Los asuntos vertebrales que están decidiendo la voluntad política del
electorado son: el estado actual y el futuro de la ocupación militar
estadounidense en Iraq y el resto del Medio Oriente y como corolario, o como
razón de estas intervenciones militares, los fundamentos de la política de
dominio mundial de la actual administración y los peligros para la seguridad
de la nación que son consecuencias directas de esta repudiable política; la
profunda crisis económica que ya es innegable y en la cual el país está
sumido; la crisis institucional que el país confronta debido a la ineptitud
y a la corrupción de sus élites políticas encargadas de la dirección del
país; la totalidad de los problemas que afectan la vida de la población, que
entre los principales se encuentran: la contaminación del medio ambiente y
los profundos y adversos cambios climáticos que son sus resultados, la
delincuencia y l as drogas, el incosteable costo del sistema de salud y sus
terribles consecuencias para la mayoría de la población, especialmente para
los más pobres, y los problemas relacionados al racismo que subyace en la
psiquis nacional y que se refleja, sobre todo en este tiempo, en la cuestión
de cómo resolver la situación de los millones de personas que
conforman la población inmigrante indocumentada.
Como reflejo de uno de estos graves problemas -el de la crisis institucional
por el cual el país atraviesa- es el fenomenal costo del proceso electoral
el cual es sostén del sistema político de la república. Aunque desde el
inicio de la república y hasta hoy su sistema político, especialmente en lo
que respecta a la elección de sus presidentes, nunca se caracterizó por una
naturaleza democrática (lo fundamenta que el Colegio Electoral determine la
elección presidencial en vez de la voluntad soberana del electorado
expresada a través de los votos por éste emitidos), el colosal costo de las
campañas electorales desvirtúan aún más su supuesto carácter democrático.
En el año 1996, hace solamente doce años, el costo de aquella elección
presidencial se estima haber sido de 448.9 millones de dólares; las
elecciones presidenciales del año 2000 –la que terminó robándose el actual
presidente y sus secuaces- costó 649.5 millones de dólares; y la del 2004,
la anterior a la actual, costó la inverosímil cifra de 1,000 millones de
dólares. La actual campaña presidencial ya ha costado a cada uno de los
candidatos de ambos partidos que se estiman creíbles no menos de 100
millones de dólares. Nadie puede predecir el costo final de esta campaña
presidencial; el infierno es el límite.
electorado son: el estado actual y el futuro de la ocupación militar
estadounidense en Iraq y el resto del Medio Oriente y como corolario, o como
razón de estas intervenciones militares, los fundamentos de la política de
dominio mundial de la actual administración y los peligros para la seguridad
de la nación que son consecuencias directas de esta repudiable política; la
profunda crisis económica que ya es innegable y en la cual el país está
sumido; la crisis institucional que el país confronta debido a la ineptitud
y a la corrupción de sus élites políticas encargadas de la dirección del
país; la totalidad de los problemas que afectan la vida de la población, que
entre los principales se encuentran: la contaminación del medio ambiente y
los profundos y adversos cambios climáticos que son sus resultados, la
delincuencia y l as drogas, el incosteable costo del sistema de salud y sus
terribles consecuencias para la mayoría de la población, especialmente para
los más pobres, y los problemas relacionados al racismo que subyace en la
psiquis nacional y que se refleja, sobre todo en este tiempo, en la cuestión
de cómo resolver la situación de los millones de personas que
conforman la población inmigrante indocumentada.
Como reflejo de uno de estos graves problemas -el de la crisis institucional
por el cual el país atraviesa- es el fenomenal costo del proceso electoral
el cual es sostén del sistema político de la república. Aunque desde el
inicio de la república y hasta hoy su sistema político, especialmente en lo
que respecta a la elección de sus presidentes, nunca se caracterizó por una
naturaleza democrática (lo fundamenta que el Colegio Electoral determine la
elección presidencial en vez de la voluntad soberana del electorado
expresada a través de los votos por éste emitidos), el colosal costo de las
campañas electorales desvirtúan aún más su supuesto carácter democrático.
En el año 1996, hace solamente doce años, el costo de aquella elección
presidencial se estima haber sido de 448.9 millones de dólares; las
elecciones presidenciales del año 2000 –la que terminó robándose el actual
presidente y sus secuaces- costó 649.5 millones de dólares; y la del 2004,
la anterior a la actual, costó la inverosímil cifra de 1,000 millones de
dólares. La actual campaña presidencial ya ha costado a cada uno de los
candidatos de ambos partidos que se estiman creíbles no menos de 100
millones de dólares. Nadie puede predecir el costo final de esta campaña
presidencial; el infierno es el límite.
Esta situación obliga a preguntar: ¿Qué tiene que ver un sistema electoral
verdaderamente democrático con campañas electorales como éstas? ¿Cuál es la
razón que un sistema político, para poder acercarse a sus ciudadanos con el
propósito de obtener sus votos, tenga que convertirse en un monstruo
insaciable de dinero? Además, ¿Por qué a pesar de múltiples supuestos
intentos el sistema no puede ser reformado? ¿Cuán poderosos tendrán que ser
los intereses que lo impiden, y por qué razones lo impiden? Y cómo pregunta
central, ¿no es inevitable que este estado de cosas lleve a la república al
abismo?
Nada alentador es el actual estado de la república. En extremo preocupante
además es que mientras transcurre este proceso electoral en la presidencia y
vicepresidencia de la misma se encuentren dos hombres que han sido capaces
de lo indecible con el propósito de obtener nefastos fines. ¿Qué podrían
estar tramando esos dos y sus secuaces con relación a la elección
presidencial del próximo 4 de noviembre con el propósito de intentar
asegurar en el poder a su maléfica estrategia de dominio mundial? //
verdaderamente democrático con campañas electorales como éstas? ¿Cuál es la
razón que un sistema político, para poder acercarse a sus ciudadanos con el
propósito de obtener sus votos, tenga que convertirse en un monstruo
insaciable de dinero? Además, ¿Por qué a pesar de múltiples supuestos
intentos el sistema no puede ser reformado? ¿Cuán poderosos tendrán que ser
los intereses que lo impiden, y por qué razones lo impiden? Y cómo pregunta
central, ¿no es inevitable que este estado de cosas lleve a la república al
abismo?
Nada alentador es el actual estado de la república. En extremo preocupante
además es que mientras transcurre este proceso electoral en la presidencia y
vicepresidencia de la misma se encuentren dos hombres que han sido capaces
de lo indecible con el propósito de obtener nefastos fines. ¿Qué podrían
estar tramando esos dos y sus secuaces con relación a la elección
presidencial del próximo 4 de noviembre con el propósito de intentar
asegurar en el poder a su maléfica estrategia de dominio mundial? //
*Andrés Gómez, director de Areítodigital *


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