
Los tiempos que vivimos son acelerados en todos los órdenes, y el pensamiento se encuentra a veces con dificultades para describir, explicar y comprender las dinámicas. Pues bien, vivimos tres sociedades, que conforman un solo momento.
En física, “momento” designa una magnitud vectorial, y es técnicamente descrito como el producto de la masa y la velocidad de un objeto. El objeto aquí es nuestra época, el tiempo actual que vivimos.
Los tiempos que vivimos son acelerados en todos los órdenes, y el pensamiento se encuentra a veces con dificultades para describir, explicar y comprender las dinámicas. Pues bien, vivimos tres sociedades, que conforman un solo momento (momentum).
En primer lugar, la sociedad de la información es una categoría que a escala histórica parece quedar cada vez atrás, pero que en algunos países se asemeja como el futuro inminente. Se trata de la transformación del capitalismo post–industrial al capitalismo informacional, y con él, el desarrollo de toda la economía de la información, o también economía basada en la información. El mejor estudio al respecto, de lejos, es ese libro monumental de M. Castells en tres volúmenes, La era de la información. Histórica y sociológicamente hablando, se trata de la sociedad de los años 1990. Una década que sucede a la caída del muro de Berlín, la Perestroika y el Glasnot, y el derrumbe del sistema socialista en el mundo.
Seguidamente viene la sociedad del conocimiento, cuyo soporte material es la economía del conocimiento, o también la economía basada en el conocimiento. Análogamente a la fase anterior, se trata de economías que fundan el bienestar material no tanto en bienes fungibles cuanto que en bienes inmateriales; en una palabra, en conocimiento. Esta es la sociedad que comienza en los años 2000 y que, verosímilmente, se proyecta hasta la fecha.
En un caso como en el otro, cabe distinguir sectores y subsectores de la economía de la información tanto como de la economía del conocimiento. Sin embargo, manifiestamente, el conocimiento se erige como una etapa de desarrollo superior a la información.
Las distinciones y relaciones entre la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento fue durante mucho tiempo el objeto de los expertos en knowledge management, un área abierta y cruzada en la que coinciden administradores y políticos, tecnólogos y sociólogos, entre otros.
Más recientemente, aupada particularmente por científicos, ha emergido el concepto de sociedad red, o también sociedad de redes. El lugar en el que se incuba el concepto es la ciencia de redes complejas, y comprende al mundo en términos de redes libre de escala, clusters, hubs, y más recientemente redes de segundo orden, esto es, redes de redes.
Manifiestamente que los trabajos pioneros de Milgram sientan las primeras semillas para lo que igualmente es conocido como la teoría de un mundo pequeño (small–world theory). El mundo se ha vuelto pequeño y es posible alcanzar un objetivo cualquiera en seis o menos grados. Es lo que igualmente se conoce como el mundo de seis grados.
Las tecnologías de punta —adecuadamente conocidas no como TIC (un concepto de los años 1970), sino como tecnologías convergentes (NBIC+S)— y las inter y co–dependencias de alto grado en el mundo actual ponen suficientemente de manifiesto dos cosas: vivimos un mundo con temas y problemas alta y crecientemente sistémicos y, por consiguiente, vivimos un mundo altamente complejo. (“Sistémico” y “complejo” no son, en absoluto, ni sinónimos ni equivalentes, sino dos fases de un mismo proceso de mayores fluctuaciones e inestabilidades).
Cada época y cada sociedad desarrolla la ciencia que necesita para explicar su mundo. Y asimismo, cada época va enriqueciendo la comprensión de la naturaleza y el universo con las nuevas herramientas teóricas, conceptuales y otras que va desarrollando.
Vistas con los ojos del pasado, las tres fases de las sociedades que vivimos pueden ser interpretadas como tres niveles de las dinámicas de globalización. Sin embargo, en una mirada mas fina, se trata en realidad de tres formas de comprender dinámicas cada vez más aceleradas con bucles de retroalimentación positivos.
Nada es más difícil, como le gustaba decir al joven Marx, que anticipar el presente. No digamos ya proyectar el presente o predecir el futuro. Al fin y al cabo, la buena ciencia no predice ya nada, sino, mucho mejor aún, se da a la tarea de comprender y explicar los fenómenos, las dinámicas, los comportamientos. Y cuando una explicación está bien hecha, entonces, como valor agregado, cabe hacer algunas predicciones. Siempre a corto plazo.
En algún lugar entre las tres sociedades, emerge (1998) una nueva ciencia: la ciencia de grandes datos, a partir del hecho contundente que vivimos un mundo inmerso en enormes cantidades de datos (big–data). De esta suerte, hoy por hoy, es imposible hacer buena ciencia acerca de la sociedad de la información, de la sociedad del conocimiento o de la sociedad de redes, sin la incorporación de la ciencia de grandes datos. Y entonces aprendemos a pensar no ya en términos de causalidad, sino de correlaciones.
Los tiempos que vivimos plantean nuevos retos y desafíos para los cuales, por definición, no estábamos preparados. Análogamente a como una parte de la historia de las artes y del espíritu humano consiste en la creación de nuevos lenguajes poéticos y nuevas estéticas en cada momento, asimismo, la historia del conocimiento puede ser adecuadamente vista como la creación permanente de nuevas ciencias, disciplinas, herramientas, enfoques, metodologías y lenguajes. Todo lo cual no es sino la muestra de una enorme vitalidad.
Al fin y al cabo, la mente humana responde a los problemas a través de la creación de nuevos mundos. Tres sociedades diferentes, un solo momento. Y contra todas las apariencias, una enorme vitalidad e ingentes esfuerzos de imaginación y creación de nuevas lógicas. Contra el peso aplastante de la realidad, queda la fuerza y el empuje de la imaginación y el conocimiento. Otro motivo de optimismo.



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