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Buscan el escondite de Khadafi en Trípoli

Buscan el escondite de Khadafi en Trípoli

Libia amaneció entre los festejos por el arribo de las fuerzas rebeldes a Trípoli y la incertidumbre política generada por esa victoria y el desconocimiento del paradero de Muammar Khadafi. Durante el día, los choques entre las fuerzas leales al líder libio y las tropas insurgentes regresaron a la capital en cercanías a la Plaza Verde y en áreas de edificios altos. La estación de electricidad fue dañada después de haber sido blanco de morteros del régimen. Con el edificio de la televisión estatal en manos rebeldes, el mandatario libio perdió el canal principal desde donde emitió su propaganda durante décadas. Mientras muchos residentes de la ciudad abandonaron sus casas por temor a un baño de sangre, los puestos de control instalados por los insurgentes fueron apareciendo en diferentes puntos de la ciudad.
 

Los periodistas alojados en el hotel Rixos informaron que camiones cargados con misiles antiaéreos estaban estacionados en los alrededores. “Obviamente, hay grupos de hombres que responden a Khadafi y de los cuales no conocíamos su existencia”, dijo el comandante rebelde Yusuf Bin Daroush. “Tratan de evitar nuestros intentos de traer paz a la ciudad. Están usando morteros, ametralladoras y causando víctimas civiles entre la población”, agregó. Seif al Islam, uno de los hijos de Khadafi que es buscado por crímenes contra la humanidad, no está en manos de los rebeldes libios, informaron la BBC y Al Jazeera.
 

Seif al Islam, de 39 años, se reunió con periodistas frente al hotel Rixos. Le dijo a la BBC: “Mi padre está bien y está en Trípoli”. Sus hermanos Mohammad y Saadi corrieron peor suerte y fueron detenidos por los rebeldes. Según The Independent, a medida que la lucha se intensificaba en las calles de la capital, los helicópteros Apache de la OTAN entraron en acción nuevamente a pesar de que se sostenía que Trípoli había sido liberada por los insurgentes, después de que el Consejo Nacional de Transición declaró que la acción militar de la alianza ya no era necesaria. La tensa calma de la noche en la capital libia acompañaba las plegarias de los muezzin. El ataque lanzado por los bombarderos de la OTAN contra el bunker de Bab al-Aziziya interrumpió los rezos y devolvió la imagen de una ciudad en guerra, con refriegas que se trasladaron a esa zona. Se presume que Khadafi se encuentra allí atrincherado y protegido por sus más fieles combatientes. Es probable, por otra parte, que en las próximas horas, en el “cuartel general” de los rebeldes, tenga lugar una reunión para definir las estrategias, en vista entre otros temas de la llegada a Trípoli de los delegados del Consejo Nacional transitorio (CNT), hecho que ha sido confirmado por los mismos rebeldes.
 

En los barrios que se encuentran en posesión de los rebeldes se festeja la caída del gobierno de Khadafi con pirotecnia, mientras los soldados de las brigadas rebeldes, que controlan las calles y las plazas de la ciudad, acampan en edificios turísticos ubicados en la costa y utilizados anteriormente por altos funcionarios del régimen o por huéspedes extranjeros.
 

Ayer trascendió que colaboradores de Khadafi habían intentado contactarse con Estados Unidos. Ese acercamiento se habría intensificado en los últimos días. En una reunión con la prensa, la vocera del Departamento de Estado norteamericano, Victoria Nuland, señaló que numerosas personas que decían representar a Khadafi lanzaron “un globo de ensayo” en dirección a Estados Unidos. “Ninguno de estos intentos fue tomado en serio porque en ningún caso se proponía la salida de escena de Khadafi.” Nuland indicó que, por lo general, se trataba de llamadas telefónicas con muchas promesas vacías. Jeffrey Feltman, secretario de Estado Adjunto para Medio Oriente, le dio fuerza a esta versión al remarcar que esos sondeos fueron “intentos in extremis” de interlocutores libios. “Se trataba de medidas para ganar tiempo”, dijo en una entrevista difundida por la CNN.
 

Con la expectativa internacional puesta sobre el futuro del régimen libio, los insurgentes esperaron la llegada de refuerzos, municiones y armas pesadas para lanzar el último ataque a los bolsones de resistencia. En este sentido, los rebeldes libios decidieron enviar refuerzos por mar hacia Trípoli desde un enclave costero. “Diversas naves llegaron a nuestra amada capital desde Misurata, llevando un gran número de combatientes y municiones”, afirmó el centro de prensa del consejo militar, ubicado en esa ciudad, emplazada 200 kilómetros al este de la capital. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) envió un barco desde Benghazi rumbo a Trípoli (con capacidad para 300 personas) para evacuar a los inmigrantes que quedaron atrapados entre los dos fuegos.
 

El gobierno sudafricano negó haber enviado un avión para facilitar la salida de Khadafi. “El gobierno sudafricano quiere desmentir y disipar los rumores sobre el envío de aviones a Libia para llevar al coronel Khadafi y a su familia a un lugar no revelado”, dijo la ministra sudafricana de Relaciones Exteriores, Maite Nkoana-Mashabane. La Liga Arabe, en tanto, manifestó su total solidaridad con el CNT libio. El secretario general de la Liga Arabe, Nabil al Arabi, señaló que ese Consejo conducirá una nueva era y “preservará la integridad nacional de Libia, además de su soberanía e independencia”.

Asimismo, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, adelantó que ese organismo convocará a una sesión de emergencia esta semana para tratar la situación en Libia y que invitará a los dirigentes de la Unión Africana (UA), la Liga Arabe, la Unión Europea (UE) y Organización de la Conferencia Islámica a participar de la misma. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, Antonio Guterres, instó a todas las partes implicadas en el conflicto libio a garantizar la protección de los extranjeros que se encuentran en Trípoli y otras zonas del país mientras siguen los enfrentamientos armados. “Miles de nacionales de terceros países están atrapados en Libia y sienten miedo por la incierta situación que les espera”, subrayó el responsable de Acnur.


Entrevista con el analista Juan Gabriel Tokatlian

Las claves de la caída

Las fuerzas leales a Khadafi se disgregaron o desertaron. El coronel terminó aislado y la oposición ganó adhesiones internacionales: factores que enumera Tokatlian. El experto ve en el Consejo de Transición una nueva fase de pugnas.

La rebelión se unió para terminar con Muammar Khadafi, pero el interrogante que se abre es qué pasará con esta fuerza tan dispersa y heterogénea a la hora de gobernar. “El Consejo Nacional de Transición no es más que una nueva fase de las luchas por el control del poder”, afirma como anticipándose a lo que vendrá Juan Gabriel Tokatlian. El analista y profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella dialogó con Página/12 sobre los motivos del declive del régimen libio y el reto que debieran asumir las potencias para evitar reproducir los errores de Irak y Afganistán.

–¿Por qué la caída de Khadafi sucede ahora?

–Considero que existen tres factores fundamentales que ayudan a entender las razones por las que se precipitó un desenlace: el primero, la dispersión, variedad y complejidad de las fuerzas que forman parte del movimiento opositor. A esto se añade que la diferencia militar la hizo la OTAN con sus ataques dirigidos a dañar objetivos e infraestructuras clave. El segundo aspecto es el aislamiento internacional al que fue llevando la actitud de Khadafi. El coronel no logró una salida negociada y, en contrapartida, el grupo de resistencia fue ganando adhesión del mundo, no sólo de Occidente, también de los países árabes. En tercer lugar, se dio la deserción de los cuerpos de inteligencia y de seguridad de Khadafi y los que se quedaron se concentraron en Trípoli como última frontera. La fuerza leal se disgregó.

–El coronel libio fue perdiendo apoyo también de sus funcionarios

–Se fue aislando cada vez más en la medida en que fue creciendo el respaldo a la oposición. Y sirve mirar quiénes son los rebeldes, que van desde grupos islamistas, socialistas, nacionalistas hasta bandidos, empresarios, guerrilleros y ex militares.

–¿Cómo imagina el escenario pos Khadafi frente a tamaña heterogeneidad del movimiento opositor? ¿Se esperan rivalidades entre tribus?

–La heterogeneidad del Consejo Nacional de Transición está cargada de una enorme cantidad de pugnas intestinas de fuertes facciones, que llevó al asesinato del comandante militar Abdel Fatah Yunes por supuestos segmentos islamistas, debido en parte a que el líder militar había sido pro Khadafi y participó en masacres contra islamistas en los ’90. Libia es por razones histórico-demográficas tres países a la vez: en el este la Cirenaica; en el oeste la Tripolitania y en el sur el Fazzan. Son tres divisiones que han representado tradicionalmente rivalidades y luchas contra el poder de Trípoli. El Consejo Nacional de Transición no es más que una nueva fase de las luchas por el control del poder.

–¿Quién gobernará entonces?

–En términos de liderazgo existen dos cabezas visibles: Mustafa Abdul Jalil, ex ministro de Justicia de Khadafi y Mahmoud Jibril, el ex responsable del proceso de privatización y apertura de Libia. Podría haber tensiones entre ambos, ya que no mostraron que actuaban con armonía. Si uno mira el futuro inmediato, es probable que haya pugnas por llenar el vacío que queda.

–La OTAN apoyó militarmente la revuelta. ¿Cómo se asegura que haya estabilidad en el país?

–Los europeos de la OTAN no quieren tener que hacer intervenir tropas por tierra durante el proceso de transición. En cambio, en Estados Unidos hay algunos generales que opinan que sería indispensable que se requieran tropas en el terreno. O sea, tenemos dos miradas distintas sobre el rol de la OTAN. Otra cuestión que entra en el debate es evitar cometer los mismos errores que en Irak y Afganistán. Cómo evitar perseguir a todos los leales de Khadafi y no desmantelar las estructura institucional civil y militar del régimen. Fue un despropósito. A esto hay que añadirle otro elemento: el papel de Occidente con sus intereses petroleros. En la lista de las principales petroleras que trabajan en Libia destacan la italiana Eni, la alemana Wintershall, la francesa Total y las norteamericanas Conoco, Hess y Occidental. El modo en que se maneje la transición en materia petrolera es clave. Demorará por lo menos un año que el país vuelva a producir un millón de barriles por día. La estabilidad de Libia va a depender en gran medida de las construcción de su economía. Occidente, en medio de una crisis económica como la actual, no va a prometer nada.

Por Mercedes López San Miguel
 

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