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Tras 99 años: “La Copa es nuestra”

Tras 99 años: “La Copa es nuestra”

Terminó la Copa América Chile 2015, con el triunfo de la selección anfitriona, al vencer a la argentina por penales. Colombia participó sin pena ni gloria. Para los chilenos, ese 4 de julio, fue la gloria, vivieron una catarsis tras más de 90 años sin ganar nada de importancia internacional y, como selección, pudieron decir: “al fin somos grandes”.

Un triunfo en contra de ciertos poderes, por ejemplo, a pesar de la mala prensa de un sector de los medios de comunicación chilenos que hicieron todo lo posible por influir en el desempeño negativo de la selección, reduciendo la importancia de un triunfo en tal certamen. Aguafiestas, pese a los cuales el pueblo celebró su triunfo, dejando en segundo plano las protestas y luchas sociales contra el nuevo gobierno de la presidenta Bachelet.

Hinchas de “centro comercial”

Esta nueva tipología corresponde a la generalidad del chileno que nunca o casi nunca va a los estadios, solo cuando juega la selección. Su comportamiento no es el del hincha típico de los equipos profesionales, como el Colo-Colo, la Universidad de Chile o la Católica, no; ellos miran, aplauden y a veces cantan, o agitan banderas, pero no son escandalosos como los colombianos, brasileños, argentinos o uruguayos, por ejemplo.

El hincha chileno observa, generalmente es muy frío en la tribuna, a tal punto que los jugadores, una vez en el campo de juego, deben pedirles que los animen con sus gritos. El jugador argentino, en cambio, se nutre en la cancha de los cantos, gritos, insultos de las tribunas, como si les sirviera de aliciente para el juego, “para guerrear”. En la final entre estos dos equipos, de manera irónica, la pasividad de los hinchas de la selección local impregnó a los argentinos. La actitud fue aprovechada por el seleccionado chileno que, conocedor de su gente, neutralizó al rival con su fútbol y con las tribunas.

“Porque no tenemos nada queremos hacerlo todo”

El fútbol llegó a Chile por el puerto de Valparaíso, era un juego de “gringos” y gente acomodada, pero pronto se hizo popular en las minas, fábricas, muelles y escuelas. Soñaban con algo grande quienes lo practicaban, soñaban que ayudara a lograra la unidad nacional, por ello clamaron por la construcción de un estadio nacional, idea concretada en 1938 durante el gobierno de Arturo Alessandri y Palma. Después, Chile celebró como un gran triunfo la puja ganada, en lo diplomático y político, por la sede para el Mundial de Fútbol de 1962, a su archirival Argentina,

Para entonces los chilenos no representaban nada en el concierto internacional futbolístico. Por eso dijeron: “porque no tenemos nada queremos hacerlo todo”*, frase convertida en eslogan para tal Copa Mundial.

Pero en 1960 Chile sufre una de sus peores catástrofes socio-ambientales, el terremoto y tsunami que devastó el sur del país, con el cual murieron entre 4.000 a 5.000 personas, 3.000 más resultaron heridas, y 2.000.000 perdieron su hogar, situación que colocó en riesgo la realización del Mundial.

Los brazos cruzados no fue la respuesta ante el fenómeno natural. El gobierno de Alessandri priorizó los recursos para la reconstrucción de las zonas afectadas, destinando también recursos para la construcción moderna del Estadio Nacional de Santiago, y el de Sausalito en Viña del Mar; con recursos de la Junta de Adelantos de Arica fue construido el estadio Carlos Ditborn, y la empresa minera Cooper Company financió la construcción del estadio El Teniente, en Rancagua.

Chile llevó a cabo el Mundial pero, aunque celebró su realización, sufrió una nueva frustración, su selección fue eliminada. En las copas América le iba igual. Por ello seguía con el cántico: “La copa se mira pero no se toca”.

“Colo-Colo es Chile”

En la convulsionada década de 1960, Chile contó con los gobiernos Social Cristiano de Eduardo Frei y su “Revolución en libertad” (1964), y con el de Allende, de la Unidad Popular, derrocada a sangre y fuego en 1973 por los militares comandados por Augusto Pinochet.

En semejante convulsión político-social, el país estaba dividido. En medio de tal ambiente, el Colo-Colo logró llenar estadios hasta con 40.000 espectadores, participó, además, en la Copa Libertadores en 1973 y tras una gran campaña logra llegar a la final, donde pierde, pero fue tal la euforia que dicen que los militares esperaron la final para poder actuar contra el Gobierno legítimo, y que de Allende se decía: “mientras el Colo-Colo gane, El Chicho (Allende) está tranquilo”, resumiendo con ello como el fútbol producía pasión, unión y tranquilidad. Luego viene la noche de la contra-revolución capitalista neoliberal.

En lo deportivo, el seleccionado nacional no logró llegar a los mundiales de fútbol subsiguientes, salvando la situación el Colo-Colo al coronarse campeón de la Copa Libertadores en 1991. Ganó la Recopa Suramericana, y la Copa Interamericana en 1992. Como era el único equipo chileno que sonaba a nivel internacional, se dijo que: “Colo-Colo es Chile”. Ese triunfo fue un alivio emocional para los chilenos, de ahí que la consigna entonces fuera: “La copa, la copa, se mira y se toca”. Otros autores sostienen que esa consigna alude al hecho de que el escudo del Colo-Colo es un indio Mapuche, símbolo de la “unidad nacional”.

De la dictadura a la democracia. Sea por curiosidad o por condiciones, el hecho es que al Colo-Colo lo asocian con la transición liderada por la Concertación.

“Esta copa es nuestra”

En la década de 1990, equipos que en realidad eran clubes sociales y deportivos, fueron transformados en empresas privadas de sociedades anónimas, cotizadas en la bolsa de valores, como fue el caso de las empresas Azul Azul S.A (Universidad de Chile) y Blanco y Negro (Colo-Colo), supuestamente para darle capacidad económica a las clubes.

En ese contexto llega a responder como entrenador de la selección Marcelo Bielsa. Director técnico asociado a un estilo de buen fútbol, pero también inclinado por la empresa privada al frente de los clubes, quien logra que Chile asista a Sudáfrica 2010, pero el sueño se frustra, la selección es eliminada. Es reemplazado por Borgui, quien dura un corto tiempo, para darle paso a Sanpaoli quien logra que asistan a Brasil 2014, obteniendo como resultado una nueva frustración.

La tristeza termina neutraliza por la obtención de la sede para realizar la Copa América en donde, con contadas excepciones, desde el gobierno hasta los más apartados rincones del país, todos a una sola voz agitaron: “Esta vez es nuestra”. En efecto, se prepararon, jugaron y ganaron, y Chile desahogó una frustración de 99 años: ahora ya son “importantes y grandes”, son campeones de la Copa América 2015 y lo son por primera vez.

* Frase atribuida a Carlos Ditborn, un dirigente del fútbol chileno delegado a la FIFA.

Información adicional

Copa América, Chile 2015
Autor/a: Pedro Miguel Tapia
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