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“Somos destechados, hijos de este pueblo”. Marcha llegó a Armenia

“Somos destechados, hijos de este pueblo”. Marcha llegó a Armenia

Marcha llegó a
Armenia

De repente, a
las 8:30 a.m. comienza una reunión que congrega a los anfitriones, quienes nos recibieron de manera
cálida el día anterior, cuando comimos y se proyectaron videos, uno de ellos que recrea la toma de
La María en Piendamó, por parte de los indígenas caucanos y de los manifestantes procedentes de
Popayán.

 

Este lugar está circundado por barrios populares, repartidos aproximadamente
en ocho comunas. Desde allí partiremos en unos minutos. Entre tanto, en la reunión conversan,
festejando el esfuerzo de la Marcha, representantes de variadas organizaciones de Pereira; se
plantean discusiones sobre el panorama que debe abrir esta movilización.

 

Al terminar esta reunión se ultiman
detalles para el próximo recorrido por la ciudad, minutos después se parte. Los caminantes dan un
respiro y retoman la marcha. Se sale del colegio en el que estamos hospedados y nos dirigimos en las
chivas hacia el viaducto de la ciudad, donde se encumbra un puente majestuoso /el de los suicidas)
con terminaciones que hacen ver hacia el cielo; este puente es conocido por los suicidios
recurrentes, habitantes desesperados que han recurrido a él para acabar con sus
vidas.

 

Marchamos desde allí parando el tráfico. Un policía de tránsito no oculta su
disgusto ante algo que se le sale de las manos. Aún así continuamos con determinación. Nos dirigimos
a la plaza de Bolívar. Al llegar la circundamos y proseguimos hacia la Terminal de transporte, que
queda ubicada en el barrio San Luís, en plena salida de la ciudad, hacia el sur. Este trecho nos
llevará a la ciudad aledaña: Armenia. Caminamos con persistencia, pero con cansancio. Al llegar nos
despedimos de quienes nos apoyaron con la estadía y nos acompañaron desde el día anterior en el
trayecto por su urbe.

 

Las chivas andan con cierta rapidez, son las 3:00 p.m., de suerte que llegamos
a Armenia antes de las 4:00 p.m. Arribamos por el norte, un sector acomodado de la ciudad que nos
recibe como un baldado de agua fría. Suenan las consignas, pero los espectadores miran con desdeño,
algunos otros con indiferencia y siguen en sus respectivos restaurantes y negocios de alcurnia. Las
consignas suenan pero al otro lado sólo responde el silencio de un muro sin
vida.

 

Sin embargo, los marchantes no se desaniman: cantan, gritan, ríen. Llegamos al
centro de la ciudad. Se nota el peso de los días en esos cuerpos gloriosos. Por fin nos concentramos
en el sector donde está ubicado el Banco de la República. Allí, en el mismo lugar donde suelen
concentrarse en otras oportunidades para protestar, distintos representantes de Derechos Humanos, de
organizaciones políticas y sindicatos, reciben a la marcha.

 

                      


Corren los minutos. Son las 6 p.m. En este momento proseguimos hacia nuestro
destino de este día. Algunos tienen ya asomos de cansancio y los cuerpos se deslizan, mientras
llegan las chivas, hacia alguna acera que permita un descanso temporal. Partimos. Nuestro destino:
el INEM de Armenia. Allí reposaremos hasta el día siguiente, cuando la marcha continuará, el domingo
7, hacia Calarcá.


Por: Julián Carreño

 

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