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“NI LULA NI YO TENEMOS QUE CONTENER A CHAVEZ”



Fue el momento más vibrante de una jornada emotiva. Con gestos profundos, Argentina y Venezuela llegaron a este encuentro con instrumentos de acuerdo que marcan el compromiso de cada uno de ellos en el desarrollo estratégico del otro y la intención explicitada de recorrer el camino juntos. No hay otra forma de entender la amplia cooperación que brindará Argentina al desarrollo de la tecnología agrícola, la generación de una base agroindustrial y la producción pecuaria de Venezuela. Ni la participación que la petrolera venezolana, Pdvsa, le cede a Enarsa, una empresa sin antecedentes ni experiencia en la materia, en la producción y en la exploración en el más importante yacimiento de este país. Venezuela necesita desarrollar su industria alimentaria, Argentina busca recrear la presencia estatal en los hidrocarburos. Ambos presidentes han comprendido las necesidades del otro y están dispuestos a colaborar.

“Debemos ser heterodoxos en esta etapa, no repetir viejas recetas que trajeron fuertes dolores de cabeza a la región, una concentración económica que trajo pobreza, desocupación, quiebra de empresas”, dijo Kirchner al trazar el camino a recorrer. “Si hay inversiones extranjeras que vengan, pero aceptando el principio de la justa distribución del ingreso, que es nuestro gran desafío en esta etapa”, definió.


Los muchos funcionarios del gobierno venezolano que asistieron al acto de inauguración del pozo de explotación conjunta Enarsa-Pdvsa en el bloque Ayacucho no se sorprendieron. Tampoco los que conformaban la delegación argentina, que completó la capacidad del Tango 01 y el 02, que arribaron a Puerto Ordaz. En cambio, entre los más de sesenta empresarios que vinieron invitados a participar de la apertura de vínculos con Argentina hubo algunas caras de asombro, por no decir de incomodidad. Otras no tanto, en particular entre aquellos que deben haberse sentido identificados con la mención a los que quebraron en la etapa anterior como consecuencia de un modelo nefasto, y no de sus propias incapacidades “para adaptarse a la modernidad”, como se los culpabilizaba entonces. Lo nuevo, para ellos, empresarios medianos del interior del país, es que desde esa identidad se los vinculara con el proyecto más audaz que haya tenido la región latinoamericana con posterioridad a los ’70.


Con emoción, Kirchner interrumpió el hilo discursivo de su evocación para expresarle a Hugo Chávez, que lo seguía desde su silla, “el gran significado que tiene para nosotros esta acción, la alianza Pdvsa-Enarsa. Es volver a renacer de las cenizas que nos dejaron”, indicó, en relación con el desmantelamiento de YPF, para repasar enseguida, a modo de proyección, las múltiples posibilidades de trabajo en conjunto que se abren de aquí en adelante. “Esperemos que con la presencia de Pdvsa en Argentina, otras empresas que ya trabajan en el país se vean tentadas también a explorar”, expresó.


Desde estos campos ubicados en la sabana venezolana, bordeada por el río Orinoco, los presidentes de Venezuela y Argentina lanzaron una propuesta que, en varios aspectos, trasciende al Mercosur. El bloque regional casi ni fue nombrado en este encuentro, en el que sin embargo hubo un intercambio conceptual entre Kirchner y Chávez sobre si a “la gran nación que recoja el mandato de San Martín y Bolívar”, como recita el presidente venezolano, se le debe llamar “suramericana”, como él prefiere, o “latinoamericana”, como la mencionaba su par argentino.


Puerto Ordaz, la ciudad cabecera más cercana a las perforaciones de las que participará Enarsa, tiene 800 mil habitantes que viven, principalmente, de los recursos generados por el complejo siderometalúrgico que se erige a su entrada. Varias manzanas están ocupadas por Sidor, el gigante siderúrgico que quedó integrado en los últimos años al holding Techint. Paolo Rocca, su presidente, era ayer el empresario que más suelto de cuerpo se movía entre los funcionarios uniformados con camisas rojas del gobierno venezolano. No compartirá sus ideas, pero ha sabido aprovechar el espacio que le dejaron.


“Error absoluto”, había expresado Kirchner sobre quienes quieren verlo como un freno a Chávez. El mandatario venezolano le respondió designando a uno de sus hombres de mayor confianza, el general Arévalo Méndez, como nuevo embajador en Buenos Aires, dando así por superado, sin secuelas, el episodio que alejó a Roger Capella del cargo, a pedido del gobierno argentino. Reflejo de la emotividad del momento, con la torre petrolera y las dos banderas de ambas naciones flameando detrás, Kirchner cerró su discurso de una manera totalmente inusual en él, pero con fuerte simbolismo, casi en un grito: “Viva la patria bolivariana de Venezuela, viva la Argentina”.


Chávez le agradeció sus palabras “en nombre de todos nosotros, porque no se cansa la conseja imperial (…) de intentar sembrar cizaña entre nosotros, los presidentes de América latina”. Y se metió en la política local, al enviarle, aunque sin nombrarlo, un mensaje a Roberto Lavagna, que cuestiona la asociación con Venezuela: “Allí en Buenos Aires alguna gente dice que no conviene la relación de Argentina con Chávez. Estoy seguro de que ésos son los que se entregaron al imperio”, enfatizó. Luego destacó el lanzamiento de un nuevo bono entre los dos países por 1500 millones de dólares. Dentro de ese paquete habrá 750 millones en Boden 2015 que Argentina ya le vendió a Venezuela. “Fue tan exitosa la primera colocación que el lunes haremos la segunda”, se entusiasmó Chávez.


 


Por Raúl Dellatorre
Desde Puerto Ordaz

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