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Márcena

Se retuerce las nubes de amebas, la tarde muere apuñalada, los brillantes mocos infantes danzan con el viento, nos eliminaron del mundial, más de ocho millones en la indigencia, y, yo veo que tengo anemia en el alma. Se me ha pelado el estómago en el mundo de las ideas.

 

Sueña el escribiente con mundos nuevos.

 

Mandato escama

 

Ambiente negro
Y una capa de smog
Que recorre las fosas nasales,
Camina erguido el visitante
Y se siente morir por miedo a la nostalgia,
Remembranza de frutas frescas y en abundancia
Y una voz sin dulce que le gritaba mangos y papayas

 

Mira al posible suelo
Y se percata de su gris aberrante,
No le queda más que andar lo que solo es transitable

 

El pavimento no es más que una costra
Nacida de la herida moderna del alma,

 

Los rascacielos se inventaron sin existir una previa rasquiña

 

¿Qué sería de las balas sin enemistades?

 

Las pobres andarían desesperadas
Buscando a quien incrustarse

 

Se han ido los dinosaurios
Y en su testamento claramente se afirma:
Niéguese todo a los que vienen de nuestra era,
Los postulados de los escamados
Solo atraen meteoritos, insalubridad y guerra

 

Hay que encerrar a los lagartos

 

Afortunado Fututo

 

Ábrele el corazón a cristo
Y ahógale la llamita

O sácasela
Para con ella
Encender más poesía

 

Declaración existencial acompañada de un grito de venta

 

¡Forros!
¡Forros!
¡Vendo forros!

Camino despacio
¡Vendo forros!

Hace frío y
¡Vendo forros!

Nadie compra forros y yo
¡Le tengo los forros!

Tengo hambre y
¡Forros!

Gastritis, quizá úlcera
¡Sí, hay forros!

No hay seguro médico,
La vida es dura
¡Forros!

Me dan calambres
¡Lleve el forro barato!

Una mujer y ocho hijos
¡Forros!

En casa de herrero azadón sin
¡Forrrrrooooo!
¡Barato el forro!

Poema del joven muerto al policía que lo mata

Oscuro como alma de luciérnaga,

Inaccesible

 

Luz de párpados cerrados
Que nunca fueron abiertos,
Tan cerrados que ya no son párpados

La nostalgia carcome mi escudo
Que ya estaba blando
De abolladuras, silencios y guerras diarias

Vuelve tu mirada moneda
A la muerte un instante
Para verme sentado en sus piernas
Chupando sus tetas de hueso,
Siendo su hijo más muerto

Bebiendo de la inexistencia
Que la dama fabrica
Con las cenizas de tus alas

Disparos en la barriada, un moco alemán en la primera plana, el pájaro que se paró en el cable de la luz no cree en dios y aun así vuela, el escribiente aún sueña, cada vez menos, matryoshka, el escribiente no cree en volar y vuela, matryoshka.

Se despierta.

Prende el televisor.

Información adicional

Autor/a: M.A.
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