
Graciela Bolaños, nacida en Potosí, Nariño, con abuela indígena, asentada en el Cauca y generadora de pensamiento educativo nuestroamericano ha emprendido su viaje “a otro espacio”, como me enseñó el Mayor Nelson del resguardo La Montaña, en Riosucio, Caldas.
Partió como vivió, rodeada de sus compañeros y compañeras del Consejo Regional Indígena del Cauca –Cric y de su familia de sangre, con la cual tejió un núcleo integral de lucha. Pablo, su compañero de todas las batallas y de toda una vida, Libia, continuadora de las actividades de su padre y su madre en el mismo movimiento, Pablito, quien incursionó en la comunicación y realizó uno de los documentales más vistos en el país sobre Manuel Quintín Lame. Con ellos luchó por construir un país y un mundo en donde se reconociera que somos humanamente diferentes, culturalmente diversos, socialmente iguales y uno con la naturaleza.
Nadie como Gracielita resume en una vida las búsquedas de las educaciones alternativas en este país y en este continente. Desde sus experiencias iniciales en procesos de alfabetización como trabajadora social en el Incora o en las dinámicas de educación popular en discusión con la etnoeducación a los inicios del proyecto de educación del Cric, la educación intercultural bilingüe en los desarrollos de las escuelas indígenas del Cauca, hasta la consolidación de una propuesta que hoy es referencia en nuestro país y en otras latitudes, para los diferentes grupos de la diversidad hecha educación propia, entendida como potenciadora de las sabidurías ancestrales, las dinámicas comunitarias de sus cosmogonías presentes en los planes de vida y el buen vivir. Estas propuestas llevaron hasta la conformación de la Universidad Autónoma Indígena e Intercultural (Uaiin), donde han trabajado para hacer la síntesis de lo aprendido a lo largo de los 50 años del Programa de Educación.
Realizó esta entrada porque, desde mi particular punto de vista, Graciela sintetiza esa intelectual orgánica de los movimientos sociales de nuestro continente afincada en lo sentipensante, desarrollándolo a cabalidad en forma práctica y conceptual**, por lo cual hoy el proyecto de educación tiene más de 300 escuelas, cerca de 2.000 maestras y maestros y la universidad 12 carreras.
Cada proyecto de estos tomó forma en un diálogo y acompañamiento de muchas personas en el país y en el extranjero, además de la lucha desde las autonomías que llevó a la reflexión para incorporarlas en la legislación y el mandato constitucional, iniciativas que le depararon divergencias con otros movimientos populares, especialmente de campesinos y maestros, pero también un camino de constitución de la educación propia sobre los principios de autonomía financiera y curricular, como lugares centrales en la disputa de lo público desde lo común y desde lo popular. Estos aspectos en su labor educativa también despertaron cuestionamientos a su planteamiento político, y ante todo, replanteamientos exigidos desde los pueblos Nasa y Misak.
Conocí a Graciela hacia finales de los años 70 del siglo pasado, en el Centro de Investigación y Educación Popular –Cinep. Allí desarrollábamos unas experiencias de educación popular en el movimiento campesino de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos –línea Sincelejo– con dos componentes: 1) formación de adultos, 2) escuelas para los hijos de los miembros de la organización.
A esta segunda experiencia, en particular, llegó Graciela con unos compañeros del Cric para conocerla, y surgió una amistad de acompañamiento mutuo para la reflexión de lo educativo prolongada hasta los días anteriores a su viaje para habitar otro espacio, momento en que con ella y Libia estábamos enfrascados en un texto sobre educación propia.
¿Cómo no recordar el inicio de estas actividades conjuntas? ¿Cómo no recordar todas las medidas de seguridad que toca implementar pues eran de plena y abierta implementación de la Doctrina de Seguridad Nacional con la cual el esfuerzo educativo con indígenas era asimilado por la inteligencia militar como “escuela de formación guerrillera”.
Primeros pasos
El primer taller lo realizamos en Paniquitá. Cómo no recordar allí al Gorgojo, al Talul, a Abelardo Ramos y otros maestros más con los cuales organizamos unas pasantías a conocer experiencias en Medellín y desarrollar unos talleres de pedagogía, Iniciativa que despertó la preocupación de los mayores, quienes preguntaban si se quería salir de una educación contratada por la Iglesia y llevada adelante por los misioneros católicos para cristianizar y castellanizar, para, por otra vía, seguir en lo mismo
Su preocupación obligó a realizar una reunión-examen con los mayores en las montañas del Cauca alrededor del fogón, a la que asistimos con el sacerdote jesuita Manuel Uribe, de grata recordación en muchos procesos populares, una larga conversación que permitió realizar un acuerdo Cinep-Cric para la educación, que en los años 80 giraba sobre tres principios: currículo propio, maestros bilingües y formación. Por parte del Cinep estuvieron Javier Serrano y Omar González, quienes formaron equipo con Fernando Romero, Marta Pabón y por parte de la Universidad Teresa Ramírez, Pedro Cortés, William, Mercedes y otros que no recuerdo pero que deben ser recordados en los procesos de sistematización de experiencias.
Raíz territorial
Gracielita fue la constructora de un estilo de trabajo profundamente arraigado en los territorios y en la práctica pedagógica de cada centro educativo, lo cual le permitió combinar metodologías de investigación propia y pedagogías basadas en la exploración, convirtiéndose en una de sus principales impulsoras. Allí acercó los desarrollos de la Investigación Acción Participante y sus cultores a los procesos que lideraba. Cómo no recordar su insistencia en la necesidad de que las acciones sociales y educativas entre los grupos populares debían realizarse orientados por preguntas que les permitiera partir de sus contextos y necesidades para así construir sus propuestas, que se arraigaban haciendo una educación y un maestro y maestra plurinacional.
Como suele suceder cuando la democracia responde a los intereses de las élites, de manera que toda forma de diferencia, de diversidad, de reclamo de derechos por la igualdad es criminalizada, en los tiempos del gobierno de Turbay Ayala (1978-82) se dio un intento generalizado de silenciar las voces disidentes con el denominado “Estatuto de Seguridad”, muy semejante a la legislación del gobierno actual a propósito del 28 A, que igualmente llevaría a miles de personas a la cárcel, y entre ellas a nuestra lideresa Graciela Bolaños, la cual sufrió y soportó los vejámenes y torturas de dicho régimen durante un año, como bautizo de sangre por su compromiso con los desheredados, en ese momento especialmente con los indígenas del Cauca.
Con todas las manos
Graciela siempre estaba lista para acompañar todo nuevo intento de articulación nacional o regional que se proponía para construir dinámicas de caminos alternativos en los diferentes ámbitos y propuestas de transformación educativa, lugares en los que siempre tenía una actitud crítica y propositiva, como lo practicó en la Mesa nacional de concertación de los pueblos indígenas y en su respectiva Comisión de educación, espacio al cual fue designada por los diversos grupos indígenas del país, como reconocimiento a la sabiduría acumulada.
Fue así como la vimos transitar por los más variados lugares en sus luchas; en algunos que compartimos: estuvo presente en el Movimiento Pedagógico, en la Expedición Pedagógica –en sus inicios–, siempre en la Movilización Social por la Educación, en la articulación con el Instituto Paulo Freire de Berlín para el proyecto latinoamericano de la memoria y con su coordinadora Ilse Schimpf-Herken, quien también falleció este año.
Muchas historias y anécdotas atragantadas de una memoria colectiva que brota a borbotones y exige ser escrita, y que desbordan las pretensiones de estas letras. El retorno a la madre tierra lo realizó Gracielita en la tierra que sembró y cultivó, la de la Uaiin, acompañada de aquellos que en el Cauca habían bebido de su sabiduría como mujer, como educadora y como hermana y compañera de lucha.
Por las condiciones de la sindemia muchos la acompañamos de lejos en una invocación a los elementales en ese cambio de espacio para ir a compartir con Quintín y los compañeros y las compañeras que lo precedieron, donde sigue irrigando su sabiduría, su calidez humana y el fino humor con el que nos llamaba la atención.
Partió, pero tendremos Gracielita para siempre, porque sembró desde las educaciones en el sentido que decía Paulo Freire: “La educación no cambia la sociedad, pero sí cambia a las personas que transformarán la sociedad”.
* Programa de Educación Bilingüe e Intercultural-(Pebi-Cric). Qué pasaría si la escuela… 30 años de educación propia. Popayán, Cric. 2004.
** Planeta Paz. Expedición Pedagógica Movilización Social por la Educación
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