
Militantes del Estado Islámico (EI) difundieron este martes el video de la decapitación del periodista estadunidense Steven Sotloff, de 31 años, desaparecido en Siria hace poco más de un año, y mostraron la imagen de otro rehén británico, identificado como David Haines, a quien prometieron ejecutar si Estados Unidos y los gobiernos occidentales no ponen fin a su malvada alianza contra el grupo yihadista que controla importantes regiones del norte de Irak y Siria.
El nuevo video muestra a Sotloff, secuestrado el año pasado en Siria, vestido con un overol naranja similar a los usados por los prisioneros de Guantánamo, arrodillado en un lugar desértico, junto a un miliciano encapuchado y vestido de negro que muestra un cuchillo.
En Washington, Jen Psaki, vocera del Departamento de Estado, dijo que los analistas de los servicios de inteligencia de Estados Unidos trabajarán lo más rápido posible para determinar si el video es auténtico.
Si es así, nos enferma este acto brutal de quitar la vida de otro ciudadano estadunidense inocente, dijo Psaki. Nuestros corazones están con la familia Sotloff y vamos a dar más información a medida que esté disponible, agregó.
Psaki dijo que se cree que algunos estadunidenses siguen secuestrados por el EI, pero no dio detalles.
El pasado 19 de agosto, el EI difundió un video de la decapitación del también periodista estadunidense James Foley, secuestrado en Siria hace casi dos años; en ese mensaje amenazó con ejecutar a Sotloff, a quien mostró entonces de la misma forma en que hoy se mostró a Haines.
Al igual que Foley, Sotloff habló contra Estados Unidos e hizo reproches al presidente Barack Obama: Soy Steven Joel Sotloff. Estoy seguro de que a estas alturas saben exactamente quién soy y por qué aparezco ante ustedes. Obama, si tu política exterior de intervención en Irak tenía la intención de preservar la vida y los intereses de los estadunidenses, me pregunto por qué estoy pagando el precio de tu intervención con mi vida. ¿No soy yo un ciudadano estadunidense? Has gastado miles de millones de dólares de los contribuyentes y hemos perdido a miles de soldados de nuestro ejército en luchas anteriores contra el Estado Islámico, así que ¿cuál es el interés público de reavivar esta guerra?
El combatiente que parece decapitar a Sotloff en el nuevo video dijo que era una represalia por los ataques aéreos del gobierno del presidente Barack Obama contra el grupo en Irak.
Estoy de vuelta, Obama. Estoy de vuelta a causa de tu arrogante política exterior contra el Estado Islámico… a pesar de nuestras advertencias, expresó el miliciano.
Así como tus misiles continúan dañando a nuestro pueblo, nuestro cuchillo continuará cortando el cuello de tu pueblo, agregó.
Según The New York Times, que citó fuentes de inteligencia estadunidense, Sotloff pudo haber sido ejecutado el mismo día que James Foley, pero el EI espació la presentación de los videos para obtener la máxima publicidad con cada uno. Sin embargo, medios de prensa señalaron que Sotloff aparecía rapado y afeitado en el video de la ejecución de Foley, y en la grabación difundida hoy lleva el cabello y la barba más crecidos.
Existe consenso, según fuentes de seguridad británicas y estadunidenses, de que el verdugo es el mismo en ambos videos; no sólo por haber dicho he vuelto, sino por su estatura, lenguaje corporal y fuerte acento británico, que ha alertado a Londres a investigar a todos los británicos con nexos con Medio Oriente, así como limitar las salidas de ciudadanos del Reino Unido a dicha región.
El primer ministro británico, David Cameron, calificó este martes de absolutamente repugnante el video que muestra la decapitación.
Si se confirma, se trata de un asesinato innoble y bárbaro, añadió Cameron en un comunicado publicado durante la noche, e indicó que sus pensamientos y rezos iban para la familia y amigos de Sotloff.
El presidente de Francia, François Hollande, calificó de atroz la muerte del periodista.
Barak Barfi, vocero de la familia de Sotloff, afirmó que no habrá comentarios y que los familiares llevarán su duelo en privado. Sotloff trabajaba en forma independiente para las revistas Time y Foreign Policy. Fue visto por última vez en Siria en agosto de 2013.
El pasado 8 de agosto, Obama aprobó bombardeos en Irak para detener al EI, grupo al que calificó de amenaza terrorista, y cuyo espectacular avance en el norte del país petrolero provocó un éxodo de las minorías religiosas de cristianos y yazidíes.
Al cierre de esta edición se informó que Obama autorizó el envío a Irak de 350 efectivos militares adicionales con la intención de proteger las instalaciones diplomáticas y el personal de Estados Unidos en la capital iraquí.
Horas antes, en Bagdad, familiares enfurecidos de soldados iraquíes capturados por el EI irrumpieron en la sede del Parlamento y exigieron información sobre la suerte de sus hijos. Tras enfrentarse a los guardias, las familias entraron al edificio y destruyeron muebles.
En tanto, las fuerzas iraquíes, apoyadas por la aviación estadunidense, recuperaron el control parcial de una carretera que une a Bagdad con el norte del país.
En Nigeria, insurgentes islamitas de Boko Haram invadieron gran parte del noroeste del país en combates que dejaron decenas de muertos y miles de desplazados, dijeron el martes fuentes de seguridad.
En Somalia, el ejército estadunidense bombardeó al también islamita grupo Al Shabaab, donde posiblemente murió su líder, Ahmed Abdi Godane, informó el Pentágono sin más detalles.
OPINION
El teatro más repulsivo
Por Robert Fisk*
Cortar, serruchar o cortar en pedazos la cabeza de alguien es demasiado sangriento. Dolor. Lo grotesco. La muerte por un instrumento cortante es la vergüenza, el sufrimiento en un matadero de animales. Es el teatro más repulsivo, entendido por los romanos, los Tudor, los revolucionarios franceses, los guardianes del wahabismo. El color es rojo brillante.
Ser colgado, arrastrado y descuartizado se trata del miedo, el terror –una palabra usada abiertamente en París después de 1789– y la obediencia. Todavía lo es. La descripción más acertada, precisa y horrible que leí sobre este tipo de ejecuciones –los que sufran de los nervios no necesitan leer más– provino de un irlandés expatriado que se topó con la decapitación “judicial” de tres sauditas en Jeddah en 1997.
“De pie a la izquierda del primer prisionero, y un poco detrás de él, el verdugo se centró en su víctima. Vi cómo la espada fue levantada hacia atrás con la mano derecha. Me imaginé un movimiento hacia arriba con un palo de golf. Empieza el movimiento hacia abajo. ¿Cómo lo puede hacer desde ese ángulo? La hoja llegó al cuello y lo cortó como una cuchilla cortando un melón, un chasquido húmedo. La cabeza cayó y rodó un poco. El torso cayó limpiamente. Ahora entiendo por qué le ataron las muñecas a los pies … el cerebro no tuvo tiempo de decirle al corazón que pare, y el último latido bombeó un chorro de sangre que salió del torso sin cabeza sobre el zócalo.”
Curiosamente, en aquel entonces –en los días en que la decapitación era considerada un de-sagradable ritual mundano en la sociedad saudita wahabí– esta descripción, en The Irish Times, no provocó la más mínima respuesta. Nadie se preocupaba por los pecados de los tres desgraciados, ni el “juicio” al que fueron sometidos, ni el dolor que deben haber sufrido. Todo era parte de una tradición atemporal. Se sabe, esos tipos guerreros, siempre cortando en pedazos a unos u otros. Decapitaciones, amputaciones, lo que sea.
Ahora que la costumbre se ha extendido a través de los desiertos de Irak y Siria, sin embargo, y abarcado lo bueno, lo malo, lo feo y lo verdaderamente inocente, todos estamos hablando de genocidio, apocalipsis y el fin del mundo. Estado Islámico, la última plaga de Medio Oriente que tenemos que temer y detestar –¿recuerdan los verdugos de Khomeini, los torturadores de Saddam y los verdugos de Assad?–, ha vuelto el cuchillo del carnicero como un instrumento de la política. El debate, la discusión, las objeciones no tienen cabida en el sistema de gobierno de este grupo salafista.
Es el gobierno por el miedo, estilo Gengis-Khan, Tamerlán el victorioso –¿no es ser valiente mostrarse triunfante a través de Mosul?–, en el que el poder (y la venganza) se imponen con el cuchillo. ¿Soldados iraquíes chiítas? Que el batallón les dispare en la nuca. ¿Los cristianos? Que se conviertan o mueran. ¿Reclutas sirios? Corten sus gargantas. Y filmen en video todo el horripilante asunto. Desde que la Wehrmacht tomó fotos turísticas de sus masacres de los judíos de la Unión Soviética no hemos tenido culpables documentando sus propios crímenes de guerra en una escala tal. De hecho, el video del teléfono móvil, el blog e Internet se han convertido en los nuevos proveedores de terror terrenal.
No tiene sentido buscar la oscura inspiración detrás de la decapitación. Casi todos los textos antiguos pueden usarse para justificar el asesinato judicial, la limpieza étnica o el genocidio. La Biblia está llena de estas cosas. Pero el elemento singular del Estado Islámico –fiel a la filosofía sombría del siglo XVIII del propio Muhammad Ibn Abdul Wahhab, tan dura e intolerante que el pueblo de Basora lo echó de su ciudad después de su breve visita a lo que hoy es Irak– es la idea de un retorno a los orígenes del Islam, a la pureza. Lo que significa pre-cisma Islam, antes de la gran división chiíta. Y la pureza es sobre los absolutos, derecho absoluto y el mal absoluto, por lo que la bandera del Estado Islámico es blanca y negra, como lo es la bandera de Al Qaida.
Por supuesto, el Al Qaida original favorecía a los hombres que crearían este monstruo. Cuando Abu Musab al Zarqawi, el hombre de la red terrorista en Irak, murió en un ataque aéreo de Estados Unidos en 2006, Osama bin Laden lo describió como “un león de la jihad”. Pero a través de su sucesor Abu Abdullah al Rashid al Baghdadi y ahora Abu Bakr al Baghdadi, este particular clon de Al Qaida se salió de control. Lejos de pretender representar a todos los musulmanes, los afiliados locales de Al Qaida abrazaron las aspiraciones sunnitas, incluso tribales. Así, en una carta –probablemente por el propio Bin Laden, menos de un año antes de su asesinato por los estadounidenses– se queja de que algunos de sus “hermanos” estaban “totalmente absortos en la lucha contra nuestros enemigos locales” y usando a otros musulmanes como escudos humanos (Bin Laden llamó a esto el “argumento de barricada”).
Si sólo hubiéramos capturado a este hombre y juzgado por los crímenes de Al Qaida contra la humanidad –en lugar de asesinarlo, que lo hicimos– quizás el debido proceso nos hubiera permitido oír más el argumento de Bin Laden. Pero, por supuesto, lo liquidamos. Y ahora los jefes militares estadounidenses hablan histéricamente sobre el apocalipsis y su presidente admite que “todavía no tiene una estrategia”.
* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12
Traducción: Celita Doyhambéhère



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