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Consumo solidario responsable

En primer lugar, el consumo debe ser adecuado a la naturaleza del ser

humano. Ésta, por un lado, es material, enraizada en la naturaleza, y

necesita de bienes materiales para subsistir. Por otro lado es

espiritual, y se alimenta con bienes intangibles como la solidaridad, el

amor, la acogida y la apertura al Infinito. Si estas dos dimensiones no

son atendidas, nos ponemos anémicos en el cuerpo y en el espíritu.

En segundo lugar, el consumo necesita ser justo y equitativo. La

Declaración de los Derechos Humanos afirma que la alimentación es una

necesidad vital, y, por ello, un derecho fundamental de cada persona

humana (justicia) y conforme a las singularidades de cada uno (equidad).

Si no se atiende a este derecho, la persona se confronta directamente con

la muerte.

En tercer lugar, el consumo debe ser solidario . Es solidario aquel

consumo que supera el individualismo y se auto-limita por la causa del

amor y de la compasión para con aquellos que no pueden consumir lo

necesario. La solidaridad se expresa en el compartir, por la

participación y por el apoyo a los movimientos que buscan los medios de

vida, como tierra, vivienda y salud. Implica también la disposición a

sufrir y a correr los riesgos que tal solidaridad comporta.

En cuarto lugar, el consumo ha de ser responsable . Es responsable el

consumidor que se da cuenta de las consecuencias del patrón de consumo

que practica, si es suficiente y decente, o sofisticado y suntuoso.

Consume lo que necesita o desperdicia aquello que va a faltar en la mesa

de los otros. La responsabilidad se traduce en un estilo de vida sobrio,

capaz de renunciar, no por ascetismo, sino por amor y en solidaridad

hacia los que sufren necesidad. Se trata de una opción por la sencillez

voluntaria y por un patrón conscientemente contenido, que no se somete a

los reclamos del deseo ni a las solicitaciones de la propaganda. Aunque

no tenga consecuencias inmediatas y visibles, esta actitud vale por sí

misma. Muestra una convicción que no se mide simplemente por los efectos

resultantes, sino por el valor que esta actitud humana posee en sí misma.

Por fin, el consumo debe ser realizador de la integridad del ser humano.

Éste tiene necesidad de conocimiento, de forma que consumimos muchos

saberes con el discernimiento sobre cuál de ellos conviene y edifica.

Tenemos necesidad de comunicación y de racionamientos, y satisfacemos

esta necesidad alimentando relaciones personales y sociales que nos

permiten dar y recibir, y en este intercambio nos complementamos y

crecemos. A veces esta comunicación se realiza participando en

manifestaciones en favor de la justicia, en favor de la reforma agraria,

del cuidado del agua potable, de la conservación de la naturaleza.. . o

también viendo un film, asistiendo a un concierto, yendo al teatro,

visitando una exposición artística, participando en algún debate.

Tenemos necesidad de amar y de ser amados. Satisfacemos esta necesidad

amando con gratuidad a las personas y a los diferentes a nosotros.

Tenemos necesidad de trascendencia, de arriesgarnos y de estar más allá

de cualquier límite impuesto, de sumergirnos en Dios con quien podemos

comulgar. Todas estas formas de consumo realizan la existencia humana en

sus múltiples dimensiones.

Estas formas de consumo no cuestan y no gastan energía; presuponen

simplemente el empeño y a apertura a la solidaridad, a la compasión y a

la belleza.

¿No traduce todo esto aquello que pensamos cuando hablamos de felicidad?

Leonardo Boff

KOINONIA

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