
El triunfo de Colombia 2-0 sobre Uruguay, despertó una inmensa alegría en todo el país, así como signos innegables de nacionalismo. ¿Cómo han sido las participaciones del seleccionado criollo en los Mundiales de Fútbol?
La participación colombiana en Copas Mundiales es modesta: sólo ha clasificado a 5 ediciones, incluyendo la que está en marcha. La primera de ellas se remonta a Chile 1962, donde el equipo nacional no consiguió el pase a la siguiente ronda del Campeonato, pero que dejó el primer recuerdo mundialista: el empate a 4 goles con la Unión Soviética y el gol olímpico –único en los mundiales– hecho por Marcos Coll ante el histórico arquero soviético Lev Yashin.
Pasaron 28 años para que la tricolor volviera a la cita cumbre de seleccionados de fútbol. Fue en Italia 1990, donde la “generación dorada”, que integraron entre otros jugadores como Carlos Valderrama, Bernardo Redín, René Higuita y Freddy Rincón, lograron –hasta ahora- la mejor actuación de un seleccionado criollo. En su zona, enfrentaron a la que posteriormente fuera la campeona de aquel certámen mundial: Alemania. Otro recuerdo más, guardado como un tesoro, fue la mágica construcción del tanto ante los alemanes por parte de Rincón. El gol más gritado por los colombianos en un mundial, además del más bello, previo a Brasil 2014. Luego, en octavos de final, sería Camerún quien cortara el camino del seleccionado nacional, dejando así sellado el mejor lugar de los cafeteros en la cita mundialista.
Otro de los grandes hitos del fútbol criollo tomó forma en el camino hacia Estados Unidos 1994, cuando durante la fase eliminatoria,
Colombia consiguió aquel mal que le afectaría por años: 5-0 ante Argentina en el Estadio Monumental de Buenos Aires. Sin duda fue alegría, desborde de fútbol, humillación para un bicampeón del mundo en sus propias tierras; pero no llegó a más. Se avanzó hasta la cima antes de tiempo, y como es sabido, al llegar a la cima lo único que resta es descender. Eso ocurrió en el Mundial, donde Colombia tuvo una actuación decepcionante, al perder dos de los tres partidos que disputó en su grupo, quedando eliminado en primera ronda, dejando sin fiesta y sin copa a quienes ya estaban proyectados como campeones del mundo.
En Francia 1998, las esperanzas fueron menores, e incluso allí no fue posible construir hitos memoriales para el fútbol nacional, sino que, el equipo quedó eliminado en primera ronda sin pena ni gloria. La única imagen que dejan las canchas francesas son las lágrimas de llanto en el rostro de Faryd Mondragón, tras un espectacular partido de su parte ante los ingleses, pero que no fue suficiente para evitar la eliminación, nuevamente en primera ronda. Fue el Mundial de los escándalos y significaría el inicio de la sequía mundialista para la selección Colombia durante 16 años.
Durante este temporal, paradójicamente, el fútbol colombiano a nivel de selección mayor consigue, lo que es hasta el momento su único título oficial: la Copa América, disputada en Colombia en 2001. Sin embargo, pasaron tres citas mundialistas con ausencia del equipo cafetero; los únicos que hacían presencia eran esos viejos recuerdos de antiguas glorias, que tampoco significaban grandes acontecimientos, sino apenas hechos aislados en el tiempo de distintos partidos. A esto quedaba aferrado el fútbol criollo, y consecuencia de ello, nuestra sociedad futbolera, apasionada por el deporte rey. Nuestra memoria no era fresca, estaba constituida en fracciones, en pequeños retazos, entre 1962 y 1990; entre 1993 y 2001.
Por una nueva historia
La última vez que Uruguay jugó en el estadio Maracaná por un Mundial sucedió hace 64 años, cuando silenció a 200.000 brasileros al derrotar al seleccionado anfitrión. Ahora, el fantasma charrúa de los goles que hicieron Schiaffino y Ghiggia, presta atención al fútbol alegre de una selección Colombia capaz de arriesgar y ganar jugando bien. El triunfo de esta generación de futbolistas sirve -y alecciona- sobre la potencia del presente y sepulta la memoria como mero anclaje al pasado, que evitó durante largos años la creación en el aquí y el ahora. Hacer en el hoy, sin nostalgias fósiles, ¡de eso se trata!
La virtud de lo conseguido el 28 de junio , ante más de 70.000 personas contra Uruguay, está en no creer que la historia determine el juego, la actitud ante el rival o el triunfo. Claro, hay momentos históricos, hay hazañas, gestas, batallas brindadas en su momento, y de allí se parte para jugar hoy; pero, sin duda, este seleccionado nacional es mucho más que cualquiera otro que le haya precedido.
¿Por qué es la mejor generación? Principalmente porque sus hazañas hacen parte de un proceso continuo donde el equipo logra entrar en la retina mundial de quienes admiran el buen fútbol. Ya no es el elogio auto-referente o el elogio de coronación (sin corona) de los viejos tiempos; ahora el equipo juega y gana, sin aferrarse al pasado, como sucedió durante 16 años, ni especula sobre el futuro, como en la década de los 90. Demuestra qué puede hacer en el instante mismo en que se desarrolla la Copa Mundial Brasil 2014. En una palabra, hace nueva historia; edifica una memoria diferente, porque es colectiva, justificada en una forma de jugar, que se torna forma de vivir, en donde ya no queda en el pedestal el triunfo como único fin, sino también la alegría de crear una nueva historia.
Ya pasaron Grecia, Costa de Marfil, Japón y Uruguay. Colombia concreta un elogio del pase y la gambeta, en lo que pareciera ser uno de los últimos mundiales dónde podrán verse gambetas atrevidas y pícaras; también enseña lecciones sobre táctica y estrategia durante cada partido; deja en evidencia, además, que el juego en equipo superará siempre el caudillismo de los equipos que pretenden la victoria por genialidades individuales, por eso Colombia no depende de una estrella que brille más, sino que toma forma de constelación, con una forma de ser propia, donde cada jugador está implicado con su compañero.
Contra Uruguay, los dos goles de James Rodríguez, que por el momento está catalogado como el mejor jugador del certamen y su goleador, marcaron la mejor participación colombiana en copas del mundo, llegando a cuartos de final. Ya Colombia está entre los mejores 8 equipos del planeta, que no es poco. El equipo de José Pekerman, que combina experiencia con juventud, espera su cita con Brasil en Fortaleza, donde se dirá si es posible seguir escribiendo más páginas en el pequeño libro del fútbol colombiano o si este capítulo se cierra acá, pero con la convicción de haberse atrevido a crear otra historia.
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