
La escalada en Idleb amenazaba con derivar en una guerra entre los dos países
Los presidentes Vladimir Putin y Recep Erdogan confían en que el acuerdo ponga fin a semanas de enfrentamientos armados en la región siria de Idlib. Desde el inicio del conflicto, casi un millón de personas se vieron forzadas a abandonar Siria.
Rusia y Turquía acordaron un alto el fuego con la intención de poner fin a semanas de enfrentamientos armados en la región siria de Idlib. Luego de reunirse durante seis horas en Moscú, los presidentes Vladimir Putin y Recep Erdogan acordaron que la tregua comience en la medianoche del viernes. El pacto también contempla reforzar los puestos de observación y establecer un amplio corredor de seguridad de 12 kilómetros que corre del este al oeste de Siria y pasa por la provincia de Idlib, epicentro de los ataques militares. Por el conflicto, casi un millón de personas se vieron forzadas a abandonar Siria, y perdieron la vida militares turcos, sirios y rusos. La espiral de violencia amenazaba con derivar en un enfrentamiento militar directo entre Turquía y Rusia, aliada del régimen sirio.
En declaraciones a la prensa posteriores al encuentro, Putin dijo que el acuerdo con Erdogan servirá “como buena base para terminar con los enfrentamientos en la zona de distensión de Idlib, poner fin al sufrimiento de la población civil y contener una crisis humanitaria creciente”.
El presidente aclaró que Moscú y Ankara no siempre están de acuerdo a la hora de evaluar lo que ocurre en Siria. “Pero cada vez que atravesamos momentos críticos, basándonos en el alto nivel de nuestras relaciones bilaterales, hasta ahora logramos encontrar un terreno común respecto a los temas en disputa y acordar soluciones aceptables”, remarcó Putin.
El líder ruso subrayó la importancia de mantener la soberanía y la integridad territorial. En ese sentido, recordó numerosos ataques lanzados por milicias radicales contra la base aérea rusa de Hmeymim en Siria. “En total, desde principios de este año, se han detectado 15 ataques contra Hmeymim. Cada vez que eso ocurrió, informamos en tiempo real a nuestros hermanos turcos”, indicó el mandatario.
Días atrás, a través de un comunicado, el ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia había indicado que militares rusos y turcos intentaron desde mediados de enero restablecer la calma en Idlib, pero, en respuesta, “los terroristas incrementaron sus ataques”. El documento oficial agrega que “El número de muertos y heridos entre las tropas sirias y los civiles fuera de la zona de desescalada se cuenta por centenares. Especialistas rusos y turcos murieron trágicamente”.
Buscando exhibir la reunión con Putin como un trofeo, el presidente turco Recep Erdogan celebró el acuerdo: “Hoy (por el cinco de marzo) mostramos nuestra voluntad para lograr el arreglo…A las 00.00 horas del viernes (seis de marzo) se declarará un alto el fuego y se darán todos los pasos necesarios”, explicó.
El líder turco también declaró que el país envió fuerzas adicionales a la región de Idlib. “Para relajar la tensión en Idlib instalamos allí puestos de observación, y con Rusia hemos acordado enviar refuerzos para estabilizar la situación en la región”, remarcó Erdogan. Los puestos de observación se suman a un corredor de seguridad que se instalará en Idlib para realizar un patrullaje conjunto a lo largo de la ruta M4, que une las provincias de Latakia y Alepo.
A su vez, destacó que Turquía analiza colaborar con el retorno de los refugiados a Siria. “Tenemos la tarea de evitar un mayor agravamiento de la situación en Idlib, queremos facilitar el retorno de los refugiados a sus hogares que abandonaron por los ataques”, expresó.
La ofensiva militar causó una verdadera catástrofe humanitaria, con casi un millón de personas que debieron abandonar sus hogares por los combates en el mayor éxodo forzoso de personas en casi nueve años de guerra en Siria, que se cumplen este mes. La semana pasada, Erdogan decició dejar de impedir que los migrantes abandonen Turquía y crucen a la Unión Europea.
“Nuestro objetivo es evitar que empeore la crisis humanitaria”, declaró Erdogan, aunque advirtió que su país se “reserva el derecho de responder con todas sus fuerzas y en cualquier lugar a cualquier ataque del régimen” sirio.
La escalada de los combates en Idlib causó tensiones diplomáticas entre Rusia, aliado del régimen sirio, y Turquía, apoyo de los rebeldes, haciendo crecer el riesgo de un enfrentamiento directo entre ambos países, que se han convertido en los principales actores internacionales del conflicto sirio.
Al respecto, y al inicio del encuentro, Putin presentó sus condolencias a Erdogan. “Tenemos que hablar para que esto no se vuelva a producir y no destruya las relaciones ruso-turcas”, subrayó, mientras su par turco aseguró que esperaba que la negociación “alivie a la región y a nuestros dos países”.
Las tensiones en Idlib hicieron saltar en pedazos los acuerdos concluidos entre los dos presidentes en 2018 en la localidad rusa de Sochi. Dichos acuerdos buscaban poner fin a los combates en la región e instaurar una zona desmilitarizada. También dieron lugar a un frenético intercambio militar entre las dos capitales, que reforzaron su cooperación en los últimos años sobre el territorio sirio, pese a sus intereses divergentes.
En los últimos meses, Turquía acusó a Rusia de no respetar los acuerdos de Sochi, que garantizaban el status quo en el terreno y la suspensión de bombardeos en Idlib, mientras que Moscú acusó al gobierno turco de no hacer nada para “neutralizar a los terroristas” en esta región. Ahora, ambos países ensayan un nuevo acuerdo, y en las próximas horas se sabrá si la tregua es un hecho o una simple ilusión que será sepultada por nuevos bombardeos.
Idlib. ¿Qué busca Erdogan en Siria con tanto ahínco?
La muerte de más de 70 soldados turcos en la provincia siria de Idlib ha terminado por sacudir la política interior en Turquía. En los últimos días, las críticas de la oposición han adquirido mayor agresividad y han puesto al presidente Erdogan contra las cuerdas
La reunión de dos horas y media celebrada el jueves en Moscú entre los presidentes Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan se produce en un momento particularmente delicado en la provincia siria de Idlib, donde Rusia y Turquía tienen intereses claramente encontrados y donde se suceden las acciones bélicas de los dos países y sin que se vea una salida a la crisis.
En la escena interior, por primera vez Erdogan tiene que enfrentarse a una correosa oposición que le acusa de estar al servicio del imperialismo estadounidense. Erdogan y Donald Trump compartirían, según la oposición, el proyecto de crear un nuevo Oriente Próximo. Además, le acusan de haberse embarcado insensatamente en las llamadas primaveras árabes que han destrozado la región y, por si esto fuera poco, debería explicar al pueblo por qué ha enviado al ejército a una Idlib plagada de yihadistas que actúan en connivencia con Erdogan.
Toda esta tensión se deriva directamente del elevado número de soldados muertos en Idlib, más de 70. La oposición turca considera que son bajas inútiles y que podrían crecer si Erdogan no saca al ejército de donde nunca debía haber entrado
Hay generales de la reserva que le reprochan haberse embarcado en operaciones expansionistas y peligrosas sin ninguna justificación, que le han conducido a defender a organizaciones terroristas contra un país, Siria, que en ningún momento había adoptado acciones hostiles contra Turquía.
Las críticas de la oposición podrían erosionar su poder si la situación se deteriora. La realidad es que Erdogan ha concentrado a millares de soldados, ha movilizado más de cuatro mil tanques, blindados y vehículos militares de todo tipo, así como cientos de drones fabricados por su yerno. Echarse atrás en estas circunstancias sería peligroso para él, porque se vería como una derrota, pero continuar adelante es una locura.
El malestar que Erdogan ha creado en su propio país ha tenido como consecuencia protestas populares contra la presencia militar en Idlib, hasta hacer que el presidente se haya justificado diciendo: “Quienes preguntan ‘¿cuál es el negocio de Turquía en Siria?’ en realidad están recomendando que nos rindamos a los grupos terroristas y a un régimen enemigo”. Una respuesta que no se corresponde con las actuaciones de Turquía desde el inicio del conflicto en la primavera de 2011, hace nueve años.
El miércoles en el parlamento de Ankara se produjo una pelea de lucha libre entre los diputados en un debate sobre la situación en el norte de Siria, en el que no faltaron puñetazos y otras agresiones. Los parlamentarios partidarios de Erdogan y sus detractores protagonizaron una violenta escena que vieron todos los turcos y que refleja las tensiones existentes.
En lugar de ceder y corregir sus errores, Erdogan está amenazando con enviar a Europa a millones de refugiados sirios, afganos, iraquíes y de otros países de la región. Los europeos, cuya candidez e inoperancia son tan responsables como el expansionismo de Erdogan de haber llevado el caos a Oriente Próximo, han visto las orejas al lobo, pero de los europeos no se puede esperar nada si nos atenemos a sus pobres registros de la última década.
Por primera vez desde la invasión de Chipre en 1974, el ejército turco está combatiendo contra otro ejército, pero la ironía es que está combatiendo codo con codo con los peores yihadistas de Oriente Próximo y llevando a sus soldados a una peligrosa situación en relación con el ejército ruso desplegado en Siria para respaldar al gobierno de Damasco.
Un sondeo de esta semana muestra que el 65% de los turcos está a favor de mantener la presencia militar en Idlib puesto que creen que los soldados se están defendiendo de una amenaza existencial, un elevado porcentaje que probablemente refleja el nacionalismo rampante que se fomenta desde el poder. Sin embargo, otro sondeo realizado solo una semana antes revelaba que la mitad de los encuestados estaban en contra de la presencia en Idlib y solo un 31 por ciento la apoyaban. En este sondeo, las mayores preocupaciones eran la economía y el desempleo.
Si el número de bajas crece, la popularidad de Erdogan se resentirá significativamente. Otro sondeo de febrero señala que el 50% de la población no tiene intención de votar al actual presidente en las próximas elecciones. Si Erdogan no resuelve el conflicto “rápidamente”, como asegura que es su intención, su popularidad corre el riesgo de caer en picado.
El rampante nacionalismo ha suscitado incidentes racistas en varios lugares, incluido el pillaje de negocios regentados por refugiados sirios, y las palizas contra los mismos refugiados, como si estos, y no Erdogan, fueran responsables de la muerte de sus soldados. Las turbas también han amenazado algunas representaciones diplomáticas rusas en Turquía. Los críticos con la operación en Idlib en las redes sociales están siendo investigados por la policía.
Las críticas de la oposición contra Erdogan por aliarse con el imperialismo estadounidense son de lo más sangrantes si se tiene en cuenta que solo uno de cada cinco turcos simpatiza con Estados Unidos, en gran parte debido a la percepción de que Washington no condena las acciones del PKK kurdo y apoya al PKK en el norte de Siria.
Aunque esta opinión puede haber ayudado a Erdogan a acercarse a Rusia en el terreno militar y en el terreno económico en los últimos años, Siria se ha convertido en un hueso duro de roer puesto que los rusos aspiran a que el gobierno de Damasco extienda su soberanía en Idlib, algo a lo que Erdogan se opone frontalmente.



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