La imagen que quiso construirse el presidente Álvaro Uribe, del papá que todo lo controla y lo ordena, se ha deshecho: el primer signo de ello es su orden, desobedecida, de que el 12 de abril debía explicarse al país lo sucedido en Guaitarilla, ¿Qué hay detrás de esos sucesos? ¿Razones de narcotráfico, de paramilitarismo, confusión? Pero lo más importante, ¿Por qué no se cumplió la orden presidencial ¿Quién manda aquí?
El segundo signo que nos permite ver el quiebre de esa autoridad ajena, y los verdaderos poderes que hay detrás de telones, es el caso de la Fiscalía General de la Nación, inundada según algunos exfiscales, de corrupción, infiltraciones del narcotráfico, control de los Estados Unidos, clientelismo a la hora de los nombramientos. ¿Quién manda allí? ¿Dónde está el poder presidencial? ¿Qué fue de los discursos moralizantes?
El tercer signo, se desprende de las dudas que dejó el operativo del Ejército Nacional en Cajamarca, donde fueron asesinados cinco miembros de una misma familia. Declaraciones posteriores dejan entrever una masacre. La falta de medidas para retirar a los sindicados llena de sombras la casa de gobierno. ¿Dónde está la igualdad y la justicia proclamada por el Presidente?
La sorpresa de cada día
Ya no pasa una semana sin que la sombra del narcotráfico, del paramilitarismo, del dominio de los Estados Unidos en Colombia, del autoritarismo militar, de la mentira y la manipulaciòn, pongan en duda los poderes reales que dominan en Colombia.
Pero esta duda no cae sólo sobre el gobierno, se extiende como mancha sobre todo el Estado. Las declaraciones de decenas de afectados por la relación ejército – paramilitarismo, reconfirmadas en días anteriores por las declaraciones del General Uscátegui, así lo reafirma.
En medio de esta hecatombe en la que se descuaderna el país, no podemos más que recordarnos de los casos de Argentina (Carlos Menen), Perú (Alberto Fujimori), Brasil (Fernando Color de Melo), Venezuela (Carlos Andrés Pérez), Ecuador (Abdalá Bucarám y Jamil Mahuad) todos derrocados por sus pueblos que no aguantaron más corrupción ni manipulaciones.
En Colombia, con hechos más graves y que no se detienen, aún no surge la fuerza de la dignidad social que demande la restitución de un verdadero poder democrático. Valiéndose de ello, quien está en el palacio de Nariño ahora pretende que lo reelijamos. ¿Habrá quién aspire a mayor manipulación y autoritarismo?


Leave a Reply