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El delgado hilo de la paz

El delgado hilo de la paz

La emboscada de una columna de las FARC a un pelotón del ejército, con un saldo de 11 soldados muertos y más de 20 heridos, colocó al proceso de paz que se negocia en La Habana al borde del fracaso. Los mayores beneficiados, ironía de la Colombia actual, son los enemigos de la paz, acaudillados por el ex presidente Álvaro Uribe.

 

Dos estridentes rechiflas tuvo que soportar el presidente Juan Manuel Santos en apenas 24 horas. En ambos casos los manifestantes expresaban su rechazo a las Farc, reclamaban “respeto a las fuerzas armadas” y exigían el fin de las negociaciones de paz que tienen lugar en Cuba. Una oleada de indignación recorrió el país, visible sobre todo en las redes sociales, cuando se conoció la muerte de 11 soldados a manos de la guerrilla en el municipio Buenos Aires, del departamento de Cauca. Los hechos han movido, como apunta la periodista Juanita León, “el clima de opinión pública frente al proceso a favor de las tesis de Álvaro Uribe” (La Silla Vacía, 17-IV-15).

El ex presidente defiende la tesis de la derrota total de las guerrillas y considera una “traición” cualquier negociación que no pase por la rendición incondicional. Esta posición es compartida, según los resultados electorales y encuestas de opinión pública, por la mitad del país, que odia a las Farc y le atribuye unilateralmente las causas de la violencia.

Lo curioso es que Uribe venía perdiendo terreno a raíz de las investigaciones judiciales a su entorno político, que provocaron el procesamiento de dos superministros de su último gobierno, Sabas Pretelt y Diego Palacio, condenados por corrupción.

El “desescalamiento” del conflicto que venían propiciando los negociadores de La Habana quedó en entredicho, aunque las negociaciones de paz no están en peligro. Santos decidió reanudar los bombardeos a campamentos de la guerrilla, con el fin de dar un golpe de timón y evitar que los ríos de indignación fueran canalizados por Uribe.

Desde la izquierda, el periodista Alfredo Molano destacó que se trata de “un hecho de extrema gravedad” y recordó que el proceso de paz no es irreversible (El Espectador, 18-IV-15). La población tiene la impresión de que la guerrilla miente, al haber declarado un cese al fuego unilateral y ahora emboscar a un pelotón del ejército. Es la opinión pública, cansada de guerra, la que está acotando el margen de la mesa de La Habana y urgiendo al gobierno y a la guerrilla a cerrar un acuerdo, piensa León.

IMPOSIBLE CESE UNILATERAL

 

“¿Por qué el ataque de las Farc?”, se pregunta el semanario Semana, afín al gobierno y partidario del proceso de paz. La pregunta no tiene respuestas sencillas. El ataque va a contramano de los tres principales objetivos de la organización guerrillera: el fin de los bombardeos gubernamentales a sus bases, un cese al fuego bilateral, y que sus combatientes no vayan a la cárcel. “Dado el estado de la opinión pública, la presión del uribismo y la encrucijada en la que quedó el presidente, por ahora ninguna de esas cosas se ve viable” (Semana, 18-IV-15).

Para comprender la actitud de las Farc hay que remontarse al 20 de diciembre pasado, cuando decidieron un cese al fuego unilateral por tiempo indefinido, asegurando que sólo usarán las armas para defenderse cuando sean atacadas. La guerrilla tenía dos metas: mejorar su imagen ante la opinión pública y poner al gobierno contra la pared para que declarara el cese al fuego bilateral. Sin embargo, el cese al fuego se le volvió en contra a la guerrilla. Por un lado, el gobierno no va a declarar el cese de las operaciones militares, porque buena parte de los oficiales apoya las tesis de Uribe. Por otro, la ofensiva militar no cesó a pesar de que la guerrilla cumplió el cese al fuego en al menos un 95 por ciento, según observadores citados por Semana. En los últimos meses el ejército golpeó algunos frentes guerrilleros, matando, entre otros, al jefe del frente 57.

Camilo González Posso, presidente del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), destaca que lo que está sucediendo en el Cauca “muestra las limitaciones y fragilidad de un cese unilateral de hostilidades en medio de órdenes oficiales de mantener la ofensiva militar y la ampliación del control de territorios clave” (Indepaz, 18-IV-15).

NO ES CUALQUIER LUGAR

 

El sureño departamento del Cauca, donde sucedió la matanza, es un territorio estratégico. Ubicado entre la selva, la montaña y los puertos del Pacífico, es un corredor por donde circula la droga que lubrica el conflicto armado, ya que de ella se surten todos los actores.

Desde el punto de vista social, la mitad de la población del Cauca es india y negra, son los pobres de la ciudad y del campo, y en el caso indígena es la cuna de la mayor organización social del país, la única que ha podido abrir una brecha en el férreo control social que tuvo el uribismo, lanzando desafíos pacíficos a la guerra y al modelo extractivo. En el Cauca existe, desde su nacimiento, una importante presencia de la guerrilla.

Por último, el municipio de Buenos Aires, donde se produjo el ataque, y buena parte del norte del Cauca, ocupado por las fuerzas armadas, concentra intereses como la minería de oro, de la que participan los mismos actores que se benefician del negocio de las drogas. Una zona caliente, donde ganan las empresas y la explotación informal, protegidas unas y otras, y a su turno, por militares, paramilitares y guerrillas, mientras negros e indios ponen el cuerpo y la salud para la extracción.

La Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca denunció el secuestro y muerte de seis comuneros en los mismos días en que se produjo la matanza de soldados por las Farc. Días antes, decenas de uniformados ocuparon el polideportivo del municipio Buenos Aires; las comunidades se reunieron y pidieron a los militares que se retiraran del lugar, por la simple razón de que si acampan en una zona poblada, esa zona se convierte en objetivo de guerra.

Lo cierto, como apunta González Posso, es que la población de la zona “habla de un recrudecimiento de los enfrentamientos desde que el ejército entró a disputarle a las Farc posiciones importantes en este territorio en una operación que viene creciendo desde los últimos meses de 2014”.

La situación es compleja y es difícil adivinar salidas. Militares y guerrilleros no se tienen la menor confianza, luego de casi tres años sentados en la mesa de negociaciones habanera. Santos puso todo su prestigio detrás de un acuerdo que se estira demasiado, y Uribe le pisa los talones. Lo más grave, sin embargo, es el escoramiento de la opinión pública hacia la derecha.

Información adicional

Autor/a: Raúl Zibechi
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Brecha

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