Poco antes de viajar a Managua a la toma de posesión de Daniel Ortega, el presidente Hugo Chávez juró ante
Para dar forma a la nueva estrategia, Chávez ha planteado cuestiones que, en efecto, modifican las reglas del juego hasta ahora prevalecientes. En primer término, se ha propuesto construir un partido unificado con todas las fuerzas que apoyan al chavismo, asunto que ha comenzado a sacar ronchas en algunos que temen no a la unidad, sino al monolitismo del partido único. Y junto a ello, ha procedido a la remodelación del gobierno, del que ya han salido algunas figuras notables como el prestigiado ex vicepresidente José Vicente Rangel, con la idea de formar un grupo más homogéneo y radical ante las tareas inmediatas que se le presentan en este etapa al gobierno. Y la tercera, pero no la menos importante, es la decisión de retomar el camino de las nacionalizaciones en campos estratégicos, en particular el petróleo, la electricidad y otras industrias que fueron privatizadas como parte de una política general en prácticamente todo el continente. “Todo aquello que fue privatizado, nacionalícese. Recuperemos la propiedad social sobre los medios estratégicos de producción”, afirmó categórico. Asimismo, se ha expresado por devolver al Estado el control de Banco Central, así como otros proyectos que no hace mucho pasaron a manos privadas. Aunque Chávez goza del apoyo absoluto de
Un caso particularmente espinoso por sus implicaciones ha sido la decisión de cancelar la concesión a Radio Caracas Televisión, acusada por el gobierno de apoyar el “golpismo”, pues la medida se ha interpretado como un ataque a la libertad de expresión, cosa que el gobierno, por supuesto, rechaza. Pero antes de rasgarse las vestiduras, convendría saber qué atribuciones concede al gobierno la ley en esa materia, la historia concreta del caso, pues tampoco hay razón de principio para suponer que las concesiones de los grandes medios deban ser eternas e intocables en un estado de derecho. Sin embargo, la reacción del presidente Chávez (ante la inoportuna declaración pública de José Miguel Insulza, secretario general de
En la misma comparecencia, ahora en respuesta a los cuestionamiento de
El objetivo social sería conjugar la igualdad con la libertad, fomentando el cooperativismo y el asociativismo, la propiedad colectiva, la banca popular, así como las formas de augestión de las empresas. Como es fácil de advertir, la definición del socialismo del siglo XXI aún es un bosquejo cuyo destino dependerá de la lucha política, así como de la naturaleza de los problemas que pretende resolver. La gran pregunta es si el socialismo, así concebido, es o podrá ser una alternativa no ya a la política neoliberal sino, como se pretende, al capitalismo y a la democracia tal como hoy se entiende en el mundo o, en definitiva, la repetición excéntrica del viejo y desaparecido “modelo” del pasado. Es pronto para saberlo, pero el gran riesgo es dilapidar el apoyo popular y los grandes recursos nacionales sin ofrecer alternativas capaces de recrear, a la vez, la búsqueda de la igualdad con el pleno respeto a las libertades de los ciudadanos. El debate está abierto. La confrontación también.


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