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Escenarios para el sujeto popular del cambio

Escenarios para el sujeto popular del cambio

Que por primera vez “Colombia tiene una opción electoral de gobierno para 2014” fue una voz entre algunos asistentes del Foro de Sao Paulo que sesionó en Caracas. Basan su hipótesis en la división Santos-Uribe, con un futuro de dos presuntos candidatos. “Es Colombia excepción en el Continente”, preguntaban. En ausencia de un liderazgo legítimo y colectivo de movilización y resistencia, de conciencia moral, podría ser todo lo contrario: que resulten tres candidatos a partir de la oposición si no hay desde ya el acuerdo de una “consulta previa”.

En la situación y sobre el tapete político del país, se destacan ahora dos dinámicas en el poder, y tres, desde el otro margen, como es el del “sujeto social”, el campo popular y las resistencias, la ciudadanía y la oposición.

En las tres actividades de lucha frente al poder, aparece como primera en importancia y lugar la reconfiguración del sujeto social; propio, nacional, con su raíz histórica, y ahora con entorno continental para mover el cambio. Un sujeto que tiene en los indígenas la iniciativa, y, desde sus propias reivindicaciones, un acompañamiento y la personificación de sectores de la juventud y el movimiento estudiantil1. A la vez, como segunda mención y destacado papel de riel para la organización amplia, toman cuerpo los alientos de construcción y movilización social política y nacional con cimiento en las propuestas del Congreso de los Pueblos y la Marcha Patriótica, y, desde otro ángulo reciente –que puede ser complementario–, el comienzo del proyecto “Pedimos la palabra”, en disputa por la opinión de los sectores medios de la población y la búsqueda inmediata de soluciones. Y ya influyen las precandidaturas y sus aspiraciones y/o personalismos en pugna.

Las dos dinámicas en la contradicción interoligárquica

Herencias. De los dos más recientes inquilinos del Palacio de Nariño, Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe, el origen de las fortunas y los abuelos y los padres, sin transparencia, fueron muy distintos. El apellido Uribe nunca podrá borrar la impunidad por el testaferrato, lavado de activos, uso de notarías y partidas de propiedad a favor de los hermanos Ochoa en la culminación de sus primeros corones2. Aristocrático Eduardo Santos, ex presidente de la República, con el “eje Santos-López” que denominó y acusó Jorge Eliécer Gaitán, en 1946 escamoteó con una candidatura de división del liberalismo la victoria popular de Jorge Eliécer Gaitán.

Con la banda presidencial encima pero con déficits de gobernabilidad y apoyo, dadas sus posturas ante la tragedia de los años en conflicto, el presidente J.M. Santos y su entorno oligárquico y militar eluden a toda costa y no aceptan responsabilidad histórica ni actual. Sin poder evitar el marco continental con novedades políticas y un conflicto sin fin, el país asiste a la circunstancia de una “contradicción interoligárquica”, prevista con anticipación y plan. Así, la distancia actual y las acusaciones contra Uribe acuñan en la búsqueda de un maquillaje necesario y de borrón por parte de la aristocracia capitalina.

Es aquél un recurso útil para relegitimar su poder y limpiar cara ante “la captura criminal de lo público”3, con vínculos mafiosos que ascendieron más característicos durante la gobernación de Antioquia y el gobierno 2002-2010. Con la monitoría de los Estados Unidos, según sus intereses, tarde o temprano, además de los familiares, una media docena de funcionarios del gobierno Uribe estarán empapelados no sólo sotto voce sino en forma pública. Una razón de peso por la cual el ex gobernante necesita y busca poder político, y aplicar presión para aplazar o menguar tales decisiones, con su tormento. Bien sabe que las venganzas con origen en los ‘negocios ilícitos’ y paramilitares tardan pero pueden llegar, y que aún con su anticomunismo brutal en favor del capital y el neoliberalismo, Pinochet, Fujimori-Montesinos, Rafael Videla y los generales del Cono Sur, terminaron presos en maquillajes idénticos.

La diversidad con iniciativas de construcción popular y nacional

Ayer, Carlos Lleras Restrepo (oficialismo liberal) y Alfonso López Michelsen (MRL, Movimiento Revolucionario Liberal) saldaron cuentas. Hoy, entre los liberales ronda la posibilidad de una reunificación del partido, y, con la U como pasado, en el partido conservador fraguan repotenciarlo. Algo pasa o algo sienten y proyectan en esa orilla del país.
En la acera del frente, con respecto a la vitalidad del “sujeto social y popular para el cambio”, una y otra vez, víctima de la represión, el crimen oficial y el terror estatal, aunque lleva décadas de “trabajo de base” y en la definición de sus características, la situación no es fácil. Con funestas pérdidas y equivocaciones, todavía adolece de ausencias de legitimidad y condición colectiva en su liderazgo, y de convicciones sobre la urgencia de poder y de su ámbito de alianzas. Como un escalón de ruta, el reciente Encuentro de la Unidad Popular, el 11 y el 12 de agosto, con la presencia de 116 organizaciones y 300 delegados, resalta esta dificultad (ver editorial).

Con la mira y sin perderla, de un acuerdo paso por paso, con respecto a una “Agenda de Transición por la Paz”, y sus referencias con una “Plataforma inmediata” y un “Programa mínimo” (págs. 12-13), es una ventaja la existencia como diversidad y conjunto del “Congreso de los Pueblos” y la Marcha Patriótica, con sus diferencias válidas. Un espacio, ojalá plural, en una dinámica sin exclusión alguna ni en favor de una hegemonía particular, por antigüedad o cualquier otro argumento. Ojalá atento a los contactos con todo sector diferente de la oficialidad liberal conservadora y su bastardo de la U. Por supuesto que avanzar reclama autocríticas. Asimismo, no se deben olvidar episodios de compromiso y estrategia por sacar del cuarto de San Alejo. Uno, entre otros: antes de su asesinato, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro acordaron que, una vez pasadas las elecciones de 1990, ambos encabezarían un movimiento político con los ingredientes de renovación en cuanto a la unidad y un sentido de poder.

Precandidaturas en pugna

Aunque el tema es de fondo, programático, estimular un debate que contrarreste las mañas de la actividad electoral exige aproximaciones con base en hechos y conversaciones, que en general secretean y protegen los partidos y los “aspirantes”. Desde la orilla no oficial y dadas sus ‘carreras’ y sus méritos o diplomas políticos y menciones obtenidos, con varios nombres en el llavero maduran las aspiraciones de: López, Clara (PDA-Moir); Navarro, Antonio-Petro, Gustavo (si mediante una consulta favorable renuncia a la Alcaldía (Progresistas); y (¿…?) (porque en política nada está escrito). Además, juega Córdoba, Piedad, con el inconveniente de 12 años con inhabilitación política, una medida que en la noche de las elecciones de 2006 para corporaciones, el entonces poderoso primo –de los contertulios paramilitares– y senador Mario Uribe, al conocer los resultados, dejó entrever en forma inmediata y con ironía, al llamar por teléfono a Piedad y manifestarle que estaba “sorprendido por su elección”. En su aspiración, La Negra y su entorno en Colombia y Venezuela no pierden la esperanza que afincan en los resultados de un alegato ante los jueces o la renuncia o retiro del actual Procurador, que es una baza de Álvaro Uribe. Y, en la evolución de los hechos políticos electorales durante la última década, hay un espacio político que pudiera tener la denominación de “intermedio”, y que a la hora de los votos de “opinión” y los “no militantes” no significa para un sector político partir en desventaja.

Aunque fue Antonio Navarro quien le ofreció a Gustavo Petro venir a colaborar en la Alcaldía, quien por sentido común quiso hablar con el alcalde electo antes de la posesión, al final no encontró modo. No pudo enterarse de las líneas del plan para Bogotá hasta el discurso en la ceremonia del relevo de alcaldes en la Plaza de Bolívar. Y asimismo, con el pasar de los días, el Alcalde no convocó al Secretario de Gobierno a una reunión sobre los puntos y el manejo de las riendas de la ciudad. Ya sobre las variantes del tema electoral, Gustavo Petro le ofreció apoyo a Angelino bajo una condición: no darle aire a Álvaro Uribe. Pero Garzón no aceptó. Como político en los terrenos de la “contradicción interoligárquica” que lo promovió como Vicepresidente, sabe de su perspectiva como árbitro y buen componedor.

Con la lección que tuvo el Moir y su candidato a la Alcaldía, que sólo movió los “votos propios” del partido, y con la exclusión como miembro del PDA del Partido Comunista, el Moir redoblará su esfuerzo por mantener la cobertura del Polo y, por tanto, más que una candidatura propia hará un manejo con la candidatura de Clara López.

Por otra parte, con el surgir de la Marcha Patriótica, flota un interrogante: ¿en su construcción, consolidación y expansión, asumirá una línea de construcción orgánica y social de manera prioritaria y exclusiva, o exhibirá en combinación un candidato para las elecciones presidenciales de 2014?

Muchos sectores y comunidades ayer y hoy están en desafío. En el panorama de la lucha política, “ser poder y ser gobierno”, no hay margen para el silencio. Tampoco para el vacío y la ausencia o la tardanza de un pronóstico que no advierta, que impida o retarde una “táctica oportuna”.

1 El avance del movimiento indígena y su acción protagónica toca sectores que hace un tiempo no atraían en tal proporción. Es el caso de la declaración del “Encuentro ciudadano por la democracia. Pedimos la palabra”, que así consignó: “[…] que se respete la multiculturalidad y la plurietnicidad de la Nación, y se reconozca con hechos la existencia de los pueblos originarios de estas tierras que piensan, sienten y actúan distinto, que quieren cosas diferentes de la vida y disponen de formas alternas de ejercer el control social en el marco de la Constitución […] la multiplicidad de nuestros saberes y diversidad de nuestros pueblos”.
2 El 4 de noviembre de 1920, Eduardo Santos, director de El Tiempo, sostuvo en las columnas de El Nuevo Diario de Caracas una polémica con el historiador y erudito Laureano Vallenilla Lanz sobre el Cesarismo Democrático y el Cesarismo Teocrático, que tenía como tesis, según el abuelo de J.M. Santos, que “en esta América el cesarismo es la única forma posible de gobierno”.
3 Definición que en referencia general usa “Pedimos la Palabra” en el tercer renglón, segundo párrafo de su declaración.

Información adicional

Hacia 2014 y 2018:
Autor/a: OMAR ROBERTO RODRÍGUEZ
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