La vida nos da sorpresas. Aun con el deterioro del gobierno uribista y su desprestigio por uniformar cadáveres, por sus prácticas de chuzadas a los opositores y magistrados, y un largo etcétera que produce pánico y pobreza; con una emergencia social que suscitó indignación; pese a todo esto y mucho más, como debiera ser, la oposición popular y la izquierda no crecen en la esperanza y el corazón de los pobres. ¿Quién tiene la culpa y por cuáles razones? Arriesguémonos a pisar callos y señalarlas.
La política como ejercicio del ‘cambio’ para que todo siga igual
Es hora de indicar que: i) ante una larga ausencia de liderazgo nacional: legítimo y consecuente por la paz justa, por la inclusión, de oposición y movilización en la calle, el municipio y la vereda, y por la construcción de un poder, y un sujeto social y popular; ii) porque estamos como estamos ¡sin alternativa!, con consecuencias de segmentación social-electoral del Polo y las avanzadas del movimiento social y la opinión; iii) el predominio de la institucionalización de las luchas sociales, que han arriado toda su dinámica bajo el calendario y las lógicas del establecimiento, y, por su efecto, iv) la pérdida de los métodos y lógicas de izquierda que siempre debieran estar en función de potenciar el sujeto popular, y estimular su liderazgo y su poder transformador; v) prácticas consuetudinarias éstas que, ante los ojos de muchos, opacan la izquierda, por conductas sin diferencia con la derecha, y que, sin rectificar con urgencia, da ventajas, genera descreimientos y confusiones, y no puede contrarrestar entonces:
• Que sin consistir en una disculpa para los errores, el neoliberalismo, con su carga de pobreza y de miseria para millones de colombianos, y la doctrina uribista –i) con su mayoría asegurada en el Congreso, que combina ii) poder estatal y de las fuerzas armadas con ‘acompañamiento’ internacional; iii) terror, fusil y pistola paramilitar, y iv) Constitución como papel del piso– prolonguen y mantengan su iniciativa.
En este marco, sin un horizonte colectivo ni diáfano, cada que llegan las fechas de campaña electoral, el conjunto social, sobre todo: tanto para las personas que no militan en colectividad alguna, y quienes aún –con memoria, distancia de credibilidad o reparo a la legitimidad del Estado– no pueden dejar a un lado el abstencionismo, como para no pocos sectores de la izquierda partidista; constituye un dilema: ¿por quién votar?
Así, con un espacio de la acción revolucionaria y la oposición política informe o vacío, ni la oligarquía ni los sectores emergentes se detienen ante fuerzas compactas o dinámicas que los debiliten y los enfrenten. En estas circunstancias, con las manos casi libres, actúan y aplanan, neutralizando incluso, coyunturas tan vitales como la de hoy, en la cual una puerta para la transición fue abierta con rigor de justicia y valor civil por la Corte Constitucional.
A punto de la recta final para definir el destino de los años 2010-2014 en cuanto a gobierno, es preciso no equivocarnos y considerar que, para las fuerzas antiuribistas, en estas elecciones “la segunda vuelta” se nos anticipa en la primera.
El uribismo-castañismo, como summa cum laude de la oligarquía para mantener el poder, todavía tiene arrestos para prolongarse y prepara la votación-fraude para un Santos vencedor en la primera vuelta, que los corona o, en el peor de los casos, una segunda entre ellos mismos –con matices–: Santos-Noemí. Felices: centro, izquierda y hasta los liberales ¡fuera!, con rótulo de derrota. Por tanto, es momento para el análisis con detalles. Ojalá sin repetir, que cegados por el espejismo que rodeó las candidaturas para el Congreso, la situación del Polo y el análisis acerca del resultado de su consulta interna no se hizo en profundidad.
Ya sobre la coyuntura, tampoco trascendió para la discusión, la validez o la invalidez, el éxito o el fracaso, de una política de ampliación del Polo, en su contenido, su forma y su método para seleccionar y definir la fórmula vicepresidencial. Menos aún los resultados de marzo, con voto castigo para algunos senadores y representantes, pero sobre todo el fraccionamiento del escenario social-electoral del país, del campo popular democrático y el Polo, con irrupción e iniciativa de un ‘centro político’ sin rompimiento con el neoliberalismo y con olvido de las ejecutorias sin ruptura de “los alcaldes”. Del resultado en marzo, con ventaja para el uribismo liberal-conservador, ya que apenas, unos y otros, Polo y Verdes aún no alcanzan a sumar los votos, que en su momento respaldaron a Carlos Gaviria para presidente.
Ante este panorama, ¿por quién votar? Es una pregunta más pertinente si aceptamos que en los últimos ocho años, sin previsión alguna o, al parecer, sin una verdadera decisión de organizar y acumular a fondo y sin sectarismos, para la derrota política de Uribe y su larga cola de uribismo, y que bajo presiones de acomodo, sectoriales, individuales y politiqueras, no se articuló una opción popular, patriótica y nacional, con su haz de resistencia, movilización, oposición y descontento.
Así, sin decisión ni claridad para poner en marcha un proyecto político que rompa con los errores tradicionales de la izquierda, y sin vocación estratégica, la retórica electoral se repite cada tanto: analizar los programas de unos y otros. Comparar con desazón las semejanzas entre las distintas candidaturas y verificar que muchos no van más allá de la simple promesa vacua. Constatar las letras y las palabras con la práctica, o la historia de unos y otros. Revisar la situación política del país y, al final, sin un rumbo de poder para el pueblo en muchas ocasiones, escoger o elegir –conclusión conformista– a quien se vea o lea en más titulares, o al “menos malo”.
Este ejercicio práctico y pragmático lleva a los abstencionistas hacia la reafirmación de su opción, pues “no hay por quién votar”; y a los militantes de algunas de las fuerzas políticas, a decir que vota “por disciplina”. Y quienes son independientes terminan por esperar, hasta último momento, para optar –según el monopolio mediático– por alguno de los candidatos de turno. Tal gimnasia político-electoral se repite una y otra vez. Sin cambios de fondo. Se trata de un rito cada vez más mediático y cada vez más intermediado, pero también más derrotista, en el cual, ¿la ciudadanía termina siendo un simple voto? ¡Qué pesar! ¿Y por qué en Colombia se mantiene esta constante?
Desazón de desazones. Hasta ahora, las organizaciones políticas y sociales de carácter progresista o de izquierda, que dicen apuntar hacia un cambio de las circunstancias de vida en nuestro país, no rompen con las rutinas que permiten mantener esta realidad, esta inferioridad frente a la opresión, y esta entrega de nuestra soberanía. No sólo por las circunstancias económicas y políticas sino también porque no se abren a una rectificación y una mirada de la nueva realidad. Ensimismadas, mantienen agrupamientos, mayorías internas, así como los factores sociales, culturales, organizativos, y los comunicacionales, de marketing, que propician que el rito electoral sea el mismo en cada ocasión.
¿Por qué estas organizaciones creen que pueden dar ‘sorpresas’ electorales y romper el monopolio comunicacional de las inmensas empresas electorales, que al mismo tiempo son y se sostienen con las grandes fortunas del país?
¿Por qué a estas fuerzas les da temor presentar sus propuestas tal como son, y terminan por acomodar lenguajes, consignas y formas a lo ‘posible’, hasta el extremo de asemejarse cada vez más a sus contrarios?
Una primera vuelta que se nos vuelve “la segunda”
En esta coyuntura se agregan otras dificultades. En Chile, Pinochet dejó sin venas al movimiento popular, y el de Nicaragua no recobra todavía su derroche contra Somoza. ¿Se fortalecerá el movimiento popular o aguantará cuatro años más de uribismo? Este es el gran interrogante.
Petro y Mockus: la tarea no es sólo electoral. Ya con sus candidaturas separadas u ojalá en busca de un tercero que atraiga mayorías, Gustavo Petro y Antanas Mockus debieran proponer, además, y al menos, tres bases mínimas de un acuerdo nacional antioligárquico que enderece la política, y ponga como su objetivo y sujeto al ser humano, cualquiera que sea su condición social:
- Una renovada solución orgánica que acoja todas las tendencias y movimientos, y que pudiera denominarse Verde Frente Social Democrático y Alternativo o Polo Verde.
- Definir un organismo coordinador de 13 miembros: Gustavo Petro, Antanas Mockus, Luis Eduardo Garzón, Sergio Fajardo, Carlos Gaviria, el coronel (r) Julio Londoño y siete dirigentes sociales designados por reuniones extraordinarias de sus sectores.
- 3.- Acordar desde ahora que el 40 por ciento de un organismo coordinador provisional que se elija en un Conversatorio Extraordinario –definidor de programas, mecanismos, lenguajes e imágenes, y de una posición y un reclamo internacional frente a las bases extranjeras– deberá estar conformado por delegados de los movimientos sociales. En igual proporción, se designarán candidatos para las próximas elecciones de alcaldes y gobernadores.
Con esta base, actuar de inmediato para romper las deformaciones y la rutina de la política, tanto electoral como social. Esta campaña en mayo no puede verse apenas como el escalón para posibles candidaturas presidenciales en 2014. Miremos la contienda y sus tareas como camino para superar un nivel de organización social y popular que eleve a la ciudadanía como actor de primer orden en el ejercicio social, y nos permita un primer desafío: otro estilo de participación popular; sin pausa con el poder, desnudar las promesas neoliberales y juzgar en sesión especial del Congreso de los Pueblos los primeros 100 días del próximo gobierno.


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