Tomó forma lo que la opinión pública presagiaba: el frente contra el terrorismo. Liderado por el ex presidente Uribe y lo más granado de la derecha del país, adquirió cuerpo con el denominado Puro Centro Democrático. Como lo planteara la revista Semana, no es puro porque está José Obdulio Gaviria ni de centro por integrarlo el ex ministro Londoño ni democrático por dirigirlo Uribe. El enganche para justificarlo son las acciones sobredimensionadas de la guerrilla, extremas en un departamento como Cauca, pero no en cuanto al contenido real de su alcance militar.
Una gran mayoría de la ciudadanía del país rechaza la violencia que se vive en todos los rincones. Por supuesto, está contra las acciones terroristas. Pero sabemos que cuando hay referencias a ellas sólo se hace a una parte pequeña de su expresión. Desde el primer gobierno de Uribe, ha hecho carrera asociar terrorismo con acciones de las farc. Toda la historia política anterior y contemporánea del terrorismo narco y paramilitar fue borrada de plano, alineándose con Bush en la cruzada internacional emprendida en tal dirección. Las auc tuvieron un trato suave con una Ley de Justicia y Paz hecha a su medida para que se mantuvieran a lo largo y ancho del país. Todavía no se sabe cuánto de ello se debió a una forma de retornar favores por haber ayudado en las campañas que le permitieron a Uribe acceder a la Primera Magistratura del Estado.
Mantener en alto que el centro de la política es hoy la seguridad, y dentro de ella la lucha contra las farc, no hace más que ocultar la esencia derechista que la alimenta, el personalismo que la impulsa y el desconocimiento de las múltiples violencias que nos desangran. Asistimos a un claro mesianismo mediante un recurso caudillista que raya en posturas históricamente superadas. Plantear en forma explícita, como lo hizo José Obdulio Gaviria, que el candidato a la Presidencia para las próximas elecciones debe tener la humildad de admitir que si sale electo quien dirigirá el país será Uribe muestra el talante de los objetivos que se pretenden.
El tendencioso planteamiento va en contravía de lo que ha vivido América Latina en las últimas tres décadas. Mientras Guatemala y El Salvador lograron acuerdos de paz que condujeron a la desmovilización de las guerrillas, el embeleco uribista atiza el militarismo bajo la creencia de que sólo será su eliminación lo que conduzca a la paz. El militarismo del Cono Sur fue superado con una reinvención de la Democracia, mientras este movimiento estimula una ampliación del poder militar y la impunidad de sus acciones, como el de los “falsos positivos” o el de los llamados que hacen organizaciones de oficiales retirados a que el Gobierno renuncie y se cree uno de facto. Con ello van de la mano el desconocimiento de los poderes legislativo y judicial, la existencia de los partidos, la participación ciudadana, la defensa de los derechos humanos, la movilización social, los derechos de huelga y movilización. En fin, ¡qué terror el contraterrorismo!



Leave a Reply