
Un rezo y una denuncia de la manipulación religiosa. La ironía y la escritura como invitación a cuestionar y cuestionarnos. Todo es ficción pero todo puede ser real.
He llegado a la conclusión después de años de análisis ―y hermosa y educativa indignación― de que la situación tan singular de Colombia, con todos sus problemas, su violencia y su hipocresía, no tiene relación alguna con nuestra forma de ver la vida tan influenciada por Occidente –representado por un único país: EU– y su agresivo poder mediático que dicta como ser, actuar y pensar. Tampoco tiene que ver con la vergüenza hacia nuestra naturaleza y ancestros. Mucho menos se le puede echar la culpa a nuestros vicios, nuestra sumisión al dogma católico o la tergiversada cultura popular que exterminó una gloriosa cuna de poetas, intelectuales e idealistas, reemplazándolos por bandoleros, narco-revolucionarios y delincuentes. No. Querido lector, el problema de Colombia definitivamente tiene que ver con que nuestra patria está siendo víctima de un entierro, un hechizo o rezo.
Las cartas y los astros, me hablaron de tu problema. Eres separada, te desmoronaron y tus hijos no te respetan. No es tu culpa vivir con tantos problemas, por lo tanto, debes encomendarte a San Andrés, y así los cuarenta y tanto de millones de connacionales deben conseguir un manojo de ruda, otra de eucalipto y una vela de color blanco. Luego ir juntos ―dejando de trabajar o de subsistir―, a una jornada de sanación, ya que, querido compatriota que sufre, “cuando los médicos no logran dar una solución, entramos nosotros, llámenos”.
Para lograr dejar atrás este hechizo, es fundamental que se haga una jornada nacional, donde cada familia logre expulsar los demonios con una infusión de chancapiedra con uña de gato, porque lo que usted tiene Colombia, es un daño espiritual, una muy poderosa magia negra que requiere que me compre para ayudar a limpiar, el paquete de Buda.
Aunque Dios exterminó a los indígenas, ahora hacemos una alianza ―beneficiosa― para colocar en sus manos la solución a todos sus problemas: se lo atamos, se lo desatamos sin dolor ―al político―. Le mostramos el rostro de la persona que le hace daño ―o sea el corrupto―, le damos el número ganador del chance o del baloto ―quitándoselo por unos días a los testaferros de la salud―, le expulsamos el demonio o aquella influencia de santería antigua que no lo deja dormir tranquilo ―o sea Uribe–.
¿Qué no le rinde la plata? Para esto le aconsejamos la esencia de las “7 suertes”, o “Don Dinero”, “la lluvia de la suerte”, Robert Kiyosaki, “hábitos de Ricos” o “menos miedos más riqueza” ambos de Juan Diego Gómez Gómez. Porque amigo, amiga, para eso también existe la brujería blanca, la que le conviene a su bolsillo, a su enferma idea sobre el amor o el éxito en cualquier tipo de negocio.
No nos interesa si usted es terrateniente, narcotraficante o sicario; si quiere tener una pirámide con su nombre, o ser edil o magistrado, y anhela como todo digno delincuente ―no somos nadie para juzgar― que lo dejen ejecutar sus negocios sin obstáculos. Para estos también tenemos un baño, un “riego magnético”. ¿Quiere seguir pegándole a su compañera sentimental, o violando a su hijastra, despellejando gatos o quemando perritos? Que no le quiten las corridas de toros, o ser famoso o millonario porque si, le tenemos el menjurje, el rezo y el baño.
Pronto podrás visitarnos “querida Colombia” –cuando terminemos en el 2018 nuestro pequeño edificio en Cali de 70.000 mts2, del proyecto CIDS–, «No te enredés, haz como él…» “yo preferí invertir en esto en vez de la casita propia, gracias a una pequeña contribución (préstamo, porque hay que recuperar la inversión) directamente de la cuenta de ahorros de San Pedro, unos irrisorios 300 milloncitos de dólares, administrados por los inmaculados: Apóstol Jhon Milton Rodríguez y Profeta Norma Stella Ruíz, de la “Misión paz para las naciones, oís…” claro, mientras construimos uno más grandecito ―igual, a Dios le gustan las casas de descanso en la Tierra. «No pensés que, nos íbamos a dejar echar tierra, de la “Misión Carismática Internacional”, ubicada en Bogotá».
Dicen que Dios gobernará la Tierra, pero creo que nunca dejó de hacerlo, solo les prestó el poder un poquito a los Príncipes.
¡Puede aquí mismo hermano!, adquirir las revistas, libros y demás publicaciones, donde le decimos cómo vivir, porque, hijo de Dios, ¡Usted no sabe vivir! Y también cómo conseguir dinero y ser rico, muy rico, como la Pastora Piraquive, un ejemplo de éxito, de transformación, de la abundancia de Dios, a quien le sirve ―aunque diga en la Biblia que no se refiere a los hombres como siervos sino como amigos y en otras como un limitado y condicionado “libre albedrío”–.
¡Cambia tu vida! (y no es una orden)
“¡Oh! querido hermano, no te aferres a esas minucias que el mundo terrenal te brinda con tu trabajo, hijo de Dios, dáselo a tu iglesia que necesita pisos de mármol, y carros lujosos, ¿o esperan aquellos blasfemos que montemos a Dios y a su hijo y al espíritu, que al final son uno y a la vez no, en Burro o en Trasnmilenio?
– Nooo…
– ¡Gloria a Dios! por el dinero, pero bien dirigido. Dios habita en cada detalle ―de los acabados, claro―. ¿Acaso han visto una baldosa mal colocada? ¿Un estante o atril en mal estado? Dios no nos enseñó aquello, más bien, todo lo contrario, a vivir para trabajar y trabajar para vivir, porque el Estado es una representación de Él aquí, ―según muchos teóricos sociales, económicos y políticos― pero que lastimosamente, ¡oh! Señor… han corrompido y ahora no los aceptamos y tenemos nuestras Repúblicas independientes hincadas a Dios, y sin pagar impuestos.
– ¡Gloria a Dios!
–«Gloria y gracia y desgracia, y en el nombre de…, y por la sangre de… un granito de mostaza… la montaña con dinamita se moverá…» ¡Sí! Siento un orgasmo divino… acérquense, queridas niñas y jovencitos, sáciense, sácienme. En el nombre del Padre y del Hijito europeo y de la blanca palomita, himen”.
De todos ustedes es la culpa y a la vez no. Él existe y consiste únicamente para que usted lo vea, lo busque y lo acepte, pero no en el Facebook, o en Instagram, sino en su corazón. Si no lo hace, igual lo castiga, a menos que…
Jornaleros de mi padre […], (golpes de pecho de “niño bien”) pequé contra el cielo y contra ti ―El Estado o la iglesia o el negocio― […] (más lamentos y quejumbres) trátame como uno de tus Jornaleros. “¿Ven hermanos?, Lucas no miente, ni bugs, ni los que participaron en Space jam; usted se equivoca, Él, en cambio, sabe lo que hace…”
Tráiganme esas maticas, úntense esas esencias, no olviden su dinero y abran el corazón, porque si no, sin fe, toda empresa se vuelve imposible.
Gracias por visitar mi página, y no olviden adquirir el baño dorado para que no se pierda el amarillo de tu bandera, querida Colombia.


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