Para Magdalena, de 60 años, este
tiempo ha sido una verdadera agonía. Y más aún desde el pasado 2 de julio, cuando, gracias la
exitosa Operación Jaque del Ejército colombiano, fueron rescatados la ex candidata presidencial y
ciudadana colombo-francesa Ingrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses y 11 miembros de las
fuerzas públicas.
“Les
quitaron a las FARC el trofeo mayor y los demás cautivos quedaron en el olvido”, se queja Magdalena,
mientras su voz y sus gestos reflejan la inmensidad de su dolor. Ella, como el resto de los
familiares de los canjeables, se siente más sola que nunca: percibe que el interés de la prensa, del
país y del mundo por el tema decayó tras el espectacular operativo de rescate y de la multitudinaria
manifestación contra los secuestros celebrada el pasado 20 de julio.
El congresista Mauricio Lizcano, hijo de uno de los tres
civiles canjeables, siente un vacío idéntico. Y lo resume así: “La comunidad internacional se había
comprometido a seguir con nosotros y no ha vuelto a aparecer; la opinión pública se olvidó de
nosotros” . Óscar, su padre, ya ha cumplido ocho años de secuestro y se sabe que su salud es
precaria.
El único gesto
solidario de los últimos días es el de 20 policías discapacitados que hoy iniciarán una marcha de
más de 400 kilómetros en sus sillas de ruedas para exigir la libertad de todos los cautivos.
Sin embargo, para algunos analistas,
no todo está perdido. Ven detalles esperanzadores en el último comunicado de las FARC, publicado
después de la Operación Jaque: los guerrilleros ya no hablan de la desmilitarización de dos
municipios como condición para dialogar sobre un intercambio humanitario, a pesar de que antes ésta
era una de sus condiciones inamovibles y un punto inaceptable para el Gobierno. Además, según el
comunicado, en la lista de canjeables incluyen ahora a tres policías y un soldado que fueron dados
como desaparecidos este año.
Sin
duda, con los últimos golpes a las FARC las cosas han cambiado a favor del presidente del país,
Álvaro Uribe, que busca ahora un contacto directo con la comandancia guerrillera. Pero “el contacto
no se ha dado, no se ha avanzado nada”, recuerda Lizcano con desconsuelo. Según este joven
congresista, la solución debe ser una combinación de presión militar ?como ha sucedido hasta el
momento? con la fórmula política. Aunque, “si la guerrilla sigue poniendo bombas, nadie apoyará una
negociación”, dice.
Una
bomba destruyó el Palacio de Justicia de Cali, tercera ciudad del país, al amanecer del pasado
lunes; hubo cinco muertos y varios heridos. Para el Gobierno, no hay duda: fueron las FARC. Sin
embargo, Jorge Iván Ospina, alcalde de la ciudad, pide que no se descarten otras hipótesis, como el
narco-paramilitarismo y la corrupción.
Alberto Rojas Puyo, ex senador de la UP ?un movimiento que nació de la negociación con
las FARC de 1984 y que fue prácticamente exterminado? pidió hace poco a esta guerrilla que libere ya
y de manera unilateral a todos sus rehenes. Pero piensa también que un intercambio humanitario
podría ser un puente para una negociación de paz. “El intercambio es más importante, pero más
difícil”, asegura.
Magdalena Rivas
lo tiene claro: el único camino para volver a ver a su hijo es la negociación. Por eso, aplaudió lo
dicho hace apenas dos días por Ingrid Betancourt, que pidió abrir un espacio a esta opción.
Rivas es una de las que asiste
religiosamente a la protesta que todos los martes, al medio día, convocan los familiares de los
canjeables en la céntrica plaza de Bolívar de Bogotá. La realizan desde hace tiempo y, aunque estas
convocatorias nunca han estado especialmente concurridas, cada día tienen un aspecto más desolador:
a veces no se reúnen más de ocho o 10 personas y a todas se les nota que la angustia las está
matando.
“Si no se hace
algo rápido, de pronto nuestros hijos no nos van a encontrar con vida”, advierte Magdalena. A ella y
a su esposo, como a muchos otros, la tristeza y la desesperanza los está consumiendo. A ella, las
piernas cada día le responden menos, y a él le está fallando el corazón.
Por, PILAR LOZANO – Bogotá – 05/09/2008


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