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Espejos

Pero habría que prestarle más atención porque nada es para siempre.
La elección de hoy tiene todos los ingredientes de una buena novela de
suspenso, emnpezando por los personajes, porque además de la primera
mujer con chances, participan un ex obispo suspendido por el Vaticano y
un general golpista que acaba de salir de la cárcel. Mejor aún, los 61
años de hegemonía del Partido Colorado corren serios riesgos por
primera vez en muchos años ya que Fernando Lugo, el ex obispo, marcha
adelante en las encuestas, con Blanca y Lino Oviedo pisándole los
talones. Y las encuestas, cuando no aciertan, cosa que pasa, tienden a
sobreestimar a los candidatos favoritos de los centros urbanos y de los
medios, sayo que en este caso le cabe al ex religioso.

Más allá de lo que pase hoy, el fenómeno Lugo ha tomado a muchos por
sorpresa. En la Navidad del 2006 anunció su postulación para presidente
y de la noche a la mañana se convirtió en el favorito de la opinión
pública. La oposición se abroqueló alrededor de su candidatura,
pariendo una inédita alianza entre los movimientos sociales y el
Partido Liberal, una tradicional fuerza opositora de centroderecha,
aggiornada con la agenda social que traía el ex obispo. Así llega a las
elecciones.

Pero los colorados no llevan 61 años gobernando en vano y no iban a
entregarse así nomás. A fines del año pasado soltaron al ex general
Lino Oviedo.

Oviedo había encabezado un golpe fallido en 1998 contra el gobierno
de Juan Carlos Wasmosy y había sido encarcelado, después de vivir
asilado en la Argentina menemista y prófugo en Brasil, por el asesinato
en 1999 de Luis María Argaña, entonces vicepresidente de Raúl Cubas.
Por supuesto que no fue el gobierno propiamente dicho quien liberó a
Oviedo, sino la Justicia paraguaya, que en rápida y llamativa sucesión
encadenó fallos que aliviaron su situación penal, que en ese momento
incluía, además, imputaciones por la represión del llamado “marzo
paraguayo” y por otro intento de golpe en el año 2000, además de
vínculos no probados con el narcotráfico y la desaparición de la hija
de un prestamista argentino. La Justicia paraguaya que liberó a Oviedo
viene siendo señalada por Transparency International (TI), una
organización no gubernamental con sede en Berlín, a través de denuncias
reiteradas y disponibles en su página de Internet, como ejemplo de una
Justicia sumisa, al servicio de los intereses del gobierno, y carente
de la idoneidad necesaria para garantizar la transparencia en ese país.
Así que Oviedo sabe muy bien a quién le debe su libertad.

Oviedo tiene su lado oscuro, pero también su carisma y su orgullo
nacionalista-militarista, llegada a los sectores populares,
credenciales del Partido Colorado, en fin, toda una serie de atributos
electorales que le arriman una nada despreciable intención de voto de
cerca del treinta por ciento para su partido, Unace. Esto es, casi un
tercio del voto y una deuda enorme con el Partido Colorado, más
precisamente con el sector que encabeza Duarte Frutos. Ese sector, que
sostiene la candidatura de Blanca Ovelar, viene de una dura interna con
el ex vicepresidente Luis Castiglioni, quien denunció públicamente
haber sido víctima de un fraude en las disputadas primarias coloradas.
Así, mientras Oviedo hace su juego, Blanca suma votos comparando a Lugo
con Chávez y Evo, y Lugo responde con otro argumento taquillero al
acusar a los colorados de vendepatrias por los acuerdos económicos con
Brasil y Argentina.

¿Qué pasará? ¿Habrá fraude? ¿Habrá arreglo? ¿Qué hará Oviedo para
devolverle el favor a Nicanor? Paraguay está plagado de observadores
electorales, se vale de un sistema de conteo moderno y las últimas
elecciones presidenciales fueron consideradas limpias. Más allá de los
arreglos por debajo de la mesa que los colorados y los oviedistas
puedan alcanzar en algunos distritos, serán los mismos paraguayos los
encargados de escribir el guión cuando voten hoy. Será a todo a nada.
La primera minoría se alzará con la presidencia, aunque sea con poco
más de un tercio de los votos. El sistema electoral paraguayo no parece
el ideal para garantizar la gobernabilidad.

Mientras tanto Cristina estará de viaje por Ecuador. Eso no quiere
decir que no tiene una política para Paraguay. La Presidenta recibió y
se sacó fotos con los tres candidatos principales. Pero tuvo una
deferencia especial hacia Blanca Ovelar, a quien recibió tres veces.
Más allá de la coincidencia de género, queda claro que el Partido
Colorado se ha convertido a través de los años en un aliado confiable
para Argentina y que en los últimos años Duarte Frutos ha sintonizado
el discurso de la región. Tan buen vecino ha sido Nicanor, que ha
soportado las desigualdades del Mercosur sin llegar al extremo de
coquetear con la idea de un Tratado de Libre Comercio con Estados
Unidos, como hizo el otro socio menor del bloque, Uruguay. Por eso,
mientras a muchos miembros del Gobierno les gustaría ver ganador a Lugo
por afinidad ideológica, no lo dicen para no perjudicar a Blanca,
garante de una relación tranquila. En cambio Lula y el PT jugaron en
favor del ex obispo, cuyo viaje a Brasilia el mes pasado le dio un
empujón en las encuestas. Corrido por izquierda, Lugo se definió como
“un camino entre Lula y Chávez”.

Si gana Lugo se abre el interrogante del día después. ¿Podrá su
joven coalición resistir la doble presión de Oviedo y los colorados? Lo
que está claro es que el ex obispo necesita recursos para su agenda
social. A tal fin quiere renegociar los contratos de Itaipú y Yacyretá
con Brasil y con Argentina, que es lo mismo que decir que Lugo quiere
abrir dos cajas de Pandora.

La corrupción en Paraguay no es un tema menor. El contrabando de
autos, la exportación de marihuana, el lavado de divisas y los
negociados con la compraventa de combustible forman parte de un mosaico
económico que hacen del Paraguay una especie de agujero negro en la
región, el lugar donde los más respetables vecinos hacen sus negocios
más discretos. Esos vecinos no quieren que las cosas cambien demasiado.

Lugo se pasó años predicando en el mismo Chaco paraguayo que Duarte
Frutos militarizó. El ex obispo es un emergente del movimiento
campesino y prometió una reforma agraria. No se deja intimidar. Ignoró
presiones del mismísimo Vaticano para bajarse de su candidatura. La
revista conservadora The Economist lo comparó con Hugo Chávez. Encarna
un cambio del statu quo, un cambio histórico. Pero en términos K, va
por colectora. Primero tendrá que ganar y después demostrar que puede
gobernar.

Blanca es otra cosa. Conoce los códigos. Sabe negociar. Tiene abiertas las puertas de la Rosada.

Y Oviedo es Oviedo. Tiene muchos amigos. Nunca hay que darlo por
muerto. Quienes mejor lo conocen opinan que es mejor tenerlo cerca que
de enemigo.

Hoy los paraguayos se mirarán al espejo y el espejo devolverá el
halo de Lugo, la postal de Blanca, o el fantasma de Oviedo. Espejo
espejito: ¿Será rojo si gana el purpurado? ¿Será Blanca, la dama de
Colorado? ¿O será tiempo de Lino, el golpista fracasado? ¿Será el fin
de una era o cine continuado? Mañana, a más tardar, sabremos el
resultado.

Por Santiago O’Donnell

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