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Un marxista en el Banco Mundial

Con más de un centenar de artículos publicados en revistas académicas, la mayoría de ellos sobre economía agrícola y desarrollo, Lin es un investigador reconocido y su nombre aparece ya desde hace años en  la lista de candidatos al Premio Nobel de Economía. Este galardón le fue conferido a Joseph Stiglitz en 2001, después de abandonar el puesto en el Banco Mundial que en mayo va a ocupar Lin. Stiglitz ha lanzado agudos dardos contra el Banco Mundial y el FMI después de haber dejado su cargo. Lin lo ha hecho antes de asumirlo.


 


“El consenso de Washington, basado en los principios básicos de la economía neoclásica, ha sido recomendado por el FMI y el Banco Mundial a los países en desarrollo”, sostuvo Lin en una conferencia en el instituto Tiger de Praga. “La mayor parte de los países de Europa Oriental y la extinta Unión Soviética siguieron este enfoque, basado en estabilización, liberalización de precios y privatización, tres reformas consideradas necesarias y que debían ser simultáneas. El resultado fue una baja aguda y prolongada del producto bruto, tasas altas de inflación y deterioro de los indicadores sociales”.


 


En lugar de estas terapias de shock, defendidas en su momento por Jeffrey Sachs y Milton Friedman, Lin propone el “enfoque chino” que “no sigue una teoría bien fundamentada ni se guía por planos predeterminados” sino que es “gradual, evolutivo, parcial, incremental, a menudo experimental y sobre todo sin privatizaciones en gran escala”.


 


Este modelo comenzó a aplicarse en China en 1978, el mismo año en que Lin se graduó como administrador de negocios, estudios que cursó siendo capitán del ejército… de Taiwan, la provincia china rebelde gobernada en ese entonces por el régimen dictatorial y rabiosamente anticomunista del Kuomintang de Chiang Kai-shek. En 1979, en plena guerra fría, el capitán Lin hizo noticia al nadar desde Taiwán a China continental, dejando atrás su carrera académica y militar, y a su esposa, entonces embarazada de su segundo hijo. El escándalo fue tal que apenas en 2000 Taiwan lo pasó oficialmente de la categoría de “desaparecido” a la de “desertor” que todavía tiene y lo vuelve pasible de arresto si, como ha manifestado que sería su intención, pisa la isla para visitar la tumba de su padre.


 


El gobierno de Beijing (Pekín) recibió con honores al hijo pródigo, que continuó sus estudios y se graduó como máster en Economía Política Marxista en 1982. Lin fue uno de los primeros becarios chinos en Estados Unidos y en 1986 se doctoró en Economía en la Universidad de Chicago (sí, la de Milton Friedman y los “Chicago boys”). Este viaje le permitió reencontrase con su esposa, quien también se doctoró en Estados Unidos en ese periodo. De vuelta a China, combinó su investigación académica con el asesoramiento al gobierno y la docencia, y en 1994 fundó el Centro Chino de Investigación Económica, que dirigió hasta ser nombrado en febrero para su nuevo cargo por el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick.


 


Zoellick es un republicano que fue ejecutivo del grupo inversor Goldman Sachs, e integró junto con Condollezza Rice y Paul Wolfotitz el grupo ultraconservador de asesores de George W. Bush en su campaña presidencial autodenominado “los vulcanos” (en homenaje al dios romano del fuego… y primer fabricante de armas). ¿Qué busca Zoellick al nombrar a alguien procedente de sus antípodas geográficas e ideológicas como jefe de la fragua de las políticas económicas del Banco Mundial? ¿Una reforma profunda del “Consenso de Washington” o, en cambio, un acercamiento a éste de China, que el año pasado superó al Banco Mundial como principal donante de ayuda externa a África?


 


No tenemos cómo saberlo. Pero sí sabemos lo que piensa Lin. “En Chicago yo aprendí que el mercado tiene sin duda las mejores soluciones en un mundo ideal”, declaró al diario alemán Die Zeit a pocos días de su nombramiento. “Pero en la realidad hay todo tipo de distorsiones, sobre todo en los países en desarrollo. Como marxista, creo que hay que tomar en cuenta estos factores, la calidad de las instituciones y las herencias históricas, antes de introducir la economía de mercado o el Consenso de Washington, que sólo funciona en un mundo ideal”.


 


¿Promoverá ahora el Banco Mundial un “modelo chino” de desarrollo? “En China, el proceso de reformas comenzó en la agricultura. Se les dio tierra a los campesinos. China es un país muy denso, con parcelas pequeñas y distancias cortas entre el productor y sus mercados. Cuando Mijail Gorbachov intentó hacer reformas similares en Rusia fracasó, porque en Rusia las distancias y las granjas son enormes. No existen los modelos. Yo creo en diagnosticar cada caso. Cada país tiene sus propios obstáculos al desarrollo y sus propias potencialidades. Cuando yo llegué de Taiwan a China en 1979 se vivía un gran cambio conceptual. Creo que el Banco Mundial entra ahora en una fase similar, y cada vez son más los que creen en Washington en un enfoque basado en diagnósticos y no en convicciones preestablecidas”.


 


¿No debería haber acaso condicionalidades referidas, por ejemplo, a los derechos humanos? “Los países se vuelven más liberales a medida que enriquecen”, sostiene Lin. “Cuanto más avance el desarrollo, más avanzarán las libertades individuales. Cuando yo viajé a Chicago en 1982, mi pasaporte demoró seis meses, y tuve que llenar innumerables formularios. Ahora lo obtiene cualquiera en China en seis días. Estoy seguro, que tendremos una democracia en China, pero será una democracia con características chinas, tal como la democracia alemana es distinta de la inglesa o la norteamericana”.


 


*     Roberto Bissio es director del Instituto del Tercer Mundo y secretario de Third World Network (TWN) para América Latina.

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