su decadencia, a la par que llaman la atención sobre los avances logrados por países como Rusia, India y China, en especial este último, ubicado en el tablero mundial como único país con capacidad –¿y pretensiones?– para disputarle su liderazgo global.

 

Algunos de estos estudiosos se atreven a proyectar para la cuarta década del siglo que vivimos la total caída del imperio que dominó el Sistema Mundo Capitalista durante todo el largo siglo XX. Otros de éstos indican que ahora mismo el unilateralismo vigente desde el momento en que cayó la Cortina de Hierro ha pasado a ser un dominio compartido con Rusia + China; papel facilitado, en el caso de la cabeza de la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (Urss), por su potencial militar que lo erige en un contendor de peso mayor en caso de una confrontación nuclear.

 

Decadencia y pérdida de la hegemonía mundial por parte de los Estados Unidos, con riesgo de caer totalmente en la sombra. Suceso que no tomará forma de manera impune. Como es conocido, todo aquel que va hacia el fondo, en caída libre, patalea, se resiste, se agarra de lo que encuentre en el camino, y en este particular no será distinto; lo que diferencia este caso de aquello que acontece con las personas como particulares es que el pataleo del imperio será con sangre, con mucha sangre, colocando incluso en riesgo la misma sobrevivencia de la especie humana. Si no es así, entonces ¿para qué el inmenso arsenal nuclear que guarda en sus entrañas, además de tenerlo regado por diversas bases militares ubicadas en países aliados?

 

En la lectura de esta realidad reside la explicación o trasfondo del ascenso de Donald Trump al gobierno del coloso, ahora sí con pies de barro. El nuevo inquilino de la Casa Blanca en verdad es el representante del ala más extremista de los millonarios gringos que colonizaron y por décadas han oprimido a millones de seres humanos a lo largo y ancho de nuestro mundo. Él es su vocero y, tal vez, “la cara más simpática” de unos guerreristas que amasaron inmensas fortunas expoliando a toda la humanidad, todos ellos, banqueros, comerciantes, industriales, especuladores, guerreros, acostumbrados a ganar. Pero también acostumbrados al reino de sus valores y modelo de vida (insostenible), el cual ahora es cuestionado y disputado. Pierden terreno, pero no quieren seguir viendo como su poder se deshace ante sus ojos.

 

El pedazo de pastel

 

Si bien el ascenso del imperio gringo fue inocultable desde finales del siglo XIX, cuando desplazó al imperio inglés, es durante el siglo XX que consolida su potencial como resultado de la que es conocida como Primera Guerra Mundial y con ella del fin del imperio Otomano; realidad que consolida de manera irrebatible como resultado lógico del segundo capítulo de esta misma guerra, de la cual surge como el patrón y árbitro mundial.

 

Luego de 1945, y por primera vez en la historia de la humanidad, un imperio es de verdad global, abarcando al conjunto del planeta, sometiendo por todos los continentes y por distintas vías diversidad de países e imponiendo sobre el conjunto global sus designios, el primero y más importante de ellos, su moneda.

 

Dueño del mercado y comercio mundial, entra a regir sin contraparte alguna –al menos digna de tal nombre– la economía global. Queda al margen de esta realidad el bloque conocido como la Urss, el cual le compite en el plano militar.

 

Poderío que empieza a dar muestras de flaqueza con la derrota sufrida ante Vietnam en la década de los años 70 del siglo XX, y la descolonización acelerada del resto de países asiáticos y africanos. Y que en el plano económico-financiero global es contestada con la eliminación del oro como patrón de las divisas, otorgándose la libertad de emisión para el dólar, única moneda con aceptación global para ese entonces.

 

Su hegemonía tiene sus costos, pues ser policía global demanda inmensas inversiones y, como es obvio, las guerras agotan, como también el ensanchamiento constante del control territorial. La máquina militar exige más y más gastos, también su inmensa burocracia global: además de sus inversiones en tierra, y de sus variadas investigaciones para perfeccionar su armamento y mecanismos de control social, nace y se prolonga el proyecto de colonizar el espacio, buscando (entre otros propósitos) un lugar seguro donde migrar en caso de un bombardeo nuclear. Los gastos que demanda esta investigación son cada vez más colosales.

 

Otros tiempos fueron mejores –los 30 años gloriosos–, pierden vitalidad y la máquina se oxida; a la par otros países alcanzan logros de todo orden, inocultables. El control total da paso a la disputa, bien en el comercio, en tecnología, en valores, modelo de vida, y otros aspectos. Naciones Unidas es claro reflejo de ello, también el manejo de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y similares. Ya su voz no es la única, otros hacen sentir la suya.

 

Antes fue el tiempo de la ganancia total, ahora resaltan las pérdidas, los desequilibrios, las deudas, todo ello soportado porque su desbocada emisión de moneda así lo permite. Pérdidas que rompen la caja y dejan ver el cobre de lo que antes fue oro. Esta es la razón por la cual Trump llega al gobierno con un proyecto profundamente nacionalista, cimentado en la promesa de hacer de los Estados Unidos lo que antes fue, así lo reafirmó al momento de su posesión: “A partir de este día, una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este día, va a ser sólo “Estados Unidos lo primero” – Estados Unidos lo primero”.

 

La preocupación suya, y de todos aquellos millonarios a los que representa, no es casual. Veamos: durante el año 2015 Estados Unidos vendió al mundo bienes y servicios por valor de 1 billón 510 mil millones de dólares, y en el mismo año importó mercancías por 2 billones 762 mil millones. Es decir, en 2015 su déficit fue de -763 mil millones de dólares, del cual China acumuló el 48.1% a su favor (17,5% vía exportaciones y el restante en préstamos1.

 

El déficit es claro. El problema es que esta realidad no es de ahora, no es casual, sino que es una constante presente desde hace más de dos décadas (ver cuadro, balanza comercial), déficit resumido en la escandalosa deuda pública que en 2016 ascendió a 19.433 billones de dólares (el 105% de su PIB), gran parte de ella en poder de acreedores extranjeros2.

 

Crisis evidente, insostenible en el largo plazo, a pesar de que aún le queda un espacio donde domina, los servicios. “[...] en 2015 EU fue superavitario en 262 mil millones de dólares en el intercambio de servicios con todo el mundo. De este total, con China fue el 12.6 por ciento, Canadá 10.3, Japón 5.7. Su superávit con la Unión Europea fue de 20.6 por ciento, con América Latina y del Sur 19.1 y con el resto del mundo 27.9 por ciento” (ver gráfico G-5).

 

Para salir de este atolladero, en parte o total, los grupos de poder en los Estados Unidos ensayaron durante las últimas décadas la concreción de Tratados de Libre Comercio con países en particular o con grupos de éstos. Bien, los resultados logrados no fueron los esperados, y contrario a todo lo proyectado tales Tratados propiciaron el desmantelamiento de una importante parte de su industria, tanto la automotriz, como la informática y similares. El desempleo y la precariedad laboral, multiplicando pobres a lo largo de su territorio, es lo cosechado.

 

No es casual, por tanto, lo enfatizado por Trump a la hora de posicionarse como Presidente: “Los políticos prosperaron, pero los trabajos se fueron y las fábricas cerraron. [...]. Recuperaremos nuestros empleos. Recuperaremos nuestras fronteras. Retornaremos nuestra riqueza. Y traeremos de vuelta nuestros sueños. [...]. Construiremos nuevas carreteras, autopistas, puentes, aeropuertos, túneles y ferrocarriles en toda nuestra maravillosa nación”.

 

Como tampoco es casual que ahora procuren recuperar la parte del pastel que tenían en el comercio global, para lo cual el nuevo gobierno promete subir aranceles a todas sus multinacionales que producen por fuera del territorio gringo atraídos por los bajos salarios allende de sus fronteras, importando luego lo producido, a la par que diseña estímulos para que las relocalicen. Al mismo tiempo, aplicar un plan de choque para reactivar la infraestructura nacional, deteriorada a todo nivel. Estatismo, puro sin mencionarlo.

 

Inversión pública para crear empleo, pero también para irrigar la economía nacional de circulante, elevando la capacidad de compra de su ciudadanía, favoreciendo con todo ello a la industria local la cual verá decrecer sus inventarios e incrementar su potencial productivo. El sector financiero no queda en el olvido, así lo reflejan los permanentes y crecientes indicadores de la Bolsa de Nueva York, pero también el levantamiento de las restricciones impuestas al sector desde la crisis de 2008, pudiendo ahora especular de nuevo sin cortapisas, medida aprobada hace poco por el gobernante de turno.

 

Esta es una vía. Y por la otra la potenciación de su arsenal militar, para intimidar, pero también para inyectarle capital a la industria que lo produce. Es decir, los industriales ganan por cabeza y cola. Poder repotenciado con el cual intimidarán mucho más a todos aquellos países que ahora tratan de competirle y arañarle el dominio de sus áreas de influencia y control, potencial militar con el cual queda claro que el imperio pierde en ciertos sectores pero aún conserva en todo el mundo –¿hasta cuándo?– la última palabra. ¿Patada de ahogado?

 


 

1 Los datos económicos aquí relacionados fueron tomados de, http://www.jornada.unam.mx/2017/02/27/opinion/024o1eco
2 Valga aquí anotar que mientras Estados Unidos le exige a todos los países equilibro en su gasto –que sigan al pie de la letra lo que aquí conocemos como la Regla Fiscal– ellos no se atienen a nada de esto. ¿Por qué funciona esto así? Porque necesitan asegurarse que todos aquellos que le deben le paguen, y como el neoliberalismo cerró la máquina de hacer billetes por parte de los bancos centrales de cada país, pues requiere que estos recojan a como de lugar el dinero –de verdad– para cancelarles.

Publicado enEdición Nº233
Sábado, 25 Julio 2015 04:50

Alemania como problema

Alemania como problema

El mayor problema de Europa no es Grecia. Es Alemania. Hace poco más de dos años (3 de mayo de 2013) publiqué un texto titulado "El Diktat alemán", en el cual describía las justificaciones dadas por Alemania en el inicio de la Primera Guerra Mundial para las atrocidades que cometió contra un pequeño país, Bélgica, que se negaba a colaborar con sus designios bélicos. El modo destempladamente cruel como Alemania se está vengando de un acto de desobediencia de otro pequeño país, Grecia, nos obliga a examinar la historia reciente de Europa y, a partir de ella, pensar nuestro futuro común.


No se trata de desenterrar fantasmas enterrados hace mucho tiempo y menos de alentar supuestos sentimientos antigermánicos que sólo podrían accionar, por oposición, sentimientos filogermánicos. Eso sucedió hace setenta años y las discusiones que hubo de poco valieron a los pueblos europeos (y no europeos) masacrados por una guerra cruenta. Se trata solamente de repasar las soluciones que fueron dadas al problema alemán después de la Segunda Guerra Mundial, de analizar sus límites e imaginar otras soluciones posibles.


El problema alemán siempre fue el de ser demasiado grande para Europa y demasiado pequeño para el mundo. Por un lado, el expansionismo de los imperios alemán y austro-húngaro; por otro, una de las más pequeñas potencias coloniales europeas, con un corto período colonialista (1884-1919), y sin dejar siquiera la lengua alemana entre los colonizados, al contrario de lo que sucedió con las otras potencias europeas. Para no hablar de la guerra franco-prusiana (1870-1871), dominada por el deseo de Bismarck de unificar Alemania bajo la égida de Prusia y por el temor de Francia de que el resultado fuese un excesivo dominio alemán sobre Europa, la arrogancia bélica de Alemania en las dos guerras mundiales del siglo XX causó una devastación sin precedentes. Sólo en la Segunda Gran Guerra murieron 60 millones de personas, el tres por ciento de la población mundial de entonces. En 1945, la solución encontrada para contener el problema alemán fue la división de Alemania: una parte bajo control soviético y otra bajo control occidental. Esta solución fue eficaz mientras duró la Guerra Fría. Con la caída del Muro de Berlín (1989) y la subsecuente reunificación alemana hubo que encontrar otra solución.


Debe notarse que la reunificación alemana no fue diseñada como un nuevo Estado (como muchos demócratas de Alemania Oriental querían), sino como una ampliación de Alemania Occidental. Ello condujo a pensar que la solución estaba finalmente dada desde que en 1957 se creara la Comunidad Económica Europea (más tarde Unión Europea), con la participación de Alemania Occidental y con el objetivo, entre otros, de contener el extremo nacionalismo alemán. La verdad es que esta solución funcionaba "automáticamente" en tanto Alemania estuviese dividida. Después de la reunificación, tal solución dependería de la autocontención de Alemania. Esta autocontención fue durante los últimos veinticinco años el tercer pilar de la construcción europea, siendo los otros dos el consenso en las decisiones y la progresiva convergencia entre los países europeos. El modo como fue siendo "profundizada" la UE reveló que los dos primeros pilares estaban cediendo y que la creación del euro dio un golpe final en el pilar de convergencia. La importancia trascedente de la crisis griega es la de revelar que el tercer pilar también colapsó.


Debemos a los griegos el trágico mérito de mostrar a los pueblos europeos que Alemania no es capaz de autocontenerse. La nueva oportunidad dada a Alemania en 1957 acaba de ser desperdiciada. El problema alemán está de vuelta y no augura nada bueno. Y si Alemania no es capaz de autocontenerse, los países europeos tienen que hacerlo rápidamente. El antiguo canciller alemán, Helmut Schmitt, vio este peligro con impar lucidez al afirmar hace muchos años que, para su propio bien y el bien de Europa, Alemania no debería ni siquiera intentar ser el primero entre iguales. Mal podía imaginar él que Alemania se convertiría en pocos años en el primero entre desiguales. Y no nos tranquiliza pensar que la Alemania de hoy es una democracia, si esa democracia es über alles (sobre todos).


No olvidemos que la terapia de imposición violenta ejercida hoy contra Grecia fue practicada antes contra una región derrotada de Alemania, la Alemania Oriental, durante el proceso de reunificación. Y de facto estuvo dirigida por el mismo personaje, Wolfgang Schäuble, entonces ministro del canciller Helmut Kohl. La diferencia crucial fue que, en ese caso, la furia financiera de Schäuble tuvo que ser políticamente contenida por tratarse del mismo pueblo alemán. Los griegos y, de aquí en adelante, todos los europeos pagarán caro no ser alemanes. Esto a menos que Alemania sea democráticamente contenida por los países europeos.


No veo muchas ventajas en reaccionar defensivamente ante el regreso del soberanismo. En verdad, el soberanismo está ya instalado en Europa, sólo que bajo dos formas: el soberanismo ofensivo de los fuertes (encabezado por Alemania) y el soberanismo defensivo de los débiles (procurado por los países del sur a los que se junta, todavía medio aturdida, la propia Francia). En el contexto europeo, el soberanismo o el nacionalismo entre desiguales es una invitación a la guerra. De ahí que, por más tenue que sea la posibilidad de éxito, hay que tratar de reconstruir la Unión Europea sobre bases democráticas: una Europa de los pueblos donde dejen de dominar burócratas grises y no electos al servicio de los clientes más fuertes, ante la distracción fácil de representantes democráticamente electos pero políticamente desarmados.


Estas soluciones no resolverán todo, pues el problema alemán tiene otras dimensiones, principalmente culturales e identitarias, que se revelan con particular virulencia en relación a los países europeos del sur. En una carta dirigida a su amigo Franz Overbeck, el 14 de septiembre de 1884, Friedrich Nietzsche reprendía el "mediocre espíritu burgués alemán" por su prejuicio contra los países del sur de Europa: "Frente a todo lo que viene de los países meridionales asume una actitud entre la sospecha y la irritación, y sólo ve frivolidad... Es la misma resistencia que experimenta en relación a mi filosofía... Lo que detesta en mí es el cielo claro". Y concluía: "Un italiano me dijo hace poco: 'En comparación con lo que nosotros llamamos cielo, el cielo alemán es una caricatura". Traducido a los tiempos de hoy, es crucial que los europeos del sur convenzan a los alemanes que el cielo claro del sur no está solamente en las playas y el turismo. Está también en la aspiración de respeto por la diversidad como condición de paz, de dignidad y de convivencia democrática.

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Alemania, Francia e Italia rechazan la instalación de armas nucleares  de EU contra Rusia

¿Anhela Estados Unidos combatir nuclearmente a Rusia hasta el último ciudadano europeo?


Aún el excelso Boletín de los Científicos Atómicos no actualiza su reloj apocalíptico, que en enero había sido colocado a tres minutos de medianoche (http://goo.gl/QKiQ5x ).


Estados Unidos –único país que ha lanzado dos bombas nucleares sobre las mártires ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, lo cual parece haber olvidado su pugnaz premier Shinzo Abe– se apresta a librar pequeñas (sic) guerras nucleares mediante operaciones nucleares controladas (sic), lo cual propone su think tank Centro Estratégico de Estudios Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) en su reciente documento perturbador Proyecto Átomo: definiendo la estrategia nuclear de EU y la postura para 2025-2050, que considera la utilización del arsenal nuclear –basado en la nueva generación de ojivas tácticas y sus sistemas de lanzamiento– en una guerra contra Rusia (sic) o China (sic).


El muy influyente portal alemán Der Spiegel denuncia que Washington una vez más habla de estacionar sus ojivas nucleares en Europa y Rusia, también, levanta la retórica, mientras los "europeos están preocupados de encontrarse atrapados en medio de una nueva guerra fría" (http://goo.gl/ky9cc8 ).


Der Spiegel escudriña con microscopio la presente sensible situación, que puede convertir a Europa en el teatro de una tercera guerra, que inevitablemente sería nuclear, entre las dos máximas superpotencias atómicas del planeta: Estados Unidos y Rusia.
El portal alemán devela que durante una reciente reunión de ministros de Defensa de la OTAN, los alemanes y los franceses se pronunciaron contra medidas de represalia mediante la instalación de misiles nucleares de Estados Unidos en suelo europeo, cuando los alegatos de Washington sobre la pretendida ruptura por Rusia del Tratado de Fuerzas Intermedias Nucleares (INF, por sus siglas en inglés) –cuyo acuerdo entre Reagan y Gorbachov significó el fin de la guerra fría– son muy dudosos.


Lo real es que una aplastante mayoría de alemanes no desea nuevas (sic) armas nucleares de Estados Unidos en Europa. Al contrario, preferirían (sic) que sean retiradas las últimas bombas atómicas de Estados Unidos almacenadas cerca de Buchel, en Alemania occidental.


Mientras la intimidad de los mandatarios de Francia y Alemania ha sido motivo del obsceno espionaje de la ominosa Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, el ministro alemán de relaciones exteriores, Frank-Walter Steinmeier, ha descrito la exhumación de "los viejos reflejos de la guerra fría", al unísono de la espiral (sic) acelerada (sic) de palabras en escalada y luego de actos cuando Alemania –donde ha llegado mayor equipo militar almacenado– se puede convertir en una zona de despliegue: Estados Unidos planea estacionar tanques, armas y equipo pesado para 5 mil soldados estacionados en Alemania y en los países de la OTAN oriental.


La nuclearización europea hasta los límites de Rusia por Obama, incongruente premio Nobel de la Paz, vislumbra "apaciguar los temores de los estados bálticos –Lituania, Letonia y Estonia– y los países de Europa oriental –Polonia, Bulgaria y Rumania–", quienes desde la crisis de Ucrania temen una nueva agresión rusa.


Der Spiegel aduce que Moscú contempla los planes de EU como una mayor prueba de que Washington intenta expandir su esfera de influencia militar en Europa cuando Berlín no desea abandonar el tratado fundacional entre la OTAN y Rusia (nota: el INF), por lo que el gobierno alemán "excluye fundamentalmente el estacionamiento 'sustancial' o 'permanente' de tropas de la OTAN en el anterior bloque oriental". Ya veremos...


Der Spiegel juzga que todos los relevantes acuerdos –los desarmes convencional y/o nuclear– están perdiendo su valor, cuando Moscú y Occidente no se tienen ya confianza, según explayó Gorbachov: Si una de las partes pierde sus nervios en esta atmósfera inflamatoria, entonces no sobreviviremos los años que vienen.


A Der Spiegel le faltó la autocrítica de Europa, llevada al borde del precipicio nuclear por la amazona israelí-estadunidense Vicky Nuland, esposa del zelote straussiano Robert Kagan, uno de los arquitectos de los fracasos bélicos de Afganistán/Irak/Siria/Libia/Yemen etcétera.


Mas allá de los rebasados estadistas europeos que cayeron en la trampa del belicismo bursátil del complejo militar-industrial de Estados Unidos –a menos de un sorpresivo acto independiente de la canciller alemana Angela Merkel y del presidente francés François Hollande–, a mi juicio las tres únicas personas susceptibles de encaminar una anhelada distensión nuclear en el planeta entre Estados Unidos y Rusia son: el papa jesuita argentino Francisco, el mandarín Xi y el primer ministro de India, Narendra Modi.


No es fácil superar los atavismos y las heridas de la aciaga etapa soviética por los países bálticos/Polonia/Bulgaria/Rumania/Moldavia, pero el papa Francisco puede otorgar todas las garantías inalienables de inmunidad bélica a todos ellos, en particular a Polonia, país de profunda tradición católica.


Juzgo que el zar Vlady Putin estaría dispuesto a realizar una negociación creativa con Polonia sin el flagrante intervencionismo de los superhalcones de Estados Unidos (http://goo.gl/tmuwnB ).


Muchos de los países escindidos de la parte occidental de la ex URSS sobredimensionan –cuando no por las malignas instrucciones de Estados Unidos, por fines electoreros y/o de comisiones por la pantagruélica venta de armas– la fantasiosa amenaza de Rusia que se defiende desde el golpe de Estado en Kiev –promovido en gran medida por el megaespeculador George Soros, según grabaciones comprometedoras (http://goo.gl/kViDDK )– y su concomitante despliegue irredentista de la OTAN en la periferia inmediata de Moscú cuando ni Vlady Putin ni el complejo militar industrial ruso están dispuestos a repetir los suicidas errores trágicos de los ingenuos Gorbachov y Yeltsin.


A mi juicio, el Intermarium –que va del Mar Negro al Mar Báltico– debe ser declarado una zona libre de armas nucleares (http://goo.gl/WpiVl8 ), al unísono de la neutralidad obligada de Ucrania (entre el Grupo de Shanghai y la OTAN), extensiva a los países bálticos/Polonia/Rumania/Bulgaria/Moldavia–, a menos que deseen ser la carne de cañón de una confrontación nuclear entre las dos superpotencias Estados Unidos y Rusia.


Se detecta un enorme nerviosismo de Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de Carter e íntimo de Obama y, más que nada, uno de los diseñadores de la crisis de Ucrania –cuya instrumentación recayó en las dos amazonas israelí-estadunidenses Vicky Nuland y Anne Applebaum (anterior editora de The Economist)– cuando pregunta en su ya histórico tuit: "¿Los alemanes/franceses/italianos, quienes no desean –¡supersic!– defender a sus aliados de los países Bálticos de la OTAN, sienten –¡supersic!– que EU no debe defender a Alemania/Francia/Italia si son atacados?" (http://goo.gl/6hXTbf ).


Entre Brzezinski y George Soros –presunto títere de los banqueros esclavistas Rothschild–, ¡que Dios agarre confesados a los cándidos europeos!


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Viernes, 06 Febrero 2015 06:50

Mirar la realidad de frente para cambiarla

Mirar la realidad de frente para cambiarla

Aunque resulta indudable que vivimos un periodo turbulento y, por tanto, opaco y confuso, la diversificación de los puntos de observación y análisis necesarios para comprenderlo no debería dejar de lado principios éticos sin los cuales la actividad para cambiar el mundo pierde sentido. Las modas intelectuales, así como las ilusiones en la evolución gradual del sistema, poco ayudan para guiarnos en la turbulencia.


Una de esas modas es la geopolítica. No son pocos los que buscan atajos que nos evitarían los inevitables dolores de esta etapa. Los BRICS forman parte de la nueva realidad multipolar y caótica, llamados como están a desplazar a las potencias del Norte (Estados Unidos, Unión Europea y Japón) como centros excluyentes del sistema-mundo. Sin embargo, los países llamados emergentes encarnan formas y modos de gestión del capitalismo diferentes al modelo anglosajón, pero tan capitalistas como éste.


Si nos congratulamos de la transición en curso hacia un mundo multipolar, es en la convicción de que el caos sistémico y la multiplicidad de poderes son caldo de cultivo para la lucha antisistémica. Ni más ni menos.


Las miradas gradualistas no toman en serio que vivimos bajo varias guerras. Los 70 años transcurridos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial parecen haber convencido a muchos analistas de que las guerras se han extinguido, cuando son el modo habitual del capitalismo en su fase extractiva y de acumulación por despojo/robo.


El análisis zapatista sobre la cuarta guerra mundial del capital contra los pueblos ayuda a comprender las agresiones que sufren los de abajo en todo el mundo, desde las guerras de aniquilación abiertas, como en Medio Oriente, hasta las guerras silenciosas, que el modelo extractivo descarga sobre los pueblos para instalar minas a cielo abierto, monocultivos y represas hidroeléctricas, por mencionar los casos más frecuentes.


Hay guerras económicas, monetarias, por el control de las fuentes de agua; guerras contra las mujeres y los niños y niñas, en fin, el más diverso tipo de agresiones sistemáticas y sistémicas contra los más diversos pueblos y sectores sociales.


José Luis Fiori, profesor de política económica en la Universidad Federal de Río de Janeiro y coordinador del grupo de investigación Poder Global y geopolítica del capitalismo, esboza una mirada distinta de la economía actual. Debemos comenzar por el análisis y comprensión de cómo funcionan los mercados internacionales, que se parecen más a una guerra de movimientos entre fuerzas desiguales que a un intercambio entre unidades iguales y bien informadas (página13.org.br, 30/1/15).


Inspirado en el historiador Fernand Braudel, Fiori considera que estados y capitales actúan en esa guerra asimétrica como grandes predadores en la lucha por el control monopólico de posiciones de mercado, innovaciones tecnológicas y lucros extraordinarios.


Las consideraciones anteriores (mercados como guerras de posiciones, estados/capitales como predadores) son más consistentes que considerarlos herramientas casi neutrales que pueden ser utilizadas por clases, razas, géneros y etnias en su beneficio. Posiciones de este tipo tienden a desarmar a los de abajo en este periodo en el que no pueden ni deben confiar en otra cosa que no sean sus propias fuerzas y capacidades.


Quisiera agregar tres ideas que Fiori viene esbozando en sus artículos periodísticos y en las que se explaya en su último libro História, estratégias e desenvolvimento: para uma geopolítica do capitalismo (Boitempo, São Paulo, 2014). La primera se relaciona con China, pero puede aplicarse a todos los BRICS. "El poder es siempre expansivo (....) Fue así en cualquier tiempo y lugar, durante toda la historia de la humanidad, independiente de la existencia de economías de mercado, y mucho antes de la existencia del capitalismo" (Outraspalavras, 25 /4/13). Nos alerta sobre la creencia de que Rusia, o China, puedan ser y hacer algo muy distinto de lo que ya conocemos. No son fuerzas anticapitalistas.


La segunda se relaciona con la economía; dice que ésta se subordina a los objetivos de larga duración de los estados. Las políticas económicas de los países varían en el espacio y en el tiempo, y su éxito o fracaso depende de factores externos a la propia política económica, y no a la verdad o falsedad de sus premisas teóricas (Carta Maior, 27/11/14).
Afirma que es inútil buscar políticas económicas de izquierda. Se trata de tener en cuenta los objetivos en función de los cuales los estados adoptan diversos lineamientos económicos. Tiene la virtud que nos aleja del economicismo dominante en las izquierdas, los progresismos y muchos movimientos sociales. En todo caso, esa premisa no debería ser adoptada al pie de la letra por los movimientos antisistémicos, porque es la ética la que preside su accionar.


Por último, tiene una mirada muy clara de la política de Estados Unidos. Recuerda que fue Nicholas Spykman el teórico geopolítico que tuvo mayor influencia en la política exterior estadunidense en el siglo XX. Dividía el subcontinente latinoamericano en dos partes. La parte norte incluye hasta Centroamérica, el Caribe, Venezuela y Colombia, que deben permanecer en absoluta dependencia de Estados Unidos.


El resto de Sudamérica cuenta con tres estados, como Brasil, Argentina y Chile, que pueden amenazar la hegemonía imperial si actúan en común, amenaza que debe ser respondida a través de la guerra. Fiori considera que el problema no es el imperio, sino en este caso la región y, muy en concreto, su propio país: Brasil. Estos son los términos de la ecuación y la posición estadunidense fue siempre muy clara. Lo mismo no se puede decir de la política exterior brasileña (Sin Permiso, 30/03/14).


Nada ganamos culpando al imperio de nuestras debilidades. Es imposible cambiar al enemigo. La pelota está en nuestro campo y sólo nos sirve mirar la realidad de frente.

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Sábado, 01 Noviembre 2014 08:05

EU, el Estado terrorista número uno

EU, el Estado terrorista número uno

Oficial: EU es el mayor Estado terrorista del mundo y se enorgullece de serlo.

Esa debería ser la cabeza de la nota principal del New York Times del 15 de octubre pasado, cuyo título, más cortés, dice así: Estudio de la CIA sobre ayuda encubierta provoca escepticismo sobre el apoyo a rebeldes sirios.


La nota informa sobre una revisión hecha por la CIA a las operaciones encubiertas recientes para determinar su efectividad. La Casa Blanca concluyó que, por desgracia, los éxitos son tan escasos que es necesario reconsiderar esa política.


Se incluye una declaración del presidente Barack Obama de que pidió a la CIA llevar a cabo esa revisión para encontrar casos en los que financiar y proveer de armas a una insurgencia en algún país haya funcionado bien. Y no pudieron hallar mucho. Por eso Obama tiene cierta renuencia a continuar con esos esfuerzos.


El primer párrafo cita tres ejemplos importantes de ayuda encubierta: Angola, Nicaragua y Cuba. En realidad, cada uno fue una importante operación terrorista lanzada por Estados Unidos.


Angola fue invadida por Sudáfrica, que, según Washington, se defendía de uno de los más notorios grupos terroristas del mundo: el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela. Eso fue en 1988.


Para entonces el gobierno de Ronald Reagan estaba prácticamente solo en su apoyo al régimen del apartheid, incluso violando las sanciones que su propio Congreso había impuesto al incremento del comercio con su aliado sudafricano.


Washington se unió a Sudáfrica en dar apoyo crucial al ejército terrorista Unita de Jonas Savimbi en Angola. Continuó haciéndolo incluso después de que Savimbi sufrió una rotunda derrota en una elección libre y cuidadosamente vigilada, y de que Sudáfrica le había retirado el respaldo.


Savimbi era un monstruo cuya ambición de poder había llevado abrumadora miseria a su pueblo, en palabras de Marrack Goulding, embajador británico en Angola.


Las consecuencias fueron horrendas. Una investigación de la ONU en 1989 estimó que las depredaciones sudafricanas provocaron 1.5 millones de muertes en países vecinos, sin mencionar lo que ocurría en Sudáfrica misma. Fuerzas cubanas finalmente vencieron a los agresores sudafricanos y los obligaron a retirarse de Namibia, la cual habían ocupado ilegalmente. Sólo Estados Unidos siguió apoyando al monstruo Savimbi.


En Cuba, después de la fallida invasión de Bahía de Cochinos en 1961, el entonces presidente estadunidense John F. Kennedy lanzó una campaña asesina y destructiva para llevar los terrores de la Tierra a Cuba, según palabras del historiador Arthur Schlesinger, aliado cercano del mandatario, en su biografía semioficial de Robert Kennedy, a quien se asignó la responsabilidad de esa guerra terrorista.


Las atrocidades contra Cuba fueron graves. Los planes consideraban que el terrorismo culminara en un levantamiento en octubre de 1962, que daría pie a una invasión estadunidense. Hoy día la academia reconoce que esa fue una de las razones por las que el entonces primer ministro soviético Nikita Jrushchov emplazó misiles en Cuba, con lo que se produjo una crisis que se acercó peligrosamente a una guerra nuclear. El entonces secretario de la Defensa Robert McNamara concedió más tarde que si él hubiera sido un gobernante cubano, habría esperado una invasión estadunidense.


Los ataques terroristas contra Cuba continuaron durante más de 30 años. Desde luego, el costo para los cubanos fue severo. Los recuentos de víctimas, de los que apenas si se oye en Estados Unidos, fueron dados a conocer en detalle por primera vez en un estudio del experto canadiense Keith Bolender, Voices From the Other Side: an Oral History of Terrorism Against Cuba (Voces desde el otro lado: historia oral del terrorismo contra Cuba), en 2010.


El saldo de la prolongada guerra terrorista fue amplificado por un sofocante embargo, que continúa a la fecha en desafío al mundo. El 28 de octubre pasado, la Asamblea General de la ONU avaló, por vigésimo tercera vez, la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba. La votación fue de 188 a dos (Estados Unidos e Israel) y tres abstenciones de subordinados isleños de Estados Unidos en el Pacífico.


Hoy día existe cierta oposición al embargo en altos estratos estadunidenses, informa ABC News, porque ya no es útil (citando el libro reciente de Hillary Clinton, Hard Choices). El experto francés Salim Lamrani pasa revista a los aciagos costos para los cubanos en su libro de 2013 La guerra económica contra Cuba.


Apenas si hace falta mencionar a Nicaragua. La guerra terrorista de Ronald Reagan fue condenada por el Tribunal Internacional de La Haya, que ordenó a Estados Unidos poner fin a su uso ilegal de la fuerza y pagar sustanciales reparaciones de daños.


Washington respondió intensificando la guerra y vetando una resolución del Consejo de Seguridad que llamaba a todos los estados –con dedicatoria a Estados Unidos– a observar el derecho internacional.


Otro ejemplo de terrorismo se conmemorará el 16 de noviembre, en el 25 aniversario del asesinato de seis sacerdotes jesuitas en San Salvador por una unidad terrorista del ejército salvadoreño, armada y entrenada por Estados Unidos. Bajo las órdenes del alto mando militar, los soldados irrumpieron en la universidad jesuita para dar muerte a los sacerdotes y a todo testigo, incluidas su ama de llaves y la hija de ésta.


Este suceso culminó las guerras terroristas de Estados Unidos en Centroamérica en la década de 1980, aunque sus efectos aún ocupan las primeras planas, en los informes acerca de los inmigrantes ilegales, que en buena medida huyen de las consecuencias de aquella carnicería y son deportados de Estados Unidos para sobrevivir, si pueden, en las ruinas de sus países de origen.


Washington también ha surgido como el campeón mundial en generar terror. El ex analista de la CIA Paul Pillar advierte sobre el impacto generador de resentimiento de los ataques de Estados Unidos en Siria, que podrían inducir aún más a las organizaciones yihadistas Jabhat al-Nusra y Estado Islámico a reparar su ruptura del año pasado y hacer campaña conjunta contra la intervención estadunidense, presentándola como una guerra contra el Islam.


Esa es ahora una consecuencia familiar de las operaciones estadunidenses, que han ayudado a propagar el yihadismo de un rincón de Afganistán a gran parte del planeta.


La manifestación más temible del yihadismo hoy día es el Estado Islámico, o Isil, que ha establecido su califato asesino en vastas zonas de Irak y Siria.


Creo que Estados Unidos es uno de los creadores claves de esta organización, asevera el ex analista de la CIA Graham Fuller, prominente comentarista sobre aquella región. Estados Unidos no planeó la formación del Isil, pero sus intervenciones destructivas en Medio Oriente y la guerra en Irak fueron las causas básicas del nacimiento del Isil, añade.


A esto podríamos agregar la mayor campaña terrorista del orbe: el proyecto global de asesinato de terroristas lanzado por Obama. El impacto generador de resentimiento de esos ataques con drones y con fuerzas especiales debe de ser bastante conocido para requerir mayor comentario.


Todo esto constituye un registro que hay que contemplar con cierto horror.



Traducción: Jorge Anaya

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