
Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*
Mi experiencia en la IIa. Conferencia Episcopal Latinoamericana, realizada hace 50 años en la ciudad de Medellín, lo hago desde mi sentir como mujer, sin más preparación en teológica que la aprendí en casa, reforzada por lo principios enunciados en el Catecismo del P. Astete. Fui formada en la época, del no se hacen preguntas, porque “doctores tiene la Santa Madre Iglesia”. Más mi consciencia me enseñaba en silencio del valor de la Justicia, la Paz y la Reconciliación.
Tuve la suerte de ser una de las 4 secretarias, éramos 3 ufemis (Unión Seglar Misional, hoy conocida como Usemi) y una religiosa de la Compañía de María, la Madre María Agudelo, ODN, una de las primeras filósofas que hubo en el país. Por mis manos pasaron durante la preparación de la Conferencia documentos, propuestas, y sugerencias, hasta el Documento final de Medellín. Lo que allí, veía y leía, me hacía soñar y vislumbrar una Iglesia con “olor a oveja” como nos dice el Papa Francisco.
La reunión se venía preparando desde hacía más de un año. Correspondencia va y viene con los consultores, asesores y peritos. Las invitaciones a las diversas conferencias episcopales, a los miembros de la CLAR. Hubo buena representación de la CLAR, con la presencia de Superioras Generales, recuerdo a la Madre Margarita Ochoa, de las Misioneras de la Madre Laura, la Madre Salazar, del Sagrado Corazón.
No solo éramos las secretarias y religiosas presentes, en tan importante reunión. Estaban de manera más invisibles todavía, las señoras que atendían la limpieza en las habitaciones de los huéspedes,
La experiencia que viví, el contacto con quienes preparaban dicha reunión, era algo fascinante, era soñar y descubrir el sentir de Iglesia. Una Iglesia pensante, preocupada por las necesidades de los fieles, sin atropellos a su cultura e identidad.
En mi opinión personal considero, el aporte de los obispos misioneros, desde el departamento de Misiones del Celam, cuyo presidente era M. Gerardo Valencia Cano, y su equipo como M. Leonidas Proaño, M. Samuel Ruiz, M. Cándido Padín, M. Víctor Garaygordobil, los asesores y teólogos y pastorales como los P. José Comblin, Leonardo Boff y Gustavo Gutiérrez, todos ellos, fueron las bases y fundamento para consolidar lo que hoy conocemos y valoramos de los documentos de Medellín.
Con antelación a la reunión de Medellín, en abril 20-27 de 1968 se realizó en Melgar-Cundinamarca, el “I Encuentro Latinoamericano en territorios de Misión, sobre pastoral misionera”, el documento que desde allí salió fue la clave, para mantener el dinamismo, de los aportes del Concilio Vaticano II, en especial Gaudium et spes en su rico contenido pastoral-antropológico, y Populorum Progressio que bien se puede percibir en los resultados de Medellín.
El aporte de los laicos y las mujeres, fue invisible. Hablaban por nosotras, los expertos, asesores -todos varones-, además de tener que sentir palabras clave como: “hombre”, “pobres”, como palabras inclusivas, donde supuestamente quedábamos incluidas, circunstancia que se aceptó sin cuestionamiento alguno.
Tanto las mujeres, como los pocos laicos, y los participantes de otras iglesias, ya que era ecuménica, su participación fue de observadores, sin voz y sin voto. Sin mencionar la ausencia de las etnias y los afros. Los hermanos de otras iglesias, solicitaron el poder recibir la comunión en la Misa de clausura de la conferencia, permiso que fue concedido por el Arzobispo M. Tulio Botero Salazar como anfitrión de la reunión, practicando en esencia Vaticano II el Unitatis Redintegratio. Este hecho a pesar del sentir ecuménico que se dio y vivió, no aparece mencionado en los documentos. Recuerdo ver subir por la mitad de la nave central, de la capilla, al obispo David Reed (Iglesia Episcopal Anglicana) seguido del Hno. Roger de Taizé y demás ministros evangélicos. Todavía puedo escuchar en mis oídos el retumbado y vivo aplauso que se generó entre los asistentes en la gran capilla del Seminario Mayor de Medellín, aplausos que resuenan, dejando huella, en las paredes de dicho recito como grata y viva memoria, de un imborrable acto ecuménico pretendido borrar de la Historia de la Iglesia.
¿Cómo mujer cuándo empiezo a darme cuenta del valor y la fortaleza del documento?
Entre los años 75 y los 80, hubo un gran aumento en sentimiento y despertar de la mujer y comencé a leer la historia de las mujeres en la Biblia. Nos ayudaron en eso entonces, la Comisión Mujer e Iglesia del CRC, con Graciela Melo (qepd) con Alicia Winter y allí supieron que venía una teóloga mexicana María del Pilar Aquino a dar unas charlas, en las Eclesiásticas, (jesuitas) uno de los temas era el Documento de Medellín. Ahí le escuché comentarios muy finos, respecto a las ausencias del documento. Terminada su exposición, me acerqué y le comenté que había sido una de las 4 secretarias, y la forma cómo desechamos, el contra-documento que me tocó recibir de manos del Obispo Luis Eduardo Henríquez de Venezuela. Su único comentario fue: “Escribe, contando eso”. En ese momento es que descubro el valor y la fortaleza de dicho documento, y valoro, el papel, aunque de manera invisible que las mujeres secretarias desempeñamos en dicha reunión.
Cuando el obispo Henríquez, regresa por las copias del contra documento, habiendo sido yo, quien se lo recibí, y conociendo todos los pormenores del manejo de un mimeógrafo, lo desbaraté y le dije: Qué pena, Monseñor, el mimeógrafo se dañó. Aún recuerdo su cara roja encendida, no dijo una palabra y se retiró.
¿Qué hice después de la reunión de Medellín?
Trabajé en la oficina de Monseñor Gerardo Valencia Cano, como su secretaria, en Buenaventura. Nunca conocí le vi mitra, báculo, ni color morado. Para el sacristán de la catedral (Don Jesús), si debió ser muy fuerte, cuando lo vio llegar del Concilio, quien exclamó haciéndose la bendición: “Dios mío, Monseñor se enloqueció, viene vestido de hombre”.
Un domingo, Gerardo, me llama y me dice: “Te necesito en Bogotá, vamos a abrir una oficina, para dar a conocer la Teología de la Liberación”.
Él, mismo me busco, donde hospedarme; la Residencia de Monseñor Camargo, regentada en ese entonces por las Hnas de la Presentación, en el Barrio San Antonio-Bogotá.
El radar y faro naciente de dicho proyecto, se organizó en el antiguo ICODES (Instituto Colombiano de Desarrollo Social Cra 4ª. Con 16) ese espacio se llamaba: “Teología de la Liberación”. Desde ahí se compartió a nivel latinoamericano toda la información que llegaba narrando experiencias vividas en lo que se conocía como las Comunidades Eclesiales de Base, con la Metodología del: ver-juzgar-actuar, los conocidos folletos de “Delegados de la Palabra”, que nos venía de Centro América. Se hicieron Simposios, en la que participaban teólogos, venían de otros países, como Juan Luis Segundo. En la oficina, Camilo Moncada, quien fungía como director, viajaba por diferentes países, se proporcionaba a través de su sabia y modesta pedagogía, la metodología del cómo se aplicaba la Teología de la Liberación (Documentos de Medellín) en la pastoral y las catequesis.
Se contaba con apoyo del CICOP una Ong. del Episcopado Americano, bajo la dirección del P. Mike Colonose. Adveniat, Missereor, y otras. Los bloqueos y represalias, no demoran en hacerse sentir. Nos toca salir del ICODES, y buscar otro espacio (una casa en la calle 37 con 13A), se le cambia el nombre. Un nombre que no dice “nada”; Servicio Colombiano de Comunicación Social, SCCS, pero se sigue trabajando la T de la L.
Los recursos son suprimidos abruptamente. Tenemos que desocupar y buscar otro sitio. Nos alquilan un espacio, en la Cra 16 Nro. 39A78. El director Camilo, se ve obligado a retirarse, el presupuesto de la oficina queda en US $ 5.000 durante un año de vida… Recientemente, después de escuchar esta parte de la historia, que estoy compartiendo, y así lo hice en la pasada reunión de la Asamblea Anual de Pax Christi en Alemania, un obispo emérito M. Meinoulf Demmel,Diocesis Essen, se me acerca y me comenta que siendo él de las directivas de Adveniat, habían recibido la orden del cardenal (colombiano), para suspender toda la ayuda en América Latina, para el desarrollo de la T de la L.
Valga la pena recordar esa época 1979, (Presidente Turbay Ayala) fueron allanadas varias instituciones de carácter social-religioso-educativo, como el CINEP (detenidos los jesuitas), Casa de la Juventud (de los jesuitas), Dimensión Educativa (salesianos), la Parroquia Alemana y el SCCS. (Camilo fue detenido). Personalmente tuve que salir del país. Se nos atacaba, con el decir que la Teología de la Liberación era comunista-socialista, que sus argumentos eran de influencia de las ciencias sociales…
La reunión se había celebrado en medio del espeso humo y olor a pólvora que hacía 2 años (1966) había levantado la muerte del P. Camilo Torres, en Patio Bonito y todavía se percibía en el ambiente. Estaba en pujanza la revolución cubana, el sandinismo en Nicaragua se preparaba (1979). De una u otra manera América Latina se sentía sacudida por el inconformismo del pueblo, ante la injusticia y opresión de quienes detentaban el poder en esos tiempos.
Con el apoyo de CELADEC, (Consejo Ecuménico Latinoamericano de Educación Cristiana) con sede en Perú, se logran retomar los talleres y capacitación tanto a nivel nacional como internacional. Se apoya la reconstrucción de Nicaragua, haciendo presencia y participando en las brigadas internacionales, dando talleres intensivos a maestros, padres de familia, campesinos, en Educación Popular, en la motivación y capacitación de la lectura popular de la Biblia.
Se recibió apoyo de Misiones Agrícolas del Concilio Nal. de Iglesias de EE. UU., había un trabajo cercano a la ANUC (Asociación Nal. de Usuarios Campesinos).El apoyo de la Iglesia alemana, fue, es y sigue siendo, una referencia para el trabajo, pos-Medellín, incluyendo el apoyo de las instituciones protestantes de carácter ecuménico.
Vivir el ecumenismo no ha sido tarea fácil, en nuestro medio, porque para la oposición lo mismo es ser comunista que se ecumenista. Algunas puertas se fueron cerrando, como la vez que tuve que salir de Granada-Meta, por orden de M. Coronado y de Cáqueza-Cund. por el señor cura párroco.
Había aprendido en la reunión de Medellín y en el trabajo que se venía haciendo, que el objetivo era dar a conocer y vivir Vaticano II. Sin embargo, se sentía el bloqueo a dicho trabajo, lo sintieron y vivieron en carne propia, muchas misioneras y misioneros, como las Usemi, quienes trabajaban en la Sierra Nevada de Santa Marta con los indígenas Arahuacos y Koguis. Ellas fueron llamadas por Mons. Roy Villalba, obispo de Valledupar, para decirles que el cardenal le había dado orden de que las sacara de ahí. Él les comparte su inquietud: “Soy español, conozco el trabajo que ustedes hacen, cómo las voy a sacar de su propia tierra, sigan trabajando, hagan de cuenta que ustedes no saben nada…”
Estas fueron algunas de las consecuencias de vivir el Evangelio aplicando Vaticano II y Medellín.
Para el laicado en general y de manera especial para nosotras las mujeres, Vaticano II no se ha aplicado ni cumplido aquella recomendación que a la letra dice: “Sin embargo, toda forma de discriminación de los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino” (GS29).
Igualmente sucede con: (LG34) “Dado que Cristo Jesús, supremo Sacerdote, quiere su testimonio por medio de los laicos, los vivifica con su Espíritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta. Pues a quienes asocia íntimamente a su vida y a su misión, también les hace participes de su oficio sacerdotal con el fin de que ejerzan el culto espiritual para gloria de Dios y salvación de los hombres. Por lo cual los laicos, en cuanto consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, son admirablemente llamados y dotados, para que en ellos se produzcan siempre los más ubérrimos frutos del Espíritu”.
¿Qué me significa vivir esta conmemoración de los 50 Años de Medellín?
La experiencia vivida hace 50 años de Medellín, me hace vibrar. Las dificultades, persecución, represiones, juzgamientos y condenas, me han hecho elevar el espíritu, dándome energía y coraje, para liberarme y liberar a los oprimidos, rechazados, marginados, despreciados, señalados, anunciando el Evangelio digna y honestamente.
La reunión de Medellín no ha terminado, se siguen desarrollando proyectos apoyados, en la T. de la L., prueba de ello es la gran gama de teologías que se abren cual abanico: Teología India, Teología Negra, Teología de la Mujer, Teología de la Tierra, Teología Urbana y otras más. Teologías que brotan y viven en el pueblo, es desde ahí en cada una de ellas el aporte que hace el pueblo de Dios que en él se manifiesta. La opción preferencial por los pobres, va más allá de ser una opción, aquí no es, que lo tomas o lo dejas, si quieres, es un deber, una obligación, un compromiso radical, a vivir el Bautismo, que nos impulsa a vivir el seguimiento a Cristo desde su Evangelio.
Se potencian las Comunidades Eclesiales de Base, las siento, las vivo, están presentes, no podemos negarlas. A través de los laicos, la Iglesia se hace cada vez más visible y potente, sin clericalismos, puedo sentir en ellas, el aroma suave y fresco de una Iglesia en primavera.
*Presbítera católica romana.



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