Home » La marcha de la dignidad en el Valle del Cauca. ¡Hay hambre!

La marcha de la dignidad en el Valle del Cauca. ¡Hay hambre!

La marcha de la dignidad en el Valle del Cauca. ¡Hay hambre!

Conscientes de esta realidad, y de todos los riesgos que extiende para una
protesta como la que lideran, se preparan para una nueva jornada, la misma que los llevará a
Palmira, ciudad distante 24 kilómetros de Cali. El recorrido a realizar no será el previamente
definido, pues la ciudad está militarizada. Antes de partir se recuerdan los riesgos a los cuales se
enfrentan, se expone la importancia de tomar medidas de precaución, al igual que la importancia de
no permitir que el desánimo gane espacio por este tipo de provocaciones.

Con esta claridad, y tras
haber saboreado el desayuno, el coliseo del colegio Santa Librada quedó desocupado, no sin antes
proceder a su limpieza. Este centro de enseñanza fue testigo de las vivencias y experiencias que se
compartieron durante dos días.

Salieron las chivas alrededor de las 12:00 del día,
precisamente en el momento en que el sol calentaba con inclemencia, suavizado por una tibia brisa
que soplaba y aligeraba el sofocante ambiente. Adelante, los marchantes, con las pancartas
enarboladas y las consignas calientes en las gargantas que protagonizarán la protesta del día.
 

Comenzó la algarabía. Mujeres, hombres, jóvenes llenos de ánimo entonaban
consignas:

–¡Contra el hambre y la pobreza!–, profería una voz favorecida por un
megáfono.

–¡Movilización nacional!–, respondían como una sola voz todo el grupo
humano.

Estas y otras consignas se coreaban. Los caminantes fueron desde el colegio Santa
Librada, atravesando calles y avenidas principales de la ciudad. Llegaron al centro, luego al Centro
Administrativo Municipal, para finalmente salir, poco a poco, de la tercera ciudad más grande de
Colombia, la misma urbe que el día anterior había sido atravesada casi en su totalidad por cientos
de hombres y mujeres decididos a evidenciar que en Colombia la injusticia es galopante, y sus
consecuencias son inocultables en miles de hogares.

A la salida, los rostros reflejaban cansancio, los pies cierta torpeza, pues
las ampollas ganan espacio e impiden que el paso sea firme. No obstante, todos afrontaron la nueva
ruta con decisión. Tras unos pocos kilómetros de recorrido, una vez atravesado el puente sobre el
río Cauca, el monocultivo de la caña de azúcar aparece de nuevo. Los ojos tratan de encontrar otro
vegetal sembrado pero se cansa de surcar el horizonte sin resultado positivo. Son cientos de
hectáreas sin vivienda alguna alrededor, solamente fábricas e ingenios.
Más adelante, a la entrada de
Palmira, las pancartas se estiraron de nuevo, todos y todas se organizan con prontitud y refuerzan
su paso para lograr su cometido: Palmira. La plaza principal es el sitio de acción, presencia,
denuncia, para luego dirigirse al Coliseo de la municipalidad, sonde se llevan a cabo reuniones con
otras organizaciones sociales. Allí se pasa la noche.

Buga

El 2 de
septiembre se retoma la ruta, esta vez hacia el municipio de Buga. El recorrido bordea las fábricas
de alimentos y otros productos. Allí se compartirán experiencias con habitantes de la región y se
pernoctará, hasta el día siguiente, el cual espera a los caminantes con un nuevo objeto:
Tulúa.

La Marcha por el hambre, la pobreza y las políticas injustas de vivienda, avanza,
tomando resonancia en las regiones por donde pasa. Cada habitante de pueblo o ciudad mira lo que
sucede con indiferencia, curiosidad o aceptación. Lo cierto es que el hambre y la pobreza están
lejos de ser un problema de periferia, o una realidad que se lleva con resignación. En Colombia se
empieza a romper el silencio.

Por: Julián Carreño

enviado especial desde abajo

Información adicional

Autor/a:
País:
Región:
Fuente:

Leave a Reply

Your email address will not be published.