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Nouriel Roubini: "Es demasiado lo que se ha...
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El monstruo ya está aquí
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Estados Unidos, China, el Reino Unido y Rusia compiten por llegar primeros Se trata de una carrera de coaliciones nacionales con flagrantes contradicciones, una entente de gobiernos y farmacéuticas, universidades y centros militares, de estados dentro del estado.    Estados... Leer Más
Gigantes digitales, al banquillo
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Crisis y desigualdad en la pospandemia
El mes de julio nos deja dos informes que proporcionan insumos interesantes, aunque preocupantes, para pensar la crisis económica que ya tenemos encima, y el mundo pospandemia. Uno es de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) que titula Enfrentar los efectos cada vez... Leer Más
Colombia. La oposición en el limbo virtual
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Próximos tres meses de gran peligro para el mundo
Los tres meses que nos separan de las elecciones en Estados Unidos serán críticos para la vida en el planeta, según varios análisis y, de modo muy particular, en opinión de los dirigentes chinos, los más interesados en neutralizar la ofensiva en curso de la Casa Blanca y el Pentágono. El pasado... Leer Más
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Covid-19: Economía popular,  la solución y no el problema

Aprender a valorar lo supuestamente marginal en la economía cotidiana de nuestros entornos, lo muchas veces invisible y despreciado, a todas aquellas mujeres y hombres que no llenan pantallas, portadas y páginas interiores en las revistas de farándula, ni en los grandes medios de comunicación, es una lección que emana de la actual crisis. Cambiar nuestras valoraciones para que todo cambie.

Anormalidad, la palabra más diplomática que encontré para describir la actual situación. Y es que no es para menos, pero el avance de la pandemia del covid-19 ha alterado todas nuestras cotidianidades.
 
¿Qué significa entonces la anormalidad? Y lo más cercano que también encuentro para narrarla es el escenario de supuesta quietud inaguantable, por las y los clase media, que trabajamos incansablemente hasta agotar el ancho de banda, así como las provisiones que compramos para un mes, en 4 días. Todo ello a punta de teletrabajo, ver noticias, series y si acaso ver por la ventana para desdeñar por “irresponsable” a quien sale temprano y vuelve de noche.
 
¡Ah! Pero el momento de anormalidad también nos ha permitido notar todo aquello que es invisible y que se disfraza bajo un espectro de normalidad que se ha hecho natural en lo cotidiano. Si algo de bueno ha de tener esta quietud al interior de los hogares es, por supuesto, que podemos ver desde nuestras ventanas a quienes no pueden resguardarse y aburrirse en la cuarentena, sino que deben salir, y no por descarada desidia, sino por necesidad.

Si, me refiero a todos aquellos que ahora son protagonistas de las contundentes reclamaciones por garantías de alimentación durante la cuarentena, estos que eran invisibles antes; para el caso de Bogotá, el señor que le vende los cigarrillos al menudeo sobre la carrera décima, la señora de los jugos de naranja y arepa con huevos de la calle 72, el que vende frutas y verduras en las calles del barrio Lisboa en Suba, el reciclador que se lleva lo que para usted es desperdicio, el embolador del Centro Internacional, el que arregla las tapas de los tacones, la señora que cose los dobladillos, entre otros oficios que seguramente acuden a su memoria mientras lee este artículo.
 
Todos ellos y ellas, cuyo aporte a la sociedad ha sido ignorado, pero que ahora cobran un lugar fundamental también nuestra para la supervivencia. Al respecto quiero solo exponer tres casos, con la seguridad que habrán muchos más escapan a mi mirada.


El campesinado y la soberanía alimentaria


 
Nuestra dependencia de su faena diaria es proporcional al desprecio con que los ha asumido la clase dirigente, a la par de la misma sociedad urbana. Sin su cotidianidad asumida a pesar de la falta de apoyo y estímulos para una vida en dignidad, los urbanos no podríamos realizar nada de lo que acometemos cada día.
 
Según la encuesta de cultura política del Dane, aproximadamente el 30 por ciento de la población colombiana se autoreconoce como campesinos1, esto quiere decir que están lejos de ser una pequeña proporción. Ahora bien, ¿a qué hora se nos vino a olvidar la tercera parte de la población nacional? Y la fecha más reciente es clara: desde la apertura económica, a inicios de los años 90, cuando el establecimiento cedio nuestra soberanía alimentaria, lo que nos llevó, palabras más palabras menos, a depender de la producción externa, dejando de promover, incentivar y salvaguardar nuestra producción interna. Súmele a esto la cada vez mayor concentración de la tierra, lo que implica que haya muchos campesinos sin tierra por lo que no pueden producir ni siquiera para si mismos.
 
Así que, en un escenario pos covid-19, es fundamental que este grupo poblacional, no solo por nuestro afán de abastecimiento sino en retribución del trabajo que desempeñan para que hoy millones vayamos a la tienda de barrio por lo mínimo para saciar nuestra necesidad alimentaria, tenga un lugar preponderante en la política nacional, pero no para someterlos a la represión de la policía, sino para contestar ahora sí de manera positiva a sus reclamaciones: de su vida también depende la nuestra.


 
Vendedoras/es ambulantes


 
Contando con que la informalidad según el Dane (2020) asciende a un total de 47.7 por ciento de la mano de obra total del país2, y este es un grupo bastante representativo de eso que las cifras nombran con frialdad: informalidad. Sucede que estas personas abastecen no solo de cigarrillos, sino también de elementos de primera necesidad en los barrios populares y de clase media, por decir menos. Es decir, y como lo viene diciendo el profesor Cesar Giraldo, ellos, que entregan su vida a la sociedad ofreciendo bienes y servicios a muy bajo costo, pero de un valor inconmensurable y a cambio de muy poco. Son ellos quienes, siguiendo a Giraldo, subsidian el consumo de otro tanto de trabajadores formales, pero igualmente precarizados, a los que no les alcanza para lo mínimo. Ellos, quienes el pasado martes 24 de marzo –día que inició la medida de aislamiento obligatorio preventivo–, se fueron a hacer filas a las afueras del Palacio Liévano –en el caso de Bogotá– en busca de un mercado, lo que obtuvieron, además de la acostumbrada reacción de la policía, fue el repudio de la sociedad colombiana, aquella con algo de ahorros o con ingresos fijos, por “desconsiderados” e “irresponsables”.
 
Son ellos quienes aun siguen saliendo y rebuscándosela para vender lo que tienen guardado en la casa, son quienes van de todos modos a las centrales de abastecimiento, transportando hacia los barrios todo lo que necesitamos para sobrevivir. A ellos quiero agregar, aunque no pertenecen a la informalidad, pero si a la economía popular, a las y los tenderos que con preocupación, pero también con disciplina, han abierto sus tiendas todos los días –y lo seguirán haciendo– para que usted ahí sentado frente al dispositivo vaya con la seguridad de conseguir lo que necesite. ¿No le son cada vez más visible don Leo, doña Rosa, don Carlos …?


 
Recicladores/as de oficio


 
Por si no lo saben, las y los recicladores de nuestro país son la vanguardia en América en cuanto a la garantía de sus derechos, entre ellos el mínimo vital  (#IngresoMinimoVitalYA), el derecho al trabajo y el acceso cierto y seguro al material. Ellos, quienes gracias a sus reclamaciones y las órdenes de la Corte Constitucional, son prestadores del servicio público de aseo en la actividad de aprovechamiento. Pero eso es reciente porque desde hace más de cuatro generaciones de recicladores, con las denominaciones peyorativas que la sociedad les acuñó, recogieron parte significativa de su basura y no permitieron que fuera al relleno sanitario de sus ciudades, con lo cual se extendió la vida útil de los rellenos y, en consecuencia, aportaron al mejoramiento de la calidad del aire, entre otros.
 Actividad muy significativa hoy en ciudades como Bogotá y Medellín, que no dejan de salir de una emergencia ambiental para entrar en otra. Pero del mismo modo, en otras ciudades donde aportan en aspectos ambientales, pero además se organizan para prestar el servicio de aprovechamiento y con los recursos obtenidos sostienen a miles de familias que viven de este oficio. A ellos también nuestro reconocimiento por su importante labor.
 
Ahora, antes de cerrar este apartado de reconocimientos, dejaré por acá para abordarlo en otro escenario, el lugar que juegan nuestras madres, esposas, hermanas y compañeras que están encargándose seguramente de todo el mantenimiento del hogar y que, además, espero hayamos aprendido a valorar la importancia de las labores del cuidado. Que este tiempo de aislamiento de amigos, lo aprovechemos para acercarnos a nuestras familias y reflexionemos sobre el lugar de todos y todas en el desempeño de los odiosos trabajos de la casa. Por favor, no solo observemos.
 
Ante este panorama, y habiendo puesto la mirada sobre todos estos oficios invisibilizados por el ajetreo cotidiano, y en medio de una coyuntura que nos obliga a liminarnos bajo el supuesto de individualidad, es momento de reflexionar sobre las múltiples dependencias que tenemos de otros y otras, cuyo trabajo es y será cada vez más valioso para nuestra supervivencia. Cambian entonces las prioridades, las nuestras: las de la sociedad.
 
Y como ya hemos hablado lo suficiente sobre el ahora y lo inmediato, que no se nos agote el espacio para hablar del después y de lo estructural. Ahora, el primer paso será el reconocimiento de todas esas codependencias y sus protagonistas, y los pasos que siguen, el después, es pensar un nuevo modelo económico, una nueva estructura societal. Para ello seguiremos abriendo espacios de debate.
 
Que el aislamiento, como medida fundamental para la preservación de la vida, no sea un privilegio sino un derecho con garantías para todos y todas, y que lo que viene sea diferente y mucho mejor.

1 https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/cultura/cultura-politica-encuesta#informacion-2019
2 https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/mercado-laboral/empleo-informal-y-seguridad-social
* Antropóloga. Investigadora del Grupo de Socioeconomía Instituciones y Desarrollo Gseid Universidad Nacional de Colombia. 

 

 

 

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Publicado enEdición Nº269
Miércoles, 25 Diciembre 2019 07:46

La soledad de los movimientos anti-sistémicos

La soledad de los movimientos anti-sistémicos
 Publicamos una selección de los artículos más leídos durante el 2019. Fueron seleccionados de los periódicos desdeabajo ediciones 253-264 y Le Monde diplomatique, edición Colombia ediciones 185-196.

 

Los últimos cinco años han sido de permanente crecimiento de las derechas, de crisis y retrocesos de los progresismos y las izquierdas, y de estancamiento y fragilidad crecientes de los movimientos sociales. Sin embargo, las organizaciones de base están mostrando que son las únicas con capacidad para sostenerse en medio de la ofensiva derechista y si logran sobrevivir, podrán crear las condiciones para una contraofensiva popular desde abajo. Cambios que no sucederán en el corto plazo.

 

“Estamos solos”, dijo y repitió el subcomandante insurgente Moisés en el caracol de La Realidad, durante la celebración de 25 aniversario del alzamiento zapatista, el pasado 1 de enero. “Estamos solos como hace veinticinco años”, enfatizó. “Salimos a despertar al pueblo de México y al mundo, solos, y hoy veinticinco años después vemos que estamos solos…”.

 

Como puede observarse, la dirección zapatista no se engaña ante la nueva coyuntura signada por el triunfo del progresista Andrés Manuel López Obrador. “Si hemos logrado algo, es por nuestro trabajo, y si tenemos error, también es nuestra falla. Pero es nuestro trabajo, nadie nos lo dijo, nadie nos lo enseñó, es nuestro trabajo”, siguió Moisés ante un amplio despliegue de milicianos y milicianas. Estaba mentando los trabajos autónomos que han permitido que cientos de miles de indígenas (agrupados en más de mil comunidades, 34 municipios y cinco regiones) vivan de otro modo, donde es el pueblo quien manda y el gobierno autónomo el que obedece.

 

La importancia de las palabras de Moisés son dobles: hace una lectura de la realidad sin concesiones, para concluir que hoy las fuerzas anti-capitalistas son minoritarias y están aisladas. Estamos aislados en todo el mundo y en toda la región latinoamericana. Sería desastroso que se volcaran a alguna suerte de triunfalismo, como esos partidos que siempre repiten que están avanzando, que no experimentan retrocesos, que las cosas van bien, cuando la realidad es la contraria y rompe los ojos.

 

La segunda cuestión, es el empeño en resistir. La determinación zapatista está exenta de cálculos de costes y beneficios, se afirma en las propias capacidades sin buscar atajos electorales y, quizá lo más importante, le apuesta al largo plazo, a que maduren las condiciones para retomar la iniciativa. ¿Acaso no fueron estos, desde siempre, los parámetros en los que se movió la izquierda, hasta que las tentaciones del poder retorcieron los principios éticos para convertirlos en puro posibilismo?

 

Una nueva derecha militante y militarista

 

La crisis de 2008 fue un parteaguas para la humanidad de abajo. Los de arriba decidieron dar un golpe de timón, de similar profundidad al de 1973, en las postrimerías de la revolución de 1968, cuando decidieron poner fin al Estado del Bienestar y se lanzaron al desmonte de las conquistas de la clase trabajadora. Ahora están desmontando el sistema democrático, decidieron que ya no gobiernan para toda la población sino apenas para un 30-40 por ciento.

 

Debemos comprender de qué se trata esta nueva gobernabilidad al estilo Trump, Duque y Bolsonaro, que gana adeptos en las elites. Se gobierna para el 1 por ciento, sin lugar a dudas, pero se integran los intereses de las clases medias altas y un sector de las clases medias, lo que representa alrededor de un tercio de la población. Para llegar a la mitad del electorado, se utilizan los medios masivos y el miedo a la delincuencia y, ahora también, el temor a que tus hijos sean gais o lesbianas o no se limiten a una sexualidad binaria.

 

En palabras del periodista brasileño Antonio Martins, estamos ante un nuevo escenario. “Lo que permite el ascenso de la ultraderecha no es un fenómeno superficial. La producción y las relaciones sociales están, hace décadas, en transformación veloz. Este proceso se acelerará, con el avance de la inteligencia artificial, la robótica, la genética y la nanotecnología (Outras Palavras, 09-01-2019).

 

Cambios que están generando muchos temores en muchas personas, que se vuelcan a la ultraderecha como forma de encontrar seguridades. Como dijo la ministra de la Familia en Brasil, ahora los niños volverán a vestir de azul y las niñas de rosa. Pero hay otro cambio adicional, relativo al conflicto social: “los viejos programas de enfrentamiento al capital se han vuelto ineficaces”, explica Martins.

 

“Es precisamente el impulso del capital para expandirse, para quebrar las viejas regulaciones que le impone límites, lo que da origen a fenómenos como Bolsonaro. El aumento continuo y brutal de las desigualdades, que en poco tiempo llegarán a la esfera biológica. La reducción de internet a una máquina de vigilancia, comercio y control. Las ejecuciones de millares de adversarios sin ser juzgados, por medio de drones, y la destrucción de Estados nacionales como Libia, perpetrada por “centristas” o “centro izquierdistas como Barack Obama, Hillary Clinton e François Hollande”, sentencia el periodista.

 

Los partidos hegemónicos de la izquierda están por fuera de estos debates. Las reacciones mayoritarias al genocidio que está perpetrando el gobierno de Daniel Ortega, lo demuestra de forma palmaria. En Brasil, durante la campaña electoral, Lula y la dirección del PT prefirieron facilitar el triunfo de Bolsonaro antes que abrirse a una confluencia con el centro-izquierda de Ciro Gomes que era el único candidato capaz de vencerlo. Perdieron, pero mantuvieron el control de la izquierda. Cristina Fernández se mueve en función de evitar la cárcel, para lo que necesita ser la cabeza de la oposición a Macri, aún corriendo el enorme riesgo de que éste gane las elecciones de octubre.

 

La política de la pequeñez y el aferrarse al poder, real o ilusorio, es el peor camino porque facilita el ascenso de las derechas.

 

El peor período de los movimientos

 

Reconozcamos la realidad: estamos mal, somos débiles y los poderes tienen la iniciativa en todos los terrenos, menos en la ética. Para completar el cuadro, no hay fuerzas políticas ni sociales capaces de revertir esta situación en el corto plazo. En suma, no podemos jugar nuestras escasas fuerzas en lances electorales, por ejemplo, o en batallas inmediatas.

 

“Tal vez”, destaca el propio Martins, “valga más la pena apostar en los embriones de alternativa real al sistema, de que en una improbable regeneración de los partidos institucionales, para enfrentar a Bolsonaro. Como en el pos-64, la resistencia fue tramada en las bases de la sociedad, mientras la oposición institucional se rendía”. Hace referencia al golpe de Estado militar de 1964, que arrasó con las instituciones y con la izquierda. Pero en ese tiempo oscuro, se crearon las condiciones para el nacimiento –apenas una década después– del Movimiento Sin Tierra, del Partido de los Trabajadores y la central sindical CUT.

 

Esa es la historia de toda América Latina. Nos hacemos fuertes en los tiempos oscuros de represión y militarismo, crecemos y acumulamos fuerzas que luego las derrochamos en el juego institucional. Las comunidades eclesiales de base y la educación popular estuvieron en la base de muchos movimientos, aunque no constituyeron grandes aparatos sino prácticas contra-hegemónicas.

 

Desde la década de 1980, esa es nuestra realidad: apostamos todo a las elecciones, a reformas constitucionales, a una legislación que es letra muerta y, en tanto, desarmamos nuestros poderes que son la única garantía frente a los opresores.

 

En este recodo de la historia, debemos analizar varios aspectos relacionados con los movimientos anti-sistémicos.

 

El primero es que los grandes movimientos están muy débiles, en particular los movimientos urbanos y los campesinos. Las políticas sociales de los gobiernos progresistas y conservadores han formado camadas enteras de dirigentes y militantes que aspiran a incrustarse en el aparato estatal, a negociar para conseguir beneficios que hagan la vida menos penosa y terminan subordinando a los colectivos a las agendas de arriba.

 

Lo segundo es que la sangría de los movimientos hacia el terreno institucional y electoral ha sido enormemente dañina. Buena parte de lo construido en la década de 1990, y aún antes, fue despilfarrado en la dinámica electoral. Sin olvidar que algunos movimientos fueron destruidos o debilitados desde los gobiernos progresistas, como es el caso de Ecuador y Bolivia, pero también de Argentina y Brasil. De ese modo los progresismos cavaron su propia tumba, ya que anularon a los actores colectivos que habían estado en la base de su crecimiento político y electoral.

 

Lo tercero es que podemos detectar tres movimientos en ascenso: mujeres, pueblos originarios y afros. Allí donde estos movimientos son relativamente fuertes (zapatistas y mapuche, favelas y palenques de Brasil y Colombia, Ni Una menos, etc.) han crecido por fuera de los marcos institucionales, haciendo carne en los problemas cotidianos de los pueblos y sectores sociales.

 

Sobrevivir y crecer a la intemperie

 

Pese a todas las dificultades, el futuro depende de lo que nosotros y nosotras hagamos, de los caminos que tomemos, de la decisión y entereza con que afrontemos este período oscuro de la historia. “Y estamos demostrando una vez más y lo vamos a tener que cumplir, estamos demostrando que sí es posible lo que se ve y lo que se siente que es imposible”, aseguró Moisés.

 

Observo dos grandes desafíos, uno teórico o estratégico y otro ético-político.

 

El primero se relaciona con los objetivos y los medios para alcanzarlos, algo que pasa previamente por una determinada lectura de la realidad. La tarea actual no puede consistir en prepararse para tomar el poder. Sería repetir un camino que nos lleva al fracaso. Tenemos tres grandes desafíos teóricos: el Estado como eje de nuestros objetivos, el economicismo que nos lleva a pensar que el capitalismo es economía y la creencia en el progreso y el crecimiento, graves errores que provienen del positivismo.

 

Respecto al Estado, el tema que merece acalorados debates en la actualidad, las reflexiones del dirigentes kurdo Abdullah Öcalan pueden ayudarnos a hacer balance. La toma del Estado –asegura en el segundo tomo del Manifiesto por una Civilización Democrática– termina por “pervertir al revolucionario más fiel”. Remata el razonamiento con una balance histórico: “Ciento cincuenta años de heroica lucha se asfixiaron y volatilizaron en el torbellino del poder”. Lo cual no depende de la calidad de los dirigentes, sino de una cuestión de cultura política.

 

La segunda cuestión es la ética. Invito a los lectores y a los militantes a releer las Tesis sobre la historia de Walter Benjamin, en particular la octava. De ella hemos retenido las dos primeras frases y olvidado la tercera, que a mi modo de ver es la fundamental. “La tradición de los oprimidos nos enseña que el “estado de excepción” en que ahora vivimos es en verdad la regla. El concepto de historia al que lleguemos debe resultar coherente con ello”. Hasta allí conceptos que se han convertido en sentido común para buera parte de los activistas.

 

Luego señala: “Promover el verdadero estado de excepción se nos presentará entonces como tarea nuestra, lo que mejorará nuestra posición en la lucha contra el fascismo”. ¿Qué quiere decir Benjamin con esta enigmática frase? Lo primero, es que no conozco reflexiones sobre esta frase, aunque las hay y muchas sobre las dos primeras.

 

A mi modo ver, Benjamin nos dice que sólo si aprendemos a vivir bajo el estado de excepción, a la intemperie, por fuera de las protecciones estatales, obtendremos los recursos éticos, organizativos y políticos para enfrentar al enemigo. Es una invitación a revolucionar nuestra cultura política, a salirnos de los paraguas institucionales. Sólo así estaremos en condiciones de luchar, recuperando, como señala en la tesis XII, tanto el odio como la capacidad de sacrificio que hemos perdido en el conformismo de la vida a la sombra del Estado.

Publicado enPolítica
Sábado, 02 Noviembre 2019 17:57

Educación popular desde los territorios

Educación popular desde los territorios

“La sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos,
son dos enemigos de la libertad de pensar en América”.
Simón Rodríguez

“…Lucha que solo tiene sentido cuando los oprimidos,
en la búsqueda por la recuperación de su humanidad,
que deviene una forma de crearla, no se sienten idealistamente opresores de los opresores, ni se transforman,
de hecho, en opresores de los opresores, sino en restauradores de la realidad de ambos. Ahí radica la gran tarea humanista e histórica de los oprimidos: liberarse a sí mismos y librar a los opresores”.
Paulo Freire

“Para nosotros los educadores y las educadoras populares,
el Sumak-Kausay de los pueblos indígenas de los Andes,
entre Quechuas y Aymaras constituye un valor-saber,
que no solo dialoga con nosotros, sino que también nos puede enseñar a pensar y a vivir en buena medida como ellos.
Lo que pudiera ser un feliz pasaje del saber a la Sabiduría”.
Carlos Rodrigues Brandão

Cuarto encuentro de educación popular en la ciudad de Bogotá

Desde el año 2016 se viene reactivando un escenario de encuentro nacional de Educación Popular como espacio de confluencia y reflexión en torno a las experiencias, proyectos y procesos de la educación popular en nuestro país. Los días 13 y 14 de septiembre de 2019 se llevará a cabo el cuarto encuentro en la Universidad Pedagógica Nacional.


El primer ejercicio realizado en el 2016 se denominó “Pasado, presente y futuro de la educación popular en Colombia”, y sirvió como un balance retrospectivo de 4 décadas de la Educación Popular (EP), así como de homenaje al colectivo de Dimensión Educativa por sus profundas enseñanzas; el segundo (2017), titulado “Trayectorias y desafíos de la Educación Popular en procesos de construcción de paz”, posibilitó un análisis sobre el papel de la EP en la coyuntura de la implementación del Acuerdo de la Habana, de igual modo sirvió para abrir debates sobre los retos pedagógicos y metodológicos en el contexto que se avecinaban en el país.


En el tercero (2018), “Un diálogo Intergeneracional en torno a nuestras prácticas y sentidos”, se generaron espacios para debatir sobre algunos asuntos temáticos y problemáticos emergentes en las prácticas y procesos de la EP, así como el reconocimiento y la interlocución de la Educación Popular situada en las relaciones y aportes con el movimiento social.


Para el este año los días 13 y 14 de septiembre continuaremos en la línea reflexiva y realizaremos el IV encuentro de educación popular “pedagogías de la educación popular diálogos entre lo ético y lo político”. El encuentro tiene como propósitos: reconocer las experiencias de formación ético política implicadas en las pedagogías de la educación popular; dar cuenta de los conflictos e interrogantes que se generan en nuestras actuaciones ético políticas como educadoras y educadores populares; construir alternativas en torno a los procesos de formación ético políticos que propendan por la revitalización y fortalecimiento de las organizaciones populares, así como celebrar la vida.


Metodológicamente el evento contará con mesas de trabajo distribuidas de la siguiente manera:


Mesa 1. Movimientos urbanos.
Mesa 2. Pre-universitarios y Pre- Icfes populares.

Mesa 3. Género y feminismos.
Mesa 4. Colectivos Artísticos.
Mesa 5. Universidad Escuela
Mesa 6. Movimientos indígenas, afros y campesinos.


Para esta jornada, además de encontrarnos, conocer y reconocer las diferentes experiencias que vienen de diferentes lugares del país, esperamos poder avanzar en la generación de espacios de articulación que logren visibilizar la Educación Popular no solo como un paradigma educacional sino como un movimiento vigente en Colombia de educadores y educadoras populares que construyen escenarios de discusión y análisis de esta tradición histórica en nuestra región.

Publicado enColombia
Mijaíl Bajtín: Rabelais, la risa y la cultura popular

“En el centro de la cultura reconstruida por Bajtín, hay que situar al carnaval: mito y rito, en el que confluyen la exaltación de la fertilidad y abundancia, la jocosa inversión de todos lo valores y jerarquías, el sentido cósmico del fluir destructor y regenrador del tiempo. Según Bajtín, esta visión del mundo, elaborada a lo largo de los siglos por la cultura popular, se contrapone expresamente, sobre todo en los países meridionales, al dogmatismo y a la seriedad de la cultura de las clases dominantes... Por lo tanto, dicotamía cultural, pero también circularidad, y una clara influencia recíproca –que es especialmente intensa durante la primera mitad del siglo XVI–, entre cultura sublaterna y cultura hegemónica”.

Miércoles, 30 Enero 2019 08:26

En marcha

En marcha

Una nueva componenda, para concretar un golpe de Estado contra el gobierno de Nicolás Maduro está en marcha. Una sincronizada cascada de acciones da fe de ello:

 

1. Enero 4, reunión del Grupo de Lima –integrado por 14 países de la región, catalogando al gobierno venezolano como dictadura, desconociendo la legitimidad del nuevo periodo presidencial de Nicolás Maduro, por asumir su segundo mandato presidencial el 10 de enero. México no firma y opta por una vía que privilegia el diálogo.


2. Enero 10. Desconocimiento por parte del Consejo Permanente de la OEA del gobierno venezolano por “ilegítimo”. La resolución fue aprobada por 19 votos a favor, 6 en contra, 8 abstenciones y una ausencia. Por otra parte, llama a todos los estados miembros y a los observadores permanentes de este organismo a adoptar las medidas diplomáticas, políticas, económicas y financieras que consideren necesarias para contribuir “a la restauración del orden democrático en Venezuela” y a implementar medidas para atender la crisis humanitaria en ese país.


3. Enero 11, Paraguay rompe relaciones con Venezuela al desconocer la legitimidad del gobernante venezolano. Igual proceder, en la práctica, han tomado todos los países firmantes de la declaración del Grupo de Lima, entre ellos Colombia que ha roto desde meses atrás los canales diplomáticos de contacto con el país vecino, asumiendo el liderazgo regional, junto a Mauricio Macri, presidente argentino, y el recién posesionado Jair Bolsonaro en Brasil, para provocar la caída de su par venezolano.


4. Enero 11. Autoproclomación de Juan Guaidó, presidente del parlamento venezolano cómo gobernante de Venezuela, dando paso con ello a la conformación de un gobierno paralelo o una dualidad de poderes que busca atizar un levantamiento militar y una confrontación civil en Venezuela.


5. De manera inmediata. el secretario General de la OEA, Luis Amagro, brindó su aval al autoproclamado presidente. La declaración no extraña, ya que en varias ocasiones, a lo largo del 2018, había llamado a dar un golpe contra Maduro.


6. Enero12. El gobierno de Brasil reconoce a Juan Guaidó. Por su parte el presidente de Colombia emite una declaración donde reconoce “[…] a la Asamblea Nacional de Venezuela como el único órgano democrático y legítimo que existe en ese país”. El presidente de esa Asamblea es el autoproclamado Guaidó.


7. De manera simultánea, todas las declaraciones de los países integrantes del Grupo de Lima aluden al gobernante venezolano como dictador, desatando una ofensiva en procura de crear en la opinión pública la inclinación por un golpe militar o similar en el país suramericano.


8. Como eco de esta acción, los informativos colombianos, de manera constante y sin brindar a sus radioescuchas, lectores o televidentes información de contexto, aluden al Presidente venezolano como dictador. La desinformación como norma gana espacio a todo nivel.

 

Como una acción previa para poner en marcha esta sincronizada arremetida, Mike Pompeo, secretario de Estados de los Estados Unidos y exdirector de la CIA, se había reunido los días 1 y 2 de enero con los presidentes de Colombia y de Brasil. Ya en abril de 2018 había estado presente en varios países de la región afinando compromisos en contra de Cuba, Nicaragua Bolivia y Venezuela.

 

Previo a la maniobra geopolítica en marcha, a lo largo del 2017 y 2018, la OEA intentó por varios conductos aislar a Venezuela del escenario regional, lo que motivó la misma renuncia a este organismo por parte del país suramericano. Intentos de bloqueo diplomático que fueron accionados al tiempo que se estimulaba un alzamiento social, el cual se prolongó por varios meses del 2017 y con especial énfasis en Caracas, a través de movilizaciones de todo tipo. Al final de esta confrontación, cientos de los manifestantes habían caído presos, algunos voceros de la oposición habían corrido igual suerte, y la coordinación de las fuerzas opuestas al gobierno venezolano estaba rota. Las contradicciones en cuanto a los resultados obtenidos, las acciones por proseguir y qué hacer ante las elecciones presidenciales que se avecinaban, terminaron por fracturarlos.


Llegada la campaña electoral –enero/abril de 2018–, la mayoría de los integrantes de la coordinación opositora se abstuvo de participar de la campaña presidencial. Al final de los comicios Maduro fue elegido con el 57 por ciento de los votos.

 

Soberanía popular

 

Que el gobierno de Nicolás Maduro y su dirección al frente de Venezuela está cuestionada, no hay duda, pero no por ello los gobernantes de la región pueden saltarse el derecho de cada pueblo a resolver sus problemas con autonomía, basados en el respeto a su soberanía y derecho a vivir en paz.

 

Más allá de los resultados de los comicios de abril pasado, la economía y la prolongada crisis social de su país son quienes le han colocado a Maduro el Inri de impopular. No es para menos. Más allá del bloqueo económico emprendido por los Estados Unidos y el conjunto de medidas internacionales para llevar a este país a la ingobernabilidad, están las medidas del propio gobierno y de la dirigencia venezolana, incapaces de desatar el liderazgo social y emprender una gestión de verdad revolucionaria para encarar los destinos de su patria. Imaginación, audacia, autogestión, poder popular, soberanía alimentaria, industrialización autónoma que rompa la matriz petrolera del país, ingresos dignos, estos y otros retos son los que tendría que resolver el liderazgo social, más allá del gobierno.

 

Contrario a ello, una gestión cada vez más burocrática y enclaustrada, aislada de las dinámicas diarias de los millones de connacionales que padecen una inflación inimaginable y un desabastecimiento de productos básicos de la canasta familiar, con una presencia cada vez más autoritaria del Estado, es la que cuestiona al líder venezolano, así como a todo el equipo que lo acompaña, con las Fuerzas Armadas como soporte y sustento, de cuya cohesión depende la continuidad del jefe de Estado.

 

Por ahora, con el doble gobierno en marcha, con el llamamiento a las Fuerzas Armadas a fracturarse, así como la instigación al alzamiento social, lo que está en marcha es una peligroso y arriesgada maniobra por parte de los Estados Unidos y sus países satélites, que más allá del destino que corra Maduro puede terminar en una confrontación civil interna.

 

Alineada Venezuela cada vez más con China y Rusia, países que le apuestan a la recuperación y estabilidad económica del país suramericano, invirtiendo para ello significativas sumas de dinero y comprometiendo acompañamiento a todo nivel, decisión que aruña con evidencia el patio trasero y última retaguardia del otrora incuestionable imperio gringo, provocan, no sin cálculo, la furia de su enemigo del Norte, lo que puede desatar en este territorio una disputa geopolítica global, tipo Siria, que terminaría por descuadrar el mapa regional americano, en especial el de Sur y Centro América, así como El Caribe, algo que no depararía nada bueno para todos nuestros pueblos, incluido el colombiano.

 

El que juega con candela, puede desatar incendios. Duque y todos aquellos a quienes él representa, el poder real a la sombra hoy en Colombia y en la región, pueden terminar como pirómanos.

Publicado enColombia
Miércoles, 25 Diciembre 2019 06:19

La soledad de los movimientos anti-sistémicos

La soledad de los movimientos anti-sistémicos

Publicamos nuevamente los artículos más leídos durante el 2019 corresponden a los periódicos desdeabajo ediciones 253-264 y Le Monde diplomatique, edición Colombia ediciones 185-196.


 

Los últimos cinco años han sido de permanente crecimiento de las derechas, de crisis y retrocesos de los progresismos y las izquierdas, y de estancamiento y fragilidad crecientes de los movimientos sociales. Sin embargo, las organizaciones de base están mostrando que son las únicas con capacidad para sostenerse en medio de la ofensiva derechista y si logran sobrevivir, podrán crear las condiciones para una contraofensiva popular desde abajo. Cambios que no sucederán en el corto plazo.

 

“Estamos solos”, dijo y repitió el subcomandante insurgente Moisés en el caracol de La Realidad, durante la celebración de 25 aniversario del alzamiento zapatista, el pasado 1 de enero. “Estamos solos como hace veinticinco años”, enfatizó. “Salimos a despertar al pueblo de México y al mundo, solos, y hoy veinticinco años después vemos que estamos solos…”.

 

Como puede observarse, la dirección zapatista no se engaña ante la nueva coyuntura signada por el triunfo del progresista Andrés Manuel López Obrador. “Si hemos logrado algo, es por nuestro trabajo, y si tenemos error, también es nuestra falla. Pero es nuestro trabajo, nadie nos lo dijo, nadie nos lo enseñó, es nuestro trabajo”, siguió Moisés ante un amplio despliegue de milicianos y milicianas. Estaba mentando los trabajos autónomos que han permitido que cientos de miles de indígenas (agrupados en más de mil comunidades, 34 municipios y cinco regiones) vivan de otro modo, donde es el pueblo quien manda y el gobierno autónomo el que obedece.

 

La importancia de las palabras de Moisés son dobles: hace una lectura de la realidad sin concesiones, para concluir que hoy las fuerzas anti-capitalistas son minoritarias y están aisladas. Estamos aislados en todo el mundo y en toda la región latinoamericana. Sería desastroso que se volcaran a alguna suerte de triunfalismo, como esos partidos que siempre repiten que están avanzando, que no experimentan retrocesos, que las cosas van bien, cuando la realidad es la contraria y rompe los ojos.

 

La segunda cuestión, es el empeño en resistir. La determinación zapatista está exenta de cálculos de costes y beneficios, se afirma en las propias capacidades sin buscar atajos electorales y, quizá lo más importante, le apuesta al largo plazo, a que maduren las condiciones para retomar la iniciativa. ¿Acaso no fueron estos, desde siempre, los parámetros en los que se movió la izquierda, hasta que las tentaciones del poder retorcieron los principios éticos para convertirlos en puro posibilismo?

 

Una nueva derecha militante y militarista

 

La crisis de 2008 fue un parteaguas para la humanidad de abajo. Los de arriba decidieron dar un golpe de timón, de similar profundidad al de 1973, en las postrimerías de la revolución de 1968, cuando decidieron poner fin al Estado del Bienestar y se lanzaron al desmonte de las conquistas de la clase trabajadora. Ahora están desmontando el sistema democrático, decidieron que ya no gobiernan para toda la población sino apenas para un 30-40 por ciento.

 

Debemos comprender de qué se trata esta nueva gobernabilidad al estilo Trump, Duque y Bolsonaro, que gana adeptos en las elites. Se gobierna para el 1 por ciento, sin lugar a dudas, pero se integran los intereses de las clases medias altas y un sector de las clases medias, lo que representa alrededor de un tercio de la población. Para llegar a la mitad del electorado, se utilizan los medios masivos y el miedo a la delincuencia y, ahora también, el temor a que tus hijos sean gais o lesbianas o no se limiten a una sexualidad binaria.

 

En palabras del periodista brasileño Antonio Martins, estamos ante un nuevo escenario. “Lo que permite el ascenso de la ultraderecha no es un fenómeno superficial. La producción y las relaciones sociales están, hace décadas, en transformación veloz. Este proceso se acelerará, con el avance de la inteligencia artificial, la robótica, la genética y la nanotecnología (Outras Palavras, 09-01-2019).

 

Cambios que están generando muchos temores en muchas personas, que se vuelcan a la ultraderecha como forma de encontrar seguridades. Como dijo la ministra de la Familia en Brasil, ahora los niños volverán a vestir de azul y las niñas de rosa. Pero hay otro cambio adicional, relativo al conflicto social: “los viejos programas de enfrentamiento al capital se han vuelto ineficaces”, explica Martins.

 

“Es precisamente el impulso del capital para expandirse, para quebrar las viejas regulaciones que le impone límites, lo que da origen a fenómenos como Bolsonaro. El aumento continuo y brutal de las desigualdades, que en poco tiempo llegarán a la esfera biológica. La reducción de internet a una máquina de vigilancia, comercio y control. Las ejecuciones de millares de adversarios sin ser juzgados, por medio de drones, y la destrucción de Estados nacionales como Libia, perpetrada por “centristas” o “centro izquierdistas como Barack Obama, Hillary Clinton e François Hollande”, sentencia el periodista.

 

Los partidos hegemónicos de la izquierda están por fuera de estos debates. Las reacciones mayoritarias al genocidio que está perpetrando el gobierno de Daniel Ortega, lo demuestra de forma palmaria. En Brasil, durante la campaña electoral, Lula y la dirección del PT prefirieron facilitar el triunfo de Bolsonaro antes que abrirse a una confluencia con el centro-izquierda de Ciro Gomes que era el único candidato capaz de vencerlo. Perdieron, pero mantuvieron el control de la izquierda. Cristina Fernández se mueve en función de evitar la cárcel, para lo que necesita ser la cabeza de la oposición a Macri, aún corriendo el enorme riesgo de que éste gane las elecciones de octubre.

 

La política de la pequeñez y el aferrarse al poder, real o ilusorio, es el peor camino porque facilita el ascenso de las derechas.

 

El peor período de los movimientos

 

Reconozcamos la realidad: estamos mal, somos débiles y los poderes tienen la iniciativa en todos los terrenos, menos en la ética. Para completar el cuadro, no hay fuerzas políticas ni sociales capaces de revertir esta situación en el corto plazo. En suma, no podemos jugar nuestras escasas fuerzas en lances electorales, por ejemplo, o en batallas inmediatas.

 

“Tal vez”, destaca el propio Martins, “valga más la pena apostar en los embriones de alternativa real al sistema, de que en una improbable regeneración de los partidos institucionales, para enfrentar a Bolsonaro. Como en el pos-64, la resistencia fue tramada en las bases de la sociedad, mientras la oposición institucional se rendía”. Hace referencia al golpe de Estado militar de 1964, que arrasó con las instituciones y con la izquierda. Pero en ese tiempo oscuro, se crearon las condiciones para el nacimiento –apenas una década después– del Movimiento Sin Tierra, del Partido de los Trabajadores y la central sindical CUT.

 

Esa es la historia de toda América Latina. Nos hacemos fuertes en los tiempos oscuros de represión y militarismo, crecemos y acumulamos fuerzas que luego las derrochamos en el juego institucional. Las comunidades eclesiales de base y la educación popular estuvieron en la base de muchos movimientos, aunque no constituyeron grandes aparatos sino prácticas contra-hegemónicas.

 

Desde la década de 1980, esa es nuestra realidad: apostamos todo a las elecciones, a reformas constitucionales, a una legislación que es letra muerta y, en tanto, desarmamos nuestros poderes que son la única garantía frente a los opresores.

 

En este recodo de la historia, debemos analizar varios aspectos relacionados con los movimientos anti-sistémicos.

 

El primero es que los grandes movimientos están muy débiles, en particular los movimientos urbanos y los campesinos. Las políticas sociales de los gobiernos progresistas y conservadores han formado camadas enteras de dirigentes y militantes que aspiran a incrustarse en el aparato estatal, a negociar para conseguir beneficios que hagan la vida menos penosa y terminan subordinando a los colectivos a las agendas de arriba.

 

Lo segundo es que la sangría de los movimientos hacia el terreno institucional y electoral ha sido enormemente dañina. Buena parte de lo construido en la década de 1990, y aún antes, fue despilfarrado en la dinámica electoral. Sin olvidar que algunos movimientos fueron destruidos o debilitados desde los gobiernos progresistas, como es el caso de Ecuador y Bolivia, pero también de Argentina y Brasil. De ese modo los progresismos cavaron su propia tumba, ya que anularon a los actores colectivos que habían estado en la base de su crecimiento político y electoral.

 

Lo tercero es que podemos detectar tres movimientos en ascenso: mujeres, pueblos originarios y afros. Allí donde estos movimientos son relativamente fuertes (zapatistas y mapuche, favelas y palenques de Brasil y Colombia, Ni Una menos, etc.) han crecido por fuera de los marcos institucionales, haciendo carne en los problemas cotidianos de los pueblos y sectores sociales.

 

Sobrevivir y crecer a la intemperie

 

Pese a todas las dificultades, el futuro depende de lo que nosotros y nosotras hagamos, de los caminos que tomemos, de la decisión y entereza con que afrontemos este período oscuro de la historia. “Y estamos demostrando una vez más y lo vamos a tener que cumplir, estamos demostrando que sí es posible lo que se ve y lo que se siente que es imposible”, aseguró Moisés.

 

Observo dos grandes desafíos, uno teórico o estratégico y otro ético-político.

 

El primero se relaciona con los objetivos y los medios para alcanzarlos, algo que pasa previamente por una determinada lectura de la realidad. La tarea actual no puede consistir en prepararse para tomar el poder. Sería repetir un camino que nos lleva al fracaso. Tenemos tres grandes desafíos teóricos: el Estado como eje de nuestros objetivos, el economicismo que nos lleva a pensar que el capitalismo es economía y la creencia en el progreso y el crecimiento, graves errores que provienen del positivismo.

 

Respecto al Estado, el tema que merece acalorados debates en la actualidad, las reflexiones del dirigentes kurdo Abdullah Öcalan pueden ayudarnos a hacer balance. La toma del Estado –asegura en el segundo tomo del Manifiesto por una Civilización Democrática– termina por “pervertir al revolucionario más fiel”. Remata el razonamiento con una balance histórico: “Ciento cincuenta años de heroica lucha se asfixiaron y volatilizaron en el torbellino del poder”. Lo cual no depende de la calidad de los dirigentes, sino de una cuestión de cultura política.

 

La segunda cuestión es la ética. Invito a los lectores y a los militantes a releer las Tesis sobre la historia de Walter Benjamin, en particular la octava. De ella hemos retenido las dos primeras frases y olvidado la tercera, que a mi modo de ver es la fundamental. “La tradición de los oprimidos nos enseña que el “estado de excepción” en que ahora vivimos es en verdad la regla. El concepto de historia al que lleguemos debe resultar coherente con ello”. Hasta allí conceptos que se han convertido en sentido común para buera parte de los activistas.

 

Luego señala: “Promover el verdadero estado de excepción se nos presentará entonces como tarea nuestra, lo que mejorará nuestra posición en la lucha contra el fascismo”. ¿Qué quiere decir Benjamin con esta enigmática frase? Lo primero, es que no conozco reflexiones sobre esta frase, aunque las hay y muchas sobre las dos primeras.

 

A mi modo ver, Benjamin nos dice que sólo si aprendemos a vivir bajo el estado de excepción, a la intemperie, por fuera de las protecciones estatales, obtendremos los recursos éticos, organizativos y políticos para enfrentar al enemigo. Es una invitación a revolucionar nuestra cultura política, a salirnos de los paraguas institucionales. Sólo así estaremos en condiciones de luchar, recuperando, como señala en la tesis XII, tanto el odio como la capacidad de sacrificio que hemos perdido en el conformismo de la vida a la sombra del Estado.

Publicado enPolítica
Martes, 29 Enero 2019 15:51

En marcha

En marcha

Una nueva componenda, para concretar un golpe de Estado contra el gobierno de Nicolás Maduro está en marcha. Una sincronizada cascada de acciones da fe de ello:

 

1. Enero 4, reunión del Grupo de Lima –integrado por 14 países de la región, catalogando al gobierno venezolano como dictadura, desconociendo la legitimidad del nuevo periodo presidencial de Nicolás Maduro, por asumir su segundo mandato presidencial el 10 de enero. México no firma y opta por una vía que privilegia el diálogo.


2. Enero 10. Desconocimiento por parte del Consejo Permanente de la OEA del gobierno venezolano por “ilegítimo”. La resolución fue aprobada por 19 votos a favor, 6 en contra, 8 abstenciones y una ausencia. Por otra parte, llama a todos los estados miembros y a los observadores permanentes de este organismo a adoptar las medidas diplomáticas, políticas, económicas y financieras que consideren necesarias para contribuir “a la restauración del orden democrático en Venezuela” y a implementar medidas para atender la crisis humanitaria en ese país.


3. Enero 11, Paraguay rompe relaciones con Venezuela al desconocer la legitimidad del gobernante venezolano. Igual proceder, en la práctica, han tomado todos los países firmantes de la declaración del Grupo de Lima, entre ellos Colombia que ha roto desde meses atrás los canales diplomáticos de contacto con el país vecino, asumiendo el liderazgo regional, junto a Mauricio Macri, presidente argentino, y el recién posesionado Jair Bolsonaro en Brasil, para provocar la caída de su par venezolano.


4. Enero 11. Autoproclomación de Juan Guaidó, presidente del parlamento venezolano cómo gobernante de Venezuela, dando paso con ello a la conformación de un gobierno paralelo o una dualidad de poderes que busca atizar un levantamiento militar y una confrontación civil en Venezuela.


5. De manera inmediata. el secretario General de la OEA, Luis Amagro, brindó su aval al autoproclamado presidente. La declaración no extraña, ya que en varias ocasiones, a lo largo del 2018, había llamado a dar un golpe contra Maduro.


6. Enero12. El gobierno de Brasil reconoce a Juan Guaidó. Por su parte el presidente de Colombia emite una declaración donde reconoce “[…] a la Asamblea Nacional de Venezuela como el único órgano democrático y legítimo que existe en ese país”. El presidente de esa Asamblea es el autoproclamado Guaidó.


7. De manera simultánea, todas las declaraciones de los países integrantes del Grupo de Lima aluden al gobernante venezolano como dictador, desatando una ofensiva en procura de crear en la opinión pública la inclinación por un golpe militar o similar en el país suramericano.


8. Como eco de esta acción, los informativos colombianos, de manera constante y sin brindar a sus radioescuchas, lectores o televidentes información de contexto, aluden al Presidente venezolano como dictador. La desinformación como norma gana espacio a todo nivel.

 

Como una acción previa para poner en marcha esta sincronizada arremetida, Mike Pompeo, secretario de Estados de los Estados Unidos y exdirector de la CIA, se había reunido los días 1 y 2 de enero con los presidentes de Colombia y de Brasil. Ya en abril de 2018 había estado presente en varios países de la región afinando compromisos en contra de Cuba, Nicaragua Bolivia y Venezuela.

 

Previo a la maniobra geopolítica en marcha, a lo largo del 2017 y 2018, la OEA intentó por varios conductos aislar a Venezuela del escenario regional, lo que motivó la misma renuncia a este organismo por parte del país suramericano. Intentos de bloqueo diplomático que fueron accionados al tiempo que se estimulaba un alzamiento social, el cual se prolongó por varios meses del 2017 y con especial énfasis en Caracas, a través de movilizaciones de todo tipo. Al final de esta confrontación, cientos de los manifestantes habían caído presos, algunos voceros de la oposición habían corrido igual suerte, y la coordinación de las fuerzas opuestas al gobierno venezolano estaba rota. Las contradicciones en cuanto a los resultados obtenidos, las acciones por proseguir y qué hacer ante las elecciones presidenciales que se avecinaban, terminaron por fracturarlos.


Llegada la campaña electoral –enero/abril de 2018–, la mayoría de los integrantes de la coordinación opositora se abstuvo de participar de la campaña presidencial. Al final de los comicios Maduro fue elegido con el 57 por ciento de los votos.

 

Soberanía popular

 

Que el gobierno de Nicolás Maduro y su dirección al frente de Venezuela está cuestionada, no hay duda, pero no por ello los gobernantes de la región pueden saltarse el derecho de cada pueblo a resolver sus problemas con autonomía, basados en el respeto a su soberanía y derecho a vivir en paz.

 

Más allá de los resultados de los comicios de abril pasado, la economía y la prolongada crisis social de su país son quienes le han colocado a Maduro el Inri de impopular. No es para menos. Más allá del bloqueo económico emprendido por los Estados Unidos y el conjunto de medidas internacionales para llevar a este país a la ingobernabilidad, están las medidas del propio gobierno y de la dirigencia venezolana, incapaces de desatar el liderazgo social y emprender una gestión de verdad revolucionaria para encarar los destinos de su patria. Imaginación, audacia, autogestión, poder popular, soberanía alimentaria, industrialización autónoma que rompa la matriz petrolera del país, ingresos dignos, estos y otros retos son los que tendría que resolver el liderazgo social, más allá del gobierno.

 

Contrario a ello, una gestión cada vez más burocrática y enclaustrada, aislada de las dinámicas diarias de los millones de connacionales que padecen una inflación inimaginable y un desabastecimiento de productos básicos de la canasta familiar, con una presencia cada vez más autoritaria del Estado, es la que cuestiona al líder venezolano, así como a todo el equipo que lo acompaña, con las Fuerzas Armadas como soporte y sustento, de cuya cohesión depende la continuidad del jefe de Estado.

 

Por ahora, con el doble gobierno en marcha, con el llamamiento a las Fuerzas Armadas a fracturarse, así como la instigación al alzamiento social, lo que está en marcha es una peligroso y arriesgada maniobra por parte de los Estados Unidos y sus países satélites, que más allá del destino que corra Maduro puede terminar en una confrontación civil interna.

 

Alineada Venezuela cada vez más con China y Rusia, países que le apuestan a la recuperación y estabilidad económica del país suramericano, invirtiendo para ello significativas sumas de dinero y comprometiendo acompañamiento a todo nivel, decisión que aruña con evidencia el patio trasero y última retaguardia del otrora incuestionable imperio gringo, provocan, no sin cálculo, la furia de su enemigo del Norte, lo que puede desatar en este territorio una disputa geopolítica global, tipo Siria, que terminaría por descuadrar el mapa regional americano, en especial el de Sur y Centro América, así como El Caribe, algo que no depararía nada bueno para todos nuestros pueblos, incluido el colombiano.

 

El que juega con candela, puede desatar incendios. Duque y todos aquellos a quienes él representa, el poder real a la sombra hoy en Colombia y en la región, pueden terminar como pirómanos.

Publicado enEdición Nº253
La soledad de los movimientos anti-sistémicos

Los últimos cinco años han sido de permanente crecimiento de las derechas, de crisis y retrocesos de los progresismos y las izquierdas, y de estancamiento y fragilidad crecientes de los movimientos sociales. Sin embargo, las organizaciones de base están mostrando que son las únicas con capacidad para sostenerse en medio de la ofensiva derechista y si logran sobrevivir, podrán crear las condiciones para una contraofensiva popular desde abajo. Cambios que no sucederán en el corto plazo.

 

“Estamos solos”, dijo y repitió el subcomandante insurgente Moisés en el caracol de La Realidad, durante la celebración de 25 aniversario del alzamiento zapatista, el pasado 1 de enero. “Estamos solos como hace veinticinco años”, enfatizó. “Salimos a despertar al pueblo de México y al mundo, solos, y hoy veinticinco años después vemos que estamos solos…”.

 

Como puede observarse, la dirección zapatista no se engaña ante la nueva coyuntura signada por el triunfo del progresista Andrés Manuel López Obrador. “Si hemos logrado algo, es por nuestro trabajo, y si tenemos error, también es nuestra falla. Pero es nuestro trabajo, nadie nos lo dijo, nadie nos lo enseñó, es nuestro trabajo”, siguió Moisés ante un amplio despliegue de milicianos y milicianas. Estaba mentando los trabajos autónomos que han permitido que cientos de miles de indígenas (agrupados en más de mil comunidades, 34 municipios y cinco regiones) vivan de otro modo, donde es el pueblo quien manda y el gobierno autónomo el que obedece.

 

La importancia de las palabras de Moisés son dobles: hace una lectura de la realidad sin concesiones, para concluir que hoy las fuerzas anti-capitalistas son minoritarias y están aisladas. Estamos aislados en todo el mundo y en toda la región latinoamericana. Sería desastroso que se volcaran a alguna suerte de triunfalismo, como esos partidos que siempre repiten que están avanzando, que no experimentan retrocesos, que las cosas van bien, cuando la realidad es la contraria y rompe los ojos.

 

La segunda cuestión, es el empeño en resistir. La determinación zapatista está exenta de cálculos de costes y beneficios, se afirma en las propias capacidades sin buscar atajos electorales y, quizá lo más importante, le apuesta al largo plazo, a que maduren las condiciones para retomar la iniciativa. ¿Acaso no fueron estos, desde siempre, los parámetros en los que se movió la izquierda, hasta que las tentaciones del poder retorcieron los principios éticos para convertirlos en puro posibilismo?

 

Una nueva derecha militante y militarista

 

La crisis de 2008 fue un parteaguas para la humanidad de abajo. Los de arriba decidieron dar un golpe de timón, de similar profundidad al de 1973, en las postrimerías de la revolución de 1968, cuando decidieron poner fin al Estado del Bienestar y se lanzaron al desmonte de las conquistas de la clase trabajadora. Ahora están desmontando el sistema democrático, decidieron que ya no gobiernan para toda la población sino apenas para un 30-40 por ciento.

 

Debemos comprender de qué se trata esta nueva gobernabilidad al estilo Trump, Duque y Bolsonaro, que gana adeptos en las elites. Se gobierna para el 1 por ciento, sin lugar a dudas, pero se integran los intereses de las clases medias altas y un sector de las clases medias, lo que representa alrededor de un tercio de la población. Para llegar a la mitad del electorado, se utilizan los medios masivos y el miedo a la delincuencia y, ahora también, el temor a que tus hijos sean gais o lesbianas o no se limiten a una sexualidad binaria.

 

En palabras del periodista brasileño Antonio Martins, estamos ante un nuevo escenario. “Lo que permite el ascenso de la ultraderecha no es un fenómeno superficial. La producción y las relaciones sociales están, hace décadas, en transformación veloz. Este proceso se acelerará, con el avance de la inteligencia artificial, la robótica, la genética y la nanotecnología (Outras Palavras, 09-01-2019).

 

Cambios que están generando muchos temores en muchas personas, que se vuelcan a la ultraderecha como forma de encontrar seguridades. Como dijo la ministra de la Familia en Brasil, ahora los niños volverán a vestir de azul y las niñas de rosa. Pero hay otro cambio adicional, relativo al conflicto social: “los viejos programas de enfrentamiento al capital se han vuelto ineficaces”, explica Martins.

 

“Es precisamente el impulso del capital para expandirse, para quebrar las viejas regulaciones que le impone límites, lo que da origen a fenómenos como Bolsonaro. El aumento continuo y brutal de las desigualdades, que en poco tiempo llegarán a la esfera biológica. La reducción de internet a una máquina de vigilancia, comercio y control. Las ejecuciones de millares de adversarios sin ser juzgados, por medio de drones, y la destrucción de Estados nacionales como Libia, perpetrada por “centristas” o “centro izquierdistas como Barack Obama, Hillary Clinton e François Hollande”, sentencia el periodista.

 

Los partidos hegemónicos de la izquierda están por fuera de estos debates. Las reacciones mayoritarias al genocidio que está perpetrando el gobierno de Daniel Ortega, lo demuestra de forma palmaria. En Brasil, durante la campaña electoral, Lula y la dirección del PT prefirieron facilitar el triunfo de Bolsonaro antes que abrirse a una confluencia con el centro-izquierda de Ciro Gomes que era el único candidato capaz de vencerlo. Perdieron, pero mantuvieron el control de la izquierda. Cristina Fernández se mueve en función de evitar la cárcel, para lo que necesita ser la cabeza de la oposición a Macri, aún corriendo el enorme riesgo de que éste gane las elecciones de octubre.

 

La política de la pequeñez y el aferrarse al poder, real o ilusorio, es el peor camino porque facilita el ascenso de las derechas.

 

El peor período de los movimientos

 

Reconozcamos la realidad: estamos mal, somos débiles y los poderes tienen la iniciativa en todos los terrenos, menos en la ética. Para completar el cuadro, no hay fuerzas políticas ni sociales capaces de revertir esta situación en el corto plazo. En suma, no podemos jugar nuestras escasas fuerzas en lances electorales, por ejemplo, o en batallas inmediatas.

 

“Tal vez”, destaca el propio Martins, “valga más la pena apostar en los embriones de alternativa real al sistema, de que en una improbable regeneración de los partidos institucionales, para enfrentar a Bolsonaro. Como en el pos-64, la resistencia fue tramada en las bases de la sociedad, mientras la oposición institucional se rendía”. Hace referencia al golpe de Estado militar de 1964, que arrasó con las instituciones y con la izquierda. Pero en ese tiempo oscuro, se crearon las condiciones para el nacimiento –apenas una década después– del Movimiento Sin Tierra, del Partido de los Trabajadores y la central sindical CUT.

 

Esa es la historia de toda América Latina. Nos hacemos fuertes en los tiempos oscuros de represión y militarismo, crecemos y acumulamos fuerzas que luego las derrochamos en el juego institucional. Las comunidades eclesiales de base y la educación popular estuvieron en la base de muchos movimientos, aunque no constituyeron grandes aparatos sino prácticas contra-hegemónicas.

 

Desde la década de 1980, esa es nuestra realidad: apostamos todo a las elecciones, a reformas constitucionales, a una legislación que es letra muerta y, en tanto, desarmamos nuestros poderes que son la única garantía frente a los opresores.

 

En este recodo de la historia, debemos analizar varios aspectos relacionados con los movimientos anti-sistémicos.

 

El primero es que los grandes movimientos están muy débiles, en particular los movimientos urbanos y los campesinos. Las políticas sociales de los gobiernos progresistas y conservadores han formado camadas enteras de dirigentes y militantes que aspiran a incrustarse en el aparato estatal, a negociar para conseguir beneficios que hagan la vida menos penosa y terminan subordinando a los colectivos a las agendas de arriba.

 

Lo segundo es que la sangría de los movimientos hacia el terreno institucional y electoral ha sido enormemente dañina. Buena parte de lo construido en la década de 1990, y aún antes, fue despilfarrado en la dinámica electoral. Sin olvidar que algunos movimientos fueron destruidos o debilitados desde los gobiernos progresistas, como es el caso de Ecuador y Bolivia, pero también de Argentina y Brasil. De ese modo los progresismos cavaron su propia tumba, ya que anularon a los actores colectivos que habían estado en la base de su crecimiento político y electoral.

 

Lo tercero es que podemos detectar tres movimientos en ascenso: mujeres, pueblos originarios y afros. Allí donde estos movimientos son relativamente fuertes (zapatistas y mapuche, favelas y palenques de Brasil y Colombia, Ni Una menos, etc.) han crecido por fuera de los marcos institucionales, haciendo carne en los problemas cotidianos de los pueblos y sectores sociales.

 

Sobrevivir y crecer a la intemperie

 

Pese a todas las dificultades, el futuro depende de lo que nosotros y nosotras hagamos, de los caminos que tomemos, de la decisión y entereza con que afrontemos este período oscuro de la historia. “Y estamos demostrando una vez más y lo vamos a tener que cumplir, estamos demostrando que sí es posible lo que se ve y lo que se siente que es imposible”, aseguró Moisés.

 

Observo dos grandes desafíos, uno teórico o estratégico y otro ético-político.

 

El primero se relaciona con los objetivos y los medios para alcanzarlos, algo que pasa previamente por una determinada lectura de la realidad. La tarea actual no puede consistir en prepararse para tomar el poder. Sería repetir un camino que nos lleva al fracaso. Tenemos tres grandes desafíos teóricos: el Estado como eje de nuestros objetivos, el economicismo que nos lleva a pensar que el capitalismo es economía y la creencia en el progreso y el crecimiento, graves errores que provienen del positivismo.

 

Respecto al Estado, el tema que merece acalorados debates en la actualidad, las reflexiones del dirigentes kurdo Abdullah Öcalan pueden ayudarnos a hacer balance. La toma del Estado –asegura en el segundo tomo del Manifiesto por una Civilización Democrática– termina por “pervertir al revolucionario más fiel”. Remata el razonamiento con una balance histórico: “Ciento cincuenta años de heroica lucha se asfixiaron y volatilizaron en el torbellino del poder”. Lo cual no depende de la calidad de los dirigentes, sino de una cuestión de cultura política.

 

La segunda cuestión es la ética. Invito a los lectores y a los militantes a releer las Tesis sobre la historia de Walter Benjamin, en particular la octava. De ella hemos retenido las dos primeras frases y olvidado la tercera, que a mi modo de ver es la fundamental. “La tradición de los oprimidos nos enseña que el “estado de excepción” en que ahora vivimos es en verdad la regla. El concepto de historia al que lleguemos debe resultar coherente con ello”. Hasta allí conceptos que se han convertido en sentido común para buera parte de los activistas.

 

Luego señala: “Promover el verdadero estado de excepción se nos presentará entonces como tarea nuestra, lo que mejorará nuestra posición en la lucha contra el fascismo”. ¿Qué quiere decir Benjamin con esta enigmática frase? Lo primero, es que no conozco reflexiones sobre esta frase, aunque las hay y muchas sobre las dos primeras.

 

A mi modo ver, Benjamin nos dice que sólo si aprendemos a vivir bajo el estado de excepción, a la intemperie, por fuera de las protecciones estatales, obtendremos los recursos éticos, organizativos y políticos para enfrentar al enemigo. Es una invitación a revolucionar nuestra cultura política, a salirnos de los paraguas institucionales. Sólo así estaremos en condiciones de luchar, recuperando, como señala en la tesis XII, tanto el odio como la capacidad de sacrificio que hemos perdido en el conformismo de la vida a la sombra del Estado.

Publicado enEdición Nº253
Los 25 años de la experiencia zapatista

Los zapatistas de Chiapas acaban de celebrar los 25 años del levantamiento del 1o de enero de 1994. Un levantamiento armado que fue un ¡Ya basta! a cinco siglos de dominación colonial sufrida por los pueblos indígenas, a décadas de la “dictadura perfecta” del Partido Revolucionario Institucional y años de políticas neoliberales que culminaron con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, entrado en vigor el mismo día; también venía a desmentir el supuesto “fin de la historia” proclamado por los apologistas del capitalismo omnipotente. Un levantamiento que, a través de múltiples peripecias abrió el espacio para construir una muy singular experiencia de autonomía política, con la declaración de treinta municipios autónomos a partir de diciembre de 1994 y, con más fuerza aún, a partir de agosto de 2003, con la formación de cinco Juntas de buen gobierno.

 

Es en este marco que los y las zapatistas han creado sus propias instancias de auto-gobierno y de justicia; sostienen su propio sistema de salud y de educación; revitalizan prácticas productivas basadas en la posesión colectiva de la tierra y en nuevas modalidades de trabajo colectivo para sostener materialmente la autonomía. Para ellos, la autonomía es la afirmación de sus formas de vida propias, arraigadas en la existencia comunitaria y el rechazo a las determinaciones capitalistas que las destruyen; al mismo tiempo, es la experimentación de un auto-gobierno popular que va construyéndose por fuera de las instituciones del Estado mexicano. Dicha experiencia se va dando en una escala geográfica significativa (cerca de la mitad del estado de Chiapas) y además persiste, sin dejar de transformarse, desde hace un cuarto de siglo.

 

Por estas razones, la autonomía zapatista es una estrella que brilla muy alto en el cielo de las esperanzas y aspiraciones de quienes no se resignan a la devastación provocada en todo el mundo por la hidra capitalista (añadiendo que se trata de una estrella que podemos tocar con la mano y el corazón, y además que es posible encontrarse con sus habitantes...). Por eso, todos los y las que hicieron el largo camino hasta el caracol1 de La Realidad, en la Selva lacandona, para el 25 aniversario del atrevido alzamiento, se preparaban para compartir la alegría de que esta experiencia rebelde haya superado muchos obstáculos, además de resistir el inevitable desgaste del tiempo y seguir demostrando hasta hoy su innegable creatividad. Al respecto, basta recordar la intensa serie de iniciativas de los últimos seis años, en particular con la Escuelita zapatista, el Festival mundial de las rebeldías y las resistencias, el seminario internacional “El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista”, los encuentros del CompArte por la Humanidad, los de las ConCiencias por la Humanidad y, recientemente, el impactante festival de cine Puy ta kuxlejaltik, sin hablar de la iniciativa llevada a cabo conjuntamente con el Congreso Nacional Indígena para formar un Consejo Indígena de Gobierno a nivel nacional y presentar a “Marichuy” como candidata independiente en las pasadas elecciones presidenciales.

 

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Sin embargo, estos días fueron todo lo contrario de una alegre fiesta. El subcomandante Moisés lo dijo claramente: “hoy no vamos a poder atender más los 25 años”2. De hecho, lo esencial fue expresado no por las palabras del vocero zapatista sino por la contundente demostración de que la dimensión militar del Ezln, a pesar de haber pasado a segundo plano durante muchos años, de ninguna manera ha desaparecido. Después de la llegada a caballo de los mandos, interminables filas de milicianos entraron en el caracol hasta colmar su plaza central, haciendo resonar el poderoso clamor de los bastones que golpeaban uno contra otro, al ritmo de sus pasos redoblados sobre la tierra3. Tres mil combatientes en total, provenientes de las cinco zonas autónomas zapatistas y que forman parte de la 21° División de Infantería Zapatista, la misma que había ocupado siete cabeceras municipales de Chiapas 25 años atrás.

 

Quienes visitaban los territorios zapatistas por primera vez pudieron haber pensado que se trataba de un ritual acostumbrado con el cual se celebraba cada año la insurrección de 1994. Al contrario, las fiestas del 31 de diciembre, con discursos y baile, suelen realizarse sin presencia militar, como es el caso de la mayor parte de los encuentros organizados por el Ezln. Y si bien, en algunas ocasiones, milicianos aseguraron la seguridad del lugar, como en La Realidad después del asesinato del maestro Galeano en mayo de 2014, es probable que haya que remontar hasta la Convención Nacional Democrática, reunida en Guadalupe Tepeyac en el verano de 1994, para poder encontrar una demostración militar comparable (en este caso, los soldados venían armados, lo que marca una importante diferencia). De manera general, el carácter no militar de los encuentros y las celebraciones zapatistas es lógico ya que, desde el cese al fuego del 12 de enero de 1994 (y con excepción del movimiento relámpago de rompimiento del cerco en diciembre de 1994), el Ezln suspendió el uso ofensivo de las armas, privilegiando la construcción civil de la autonomía y haciendo todo lo posible para no responder a las provocaciones tanto del ejército federal como de los grupos paramilitares que agreden constantemente a las comunidades zapatistas.

 

En pocas palabras, tanto la “escenografía” como el lugar elegido para ella indicaban una vuelta a los primeros momentos de la vida pública del zapatismo. Posteriormente, la palabra del subcomandante Moisés, combativa y de una rudeza incisiva, vino a poner los puntos sobre las íes. Su discurso define la postura del Ezln respecto del nuevo gobierno mexicano (tal como lo hizo al inicio de los anteriores sexenios, en particular en el momento de la toma de posesión de E. Zedillo y de V. Fox).

 

Si bien el análisis zapatista de la situación creada por la elección de A.M. López Obrador no es una sorpresa, pues ya había sido formulada en agosto pasado4, esta vez el mensaje viene dirigido al nuevo poder, ahora en función desde el 1o de diciembre pasado. Para el Ezln, el nuevo presidente no es portador de ninguna esperanza, a pesar de lo que ha hecho creer a 30 millones de electores: no es sino “un capataz” más en la gran finca del capitalismo globalizado. Ahora, el subcomandante Moisés concentró sus críticas en los megaproyectos que el actual Presidente promueve con una energía que ninguno de sus antecesores había tenido. Y lo hace, por supuesto, en nombre del progreso, el empleo y la lucha contra la pobreza, apoyándose en una retórica bien conocida según la cual todos los que se oponen a dichos proyectos vienen catalogados y condenados como conservadores retrógrados y enemigos del bienestar colectivo, si no es que como primitivistas anacrónicos. Pero, para los pueblos indígenas, y no solamente para ellos, estos megaproyectos significan antes que nada el despojo de sus territorios y la destrucción acelerada de sus formas de vida5. “Ahora estamos viendo que vienen por nosotros, los pueblos originarios”, resume el subcomandante Moisés.

 

Entre tantos megaproyectos, el del istmo de Tehuantepec implica no solamente la extensión de los parques eólicos contra los cuales las comunidades afectadas luchan desde hace años sino también la creación de una zona económica especial y un eje de comunicación “multimodal interoceánico” capaz de rivalizar con el canal de Panamá (un viejo proyecto que los diversos gobiernos neoliberales nunca lograron concretar). Otro consiste en sembrar un millón de hectáreas de árboles frutales y forestales, en especial en los estados del sureste del país, lo que no deja de alimentar las sospechas de conflicto de interés, si tomamos en cuenta que Adolfo Rojo, jefe de la Oficina de la Presidencia y hombre clave para las relaciones entre López Obrador y las cúpulas empresariales, es una figura del agro-negocio mexicano, dueño entre muchas otras de una empresa instalada en Chiapas que produce millones de plantíos de papaya al año6.

 

El subcomandante Moisés se refirió más que nada al proyecto de “Tren Maya” que planea unir Palenque, en Chiapas, con los principales sitios turísticos y arqueológicos de Yucatán. Llevaría a una intensificación de la explotación de los recursos naturales de la península (14.000 km2 de selva ya han sido destruidos tan sólo entre 2000 y 2016) y, sobre todo, a una multiplicación de los grandes centros turísticos, con todo lo que implica en términos de privatización, destrucción y contaminación de las zonas litorales –el Presidente lamentando explícitamente que hasta ahora se hayan concentrado exclusivamente en la Riviera Maya7. De tal manera que su consigna parece ser: un, dos, tres. decenas de Cancún. Además de la naturaleza devastadora del proyecto, la manera en que se anunció su lanzamiento representa, para los zapatistas, una provocación particularmente intolerable. El 16 de diciembre pasado, el nuevo Presidente llegó a Palenque, a unos kilómetros del caracol zapatista de Roberto Barrios y, para marcar el inicio oficial de las obras, participó en un pseudo-ritual a la Madre Tierra. Tal como ironizó el subcomandante Moisés, es como si hubiera dicho: “dame permiso Madre Tierra para destruir a los pueblos originarios”, añadiendo que si pudiera hablar la Madre Tierra le habría dicho: “¡Chinga tu madre!”.

 

Además, para los zapatistas, el hecho de dar a este proyecto el nombre de sus antepasados representa una verdadera ofensa. Dicha parodia de ritual maya fue caracterizada como una “burla” y una “humillación”, pues se dirigió a la Madre Tierra para mejor ocultar que se estaba omitiendo pedirles su opinión a los habitantes de los territorios afectados. Hay que recordar que la organización de una consulta previa, libre e informada a los pueblos indígenas, es una obligación de los Estados prevista por el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de la ONU sobre los derechos de los pueblos originarios, ambos ratificados por México. En pocas palabras, el nuevo poder aparenta inclinarse frente a la Madre Tierra para mejor destruirla y para autorizarse a violar los acuerdos internacionales vigentes en México8.

 

Frente a la amenaza que representa un avance tan brutal de la hidra capitalista, disfrazada de progresismo, la postura zapatista se expresó con absoluta firmeza. “No nos vamos a dejar”. “Vamos a defendernos por muy mínimo que sea que nos vengan a provocar”. “No vamos a permitir que pase aquí su proyecto de destrucción”. “Vamos a pelear si es necesario”. La advertencia no podría ser más clara. Y es lo que da su pleno significado al despliegue militar que antecedió dichas palabras: los tres mil soldados que vimos pasar frente a nosotros, además de los (y las) que no vimos, están dispuestos a dar su vida para defender sus territorios y la autonomía que los pueblos ahí han construido.

 

Sin embargo, no debe de entenderse el mensaje como un retorno a la lucha armada, tal como se pudo haber planteado antes del 1 de enero de 1994. Ahora se trata de una opción defensiva; se trata de defender la construcción civil de la autonomía que sigue siendo el corazón del proyecto zapatista. Todo lo que hemos hecho hasta ahora, explicó Moisés, ha sido el fruto de nuestro esfuerzo y “vamos a seguir construyendo y lo vamos a ganar”. Continuar con la experiencia civil de la autonomía es la apuesta. Para esto, es necesario defenderla en contra de las amenazas que se ciernen entorno a ella, con todos los medios necesarios.

 

Otro aspecto de las palabras del subcomandante Moisés provocaron no pocos comentarios e interrogaciones. El vocero zapatista repitió a lo largo de su discurso un “estamos solos” que muchos recibieron como un golpe en el estómago. ¿Había que entender que todos los esfuerzos del Ezln para tejer vínculos durante un cuarto de siglo, a través del Congreso Nacional Indígena, el Concejo Indígena de Gobierno, la Sexta como red nacional e internacional de luchas, las redes de apoyo al CIG, los colectivos de solidaridad en el mundo, etc. ¿fueron en vano? ¿Se refería a la incapacidad para superar inercias y divisiones, y así avanzar en la formación de redes de rebeldías y resistencias a nivel nacional e internacional? Más bien, hay que tomar en cuenta los alcances tan amplios de dicho discurso, que marca una decisión estratégica frente al nuevo gobierno mexicano y representa con toda probabilidad un momento clave en la trayectoria del movimiento zapatista. En este sentido, puede entenderse que el subcomandante Moisés se refería sobre todo a la opción mayoritariamente asumida por los electores mexicanos, que no prestaron atención a las advertencias zapatistas. Además, sus palabras pusieron como en un espejo el “estamos solos” en el momento actual con un “salimos solos a despertar al pueblo de México y al mundo” hace 25 años. Es decir, la decisión del levantamiento que se tomó en ese entonces fue únicamente del Ezln, al igual que ahora, la decisión de prepararse para enfrentar al gobierno federal es del Ezln solo9.

 

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Dicha decisión se basa en el análisis de lo que representa el nuevo gobierno mexicano como profundización del capitalismo a través de un desarrollismo desenfrenado y asumido sin reserva. Al grado de ignorar casi por completo la creciente preocupación por el calentamiento global y de hacer muy pocos esfuerzos por aparentar algún interés por las cuestiones ecológicas. Si bien López Obrador no es un negacionista climático, en este punto no actúa de manera muy diferente de Trump, con el cual, de hecho, tiene relaciones muy cordiales. Al respecto, puede añadirse que se anunció que el “Tren Maya” permitiría emplear una amplia mano de obra centroamericana (al igual que otras inversiones realizadas en el sur del país), lo que significa que los megaproyectos del actual gobierno tienen una clara función de contención de los flujos migratorios hacia los Estados Unidos10. De cierta manera, Trump tiene razón en insistir que los mexicanos terminarán por pagar el muro, el cual bien podría no estar en donde se pensaba.

 

Es probable que también tenga un peso notable la lección de los llamados gobiernos progresistas de América Latina en los últimos quince años, en especial en Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador. Aunque algunos elementos positivos puntuales pudieran reconocerse, dos constantes de gran importancia han podido ser identificadas: por un lado, un debilitamiento de los movimientos sociales, y en especial de los movimientos indígenas, a través de la cooptación, la pérdida de autonomía, la división y la auto-censura (para no hacerle el juego a la derecha o a la extrema-derecha); por el otro lado, un avance sin precedente del frente de mercantilización, a través de los megaproyectos, el extractivismo, el agro-negocio basado en los transgénicos, los despojos de tierra, la destrucción de los modos de vida insuficientemente moldeados por las relaciones sociales capitalistas, etc. En síntesis, el “progresismo” ha sido, por lo menos temporalmente, una de las modalidades políticas más eficientes para hacer más fuerte a la hidra capitalista y satisfacer sus apetitos insaciables.

 

En vez de esperar que políticas del mismo carácter produzcan poco a poco sus efectos mortíferos (y, probablemente, que llegue la experiencia de una desilusión cuya siguiente etapa parece ser, por lo que indican los ejemplos argentinos y brasileños, el retorno al ultra-liberalismo o el deslice hacia la extrema derecha), los zapatistas prefirieron tomar la delantera. Por eso, desafían el nuevo poder, obligándolo a elegir entre dos de sus compromisos solemnes (llevar a cabo los grandes proyectos anunciados; nunca reprimir al pueblo mexicano). También obligan a todos y todas, en especial en los movimientos sociales y las luchas indígenas, a elegir su bando. Sobre todo, se preparan para defender lo que han ido construyendo desde hace un cuarto de siglo: una experiencia de autonomía rebelde cuyo alcance y cuya radicalidad tienen pocos equivalentes en el mundo.

 

¿Y nosotros? ¿Vamos a dejar que esta experiencia resulte amenazada y quizás atacada? De hecho, este riesgo se intensifica en el momento en que el Kurdistán sirio resulta también gravemente amenazado por el anunciado retiro de Estados Unidos y el pacto tácito entre Erdogan y Trump. Tal como lo escribió un amigo argentino, sin el zapatismo (y podemos añadir, sin el confederalismo democrático del Rojava), el mundo sería mucho más horrible de lo que es ahora11.

 

 


 

1 Nombre de los centros político-culturales de cada una de las cinco grandes zonas autónomas, en donde se ubican las Juntas de buen gobierno y se realizan las principales actividades y encuentros zapatistas.
2 enlacezapatista.ezln.org.mx/2019/01/01/palabras-de-la-comandancia-general-del-ejercito-zapatista-de-liberacion-nacional-dirigidas-a-los-pueblos-zapatistas/.
3 Tomas realizadas desde un dron pueden verse en la página del Ezln: enlacezapatista.ezln.org.mx/. También: www.regeneracionradio.org/index.php/autonomia/item/4916-vamos-a-pelear-contra-su-proyecto-de-destruccion-ezln.
4 Texto en tres partes titulado 300 (en particular: enlacezapatista.ezln.org.mx/2018/08/21/300-segunda-parte-un-continente-como-patio-trasero-un-pais-como-cementerio-un-pensamiento-unico-como-programa-de-gobierno-y-una-pequena-muy-pequena-pequenisima-rebeldia-subcomandante-insurgent/).
5 Desde 2014, el Ezln y el CNI identificaron en el país 29 “espejos” en donde los proyectos de infraestructura, autopistas, minería, energía, etc. afectan gravemente los territorios indígenas: www.congresonacionalindigena.org/.
6 Luis Hernández Navarro ofreció una impactante semblanza de A. Romo: www.jornada.com.mx/2018/08/14/opinion/015a2pol.
7 “El llamado ‘Tren Maya’”, Ojarasca (suplemento de La Jornada), diciembre de 2018, p. 4-5.
8 Los 24 y 25 de noviembre de 2018, una consulta nacional relativa a 10 proyectos y medidas del presidente electo ha sido organizada en un tiempo muy corto y sin debate previo. 950,000 personas participaron en ella (alrededor de 1% del padrón electoral), con una aprobación de entre 90 y 95%. Sobra decir que dicha consulta no tiene nada que ver con la que requiere el Convenio 169 de la OIT.
9 Es decir, el Ezln tiene el cuidado de no implicar en su decisión a quienes, hasta ahora, han apoyado la lucha zapatista. Hay que subrayar que el CNI y el CIG emitieron de inmediato un comunicado en el cual afirman que cualquier agresión en contra de las comunidades zapatistas se consideraría como una agresión en su contra: www.congresonacionalindigena.org/2019/01/02/comunicado-del-congreso-nacional-indigena-y-el-concejo-indigena-de-gobierno-por-el-25-aniversario-del-levantamiento-armado-del-ejercito-zapatista-de-liberacion-nacional/.
10 Después de su elección, el nuevo presidente mexicano le envió una carta al de Estados Unidos insistiendo en la necesidad de enfrentar el problema migratorio mediante un plan de inversión en el sur de México y los países centroamericanos.
11 http://comunizar.com.ar/esperanza-zapatismo-la-brizna-establo/.

Publicado enEdición Nº253
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