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La Frontino Gold Mines y el verdadero Dorado

Gonzalo Jiménez de Quesada, Sebastián de Belalcázar, Francisco de Orellana, Gonzalo Pizarro, Nicolás de Federmann, Felipe de Utre y Sir Walter Raleigh entre otros, buscaron sin éxito durante el siglo XVI, en los territorios que hoy ocupan Ecuador, Colombia y Venezuela, el fabuloso tesoro de El Dorado. Con el tiempo se concluyó que éste no pasaba de ser una leyenda.

Hoy, casi cinco siglos después y sin correr ninguno de los riesgos de esos ambiciosos conquistadores, unos comisionistas – especuladores, igualmente ambiciosos, están descubriendo y tomando posesión del verdadero Dorado, resultado de la combinación de los altos precios internacionales del metal, que según los más escépticos analistas pueden durar mínimo tres años consecutivos, combinados con la denominada “confianza inversionista” imperante en el país.

Durante 2009, la producción de oro en Colombia se incrementó alrededor de 39% y alcanzó 1,6 millones de onzas mientras que en dólares, las exportaciones se dispararon un 72,5% totalizando 1.537,2 millones de dólares. Según Beatriz Uribe, presidente de Mineros S.A. “la reactivación de la actividad ha permitido la llegada de un gran número de compañías junior, empresas que no producen pero colocan el capital de riesgo durante las primeras fases, y de la consecución de recursos en los mercados de capitales internacionales”. Según Alianza Valores, actualmente hay exploraciones de oro en cerca de 1,69 millones de hectáreas con más de 1.500 títulos mineros concedidos por el Gobierno desde 2004 y alrededor de 7.700 nuevos títulos a la espera de ser aprobados.

Entre los recién llegados al baile del nuevo Dorado, se destaca la compañía canadiense Medoro Resources, la que adquirió el año pasado la mayor parte de los derechos a explotar oro en el municipio de Marmato (Caldas), en tres operaciones: la toma de posesión de la mina de oro la Echandía, cuyo antiguo propietario, la Colombia Gold recibió como pago por la mina 33 millones de acciones ordinarias de la Medoro, equivalentes al 14% del total, avaluadas U$15,9 millones; la adquisición de los títulos de la zona alta de la montaña a la Colombia Goldfields, también en una transacción de intercambio de acciones y la compra de Mineros Nacionales, a Mineros S.A. (del Grupo Colpatria), por 35 millones de dólares sobre los que obtuvo una rebaja de 5 millones por pronto pago, transacción que le dio el derecho a explotar los yacimientos de la zona baja.

Resaltan dos asuntos en el negocio de Marmato, el primero es que por la bicoca de 30 millones de dólares, se hizo al control de reservas mineras probadas de 7.7 millones de onzas de oro, pues en realidad ese fue el único desembolso real que efectuó. Y la segunda, es que Medoro valía, a diciembre del año pasado 113,5 millones de dólares (suma que resulta de la regla de tres simple en la que el 14% de las acciones de la empresa valían 15,9 millones de dólares).

En el terreno internacional, la Medoro es propietaria de once títulos mineros en Malí, una paupérrima nación mediterránea del centro de África, con un PIB per cápita cuatro veces menor que el de Colombia, y un territorio similar, pero 60% desértico, y un yacimiento en Venezuela denominado “Lo Increíble”, con reservas de 400.000 onzas.

Su última jugada fue la compra de los activos de la Frontino Gold Mines ELO (En Liquidación Obligatoria), empresa minera ubicada en el municipio antioqueño de Segovia, que durante 155 años ha producido 4.5 millones de onzas de oro, posee un título minero a perpetuidad (uno de los cuatro que existen con esa característica), tiene reservas de por lo menos 5 millones de onzas, produce 55.000 onzas al año y con una inversión relativamente pequeña puede subir rápidamente esa producción a 250.000 onzas/año. El precio pactado fue de 200 millones de dólares, de los cuáles ha desembolsado 7.5 millones de dólares (el 3.75%), y tiene el compromiso de buscar en cuatro meses, unos socios inversionistas en la Bolsa de Toronto, que aporten los restantes 192.5 millones , sobre la base de una promesa de extraordinarias utilidades.

Aquí, esta empresa especuladora – comisionista, cuyas acciones valen 113 millones de dólares, compra por 7.5 millones de dólares el derecho a comercializar por 200 millones de dólares unos activos que rápidamente pueden producir caja por 300 millones y utilidades de 180 millones de dólares/año.

Sumados los dos negocios, Medoro compró reservas de 12 millones de onzas de oro, que a precio de hoy pueden valer 8.400 millones de dólares, por 37.5 millones de dólares, el verdadero Dorado. Y eso sin zancudos, caimanes, serpientes venenosas, pantanos o páramos mortificándolos, como sucedió a los conquistadores que en hace cinco siglos buscaron la leyenda.

Medoro puede valorizar sus acciones mediante estos movimientos especulativos, o ser socio de alguna gran minera o de un gran inversionista en el saqueo de nuestros recursos auríferos, cualquiera de las dos alternativas es extraordinariamente rentable para ellos y sus socios, pero ruinoso para el país que seguirá viendo como se saquean nuestros recursos naturales.

Aquí se probó que El Dorado, si existe, y que no es otra cosa que la obsesión neoliberal por vender todo al precio que sea, con tal de profundizar un modelo económico que quiebra la producción nacional, y por eso destruye el ahorro nacional, el cual reemplaza con inversión extranjera, generando divisas mediante la extracción materias primas, enriqueciendo a los especuladores y a los monopolios extranjeros.

A pesar de las graves amenazas, que sin mucho trecho han pasado del dicho al hecho, los dirigentes sindicales, la Asociación de Acreedores, y una de las organizaciones de pensionados, vienen promoviendo en Segovia y otros municipios del nordeste antioqueño, una desobediencia civil contra la venta de los activos de la Frontino Gold Mines.

Y razones no les faltan. Ya expusimos en una primera entrega, cómo el precio por el que compran los comisionistas canadienses (que no compañía minera como se pretende hacer creer a la opinión pública), es irrisorio frente a las reservas probadas explotables a perpetuidad, y en vista del sorprendente y creciente precio del precioso metal.

Alegan los trabajadores que el Gerente Liquidador no tiene facultades legales para llevar a cabo la venta. Existen títulos vigentes como evidencia de la propiedad de la masa de activos en cabeza de trabajadores y pensionados, y por tanto son éstos los únicos que podrían llevar a cabo un negocio de esta naturaleza.

La historia es simple. En el año de 1976 a causa del bajo precio de oro y los altos costos de producción, los gringos dueños de la mina decidieron iniciar un proceso de liquidación, y así se lo notificaron al gobierno nacional. El proceso termina el 6 de marzo de 1979. Al día siguiente, ante el notario público Antony Alzalone en la ciudad de New York suscriben un documento, autenticado por el Consulado colombiano en esa ciudad, en el que plasman la decisión de entregar los activos de la empresa liquidada, de forma irrevocable e indiscriminada a los trabajadores y jubilados en dación en pago por sus acreencias laborales, por lo que en adelante se convertirían en sus únicos dueños.

En ese momento quedó establecida la obligación de legalizar el traspaso en Colombia por parte de la Superintendencia de Sociedades y del antiguo Ministerio del Trabajo, mandato que nunca materializaron, omisión abiertamente ilegal. Pero también ocultaron de manera dolosa el documento de cesión, el cual solamente fue conocido por los trabajadores 21 años despúes.

Cuándo los trabajadores se enteran de la existencia del documento, en el año 2000, adelantaron diversas gestiones para protocolizarlo y legalizarlo, encontrando una actitud dilatoria y obstructiva por parte del gobierno, al punto que en el año 2004, las Supersociedades decreta nuevamente la liquidación, procedimiento que ya se había efectuado. Y hoy procede arbitrariamente a la venta de los activos a la Medoro Resources.

Esta sintética narración del proceso legal deja ver que la intención de las autoridades colombianas durante 31 años, ha sido la de impedir que los trabajadores y pensionados tomen posesión de lo que les pertenece y el monumental enredo jurídico que han creado, les ha permitido hoy la entrega de un valioso patrimonio a un especulador foráneo.

Este desenlace se produce en medio del clímax de la “confianza inversionista”, el huevo primogénito de los tres que ha pedido el presidente Uribe que se empollen y que los dos aspirantes a sucederlo en el cargo han anunciado cuidar con el mayor celo.

Se han violado todas las leyes, y se anuncian más. La Medoro Resources ha afirmado que únicamente garantiza el empleo a 1600 trabajadores por un año, es decir, que va a liquidar la organización sindical y a desconocer la convención colectiva vigente 365 días después de asumir el control de la mina.

Y como si eso fuera poco, grupos armados ilegales adelantan una campaña de intimidación contra quienes se oponen a la venta, lo que ya ha obligado a abandonar el municipio de Segovia a varios dirigentes, y tiene en una Unidad de Cuidados Intensivos al integrante de la Junta Directiva de Sintraminergética John Jairo Zapata, víctima de una ataque de sicarios el pasado sábado.

En resumen: la leyenda del Dorado convertida en realidad, y el tesoro arrebatado a sangre y fuego, pisoteando las más elementales disposiciones legales. Tal como lo hubiera hecho cualquiera de los conquistadores que persiguieron la quimera hace 500 años.

Jorge Gómez Gallego
Oficina de prensa del diputado Jorge Gómez

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