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Italia: el fin de una fase histórica

Este abandono de
los principios y del terreno real de la lucha de clases impidió una
salida por la izquierda de la crisis del capitalismo en Italia y allanó
el camino a una revolución conservadora, lo contrario de una
revolución. La izquierda eligió el palacio y dejó así la plaza, las
calles, al fascismo, a los xenófobos racistas. Pasó la idea de que
existía una “clase política”, de que todos los políticos eran iguales,
eran zánganos que vivían a costa de los trabajadores. El abandono
durante décadas de la educación en una visión de clase llevó a una
buena parte de los obreros, que antes votaban con voto rojo, a ver como
su enemigo no al patrón capitalista sino al emigrante que vive junto a
ellos, en el territorio, y que supuestamente amenaza su trabajo. La
izquierda perdió 3 millones de sufragios con respecto a las elecciones
de hace dos años y esos votos pasaron o a los neoliberales del Partido
Democrático, a la abstención o a la Liga Norte, xenófoba y separatista.
La idea estalinista de que había que unirse con la “burguesía
democrática” (Prodi) para impedir el triunfo de Berlusconi y tener
ministros “socialistas” en el gabinete burgués, para conseguir algunas
mejoras sociales, llevó a esos ministros a aplicar medidas burguesas
reaccionarias y condujo al desprestigio del gobierno Prodi y al triunfo
aplastante de Berlusconi, ya sin una izquierda que lo contrarrestase
apoyándose en las luchas sociales. Porque, si la izquierda aplicaba la
política de Prodi, ¿por qué votarla? Y si era igual al Partido
Democrático, que tiene a Bill Clinton como modelo, ¿por qué no votar
directamente a éste? Así desaparecieron del Parlamento los socialistas
y los comunistas, pero sin conservar sus bases en los movimientos y en
la sociedad. Algunos de los mariscales que prepararon y dirigieron esta
derrota histórica hablan ahora de refundar la refundación del
comunismo. Pero ni son capaces de hacerlo (lo habrían hecho antes, si
hubiesen sido revolucionarios) ni tienen edad para esa tarea, ni
tienen, sobre todo, credibilidad, porque para volver a las puertas de
las fábricas hay que tener un público obrero al menos interesado,
mientras que ahora los trabajadores votan por la Liga y no creen en
ellos; es más, los desprecian y los consideran oportunistas que tratan
de reconquistar desde el llano las posiciones privilegiadas que
perdieron por haberse olvidado de lo esencial: el Parlamento sólo sirve
para ayudar a cambiar la relación de fuerzas en lo social y para
organizar las fuerzas y el pensamiento socialista, y no es el centro de
la vida política ni la palanca para el cambio social.

Berlusconi,
representante del sector aventurero y mafioso del capital, un
lumpenburgués, ha formado un bloque con el Vaticano dirigido por un
Papa que fue miembro de la juventud hitlerista, pero también con los
fascistas, que aprovechan la protesta reaccionaria de la
pequeñoburguesía urbana, y con la Liga del Norte, que tiene una fuerte
base obrera y campesina atrasada pero que le puede crear problemas. Esa
alianza entre sectores plebeyos y capitalistas tiene grietas
potenciales.

Para hacer resucitar de sus cenizas una izquierda
creíble, en un momento en que la crisis mundial y la pasividad de los
trabajadores chinos ante la construcción de una potencia capitalista a
cualquier costo amenazan con nuevas desgracias a los trabajadores
italianos y de los demás países industrializados, lo primero sería una
autocrítica, que ninguno ha hecho. Después, explicar cuál es la fase
actual mundial y a qué habrá que enfrentarse. Al mismo tiempo, asumir
la defensa y la organización, en el territorio, en las fábricas, en los
centros de estudio, de los trabajadores sin contrato, precarios, de los
maestros y trabajadores técnicos mal pagados, de los emigrantes,
enfrentando el egoísmo, el racismo e incluso el corporativismo de los
sindicatos que, al haber perdido con la izquierda sus interlocutores en
el aparato estatal, recurrirán a los neoliberales. Desaparecida en la
televisión y en el aparato del Estado, la izquierda debe reaparecer en
la sociedad, so pena de desaparecer definitivamente.

Por: Guillermo Almeyra

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