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Al final de su gobierno, Bush analiza y justifica su política hacia América Latina

El presidente George W. Bush, en un discurso sobre la política de su gobierno
hacia América Latina en el foro anual del Consejo de las Américas realizado hoy
en el Departamento de Estado, en Washington, empezó contando que ayer había
tenido una videoconferencia desde la Casa Blanca con tres “líderes disidentes”
en La Habana, a quienes calificó de “valientes” que “me inspiraron”. Respecto de
las medidas recientemente adoptadas por el gobierno cubano, dijo que no ve en
ellas “ningún cambio” y que son “gestos vacíos de reforma”, ya que Cuba sigue
gobernada “por el mismo grupo que ha oprimido al pueblo cubano por casi medio
siglo”.

Insistió en que hasta que se respeten los derechos humanos, empezando por la
liberación de presos políticos, la libertad de expresión y la realización de
elecciones libres, se podrá hablar de un cambio real, y afirmó que la política
de Estados Unidos hacia la isla “no debe cambiar hasta que el pueblo de Cuba
esté libre”.

Al abordar la Iniciativa Mérida, dijo que ha “observado con admiración cómo
el presidente Calderón ha tenido mano firme para asegurar que su sociedad quede
libre” de narcotraficantes, e instó al Congreso aprobar fondos para esta
medida.

En cuanto al tema de la “justicia social”, Bush aseguró que ésta implica
acceso a la salud, a la educación, a la lucha contra la corrupción, y a la
promoción del libre mercado. Al elaborar algunas de las condiciones impuestas a
la asistencia social a estos países, declaró que “no es mucho pedir que un
gobierno acepte la economía del mercado” al extenderlo a la asistencia
estadunidense.

Culminó con una apasionada defensa del acuerdo de libre comercio con
Colombia; se trata, dijo, tanto de una prioridad económica como de un asunto de
seguridad nacional. Bush indicó que si el liderazgo de la Cámara baja mantiene
su bloqueo a la aprobación de esta iniciativa, “el acuerdo estará muerto”. Aquí
repitió que su aprobación es una “prioridad urgente de seguridad nacional”, ya
que Colombia es un gran aliado de Estados Unidos, y elogió la “valentía” del
presidente Álvaro Uribe.

Señaló que a pesar de tener grandes avances en la reducción de violencia,
Colombia sigue bajo “intensa presión” en el área. “Enfrenta un asalto continuo
del grupo terrorista conocido como las FARC; a un vecino hostil y
antiestadunidense como Venezuela, donde el régimen ha forjado una alianza con
Cuba y ha colaborado con los terroristas de la guerrilla, al tiempo que ha
otorgado un santuario a unidades de las FARC”.

No pocos de los participantes –representantes de empresas estadunidenses,
banqueros, analistas, consultores y diplomáticos con intereses en América
Latina– han criticado la falta de atención a la zona por este gobierno, dadas
sus “distracciones” en otras partes del mundo, y sobre todo el fracaso de
concretar la máxima meta del llamado “consenso de Washington” para crear la
Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), pero el presidente, algunos de
sus secretarios y diplomáticos aquí insistieron en los “logros” de este gobierno
en la región en tonos a veces sorprendentes.

En su intervención más tarde en este foro, la secretaria de Estado,
Condoleezza Rice, al evaluar la región durante la administración de Bush,
proclamó: “yo diría que hemos sido testigos, nada menos que de una revolución
social en la mayoría de nuestro hemisferio en años recientes, y que su causa ha
sido la democracia”. Agregó que podría resumir este proceso de cambio como “un
tiempo de la inclusión, un tiempo para que la gente se sienta en casa y pueda
participar en el destino de sus naciones”. Dijo que “esta revolución ha
realineado la política en América Latina. Nuevos líderes han surgido tanto de
izquierda como de derecha, líderes responsables democráticos… que trabajan
pragmáticamente para ampliar la oportunidad, reducir la pobreza y promover la
seguridad”.

Y aseguró que este proceso de democratización “no es un giro a la izquierda,
no es un rechazo populista a los mercados y el comercio, sino de hecho es la
creación de un nuevo consenso hemisférico… que dice que la democracia es
esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de
América Latina”.

Obviamente mencionó que había “algunas excepciones” en todo esto, y reiteró
la postura sobre Cuba expresada por su jefe.

Thomas Shannon, secretario asistente de Estado para asuntos del hemisferio
occidental, insistió en que este gobierno ha mantenido la “agenda del libre
comercio”, y que a pesar de no lograrse un ALCA, sí se han negociado 10 acuerdos
de libre comercio con una fila de países a lo largo de la costa del Pacífico.
Afirmó que el acuerdo con Colombia es clave para la presencia de Estados Unidos
en América Latina y el éxito del país sudamericano. Subrayó que una Colombia
exitosa “cambiará la cara de la región” y sería “un ancla para la democracia, la
integración y la estabilidad”.

En otro orden, dijo que la aprobación de la Iniciativa Mérida es urgente, ya
que “los cambios tremendos que ha realizado México están amenazados por el
crimen organizado”.

Shannon elogió la relación con Brasil y dio la bienvenida a la elección en
Paraguay, cuyo resultado consideró como “paso importante” que amerita la
“solidaridad” de los países de la región y de Estados Unidos. En cuanto a
Bolivia, dijo que Washington favorece la “integridad territorial” del país, y
que su crisis es un “asunto interno”.

Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional,
alabó la expansión económica de América Latina en el transcurso de la última
década, resultado de la integración a la economía global, pero advirtió que
continúan preocupando qué tan sustentables son estos logros. Identificó que el
reciente auge ha dependido demasiado del alza de los precios de materia prima,
incluido el petróleo, mientras el sector manufacturero se ha reducido. A la vez,
señaló que el crecimiento económico de esta última década ha tenido un impacto
limitado en reducir las desigualdades y la pobreza en la región, lo cual ha
nutrido las “tensiones sociales”, y expresó su preocupación por el alza en el
precio de los alimentos dentro de este contexto.

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