En este sentido, el Foro remite a una intención política sumamente radical en su modernidad. Porque si por ejemplo la Organización de Naciones Unidas (ONU) concentra a los Estados y Gobiernos, es decir, las estructuras del poder, el Foro Social Mundial aspira a convocar por primera vez en la historia a un embrión de asamblea de toda la humanidad. Con un objetivo estratégico declarado: hacer fracasar la globalización liberal que está dislocando las sociedades, arruinando las economías más frágiles y destruyendo el medio ambiente.
Pero con el correr del tiempo este objetivo se ha ido desdibujando, confundiendo y para algunos se ha borrado por completo. Eso se hizo evidente en Porto Alegre en enero de 2005, donde se pudo constatar una suerte de agotamiento de la fórmula inicial: para muchos participantes el Foro no podía seguir siendo solamente un espacio de reencuentros y debates que no culminen en una acción; tenía que crear las condiciones de un paso al acto político mediante la elaboración de un umbral mínimo de alternativas a las políticas neoliberales que diera un sentido y un proyecto, e incorporar los objetivos comunes de los ciudadanos del norte y del sur. Sin lo cual corría el riesgo de despolitizarse y folklorizarse. Y de transformarse en una especie de Feria internacional de asociaciones, un Salón mundial de la sociedad civil, donde la preocupación central sería la “buena gobernanza”, lo mismo que en Davos, pero animado de mejores intenciones.
Esta constatación suscitó a modo de reacción tomas de posición combativas (3) y una gran discusión sobre el sentido, la función y el futuro de los Foros sociales, sean mundiales, continentales, nacionales o locales. Este debate decisivo para el futuro del altermundialismo proseguirá en Bamako y también en Caracas. Será particularmente intenso en la capital de Venezuela porque por primera vez el Foro se celebrará en medio de la Revolución Bolivariana y el conjunto de reformas que conduce el presidente Hugo Chávez.
En una atmósfera latinoamericana marcada por el reciente triunfo alcanzado en Mar del Plata, Argentina, contra el proyecto estadounidense del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y por la victoria electoral el 18 de diciembre de 2005 de Evo Morales en Bolivia, los participantes del Foro de Caracas podrán verificar en los hechos, observando la nueva realidad venezolana, que la globalización no es una fatalidad. Que es posible hacerla retroceder. Con la condición de mantenerse fiel a valores de justicia y solidaridad, de no ceder, de no plegarse, no traicionar. Y saber dar prueba de una voluntad política inquebrantable.
(1) Leer nota Foro Social página 29
(2) Leer Bernard Cassen, Tout a commencé à Porto Alegre, Mille et une nuits, Paris 2003
(3) El « Manifiesto de Porto Alegre », Manière de voir, nº 84, “En lutte!”, diciembre 2005


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