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¿Parteaguas?
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Francesco Tonucci: "Muchos intereses de mercado...
"Si una fábrica produce un 30% de coches que no andan, debería cerrar. De la escuela se podría decir lo mismo", sugiere el psicopedagogo Francesco Tonucci, que cree que la escuela actual ni funciona ni es igualadora   Francesco Tonucci, psicopedagogo, pensador y dibujante italiano, lleva... Leer Más
La nueva fase de anexión israelí
Regresemos a Balfour. No se trata de si Israel se anexará Cisjordania más adelante este mes, o cuánto o cuánto más de ella. Se trata de la promesa original británica de 1917 –o el pecado original, si uno es árabe– y lo que expresaba en palabras. Porque, después de la verborrea acerca de la... Leer Más
Cocaína colombiana: ¿Dónde estamos?
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El perverso mensaje de EEUU al apropiarse del...
Días atrás del gobierno de Donald Trump decidió comprar grandes cantidades del fármaco remdesivir, casi todo lo que el fabricante será capaz de ofrecer al mundo durante los próximos tres meses.   Se trata del primer medicamento aprobado contra el COVID-19, patentado por la empresa Gilead,... Leer Más
Nueva gripe porcina: otra pandemia en ciernes
Un estudio publicado esta semana alerta que una nueva cepa de gripe porcina (G4 EA H1N1) ha mutado para infectar a humanos y se está expandiendo en varias provincias de China. Más de 300 trabajadores de instalaciones de cría industrial de cerdos dieron positivo a esa cepa. Los autores advierten... Leer Más
El último botín del imperio británico: 930...
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¿Por qué América Latina es el epicentro de la...
Entre los países con mayor cantidad de infectados por el Covid-19, hay cuatro latinoamericanos: Brasil (segundo), Perú (séptimo), Chile (octavo) y México (décimo). Chile tiene el triste récord de contagiados por habitante (15 mil cada millón), seguido por Perú (8 mil 500), muy por encima de... Leer Más
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El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se dan la mano después del discurso de Trump en el Museo de Israel en Jerusalén el 23 de mayo de 2017. REUTERS / Ronen Zvulun / ARCHIVO

Coincidiendo con el debate en la Kneset sobre la inmunidad de Benjamín Netanyahu, está previsto que Donald Trump revele el trabajoso "acuerdo del siglo" para resolver el conflicto entre israelíes y palestinos. Las posibilidades de que el plan prospere son nulas. Su anuncio responde a los problemas internos de ambos presidentes con la justicia más que a un intento de alcanzar la paz.

El "acuerdo del siglo" que ha preparado la administración estadounidense para resolver el conflicto entre israelíes y palestinos es una iniciativa que no tiene ninguna posibilidad de prosperar, y lo saben todas las partes implicadas, empezando por el presidente Donald Trump, pasando por el primer ministro Benjamín Netanyahu y terminando por el presidente Mahmud Abás.

La administración americana ha estado trabajando en su plan durante tres años. El lunes Netanyahu dijo que durante ese tiempo ha hablado en decenas de ocasiones con Trump y con su equipo, presidido por Jared Kushner, yerno del presidente y amigo de Netanyahu. La relación entre Kushner y Netanyahu viene de lejos. Cuando Kushner era niño le cedía su cama cada vez que Netanyahu era huésped de su padre.

Por el contrario, los palestinos dejaron de hablar con Trump hace más de dos años, cuando la administración reconoció Jerusalén como capital del estado judío y trasladó su embajada a la ciudad santa. Además, Trump ha reconocido como israelíes los asentamientos judíos de los territorios ocupados, ha suprimido la ayuda a los refugiados palestinos y ha cerrado la representación palestina en Estados Unidos, sin contar que también ha reconocido la anexión del Golán sirio.

Queda demostrado que la ley internacional, lo último que preocupa a Netanyahu, también es lo último que preocupa a Trump. El acuerdo del siglo es simplemente un grotesco paso en esa dirección que permitirá a Israel decir una vez más que los palestinos pierden todas las oportunidades que se les presentan para alcanzar la paz.

En Ramala ni siquiera echan humo. Están de sobras acostumbrados a los desplantes de Israel y Estados Unidos. Un alto funcionario dijo que con el acuerdo del siglo se alumbra a un niño que murió mucho antes de su nacimiento. Es posible que haya protestas en los próximos días, pero no servirán de mucho: Israel seguirá construyendo a destajo en las colonias judías mientras la comunidad internacional, es decir Europa, se cruza de brazos.

"Trump y Netanyahu son dos socios que se necesitan mutuamente; los dos se encuentran atrapados con problemas ante la justicia, de modo que van a apoyarse uno al otro hasta el final", comenta a Público un funcionario palestino. "Trump miente cuando dice que ha hablado con los palestinos, porque no es así. Esto no es el comienzo de nada, es un plan que va a fracasar porque legitima la anexión a Israel de los territorios ocupados".

Pero la farsa no se detendrá ocurra lo que ocurra. El lunes Trump recibe en la Casa Blanca al líder de la oposición israelí, Benny Gantz, y el martes, a Netanyahu. Se ha dicho que les quiere informar de su acuerdo del siglo, como si Netanyahu desconociera este plan que el mismo ha trazado en compañía de sus amigos americanos incondicionales.

Acuerdo e imputaciones

El elemento más tangible de la farsa es que Trump ha decidido hacer público el acuerdo la misma semana que la Kneset aborda la solicitud de inmunidad de Netanyahu, quien está imputado en tres graves casos de corrupción. El primer ministro está haciendo todo lo humanamente posible para librarse de las imputaciones, y en Israel se señala que el inesperado anuncio de Trump es otro intento de salvar de la justicia a su amigo.

Tras la reunión en la Casa Blanca, Gantz regresará inmediatamente a Israel. Al día siguiente, el martes, a partir de las 11.00 horas, el pleno de la Kneset tiene que confirmar a la comisión que abordará la inmunidad de Netanyahu. La oposición cuenta con mayoría en esa comisión y en el pleno de la cámara, de manera que lo más probable, si no ocurre nada inesperado en las próximas horas, es que la comisión rechace en los próximos días la petición de inmunidad.

"Estos no son día normales para Israel", dijo Gantz antes de emprender el viaje. "Después de la importante reunión (con Trump) regresaré a Israel para liderar de cerca los debates en relación a la inmunidad de Netanyahu". La oposición parece determinada a llevar este asunto hasta el final. Sin embargo, Netanyahu no estaría obligado a dimitir si se le retira la inmunidad aunque ello representaría un duro golpe para él.

Éxtasis en la derecha israelí

La derecha y los medios hebreos vinculados a la derecha han entrado en éxtasis. El propio Netanyahu ha dicho que el plan de Trump, que en realidad es el plan del primer ministro israelí, es una oportunidad única, que solo se da una vez en la historia. Uno de esos periódicos ha reconocido que el acuerdo del siglo no ha sido negociado entre Israel y los palestinos sino entre Netanyahu y Trump, aunque sería más correcto decir que es un acuerdo dictado al pie de la letra por Netanyahu.

El acuerdo da permiso a Israel para anexionarse todas las colonias judías y mantiene el control exclusivo de Israel sobre toda Jerusalén. En cuanto a los refugiados palestinos, prevé una especie de compensación internacional que exime a Israel de cualquier responsabilidad. Además, Israel mantendrá la presencia de su ejército en la Cisjordania ocupada.

A los palestinos se les ofrece una limitada soberanía sobre partes de Cisjordania, soberanía que no podrán ejercer debido a la presencia masiva de asentamientos y tropas israelíes. Israel tendría que tragarse el sapo de que se proclamara un Estado palestino, aunque en la práctica esta proclamación no tendría ninguna repercusión sobre la realidad.

En resumen, el acuerdo está directamente relacionado con la política interna de Israel y de Estados Unidos más que con los palestinos, y más concretamente con las tribulaciones que Netanyahu y Trump tienen con la justicia. No existe ninguna posibilidad de que prospere, pero sí de que Israel siga expandiendo su presencia colonial en los territorios ocupados.

JERUSALÉN

27/01/2020 08:08

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Sharif Shayaq, uno de los voceros talibanes.  Imagen: EFE

El mandatario republicano anunció la suspensión de un encuentro "secreto" con los talibanes y el gobierno de Afganistán a realizarse en territorio estadounidense, 

El sorpresivo anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, referido a la cancelación de las conversaciones de paz con los talibanes pone en duda el plan de retiro de tropas de Washington en Afganistán, y eleva el riesgo de un recrudecimiento de la violencia en el país asiático. El detonante de la suspensión de las negociaciones fue la muerte de 12 personas, entre ellas un soldado estadounidense, tras un atentado en Kabul. Los talibanes se vieron sorprendidos por la decisión de Trump y afirmaron que Estados Unidos "sufrirá más que nadie" las consecuencias. 

"Cuando los talibanes trataron de ganar ventaja en la negociación realizando ataques terroristas dentro del país, el presidente Trump tomó la decisión adecuada. No tenía sentido recompensarlos por este mal comportamiento", dijo el secretario de Estado Mike Pompeo, en una entrevista con la cadena CNN. No obstante, aseguró que Washington sigue abierto a alcanzar un acuerdo de paz con "condiciones" tras el atentado mortal de Kabul, capital afgana, del jueves pasado, en el que murieron una docena de personas, entre ellas un soldado estadounidense.

Entre los temas que los talibanes habían aceptado dialogar, indicó Pompeo, se encontraban sentarse a negociar con el gobierno de Afganistán, alcanzar una "cierta reducción en los niveles de violencia" y romper con el grupo terrorista Al Qaeda. No obstante, remarcó que "si no se cumplen esas condiciones, no vamos a entrar en ningún acuerdo".

Las declaraciones de Pompeo surgen un día después de que Trump anunciara la suspensión de un encuentro "secreto" con los talibanes y el gobierno de Afganistán a realizarse en territorio estadounidense, y la cancelación de las conversaciones de paz. Trump justificó la decisión a través de una serie de mensajes en Twitter tras el atentado en Kabul.

“Sin ser conocido casi por nadie, los principales líderes talibanes y, de forma separada, el presidente de Afganistán, iban a encontrarse de manera secreta conmigo el domingo en Camp David”, dijo el mandatario, en referencia a la residencia de descanso presidencial en Maryland, a las afueras de Washington.

El mandatario lamentó que, "para intentar conseguir una falsa ventaja" en las negociaciones, los talibanes cometieron un atentado el jueves pasado. Se trataba del segundo ataque de los insurgentes en pocos días en la capital afgana, a pesar del "acuerdo de principio" que el negociador estadounidense, Zalmay Khalilzad, afirmaba haber cerrado a partir de negociaciones en Doha, y que había presentado al presidente afgano, Ashraf Ghani, a principios de la semana pasada.

"¿Qué tipo de personas mata a tanta gente para lograr una aparente mejoría de su posición en las negociaciones? Han fracasado, ¡sólo han conseguido empeorar las cosas!", twitteó Trump. "Si son incapaces de aceptar un alto el fuego durante esas negociaciones de paz tan importantes, y están incluso dispuestos a matar a 12 inocentes, es que probablemente no tienen la capacidad de negociar un acuerdo significativo. ¿Cuántas décadas quieren seguir combatiendo?", agregó el presidente estadounidense.

Desde Doha, el portavoz de la oficina política de los talibanes en la capital de Qatar, Suhail Shaheen, calificó de "sorprendente" el anuncio de Trump y agregó que siembra dudas sobre su "credibilidad". "Hace unos días concluimos un acuerdo con la parte estadounidense, su contenido fue subrayado por los dos equipos y fue entregado al lado qatarí. Todos estaban satisfechos, se acordó que sería anunciado por el gobierno de Qatar", afirmó Shaheen en su cuenta de Twitter.

Los talibanes en Afganistán fueron más allá al afirmar que Estados Unidos "sufrirá más que nadie", aunque dejaron la puerta abierta a futuras negociaciones. "Todavía creemos que el lado estadounidense se retractará de esta posición. Nuestra lucha durante los últimos 18 años tendría que haber demostrado a los estadounidenses que no estaremos satisfechos hasta que asistamos a un final completo de la ocupación", señalaron los talibanes a través de su portavoz, Zabihulá Mujahid. Afirmaron además que a causa de esta suspensión Estados Unidos "sufrirá más que nadie, toda su credibilidad se verá lastrada. Las pérdidas humanas y financieras aumentarán".

Estados Unidos y Afganistán mantuvieron nueve rondas de negociación en Qatar, y recientemente se hizo público un borrador de acuerdo que preveía la retirada en 135 días de 5 mil soldados estadounidenses desplegados en territorio afgano. Esta retirada parcial iba a dejar al contingente estadounidense en Afganistán en un nivel muy similar al que tenía cuando Trump llegó al poder en enero de 2017, cuando había unos 8.400 soldados instalados en el país. La guerra de Afganistán es el conflicto bélico más largo en el que ha estado inmerso Estados Unidos. Este año se cumplen 18 años de ocupación, en los cuales más de 2.300 soldados estadounidenses perdieron la vida.

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 Un día después de la reunión del G-7, el presidente Emmanuel Macron proclamó el "fin de la hegemonía de Occidente".Foto Afp

Por segunda vez en una cumbre del G-7 Trump trajo a colación la necesidad de reincorporar a Rusia al viejo esquema del G-8.

Días antes del G-7, el presidente galo Macron aceptó un quid pro quo, según The Globalist (http://bit.ly/2NDgTRK), con Trump: reinserción de Rusia al G-8 a cambio de la dilución de las sanciones a Irán, cuyo canciller Javad Zarif se presentó en forma espectacular en Biarritz, al margen del G-7.

Después del histórico discurso de Macron, un día después del G-7, donde proclamó el "fin de la hegemonía de Occidente" y reclamó la reconciliación de Europa con Rusia (http://bit.ly/2MSJMtg), el retorno de Moscú al G-8 no entusiasma al Kremlin.

La reconversión dramática de Macron, anterior funcionario de los banqueros globalistas Rothschild, y su resurrección "humanista" y cultural/civilizatoria, entiende la dinámica geoestratégica del ascenso de Rusia/China/India.

Macron, asustado por la revuelta rural de los chalecos amarillos, captó que el fallido neoliberalismo trastoca el orden político local/regional/global.

El zar Vlady Putin, quien se ha consagrado como un estupendo geoestratega, va más lejos que Trump y Macron y propuso en el V Foro Económico Oriental de Vladivostok, un G-10 con China e India, y quizá hasta un G-11 con Turquía (http://bit.ly/2zYYGWM).

El discurso de Macron llega con un atraso de 12 años al parteaguas de la disertación de Putin que marcó la nueva era global en la Conferencia de Seguridad en Múnich de 2007, que no asimiló el entonces presidente galo Sarkozy (http://bit.ly/2zWIHIq).

Ahora en Vladivostok, Putin recalcó en forma muy elegante que "el liderazgo de Occidente toca a su fin", dándole "crédito" a su homólogo francés.

Putin, dueño de la situación, comentó que no puede "imaginar que una organización internacional sea eficaz sin la participación de India y China".

Putin adujo que el formato del G-7 no se encuentra a la altura para resolver los temas globales. Le asiste la razón cuando se mide el PIB por su poder adquisitivo: China ya desplazó a EU del primer lugar e India –que se acaba de lucir como el cuarto país en alcanzar la luna, después de EU, Rusia y China (http://bit.ly/2UBANxF )– ya lo hizo con Japón en el tercer lugar (http://bit.ly/2AvMnSd).

Según el influyente portal Sputnik, Putin "abogó por incluir a Turquía en un formato más amplio similar al G-7": ahora “Turquía tras adquirir los sistemas rusos S-400 está bien protegida desde el cielo, por tanto su trabajo (…) en el semejante formato podría ser solicitado y apropiado, tomando en consideración su papel en los asuntos internacionales y en la región”.

A la pregunta de si Rusia participaría en la cumbre del G-7 el año entrante en Miami –en lo que ha insistido mucho Trump–, Putin comentó que los líderes del G-7 deberían antes viajar a Rusia donde la cumbre del entonces G-8 debió celebrarse en 2014, antes de la expulsión de Moscú por el contencioso de Crimea.

No dudo que EU, Francia, Italia y Japón –cuatro del G-7– acudan a Moscú. Estuve a punto de escribir a Canossa: la humillación en 1077 del emperador excomulgado Enrique IV ante el Papa Gregorio VII.

Quedarían pendientes las confirmaciones muy negociables de Gran Bretaña y Canadá, y la postura dubitativa de Alemania.

Queda claro que el zar Vlady Putin acepta un G-8, pero en Moscú y bajo sus condiciones: quizá invitando como "observadores", en un inicio, a China, India y Turquía ( http://bit.ly/2zWWVct), lo cual en su conjunto lo entronizarían como el supremo jugador geoestratégico del siglo XXI con sus múltiples vectores euroasiáticos que forman parte del esquema geoestratégico del ideólogo ruso Alexander Dugin y su Cuarta Teoría Política (http://bit.ly/2zW6tEr).

El G-7 ya feneció y el G-8 es resucitado bajo los auspicios de Rusia que busca llevarlo a un G-10 o quizá un G-11 (con Turquía, si no existen demasiadas reticencias "europeas") que significaría el asentamiento de un nuevo orden eminentemente multipolar.

Es curioso que las cuatro superpotencias que han alcanzado la luna sean las que definan el nuevo orden global del siglo XXI.

http://alfredojalife.com

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La guerra comercial entre China y EE UU acapara el G20

Según el secretario del Tesoro de EE UU, Steven Mnuchin, "ya tenemos cerca del 90% del camino" hacia un acuerdo comercial entre las dos potencias

 

 

Las banderolas ya están colgadas en el aeropuerto de Osaka, en Japón. Las azafatas esperan, sonrientes. El aparato de seguridad ya está desplegado. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha sido el primero en llegar. Todo está preparado para la 14 cumbre del G20, las economías que agrupan el 85% de la riqueza mundial. Un evento que, según el secretario del Tesoro de EE UU, Steven Mnuchin, será “muy importante”. Pero cuyo acto principal, en el que estarán puestas todas las miradas, será una reunión fuera de programa: la que celebren los presidentes de EE UU, Donald Trump, y de China, Xi Jinping, para tratar de solventar una guerra comercial y tecnológica mutua que amenaza con arrastrar a toda la economía global.

Según ha declarado Mnuchin en una entrevista con la cadena de televisión CNBC este miércoles, dos días antes del pistoletazo oficial para la cumbre, “ya tenemos cerca del 90% del camino” hacia un posible acuerdo entre Washington y Pekín “y creo que hay una vía para completarlo”. “El mensaje que queremos oír es que ellos quieren regresar a la mesa de negociaciones y seguir. Creo que se nos presenta un buen resultado para su economía y la nuestra para conseguir un comercio equilibrado y seguir desarrollando esta relación”, ha dicho Mnuchin.

Las palabras de Mnuchin —uno de los principales negociadores en las conversaciones que se quebraron en mayo pasado, cuando todo parecía apuntar a un acuerdo entre las dos potencias, por desacuerdos fundamentales entre las dos capitales— abren un nuevo optimismo sobre la posibilidad de que los dos presidentes puedan llegar a algún tipo de entente cordial en Osaka. Ambos tienen prevista una reunión, confirmada por ambos gobiernos y la primera en más de seis meses. Probablemente ocurra el sábado, una vez hayan concluido las reuniones multilaterales.

En los últimos días, y después de casi dos meses de deterioro continuo en la relación, han resurgido las señales para el optimismo. Habían pasado casi ocho semanas en que Washington acusaba a Pekín de haber renegado de compromisos ya acordados para reformar sus leyes y permitir la competencia en igualdad de condiciones en el mercado chino. El Gobierno de Xi Jinping, por su parte, acusaba a Washington de acoso y de exigir términos que ponían en riesgo su soberanía nacional.

Pero los dos presidentes conversaron por teléfono la semana pasada, en un indicio de que ninguno de los dos países quiere ver un deterioro mayor de las relaciones al que ya han sufrido. Los negociadores jefes de las dos capitales, el vice primer ministro chino Liu He, Mnuchin y el representante de comercio exterior de EE UU, Robert Lighthizer, han conversado por teléfono esta misma semana.

A Trump no le conviene mantener una pelea prolongada con Pekín, ahora que ha lanzado su campaña para la reelección en los comicios del año próximo. Después de que en mayo los dos países elevaran sus aranceles mutuos, por 200.000 millones de dólares en el caso de EE. UU. y por 60.000 en el de China, el sector agrícola y los Estados tradicionalmente votantes republicanos han comenzado a sentir los efectos. Las encuestas no van todo lo bien que el antiguo magnate de la construcción esperaba. Y se siente apremiado, especialmente con otros frentes no solo abiertos, como los de Siria o Corea del Norte, sino en carne viva, como el de Irán.

Xi, por su parte, tampoco, necesita ahora un enfrentamiento comercial o tecnológico que pueda afectar a la buena marcha de su economía o a la creación de empleo. Según indicó en la conversación con Trump la semana pasada, citada por la agencia oficial china Xinhua, “la cooperación es algo que interesa tanto a China como a EE UU, mientras que la confrontación nos perjudica a los dos”.

Ninguna de las partes quiere hacer gestos demasiado sustanciales. Ni Trump aparecer como blando hacia China ante su electorado, ni Xi perder la cara ante Washington tras haber caracterizado la ruptura de las conversaciones como un paso necesario para defender su soberanía.

China, por boca del viceministro de Comercio Wang Shouwen, expresó este lunes en una rueda de prensa en Pekín su intención de hacer concesiones —no ha especificado cuáles— siempre y cuando se vean correspondidas.

El influyente blog Notas de Taoran, del periódico China Economy Daily y disponible en la red social Weixin, insiste en que “algunas personas” en EE UU no entienden la determinación de China a mantener su posición. “Si la parte estadounidense no cambia su manera de pensar y sus métodos, entonces todo lo que ocurrirá en los asuntos comerciales entre EE UU y China será que continuará el intercambio de puntos de vista y el mantenimiento de las posiciones, y no se lograrán progresos”.

Pese al optimismo de Mnuchin, la mayoría de los analistas considera como resultado más probable que Xi y Trump no cierren un acuerdo y se limiten a pactar una mera tregua, similar a la adoptada en la cumbre anterior del G20 en Buenos Aires, cuando acordaron un plazo de tres meses para negociar antes de imponerse nuevos aranceles mutuamente.

Según el presidente del Consejo Empresarial China-EE UU, Craig Allen, “el problema es que no hay tiempo suficiente para tratar un acuerdo completo, más bien solo para tratar sobre los próximos pasos a dar sobre cómo, cuándo, dónde y por qué volver a la mesa de negociaciones”.

Sí es posible, quizá, que los dos líderes lleguen a algún acuerdo sobre Huawei, la joya de la corona tecnológica china y a la que Washington amenaza con embargar su tecnología a partir del 19 de agosto por razones de seguridad nacional.

Una repetición de Buenos Aires sería lo más probable, apunta Matthew Goodman, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (Csis, en sus siglas en inglés) en Washington. “Los dos líderes se reunieron, acordaron que tenían que retomar algún tipo de conversaciones comerciales y encargaron a sus ministros de Comercio que presentaran un acuerdo en un cierto plazo de tiempo”.

Acuerden lo que acuerden, “no resolverá los problemas inmediatos”, cree Goodman. Tampoco los de fondo. Son demasiado amplias las “profundas diferencias estructurales”. Aunque, si no cosas más tangibles, las dos partes sí ganarán algo que quieren: tiempo.

 

Por Macarena Vidal Liy

Osaka (Japón) 27 JUN 2019 - 03:59 COT

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Lunes, 03 Junio 2019 06:38

Baile non grato

Baile non grato

Trump, líder del partido cuyo símbolo es un elefante, acusa a México de aprovecharse de Estados Unidos durante décadas, de permitir una "invasión" de personas y drogas y que no hay nada de que hablar con sus contrapartes mexicanas hasta que cumplan sus órdenes.

O sea, el mismo guion con que arrancó su campaña presidencial y que aparentemente funciona para sus fines político electorales internos. Esto no tienen nada que ver con los hechos, los datos y los argumentos sobre una de las relaciones bilaterales más complejas en el mundo.

Una invitación al diálogo para resolver el actual conflicto binacional tiene un problema de inicio: no hay problema más que el provocado por Trump a través de su fabricada emergencia nacional en la frontera. O sea, ¿qué se está negociando, si no existe el problema?

¿Qué es lo que quiere Trump? Primero, nutrir la histeria de sus bases con fines electorales; segundo, desviar la atención de las investigaciones sobre su corrupción, sus engaños y encubrimiento y, tercero, según su propio jefe de gabinete, que México sea su migra, que incluye aceptar el acuerdo de ser un "tercer país seguro".

Ceder ante esto sólo llevará a nuevas exigencias de más concesiones al ritmo de lo que la Casa Blanca necesite para sus fines electorales, y el tema de la migración, queda claro, está y estará al centro de la campaña de relección de Trump. O sea, todo indica que el uso de la crisis inventada con México empeorará.

La historia, la literatura y la filosofía universales ofrecen ejemplos de que ceder ante un bully, y peor aún, un bully imperial, abre la puerta a más y más de lo mismo, un cuento de no acabar.

¿Y qué tal si ya no se coopera con esta Casa Blanca? Esa ha sido palabra sagrada en la relación bilateral. Pero él es quien no está cooperando y por lo tanto, tal vez es tiempo de ignorarlo. ¡Uy no!, se escucha el coro de expertos de ambos lados de la frontera. Pero qué tal si se le presenta una serie de demandas que él tiene que cumplir para comprobar que él está cooperando, afirmar que México y otros países se comprometen a cumplir con sus obligaciones según el derecho internacional, bajo los acuerdos y los tratados que imperan desde el ámbito de derechos humanos hasta los derechos del capital y su comercio, y que se espera lo mismo de Trump. Le corresponde a los estadunidenses aceptar o no el comportamiento de su presidente, incluyendo las consecuencias económicas de sus amenazas para su propio país (economistas, empresarios y políticos de ambos partidos advierten de que el uso de los aranceles contra México podrían detonar una recesión en Estados Unidos).

No sería dejar de cooperar con Estados Unidos, con sus empresas, gobernadores, alcaldes, legisladores respetuosos y diversos sectores de esta sociedad. Sólo no con el insultador en jefe.

Pero, responde el coro muy experto, eso llevará a cosas peores. Ofender al pueblo mexicano (y otros), perseguir con violencia a los migrantes, generar odio peligroso, enjaular a niños y familias, violar los derechos humanos y civiles de ellos y sus defensores, y hasta amenazar con fuerza militar en la frontera. ¿Algo peor?

Una de las voces más influyentes entre las filas y apologistas de Trump, el locutor Tucker Carlson, de Fox News, acaba de declarar que "México es un poder extranjero hostil" ante el cual Estados Unidos tiene que defenderse. Varios asesores de la Casa Blanca están de acuerdo. ¿Estamos en guerra?

¿O será que el autoproclamado "genio extremadamente estable" sólo necesita un poco de simpatía y que alguien lo agarre de la manita para decirle que no se asuste tanto, que ya nos portaremos mejor (bueno, tantito)? El líder del país más poderoso de la historia insiste en que otros países "se han aprovechado" de su país, y que niños y sus padres huyendo de la pobreza y la violencia son tal "amenaza" que han tenido que declarar una emergencia nacional. Pobrecito, tanto miedo.

La cooperación y la diplomacia es una danza, pero es imposible bailar con los elefantes (por lo menos, éste). Ante la locura, no funciona la racionalidad. Es hora de nombrarlo persona non grata y dejar de invitarlo al baile.

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Chavismo y oposición exploran una vía de diálogo con la mediación de Noruega

Representantes de Maduro y Guaidó mantienen una serie de encuentros para tratar de lograr una salida a la crisis de Venezuela

 Venezuela es un torbellino donde los acontecimientos se suceden a ritmo vertiginoso, casi todos atropellados. Después de la crisis abierta tras la ofensiva frustrada del 30 de abril, liderada por el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó y su jefe político, Leopoldo López, liberado de su arresto domiciliario y la posterior persecución del Gobierno de Maduro a diputados opositores, ambas partes exploran una vía de diálogo con la mediación de Noruega para lograr una salida a la crisis del país caribeño.

En los últimos días han acudido a Oslo representantes de Maduro, entre ellos el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez y el gobernador de Miranda, Héctor Rodríguez, así como delegados de Guaidó, el exdiputado Gerardo Blyde y Fernando Martínez Mottola, exministro de Carlos Andrés Pérez, a los que se ha unido el diputado y vicepresidente de la Asamblea Nacional, Stalin González. Según al menos tres fuentes al tanto de las conversaciones, las reuniones han sido exploratorias, para avanzar en una agenda de temas y una metodología de trabajo. Las mismas fuentes aseguran que las conversaciones han sido por separado con representantes de la Cancillería noruega y niegan que se haya instaurado una mesa de diálogo.

La noticia de las conversaciones, que tienen el visto bueno de Leopoldo López, ha levantado suspicacias en parte de la oposición venezolana. Las reuniones sorprendieron a algunos dirigentes opositores, caso de Julio Borges, expresidente de la Asamblea Nacional, exiliado en Bogotá, que aseguró a través de Twitter que tanto él como su partido, Primero Justicia, se habían enterado de la iniciativa cuando se hizo pública a través de varios medios venezolanos. Guaidó trató de minimizar, sin negarlos, los encuentros, con un tuit en el que deslizaba que no era la única iniciativa en marcha: “Grupo de Contacto, Canadá, Reino Unido, Noruega, Grupo de Lima, además de otras iniciativas, nos apoyan para lograr una solución a la crisis. Para los venezolanos la ruta es clara y la mantenemos: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”, escribió el dirigente de Voluntad Popular.


No es la única vía de diálogo que se ha explorado en las últimas semanas. Representantes de Maduro se han reunido después de la ofensiva del 30 de abril directamente con el enviado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliot Abrams, y se espera que este jueves y viernes representantes de ambas parte reciban a los delegados del Grupo de Contacto de la Unión Europea para escuchar sus propuestas para lograr una salida a la crisis del país.


Tampoco es la primera vez que las partes recurren a un intento de negociación para tratar de solucionar la enorme brecha institucional en la que está sumida Venezuela. Sin embargo, los ensayos han acabado siempre en un recrudecimiento de la confrontación entre el chavismo y la oposición. La exploración previa a la convocatoria de elecciones presidenciales de 2018, celebrada en República Dominicana, supuso para los representantes de la Asamblea Nacional una ruptura aparentemente insanable con el Gobierno de Maduro debido a su voluntad de imponer las reglas del juego.


Por eso rechazaron concurrir a esos comicios, con la salvedad del exchavista Henri Falcón, y por eso la palabra diálogo se convirtió en un tabú en el entorno de Guaidó. Sin embargo, después de lo ocurrido el día 30 y la demostración de que el régimen aún mantiene el control de las Fuerzas Armadas, en algunos sectores de las filas opositoras empieza a calar la idea de que sin negociación de algún tipo sería imposible lograr una salida de Maduro. El propio jefe del poder legislativo reconoce que, si se iniciara un proceso de transición, se debería incorporar a parte del chavismo en la reconstrucción.


En este contexto, las reuniones bajo el paraguas de Noruega no han surgido repentinamente, sino que son fruto de encuentros que se vienen dando, por separado y desde hace meses, con representantes del país nórdico y que se han intensificado en las últimas semanas. Noruega cuenta con un amplio bagaje en la mediación y resolución de conflictos, caracterizado por el hermetismo. En los últimos años acogió algunas de las reuniones entre el Gobierno de España y la banda terrorista ETA, antes de su disolución y fue, junto a Cuba, país garante del proceso de paz de Colombia, que culminó con un acuerdo entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC.


La madrugada del pasado 30 de abril López abandonó su arresto domiciliario en medio de un operativo liderado por Guaidó, reconocido como presidente interino por más de 50 países, y apoyado un grupo de uniformados entre los que se encontraban miembros del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin). El plan buscaba activar una rebelión contra Maduro y un quiebre en la cúpula militar, que fracasó al cabo de pocas horas, lo que obligó a López a buscar refugio en la Embajada de España en Caracas. El líder opositor no ha sido el único que ha tenido que resguardarse en una legación diplomática. En los últimos días, varios diputados han solicitado protección a distintos países –caso de Argentina, Italia o México-, lo que ha generado que la crisis de Venezuela afecte directamente a varios Gobiernos. Esta circunstancia puede ahora repercutir en su implicación en un intento de diálogo.

Por Javier Lafuente
México 16 MAY 2019 - 02:17 COT

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Lunes, 13 Mayo 2019 05:54

Trump vs Xi

Trump vs Xi

A mediados de 2018 el gobierno de Estados Unidos impuso tarifas a una serie de productos chinos equivalentes a 250 mil millones de dólares (mmdd). China amagó, a su vez, con tarifas del orden de 110 mil millones. Esta es la base para que se hable de una "guerra comercial" de grandes consecuencias.

Las tarifas han incrementado los costos para las empresas y los consumidores estadunidenses, y han provocado fluctuaciones en los mercados de capitales. Para China representa una carga adicional en un entorno de desaceleración del crecimiento de su economía.

La teoría propone que el libre comercio sustentado en la especialización acrecienta el bienestar en una economía. También señala que las ganancias del comercio pueden derivar en una muy desigual distribución, con grandes ganadores y perdedores.

Estos argumentos aparecen en las críticas que hoy se producen de las consecuencias del proceso de la globalización desde la década de 1980. Son, también, un elemento clave del proteccionismo que se promueve como parte de lema Make America great again.

Una justificación para imponer las tarifas es que abaratan los productos hechos en Estados Unidos en relación con los importados, así los consumidores preferirían comprar productos locales y se atraería mayor inversión. Además, se pretende contener la desleal transferencia de tecnología a China y salvaguardar la propiedad intelectual.

Los ajustes que se quieren conseguir se basan en el comportamiento de la oferta y la demanda en los mercados, aunque no ocurren de manera inmediata. A esto hay que agregar los efectos de las represalias de la contraparte.

Los datos oficiales del gobierno estadunidense indican que en 2018 el comercio total de bienes y servicios con China tuvo un valor de 737 mmdd (60 por ciento del PIB de México en ese año); las exportaciones fueron por 180 mmdd y las importaciones por 558 mmdd. Es sobre el déficit de 378 mmdd que está enfocada la disputa comercial.

China no fue el único objetivo de las tarifas, aunque sí es el caso más significativo. Éstas se impusieron sobre las importaciones de acero y aluminio provenientes de la Unión Europea, México y Canadá.

La amenaza es imponer a China tarifas por un total de 325 mmdd. La política del gobierno de Trump se esbozó desde su campaña por la presidencia para reforzar la economía, pero ésta tiene, necesariamente, que ponerse en el marco de la confrontación de poder entre ambos países, misma que se advierte como una pugna creciente.

La estrategia china en el orden geopolítico es muy proactiva, con relaciones y alianzas con otros países. Un caso que lo ilustra es el enorme y ambicioso proyecto para financiar infraestructuras a lo largo de la extensa "Nueva ruta de la seda".

El poderío chino es parte relevante de la reacción que se impulsa desde Washington. La guerra comercial es una expresión de la creciente competencia que no se limita al comercio e incluye los movimientos de capitales y los desarrollos tecnológicos. Una muestra es la disputa en torno a la compañía Huawei y su predominancia en el desarrollo de la tecnología G5 y a la que se atribuye ser instrumento de espionaje del gobierno chino.

No se ha conseguido establecer un nuevo acuerdo comercial entre los dos países y hace unos días el gobierno estadunidense elevó las tarifas sobre un total de 200 mmdd de productos chinos e incluso señaló que se podrían imponer sobre prácticamente todo el comercio con ese país. Este es un dilema que el líder Xi tendrá que resolver. El impacto del alza de sus tarifas es menor, pues China importa mucho menos de Estados Unidos. La situación se asemeja a un "juego de la gallina".

El episodio de confrontación comercial exhibe uno de los rasgos típicos de la manera de negociar de Trump. Suele subir la intensidad del conflicto para luego desinflarlo y cambiar las expectativas de los participantes, sean éstos directos o indirectos.

Se ha comentado que las posibles repercusiones adversas de esta pugna no han ocasionado un descalabro mayor en las bolsas de valores debido a que esas expectativas se acomodan y evitan fluctuaciones de grandes proporciones.

Puede ser. Mientras tanto, el gobierno recibe mucho dinero por concepto de los aranceles que se han impuesto. Sin embargo, ante la incertidumbre que existe del desenlace del conflicto podría haber efectos más notorios en la medida en que el acomodo de los productores, los consumidores, los mercados financieros, los trabajadores y otros actores se alteren. Los agricultores que exportan soya del medio oeste, por ejemplo, serán perjudicados y se ha ofrecido que se elevarán los subsidios que reciben.

El impacto de todo esto no se restringe a los dos países protagonistas, y esta es una cuestión que no debe perderse de vista en México.

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China se prepara para una guerra de desgaste con EE UU en su disputa comercial

Pekín exige que un acuerdo final garantice la “igualdad y la dignidad” de los dos países

 La ronda número once de conversaciones comerciales entre China y Estados Unidos terminó en Washington sin más acuerdo aparente entre las delegaciones que el desayuno: donuts, que llevaban los guardaespaldas en grandes bolsas. EE UU ya ha puesto en marcha su anunciado aumento de aranceles sobre productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares, y no hay fecha para retomar las negociaciones. Aunque, al abandonar Washington, el jefe de la delegación china, el vice primer ministro Liu He, se declaraba “cautelosamente optimista”, también dejaba claro que las posturas están separadas por enormes diferencias de fondo.


Los canales siguen abiertos, han insistido las dos partes. “Las negociaciones no se han roto” y se retomarán en Pekín en algún momento del futuro, subrayaba Liu, el hombre de confianza del presidente chino Xi Jinping para los asuntos económicos, en una rueda de prensa con medios chinos. Pero también admitía que existen “desacuerdos sobre cuestiones de principio”. Tres cuestiones en las que, subrayó, China “no cederá bajo ningún concepto”.


Para poder llegar a un acuerdo —ha explicado—, su Gobierno considera obligatorio que Estados Unidos levante sus aranceles adicionales; que el aumento del volumen de compras de productos estadounidenses que Washington exige a China sea realista y se ciña a la demanda interna china; y —sobre todo— que el documento final del acuerdo sea “equilibrado” para garantizar la “igualdad y la dignidad” de los dos países.
En esa tercera condición, la “dignidad”, está la clave. El actual punto muerto se desató, como ha publicado la agencia Reuters, cuando Pekín eliminó del borrador de acuerdo las referencias a que cambiaría sus leyes para aceptar las demandas de EE. UU. sobre protección de la propiedad intelectual, acceso a los mercados de servicios financieros y transferencia forzosa de tecnología, entre otros. Para Washington, esos términos eran la garantía para hacer cumplir lo que -creía- se había acordado. Para Pekín representaban una injerencia intolerable en su soberanía. Y un cambio en su modelo económico que Xi Jinping no tiene ninguna intención de aceptar. Venga lo que venga.


“China está dispuesta a pagar un cheque, pero no a transformar su modelo económico estatal en una economía de mercado”, escribía esta semana Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia Pacífico del banco de inversiones Natixis. “El abrupto cambio de dirección [de el presidente estadounidense, Donald Trump] en la estrategia de negociación revela desesperación, más que fuerza” al imponer los nuevos aranceles, que pasan del 10 al 25%, y amenazar con gravar de la misma manera al resto de productos importados chinos.


Y China ha llegado a la conclusión de que tiene margen de maniobra para aguantar lo que cree que puede ser una guerra de desgaste prolongada. La desconfianza de Pekín es grande, y domina la percepción de que, al final, el objetivo de EE. UU. es impedir que este país se convierta en una gran potencia. No ha ayudado que esta semana las autoridades estadounidenses denegaran una licencia de operación a la principal compañía telefónica china —China Mobile— e intensificaran su retórica contra el gigante tecnológico Huawei.


A lo largo de los meses de negociación, Pekín ha ido dando pasos para proteger su economía ante la ausencia de un acuerdo. “Los responsables políticos chinos se han centrado en estimular de modo efectivo la economía. Además, con una perspectiva a largo plazo en mente, China se ha esforzado en extender lazos amistosos con la mayor cantidad posible de países”, apunta García-Herrero. Para lo primero, recuerda la economista, se encuentran en marcha estímulos para el sector privado vía crédito. Para lo segundo, China ha sumado ya oficialmente a 130 países a su iniciativa Nuevas Rutas de la Seda.


Los últimos datos económicos avalan, a ojos de Pekín, esta estrategia. El crecimiento del PIB en el primer trimestre del año ha sido del 6,4%, por encima de lo esperado. Las exportaciones también han aumentado un 4,3% interanual en los primeros cuatro meses del año, como han resaltado los medios oficiales chinos a lo largo de esta semana. El economista jefe del banco central chino, Ma Jun, ha calculado el impacto de la guerra comercial en una pérdida de tres décimas de punto de crecimiento del PIB, “algo que está dentro de lo controlable”.


“La economía tocó suelo a finales del año pasado, ahora empieza a recuperarse”, ha subrayado Liu. “A pesar de las presiones económicas que puedan venir, creo que la economía china mantendrá su impulso y un desarrollo sano y estable”.


La cita del G20


A corto plazo, y con independencia de que las delegaciones vuelvan a reunirse antes o no, la próxima gran cita se perfila en Osaka (Japón) a finales de junio, la cumbre anual del G20. Allí se verán las caras Trump y Xi Jinping, los únicos -como ha quedado claro esta semana- que tienen la última palabra para cerrar un acuerdo.


Un acuerdo que no llegará, como venía a decir Liu, a cualquier precio. “Cuanto más necesite Xi movilizar su sistema político y su población para (…) luchar una guerra de desgaste, más difícil le será cambiar la marcha y aceptar un gesto de Estados Unidos; si es que llega”, apunta en una nota la consultora Eurasia Group.


Aunque ambos les interesa entenderse. Una guerra comercial entre las dos principales economías del mundo sería perjudicial para todos. Trump necesita réditos electorales, y un pacto con China que pueda presentar como ventajoso sería una buena carta. Xi conmemorará en octubre el 70 aniversario de la fundación de la República Popular de China, y no quiere problemas que distraigan de los preparativos. Para Pekín —recuerda García-Herrero— continuar la política de crecimiento mediante estímulos puede suponer en el futuro un aumento de la deuda.


Pero incluso si los dos jefes fuman a corto plazo la pipa de la paz —y hoy por hoy, está por ver—, no está tan claro que consigan la cuadratura del círculo: resolver sus diferencias de principio, la “dignidad” de la que hablaba Liu He. Y un acuerdo que no las solvente puede acabar siendo como los dónuts del desayuno de sus delegaciones: dulce por fuera; por dentro, vacío.

Por Macarena Vidal Liy
Pekín 11 MAY 2019 - 10:33 COT

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Trump y Putin hablan por teléfono hora y media

Hace un mes abordé el exhorto de Trump para un "G-3 nuclear" de Estados Unidos (EU), Rusia y China, y que ahora vuelve a empujar espectacularmente (https://bit.ly/2VgHfOo).

Se escenificó una inesperada convergencia de los líderes demócratas en el Congreso con Trump para invertir 2 billones de dólares en infraestructura que tanto requiere EU, coincidentemente en la misma semana de la visita del mandatario de Norcorea, Kim Jong Un, al zar Vlady Putin (https://bit.ly/2J27GAT) y a la segunda cumbre de la Ruta de la Seda en Pekín, donde brillaron el mandarín Xi y su homólogo ruso (https://bit.ly/2IZRwXI).

El común denominador de la Ruta de la Seda china y del diálogo entre los líderes demócratas y Trump es la infraestructura (30/4/19; https://cnb.cx/2GSUjRg).

Justamente tres días después del diálogo convergente sobre infraestructura en EU, Trump volvió a la carga –mediante una sorprendente llamada telefónica de hora y media a su homólogo ruso– para conseguir un acuerdo nuclear con Rusia y China, y así cesar tanto dispendio armamentista.

Trump comentó que la charla con Putin fue "larga y muy buena" reiterando que era conveniente "arreglarse con Rusia y China", lo cual intentó ser descarrilado con la cacería de brujas de la ridícula "trama rusa" (que tuvo su grotesca parodia en México con la conspirativa Operación Berlín; https://bit.ly/2UrdBVm).

Con la espada de Damocles de una recesión que puede afectar la relección de Trump (https://bit.ly/2WiEjND), su administración no puede sostener dos colosales dispendios al mismo tiempo: o se decide por la infraestructura, u opta por una demencial carrera armamentista contra sus rivales geoestratégicos Rusia y China (http://bit.ly/2Dd93JR).

El Washington Post asevera que quizá se caiga el proyecto bipartidista de infraestructura en EU cuando el "propio jefe de gabinete del presidente comenta adentro y afuera de la administración que el esfuerzo es muy costoso e improbable para tener éxito", lo cual exhibe también resistencias pecuniarias de algunos pesos pesados del Partido Republicano (https://wapo.st/2WpmY5I).

Cerrar la cuadratura del círculo no será sencillo y el mismo Trump lo resumió en un tuit al criticar “el dispendio bélico de 7 billones de dólares en Medio-Oriente en los pasados 19 años (https://bit.ly/2vEOjoC)”. ¡Demencial!

A sabiendas de la panoplia hipersónica militar de Rusia y el avance tecnológico de China, pareciera que Trump prefiere diluir el vino bélico de la "economía de guerra" del complejo militar-industrial.

Lo más relevante en el ámbito geoestratégico versó sobre la propuesta de Trump de extender el acuerdo existente del control de armas nucleares entre EU y Rusia –el "nuevo Start" que expira en 2021– a uno nuevo que involucre a China.

Trump deja atrás la inexistente "colusión rusa", maquinada a los dos lados del Atlántico, e intenta reparar las relaciones con Rusia, lo cual no será nada fácil. Los temas abordados fueron el comercio, Venezuela, Ucrania, Norcorea y el control de armas nucleares, además de la "trama rusa". Trump concluyó que el diálogo con Putin había sido “muy productivo (https://bit.ly/2JlEgga)”.

El muy influyente portal ruso Sputnik rememora que el mes pasado Trump "había indicado su intención de negociar un acuerdo mayor de control de armas nucleares con Rusia y China", mientras Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, confirmó que la charla había durado "casi hora y media" y que luego aportaría mayores detalles al respecto, cuando todavía en Moscú no digieren el retiro unilateral de Trump del acuerdo sobre las armas nucleares intermedias (https://bit.ly/2BCI5sH) ni aceptan el despliegue de los sistemas misilísticos de defensa de EU a lo largo de las fronteras de Rusia, lo cual revive la guerra de las galaxias y su carrera armamentista (https://bit.ly/2LoIiaj).

De tres cosas una: Trump gana tiempo, engaña o es sincero.

En caso de darse un plausible acuerdo "G-3 nuclear" de EU/Rusia/China, se asentarían las bases del nuevo orden tripolar geoestratégico en lo que queda del siglo XXI.

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Sábado, 04 Mayo 2019 06:24

El Grupo ya no cree en el golpe,

El canciller peruano Néstor Popolizio (centro, izq.) y su vice presiden la reunión en Lima. Imagen: AFP

Por primera vez, el Grupo abre las puertas para su respaldo a una salida negociada en la que incluyen incluso a Cuba.

Bajo la sombra de Washington, el Grupo de Lima, reunido de emergencia en la capital peruana a pedido de Colombia, se volvió a pronunciar respaldando a la oposición venezolana y condenando duramente al gobierno de Nicolás Maduro luego de la fallida intentona golpista encabezada por Juan Guaidó. Pero en esta ocasión por primera vez el Grupo abre las puertas para su respaldo a una salida negociada, en la que llaman a incluir incluso a aliados de Maduro, como Cuba. Un cambio significativo en este grupo de países que hasta hoy exigían el fin del régimen chavista sin dar espacio a un acuerdo consensuado. Un cambio que llega después de que el levantamiento opositor no encontrara el apoyo militar que esperaba, ni una movilización ciudadana masiva a favor de su causa.


La declaración dada ayer por los cancilleres del Grupo de Lima confirma las bajas de los países que se han distanciado de este grupo que tiene como razón de ser buscar el fin del gobierno de Maduro. De los catorce países que lo integran, fueron once los que suscribieron el pronunciamiento: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú. No se han sumado a este pronunciamiento, que respalda el alzamiento de Guaidó, México, cuyo alejamiento del Grupo de Lima es evidente desde que asumió Manuel López Obrador. Tampoco Guyana y Santa Lucía.


Los cancilleres del Grupo de Lima tenían previsto comunicarse con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, a través de una video conferencia -¿tal vez para escuchar directivas finales sobre la línea a seguir?-, pero esa comunicación se frustró por “problemas técnicos”, según informó luego el canciller peruano, Néstor Popolizio. El ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador, José Valencia, participó de la reunión como observador.


Aunque ya se habían pronunciado sobre el tema hace unos días, cuando estalló la asonada para derrocar a Maduro, los cancilleres de los países del Grupo de Lima se tomaron más tiempo del esperado en los debates previos a la emisión de este último pronunciamiento. Había cambiado el escenario. La reunión a puertas cerradas se prolongó por cinco horas. La apertura del Grupo de Lima a una salida dialogada y la inclusión en la declaración de puntos que buscan un acercamiento a otros países que proponen una negociación como opción a la crisis venezolana, habría sido el punto más conflictivo del debate y lo que prolongó varias horas más de lo esperado la discusión.


Al final, en medio de la sensación de decepción que se respiraba en el ambiente del salón de la Cancillería peruana donde se llevó a cabo la reunión, los países del Grupo de Lima anunciaron que se harán “gestiones para que Cuba participe en la solución de la crisis en Venezuela”. El llamado del Grupo también ha incluido al Grupo de Contacto, formado por países latinoamericanos (México, Uruguay, Bolivia y Costa Rica) y europeos (Portugal, Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Suecia y Unión Europea) que han buscado desde un inicio una salida dialogada. Ahora el Grupo de Lima convoca a una reunión “urgente” de los países de ambos grupos para “buscar la convergencia en el propósito común de lograr el retorno a la democracia en Venezuela”.


Según el analista internacional Ramiro Escobar de la Universidad Católica de Perú, el llamado del Grupo es un reconocimiento de que la opción de sacar a Maduro por la fuerza parece agotada. “El Grupo de Lima está tratando de fortalecer la opción de una negociación. El llamado con carácter de urgencia al Grupo de Contacto implica aprobar una negociación, a la que convocan a participar a Cuba, que es lo más importante de este pronunciamiento. Este llamado a un diálogo es una forma de reconocer que ya no funciona la opción de sacar a Maduro por la fuerza, que se ha llegado a una situación límite que puede llevar a más derramamiento de sangre y que hay que buscar una salida negociada. Este llamado a Cuba marca una distancia con Estados Unidos. Estimo que este punto debe ser el resultado de una negociación complicada al interior del grupo”, le señaló Escobar a PáginaI12.


En los otros puntos de la declaración, el Grupo de Lima reitera el respaldo al levantamiento de la oposición, el que se niegan a calificar como un intento golpista, y alientan a Guaidó y a la oposición a seguir adelante en sus acciones. Condenan la represión del gobierno chavista a las protestas, pero mantienen silencio frente a la violencia del lado opositor


“Los países del Grupo de Lima están presionados por Estados Unidos y es cierto que en esta ocasión no hay un rechazo explícito a una intervención militar en Venezuela, pero proponen dos columnas muy importantes para una negociación, que son los llamados al Grupo de Contacto y a Cuba, y que es algo contrario a una intervención militar”, dice el analista Escobar.

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