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¿Y dónde están los lanceros?

En tiempo de Bicentenario, el 11 de noviembre recordamos la primera de las independencias reales que se dieron en territorio de la Nueva Granada, la de Cartagena. Para vergüenza de propios y ajenos, celebrada al son de mercadear con mujeres, con sus cuerpos traducidos en espectáculo y oferta de circo. Para olvidar el pasado y el presente, como nos lo recuerda el autor de este artículo.

200 años de independencia de Cartagena y seguimos, sin haber evolucionado en la iteración de las  categorías históricas: aun la ciudad se sigue llamando Cartagena de Indias y se insiste en que hace 519 años fue fundada por un chapetón fugitivo y hampón, que se hacía llamar Don, de nombre Pedro y apellido de Heredia, con “de” como solían hacerlo las mujeres casadas, cuando eran orgullosas de pertenecer a su marido como la vaca, la yegua, la casa.

Hago una digresión pertinente, que es escuchar, leer, noticias, que por negativas, malas, rojas, negras, siempre ocurren en “la zona suroriental”, según comunicadores de todos los medios, a menos que sucedan en el Pozón o en Nelson Mandela. Y me divierto de oír y leer que es tan extensa, tan extensa esa zona, que es más de media ciudad, donde están ubicados los barrios de La Candelaria, La Ciénaga de la Virgen, el 13 de junio, Olaya Herrera y hasta El Socorro. Nada ocurre en el sur, en el norte, en el occidente, en el oriente; el occidente es el mar, que quede claro. Mis datos de geografía elemental ubican a la Boquilla al norte y a Barú, Bocagrande, al sur, por lo que la tal zona sur oriental debería estar en Pasacaballo, Mamonal, y sus alrededores.

Ahora comprendo: si desde el pasado, históricamente, estamos confundidos, como no estarlo en el presente: una ciudad que no sabe dónde está ubicada en la geografía, tampoco lo estará en la historia y en la cultura. Según su nombre oficial, es sita en el Océano Indico, como provincia de la nación India. ¿Es que no se han dado cuenta que es costera del mar de los Karibs?, por lo que debiera ser llamada Cartagena del Caribe. Que fue fundada por el tal chapetón, es tan burda esa afirmación, es como  hacer tabula rasa de toda una población que existía a la llegada del español, que, incluso, le tenía un nombre: Karmairy, o si se quiere Calamary. Decir lo contrario es un acto de lesa humanidad, es la maximización de los delitos de extrañamiento, de desplazamiento forzado, de etnocidio cometidos por el invasor, a quien le tienen estatua y hasta más.

Para mí que esa es la razón histórica de la sinrazón. Es la cuota inicial de la falta de identidad, de la carencia de un sentido de pertenencia, pues hemos creído ser lo que no somos, porque así lo aprendimos de los mayores, porque así lo enseñan en la escuela y porque la estupidización nos lleva a seguir repitiendo majaderías, que resultan ser vergonzosas, oprobiosas, si tan sólo utilizáramos la razón, la lógica. En ese orden, “y en concordancia” con el nombre de la Bahía de las Animas –en relación al estado lamentable en que llegaban al puerto aquellos seres humanos convertidos en mercancía, a quienes los sacerdotes que les ofrecían una totuma de aqua forte, aqua ardente, llamaban “saco de hueso, ánima en pena”– para recordar el hecho histórico, y el de la bahía, itero, se levanta un monumento a un mito griego: Los Pegasos (sic). Es decir, la ciudad, en posición de privilegio, como que posee el don de la ubicuidad, pues está situada en el océano Índico y al mismo tiempo  emplazado en el Pireo, o sea que, además de “indios”, resultamos ser griegos. Es por lo de las estatuas del múltiple Pegaso tropical y la existencia de un parque al dios Apolo, así como unas esculturas grecolatinas sobre las arcadas del parque que conmemora, curiosamente, el centenario de la independencia, a cuyo costado está el paseo, con los bustos de los cobaos, a quienes eufemísticamente  llaman mártires.

Para mí que aquel bizarro esfuerzo bicentenario, lo botaron a la basura la caterva de vencejos enquistados en los centros de poder. Veamos si no: todas la estatuaria de la ciudad se han erigido en honor a extranjeros, y, una sola se establece a la incola que le sirvió a sus intereses; la otra la comparte un aborigen a los pies del invasor; las toponimias siguen siendo europeas: barrios como Blas de Lezo, Pedro de Heredia, Bruselas, Los Alpes; concentraciones escolares como Pedro de Heredia, Blas de Lezo; la única entrada y salida de la ciudad es la Avenida Pedro de Heredia y así se llamaban el teatro cultural y el estadio de fútbol, aunque ya no, su equipo  ostenta la condición de Real. Francamente que ahora somos más españoles que antes, pues el agua es de Barcelona, la luz es madrileña, como la radio, la televisión, el periódico, son de la “madre patria” y hasta los académicos historiadores resultan ser “chapetones”.

Virgulilla: Y en este bicentenario reafirmativo de la independencia, cabe preguntarse dos cosas: por qué el mármol y el bronce han sido tan esquivo a los naturales de la historia de la ciudad y una más ¿Y dónde están los lanceros?

Y ¡Olé! (a ajo y pecueca corporal)

Información adicional

Cartagena, a propósito del Bicentenario
Autor/a: Franklin Howard Ortega, El Pataki
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