
Curiosamente, en Francia, el país de Stéphane Hessel, el autor del libro Indígnense que le dio el nombre al movimiento a través del mundo, las marchas tuvieron un impacto limitado. En París hubo varios grupos de manifestantes que luego convergieron ante la sede de la Municipalidad, donde celebraron una asamblea popular. Los indignados se congregaron también en una decena de ciudades del país, pero sin alcanzar jamás la intensidad de otras ciudades del mundo. Los analistas explican la escasa movilización por el hecho de que el desempleo de la juventud es menor y que, globalmente, la situación es más sana que en España o Italia. Sin embargo, el sistema financiero goza de los mismos privilegios y la misma impunidad que en Londres, Madrid o Nueva York. El 15-0 demostró ayer que el espíritu de la revuelta y del hartazgo sembrado hace siete meses en la Plaza del Sol irradia hoy en todo el planeta mientras las clases políticas concernidas guardan un silencio de muertos ante el desfile de las decenas de miles de seres vivos que marchan con la misma consigna: “¡Basta, ladrones!”.



Leave a Reply