
Es sabido que dentro del santoral católico San Francisco de Asís representa la renuncia a la riqueza material, condición esencial para llevar una vida espiritual semejante a la del carpintero de Belén. No deja de ser paradójico, por ello, que su esfinge esté, como ha permanecido por cerca de treinta años en la calle 72 o Avenida Chile con carrera 11 de Bogotá, a espaldas de un centro comercial, con los brazos abiertos, como dando la bienvenida a quienes se dirigen a uno de los focos financieros más importantes de la ciudad.
Esta paradoja entre la prédica de una vida sencilla, austera y una vida de riqueza y consumo fue el único problema que tuvieron que sortear quienes en la madrugada del martes seis de marzo, decidieron dejar a San Francisco sólo con el lobo, al llevarse su otro acompañante, el venado fabricado en bronce.
San Francisco y el lobo
Hay quienes dicen que no es posible interpretar la posición de los brazos como una señal de bienvenida al centro financiero, sino como un gesto inequívoco de que San Francisco oró al encontrarse con el lobo, el cual devoraba animales y personas en un pueblo de Italia hasta que el santo restituyó la paz en tal región, al domar totalmente, por la gracia divina, al animal. De allí que la imagen del fundador de los Franciscanos con el lobo sea reproducida en diferentes partes del mundo en cuadros, estampas y estatuas como símbolo de paz. El artista colombiano Fernando Montañez –autor de las esculturas de la Avenida Chile–, aportó a la escena de San Francisco y el lobo la figura del venado, seguramente para resaltar la docilidad del lobo y el hecho de que San Francisco es el patrono de los animales.
Habría que señalar, en todo caso, la similitud que existe entre la palabra oró y oro, una de las palabras más distinguidas en este sector bogotano.
Fe en la calle 72
Al transitar por esta calle, no pocos hombres de negocios se encomiendan al santo con el deseo de prosperidad para sus negocios. San Francisco, el santo de la pobreza, se convierte, por obra y gracia del mercado, en el patrono de los negocios pactados. Altos ejecutivos incluso sostienen que él intervino en el rescate de Granahorrar –como también se identifica el centro comercial al cual le da la espalda– al momento de su quiebra, de la cual literalmente se salvaron. Esta intervención milagrosa tal vez tenga explicación si recordamos que el símbolo de este centro comercial, también corporación de ahorro y vivienda, es un caballo. En ese sentido, por ser San Francisco el protector de los animales, le correspondía salvar en algo el buen nombre y el simbolísmo de este animal.
Una expansión de buena fe
Desde inicios de la década de los ochenta del siglo XX, año en el que fue ubicado en este lugar de la ciudad, el santo franciscano ha contemplado el avance incontenible del capital financiero a lo largo y ancho de la avenida Chile. Este crecimiento, le dio nuevo impulso a la ciudadanía sobre la necesidad de riqueza y consumo, idea expandida hasta el punto que el venado dejó de ser una escultura, un símbolo de paz, y se convirtió en una mercancía como cualquier otra. Y sin embargo su expansión no se detiene, hasta el punto que la Universidad Pedagógica Nacional, ubicada frente a la escultura, ha tenido que librarse en no pocas ocasiones (la última hace un par de meses) de convertirse en una institución en donde el dinero sea el único santo de su devoción. Es decir, el progreso insiste en no detenerse en la calle 72 con Carrera 11, y busca continuar hasta la Caracas y más allá.
Descender de las alturas
Hay que recordar que originalmente Giovanni (nombre de cuna de San Francisco de Asís) por años se encontraba a una altura considerable, gracias a una estructura en concreto, allí nada le sucedió, solo se limitaba a observar, era, digamos, un observador neutral. Hace algunos años lo bajaron de sus alturas, lo hicieron terrenal, y ya con los pies casi rosando la tierra, su suerte cambió. En este preciso momento el venado que le acompañaba puede estar ardiendo en las llamas de algún horno capitalino, mientras el párroco de la iglesia La Porciúncula –adjunta a la esfinge santa– promete algo similar a quienes lo hurtaron.
Ahora que de manera inexplicable se llevaron a este ciervo del señor (en la zona existen dos cámaras de seguridad, una de la Policía y otra del Centro Comercial ubicadas en frente y a un costado del santo, así como un CAI a pocas cuadras, además de pulular vigilantes y transeúntes), en la zona hay un desconcierto total. Y la policía sin poder culpar al lobo (quien sigue inmóvil al lado del santo) tendrá que buscar otros culpables. Otras hipótesis para los inspectores:
Hipótesis de género
Hay quienes sostienen que ésta es una acción con perspectiva de género, es decir, todo esto sucedió a pocos días del 8 de marzo: Día internacional de la Mujer. En este sentido, el hurto podría ser parte de una estrategia simbólica que permitiera evidenciar que en este país no se meten nunca con el lobo, sino con los corderos, es decir, con los ciervos. Entonces, en pocos días aparecerá él (o tal vez “la” en realidad no lo sabemos) ciervo/a junto a una declaratoria perentoria de igualdad entre lobos y ciervas.
Hipótesis política
También están quienes se inclinan por simbolismos e interpretaciones políticas, en ese sentido la desaparición (hay quienes prefieren la palabra secuestro o la expresión: “caza milagrosa”) puede ser interpretada como el inicio de un ataque a varios santos, esto debido a la desafortunada coincidencia con el apellido del Presidente de turno (pagarían justos por pecadores); en tal sentido no sería azaroso el nombre del santo de este primer embate: Francisco. Por otro lado, esta hipótesis también aclararía los grafitis que aparecieron alrededor de la iglesia semanas antes: “No creo en Dios ni en los santos” denunciados el 7 de marzo a un periódico capitalino por Guillermo Alirio Muñoz, el sacerdote de la porciúncula.
En la orilla contraria se encuentran quienes sostienen que se trata de “propaganda negra” contra la izquierda que gobierna la ciudad, en tanto se trata de llamar la atención sobre el hecho de que a la derecha se encuentra el ciervo y a la izquierda el lobo.
Hipótesis de extinción
En Colombia el único venado con las características de la escultura es el venado sabanero o venado de cola blanca, el cual es polígamo (lo que no le ha servido de mucho porque se encuentra en peligro de extinción). Una enciclopedia sobre fauna colombiana sostiene que: –No existe otro venado en Colombia en el que los cuernos de los machos crezcan tanto y tan ramificados–. De allí se deduce entonces que la escultura es de un macho, esto dejaría sin piso la hipótesis con perspectiva de género (o tal vez le abriría paso a teorías LGBTI). Esta especie de venado es cazada por su carne y sus cuernos –y ahora por su bronce–. La falta de seguridad y control en la caza de este animal ha hecho que tal vez, mientras se escribe esta nota, el venado ya se encuentre extinguido.
Y aquí viene la última hipótesis: el espécimen que habitaba en la calle 72 o avenida Chile con carrera 11 era el último de su especie.


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