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De la resistencia a la lucha por un mundo posneoliberal o la intranscendencia. Foro Social Mundial 2006

El FSM sale de la fase de resistencia al neoliberalismo y pasa a
participar activamente de la lucha por “otro mundo posible” o se
quedará relegado a la intranscendencia.  La realización del FSM
en Venezuela es una excelente oportunidad para dar ese salto.  Si
salir incólume de ella, retomando el mismo discurso de antes, sin
haber aprendido de las extraordinarias conquistas y lecciones que
América Latina y el Caribe han ofrecido, se condenará a perpetuar
su actual marginalidad en relación a los grandes combates que se
libran contra la hegemonía imperial y el neoliberalismo en el
mundo, los reinos del dinero, de las armas y de la mass media
monopolista.

Estos últimos años se producen grandes transformaciones en la
lucha por el posneoliberalismo.  Por un lado, presenciamos
algunos fracasos, provenientes de diferentes latitudes.  Los
gobiernos de Lula y de Tabaré Vázquez no rompieron con el
neoliberalismo y decepcionan a aquellos que depositaban las
esperanzas de superación del neoliberalismo en la vía de la lucha
electoral de la izquierda tradicional.  Por otro lado, fracasaron
también los movimientos sociales que pretendieron mantenerse en
la esfera de la lucha social, sustituyendo la lucha política o
intentando prescindir de ella.

Los movimientos indígenas ecuatorianos, revelando una
extraordinaria capacidad de movilización, fueron protagonistas del
derrocamiento de tres presidentes, tuvieron la posibilidad de
comandar la construcción de una alternativa al neoliberalismo, pero
delegaron en un dirigente político ajeno al movimiento, se sintieron
traicionados, se quedaron divididos y sufrieron un gran revés.  Los
zapatistas, por su lado, intentaron poner en práctica la línea de
“cambiar el mundo sin tomar el poder” y pasaron a la construcción
de gobiernos locales, con gran legitimidad en la región, pero frente
a la primera gran ofensiva militar, tuvieron que desarmar esas
estructuras y pasar a trabajar en el proceso de construcción de
fuerza de masas en la lucha por la transformación de México,
convenciéndose de que no hay emancipación de los
chiapanecos/as sin emancipación de la totalidad de los
mexicanos/as.  Estos fracasos tiene que ver con la concepción de
las ONGs de intentar limitar la acción al plano de lo que llaman la
“sociedad civil”, sin participar de la lucha por otro poder político,
indispensable si efectivamente se quiere construir otro mundo
posible y no sólo permanecer en el nivel de los testimonios de la
resistencia.

Pero hubo grandes y notables avances en la lucha de los/as
latinoamericanos/as y caribeños/as, que el FSM tiene que
incorporar.  En la propia Venezuela, los participantes en el FSM
encontrarán un proceso político en el que efectivamente se
promueve la prioridad de lo social, se limita la libre circulación del
capital financiero, se opone a la hegemonía imperial belicista, se
promueve activamente la integración latino-americana, tanto en los
planos político y económico general, como en aspectos decisivos
como el energético y la democratización de los medios de
información.

Allá se podrá aprender que es en el nivel del Estado y de los
gobiernos que se puede universalizar los derechos: uno de los
puntos clave de la lucha posneoliberal.  Es en ese nivel que se
puede reglamentar la circulación de capitales, así como apoyar
formas de propiedad social.  En suma, la creación de otro mundo
posible pasa por la democratización del poder o no existirá.

Por otro lado, la bellísima victoria de Evo Morales y del MAS en
Bolivia va en la misma dirección.  La revolución democrática en
aquel país comienza necesariamente por la nacionalización de los
hidrocarburos y la convocatoria a la Asamblea Constituyente, para
construir una sociedad multiétnica y multicultural, como paso
fundamental para la democratización de las relaciones de poder y
de las relaciones sociales, económicas y culturales del país.

El eje, que comienza a diseñarse entre Venezuela, Bolivia y Cuba,
apunta también en la dirección de que el antineoliberalismo tiene
que incorporar elementos del anti- capitalismo, si quiere
efectivamente construir otro mundo posible.  Cuba es una
referencia anticapitalista obligatoria, el país que más ha avanzado
en priorizar el aspecto social: terminó con el analfabetismo hace
más de cuatro décadas, apoyó decisivamente a Venezuela en ese
camino, posee la mejor medicina social del mundo, protagoniza la
más extensa y generosa política de solidaridad internacional del
mundo.

Si aprende de esas experiencias, el FSM habrá pasado de la fase
de resistencia a la fase de participación concreta en la
construcción del otro mundo posible.  Si acaso pasa en la
nebulosa, corre el riesgo de confundirse con la oposición golpista
venezolana – que monopolizó la categoría de “sociedad civil” -,
monopolista de los medios, golpista, privatizadora del petróleo y
punto de apoyo de la política guerrerista de los Estados Unidos.
El FSM no puede perder esta oportunidad histórica, sino se
reducirá a eventos de “testimonio” sin lograr convertirse en un actor
concreto de la lucha posneoliberal, en el momento en que ésta
tiene, en América Latina y el Caribe, su escenario más importante.


Por: Emir Sader


 


ALAI-AMLATINA 20/01/2006, Río de Janeiro.-  [ALAI, en conjunto
con la Minga Informativa de Movimientos Sociales, hará una
cobertura especial del VI Foro Social Mundial y del II Foro Social
de las Américas que se desarrollará desde el 24 hasta el 29 de
enero de este año en Caracas, Venezuela.  Le invitamos a visitar
los sitios: http://alainet.org y http://movimientos.org/fsm2006 en
los que podrá encontrar noticias, análisis y pronunciamientos de
esta importante cita social del continente.]

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