
Le bautizaron en octubre de 1547 en Alcalá de Henares, sin que haya constancia del día de su nacimiento.
Navegó el Mediterráneo y saboreó las hieles de las cárceles otomanas.
Caminó la Mancha y disfrutó de las mieles de las aventuras en la piel de su personaje más universal.
Murió en Madrid, empobrecido y sin ser todo lo reconocido en vida que hubiera merecido.
Tal día como hoy de hace cuatrocientos años se iba de este mundo, tras una vida quijotesca, uno de los padres de la literatura en lengua castellana. Moría Miguel de Cervantes Saavedra, el “manco de Lepanto”.
Nos dejaba la compañía de su alter ego, Alonso Quijano, uno de “sus hijos literarios”, que fueron y son muchos. Pero, sobre todo, nos regalaba la herencia del antihéroe de las novelas de caballerías, del hombre que luchaba contra lo que fuera con tal de defender lo que creía justo y salvaguardar la honra y el buen nombre de su amada.
Acompañado de la conciencia y la sensatez en la figura de su fiel escudero, don Quijote de la Mancha ha significado y significa la honradez y la defensa de las causas perdidas, la locura más cuerda y la cordura más loca.
Por eso eran, tanto Cervantes como Quijote, demócratas de izquierdas, tal como alguna vez lo señaló Germán Arciniegas. Porque se apartaban de lo que dictaban la razón y el juicio (definición de “izquierdear”).
No sabemos si Cervantes fue quijotesco o Quijote cervantino. O si ambos son la misma cosa y juntos nos han dado razones y motivos para quitarnos, a través de sus aventuras, las anteojeras y así poder ver el mundo con otra mirada. La de la inocencia y el deseo, la de la justicia y la equidad, vistiéndolas de locuras pasajeras para poderlas salvar de quienes no nos permiten soñar.
Envuelto todo ello en deseos de libertad y rebeldía, las que les daban fuerzas y argumentos para enfrentar gigantes, huestes malignas o malvados caballeros.
Frente a ellos, pero siempre a su lado, la sensatez de Sancho Panza que, pese a conocer la enferma y dura realidad, permite que luchemos por la sana e ilusionante utopía.
Decía Erasmo, otro artista de la locura, que “Nada hay más necio que hablar en serio de lo que es pura necedad, ni nada más divertido que hablar en broma de aquello que no se sospecharía que lo fuera”. Tal vez por eso Cervantes nos habla, entre bromas y aventuras alocadas, de las verdades de su tiempo cuestionando el statu quo y poniendo en solfa las artimañas de los poderes de entonces que no se alejan mucho de los de ahora: la economía, el Estado y la iglesia. A los que habría que añadir los medios y su eduentretenimiento.
En estos días de recuerdos del autor y de su personaje, se están llevando a cabo multitud de actos para celebrarlos a ambos, y al resto de protagonistas de la vida y el teatro creados por ese soldado de las letras.
En Bogotá, en la Biblioteca Luis Ángel Arango (BLAA) se ha inaugurado la exposición “16 personajes que maravillan y… Miguel de Cervantes”. Un recorrido por su vida y su obra a partir de las y los intérpretes de sus historias. Con 9 paneles en forma de libros abiertos, a los que se puede acceder a través de una puerta también en formato de un volumen publicado, se nos presentan retazos de sus textos y semblanzas de su existencia; acompañados de una larga mesa en la que se recoge, en orden cronológico, un recorrido por la propia historia de la vida de Cervantes y el contexto histórico y social de su época.
Inaugurada el 21 de abril con la presencia de la directora de la biblioteca, Natalia Ruiz Rodgers, y del embajador de España en Colombia, Ramón Gandarias, estará abierta al público hasta el 16 de junio del presente año. Está organizada por Acción Cultural Española con la colaboración del Banco de la República y cuenta con los dibujos de Pedro Moreno (premio Nacional de Teatro 2015).
En la exposición se encuentran y nos cuentan Galatea, Persiles y Segismunda, Rinconete y Cortadillo, Dorotea, el caballero de la Blanca Luna, los duques, el caballo de madera Clavileño, el licenciado Vidriera, la gitanilla, Chanfalla y los perros Cipión y Berganza. Y por supuesto, Sancho Panza y don Quijote y su creador el casi inefable Miguel de Cervantes.
La muestra es itinerante y visitará varias ciudades latinoamericanas a la vez que su réplica estará recorriendo parte de España.
También la capital colombiana acogerá otros actos y eventos en memoria del Quijote y su autor, o de Cervantes y su obra. En el teatro Colón se darán cita:
“Quijote, cabaret literario”, a cargo de la compañía L’explose Danza, dirigida por Tino Fernández, es una representación en donde la actriz Mónica Giraldo cuenta los seis primeros capítulos de El Quijote con el acompañamiento a la guitarra de Diego Bejarano y el baile flamenco de Marcela Hormaza.
“En un lugar del Quijote”, de la compañía española Ron Lalá que hace una adaptación libre y posmoderna del clásico de Cervantes “con espíritu dialéctico entre tradición y modernidad”, recreando “las correrías del caballero andante y su escudero y, simultáneamente, el proceso de escritura de la novela por parte de un Cervantes desencantado, sarcástico y lúcido espejo de la terrible situación social, económica y política de la España del Siglo de Oro”.
Además, en la propia BLAA se han programado otras actividades paralelas como: “Quijote a viva voz”, que invita a la lectura del libro ante el público; un ciclo de conferencias sobre la obra de Cervantes desde cuatro perspectivas, y una serie de talleres de (re) escritura creativa.
Todo esto y mucho más para resaltar la vida y la obra de un genio de las letras que, a falta de retratos autenticados, se describía a sí mismo como: “de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies.”
Su ingenio inmortalizó muchos lugares, situaciones y personajes, aunque tal vez el más conocido sea aquel que abre la obra considerada por muchos como el mejor trabajo literario jamás escrito, “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo…”.



Leave a Reply