La aprobación por parte del Congreso de los Estados Unidos el pasado 10 de octubre del tan mencionado Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia, trae a la memoria, por sus implicaciones frente a la conculcación de la soberanía nacional, el fallido “Acuerdo Complementario para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad” suscrito entre ambos gobiernos (1).
Al analizar el TLC y el “acuerdo complementario” con los Estados Unidos, conscientes de las continuidades que resumen en las relaciones entre ambos países, nos lleva a preguntarnos: ¿Cuáles han sido las características históricas que han permeado las relaciones exteriores entre estos dos países? ¿Cuáles las continuidades y rupturas evidenciadas a propósito de estos compromisos? y ¿Cuáles las consecuencias políticas para la nación colombiana como para la región?
Siglos XIX y XX: Vínculos históricos
El investigador norteamericano Randall ofrece una aproximación muy pertinente sobre estas relaciones. Sostiene que el énfasis en estas se ha dado por intereses ideológicos, de seguridad nacional y de desarrollo económico y comercial, y que, aunque han evolucionado y matizado según contextos específicos, aquellas han estado enmarcadas en unas relaciones desiguales de poder en las relaciones internacionales (2). Aunque Randall sugiere que en el conjunto del proceso tales relaciones han sido tanto de alianza como de distanciamientos, es evidente que las diferencias –cuando las ha habido- de Colombia respecto a Estados Unidos han surgido en el marco de coincidencias en la política exterior y de alianzas estratégicas. Veamos:
De la Independencia a la primera mitad del siglo XIX. Este período marca una excepción, en tanto es el tiempo en el cual ambas naciones emergían del colonialismo y sus esfuerzos estaban concentrados en consolidar sus respectivos estados-nación, por lo cual las relaciones se daban en condiciones de cierta simetría e igualdad, con ideales compartidos y relativo respeto mutuo.
De hecho, se van a establecer relaciones formales sola hasta 1820 con la eliminación de la hegemonía española, el nacimiento de Colombia como República y su posterior reconocimiento por parte de los Estados Unidos. Durante la década el 20 se presentó un debate liderado por Bolívar y Santander internamente, pero también con los Estados Unidos respecto al liderazgo colombiano en las relaciones internacionales y al papel que deberían jugar los norteamericanos en el proceso de integración y desarrollo latinoamericano (3), reconociendo a su vez, la interdependencia entre norte y sur respecto a resistir incursiones europeas en sus antiguas colonias como premisa de la Doctrina Monroe. Los líderes colombianos acogieron la iniciativa de Monroe durante dos décadas, pero en los años 40 y 50, cuando se intensificaron las ambiciones estadounidenses en el Caribe y Centroamérica, (4) revaluaron su relación con los Estados Unidos; Gran Bretaña mantendría hasta el final de este período el monopolio sobre el comercio colombiano, especialmente en las manufacturas y en la minería.
De la década del 80 del siglo XIX y hasta 1939. En este período se va a dar un giro en las relaciones bilaterales. Es un período de crecimiento desigual de los dos países que va a determinar la relación hegemónica bajo una notable expansión de los intereses económicos de Estados Unidos hacia Latinoamérica y en particular hacia Colombia. En el marco de la división social e internacional del trabajo y en la medida que aumentaba el poderío internacional de Estados Unidos y disminuía el de Colombia, aquel emergía como una potencia imperialista mientras que Colombia se convertía en una nación empobrecida con la imagen de incompetencia y falta de credibilidad en su poder central. Estados Unidos se convierte en exportador de capitales con una economía industrializada que le permite incidir y controlar la economía y la política hemisférica y mundial. Colombia por su parte se asume como país proveedor de materias primas –platino, petróleo, carbón–, y receptor de capitales imperialistas para ampliar los mercados internacionales favorecido por su gran ubicación geoestratégica.
El poder político, económico y militar de los Estados Unidos estará asociado entonces con una serie de acontecimientos a su favor producidos en el marco de las relaciones diplomáticas: apropiación de las Filipinas y Puerto Rico; protectorado en Cuba; ocupaciones militares en Centroamérica; separación de Panamá y control de su Canal; desplazamiento gradual de Gran Bretaña como principal potencia de la región con mayor evidencia a partir de la Primera Guerra Mundial, e impulso al desarrollo desigual del capitalismo en Latinoamérica, incluida Colombia.
Durante estas décadas, la inversión norteamericana y la modernización económica contribuyeron a generar ciertas tensiones políticas y sociales internas en Colombia y a generar un sentimiento antinorteamericano como fue el caso de la huelga de los trabajadores del sector bananero en el Magdalena, donde el gobierno conservador movilizó tropas al área para proteger los intereses de la United Fruit Company, “resolviendo” mediante la represión dicho conflicto laboral.
Pos Segunda Guerra Mundial y Guerra Fría. Es durante este período de tiempo que la relación hegemónica estadounidense se profundiza. La seguridad hemisférica y la contención del comunismo se convirtieron en el objetivo central de la política exterior norteamericana. La guerra acentuó la dependencia económica (5), política y militar (6) de Colombia frente al ahora imperio del norte, donde la demanda de materias primas estratégicas socavó el “nacionalismo” económico colombiano y quebrantó su soberanía.
El anticomunismo como base de la política norteamericana se acentúo en la posguerra, la seguridad mutua, la unión hemisférica, la reestructuración del sistema interamericano y la reevaluación de la ayuda destinada al desarrollo económico fueron los temas cruciales para los Estados Unidos, y en los cuales incluyó a Colombia como “modelo” de programas de ayuda. En el plano militar, en los 60 y 70 se va a intensificar su Política en el hemisferio americano. La intervención en Cuba (1961), Republica Dominicana (1965), Chile (1973) y Nicaragua (en los 80) van a constituir una prolongación de la intervención de los años 50 en Guatemala.
¿Cuál fue la conducta de la dirigencia colombiana en este periodo? Hay que señalar que su comportamiento estuvo alineado con los objetivos estratégicos de los Estados Unidos (7) aunque en algunos momentos se hicieron visibles diferencias respecto al papel que debían jugar los organismos multilaterales en la política internacional.
Ahora bien, a finales de los años 70 y durante la década del 80 la crisis del narcotráfico internacional ocupó un primer plano en la atención de los Estados Unidos y por ende en las relaciones bilaterales, considerando una serie de estrategias de “cooperación” orientadas no solo a combatir a los carteles de la droga sino también como instrumento anticomunista, en tanto que las autoridades norteamericanas y el mismo Turbay Ayala trataron al movimiento guerrillero colombiano como una amenaza contra la seguridad nacional de Colombia, de Estados Unidos y de la región en general por sus influencias cubano-soviéticas.
De la década del 80 en adelante. En este período se marca un nuevo capítulo de las relaciones binacionales, caracterizado por el final de la Guerra Fría, la profundización de la guerra contra las drogas y contra el terrorismo en el marco del nuevo orden mundial, donde Estados Unidos suministra una creciente ayuda militar, financiera y logística a países como Israel y Colombia (Plan Colombia) y profundiza las políticas neoliberales promoviendo bloques económicos y comerciales.
Bajo esta perspectiva de largo plazo, se entienden las diferencias específicas surgidas entre los dos países en términos de énfasis, de prioridad, de estilo, pero no en torno al marco estratégico. También visto de esta manera, lo que se observa es que la alianza, las coincidencias y la imposición en política exterior es lo que ha predominado en el transcurso de las relaciones entre Estados Unidos y Colombia, y el TLC como el “acuerdo complementario” no son la excepción.
Tales compromisos dan continuidad, entonces, a una tendencia de largo plazo que evidencia para la la historia de la nación colombiana: (1) la ausencia de un proyecto de nación y por consecuencia equiparación de los intereses económicos y políticos de las clases en el poder como si fueran los intereses de toda la nación. Bajo esta tendencia, se ha asistido a otro elemento que atraviesa la historia del país, por lo menos del siglo XX: un desarrollo tardío y desigual del capitalismo, desarticulado, que ha privilegiado algunas ramas de la economía sobre otras sin transformar en esencia la estructura agraria nacional. En este marco han surgido profundas crisis sociales y armadas en el país durante largos periodos generadas por los niveles de exclusión política, desigualdad social y explotación económica de la estructura de clases configurada en Colombia a lo largo de su historia. (2) Ese desarrollo desigual del capitalismo ha estado ligado históricamente a la inversión del capital imperialista centrado inicialmente en Gran Bretaña y posteriormente en los Estados Unidos. En el largo plazo se observa justamente una especie de herencia colonial al concebir el desarrollo nacional de la mano de una potencia extranjera, noción que se va a consolidar en la medida en que las clases en el poder han asumido históricamente la doctrina Suarez (mirar hacia la estrella del norte) que identificaba el futuro de Colombia con los Estados Unidos, expresando un sentido de identidad nacional débil.
Las anteriores podrían considerarse tesis explicativas de lo que ha sucedido con la sociedad colombiana y sus relaciones exteriores, por lo menos durante todo el siglo XX, donde la hegemonía estadounidense ha sido una realidad desde la Primera Guerra Mundial, cuando la inversión del capital y el comercio norteamericanos acabaron por dominar la economía colombiana -aun cuando bajo ciertas administraciones haya habido diferencias tácticas.
Ahora bien, también es posible colegir algunas discontinuidades sobresalientes durante el proceso en su conjunto: la disputa enérgica de sectores de las elites criollas reivindicando la soberanía nacional en ciertos momentos. Ilustra esto la experiencia de 1865 en la que el Congreso aprobó una ley que estipulaba que los extranjeros residentes en el país estaban sujetos a todas las leyes colombianas -salvo servicio militar. Otra ley estableció la supremacía de tribunales colombianos como jurisdicción de primera instancia y aunque esto no gustó al Departamento de Estado, no le quedó más remedio que aceptar. En esta dirección, a diferencia de la actitud del gobierno Uribe respecto del “Acuerdo Complementario”, el Consejo de Estado emitió un pronunciamiento que, ceñido a la Constitución, asume una postura de defensa de la soberanía nacional.
De otro lado, desde el punto de vista político observamos varias implicaciones: (1) Una mayor pérdida de la soberanía y seguridad nacional, se viola el derecho a la libre autodeterminación de los pueblos consagrado en la Constitución Política (art. 9), enmarcado en un plan estratégico norteamericano para la región -y mundial- que consiste en frenar el ascenso de gobiernos democráticos y nacionalistas como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, entre otros, los cuales desafían su dominación imperialista y su control sobre los recursos estratégicos allí existentes. Para esto recurre, como en otros tiempos, a combinar las acciones diplomáticas y económicas acompañadas de despliegue de tropas y comandos junto con operaciones encubiertas (8). (2) Colombia se convierte en centro de agresión y desestabilización contra gobiernos progresistas y nacionalistas suramericanos para acceder y controlar recursos estratégicos en particular el petróleo, el gas y la biodiversidad de la región. (3) Por último, reconocimiento del fracaso, por parte del gobierno colombiano, tanto en el manejo de la lucha contra el narcotráfico como en la puesta en marcha de un modelo de desarrollo nacional y democrático, delegando la responsabilidad política en los Estados Unidos.
* Jymmy Alexander Forero Hidalgo. Magister en Historia de la Universidad Nacional de Colombia y Docente Universitario. Integrante de la Corporación Colectivo de Derechos Humanos Tierra de Todos – MODEP.
1 En adelante para efectos de citación “Acuerdo complementario” suscrito a finales del año 2009.
2 Randall, E. Aliados y Distantes. Tercer Mundo Editores y Ediciones Uniandes. Bogotá, 1992.
3 El Congreso Panamericano de Panamá realizado en 1826, sin la presencia de los Estados Unidos fue testigo de dichas confrontaciones.
4 La orientación externa de Estados Unidos emanada del Destino manifiesto incluía: expansión comercial, guerra con México, consolidación de fronteras mediante un tratado con Gran Bretaña, incursiones armadas en el Caribe y Centroamérica y control de tránsito y del comercio en el Istmo. Randall, E. Aliados y Distantes… (pág. 41-42).
5 Las inversiones norteamericanas fueron considerables durante la guerra: en 1943 representaron cerca del 71% de la inversión extranjera total frente al 13% de Gran Bretaña. Ibíd. (pág. 212).
6 Colombia rompió relaciones diplomáticas con las potencias del eje y participó en operaciones de defensa del hemisferio mediante patrullajes costeros. En 1942 bajo el gobierno de Santos, acordó una prórroga para misiones del Ejército y de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en territorio colombiano. Ibíd. (pág. 204).
7 Colombia rompe relaciones diplomáticas con la URSS en 1948, moviliza fuerzas militares a la guerra de Corea en 1951, en 1952 se firma el Tratado de Asistencia Militar con Estados Unidos para el desarrollo de las fuerzas militares colombianas y la defensa del hemisferio, rompe relaciones con Cuba poniéndose del lado de EEUU y la OEA en la crisis de los misiles, impulsó la Alianza para el Progreso y fue recio en la aplicación de los programas de seguridad promovidos por Estados Unidos contra la insurgencia como el Plan LASO.
8 Considero relevante entender el “Acuerdo complementario” así como la reactivación de la IV flota de los Estados Unidos para el control del hemisferio como elementos tácticos dentro de su estrategia integral para la región.


Leave a Reply