Estamos sometidos a
largos horarios de trabajo que sobrepasan las 16 horas diarias, de lunes a domingo, desde las 6:30
a.m. hasta las 22:30 ó 24:00 horas. Para realizar el primer turno de vigilancia se trabaja de 06:30
a 19:00 horas, se retira y se vuelve de 23:30 horas hasta las 7:00 a.m., y nos hacen regresar ese
mismo día desde las 15:00 horas hasta las 00:00 horas, y nuevamente toca estar a las 6:30 a.m. del
día siguiente hasta las 22:00 horas.
“Como usted puede ver, es un horario que no repara en
nuestras necesidades humanas. Consideramos, señores, que somos seres humanos y merecemos respeto.
Como cualquier otra persona, tenemos derecho al descanso, para así dar rendimiento y prestar un
mejor servicio a la comunidad y valorar cada día más nuestro trabajo”.
Parece una historia del siglo XIX pero es del actual. Son los policías, que, como
cualquier otro trabajador, deberían estar regidos por el Código Sustantivo del Trabajo. Pero no.
Sometidos a régimen militar, el establecimiento colombiano ha definido para ellos medidas, derechos
y obligaciones (Régimen laboral para la policía) que desdice de los derechos básicos de cualquier
trabajador. Según las normas vigentes, su horario de trabajo es de ocho horas*, haciendo turnos
normales que les permiten, además del descanso, desarrollar una vida familiar adecuada, pero en la
práctica esto no se cumple. En el día a día se impone el sobretrabajo, aparentando que la ciudad y
los ciudadanos están bien protegidos.
“Los oficiales que nos dirigen hacen
uso excesivo e indebido del poder que tienen. Incumplen la orden dada por el mando Metropolitano de
Bogotá de coordinar los turnos y franquicias del personal bajo su mando, extienden los horarios de
vigilancia, ordenan largas jornadas de trabajo que sobrepasan, como ya indicamos, las 16 horas
diarias, de lunes a domingo, de las 6:30 a.m. a las 22:30 ó 24:00 horas.
“Es un abuso. No piensan en nosotros. Sin percatarse del peligro que representa para
nuestras vidas, nos vemos obligados a trasladarnos a nuestras residencias a altas horas de la noche,
ya que algunos vivimos a una hora u hora y media de la estación a la cual estamos asignados, y el
transporte a esa hora es difícil”.
Necesidad o mística, los policías
pasan los días con el deseo de prestar un mejor servicio a la comunidad, pero también con la ilusión
del próximo descanso, para poder estar con la familia. Las voces prosiguen su narración.
“Es un trabajo arduo, pero vale la pena. En general, la gente cree que todos los que
estamos aquí lo hacemos por el simple sueldo, pero no es la norma. Tal vez lo fue hasta 1998, hasta
cuando no había que cumplir muchos requisitos para vincularse, o hasta cuando bastaba un palancazo
para ingresar, pero desde entonces hay más requisitos, hay que hacer cursos. Es una buena
oportunidad para servirle a la comunidad. Pero, ¿cómo hacerlo si ni siquiera tenemos derecho al
tiempo necesario para ingerir los alimentos? Cuando estamos de suerte, autorizan media hora, como
máximo, para el almuerzo.
“Tal vez a los oficiales se les sube el poder, pues ellos
sí se toman su tiempo para el almuerzo y la comida, además de descansos cada 15 días, con sus fines
de semana respectivos. Ese tiempo para ellos es sagrado”.
Operatividad
semanal
Lo que viven los policías rasos, como en cualquier otro trabajo, es la
lucha entre los trabajadores y los patrones, con sus supervisores (oficiales), que garantizan el
sometimiento de los obreros (policías). El propósito de quien tiene el poder es que los de abajo
rindan más, y para lograrlo existe la amenaza de expulsión o la presión del castigo.
“No basta que trabajemos más de lo que podemos para realizar un buen trabajo. Además,
nos ponen metas en operatividad por semana: 1 ó 2 UPJ, decomiso de armas blancas y de
estupefacientes, y otros objetivos que nos obligan, si no queremos perder el derecho al descanso, a
efectuar operatividad ficticia”.
Es la imaginación y la resistencia
del trabajador que se rehúsa a ser sobreexplotado, pero que en esta circunstancia riñe con los
derechos de otros y por tanto se traduce en violencia contra el ciudadano más débil. Son los excesos
del poder que se traducen, también por resistencia, en odio ciudadano contra la policía.
“Nos toca inventarnos los positivos o, si no, nos quitan los días de descanso. Por
eso, cuando no hacemos decomisos reales, nos toca ir a las ‘ollas’ a comprar narcóticos, los cuales
luego hacemos rendir con ingredientes que se le revuelven y entregarlos, junto con un habitante de
la calle, como muestra de un positivo. Esto es injusto, pero la presión nos obliga a llegar hasta
ese punto.
“Eso mismo sucede con las armas blancas. Si uno no las decomisa, tiene
que trabajar dos horas más por turno. ¿Le parece justo? Entonces nos toca ponernos a fabricarlas,
pues ahora hay poca gente que las cargue. Antes si era común, pero ahora no. Todos esos falsos
positivos es lo que se llama ‘operatividad ficticia’, y eso se está volviendo común en la policía
por los excesos de los mandos.
“Los objetivos nos presionan mucho. Imagínese, trabajando
con ese horario, sin descanso durante semanas, y que cuando por fin va a poder descansar le quiten
el fin de semana por no conseguir los UPJ o por dejar que en su cuadrante se roben un carro. Eso es
lo que nos lleva a cometer excesos. Nos toca perseguir a los habitantes de la calle, levantar
borrachitos. Para los oficiales es un problema numérico; es el reto de lograr mejores resultados que
en el año anterior, pero es que este trabajo no se puede reducir a estadísticas. Aquí tratamos es
con seres humanos”.
Blandiendo sus manos, realizando expresiones con ojos y
boca que denotan inconformidad, los policías continúan su narración: “Estos son los positivos con
los cuales llenan las secciones de los noticieros. Pero la cosa no termina ahí. De presentarse
negativos durante la quincena, nos quitan uno o los dos días de descanso a que tendríamos derecho.
Un negativo grave es el hurto de un carro en el cuadrante asignado, lo que nos obliga en algunos
casos, cuando un vecino deja su carro por horas en la calle, incluso a desinflar sus llantas para
impedir que se lo roben. Así, entre horarios injustos y presiones de todo orden, parece que
estuviéramos en manos de un régimen esclavista y negrero, que se escuda en la prima de orden
público”.
* De acuerdo con sus normas, un turno
de la policía sería así: 2 p.m.-10 p.m. Al día siguiente,
a
hasta las
el otro día al turno de las 2 p.m.


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